sábado, 16 de enero de 2010

«Trata a Jesús de tú a tú». Por José María Carrascal

Debo de ser uno de los pocos españoles que ha asistido a un «Prayer Breakfast», a un «Desayuno de la Oración». No como invitado, desde luego, sino como periodista. Fue a principios de los años 70 del pasado siglo, cuando un destacado cristiano-demócrata español, que luego interpretaría un papel importante en la Transición, había sido invitado al acto, y yo, como corresponsal en Estados Unidos, tuve que cubrirlo. Era una fría mañana de principios de febrero en Washington, y de entrada tengo que decir que lo patrocina «The Fellowship Foundation», conocida como «La Familia» entre sus miembros, lo que da ya una idea de su línea ideológica. Pertenecen a ella los congresistas norteamericanos más conservadores, relacionados con el protestantismo más militante. Este desayuno es la cumbre de su actividad anual, para la que se congregan varios miles de miembros llegados de todo el país, habiéndose invitado a numerosas personalidades extranjeras. Aunque suele asistir al acto, el presidente, Nixon entonces, es allí sólo un invitado, eso sí, el más importante. Se trata, por tanto, de un acto multitudinario, pero tan religioso como una ceremonia eucarística o una bendición papal. Empieza con una oración, termina con una plegaria y en medio hay sólo invocaciones al Señor, gracias por los bienes que nos ha dado y promesas de no apartarse de la línea señalada por las Sagradas Escrituras. Tras lo dicho, no les extrañará que, en sus reuniones, los miembros de «La Familia» tienen como lema «Tratar a Jesús de tú a tú» ni que estos desayunos hayan sido acusados de violar la separación constitucional de la iglesia y el estado.

Roma con Santiago

Y uno se pregunta: ¿a quién se le habrá ocurrido la idea de invitar a José Luis Rodríguez Zapatero a un acto así? ¿Es que no conocen su laicismo militante? ¿Es que quieren atraerle al buen camino? ¿Es un chiste? ¿O es que él, decidido a verse con Obama antes que los Reyes, ha movido Roma con Santiago, o Madrid con Washington, para hacerse invitar a lo que sea? Sin descartar ninguna hipótesis y teniendo en cuenta que un «lobbista» bien pagado puede obtener lo que se quiera en Washington, me inclino por la última de las hipótesis. Nuestro presidente está tan necesitado de triunfos, se ve tan agobiado por los problemas domésticos, que se agarra a cualquier cosa con tal de escapar. Y si, encima, logra otra de sus ««entrevistas» con Obama -«How are you?», «How are you», «Bye», «Bye»-, miel sobre hojuelas.

Enrique IV de Borbón dijo aquello de «París bien vale una misa», tras abandonar el protestantismo por el catolicismo, para obtener el trono de Francia. Zapatero parece decirse «Una foto con Obama bien vale un Desayuno de Oración». Con la enorme diferencia de que Enrique IV era un estadista de los pies a la cabeza, como demostró a lo largo de su reinado, en el que terminó con las guerras religiosas en su país y puso las bases para su poderío posterior. Mientras Zapatero lo que está haciendo es reencender las guerras civiles en el nuestro, al tiempo que lo arruina, demostrando no tener ni cabeza ni pies. Por no tener, no tiene ni siquiera sentido del ridículo. Para asistir a las reuniones del G-20, no le importó sentarse en la silla que le prestaba Sarkozy y para fotografiarse otra vez con Obama no le importa asistir a un acto donde va a sentirse más extraño que un pingüino en Florida. Tengo que confesar que espero con regocijo su foto rodeado de orantes en la más pura ortodoxia religiosa norteamericana. Será cuestión de ponerla al lado de aquella otra en la que aparecía sentado al paso de la bandera USA. A la postre, un chiste. Quien le puso Mr. Bean, sabía bien lo que hacía.


ABC - Opinión

Groseras sin fronteras. Por Maite Nolla

Zapatero se presenta ante Obama con el navideño mensaje de que el obispo de San Sebastián tiene un "aspecto físico desagradable". Es el problema de no acabar las carreras que dicen tener, que luego no saben diferenciar la crítica de la injuria.

Hasta para insultar hay que tener talento. La frontera con lo grosero es muy débil y lo que demuestran algunas dirigentes del PSOE es que ni tienen talento ni tienen límite. Y además de groseras son inoportunas. Resulta que el presidente del Gobierno ha sido invitado a un acto religioso con Obama, al que se presenta con el navideño mensaje de su partido en el que se dice que el obispo de San Sebastián tiene un "aspecto físico desagradable". Es el problema de no acabar las carreras que dicen tener, que luego no saben diferenciar la crítica de la injuria.


De todas formas, es comprensible lo que pasa en el PSOE. Como dice Gregorio Marañón, tienen una balumba de preocupaciones y se alivian con un obispo al que insultar. Pensaban que la presidencia española de la Unión Europea les iba a dar un respiro durante seis meses, y la prensa europea y los alemanes les han dicho que un personaje que saldrá de La Moncloa sabiendo de economía lo mismo que cuando entró, no les va a dar a ellos lecciones ni les va a poner multas; que Alemania no es Cataluña. Cierto que el Partido Popular se ha vuelto nacionalista y prefiere defender a España como marca que a sus ciudadanos. Y si no, les recuerdo que la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, dijo eso de que "el niño es mío y le riño yo". Luego en el PP se preguntan por qué más que estancarse en las encuestas, por ejemplo en Cataluña, se encharcan. Pues por cosas como éstas. Una vez que Europa sale en auxilio de los españoles, el PP sale en auxilio del Gobierno.
Lo que echo de menos es al equipo demagogo habitual del PSOE, de las que se hacen fotos con niños palestinos, de las que dicen que Zapatero amplía el catálogo de derechos y libertades y las que insultan al obispo, pidiendo ya la expulsión de sus concejales en Vic. Los de CiU, al fin y al cabo, son coherentes con el pensamiento de su Reina Madre, Marta Ferrusola, y en ERC otro tanto, y si no busquen en la hemeroteca declaraciones de Heribert Barrera. Al PP le ha venido bien no tener representación en Vic, como en casi todas partes de Cataluña, y así no ha metido la pata en este asunto también. Hay que dejar bien claro que en Vic no gobierna Lepen: gobiernan CIU, ERC y el PSC, que son los autores de la medida y los que la han aprobado, al menos de forma provisional. Entiendo que estén ustedes despistados porque de forma intencionada este pequeño detalle se obvia en casi todas las crónicas. Como siempre, los más profesionales son los de El País, que titularon "Un partido xenófobo logra imponer sus planteamientos en Vic". ¿A que mola? Los pobrecitos de CIU, los independentistas y el partido de Caldera se han visto arrastrados por el anillo, que les ha poseído y les ha transformado en unos gollums racistillas en contra de su voluntad. Igual ando yo despistada, pero me ratifico en que esto lo ha propuesto un alcalde de CIU, con el apoyo de ERC y de los socialistas, y los de Plataforma per Catalunya han votado a favor.

Volviendo al tema grosero inicial, lo peor de todo es que encima es mentira y una manipulación. De todas formas, igual el problema del aspecto del obispo es que no le viste Elena Benarroch ni le pinta Barceló.


Libertad Digital - Opinión

Cómicos con firma. Por M. Martín Ferrand

HAY gente que nace para hacer reír. Si canaliza tan portentoso talento por los cauces de la creación literaria o del espectáculo tendremos frente a nosotros un bien objetivo. Si, por el contrario, el poseedor de tan rara habilidad consagra su vida a la política estaremos ante una catástrofe de imposible evaluación, tanto más grande cuanto mayor sea la potencialidad histriónica del personaje. Es el caso de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo en el Gobierno Zapatero. Dice cosas tan hilarantes que parecen propias de su homónimo José Corbacho, quizás porque el político socialista fue alcalde de Hospitalet de Llobregat y el cómico de El Terrat es hijo de tan singular y próspero municipio barcelonés.

Con gran desparpajo y en muestra de irresponsabilidad notoria, el ministro ha dicho esta semana -él sabrá por qué- que la economía sumergida puede estimarse en España «entre un 16 y un 20 por ciento» del PIB. ¡Qué precisión! Está en condiciones de alcanzar la estima con decimales, como Gabriel Arias Salgado, el primer ministro de Información y Turismo que nombró Francisco Franco, que llegó a decir que, gracias al trabajo y la censura de su Ministerio, iban al Infierno entre un veinticinco y un treinta y tres por ciento menos españoles que en tiempos de la República.


El repertorio humorístico de Corbacho, Celestino, es inagotable y, para compatibilizarlo con su responsabilidad en el Gobierno, se ve obligado a constantes rectificaciones y enmiendas por parte de sus compañeros de Consejo que, sospecho, practican con él un modelo de caridad semejante al que nos reflejó Luis García Berlanga en Plácido a propósito de la tierna y piadosa campaña de Navidad que predicaba: «Siente un pobre a su mesa». La economía encubierta, sumergida, subterránea o como quiera llamársela se caracteriza por su procedencia lejana de los circuitos estadísticos y fiscales establecidos. En ella se engloban grandes bolsas de defraudación que van desde el narcotráfico o la prostitución hasta el fontanero que nos factura «sin IVA» el importe de una chapuza domiciliaria. Naturalmente, la vicepresidenta Elena Salgado, que tampoco es el primer barón de Keynes, ha tenido que aplicarle a su colega y conmilitón el palmetazo de una rectificación. Lo que dice Corbacho, Celestino, tiene el mismo rigor que lo que, en el escenario, dice José; pero el primero -¡el Señor nos asista!-, tiene firma en el BOE.

ABC - Opinión

Controladores. Por Alfonso Ussía

José Blanco se ha destapado como un buen ministro de Fomento. Mucho mejor e infinitamente más abierto y tolerante en su cargo de ministro que en su cosa de portavoz del PSOE. Pero ha metido la pata con los controladores aéreos. Esa obsesión por los sueldos –también padecida por los pilotos de líneas aéreas– es injusta y demagógica. Los controladores ganan mucho dinero, pero su responsabilidad es altísima. Cuando viajamos en un avión que se aproxima a un aeropuerto en el que aterrizan y despegan dos aviones por minuto, no lo hacemos soltando alaridos de terror gracias al trabajo de los controladores. En su pantalla se mueven decenas de puntitos. Esos puntitos llevan centenares de vidas, y esas vidas dependen de su criterio y profesionalidad. Lo dijo en cierta ocasión un dirigente sindicalista majadero, con motivo de una huelga de pilotos afiliados a su sindicato mayoritario, el SEPLA. «Los pilotos tendrían que cobrar lo mismo que los trabajadores de la limpieza de los aeropuertos». Frase muy bonita y contundente, pero carente de toda lógica. De haber sido consecuente, hubiera añadido a continuación. «Y para demostrarlo, me propongo volar desde Madrid hasta Santiago de Compostela en un avión pilotado por la compañera Gladys y el compañero Enrique, del servicio de limpieza del aeropuerto de Barajas». Pura demagogia. Y barata.

A controladores, pilotos, y hasta tripulantes de cabina, se les afean sus remuneraciones. A mí, en particular, se me antojan siempre susceptibles al incremento. ¿Que ganan más que en otros países? De acuerdo. Pero no establezcamos la comparación sólo con los controladores aéreos y los pilotos. Si hay que equiparar sueldos con los profesionales europeos, se hace y punto. En todas las profesiones. Y vamos a dejarnos de gorrones innecesarios. Catorce millones de euros tiramos los españoles –subvención del Gobierno– a los sindicatos CCOO y UGT todos los meses. Con ellos se pagan las nóminas de esa legión de liberados sindicales que no sirven para nada y no dan un palo al agua. Lo recuerda en estas páginas el profesor Carlos Rodríguez Braun. ¿Dedican los Estados que pagan menos a sus controladores catorce millones de euros al mes en el sostenimiento de unos sindicatos trasnochados que no pueden sobrevivir con las cuotas de sus militantes? Todos igual. Se rebaja el sueldo a los controladores y se deja de pagar a los liberados sindicales, y a ver qué tal.

Los controladores y los pilotos nos traen y nos llevan. Nuestra fe al embarcar en una aeronave está puesta en su pericia y profesionalidad. Y valoro mucho, quizá en demasía, mi propia vida y las de los míos. Sus trabajos son agotadores por la responsabilidad que conllevan. Otra cosa es la inoportunidad o mala intención en la elección de los días de huelga diáfana o encubierta. Pero ¿no convocan los sindicatos huelgas de todo tipo en los inicios y finales de períodos de vacaciones que fastidian a todos en beneficio de muy pocos? Mi postura es clara. Quiero seguir viajando en avión. Quiero salir y llegar. Y para hacerlo necesito saber que están bien pagados los controladores, los pilotos, los tripulantes de cabina y los técnicos de mantenimiento. Por mí, que les suban el sueldo. Y si no hay dinero, que se lo quiten a los gorrones de la liberación sindical.


La Razón - Opinión

Condenar a Prisa no equivale a censura

El grupo Prisa podrá patalear todo lo que quiera escudándose en que la información ofrecida desde su página web era veraz. Pero el asunto no es realmente ese, sino si el derecho a la información debe prevalecer sobre el derecho al honor y a la intimidad.

No tiene ningún sentido afirmar, tal y como lo hace el juez en la sentencia condenatoria contra Daniel Anido y Rodolfo Irago, que "internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal". Es absurdo pensar que Libertaddigital.com, por ofrecer sus noticias a través de la red, no es un medio de comunicación y que, si pasase a ser impreso sobre el papel, se convertiría en tal.


Se trata de un error que por desgracia contamina toda la sentencia que condena al director y subdirector de la Cadena Ser por vulneración del artículo 197 del Código Penal que tipifica el descubrimiento y la revelación de secretos. Y lo hace simplemente porque no queda claro cuál habría sido la sentencia final en caso de que el tribunal hubiese apreciado la colisión de dos derechos fundamentales: el derecho a la intimidad personal del art. 18 y el derecho a recibir una información veraz del artículo 20.

Recordemos que Anido e Irago cedieron a Cadenaser.com los datos personales de 78 afiliaciones irregulares al PP de Villaviciosa de Odón. En los documentos entregados y publicados, se mantuvo en todo momento visible el nombre y domicilio de cada uno de los afiliados, vinculando así a estos ciudadanos con el Partido Popular y los valores políticos que representa.

La Constitución española y la jurisprudencia del Tribunal Constitucional son bastante claras al considerar la ideología política como parte de ese núcleo irreductible que conforma la intimidad de cada persona, por lo que no debería dudarse de que estos periodistas han vulnerado los derechos fundamentales de 78 ciudadanos madrileños, protegidos vía el artículo 197 del Código Penal,

Es más que dudoso, por consiguiente, que los tribunales fueran a anteponer en todo caso el derecho a la información al derecho a la intimidad personal, especialmente cuando atañe a materia tan sensible como son las creencias políticas de los ciudadanos.

No tiene sentido, pues, que se dé por hecho que la sentencia habría sido absolutoria en caso de que Cadenaser.com hubiese sido considerado un medio de comunicación. Máxime cuando semejante derecho a la información podría haberse visto satisfecho por otro medios que no lesionaran los derechos de los 78 ciudadanos que vieron sus datos personales revelados. Como afirma la sentencia, "lo noticiable no era la afiliación de determinadas personas, revelando sus datos, al citado partido, sino y en cualquier caso la mera denuncia de irregularidades en la afiliación en la localidad de Villaviciosa de Odón".

El grupo Prisa podrá patalear todo lo que quiera escudándose en que la información ofrecida desde su página web era veraz. Pero el asunto no es realmente ese, sino si el derecho a la información, si la libertad de expresión en general, debe prevalecer sobre el derecho al honor y a la intimidad.

Gallardón ha tardado poco en pronunciarse a favor del derecho a la libertad de expresión en este caso en concreto. Asimismo toda la plana mayor de Prisa ha tratado de vilipendiar al juez por su ataque a la libertad de expresión. Pero ni unos ni otros parecen estar demasiado legitimados para adoptar semejante postura. El primero porque no ha dudado en intentar silenciar a los periodistas que le resultaran incómodos y supusieran un obstáculo para sus ambiciones políticas, y los segundos porque han venido colaborando con todos los regímenes –respetuosos con la libertad de expresión o no– que les permitieran medrar y enriquecerse.

Como ya dijo Esperanza Aguirre, "condenador a otros periodistas por opinar y no oí protestar a la SER". Desgraciadamente parece que muchos sólo defienden la libertad de expresión cuando les afecta personalmente. Prisa y su comparsa son un caso célebre.


Libertad Digital - Opinión

El milagro de San Obama. Por Ignacio Camacho

MUCHO están tardando los de la Adoración Nocturna, los kikos, los cursillistas de cristiandad, las cofradías de Semana Santa o cualesquiera otros colectivos de militancia cristiana en invitar a Zapatero a una vigilia de oración por la paz en el mundo, por las víctimas de Haití, por los parias de la tierra o por una de las mil justas causas a las que se puede sumar un hombre de buena voluntad. Sería interesante ver con qué pretexto se excusaba el presidente después de asistir en Washington al Desayuno Nacional de la Oración, cuyos organizadores y participantes pertenecen a los más conservadores movimientos religiosos de la América profunda y republicana, incluidos esos fundamentalistas presbiterianos capaces de hacer pasar por bolcheviques a los miembros de nuestros movimientos neocatecumenales y demás grey vaticanista. Contemplar al Gran Agnóstico, el paladín del laicismo, metido en semejante avispero integrista puede ser un acontecimiento ciertamente planetario, una suerte de milagro político obrado por Obama cual nuevo San Martín de Porres. Hosanna en el cielo... y ojana en la tierra, coba pura al líder sacrosanto del progresismo moderno.

Que Washington bien vale una misa, como la Alianza de Civilizaciones bien valía un iftar en la Turquía del islamista Erdogan, constituye un principio aceptable sin estragos de conciencia para el pragmatismo relativista del líder de la política gestual, pero una cosa es tener un gesto de respeto con la religiosidad de la sociedad americana y otra compartir oración -aunque no rece- con los colegas del reverendo Pat Robertson, ese tipo que ha dicho que los haitianos se lo tienen merecido por hacer pactos rituales con el diablo. (Barbaridad que deja en pañales la del obispo Munilla, al que sin duda abandonó, esperemos que temporalmente, la luz del Espíritu Santo). El visible e incómodo cabreo con que respondió ZP a la pregunta de qué diablos iba a hacer en esa reunión tan expresamente confesional -«eso que lo expliquen los que me han invitado»- muestra la mala conciencia con que se va a tragar el regalito de Obama, sin duda mal informado de la fama de comecuras con que gusta de aureolarse su huésped. O acaso deseoso, aunque pose de hombre de fe, de arroparse un poco él mismo en un ambiente que quizás también le sepa a encerrona.

Sea como fuere, si Zapatero acude al espiritual desayuno yanqui se va a quedar sin excusas morales para desmarcarse de su presencia en ceremonias religiosas españolas. Y sobre todo va a dejar aún más en evidencia su sumisa disposición a asumir sin remilgos ni contradicciones cualquier cosa que le plantee el César del Imperio. El papelón que le espera rodeado de fundamentalistas es de órdago. Más le vale que Obama no sienta curiosidad por los toros, porque como se encapriche de una corrida cuando venga a España ya vemos al adalid del ecologismo pidiendo en la plaza las dos orejas y el rabo...


ABC - Opinión

Ora pro nobis. Por José Antonio Vera

Pajín tenía razón. Obama y Zapatero iban a protagonizar en 2010 un acontecimiento auténticamente planetario. Pero no por la circunstancia mundana de que presidan a los Estados Unidos de América y la Unión Europea. La noticia es que los dos van a rezar juntos, se supone que para rogar al Altísimo que ponga fin a la depresión económica que nos asedia. Bienvenido sea. No por inesperado debe dejar de ser bienvenido. Ciertamente que por mucho que pudiéramos imaginar jamás íbamos a llegar a pensar que Obama y Zapatero se reunirían para orar junto a otros tres mil fieles norteamericanos encuadrados en una organización cristiana ultra que defiende el capitalismo bíblico y la cadena perpetua para los homosexuales.

Todo muy acorde con la ideología de Zeta, de quien podíamos esperar cualquier cosa, menos verlo de rodillas elevando plegarias al Cielo y pidiéndole al Espíritu Santo que ruegue por nosotros, los pobres españoles que tenemos la suerte de padecer su gestión, de soportar sus certeros vaticinios, de escuchar cómo dice que la tierra es del viento y otras ocurrencias de su proverbial oratoria. Siempre intuí que en Zapatero había un fondo espiritual, la verdad. Él va de ateo tomando medidas a cuál más hostil hacia el catolicismo, pero en el fondo no puede vivir sin la oración. Y por eso está bien que lo exhiba públicamente. En realidad es como salir del armario. Toda la vida intentando aparentar facciones laicas, materialismo hegeliano, socialismo marxista, para acabar al final de su mandato arrodillado ante el Altar pidiéndole a Dios que le redima los pecados y le solvente la desgracia de tener la economía en caída libre, el paro más alto de la UE y una banda de ministros que compite en ineficacia. Bien pensado. Cuando uno no tiene forma de arreglar los asuntos terrenos con acciones terrenas, lo mejor es encomendarse a la Divina Providencia. Cuando los ministros no dan una a derechas y son incapaces de crear algo diferente a desempleo, entonces no queda otra que entregarse a la oración y rezar. Pero rezar mucho, pues los problemas de nuestro país no se solventan con tres Ave Marías. Tendrá que repasar bien el Padre Nuestro y no equivocarse con la Señal de la Cruz, cantar la Salve y entonar El Magnificat, recitar el Credo y recurrir al Yo Confieso, repetir el Rosario y participar en una Novena a Santa Teresa y otra a San Judas Tadeo, implorar favores por Intercesión al Papa y no olvidarse de las plegarias al Ángel de la Guarda. Que no es el Santo Obama, aunque Zapatero piense lo contrario. ZP cree que Barack es como San Martín de Porres, mulato santificado como Patrón de la Paz, que con una simple escoba obró todo tipo de milagros. Y por eso va detrás de él recogiendo lo que barre a su paso: presos de Guantánamo por aquí, puestos en la Guerra de Afganistán por allí. Obama ya se ha dado cuenta de que Zeta hace todo lo que le pide, y le ha ordenado ahora que se vaya a rezar con él a Washington, después de aceptar con sumisión la colocación de escáneres en nuestros aeropuertos. O sea, como Aznar con Bush, pero a lo bestia. De manera que ahora sí que podemos empezar los españoles a encomendarnos al Espíritu Santo, pidiéndole que ruegue por nosotros. Ora Pro Nobis.

La Razón - Opinión

Derecho a no fumar

La prohibición del tabaco en lugares cerrados defenderá mejor la libertad de elección.

La decisión de reformar la ley antitabaco ya está tomada, en palabras de la ministra de Sanidad, y su principal mandato será prohibir fumar en cualquier lugar público cerrado. El cambio tendrá lugar en el mismo año en que la UE ha puesto fin a sus ayudas al cultivo del tabaco y cuando la subida del impuesto especial ya ha elevado su precio, lo que se considera un factor esencial para frenar el tabaquismo entre los jóvenes.


La ministra de Sanidad pretende obtener la unanimidad parlamentaria para sacar adelante el proyecto, pero el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, mano derecha de Esperanza Aguirre, ya se ha manifestado en contra por el perjuicio que el endurecimiento de la ley supondría para la hostelería y ha reclamado la "libertad de elección" del ciudadano para rechazar la prohibición general que se propone.

De acuerdo con esa libertad que se esgrime cabe preguntarse dónde queda la de los no fumadores, que son el 68,5% de la población mayor de 16 años, cuando entran a un bar o un restaurante, pues, dado el extendido incumplimiento de la ley, muy alentado por algunos políticos autonómicos del PP, nuestros establecimientos hosteleros son en su mayoría lugares con aire tan contaminado que en ocasiones molesta incluso a los que fuman.

La ley antitabaco vigente perseguía dos objetivos: reducir el consumo y defender la salud de los no fumadores. Las estadísticas sanitarias achacan al tabaquismo la muerte prematura de 50.000 españoles cada año, de los cuales unos 1.500 son no fumadores, víctimas del humo ajeno. A ello habría que añadir todas las enfermedades asociadas al consumo del tabaco.

El primer objetivo no se ha logrado. Lejos de disminuir, en España ha aumentado la tasa de fumadores: del 29,5% de los mayores de 16 años en 2006 al 31,5%. Es difícil saber si el fracaso se debe a la ley o justamente a su falta de seguimiento. Baste recordar que apenas el 1% de los establecimientos hosteleros han levantado barreras entre zonas de fumadores y no fumadores o han declarado sus locales libres de humo. También es aventurado predecir si endurecer la norma obtendría un éxito mayor.

El segundo objetivo, la defensa del no fumador, ha logrado mejores resultados, especialmente en los centros de trabajo (siempre y cuando no se dediquen a la hostelería). Una nueva ley con un mandato único y claro estará más acorde con las directrices europeas (que piden además seguir elevando el precio del tabaco a través de los impuestos), responderá mejor al deseo mayoritario de la ciudadanía y será más fácil de cumplir en bares y restaurantes porque también será más sencillo que los consumidores detecten su vulneración. Esa reforma, en tales términos, defenderá en definitiva con más eficacia la salud y, desde luego, la libertad de elección de los ciudadanos.


El País - Opinión

El síndrome de Estocolmo llega a los jueces catalanes

Disparatada sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la elección de lengua vehicular en la enseñanza.

UNA RECIENTE resolución del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña supone un giro espectacular respecto a su propia doctrina que, en tres sentencias anteriores, establecía que la Generalitat tenía que preguntar obligatoriamente a los padres en sus formularios la lengua habitual del alumno, «a fin de poder hacer efectivo su derecho a recibir en aquélla la primera enseñanza».


El Supremo había ratificado este criterio en una sentencia de diciembre de 2008, en la que no sólo reconocía a los padres el derecho a elegir lengua vehicular en los formularios sino que además instaba a la Generalitat a garantizar la educación en el idioma marcado por los padres en la casilla.

Respondiendo al recurso de dos padres que reclamaron que sus hijos recibieran la enseñanza en español, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dice ahora que «el sistema de casilla vino apuntado como una posibilidad tendente a hacer efectivo el derecho concernido» pero «no se determinó aquella precisa forma como la única que debía permitir el ejercicio de ese derecho».

Dicho esto, avala el actual modelo de preinscripción para los alumnos de tres a siete años en el que se pregunta a los padres las lenguas que «entiende» su hijo, sin garantizar que la enseñanza que vayan a recibir sea en español.

Los magistrados del Tribunal convalidan esta fórmula, claramente contradictoria con el derecho a elegir lengua vehicular, argumentando que el actual sistema escolar presta asistencia individualizada a los alumnos castellanohablantes para que «puedan integrarse en el grupo que emplea el catalán». Así pues, y según la peculiar lógica de los magistrados que firman esta sentencia, la finalidad del sistema escolar es que los alumnos que hablan en castellano puedan acabar estudiando y expresándose en catalán, pero nunca al revés.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña considera «un tanto desaforada» la denuncia de quienes sostienen que sus hijos son discriminados al prestárseles esa atención individualizada en una clase donde el resto habla exclusivamente en catalán. Nadie les pedía a los magistrados esta valoración que les delata, pero es que además tienen el cinismo de subrayar que la Constitución no reconoce la prerrogativa de los ciudadanos a ser educados en castellano, ya que este derecho «se ejerce en el marco de un sistema educativo en que los poderes públicos determinan los currículos de los distintos niveles, etapas y ciclos». Y subrayan a continuación que «el modelo de conjunción lingüística que inspira la ley 7/1983 del Parlamento de Cataluña es constitucionalmente legítimo en cuanto responde a un propósito de cohesión e integración social». Este razonamiento del Tribunal es orwelliano porque parte de que para estar integrado en Cataluña hay que estudiar en catalán. Si se habla o se aprende en castellano, se rompe la cohesión social a pesar de que el artículo 3 de la Constitución proclama que el español es la lengua oficial del Estado.

No hay por donde coger esta sentencia, que va a ser recurrida por Convivencia Cívica, que la ha calificado de «disparate». Se quedan cortos, pues lo que denota es un auténtico síndrome de Estocolmo judicial. Esperemos que el Tribunal Supremo sea consecuente con la doctrina establecida en su fallo de 2008 en el que, en contra de lo que afirma ahora el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, concluía que el derecho a elegir lengua vehicular «no es algo ilusorio sino real» y que, por tanto, tiene que ser materializado en la práctica.


El Mundo - Editorial

Zapatero a expiar sus (muchas) culpas. Por Pablo Molina

Esta visita de Zapatero para participar en la oración va a ser lo único provechoso de su presidencia europea semestral. Igual cae al suelo lanzando espumarajos y algún cura católico presente consigue expulsar los demonios que atormentan su alma.

Los Estados Unidos de Norteamérica tienen a veces a presidentes como Obama o Carter, pero siguen manteniendo ciertas tradiciones muy provechosas que a este lado del charco deberíamos copiar. Por ejemplo lo de poner al presidente a rezar en una asamblea de confesiones cristianas, cosa que aquí deberíamos hacer mensualmente con Zapatero a ver si algún día hacemos de él un hombre de provecho.


La circunstancia de que nuestro presidente del Gobierno diga que es laico sin saber qué significa (como tantas cosas) no es impedimento para que participe en acontecimientos penitenciales como el que va a tener lugar el mes próximo en Washington. Al contrario, Zapatero lo necesita más que muchos de los que van a acudir al ritual como es público y notorio.

Nuestro problema es que la Iglesia española tiene un nivel tan lamentable por mundano, que si Zapatero acudiera a una liturgia moderna se encontraría con obispos y curas mucho más laicos que él, si es que ello fuera posible. Sólo hay que recordar los espectáculos de la parroquia roja de Vallecas, con Bono y Zerolo comiendo rosquillas y abrevando calimocho en comunión con otros marxistas y ateos (comenzando por los concelebrantes) para desechar una idea que no cumpliría su objetivo.

No obstante para eso están los EEUU, donde presidentes tan laicos como ZP no tienen inconveniente en rezar sincera y públicamente por la nación y sus ciudadanos. Esta visita de Zapatero para participar también en la oración comunitaria va a ser, probablemente, lo único provechoso de su presidencia europea semestral. Igual cae al suelo lanzando espumarajos y algún cura católico presente consigue expulsar los demonios que atormentan su alma. Vade Retro.


Libertad Digital - Opinión

Barack Obama bien lo vale

MUCHO han cambiado las cosas desde que el entonces secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, permaneciera sentado al paso de la bandera de Estados Unidos en el desfile de la Fiesta Nacional de España. Ahora, el presidente del Gobierno ha recibido la invitación de Barack Obama para participar en el Desayuno Nacional de la Oración, una actividad religiosa promovida por un grupo cristiano netamente conservador. Desde la perspectiva de la política exterior española, la invitación es un gesto muy positivo. Ahora bien, su aceptación entraña una contradicción con las recetas que el Gobierno socialista está aplicando en España. Además de las nulas relaciones de Rodríguez Zapatero con la jerarquía católica española, su laicismo militante contra la Iglesia es uno de los signos distintivos de sus mandatos. Claro que siempre ha sido un laicismo muy selectivo, porque no tuvo problema en asistir, en Turquía, a la fiesta del fin del Ramadán, con el presidente Erdogán.

Un año después de que Obama tomara posesión, resulta paradójico que los dos grandes hitos de las relaciones entre ambos gobiernos hayan enmendado el pacifismo y el laicismo de Rodríguez Zapatero. No sólo le invita a rezar -Obama nunca ha ocultado sus creencias religiosas-, sino que consigue que el Gobierno español secunde su guerra contra el terrorismo en Afganistán con un notable aumento de tropas sobre el que todavía no se han pronunciado Francoa o Alemania. Cabía esperar otra cosa más coherente con la «conjunción planetaria».

Otros mandatarios han sido invitados al Desayuno Nacional de la Oración en años anteriores, pero a ninguno se le conoce una actitud tan intransigente hacia el hecho religioso -el cristiano, en particular- como la que Zapatero ha exhibido con plena intencionalidad en sus casi seis años de mandato. Al final, lo que queda es una imagen de fijación por tener una foto con Obama, al precio que sea y fuera de la agenda de la Presidencia europea. Aunque, quién sabe, quizá esa jornada de oración haga caer en la cuenta a Rodríguez Zapatero, políticamente hablando, de que la laicidad del Estado es compatible con el respeto a las creencias religiosas mayoritarias.


ABC - Editorial

viernes, 15 de enero de 2010

El desastroso parto de la conjunción planetaria. Por Juan Ramón Rallo

¡Qué fácil y transparente habría sido dejar a los bancos insolventes quebrar y a los solventes prosperar en lugar de repartir carretillas de millones, por un lado, e imponer nuevos tributos a justos y pecadores por otro!

Poco ha tardado el visionario Zapatero en lanzar un órdago a esa caterva de burócratas ultraintervencionistas que integran las instituciones comunitarias. Desde el Parlamento a la Comisión, pocos se libran de sentir una adoración casi sacra por ese conato de Estado mundial en el que algunos se empeñan en convertir lo que comenzó siendo una simple unión aduanera: la Unión Europea. Pero al lado de Zapatero, todos esos políticos de casta, todas esas hornadas de tecnócratas más centrados en el krátos que en el tecnos, parecen corderitos ultraliberales.


Ha tenido que llegar nuestro presidente del Gobierno para remover las tranquilas aguas de unos funcionarios que sólo aspiraban a pastar en los presupuestos comunitarios a cambio de aplastar a los europeos con voluminosas regulaciones que por supuesto ni se llegan a leer. En apenas unos días desde la presidencia de turno, Zapatero ya ha lanzado dos ocurrencias a cada cual más absurda. Tan disparatas son, que incluso las gargantas profundas de la Unión Europa están teniendo problemas de digestión.

La primera fue extender el quebrado modelo español de energías renovables y de economía falsamente sostenible al resto de nuestros socios comunitarios, so pena de ser sancionados por ese egregio líder político cuyo país carga con una tasa de paro del 20% y un déficit público anual de más de 100.000 millones de euros. Magníficos referentes con los que ponerse a impartir lecciones y a sancionar a aquellos que se salgan del guión por él marcado, esto es, a aquellos que empiecen a crecer, crear riqueza y reducir el paro.

No es de extrañar que la prensa europea lo recibiera con una mezcla entre mofa, desprecio y compasión. Hasta la fecha, no conocemos casos exitosos de pordioseros administrando las finanzas de multimillonarios. Tal vez por eso, dentro del PSOE no se aclaran a elegir entre el capirote o la camisa de fuerza; entre el ridículo de la ignorante arrogancia o la enajenación mental transitoria a lo Napoleón.

La segunda boutade presidencial parece ser fruto de esa mística conjunción planetaria que en su día ya nos pronosticara Leire de Nostradamus. A Obama se le ha ocurrido que los bancos rescatados con el dinero de los contribuyentes deben financiar sus manirrotos proyectos faraónicos. No está mal: primero se roba a los estadounidenses para salvar indiscriminadamente a todo banco que se les cruzara por en medio (incluso a aquellos que no querían ser rescatados) y luego la víctima a la que tienen que indemnizar los bancos no son esos contribuyentes asfixiados por deudas e impuestos, sino a un manirroto Obama que no para de gastar el dinero de esos mismos contribuyentes.

Por cierto, Obama miente. Sería largo de explicar, pero las pérdidas que atribuye al Tesoro por más de cien mil millones de dólares todavía son provisionales. Imagine que usted adquiere un paquete de acciones de Telefónica a 15 euros y el precio cae a 10. Puede concluir que ha perdido dinero, pero esas pérdidas sólo serán definitivas si vende esas acciones antes de que vuelvan a 15.

Las pérdidas que alega Obama están calculadas sobre la depreciación de las acciones (mejor dicho, de los warrants) de los bancos acumuladas a mediados de 2009 que están en propiedad del Tesoro. Desde entonces, muchas de ellas ya se han revalorado alrededor de un 20% y si la economía sigue recuperándose, continuarán apreciándose.

Lo cual no quita para que al final, muy probablemente, se produzcan pérdidas, pero esas vendrán más bien por la incapacidad de ciertas empresas para repagar el dinero que el Tesoro les prestó. De momento, los bancos más solventes ya devolvieron unos 150.000 millones de dólares a mediados del año pasado. Ahora mismo, los peores y más arriesgados deudores son empresas que nunca, bajo ningún concepto, debieron ser rescatadas, como General Motors o los gubernamentales gigantes hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae. Pero, ¡ah!, estas empresas que a buen seguro arrojarán milmillonarias pérdidas para el Tesoro están exentas del nuevo impuesto que pretende crear Obama y, en cambio, otras que ya han pagado sus deudas, como Goldman Sachs o Morgan Stanley, no lo van a estar. Un disparate intervencionista cuyo objetivo es el de siempre: dotar de más poder a los políticos para repartir dádivas y comprar voluntades.

Zapatero, por supuesto, se ha entusiasmado con la idea. Todo cuanto sea crear nuevos impuestos cuenta con el espaldarazo socialista. Lo que no queda claro es qué sentido tiene darles centenares de miles de millones de euros a unos debilitados bancos y cajas para evitar que quiebren y, posteriormente, quitarles un pellizquito de esos fondos para maquillar el dispendio en el que incurren los políticos. En lugar de crear un nuevo impuesto, bien podrían reducir proporcionalmente los fondos que les van a entregar, haciendo innecesario el viaje de ida y vuelta.

Claro que entonces nuestros Estados se quedarían sin poder crear un nuevo impuesto que, con la excusa de recuperar el dinero prestado, grave a los bancos de manera permanente. El efecto trinquete: todo intervencionismo que avanza, no retrocede.

¡Qué fácil y transparente habría sido dejar a los bancos insolventes quebrar y a los solventes prosperar en lugar de repartir carretillas de millones, por un lado, e imponer nuevos tributos a justos y pecadores por otro! Pero cuanto más enfangado esté el asunto, más fácil les resulta meter mano. Qué bien se lo están pasando nuestros socialistas en estos momentos de crisis y desconcierto que ellos mismos contribuyen a agravar.


Libertad Digital

Regreso al pasado. Por José María Carrascal

PUEDE ser el efecto óptico de una meteorología inclemente, pero creo que hay algo más profundo detrás: regresar a España tras casi cuatro meses de ausencia le produce a uno la impresión de regresar al país de su infancia, a los años duros de la posguerra, al frío, al viento, la nieve, las luces mortecinas, las incomodidades, la desidia administrativa, los establecimientos cerrados, los letreros de «Se alquila», los aeropuertos convertidos en aquellas estaciones donde los viajeros dormían en los bancos, las miradas duras en los ojos de cuantos nos cruzábamos y la palabra «Imperio» sustituida por «Presidencia europea» en los «partes».

Si a ello se añaden unos españoles separados no sólo por la vieja frontera de izquierdas y derechas, sino también por las nuevas de los nacionalismos y localismos, el viajero se lleva un susto. Lo usual era encontrar una España más próspera, más optimista, más jovial. Esta vez es justo lo contrario, como si sus viejos fantasmas hubieran vuelto de repente.

Y en cierto modo, es así. ¿Qué ha pasado para que tanto cambiase en tan poco tiempo? Pues ha pasado que vivíamos en las nubes y hemos caído de ellas sin paracaídas. No queríamos ver lo que realmente somos, como nuestro presidente no quería ver la crisis, pero la crisis nos ha dado de bruces con la realidad. Nos creíamos ricos, y no lo éramos. Presumíamos de haber sobrepasado a Italia, de estar en el grupo de cabeza, y estamos en el de cola. Debemos nuestro bienestar a la generosa ayuda europea, a unas medidas acertadas tomadas por algunos Gobiernos hace ya muchos años y a una coyuntura internacional que nos era casualmente favorable. Pero en vez de aprovecharla para corregir nuestras deficiencias, para trabajar como es debido, para prepararnos para el mundo que se avecinaba, dejamos que siguieran siendo los otros quien inventaran, que los trabajos más duros los hicieran los inmigrantes, mientras nosotros nos dedicábamos a gozar de nuestra recién adquirida modernidad y democracia, sin pensar nadie que ésta significa tanto responsabilidad como libertad.

El resto lo hicieron unos políticos más interesados en la ideología que en la economía, en enriquecerse ellos que en enriquecer el país, en sus partidos que en la nación, en ajustar viejas cuentas que en saldarlas definitivamente, en abrir diferencias (y fosas) que en cerrarlas, y tendrán esa España gélida, inhóspita, gris y amenazadora que aguarda al viajero tras un largo periodo de ausencia.


ABC - Opinión

Qué duro es el corazón de Europa. Por Cristina Losada

Berlín reclama, primero, "objetivos realistas". A quién se le ocurre pedir realismo a un superprogresista. Conservadores y liberales tenían que ser. ¡Qué cenizos!

Es posible que de Zapatero se pueda decir lo que escribe Saul Bellow de uno de sus personajes: "No es ningún estúpido, salvo cuando expone sus ideas". El presidente expuso a los corresponsales extranjeros sus ideas sobre cómo ha de salir la UE del bache y se armó la de San Quintín. Por resumir, citemos al Wall Street Journal: "España ha llegado con una ingeniosa solución contra la crisis: hacerla ilegal...¿Cómo no se nos había ocurrido antes?". El Gobierno alemán se tomó, lógicamente, con menos cachondeo la ocurrencia de sancionar a los países que incumplieran los objetivos del maravilloso plan verde y social de Zapatero. Berlín reclama, primero, "objetivos realistas". A quién se le ocurre pedir realismo a un superprogresista. Conservadores y liberales tenían que ser. ¡Qué cenizos!


Mas no fue sólo la caverna germana quien puso en solfa las medidas correctoras o correctivas que anunciara ZP. Así que el Gobierno protagonizó uno de sus números característicos: desmentirse a sí mismo. Alonso no encontraba en ninguna parte aquellas palabras del presidente. Salgado explicó que las sanciones propuestas eran "morales". López Garrido interpretó que el máximo líder quería "premiar" y no castigar. Y De la Vega, que no había pedido otra cosa que "responsabilidad". Ahora, Zapatero los desmiente, a su vez, a todos ellos. En suma, nada a lo que no nos tengan de sobra acostumbrados. Mucho tienen que aprender todavía en Uropa. Menos rigidez y más flexibilidad. Entérense de que las palabras han de estar al servicio de la política y no al revés.

Resulta que aún circulan por la UE ciertas nociones desfasadas que en España, siempre en vanguardia, se han destinado al vertedero de la Historia. Por ejemplo, ese rancio concepto de la soberanía nacional, que un diario alemán esgrimía contra el proyecto sancionador de Rodríguez. Aquí se ha declarado obsoleta. Y discutida y discutible. Y maleable, chiclosa y adaptable al cortoplacismo medular del oportunista. La misma patología, en fin, que ha llevado a creer a Zapatero que su prosaica condición de presidente rotatorio de la Unión le confiere un especial poder para hacer y deshacer con alegría, como en casa. Pues mire, no. Hay que ver cuán duro es el corazón de Europa.


Libertad Digital - Opinión

¿No queríais papeles para todos?. Por Carlos Herrera

LO frustrante del asunto de Vic, más allá de una lectura de mera intencionalidad política local, es que casi todas las posturas representadas en el conflicto tienen parte de razón. Conviene descartar cuanto antes la lectura de política menor: tres partidos se entienden en acuerdo de gobierno para no tener que depender de un cuarto de carácter gaseoso y feo, una especie de Ku-Klux-Klan catalán que ha conseguido cuatro concejales y que predica la pureza social de Cataluña calificando al inmigrante de innecesario, perjudicial y malévolo. Esos tres partidos, CiU, ERC y PSC, están siendo acusados de utilizar los métodos del cuarto para querer desecharlo, lo cual es, cuando menos, curioso (un tal Anglada, personaje que igual formó parte de Fuerza Nueva que de la Agrupación de Ruiz Mateos, es el que vela ahora por la esterilización de la Plana de Vic). A excepción de quien manifiesta peligrosos argumentos repletos de gasolina social, resulta fácil entender a los demás. A los inmigrantes sin recursos o sin trabajo que prefieren estar mal en Cataluña que regular o bien en sus países de origen, que tienen hijos que educar o familia que alimentar; también al Gobierno que asegura que la ley obliga a empadronar a aquellas personas a las que luego deberá atender socialmente; pero también a un Ayuntamiento que dice que ya no da para más.

La presencia extranjera en Vic supone el 14% de la población: algunos llegaron lustros atrás a trabajar en el campo y forman parte del paisaje, otros lo hicieron con los aluviones de las recientes vacas gordas y al calor de los mensajes buenistas de una pandilla de irresponsables. Los segundos, algunos de los cuales ya no tienen trabajo -y, desde luego, tampoco papeles-, son ahora el problema. El asunto no puede reducirse a la simpleza de calificar a los munícipes de Vic como una pandilla de racistas miedosos: ese mismo ayuntamiento ha desarrollado muchas políticas sociales y de integración y ha invertido buena parte de su presupuesto en atender y acoplar a la población sobrevenida. Pero dice que no puede más y se acoge a una contradicción de la ley: cuando se tenga noticia de un inmigrante irregular, sin documentación en regla, se pondrá en conocimiento de la policía para que proceda a su expulsión. La misma ley dice, por otra parte, que hay que empadronar a todos para que puedan acceder a servicios sociales elementales, con lo que el lío está garantizado. Gobiernos anteriores, del maldito Aznar, sugirieron que había que abrir la puerta a la inmigración en función de las necesidades del país y la respuesta que obtuvieron de los mismos que ahora gobiernan en Vic y de los que gobiernan en España fue del orden poético absurdo: la cantinela de que el mundo no tenía fronteras, de que el ser humano era libre como los pájaros, de que había que garantizar papeles para todos se instaló en el discurso giliprogre de una serie de irresponsables que ahora están probando sus medicinas. ¿No queríais papeles para todos? ¿No querían muchos industriales mano de obra barata y dispuesta a deslomarse? ¿No querían los pueblos parejas de las que nacieran, por fin, hijos? Pues ahí están. Ahora, como poco, no parece correcto echarles la culpa de todo.

Si no se dejan meridianamente claras algunas reglas de convivencia y se estabiliza, en la medida de lo posible, el flujo inmigratorio en función de los intereses nacionales, estaremos condenado a los que lleguen y a los que ya están a roces perniciosos con la realidad y a riesgos innecesarios como los vistos en París y en Calabria. Todos estamos de acuerdo en lo positivo de la inmigración, pero también en el desastre que supone una inmigración alocada y sin control. Vic como síntoma, como espejo, como espita. Es fácil no querer escuchar, pero que pongan el oído en lo que dicen, braman, muchos lugareños desbordados, incluidos inmigrantes largamente asentados. Ojo con los estallidos, que pueden estar más cerca de lo que parecen.


ABC - Opinión

Economía sumergida sin ruido de cacerolas. Por Antonio Casado

Los furiosos adversarios de Zapatero no han prestado atención a las recientes declaraciones del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, sobre la economía sumergida. Sólo un compañero del Gobierno ha osado corregirle sobre el imposible metafísico que encierra el recuento de lo oculto. Cierto. El ministro cifró la economía sumergida en España entre el 16% y el 20%. Y veinticuatro horas después el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, consideró “excesivamente osado” pretender cuantificar lo que está sumergido.

Lo que dice Campa es de sentido común. Y lo que dice Corbacho nos pone en la pista de uno de los aspectos menos debatidos de la crisis en España. De sus efectos sobre el ciudadano medio, por ser más precisos. Me refiero al impacto social del paro. Hasta la fecha 3.923.603 españoles buscan trabajo y no lo encuentran. “Cuatro millones, prácticamente”, dice Mariano Rajoy. Por redondear. Al alza, claro, porque forma parte de la estrategia de su partido el uso de los malos datos económicos para echar a Zapatero de la Moncloa. Es el juego político.


Así que, en su discurso del pasado lunes antes la Junta Directiva del PP, la descripción del mal volvió a comerse el remedio ¿Casi cuatro millones de parados? Mucho más, si contamos a quienes no figuran como parados en las listas del INEM por estar en cursos de formación, por ser preceptores del subsidio agrario, personas de disponibilidad limitada o simplemente los que han caído ya bajo los efectos del desánimo y ya ni se molestan en buscar trabajo.

Una forma de corrupción

Correcto. Todo eso es verdad a la hora de sumar parados reales, incluso hasta los 4.440.000 calculados por Euroestat (19,4 % de nuestra población activa, que se dice pronto). Sin embargo, a Rajoy se le olvidó restar de la cifra de parados reales a quienes están en la economía sumergida, sobreviviendo sin problemas a la crisis pero figurando oficialmente como parados en el INEM o en las encuestas de población activa ¿Cuántos son? Los necesarios para generar hasta el 20 % del Producto Interior Bruto (PIB), según el ministro de Trabajo. Imposible de cuantificarlo en una economía en transformación, según el secretario de Estado de Economía. Pero ningún observador de la realidad española negaría el efecto de la economía sumergida como suavizante social del escenario descrito por Rajoy en su discurso del lunes pasado.

A un escenario económico de general empobrecimiento relativo de la población, con las pavorosas cifras de paro que nos agobian, donde el 43% de los parados son jóvenes menores de 25 años y donde un millón de parados carece de cualquier tipo de cobertura, le corresponde un escenario social próximo a la revuelta. Pero nadie diría que el ruido de cacerolas es ensordecedor, que el país está a punto de estallar, que planea el fantasma del hambre o que hay que abrirse paso entre los mendigos.

La economía sumergida en realidad una forma de corrupción. Una prueba de ineficacia de los poderes públicos para conseguir que lo sumergido dé la cara ante la Contabilidad Nacional y la Hacienda Pública. Pero está contribuyendo a evitar el ruido de cacerolas. También la cobertura familiar, muy arraigada en España. Y además, el subsidio por desempleo y la voluntad política de apoyo a los más desfavorecidos. Con dinero público, por supuesto, y en línea con lo que se espera de un Gobierno de izquierdas. Empezando por los desempleados: en 2009 más de 30.000 millones de euros en gasto por desempleo, según datos manejados por Mariano Rajoy a la hora de reprobar semejante derroche. Bien. Es una opción. En democracia, las opciones pasan por las urnas. Ya veremos.


El confidencial - Opinión

Eguíbar y el «click». Por Alfonso Ussía

El anterior presidente del Gobierno, José María Aznar, es gafe para la ETA. A los asesinos no les sale nada cuando Aznar es el objetivo. En cuatro ocasiones han intentado matarlo. Una décima de segundo le salvó en Madrid. Aznar apareció entre el humo y el caos con el gesto sereno y su primer paso fue el de interesarse por el buen estado de los que le protegían y acompañaban. Eso es el carisma. La muerte le pasó por el flequillo y no se le inmutó ni el flequillo. Consumado el fracaso criminal, los terroristas amados por Setién, Arzallus y Eguíbar adquirieron en el mercado negro de armas un lanzamisiles «Sam» para derribar su avión en sus vuelos electorales. El etarra de Lizarza Olano lo ha confesado con detalle. Lo malo de la tecnología rusa, heredera de la soviética, es que sus armas están muy bien presentadas pero fallan más de la cuenta. Aterrizaba el avión de Aznar en Fuenterrabía y el misil no hizo «pum» sino «clik». Aterrizaba el avión de Aznar en Sondica, y el misil no hizo «pum» sino «clik». Aterrizaba el avión de Aznar en Foronda, y el misil no hizo «pum» sino «clik». Una chapuza. Les habían dado gato por liebre a los hijos de la gran puta. Y Aznar, por fortuna, sigue por aquí, indignando a todos los que hubieran celebrado que el misil, en lugar de «clik», hubiese hecho «pum» y que no son sólo los etarras y allegados, sino muchos más. Pues que les den.

Uno de los enfadados ha mostrado su decepción con carácter retroactivo. Insinúa que la Guardia Civil ha obligado al etarra Olano, el guardamisiles, mediante prácticas dudosas, a confesar. A Eguíbar no le preocupa el asesinato frustrado de Aznar sino el estado emocional de uno de sus fracasados asesinos. En esta ocasión no se movió el árbol y no se recogieron las nueces, que caray con la nuez. No pueden disimularlo. Adoran a sus muchachos terroristas y odian a las víctimas de sus atrocidades. Por eso se sienten tan molestos con un obispo guipuzcoano y vascoparlante que ha manifestado su intención de acercarse al sufrimiento de las víctimas del terrorismo y sus familias. Un obispo que cree más en Dios que en «Euskadi», un obispo rarísimo y extravagante, dispuesto a que no se enrosque en su crucifijo la serpiente del terror. Es decir, un obispo intolerable para gente como Eguíbar.

Dado que Eguíbar se halla tan preocupado con la suerte del terrorista Olano, me ofrezco voluntario para informarle debidamente. Está detenido, va a ser procesado y, con toda probabilidad, condenado por el delito común de colaboración con un asesinato frustrado, pertenencia a un grupo terrorista y alguna cosilla más. Delito común, que no político. En España nadie es detenido ni juzgado ni condenado por sus ideas y opiniones. En tal caso, Eguíbar llevaría una bola de hierro encadenada a su pie durante toda su vida. Es libre de pensar y decir lo que le venga en gana, y yo soy libre también, gesto que no hiere, ni mata, ni amputa, ni enloquece de dolor, de elevarle hasta las narices el dedo corazón de mi mano derecha y acompañarlo de un toque seco de mi mano izquierda en el antebrazo diestro. Es decir, de hacerle una butifarra, celebrando la vida de Aznar, la cárcel de Olano y la miseria ética del butifarrado, es decir, del malvado paleto de Eguíbar. Lo que va de un «pum» a un «clik».


La Razón - Opinión

Un correctivo para Zapatero

El desparpajo con que se han recibido hasta ahora las barrabasadas de Zapatero en la prensa no significa que su Gobierno esté a la altura de uno europeo. De ahí que haya sido ponerse ante los focos de la presidencia europea y no parar de recibir críticas.En ocasiones, cegados por el apoyo popular aún extraordinario del que disfruta, y de la mano que le echan las principales televisiones, olvidamos lo enormemente chapucero e incompetente que es el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Acostumbrados a escuchar las miles de excusas con que se procura disimular la responsabilidad en los muchos males que aquejan a España, es ahora, cuando ha asumido el cargo de presidente de turno de la UE, cuando más a la luz han quedado sus carencias.

Bien mirado, no resulta tan sorprendente que tuviera una idea tan peregrina como la de proponer una política económica común para toda Europa, con sanciones incluidas, pese a gobernar uno de los países que peor lo están pasando en esta crisis. Tampoco que una semana después se apuntara a la propuesta de Obama de ponerle un nuevo impuesto a los bancos tras haberles regalado el dinero de los contribuyentes. Ni siquiera sus desavenencias con Moratinos sobre la política que debe seguir la Unión Europea hacia Cuba. La diferencia es que fuera de nuestras fronteras no han tenido casi seis años para habituarse a las costumbres del zapaterismo.

Pero el desparpajo con que se han recibido durante todos estos años las barrabasadas de Zapatero y sus ministros en buena parte de la prensa no significa que su Gobierno esté a la altura de lo que se espera de cualquier Ejecutivo de un país europeo. De ahí que haya sido ponerse ante los focos de la presidencia europea y no parar de recibir críticas.

El problema es que para Zapatero este era su gran momento de la legislatura, en el que remontaría el vuelo. El semestre de los encuentros "planetarios" que lo revelarían como un gran estadista y que le devolverían su buena imagen, maltrecha por la crisis. De ahí que se muestre especialmente molesto con que se le cuestione, que cada vez más preguntas le incomoden o le "sorprendan". Este era el momento del apoyo acrítico, no de ejercer el periodismo.

Pero, por más que se empeñe, cada vez se le pone más cuesta arriba el objetivo de utilizar esta presidencia para mejorar en las encuestas. Es difícil que obtenga éxitos reales que vender, en vista del poco entusiasmo con que han sido recibidas en Europa sus ocurrencias, y del menor peso que tiene el cargo después del nombramiento de un presidente estable de la Unión. Y no parece que los ciudadanos españoles, con preocupaciones algo más serias en sus vidas, estén dispuestos a dar algo de peso a los habituales fuegos de artificio con que nos intentará sorprender estos meses. Como mucho, percibirán que en los peores momentos de la crisis, Zapatero se preocupa más por la escena internacional que por el dramático estado de nuestra economía. Nada que pueda resultar rentable en el mercado de la opinión pública. Quizá sea el propio presidente del Gobierno quien salga de estos seis meses sufriendo un serio correctivo.


Libertad Digital - Opinión

Hipocresía con la inmigración

LA iniciativa del Ayuntamiento de Vic de rechazar el empadronamiento de los inmigrantes ilegales ha desatado algunas reacciones contrarias que llaman la atención por su hipocresía. Por lo pronto, el apoyo de todos los grupos municipales a esta medida, propuesta por una formación ultraderechista también con electos en el Consistorio, demuestra que la realidad de la inmigración empieza a preocupar social y electoralmente a muchos que hasta ahora adornaban el problema con retóricas seráficas. Vic cuenta con 40.000 habitantes y la población inmigrante alcanza el 25 por ciento.

Sociológicamente es un dato que no debe ser ignorado porque afecta directamente a la cohesión y la integración de la comunidad. Por otro lado, las protestas del Gobierno central y del PSOE, calificando como disparate el veto al empadronamiento de inmigrantes ilegales, se producen meses después de que apoyaran en Bruselas una dura directiva de retorno contra la inmigración ilegal y, en el Parlamento español, un aumento del plazo de internamiento -materialmente una detención administrativa- de los inmigrantes sin papeles de 40 a 60 días. Es cierto que el empadronamiento de los inmigrantes ilegales permite saber cuántos son, pero el reverso de este beneficio es que conlleva una apariencia de legalización de situaciones ilegales, debilitando las políticas de disuasión que hay que aplicar en esta materia. Hay que recordar que el empadronamiento fue una fuente de fraudes consentidos por el Gobierno para tramitar la regularización masiva de 2005, origen de muchas de las agravaciones que ha sufrido el fenómeno de la inmigración en España.

Como ayer recogía ABC, el Anuario de Inmigración en España correspondiente a 2009 cifraba en el 28 por ciento la tasa de paro entre los inmigrantes. Otras fuentes calculaban que 180.000 familias iberoamericanas podrían perder su vivienda en España por no poder pagar la hipoteca. Además, la escasa cualificación de la mano de obra y el desincentivo para retornar a sus países hacen probable una tasa de paro alta y constante entre la población inmigrante. Ambas -la iniciativa de Vic, por un lado, el desempleo inmigrante, por otro- son situaciones distintas y en medio siempre debe estar presente la dignidad de las personas, sea cual sea su situación jurídica. Pero la incompetencia de partidos y administraciones abona el terreno a formaciones ultras siempre prestas a abanderar legítimas preocupaciones sociales, desatendidas por quienes, tarde y mal, se abrazan a ellas para no perder votos.


ABC - Editar

jueves, 14 de enero de 2010

Vic: el problema no resuelto de los 'sin papeles'

El que el Ayuntamiento se Vic se niegue a empadronar a inmigrantes irregulares revela no sólo indisciplina, sino un problema mayor que sigue sin solucionar.

La determinación del Ayuntamiento de Vic (Barcelona) de negarse a empadronar a inmigrantes en situación irregular destapa un problema acuciante ante el cual la Administración ha cerrado los ojos hasta ahora: el de qué hacer con los sin papeles. Aunque el equipo de gobierno del consistorio de Vic -formado por CiU, PSC y ERC- mantiene que la propuesta es «legal», la Ley de Bases de Régimen Local y la Ley de Extranjería son claras, y ordenan que hay que incorporar al padrón «a los extranjeros que tengan su domicilio habitual en el municipio», sin especificar su situación administrativa.


Es verdad, sin embargo, que hay una contradicción de fondo, por cuanto la Ley de Extranjería también prevé la expulsión de todo inmigrante que esté en España de forma irregular. Por lo tanto, mientras por un lado se ordena a Interior que repatríe a los ilegales, por el otro se obliga a los ayuntamientos a garantizar su permanencia, y hay que tener presente que demostrar arraigo es una de las vías que contempla la ley para legalizar a los sin papeles, y la que la mayoría utiliza como coladero.

El alcalde de Vic aduce para justificar su posición que la ley dispone que el extranjero que entra en España deberá estar en posesión del «pasaporte visado» que acredite su identidad, y que él debe por tanto exigir esa documentación. Se trata de un argumento falaz, porque lo que se pide a los ayuntamientos es que se ocupen no de los que pretenden «entrar» en España, sino de los que ya están dentro. Ahora bien, la paradoja está ahí: ¿Puede la Administración proteger y tapar con una mano a quien persigue con la otra?

No es casual, de cualquier forma, que el equipo de Gobierno municipal de Vic se haya percatado repentinamente de este problema y haya decidido implantar de la noche a la mañana estos «nuevos criterios de empadronamiento». Sin duda hay motivos económicos, ya que la Administración local carga con los gastos que la ineficiente política de repatriación de ilegales por parte del Gobierno le acaba ocasionando. Pero dado que la medida afecta en Vic a sólo al 2% de los inmigrantes, según los datos del propio Ayuntamiento, la respuesta hay que buscarla también en la política. Y sucede que en Vic, donde la población extranjera supera ya el 14%, la principal fuerza en la oposición es un partido xenófobo, Plataforma per Catalunya. Así se entiende que el alcalde, Vila d'Abadal, de CiU, haya manifestado que con su nueva política pretende «poner orden» en el municipio.

Esta decisión de impedir el empadronamiento de los inmigrantes le crea un problema al Ejecutivo. Primero, porque revela que la legislación en materia de inmigración está obsoleta. El empadronamiento debería ser el primero de los derechos de quien llega a España de forma legal, y no la trampilla por la que puedan colarse quienes no tienen papeles. Tal y como está la legislación, se incita el efecto llamada. Pero dado que la iniciativa está avalada por los socialistas catalanes, Zapatero aparece vinculado además a un discurso retrógrado. ¿Qué no se diría si cargos políticos del PP impulsaran una medida así?

Se da la circunstancia añadida de que la vicepresidenta De la Vega y el ministro Corbacho alertaron hace días de la ilegalidad de esta normativa municipal, por lo que hay también un caso de indisciplina. Con todo, lo que revela esta polémica es que un problema tan sensible y de tanto calado como el de la inmigración sigue lejos de estar resuelto en España, lo que permite que haya políticos dispuestos a sacar rédito al peligroso caldo de cultivo que éste genera. Zapatero debería ser el primer interesado en propiciar un gran pacto para resolver, desde el realismo, esta situación. Desde luego, la solución nunca podrá salir de Vic ni de ningún otro ayuntamiento.


El Mundo - Editorial