lunes, 18 de enero de 2010

Llamazares y Bin Laden. Por José María Carrascal

UTILIZAR la foto de Llamazares para dar la imagen de un Bin Laden envejecido es una indignidad, una vileza y, si nos ponemos legalistas, un delito. Pero es, sobre todo, una sandez, una de esas chapuzas que se pagan muy caras en el mundo global y mediático de nuestros días. Ahora me explico que pudiera embarcar para Detroit un terrorista denunciado por su propio padre y que unos arribistas se colaran en una recepción oficial de la Casa Blanca. Si los servicios de inteligencia norteamericanos funcionan así, Al Qaida lo tiene más fácil que robar en unos grandes almacenes. De nada sirve el sofisticado y costosísimo material electrónico puesto a su disposición, si luego lo maneja un idiota incapaz de evaluar debidamente los datos que le suministra. Si el «experto» que quiso envejecer a Bin Laden hubiese hecho lo lógico, es decir, tomar una foto actual del personaje, acentuar sus arrugas, pronunciar su osamenta, dejar caer su papada y las bolsas bajo los ojos -como se ha hecho con un Kennedy, un Elvis Presley o una Marilyn de 70 años-, hubiese obtenido un retrato mucho más fiel que tomando de Google la foto de alguien que creyó se le parecía, aparte de ahorrarse la humillación de tener que excusarse por ello. Yo mismo he tenido ocasión de comprobar esta incompetencia, cuando al renovar mi visado norteamericano, el funcionario se fijó en mi segundo apellido, Rodríguez, y se puso nerviosísimo, porque había otro Rodríguez en su lista de sospechosos. De nada valió mi advertencia de que hay millones de Rodríguez, de que nombre y primer apellido diferían, de que he vivido 24 años en Estados Unidos y he viajado allí centenares de veces sin el menor problema. Se empeñó en mandar mis huellas dactilares a Washington, desde donde le dieron el OK a vuelta de e-mail. Posiblemente en el tiempo que perdió conmigo se le colaron media docena de presuntos terroristas.

Algo está fallando en el país más poderoso de la Tierra para que ocurran estas cosas. Lo que resulta inquietante, pues los fallos norteamericanos los sufrimos todos, como todos nos beneficiamos de sus éxitos. Es posible que se haya reblandecido allí la regla de responsabilidad y exigencia, que antes se aplicaba a rajatabla. El que cometía un error de este calibre era despedido en el acto. La jefa de protocolo de la Casa Blanca, responsable de que los asistentes a las recepciones correspondan a los invitados, sigue, sin embargo, en su puesto. Como posiblemente seguirá el funcionario que nos dio Llamazares por Bin Laden. Así no se gana la guerra al terrorismo, ni ninguna.

Para Llamazares ha tenido que ser un shock. Pero al menos tiene el consuelo de que su antinorteamericanismo tiene buenas bases. Lo que nunca pudo sospechar era que fueran tan ineptos.


ABC - Opinión

Zapatero, aburrido y a la defensiva en una plúmbea entrevista. Por Antonio Casado

Como ni entrevistador ni entrevistado son la alegría de la casa, la larga conversación Moreno-Zapatero de ayer en El País resulta aburrida. Plomiza, por demás. Una lectura justificada sólo en horario laboral y como parte de la tarea de la jornada. O sea, por obligación. A falta de otra cosa. Pero, en fin, se trata de tomarle el pulso al piloto y al plan de vuelo cuando acaba de arrancar el semestre español de la Unión Europea. Y esta era la oportunidad más a mano de juzgar al presidente del Gobierno. No solo por lo que hace. También por lo que dice.

Aunque decir dice poco. Tal vez porque está a la defensiva y se pasa el rato echando balones fuera. Tantos palos ha recibido y sigue recibiendo, que ya no se permite ir de sobrado. Ni de optimista. Es el entrevistador el que juega con blancas, el que lleva la iniciativa. Y las respuestas de Rodríguez Zapatero parecen las de otro periodista, no las de un líder. O las de un notario, que constata la realidad sin pretender modificarla. Hay un repliegue en su capacidad de apuesta política. Como si se hubiera rendido al fatalismo de ver sus iniciativas condenadas a perderse en los efectos de la crisis económica y su diaria instrumentación política por parte del adversario.


Nada le sugiere a Zapatero esa instrumentación. Ni media palabra sobre el obsceno aprovechamiento de los malos datos económicos, que va más allá del legítimo derecho de la oposición al desgaste del Gobierno. Solo se le ha ocurrido caracterizar a Mariano Rajoy de abanderado del despido libre, aprovechando a su vez una propuesta del líder del PP: despido más fácil a cambio de más puestos de trabajo fijos. Y, eso sí, volver a relacionar la recuperación política del Gobierno con la recuperación económica del país. Pero para eso no hacía falta dedicar cinco páginas del periódico de mayor difusión nacional.

Así que novedades, pocas. Ni siquiera en la pedrea de los asuntos más fungibles de la actualidad, pues en realidad no responde abiertamente a ninguno de ellos. Sobre su eventual candidatura a las elecciones de 2012, lo consultará con las encuestas, el partido y la familia. Ambiguo sobre la ofensiva judicial contra Baltasar Garzón por investigar los crímenes del Franquismo: “Todo el mundo sabe lo que pienso”. Sobre el crucifijo en las escuelas: “No adelantemos acontecimientos”. Y si queremos conocer su opinión sobre la dura posición del fiscal contra los periodistas de la SER por revelar datos ciertos, objetivos, fiables, de interés general, etc, entonces Zapatero nos dice que él no juzga a los fiscales. ¿Y José Montilla, está en la estratosfera? “No lo sé”, responde, antes de aventurarse a anticipar que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut no será “política” sino “conceptual”. Ante el caso “Faisán”, se remite a los jueces. De lo de Vic (no hay papeles del Ayuntamiento si no hay papeles del Gobierno), que “es un camino hacia ninguna parte”.

Y así sucesivamente, amén de una plúmbea explicación sobre la presidencia española de la Unión Europea y la enésima descripción de la génesis y evolución de la crisis económica. Nada más. La entrevista no nos saca de ninguna duda. Lo cual nos remite al desalentador mal de muchos. Un pobre argumento utilizado por Zapatero para consolarse de su caída en las encuestas: en el titular confían poco o nada el 70% de los españoles, pero es que en el aspirante confían poco o nada el 78 %.


El confidencial

Charla de café. Por Ignacio Camacho

SE ha quedado en Madrid para ver la exposición de los impresionistas en Mapfre, pero la larga y lenta cola en que nos hemos encontrado se vuelve disuasoria en la mañana húmeda de Recoletos. «Anda, invítame a un café en el Gijón para hacer tiempo, a mediodía habrá menos gente. ¿Te has fijado en el fulgor de la burguesía por el impresionismo? Arte comprensible en la época abstracta... pero no me digas que quieres hablar de política».

Sí quiero, y a él no le cuesta mucho. «¿Estás buscando un socialista que te diga que Zapatero se debería ir? Pues ya lo has encontrado, y te puedo presentar a muchos más. En Andalucía desde luego, y en Madrid también, aunque aquí están más callados porque dependen del Gobierno. Pregunta a la gente de Barreda, a los alcaldes, a cualquiera que tenga que presentarse pronto a unas elecciones. ¿Griñán? Bueno, él mide mucho lo que dice, pero una cosa te puedo asegurar: a día de hoy está convencido de que si todo sigue así tendrá que convocar las autonómicas antes de las generales. Y más desde la encuesta que da ventaja a Arenas. Sabe que Zapatero es ahora un lastre en las urnas».


«Mira, yo creo de veras que el presidente tenía tomada al principio de la legislatura la decisión de no renovar, porque se sentía fuerte. Luego la crisis ha cambiado las cosas, y ahora no sé qué pensará; es muy duro comprobar que la gente te rechaza, e imagino que va a tratar de levantar su mala imagen. Lo que pasa es que éste era un debate con otro timing que ha reventado la encuesta de El País con muy mala leche, como dice Griñán. Es demasiado pronto, si se abre la cuestión se acaba la legislatura. Y luego hay un problema grande: ZP no puede hacer lo que Aznar, un dedazo; tendría que convocar un congreso o unas primarias, y eso es un suicidio yendo por detrás en los sondeos. Equivaldría a abrir el partido en canal. Un haraquiri en plena crisis».

«De modo que el Gobierno ha salido en tromba a tapar la vía de agua, pero el agua se filtra por todas partes. El presidente ha perdido crédito, no tienes más que leer los blogs de izquierdas. En este partido hay una generación, la mía, la felipista como le decís, que nunca entendió bien el zapaterismo, el rollo adanista, el Estatut y todo eso. Ahora no es una generación decisiva en la organización, pero conserva peso específico en las instituciones y en la opinión pública. Es gente que aceptó a Zapatero porque ganaba, pero en cuanto ha empezado a oler a perdedor hay muchos que se lo quieren sacar de encima. Él cree que este año va a recuperar terreno, pero probablemente este proceso de desgaste ya no tenga vuelta atrás. Ahora bien, aun en ese caso puede decidir presentarse de nuevo para no quemar con una derrota al sucesor... o sucesora. ¿La derecha? Ufff, no sé, este jaleo le viene bien pero yo creo que al PP lo que le conviene de veras es que repita... Oye, ¿volvemos? Ya habrá menos cola...».


ABC - Opinión

Faisán: ahí están los nombres y los apellidos

Zapatero niega la participación de mandos policiales en el chivatazo, pero el chivatazo a ETA siguió la vía jerárquica de la cúpula policial.

TODAVÍA AYER Zapatero negaba en una entrevista la participación de «mandos policiales o directores generales» en el chivatazo del bar Faisán de Irún, en mayo de 2006. La información que hoy publica EL MUNDO contradice la afirmación del presidente del Gobierno, ya que establece que, según los investigadores, el chivatazo a ETA siguió la vía jerárquica de la cúpula policial.


La parte secreta del sumario que instruye el juez Garzón incluye un organigrama que muestra la implicación del ex director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, que fue alertado por el jefe superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamiés, de que se preparaba una operación para desarticular la red de extorsión de la banda. Este alto funcionario había sido avisado a su vez por una inspectora jefa de San Sebastián y por otro comisario que operaba en la lucha contra ETA en Francia.

Si la información circuló de abajo hacia arriba, como es habitual en una institución jerarquizada como es el Ministerio de Interior, las órdenes vinieron de arriba a abajo. García Hidalgo habló telefónicamente con el jefe superior del País Vasco y éste envió a un inspector de Vitoria para que contactara con Joseba Elosua, dueño del Faisán y colaborador de ETA. Fue este inspector de Vitoria, especializado en islamismo, el que le pasó a Elosua el teléfono móvil con la llamada en la que le avisaron de que la Policía había preparado una operación en la frontera para detener a los intermediarios que cobraban el impuesto revolucionario.

El registro de conversaciones telefónicas, siempre según los investigadores, muestra que el inspector de Vitoria llamó en esos momentos al jefe superior de Policía del País Vasco, que fue quien presumiblemente dio el chivatazo, siguiendo las instrucciones expresas de García Hidalgo.

El relato de los hechos es un tanto prolijo, pero merece la pena insistir en él porque demuestra que la investigación policial sí ha podido determinar con exactitud a los responsables del chivatazo y, por tanto, existen sólidos indicios para sentarles en el banquillo. No es, pues, cierta la teoría filtrada desde medios gubernamentales de que no existen datos en el sumario para proceder contra nadie y de que lo que sucedió en Irún sigue siendo un misterio inescrutable.

Lo que publicamos hoy hace altamente sospechosa la actuación de la fiscalía de la Audiencia Nacional, que pidió hace unos meses el archivo de la causa alegando que no se había podido atribuir a nadie la autoría del chivatazo. Hay que recordar que, por aquella época, en plena tregua de ETA, el Fiscal General del Estado defendió la teoría de que las togas debían mancharse «con el polvo del camino», sugiriendo que la Justicia tenía que contribuir a que la negociación del Gobierno con la banda terrorista finalizara con éxito.

Lo que hoy revela EL MUNDO pone el foco de atención sobre el ex director general de la Policía, un militante de confianza del PSOE, que, si lo que dice el sumario es cierto, habría cometido un gravísimo delito. ¿Consultó con sus superiores del Ministerio del Interior? Mariano Rajoy declaraba en este periódico que «no es creíble, por no decir imposible, que un alto mando policial ordenase el chivatazo a ETA sin permiso del Gobierno».

Efectivamente, todo apunta a que el Gobierno fue el responsable último de esta fechoría, lo que explica por qué tiene tanto interés en echar tierra sobre el asunto y por qué el fiscal ha querido archivar el caso que instruye Garzón. Lo que publica hoy nuestro periódico demuestra que hay suficientes elementos para exigir responsabilidades penales concretas. Ahí están los nombres y los apellidos.


El Mundo - Editorial

El País de Zapatero. Por Agapito Maestre

Ahí reside el gran triunfo de Zapatero. Allí donde fracasaron los socialistas de antaño, él solito está imponiendo su ley: España como Nación ya ha muerto, y él se está encargando de que la plebe no se entere.

Las respuestas de Zapatero a las preguntas de El País, aparte interpretaciones interesadas, muestran a un Zapatero más firme que nunca en sus dislates. Pero, por desgracia para España, de todos esas brutalidades, exageraciones y arbitrariedades, que él osa llamar argumentos, saca rédito electoral. De esta entrevista-río, a pesar de que nos disguste, sale muy favorecido el personaje. Aparece, desde su nuevo puesto de presidente de la UE, como más "legitimado" que nunca para decir barbaridades sobre la Unión Europea, la crisis económica y, sobre todo, para contestar con la frialdad de un verdugo profesional sobre la próxima sentencia del Tribunal Constitucional acerca del contra constitucional Estatuto de Cataluña.


Sobre sus destrabadas, contradictorias y desmentidas noticias acerca de que es menester sancionar a los países de la UE que no cumplan con la agenda económica 2020, que han sido el hazmerreír del mundo entero, declara que han generado un grandioso debate en Europa del que nadie jamás se olvidará. De las preguntas sobre la crisis económica, casi siempre planteadas al margen de España, sale con garbo y desfachatez; sí, él, el presidente del Gobierno, nada tiene que ver con esta crisis que, en cuanto empiece a remontar, le hará recuperar los puntos que ha perdido en los dos últimos años respecto al PP.

Por otro lado, Zapatero no deja lugar a dudas sobre la viabilidad de sus alternativas frente a las del PP, que no pasa de ser, según su parecer un partido sin ideas, o peor, un partido de la extrema derecha, obsesionado por perseguir a los trabajadores y apoyar a los empresarios explotadores al exigir un cambio de la reforma laboral. Zapatero sabe a la perfección que se la juega en el asunto de la crisis económica, de ahí que reitere sus críticas al PP y, sobre todo, le recuerde, una y otra vez, que en lo fundamental la oposición ha apoyado sus medidas para salir de la crisis.

Pero, al margen de sus dislates sobre la aplicación del Tratado de Lisboa y los tiempos que "inventa" para salir de la crisis económica, resulta imposible pasar por alto su desvergüenza a la hora de interpretar la sentencia que saldrá del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Ahí Zapatero revela una frialdad y dureza respecto a la cuestión central de nuestra vida en común, la nación española, que da miedo. Para él la sentencia del Tribunal Constitucional, que seguro que ya conoce enteramente, no acarreará ningún problema. Dejará las cosas tal y como están. Punto. Además, los pocos comentarios, críticas y desazones no durarán "más allá de unas semanas."

En eso, sin duda alguna, tiene razón. Eso es lo trágico. Todos tragarán, viene a decir Zapatero, con la desaparición de la nación española que yo he propuesto, dirigido y ejecutado. Ahí reside el gran triunfo de Zapatero. Allí donde fracasaron los socialistas de antaño, él solito está imponiendo su ley: España como Nación ya ha muerto, y él se está encargando de que la plebe no se entere. O peor, cuando se entere, será demasiado tarde. Zapatero trata a marchas forzadas de esconder el cuerpo del delito para que nadie lo acuse... Él sólo ha llevado hasta sus últimas consecuencias el ejemplo más "insigne de corrupción democrática", por decirlo con el reciente libro de Gustavo Bueno (El fundamentalismo democrático), de la España democrática, o sea, "de generación de efectos indeseables para la Nación española, de fraude de ley, si se quiere (como algunos dicen), que la democracia, si no ha propiciado como tal, por lo menos ha facilitado y en todo caso no ha podido conjurar".


Libertad Digital - Opinión

Zapatero en el proscenio. Por Alvaro Delgado-Gal

Zapatero se ha iniciado en el cargo de presidente de la UE bajo dos advocaciones superpuestas y difícilmente conciliables: la de Mr. Bean y la de Alejandro Magno. Nuestro mandatario se ve como lo segundo, en tanto que no pocos de sus colegas europeos lo perciben más bien como lo primero. La cosa, por supuesto, viene de lejos. La terrible parodia que, usando a Mr. Bean de contrapunto, ha hecho la Rai del secretario general del PSOE, muy divulgada por la red durante estos días, data de 2006, cuando Zapatero viajaba aún con el viento a favor. En su momento, pudo parecer una broma divertida y un punto malasombra, no más digna de ser tenida en cuenta que otras de las muchas que se ensayan en los espacios cómicos de televisión a expensas de políticos y famosos. Ahora, con el viento en contra, suena a otra cosa. Suena a actual, como si las farsas de antaño hubiesen adquirido el carácter de documentos... milagrosamente proféticos. A principios de enero, Mr. Bean volvió a colarse en las páginas web de la presidencia española de la UE. Ya no se trataba de una broma, sino del sabotaje de un hacker. Los hackers no son grandes intelectuales. No razonan, no discuten, no analizan. Se limitan a deslizar iconos elementales y archisabidos, y, por archisabidos, inmediatamente comprensibles. Un publicitario sacrificaría su ojo derecho y la mitad del otro porque la marca que intenta difundir adquiriese rango icónico. Pero daría los dos ojos por borrar el icono cuando éste se revira y vuelve en contra del producto que le importa vender. Me temo que Mr. Bean pertenece a la especie de los iconos aviesos. El 5 de enero, el Financial Times sacaba sobre Zapatero un editorial muy displicente en que salía a relucir el caricato inglés. Poco después, nuestro hombre deslució aún más su imagen proponiendo, inauditamente, sanciones para los países que no cumplieran objetivos de crecimiento fijados políticamente. El Wall Street, en su editorial del 13, se permitía algún sarcasmo sobre esta idea, digna de los inventos del TBO. La opinión mundial, en fin, ha recibido a nuestro presidente con algo peor que rechinar de dientes. Ha empezado por partirse de risa, lo que suena mal para España, y, de paso, mal para la UE.

De todo esto se ha hablado harto en los medios nacionales. Sin embargo, ha tendido a pasarse por alto un artículo mucho más lesivo, aparecido en el Frankfurter Allgemeine Zeitung también el 5 de enero. La Prensa alemana cultiva un género especial: el del editorial rubricado. Por aparecer en primera página, el texto aloja una dimensión o peso corporativo de que están desprovistos los escritos de las páginas interiores. El artículo, bastante largo, llevaba por título «España en el agujero» y ostentaba al pie la firma de Leo Wieland, corresponsal del Frankfurter en España. Los dos tercios iniciales del editorial hacían un resumen convencional de la situación económica española y despachaban con brevedad los servicios que Zapatero pudiera hacer a la Unión, o viceversa. El último tercio era, sencillamente, letal. Tras señalar que la mayor fuerza de Zapatero es la debilidad del PP, reducido a un espectro tras la era Aznar, Wieland nos retrataba como un país doblemente escindido. En primer lugar, escindido territorialmente, con una Cataluña al borde de la insumisión y un País Vasco añorante del liderazgo nacionalista. Para referirse a España Wieland usaba, por cierto, un término casi intraducible: Vielstämmestaat, o «estado pluritribal». Un estado «pluritribal» no es lo mismo que un estado compuesto, en la acepción que los juristas dan a este concepto. Basta repasar las páginas de Google para advertir que se aplica la denominación, no a la República Federal Alemana o a los Estados Unidos, sino a Irak o Afganistán.

Al desgarro territorial se sumaba, según Wieland, el moral, provocado por Zapatero para marginar a la derecha. Resultado de esta labor había sido la destrucción de los consensos que presidieron la Transición. Wieland se mostraba específicamente sorprendido por lo que conocemos aquí como Recuperación de la Memoria Histórica, un intento, según el corresponsal, por reabrir la Guerra Civil e, invirtiendo el pasado, ganarla ahora en el plano simbólico para la izquierda. Wieland cerraba su terrible escrito notando que la supervivencia del régimen alumbrado tras la muerte de Franco no puede darse por descontada.

Ciertamente, no conviene exagerar la agudeza de la Prensa extranjera en los asuntos tocantes a España. La americana se ocupa de nosotros poco y mal, y la británica es propensa a empalmar, a nuestra costa, tontería tras tontería. Hace pocos años, The Economist sacó un editorial económico encabezado por el titular «¡Un hurra por Zapatero!». Hace un mes, nos calificaba como «el hombre enfermo de Europa». La contundencia boba del escrito remoto debería ponernos en guardia sobre la exactitud del pronóstico posterior. El Financial Times, igualmente, una vez que dejó de trabajar en él Tom Burns, ha menudeado sobre este país opiniones tajantes y superficiales. Esto dicho, no conviene tomar el artículo de Wieland a la ligera.

Lo primero, porque Wieland lleva bastantes años entre nosotros. Lo segundo, porque ha cambiado de parecer. Conocí a Wieland hace cuatro o cinco años. Era un alemán silencioso, que escuchaba con reserva cortés los pronósticos pesimistas de algunos de sus colegas españoles. «¡Cómo exageran los del sur!», parecía pensar. Debe de estimar ahora que, lejos de exagerar, nos quedábamos cortos. Haciendo balance, y sin presuponer en nadie una penetración excepcional, parece razonable llegar a la conclusión de que los desajustes nacionales han adquirido un volumen aparatoso. El suficiente, al menos, para que los foráneos nos tasen a bulto y sacudan impresionados la cabeza. En los buenos tiempos, les impresionaba que perseverásemos en crecer al tres o cuatro por ciento. Ahora les impresionan los cuatro millones de parados y que España, por las trazas, se esté desvencijando.

En efecto, muchas de las cosas que ha escrito Wieland son mera crónica, no apreciaciones personales. El señor Castells acaba de aseverar que la Transición se hizo mal; la clase política catalana prepara, llevada de la mano del señor Montilla, la desobediencia preventiva ante un fallo quizá adverso del Tribunal Constitucional, el cual ha sido descalificado mucho antes de que se pronuncie materialmente sobre el Estatut; y nadie habla del imperio de la ley, que ese tribunal tendría que garantizar, sino de pulsos entre magistrados, cuyos nombres trascienden a la opinión herrados con la marca de un partido. Quien piense que estos achaques son los típicos de una democracia, ha perdido el sentido de la realidad. En la misma deriva hacia el disparate, se habla de federalizar al Estado como el único movimiento que podría evitar una metástasis a la yugoslava. Me permito recordar algunas de las cifras que ha resumido Francisco Bello en un artículo reciente -«El Estado español: una rara avis camino de la extinción», Actualidad Económica, 8-1-2010-. Incluso después de haber descontado la factura de Defensa, el Gobierno federal norteamericano gasta, en proporción al PIB, 2,7 veces más que los estados, es decir, el doble de los recursos que el Gobierno central español emplea con relación a las regiones, Seguridad Social incluida. ¿Es éste el Estado que aún no hemos tenido el arrojo de «federalizar»? El arrojo, no nos engañemos, nos será dado por la imposibilidad de contener el fermento catalán que irresponsablemente se activó durante la legislatura pasada. El ministro de Justicia ha insinuado ya que podría acudirse al artículo 150.2 de la Constitución para transferir a Cataluña lo que el TC pudiera negar a ésta si incurre en el fanatismo de aplicar la ley a rajatabla. Cabría decir, parafraseando a Groucho Marx: éste es nuestro caos, y si no le gusta, tenemos otro mejor. No es maravilla que se compare a Zapatero con Mr. Bean. Los dos son expertos en poner las cosas patas arriba.


ABC - Opinión

Una tumba en Dinamarca. Por Arturo Pérez Reverte

Desde hace doscientos dos años, en un lugar perdido de la costa danesa frente a la isla de Fionia, donde siempre llueve y hace frío, hay una tumba solitaria. Tiene una cruz y dos sables cruzados sobre una lápida, y está pegada al muro del cementerio de San Canuto, en Fredericia. De vez en cuando aparece encima un ramo de flores; y a veces ese ramo lleva una cinta roja y amarilla. Esto puede llamar, tal vez, la atención de quien pase por allí sin conocer la historia del hombre que yace en esa tumba. Por eso quiero contársela hoy a ustedes.

Se llamaba Antonio Costa, y en 1808 era capitán del 5.º escuadrón del regimiento del Algarbe: uno de los 15.000 soldados de la división del marqués de la Romana enviados a Dinamarca cuando España todavía era aliada de Napoleón. Después del combate de Stralsund, la división había pasado el invierno dispersa por la costa de Jutlandia y las islas del Báltico. Al llegar noticias de la sublevación del 2 de Mayo y el comienzo de la insurrección contra los franceses, jefes y tropa emprendieron una de las más espectaculares evasiones de la Historia. Tras comunicar en secreto con buques ingleses para que los trajesen a España, los regimientos se pusieron en marcha eludiendo la vigilancia de franceses y daneses. Por caminos secundarios, marchando de noche y de isla en isla, acudieron a los puntos de concentración establecidos para el embarque final. Unos lo consiguieron, y otros no. Algunos fueron apresados por el camino. Otros, como los jinetes del regimiento de Almansa, recibieron en Nyborg la orden de sacrificar sus caballos, que no podían llevar consigo; pero se negaron a ello, les quitaron las sillas y los dejaron sueltos: medio millar de animales galopando libres por las playas. En Taasing, viéndose perseguidos por los franceses y cortado el paso por un brazo de mar que los separaba de la isla donde debían embarcar, algunos del regimiento de caballería de Villaviciosa cruzaron a nado, agarrados a las sillas y crines de sus caballos. De ese modo, cada uno como pudo, aquellos soldados perdidos en tierra enemiga fueron llegando a Langeland, y 9.190 hombres –sólo unos pocos menos que los Diez Mil de Jenofonte– alcanzaron los buques ingleses que los condujeron a España; donde, tras un azaroso viaje, se unieron a la lucha contra los gabachos.

Como dije antes, no todos pudieron salvarse: 5.175 de ellos quedaron atrás, en manos de los franceses. Algunos terminarían alistados forzosos en el ejército imperial, en la terrible campaña de Rusia –a ellos dediqué hace diecisiete años la novelita La sombra del águila–. Otros se pudrieron en campos de prisioneros, o quedaron para siempre bajo tres palmos de tierra danesa. El capitán Antonio Costa fue uno de ésos. A causa de la indecisión de sus jefes, el regimiento de caballería del Algarbe perdió un tiempo precioso en emprender su fuga hacia la isla de Fionia, donde debían embarcar. Por fin, cuando Costa, un humilde y duro capitán, tomó el mando por propia iniciativa, desobedeció a sus superiores y se llevó a los soldados con él, ya era demasiado tarde. En la misma playa, casi a punto de conseguirlo, el regimiento fugitivo vio bloqueado el paso por el ejército francés, con los daneses cortando la retirada. Furioso, el mariscal Bernadotte exigió la rendición incondicional, manifestando su intención de fusilar a los oficiales y diezmar a la tropa. Entonces el capitán Costa avanzó a caballo hasta los franceses y se declaró único responsable de todo, pidiendo respeto para sus soldados. Luego, no queriendo entregar la espada ni dar lugar a sospechas de que había engañado o vendido al regimiento llevándolo a una trampa, se volvió hacia sus hombres, gritó «¡Recuerdos a España de Antonio Costa!» y se pegó un tiro en la cabeza.

Así que ya lo saben. Ésta es la historia de esa lápida pegada al muro del cementerio de San Canuto, en Fredericia, Dinamarca. La tumba solitaria de uno que quiso volver y pelear por su patria y su gente. Reconozco que eso no suena políticamente correcto, claro: pelear. Esa palabra chirría. Tan fascista. Nuestra ministra de Defensa habría criticado, supongo, la intransigencia dialogante del tal Costa –maneras autoritarias y poco buen rollito, misión que no era estrictamente de paz, gatillo fácil–; y monseñor Rouco, nuestro simpático pastor de ovejas, su falta de respeto a la vida humana, empezando por la propia, incluido un serio debate sobre si, como suicida, tenía derecho a yacer en tierra consagrada, o no lo tenía –igual hasta era partidario del aborto, el malandrín–. Lo mío es más simple: el capitán Costa me cae de puta madre. Su tumba solitaria me suscita un puntito de ternura melancólica. Ese cementerio lejano, frente a un mar gris y extranjero. Por eso hoy les cuento su vieja, olvidada historia. Por si alguna vez se dejan caer por allí, o están de paso por las islas del Norte y les apetece echar un vistazo. A lo mejor hasta tienen unas flores a mano.


XL Semanal

Gansos sobre la ruta del Estado (El Independiente, sept. 1989). Por A.G. Trevijano

Lo propio de la oligocracia de partidos es el reparto proporcional del poder en beneficio de la clase política, según las cuotas atribuidas a cada lista por los electores. Lo propio de la democracia es la separación y equilibrio de poderes, para que uno frene a otro, evitando el abuso y la corrupción en beneficio de los derechos del ciudadano y de la sociedad civil. Lo característico del régimen oligocrático es el gobierno de coalición sin control parlamentario. Lo que distingue al sistema democrático es el gobierno de mayoría absoluta, bajo control de comisiones del poder legislativo.


Cuando en un régimen oligárquico de partidos se produce la anomalía no prevista en la Constitución, de que uno de ellos alcanza la mayoría absoluta, como sucedió en España tras el 23-F, todo el poder ejecutivo, legislativo, judicial, financiero y funcionarial del Estado es acaparado, sin control, por un solo partido. El abuso de poder y la corrupción política, inherentes al régimen oligocrático, dejan de ser relativos, es decir, limitados por la necesidad de su reparto, y se convierten en absolutos.

Los partidos de oposición tratan de evitar la mayoría absoluta del partido ministerial por un doble motivo. Para transformar altruistamente la condición absoluta del abuso de poder en relativa y para participar egoístamente en un abuso limitado a los méritos electorales de cada uno. Con mayoría absoluta se abusará absolutamente. Con mayoría relativa se abusará relativamente. Y es preferible la corrupción relativa a la absoluta.

Lo imposible, en este régimen oligocrático, es suprimir o evitar absolutamente el abuso de poder y la corrupción política. Las comisiones parlamentarias, los consejos de administración de los entes públicos, la distribución de espacios en los “medios”, la constitución del poder judicial y financiero y la ocupación de los cargos públicos, técnicos y burocráticos en el Estado y en las empresas públicas reproducen mecánicamente la misma proporción, la misma relación de fuerza oligárquica surgida del acto electoral. Ningún poder se controla a sí mismo. El poder indiviso, tanto si es administrado por un solo partido como si lo es por varios, no es controlable.

Ni Montesquieu ha muerto, ni la división y separación de poderes es particularidad del carácter o del pensamiento político anglosajón. Francisco Miranda, que murió en una prisión de Cádiz (1816), escribió en 1794 lo que después la historia no ha hecho más que confirmar: “El pueblo no será soberano si uno de los poderes constituidos (el ejecutivo) no emana inmediatamente de él y no habrá independencia (entre los poderes) si uno de ellos fuera el creador del otro. Dad al cuerpo legislativo, por ejemplo, el derecho de nombrar a los miembros del poder ejecutivo y no existirá ya Libertad política. Si nombra a los jueces no habrá libertad civil”.

El pensamiento socialista también ha participado en el combate contra la oligocracia de partidos. El presidente del Gobierno francés, Leon Blum, que redactó su ensayo “A escala humana” (1941) en una prisión alemana, expresó su inclinación hacia los sistemas de tipo americano o suizo, “que se fundan sobre la separación y equilibrio de poderes” y que tienen “además el gran mérito de sustituir la noción real de control a la noción un poco ilusoria de responsabilidad”.

En resumen, la mayoría absoluta es buena en la democracia y mala en la oligocracia. Y en este asunto cuenta muy poco la mayor o menor capacidad de gobierno de un solo partido o de una coalición. Desde el final de la guerra civil ningún pueblo europeo, salvo tal vez el alemán, ha demostrado más “gobernabilidad” que el español.

La tentación de reducir la política a uno solo de sus ingredientes ha estado presente siempre que la ciencia ha preponderado sobre la ideología dominante, en crisis. Sucedió al final de la monarquía absoluta con la fisiocracia de la producción agrícola de Turgot. Sucedió al final napoleónico de la Revolución con el “sansimonismo” de la producción industrial. Sucedió al final de la revolución de la comuna del 71 con la economía estatal del marxismo. Sucedió al final del liberalismo con el keynesismo de la economía de desarrollo. Y sucedió al final del crecimiento antiecológico, con la economía financiera de Chicago.

Los renegados del socialismo están dando el paso definitivo a la simpleza, en esta vía reduccionista de la política, haciendo con Saint-Simon lo que Marx hizo con Hegel. Han puesto del revés la relación producción-consumo. Desde que ocupan el Gobierno y el Estado no cesan de reducir “lo político” y de aumentar en el mismo grado el dogmatismo científico de su tratamiento. Han reducido la política a economía política y ésta a teoría de la demanda, reducida a su vez a teoría del consumo, concebido restrictivamente como gasto, para legitimar el déficit público. De esta forma “lo económico” se reduce a “lo financiero” y los instrumentos de la acción política se limitan dogmáticamente al impuesto y a la circulación monetaria.

En consecuencia, el banco emisor dicta toda la política del Gobierno. Los impuestos no se calculan en función de los servicios prestados por el Estado o de la capacidad productiva de la sociedad civil, sino en función de la masa de dinero y crédito puesto en circulación. Si la nación, compuesta de Estado y de sociedad, gasta más de lo producido, entonces el Banco de España hace el ajuste de financiar el aumento del déficit público del Estado con la reducción del consumo privado de la sociedad. El Gobierno asume hacia la sociedad civil la tarea de convencerla, o amenazarla, de que el Estado debe continuar su marcha triunfal por la ruta del déficit.

Bajo esta perspectiva, la política deja de ser una vocación general, para la que se vive mal, y se convierte en una especialidad profesional de la que se vive bien. La profesión política se alimenta de dos clases de expertos. Los técnicos en circulación monetaria, estadística, contabilidad, presupuestos, que se renuevan en los propios centros de formación profesional bajo la tutela de los mandarines permanentes del Banco de España, del Ministerio de Hacienda, del Instituto Nacional de Estadística y de los servicios de estudio de las grandes instituciones financieras, y los comunicadores con el mercado electoral, que se renuevan por cooptación entre los dirigentes de los partidos políticos. Los primeros cocinan las recetas de los programas. Los segundos las venden en el mercado político. La principal ventaja del partido ministerial no está tanto en el uso privilegiado de la televisión como en que sus recetas culinarias ofrecen más garantías de digestión por estar elaboradas con informaciones del Estado que no tiene la sociedad civil.

Desde el momento en que la política se ha convertido en una profesión ya no merece más consideración y respeto que cualquier otra. Si un político habla desde el Gobierno no se le puede creer. Habla de su oficio. Pero con la extraña pretensión de que se le preste atención, comodidad y sitio, a costa de la incomodidad y estrechez de los oficios productivos de la sociedad civil, que cuando menos merecen tanta atención como el suyo.

Como escribía el filósofo Alain (1923), el automovilista apresurado que economiza su freno comprende mal lo que hace una manada de gansos en la carretera, “pero los gansos van a su comida y a su charca”. Lo mismo sucede al gobernante que sigue su ruta y le extraña que los gansos no se alineen para admirar lo bien que rueda el carro del Estado. “Se necesitan gansos, lo concedo, dice el hombre de Estado, pero allí donde yo quiero que estén y no donde ellos quieran estar”. Este discurso jamás ha convencido a los gansos, pero con él el PSOE ha persuadido varias veces a los españoles.

Los ciudadanos del 14 de diciembre y los sindicatos, como verdaderos gansos, se resisten a dejar libre la carretera, marginándose en los arcenes, y a engrosar las colas contemplativas de la destreza del hombre que conduce el Gobierno del déficit público y del paro, por la ruta del Estado, hacia un páramo donde el consumo estará más reducido que la propia política.



La República Constitucional

domingo, 17 de enero de 2010

Libertad 2.0 Yo ya he firmado. ¿Y tú?

Las asociaciones Foro Liberal, la Asociación para la Defensa de las Libertades y Derechos Civiles, el Club Liberal Español, La Rosa Blanca, Hazte Oír, Cuba en Transición, Profesionales por la Ética, Coruña Liberal, Foro Aragón Liberal y Convivencia Cívica Catalana, una vez conocido que el anteproyecto de “Ley de Economía Sostenible” pretende liquidar derechos inherentes a las personas como la libertad de expresión, la libertad de mercado, así como la Justicia (violando la presunción de inocencia y el derecho a la tutela judicial efectiva), con el fin de otorgar privilegios feudales a una industria obsoleta, tecnófoba y caduca que se resiste a introducir los cambios necesarios para adaptarse al progreso, han elaborado el siguiente manifiesto en defensa de la libertad y los derechos civiles que invitan a suscribir a cuantos ciudadanos y asociaciones o movimientos cívicos quieran.

Consideramos que:

1.- Los derechos de autor no son más que el argumento esgrimido por el gobierno para instaurar la censura y liquidar la libertad de expresión. No estamos en una batalla contra los creadores sino en una lucha por la defensa de nuestras libertades y derechos civiles.


2.- Los derechos de autor y propiedad intelectual no pueden vulnerar en ningún caso derechos fundamentales de los ciudadanos ni se puede admitir que en su nombre se liquide la Justicia.

3.- La libertad de expresión o información no puede, en una sociedad abierta, quedar en manos de una comisión administrativa que decida qué blogs/webs tienen derecho a existir y cuáles no. Y tal es la medida que el gobierno ha introducido en el despojo legal llamado “Ley de Economía Sostenible”, al articular la Sección Segunda (SS), que será una comisión formada por personas designadas por políticos que decidirá qué contenidos son admisibles y cuáles no.

4.- Un aumento de la libertad en el intercambio de información nunca podrá ser alcanzado por vías políticas, sino por el desarrollo de nuevas técnicas de comunicación. Internet ofrece por primera vez en la historia de la humanidad la posibilidad de comunicar de ciudadano a ciudadano de forma multimedial. De esta manera los propietarios de los medios de comunicación tradicionales -claramente influenciables por lobbies políticos y/ó gubernamentales- pierden su posición de monopolistas y “guardianes” de la información. Los periodistas profesionales han de hacer frente a la competencia nacida en internet, la cual ya es herramienta efectiva a la hora de verificar la veracidad de las afirmaciones periodísticas.

Entendemos que desde la Ley de Economía Sostenible se pretende, sobre todo, salvaguardar los derechos y privilegios de quienes de forma tradicional han contribuído al establecimiento de vías políticamente adecuadas a sus propios intereses y no al servicio de la veracidad informativa.

5.- Los enlaces en ningún caso constituyen un delito, como han puesto de manifiesto en numerosas ocasiones los tribunales españoles y existe un derecho a copia privada que desde el gobierno, sometido y entregado a lobbies de presión, se quiere criminalizar. Los internautas son “piratas”, se afirma desde el poder y sus terminales mediáticas.

6.- El intercambio libre y voluntario de archivos (como de libros o de discos) no sólo no es un delito, sino que tipificarlo como tal es un atentado contra la libertad de los ciudadanos.

7.- Como se afirmaba en el Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, suscrito por cientos de miles de ciudadanos, “intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo”.

8.- El modelo propuesto por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero llevará, por el cada vez mayor desapego de los ciudadanos hacia ellos y lo que a día de hoy representan, a la ruina a unos creadores, cuyo derecho de creación vulnera esta ley, engañados por sus cada vez más acaudaladas entidades de gestión. Además, al introducir inseguridad jurídica, resultará notablemente dañina entre los empresarios del sector.

Por todo ello

1.- Exigimos la inmediata retirada de la disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible y la dimisión de las ministras responsables de la comisión de este atentado contra la libertad de los ciudadanos, Elena Salgado y Ángeles González-Sinde.

2.- Así mismo exigimos la inmediata retirada del canon digital, por criminalizar a los ciudadanos presuponiendo que van a cometer un delito e imponiendo un impuesto, otro más, sobre la población para así mantener a los privilegiados por la casta política.

3.- Que se modifique la legislación para que las entidades de gestión de derechos de autor dejen de poder ejercer presiones intolerables sobre los ciudadanos y que se auditen de forma inmediata las cuentas de todas estas entidades.

4.- Animamos a los ciudadanos a difundir este manifiesto por cualesquiera medios estén a su alcance y a darle la máxima difusión a nivel nacional e internacional, así como a colaborar en cualquier iniciativa puesta en marcha en contra de la “Ley de Economía Sostenible”.

Firma aquí.

Imprima, comparta, guarde


Vic como paradigma. Por José María Carrascal


VIC representa el cuarto fracaso de Zapatero como presidente. El primero fue su intento de lograr la paz en el País Vasco negociando con ETA. El segundo, cerrar nuestro ordenamiento territorial dando a los nacionalistas lo que quisieran. El tercero, resolver la crisis económica negándola de entrada y subsidios de paro después. El cuarto, el más callado y ambicioso de todos, alterar el equilibro socio-político de España a través de los inmigrantes. Todos ellos basados en el utopismo de la izquierda y en la bondad natural del hombre, supuestos teóricos que tienen poco que ver con la realidad. Del fracaso de los tres primeros testifica el propio Gobierno, persiguiendo etarras con todas sus armas, dejando al Tribunal Constitucional recortar el nuevo estatuto catalán y llevándonos a la cola de la recuperación económica. Ahora, le estalla en las manos el cuarto, el intento de alterar la realidad sociológica española a través de la demografía. Se trataba de un plan tan simple en objetivos como complejo de realización. Si en España hay dos bloques aproximadamente iguales de derechas e izquierdas, venía a decir, añadamos un par de millones de votos a la izquierda, y tendremos garantizada su supremacía para siempre. ¿De dónde iban a salir esos nuevos votantes? De la inmigración. De ahí las legalizaciones masivas y los «papeles para todos», junto a los cientos de miles de hijos y nietos de españoles, a los que nuestras embajadas en Hispanoamérica están dando pasaportes por orden de Moratinos. Todos ellos, agradecidos, votarían al PSOE, convirtiéndolo en el partido hegemonónico. Ingeniería demográfica al servicio de la manipulación electoral.


Una vez más, sin embargo, la realidad ha llamado al orden a Zapatero. La irrupción masiva de inmigrantes funciona con una economía en auge, que crea puestos de trabajo y dinero suficiente para atender a todos los gastos sociales: sanidad, escuelas, viviendas. Pero cuando la economía se contrae, el paro crece, las arcas públicas se vacían y empieza la lucha por los escasos recursos, todo este andamiaje teórico se viene abajo. Los primeros en notarlo son los que están más cerca de la calle, los ayuntamientos, y los primeros en sufrirlo, los más débiles, los ilegales. Vic representa la primera revuelta contra ese plan de política virtual. Su ayuntamiento dice que no puede cumplir lo que se le pide porque aparte de contradictorio -legalizar ilegales- no tiene medios para ello. Seguirán otros, pues no se trata de un problema particular, sino general, al margen de las ideologías e incluso de la tan cacareada pluralidad española. Donde no hay, no puede darse. Ante lo que Zapatero ha hecho lo que suelen hacer los ilusos ignorantes en estos casos: escapar. La presidencia europea le ofrece un refugio dorado. Lástima que sea sólo por seis meses. Pero ya se buscará otro.

ABC - Opinión

Haití. Por Andrés Aberasturi

No resulta demasiado fácil mantener un mínimo de optimismo en este mundo nuestro. Se puede ser medio feliz a ratos, estar más o menos en paz con tu entorno más cercano y hasta debatir acaloradamente la Ley de Economía Sostenible. Lo malo es que, de pronto, aparece Haití y te da como vergüenza todo cuanto te rodea. Medio mundo vive en el olvido, tenemos a tres cuartas partes de la humanidad recluidas en algún lugar de la memoria y sólo la noticia brutal y repentina de un seísmo, de un tsunami, de una guerra, entornan esa puerta y ante nuestros ojos aparecen los ojos terribles de la miseria, del hambre sin adjetivos, de la injusticia hecha carne de niño, de la barbarie escondida tras un burka.

Hay territorios que parecen malditos. Haití es uno de ellos: pobre hasta la desesperación y con una mínima clase dirigente absolutamente corrompida. Haití es la gran olvidada de ese hemisferio y hoy todos escribimos sobre su desgracia. Hoy nos llegan noticias de que la ayuda internacional se vende (se revende) en los mercados para que unos pocos dictadores e hagan millonarios mientras la gente se entrega a revueltas desesperadas y la vida carece de valor. Hoy hablamos de Haití pero a lo largo de esas décadas hemos hablado de otros muchos sitios, de países que ya ni recordamos y no porque las guerras hayan terminado sino porque han dejado de ser noticia. Las guerras largas no se venden bien en los informativos y hay que sorprender con nuevas imágenes, con paisajes nuevos desolados, señalar en el mapa de este mundo único donde se ubican las hambrunas, dónde matan y mueren los niños de la guerra, en qué escombreras buscan comida los más pobres, cómo lapidan a un mujer acusada de adulterio por una ley que, encima, tratamos de comprender y hasta respetar.

No resulta fácil ser minimamente optimista en un mundo así. Las cosas están como están y son como son y es bueno preocuparse del cambio climático o discutir apasionadamente sobre la crisis financiera y la caída de las bolsas. Lo malo es lo que ocurre mientras tanto en la otra parte del mundo, Porque Haití tendría que haber sido noticia cada día desde hace muchos días, pero necesitamos un mínimo de muertos considerable para que nos asalte a la hora de comer mientras vemos la televisión. Somos así y no es bueno. Tal vez haya llegado la hora de revelarse y decir basta. Pero ¿a quién? ¿cómo? ¿con qué posibilidades reales de que algo cambie? Ah las ejemplares democracias occidentales* benditas sean porque me dejan escribir estas cosas pero que poquito más -seamos realistas- se puede hacer.


Periodista Digital

¡Enhorabuena! Por Alfonso Ussía

Enhorabuena, Llamazares. Ha conseguido usted lo que no pudo durante décadas en España. Que la gente le conozca un poco. Tantos años al frente de Izquierda Unida y del comunismo nacional y podía pasear desde la Plaza de Castilla hasta la Plaza Mayor sin que nadie, al verlo, comentara: –Ahí va Llamazares–. Y llegan los americanos y le convierten en un referente mundial. Los del FBI, para más «inri», aunque a usted lo del «inri» ni le va ni le viene, como a otros, aunque les conviden a participar en los desayunos de la oración. A todos los rincones del mundo han llegado su frondoso cabello entrecanado y su altiva frente. Los expertos del FBI han creado un retrato-robot de Osama Bin Laden, el aliado de las civilizaciones que no desea, de momento, establecer ningún tipo de alianza. Y hete aquí, que la frente y el pelo del Bin Laden son idénticos a los suyos. Los americanos, que hacen los retratos-robot con una maestría insuperable, le han quitado a usted el pelo y la frente, se los han adaptado al compañero Laden y se han quedado encantados con su obra. Por fortuna, sólo en el pelo y la frente es usted parecido a Bin, que de parecerse más, todos estaríamos corriendo.

En mi infancia, demostrada mi nula capacidad para entender la aritmética y las matemáticas, tuve un profesor particular, don Félix Rebollar, que era idéntico a Lenin. Mi madre, cada vez que se cruzaba con don Félix en los largos pasillos de nuestra casa, se santiguaba. Usted, al menos, sólo se parece a Bin Laden en la frente y el pelo, pero don Félix era como Lenin reencarnado, y a usted le hubiera encantado conocerlo. Después, nada. Don Félix era de derechas, muy buena persona y no se había dedicado a ordenar la muerte de decenas de miles de rusos, el zar incluido.

En Izquierda Unida se han manifestado inquietos y sorprendidos por el uso que ha hecho el FBI, sin autorización por su parte, de su pelo y de su frente. Y los dirigentes de la coalición han acordado por unanimidad «pedir explicaciones a quien corresponda en los Estados Unidos». Confuso acuerdo, don Gaspar. Si usted viaja a los Estados Unidos –hágalo aprovechando cualquiera de sus garbeos por Cuba–, y pide visitar «a quien corresponda», le van a decir que sus deseos son de muy complicada satisfacción. «A quien corresponda», en los Estados Unidos de América pueden ser desde el Presidente Obama a Dorothy Pick, una jubilada de Montana que se dedica a la cría en cautividad de ardillas pardas, a las que Al Gore ha vaticinado un incierto futuro por aquello del calentamiento global. Gracias a Dorothy Pick , la ardilla parda puede presumir de un porvenir sostenido, como se dice ahora, que todo es sostenido, desde la economía que no se sostiene a la jeta de Al Gore, que se sostiene muy bien gracias a la cantidad de tontos que hay repartidos por el mundo.

No protesten «a quien corresponda», porque «a quien corresponda» va a estar reunido. Celebren, usted y los suyos, admirado don Gaspar, que al fin, en el tramo otoñal y atardecido de su vida, al menos su pelo y su frente han recibido el regalo de la atención de millones de miradas en todo el mundo. Agradezca al FBI el formidable obsequio, y disfrute con su parcial popularidad. Suyo afectísimo.


La Razón - Opinión

Haitíes. Por Ignacio Camacho

CUANDO Haití vuelva, si vuelve, a la normalidad previa al terremoto, cuando los muertos sean enterrados y los heridos reciban mal que bien sus curas, cuando regresen el agua y la electricidad, cuando los escombros se retiren y los edificios hundidos se reconstruyan, cuando se marchen las fuerzas de socorro y sólo se queden las oenegés que ya estaban allí antes de la tragedia, cuando la confortable sociedad biempensante relegue la catástrofe porque deje de verla en los telediarios, ese pequeño país antillano tornará en el mejor de los casos a la demoledora realidad social que vivía antes de que la tierra temblase en Puerto Príncipe: un euro diario de renta per cápita, un sistema político corrompido, un tejido educativo inexistente, un producto interior irrelevante, una cultura de supersticiones premodernas, una miseria estructural enquistada en una historia de subdesarrollo extremo y de pobreza sin alivio. Allí, al lado mismo de la Romana de las vacaciones todo incluido. Eso es lo que era Haití antes de que Occidente se conmoviese ante la hecatombe sísmica, como tantas otras naciones y territorios que sólo surgen en el mapa de nuestra conciencia moral cuando una calamidad desproporcionada o una guerra particularmente atroz los traen por unos días al primer plano de unas sobremesas atribuladas por la caída de la Bolsa o las dificultades del crédito hipotecario.

Por eso de nada servirá toda esta bienintencionada sacudida solidaria, esa sincera generosidad anónima del parado o del mileurista que dona unos euros que no le sobran, si no cuaja en un estado de opinión pública estable que empuje a abordar en serio la reconstrucción de un país que apenas si existía como tal antes de que comenzase a importarnos. Si todo ese emotivo caudal de ayuda no se canaliza en la planificación de un Estado decente. Si el egoísmo de la alta política se enreda en pulsos de influencias y liderazgo. Si los contritos jefes de Estado y Gobierno que ahora aparecen promoviendo conferencias de socorro con expresión sombría olvidan su repentina conmoción cuando decaigan las encuestas. Si se desvanece tan pronto como de costumbre la volátil preocupación que estas tragedias siembran en nuestra mala conciencia de privilegios en crisis.

Es una bonita, tranquilizadora virtud la de la solidaridad. Y evita preguntas incómodas porque las catástrofes no se comentan: se socorren. Pero esos desheredados que parecen interpelarnos como espectros entre las ruinas y cascotes de sus casas, esos haitianos harapientos a los que anhelamos enviar ayuda sanitaria nos molestan sobremanera cuando buscan vivienda junto a la nuestra o toman turno antes que nosotros en el ambulatorio de zona. Y sin resolver esa severa contradicción interior no servirá de mucho esta súbita, urgente cosquilla de lejana fraternidad angustiada que nos ayuda a olvidar los haitíes que rodean nuestras propias casas.


ABC - Opinión

¿Se debe empadronar a los mismos que se intenta expulsar?

La contradictoria legislación plantea el debate sobre si el Ayuntamiento de Vic está actuando correctamente al no empadronar a los inmigrantes sin papeles.

EL ANUNCIO de la vicepresidenta De la Vega de que el Gobierno no tiene intención de cambiar la normativa en materia de inmigración pese al aldabonazo que ha supuesto el plante del Ayuntamiento de Vic permite predecir que el problema de los sin papeles y el de la economía sumergida, tan ligados ambos, aumentarán en nuestro país. La crisis ha terminado por encender la mecha que una deficiente legislación había dejado descubierta.


Cuando el país vivía en la bonanza y los ayuntamientos no tenían problemas de financiación, podían estirar los presupuestos para atender las necesidades de todos los ciudadanos, sin detenerse en cuál era su situación administrativa. Eso permitía disminuir la conflictividad social y ocultar los evidentes defectos de la regulación legal de la inmigración. Pero hoy, con una Administración Local asfixiada, con niveles de inmigración muy altos en algunas poblaciones y con partidos marginales dispuestos a explotar el asunto, era cuestión de tiempo que algún consistorio dijera basta.

Es simplista, a la par que tendencioso, tratar de deslegitimar la actitud del equipo de gobierno de Vic tachándola de xenófoba. Con mayor razón cabría decir que quien fomenta el odio a los extranjeros no es quien pide que se ponga un orden razonable en la inmigración, sino quien, por no regularla eficazmente, permite que se convierta en un problema. El caso es que descartada la opción, por inviable, del papeles para todos, lo que no cabe es propiciar que la inmigración ilegal se convierta, de facto, en opción legítima a través de la puerta trasera de los padrones municipales. La cuestión hoy no es inmigrantes sí o inmigrantes no. Es evidente que una gran mayoría de extranjeros reside legalmente en España y huelga decir, además, que sin su concurso la economía nacional no habría crecido como lo hizo en los penúltimos años. Nadie plantea tampoco expulsar del padrón a quien ya está inscrito, aunque haya entrado de forma irregular en el país. El asunto es si cabe cambiar la legislación para que el empadronamiento no se convierta, como ahora sucede, en una vía para blanquear la inmigración ilegal y para evitar que, en la práctica, acabe siendo más difícil obtener la tarjeta de residencia siguiendo los cauces oficiales que mediante ese atajo.

El portavoz de CiU en el Congreso, Duran Lleida, que ayer respaldó la medida de dejar de empadronar a los sin papeles, tiene razón cuando señala que un ayuntamiento no puede conocer una ilegalidad «y no denunciarla». Es decir, que si un consistorio sabe que la situación de un inmigrante no es legal, ¿no es lógico que antes de empadronarlo comunique a las autoridades esa situación irregular? La legislación es contradictoria, y mientras por un lado obliga a incluirle en el padrón, por otra, prescribe su expulsión. Por eso sorprende que De la Vega dijera ayer que la ley «es clara» y que, por lo tanto, «no hace falta llevar a cabo ninguna reforma». Y que añadiera además que la economía sumergida tiene «los días contados». Pues bien, hay que decir claramente que ni la normativa es clara, ni creemos que con más de cuatro millones de parados y la crisis galopante actual, el Gobierno vaya a ser capaz de acabar con la economía sumergida, que además se sirve en muchas ocasiones de quienes, por no tener papeles, son víctima fácil para los tramposos. El PP, más realista, pronostica que la subida del IVA que entrará en vigor en julio agravará el fraude.

Tan erróneo es que un ayuntamiento determine qué trato se le da a la inmigración, como que se le obligue a servir de coladero de personas en situación ilegal. Urge que los grandes partidos se pongan de acuerdo para revisar la legislación. Eso permitirá además cortar el paso a los demagogos dispuestos a pescar en río revuelto.


El Mundo - Editorial

El miedo del PP a sus bases

La estrategia de Génova puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

A tenor de la escenografía y las declaraciones de sus principales protagonistas, la XV Reunión Interparlamentaria del Partido Popular que se está desarrollando en Palma de Mallorca está siendo utilizada por el aparato de Génova para apuntalar sin ningún pudor a un candidato del PP balear que nadie ha elegido. La situación sería menos grave en términos democráticos si no hubiera un serio candidato alternativo que cuenta con gran apoyo de las bases como Carlos Delgado, alcalde de Calviá, al que se está despreciando de forma pública por los dirigentes nacionales en beneficio de la apuesta personal de Rajoy para gestionar el partido en las Islas Baleares.


Es oportuno recordar que José Ramón Bauzá llegó a la presidencia del PP Balear sólo tras la dimisión de Rosa Estarás, que adujo ciertos problemas de salud para abandonar el cargo, lo que constituye precisamente una razón añadida para que el actual dirigente validara su nombramiento a través de un proceso democrático interno. El mismo Bauzá aseguró en los micrófonos de esRadio, tras llegar a la presidencia de forma tan accidental, su intención de convocar un congreso extraordinario para dar la posibilidad a los militantes del partido de decidir qué candidato y, sobre todo, qué línea política deberían seguir los populares en las islas para enfrentarse a sus rivales en las elecciones de 2011. "Nadie cuestiona este planteamiento" (el de convocar un congreso), llegó a afirmar el ya candidato oficial de Rajoy en su entrevista con Federico Jiménez Losantos. Bien, eso podría ser cierto en aquel momento, pero a la luz de las declaraciones y gestos de los dirigentes nacionales del PP, todo parece indicar que la decisión de Génova es llegar a las próximas elecciones con un candidato del que no se podrá conocer su apoyo real, en caso de que se consumen los deseos de Rajoy de evitar cualquier confrontación de personajes e ideas con carácter previo a la próxima contienda autonómica, que, especialmente en las Baleares, promete ser muy reñida.

El portavoz del PP nacional, González Pons, ha llegado a asegurar que un congreso en Baleares "en absoluto es necesario". Si en un partido sometido a una tensión política sin precedentes a causa de las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre algunos de sus anteriores dirigentes, con un presidente accidental al que nadie ha elegido y un candidato alternativo de importante arraigo entre las bases no resulta necesario convocar un congreso, ardemos en deseos de conocer qué tiene que pasar en una delegación territorial del Partido Popular para que, a juicio del señor González Pons, resulte oportuno otorgar a los militantes la potestad de elegir a sus dirigentes.

Poco importa, en términos democráticos, la aparente seguridad de Rajoy de que el PP balear presentará una candidatura excelente y "a la altura de las circunstancias". Ese es su criterio, muy respetable, pero por encima está, o debería estar, el derecho de todos los militantes a elegir libremente a quien les debe llevar a la victoria, ciertamente factible dado el estado de descomposición política en el que está sumida la insólita coalición actualmente en el poder autonómico.

Rajoy pretende que sus protegidos ni siquiera tengan que someterse al bochorno al que él mismo se vio sometido en el congreso de Valencia, en el que el aparato del partido movió los hilos para que la contestación interna desapareciera del escenario. Sin embargo, la insistencia justificada del alcalde de Calviá de que se cumplan las previsiones estatutarias para que los distintos candidatos se sometan al refrendo de los militantes, puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

La decisión de Rajoy de imponer a su candidato no sólo es inadmisible en un partido político que, por mandato constitucional, debe someterse en su régimen interno a criterios democráticos. Es también una afrenta a los militantes que ven como unos dirigentes nacionales les hurtan su derecho a elegir libremente qué quieren hacer con el partido en su circunscripción.


Libertad Digital - Editorial

Deterioro sin remedio

HOY informa ABC sobre un estudio sociológico comparado de la valoración de líderes políticos en sus países respectivos. El análisis ofrece datos muy significativos. El estudio atribuye a Rodríguez Zapatero un 33 por ciento de aceptación, equivalente al que conseguía George W. Bush en sus peores momentos y sólo equiparable hoy día al nivel de Gordon Brown, que -según todos los indicios- camina sin remedio hacia la derrota en las urnas. Aunque otros sondeos realizados en nuestro país reducen todavía más la percepción de los ciudadanos sobre el presidente del Gobierno, es notorio que el líder del PSOE se sitúa muy por debajo de otros dirigentes internacionales como Obama, Merkel o Berlusconi, que se aproximan al 50 por ciento. Por supuesto, está a años luz de Lula, que consigue un nivel de apoyo en torno al 80 por ciento. El Ejecutivo puede seguir diciendo que no le importan las encuestas, aunque también debería mirar con atención las previsiones sobre un eventual vuelco electoral en Andalucía. En todo caso, el desplome de la popularidad de Rodríguez Zapatero le sitúa ya en zona de muy alto riesgo. En democracia, cuando un dirigente cae en picado en la consideración de los electores, resulta muy difícil remontar el vuelo por mucho optimismo antropológico y voluntarismo sin contenido que ponga en el empeño. Además, el desgaste se ha producido de forma muy acelerada y afecta a la imagen personal del presidente del Gobierno, que ha sufrido en pocos meses un deterioro que cabe calificar de irremediable, sin exageración alguna.

La experiencia demuestra que todos los líderes que han sufrido procesos similares han perdido después las elecciones, incluso aunque logren recuperar parcialmente la confianza de los votantes en una etapa más próxima a las urnas. En estas condiciones, es lógico que los socialistas asuman -en voz alta o en voz baja- la existencia de una seria crisis de liderazgo. Aunque no lo reconozcan José Blanco y otros dirigentes del aparato de Ferraz, hay mar de fondo en el PSOE porque empiezan a percibirse síntomas inequívocos ante una hipotética pérdida del poder. Rodríguez Zapatero se ha convertido en un problema para los suyos porque los ciudadanos lo identifican con la ineficacia absoluta ante la crisis, el sectarismo ideológico y la retórica inútil para afrontar los problemas reales de la sociedad española. Aunque faltan más de dos años para las elecciones generales, si se agota la legislatura, hay percepciones en la opinión pública que no serán fáciles de cambiar.

ABC - Editorial

sábado, 16 de enero de 2010

«Trata a Jesús de tú a tú». Por José María Carrascal

Debo de ser uno de los pocos españoles que ha asistido a un «Prayer Breakfast», a un «Desayuno de la Oración». No como invitado, desde luego, sino como periodista. Fue a principios de los años 70 del pasado siglo, cuando un destacado cristiano-demócrata español, que luego interpretaría un papel importante en la Transición, había sido invitado al acto, y yo, como corresponsal en Estados Unidos, tuve que cubrirlo. Era una fría mañana de principios de febrero en Washington, y de entrada tengo que decir que lo patrocina «The Fellowship Foundation», conocida como «La Familia» entre sus miembros, lo que da ya una idea de su línea ideológica. Pertenecen a ella los congresistas norteamericanos más conservadores, relacionados con el protestantismo más militante. Este desayuno es la cumbre de su actividad anual, para la que se congregan varios miles de miembros llegados de todo el país, habiéndose invitado a numerosas personalidades extranjeras. Aunque suele asistir al acto, el presidente, Nixon entonces, es allí sólo un invitado, eso sí, el más importante. Se trata, por tanto, de un acto multitudinario, pero tan religioso como una ceremonia eucarística o una bendición papal. Empieza con una oración, termina con una plegaria y en medio hay sólo invocaciones al Señor, gracias por los bienes que nos ha dado y promesas de no apartarse de la línea señalada por las Sagradas Escrituras. Tras lo dicho, no les extrañará que, en sus reuniones, los miembros de «La Familia» tienen como lema «Tratar a Jesús de tú a tú» ni que estos desayunos hayan sido acusados de violar la separación constitucional de la iglesia y el estado.

Roma con Santiago

Y uno se pregunta: ¿a quién se le habrá ocurrido la idea de invitar a José Luis Rodríguez Zapatero a un acto así? ¿Es que no conocen su laicismo militante? ¿Es que quieren atraerle al buen camino? ¿Es un chiste? ¿O es que él, decidido a verse con Obama antes que los Reyes, ha movido Roma con Santiago, o Madrid con Washington, para hacerse invitar a lo que sea? Sin descartar ninguna hipótesis y teniendo en cuenta que un «lobbista» bien pagado puede obtener lo que se quiera en Washington, me inclino por la última de las hipótesis. Nuestro presidente está tan necesitado de triunfos, se ve tan agobiado por los problemas domésticos, que se agarra a cualquier cosa con tal de escapar. Y si, encima, logra otra de sus ««entrevistas» con Obama -«How are you?», «How are you», «Bye», «Bye»-, miel sobre hojuelas.

Enrique IV de Borbón dijo aquello de «París bien vale una misa», tras abandonar el protestantismo por el catolicismo, para obtener el trono de Francia. Zapatero parece decirse «Una foto con Obama bien vale un Desayuno de Oración». Con la enorme diferencia de que Enrique IV era un estadista de los pies a la cabeza, como demostró a lo largo de su reinado, en el que terminó con las guerras religiosas en su país y puso las bases para su poderío posterior. Mientras Zapatero lo que está haciendo es reencender las guerras civiles en el nuestro, al tiempo que lo arruina, demostrando no tener ni cabeza ni pies. Por no tener, no tiene ni siquiera sentido del ridículo. Para asistir a las reuniones del G-20, no le importó sentarse en la silla que le prestaba Sarkozy y para fotografiarse otra vez con Obama no le importa asistir a un acto donde va a sentirse más extraño que un pingüino en Florida. Tengo que confesar que espero con regocijo su foto rodeado de orantes en la más pura ortodoxia religiosa norteamericana. Será cuestión de ponerla al lado de aquella otra en la que aparecía sentado al paso de la bandera USA. A la postre, un chiste. Quien le puso Mr. Bean, sabía bien lo que hacía.


ABC - Opinión

Groseras sin fronteras. Por Maite Nolla

Zapatero se presenta ante Obama con el navideño mensaje de que el obispo de San Sebastián tiene un "aspecto físico desagradable". Es el problema de no acabar las carreras que dicen tener, que luego no saben diferenciar la crítica de la injuria.

Hasta para insultar hay que tener talento. La frontera con lo grosero es muy débil y lo que demuestran algunas dirigentes del PSOE es que ni tienen talento ni tienen límite. Y además de groseras son inoportunas. Resulta que el presidente del Gobierno ha sido invitado a un acto religioso con Obama, al que se presenta con el navideño mensaje de su partido en el que se dice que el obispo de San Sebastián tiene un "aspecto físico desagradable". Es el problema de no acabar las carreras que dicen tener, que luego no saben diferenciar la crítica de la injuria.


De todas formas, es comprensible lo que pasa en el PSOE. Como dice Gregorio Marañón, tienen una balumba de preocupaciones y se alivian con un obispo al que insultar. Pensaban que la presidencia española de la Unión Europea les iba a dar un respiro durante seis meses, y la prensa europea y los alemanes les han dicho que un personaje que saldrá de La Moncloa sabiendo de economía lo mismo que cuando entró, no les va a dar a ellos lecciones ni les va a poner multas; que Alemania no es Cataluña. Cierto que el Partido Popular se ha vuelto nacionalista y prefiere defender a España como marca que a sus ciudadanos. Y si no, les recuerdo que la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, dijo eso de que "el niño es mío y le riño yo". Luego en el PP se preguntan por qué más que estancarse en las encuestas, por ejemplo en Cataluña, se encharcan. Pues por cosas como éstas. Una vez que Europa sale en auxilio de los españoles, el PP sale en auxilio del Gobierno.
Lo que echo de menos es al equipo demagogo habitual del PSOE, de las que se hacen fotos con niños palestinos, de las que dicen que Zapatero amplía el catálogo de derechos y libertades y las que insultan al obispo, pidiendo ya la expulsión de sus concejales en Vic. Los de CiU, al fin y al cabo, son coherentes con el pensamiento de su Reina Madre, Marta Ferrusola, y en ERC otro tanto, y si no busquen en la hemeroteca declaraciones de Heribert Barrera. Al PP le ha venido bien no tener representación en Vic, como en casi todas partes de Cataluña, y así no ha metido la pata en este asunto también. Hay que dejar bien claro que en Vic no gobierna Lepen: gobiernan CIU, ERC y el PSC, que son los autores de la medida y los que la han aprobado, al menos de forma provisional. Entiendo que estén ustedes despistados porque de forma intencionada este pequeño detalle se obvia en casi todas las crónicas. Como siempre, los más profesionales son los de El País, que titularon "Un partido xenófobo logra imponer sus planteamientos en Vic". ¿A que mola? Los pobrecitos de CIU, los independentistas y el partido de Caldera se han visto arrastrados por el anillo, que les ha poseído y les ha transformado en unos gollums racistillas en contra de su voluntad. Igual ando yo despistada, pero me ratifico en que esto lo ha propuesto un alcalde de CIU, con el apoyo de ERC y de los socialistas, y los de Plataforma per Catalunya han votado a favor.

Volviendo al tema grosero inicial, lo peor de todo es que encima es mentira y una manipulación. De todas formas, igual el problema del aspecto del obispo es que no le viste Elena Benarroch ni le pinta Barceló.


Libertad Digital - Opinión

Cómicos con firma. Por M. Martín Ferrand

HAY gente que nace para hacer reír. Si canaliza tan portentoso talento por los cauces de la creación literaria o del espectáculo tendremos frente a nosotros un bien objetivo. Si, por el contrario, el poseedor de tan rara habilidad consagra su vida a la política estaremos ante una catástrofe de imposible evaluación, tanto más grande cuanto mayor sea la potencialidad histriónica del personaje. Es el caso de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo en el Gobierno Zapatero. Dice cosas tan hilarantes que parecen propias de su homónimo José Corbacho, quizás porque el político socialista fue alcalde de Hospitalet de Llobregat y el cómico de El Terrat es hijo de tan singular y próspero municipio barcelonés.

Con gran desparpajo y en muestra de irresponsabilidad notoria, el ministro ha dicho esta semana -él sabrá por qué- que la economía sumergida puede estimarse en España «entre un 16 y un 20 por ciento» del PIB. ¡Qué precisión! Está en condiciones de alcanzar la estima con decimales, como Gabriel Arias Salgado, el primer ministro de Información y Turismo que nombró Francisco Franco, que llegó a decir que, gracias al trabajo y la censura de su Ministerio, iban al Infierno entre un veinticinco y un treinta y tres por ciento menos españoles que en tiempos de la República.


El repertorio humorístico de Corbacho, Celestino, es inagotable y, para compatibilizarlo con su responsabilidad en el Gobierno, se ve obligado a constantes rectificaciones y enmiendas por parte de sus compañeros de Consejo que, sospecho, practican con él un modelo de caridad semejante al que nos reflejó Luis García Berlanga en Plácido a propósito de la tierna y piadosa campaña de Navidad que predicaba: «Siente un pobre a su mesa». La economía encubierta, sumergida, subterránea o como quiera llamársela se caracteriza por su procedencia lejana de los circuitos estadísticos y fiscales establecidos. En ella se engloban grandes bolsas de defraudación que van desde el narcotráfico o la prostitución hasta el fontanero que nos factura «sin IVA» el importe de una chapuza domiciliaria. Naturalmente, la vicepresidenta Elena Salgado, que tampoco es el primer barón de Keynes, ha tenido que aplicarle a su colega y conmilitón el palmetazo de una rectificación. Lo que dice Corbacho, Celestino, tiene el mismo rigor que lo que, en el escenario, dice José; pero el primero -¡el Señor nos asista!-, tiene firma en el BOE.

ABC - Opinión

Controladores. Por Alfonso Ussía

José Blanco se ha destapado como un buen ministro de Fomento. Mucho mejor e infinitamente más abierto y tolerante en su cargo de ministro que en su cosa de portavoz del PSOE. Pero ha metido la pata con los controladores aéreos. Esa obsesión por los sueldos –también padecida por los pilotos de líneas aéreas– es injusta y demagógica. Los controladores ganan mucho dinero, pero su responsabilidad es altísima. Cuando viajamos en un avión que se aproxima a un aeropuerto en el que aterrizan y despegan dos aviones por minuto, no lo hacemos soltando alaridos de terror gracias al trabajo de los controladores. En su pantalla se mueven decenas de puntitos. Esos puntitos llevan centenares de vidas, y esas vidas dependen de su criterio y profesionalidad. Lo dijo en cierta ocasión un dirigente sindicalista majadero, con motivo de una huelga de pilotos afiliados a su sindicato mayoritario, el SEPLA. «Los pilotos tendrían que cobrar lo mismo que los trabajadores de la limpieza de los aeropuertos». Frase muy bonita y contundente, pero carente de toda lógica. De haber sido consecuente, hubiera añadido a continuación. «Y para demostrarlo, me propongo volar desde Madrid hasta Santiago de Compostela en un avión pilotado por la compañera Gladys y el compañero Enrique, del servicio de limpieza del aeropuerto de Barajas». Pura demagogia. Y barata.

A controladores, pilotos, y hasta tripulantes de cabina, se les afean sus remuneraciones. A mí, en particular, se me antojan siempre susceptibles al incremento. ¿Que ganan más que en otros países? De acuerdo. Pero no establezcamos la comparación sólo con los controladores aéreos y los pilotos. Si hay que equiparar sueldos con los profesionales europeos, se hace y punto. En todas las profesiones. Y vamos a dejarnos de gorrones innecesarios. Catorce millones de euros tiramos los españoles –subvención del Gobierno– a los sindicatos CCOO y UGT todos los meses. Con ellos se pagan las nóminas de esa legión de liberados sindicales que no sirven para nada y no dan un palo al agua. Lo recuerda en estas páginas el profesor Carlos Rodríguez Braun. ¿Dedican los Estados que pagan menos a sus controladores catorce millones de euros al mes en el sostenimiento de unos sindicatos trasnochados que no pueden sobrevivir con las cuotas de sus militantes? Todos igual. Se rebaja el sueldo a los controladores y se deja de pagar a los liberados sindicales, y a ver qué tal.

Los controladores y los pilotos nos traen y nos llevan. Nuestra fe al embarcar en una aeronave está puesta en su pericia y profesionalidad. Y valoro mucho, quizá en demasía, mi propia vida y las de los míos. Sus trabajos son agotadores por la responsabilidad que conllevan. Otra cosa es la inoportunidad o mala intención en la elección de los días de huelga diáfana o encubierta. Pero ¿no convocan los sindicatos huelgas de todo tipo en los inicios y finales de períodos de vacaciones que fastidian a todos en beneficio de muy pocos? Mi postura es clara. Quiero seguir viajando en avión. Quiero salir y llegar. Y para hacerlo necesito saber que están bien pagados los controladores, los pilotos, los tripulantes de cabina y los técnicos de mantenimiento. Por mí, que les suban el sueldo. Y si no hay dinero, que se lo quiten a los gorrones de la liberación sindical.


La Razón - Opinión