jueves, 7 de enero de 2010

Una foto que retrata a civiles y militares . Por Federico Jiménez Losantos

Desde que en el Parlamento se lee y los mítines se dan para el Telediario, los discursos políticos nos dicen poco, y eso las pocas veces que nos dicen algo. Para compensar, hemos de fijarnos en el “lenguaje no verbal” que hace décadas estudiara Flora Lewis y que ahora han divulgado las series de crímenes y bioquímica que nos mandan los USA. Esta foto de la Pascua Militar es una joya, casi un joyero de revelaciones sobre algunas de las instituciones básicas que, contra lo que permitirían suponer sus cargos, sueldos y juramentos, están liquidando aceleradamente España, tanto la nación como el Estado.

En primer lugar, el anfitrión, o sea, el Rey, no está. Y tras su penoso discurso de Nochebuena, casi mejor que no esté.. Así no se crean falsas expectativas y no se envaran los invitados, aunque está claro algunos vienen ya envarados de casa. Pero como el Jefe del Estado ha brillado por su ausencia en todo el proceso españicida, que siga ausente y a lo suyo, que, por desgracia, hace mucho tiempo que no es lo nuestro. Al contrario.


Pero vayamos a la foto y empecemos, como es lógico, por la Izquierda. Rubalcaba, eslabón nunca perdido del felipismo, el polanquismo y el zapaterismo sigue encarnando un gobierno que no cumple, gestiona adecuadamente ni llena el cargo. El cuello del chaqué se le va para atrás, como si no fuera suyo o sólo pudiera serlo con cuatro kilos más. Y a falta de esa talla menos, el cuello se le adelanta en un gesto mitad de afecto mitad de buitre, levemente inquietante como a él le gusta parecer, pero que en realidad sólo manifiesta lo evidente: que la responsabilidad le viene grande.

El centro de la foto lo ocupa el Poder, distinto de la rama civil o militar de la Cúpula del Estado. Chacón no es la ministra de Defensa de España sino la ministra de Cataluña en España por deferencia del PSC. Ha ensanchado caderas, y a sus anchas se siente con pantalones, porque no me la imagino abriendo así el compás con falda. Pero mujereando, sintiéndose alta y guapa, se hombrea con los dos varones que la escoltan, atienden y obsequian. Y el gesto es de mando en plaza y aun en plazas: Barcelona y Madrid. Es el suyo un poder real pero brumoso, indudable pero impreciso, amenazante por ilimitado. La única nota discordante en tanta facundia es la que parece amputación de pies o desaparición del contacto con el suelo. Porque zapatos, lo que se dice zapatos, no lleva. Alzas, coturnos o leticios, sí, porque está como encaramada a sí misma, pero como el nacionalismo catalán o el zapaterismo de los que es emblema, no toca “de peus a terra”. Es como un globo que no se sabe si se posa o se eleva y se va. Adiós, adiós.

Pero la postura más elocuente es la del JEMAD, o sea, el jefe técnico o mecánico de los ejércitos españoles, viva imagen de la nación a punto de venirse abajo. ¿Ante qué se inclina don Julio Rodríguez? ¿Ante el Gobierno representado por Rubalcaba? ¿Ante el Poder representado por Chacón? ¿Ante la endecha del Gobierno al Poder, con el que se identifica a medias, como si sus pies juntaran lo que la Ministra separa? ¿Ante el peso histórico de la representación de los ejércitos españoles, tan venidos a menos? ¿Ante la comprometida situación de un estamento, el militar, que tiene como misión última la de garantizar la unidad de España por mandato constitucional y que se reconcome en su impotencia? El gesto es de sumisión clerical, de cura con ambición de obispo o de fraile misionero a punto de que le subvencionen la ONG, razón última de tanta obsequiosidad. Aunque el gesto recuerde a Fernán Gómez adulando al jefe de cualquier cosa, no tiene nada que ver con “Balarrasa”, aquella película de los 40 en la que el golferío civil y la briosa beatitud eclesial se citaban en el más allá de todos los escalafones Este mílite no parece haber roto nunca un plato. Pero, por si acaso, se asoma al suelo para comprobarlo. Este hombre no tiene Poder ni poder, ya no puede ascender más y no podría ser más acicaladamente sumiso. Pero, en su interior, sabe que su uniforme despertará siempre recelo en la Izquierda, por lo que todo mimo siempre será poco. No sabemos lo que le pasa de lumbago para abajo, pero manos tan juntas no veíamos desde la Primera Comunión. De lumbago para arriba, un pálido rubor, un obsecuente sofoco, una virtuosa voluntad de rendición ante todo, aunque sea nada. Salvo el viento, que a lo mejor es lo que le ha torcido el tronco. Es el único que parece invitado a última hora pero agradecidísimo de que le dejen figurar en foto ajena. La Pascua Militar, dicen. Ya.

En fin, sin palabras, esto es lo que hay, lo que sobra y lo que falta. No sé qué pinta peor.


El blog de Federico

La amenaza del oráculo. Por M. Martín Ferrand

EN ocasiones, las menos, el futuro se nos presenta pintado de verde, como la esperanza. Es un augurio de bienes posibles y una renuncia a los males pasados. Las más de las veces el futuro se viste, o le visten, de amenaza y sobrevuela nuestras cabezas ciudadanas como un pájaro negro y temible. Es el pregón de calamidades nuevas o, más terrorífico todavía, la extensión de catástrofes ya experimentadas. Al empezar el año, aunque falten más de dos docenas de meses para las próximas legislativas, gusta hacerse a la idea de los cambios que, al menos en teoría, mejorarían nuestra existencia, aliviarían el paro, crearían riqueza, engordarían libertades y, en su conjunto, subrayarían nuestra condición ciudadana con el renacer democrático y la decadencia de la oligarquía partitocrática en la que estamos instalados.

José Blanco acaba de advertirnos, con aires de amenaza, que, con vistas al 2012, en el PSOE nadie contempla otras hipótesis que la de José Luis Rodríguez Zapatero como aspirante a un tercer mandato al frente del Ejecutivo. Blanco es un oráculo fiable. No suele gastar pólvora en salvas y su extemporáneo anuncio más parece una advertencia de orden interno que una proclama dirigida al público en general. En ninguno de los dos grandes partidos nacionales es posible la existencia próspera sin la cobertura y el apoyo de sus líderes actuales y esa es una de las razones de nuestra paupérrima vida política.

Zapatero y Mariano Rajoy comparten el demérito de haber eliminado cualquier nombre que pudiera darles sombra. Uno está instalado en la fuerza corruptora del poder y el otro, en la de su ambición, que no es menos demoledora y estéril. Malo es un partido político que, como dice Blanco, no contemple más de una posibilidad para su perpetuación en el poder y, aunque nuestra normativa vigente no le ponga límites a la permanencia en La Moncloa, la experiencia de Felipe González y la práctica de José María Aznar demuestran que más de ocho años resultan negativos. La contumacia es la más perversa de las formas de corrupción. Ni siquiera conlleva beneficios para quien persevera en el error y arrastra y pulveriza los logros anteriores. Si lo que ha hecho Blanco es, según el folclore socialista, lanzar un globo sonda para pulsar el ambiente conviene que tenga claro lo que ello tiene de provocación. En caso contrario es cosa de echarse a temblar.


ABC - Opinión

¡Bienvenido, Mr. Bean!. Por Federico Quevedo

La verdad es que el estreno de la Presidencia española de la UE no podía haber sido más tronchante. Es cierto que la imagen del rostro del actor y humorista británico Rowan Atkinson, más conocido como Mr. Bean, dando la bienvenida en la página oficial de esa presidencia patria, en lugar de la de Rodríguez Zapatero, tuvo una presencia corta, pero fue suficiente para que todo el mundo –en este caso mundo entendido como globo terráqueo- cayera en la cuenta de la hilaridad del parecido. Tal y como publicaba ayer este diario, hasta en Singapur se hicieron eco los medios de comunicación del hecho. Un hecho que, por cierto, más pronto o más tarde tenía que acabar sucediendo. Aquí en España ya habíamos caído en la extraordinaria coincidencia física entre ambos personajes –en este mismo Dos Palabras he dado cuenta de ese singular parecido en más de una ocasión, creo recordar-, pero ahora ya es público y notorio fuera de nuestras fronteras que Mr. Bean tiene un doble que a veces, incluso, le supera en ocurrencias, con la única diferencia de que las del humorista inglés nos hacen reír, y las del presidente español, sufrir.

Rodríguez-Mr. Bean, Mr. Bean-Rodríguez… Sin embargo, y al contrario de lo que cabría suponer, no es el presidente español quien debiera sentirse molesto por la comparación, sino el genial humorista inglés: desde un punto de vista personal, que a uno le destaquen su parecido con el campeón del paro en la UE no es ninguna alabanza, sino más bien todo lo contrario. Pero no está mal que haya sido así, porque de alguna manera este hecho ha venido a poner las cosas en su sitio respecto a un asunto que el Gobierno tenía intención de explotar hasta la saciedad, es decir, la Presidencia española de la UE.

Rodríguez tenía y tiene, y ahora ya me van a permitir que me tome esto en serio, un problema muy grave de imagen y aceptación en el ámbito internacional, que se corresponde con el fortísimo deterioro de nuestra presencia como país en los distintos órganos decisorios a este y al otro lado del Atlántico y que ni siquiera nuestra presencia a hurtadillas en las dos últimas cumbres del G-20 ha podido contrarrestar. Hoy en día España no tiene papel alguno en la escena internacional, no es un país de referencia, ni siquiera en asuntos en los que antaño teníamos el marchamo de ser imprescindibles como son los que afectan a Iberoamérica, al Norte de África e, incluso, a Oriente Medio. Hace ya tiempo que dejamos de ser lo que en el lenguaje internacional se conoce como un ‘país fiable’, y acontecimientos recientes como el secuestro del Alakrana o el ‘caso Haidar’ han contribuido a empeorar aún más la opinión que se tiene de nosotros fuera de nuestras fronteras. Francamente, lo único que puede decirse hoy por hoy es que solo servimos como lacayos de Washington para decir ‘sí’ a todo lo que surja como propuestas bélicas de la Casa Blanca, y sin derecho a poner los pies encima de la mesa del Despacho Oval.

Al nivel de los países postcomunistas


A esa pérdida indudable de presencia internacional, de papel en la resolución de conflictos y la toma de decisiones, se une además la opinión cada vez más extendida entre los organismos internacionales de que Rodríguez es un presidente en horas bajas por culpa de su gestión interna. De cara al exterior, lo que más llama la atención es cómo un país que había conseguido en muy poco tiempo asombrar al mundo con un espectacular desarrollo económico ha sido capaz de tirar por la borda todo lo conseguido en estos años atrás para situarse al nivel de los recién llegados a la UE, países post-comunistas que en muchos casos recuerdan a la España de los años 70 y 80. El ‘milagro económico español’ es ahora el ‘desastre económico español’: 4,5 millones de parados que doblan la tasa de la UE, una economía en recesión que amenaza con ser la última que despegue de toda la Unión y una tasa de déficit público y endeudamiento insostenibles. Las medidas del Gobierno no han servido para nada, y lejos de enmendar sus errores Rodríguez parece dispuesto a perpetuarse en ellos a tenor de sus propias declaraciones estos días. Todos los organismos nacionales e internacionales le han exigido reformas que el presidente no está dispuesto a acometer en la dimensión que precisan.

¿Y con esos mimbres quiere construir una Presidencia de la UE que lidere la salida de la crisis? Era lógico, completamente lógico, que a alguien se le ocurriera dar al ambicioso proyecto del Gobierno español la dimensión que precisa: la de una broma de mal gusto. Y no por Mr. Bean, sino por Rodríguez.


El confidencial - Opinión

Obama ya no sonríe. Por José María Carrascal

POR primera vez hemos visto enfadado a Obama, al anunciar al país que los servicios de información fallaron el día de Navidad, al no detectar el intento de atentado terrorista. No porque faltara información, sino por no saber evaluarla. Como el 11-S. Entonces no se prestó atención a la advertencia de una analista de la CIA sobre unos estudiantes musulmanes que tomaban extrañas clases de vuelo. Ahora ha sido el propio padre del terrorista quien advirtió de las peligrosas andanzas de su hijo. Sin que tampoco se le hiciera caso. ¿No se ha aprendido nada en ocho años?, se preguntan los norteamericanos, ¿De qué ha servido el gigantesco, costoso e incómodo mecanismo alzado para protegernos de los terroristas, si al final tienen que ser los propios pasajeros quienes se defiendan?

Aunque el verdadero héroe del episodio es el padre de ese terrorista, que tuvo el valor de acercarse a la Embajada norteamericana en Nigeria para comunicar que su hijo se había ido al Yemen para encontrar «el verdadero islam», según le decía por carta, y participar en la «gran yihad», la guerra santa, «que restablecerá el imperio musulmán sobre el mundo».

No sabemos si fue un error del funcionario de la Embajada, que no tomó en serio la denuncia, o del Departamento de Estado, que no le dio curso, o de los servicios de inteligencia, que no la evaluaron debidamente. El caso es que Omar Faruk Abdulmutalab, ese era el nombre del joven, no figuraba en la lista de personas que tienen prohibida la entrada en Estados Unidos y pudo tomar un avión para Detroit con una carga explosiva en la entrepierna. Primer error.

El segundo fue que, nada mas conocerse el caso, se dio a conocer el nombre, la profesión y el domicilio del denunciante. Convirtiéndolo en blanco de los compañeros de su hijo, que si son capaces de asesinar en Europa, más fácil lo tendrán en un poblado nigeriano. Esa no es forma de combatir el terrorismo.

Y hay todavía un tercer error. El del propio Obama. El presidente norteamericano ha criticado a sus servicios de inteligencia. Pero no ha dicho que Omar Faruk fue posiblemente adiestrado en Yemen por alguno de los presos de Guantánamo que él ha puesto en libertad, en cumplimiento de su promesa electoral de cerrar aquella prisión. Y como no tiene dónde enviarlos, los envía a sus países de origen. Para que vuelvan a las andadas.

Las promesas electorales hay que cumplirlas. Pero no al precio de poner en peligro la ciudadanía mundial. Y si esas promesas eran equivocadas, se admite y se anulan. Obama lo ha admitido implícitamente al suspender la repatriación de los 91 presos que aún quedan en Guantánamo, aunque insistiendo en que quiere cerrar la prisión. Pero tiene buenas razones para no sonreír. Como nosotros. Estamos perdiendo la guerra contra el terrorismo islámico por errores de bulto, remilgos ideológicos y galbana.


ABC - Opinión

Mr. Bean. Por Ignacio Camacho


LAS bromas sobre apellidos o parecidos físicos suelen ser injustas porque se trata de dos cosas que nadie elige, aunque el maestro Wilde decía que a partir de los cuarenta todo el mundo es responsable de su cara. Sentado este principio de rechazo a esa tendencia tan celtíbera de hacer sangre con nombres y semejanzas involuntarias hay que admitir que el tipo que ha encajado el careto de Míster Bean en la página web de la flamante europresidencia española ha dado en el clavo con tanto tino como mala leche. Y no sólo porque su destreza de hacker ha sido tan eficaz que ha dejado K.O. el sitio durante un par de días, sino porque su malévola chanza ha tenido la vitriólica propiedad de universalizar un secreto que hasta ahora sólo sabíamos los españoles. Y no me refiero al parentesco fisonómico, sino a la analogía conceptual.

Lo que vuelve hiriente la burla, el factor clave de su puntería sarcástica, no es que Zapatero se dé un aire a Míster Bean, sino que su hueca gestualidad retórica otorga a la proximidad facial el carácter de una parodia política. Y aún se podría añadir que el cómico tiene en la comparación la ventaja de que su impostada hilaridad es muda, sin la facundia vacía que en ocasiones aproxima a nuestro presidente al ridículo. Ridículo es, en efecto, que al día siguiente de proclamar muy solemnemente que va a sacar a Europa de la recesión las estadísticas le coloreen la frase con cuatro millones de parados, el doble de la tasa media de la UE. O que apenas veinticuatro horas después de anunciar el Gobierno su intención de suavizar el rigor comunitario con Cuba los cubanos devuelvan con un portazo en las narices a un conocido diputado socialista. Cuando eso ocurre de forma tan flagrante e inmediata, y además sucede en medio de una rimbombante palabrería autocomplaciente, lo lógico no es sólo que se le ponga a uno cara de Míster Bean, sino que existe el riesgo de que los demás tiendan a verlo con ella.

Así lo ha puesto de manifiesto el «Financial Times», con su demoledor editorial sobre la «España torpe», y así lo ven dentro y fuera muchos observadores alarmados ante el fatuo adanismo que pretende transformar el simple turno de coordinación directiva en un liderazgo hemiplanetario. Es ésa petulancia tan ufana, esa engreída falta de contención autocrítica y no la identidad de las cejas elevadas lo que concede verosimilitud a la caricatura convirtiéndola en un trampantojo político. Y lo que ha acentuado la popularidad de una mofa que por sí misma no pasaría de ser una vulgar travesura cabronzuela.

Claro que existe en el asunto una variable más antipática. La que se deriva de la reflexión de que acaso el problema no consista tanto en que Zapatero se parezca a Míster Bean, sino en cómo un tipo que se parece a Míster Bean puede ganar dos elecciones seguidas. Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué, decía Quevedo.


ABC - Opinión

Yáñez nos trae malas noticias de Cuba. Por Antonio Casado

Luis Yáñez es un profesional de la política que también hace turismo. O un turista cuya dedicación profesional se desarrolla en el campo político. Algo absolutamente legítimo en cualquier país donde las libertades de expresión, reunión y asociación sean de curso legal. ¿Se imaginan que Zapatero vetara unas vacaciones de George Bush en Mallorca porque además pensara reunirse con su amigo Aznar para hablar de política? Algo así le ha ocurrido al eurodiputado socialista Luis Yáñez. Las autoridades cubanas le prohibieron entrar en la isla porque, además de disfrutar unos días de vacaciones, pensaba reunirse con disidentes como Cuesta Morúa y Elisardo Sánchez.

El episodio retrata la naturaleza del régimen cubano implantado por Fidel Castro hace más de medio siglo. El país lleva la dictadura en el sustantivo. Pero tiene a España como primera potencia en el ranking de la inversión extranjera. Crucen ustedes estos dos elementos de la realidad con nuestro ramalazo sentimental pro-cubano. Y entonces verán que es una simpleza despachar el caso Yáñez con una primaria apelación al carácter dictatorial del régimen. Apelación nada inocente. Se trata de convertirla en el justificante de una política de aislamiento, como la que preconizaba Aznar en línea con la de EEUU durante el mandato de Bush. La misma simpleza es referirse al portazo a Yáñez como prueba de cargo contra la política de acercamiento inspirada por el ministro Moratinos, con la pretensión de contagiar a la Unión Europea.

El asunto es bastante más complejo. Durante el semestre de presidencia europea que España acaba de estrenar, Zapatero quiere suavizar la política común de la UE hacia Cuba, inspirada por Aznar en 1996. El régimen castrista siempre la consideró una injerencia en sus asuntos internos. Ahora marca el territorio ante las presentidas condiciones que Europa piensa exigir en materia de apertura política y respeto a los derechos humanos, a cambio de mejorar su trato a Cuba. La descortesía con el eurodiputado significa que, en esas condiciones, Europa se puede meter la revisión de la política común por donde le quepa.

Castro y demás jerarcas del régimen cubano no aceptan una bronca internacional por su distraída gestión de los derechos humanos y la falta de libertades públicas. La dictadura cubana le está diciendo a Europa que no le interesa la revisión de la famosa política común si el precio es aparecer ante el resto del mundo como un país donde se violan los derechos humanos. En estas estábamos cuando Luis Yáñez y su esposa, la diputada Carmen Hermosín, pasaron por allí. Y se convirtieron en mensajeros ocasionales de un régimen que vuelve a buscar en el cierre de filas su defensa frente al acoso exterior.

El problema ahora lo tiene España en términos diplomáticos porque lo de Yáñez debilita su capacidad de persuasión ante sus socios europeos. Desde la presidencia semestral quiere favorecer la política de acercamiento de la UE a Cuba, como ya lo viene haciendo el Gobierno Zapatero en el plano bilateral. Pero no es España la que fija unilateralmente las condiciones exigibles al régimen castrista para promover el diálogo. Suecia, Alemania, Reino Unido y los países de la antigua órbita soviética no son tan complacientes como España. Tampoco lo fueron cuando se trataba, también a instancias del Gobierno de Zapatero, de suprimir las sanciones adoptadas por la UE en 2003, a raíz del encarcelamiento de 75 disidentes. Y menos al ver que la propia Cuba solo aceptaba la supresión de las sanciones como un rasgo de justicia y no de generosidad.

Algo parecido está ocurriendo ahora. Solo aceptarán la mejoría de las relaciones con Europa como una decisión unilateral de la UE, pero no a cambio de examinarse previamente en derechos humanos y apertura política. Yáñez nos trae malas noticias en ese sentido.


El confidencial - Opinión

La amenaza preventiva de Montilla

El presidente de la Generalitat redobla su presión al Supremo con una carta a 201 instituciones y asociaciones.

EL PRESIDENTE de la Generalitat ha dado otra vuelta de tuerca a la presión que viene ejerciendo, junto a los nacionalistas, independentistas y los principales medios catalanes, sobre el Tribunal Constitucional para intentar lograr, con amenazas varias, que los magistrados avalen la constitucionalidad del Estatuto y no rebajen el contenido del texto. Montilla ha redoblado la intimidación al tribunal aprovechando el insólito editorial conjunto de finales de noviembre en el que 12 diarios catalanes advertían al Constitucional que sería un ataque contra la «dignidad» de Cataluña una posible sentencia desfavorable al Estatut tal y como fue aprobado en referéndum. El presidente de la Generalitat ha enviado una carta a 201 instituciones y asociaciones políticas, académicas, empresariales, culturales y deportivas en la que agradece su respaldo a las tesis del editorial al tiempo que les convoca a responder al unísono, se supone que en caso de una sentencia desfavorable a las pretensiones del Gobierno catalán. «Si llega el momento en el que hay que dar una respuesta política y cívica, clara y unitaria, estoy seguro de que Cataluña podrá contar con tu apoyo y con el de la institución que representas», advierte Montilla a los destinatarios de la misiva con un lenguaje que no deja lugar a dudas: estando conmigo, estás con Cataluña.


Puesto que aún el tribunal no ha fallado sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado contra el Estatuto, sólo cabe interpretar la carta como una amenaza preventiva contra los magistrados. Con esta iniciativa, Montilla se revela como un aprendiz aventajado de los partidos nacionalistas que intentan ahogar la pluralidad de la sociedad civil -con prohibiciones, con subvenciones o con ambas cosas- para convertirla en correa de transmisión de sus planteamientos políticos. Lo cual en el caso del actual presidente de la Generalitat no deja de sorprender, ya que -siendo natural de un pueblo de Córdoba- llegó al cargo como representante del sector menos nacionalista del PSC, en contraposición con su antecesor, Pasqual Maragall.

Sin embargo, durante los cuatro años que dura ya su mandato al frente de la Generalitat, Montilla -con la furia propia del converso que se avergüenza de sus orígenes- ha ido cayendo en la deriva de sus socios, ERC e ICV, haciendo frente común con los nacionalistas de CiU en la defensa de «los objetivos del Estatut que nos tiene que permitir avanzar nacionalmente», según expresó en la toma de posesión del Consell de Garanties Estatutariès, un pseudo tribunal constitucional emanado del texto recurrido.

Pero sería una ingenuidad no vincular directamente este llamamiento de Montilla a la sociedad civil catalana-ofreciéndose como líder de la «respuesta unitaria»- con las elecciones autonómicas que están previstas para otoño de este año. Las encuestas no son precisamente favorables ni al presidente -cuya valoración como líder no acaba de despegar- ni al tripartito, ya que la mayoría pronostica la victoria de CiU con una ventaja sobre el PSC que le permitiría gobernar con el apoyo parlamentario del PP. Esta caída en la intención de voto de los socialistas catalanes no es ajena, sino todo lo contrario, a la deriva nacionalista protagonizada por Montilla, puesto que es un axioma electoral que los votantes prefieren al original antes que a la copia. Por eso es más grave la responsabilidad histórica del presidente de la Generalitat, que ha desaprovechado una ocasión de oro para poner en marcha una alternativa al nacionalismo catalán.


El Mundo - Editorial

Justa condena a Vera; justo rapapolvo a Garzón

Este respaldo de Estrasburgo a la justa condena de Vera nos debe recordar que el afán de notoriedad que empujó a Garzón a la arena política es el mismo que le empujó a aceptar como juez una causa de la que debería haberse inhibido.

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo acaba de dictaminar que la condena al ex secretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, por el secuestro del ciudadano hispanofrancés Segundo Marey, retenido durante 10 días por los GAL en 1983, fue justa, al tiempo que admite, no obstante, que el magistrado Baltasar Garzón estaba contaminado por imparcialidad para instruir el caso en el que debió abstenerse.


Aunque ambas consideraciones pudieran parecer, a primera vista, contradictorias, no tienen por qué serlo y, de hecho, consideramos que no los son en absoluto. En primer lugar, fue notoria la enemistad y hostilidad que Garzón y Vera llegaron a profesarse desde que el magistrado decidió en 1993 dar rienda suelta a su ambición política y presentarse por Madrid como número dos de González en las elecciones generales de ese año. Bien fuera porque constatase la poca predisposición de la cúpula socialista a tomar medidas enérgicas contra la corrupción, bien fuera porque hubiera aspirado a ser ministro de Justicia, el caso es que Garzón decidió abandonar su carrera política poco después de que Belloch se hiciera con las riendas de la fusión de los Ministerios de Justicia e Interior. Es de esos tiempos en los que Garzón, como secretario de Estado para el Plan Nacional sobre Drogas, coincidió con Vera en el Ministerio del Interior de donde arrancan las malas relaciones alegadas por este último para argumentar la falta de imparcialidad del magistrado.

Ahora bien, por mucho que Garzón debería haberse abstenido cuando le llegó la causa contra su enemistado compañero de Gobierno, ello no borra el hecho, como bien han recordado ahora los magistrados de Estrasburgo, que el Tribunal Supremo no se limitó a reproducir la instrucción de Garzón sino que ordenó una segunda instrucción del sumario a cargo del juez Eduardo Móner en la que pudieron corregirse los posibles defectos de la anterior.

Por mucho que en el actual dictamen de Estrasburgo haya votos discrepantes que consideran que la falta de imparcialidad de Garzón contaminó toda la instrucción sin posibilidad de reparación, lo cierto es que no hay nada que demuestre la falta de imparcialidad y probidad de Móner, de quien hay tan pocos motivos de duda como las hay sobre las pruebas que evidenciaron que Vera era, ciertamente, culpable de un secuestro ilegal y de malversación de caudales públicos.

Con todo, este respaldo de Estrasburgo a la justa condena de Vera nos debe recordar que el afán de notoriedad que empujó a Garzón a la arena política es el mismo que le empujó a aceptar como juez una causa de la que debería haberse inhibido. Bueno es que lo recuerde también Garzón, ahora que sigue como instructor del caso del chivatazo policial a ETA, a pesar de la notoria amistad que le une con el representante del Gobierno socialista que señaló ese delito de colaboración con banda armada como prueba de buena voluntad del Ejecutivo de Zapatero ante la banda terrorista.


Libertad Digital - Editorial

Pascua Militar

DE acuerdo con una arraigada tradición, el acto solemne de la Pascua Militar supone el comienzo del año para la actividad oficial de las instituciones del Estado. En su discurso de ayer, Don Juan Carlos recordó la nueva realidad internacional, que exige hacer frente a «amenazas complejas e inciertas», lo que requiere, como es lógico, determinación política para dotar a las Fuerzas Armadas de los medios necesarios y lograr una mayor eficacia en la acción exterior. Son reflexiones muy acertadas a la vista del actual panorama internacional y enlazan, sin duda, con el reconocimiento de la sociedad española hacia el cumplimiento ejemplar por parte de los Ejércitos de las funciones que tienen a su cargo, de acuerdo con la Constitución y las leyes. En especial, los ciudadanos muestran su orgullo por la imagen de España que transmiten nuestras misiones militares en el exterior, modelo de profesionalidad y en ocasiones de heroísmo. El Gobierno es responsable del desarrollo de una política de defensa a la altura de las circunstancias. Sin embargo, las máximas instancias políticas del departamento mantienen por desgracia un discurso lastrado por criterios ideológicos.

Ayer mismo, Carme Chacón reconocía la dureza de la situación en Afganistán, pero la ministra -en línea con Rodríguez Zapatero- sigue sin admitir que allí se libra una verdadera guerra contra el terrorismo. Para que las cosas salgan bien, lo primero es llamarlas por su nombre y no utilizar eufemismos que a estas alturas no engañan a nadie.

En este sentido, los recortes presupuestarios en Defensa y la normativa sobre la carrera militar crean dudas fundadas sobre la gestión de una ministra cuya retórica no siempre se corresponde con la realidad implacable de los hechos. Carme Chacón anunció ante las más altas instituciones del Estado y de las Fuerzas Armadas que no habrá ley sobre los derechos y obligaciones de los militares hasta que no exista consenso parlamentario. Hay que tomar buena nota de una promesa formulada en ocasión tan solemne, porque estamos ante un asunto de Estado y en este terreno tan sensible no se puede legislar a base de maniobras y alianzas coyunturales, como acostumbra a realizar el Grupo Socialista en los últimos tiempos.


ABC - Editorial

miércoles, 6 de enero de 2010

Todo era mentira. Por Agustín Vega Cortés

La formación Unión Progreso y Democracia, que apareció como un soplo de aire fresco en un panorama político asfixiado por la corrupción, la puerilidad y el alejamiento de la vida de los ciudadanos, de unos partidos que viven su propia realidad, se ha mostrado, desafortunadamente para la sociedad española, como un simple espejismo o una quimera en el mejor de los casos, aunque seguramente, el pequeño circulo de personas, que encabezado por Rosa Diez, se han hecho dueños y señores del partido, siempre tuvo entre sus planes llevar a cabo la gran mentira, el ignominioso fraude que esas siglas representan al día de hoy.

Donde se hablaba de pluralidad, de tolerancia, de laicismo, de participación, de democracia interna, de listas abiertas para elegir a los responsables de partido, de limite de mandatos, de separación de cargos, etc, solo queda una estructura de mando completamente vertical, casi militar, acaudillada por una líder mesiánica egocéntrica, ambiciosa y despiadada, que ha dejado en el camino a la mayoría de los que con su trabajo, su dinero y sus ilusiones, hicieron de UPYD una realidad política.


Hoy, el partido de la regeneración democrática, no es más un pudridero de ideas y valores éticos, mandado por un reducido grupo de personas, (no más de 6 o 7 ), que agrupados y sostenidos por una fidelidad casi perruna a la líder, actúa como una guardia pretorina, con la única función de “limpiar” el partido de todas los militantes que resulten “molestos”, o que simplemente, puedan llegar a serlo. De esta forma, cada día se disuelven comités locales, comarcales o provinciales, se vetan a dirigentes, se les expulsa, o se impide, a la poca estructura territorial que queda, desarrollar cualquier tipo de actividad política o tomar ninguna iniciativa en el ámbito de sus competencias, que no sea previamente aprobada por ese aparato, casi policial, instalado de Madrid.

Parece mentira que eso pueda ocurrir, pero desde la dirección nacional que encabeza Rosa Diez, se está ejecutando una verdadera labor de sabotaje interno, con el objetivo de impedir que dentro del partido se pueda desarrollar una minima estructura territorial con capacidad de hacer política en sus respectivos ámbitos, y que de lugar a la aparición de nuevos liderazgos que hagan visible al partido y sus propuestas, sin tener que depender de la omnipresencia de la caudilla. Mientras tanto Rosa Diez, es la única autora de las propuestas concretas del partido, que no son otras que las que ella misma, y sin contar con nadie, se inventa cada día sin otro norte que ir a la contra de lo que propongan los demás partidos. Por eso UPyD no es un partido con una diputada, sino una diputada con un partido a su servicio, sin otro fin que el de garantizarle la continuidad en el cargo. Todo lo demás, no es más que puro atrezzo. Por eso no quiere militantes ni estructura; solo figurantes, pega carteles y palmeros.

El discurso ético y regeracionista que, avalado por algunos intelectuales como Fernando Savater, fue capaz de seducir a una gran cantidad de hombres y mujeres de una gran valía personal, y que nunca habían militado en ningún partido, o lo habían abandonado decepcionados por sus formas de proceder, hoy es un ejercicio de hipocresía y cinismo en manos de aquellos que han secuestrado ese discurso y la siglas, en busca de un pesebre para medrar al calor de la gran vaca sagrada.

La mayoría de los mejores militantes, los más honestos, los más capaces y los más coherentes,, ya no están ahí. Se han marchado o han sido obligados a marcharse. Aún quedan algunos que se resisten a aceptar que han sido engañados y que sus esfuerzos solo ha servido para el provecho personal de un grupo de oportunistas y arribistas sin escrúpulos, pero mientras más continúen alimentando la farsa, más los beneficiaran. Las ideas y los valores que alumbraron ese proyecto siguen siendo necesarios y validos, pero no puede ser representado por el partido de Rosa Diez, porque tanto ella como los que le acompañan, personifican el paradigma de todo lo contrario.

Agustín Vega Cortés Ex cordinador de UPYD de la Comarca de Tierra de Barros. Badajoz.


El Librepensador

Turismo: La Plaza Mayor de Chinchón (Madrid)



La Plaza Mayor de Chinchón es uno de los mejores ejemplos de plaza porticada castellana y su origen se remonta al siglo XV.

Mr. Bean y el XSS. Por Daniel Rodríguez Herrera

Ha sido una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla.

Al final, ¿han atacado o no la web de la presidencia española de la UE? ¿Ha sido hackeada? ¿Qué ha pasado exactamente? Resulta difícil de entender para un lego, incluso para alguien que sabe algo de ordenadores pero no de seguridad informática, saber qué ha sucedido en realidad. Porque por mucho que el Gobierno insista en hablar de un "fotomontaje" son demasiados los que han visto directamente en su navegador la foto de Mr. Bean sustituyendo a la del presidente del Gobierno. Y sin embargo, es cierto que la seguridad de los servidores que alojan la web no ha sido comprometida. Pero ¿cómo se traduce este galimatías?


Normalmente se entiende como un ataque el uso de alguna técnica que permite a los malos entrar en el ordenador de otro como si fuera el propio o inutilizarlo de alguna forma. No es eso lo que ha pasado. Lo que se ha producido es un ataque empleando una técnica llamada cross-site scripting o XSS, información que imagino les habrá dejado igual de fríos. Mediante esta técnica pueden lograrse muchas cosas, entre ellas alterar un sitio web sin entrar en él, que es lo que han hecho en este caso.

Muchas veces, por ejemplo, haciendo una búsqueda en Google (por ejemplo, "ld"), podrán ver cómo la dirección de la web es un galimatías un poco incomprensible ("http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=ld&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=ld&fp=cd373de720a5339") en el cual se le envía al buscador un montón de información, entre la que destaca el texto que queremos encontrar en la web. En muchas páginas puede suceder que si en lugar de enviar un texto, digamos, normal, se envía código escrito en algún lenguaje de programación se consigue que éste se ejecute, lo que nos puede permitir, entre otros resultados, alterar el contenido que ven los usuarios.

Cuando ustedes accedían a la web por la dirección habitual, www.eu2010.es, veían la web en su estado normal. Sin embargo, el hacker en cuestión hizo circular una dirección similar a esos prodigios de arte abstracto que son a veces las direcciones de las páginas de los buscadores que hacía que la web de la presidencia española de la UE mostrara la imagen de Mr. Bean. No era un fotomontaje, no, pero tampoco fue un ataque clásico, de los que permiten a los malos hacerse con el control de la página. La web, vamos, no fue "hackeada", tal y como se suele emplear ese término.

Pero el problema es que da lo mismo si a esto se le llama técnicamente un ataque o no, porque el resultado que han visto los internautas ha sido equivalente a si lo hubieran hecho. Se trata de una imagen de notable incapacidad tecnológica la que ha dado este Gobierno del nuevo modelo de desarrollo productivo, basado en el I+D y no en el ladrillo, y todas esas monsergas propias de quien no sabe de qué habla. No es que no se lo merezca, claro.


Libertad Digital - Opinión

Sin soluciones contra el paro

POR más que el Gobierno quiera presentar favorablemente los datos del desempleo en diciembre de 2009 mediante su comparación con los del mismo mes de 2008, la realidad del paro en España es dramática y certifica el fracaso del Ejecutivo en la política de creación de puestos de trabajo. La medida de ese fracaso la da el conformismo del Gobierno al complacerse con empeorar menos que hace un año. Ahí se acaba la ambición del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Lo que calla el Gobierno es que los 54.657 nuevos parados son el segundo peor dato de un mes de diciembre y que la tendencia desde agosto hasta finales de 2009 es de caída constante del empleo después de tres meses -mayo, junio y julio- de subida, gracias al apogeo del plan de financiación de obras locales. La cifra oficial de parados inscritos en el INEM es de 4.373.788 personas, según el informe mensual del Ministerio de Trabajo. Cualquier otra lectura de las estadísticas es pura manipulación, como la que oculta a casi millón y medio de desempleados inmersos en cursos de formación. A estos datos se une la caída de cotizantes a la Seguridad Social, que terminó diciembre de 2009 con una afiliación media de 17.803.839, pero con sólo 17.640.018 el día 30 de ese mes. En resumen, en 2009 se fueron al paro 794.640 personas -con 3.923.603 personas concluyó el año, según el Gobierno- y la Seguridad Social perdió 727.473 cotizantes. La traducción en gasto público es estremecedora.

Con estos datos, resulta injustificable que el Gobierno haya comenzado 2010 sin medidas concretas de lucha contra el paro, de recorte generalizado del gasto público no productivo y de rebaja de impuestos para relanzar el consumo. La ausencia de estas decisiones estratégicas hace que 2010, apenas comenzado, pueda darse por perdido en buena medida para la recuperación económica. El Gobierno se contenta con una política de resignación, que es la que reflejan los presupuestos generales del Estado. Mientras Alemania recorta el paro por noveno mes consecutivo y baja impuestos, y la prensa internacional recibe la presidencia española de Europa con diagnósticos demoledores sobre España, el Gobierno permanece apalancado en el inmovilismo, temeroso de los sindicatos, seco de ideas y sin fuerza para emprender las reformas que necesitan el mercado de trabajo, el sistema tributario y las administraciones. Ahora ya no es momento de empezar a pensar en soluciones, sino de aplicar las que ya se hubieran decidido. Pero no hay ninguna audaz ni positiva. Sólo una subida de impuestos. 2010 puede estar perdido.

ABC - Editorial

Triste récord de parados con foto en La Moncloa

Resulta sarcástico que Zapatero, el rey del paro en Europa, con 3.923.603 desempleados (y otros 500.000 que no cuenta como tales) se haga la foto con otro campeón, Felipe González, que atesoró también cifras de récord.

ESPAÑA CERRÓ 2009 al borde mismo de los cuatro millones de parados. Concretamente, 3.923.603 desempleados registraron los servicios públicos de empleo el pasado mes de diciembre, lo cual sitúa el aumento del paro a lo largo del año en 794.640 personas, un 25,4% más que en 2008. Aunque el dato oficial del Gobierno ya resulta terrible, la realidad es aún peor, ya que en esas cifras de paro registrado no se incluyen como desempleados los temporeros del campo ni las personas en periodo de formación, que ascienden a 251.830. Y hay que recordar que la última EPA conocida, correspondiente al tercer trimestre de 2009, contabilizaba los 4.123.000 desempleados. No es, por tanto, una exageración decir que ya en este momento podemos estar cerca de los 4.500.000 de parados. Por ello resulta no sólo inútil sino contraproducente para la propia credibilidad del Gobierno hacer cualquier lectura complaciente o restar dramatismo a la situación, que es precisamente lo que hicieron ayer los responsables del Ministerio de Trabajo, al señalar que en 2009 «el desempleo aumentó mucho menos» por lo que «continúa frenándose la destrucción de empleo». Es verdad que en 2008 hubo casi un millón más de parados y que en 2009 fueron 794.640. No parece que la desaceleración sea tan significativa como sostiene el Gobierno. Y aunque habrá que confiar en que se frene la destrucción de empleo con la misma rapidez con la que se han perdido puestos de trabajo, no existe consuelo posible cuando estamos a la cabeza del paro en la UE. Alemania, por ejemplo, creó empleo neto en el mes de diciembre.

En este contexto, la reunión que mantuvo el presidente Zapatero con Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes para intercambiar ideas sobre la Presidencia española de la UE sólo puede ser analizada desde la ironía, puesto que tampoco de la cumbre salió ningún resultado concreto para el gran problema español. No deja de ser sarcástico que Zapatero -actual campeón de Europa del paro- se reúna para tratar la crisis con González, que ostentó idéntico título como presidente del Gobierno en 1994, cuando la tasa de desempleo se situó en España en un 24,55%, cifra récord en términos relativos, ya que el número de parados era menor debido a que también había menos población activa.

Al margen de las fotos más o menos oportunas, lo verdaderamente importante es que las dramáticas cifras del paro en España no parecen ser suficientes para que el Gobierno reaccione y el presidente deje de guiarse por los cantos de sirena sindicales en su política económica.

Las medidas que se han tomado hasta la fecha no han cambiado la tendencia. El Plan E creó puestos de trabajo temporal y en sectores poco cualificados. Tal vez la situación sería distinta si esos miles de millones que se utilizaron para crear un empleo tan efímero se hubieran destinado a ayudas a las empresas para la contratación de trabajadores.

Lo que resulta increíble es que habiéndose destruido nada menos que casi dos millones de empleos en España desde que comenzó la crisis en julio de 2007, el presidente del Gobierno siga negándose a impulsar una reforma del mercado laboral que por una parte facilite la creación de puestos de trabajo fijos y acabe con la exagerada temporalidad que perjudica a los trabajadores, y por otra, favorezca la contratación flexibilizando las condiciones de los despidos.


REl Mundo - Opinión

La cumbre de los "sabios del paro"

Ver a reputados expertos en la generación de paro como Solbes, Delors, Gonzalez, Salgado o Zapatero reunidos para tomar medidas ante la crisis en la UE resulta tan poco serio como ver a Mr. Bean en la web española de la presidencia europea.

Con casi 55.000 desempleados más en diciembre, el volumen total de parados alcanzado en 2009 roza los cuatro millones, cifra oficial esta que, a pesar de ser la más alta de toda la serie histórica comparable, oculta 400.000 parados más –los llamados Demandantes de Empleo no Ocupados y los Demandantes de Empleo Especiales con disponibilidad habitual– que, como es habitual, el Ministerio de Corbacho arteramente contabiliza aparte.


Poco quedaría por decir a estas alturas de la desastrosa política económica de este Gobierno si no fuera porque este último y escalofriante dato sobre el desempleo ha venido a coincidir con una "cumbre de sabios" que, con ocasión de la presidencia de turno española de la UE, Zapatero ha celebrado en La Moncloa con el objetivo de estudiar medidas contra la crisis en Europa. Si ya resulta un sarcasmo que Zapatero impulse una cumbre para atajar la crisis en Europa, cuando España, lamentablemente, lidera la destrucción de empleo en la Unión, más bochornoso es que los "sabios" invitados hayan sido, junto a la actual ministra de Economía española, Elena Salgado, el ex presidente del Gobierno Felipe González, el ex ministro de Economía, Pedro Solbes y el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors.

Si los políticos socialistas europeos no se caracterizan precisamente por su impulso a la economía y la creación de empleo, Zapatero ha ido a escoger a sus "sabios" entre los peores de todos ellos. Tal es el caso de Delors, quien, a pesar de la aureola de su presidencia de la Comisión Europea –bastante mediocre, dicho sea de paso– fue, bajo la presidencia de Mitterrand, uno de los peores ministros de Economía que haya tenido Francia. En cuanto a González y Solbes, ¿pretende Zapatero acaso conmemorar con ellos que el paro es ahora tan preocupante –si no más– que en tiempos de los primeros gobiernos socialistas?

Con la desaparición de casi 800.000 puestos de trabajo en 2009, este año se ha cerrado con poco más de 17,8 millones de afiliados, prácticamente los mismos que habían en 2004, con el agravante –claro está– de la diferencia de población activa, que hace que a finales de 2004 la tasa de paro fuera del 10,56 por ciento mientras que ahora sobrepasa el 18 por ciento. Si esto hace de los gobiernos de Zapatero –en los que Solbes ha participado hasta el pasado abril– algo peor que un "lustro perdido", recordemos que bajo los mandatos de González hubo momentos en los que la tasa de paro sobrepasó el 20 por ciento.

Aunque Solbes no haya sido el peor ministro de Economía que hayamos padecido, tengamos presente que su supuesta "sensatez" es sólo relativa comparada con el resto de los integrantes del Gobierno de Zapatero. Solbes, dentro del Ejecutivo de Zapatero, se limitó a vivir de la herencia de las reformas aprobadas por los gobiernos del PP y de la burbuja que irresponsablemente había generado la expansión crediticia alentada por las autoridades monetarias y su política de "dinero barato". Cuando todo eso llegó a su fin, Solbes protagonizó conocidas discrepancias con Zapatero sobre el rumbo a seguir, pero a la hora de la verdad se limitó a seguir las directrices de su jefe, hasta que hace meses decidió marcharse.

En cualquier caso ni él, ni mucho menos Delors, Gonzalez, Salgado o Zapatero son expertos o sabios de nada, salvo en la creación de paro. Verlos ahora reunidos para discutir las medidas que se han de tomar a favor del crecimiento económico y del empleo en Europa resulta tan poco serio como ver a Mr. Bean en la web española de la presidencia europea.


Libertad Digital - Opinión

Vuelta a las andadas. Por José María Carrascal

ACABA de tomar posesión y ya empieza a hacer de las suyas. ¿A qué viene ese convocar en la Moncloa a «tres viejos sabios», Delors, González, Solbes, para consultarles sobre las directrices a tomar durante la presidencia española de la Comunidad Europea? Con cámaras, naturalmente. O no se siente preparado para la tarea o estamos ante otro de esos espectáculos de luz y sonido, que tanto gustan a nuestro presidente. Si no se siente preparado, esa consulta tendría que haberla hecho antes de tomar posesión y en el más riguroso sigilo, por aquello del pundonor. Y si se siente preparado y todo es un buñuelo de viento, empieza a hacer en Bruselas lo que viene haciendo en Madrid: hacer que hace. Este hombre no tiene remedio.

Tomemos a Solbes. Le tuvo durante años como principal asesor económico y se sirvió de él mientras decía sí a sus disparates, como negar la crisis -¿recuerdan el debate con Pizarro?-, pero cuando, visto como se estaba poniendo el panorama, el ministro empezó a torcer el gesto ante la tozudez del presidente, éste le dejó marchar y se buscó una vicepresidenta más acomodaticia a su forma de ver el mundo, la política y la economía. Y ahora le llama como asesor áulico. ¿Le va a hacer tanto caso como entonces?

Y de Felipe González, ¿qué podemos decir?¿Cuántas veces le ha consultado sobre cuestiones trascendentales, como la negociación con ETA? Que sepamos, ninguna. Pero ahora, sí, ahora que las cosas se han puesto realmente mal, le llama y le oye. Pero ¿le escucha? Que sepamos, no escucha a nadie. En cuanto a Delors, ¿qué puede decirle de la Comisión Europea, cuando la que él presidió nada tiene que ver con la actual, como nada tienen que ver sus problemas? Nada de extraño que de esta primera reunión lo único que haya salido es que los problemas de Europa se resuelven «con más Europa». Más que un parto de sabios, parece un parto de los montes.

Comprendo los llamamientos que se hacen para unir fuerzas en torno a la presidencia española de la UE. Pero el primero que está haciendo de ella un uso partidista es el presidente -vean la costosísima carnavalada montada al respecto-, y eso no puede consentirse, aunque sólo sea por sentido del ridículo. La prueba del algodón de que ese comité asesor no es un mero despliegue publicitario será si se nos informa de lo que los «tres sabios» recomiendan a Zapatero, y ver si éste lo sigue. En otro caso, no tendrán mucha más importancia que los tres Reyes Magos que se presentaron ayer en la Moncloa, llevando al inquilino un enorme pedazo de pan, tan falso como ellos. Cuando lo que tendrían que haberle llevado era carbón, como ocurría antes a los niños que no se habían portado bien durante el año. Pero a ver quién es el guapo que regala carbón en la España aterida de frío y llena de parados de nuestros días.


ABC - Opinión

martes, 5 de enero de 2010

Feijóo, un viaje de vuelta. Por Cristina Losada

La montaña parió un ratón. Un ratón complejo y, sobre todo, acomplejado. Aunque su pequeñez no lo ha salvado ni salvará del estallido histérico de la inquisición lingüística.

Núñez Feijóo asumió en su día una gran responsabilidad. Tanto en campaña como tras alzarse con el Gobierno autónomico, prometió libertad de elección entre las dos lenguas oficiales en la enseñanza. Con límites, eso sí. La posibilidad de escoger idioma, siquiera en parte, no se había dado nunca en las regiones bilingües. El modelo vasco fue pervertido por el nacionalismo hasta que nada quedó. Fue la suya, por ello, una apuesta fuerte, de esas que marcan, como suele decirse, un antes y un después. De ahí que si hubiera que examinarla a la luz del opúsculo satírico El arte de la mentira política, del Dr. Arbuthnot, amigo de Jonathan Swift, tendría su lugar entre las que "anuncian prodigios". Pues prodigio sería, al fin y al cabo, que tal libertad se instaurara en España.


A la vista de sus Bases para a elaboración do decreto do plurilingüismo no ensino no universitario de Galicia, hay que decir que es un título largo para un cumplimiento tan corto de los compromisos que adquirió. En el punto 13 de su "contrato con los ciudadanos" se puede leer: "Debe garantizarse la libertad para escoger lengua en todos los ámbitos". La hemeroteca guarda los detalles de cómo pensaba aplicar ese desiderátum. Baste recordar que ofreció la elección de idioma en las asignaturas troncales. La noche antes de tomar las uvas, presentó un borrador que reduce la capacidad de elegir a una o dos materias. Sólo ha mantenido su palabra en un punto: los alumnos podrán usar la lengua oficial de su preferencia en clase y en los exámenes. La montaña parió un ratón. Un ratón complejo y, sobre todo, acomplejado. Aunque su pequeñez no lo ha salvado ni salvará del estallido histérico de la inquisición lingüística.

No era difícil de cumplir. Así lo demostró Galicia Bilingüe con una propuesta equilibrada que combinaba la elección con horas lectivas en la otra lengua. Pero Feijóo ha decidido volver por dónde el PP gallego solía. Hizo ver que rectificaría el rumbo adoptado en la época de Fraga, al que, por cierto, nada opuso la Génova de Aznar, para regresar después a los viejos malos hábitos con una corrección mínima. Más le habría valido ahorrarse ese viaje de retorno y, con él, la indignada decepción de quienes confiaron en sus promesas. La invención de prodigios está al alcance de cualquier Zapatero.


Libertad Digital - Opinión

Empezar con mal pie

LA presidencia española de la Unión Europea empieza con mal pie. El entusiasmo procubano de Miguel Ángel Moratinos suscita lógicos recelos en algunos países, haciendo imposible la unanimidad comunitaria para suprimir la «posición común» ante el régimen de los Castro. Incluso desde la Moncloa han tenido que frenar el ímpetu de Exteriores, porque Rodríguez Zapatero no parece dispuesto a que las maniobras del ministro dificulten las relaciones con Alemania o los apoyos necesarios en otros asuntos. Cuba es una dictadura implacable sustentada por una ideología totalitaria y es absurdo mantener hacia ese régimen una actitud débil y comprensiva, que sólo sirve para reforzar la represión contra los disidentes y para alejar la inevitable transición hacia la democracia en la isla. Muestra de ello es también la nueva bofetada que el régimen castrista ha propinado al Gobierno y al PSOE al impedir la entrada en Cuba del eurodiputado socialista Luis Yáñez. De poco o nada sirve mantener una actitud condescendiente, y hasta humillada, con un régimen como el cubano. Pero el Ejecutivo continúa sin aprender la lección y, lo que es peor, quedando en evidencia ante toda la UE.

A mayor abundamiento, se anuncia para hoy una reunión de «sabios» -más bien veteranos, como Felipe González, Jaques Delors e incluso Pedro Solbes- con el presidente de turno de la Unión. El pretexto es la puesta en marcha de un grupo que aporte ideas para el presente y el futuro, lo cual -si fuera necesario- tendría que haberse planteado hace tiempo para que pudieran servir de algo a la presidencia española. Por tanto, una vez más la única pretensión es reforzar la deteriorada imagen del líder del PSOE, que pretende contrarrestar las malas encuestas a base de fotos y maquillaje. Y para completar un mal día en el terreno de la imagen europeísta que se intenta cultivar desde la Moncloa -por ahora con enorme torpeza, por cierto-, ayer se produjo también un boicot a la página web oficial cuando unos «piratas» informáticos crearon una página similar con la imagen de un famoso actor cómico en sustitución de Zapatero, alentando así en internet mofas contra el presidente del Gobierno. Si el Ejecutivo quiere que esta presidencia sea realmente útil para España y para los 27, tiene que trabajar a fondo, con objetivos concretos y acciones eficaces. De lo contrario, nadie se tomará en serio las sonrisas y los abrazos que el presidente está dispuesto a prodigar, vengan o no vengan a cuento.

ABC - Editorial

Zapatero, principal obstáculo para la recuperación

Zapatero y sus hordas de pródigos ministros, por haberse gastado 230.000 euros por minuto durante el ejercicio pasado, no sólo han lastrado la riqueza de las generaciones futuras, sino que han apuntalado la crisis y retrasado la recuperación.

Suele decirse que las crisis son épocas de oportunidades para aquellos ciudadanos y sociedades que se adapten a los nuevos tiempos. En realidad, la expresión no es del todo exacta. La crisis son períodos en los que las economías deben ajustar sus excesos pasados derivados de la inflación crediticia que impulsaron los bancos centrales. No representan oportunidades, sino una imprescindible catarsis que hay que realizar para volver a crecer de manera sostenible.


El ajuste que necesita una economía que ha entrado en crisis abarca múltiples facetas, pero pueden resumirse en dos: reequilibrio de los precios relativos de los factores de producción y reequilibrio de las diferencias entre ahorro e inversión. Al fin y al cabo, el sistema bancario provocó durante la época del boom que el crédito barato empujara la inversión muy por encima del volumen de ahorros reales y que algunos precios (por ejemplo los de la vivienda) se incrementaran desproporcionadamente y falsearan la rentabilidad de sectores enteros (como el de la construcción). Mientras esos dos ajustes no se lleven a cabo, la economía se encontrará prostrada y paralizada esperando que llegue la requerida liquidación.

Los agentes privados –las familias, las empresas y los bancos– tienen poderosos incentivos para realizar todos estos cambios, esto es, para incrementar sus ahorros hasta niveles compatibles con la inversión y para reducir los precios inflados hasta cifras compatibles con la realidad.

El problema es que los Estados intervencionistas tienen incentivos precisamente para lo contrario: sólo es necesario ver cómo Zapatero está retrasando la reforma laboral para no reducir los costes laborales ("derechos sociales", lo llama) y cómo ayuda a bancos, a los promotores y a las constructoras para contener la caída de los precios de la vivienda.

Claro que para lograr sostener todo este entramado de precios artificialmente altos, las Administraciones Públicas tienen que incurrir en un gasto y en un endeudamiento de tal calibre que en la práctica hacen imposible también corregir el otro desajuste: el fuerte desequilibrio entre el ahorro y la inversión.

Basta con observar las preocupantes cifras que conocimos ayer sobre la contabilidad de nuestras familias, empresas, entidades de crédito y administraciones públicas para darnos cuenta del precipicio por el que el Gobierno está arrojando a la sociedad española. Mientras el sector privado ha realizado un fortísimo ajuste en los últimos años que prácticamente viene a eliminar toda la enorme diferencia que existía entre nuestro ahorro y nuestra inversión interna, un manirroto sector público ha venido a emponzoñar la situación.

Las familias incrementaron su ahorro neto hasta los casi 9.500 millones de euros en el tercer trimestre de 2009 frente al desahorro de 4.550 en 2008 o de 15.600 de 2007. Por su parte, las empresas redujeron sus necesidades de financiación desde los 21.800 millones de euros en 2008 a apenas 5.200. Y, finalmente, las entidades financieras como los bancos o las cajas mantuvieron un aceptable ahorro neto de casi 4.500 millones de euros. Sólo las Administraciones Públicas optaron por no apretarse el cinturón y comenzar a despilfarrar el escaso ahorro que tras varios años los españoles han comenzado a acumular.

Así, entre julio y septiembre la deuda del sector público aumentó en casi 18.000 millones de euros frente al déficit de 3.000 millones que exhibieron en el mismo período de 2008 o al superávit de 20.000 millones de 2007.

En otras palabras, es esencialmente por culpa del Gobierno por lo que el conjunto de la sociedad española ha incrementad su endeudamiento en más de 9.000 millones durante el tercer trimestre de 2009 en lugar de haberlo reducido en 9.000, tal y como habría sucedido si el Ejecutivo se hubiese mantenido en el muy sano equilibrio presupuestario.

El resultado, pues, es que Zapatero y sus hordas de pródigos ministros, por haberse gastado 230.000 euros por minuto durante el ejercicio pasado, no sólo han lastrado la riqueza de las generaciones futuras, sino que han apuntalado la crisis y retrasado la recuperación. Sin los pertinentes ajustes, España nunca saldrá de la crisis y hoy el principal obstáculo para que esos ajustes se produzcan es sin lugar a dudas Rodríguez Zapatero.


Libertad Digital - Editorial

¡Qué década!. Por José María Carrascal

PARECE que fue ayer cuando brindábamos por la llegada del nuevo siglo, y ya hemos dejado atrás su primera década. Una década de infarto, con sorpresa tras sorpresa, la mayoría desagradables. Como en esos cuentos de Chejov en los que todo sale al revés de lo previsto por los personajes, llegamos a 2010 con un mundo totalmente distinto al que nos habíamos imaginado. Un mundo más pobre, más dividido, más peligroso. Nada de extraño que la idea latente en los balances obligatorios de estos días venga a decir: «Contra la Unión Soviética vivíamos mejor».

Terminó el siglo XX en el clima de euforia creado por la victoria del Oeste en la Guerra Fría. Llegó incluso a proclamarse «el fin de la historia», eslogan tan atractivo como falso, con el que un norteamericano de origen japonés proclamaba a todos los vientos que los dos grandes problemas de la humanidad -el político y el económico- se habían resuelto para siempre con la aceptación universal de la democracia y del mercado. La una nos garantizaba la paz eterna. El otro, el crecimiento ininterrumpido. Con lo que se acababan las guerras y la miseria. La historia iba a hacerse tan aburrida que ni siquiera merecería la pena reseñarse.

Pronto nos despertaron de ese sueño, ¡y de qué forma! El atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, nos advirtió que habíamos hecho las cuentas de la lechera a escala universal. Podíamos haber derrotado al comunismo y ganado el pulso al gigante soviético. Pero surgía un enemigo mucho más amplio, granítico y peligroso, pues usaba nuestros aviones como misiles, haciendo inútiles nuestros sistemas defensivos. El fundamentalismo islámico nos había declarado la guerra e inflingido la primera derrota en casa.

Posiblemente el primer error fue considerar el fundamentalismo islámico como un enemigo a batir militarmente. Confundir a Saddam Hussein con Osama Bin Laden, cuando eran muy distintos. Bin Laden personifica el islamismo antioccidental. Sadam era un dictador brutal, interesado sólo en el poder, que metía en la cárcel a quien se lo disputase, clérigos incluidos. Podía derrotársele, y de hecho se hizo. Pero al precio de convertir Irak en una olla de extremistas y en un rompecabezas aún no resuelto, por lo que conviene dejar que se la rompan entre sí, antes de que nos rompan la nuestra.

Lo de Afganistán fue aún peor. Es verdad que Bin Laden lo tomó como refugio. Pero no es menos cierto que aquel país ha resistido todo tipo de invasiones. Puede ocupársele, pueden ensayarse todas las estrategias políticas y militares, pueden gastarse allí miles de millones de dólares, pero lo único cierto tras ocho años de combatir aquella guerra, es que el Oeste no la está ganando, sino más bien perdiendo.

Todo, como les decía, por confundir el fundamentalismo islámico con el comunismo y por querer aplicar al nuevo desafío la estrategia de la Guerra Fría. El comunismo, a fin de cuentas, es una invención occidental, una utopía de la filosofía idealista alemana, un producto del capitalismo inglés, al que quiere librar de sus lacras. Sus fundadores, Marx y Engels, no hicieron más que recoger la tradición platónico-judeo-cristiana, empeñada en hacer a todos los hombres iguales y establecer la República perfecta. Quiero decir que, por conocernos y coincidir en ciertas normas, la batalla era menos cruenta, y la victoria, más fácil.

El fundamentalismo islámico es completamente distinto. De entrada, como ala radical de una religión, rechaza cualquier pacto. Pero es que incluso con el islamismo en general, es muy difícil pactar. Se trata de otra civilización, no ya distinta, sino opuesta a la nuestra. Sólo a un hombre con tan poca cultura como nuestro presidente podía ocurrírsele lo de la «Alianza de Civilizaciones». Las civilizaciones son formas de vida y escalas de valores, que cuando entran en contacto chocan como galaxias, imponiéndose la más fuerte a la más débil. Ha ocurrido y ocurrirá siempre. Pueden convivir, pero siempre con una superior a la otra. Aliarse, en cambio, nunca, al ser enemigas naturales.

Hoy, el islamismo se siente amenazado donde nunca se había sentido desde las Cruzadas: en su propio terreno. El intento de Bush de «llevar la democracia a Irak» y, luego, a Afganistán, era un jaque mate al islamismo, al atentar nuestra democracia contra una serie de principios suyos, tanto en el terreno estatal, como en el familiar, como en el individual. De pasarse ambos países al «bando occidental», el islamismo empezaría a resquebrajarse. Únanse los millones de musulmanes que viven hoy en Europa y Estados Unidos, expuestos a las tentaciones que ofrece el estilo de vida occidental, y se tendrá la furiosa respuesta de sus fundamentalistas. Una respuesta en la que usan el arma de los débiles en toda confrontación con los más fuertes: el terrorismo. Contra el que Occidente no ha encontrado aún la forma eficaz de defenderse.

Por si ello fuera poco, el segundo de los pilares en que se basaban nuestras optimistas previsiones también se ha desplomado. El mercado, en vez de ser la fórmula para el enriquecimiento ininterrumpido de naciones e individuos, se convirtió en promotor de su ruina, al dejársele sin freno ni control. La crisis económica, el crash de 2008, fue producto de un mercado desbocado, que convirtió la bolsa en un casino, las entidades financieras, en vendedoras de décimos falsos de lotería, las agencias de calificación, en cómplices del engaño y los gobiernos, en espectadores de una estafa a escala global. Movido todo por la codicia humana, que no tiene límites y ciega mentes. Todo el mundo quería hacerse rico en poco tiempo, y aunque algunos lo consiguieron, la inmensa mayoría perdió proporcionalmente a su avidez. Ha sido una tremenda lección para todos, gobiernos, instituciones financieras, ciudadanos en general, que nos ha recordado algo tan viejo como que en este mundo no se atan los perros con longanizas.

¿Hemos aprendido la lección? Aunque parezca mentira, no del todo. La primera consecuencia de lo ocurrido debería de ser que el mercado necesita controles más estrictos de los que tenía. Pero incluso después del batacazo hay quien se resiste a ellos. Siendo como son imprescindibles para su buen funcionamiento.

Pues la alternativa, pasar a una economía dirigida por el Estado, es aún peor, vista la casi total ineficacia de tales experimentos. Las últimas elecciones europeas muestran que los pueblos siguen confiando más en la derecha que en la izquierda para salir de la crisis, pese a ser aquélla la culpable de la misma. Y es que si la democracia es la menos mala de los sistemas políticos, el mercado es el menos malo de los sistemas económicos. Ahora bien, que nadie se engañe: para salir del foso en que hemos caído, para absorber las enormes pérdidas acumuladas, para recuperar los niveles en que vivíamos antes del tsumani financiero, van a necesitarse bastantes años, y aún así, nada volverá a ser lo que era. Los países que hayan hecho sus deberes subirán, y los que no los han hecho retrocederán. Mucho me temo que el nuestro esté entre los segundos. Pero éste es un análisis global de la situación y de analizar sus distintas partes, perderíamos la perspectiva. Tiempo tendremos de hablar de España.

La primera y casi única conclusión que sacamos de él es que el siglo que empieza está resultando muy distinto al que habíamos imaginado. No sólo hay nuevos actores en escena. También los problemas son distintos, lo que nos obliga a buscar nuevas soluciones. Si las hay. Así que mi único deseo es que el siglo XXI no haga bueno al XX.

Para lo que tampoco debería de necesitarse demasiado.


ABC - Opinión