HAY un negro en la Casa Blanca y un López en Ajuriaenea: la democracia a veces se mueve despacio, pero no se para nunca. En el País Vasco la Transición ha tardado treinta años en cerrarse, y todavía no existe completa libertad, ni la habrá hasta que los no nacionalistas puedan salir sin escolta a bajar la basura o comprar el periódico. Pero ayer se ha acabado la discriminación efectiva que había convertido el poder político en una reserva de exclusión donde la mitad de los ciudadanos tenían prohibida la entrada. La falta de normalidad queda testimoniada aún por dos detalles nada insignificantes: la dificultad del nuevo presidente para encontrar a ciudadanos relevantes dispuestos a afrontar el riesgo de entrar en su Gobierno y la fatal, forzosa ausencia de tanta gente asesinada por haber simplemente soñado con un momento como éste. Incluso es perceptible una cierta autolimitación moral de los propios protagonistas del vuelco histórico, una cautela que acota su legítimo orgullo de hacerse cargo de la victoria que han merecido, una voluntad como de pasar inadvertidos para no levantar sospechas. Ésa es aún la herencia de la coacción y del chantaje: una atmósfera de intimidación que intenta levantar un sentimiento de culpa, un remordimiento usurpador sobre lo que no es más que un simple, natural relevo democrático. Es sólo el principio: ahora vendrá una pesada estrategia de presión soterrada, una venenosa zapa obstructiva, una corrosiva y persistente resistencia destinada a forzar un pacto que mantenga el statu quo de la hegemonía social del nacionalismo.
López es un vasco libre, un español libre: sin culpa primigenia ni vicio de origen
Ése es el verdadero desafío de Patxi López, el hijo del sindicalista de la Naval que organizaba huelgas cuando muchos nacionalistas trataban de acomodarse a la dictadura. Gobernar sin pedir perdón, sin acomplejarse por no pertenecer a una casta que se autoconsidera investida de la esencia de la tribu. Ser el presidente de todos los vascos sin sentirse en deuda con ninguno. Evitar la tentación de competir en nacionalismo con los nacionalistas para borrar un pecado original inexistente. López es un vasco libre, un español libre: sin culpa primigenia ni vicio de origen. Y su triunfo es el de quienes se han negado a aceptar la dominancia de un ficticio privilegio de la identidad o de la sangre.
Por eso el de ayer fue un día de esperanza. Tiene la política vasca unas características tan excepcionales que ha hecho posible el pacto que tantos españoles añoran por encima de ideologías y banderismos. Una alianza que obliga a no fallar a los principios que la han hecho posible: los de la unión fundacional para ensanchar una libertad restringida. Ahora es al nuevo lendakari al que le toca olvidar aquel triste presagio de la madre de Joseba Pagazaurtundúa: ojalá no haga nunca nada que vuelva a helar la sangre derramada.
Tantos meses de trabajo para que, sólo unas horas después de su estreno, unos hackers agüen la fiesta a los populares. El PP celebró el pasado lunes por todo lo alto la puesta de largo de su nueva página web (que mantiene la dirección antigua, www.pp.es) y de su red social (www.popular.es). Los populares estaban orgullosos de haber abierto esta última a cualquier persona que deseara formar parte de su familia virtual. Bastaba con introducir una dirección de correo electrónico. Y no como la que inauguró hace un par de semanas el PSOE (www.activistaspse.net), reservada exclusivamente a los militantes. De hecho, para registrarse en ella es necesario el DNI como forma de que los administradores comprueben que efectivamente el solicitante está afiliado al PSOE, según informa El Semanal Digital.
Cara le ha salido al PP su manga ancha, que ha pecado de ingenuo. Los piratas informáticos le han dado la primera en la frente. Este martes por la mañana, varios hackers asaltaron www.popular.es e hicieron un buen estropicio: un error de seguridad permitió que cualquiera pudiera entrar en el perfil de otro y modificar los datos de la víctima sin ningún pudor.
Los intrusos se cebaron con los de Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja e incluso pusieron al descubierto la dirección de correo con la que el candidato del PP a las elecciones europeas se había registrado. Los responsables de la red social del PP explicaron este martes a El País que los hechos se produjeron el lunes y que el contratiempo ya está solventado. Pero las fechas no coinciden, puesto que varios pantallazos de las fechorías que circulan por Internet muestran claramente que se efectuaron el martes.
La sangría de parados era a borbotones. Y de pronto, frenazo. El dato del paro de abril muestra una relentización en el número de parados, y el Gobierno lo ha aprovechado para hablar de "luz al final del túnel". Los 39.478 nuevos parados suponen una destrucción de empleo inferior a lo que ya estamos acostumbrados. ¿Pero es ésto un indicador de cambio de ritmo o es un espejismo? Aunque ZP y su Ejecutivo no quieran de nuevo ver la verdad, es simplemente una ilusión de realidad. Por desgracia, los casi 40.000 puestos de trabajo han sido generados con dinero público, proveniente del PlanE. No es algo para frotarse las manos, ya que se trata de una menor destrucción de empleo debida a que Zapatero ha comprado puestos de trabajo. Ha puesto dinero para que se recoloque la gente, pero el empleo real nace de la creación de riqueza, no del subsidio. "Esta situación no es sostenible en absoluto", sostiene el diario económico Negocio.
"Cuando se deje de aportar capital público, adiós puestos de trabajo".
Con dinero público no se van a arreglar los problemas, ya que con tasas de paro que apuntan al 20% sólo el sector privado puede revitalizar al país. Por desgracia, este no es el discurso oficial imperante.
Para el diario Expansión, "un fiable termómetro para pulsar la capacidad de generar empleo de una economía es la afiliación a la Seguridad Social, y ésta ha perdido 24.000 cotizantes en abril, lo cual no es muy esperanzador. ¿Cuántos Planes E serían necesarios para lograr una recuperación laboral real e intensa?"
"Estamos ante un parche, muy caro y de limitados beneficios, que testimonia la inconveniencia de volver a intentar adecentar las cifras del paro a golpe de gasto público, más aún cuando al presupuesto le han saltado todas las costuras, con un déficit público que tiende peligrosamente al 10%".
El intento de combatir la crisis con prejuicios y desde una óptica ideologizada es infructuoso y contraproducente. Al Gobierno le queda por explorar el camino de las reformas, pero es rehén de tantos compromisos y tiene pendientes tantas facturas que es improbable se atreva a transitarlo.
Concluye Expansión, pesimista: "Así, que España sea el último país de la UE en salir de la crisis, con cinco millones de parados, no será una “opinión” de la Comisión Europea, como relativiza Salgado, sino una dramática realidad".
CON el telón de fondo del previsible adiós político de Juan José Ibarretxe, el discurso de investidura del nuevo lendakari marcó ayer las directrices de su gobierno y, si se cumplen lealmente, darán lugar a una transformación radical del País Vasco. Los mensajes de López no eran nuevos en su contenido, porque son los que el PP vasco y el Partido Socialista de Euskadi -éste de forma discontinua e incompatible en más ocasiones de las disculpables- ya defendieron en 2001 y alimentaron el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de diciembre de 2000. En este sentido, el homenaje que ayer rindió José María Aznar a Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros no era en vano. La gran novedad de ese discurso es que no fue el de la resistencia al nacionalismo y a ETA, sino el programa de gobierno para los próximos cuatro años. No fue pronunciado por un nacionalista resignado fatalmente a permanecer en la oposición, sino por quien hoy es el primer lendakari no nacionalista, aupado al cargo, además, por un pacto político de alto nivel con el PP. Por tanto, no puede haber continuidad tras casi treinta años de hegemonía nacionalista, porque no es políticamente posible, ni éticamente admisible. El lendakari López pronunció el discurso que muchos vascos querían oír como advenimiento de una nueva etapa y por el que tantas víctimas perdieron su vida a manos de ETA. PP y PSE ofrecieron ayer al unísono una alternativa moral a una sociedad alienada por la imposición nacionalista y por el terror de la violencia. Ahora también los vascos tienen la responsabilidad de demostrar que la indiferencia ante ETA, la insolidaridad con las víctimas y el silencio cómplice son cosa del pasado. López hizo un discurso en sí mismo histórico, pero que debe ser plasmado en acciones políticas concretas. En todo caso, Patxi López demostró lealtad con los compromisos adquiridos con el PP, a quien agradeció el acuerdo de investidura, e inauguró su mandato con una declaración de principios inéditos en la Cámara vasca. Se habló de España sin resentimiento; no hubo mención alguna al «conflicto con el Estado»; de ETA sólo se dijo que es una banda de asesinos y que la paz no tendrá precio político; se proclamó la libertad y los derechos de los vascos como prioridad frente a la violencia y la exclusión identitaria; y defendió la Constitución y el Estatuto de Guernica como únicas fuentes de legitimación del autogobierno. También para el PSE el discurso de ayer canceló sus aventuras filosoberanistas fracasadas. Lo importante es que nunca antes un lendakari, desde 1981, había situado al País Vasco ante un futuro tan esperanzador y digno. La democracia española será desde hoy distinta si sus instituciones vascas realmente se ponen al servicio de la derrota de ETA, el honor de las víctimas y la convivencia entre vascos. La alianza entre PP y PSE ha de superar cualquier adversidad mientras estos objetivos -verdadera transición constitucional en el País Vasco- sean la prioridad del nuevo Gobierno.
Era lógico que el candidato del PNV, Juan José Ibarretxe, no entendiera nada de lo que dijo el lendakari López, porque el lenguaje y la ética nacionalistas llevan décadas adaptado a la ambigüedad moral y el aprovechamiento del terrorismo, a la deslealtad con el Estado. Pero ya importa poco lo que diga Ibarretxe en su adiós a la vida política, porque el lendakari se llama López y no es nacionalista.
La investidura escenifica que Ibarretxe carece de la mayoría para gobernar que sí tiene Patxi López
La sesión de investidura de un lehendakari socialista, tras tres décadas de Gobiernos presididos por candidatos del PNV, transcurrió ayer con plena normalidad democrática: de acuerdo con los procedimientos establecidos y con respeto a las reglas del sistema parlamentario. Una jornada que fue histórica en un sentido no banal del término, fue también excepcional por esa normalidad. Sólo es de lamentar que el lehendakari saliente, Ibarretxe, no estuviera a la altura de su significación institucional en el que, según reveló luego, sería su último discurso antes de su retirada. Su empeño en presentar su candidatura tuvo, sin embargo, la virtud de escenificar las razones por las que deberá desalojar Ajuria Enea: gobernará Patxi López porque el partido más votado, el PNV, fracasó en su intento de conformar una mayoría; mientras que el candidato socialista sí lo consiguió. Legitimado por esa mayoría, Patxi López hizo un discurso tranquilo basado en unas ideas sencillas y hasta obvias, pero que sonaron a agua fresca en comparación con la estancada del reiterativo discurso de Ibarretxe. Iniciativas que unan y no que dividan, mano tendida, especialmente al PNV, diálogo social, reconocimiento del otro sin asimilacionismos, pluralidad, gobernar para todos... Y tres prioridades: deslegitimar al terrorismo para acabar con ETA; crisis y empleo; igualdad de derechos de los ciudadanos.
El nuevo lehendakari expresó su reconocimiento a quienes le precedieron, incluyendo a Ramón Rubial, que presidió un Gobierno de concentración en la preautonomía, y a quien los nacionalistas omiten sistemáticamente; hizo también López una respetuosa mención a Ibarretxe, que sin embargo respondió acusando a los socialistas de "falta de consideración" hacia su persona, y que de nuevo olvidó referirse a la expresa amenaza de ETA al nuevo Gobierno.
Quien ha sido lehendakari desde 1999 presentó un relato en clave conspiratoria del proceso por el que ha dejado de serlo: los españolistas habrían utilizado la Ley de Partidos para intentar sacarle a él de Ajuria Enea: en 2005, dejando participar a EHAK para evitar que el tripartito más Aralar sumaran mayoría absoluta; y en 2009, evitando que participara, para que sí la alcanzaran PSE y PP. Con lo que, se haga una cosa o la contraria, siempre será por un interés político. Cuando lo que tuvo una motivación más claramente política fue mantener en la legalidad hasta 2003 a HB, pese a las evidencias de su dependencia de ETA, con la esperanza de que ello permitiera repetir un proceso de disolución como el de ETA (p-m) por influencia de Euskadiko Ezkerra.
Según Ibarretxe, la frase de Zapatero de que el acuerdo PSE-PP responde al "interés general de España" significa la "anulación de nuestra propia identidad nacional". Contraposición sumarísima que prescinde de la amplia mayoría, más del 60%, según cientos de encuestas, que considera compatible su identidad vasca y española. Tampoco fue afortunada la identificación que hizo de la mayoría que suman PSE y PP como "votos para destruir", con el argumento de que "no están de acuerdo en nada". ¿Acaso es menor la distancia entre el PP y el PNV, lo que no impidió al segundo ofrecer un pacto al primero para seguir gobernando?
La insistencia de Ibarretxe en contraponer a la mayoría parlamentaria una "mayoría sociológica abertzale" da por supuesta una homogeneidad inexistente. Pues es muy posible que muchos votantes del PNV se consideren más próximos del PSE (o del PP) que de Batasuna. Ahí reside una de las causas de la retirada anunciada ayer por Ibarretxe: condujo a su partido a tres victorias electorales pero también a un callejón sin salida: porque, en contra de lo que le dice Otegi, en Euskadi no hay una mayoría soberanista.
El pleno del Parlamento vasco celebrado ayer es trascendental por la histórica elección de Patxi López, que pone fin a 30 años de gobiernos nacionalistas, y la marcha de Ibarretxe.
EL PLENO del Parlamento vasco celebrado ayer fue trascendental y hasta emocionante por partida doble. A la histórica elección de Patxi López lehendakari con 39 votos del PSOE, PP y UPyD, poniendo fin así a 30 años de poder nacionalista, se unió el adiós de Ibarretxe, que deja la política después de más de 10 años liderando sucesivos desafíos al Estado desde Ajuria Enea. El lehendakari saliente se despidió con la misma teatralidad presuntamente solemne que ha utilizado para defender sus planes. Esperó al último segundo de su última intervención, lo cual significó el final efectivo del debate. Cabe subrayar, como primera consecuencia de la sesión, la satisfacción que nos produce esta doble carambola democrática: un socialista gobernará por primera vez el País Vasco, al tiempo que se va el dirigente que más ha contribuido a la división de la sociedad vasca y al fortalecimiento político y moral del entorno de la banda terrorista ETA. Y con él, se van también sus planes. Antes de que el anuncio de Ibarretxe rompiera la sesión, el debate había alcanzado una gran altura desde el punto de vista de la dialéctica parlamentaria, tanto por la intervención de Patxi López como por los discursos de Basagoiti y José Antonio Pastor, así como por la confrontación de ideas con las fuerzas nacionalistas que ahora van a pasar a la oposición. La excepción la puso Ibarretxe, que no quiso despedirse con un discurso generoso, sino con amargura y frustración, aunque sí hay que reconocerle que facilita las cosas a su partido. Su renuncia permite al PNV hacer la transición de forma más cómoda que si él se hubiera aferrado al sillón. El gran protagonista de la sesión, sin embargo, fue Patxi López, que en tono a la vez firme y conciliador hizo un buen discurso, en el que estableció como prioridad el combate diario contra ETA y la búsqueda de una paz «con generosidad, pero sin precio político», utilizando las palabras del asesinado Fernando Buesa. Especialmente intenso y brillante resultó el pasaje en el que se comprometió a la rehumanización de la sociedad vasca para que las víctimas sean reconocidas y los terroristas no consigan «petrificar los corazones» de los vascos que no se conmueven con los asesinatos.
Frente a la grandeza y la altura de miras tanto del candidato a lehendakari como del portavoz del PP, que ofreció a López la máxima lealtad con el Gobierno vasco, se situó la bajeza del portavoz nacionalista, Joseba Egibar, que sacó toda su artillería de barra de batzoki contra el pacto PSOE-PP, presentando a López como el político que quiere «dar la vuelta al ruedo de la Plaza de Las Ventas de Madrid llevando la cabeza del vasco que tanto aprecia España». Las duras descalificaciones de Egibar fueron respondidas con implacable contundencia por Patxi López: «Somos tan vascos como ustedes, pero buscamos el entendimiento y renunciamos a imponer nuestras posiciones». Tanto López como Basagoiti rechazaron las críticas del PNV sobre «el oportunismo» del pacto de gobierno -«la antorcha la lleva Mayor Oreja», dijo Egibar- y, como señalaron algunos de los intervinientes, el discurso del PNV demostró por sí mismo que el acuerdo PSOE-PP era imprescindible. Es indudable que el PNV tiene que hacer su reflexión interna sobre hasta dónde les ha llevado la deriva soberanista iniciada en Lizarra.
Más allá de la comprensible euforia con la que fue recibida la elección del lehendakari López por parte de socialistas y populares -Rajoy y Blanco asistieron a la sesión para subrayar su trascendencia-, al Gobierno vasco le espera la tarea de desmontar sin revanchismos 30 años de régimen nacionalista. Y no será fácil, sobre todo si los pactos de Vitoria no se contagian a Madrid.
«La salida del PNV es condición necesaria, pero no garantía suficiente de que se vayan acometer las profundas y numerosas reformas que son necesarias para desmantelar el régimen que durante treinta años ha implantado el nacionalismo en el País Vasco.»
A partir de su nombramiento como primer lehendakari no nacionalista de nuestra democracia, Patxi López se enfrenta a una responsabilidad histórica de cara a lograr que el País Vasco consume una transición a la libertad que, en buena parte, ha sido secuestrada por el nacionalismo vasco. El propio López ha asegurado que comparecía ante la cámara, "no sólo para ser elegido lehendakari, no sólo para formar un nuevo gobierno y presidirlo, sino para abrir un nuevo tiempo político". Hacer una referencia a un "nuevo tiempo político", dadas las circunstancias, es obligado pero no es garantía suficiente, como no lo ha sido parte de su discurso de que se vayan acometer las profundas y numerosas reformas que son necesarias para desmantelar el régimen que, durante treinta años, ha implantado el nacionalismo en el País Vasco. Patxi López debe repudiar un pasado de diálogo con ETA y con su entorno, que no se disipa con una voluntad de lograr "una paz con generosidad, pero sin precio político". Patxi López debe lograr también que el euskera deje de ser una imposición en la escuela, pero no ya porque ese imperativo "no respeta la Ley de la Escuela Pública" o "por haber surgido fuera de los consensos necesarios para hacer avanzar la política lingüística", sino porque es un atentado a la libertad individual de los vascos. Asimismo, la posibilidad de que los vascos puedan educarse en castellano no es tampoco suficiente para acabar con las falsificaciones nacionalistas que imperan en la enseñanza.
Ofrecer "un amplio consenso con todos los grupos para llevar a cabo reformas en la radiotelevisión pública en orden a hacer de EiTB un servicio público plural y de calidad, y de convertir a ETB 1 en instrumento útil y eficaz de desarrollo de una cultura en euskera moderna y plural", puede ser, pero no parece, una muestra suficientemente decidida de querer acabar con una televisión política ocupada por los nacionalistas y dedicada a la "construcción nacional".
Por el contrario, la clara reivindicación hecha por López de la vigencia y potencialidad del actual estatuto de autonomía reduce, ciertamente, la posibilidad de aventuras de ruptura constitucional vía reforma estatutaria que entrañaba el olvidado "Plan López". Sin embargo, no estaría de más que el nuevo lehendakari, además de agradecer el apoyo recibido, hubiera hecho referencia al acuerdo político con el PP que ha hecho posible su investidura. Eso, por no decir que su principal oferta de consenso hubiera sido con este partido y no "especialmente con el que ahora va a ser principal partido de la oposición".
Aunque tampoco habría estado de más una reivindicación expresa a los miles de exiliados vascos, la intervención de López ha tenido también muy esperanzadores pasajes como el de que "si queremos que el terrorismo desaparezca no sólo tendremos que detener a terroristas; también deberemos reaccionar ante sus expresiones públicas y conseguir su deslegitimación social, especialmente en los ámbitos de la enseñanza, el asociacionismo y los medios de comunicación".
Mucho se podría criticar también de su oferta de política económica, caracterizada por el recurso al endeudamiento y que incluye medidas tan disparatadas como un "plan vasco de lucha contra el cambio climático". Pero ni es el momento de hacerlo ni, desgraciadamente, suponen una "anormalidad" con lo que ocurre en el resto de España.
Sólo queda confiar en que la acción del Gobierno de López, que tampoco puede vislumbrarse en su totalidad en un discurso de investidura, sirva para llevar de manera estimulante al País Vasco la libertad, la igualdad y el respeto al imperio de la Ley que ha abortado el nacionalismo en estas tres décadas. La salida del PNV es para ello condición necesaria, pero no suficiente. Esperemos, pues, que la bienvenida de López se base en algo más que en el adiós de Ibarretxe.
Treinta largos años después que los demás... Nacionalismo como religión política; secta homogénea (al menos, la clase dominante); distinción identitaria entre «nosotros» y «ellos»; irrendentismo, intolerancia, «totalismo» como versión suave del terror totalitario. De acuerdo en que Patxi Lopez no era la fórmula soñada para salir del agujero, pero la política -espejo de la vida- nos enseña una y otra vez que los mejores no siempre tienen éxito. Los recuerdos se agolpan. Primero, las víctimas. Hablo de personas de carne y hueso, de (casi) todos los partidos y de (casi) todas las profesiones, valedores de la causa cívica o ajenos a la disputa interminable. No pienso en organizaciones, ni en estrategias partidistas o maniobras tácticas. Es el homenaje uno por uno a los seres humanos cuyo proyecto de vida, único e irrepetible, fue truncado por los asesinos. Basagoiti los puso ayer en el primer plano de la memoria de la gente decente. Homenaje también a tantos héroes de la libertad en el País Vasco (socialistas, populares, indiferentes al partidismo) dispuestos a vivir en estado de sitio para dar testimonio de la razón frente a la barbarie. Reconocimiento también a los amigos del exilio y su añoranza legítima y a los políticos sacrificados en el camino: ¿cómo no recordar a Jaime Mayor y a Nicolás Redondo? Fueron las imágenes de una utopía que ahora nos exige que aceptemos simplemente lo posible. Un par de generaciones de españoles hemos dejado lo mejor de nosotros mismos (con el discurso, con la pluma, con el ejemplo diario) para que la Transición, orgullo legítimo de la España contemporánea, llegara también al País Vasco. Llega, claro, de forma imperfecta, pero la realidad no admite dudas. Una joven dirigente del PP preside el Parlamento de Vitoria, un soplo de aire fresco cuando se abre la ventana de la libertad. Un candidato del PSE que dice sociedad plural, lucha contra ETA sin precio político, inserción en España y en Europa... ¿Sospechas? Quizá. Pero no lean ustedes la letra pequeña para encontrar apoyo a ciertos prejuicios arraigados. Vamos a ser generosos, por ahora. También exigentes, muy exigentes. Patxi Lopez tiene ante sí una inmensa responsabilidad y ojala esté preparado para asumir una tarea que sólo está al alcance de los grandes políticos. No puede fallar, por complejos y por oportunismos. Sea como fuere, hoy tenemos que ser optimistas en nombre de la libertad, de muchos años de lucha por el derecho, de tantas veces como hemos dicho y sentido que somos más y somos mejores. ¿Problemas? Infinitos. ¿Suspicacias? Unas cuantas. En todo caso, un éxito colectivo que por una vez los españoles de bien tenemos que celebrar juntos y sin sectarismo. Hoy empiezan los trabajos de Hércules para desmontar una red de complicidades y servidumbres. Con algún objetivo directo: policía autonómica, televisión vasca, sistema educativo desde la escuela a la facultad universitaria. Desactivar el mito nacionalista en nombre de una democracia de ciudadanos. Lo principal: vencer el miedo y ayudar a que la gente lo venza. Se vive bien en el País Vasco cuando no toca ejercer el papel de víctima. Está, claro, la infamia terrorista. Ahí sigue y -por desgracia- ahí seguirá, ojalá que sea a la baja. Los culpables son ETA y sus secuaces. La democracia tiene que acabar con ellos, lejos de la política de apaciguamiento y la perversión del lenguaje. No sé si Zapatero ha aprendido la lección moral o sólo le mueve, como es frecuente, el posibilismo electoral. La verdad es que apenas importa. Los hechos están ahí: los terroristas y su disfraz político ya no están en el lugar reservado a las personas honorables, aunque la tarea está incompleta en el ámbito municipal. Parece difícil para el PSOE recuperar el apoyo del PNV en el Congreso: rebus sic stantibus, esto es, si se mantienen las circunstancias actuales. La tentación es oficio natural del diablo y nada es descartable en asuntos tan complejos. Pero seamos justos aquí y ahora para valorar los datos reales. El PP sale muy bien parado de una estrategia limpia en la negociación y la investidura. La excepción vasca justifica un modelo singular de relación con los socialistas y exige también limitar los efectos favorables del eventual apoyo nacionalista a las iniciativas contra Zapatero a escala nacional. Es lo más justo de acuerdo con el contexto. Si cambia, ya se verá. Usted, querido lector, ha escuchado como yo que el nuevo lendakari tiende la mano al PNV. Si es una pieza retórica para facilitar un cambio digno, bien está. Si es un anuncio de componendas, habrá que replantear muchas cosas. El Estado constitucional es fruto de la Ilustración, hijo de las revoluciones atlánticas enriquecidas por la democracia y los derechos fundamentales. No hay lugar para las pasiones irracionales traducidas en ideologías orgánicas o historicistas, que tienden a sumergirse en el mito y la sinrazón. La «tenebrosa fragua» del Espíritu del Pueblo, refugio de tribus y de clanes, ha causado estragos y crueldades sin fin. El PNV tiene a día de hoy una posibilidad única para enviar el delirio sabiniano al desván de los malos sueños. Hay un lugar en el País Vasco para un nacionalismo sensato y moderado. ¿Existe tal cosa? Si no es por convicción, sea por utilidad. Si no es por virtud, nos vale la hipocresía. Si pierden la oportunidad, tal vez será la última, porque la era global ha venido para quedarse. ¿Pronóstico? Reservado, tirando a mal... Patético ayer Ibarretxe con su «frentismo» y su «cruzada», refugiado en un discurso aldeano y perverso. Menos mal que se despide para siempre. Decía Montesquieu que el absolutismo causa un daño irreversible a la constitución social de manera que la libertad se hace imposible para siempre. Espero que se equivoque, y ejemplos hay al respecto. ¿Será capaz de reaccionar la sociedad vasca? Miedo, disimulo, mediocridad y perfidia conviven allí con dignidad, valentía, honor y sacrificio. Ha llegado la hora de recuperar a ciertas mayorías amorfas. Recuerdo las palabras de Martin Luther King, un referente para Barack Obama, entonces desconocido. Con ellas terminaba hace años una Tercera, con motivo -¡qué asco!- de algún asesinato de ETA. Decía el líder de los derechos civiles que «lo peor de nuestro tiempo no es la crueldad de los malvados sino la fría indiferencia de los buenos». Sabemos por experiencia que la Transición supone sufrimiento e incertidumbre. La experiencia de todos los españoles está a disposición de nuestros compatriotas vascos. El esfuerzo merece la pena. Ha llegado la hora de construir una democracia para los ciudadanos y no una cárcel para la libertad envuelta en un equívoco ropaje. El PSOE y el PSE no pueden fallar. Tampoco el PP. Sería imperdonable. Un poco tarde, pero todavía a tiempo, también los vascos -como los demás españoles- serán ciudadanos y no simples súbditos.
Con cuatro millones de parados (uno por cada jinete de este Apocalipsis españolazo y laico: Zapatero, Corbacho, Chaves y Méndez) al galope tendido, el sindicalismo de clase no ha encontrado mejor medio de protesta que dejar en negro a Telemadrid, que es la única TV que habla del paro en la España de ZP (Zimbabwe Paradise). A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar. Ahora que Aznar tiene todas las papeletas para comerse el marrón del Gal de Gonzalón, no estaría de más que Aguirre se comiera el del paro de Zapatero, el tipo que dice que lo peor de la crisis ya ha pasado, pero sólo para consolar al millón de parados a los que ya no alcanza la sopa. ¿Y si dejáramos en negro a Telemadrid? Dejaríamos a la derecha sin los actos del 2 de Mayo, y al madridismo, que viene a ser lo mismo, sin los goles del Bernabéu. Quien más, quien menos, todo el mundo pensaba que el resultado sería al revés, con el consiguiente disgusto para los culés del partido, como Zapatero, Garzón o Pepiño Blanco, que luego, ay, acabarían gozando a lo Joan Joel con el tablao del Bernabéu donde Casillas cantaba: «¿No hay quien me pegue un tirito / en mitad del corazón?» El fútbol futbolero del Barça es como el teatro teatrero de Pirandello: la trampa y el queso. La ratonera barcelonera apesta a literaturismo de viejo, a efectismo y truco aparente de José Luis el Brillante, a trasnochado naturalismo real. Pero los culés creen que sólo por haber ganado en el Bernabéu a un equipo de viejas glorias ha cambiado la tortilla, que es lo que, negándose a conducir el auto, le dijo el chófer a la marquesa el día que legalizaron al PCE: «¡Es que la tortilla ha `dao´ la vuelta!» «La tortilla habrá dado la vuelta -repuso la marquesa-, pero no olvide que yo sigo siendo el huevo.» Por eso, yo de culé no me quitaría todavía el braguero con que han andado todo el año: no parece aconsejable quedarse con la culera al aire, cuando el que viene por detrás es el Madrid.
«Para antecedentes, el que protagonizó Arzalluz en una reunión en 1979 con los dirigentes de la organización terrorista para que pusieran fin al cese temporal de los atentados que habían declarado mientras se negociaba el Estatuto de Autonomía vasco.»
Por lo visto no han bastado las antidemocráticas declaraciones de los actuales responsables del PNV que tanto han dejado en evidencia su nauseabunda concepción patrimonial del Gobierno vasco. Tampoco han bastado, por lo visto, las amenazas de muerte que expresamente ha lanzado ETA contra los miembros del nuevo Gobierno no nacionalista del País Vasco. Ahora ha sido el ex presidente del PNV, Xabier Arzalluz, quien ha dado una nueva muestra del carácter totalitario del mal llamado "nacionalismo democrático" alentando una "rebelión" y un escenario de "confrontación total con el Estado", por lo que llama el "acoso del PSOE y el PP" contra el nacionalismo vasco. Yo no sé si esa "rebelión" con la que amenaza Arzalluz, y que pasaría por una negativa del PNV a participar en las elecciones españolas, "será lo más grave que ha pasado desde la transición", tal y como él dice. De lo que no tengo duda es de la multitud de antecedentes de colaboración del PNV, en general y de Arzalluz en particular, con quienes legitiman y practican el asesinato, desde antes incluso de la transición.
Que conste que no me refiero exclusivamente a la infame colaboración con ETA para prenegociar chantajistas comunicados de tregua, que el PNV protagonizó con sus compañeros de Estella o, más recientemente, con los emisarios de Zapatero. Me refiero también a la expresa solicitud para que ETA reactivara su "lucha armada", tal y como hizo Arzalluz en una reunión en 1979 con los dirigentes de la organización terrorista para que pusieran fin al cese temporal de los atentados que habían declarado mientras se negociaba el Estatuto de Autonomía del País Vasco. Así lo confirma, en un libro del profesor Fernando Reinares (Patriotas de la muerte, Taurus 2001), un etarra preso, en la entrevista nº 45:
Incluso una de las cosas que me hace pensar que nosotros hemos aportado algo, es cuando Arzalluz, por ejemplo, fue a Iparralde a decirnos que teníamos que romper la tregua, que teníamos que empezar a darles caña, porque las cosas del Estatuto iban muy mal.
Yo no sé si la "rebelión" de la que ahora habla Arzalluz incluye nuevamente ese "dar caña" de ETA. Creánme que si pudiera se lo preguntaría. De lo que me acuerdo es de que fue el propio Arzalluz el que dijo que "unos sacuden el árbol, y otros recogemos las nueces". Y que ahora ha sido el propio Arzalluz el que ha anunciado que, en ese "escenario de confrontación total con el Estado", estaría "no solo el PNV, sino todo el nacionalismo vasco". Y ya sabemos que Arzalluz es tan aficionado a la división del trabajo como renuente a hacer exclusiones entre nacionalistas...
YA hemos admitido, y algún día nos arrepentiremos de ello, que la campaña electoral para el Parlamento Europeo no se refiera, como demanda el sentido común, al Viejo Continente, su Constitución pendiente y las políticas que emanarán de Bruselas durante su próximo periodo legislativo. De lo que se trata es de que el PP y el PSOE se zurren la badana y que ambos puedan demostrar a sus apasionadas clientelas que el malo, el gran responsable de lo que nos pasa, es el otro. De ahí la consideración de «primarias» que, con vistas al 2012, se obstinan en darle a la confrontación Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero y sus abundantes y no muy lúcidos equipos de analistas, asesores, consultores y propagandistas. Las listas que encabezan Juan Fernando López Aguilar y Jaime Mayor Oreja, auténticas cofradías de afectados a quienes sus jefes quieren consolar o compensar, son un pretexto para llevar a la calle, a los anacrónicos mítines y a sus manipulados resúmenes, lo que debiera ser una sesión continua en el Congreso de los Diputados: las crisis -la global y la específicamente española-, sus demoledores efectos y sus posibles remedios. Es un nuevo ejercicio colectivo de irresponsabilidad dirigente que cuenta con la pasión o el desdén, según los casos, de los dirigidos.
En esta ocasión, el poco madrugador Rajoy ha tirado la primera piedra y aprovechó la presentación de la candidatura que él solito ha compuesto para decir, con tanta precisión como inoportunidad, que Zapatero es «el gran gastador» del dinero de los contribuyentes. Por otra parte, el líder socialista anuncia su dedicación a la campaña y su presencia en diez grandes mítines. Es decir, que de aquí al día 7 del mes próximo no tendremos ni Gobierno ni oposición.
Los tranvías de hace medio siglo y los autobuses que todavía tenían cobrador lucían un prudente letrero: «Prohibido hablar con el conductor». Es importante que quien debe llevarnos hasta final de trayecto sin sustos ni incidentes no se distraiga demasiado. Aquí y ahora es el conductor, el presidente del Gobierno de una Nación en ruina, quien le da palique a los viajeros y el encargado de vigilar su buen trabajo, el líder de la oposición, quien mantiene viva la conversación. Un gran disparate en la línea de lo que, en colectivo ejercicio de enajenación mental, venimos practicando desde hace años. Cinco por lo menos.
«Insistía Pajín en El Magazine de El Mundo en que "hay vida fuera de la política", cuando la suya jamás se ha desarrollado extramuros de esa fortaleza. Se refería, en realidad, a que después de la tarea se puede ir de cañas con las amigas. Eso es vida.»
Aún meditaba sobre una afirmación del filósofo Sloterdijk acerca de que la suya es una generación desheredada, cuando encontré una entrevista con Leire Pajín. Caray, he ahí una mujer a la que no se puede calificar de desheredada. Recibió el carné casi en la cuna, como esos niños a los que hacen socios de un club de fútbol en el momento del bautizo. Pero la prole del baby-boom socialista no sólo está destinada a ser hooligan del partido y a contribuir al envenenamiento sectario de nuestra política. Constituye el relevo generacional tanto en el partido como en el gobierno, lo que resulta más preocupante. Estamos ante un grupo generacional que no ha bebido de otras fuentes que las que divulgan y vulgarizan las "pequeñas y malolientes ortodoxias" que sustentan el artificio del sedicente progresismo. Y ante un plantel de apparatchiks que me resisto a llamar políticos profesionales para no degradar la profesionalidad, pero que no se han dedicado a otro menester que la política. El historiador Paul Johnson calificaba a esos burócratas de partido de gran azote humano del siglo XX, pero los aludidos ya no tienen de su condición la menor conciencia. Así, insistía Pajín en El Magazine de El Mundo en que "hay vida fuera de la política", cuando la suya jamás se ha desarrollado extramuros de esa fortaleza. Se refería, en realidad, a que después de la tarea se puede ir de cañas con las amigas. Eso es vida.
Nuestra heredera, fiel a los tópicos, repetía una frase de Fernández de la Vega, según la cual "cuando una mujer da un paso, todas avanzamos". Ese absurdo argumento corporativista ha terminado por imponerse como verdad incontestable. Pero cuando una mujer que carece de méritos es llamada a ocupar una posición de privilegio, retroceden todos los que sí los tienen, sean hombres o mujeres. En un país y un tiempo que ha abolido la meritocracia –en la escuela, para empezar– no cabe esperar que el talento, el esfuerzo y la inteligencia sean los elementos decisivos para ascender en unos partidos que disfrutan de un sistema tan cerrado como el nuestro. Ganar elecciones es, como mucho, lo que cuenta. Y a veces ni eso.
Nada garantiza que los mejores se desempeñen como buenos políticos. El ejemplo paradigmático es aquella Administración Kennedy formada por the best and the brightest. Pero los mediocres serán peores y tendrán como principal empeño cortar el paso de quienes pueden dejarles en evidencia. La generación desheredada de Sloterdijk mantenía, y de qué manera, los vínculos con la tradición cultural de Occidente. Ahora llegan arriba los que rompieron ese cordón umbilical. Esos para los que, como Finkielkraut escribió hace veinte años, un par de botas equivale a Shakespeare. La generación de las Pajín y Aído más sus iguales del otro lado del arco no se verá a sí misma como una generación perdida. No sabe lo que ha perdido y por eso nos perderá.
HAS navegado durante dos días por un río de dolor que lleva hasta el corazón de la memoria. Has visto apagarse en tus brazos la vida que te dio la tuya, como una vela que se extingue entre un chisporroteo de estertores, y has flotado a tu pesar en ese amargo vacío sin respuestas que siempre crea la aparición cercana de la muerte. Te ha herido la mirada el resol de la mañana de mayo que enciende los muros de cal de una casa invadida de ausencias, en la que cada rito cotidiano te clava la punzada de una soledad pastosa, densa e inerte. Has sentido el silencio hueco y funeral del desamparo cuando recorres las estancias que habitó tu niñez colorida de voces y presencias, cuando acaricias los muebles y los armarios y los libros en los que reposa la huella polvorienta del tiempo que dejaste atrás. Has desandado el camino de tu propio ser hasta el primer instante que recuerdas, y en esa dolorida exploración se te han acumulado las horas hechas años hasta dejarte exhausto, apaleado por un remolino de sentimientos, estacado de zozobra en mitad del patio donde jugabas con la feliz disipación de la inocencia, quizá bajo este mismo trozo de azul en el que oyes cantar los pájaros y mecerse las flores recién abiertas como esa rosa que alguien acaba de dejar en tus manos. Al cerrar por fuera el viejo portón has notado en tus entrañas el golpe seco de la madera vencida, y sabes que has bajado la persiana de una etapa que ya no volverá salvo en la bruma de la memoria con que alcances a evocarla. Nada hay tan común como la muerte de un ser querido pero en ese trance decisivo jamás sirve de nada la experiencia; no vale el esfuerzo intelectual, ni el consuelo moral, ni la misma certeza del desenlace. Al final estás solo delante de la maldita puerta que tendrás que cerrar con la melancolía de un expatriado mientras tu estómago te pega por dentro la patada brutal de la evidencia. Antes lo sabías, o lo intuías, pero ahora lo sientes con una certidumbre definitiva, irrevocable: la infancia no acaba cuando te haces adulto, sino cuando muere tu madre.
Así que has vuelto lentamente de la áspera anestesia de los recuerdos al presente que dejaste colgado en la percha del recibidor cuando la angustia te cogió de las solapas para lanzarte a su vértigo de soledades, y en los periódicos ya caducos de las últimas cuarenta y ocho horas has buscado la hoja ruta del retorno. No te será difícil: todo está igual que antes de tu periplo al fondo de la nostalgia. El mismo ritual fatuo de palabras sectarias, el escenario idéntico de una política inmóvil, la trivial logomaquia repetida de consignas estériles. Una breve, concisa cuenta mental te ha permitido calcular la diferencia: debe de haber quince mil parados más, y ni siquiera eso resulta ya una novedad para tener en cuenta.
Referente «La pecosa Pippi simbolizaba la definitiva superación dialéctica de todas las contradicciones del modo de producción capitalista. Fue ella quien fijó las bases del gran compromiso histórico entre Marx, los déficits públicos estructurales y Peter Pan.»
Atónito, leo en El Periódico de Catalunya que Pippi Langstrum, más conocida por Pippi Calzaslargas, acaba de cumplir cincuenta años. Aún consternado, intento descubrir alguna pista suya en la fotografía de una señora sueca con aire de pensionista del INSERSO de vacaciones en Torremolinos que, de dar crédito al diario, sería Inger Nilsson, la ex niña que diera vida al personaje. Y tras mucho mirar y remirar, resulta que sí, que algo en ese rostro anodino recuerda vagamente a nuestra Pippi. Carpe diem. Mi generación, que es la de Zapatero, estrenó el uso de razón política mucho más marcada por la socialdemocracia libertaria de Pippi Calzaslargas que por Mao, Stalin, Trotsky y aquella recua de charlatanes de La Sorbona que aún sobrevive atrincherada en la memoria sentimental de nuestros hermanos mayores, los paleoprogres. Y es que lo suyo era otra cosa. En realidad, la pecosa Pippi y sus amigos simbolizaban la definitiva superación dialéctica de todas las contradicciones internas y externas –si las hubiere– del modo de producción capitalista. Al cabo, fue ella, Pippi, quien fijó las bases del gran compromiso histórico entre Marx, los déficits públicos estructurales y Peter Pan.
Hacer siempre y en todo momento lo que a uno le diese la real gana, vivir el instante, al día y del aire cuando no de los padres o el Estado, sólo obedecer el muy imperativo mandato de Rimbaud –"Hay que ser absolutamente moderno"– y negarse firme, terca, obstinadamente a crecer. He ahí el modelo ético y estético, el paradigma vital, el referente como dicen los periodistas, encarnado por aquel pequeño icono nórdico, saltarín y pelirrojo, ¡ay!, condenado a desaparecer ahogado entre los michelines de la señora Nilsson.
Apenas medio siglo antes de su súbita irrupción en nuestra infancia, Stefan Zweig recordaba en El mundo de ayer: "[en los años veinte] El que quería triunfar en la vida se veía obligado a recurrir a todos los disfraces posibles para parecer más viejo de lo que realmente era (...) Los diarios recomendaban productos para adelantar la aparición de la barba". Los médicos recién salidos de la universidad se esforzaban por conseguir una barriguita lo más oronda posible, amén de cargar sus narices con gafas de montura de oro, aunque su vista fuera perfecta, "ello pura y simplemente para dar a sus pacientes la impresión de que tenían experiencia...".
Y pensar que ya casi estaba a punto de empezar la férrea dictadura de los perpetuos adolescentes que, a su modo, nos anticipó Pippi.
EL Parlamento de Vitoria abrirá hoy una nueva etapa en la historia del País Vasco con la elección de Patxi López como nuevo presidente del gobierno autonómico. La mayoría parlamentaria formada por el Partido Socialista, el Partido Popular y el único diputado de UPyD permitirá a López ser investido en la primera votación. Será entonces cuando el cambio de régimen empezará a ser una realidad, después de un cuarto de siglo de control omnímodo del Partido Nacionalista Vasco, que aún permanece en las Diputaciones de los Territorios Históricos y en la mayoría de los Ayuntamientos vascos. Por tanto, el gobierno socialista presidido por López va a enfrentarse a una tupida red de servidumbres políticas y sociales tejida minuciosamente por el PNV durante muchos años. Las dificultades ya han aparecido antes incluso de que sea investido presidente. Para formar gobierno López ha tenido que recurrir a dirigentes de su partido, a falta de independientes dispuestos a asumir consejerías. La intimidación que pesa sobre los no nacionalistas aún perdurará mucho tiempo, porque no es fácil liberarse de los sentimientos de exclusión y temor impuestos por el terrorismo y la hipocresía nacionalista. A pesar de todas estas dificultades, López sabe que cuenta con una mayoría parlamentaria que le permitirá introducir los cambios necesarios para que la sociedad vasca viva realmente en una situación de democracia y derechos individuales. Sólo si estas reformas de regeneración democrática son profundas y transformadoras se podrá demostrar a los vascos que el nacionalismo es únicamente una opción política más y no una religión de Estado. Si, por el contrario, el PSE se autolimita su capacidad de gobierno para no irritar al PNV, se perderá la oportunidad de cambiar el rumbo del País Vasco y de gobernarlo como una sociedad moderna y no como una comunidad anclada en la mitología nacionalista.
Ahora bien, la negativa del PSE a formar un gobierno de coalición con el PP pone en las manos de los socialistas toda la responsabilidad de sus decisiones. Es el coste de gobernar en solitario. El PP no puede ser el chivo expiatorio de la falta de fortaleza que pueda sufrir el gobierno de López por las presiones nacionalistas. Presiones aseguradas en cuanto el nuevo lendakari impulse sus compromisos de reformar la policía vasca, los medios públicos de comunicación y el sistema educativo. También, por supuesto, de poner las instituciones democráticas vascas al servicio de la derrota de ETA. El PP debe responder de su apoyo en la medida en que se mantengan las condiciones pactadas para que hoy lo preste a Patxi López en la Asamblea de Vitoria. Hasta ahora, el PP ha tenido un comportamiento ejemplar, que no se corresponde con algunas declaraciones críticas de ciertos dirigentes socialistas, al parecer irritados por tener que pactar con los populares el gran cambio que necesita el País Vasco. Tanto o más que el apoyo del PP, Patxi López va a necesitar el respaldo del Gobierno central y del PSOE. Uno y otro habrán de soportar la precariedad de su mayoría en el Congreso de los Diputados, y no caer en la tentación de sustituir al PP por el del PNV a cambio de estabilidad en Madrid. Es Zapatero, no Rajoy, quien debe cubrir las espaldas del nuevo lendakari frente al PNV.
El peso de la quiebra inmobiliaria impide la recuperación de la economía española en 2010
La economía de la zona euro está atrapada en la crisis económica más grave de la que se tiene constancia desde el final de la II Guerra Mundial, pero, al menos, el informe económico de la Comisión Europea aprecia indicios suficientes para pronosticar una lenta mejoría a partir de 2010 para el conjunto de países de la Unión Económica y Monetaria. El perfil que dibuja Bruselas empeora las predicciones anteriores. La intensa recesión contraerá el PIB de la UEM un 4% en 2009, llevará la tasa media de paro en torno al 10% y el déficit público hasta el 5,3% del PIB. La Comisión subraya las causas de esta recesión, que todavía provocará un retroceso del PIB en 2010 del 0,1%: estrangulamiento financiero, depresión del comercio mundial y, en algún país, como España, quiebra del mercado inmobiliario. En este marco general, los perfiles más oscuros corresponden a España. Las cifras no difieren de las tétricas predicciones de otros organismos (un descenso del PIB del 3,2% en 2009, una tasa de paro que duplicará la europea en 2010, un déficit público superior al 8,5% del PIB este año y más del 9% el próximo) y ratifican algunos de los temores sobre la economía española sugeridos por destacados economistas. El peor, que la recesión española llegue hasta finales de 2010, cuando el resto de sus socios europeos ya pueden haber iniciado lentamente la recuperación.
Por tanto, la interesada comparación de la cifra de la recesión en España (-3,2%) con las más acentuadas de Alemania (-5,4%) o Reino Unido (-4,4%) es trivial y confunde a la opinión pública. Francia, Alemania o Reino Unido se ajustarán intensamente, pero disponen de resortes de actividad de los que España carece. El mercado inmobiliario español ha quebrado y gran parte del empleo de los últimos dos lustros, directa o indirectamente soportado por el ladrillo, ha desaparecido. Quienes se preguntan por qué la tasa de paro española duplica la europea deben recordar que la actividad inmobiliaria también pesa en el PIB español casi el doble que en los países centrales del área euro.
El informe de la Comisión se pregunta si hay indicios suficientes para confiar en una recuperación económica. La respuesta parece ser moderadamente alentadora, en parte porque los motivos para la confianza, entre los que destaca la suposición de que el sistema bancario se irá normalizando durante los próximos meses, no están fundamentados con precisión. En cambio, expone con rotundidad que la economía española estará en la cola de la UEM a finales de 2010, al menos en términos de actividad. El que los hechos contrastados desmientan continua y sistemáticamente la absurda confianza oficial en una recuperación a corto plazo es una de las razones de que el Gobierno esté perdiendo credibilidad a chorros ante la opinión pública. Puede perder la poca que le quede si insiste en mostrarse optimista sin razón o en cuanto proponga otro plan de estímulo económico sin las suficientes garantías de ejecución.
Los ciudadanos de Madrid están entusiasmados por la posibilidad de acoger la cita olímpica. España quiere revivir el brote de entusiasmo de Barcelona 92.
FALTAN 151 días para que se conozca la ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016, objetivo que persiguen Río de Janeiro, Tokio, Chicago y Madrid. Pese a que Coubertin fue un visionario, capaz de vaticinar a finales del siglo XIX la importancia del deporte como elemento de hermandad entre los pueblos, seguramente no pudo imaginar que en el futuro tantas y tan buenas candidatas se disputasen la organización de los Juegos. Dicho lo cual, creemos que Madrid merece suceder a Londres como sede olímpica. Cuando la Comisión de Evaluación del Comité Olímpico Internacional (CIO) aterrice hoy en la capital de España para elaborar su informe, que puede ser clave para la decisión final, se encontrará con un proyecto sólido, respaldado por las instituciones y por los ciudadanos. La candidatura está madura porque Madrid ya optó a los Juegos de 2012, y se quedó a sólo dos votos de disputarle y probablemente arrebatarle a Londres la elección. Eso le permite tener acabadas el 70% de las instalaciones. La semana pasada fue inaugurado el emblema arquitectónico de la candidatura: la Caja Mágica. Es la infraestructura más moderna del mundo para la práctica del tenis. En el corte de la cinta estuvieron el presidente Zapatero, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde, Ruiz-Gallardón, y ésa es la mejor prueba de la implicación de todos -por encima de enfrentamientos políticos y de guerras internas de partido- y garantía añadida de seguridad y fortaleza económica. La Caja Mágica acogerá a partir del viernes el Abierto de Tenis de Madrid, torneo que contará con la presencia del número uno mundial, Rafa Nadal. Es precisamente el excelente momento que vive nuestro deporte, con figuras de prestigio internacional, un argumento más para aspirar a los Juegos. Como lo es que un español como Samaranch, presidente de honor del CIO, sea quien casó de manera natural el deporte profesional con el espíritu olímpico y entendió que los Juegos debían aprovechar las nuevas tecnologías para convertirse en un espectáculo universal.
Los ciudadanos están ilusionados con la posibilidad de acoger la cita. España quiere revivir el brote de entusiasmo de Barcelona 92. Como entonces, no sólo es la ciudad, es todo el país el que se implica y el que vibra con unos ideales que representan lo mejor de nuestra civilización: el esfuerzo personal, el espíritu de superación y la deportividad. Valencia, excelente anfitriona de la Copa América, sería la subsede de vela, y Barcelona, Málaga y Córdoba -entre otras- acogerían la fase de clasificación de fútbol.
Si Barcelona 92 cambió su imagen y la del conjunto de España, Madrid 2016 quiere contribuir a afianzar esa estampa de país solvente, pujante y competitivo. Barcelona tuvo en Maragall a su gran impulsor, y ahora es Gallardón, un político de primera división, quien se ha involucrado no menos en la promoción de la candidatura de Madrid y en la transformación de la ciudad.El alcalde ha tenido el acierto de recuperar zonas degradadas para convertirlas en eje de las nuevas instalaciones y ha puesto a Madrid a un paso del sueño olímpico.
Las cuatro ciudades ahora finalistas pasaron en 2008 una primera criba del CIO en la que Madrid fue la segunda mejor puntuada (8,4), sólo dos décimas por debajo de Tokio -seguramente por su mayor oferta hotelera- y por delante de Chicago y Río. Cada ciudad juega sus bazas. Tokio ha hecho una gran apuesta tecnológica, pero su talón de Aquiles es el escaso apoyo que la candidatura tiene entre la población, muy visible en las encuestas. Chicago cuenta a su favor con ser la cuna del presidente Obama, aunque técnicamente está peor preparada que Madrid. Río representa el empuje de un Brasil que se sube al tren de la modernidad.
El próximo 2 de octubre los Reyes estarán en Copenhague encabezando la representación española para que Madrid entre en la historia olímpica. La ocasión merece el apoyo de todos.
Este es el universalismo de la justicia española. Un universalismo caprichoso que responde más a criterios ideológicos que jurídicos y que no le hace ningún bien a la justicia, ni a la diplomacia, ni a España."
¿Quiénes somos nosotros para arreglar la casa ajena cuando tenemos que arreglar tanto en casa propia?". Podría elaborarse más el planteamiento de Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo, pero no exponerse de un modo tan claro y contundente como lo hizo este lunes en una declaración pública. Es en la fuerza de lo obvio donde radica su originalidad. Asistimos en España a una crisis judicial de primer orden, cuyo síntoma más visible es el malestar general con el estado de la justicia, mientras algunos jueces se empeñan en abrir peregrinas causas que poco o nada tienen que ver con la jurisdicción española, que es la que a ellos les compete. La jurisdicción universal, un concepto jurídico muy reciente y bastante desconocido, podría resultar razonable siempre y cuando afectase a los intereses de súbditos españoles en el extranjero que, como bien ha indicado Dívar, no hayan sido suficientemente protegidos más allá de nuestras fronteras. Pero de ahí a convertir la jurisdicción universal en una suerte de salvoconducto para incoar causas internacionales y con cualquier pretexto hay un trecho considerable. Demasiados puntos negros tiene la justicia en España como para que sus administradores se dediquen a ir de justicieros por medio mundo.
Baltasar Garzón, el eterno juez estrella cuya ansía de notoriedad es sobradamente conocida dentro y fuera de España, es quizá el representante más distinguido de esta justicia universal ejercida desde un juzgado de Madrid. Pero no es el único ni el más sangrante. Otro juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, ha emprendido una campaña judicial contra el ejército de Israel por un bombardeo selectivo de éste sobre la casa de un líder de Hamas en un barrio de Gaza allá por el año 2002. De nada ha servido que el propio fiscal de la Audiencia haya pedido que se archive la causa por considerar que España no puede actuar como una "tercera instancia penal" en el caso. Andreu sigue en sus trece provocando incluso un conflicto diplomático con el Gobierno israelí.
Andreu, ocupado en arreglar en casa ajena descuidando el lamentable estado de la propia, se escuda tras el Convenio de Ginebra para juzgar un asunto que ni va ni viene con la justicia española. Y no sólo eso, todo el caso del ataque a Gaza apesta a las consignas clásicas de la izquierda antisemita. La causa, nacida de la denuncia de una ONG palestina, involucra actualmente a siete militares israelíes incluido el ex ministro de Defensa Benjamin Ben-Eliezer, pero en origen incluía al entonces primer ministro Ariel Sharón, objetivo predilecto de la última hornada de judeofobia. Contrasta además el celo de Andreu en investigar al ejército israelí cuando ni él ni ningún otro juez se han preocupado nunca de escrutar las acciones de Hamas dentro de su territorio que no son, precisamente, muy respetuosas con los derechos humanos.
Podría decirse lo mismo de Garzón y sus incursiones internacionales en las que jamás ha iniciado proceso alguno contra dictadores socialistas, con o sin españoles de por medio. Este, según parece, es el universalismo de la justicia española. Un universalismo caprichoso que responde más a criterios ideológicos que jurídicos y que no le hace ningún bien a la justicia, ni a la diplomacia, ni a España.
Recuerdo como si fuera hoy la primera entrevista que hice a Juan Linz, pese a haber pasado treinta años, tal fue la impresión de sabiduría y mesura que me produjo. Enseñaba entonces en la Universidad de Columbia, aunque no perdía de vista lo que ocurría en España, y me contaba los resultados del que había sido uno de sus primeros trabajos sobre el terreno, única manera de que la Sociología merezca el calificativo de ciencia, todo lo demás son elucubraciones. «Cuando llegaba a un pueblo con plazas preciosas, fuentes adornadas, aceras impecables, y me ponía a indagar los medios de vida de sus vecinos -me decía-, me daba cuenta de que vivían con la soga al cuello. Mientras que en los pueblos ruidosos, sucios, con las calles y aceras destrozadas por el paso de vehículos, la gente vivía mucho mejor. Y es que en los primeros toda la inversión era de los ayuntamientos y las diputaciones, sin crearse auténtica riqueza, mientras que en los segundos los vecinos eran quienes la creaban. La conclusión era fácil: los ayuntamientos crean una riqueza tan falsa como el aspecto de sus pueblos, al dedicar sus recursos a bienes suntuarios, sin valor añadido, en vez de generar productos que a su vez generan otros, como son los que crean sus vecinos.» Me ha venido a la memoria aquella constatación de Linz, que como profesor emérito sigue en Yale dando lecciones magistrales de sociología y de política, ante las medidas que está tomando el nuevo Gobierno español frente a la crisis, encauzadas precisamente a través de las instituciones que menos riqueza crean y más recursos despilfarran, los ayuntamientos y las autonomías, auténticas máquinas de gastar sin producir, de devorar dinero sin generar medios. Lo ve cualquiera con dos ojos en la cara. El despilfarro de nuestros ayuntamientos en fiestas, concursos, comidas, viajes y dietas sería motivo de escándalo en cualquier país con sensibilidad democrática y cualquier sociedad consciente de que el dinero público es del contribuyente que lo paga, no del Gobierno que lo gasta. Por Nueva York están pasando constantemente personajillos de este tipo, que vienen, según ellos, a «vender» su localidad, sin que nadie les haga caso, excepto los periodistas y cámaras que traen consigo, pues a quienes realmente venden su viaje es a sus vecinos, viniendo ellos a hacer turismo, acompañados de la flor y nata de su localidad y partido.
El caso se repite en las autonomías, corregido y ampliado por su extensión y obligado por el régimen que nos hemos dado, que propicia, más que la descentralización, la multiplicación del centralismo a nivel regional. Aparte del gobierno, parlamento, tribunal superior de justicia y otras instituciones que nuestro ordenamiento constitucional concede a esas comunidades, no hay comunidad autónoma que no tenga su corte de asesores gubernamentales bien pagados, su parque automovilístico digno de un emirato del Golfo Pérsico, sus televisiones propias para gloria del mandamás de turno y su enjambre de paniaguados, que han disparado sus gastos a la estratosfera. A lo que seguirán «embajadas» en las principales capitales extranjeras, como ya está haciendo Cataluña. ¡Esto sí que es disparar con pólvora del Rey! Pues en una democracia el verdadero rey es la ciudadanía, con permiso, que estoy seguro me concederá, de Don Juan Carlos.
Estos son los canales -más dinero a los ayuntamientos, nueva financiación autonómica- por los que el nuevo Gobierno Zapatero quiere vadear la crisis. Justo los menos indicados para iniciar la recuperación, los menos productivos y los más derrochadores, cuando debería mirarse que cada euro que se gasta fuese allí donde genera más riqueza, es decir hacia una economía productiva. ¿Y cuál es la economía productiva? Pues la que arranca de la iniciativa personal, del esfuerzo individual, de la formación general y de las estructuras competitivas. Algo a lo que no prestó la menor atención ni dedicó un euro el primer Gobierno Zapatero y, a tenor de las medidas que está tomando, tampoco se la presta el último, más atento a las próximas elecciones europeas que a la crisis que tenemos encima. Se ha enterado por la radio y los periódicos de que el 80 por ciento de los puestos de trabajo la pequeña empresa, a la que hasta ahora no ha prestado la menor atención. Los cursos de capacitación los ha dejado en manos de los sindicatos, que es como dejar a la cabra al cuidado del huerto, pues nuestros sindicatos son cadenas de transmisión de la «política de izquierdas», para apaciguar a los trabajadores que ya tienen empleo, a cambio de pingües beneficios para sus dirigentes. La educación puede decirse que no ha existido para este Gobierno, que más bien se ha dedicado a aligerar los planes de estudio para que los alumnos tengan más fácil obtener un título, parecido al que ahora quiere dar a las amas de casa. Así hemos logrado crear la generación peor preparada comparativamente de la reciente historia de España. Cuando la educación es tanto o más básica para el desarrollo de un país que las riquezas naturales, la productividad, las exportaciones o las inversiones, pues todo ello depende del capital humano de que se disponga. Pero el capital humano de que dispone hoy España está a la cola de los países desarrollados y de algunos subdesarrollados. ¿Sabían ustedes que los niños indios conocen la tabla de multiplicar del 0 al 20, es decir que si se les pregunta cuánto es 12 por 17 responden automáticamente? Sospecho que los niños españoles tienen problemas en decir cuánto es 2 por 7. Los que realmente valen se van fuera, ante las pocas perspectivas que encuentran dentro, y los que se quedan piensan en cosas más placenteras que en esforzarse y labrarse un porvenir. El otro día, en el informativo de Televisión Española, se entrevistaba a un chico que podía ser el reflejo de la miseria educativa y humana en que ha devenido el país bajo el presente Gobierno. Tenía 21 años y no había llegado a terminar la enseñanza obligatoria, pues prefirió irse a la construcción, como peón naturalmente, pues no tenía capacidad para otra cosa. Con el desplome del mercado inmobiliario, se encuentra en el paro, sin apenas posibilidad de encontrar trabajo en otros ramos. Pero no era eso lo que parecía preocuparle, sino el no poder seguir con el plan de vida que llevaba. «La cosa está realmente mal -decía-, sin tener para tomarte unas cervezas o salir con los amigos.» Puede que durante los próximos meses su ayuntamiento le dé trabajo para que arregle el jardincito de la plaza mayor de su pueblo y pueda seguir tomándose todas las cervezas que quiera y salir con los amigos, que tarde o temprano estarán como él. Pues la crisis de la construcción, en último término, no es más que la crisis de la educación.
Esta es la España de José Luis Rodríguez Zapatero, una España que trata de copiar el modelo de Andalucía, donde la subvención llega a todos los rincones, y los niños, cuando les preguntan en qué trabaja su padre, responden: «En el paro». ¿Por qué se creen ustedes que se ha traído a Chaves de allí, le ha dado una vicepresidencia y le ha puesto al frente de la política territorial?
Sí, ésta es la España de ZP, el hombre que iba a cambiar el país. Y a fe que lo ha cambiado. Aparte de devolvernos a los Reinos de Taifas, ha vuelto a poner de moda el «¡Que inventen ellos!»