sábado, 14 de mayo de 2011

¡Mientes, Gómez, y tus compañeros ni te cuento! Por Federico Quevedo

El candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, es un mentiroso. Lo es por muchas razones, una de ellas, por ejemplo, insistir de manera machacona en que el PP va a privatizar la Sanidad e instalar el copago, algo que bajo ninguna circunstancia piensa hacer el Gobierno de Esperanza Aguirre que, todo lo contrario, hasta ahora lo que ha hecho es fomentar la universalidad del servicio público de salud y mejorar el acceso de los ciudadanos al mismo. Miente, además, porque oculta su verdadero programa electoral, que no es otro que un programa de nacionalizaciones y expropiaciones al más puro estilo del leninismo pro-soviético.

Una de las áreas que quiere nacionalizar Tomás Gómez es la enseñanza privada, y puede que en el fondo lo haga, no tanto por convicción, como por despecho: le da una rabia tremenda que le hayan pillado habiendo sido alumno de uno de esos colegios privados que ahora quiere nacionalizar -pero no va a poder, porque no gana ni pagando a los ciudadanos-, y ha dicho que tuvo que estudiar ahí porque entonces no había colegios públicos, que fueron creados por la política educativa de Felipe González.


Hace falta ser embustero para decir eso sin que se le caiga la cara de vergüenza. Los colegios públicos existen desde hace décadas. Ya existían en tiempos del franquismo, y antes. De hecho, él tenía donde elegir: nueve alrededor de su casa. Lo que, eso si es verdad, fue consecuencia de la política educativa de Felipe González son los colegios concertados. Gómez fue a un colegio privado porque en aquel entonces era un niño de familia bien, pudiente, clase media con posibles, probablemente satisfecha con el franquismo y con el nivel de vida que les permitió la política económica llevada a cabo por la tecnocracia de la época.

Y ya que estamos, permítanme que abandone a Gómez, que ya no da más de si porque todo su programa político se fundamenta en la mentira constante sobre su adversaria, y me centre en otros ilustres socialistas que también van por la vida dando lecciones de empatía con los pobres y sacándole los colores a la derecha por ricos, cuando la realidad es que los que se comportan como nuevos ricos son ellos, la mayoría además muy vinculados a la oligarquía franquista o a la aristocracia de la época. Porque, en eso hay que ser sinceros, los únicos que pueden dar lecciones en este país de coherencia son los comunistas, en todos los sentidos: ellos si van de lo que creen, y lucharon contra la dictadura en las calles y en las cárceles.

Los que presumen de rojos

«Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-.»
Pero en esa lucha no estaba Manuel Chaves, por ejemplo, que ahora presume de rojo y exige que pierda la “derecha de la derecha” en memoria de los padres y los abuelos de los socialistas que lucharon contra Franco… Como su padre, ¿no?, un coronel franquista, y su madre, militante de la Falange Española y de las JONS. En casa de Chaves sí que se llevaban correajes. Como en la Bono, en incluso en la de Felipe González -bueno, en este caso los correajes los llevaba él-.

El jueves, leyendo la noticia de la hija de López Garrido en El Confidencial -ver noticia-, se me ocurrió buscarla en Google, y me encontré, ¡oh, casualidad!, con este divertido documento del ABC, del 13 de julio de 1975, en el que se da cuenta de la boda de don Diego López Garrido y la señorita doña Carmen Moreno de Cala y Bernabéu en la capilla del Castillo de Batres. Solo el relato de los invitados y testigos no tiene desperdicio -ver documento adjunto- y sirve de ejemplo de lo progre que resultaba tal enlace. ¿Y éstos son lo que vienen a darnos lecciones de progresía?

Cómo José Blanco, que le echa en cara a la derecha que lleven a sus hijos a colegios privados y oculta que el lleva a los suyos al British Council Somosaguas, donde comparten clase, mesa y recreo con los nietos de la Duquesa de Alba y lo más granado de La Finca y las urbanizaciones de lujo de Pozuelo de Alarcón. El mismo José Blanco que se construye un ático de lujo en la Isla de Arosa incumpliendo todas las normativas medioambientales y ahora se ha hecho un carril bici y una carretera ‘casi particular’ que le lleva directamente a la urbanización sin pasar por el medio del pueblo.

Qué voy a decirles de José Bono que no se haya contado ya, o de la casa de veraneo de Felipe González en Marruecos, más la que tiene en pleno centro de Madrid que vale un potosí. O de Carmen Chacón, que presume de haber trabajado en un Corte Inglés, pero oculta que lo hizo como otras muchas compañeras suyas porque era lo que se llevaba entre la clase media-alta de la época, porque en realidad no lo necesitaba perteneciendo como pertenecía a una familia muy bien posicionada de Almería, como cuenta todo aquel que la conoce en la zona. ¿Y nos dan lecciones a los demás sobre ética y estética? Pues hombre, hasta aquí podríamos llegar. Esta izquierda de nuevos ricos es peor, si me apuran, que la derecha de siempre. A los segundos, al menos, se les ve venir y no mienten sobre lo que son cuando lo son -que no es la mayoría de las veces-, pero éstos mienten y nos ocultan la realidad para presentar una distinta que poco o nada tiene que ver con lo mucho que les gusta ser iguales que ésos a los que critican.


El Confidencial - Opinión

Con las víctimas, ahora más que nunca

Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.

La posibilidad de que el Gobierno permitiese a ETA presentarse a las elecciones, como le había permitido mantenerse en decenas de ayuntamientos vascos mal disfrazada de ANV, ha sido uno de los motivos por los que se ha reactivado la rebelión cívica de las víctimas del terrorismo en los últimos meses. Un temor que fue confirmado por la vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional, votada por cinco jueces de estricta obediencia socialista y otro al servicio del nacionalismo. Seis jueces que han demostrado una vez más que en nuestro sistema político no rige la separación de poderes, marca de fábrica de toda democracia que merezca tal nombre.

El PSOE será el principal responsable de que ETA permanezca en los ayuntamientos, disponga del censo para sus fines y reciba subvenciones del Gobierno por los resultados políticos que consiga. La agonía de la banda terrorista comenzó cuando por fin comenzaron a emplearse todos los instrumentos de los que podía servirse un Estado de Derecho para acabar con esta lacra. Sus brazos políticos empezaron a quedar fuera de las instituciones públicas, perdiendo el dinero que perciben por ello, en forma tanto de sueldos como de ayudas directas a los partidos políticos.

A cada paso de este camino se dijo que una gran parte de la sociedad vasca lo encontraría injusto, que ganarían simpatías y apoyos. Lo cierto es que no han hecho sino perder relevancia. Y ahora, cuando más cerca estamos del final, el Gobierno vuelve a insuflar oxígeno a una ETA cuyo único destino debiera ser el de desaparecer sin haber logrado ni una sola de sus reivindicaciones.

¿Qué camino puede quedar a las víctimas del terrorismo sino el de protestar ante la evidencia de que el Gobierno los considera ciudadanos de segunda? Este sábado hay que estar con las víctimas y en contra de un Gobierno y un Tribunal Constitucional a su servicio que ha vuelto a permitir que se aprovechen de la democracia quienes desean destruirla. Tenemos más razones que nunca.




Libertad Digital - Editorial

viernes, 13 de mayo de 2011

#llamamebellaco o cómo (casi) todo se vuelve contra ZP. Por Federico Quevedo

Ha sido decir Rodríguez en un mitin de campaña, con el rostro indignado y el puño golpeando con estudiada cadencia el atril, que “miente como un bellaco” quien diga que él ha hecho alguna clase de recorte social -pero, por Dios, ¿cómo se nos puede ocurrir semejante cosa?-, y la red de moda, o sea, Twitter, ardía por los cuatro costados bajo la etiqueta de #llamamebellaco: “#llamamebellaco pero 120.000 jóvenes emigran en busca de trabajo”, “#llamamebellaco por el pleno empleo, a eso lo llamo yo cumplir promesas”, “#llamamebellaco pero solo tus nombrados en el TC colaboran con ETA legalizando a Bildu”, “#graciasZP por la subida de la luz pero, si quieres, #llamamebellaco”, “#llamamebellaco si quieres, pero a mí sí me bajaron el sueldo el año pasado”, “#llamamebellaco por el recorte de los sueldos de los funcionarios y las pensiones”, #llamamebellaco pero me compré un piso que costó una pasta y hoy vale una m….”, “#llamamebellaco va camino del #plenoparo”… Y así hasta un infinito que se convirtió en uno de los trending topics del día. Y es que, en fin, hace falta tener la cara muy dura para negar hasta ese punto las evidencias, y lo de Rodríguez empieza a ser ya un poco preocupante.

Tal día como hoy se cumple un año desde que Rodríguez se subiera a la Tribuna del Congreso de los Diputados para anunciar el que ya ha sido el mayor recorte social que se haya llevado a cabo nunca en nuestra historia democrática. Lo cierto es que afirmar esto resulta enormemente doloroso, y me consta que cada vez que se dice en el Partido Socialista chirrían los goznes de las puertas de la vergüenza, pero qué le vamos a hacer, es así les guste o no les guste. Fue el propio Rodríguez quien dijo aquello de que “mientras haya una mayoría socialista en el Parlamento que no aspiren a recortes sociales, de ninguna manera, no va a pasar”.


Pero en mayo del año pasado ocurrió, obligado por las circunstancias y por las presiones de nuestros socios europeos y del presidente norteamericano, Barack Obama. Entonces teníamos nuestra prima de riesgo en 97 puntos básicos. Hoy la tenemos en 230 y nuestra economía vuelve a estar en el punto de mira a cuenta de la más que posible reestructuración de la deuda de los países periféricos, lo cual nos lleva a pensar que probablemente lo hecho entonces no acaba ahí y que cuando Salgado dice que no habrá más recortes hay que echarse a temblar, porque eso significa que los va a haber.

Dice Rodríguez, en sus mítines -que es en el único sitio en el que encuentra a alguien que le haga caso, y cada vez menos y a menos gente-, que eso es mentira, que él ha traído los mayores logros sociales a este país. Es verdad que la herencia dejada por Aznar le permitió, durante su primera legislatura, tirar de chequera y mejorar algunas de las prestaciones sociales e, incluso, aprobar algunas nuevas como el cheque-bebé. Pero realmente lo único que hizo Rodríguez fue eso, gastar más y como suele ocurrir casi siempre cuando las cosas se hacen así, mal, sin pensar, sin políticas de ajuste añadidas que permitan aplicar políticas sociales y al mismo tiempo evitar incurrir en déficit, cuando se tira la casa por la ventana y se derogan leyes de estabilidad presupuestaria permitiendo a las administraciones públicas hacer lo mismo, también hay que saber asumir las consecuencias de esos errores.
«Finalmente no ha tenido más remedio que aceptar los hechos: esta es la crisis más profunda que ha padecido este país, y su incompetencia la ha hecho todavía más grave..»
Este Gobierno ha gestionado mal, muy mal, y cuando han venido las vacas flacas primero se dedicó -él sí- a mentir y engañar negando la evidencia, después a menospreciar el alcance de la crisis, más tarde a presumir ante el resto de los socios riéndose de algunos de ellos, a continuación a intentar convencernos de que había brotes verdes en el desierto, hasta que finalmente no ha tenido más remedio que aceptar los hechos: esta es la crisis más profunda que ha padecido este país, y su incompetencia la ha hecho todavía más grave.

Gastar y gastar

Durante los primeros compases de la crisis el Gobierno de Rodríguez se dedicó a hacer justo lo contrario de lo que había que hacer: gastar, gastar y gastar. Fue la época de los Planes E, A, B, C… Cada día un plan, una reunión, un comité, un pacto sin pacto, una mesa… Pero de medidas reales, de verdadero programa económico, nada de nada. Y a medida que la inoperancia crecía, lo hacía proporcionalmente la intensidad de la crisis, y hace un año por estar fechas el asunto estalló en las manos del Gobierno, justo cuando España presidía la UE y estábamos en el escaparate a los ojos del mundo entero, y el mundo entero se dio cuenta de que tenía un problema que se llamaba España. Porque podían hundirse Grecia, Irlanda e incluso Portugal, pero si se hundía un país que significa más del 10% del PIB de la Unión, en el que buena parte de los inversores europeos y americanos tenían invertidos muchos billones de dólares, podía llevarse por delante la incipiente recuperación de esos mismos países.

Y fue cuando Obama, Merkel y Sarkozy levantaron el teléfono y le dijeron a Rodríguez: “Muchacho, hasta aquí hemos llegado, ya no puedes seguir haciendo el idiota, ahora te tienes que poner las pilas y tomar decisiones, aunque eso suponga que vayas a perder las elecciones”. Y el resto de la historia la conocen ustedes igual que yo: dos días después Rodríguez comparecía ante el Parlamento y se hacía lo que los periodistas hemos llamado una enmienda a la totalidad de toda su política.

Ayer lo resumía, en el transcurso de la sesión de control, Mariano Rajoy quien, lejos de escuchar los cantos de sirena de quienes le piden más agresividad en su particular campaña, está acertando con un mensaje directo al ciudadano más preocupado hoy por su situación económica que por cualquier otra cosa. Hace un año Rodríguez anunció un plan muy duro de recortes sociales como la eliminación del cheque bebé, la deducción de 400 euros por IRPF o la deducción por compra de vivienda habitual, la congelación de la pensiones y la reducción del salario de los funcionarios, entre otras cosas.

Con todo, la más antisocial de las políticas de Rodríguez se llama PARO: "En España hay 264.700 parados más, el paro juvenil ha aumentado del 42% al 45%, 43.728 autónomos ha cesado su actividad y los españoles siguen perdiendo poder adquisitivo", enumeró ayer Rajoy. "Todo esto sin crecimiento económico, con la prima de riesgo por encima de 200 puntos básicos y sin crédito en España. Con casi 5 millones de personas que quieren trabajar y no pueden, es evidente que se pierde poder adquisitivo”, y eso, aunque se nos llame bellacos, solo tiene un nombre: recorte social, el peor de todos los recortes sociales. "Tiene usted el dudoso honor de ser el presidente de ese gobierno que más ha empobrecido a los españoles y que más recortes de derechos sociales ha hecho nunca", le dijo ayer Rajoy a Rodríguez. Y tiene toda la razón, aunque el presidente se empeñe en llamarle “bellaco”.


El Confidencial - Opinión

Cómplices en la infamia. Por Hermann Tertsch

El Gobierno español es el mayor defensor del régimen cubano en el mundo. A los cubanos sin miedo los desprecian e ignoran.

NO les voy a hablar de Bildu y el Tribunal Constitucional, aunque no culpo a nadie que lo haya pensado al leer el título. No les voy a hablar de los cerca de novecientos muertos españoles, cuyos asesinos han sido legitimados en su trayectoria por nuestro Gobierno. Erigidos en adalides de un largo proceso de cincuenta años que entra en su nueva fase triunfal con las camadas de nazis legalizadas para su proyecto de liquidar las libertades en el País Vasco y en Navarra. Algunos de los responsables de esta tropelía histórica se prometen de ello el título de “pacificadores” en nuestra historia. A mí se me ocurren otros. En todo caso, que no pidan respeto, por favor. Cuando lo que deberían pedir es perdón. Respeto no, por favor.

Vamos a hablar de otro muerto que aquí han olvidado antes de que lo enterraran el pasado domingo en un cementerio de La Habana. Juan Wilfredo Soto, de 46 años, era un cubano que llevaba más de la mitad de su corta vida pidiendo, precisamente, respeto. Nada menos que al poder. Juan Wilfredo pedía que le dejaran decir lo que pensaba. Y pedía que no le pegaran ni le encarcelaran por algo tan sencillo e inocente como decir la verdad, su verdad, en voz alta. Que no es otra verdad que la de millones de cubanos que no se atreven a pronunciarla. Él era uno de esos pocos que no tenía miedo. O que lo vencía a diario por un compromiso consigo mismo, un respeto y una exigencia a un tiempo. Eso que se llama dignidad. La mayoría de los cubanos tiene miedo. Es lógico porque el régimen que los oprime desde hace medio siglo es una inmensa maquinaria de producción de miedo. Todas las demás fuentes de producción, fábricas, ingenios, talleres y granjas, se han hundido en Cuba podridas por la desidia, el desamor, la ineficacia, la corrupción y la mentira. Solo funciona la producción y la administración del miedo, esa mercancía que se reparte muy equitativamente, según las reglas comunistas, entre toda la población. Mayores y menores, hombres y mujeres, obreros y burócratas, policías y campesinos, miembros del partido de arriba y abajo, todos tienen miedo por igual. Como debe ser para el funcionamiento armonioso de un sistema que, desprovisto de espíritu y alma, no funciona. Juan Wilfredo, sin miedo, era una pieza estropeada. Como tantos cientos de cubanos que, por alzar la voz con su verdad, con su dignidad y la exigencia de libertad para defenderlas ambas, sufren las represalias de uno de los regímenes más viles y putrefactos del mundo. Tras el Congreso del Partido Comunista, nuestras gentes sin miedo pasan una vez más una dura prueba. Resuena con virulencia la consigna del hostigamiento contra esos impertinentes que osan no tener miedo. Los registros, las detenciones, los

insultos, los asaltos vandálicos a sus viviendas, vuelven a ser deber patriótico para la soldadesca del miedo. Y así le han matado a Juan Wilfredo. De una paliza. Sabía que lo harían. Se lo habían dicho. Cumplieron. Para que sus amigos no se obstinen en no tener miedo. Y reconozcan que sólo con miedo se puede vivir con seguridad.

El Gobierno español es el mayor defensor del régimen cubano en el mundo. Lo han elogiado en Bruselas, en Washington y aquí. Jiménez alaba sus «reformas». Pajín en La Habana canta al hermanamiento entre PCC y PSOE. A los cubanos sin miedo los desprecian e ignoran. El régimen es su amigo, los disidentes «gusanos». Por eso aun no han dicho una palabra sobre Juan Wilfredo. Porque son cómplices. Del crimen y la infamia.


ABC - Opinión

miércoles, 11 de mayo de 2011

La Policía Local denuncia al ex ministro Corcuera por un altercado en la Feria

El ex responsable de Interior pretendía acceder en coche al real sin identificarse y dijo a los agentes que le cerraron el paso que "no sabían con quién estaban hablando" y que "deberían nacer de nuevo".

La Policía Local de Sevilla ha denunciado por una falta contra el orden público al ex ministro del Interior José Luis Corcuera, quien protagonizó un altercado con dos agentes de este cuerpo en un control de acceso a la Feria el pasado viernes 6 de mayo. El atestado policial fue remitido al juzgado de Guardia el domingo y ha recaído en el juzgado de Instrucción 9 de Sevilla, que ya ha abierto diligencias previas y ha solicitado a la Policía una ampliación del atestado, según informaron ayer a este periódico fuentes judiciales.

Los hechos ocurrieron sobre las seis menos veinte de la tarde del viernes de Feria en la esquina de la calle Virgen de la Cinta con Virgen de la Oliva, donde dos policías locales se encontraban regulando el tráfico e impidiendo el acceso de vehículos al recinto ferial. El coche en el que viajaba José Luis Corcuera llegó a ese punto y uno de los dos agentes le indicó que no podía continuar hacia la Feria y tenía que girar a la izquierda. El conductor exhibió una placa del Cuerpo Nacional de Policía y el agente municipal le indicó que no podía seguir hacia adelante. En ese momento, Corcuera, que viajaba en el asiento delantero derecho, se dirigió al policía local diciéndole que tanto él como su escolta iban a pasar.


El agente le indicó que sólo podían acceder los vehículos oficiales y los de servicio público. Se entabló entonces una discusión en la que el ex ministro defendía que el suyo era un coche oficial y por tanto tenía derecho a pasar. El policía contestó pidiendo que identificara el vehículo como tal, mientras que Corcuera decía que no tenía por qué hacerlo e insistía en que iban a entrar en la Feria.

La tensión fue en aumento entre ambas partes y tanto el ex ministro como su escolta se apearon del coche y siguieron discutiendo con los policías. Según relata el atestado policial enviado al juzgado, Corcuera decía a voces que "no sabía con quién estaban hablando" y que no se pensaba identificar. Al pedirle uno de los agentes que bajara la voz porque le estaba hablando con respeto y sin amenazarlo, el ex ministro contestó "yo sí que te estoy amenazando y no me voy a identificar".

El policía insistió en que tendría que llamar a un patrullero para que lo identificaran, puesto que ellos tenían que seguir regulando la circulación. A esto el ex político socialista respondió que llamase a quien le diera la gana porque él era José Luis Corcuera, mientras levantaba las manos y movía los dedos imitando el gesto que se hace cuando a alguien le toman las huellas dactilares.

Poco después llegaron otros dos policías locales, que trataron de calmar al ex ministro, que reiteró que no se identificaría porque él no había hecho nada. Uno de estos dos agentes habló con el escolta, que aseguró que efectivamente era quien decía ser, José Luis Corcuera, ministro del Interior durante los años 1988 y 1993 en la etapa de Felipe González al frente del Gobierno. En ese momento, Corcuera ordenó al escolta que cogiera el coche y se fuera hacia la Feria porque él iba a denunciar a los policías locales.

Uno de los dos agentes que llegaron después le informó entonces de que si se quería quedar allí tendría que subirse a la acera y salirse de la calzada porque ya estaba identificado y sus compañeros tenían que continuar con su trabajo. Corcuera respondió que lo que tendría que hacer su compañero -en referencia al policía con el que había tenido el enfrentamiento más violento- era "nacer de nuevo". Finalmente, el ex ministro se subió al coche y se dirigió hacia la Feria, ya una vez identificado su coche como vehículo oficial. Antes, los policías le informaron de que lo iban a denunciar al juzgado por una falta de respeto hacia los agentes.

El altercado entre los policías y José Luis Corcuera congregó a numerosos curiosos que se dirigían a la Feria y se detuvieron para presenciar la bronca. Algunas de estas personas han sido incluso aportadas como testigos a la causa que ha abierto el juzgado de Instrucción 9 para investigar el comportamiento del ex ministro.


Diario de Sevilla - Local

Juicios y prejuicios. Por José María Carrascal

La justicia no es progresistao conservadora, es justiciaa secas, y todo adjetivola pervierte.

LAS sentencias sobre Bildu recuerdan el chiste judío: acuden dos litigantes al rabino con su pleito. Expone el primero sus argumentos y el rabino dice: «Tienes razón». Lo hace luego el segundo y el rabino dice. «Tienes razón». «Pero rabino —dice un testigo del lance— no puedes dar la razón a ambos». «Pues tú también tienes razón», sentencia el rabino. Lo mismito que el Constitucional y el Supremo. Lo malo es que el chiste judío es una broma, mientras el caso Bildu es una trágica realidad. Bildu no puede ser legal e ilegal al mismo tiempo. La justicia no puede tener dos varas de medir y un Estado de Derecho no puede sustentarse sobre opiniones opuestas en asuntos que afectan a la vida, los derechos y la legalidad de sus ciudadanos.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Pues muy sencillo: habiendo dejado entrar la política en la justicia, que es tanto como meter la zorra en el gallinero. El hecho de que haya jueces «progresistas» y jueces «conservadores» lo demuestra. La justicia no es progresista o conservadora, es justicia a secas y todo adjetivo la pervierte, al romper el principio de equidad. Los magistrados no deben juzgar según sus pre-juicios, que impiden los juicios ecuánimes. Pero es lo que ocurre en España, con la consecuencia de que puedan predecirse sus decisiones según el bando a que pertenecen y quien les haya nombrado. En otras palabras: hemos renunciado a la separación de poderes, esto es, a una verdadera democracia. Y aquí quiero rendir homenaje a don Manuel Aragón, el único magistrado que ha demostrado estar por encima de sus prejuicios.


¿Tiene remedio? Sí: echar a la zorra del gallinero. Hacer la justicia totalmente independiente. Elegir como jueces aquellas personas que no se dejan llevar por su prejuicios. ¡Pero esas personas no existen!, me dirán. Sí, existen, aunque son pocas. Todos las hemos conocido, en el bachillerato, la vida profesional o los círculos sociales. Son individuos egregios, solitarios, con un sentido innato de la imparcialidad, que van por el mundo por encima, no de los demás, sino de sí mismos, de sus tendencias, querencias e ideologías. De ahí que la primera condición de un verdadero juez sea no estar afiliado a nada ni comprometido con nadie. Su único compromiso es con la ley; su único norte, la equidad; su única lealtad, la justicia. Por algo se la representa con los ojos vendados y una balanza en su fiel. Un juez puede equivocarse, por algo es humano, lo que no puede es simpatizar con nada. Y menos, con una tendencia política. Por no hablar ya de ser nombrado por los políticos.

Como ven, estoy enumerando justo lo contrario de lo que ocurre en España. Y así nos va. Pues si nuestros problemas económicos son grandes, nuestros problemas como nación y como Estado son mayores. Una país puede vivir sin políticos, sin periódicos, sin todo, pero no sin justicia independiente.


ABC - Opinión

martes, 10 de mayo de 2011

¡Menos mal que está el PP para echarle la culpa de todo! Por Federico Quevedo

El primer fin de semana de campaña electoral para las elecciones del 22 de mayo nos deja un panorama bastante desolador en lo que a mensajes de los líderes políticos se refiere. El PP sigue a lo suyo, erre que erre, centrado en los ciudadanos y en la difícil situación económica, haciendo oídos sordos a las provocaciones socialistas. El asunto podría incluso ser encomiable si no fuera porque los propios militantes del Partido Popular echan a veces de menos una reacción de sus líderes a la campaña de acoso brutal que ha puesto en marcha el PSOE. Es verdad que la economía y sus consecuencias ocupan hoy los primeros puestos de la lista de preocupaciones de los ciudadanos, pero eso no es razón suficiente como para que Mariano Rajoy abandone otros discursos que también tienen mucho que ver con la crisis política e institucional que atraviesa este país.

Se echa en falta algo más de contundencia por parte del líder del PP en el asunto de Bildu, teniendo en cuenta además que su silencio no ha servido para acallar la devastadora maquinaria de propaganda puesta en marcha por un PSOE preocupado por el daño colateral que la sentencia del TC puede ocasionarle. Ya no estamos en los tiempos del proceso de paz, y para un PSOE a la baja con un acusado deterioro hechos como la sentencia sobre Bildu acrecientan la desconfianza del electorado hacia los socialistas.


Eso, y la propia dinámica de una campaña en la que las encuestas siguen advirtiendo que el 22-M puede darse un vuelco electoral de proporciones todavía no del todo advertidas, es lo que está llevando al Partido Socialista a posiciones de extremismo de nefastos recuerdos en otras épocas. La campaña socialista lejos, muy lejos, de intentar convencer a la ciudadanía, lo que hace es amedrentarla. Estamos otra vez en la estrategia del miedo a la derecha, una derecha que según ZP es la culpable del paro porque el paro es la consecuencia de las políticas de Aznar. Si eso fuera así, lo sorprendente es la manera en que el propio ZP presume de haber conseguido la tasa más baja de paro en 2007, gracias precisamente ¡a las políticas de Aznar! Una derecha que, según ZP y otros dirigentes socialistas, va a recortar derechos sociales adquiridos por los españoles gracias a los socialistas, pero supongo que la gente no se tragará esa patraña teniendo en cuenta que ha sido precisamente ZP el que ha llevado a cabo el mayor recorte social de toda la historia democrática, y amenaza todavía con seguir abundando en la misma política en los próximos meses.
«El PSOE vuelve por sus fueros, por las posiciones estalinistas, y elige de nuevo como compañeros de viaje a los mismos con los que compartió mesa en la anterior legislatura: los movimientos antisistema y los nacionalismos radicales, entre los que se incluye el mundo proetarra.»
Una derecha que, según los socialistas, pone en riesgo la democracia por criticar al Constitucional por la sentencia de Bildu… ¡Vaya! Partiendo de la base de que Rajoy no ha dicho ni ‘mu’ sobre el asunto, y ya nos hubiera gustado que lo hiciera, no sé en qué manual sobre democracia dice que las sentencias de los jueces no sean criticables, sobre todo aquellas que vienen de un tribunal político… No recuerdo que el PSOE dijera lo mismo de sus correligionarios del PSC cuando el mismo TC emitió una sentencia sobre el Estatut que no agradó ni a socialistas ni a nacionalistas catalanes, y desde ambas posiciones se ha venido manteniendo una actitud, no solo de crítica, sino de desacato al TC incumpliendo esa sentencia. O sea, lo de siempre, si es la izquierda la que critica al Constitucional eso es muy democrático, pero si lo hace la derecha entonces se trata de una involución fascista. Pues hasta aquí podríamos llegar. Lo cierto es que el fin de semana el PSOE ha desplegado una auténtica batería de misiles en forma de insultos y provocaciones hacia el PP, que es verdad que ponen de manifiesto que están muy nerviosos por lo que pueda pasar el 22 de mayo, pero que hace pensar que quien de verdad está jugando con fuego y poniendo en riesgo el sistema democrático no es el PP, sino el PSOE y sus huestes.

Daba la sensación, en estos meses atrás, de que probablemente influidos por la situación económica y la necesidad de adoptar medidas económicas antisociales, ZP y el PSOE abandonaban esa posición de radicalismo para buscar un tono más moderado que le diera cierta credibilidad de cara a los mercados financieros y las instancias internacionales. Todo mentira. El PSOE vuelve por sus fueros, por las posiciones estalinistas, por el extremismo más atroz, y elige de nuevo como compañeros de viaje a los mismos con los que compartió mesa y mantel en la anterior legislatura: los movimientos antisistema y los nacionalismos radicales, entre los que se incluye el mundo proetarra. La izquierda acusa al PP de ser la ‘derecha de la derecha’ y esas tonterías, pero lo cierto es que quienes de verdad se están dando la mano con lo más antidemocrático que pueda existir en nuestro panorama político-social son ellos, que han actuado de comparsas complacientes con los proetarras y con una izquierda radical que todavía hoy, a estas alturas de la película, debe ser la única izquierda occidental que sigue rindiendo tributo al comunismo, al socialismo real enemigo de la democracia y la libertad.


El Confidencial - Opinión

Cataluña. García Albiol. Por José García Domínguez

Resulta que, tras lustros y lustros pidiendo perdón por existir, alguien en el PPC, ese Albiol por más señas, ha descubierto cuál es la diferencia ontológica entre verlas venir e ir dándolas.

Procede agradecer a Xavier García Albiol que nos haya librado del tedio insufrible que suelen acarrear las campañas municipales. Recurrente vía crucis de la inteligencia en el que fulanito promete, solemne, que gobernará para las personas, no para los roedores o las moscas, como sería de prever. Y ello al tiempo que el contrincante menganito propala, compungido, su amor por el terruño do mora. Porque lo normal debe ser odiar al paisaje y al paisanaje propios con furia cainita. Así las cosas, Albiol está a punto de dar al traste con ese estado de excepción oficioso que prescribe excluir al PP de cualquier parcela de poder institucional en Cataluña; el Tinell tácito que estableciera el Partido Único Catalanista allá por los albores mismos de la Transición.

Razón, esa posibilidad al fin cierta, la de que un hereje españolista mancille la Alcaldía de Badalona, de la honda consternación que abate al establishment local y a sus domésticos. Que de ahí la muy urgente llamada a rebato del somatén mediático, con la Hannah Arendt de La Noria capitaneando la banda de la porra. Tal resulta el grado de pavor en el gallinero identitario que no sería de extrañar otro De profundis contra la democracia liberal en forma de editorial conjunto. Todo un éxito, el de Albiol, consecuencia de haber osado franquear los márgenes que delimitan el angosto espacio de la corrección política en el Oasis. Pues resulta que, tras lustros y lustros pidiendo perdón por existir, alguien en el PPC, ese Albiol por más señas, ha descubierto cuál es la diferencia ontológica entre verlas venir e ir dándolas.

Al cabo, no otro es el secreto del hombre que ha desatado esa ola de pánico transversal que va de las cotorras de TV3 a las más engoladas plumas mercenarias de la demarcación. Airados tartufos que gritan "xenófobo" a Albiol por pretender, ¡anatema!, que la igualdad de todos ante la Ley no excluye a los carteristas rumanos. Las mismas veletas morales que aplaudieron a rabiar cuando el mando –esto es, CiU y PSC– votó el empadronamiento para todos en Madrid. Y que volverían a batir palmas –su genuino oficio– al poco, tras reclamar los mismos papeles para nadie en Cataluña. Tristes tigres de papel.


Libertad Digital - Opinión

El escándalo de Exteriores. Por Hermann Tertsch

Moratinos es el responsable del hundimiento de este Ministerio en la ineficacia, la villanía y el sectarismo.

NO se preocupe nadie, que no vamos a hablar de cosas feas como ventas de visados o trapacerías similares. No vamos a hablar tampoco del balance necesariamente trágico de lo que es ahora un ministerio devaluado y disminuido en el interior y en el exterior. En el exterior lo es porque España ha perdido una gran reputación de seriedad y credibilidad que se forjó en la transición y cultivaron con eficacia todos los ministros y presidentes del Gobierno antes de este septenio negro. Definitivamente hemos pasado a engrosar el grupo de países tramposos y frívolos con los que sólo hay que tratar lo imprescindible. Países cuya palabra dada hay que amarrar mucho para evitar sorpresas desagradables. Hemos sido casi desde los albores de la democracia un aliado de primer rango para los grandes europeos. Hoy sólo somos fuente de problemas e inquietud. Eso en Europa, porque en América nuestra desaparición como fuerza relevante es más sangrante si cabe. Todos nuestros lazos, fruto de mucho esfuerzo de todos —en especial de la Corona— durante décadas, han sido reducidos a poco más que simbolismo y nuestra influencia raya en nula. Pero ese no es el escándalo. Tampoco lo es que tengamos una ministra que nada sabe ni aprenderá. A la que se colocó allí porque sobraba en otra parte. Que hace pasar terrible vergüenza a sus equipos en los viajes. «Bochorno» sufre López Garrido, con el que no se habla. Ministra que desembarcó con una tropa de miembros del partido —«las maris», las llaman— que ejercen de comisarias políticas, que no distinguen entre francés e inglés y que han convertido los palacios de Santa Cruz y Viana en dicharachera Casa del Pueblo. Ni siquiera es escándalo ya, por habitual, que el sectarismo dicte todas y cada una de las decisiones de personal y de gasto. Ni que los diplomáticos de carrera que no huyen a una excedencia ni consiguen un puesto en el exterior, se hundan en la desmotivación más absoluta. Los diplomáticos españoles, que gozaron de merecida fama internacional como funcionarios eficaces y patriotas, asisten a la voladura descontrolada de una carrera otrora de prestigio. Intimidados por una vigilancia política implacable con cualquier crítica siempre sospechosa de derechista o clasista.

Todo eso se sobreentiende. Eso es mera inercia de la secta en su penetración y control de lo que fue una muy digna administración del Estado del Reino de España. El escándalo de Exteriores es el ex ministro Moratinos, el máximo responsable del hundimiento de este Ministerio en la ineficacia, la villanía y el sectarismo. Moratinos es, en sí, un escándalo. Lo es en medida extrema su forma de utilizar todos los recursos del ministerio para la campaña particular de venta de su candidatura a la secretaria general de la Organización mundial de la alimentación y agricultura FAO. Mientras los diplomáticos destinados en el exterior no tienen recursos para una representación digna de España, al nivel de sus colegas europeos, Moratinos viaja con avión oficial y séquito ministerial a «gestionar» el voto de países del Tercer Mundo a favor de su candidatura. No sabemos lo que nos cuestan decenas de viajes, especialmente a África. Ni sabemos qué nos cuestan los votos que pueda conseguir. Moratinos tuvo suerte de no ser ya ministro cuando cayeron todos sus amigos corruptos en Oriente Medio. Pero se comporta como ellos, un sátrapa oriental, en su trato a los diplomáticos y su uso del erario público. Ha conseguido que medio mundo desee que el cargo en la FAO se lo den a su rival brasileño. Se lo den o no a él, su jubilación internacional ya nos ha costado un Congo.

ABC - Opinión

domingo, 8 de mayo de 2011

El disidente cubano Juan Wilfredo Soto muere tras recibir una paliza de la policía

ABC: Disidentes cubanos denuncian la muerte de un opositor por una paliza de la policía

El Mundo: Denuncian la muerte de un opositor cubano por golpes de la Policía


El país: Muere un disidente cubano tras recibir una paliza de la policía


La Razón: Disidentes cubanos denuncian la muerte de un opositor por parte de la policía

Fallo. Por Jon Juaristi

La estrategia etarra de las coaliciones está calcada del frentepopulismo estalinista. Bildu no es una novedad

COMO era de temer, se consumó el disparate. No aprenderán, y mira que es fácil. Lo que el Tribunal Constitucional ha legalizado se llama ETA aunque Bildu se llame, como se llamó en otro tiempo Herri Batasuna o incluso, que se nos olvida, Euskadiko Ezkerra, antes de que Juan María Bandrés, Mario Onaindía y el actual senador Roberto Lertxundi se apropiasen de esta última etiqueta para construirse una pasarela hacia el PSOE. Las coaliciones abertzales que surgieron en los orígenes de la Transición incluían pequeños partidos que se definían como independientes y, en algún caso, opuestos a la «lucha armada» y a ETA. Fue cuestión de meses que tales capillitas desaparecieran, fagocitadas o simplemente depuradas por el aparato político de la banda, que ni se tomó el trabajo de infiltrarlas. Conscientes de su inanidad, los dirigentes de aquellas microscópicas naderías se encaramaban a la cúpula de la coalición, pisándose el gañote unos a otros, después de haber rendido pleitesía a los verdaderos amos de la barraca. ¿Que ni Eusko Alkartasuna ni Alternatibason parte de ETA? Lo serán en poco tiempo, no se llamen a engaño. Si no lo son ya, gracias al fallo del Tribunal Constitucional. Menudo fallo. No se puede fallar más fastuosamente.

La teoría de las coaliciones frentistas en ETA viene, a través del nacionalismo revolucionario, de la estrategia frentepopulista del estalinismo. O sea, de la instrumentalización comunista de las alianzas de fuerzas antifascistas o antiimperialistas. En las desdichadas democracias populares subsistieron, hasta el derrumbamiento del comunismo, restos espectrales de antiguas organizaciones no comunistas subordinadas a la dictadura efectiva del Partido. Eran lo que quedaba de las formaciones sedicentemente socialcampesinas, socialdemócratas o socialcristianas que se subieron al carro de los frentes populares en los años del antifascismo y la descolonización. Los comunistas se las merendaron, pero dejaron subsistir las siglas y, a veces, un minúsculo cónclave de ancianitos provisto de sello de goma. No es el futuro, sino el presente del ya provecto ex lehendakari Garaicoechea, por ejemplo.

Y de su partido, un cadáver político desde el Pacto de Estella. Eusko Alkartasuna, partido de memos desgajado del PNV hace un cuarto de siglo, sólo tenía dos destinos practicables: regresar a la matriz o engancharse a Batasuna, y se ha decidido por este último. Ahora no es nada, no es más que nada, nada, nada y hedionda nada que al olerse apesta, pero da igual. Por navidades estará enterrado bajo el nuevo aparato de la única izquierda abertzale que realmente cuenta, al que no es difícil vaticinar un período de intensa actividad municipal de agitación y propaganda, exigiendo la amnistía de todos los presos de ETA para que coman las uvas de nochevieja con la gran familia nacionalista, qué menos. Todos, Urkullu, Urízar, Matute, Otegi, Troitiño, en fin, todos en paz, ilusionados y felices, sin violencia, sin culpa, sin memoria incómoda, y así hasta la próxima fase armada de la interminable guerra del pueblo vasco por su independencia. Que llegará. No la independencia, sino la misma indecencia de siempre, que ni se ha ido ni se irá, porque encuentra fácil acomodo en la estupidez progresista.


ABC - Opinión

Una vergüenza. Por Alfonso Ussía

Hasta los dirigentes de «Bildu» reconocen que la sentencia del Tribunal Constitucional tiene «una lectura y una decisión políticas». Seis magistrados nombrados por el PSOE han sido los responsables de abrir la ventana a la ETA y reverenciar su entrada en las instituciones democráticas. Dos de ellos tendrían que haber abandonado el Tribunal Constitucional hace seis meses. Esperanza Aguirre, por sus aciertos tan aborrecida, ha resumido en pocas palabras el balance del Gobierno socialista: «Una España arruinada, una España dividida y la ETA en las instituciones». Un proceso largo y perfectamente medido por quien nada le importa la descomposición de España. Ése, el que no es capaz de llenar los aforos de los mítines electorales. ETA percibirá legalmente, a partir del 22 de mayo, centenares de millones de euros provenientes de las arcas municipales. Enhorabuena a los seis magistrados nombrados por el PSOE que han obedecido a los que procuran los piensos y las prebendas. El trabajo de quince años para terminar con las finanzas del terrorismo, tirado por la borda. Me pregunto. ¿Qué trampa semántica es ésa del progresismo? Mi periódico, LA RAZÓN, también ha caído en ella. «Mayoría de magistrados progresistas en el Tribunal Constitucional». La respuesta es clara. «Progresista: el que favorece al terrorismo». Al menos en el vergonzoso caso que nos ocupa y preocupa.

Los magistrados del Tribunal Constitucional no pueden tener apellidos. Ni «progresistas», ni «conservantes». Están ahí nombrados a dedo por los partidos políticos. Dos de ellos –de los «progresistas» designados por el PSOE– son nacionalistas e independentistas. Curiosa pertenencia al Tribunal que debe velar por el cumplimiento de la Constitución. «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, Patria común e indivisible de todos los españoles». Eso dice la Constitución. Dos magistrados «progresistas» nombrados por el PSOE anhelan disolver lo indisoluble y dividir lo indivisible. Que me aten esa mosca por el rabo.

No ha habido sorpresa. Se sabía que el reingreso de la ETA en la política se admitiría en última instancia, es decir, fuera ya de las responsabilidades del Tribunal Supremo. En el Tribunal Supremo se cierra el ámbito de las Leyes y en el Tribunal Constitucional se abre el espacio de la política chamarilera. El PSOE se había comprometido con los nacionalistas vascos a permitir que «Bildu» –es decir, una buena parte de la ETA– volviera a las instituciones. Y seis magistrados políticos y obedientes han cumplido con su labor de subalternos del Gobierno. Sus nombres pasarán a la Historia por la puerta pequeña. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa Batarrita. Para que no los olviden, se los relaciono al revés. Adela Asúa Batarrita, Pablo Pérez Tremps, Luis Ignacio Ortega, Elisa Pérez Vera, Eugeni Gay y Pascual Sala. No olviden sus nombres. Cuando la ETA, de nuevo poderosa económicamente y de nuevo traidora de sus pactos y zalemas, vuelva a asesinar, a alguno de los magistrados que llevan esos nombres se les caerá la cara de vergüenza. Pero ya no habrá posibilidad de retorno. Los «progresistas». Los designados por el PSOE. Los obedientes a Zapatero. Sigan el ejemplo de García Pelayo. Cumplida la sumisión, dimitan y a casa.


La Razón - Opinión

sábado, 7 de mayo de 2011

Prohibir y recaudar. Por Jesús Cacho

Será difícil encontrar en el último siglo de historia de España un Gobierno más dañino para el bienestar de los ciudadanos y más lesivo para sus derechos y libertades que el que hoy maneja Alfredo Pérez Rubalcaba (APR), con Rodríguez Zapatero en la sombra. En una situación de estancamiento económico que no deja de producir paro y cierre de empresas, el estado anímico de los españoles, lastrado por la falta de confianza, debe hacer frente con regularidad a las humoradas y ocurrencias, cuando no los simples disparates, de un Gobierno que hace mucho tiempo dejó de representar los intereses de la mayoría. Ocurrencias y disparates. No de otra forma cabe calificar la decisión del Ejecutivo de limitar la velocidad en autovía y autopistas a 110 km/hora, iniciativa convertida en perfecta metáfora de la situación española: una tal velocidad de 110 km en autopista es la que naturalmente corresponde a un país que se ha quedado literalmente parado, parado y empobrecido, achicado por el paro, la pobreza y el paulatino recorte de libertades al que tan aficionado es este Gobierno liberticida. Velocidad tortuga para el país cangrejo. ¡Muerte al progreso!

No estamos aquí para discutir la efectividad de la nueva parida del ministro bombilla, Miguel Sebastián, al parecer padre de la idea, en lo que a ahorro de combustible se refiere, ahorro real que técnicos y expertos sitúan en menos del 3%. Estamos para denunciar que el Gobierno lleva años empeñado en recortar la velocidad, cuando de lo que se trata es de gestionar –palabra maldita para el Ejecutivo- la velocidad, lo que equivale, entre otras cosas, a adecuarla a la calidad de trazado y estado de conservación de la vía, de forma que en una autopista moderna y bien señalizada se pueda circular a 140, y en aquellos tramos de autovía vieja se imponga la restricción de los 110. La tendencia en Europa no es a reducir los límites de velocidad, sino al contrario: 130 en Francia; hasta 150 en algunos tramos en Italia; a 140 en Polonia desde hace pocas semanas, y a 130 en Holanda. Alemania, con tramos sin limitación, cuenta con el índice de siniestralidad más bajo de Europa, debido, entre otras cosas, a la eficiente red de helicópteros medicalizados con que cuenta, variable que completa la trilogía de “mejores infraestructuras, mejores coches y mejor asistencia sanitaria, igual a menos muertes en la carretera”.

El pasado mes de junio, el Congreso aprobó por unanimidad (también el PSOE) una proposición no de ley instando al Gobierno a revisar, por obsoletos, los límites de velocidad, evidencia de que el debate está sobre la mesa en España. La web Movimiento140.com ha recabado casi 175.000 firmas pidiendo una subida de los límites de velocidad, algo que piensa acometer el nuevo Gobierno de la Generalitat, elevando los límites a 130 en autopistas y eliminando la absurda limitación a 80 en las autovías de circunvalación a Barcelona decretada por el Tripartito de triste memoria, algo que podría dejar en evidencia la política de seguridad vial impuesta por la DGT en el resto de España, basada en la represión pura y dura y en el eslogan torticero de que “la velocidad mata”, mensaje permanente, constante, machacón de los últimos seis años, que esconde la realidad (Anuario Estadístico de Accidentes de la GDT, año 2008) de que la velocidad excesiva es responsable de sólo el 1,92% de las muertes en carretera.

¿Limitar la velocidad o recaudar?

No es aventurado suponer que el ahorro energético perseguido se quedará en nada, y ello por la sencilla razón de que la mayoría de conductores –el 93% de las 11.420 personas que a las 8 de la tarde de ayer habían respondido la encuesta de este diario- tenderán de forma natural a no respetar una norma que consideran disparatada e injusta. Y si el conductor desprecia la norma, el corolario es sencillo: las sanciones por tráfico tenderán a crecer de forma exponencial, que es el objetivo que muchos españoles se malician late detrás de la iniciativa. Recaudar a palo seco, para lo cual es preciso seguir llenando las carreteras de radares, tres cuartas partes de los cuales se instalan paradójicamente en lugares donde apenas se produce el 18% de los accidentes mortales. El director general de la DGT, Pere Navarro, se encargó hace poco de aclarar el misterio con la desfachatez que le caracteriza: “colocar un radar en una carretera secundaria no es rentable”.

Curioso personaje este Pere Navarro, antiguo inspector de Trabajo, típico ejemplar del gen intervencionista, liberticida y meapolítico (el partido es la religión; la propaganda, su profeta) que distingue al socialismo metomentodo que, si no es capaz de convencer, tratará de someter acogido al paternal “por vuestro bien”. Navarro es el guardián entre el centeno que concibe al conductor como un ciudadano de segunda, un tipo sospechoso cuyos derechos conviene limitar y cuya libertad debe ser permanentemente vigilada, y, por tanto, administrada, regulada. Prohibir, prohibir y prohibir. Para los Peres de este mundo derechos como la presunción de inocencia o el de defensa son estorbos intolerables que ralentizan el crecimiento de una cuenta de resultados cuyos ingresos él ha multiplicada por cinco desde que llegó a la DGT: por eso, en el trámite parlamentario de la última reforma de la Ley de Tráfico, don Pere deambulaba triste por los pasillos de Congreso, asegurando ante sus señorías que “lo que yo quiero es la misma capacidad ejecutiva que Hacienda o la Seguridad Social”. ¡Todo por la pasta!

Estamos, en definitiva, ante un problema de libertades, como ocurre siempre con los partidos socialistas empeñados en la igualdad por decreto en detrimento de la libertad. Es la esencia de la mayoría de las medidas legislativas emprendidas por el Gobierno Zapatero. Como advirtiera Hayek, nos hallamos ante otro caso de involución liberticida, una nueva demostración de cómo una democracia puede perfectamente atentar contra las libertades individuales. Padre de la teoría del “orden espontaneo”, Hayek destacó la importancia del imperio de la ley, del sometimiento de todos los individuos –del Rey abajo- a esas normas surgidas de los usos y costumbres a través del tiempo y que evolucionan conforme lo hace la propia sociedad. El problema del momento radica en la perversión de la ley, en lo que alguien ha llamado la "hiperinflación legislativa" que acaba con el valor ejemplarizante de la misma y la devalúa y desvirtúa al responder a los intereses de grupo o partido al margen de las demandas sociales. Razón por la cual el derecho consuetudinario yace hoy postrado, víctima de un cúmulo de arbitrariedades legales fruto del juego de las élites y los caprichos del legislador liberticida, siempre dispuesto a restringir nuestra libertad y preservar sus privilegios.

Deslumbrante paradoja de la pesadilla Zapatero

El resultado es que el individuo está hoy discrecionalmente restringido en el uso de su libertad, dramáticamente podado por los caprichos de los Rubalcabas de turno, gente que, en el caso que nos ocupa, han descubierto en el uso del automóvil y en la siniestralidad inherente al mismo un caladero fácil de demagogia política -quizá la única muesca de la que puede presumir este Gobierno-, y una fuente inagotable de pasta. Recaudar para después repartir, se supone, olvidando la máxima de Plutarco según la cual “el verdadero destructor de las libertades del pueblo es aquel que reparte botines, donaciones y regalos”. Se trata, por eso, de meter mano en el bolsillo de los ciudadanos y freírlos a multas, como si no supieran ellos cómo y cuándo gastar su dinero mejor que el Estado. Las libertades dañadas y el principio de equidad jurídica hecho añicos. “¡Dadme la libertad o dadme la muerte!”, que dijera Patrick Henry, uno de los más influyentes defensores de la Revolución americana

En un discurso pronunciado en 1964 ante la Convención Republicana, el ex presidente Ronald Reagan planteó la cuestión de las libertades individuales en estos términos: “Se trata de saber si creemos en nuestra capacidad para el autogobierno o si abandonamos la Revolución americana y confesamos que una pequeña élite intelectual en una capital distante puede planear nuestras vidas mejor de lo que nosotros mismos podemos hacerlo”. Casi 50 años después, ésta sigue siendo la esencia del problema español. Como señalara Tocqueville en su Democracia en America, el viejo socialismo despótico del pasado ha sido sustituido por otro mucho más sibilino y peligroso, más soft: en el altar del talante y el buen rollo los españoles han cedido libremente grandes cuotas de libertad -deslumbrante paradoja de la pesadilla Zapatero-, sin que perciban el uso coercitivo de la fuerza. Los efectos de las cesiones y concesiones de los españoles desde 2004 han dañado seriamente nuestra prosperidad y restringido peligrosamente nuestra libertad. ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a consentir que una minoría absurdamente ideologizada que ni de lejos representa ya los intereses de la mayoría del pueblo español actúe por nosotros, restrinja nuestros derechos, coarte nuestra libertad de movimientos y meta impunemente mano en nuestros bolsillos? Quosque tandem abutere, José Luis, patientia nostra?


El Confidencial - Opinión

Tomás Gómez "le presta" un buen lema de campaña a Esperanza

«Me gustaría para Madrid lo que Zapatero ha hecho en España».

viernes, 6 de mayo de 2011

Voces Contra el Terrorismo anuncia movilizaciones para el día 14 de mayo en Madrid

SE HA CONSUMADO LA TRAICIÓN.

Voces Contra el Terrorismo denuncia que a partir del día 22 de mayo, 252 ayuntamientos de la comunidad autónoma vasca y navarra, tendrán representantes de ETA entre los concejales de las corporaciones, gracias al Gobierno de Rodríguez Zapatero que ha permitido de forma tácita la continuidad de ETA en las instituciones.

Las continuas declaraciones de miembros del Gobierno e incluso del propio Lehendakari Pachi López, dejan al descubierto la connivencia de estos con el proyecto de BILDU, es decir, la negociación sumergida que desde Voces Contra el Terrorismo venimos denunciando desde hace tiempo.

La utilización torticera de las instituciones, realizada por el Gobierno para colar a ETA en los ayuntamientos , ha puesto en jaque al Estado de Derecho, ya que para Voces Contra el Terrorismo la sentencia del Constitucional dando luz verde a BILDU, ha derogado de facto la Ley de Partidos Políticos. Además de demostrar la nula independencia que tienen Tribunales como el Constitucional al ser sus componentes son elegidos por los partidos políticos.

De nuevo el tiempo vuelve a dar la razón a personas como Jaime Mayor Oreja que ha denunciado al igual que VCT en la más profunda soledad la continuación de la negociación del Gobierno con ETA. Dónde para VCT una de las cesiones pactadas con ETA es permitir su continuidad en las instituciones.

De nada ha servido la encomiable labor de los Cuerpos y Fuerzas del Seguridad del Estado para demostrar, como ha dicho el Tribunal Supremo, que BILDU es ETA ya que el Gobierno se ha valido de un tribunal que no tiene ninguna independencia para consumar su pacto con ETA.

No puede quedar ninguna duda llegado a este punto de la existencia de la negociación con ETA, negarla es ser cómplice por omisión o acción con el proyecto político de este Gobierno en materia antiterrorista.

Durante meses el Gobierno ha intentado engañar buscando resultados en beneficio propio, argumentando modificaciones en leyes que impedirían la continuidad de ETA mientras dirigentes socialistas esperaban con esperanzas que el brazo político de ETA pudiera seguir en las instituciones.

Ante este panorama VCT no se quedará cruzada de brazos mientras que los terroristas celebran con Champán la inclusión de ETA en los comicios Municipales. Es por ello que emplazamos a todos los ciudadanos, asociaciones, Partidos políticos, medios de comunicación a secundar la convocatoria de protesta que en los próximos días se hará público todos los datos para dejar claro al Gobierno que no aceptamos los chantajes de los terroristas.

LA REBELIÓN CÍVICA SERÁ IMPARABLE HASTA LA DERROTA FINAL DEL TERRORISMO.

NO MÁS MENTIRAS, NO MÁS TREGUAS TRAMPAS, EN MI NOMBRE ¡NO!


Voces Contra el Terrorismo

Buhoneros por el mundo. Por Hermann Tertsch

Lo del presidente es de traca. Dedica ahora su jubilación forzosa a viajar como conseguidor por el mundo.
EL bueno de nuestro ministro de Fomento, Pepiño Blanco, se nos fue a Londres a vender pisos. Ya saben que tenemos, más que un parque, un mundo inmobiliario muerto de asco diseminado por la geografía española. Y hay que encontrarles algún dueño antes de que esas bandas que trabajan más que nadie acaben de saquearlos y robarles lavabos, inodoros, cableado y carpintería metálica y convertirlos definitivamente en siniestras ruinas nunca habitadas. Por eso Pepiño se nos ha ido, sartorial como viste él desde que descubrió el mundo apasionante de la sastrería, a decirles a los británicos que no hay en el mundo sitio mejor para invertir sus ahorros que las costas levantinas y meridionales españolas. Lo cual es en principio cierto. Porque nuestro clima es de lo poco en este país que no han logrado estropear Pepiño y sus amigos, con el Atila de León a la cabeza. Y las infraestructuras necesarias existen desde antes y son muy decentes, con sus carreteras y autopistas y sus aeropuertos, sus bares y supermercados. Es más agradable leer en la vejez los resultados del cricket en la prensa inglesa en una playa de Estepona que hacerlo, como el espía Kim Philby en un parque de Moscú, a quince bajo cero. En ese sentido, el agente Blanco presentaba una oferta apetecible, sobre todo a la vista del hundimiento de los precios de las viviendas que se ofrecen hoy por el 50 o 60 por ciento de su precio original.

Blanco se las prometía muy felices. Con eso de aparecer por la «City» londinense a vender productos emulaba a su jefe. Por ahí dicen vender España y aquí nos venden supuestos favores que Catar, China o la familia Pashton de Sussex nunca nos harían si no fuera por ellos. Lo del presidente es de traca. Dedica ahora su jubilación forzosa como líder socialista a viajar como conseguidor por el mundo, convertido en una especie de buhonero que, a todos los que se presten, pretende endilgarles partes de nuestro vapuleado sistema de cajas de ahorros, cachos de deuda, piezas de proyectos nonatos, quincalla de todo lo poco que hay. Nuestro presidente se ha convertido en un chamarilero itinerante por el globo que vende todo en denodada busca de una noticia positiva que florecezca en la prensa amiga.

Pero Pepiño no contaba con que incluso para vender saldos se requiere un mínimo de reputación. Buena, se sobreentiende. Y nuestro ministro de Fomento vio cómo en Londres se le echaba encima su pasado, el propio y el de su Gobierno. Y es que siguen pensando que nadie tiene memoria y que a ellos hay que perdonarles todas sus tropelías. Ayer, ya en TVE vendiéndonos la burra a nosotros, decía que «había habido ciertos problemas« con el mercado británico. No, amigo, lo que hubo fue el inmenso atropello de vuestra ley de Costas, que con efecto retroactivo dejó a decenas de miles de propietarios británicos en el limbo jurídico. Esa ley de Costas que no afectó a la casa que Pepiño y otros chicos del PSOE se hicieron en la costa gallega, arrebató los derechos de propiedad a centenares de miles de pequeños propietarios de viviendas en el litoral. A los que se trató con brutal arrogancia, indignante indiferencia ante sus protestas y quejas y desprecio a auténticas tragedias causadas por esta ley injusta y abusiva. Los propietarios españoles tragaron. Es lo que la sociedad española lleva haciendo siete años. Pero los británicos, no. La prensa británica se lo ha recordado. La inseguridad jurídica que Atila, Blanco y su tropa nos dejan es una losa. Pena que sean siempre otros quienes recuerdan a estos insensatos sus desmanes.


ABC - Opinión

jueves, 5 de mayo de 2011

Cita del día: “la libre elección de centro educativo quita derechos y es ilegal”. Por Jorge Valín

Pues nada, viva la Unión Soviética. La cita del título la han expresado los sindicatos, partidos políticos y lobbies en respuesta a lo que quire hacer Esperanza Aguirre eliminando la zonficación de los colegios. Según El Mundo:
“El anuncio de Esperanza Aguirre de suprimir la ‘zonificación’ educativa ha despertado críticas de la oposición y los sindicatos. El secretario general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid, Francisco García, ha señalado este miércoles que es“impracticable” la propuesta de Esperanza Aguirre y ha asegurado que sólo generará “inseguridad” a las familias”.

“Por su parte, la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) Giner de los Ríos considera que la eliminación de las zonas educativas supondrá “la desregulación absoluta” y el “destrozo” del sistema educativo madrileño”.

“Entretanto, la ‘número dos ‘ de la lista del Partido Socialista de Madrid (PSM) a la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce, ha afirmado que la libre elección ya existe desde hace 30 años y ha considerado que con esta ‘quitar un derecho a los padres’”.
Hace una semana publicaba una nota de Don Boudreaux —¿Qué ocurriría si las tiendas de comestibles fuesen como las escuelas públicas?— donde el autor predecía los argumentos-tópicos de los estatistas: declarar la decisión de libertad como delirante, afirmar que va contra los derechos de la gente cuando solo perjudica al lobby interno al perder sus privilegios, que la libertad de elección solo creará injusticias…

Para sindicalistas y otros lobbies, está claro: la libertad de elección es un mal intrínseco del hombre porque le permite coger lo bueno de lo malo. Al no poseer los burócratas el monopolio de tu persona, pierden maniobra de acción, por eso la libertad es un valor a eliminar. Todos borregos, eso sí que es un derecho. Especialmente muy conveniente al PODER.


Jorge Valín Weblog

miércoles, 4 de mayo de 2011

Cataluña. El gudari Montilla. Por José García Domínguez

He ahí el corolario del devenir extramuros de la gramática constitucional del socialismo catalán: cualquier Pérez del tres al cuatro instando con estupefaciente naturalidad a incurrir en prevaricación a los más altos órganos jurisdiccionales de la Nación.

Cuanto prescriba el Partido Único Catalanista, es sabido, va a misa en Liliput. Así, por un Pérez, Lluis Miquel, portavoz ocasional el PSC en materia de compromisos vergonzantes, acuso recibo del hondo pesar que sufriría José Montilla en caso de que no se conceda a Eta parasitar administración pública alguna en el País Vasco. Pues ocurre que la decisión del Tribunal Supremo de impedir que los asesinos de Ernest Lluch custodien fondos públicos se le antoja "inadecuada" al portavoz Pérez. Es más, la recta aplicación del Derecho por nuestra máxima instancia judicial resulta "difícilmente asumible" a ojos del vocero de circunstancias. Una dificultad congénita, el no poder tolerar las consecuencias de la división de poderes dentro de un Estado de Derecho, que hermana al PSC con Batasuna y sus mil seudónimos.

Repárese al respecto en que el partido de Carme Chacón no niega la mayor. Que la banda ordene y mande en Bildu supone prosaica cuestión baladí para la mano que mece la cuna de Pérez. Peccata minuta. Lo que les turba, y mucho, es que la cuenta de resultados de la comunión nacionalista, bulímica legión siempre presta a recoger las nueces que van cayendo del árbol, se viese hipotecada por culpa un formalismo baladí, la Ley. Y como la esperanza es lo último que se pierde, el voceras interino ha hecho públicos votos a fin de que el Constitucional "arregle" el asunto. Merced a algún empaste político fruto de una alegre conjura del grueso de los magistrados, huelga decir.

Y sin complejos. Con luz y taquígrafos. He ahí el corolario del devenir extramuros de la gramática constitucional del socialismo catalán: cualquier Pérez del tres al cuatro instando con estupefaciente naturalidad a incurrir en prevaricación a los más altos órganos jurisdiccionales de la Nación. Igual que cuando el Estatut. Con el mismo cinismo con que entonces presumieron el carácter indigno, el espíritu lacayo y el proceder delictivo del supremo tribunal del país. Exactamente igual. Olímpico desprecio que, también como entonces, se hace extensivo a la capacidad intelectiva de sus propios votantes. Por algo ese etiquetaje tan recurrentemente suyo, el que presume "progresistas" a los togados que intuyen proclives a los intereses de un clan criminal, y "conservadores" a los que demás. Inconsolable, el gudari Montilla.


Libertad Digital - Opinión

UNA DISTOPÍA. La prohibición del flamenco en Cataluña (carta a Lola). Por José María Albert de Paco

Doy por hecho, hija, que ya tienes noticia de que en Cataluña acaban de vetar la representación de espectáculos de flamenco. Dado que fueron mis quebrantos musicales los que, al poco de que nacieras, te fueron convirtiendo en una gran aficionada a esa música (tu insólito interés por Tomasito cuando apenas contabas ocho años aún hoy me sobrecoge), es probable que no sólo estés un tanto afligida, también perpleja.

Ocupémonos, en primer lugar, de la perplejidad, del cómo y del porqué... Los primeros aleteos de la prohibición se remontan a finales de la primera década de este siglo. Fue entonces cuando el republicano Josep Huguet, a la sazón consejero de Comercio, proscribió la venta en las Ramblas de vestidos de flamenca, sombreros mexicanos y objetos alusivos a la lidia (que, como recordarás, había sido declarada ilegal unos meses antes). A juicio de Huguet y, en general, del nacionalismo imperante, ninguno de esos reclamos turísticos reflejaba la esencia de lo que, conforme a las directrices del pujolismo, debía ser Cataluña.

Digo "debía ser" y digo bien. El principal empeño de aquellas gentes no fue otro que el de esculpir el paisaje invocando tradiciones que, por lo común, se fundaban 24 horas antes en algún laboratorio filológico. Objetarás que, según lo que has visto y leído, ningún barcelonés había tenido por costumbre ir por ahí disfrazado de mariachi, tocado con sombrero cordobés o una montera, por lo que al consejero Huguet y su bandería les avaló la verdad. Se trataba, en cualquier caso, de una verdad putrefacta. No en vano, y a semejanza de lo que ocurría con los sombreros de mariachis y las monteras, hacía ya siglos que ningún barcelonés remataba su vestimenta con barretina, pero ésta siguió vendiéndose, sin que la premisa del reflejo social la arrumbara. Trataré de dar la puntada con mayor precisión: el decreto Huguet instituyó lo que, en puridad, no fue sino la ignición y despegue de la venta de barretinas, un gorrito que tan sólo concitaba indiferencia, ya que, al margen de su notable fealdad, su vinculación con el aparatoso mundo de lo real (y disculpa que insista en ello) era nula. A diferencia, por cierto, de las monteras, cuyo acomodo al paisaje perduró hasta el día de la Merced de septiembre de 2012, fecha en que se celebró la última corrida de toros en la Monumental.


Sea como sea, retén estos dos apuntes: 1) en aquel tiempo, el Gobierno del incipiente Estado Catalán ya se había arrogado la potestad de legislar acerca de cuál debía ser el nexo entre los comerciantes y sus clientes; 2) el sombrero de mariachi fue la torna para la censura general de todos aquellos souvenires que apestaban a España. En cierto modo, los nacionalistas se enroscaron el pretexto charro con el mismo cinismo con que, en 2010, apelaron a la sensibilidad animalista.

Te preguntarás por qué nadie alzó la voz, por qué nadie dijo lo que, a todas luces, no era sino un nuevo frente (el enésimo de cuantos se fueron saldando con éxito) del proceso de demolición de la realidad. A este respecto, no cabe despreciar los más de treinta y cinco años de adoctrinamiento nacionalista, la progresiva sumisión de la ley a los caprichos étnico-lingüísticos y la proliferación de redes clientelares, que fueron confundiendo la defensa de la lengua pròpia con el salario del miedo... Mas no me adentraré en porqués que terminen por nublarnos las ideas: bastará con que me permitas, siquiera una vez más, que sostenga que Cataluña es un país de cobardes, latiguillo que anoté varias veces en mi playa Libre y por el que, como acaso recuerdes, tuve que responder ante la Comissió d'Afers Identitaris, el mismo órgano que prohibió a Oriol Trillas, so pena de inmediato destierro, seguir divulgando su adagio "Merda de país petit".

No obstante, y a propósito de la respuesta ciudadana, me gustaría que prestaras atención a un hecho que, de algún modo, hizo buenas mis habladurías de sobremesa sobre la impronta de la cobardía en Cataluña: los primeros culpables de que hoy no haya flamenco en Cataluña fueron los flamencos locales.

Es bien sabido que el poder jamás había reconocido como artistas catalanes a Miguel Poveda, Mayte Martín, Ginesa Ortega o Duquende. De ellos, al igual que de otros artistas que plasmaban sus arrebatos en castellano, se decía que no pertenecían a la cultura catalana. Algunos de estos flamencos, en su afán por guarecerse de la intemperie (¡y, cómo no, por saciar su hambre de contrataciones!), trataron de arrimarse a los mandantes de la cultura realizando una serie de contorsiones que, bajo el vergonzante disfraz del mestizaje, no fueron sino un acodamiento a la horma esencialista, una asimilación del horizonte distópico por el que se regía y se rige la política catalana.

No me extrañaría que, al leer estas últimas líneas, te hayas lanzado a curiosear en internet en busca de pruebas. Yo mismo te serviré dos: en 2005, cuando la cantaora Mayte Martín actuó en el acto institucional de la Diada celebrado en el parque de la Ciudadela, parte del público profirió un agrio abucheo, que tan sólo fue mitigado por los aplausos del sector tolerante. No debe extrañarte que la barbarie antiespañola se mostrara con semejante desparpajo: la perversa identificación entre lengua, identidad y cultura había socavado cualquier atisbo de sentido común entre los nacionalistas más atorrantes (que al punto devinieron en mayoría), de ahí que cualquier manifestación pública en lengua castellana fuera tenida por un acto de traición o, en el mejor de los casos, una ofuscación subsanable.

Que Mayte Martín se prestara al bochornoso ejercicio de personificar la integración del flamenco en Cataluña da perfecta cuenta de hasta qué punto los flamencos catalanes empezaron a verse acorralados por un aparato político-mediático-cultural que no estaba dispuesto a sellarles el pasaporte. Confío en que la palabra integración no te haya pasado inadvertida, pues la lanzadera que condujo a la prohibición de los toros y que hoy ha llevado a la del flamenco tiene que ver, precisamente, con la distinción entre dos conjuntos de referentes culturales: los propios y los ajenos. Entre los propios figuraban los que, sin duda, bailan contando en tu cabeza. Entre los ajenos se hallaban los que, habiendo sido propios hasta ese lapso histórico, fueron sepultados bajo un sinfín de connotaciones que solían concluir con la etiqueta fascista. Así, ser castellanohablante, o seguidor del RCD Espanyol, o aficionado a los toros, o lector de El Mundo o El País, o amante bilingüe, o entusiasta de Pérez-Reverte, o sencillamente español, español sin adjetivos, te abocaba a un limbo en el que siempre había que calibrar una justificación. Tu padre, Lola, cumplió todos los preceptos sin dar explicación alguna a propios ni a extraños. Cómo.

Te había prometido dos ejemplos y sólo te he mostrado uno. Mañana será otro día. Duerme en paz.

* * *

Ayer te contaba que los artistas locales contribuyeron a hipotecar el futuro del flamenco con sus ridículas cabezadas integracionistas. Ni que decir tiene que el flamenco no requería salvoconducto alguno (¡y menos aún en la tierra que vio nacer a Carmen Amaya!), pero el trazo de cientos de líneas que distinguían lo propio de lo ajeno llevó a algunos cantaores a la nece(si)dad de escapar del supuesto círculo infernal que les envolvía y acomodar su quejío a las circunstancias. Te hablé del abucheo de que fue objeto Mayte Martín durante su actuación en la Diada Nacional de Catalunya y te prometí una segunda prueba. Tómala con pinzas y obsérvala del derecho y del revés.

En 2007, dos años después de que Martín sufriera en sus carnes el desprecio del nacionalismo mientras interpretaba Vidalita, Miguel Poveda se propuso amansar a la fiera haciendo gala de su adhesión inquebrantable a los principios rectores del Movimiento. Así, el 11 de septiembre cantó, junto con Maria del Mar Bonet, un fragmento de la obra Els treballs i els dies. En catalán, sí. Tal vez convenga aclarar, de una vez y para siempre, que en Cataluña el mestizaje sólo opera en un sentido. Habría sido inconcebible que la Bonet pusiera su canto al servicio de La bien pagá, pero resultó perfectamente asumible que Poveda se inclinara ante las perlas de Amic e amat. Hay asuntos, en fin, cuya sola fabulación asemeja un desafío tras el que respinga, airada, la eterna regañina.

Volvamos al 11. La ostentación patriótica de Poveda no era noticia, antes bien constituía la guinda de su ejemplar obstinación por que el régimen no le tuviera por un paria. No en vano un año antes había publicado su célebre Desglaç, en que el badalonés aflamencó poemas de Verdaquer, Comadira, Casasses, Alzamora, Brossa... No se trataba de una compilación sustentada en un andamiaje músico-filológico, ni estaba basada, como Las malas lenguas de Santiago Auserón, en la refutación del Volksgeist, esto es, en la defensa del principio de que el mundo es traducible. No, la filosofía que animó Desglaç fue (¡atención, aduana!) la de tender un puente entre dos culturas. "¿Dos culturas?", te preguntarás. Saborea este párrafo de la Wikipedia:
Por vez primera se edita un disco completo en catalán en la voz de un cantaor de flamenco, con magnífica aceptación por parte de público y crítica, disco con el que consigue establecer puentes entre la cultura catalana y el mundo flamenco, despertando el interés mutuo entre públicos de ambas culturas.
La cultura catalana y el mundo flamenco. Eso dice, sí. El balance de semejante extravío moral es que el nacionalismo había logrado levantar una empalizada entre un ellos y un nosotros inexistente, se había cobrado una de sus más codiciadas conjunciones copulativas, había grabado a fuego que el flamenco era un residuo español que, en el mejor de los supuestos, obtendría la gracia de ser tolerado.

Dos culturas. Dada tu renuencia a los grafitis wikipédicos, te traigo las declaraciones que, por entonces, efectuó el mismo Poveda. Él te ilustrará con mayor tino acerca de la motivación primordial de su Desglaç:
Cada vez es más difícil escoger los temas de un disco. Al principio lo que quieres es grabar para que te conozca la gente, por el orgullo de tener tu propio álbum, pero después entiendes que se trata de un trabajo que queda para toda la vida y que refleja en qué momento estás, como Desglaç. Yo no me meto en política, simplemente ahora soy un ciudadano cualquiera indignado con lo que ocurre en el mundo.
Pon aquí el punto de lectura que te regalé.

* * *

Nos habíamos quedado en la estupendísima declaración a El País de Miguel Poveda, que describió su Desglaç como una suerte de manifiesto poético que reflejaba su indignación ante el devenir del mundo. Tengo por seguro que su canción-protesta (no está de más que señalemos que, en lo que concierne al flamenco, dicha expresión tiene algo de pleonasmo) te ha llevado a vislumbrar un link. Si clicas en él, darás con una nube de palabras, entre las que figuran "jo vinc d'un silenci", "al vent", "l'estaca", "diguem no"... Desglaç, en efecto, aspiraba a ser el pasaporte del flamenco autóctono (personificado, sobre todo, en el mismo Poveda) al priveé de músicos que, hasta entonces, se habían arrogado la propiedad del dominio laveudelpoble.cat. Sabes que soy bastante dado a la exageración, pero también que siempre he procurado que mis efluvios hiperbólicos sólo afecten a asuntos banales. En suma, no creas que ando desencaminado al afirmar que los representantes de la nova cançó se tenían, además, por los representantes de "un pueblo".

Como era de esperar, el arduo empeño de los povedas en ingresar en el Gotha provocó el efecto contrario. Así, y análogamente a la acreditada existencia de inmigrantes reciclables e inmigrantes desechables, el nacionalismo clasificó el flamenco en dos categorías: flamenco que no hacía ascos a la integración y flamenco que, en virtud de la inobservancia de ciertos códigos, representaba a la caverna españolista. De nuevo, fue un laboratorio filológico el que afinó las aristas taxonómicas. ¿Adivinas qué referente tomó como vara de medir? ¡Exacto, el canónico Desglaç!

Unas líneas atrás he aludido a Els Altres Andalusos y a la Fecac. Admito que no sé exactamente por quién llegué a sentir más desprecio, si por la asociación kunta kinte que agitaba continuamente el sonajero de las raíces o por la que urgía a los inmigrantes a participar en consultas independentistas para que les fuera concedido el carnet de la tribu. (Paradójicamente, o quizás no tanto, ambas estaban unidas por la consideración de que emigrar a Cataluña no distaba en exceso de emigrar a Alemania). Sí querría que supieras que, a finales de la década, en el candelero de Els Altres Andalusos figuraba Luis Cabrera, a su vez patriarca del Taller de Músics, la entidad que animó a Poveda a emprender el deshielo y que, con objeto de que su ideario no quedara en mera palabrería, coprodujo el disco.

Resuelta la cuadratura y salvada la digresión, poco más tengo que añadir. Como bien sabes, el Gobierno se escudó en la enésima derrama de cuotas lingüísticas para promulgar la Ley de Preservación de la Cultura Catalana, que, al punto, se tradujo en una restricción de aquellas otras manifestaciones artísticas que tendían a diluir la conciencia nacional de las gentes. Por aquel tiempo, el Departamento de Cultura ya había plantado la semilla de tres asociaciones prohibicionistas que, poco después, sirvieron para pretextar que el acoso al flamenco obedecía a una creciente e insoslayable demanda popular.

Es probable que estas notas no sólo no hayan mitigado tu perplejidad, sino que, por el contrario, la hayan acrecentado. Si lo estimas oportuno, tómalas como una simple incitación a recabar la verdad. Después de todo, no hay que descartar que mi narración no sea del todo veraz, sino el sueño contrito de una noche de verano. Por lo demás, evita en lo posible que el flamenco te ensordezca: tus pesquisas (en el caso de que las emprendas) nada tendrán que ver con la arqueología del cante, sino con el hecho asombroso, imponente, de que habitas un país cuyo principal rasgo identitario es la conversión en delito de la extravagancia.


Un beso,

P.


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