jueves, 9 de junio de 2011

Un Gobierno rendido al inmovilismo sindical

Tanto el cierre de miles de empresas como la existencia de cinco millones de parados demuestran que empresarios y trabajadores están en un mismo barco encallado por culpa de un rígido modelo laboral que esta falsa reforma no viene si no a perpetuar.

Tras años de infructuoso diálogo social, el Gobierno acaba de presentar un borrador de la "reforma" de los convenios colectivos que, básicamente, no viene más que a mantener las rígidas características del actual modelo de negociación colectiva. Así, y con carácter general, el borrador establece un plazo máximo de 20 meses para la negociación de los nuevos convenios, durante los cuales empresa y trabajadores podrán ir adoptando acuerdos parciales para modificar algunos de los contenidos que se estén negociando. Ahora bien, si trascurrido ese plazo no hay acuerdo, las partes de la negociación en las que haya discrepancia y que no se hayan resuelto a través del arbitraje o la mediación se mantendrán tal y como establecía el anterior convenio colectivo.

A ello hay que sumar el hecho de que las empresas sólo podrán distribuir de manera irregular un 5 por ciento de la jornada laboral, rigidez que tampoco aliviará, sino más bien acrecentará, la creación de un nuevo órgano burocrático, como es el Consejo de Relaciones Laborales y de Negociación Colectiva o la concesión de rango de Ley a las disposiciones de las comisiones paritarias formadas por sindicatos y empresarios.


Hasta la prioridad de los convenios empresariales sobre los sectoriales –único elemento que apunta a una mayor flexibilidad– queda muy desdibujada en el resto de este farragoso texto que hace muy complicado que empresas y trabajadores puedan llegar a un acuerdo y que éste se aplique al 100%.

Así las cosas, lo que sale claramente derrotado en el borrador presentado por el Ejecutivo es la flexibilidad a la que se supone iba dirigida la reforma. Los representantes del Gobierno, sin embargo, ya han presentado esta falsa "reforma" como un supuesto término medio entre lo que pretendían los sindicatos y los empresarios, pero lo cierto es que el gran beneficiado de esta farsa es el privilegiado inmovilismo sindical en detrimento de los derechos individuales, tanto de trabajadores como de empresarios. Tanto el cierre de miles de empresas como la existencia de cinco millones de parados demuestran que empresarios y trabajadores están en un mismo barco encallado por culpa de un rígido modelo laboral que esta falsa reforma no viene si no a perpetuar.

Zapatero se escudó durante años en el mal llamado "diálogo social" para no tener que gobernar. Rotas las negociaciones entre patronal y sindicatos, poco le importa ya a este Gobierno en funciones que este simulacro de reforma tampoco venga a atender las demandas de cambio en profundidad que le venía reclamando tanto la UE, como los expertos o el Banco de España. Lo único que le importa a Zapatero es ganar tiempo con el que aferrarse al poder, por mucho que se lo haga perder a los españoles y a sus posibilidades de recuperación económica.


Libertad Digital - Editorial

Zapatero desoye las advertencias

Si el Gobierno recurre al parche y no a las reformas debería, al menos, aceptar sus limitaciones y darles la palabra a los ciudadanos antes de que sea demasiado tarde.

LA mejor noticia para España en el informe de la Comisión Europea es que todavía es incluida en los estudios periódicos que realiza el ejecutivo comunitario, cosa que ya no sucede con Grecia, Irlanda, Portugal, Letonia o Rumanía, que son los países directamente intervenidos por los mecanismos de ayuda. La peor es que ese análisis está lleno de incógnitas e incertidumbres y traza una perspectiva demasiado incierta de las cuentas públicas españolas. La desconfianza es el peor enemigo de una economía y la economía española lleva demasiado tiempo enredada en una telaraña de susceptibilidad de la que no es ajena la situación política del Gobierno socialista. Bruselas es consciente de que el cambio en España es cuestión de meses y eso explicaría que muchas de sus recomendaciones se limiten a insistir, mantener u observar las políticas fiscales y de gasto que ya se pusieron en marcha (por exigencia de la UE, no debe olvidarse) sin dejar de subrayar y pedir una atención específica a los tres ejes que lastran la recuperación económica: el gasto de las comunidades autónomas, la reforma del mercado del trabajo y la ordenación de las cajas de ahorros.

Estos son los tres puntos en los que nos jugamos esa distancia, todavía levemente a nuestro favor, con las economías totalmente intervenidas, quebradas por el peso de la deuda y sometidas a dolorosos programas de austeridad de resultado incierto. Sin embargo, el Gobierno socialista sigue comportándose como si no tuviera más condicionantes que los elementos político-electorales a corto plazo y en lugar de afrontar decididamente la situación se empeña en actuar como si lo que le interesase fuera mantener las cosas como están. Pero la realidad es tozuda y camina en sentido contrario al del Gobierno, porque la economía española no puede seguir colapsada soportando el peso de casi cinco millones de parados. Los planes del Ministerio de Trabajo de sostener las tesis sindicales en la reforma de la negociación colectiva reflejan perfectamente esa incapacidad para hacerse cargo y paliar los problemas de los que pende el futuro de los españoles. Si el Gobierno continúa ignorando la necesidad de llevar a cabo reformas en profundidad solo por ponerle las cosas más difíciles al Partido Popular, entonces debería tener la decencia de ceder cuanto antes el timón y darles la palabra a los ciudadanos, antes de que sea demasiado tarde para todos.

ABC - Editorial

miércoles, 8 de junio de 2011

Nuestra infantil democracia. Por José María Carrascal

Los políticos españoles están convencidos de que, con el cargo, les pertenece cuanto se relaciona con él, dineros incluidos.

LA indignada reacción del señor Barreda y su junta a las denuncias de sus sucesores en Castilla-La Mancha no puede ser más elocuente ni más española: ¿quiénes son ustedes para pedirnos cuentas? Y es que los políticos españoles están convencidos de que, con el cargo, les pertenece cuanto se relaciona con él, dineros incluidos. Como si hubiesen sido elegidos para hacer lo que les da la gana.

Tal actitud revela el infantilismo de nuestra democracia. De entrada, el poder no pertenece a los políticos, por muy elegidos que sean. Los políticos sólo lo detentan, siendo el pueblo, la ciudadanía, su propietario permanente. Luego, el dinero público tiene un dueño —¿recuerdan a aquella ministra que proclamaba que no era de nadie?—: los contribuyentes. Es cómo se le denomina en las democracias avanzadas: taxpayer money. Pero como en España el contribuyente se limita a pagar sin exigir cuentas, los políticos han terminado por creerse que es suyo.


Estoy seguro de que, no ya Castilla-La Mancha, esa «Grecia española», según el Financial Times (¿cómo llamará a Andalucía, cuando se descubran sus ERES y demás pufos?), sino todas las CCAA están en bancarrota. CiU descubrió un agujero galáctico al hacerse cargo de la Generalitat de manos del tripartito, y el Ministerio de Hacienda viene advirtiéndolo sin que nadie le haga caso. El propio Mas ha dicho que va a pasarse por el arco del triunfo los límites impuestos al déficit, lo que ha traído un aviso de la agencia Moody’s al conjunto del Estado.

Y es que el Estado de las Autonomías, tan celebrado por poner fin al odioso centralismo, tiene un defecto de fábrica que puede acabar con él: ha diluido las responsabilidades. El Gobierno central ha cedido poder y medios a los autonómicos, que se han embarcado en proyectos faraónicos —palacios de congresos, aeropuertos, filarmónicas, polideportivos, a cargo de arquitectos de fama internacional— sin tener en cuenta la necesidad ni la rentabilidad. Y sin que nadie controle a nadie. Cuando la democracia, en último término, es el control del gasto público, perdón, del dinero del contribuyente.

Ha tenido que venir la crisis para dejar al descubierto tal desmadre y poner fin a tales prácticas. Nadie quiere asumir los pufos de sus predecesores y las acusaciones vuelan como pedradas. ¿Se quedará sólo en acusaciones y la consiguiente derrota electoral? Poco habríamos adelantado. Hay que pedir también responsabilidades. En Islandia, han encausado ya a banqueros y planean encausar al ex primer ministro, por no haber sabido o querido afrontar la crisis. Esperemos que no sea el último. ¿Por qué van a ser los políticos distintos a los médicos, arquitectos o ingenieros a la hora de afrontar los errores profesionales?


ABC - Opinión

¿Escucharán Rajoy y Rubalcaba el grito de los indignados?. Por Antonio Casado

Aparecen los primeros síntomas de disgregación entre los indignados que acampan en las glorietas de España. En las muy mermadas “asambleas” ya no se discute sobre política de becas, reforma de la ley electoral o referéndum monarquía-república, sino sobre el modo de poner fin a las acampadas sin claudicar. Tratan de encontrar la forma de darle continuidad a la revuelta y me parece bien.

Al tiempo crece otro tipo de indignación. La de quienes desde determinadas posiciones políticas, adivinen cuáles, les afean la conducta y reclaman el desalojo policial. “Acabo de pasar por Sol y el olor era nauseabundo”, decía ayer una señora en la tele, nada partidaria de la movida, mientras que los oficiantes arremetían contra la desidia del Gobierno de Rodríguez Zapatero por su incapacidad de hacer cumplir la ley.


En la crecida parroquia de la derecha los acampados no tienen buena prensa, para qué vamos a engañarnos. Y si regalan las excusas, mejor que mejor. Esa es la hazaña de los acampados de Murcia: asaltar un hipermercado y llevarse sin pagar comida para “los más necesitados”. Hazaña frustrada, claro. Entre otras cosas porque los clientes habituales se pusieron del lado de la Policía, como hicieron los intelectuales en la Comuna de Paris.
«En términos de regeneración del sistema y sus servidores, entre los que sobra opacidad y falta frescura, esa es la semilla que debería crecer en el espíritu y la letra de nuestros gobernantes.»
No es esto, no es esto, que diría un orteguiano. Correcto. Pero tampoco es cosa de endosar la revuelta de los indignados a una especie de infantilismo revolucionario de cercanías. O peor, a “una bacanal de golfos andrajosos movidos por la locura senil de escritores sin talento”, como dice mi amigo Raúl del Pozo al recordar el dictamen de la historia sobre los procesos asamblearios que en el mundo han sido.

El abajo firmante siempre ha sostenido la importancia del aldabonazo que desde el malestar social se inició al grito de “Democracia real, ya” el pasado 15 de mayo. No por el eventual valor programático de una asamblea a la intemperie sino como aviso para navegantes de la vida pública y, más concretamente, de una clase política considerada por la ciudadanía como el tercer problema nacional.

En términos de regeneración del sistema y sus servidores, entre los que sobra opacidad y falta frescura, esa es la semilla que debería crecer en el espíritu y la letra de nuestros gobernantes. Malas noticias al respecto. No es precisamente frescura lo que venden quienes abanderan la lucha por el poder en nombre de sus respectivos grupos políticos. Demasiado toreados, tanto Mariano Rajoy como Pérez Rubalcaba.

Dos políticos que están de vuelta no parecen los más indicados para refundar la democracia. Pero ambos deberían echarse a las alforjas el trasfondo del grito apadrinado por Stephane Hessel y José Luis Sampedro, y proferido por miles de personas en las plazas españolas, así como un pasaje del libro 'El malestar de la vida pública', escrito hace quince años por Victoria Camps, catedrática de Ética. Escribía Camps: “La deslegitimación de los gobiernos no tiene su causa sólo en transgresiones de la ley denunciadas y sentenciadas por los jueces. Es la incoherencia ideológica, el incumplimiento de lo prometido, la inacción política, la omisión de respuestas, lo que desilusiona a los electores y hace cundir el descrédito”.


El Confidencial - Opinión

Castilla-La Mancha. Las fragonetas de Barreda. Por Pablo Molina

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia.

La imagen de un operario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha llenando una furgoneta con bolsas de basura llenas de documentos, es tan descriptiva que cualquier intento de explicar la escena sólo consigue acrecentar la certeza de que se trata de un expolio documental en toda regla.

Marcelino Iglesias, a pesar de su intelecto privilegiado, lo ha terminado de arreglar diciendo que el funcionario del grupo D con mono azul estaba transportando en esos cuarenta o cincuenta sacos de basura únicamente "archivos personales", pero entonces surgen varias incoherencias que ni siquiera el gran Marcelino parece haber previsto en su muy estudiada estrategia de desactivación de los efectos de la ya famosa instantánea.

Primero, en una administración pública no existe eso que Marcelino denomina "archivos personales", porque cualquier documento generado es de carácter público excepto los que afectan a la carrera profesional de un funcionario en concreto y que, por su propia naturaleza, no exceden de cuatro o cinco folios según el número de traslados o ascensos que el empleado en cuestión haya conseguido a lo largo de su vida laboral. Convengamos en que resulta como mínimo dudoso que todos los funcionarios de la comunidad autónoma hayan decidido de golpe desprenderse de sus nombramientos oficiales metiéndolos en sacos de basura para su posterior destrucción.


Segundo, si el todavía secretario de organización del PSOE confundió "archivos" con "efectos" personales el asunto no hace más que empeorar, porque los portarretratos, los cubos para lápices y otros regalos del Día del Padre o de la Madre así como los dibujos que los niños dedican a sus progenitores caben perfectamente en una caja de folios o una bolsa mediana de El Corte Inglés. Tampoco parece probable que todos los funcionarios de la Junta hayan decidido simultáneamente desprenderse de sus recuerdos familiares de una forma tan mezquina.

Entonces ¿Qué contienen esas bolsas que tan nerviosos ponen a los socialistas y tan verborreico a Marcel.li? Pues papeles, claro, que además van a ser llevados a la incineradora, porque ese curioso sistema de archivo en sacos de basura no parece aventurar otro destino.

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia. Una infracción por lo demás absurda, porque con las nuevas tecnologías cualquier documento en papel tiene un soporte informático que lo justifica. Salvo, claro, que exista un circuito de expedientes escamoteados a la contabilidad electrónica.

Los populares dicen tener indicios de que en Castilla-La Mancha hay 2.000 millones de deuda oculta. ¿Tiene algo que ver la existencia de ese desfase en "B" con la actividad frenética de los socialistas desde el pasado 23 de mayo? La solución en las fragonetas de Barreda.


Libertad Digital - Opinión

Desalojo. Por Ignacio Camacho

El poder es una industria de la que dependen miles de empleos; es la política transformada en un modo de vida.

SÓLO en las cinco diputaciones andaluzas que ha perdido el PSOE hay más de quinientos cargos de libre designación, que el PP deberá reducir, según sus promesas, a una cuarta parte. En la comunidad de Castilla-La Mancha asciende a más del triple el número de puestos discrecionales, sin contar la masa laboral contratada —no funcionaria— de las empresas públicas. Y lo mismo ocurre en los ayuntamientos que van a cambiar de gobierno a consecuencia del tsunami electoral de mayo; en el de Sevilla, uno de los más inflacionarios de España en empleo artificial, existe incluso un asombroso gabinete técnico de la Presidencia del Pleno, con su correspondiente dotación de personal encargado de asesorar la extenuante tarea del concejal que dirige —¡una vez al mes!— las sesiones de la corporación. Con esta pléyade de estampillados, el relevo de poder se va a convertir en una escabechina si los entrantes cumplen su programa de adelgazamiento burocrático. La trama clientelar encastrada en las instituciones de larga dominancia socialista otorga a la derrota un rango de shockcolectivo: no sólo supone un trauma político sino una multitudinaria experiencia dramática.

Es el problema de haber transformado la política en un modo de vida. El poder en España es una industria de la que dependen miles de empleos directos y muchos más indirectos a través de cientos de programas de actividades subvencionadas. Sólo que, aunque a menudo sus beneficiarios tienden a olvidarlo, se trata de una industria con alto índice de estacionalidad intrínseca. Para evitar los perniciosos vaivenes del turnismo se dotó de estabilidad a los funcionarios públicos en un intento de preservar su independencia, pero los aparatos de partido han soslayado el inconveniente creando enormes superestructuras administrativas paralelas compuestas por el llamado «personal de confianza». Es decir, correligionarios, miembros de la tribu adscritos al presupuesto por militancia o afinidad ideológica. Parientes políticos, en sentido tanto literal como figurado.

Esa altísima tasa de discrecionalidad transforma las elecciones en una batalla por la supervivencia, mucho más cruda en época de contracción del mercado de trabajo. Y forma parte de un oculto argumentario partidista que nunca aflora en la retórica oficial. Cuando el Gobierno anuncia su intención de agotar la legislatura contra la lógica de su propia extenuación política apela a razones de estabilidad de la gobernanza, pero está protegiendo también diez nóminas mensuales de miles de cargos públicos incrustados en la fontanería institucional. Los partidos funcionan como gigantescas oficinas de empleo y en cada coyuntura electoral se juegan un ERE masivo y despiadado. Por eso en este áspero debate del desalojo municipal y autonómico lo que subyace no es el montante de la deuda heredada sino el amargo resquemor de los privilegios perdidos.


ABC - Opinión

Los gansos. Por Alfonso Ussía

Pocas cosas tan hermosas como una formación de ánsares, de gansos salvajes, en vuelo migratorio. Pocas cosas menos hermosas como el abuso de otros gansos volando a costa del dinero público para sus asuntillos particulares. Se ha sabido que miembros del Gobierno han usado de los aviones «Falcon» 32 veces en 14 días de campaña. No se trata de un legítimo uso institucional, sino partidista. Y los gastos del partido los tiene que pagar el partido, no el contribuyente. A los ministros no les gusta el AVE. Han volado en «Falcon» para dar mítines y decir bobadas preelectorales a Sevilla, Valencia y Zaragoza. Y tampoco les gusta compartir el avión. Trinidad Jiménez y Carmen Chacón coincidieron en Bruselas. Podían haber vuelto a Madrid en un avión. Pues no. Lo hicieron por separado, abusando del Ejército del Aire. Caso extraño el del antecesor de doña Trini en el Ministerio de Desastres Exteriores. Miguel Ángel Moratinos desea ser el próximo Presidente de la FAO. La FAO es la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación. Una organización que, con toda probabilidad, está muy bien. Para conseguir ser el Presidente de la FAO se precisan los votos de los países miembros. Y para conseguir los votos de los países miembros, es imprescindible viajar. En ese punto de honda reflexión es cuando el exministro Moratinos decide hacerlo de gorra en los «Falcon» de la Fuerza Aérea. A Kinshasha y a Beirut. Encomiable ejemplo de ahorro y de miramiento económico en tiempos de crisis. El nuevo rico se caracteriza por no saber distinguir entre lo normal y lo ridículo. Y el socialismo oficial está abarrotado de nuevos ricos, de personajes que creen que por haber sido siguen siéndolo. El candidato a presidir la FAO no entra en el organigrama de cargos públicos. Otra cosa es que consiga presidir la FAO. En ese caso, será la FAO la que cargue con los gastos de Moratinos. Volar tanto a cuenta de los presupuestos es más que una gansada. Es un abuso. Y usar de los aviones de la Fuerza Aérea para asistir a mítines electorales, es más que una gansada. Es un despropósito vergonzoso. Cuando viajan oficialmente, los Reyes usan de aviones de la Fuerza Aérea. Como el Presidente del Gobierno y los ministros. Cuando la Reina viaja por un asunto privado, lo hace en Iberia y hasta en Ryanair. Es una cuestión de ética y de estética, que siempre van unidas. Narcís Serra, siendo ministro del Gobierno de Felipe González, coincidió con la Reina en el aeropuerto de Palma. Los «Mystére» de antaño eran los «Falcon» de hogaño. La Reina embarcó en un vuelo regular de Iberia y Serra en un «Mystére». Todo un detalle. Y mientras los ministros y los exministros abusan de los «Falcon», el Ejército del Aire ha ordenado a sus miembros que, hasta nueva orden, y debido a la crisis económica, los tradicionales festejos y celebraciones entre militares se ciñan a una sola copa de vino por asistente y exclusivamente frutos secos como acompañamiento. Centenares de miles de euros derrochados por los ministros y el candidato a presidir la FAO, y los militares con una copa de vino y una almendra. O un cacahuete, o una avellana o un piñón, porque almendras, cacahuetes, piñones y avellanas simultáneamente se los han prohibido por considerarlo un derroche. Éstos son capaces de usar un «Falcon» desde Madrid a Guadalix de la Sierra. Previa construcción de una pista, claro.

La Razón - Opinión

Cataluña. Joeeeeeeee!!!. Por José García Domínguez

Extracto de las reflexiones de cierta Marian-S, acrónimo que se corresponde con las iniciales de Maria Àngels Servat, vertidas en el foro de bricolaje y manualidades facilisimo.com. Síndico del Tribunal de Cuentas de Cataluña.

"El jueves día 17 me llamaron por teléfono, y me dicen que si no tenía inconveniente, al día siguiente me proponían en el Parlamento de Catalunya, para un importante cargo institucional.... No tiene nada que ver con la política, es un cargo público, importante, pero independiente (de hecho, se DEBE ser independiente, igual que un juez por ejemplo, para poder desempeñar bien la función). El asunto me pilló por completa sorpresa, y apenas pude balbucear algo por teléfono (debía parecer profunda! jajaja). Un año atrás me habían insinuado algo, pero desde entonces no había tenido más noticias, y pensé sinceramente que se había desestimado el tema".

"El viernes por la mañana me llaman para comunicarme que ya se había propuesto oficialmente mi candidatura y que debía prepararme porque el lunes 21 de febrero, a las 12 del mediodía debía comparecer ante una comisión de unos 40-50 diputados del parlamento, de todos los partidos políticos, para exponer mi currículum y defender mi idoneidad para el cargo. Después de la exposición, era muy posible que tuviera que responder a preguntas que me hicieran. Jolín... me entraron todos los tembleques!!!! Qué tenía que decir???? Quién estaría en esa comisión?????? Qué me preguntarían????? QUÉ ME PONÍA????????joeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!".


"Mi marido me mandó a la pelu el sábado por la mañana (qué pasa???? Yo no me corto ni tiño bien el pelo????? jajajajaja... qué horror!!!), y por la tarde, halaaaaaaaaa, a tirar de la VISA comprando ropa y zapatos ‘serios’.... Qué ruina! Y el domingo enterito dedicado a preparar la comparecencia, a hablar con gente que me pudiera echar una mano para prepararme bien, y a visitar a una amiga, que es diseñadora de modas, y a parte de tener un gusto exquisito, tiene 8000 complementos monísimos para acabar de ‘adornar’ cualquier vestimenta... así que llegué a casa con una bolsa cargada de foulares y bisutería fashion y ‘buena’. Parecía que hubieran pasado los Reyes Majos!!!! jajajaja. La pena es que todo era prestado! Jeje".

"El jueves por la tarde-noche, ya tuve que asistir al primer coctail semi-oficial de celebración.... y llevo varios días con entrevistas con las personas a las que ‘sustituimos’, para hacer cambio de impresiones y ‘quedar bien’, preparando diversos temas previos, etc... Por suerte me van informando poco a poco de los pasos que tenemos que ir dando, porque entro en un mundo totalmente nuevo para mí!!!! El viernes próximo tengo que volver de nuevo al Parlamento para hacer la toma de posesión oficial del cargo, delante de la presidenta del Parlamento y del presidente de la Generalitat".

"Me han dicho que allí nos hacen entrega de un escudito para la solapa y que seguramente tendremos que decir algunas palabras, aparte de posar para las fotos oficiales...... Aissssssss, y yo con el régimen por empezarrrrrrrrrrrrrrrrr!!!grrrrrr Ya me podían haber avisado con un par de meses de antelación y al menos podría haber bajado algo de ‘gordura’!!! jijijiji (=risa nerviosa). Y nada, el martes 8 (el lunes 7 es fiesta en Barcelona) a trabajar ya oficialmente!! Por lo que me han dicho los ‘antiguos’, podemos hacer un horario bastante flexible, o sea, adaptado a nuestras necesidades..... En fin, un montón de temas!!".


Nota bene: Extracto de las reflexiones de cierta Marian-S, acrónimo que se corresponde con las iniciales de Maria Àngels Servat, vertidas en el foro de bricolaje y manualidades facilisimo.com. Síndico del Tribunal de Cuentas de Cataluña merced a los votos de tres quintas partes de los diputados del Parlament, la señora Maria Àngels Servat dirige junto a otros seis electos la institución llamada a auditar, fiscalizar y verificar todas las cuentas de la Generalidad, cifras oficiales del déficit incluidas.

Libertad Digital - Opinión

Las avutardas. Por M. Martín Ferrand

Resulta extravagante el ruido desmedido que acompaña al que será relevo en el Gobierno de Castilla-La Mancha.

Supongo que María Dolores de Cospedal y José Bono son de los pocos, muy pocos, políticos españoles en activo que han visto de cerca una avutarda y sospecho, aunque ellos tengan que negarlo por razones de prestigio ecológico, que se las habrán comido en alguna ocasión solemne. Entre los animales de pluma la avutarda es de las más sabrosos y, aunque corre peligro de extinción, entre gentes civilizadas las tentaciones del estómago son más potentes todavía que las de un poco más abajo. De Cospedal, aunque nacida en Madrid, se recrió en El Bonillo, en el Campo de Montiel, en donde, aunque escasean, todavía se ve corretear algún ejemplar. Bono, también albaceteño, es de Salobre, un territorio más accidentado y menos llano del que gustan las mentadas aves gruiformes, pero alguna se ve de vez en cuando. Quiero decir que, al margen de siglas y militancias, los dos tienen arraigo en su tierra. Como José María Barreda que, aún siendo más urbano y de notable origen cántabro, también tiene adicción por esa Castilla-La Mancha en la que, en lo que se refiere a la creación de riqueza se ha hecho menos en los últimos treinta años, desde que se aprobara su Estatuto de Autonomía, que en los tiempos en que, con Madrid en su seno, fue Castilla la Nueva.

Cabría suponer que De Cospedal, después de muchos años como lideresa de la oposición en las Cortes de Castilla-La Mancha y voluntariosa aspirante a la presidencia de la Autonomía tendría mejor y más honda información sobre la realidad económica de la región de la que ahora evidencian los muchos ruidos que se traen el PP y el PSOE en los preliminares del relevo de poderes. El ejercicio de la oposición, que tiende a ser poco lucido, exige en sus titulares amor a la tierra, fervor por su futuro y, administrativamente, gran dedicación al estudio de sus presupuestos y al desarrollo de sus realidades.

En puridad, el líder de la oposición, que no tiene responsabilidad ejecutiva alguna, debiera saber la teoría de su circunscripción mejor que quien la gobierna. Más todavía si está dotado, como De Cospedal, de una buena cabeza adiestrada al estudio de los temas de una oposición tan exigente como la que capacita para ser abogado del Estado. Por eso resulta extravagante el ruido desmedido, como de quien descubre un nuevo continente, que acompaña al que será relevo en el Gobierno de la Región. Si hay responsabilidades entre los salientes, tiempo habrá de documentarlas y elevarlas a donde corresponde; pero con tanto bullicio estéril, que incita a desconfiar en el futuro de la región, no serán las avutardas la única especie con peligro de extinción en el territorio.


ABC - Opinión

Bruselas le da la razón a Rajoy

En plena tormenta política a propósito de las deficitarias cuentas autonómicas, la Comisión Europea ha irrumpido con una serie de críticas y recomendaciones al Gobierno socialista para que España cumpla con los objetivos fiscales pactados y reactive la recuperación económica. Algunas de las sugerencias de Bruselas no han sentado nada bien a la vicepresidenta Salgado y otras le han venido a dar la razón a Mariano Rajoy, que en estos últimos días ha lanzado varias propuestas para poner freno al gasto autonómico. Mal día eligieron Rubalcaba y los portavoces de IU y ERC para descalificar al líder del PP acusándole de alarmista para justificar así futuros recortes. Lo mismo que ha pedido Rajoy lo pidió ayer la Comisión Europea: estricta aplicación de los mecanismos de control de la deuda y el déficit de las comunidades autónomas, establecer por ley un techo de gasto y aprobar medidas adicionales de ajuste para cumplir con los objetivos de déficit. Es de suponer que Rubalcaba no atribuirá a Bruselas «oscuras intenciones», como ha hecho con las propuestas de Rajoy. Pero la Comisión Europea no se queda ahí y pone en duda las optimistas previsiones del Gobierno para este año y 2012, pues no cree que logre cumplir su promesa de rebajar el déficit al 6% y el 4,4%%, respectivamente; Bruselas lo cifra en el 6,5% y 5,5%, respecticamente. También alberga dudas de la eficacia de la reforma laboral, «que podría no ser suficiente», por lo que aconseja «más reformas para reducir la segmentación del mercado laboral y mejorar las oportunidades para los jóvenes». Nada que en España no se le haya advertido mil veces al Gobierno desde la oposición y distintos sectores económicos. En este punto, resulta especialmente oportuna la advertencia de la CE para que se culminen las reformas de las pensiones y de la negociación colectiva. Sobre esta última, en la que han puestos los ojos los socios comunitarios y los mercados tras el fracaso de las negociaciones entre CEOE y sindicatos, Bruselas aconseja modificar la claúsula de revisión salarial para ligarla a la productividad. Ni que decir tiene que de esta reforma depende la credibilidad internacional del Gobierno. Una reforma descafeinada multiplicaría las dudas sobre la capacidad de España para salir del pozo y para estimular la creación de empleo. El Gobierno tendrá que elegir entre el inmovilismo de los sindicatos y los cambios que le reclaman los socios europeos. En esta línea hay que valorar también la sugerencia de rebajar las cotizaciones sociales a las empresas y rebajar los costes laborales. Quien crea puestos de trabajo e impulsa el crecimiento es el empresariado, que en España está formado, en su inmensa mayoría, por pequeños y medianos empresarios agobiados por las cargas tributarias, las cotizaciones sociales y los costes disuasorios del mercado laboral. Si no se les dan facilidades, será difícil que arriesguen el pellejo. En cuanto a la recomendación de la CE de subir el IVA y los impuestos a la energía, no parece que sea ni acertado ni oportuno, entre otras razones porque dispararía un proceso inflacionario de efectos letales en una economía estancada como la española.

La Razón - Editorial

Bildu y el pelo de la dehesa etarra

En uno de esos municipios, Elorrio, es donde a los miembros de Bildu se les ha vuelto a ver "el pelo de la dehesa etarra" con un amenazante panfleto, en los que se califica al PP de "extrema derecha".

Aunque sepamos por documentación incautada a ETA que la organización terrorista dio orden expresa a los miembros de su nueva marca electoral para que disimulasen su vinculación con la banda cuanto fuese necesario con tal de burlar la Ley de Partidos, lo cierto es que, gracias a la repugnante y condescendiente sentencia de los magistrados del Tribunal Constitucional Pascual Sala, Pablo Pérez Tremps, Adela Asúa, Elisa Pérez Vera, Eugenio Gay y Luis Ortega, los proetarras han podido volver a presentarse a las elecciones sin tan siquiera tener que condenar uno solo de los casi mil asesinatos perpetrados por la organización terrorista.

A esta pública renuencia de los miembros de Bildu –"los nuestros", tal y como les llamó Otegi en conversación telefónica interceptada por la policía–, así como al resto de la documentación aportada por la policía, que sirvió de base a la sentencia de ilegalización de Bildu dictada por el Supremo, hay que sumar otros hechos posteriores a la vergonzosa "rehabilitación" dictada por los magistrados del Constitucional, como es el ya público y abierto respaldo a Bildu de los miembros de la ilegalizada Batasuna o de miembros no arrepentidos de su "brazo armado" a su salida de prisión.


Con todo, no menos significativo de la naturaleza proetarra de Bildu es el hecho de que, en numerosos ayuntamientos que pueden caer bajo su control, tales como Elorrio, Ondarria u Orduña, numerosos concejales, no sólo del PP o del PSOE, sino también del PNV, hayan optado por hacer su obligada declaración patrimonial, no en el propio consistorio, sino ante el secretariado de la Diputación Provincial. El hecho de que haya concejales del PNV que se acojan a esta modalidad de declaración patrimonial, permitida por una reforma legal llevada a cabo en 2003 y pensada para los concejales amenazados por el control etarra en las instituciones, es buena prueba de que la supuesta desconexión entre ETA y Bildu no se la creen ni aquellos partidos que la predican.

Precisamente en uno de esos municipios, Elorrio, es donde a los miembros de Bildu se les ha vuelto a ver "el pelo de la dehesa etarra" con un amenazante panfleto, en los que se califica al PP de "extrema derecha" o se considera un obstáculo para la "paz" y para la "superación del conflicto" algo tan legítimo y acorde al juego democrático como sería el hecho de que el PP y el PNV sumasen sus concejales para impedir que los proetarras se hagan con la alcaldía. Los de Bildu, además, dejan de manifiesto su nulo respeto a la libertad de expresión al arremeter contra medios de comunicación como Libertad Digital, Veo7 o Intereconomía, por el sólo hecho de dar voz al edil del PP, único edil no nacionalista de dicho municipio, o por denunciar ese "feudo irrespirable" que los proetarras quieren imponer en el municipio. Eso por no hablar del desprecio a la Ley de Partidos que decían respetar pero a la que acusan de haber "adulterado" en el pasado "el mapa político de este país".

Con todo, no nos quejemos, ni menos aún sorprendamos, de que la cabra tire al monte o de que los de Bildu se manifiesten como lo que son: si el arrepentimiento por el "vicio" pasado no garantiza la "virtud" futura, ¿qué respeto futuro a la democracia cabía esperar de quienes ni se arrepienten ni quieren condenar la violencia pasada? Nuestra indignación debe dirigirse contra los que han consentido esta burla a nuestro Estado de Derecho, que no son otros que los magistrados designados por el PSOE que todavía se sientan en nuestro Tribunal Constitucional. Ellos son los que han hecho posible este escarnio para las víctimas del terrorismo, pasadas, presentes y futuras.


Libertad Digital - Editorial

Los males del socialismo europeo

Mientras Europa aplica recetas liberales para salir de la crisis, Zapatero busca el remedio con medidas obligadas en las que no cree.

UNA de las grandes virtudes de la democracia es la alternancia en el poder. Y visto así, el descalabro que sufre el socialismo europeo en su representación en el poder ejecutivo de los 27 miembros de la UE podría interpretarse como un síntoma sin mayor trascendencia diagnóstica. Pero lo cierto es que la extensión del mal es tan notoria que roza ya las características de una pandemia. Así, España es hoy el país de mayor peso en la UE en el que gobierna un socialista. El Gobierno de Rodríguez Zapatero se ve acompañado en este club —cada día más exclusivo— por el Gobierno quebrado de Papandreu en Grecia, el de los dos millones de habitantes que cuenta Eslovenia, el partido Akel de Chipre —que más que socialista es pura y simplemente comunista— y el Partido Socialista Austriaco, que integra una gran coalición con el Partido Popular. Magro panorama que no debe de llenar de ánimo a los socialistas de ningún país europeo.

Las elecciones del pasado domingo en Portugal han sido especialmente relevantes como diagnóstico del momento presente del socialismo europeo. A pesar de una hábil campaña en la que los socialistas de José Sócrates parecían hacer calar en el electorado que la responsabilidad de la crisis era compartida por el centro derecha portugués a causa de su falta de solidaridad en la toma de difíciles descisiones, lo cierto es que el electorado portugués dio al centro derecha del PSD una victoria mucho más amplia de lo augurado por ningún sondeo. Un repaso al momento que vive el socialismo en otras latitudes europeas no permite matizar el diagnóstico. Los tres grandes países de la Unión —Francia, Alemania y Reino Unido— cuentan con ejecutivos de centro derecha que se ven igualmente afectados por la crisis económica del momento presente. Pero en ninguno de ellos parece detectarse en los sondeos un grado de rechazo al Gobierno parejo al que vimos en Portugal anteayer o en España hace dos semanas.

El interrogante que nos queda a los españoles es si ahora que casi toda Europa aplica recetas liberales para intentar superar la crisis vamos a seguir gobernados por un partido que no cree en esas fórmulas y las aplica mal y a la fuerza de manera vergonzante. No parece la mejor solución.


ABC - Editorial

martes, 7 de junio de 2011

El gran charlatán. Por M. Martín Ferrand

Ningún líder en ejercicio de poder está en condiciones de contagiar a ningún otro la enfermedad del despilfarro.

EL Estado español pierde su fuerza por los agujeros que horadan en sus respectivos Presupuestos las diecisiete autonomías que lo integran y, por si quedara algún remanente, contribuyen al despilfarro con especial entusiasmo los cabildos, diputaciones y ayuntamientos —muchos, demasiados— que configuran el mapa administrativo de la Nación. En esto no hay «buenos» y «malos». Con matices meramente anecdóticos la conducta es pareja, independientemente de su coloración política, en todas las circunscripciones del poder. Cuando nos encontramos frente a un caso sangrante, como el que protagoniza José María Barreda a la hora de entregarle los trastos —y las cuentas— a María Dolores de Cospedal se ve, como en el viejo chiste contable, que debe de haber, pero no hay. José Bono, pionero en la forja del déficit y la deuda castellano-manchega, trata de salvar tan relevante y significativa circunstancia, santo y seña del modelo socialista de gestión pública, y dice que Barreda es el hombre más honrado que ha conocido. Y, ¿qué? No hablamos —todavía— de honradez, sino de rigor administrativo. La honradez es condición necesaria para quien ejerce la función pública, pero no es suficiente si no va acompañada de rigor, eficacia, buen sentido y el equilibrio y el orden propios de un buen padre de familia.

El inconmensurable Bono, perejil en todas las salsas que se guisan los sucesores, principal y secundarios, de José Luis Rodríguez Zapatero y que es gran maestro nacional del sofisma, hincha el pecho para, en defensa de su sucesor autonómico, decir con la gravedad propia de quien enuncia un postulado incontrovertible: «Con los 1.122 millones que debe Canal Nou se pagan las deudas de Castilla-La Mancha». Eso es verdad, pero no va más allá que afirmar que con un cachito del presupuesto de la NASA se llegaría al mismo resultado. Lo del Canal Nou, en cuyo desastre económico Francisco Camps ha continuado la obra de Eduardo Zaplana, no es distinto de lo que ocurre en las demás televisiones públicas españolas, incluida la de CLM que él mismo fundó. De lo que debiera tratarse no es de demostrar que «los otros» gastan más, sino de que todos reducen el gasto público a los mínimos que exige la difícil circunstancia presente. Para nuestra desgracia colectiva, aquí ningún líder en ejercicio de poder está en condiciones de contagiar a ningún otro la enfermedad del despilfarro porque todos son despilfarradores en parecida intensidad. Solo Alberto Ruiz-Gallardón y las ministras que viajan a Bruselas en escuadrilla pueden aspirar con fundamento a campeones nacionales de tan costosa especialidad del disparate.

ABC - Opinión

Déficit autonómico. Moody's y el "desafío" catalán. Por Guillermo Dupuy

Buena parte de la crisis que padecemos y de nuestras escasas posibilidades de recuperación económica se deben a que España se está disolviendo como Estado de Derecho. Esa es una de las principales primas de riesgo que tenemos que pagar.

¿Sabrán en Moody’s que la investidura del presidente de la Generalidad, Artur Mas, fue favorecida por el PSC bajo el compromiso público y expreso de CiU de hacer caso omiso a la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a considerar también al castellano como lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña? ¿Sabrán en Moody's que el Gobierno catalán ha respaldado e impulsado ilegales referéndums de autodeterminación en Cataluña? ¿Sabrán en Moody's que el propio presidente de la Generalidad ha votado sí a la independencia en uno de esos referéndums ilegales?

Aunque una agencia de calificación de riesgo no tenga por qué estar al tanto de estas cuestiones –o tal vez, sí–, no me he podido dejar de planteármelas al leer que Moody's denuncia que la Generalidad catalana "desafía" al Estado con sus Presupuestos de 2011, que prevén un déficit que duplica al fijado por el Gobierno central y las comunidades autónomas. No digo yo que saltarse a la torera este tope, ya de por sí poco exigente, en unos momentos en que el déficit y el endeudamiento autonómico son denunciados en todos los ámbitos como una de las principales rémoras para nuestra recuperación económica, no tenga su importancia; pero ojalá fuera ese el único "desafío" de la Generalitat. De hecho, el Gobierno de Cataluña, y de cada vez más comunidades autónomas, no ha consistido en otra cosa que en desafiar –más bien, hacer caso omiso– a la legalidad constitucional supuestamente vigente.


Claro que lo de la palabra "desafío" tampoco es que sea apropiada, pues implica resistencia u oposición en el desafiado. Y de eso, nada de nada. Menos aun ahora, con un Zapatero dispuesto a pagar lo que sea, precisamente, a CiU y al PNV con tal de posponer unos meses su acta de defunción.

No muchas más esperanzas me despierta Rajoy, por mucho que aplauda su compromiso con la austeridad, en general, y con un techo de gasto autonómico en línea con el de los Presupuestos Generales del Estado. Y es que si Rajoy ha sido incapaz hasta ahora de embridar el gasto de muchas autonomías y ayuntamientos gobernados por el PP (como es el caso de la Comunidad Valenciana o el Ayuntamiento de Madrid), ¿nos creemos que el futuro presidente del Gobierno, por mucha mayoría absoluta que tenga, se va atrever a obligar al Ejecutivo catalán a que cumpla con ese futuro techo de gasto así como con el resto de la actualmente burlada legalidad vigente?

No olvidemos que buena parte de la crisis que padecemos y de nuestras escasas posibilidades de recuperación económica se deben a que España se está disolviendo como Estado de Derecho. Esa es una de las principales primas de riesgo que tenemos que pagar y de las que cuelgan muchas de las demás.

Recuperar España como Estado de Derecho, en el que las leyes y normativas se cumplan y se hagan cumplir –muy especialmente a las comunidades autónomas– es realmente el auténtico "desafío" para superar una crisis que, en nuestro caso, es mucho más que económica.


Libertad Digital - Opinión

La cuestionable victoria de Mario. Por Hermann Tertsch

Humala ha utilizado hasta el hastío el apoyo de Vargas Llosa como certificado de pulcritud democrática.

OLLANTA Humala ha ganado unas elecciones en Perú no aptas para virtuosos. Las dos candidaturas en puja en la segunda vuelta eran moralmente reprobables cuando no despreciables. Y ambas terriblemente peligrosas para el futuro de un país que en los últimos años ha sido algo así como el milagro del comienzo del siglo XXI, con paz social, el fin del terrorismo, crecimiento y prosperidad. Son varios los culpables de que los peruanos fueran puestos ante semejante terrible disyuntiva. Entre los primeros están, paradójicamente, los candidatos democráticos que acudieron a la primera ronda con programas razonables de proseguir por la senda de la libertad, el mercado y la justicia social en un marco pragmático de desarrollo. Tres de ellos, Pedro Pablo Kuzcynski, Alejandro Toledo y Luís Castañeda, con programas homologables en gran medida, podrían haber formado una opción imbatible que garantizara a Perú este futuro ya encauzado. Pero volcados en combatirse entre sí, ciegos de soberbia y pretendido liderazgo de la «opción sensata», se devoraron entre sí y resultaron eliminados en la primera ronda. Y dejaron a los peruanos en el terrible dilema de elegir entre «el cáncer y el sida», como tan acertadamente diagnóstico Mario Vargas Llosa al conocer los resultados de la primera vuelta. Desde entonces han pasado, por desgracia, muchas cosas y pocas buenas. La sociedad peruana se ha polarizado hasta extremos que harán muy difícil su reconducción hacia la convivencia y el diálogo que, pese a todos los sobresaltos, se había logrado en la pasada década. Y por primera vez en muchos años, la mitad de los peruanos despertó ayer con miedo. Un miedo profundo cargado de rabia, mucho más significativo y grave que el pánico con que abrió la Bolsa y que ya hace huir al dinero.

El dilema envenenado de los peruanos era aún más terrible para quienes, sin ser partidarios de ninguna de las dos opciones, han participado en esta campaña política. Porque recomendar el voto del mal menor necesariamente le hacía colaborador de una opción detestada. Ha sido el caso de Mario Vargas Llosa. Por su prestigio, autoridad moral e influencia, su lucha contra Keiko Fujimori, la hija de su odiado rival en las presidenciales que perdió, le han llevado al apoyo sin fisuras a la candidatura de un personaje al que en su día llamó de todo, desde «nazi» a «golpista». Ollanta Humala ha utilizado hasta el hastío, pero con demostrada eficacia, el apoyo de Vargas Llosa como el certificado de pulcritud democrática que le negaban tanto su biografía como sus intenciones expuestas en su programa inicial. Humala ha ganado. Pero avalado por Vargas Llosa. Que ha ganado también, ahora así, unas elecciones en Perú. Pero no desde luego con gente de su elección. Y desde luego carga con el aval de gente muy poco recomendable. Esperemos todos, por el bien de Perú y de nuestro querido y admirado amigo Mario, que no acabe siendo amarga esta victoria. La primera reacción del premio Nobel ha sido «un gran alivio porque hubiera sido trágico que para nuestro país que la dictadura de Fujimori y Montesinos hubiera sido reivindicada, legalizada por el electorado». De acuerdo. Pero otros, como Jaime Bayly, que hizo campaña para Keiko, creen que «un golpista es más peligroso que la hija de un golpista». La postura de Bayly fue la de la mayoría de los habitantes de Lima —un tercio del país—, cuya hostilidad hacia Vargas Llosa parece garantizada incluso si se revela sincera la improbable conversión de Humala de radical socialista e indigenista en moderado socialdemócrata ilustrado. Porque muchos creen que Keiko era un mal pasajero, mientras Humala lo será trágicamente irreversible.

ABC - Opinión

El Movimiento 15M sigue vivo, pero no en la Puerta del Sol. Por Federico Quevedo

Me toca hacer algunas aclaraciones porque los acontecimientos de los últimos días y mi actitud personal hacia lo que se ha llamado el Movimiento 15M han generado no pocas suspicacias, y creo necesario volver a exponer las razones, los motivos, que desde un principio me han llevado a respaldar ese movimiento de la sociedad civil que se ha manifestado en nuestras calles y plazas reclamando un mayor protagonismo de los ciudadanos en la vida pública y exigiendo a los políticos un compromiso de regeneración de la democracia.

Es verdad que más allá de estos parámetros, el Movimiento 15M ha tenido expresiones que podían resultar de mi agrado y otras no tanto. Empezando por el final, la presencia de grupos antisistema y radicales de izquierda ha complicado mucho la tarea informativa, e incluso desde esos núcleos que poco a poco han ido imponiendo sus tesis y sus comportamientos al resto de integrantes de las acampadas se ha procurado silenciar a los medios de comunicación. Ayer mismo un compañero periodista se quejaba en twitter de que los miembros de la Comisión de Comunicación de #acampadasol le exigían ver una entrevista que había hecho a los portavoces antes de que ésta fuera publicada. Eso, en mi idioma, se llama censura previa y va precisamente en contra de lo que yo creo que hay detrás del Movimiento 15M, que no es otra cosa que una clamorosa y un tanto caótica expresión de libertad.


A esa actitud de censura hay que sumar algunas de las reivindicaciones que se han hecho desde las asambleas, absolutamente irreales y propias de un colectivismo carpetovetónico de imposible factura en nuestros días y que de llevarse a cabo situarían a nuestro país en la cola de las naciones con prestigio, a la altura más o menos de países como Venezuela. Tercera cuestión: yo estuve la semana pasada en #acampadasol no una, sino varias veces, y puedo asegurar que ni aquello olía mal, ni sufrí ninguna infección de chinche o piojos, ni asistí a espectáculos callejeros de sexo en vivo, ni nada que se le parezca… Lo que vi, más allá de intencionadas observaciones dirigidas a descalificar a los acampados, fue una acampada bastante organizada, con gente limpiando el entorno, surtida de múltiples posibilidades para pasar el tiempo, pero que desde mi punto de vista había perdido el rumbo original con el que había nacido #acampadasol y el Movimiento 15M.
«Probablemente la fase más complicada del Movimiento 15M sea esta, porque ahora es cuando toca concretar no solo los objetivos sino también las acciones.»
Considero, por tanto, que desde hace días la mejor alternativa para las acampadas, dado que además este sigue siendo un país libre y democrático y las actitudes de presión son poco comprensibles sobre todo cuando los objetivos están faltos de concreción, la mejor alternativa, insisto, es levantar el campamento y darle al Movimiento 15M una visibilidad distinta a la que se le ha dado hasta ahora. ¿Significa esto un fracaso? En absoluto. El Movimiento 15M y #acampadasol han conseguido algo muy importante: crear conciencia de cambio. Y eso era muy necesario en una sociedad como la nuestra hasta ahora adormecida y resignada a su propio destino.

Miren, llevo mucho tiempo quejándome de que en unas circunstancias como las actuales en este país nadie se haya movilizado para mostrar su indignación, y cuando por fin hay miles de personas que lo hacen, no seré yo quien les dé la espalda. Me importa un bledo, y lo digo así de claro, si no protestan en Moncloa o en Ferraz. Tampoco lo hacen en Génova 13. Sol se convirtió, desde un principio, en un símbolo de la protesta y hubiera dado igual si en lugar de ser Aguirre la inquilina del Palacio de Correos fuera un político de la izquierda, porque los acampados no miraron por esa circunstancia. Lo importante de la protesta, de la movilización, es que exteriorizaba eso que tanto nos sorprendía a muchos que no se exteriorizase: cabreo, malestar… indignación. ¿Por qué? ¿Hacia quién? Indignación por una situación política-económica-social que tiene a este país sumido en una crisis sin precedentes, y de la que los ‘indignados’ echan la culpa a unos y otros por igual, aunque luego en las urnas los ciudadanos castiguen con mayor energía a quienes tienen mas responsabilidad que siempre son los que gobiernan. Pero la queja tiene que ir dirigida a todos, porque de todos ellos depende que las cosas cambien, no solo de unos, no solo de los que están en el poder, porque entre otras cosas el poder está bastante repartido y compartido.

¿Qué debe ocurrir a partir de ahora? Probablemente la fase más complicada del Movimiento 15M sea esta, porque ahora es cuando toca concretar no solo los objetivos sino también las acciones. Es posible que la ciudadanía pase de nuevo por una fase de resignación y parezca que el movimiento haya perdido impulso, pero no es así. Los acampados pueden tener la tentación de querer permanecer contra viento y marea porque piensan que levantando el campamento se acabará todo, pero esa una impresión equivocada. Se ha conseguido despertar las conciencias, y ahora hay que ser inteligentes y actuar con sentido común hasta conseguir que quienes de verdad tienen en su mano introducir esos cambios que regeneren el sistema democrático acepten que en las próximas elecciones generales tienen que ofrecer a los ciudadanos algo más que simples recetas contra la crisis. Y la manera de conseguirlo es manteniendo viva la presión, pero eso no quiere decir que deba seguir en pie #acampadasol, sino que será necesario estudiar nuevas acciones legales de protesta que mantengan viva la llama que se encendió el pasado 15 de mayo. ¿Cuáles? Bueno, Democracia Real Ya propone una manifestación para el día 19, y ese es un buen comienzo, pero en cualquier caso lo que se haga debe estar siempre dentro de la legalidad vigente y sin salirse de los carriles del sistema, porque de lo contrario se perderá el sentido de querer cambiarlo desde dentro. Esto es lo que yo creo, y lo que seguiré defendiendo.


El Confidencial - Opinión

Reforma laboral. La rémora del diálogo social. Por Cristina Losada

Ni que decir tiene que el procedimiento facilita al Gobierno de turno un escapismo muy querido: que decidan ellos, que yo me lavo las manos.

Es ya un lugar común referirse al déficit de democracia en España, pero se habla mucho menos de la existencia de un déficit de comprensión de la democracia, fenómeno que también resulta visible aquí. Hoy, esa segunda carencia se observa de modo espectacular en quienes ocupan, a modo de poblados chabolistas, las plazas de algunas ciudades, provistos de un surtido de reivindicaciones que guardan con la política la misma relación que las chuches con la repostería. Pero no son ellos los únicos ignaros del lugar ni, desde luego, los de mayor relevancia. Y a estos últimos no cabe concederles la circunstancia eximente del desconocimiento.

La progresiva transformación de las democracias parlamentarias en democracias de partidos y la degeneración de éstas en partitocracias, al extender los partidos su ámbito de actuación hasta colonizar el Estado y parte de la sociedad, es el mar de fondo que precipita los riesgos de deslegitimación del sistema. Pero, junto a ello, se dan excentricidades que remachan la percepción de la inutilidad de las instituciones elegidas democráticamente. Un caso, en España, es ya tradición. Así, viene siendo norma, gobierne quien gobierne, aunque ha gobernado más la izquierda, que el marco legislativo laboral se sustancie al estilo de un Estado corporativo o de la emparentada democracia orgánica que trató de articular el franquismo.

El invento bautizado como "diálogo social" dispone que sean los empresarios y los trabajadores, o por mejor decir, sus organizaciones respectivas, los que diriman asuntos del calibre de una reforma laboral y una negociación colectiva. En otras palabras, los gremios elaboran las leyes que les afectan. Ni que decir tiene que el procedimiento facilita al Gobierno de turno un escapismo muy querido: que decidan ellos, que yo me lavo las manos. Y si hay un Ejecutivo proclive al escaqueo, como el de Zapatero y Rubalcaba, tanto más recurrirá al rol de Poncio Pilatos y a esconderse en el buenismo del diálogo. La cuestión, sin embargo, no es si ese trasunto de Sindicato Vertical funciona, ni cuánto tiempo se pierde hasta que el Gobierno haya de pringarse él solito. La cuestión es la legitimidad. Y el resultado, la marginación del legislativo que, como su nombre indica, para algo de eso está.

Ahora que hasta Concha Velasco reconoce que cantó para Franco –a diferencia de quienes persisten en fabricarse un impoluto pasado antifranquista– no pasaría nada por aceptar que se han heredado costumbres gremiales y corporativas de aquel régimen. Y acabar con ellas.


Libertad Digital - Opinión

Furgonetas. Por Ignacio Camacho

El poder no es una costumbre ni un usufructo ni un privilegio ni una revancha. Y menos, un latifundio privado.

ESTE revuelo de cesantías, este runrún de trituradoras de papel, este alboroto sesgado de recelos en la simple normalidad de una transmisión de poderes tiene el tufillo a naftalina del viejo turnismo de la Restauración, ese marchamo sectario de ida y vuelta que tanto ha envilecido nuestra funcionalidad democrática. Los relevos de poder han de atenerse a mecanismos regulares, rutinas tasadas y estables, sin esta crispación de sospechas ni esta precipitación de huellas borradas; un mero trámite de alternancia que no cuadra entre tanta desconfianza de cuentas amañadas ni tanto furtivo trajín de furgonetas en la noche. En la tensión de una política de enconos hemos vuelto a olvidar que el poder no es una costumbre ni un usufructo ni un privilegio ni una revancha. El poder no es de nadie, salvo del pueblo que decide quién lo administra cada cierto tiempo. Y no pasa nada; unos se van y otros vienen: la democracia.

Sucede que a menudo en España se entiende el poder como un latifundio de partido, una propiedad orgánica que se siembra de clientelismos y se cultiva en régimen extensivo con capataces, aparceros, jornaleros y aperadores. Esta privatización de la política ha desembocado en un concepto excluyente de dominación que a menudo convierte las instituciones en regímenes o feudalatos capaces de perpetuarse mediante intrincadas redes de dependencia. La identificación entre gobierno y partido provoca un desparrame clientelar que acaba apropiándose de la administración pública y la transforma en una máquina de colocar adictos y distribuir contratos, ayudas, salarios, subsidios. Por lo general esa malla de intereses contribuye a prolongar el tiempo de la dominancia, pero cuando el abuso, el hartazgo o la simple fatiga desembocan en un vuelco electoral, la obligación de abandonar la presunta heredad suele desencadenar en los desalojados una contrariada reacción de miedo, trastorno y tragedia.

Esta voluntad invasiva de los aparatos partidarios ha señalado a las autonomías, por su hipertrofiada capacidad de gasto en recursos y servicios, como territorio de ocupación preferente. Los relevos de poder tras largas etapas de hegemonía —sobre todo en las controladas por los nacionalismos— han sido sin excepción traumáticos. El terremoto electoral de mayo ha liquidado feudos históricos socialistas como el de Castilla-La Mancha y amenaza seriamente el virreinato andaluz. No se trata de un sencillo cambio de gobierno, sino del desmantelamiento de estructuras aposentadas en décadas de supremacía y ramificadas en complejas tramas administrativas, con frecuencia superfluas, que necesariamente van a crujir. Por eso conviene alejar cualquier suspicacia vindicativa que remita a los tiempos de las «auditorías de infarto» y demás terminología de desahucio revanchista. Ya va a resultar bastante cardíaca la experiencia de gobernar en bancarrota.


ABC - Opinión

Nadal. Por Alfonso Ussía

Ha ganado diez grandísimos, diez torneos de «Grand Slam». Ha ganado dieciocho grandes del «Master 1.000», y muchos medianos, como el lamentablemente rebajado Conde de Godó. Tiene la medalla de oro olímpica, y tres ensaladeras de la Copa Davis. Veinticinco años. Una familia ejemplar, una novia normal y guapísima, una formación humana extraordinaria. De los diez grandísimos, seis en París. Una delicia. Nada molesta y humilla más al parcial y antipático público de «Roland Garros» que una victoria de Rafa. Le disputa la final a un hijo de Gadafi, y los parisinos se vuelcan con Gadafi. Complejo se llama eso. Ahora viene la etapa de la hierba. El «Queen’s» y Wimbledon. Otra cosa. Un público educado e imparcial que aplaude los aciertos y silencia los errores. El tenis de verdad. Hace cincuenta años que Manolo Santana ganó su primer Internacional de París a Nicola Pietrángeli. Despúes de don Manuel ha habido grandes tenistas en España. Él abrió la espita. Pero su heredero es Rafael Nadal. En talento y en talante. Viendo su superación en este «Roland Garros» no resulta exagerado soñar con su tercer Wimbledon. Allí lo adoran. Como en Australia y Estados Unidos. Sólo en Francia desean su derrota, y tararí que te ví.

Décadas llevan sin un francés en los tramos finales de su torneo. No es culpa de Nadal. Y Nadal cuenta con otros enemigos en España. Los españoles que no quieren serlo. No deja pasar ocasión Rafa de abrigarse con la Bandera de España en cada ocasión que triunfa. Y claro, los rebaños del retroprogresismo rebuznan. Rubalcaba no se ha atrevido con Rafa como con Marta Domínguez. Rafa Nadal representa todo lo contrario que el agonizante socialismo. La honradez, el trabajo, el talento y el patriotismo. Sí, he escrito patriotismo, eso tan anticuado para muchos. En ese aspecto, los franceses son ejemplares y envidiables. Brindo por ellos. Tengo escrito, y repetidas veces, que una tribuna de Wimbledon se reserva para los buenos aficionados fallecidos. Wimbledon es lo más. El formidable actor Arturo Fernández fue sorprendido por Antonio Mingote vestido de tenista y ligando con una americana. Cuando se encontraron a solas Antonio se interesó por el atuendo. «Es muy aficionada al tenis y está loca por mí. Me preguntó qué campeonato habia ganado y me abrazó emocionada cuando le respondí: Wimbledon».

A Rafael Nadal le queda por delante mucha cancha y más futuro. Nos hace felices, y esa felicidad que nos regala con sus victorias hay que agradecérsela públicamente, a viva voz, sin complejos. Con el permiso de otros inmensos deportistas españoles como el recientemente fallecido Seve, o Pau Gasol, a Manolo Santana, o Fernando Alonso, o Ángel Nieto –todos ellos pioneros de la excelencia–, creo que Rafael Nadal ocupa la cima. Un dato para la curiosidad. Los seis han roto todas las barreras establecidas y han sido, sobre todo, orgullosos embajadores de España. Los mejores. Y los seis, fuera del deporte, son personas formidables, sencillas y contrarias al divismo y la prepotencia. -¡Roger, Roger, Roger, Roger!- Pues nada. Otro año será. La Copa de los Mosqueteros, por sexta vez, a Manacor. Bueno, una réplica de menor tamaño, porque la original se la quedan en París. ¿Y para qué? Para entregársela a Rafael Nadal por séptima vez en el próximo junio. Voilà.


La Razón - Opinión

Rajoy. ¿Y después de Rubalcaba, qué?. Por José García Domínguez

Nada de eso sucederá porque únicamente un Gobierno de concentración podría pasar a limpio en el BOE tal ramillete de buenas intenciones regeneracionistas. Única y exclusivamente. Pero, ¿a quién le importa?

Palabras, ésas que vengo de escucharle a Anibal Cavaco Silva, imposibles entre nosotros, la estirpe íbera de Caín, refractaria por instinto a la más elemental concordia, siempre presta a anteponer la cerril miopía partidista al interés general, por asilvestrado atavismo incapaz de concebir otra política que no sea la de tierra quemada. Así, apenas saber de la victoria de los suyos, el presidente portugués ha postulado una gran coalición con democristianos y socialistas para, juntos, alejar al país del precipicio. En verdad inimaginable, decía, asistir aquí a empeño remotamente parecido. Entre otras razones, porque a este lado del Miño no concedemos distraer energías en asuntos ajenos a las graves cuestiones que ahora mismo acucian a la Nación.

A saber, el expediente masónico del Capitán Lozano y la muy sesuda pesquisa académica a propósito de si un tal Francisco Franco ejerció de dictador o de enfermera de la Cruz Roja, amén de parejas urgencias. Ocurre que, de hoy en diez meses, cuando Rajoy herede la Presidencia, no podrá cumplir ninguna de aquellas grandes promesas suyas que, ¡ay!, ya duermen el sueño de los justos en la indiscreta trastienda de Google. Porque ni el Parlamento va a rescatar competencia alguna a fin de implantar una política educativa que pudiera decirse nacional sin rubor. Ni un Gobierno del PP podrá garantizar por ley el derecho a usar el español en todos los niveles de la red de instrucción pública.

Ni los retoques cosméticos del marco institucional irán más allá de lo que permita una escuálida mayoría relativa con los sindicatos amotinados en la calle. Ni se exonerará a la Justicia de continuar sometida a la custodia política. Ni la elefantiasis administrativa dejará de constituir la madre de las ineficiencias de la sociedad española. Ni la Ley Electoral, en fin, habrá de ser cosa distinta a la que siempre fue. Nada de eso sucederá porque únicamente un Gobierno de concentración podría pasar a limpio en el BOE tal ramillete de buenas intenciones regeneracionistas. Única y exclusivamente. Pero, ¿a quién le importa? Al cabo, lo único que galvaniza a la afición doméstica, igual a la de un lado que a la del otro, es que manden los nuestros. Lo demás, es sabido, resulta zarandaja baladí. Qué lejos Portugal.


Libertad Digital - Opinión

¿Maestra o salmodia de la vida?. Por José María Carrascal

«Como aseguraba Sebastián Haffner, escribir historia es, ante todo, un arte. Y a la vez, una forma de ciencia, al no ser auténtica ciencia, como las matemáticas, la física o la biología».

SOSPECHO que la inmensa mayoría de cuantos ponen el grito en el cielo porque en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia se califica a Franco de «autoritario» en vez de «totalitario» se llevarán una enorme sorpresa, con el correspondiente disgusto, si se enteran de que tal calificativo no lo inventó la RAH ni el autor del criticado texto, sino que tiene ya cuarenta años y que lo puso en circulación el sociólogo español posiblemente de mayor prestigio internacional, en una publicación nada menos que de la Universidad de Yale, donde enseñó ciencia política a varias generaciones de dirigentes norteamericanos. Me refiero a Juan Linz, que abandonó España a mediados del pasado siglo, al no encontrar en ella ni la libertad ni las oportunidades para desarrollar y exponer su pensamiento. En el libro «Regimes and Opositions» (Yale University Press, 1973), compilado bajo la dirección del profesor Robert A. Dahl, Linz se ocupó del capítulo España, con la precisión, ecuanimidad y hondura que caracterizan todos sus trabajos. Partiendo del esquema establecido por Dahn de clasificar los regímenes en hegemonías unificadas, hegemonías pluralistas y poliarquías, Linz afina la puntería y diferencia entre regímenes autoritarios y totalitarios, definiendo los primeros como «aquellos con pluralidad política limitada, sin haber asumido responsabilidades ni tener una ideología elaborada o guiada (aunque con distintas mentalidades); sin intensa ni extensa movilización política (excepto en ciertos puntos de su desarrollo); con un líder (ocasionalmente un pequeño grupo) que ejerce el poder dentro de unos límites mal definidos, aunque predecibles, mientras caracteriza los segundos como sistemas cerrados, impenetrables, sin capacidad de evolución». Para incluir el régimen franquista entre los autoritarios, remachando: «Los diferentes tipos de oposición, dentro y fuera contra el régimen sólo pueden entenderse si partimos de que España no es —o no ha sido desde mediados de los años cuarenta— un régimen totalitario».

Así que las protestas hay que hacerlas no a la RAH ni al profesor Suárez, sino a la Universidad de Yale y al profesor, hoy emérito, Linz. Ya sé que esto que digo no va a convencer a quienes reservan a Franco el título de dictador como más benigno, olvidando, o puede sin saber, que uno de los grandes líderes socialistas, Largo Caballero, no tuvo inconveniente en colaborar con el primero de nuestros dictadores del siglo XX: Primo de Rivera. Aparte de que la izquierda sólo encuentra odiosas las dictaduras ajenas, porque las suyas le encantan. Recuerden que alardeó incluso de la «dictadura del proletariado», que denominó «paraíso de los trabajadores», y que incluso tras demostrarse que era un inmenso campo de concentración, sigue sus arrumacos con la dictadura cubana. Son cosas que hay que decir, aunque no guste oír.

Pero de lo que yo quería hablarles era de la tarea fáustica que es escribir historia, esa «novela de la humanidad» como la llamaba Ortega, más apasionante que cualquier relato de ficción. Ramke la definió como «contar lo que ocurrió exactamente como ha sido». Pero si lo que ocurre ante nuestros ojos puede ser contado de formas muy distintas, ¿cómo contar lo ocurrido hace siglos en lugares y condiciones muy distintas? Si hay una tarea imposible es ésta.

La mejor definición de la historiografía la encontré en el Über Geschichtsschreibung de Sebastián Haffner y empieza, como suele ocurrir con el mejor ensayista alemán del siglo XX, con una sorpresa: «Escribir historia es, en primer lugar, un arte». Que remata con otra tan impecable como un revés cruzado de Roger Federer: «Como todo arte, se compone principalmente de omisiones». Lo que Haffner quiere decir con ello no es que el historiador tiene que olvidar hechos y nombres, sino que, como auténtico artista, tiene que concentrarse en lo verdaderamente importante, obviando todo lo demás, para que no estorbe. Esa mirada a vuelo de pájaro sobre el pasado es lo que diferencia al auténtico historiador del mero erudito, como el pintor genial se diferencia del pintor rutinario en que se centra en los rasgos fundamentales del paisaje o personaje que lleva al lienzo, en vez de contentarse con reproducirlo con todo detalle.

Sentado que la historia es un arte, Haffner echa mano de su palabra favorita: trotzdem, sin embargo. «Sin embargo —advierte— escribir historia es también una forma de ciencia». El «una forma de» indica ya que no se trata de una auténtica ciencia, como las matemáticas, la física o la biología, que se asientan en un cúmulo de certezas probadas y comprobables, mientras la historia utiliza un material demasiado desperdigado e instrumentos demasiado romos. En cuanto a sus fuentes, advierte Haffner, «son principalmente mentiras intencionadas de políticos y cortesanos muertos. De ahí que la historia sea, como la criminología, un eterno trabajo de Sísifo: aclarar actos cuyos autores tenían el mayor interés en evitar su aclaración. Y sin embargo —de nuevo el trotzdem—, cuando el escribir historia renuncia totalmente al intento de hacer ciencia, se convierte en mera producción de leyenda o propaganda, lo que tampoco es». O debiera de ser, añadimos por cuenta nuestra.

Con tales premisas, se comprende la enorme dificultad de escribir historia. Ser al mismo tiempo un artista y un científico, sin dejarse engañar por las apariencias, requiere una mente ágil e incisiva, una enorme autodisciplina y un saludable escepticismo, que incluye no dejarse llevar por la moda reinante ni por los propios prejuicios, siendo aquello tan importante o más que esto, pues nuestros prejuicios los conocemos y podemos defendernos de ellos, mientras la moda o pensamiento imperante nos espera tras cada esquina para atracarnos. E incluso si el historiador sortea todas esas trampas y dificultades, le quedará todavía lo más difícil por salvar: las inevitables distintas interpretaciones. Un mismo hecho —digamos, la Revolución Francesa, la Soviética—, una misma etapa —la Ilustración, la Restauración—, un mismo personaje —Napoleón, Cleopatra— puede ser juzgado como un éxito o un fracaso, con tantos argumentos para defender una tesis u otra. De ahí que el historiador deba huir de una historia vista a través de las lentes de una ideología, para atenerse únicamente a hechos y testigos, a fin de ofrecer un retrato lo más real y sucinto posible del personaje, suceso o época a describir. De ahí también que Tucídides continúe siendo el modelo de historiador —el primero que se atuvo a los hechos, relacionándolos con las circunstancias sociales y económicas reinantes—, mientras no se demuestre que tenía un «mensaje oculto» a enviar, cosa improbable de descubrir a estas alturas.

Haber sido testigo de la narrado, pero teniendo ya una distancia suficiente de ello para darle perspectiva, es la última condición que Haffner pide al historiador, señalando incluso una distancia: veinte años después de los hechos, «cuando los recuerdos se han posado, pero aún no diluido».

Han pasado ya más de treinta años de la muerte de Franco y, sin embargo (vamos a imitar al virtuoso del trotzdem) no parece que pueda todavía escribirse históricamente sobre él, sino sólo a favor o en contra. Como Mingote nos mostraba el sábado, los nietos de quienes libraron la contienda siguen combatiéndola. Y eso no es ni ciencia ni es arte. Es no haber aprendido la primera lección de la historia, según los antiguos, «maestra de la vida».


ABC - Opinión

Perú y la incógnita de Humala

Tras una campaña electoral que ha evidenciado la polarización ideológica y política que existe en Perú, el nacionalista de izquierdas Ollanta Humala ha ganado las elecciones presidenciales con un margen muy ajustado: el 51,27% de los votos frente al 48,72% que ha logrado su adversaria Keiko Fujimori, lo que le convierte en el primer gobernante peruano de izquierdas elegido en las urnas. Lo único que tenían en común ambos candidatos es un marcado discurso populista, que en el caso de Humala se iba radicalizando, hasta llegar a convertirle en un discípulo aventajado de Hugo Chávez, aunque en el tramo final de la campaña, cuando se veía con posibilidades de ganar, optó por la moderación. No se puede obviar que, para la mayoría de los peruanos, con la excepción de los indígenas que apoyan a Humala, su triunfo es un mal menor ante la perspectiva de que la hija de Fujimori accediera a la presidencia, por lo que ha habido muchos más votos contra Fujimori que pro Humala. El líder de Gana Perú llega al poder con la intranquilidad y la incertidumbre de los mercados y de los inversores nacionales y extranjeros. Sus buenos resultados en la primera vuelta, y su triunfo final, han sido muy mal recibidos por los mercados: tras conocerse los resultados, ayer se cerró la Bolsa de Lima después de bajar casi un 9%. También cayó el valor de los bonos soberanos y la moneda nacional se depreció. Y es que su discurso nacionalista de izquierdas e indigenista que optaba por un modelo de Estado extremadamente intervencionista hacía zozobrar la bonanza del país. Cabe subrayar que Humala hereda un Perú con una economía sólida. El crecimiento económico en 2010 fue del 8,7% gracias a las políticas neoliberales de las dos últimas décadas. Este incremento tan significativo ha propiciado en los últimos años una baja inflación, equilibrio presupuestario y un banco central al margen de cualquier control político. Está en manos de Humala no dilapidar estos logros y articular un modelo que sirva para potenciarlo, eso sí, siendo plenamente consciente de que esta buena situación económica tiene que servir para paliar el 60% de pobreza de los indios de las zonas andinas. Humala se debate entre la deriva nacionalista de izquierda, ya conocida y encarnada en estos momentos en el caudillismo de Chávez –cuyas teorías abrazó con entusiasmo en las elecciones presidenciales de 2006, en las que perdió–, Morales y Correa o mirarse en el espejo de una izquierda más acorde con los tiempos representada por Lula da Silva o el uruguayo José Mujica. Todo apunta a que se decantará por esta segunda opción, ya que durante la campaña electoral ha sido asesorado por hombres del entorno del ex presidente brasileño. Es de esperar que Humala haga una gestión tranquila en Perú, con unas reformas que se caractericen por la moderación. No tiene que hacer una política continuista necesariamente, pero tampoco debe caer en delirios ultranacionalistas como promover una economía nacional de mercado interno desdeñando la inversión extranjera o nacionalizando sectores claves de la economía. Perú ha vivido un notable avance en los últimos años y Humala no se puede convertir en una rémora para el país.

La Razón - Editorial