lunes, 20 de septiembre de 2010

Tea Party. La derecha mira con los ojos de la izquierda. Por Emilio Campmany

La solución no sólo ha de consistir en rechazar la terminología que impone la izquierda sino también las lentes, ultradeformadas, a través de las cuales pretende ésta que todos veamos la realidad para que sea "su" realidad.

Más de una vez los lectores de Libertad Digital me han recriminado hablar de los jueces próximos al PSOE y de los afines al PP refiriéndome a ellos con las expresiones "progresistas" y "conservadores". La regañina se funda en que es una terminología impuesta desde la izquierda que ve el término "progresista" como algo positivo y la expresión "conservador" como negativa. Yo la empleo porque es la generalmente admitida, pero por qué haga yo las cosas carece de importancia. La cuestión es que en esto y en muchas otras, la derecha se ha acostumbrado a observar los fenómenos políticos con las palabras de la izquierda. Y lo terrible es que, al emplear sus palabras para denominar las cosas, acepta igualmente verlas a través de sus ojos, que deforman la realidad tanto cuanto sea necesario hasta conformarla a sus intereses. El domingo teníamos un buen ejemplo en los periódicos.

Titula El País: "El Tea Party asedia Washington. La victoria de los extremistas en Estados Unidos convierte las elecciones legislativas de noviembre en una lucha entre la civilización y la caverna". Lo de "una lucha entre la civilización y la caverna" se figura un pelín exagerado, pero siendo El País un periódico de izquierdas parece normal lo que en verdad es una flagrante deformación de la realidad. Menos choca que Público califique el movimiento de "ultraconservador". En realidad, a los dos les pasa que todo lo que es de derechas les parece ultra algo, lo que a veces les hace parecer algo ultraestúpidos.


Lo curioso es que la prensa de derechas les hace el juego. El Mundo, ABC, y La Razón dan la misma información, la intención de Sarah Palin de presentarse a las elecciones presidenciales de 2012, calificando el movimiento al que pertenece, el "Tea Party", de "ultraconservador". Lo de El Mundo tiene un pase porque ya sabemos que no le gusta parecer de derechas. Lo de ABC y La Razón tiene menos justificación. Mucho más cuando nunca hablan de Obama como "ultraizquierdista" o "radical de izquierdas", que es como lo describe la derecha norteamericana. La cosa llega a preocupar cuando uno se asoma a las páginas de La Gaceta y encuentra el mismo adjetivo, "ultraconservador", para referirse al mismo movimiento.

Evidentemente, el "Tea Party" hay que encuadrarlo dentro de la derecha del Partido Republicano. Pero eso no lo convierte en ultra ni en cavernícola. Son gente de derechas, ni más ni menos. Y eso no las hace peores, ni mucho menos, a las de izquierda de allí o de aquí. Sí son bastante mejores de las de extrema izquierda que hemos de soportar en Europa, en general, y en España en particular. Porque la extrema izquierda existe. Son de ideología radical, de inspiración marxista y tendencia antidemocrática, que encuentran amplia protección y eco en los medios de la izquierda y que nunca se ven denunciados, ni siquiera en los medios conservadores, porque hacerlo conlleva el riesgo de ser tildados de ultras o simplemente de derechas, que es hoy tanto como un insulto.

La solución, por lo tanto, no sólo ha de consistir en rechazar la terminología que impone la izquierda sino también las lentes, ultradeformadas, a través de las cuales pretende ésta que todos veamos la realidad para que sea "su" realidad. Empecemos a poner algunas cosas en su sitio. El "Tea Party" no es más que un movimiento conservador y el corresponsal de El País en Washington un ultraizquierdista.


Libertad Digital - Opinión

Zapaterismo (II): Las primarias. Por Ignacio Camacho

En torno a Tomás Gómez se está aglutinando un sector de disidencia con el valor de forjar por primera vez un polo crítico.

AL involucrarse en las primarias de Madrid, aunque luego haya intentado aparentar que se mantiene al margen, Zapatero las ha convertido en un test sobre su propio liderazgo. Por un mal cálculo ha permitido que el pulso socialista en la capital del Estado plantee con toda crudeza el debate no sólo sobre el postzapaterismo sino sobre el propio zapaterismo en su declinante estado actual, que es ya en buena medida una carrera presucesoria. La resistencia de Tomás Gómez compromete en primer lugar al presidente, en segundo a una posible aspirante al relevo —Trinidad Jiménez— y en tercero a los factótums del Gobierno que sostienen el precario andamiaje del líder —Blanco y Rubalcaba— y que se han comprometido de manera explícita en auxilio de la candidatura patrocinada por la dirección nacional del partido. Una victoria de Gómez supondría un vuelco brutal del statu quo y abriría de modo explícito la batalla de la sucesión. Cuando Rubalcaba le acusó de no poseer otro capital que el de haber dicho no a Zapatero lo estaba invistiendo de alternativa; eso no es sólo un capitalazo, sino todo un patrimonio acumulado cuyo valor puede sobrevivir incluso a una derrota.

Gómez no deja de ser un político de trayectoria mediocre, pero a su alrededor se están reuniendo las fuerzas críticas del zapaterato con la mira puesta en un relevo a medio plazo. En ese sentido le bastará con obtener un resultado digno para dejar patente la existencia de un foco alternativo que puede ir creciendo cuanto mayor resulte el desgaste de la actual dirigencia. Las primarias valencianas constituyen también una prueba de fuerza para el papel de Blanco y Rubalcaba en el entramado sucesorio; ambos apoyan, por razones diferentes, a Antoni Asunción, y convergen en el desafío interno al poder orgánico de Leire Pajín a través de su protegido Alarte. Ninguno de los candidatos parece en condiciones de comprometer la victoria de Camps, como en Madrid es difícil que Jiménez o Gómez puedan desequilibrar la hegemonía de Esperanza Aguirre; se trata en ambos casos de una confrontación que mide apoyos de cara al control del partido en la verdadera batalla de los próximos meses. La batalla del postzapaterismo.

Pase lo que pase, en torno al inesperado Tomás Gómez se está aglutinando un sector de disidencia, por ahora heterogéneo, pero con el valor intrínseco de forjar por primera vez en el mandato zapaterista un polo crítico. Muchos de los apoyos del candidato rebelde permanecen en la sombra, y la mayoría son de conveniencia, como los que han llamado en las últimas semanas a Patxi López para animarlo a no dejarse avasallar en la negociación presupuestaria del presidente con el PNV… muñida también por Blanco y Rubalcaba. Los movimientos son cada vez más explicítos, y todos tienen un denominador común: ponen en valor la importancia de decir no a Zapatero como capital de inversión a futuro.


ABC- Opinión

Ni huelga ni estos sindicatos

Si los sindicatos hubieran tenido un mínimo de olfato o interés sobre el estado de ánimo de la opinión pública, hace años que se habrían movilizado contra el Gobierno. El descontento de la sociedad española con las políticas socialistas no ha surgido espontáneamente en estas semanas, sino que la desafección era ya mayoritaria en el arranque de la Legislatura, cuando las centrales sindicales compartían, e incluso alumbraban, las medidas económicas y sociales del gabinete. Si UGT y Comisiones Obreras se detuvieran mínimamente ahora en los análisis demoscópicos, entenderían también que los españoles no secundan la convocatoria de huelga general del 29-S y muestran un desapego mayoritario a lo que representan los dos sindicatos mayoritarios. La encuesta de NC Report para LA RAZÓN es concluyente sobre el estado de ánimo de la sociedad. Más del 63% de los españoles no se suma a la huelga, frente a sólo el 24% que manifiesta su voluntad de seguir a Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. Los ciudadanos que creen que la movilización será minoritaria doblan a los que confían en la protesta mayoritaria, y constituyen también una mayoría (47,6%) los que están convencidos de que la jornada del 29-S será un fracaso de las centrales.

Los abrumadores resultados constatan que este país no está para paros masivos ni parece dispuesto a movilizarse tras unas organizaciones discutidas y en una deriva de pérdida de prestigio social muy preocupante para su futuro. Quieran o no los convocantes, la realidad es que la huelga se ha convertido en una reválida para UGT y Comisiones Obreras, para el futuro de ese sindicalismo político que representan estas organizaciones y para los liderazgos de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. En este punto, el sondeo de LA RAZÓN concluye que más de la mitad de los españoles cree que el actual modelo sindical debe ser rectificado.

O lo que es igual, que el sindicalismo de UGT y CCOO pertenece a un pasado que no tiene encaje en este siglo XXI. Por eso, a estas alturas no se comprendería que los sindicatos no se dieran por enterados en caso de un revés en la jornada de paro. Que se pretendiera continuar como si nada hubiera pasado sería la mejor constatación de que las castas sindicales supeditan la defensa de los derechos de los trabajadores a que su estatus no peligre.

La situación de un país con más de cuatro millones y medio de parados ha exigido de todos los agentes sociales un ejercicio de responsabilidad y de reflexión. Lejos de esa actitud de compromiso, los sindicatos han sido un freno permanente de las reformas imprescindibles que la economía española necesita. Aferrados a anacrónicos discursos y a recetas económicas vencidas, han servido de soporte al fracaso frente a la crisis del Gobierno. Es difícil esperar ya una reflexión seria por parte de Méndez o Toxo, cuando han sido incapaces de reconocer siquiera su cuota de culpa en las consecuencias de una política económica fracasada. El día después de la huelga será el momento de evaluar lo sucedido y de exigir responsabilidades.


La Razón - Editorial

José Antonio Labordeta, descanse en paz

Pocos españoles habrá hoy que no lamenten en diverso grado su pérdida. Nuestras más sinceras condolencias para todos aquellos que lo leyeron, lo siguieron, lo admiraron y sobre todo lo quisieron.

En la madrugada del pasado sábado murió a los 75 años José Antonio Labordeta. En estos casos, suele ser habitual que los medios de comunicación respetemos durante un tiempo la memoria de los difuntos y dejemos las críticas para más adelante, cuando los ánimos estén más calmados y se haya cogido una cierta perspectiva histórica.

Nosotros no vamos a omitir las críticas a Labordeta sólo por el respeto que su persona y sus familiares, amigos y admiradores nos merezcan, sino también por el hecho mucho más simple de que no tenemos gran cosa que reprocharle. Es notorio que como periódico nos encontramos muy alejados de muchas de sus ideas políticas, pero mal haríamos si redujéramos toda su figura y su trascendencia pública a aquella parte de su ideología que nos desagrada y que, dicho sea de paso, defendía mucho más cabalmente que la inmensa mayoría de políticos actuales.


Porque, conviene recordarlo en estos momentos, Labordeta fue uno de los intelectuales más polifacéticos y completos que ha tenido España en el último medio siglo: poeta, cantautor, novelista, profesor, guionista, director, político e incluso presentador de televisión; actividades que siempre desempeñó con gran dedicación, entusiasmo y simpatía hasta el punto de convertirse en un maestro en varias de ellas.

Un hombre de letras de lo que por desgracia ya no quedan en España, con más de 20 discos y otros tantos libros en su haber, el último de ellos publicado hace apenas unos meses en el que reflexionaba emotivamente sobre la enfermedad que finalmente se lo ha llevado; un modelo intelectual para multitud de jóvenes idealistas que en los 60 y los 70 buscaban referentes en la defensa de la libertad y de la democracia; y también un personaje público conocido y querido en todas las partes de España por sus frecuentes apariciones televisivas y políticas durante los últimos quince años en las que exhibía campechanía, ingenio e incluso humanas muestras de mal humor.

Pocos españoles habrá hoy que no lamenten en diverso grado su pérdida. Nuestras más sinceras condolencias para todos aquellos que lo leyeron, lo siguieron, lo admiraron y sobre todo lo quisieron. Descanse en paz José Antonio Labordeta.


Libertad Digital - Editorial

El problema catalán de Zapatero

Los socialistas no tienen argumentos nuevos para Cataluña. Han quemado las bazas de la reforma estatutaria, de la alternancia al nacionalismo de CiU y del frente de izquierdas.

EL presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció ayer en la «fiesta de la rosa» organizada por el Partido de los Socialistas de Cataluña, un discurso por el que parecía no haber pasado el tiempo. Utilizó los mismos argumentos que empleaba en 2003, cuando avaló personalmente el Pacto del Tinell, el tripartito con los independentistas de Esquerra Republicana y el proyecto soberanista de la reforma estatutaria. Pero Zapatero siempre habla de Cataluña como si acabara de llegar y fuera a inaugurar una época inédita de autonomía y paz territorial. Sin embargo, Zapatero lleva en sus espaldas siete años de decisiones personales sobre Cataluña que han desestabilizado la dinámica del Estado de las Autonomías y han sembrado una tensión soberanista que no existió siquiera durante los gobiernos nacionalistas de Convergencia i Unió. Aun así, Zapatero sigue trufando sus discursos hacia los catalanes con promesas sobre la identidad y el autogobierno y con ya manidos juegos de palabras sobre las relaciones recíprocas entre España y Cataluña, pero no hay rastro de autocrítica. Suya fue la temeraria idea de incorporar el independentismo republicano al gobierno autonómico, para crear un frente de izquierdas que, a la postre, ha desplazado al PSC al puro soberanismo nacionalista. Suya fue la idea de utilizar la vía estatutaria para travestir el Estado autonómico en Estado confederal, operación frustrada en buena medida por el Tribunal Constitucional. Y suya es la responsabilidad de haber decidido premiar con cuotas de poder o influencia a quienes defienden proyectos de segregación. Sus críticas a Rajoy por no querer hablar de identidad y sí de trabajo son una coartada para esquivar que sus proyectos para esa identidad y ese autogobierno por los que ayer abogaba —el Estatuto de 2006, la alianza con ERC— han hecho más difícil y conflictiva la relación de Cataluña consigo misma y con el resto de España.

Zapatero vuelve a necesitar electoralmente que el PP sea la bestia negra de los catalanes y ésta va a ser una de las constantes de la campaña para los comicios autonómicos de noviembre, porque el presidente del Gobierno se ha quedado sin discurso propio para Cataluña, de la misma manera que se quedó sin discurso «social» para Rodiezmo. Después del fallido intento confederal del Estatuto de 2006, los socialistas no tienen argumentos nuevos para Cataluña. Han quemado las bazas de la reforma estatutaria, de la alternancia al nacionalismo de CiU y del frente de izquierdas.


ABC - Editorial

domingo, 19 de septiembre de 2010

Sana envidia. Por José Maria Carrascal

Los gibraltareños construyen un complejo que competirá con la Costa del Sol. Sin que el Gobierno haya dicho ni pío.

Tengo que reconocer que siento envidia de los marroquíes en un punto: en la firmeza que defienden sus intereses, incluidos los más discutibles. Melilla, por ejemplo. No sólo reclaman la ciudad española desde hace 513 años, sino que movilizan todas sus fuerzas políticas y sociales para hacerse con ella. Ahí tienen las manifestaciones, provocaciones, protestas que escenifican continuamente ante las puertas de la ciudad. Y no hablemos ya de cuando el derecho les asiste. Los guardacostas marroquíes están expulsando de las aguas frente a sus costas a las embarcaciones melillenses que se acercan. «¡A bañarse a otro sitio!» les dicen.

¡Qué diferencia con nuestra actitud hacia Gibraltar! Los gibraltareños no sólo se bañan en las playas españolas, sino que están construyendo instalaciones en la ladera este de la Roca, para montar un complejo que pronto competirá con los de la Costa del Sol. Sin que el Gobierno español haya dicho ni pío. ¿Cómo va a decirlo si el propio Ministro de Exteriores negocia con los líderes gibraltareños y les ha hecho una visita oficial? ¿Cómo no van a creer que tienen luz verde para cuanto les apetezca en España, tanto si es para bañarse en sus aguas como para ampliar su perímetro en ellas o para entrar sin permiso judicial en una vivienda de San Roque, como ha hecho su policía, en busca de objetos robados en la Roca, mientras se ordena a las patrulleras españolas que no se acerquen al puerto gibraltareño en la persecución de contrabandistas y narcotraficantes, «para no crear incidentes»?

Posiblemente estemos ante el segundo mayor vicio del Gobierno Zapatero (el primero es mentirnos cada lunes y cada martes): la poca entereza que tiene para defender nuestros intereses, sea ante nuestros socios comunitarios, sea ante los piratas somalíes, sea ante los secuestradores saharianos, sea ante los ingleses y gibraltareños, sea ante los matones hispanoamericanos. Debilidad que se traduce al interior, sobre todo con los nacionalistas periféricos, a los que igual promete el estatuto que le pidan, que les compra a peso de oro sus votos en el Congreso, como va a ocurrir al debatirse los próximos presupuestos generales del Estado. Nada de extraño que nuestro déficit alcance ya más de la mitad de nuestro PIB. ¿Cómo vamos a salir de la crisis endeudándonos de esta forma? ¿Cómo van a respetarnos aquellos que sólo buscan esquilmarnos? ¿Cómo vamos a salir del pozo en que nos encontramos con un presidente sólo interesado en mantenerse él, aunque sea al precio de hundir, no ya el país, sino su propio partido, como le está ocurriendo PSOE?
Ahora comprenderán ustedes mi sana envidia hacia Marruecos en este punto.


ABC - Opinión

Política. Cabriolas Zapatero. Por Humberto Vadillo

Es preciso, sin embargo, que anuncies ya que tu Gobierno y tú mismo os sumareis a la huelga general contra el Capital, la Salgado y Rajoy.

Este es un artículo destinado exclusivamente a su lectura por el presidente Zapatero. Si no es usted Zapatero, por favor no siga leyendo. Si es usted de Moncloa por favor avise a Zapatero, de que le estoy llamando al móvil pero no me lo coge. Que me llame cuando pueda. Pero no más tarde de las nueve, que ceno pronto.

Estimado José Luis,

Me cuentan que has dedicado este verano a la lectura de los volúmenes de Murakami. De alguno de ellos, al menos. No dudo de que algún día haber leído De qué hablo cuando hablo de correr bien podría resultarte útil, sin embargo quisiera llamar tu atención sobre un autor y un libro cuya frecuentación asidua podría serte beneficiosa estas procelosas semanas que se te vienen encima como a una mariposa un practicante de Sumo.

François Robichon de la Guériniere, Ecuyer du Roi y jefe de doma en las Tullerías de Luis XIV publicó en 1733 Escuela de Caballería, auténtico fundamento del arte de la doma en el que a un tiempo codifica y renueva los modos de adiestramiento de la Escuela Española de Equitación.


La parte fundamental de la obra y la que encarecidamente te recomiendo, José Luis, es la segunda, en la que se detalla el método de entrenar a los caballos dependiendo de los diferentes fines a los que serán destinados.

Los movimientos básicos que puedes aprender en este libro son los siguientes. Practícalos con ahínco, que un día tal vez te salven la vida.

En la "ballotade", oh José Luis, cuando veas acercarse la fusta amable de Iñigo Urkullu te apoyas sobre las manos saltando hacia delante mientras alzas las piernas traseras bajo los cuartos antes de posarte en el suelo sobre las cuatro extremidades. No es difícil y es muy hermosa ya que al final del ejercicio, si lo has hecho bien, te aprueban los Presupuestos y sigues un año más de jefe del BOE. El PNV por su parte aparentemente consigue la transferencia de las "políticas activas de empleo" pero además, en plica cerrada aparte has de darles la seguridad de que Batasuna o Nekanesuna podrá presentarse a las elecciones: ellos mantendrán el poder en Ayuntamientos y Diputaciones y en su momento rodará la cabeza de Patxi López y volverá el País Vasco a la normalidad de las cosas y el PNV al poder.

Para hacer la "Courbette" te levantas sobre las piernas posteriores y recoges las anteriores, extendiéndote en toda tu altura, la impresión es notable pues ahí quedas tu, enorme y piafante y como la Trinistra no le gane a Tomás Ynodigomás harás menester de toda tu talla para que no se te empiecen a rebelar barones, vicebarones y mequetrefebarones hasta en Valdebernardos. No hay nada que abra el apetito de la manada como la contemplación del macho alfa herido. Una exhibición de la "Courbette" y se quedarán tranquilos hasta la siguiente ejecutiva.

En la "Cabriola" te extiendes hacia delante en el aire mientras das una enérgica coz hacia atrás con ambas piernas. Una sabia utilización de esta técnica te permitiría encabezar la manifestación sindical del día 29 de septiembre sosteniendo con los dientes la pancarta contra la reforma laboral con Toxo a un lado y Méndez a otro. Es preciso, sin embargo, que anuncies ya que tu Gobierno y tú mismo os sumareis a la huelga general contra el Capital, la Salgado y Rajoy.

Finalmente, quizá el más hermoso y útil, la "Croupade", te permite saltar verticalmente con tus cuatro extremidades dirigidas hacia el vientre. Esta treta te puede resultar enormemente útil caso de que por un azar maldito no te aprobaran los presupuestos, Trini no batiera a Tomás o al final te caiga encima la huelga general. En ese caso, escúchame José Luis, sería muy posible que quienes consideras tus más allegados intentaran desjarretarte y este salto, convenientemente repetido cada vez que te cruces con Blanco, Rubalcaba u otros imposibles metafísicos por los pasillos de Moncloa puede depositarte sano y salvo en la orilla de las próximas elecciones.


Libertad Digital - Opinión

Postzaparerismo (I): El debate. Por Ignacio Camacho

La irrupción natural del término «postzapaterismo» certifica la percepción de una atmósfera terminal de fin de ciclo.

SI hay algo que moleste a un líder es que le madruguen el debate de su propia sucesión; los típicos movimientos de toma de posiciones que se suelen producir en torno a un político en desgaste suponen un desafío para su capacidad de marcar las pautas del relevo y una forma de anticiparle la fecha de caducidad. Por eso la irrupción en la opinión pública del término postzapaterismo provoca en el presidente y su entorno un inevitable desasosiego ante la evidencia de un clima interno de final de ciclo. Sin embargo, la naturalidad con que el concepto se ha instalado en la dirigencia socialista certifica la percepción colectiva de esa atmósfera terminal, que presagia la evidencia de un cambio de liderazgo a medio plazo y domina no sólo las estrategias de los miembros más señalados de la nomenclatura del PSOE sino también, de forma cada vez más notoria, las del propio Zapatero.

En este momento, la sensación de derrota irremediable domina de un modo mayoritario, casi unánime, la perspectiva electoral del Partido Socialista; sólo el presidente conserva un cierto margen de optimismo y autoconfianza basado en las patentes reticencias que aún despierta el perfil de su oponente. Pero el diferencial creciente de las encuestas impone cada vez más la aceptación de la idea de que ni siquiera los defectos de Mariano Rajoy como candidato pueden frenar el vuelco ante la aceleradísima erosión sufrida por un Gobierno en barrena. Así las cosas, y dado que Zapatero conserva la potestad unívoca de decidir sobre sí mismo, la duda entre los barones y jerarcas del PSOE oscila entre la posibilidad de que el líder adelante los acontecimientos abriendo un proceso sucesorio después de las municipales de junio o espere a consumar su propia inmolación presentándose de nuevo a un improbable tercer mandato.

Los más optimistas apostarían sin ambages por la primera fórmula, desde el convencimiento de que sin Zapatero existe una posibilidad de dar la vuelta a los pronósticos. Un nuevo candidato, piensan, dejaría a Rajoy como figura del pasado y tendría la posibilidad de volver a ilusionar a los votantes desencantados, mientras que un revés electoral podría suponer hasta ocho años de travesía del desierto. Los movimientos actuales de Blanco y Rubalcaba en torno a las primarias de Madrid y Valencia, y los de algunos dirigentes autonómicos comprometidos en su propia renovación, parecen apuntar al deseo de que un relevo anticipado no les tome a contrapié; si ese melón se abriese a partir de junio cualquier aspiración tendría que contar con la confianza del presidente. Si, por el contrario, el proceso ha de esperar a 2012, tras las generales, podría volver a suceder un big-bang como el que aupó a Zapatero, una confrontación tan abierta como imprevisible marcada por el estado de ánimo de una derrota con desalojo del poder incluido.


ABC- Opinióna

Gestionar la inmigración

La polémica creada tras la decisión del Gobierno de Nicolas Sarkozy de expulsar del territorio francés a inmigrantes en situación ilegal, responsables a su vez de actos delictivos, ha traspasado las fronteras galas para afectar a toda Europa y ha reactivado el debate no resuelto sobre los flujos extranjeros incontrolados y la libre circulación de los ciudadanos comunitarios. En nuestro país, la inmigración es un asunto de honda complejidad, que ha sido abordado tradicionalmente por la izquierda con una enorme carga de demagogia y ventajismo. En la controversia actual, sin embargo, el presidente del Gobierno ha abandonado el discurso políticamente correcto habitual para respaldar sin fisuras las medidas del presidente francés y alinearse así con la posición común de los gobiernos europeos. Zapatero admitió que cada país tiene derecho a poner mecanismos dentro de la legalidad para solventar sus problemas de seguridad.

Este ataque de realismo, del que nos felicitamos, quedó en suspenso después de conocer que el PSOE presentó una propuesta de condena a la estigmatización de los gitanos. Este deambular errático, improvisado y contradictorio es precisamente lo contrario de lo que demandan los retos de la inmigración. La iniciativa de Sarkozy tiene por encima de otros el mérito de haber abordado la controversia en lugar de haber mirado para otro lado, como ha sucedido en España durante los últimos años. La Administración socialista creó un problema con la inmigración donde no lo había, con su equivocada política de regularizaciones masivas que activaron un efecto llamada perjudicial. Desde entonces, lejos de reconocer los errores y sus consecuencias, el Gobierno ha optado por negar las dificultades y no gestionar el fenómeno.

Desde luego, el fin de las políticas migratorias no puede ser estigmatizar ni señalar ante la sociedad a colectivo alguno, pero resulta inútil y muy negativo dar la espalda a los conflictos derivados de la falta de integración, los guetos, la marginalidad y la delincuencia que padecen hoy nuestras principales ciudades. Sarkozy no ha demonizado a la inmigración, porque, entre otras cosas, Francia ha sido extraordinariamente tolerante y generosa con los llegados de fuera, sino que ha actuado contra un problema de orden público y delincuencia. Y ése ha sido un ejercicio de responsabilidad, con sus aciertos y sus errores, que se debería imitar.

En España, la inmigración ha aportado indiscutibles beneficios para el país. La mayoría de los extranjeros ha sido gente honrada y trabajadora, comprometida con la prosperidad y el bien común. Pero sería irresponsable negar la existencia de una bolsa creciente de extranjeros que se mueven en la exclusión, la criminalidad y la marginalidad delictiva, contra la que no se puede seguir de brazos cruzados o con actitudes condescendientes. La inmigración del futuro debe ser ordenada, con contratos de trabajo, con derechos y deberes. Es imprescindible aprender de los errores y no perpetuarlos.


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Y la Guardia Civil dijo basta

Desde que el Duque de Ahumada creó el benemérito cuerpo a mediados del siglo XIX es la primera vez que se produce una manifestación de la Guardia Civil, otro dudoso mérito que hay que atribuir a Zapatero, con Rubalcaba como cooperador necesario.

Lo primero que es necesario dejar sentado respecto a la manifestación llevada a cabo por los integrantes de la Guardia Civil es el desasosiego ciudadano que produce ver en las calles la protesta airada de un cuerpo armado. La función de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es tan vital para garantizar la libertad de todos, que resulta inquietante ver a sus miembros reivindicar sus peticiones a pleno grito en la vía pública, por más justas que sean esas exigencias y por más que los tribunales hayan autorizado la movilización.

Dicho esto, cabe señalar que, desde que el Duque de Ahumada creó el benemérito cuerpo a mediados del siglo XIX, es la primera vez que se produce una manifestación de la Guardia Civil, otro dudoso mérito que hay que atribuir a Zapatero, con Rubalcaba como cooperador necesario.

La condición militar de la Guardia Civil es una ventaja para el Gobierno que le permite, además de destinarla a sus funciones respecto a la seguridad interior, utilizarla fuera de nuestras fronteras en misiones en que nuestros Guardias Civiles han hecho honor al bien ganado prestigio que les acompaña a lo largo de toda la historia de la institución.


Ahora bien, ese carácter militar no puede servir de pretexto para humillar a sus miembros manteniendo los agravios comparativos de que son objeto en relación con otros cuerpos de seguridad, nacionales y autonómicos. La disciplina, el sacrificio y la entrega de nuestros guardias civiles no oculta la gravísima desatención que sufre el cuerpo y las exigencias laborales a que deben hacer frente sus integrantes, en algunos casos humillantes, mientras el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro del Interior incumplen metódicamente todas las promesas realizadas para mejorar la situación en que la Guardia Civil realiza diariamente su trabajo.

Los asistentes a la manifestación han debido soportar, además, la presencia de los líderes de los sindicatos UGT y CCOO, dispuestos a utilizar la movilización para su provecho de cara a la Huelga General del próximo 29 de septiembre. La forma en que han sido recibidos dice mucho de la disposición de los Guardias Civiles a servir de baza política a unos paniaguados que no están sufriendo, ni de lejos, las penurias a que ellos están viéndose sometidos especialmente desde que comenzó la crisis.

La Guardia Civil es, con toda justicia, una de las instituciones más valorada por los ciudadanos y así debe seguir siendo. El Gobierno tiene la responsabilidad de subsanar los agravios justificados que aducen los representantes del cuerpo para que puedan desarrollar su función con los medios y garantías necesarios, aunque para eso deba recortar las gabelas y otros privilegios económicos que tan alegremente otorga a los grupos de presión que le apoyan. Y es que con una parte insignificante de lo que concede a las organizaciones de Méndez y Toxo, por poner un ejemplo cercano, los problemas de la Guardia Civil quedarían solucionados de inmediato.


Libertad Digital - Editorial

Guardias civiles contra el Gobierno

La manifestación de guardias civiles celebrada ayer en Madrid muestra la incapacidad del Gobierno para reconducir un conflicto laboral en el seno de un cuerpo armado y militar.

LA multitudinaria manifestación de guardias civiles celebrada ayer en Madrid es un doble revés para el Gobierno, que ve cómo los integrantes de una institución militar salen a la calle para pedir mejoras profesionales. Por un lado, es un varapalo jurídico, porque la sentencia del Tribunal Superior de Justicia que anuló la prohibición decretada por la Delegación del Gobierno en Madrid, sienta un precedente importante al reconocer a los guardias civiles el derecho de manifestación por asuntos laborales, sin que pueda legalmente ser confundido con una actividad sindical, como alegó el Ministerio de Interior. Todo un aval judicial para futuras protestas. Por otro lado, es un revés político porque los actos de protesta de ayer mostraron la incapacidad del Gobierno para reconducir un conflicto laboral en el seno de un cuerpo armado y militar, hasta ahora acostumbrado a guardar sus carencias en el más disciplinado de los silencios. El mero argumento de la autoridad sobre los guardias civiles no ha servido para frenar las movilizaciones. Es otro episodio que demuestra la falta de control del Gobierno sobre los frentes polémicos que tiene abiertos, encadenándose unos a otros hasta formar una secuencia de fallos y fracasos que, en puertas del último tramo del año, confirma la debilidad del equipo de Zapatero.

Ahora bien, sería un error que los organizadores de estas protestas embarcaran a la Guardia Civil en una dinámica de sesgo sindical, lo que resultaría totalmente impropio de su estatuto militar. Por eso ayer estaban de más los dirigentes de UGT y CC. OO., pegados a las protestas por puro oportunismo de cara a la huelga general del día 29. Que el Gobierno haya perdido este pulso con las organizaciones convocantes no las legitima para cambiar las bases del instituto armado. En este sentido, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, se pronunció responsablemente al apoyar sus reclamaciones laborales, pero defendiendo el carácter castrense de la Guardia Civil y la prohibición de que sus miembros realicen actividades sindicales.

El Gobierno tiene ante sí otra prueba de cómo han resultado sus experimentos partidistas. Ahora, para evitar que los agentes de la Benemérita salgan a la calle a protestar, apela a su condición militar y a la prohibición que pesa sobre sus miembros para crear o formar parte de sindicatos. Pero hasta hace relativamente poco tiempo, el PSOE especulaba con la fusión de la Guardia Civil y la Policía y con su desmilitarización, lo que de haberse ejecutado habría dado a sus miembros los derechos que el Ejecutivo quiso negarles para evitar unas protestas que agravan su imagen de impotencia ante los problemas que tiene planteados.


ABC - Editorial

sábado, 18 de septiembre de 2010

Una historia de Guerra. Por Arturo Pérez Reverte

Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.


Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.

Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.


XL Semanal

Un listo de Archidona. Por M. Martín Ferrand

Que Pastrana diga lo que dice, pero por cuenta propia o, todo lo más, a escote entre sus compañeros.

MANUEL Pastrana, natural de Archidona (Málaga) y de profesión sindicalista, hubiera hecho feliz a Luis Carandell, creador de Celtiberia Show. En su condición de secretario general de UGT en Andalucía, en arrebato de imaginación creadora, el tal Pastrana asegura que los abuelos «son parte fundamental para el funcionamiento de este país». En esa mostrenca consideración nos propone a todos los abuelos de España que, para poder secundar la huelga general, dejemos «de cuidar a los nietos ese día». A mí me cuidan más mis nietos que yo a ellos y, quizás por eso, me resulta divertida la parida de Pastrana en la que se confunden el tocino y la velocidad, lo íntimo y familiar con lo laboral e, incluso, la gimnasia con la magnesia. Lo único que me solivianta es que el líder sindical, como todos los de su especie, cursa con cargo al Presupuesto. La deuda del conjunto de las Administraciones públicas españolas supera ya los 600.000 millones de euros y, lejos de tratar de reducirla, precisamente para garantizarle un futuro a nuestros nietos, gastamos un monto respetable de nuestros impuestos en pagarle el sueldo a Pastrana y a sus colegas.

Los sindicatos españoles, que viven amancebados con el PSOE, necesitan un certificado de su existencia real y por ello, más que por ninguna otra cosa, han convocado una huelga extemporánea, inoportuna y hueca de contenido. Una huelga, por cierto, que no depende de su capacidad de convocatoria y movilización, sino del Ministerio del Interior y de sus equivalentes autonomicos. Sin piquetes «informativos», sin silicona en las cerraduras, sin la paralización violenta de los medios de transporte colectivo y la obstrucción de las vías públicas, la huelga del día 29 será un fracaso. Su éxito depende de Alfredo Pérez Rubalcaba y sus colegas periféricos. Si son diligentes, dado el pulso de la opinión pública, solo dejarán de ir al trabajo quienes no lo tienen, como los parados, o los que no están acostumbrados a hacerlo, tal que los liberados sindicales.

El crecimiento de la deuda que señalan los datos del segundo trimestre es tan elefantiásico que ya debieran estar sonando las sirenas de alarma. Urge el recorte del gasto público en todo lo que no sea esencial y, aunque no sea el mayor, habrá que ir pensando en reducir las partidas asignadas a los sindicatos, patronales y otros organismos que se dicen representativos y lo son, solo, bajo palabra de honor. Es importante, para que encontremos la salud económica, que Pastrana diga lo que dice, pero por cuenta propia o, todo lo más, a escote entre sus compañeros en la dirección de UGT y las cuotas de sus afiliados.


ABC - Opinión

Nuevo es el ruido. Por Hermann Tertsch

«Bonn paga a Bucarest a cambio de que ésta acepte a los gitanos rumanos que han entrado ilegalmente en Alemania». Dinero tirado por la ventana, sugiere el primer ministro rumano, Nicolae Vacaroiu, a «El País»... «Nuestras relaciones con Bonn han permitido la repatriación de muchos gitanos rumanos. Gran parte de ellos seguro que ya están de vuelta en Alemania», dice Vacaroiu, un hombre sincero. Sin embargo, en la cuestión gitana, hasta Vacaroiu cae en los eufemismos. Cuando habla de «buenas relaciones con Bonn» se refiere al pago de una serie de millones de marcos que Alemania concede a Rumania para la ayuda social a los expulsados, pero que, según los líderes gitanos, jamás llegan a su destino». Este texto precedente les habrá planteado incógnitas. En Bonn ya no hay gobierno, yo escribo en ABC y Vacaroiu se perdió en las brumas de la traumática historia de la Rumania post Ceaucescu. Se explica. Está escrito en Bucarest el 3 de noviembre de 1993, después de uno de mis largos viajes transilvanos por pueblos alemanes centenarios, abandonados por su población germana y ya en ruinas tras ser ocupados por gitanos. Estos intentaban seguir los pasos de suavos y sajones también hacia Alemania. Con menor éxito. Los alemanes de Rumania eran bienvenidos, los gitanos no. Ya por entonces deportaba por tanto Alemania a gitanos. Y la solución adoptada no era muy distinta que la tomada por el presidente Sarkozy. Con una salvedad: el pago se hacía al Gobierno receptor y no a los deportados. Angela Merkel no tiene que imitar a Sarkozy. Y no está sola. Muchos gobiernos deportaron y deportan. Sin publicidad, porque creen no les conviene. Sarkozy ha decidido que a él sí. De ahí el ruido. Ésa es la novedad. Revela el humor social en Europa y conviene tomarlo en serio.

ABC - Opinión

Inmigración. Exceso de cabida. Por Maite Nolla

La visita de la señora Camacho a Badalona ha provocado la reacción contraria de ERC, por considerarla racista, xenófoba y todo lo demás, aunque ERC fue uno de los partidos que propuso impedir el empadronamiento de ilegales en el ayuntamiento de Vic.

Algunos piensan que la inmigración y sus derivados se han convertido en un tema electoral en Cataluña, aunque curiosamente todos los partidos tengan en esta cuestión la misma postura. Vamos, que no hay partida; que entre PP, PSC, CiU y ERC la única diferencia en este tema es quién lleva la iniciativa. Les digo esto porque este viernes ha sido Alicia Sánchez-Camacho la que aprovechando el asunto de Sarkozy se ha ido a Badalona a hacer campaña. Debe ser que es casi fin de semana, porque si bien la postura oficial de la señora Camacho es que "en Cataluña no cabemos todos", hace unos meses pudimos ver como un domingo ayudaba a repartir propaganda a García Albiol y el lunes le dejaba a los pies de los caballos, renegando del contenido de la propaganda que ella ayudó a repartir, presionada por los medios locales y no locales.

La visita de la señora Camacho a Badalona ha provocado la reacción contraria de ERC, por considerarla racista, xenófoba y todo lo demás, aunque ERC fue uno de los partidos que propuso impedir el empadronamiento de ilegales en el ayuntamiento de Vic, en contra de lo que establece la ley. El ayuntamiento de Vic, como ya dijimos en su día, no está gobernado por Anglada, sino por un señor de CiU y la propuesta ilegal contó con el apoyo del Partido Socialista de los "papeles para todos". CiU, ese partido que en su día aprobó en el Congreso una reforma de la Ley de Extranjería con el único propósito de infligir una derrota a Aznar antes de las elecciones de 2000, aunque lo que consiguió fue auparle a la mayoría absoluta. Aquella reforma duró apenas unos meses, pero fue el precedente del modelo de Caldera. Pasados los años, CiU, contraria a prohibir el uso del burka en los espacios públicos de Barcelona, presentó una iniciativa para prohibirlo en los espacios públicos de Lérida. El alcalde de Lérida, del partido de Caldera y del partido que había rechazado la propuesta en Barcelona, apoyó la iniciativa de CiU, y ha prohibido el burka en Lérida. Eso sí, esforzándose ambos partidos en relacionar burka e inmigración, no vaya a ser que no produzca efecto. Todo ello, pese a que hace unos años, tanto CiU como el PSC en Lérida tragaron con la humillación de un imán que se negó a ser entrevistado por una mujer en una tele local. Una tele subvencionada, es decir, pública a todos los efectos.

Siguiendo con este pequeño manual de la postura sobre inmigración de los partidos en Cataluña, al igual que sucedió durante este verano, el ayuntamiento de Lérida se ha visto obligado a clausurar la mezquita de la calle del Norte por superar, como siempre, el aforo del local. No siendo una cuestión que tenga que ver exactamente con la cuestión islámica ni con la inmigración, tanto la comunidad musulmana como el ayuntamiento se están esforzando en que se vea como una polémica que sí tiene que ver con ello. Para resumir, pese a que el ayuntamiento ha ofrecido y facilitado una nueva ubicación, como se ha hecho con otras comunidades, los líderes religiosos locales se niegan a moverse por un motivo: la mezquita está en el centro de la ciudad, y en la calle del Norte y en las adyacentes se han ubicado numerosos bares, restaurantes, locutorios, carnicerías y demás. En la mezquita de Lérida hace años que no se respeta el aforo permitido en el local, y el alcalde ha hecho la vista gorda, por la multiculturalidad y todo el rollo, hasta que CiU ha subido el listón y se ha leído el programa de Anglada de cara a las municipales.

¿Conclusión? No busquen en ninguno de los partidos un razonamiento algo estructurado sobre la libertad, la dignidad, el respeto a la legalidad o el trato a las mujeres como personas y no como mulas de carga. Pasado noviembre y pasado junio, a otra cosa.


Libertad Digital - Opinión

Huelga de abuelos. Por Ignacio Camacho

Propone la UGT una huelga de afecto, un día sin mimos, un paréntesis de generosidad en la entrega de los mayores.

LO sublime y lo ridículo, la genialidad y la estupidez, están a menudos separados por un leve hilo de oportunidad, por el matiz suave de una modulación, por la efímera luz de un fogonazo de brillantez; sólo un segundo de tardanza o un instante de impremeditación convierten la ocurrencia más feliz en una solemne patochada. En ocasiones depende de la personalidad del autor, de su marca de prestigio intelectual o de su aura sensatez moral, que la formulación de una misma idea sea percibida como la afortunada expresión de una inteligencia privilegiada o una pedestre destilación de vulgaridad insufrible. Dalí solía decir, con su sarcástica arrogancia, que todo el mundo consideraba genial la mayor bobada que brotase de sus labios mientras cualquier acierto de un mediocre continúa siendo siempre una mediocridad insoslayable.

Algo así ocurre con la insólita propuesta del secretario general de la UGT andaluza para que los abuelos hagan huelga de afecto el día 29; no está claro si se trata de una clamorosa majadería, una fastuosa salida de pata de banco, o una sofisticada y revolucionaria iniciativa estratégica. A simple vista parece, desde luego, el despropósito marginal de un sindicalista desnortado ante una convocatoria que se presume de incierto seguimiento; pero también podría tratarse, si se mira con cierta benevolencia, de una novedosa manera de abordar la protesta social desde el interior de los núcleos sentimentales y afectivos que estructuran la vida laboral contemporánea más allá de las leyes, los estatutos y los convenios. Una huelga de abuelos para bloquear un país; un cierre masivo de la inmensa guardería familiar que permite a tantos padres y madres incorporarse a un trabajo que no podrían atender sin el auxilio silencioso y gratuito de unos abnegados mayores con las pensiones congeladas. Genialidad o sandez; tal vez las dos cosas al mismo tiempo.


Porque, por inteligente que pudiese resultar la fórmula en la mera teoría de las relaciones productivas, efectivamente dependientes en gran medida de ese callado tejido anudado con lazos de cariño, el sindicalista Pastrana olvida en su sectaria elucubración el papel supremo de los sentimientos para subordinarlos a un prosaico designio ideológico. Y soslaya el valor de las risas infantiles, del ruido alborotado de la chiquillería, de los abrazos y de la ternura como terapia impagable contra la soledad y el desamparo. Propone el ugetista una huelga de besos, un día sin juegos ni mimos, un paréntesis de generosidad en las casas de unos ancianos a los que en su delirio identifica con simples niñeros resignados capaces de declarar un paro técnico de su infinita entrega. Sí, definitivamente un desatino, una memez, una simpleza. O algo peor: el siniestro, inconsciente delirio orwelliano de una sociedad dominada por la pauta unívoca de la política.

ABC - Opinión

¿A mamporros?. Por Alfonso Ussía

Tengo para mí que en UGT están en la primera fase de la cogorza nacional, que en tiempos del franquismo se establecía en cinco peldaños. La verborrea convincente o la solemne memez como punto de partida. La exaltación de la amistad. Los cantos regionales. El tuteo a la autoridad, y por último, el insulto al clero. Cuenta Cela que el jotero Marcelino Sangarrén, alias «El Bizco», se vio obligado a cantar una jota en homenaje al cardenal Benavides en Calahorra, y que lo hizo ante todas las autoridades de la época y en el quinto grado de la embriaguez.

«El monte cría conejos
y las laderas dan vides
y que le den cuatro leches
al cardenal Benavides».

Pasó la noche en el cuartelillo. Encerraba más riesgo el cuarto grado, el tuteo a la autoridad. Un conocido marqués, cimero borrachín, en estado de supina alcoholemia, preguntó a un policía municipal –aún portaban un casco blanco en la cabeza–, por la ubicación de una calle. –Oye, Bwana, ¿la calle del Pez?–. Fue llevado a una dependencia municipal y pagó una multa considerable. Pero los más pelmazos eran los inmersos en la primera fase. La verborrea convincente o la solemne memez. Muy habituales en las barras de los bares y siempre dispuestos, como los buitres, a despedazar a los incautos. Decían grandes bobadas con solemnidad y pompa, y las repetían hasta la saciedad. Para mí, que el máximo dirigente de la UGT en Andalucía, compañero Manuel Pastrana, transcurre por esa primera fase para no desmerecer de su jefe nacional, el compañero Cándido Méndez, el de Chiquilicuatre.


El compañero Pastrana ha pedido que los abuelos hagan huelga el 29 de septiembre y no se ocupen de sus nietos. Me extraña que se le haya olvidado solicitar también la holganza de los padres para no cuidar a sus hijos y la de todas las tías abuelas para abandonar a sus sobrinos nietos. Lo que no nos ha explicado el original compañero Pastrana es el método de seguimiento y coacción que van a padecer los abuelos para impedir que cumplan con su maravilloso y voluntario deber. ¿Piquetes informativos armados de trancas tocando los timbres de edificio en edificio para sorprender a la abuela esquirola cambiándole el dodotis a su nieto? ¿Persecución por el parque del fascista abuelo esquirol que pasea de la mano de su nieta y le muestra los cisnes del estanque? ¿Ha calculado el compañero Pastrana la cantidad de liberados piqueteros que se precisan para conculcar los derechos de los abuelos de toda España? ¿Amanecerán el día 30 de septiembre todos los abuelos con señales de democráticos mamporros? Estimo que el compañero Pastrana ha expuesto su petición en estado de verborrea convincente. Y hay que animarlo a que se tome otra copita, porque de ahí se pasa a la exaltación de la amistad, y con un vaso más, a los cantos regionales, que es la fase menos peligrosa. Resulta muy complicado perseguir a un abuelo contrario a la huelga con nieto de la mano mientras se entona el «Romance de Valentía» o «Valencia es la tierra de las flores». Ante peticiones como la del compañero Pastrana sólo hay una recomendación posible:
–Pastrana: sobriedad.


La Razón - Opinión

La Meca. Como Rufete en Águilas. Por Pablo Molina

La soledad desdeñosa que las instituciones públicas han recetado a los dueños de La Meca en este asunto es un síntoma de que nadie está dispuesto a defender los valores que nos han hecho libres.

Sobre la polémica en torno a la discoteca La Meca de Águilas, la primera obviedad que es necesario constatar es que va a seguir llamándose así por más que el rótulo de la instalación diga otra cosa. El centro de ocio va a seguir siendo conocido con ese nombre a semejanza de lo que ocurre con muchas calles de los pueblos de España, en cuyo rótulo puede poner por ejemplo, "Calle Pablo Iglesias" y sin embargo todos los vecinos y la oficina de correos siguen refiriéndose a ellas como pasaje del Caudillo o avenida General Mola.

La elección de "La Isla" como nuevo sustituto de la discoteca es el impuesto revolucionario para evitar sobre el papel las suspicacias de los practicantes de "la religión de la paz". Tampoco es que se les haya licuado el cerebro a los promotores de la nueva denominación, dado que justo enfrente del recinto se encuentra el paraje de la Isla del Fraile, así que imagino que la elección habrá sido el resultado de una breve tormenta de ideas llevada a cabo a las puertas de las instalaciones entre los propietarios y los representantes de las comunidades, que sólo tuvieron que mirar en lontananza para encontrar un motivo inspirador.


Sorprende que todos hayan aceptado con tanta naturalidad el agravio de que unos señores de fuera obliguen a cambiar el nombre de una empresa privada, pero como la defensa de la tradición occidental es considerado un exceso reaccionario, al final ha pasado lo que todos suponíamos desde que surgió la controversia.

Los empresarios han actuado de acuerdo a sus intereses y por tanto no hay nada que reprocharles. Su objetivo legítimo es ganar dinero y no tienen por qué sacrificar su negocio y los puestos de trabajo que mantienen por un asunto en el que no han encontrado el menor apoyo institucional.

¡Qué ocasión para que los distintos gobiernos hubieran dejado claro que en España cada uno pone a su negocio el nombre que considera oportuno y su disposición a preservar ese derecho de los empresarios afectados! Los dueños hubieran cambiado el nombre y la decoración igualmente, pero hubiéramos dado una imagen de dignidad que habría servido, de paso, para hacer una muy buena pedagogía en casos similares que se puedan presentar en el futuro, que se presentarán. La soledad desdeñosa que las instituciones públicas han recetado a los dueños en este asunto es un síntoma de que nadie está dispuesto a defender los valores que nos han hecho libres, probablemente porque en el mundo de la política es difícil encontrar a alguien que crea en ellos. En otras palabras, hemos quedado como Rufete en Lorca. Por cierto, localidad muy cercana a La Meca, digo, La Isla.


Libertad Digital - Opinión

Sindicatos sin rumbo

DE acuerdo con la Constitución, los sindicatos desarrollan una labor esencial en el Estado democrático para la defensa de los intereses de los trabajadores. Resulta lamentable por ello que actúen de forma irresponsable e incluso zafia en la transmisión de sus mensajes a la opinión pública. Es notorio que una gran mayoría de ciudadanos rechaza la convocatoria de huelga general por parte de unas organizaciones que se han mostrado sumisas al Gobierno durante mucho tiempo y pretenden ahora salvar la cara adoptando la peor de las opciones posibles. Además de ser una decisión equivocada, el llamamiento a los trabajadores de cara al día 29 a través de videos de tono grosero y declaraciones desafortunadas contribuye al creciente desprestigio de los dirigentes sindicales. Así, un alto responsable de UGT en Andalucía apela a los abuelos para que dejen de cuidar a sus nietos en la jornada de huelga. La serie de videos puestos en circulación por las organizaciones convocantes está plagada de tópicos y vulgaridades que constituyen en muchos casos un insulto a la inteligencia y al sentido común.

La sociedad española recibe con perplejidad los datos sobre el número de «liberados», que siguen cobrando de su empresa pero que dedican todo su tiempo a la actividad sindical. Se generaliza además el rechazo de muchos sectores profesionales al paro del 29-S. Si no lo «remedia» un posible boicot organizado a los transportes, la huelga general apunta a un fracaso rotundo. A la vista de las expectativas, algunos responsables sindicales han perdido el rumbo y lanzan mensajes absurdos que causan indignación en los ciudadanos. La situación es muy seria y no es momento de zafiedades ni de tonterías.


ABC - Editorial

La píldora del fracaso

El 28 de septiembre se cumplirá un año de la decisión del Gobierno de permitir la venta de la píldora del día después en farmacias sin necesidad de receta médica. La polémica que desató aquella actuación política no ha decrecido, porque, entre otras razones, el seguimiento de las consecuencias de la iniciativa ha demostrado la tremenda equivocación que supuso. El balance de las cifras reales de venta en estos doce meses, a las que ha tenido acceso La Razón, describen un tan notable como sintomático aumento del consumo de un fármaco con importantes efectos secundarios. De hecho, se ha convertido en el producto que más ha crecido en las farmacias. De las 935 diarias que se despachaban hace un año se ha pasado a las 2.100 unidades después de que el Ejecutivo marginara a los médicos en la prescripción, lo que supone un crecimiento del 139%, cuando era un fármaco en claro decrecimiento, según las estimaciones del sector. Para los profesionales del mercado farmacéutico, los espectaculares números son sólo comparables proporcionalmente a los del lanzamiento de un medicamento estrella, pero lamentablemente hablamos de un cóctel hormonal de impredecibles consecuencias.

La génesis de aquella decisión del Ministerio de Sanidad puso de manifiesto que al Gobierno le interesó más que se vendiera la píldora que preservar la seguridad médica de las usuarias, la mayoría jóvenes que necesitaban del consejo médico. Ese propósito fue evidente cuando se desoyeron las protestas reiteradas de los farmacéuticos y las advertencias de distintas instancias médicas y científicas sobre su uso excesivo o cuando se ocultó un informe de la Agencia Española del Medicamento que detectaba problemas de seguridad en el principio activo de la píldora. Incluso cuando se alteró el protocolo farmacológico, que determinaba que esa sustancia en concreto debía ser prescrita por un facultativo. Se ignoraron todas las razones científicas que desaconsejaban esta especie de «barra libre» para ese medicamento y se sortearon las trabas administrativas con piruetas como clasificar la píldora como «medicamento ético» para facilitar la venta libre y con publicidad.

Hoy, un año después de la controvertida decisión, el Gobierno saca pecho de los 3.000 abortos menos practicados el pasado año y lo atribuye a la dispensación de la píldora del día después. Pero más allá de que ese discutido descenso en el número de interrupciones sea cuestionado hasta por las propias clínicas o que el número de 112.000 abortos sea dramático en sí mismo, el país no puede acompañar al Ejecutivo en su entusiasmo por una política global contra el derecho a la vida, en la que la «Ley Aído» y la libre comercialización de las píldoras postcoitales son instrumentos fundamentales, y que atenta contra principios básicos de toda sociedad justa. Detrás de ese uso indiscriminado de estos fármacos, fomentado desde la Administración de manera temeraria e irresponsable, se esconde además un potencial problema de salud para miles de mujeres a las que no sólo no se ha informado adecuadamente, sino que se las ha hecho creer que lo que tomaban era inocuo.


La Razón - Editorial

Hacer cumplir la ley no es racismo

La acusación de racismo es un exabrupto sin base real, porque ninguno de los expulsados por Francia lo ha sido por pertenecer a una etnia concreta. El día en que se demuestre lo contrario podremos especular con la existencia de otros motivos más oscuros.

Las deportaciones de inmigrantes rumanos de etnia gitana llevadas a cabo por Francia han provocado en el seno de la Unión Europea la controversia, en algún caso subida de tono, que cabía aventurar tratándose de un asunto tan propicio para la demagogia. La comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, llegó a comparar estas expulsiones con las que llevaban a cabo los nazis en el III Reich, exceso que no debiera permitirse dadas sus actuales responsabilidades.

Al margen de estas salidas de tono, más propias de políticos ociosos que de representantes de altas instituciones, es evidente que lo que está haciendo el Gobierno de Sarkozy con el problema de algunos inmigrantes rumanos no tiene absolutamente nada que ver con las acusaciones de racismo y xenofobia con que los medios de masas desinforman habitualmente a sus audiencias.


Que muchos gitanos tienen una forma de vida incompatible con los usos y las leyes de las sociedades modernas es un hecho de sobra conocido. Si además su asentamiento indiscriminado en zonas comunales –y en algunos casos en plena propiedad privada–, provoca problemas de inseguridad pública, la responsabilidad del Gobierno afectado es salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos siempre dentro de la más estricta legalidad que, salvo que se demuestre lo contrario, y aún nadie lo ha hecho, es exactamente lo que está llevando a cabo el Ejecutivo de Sarkozy.

Las leyes francesas, de acuerdo con la normativa europea para la integración progresiva de los últimos países incorporados a la UE, establecen que los rumanos pueden permanecer libremente en el país galo durante tres meses. A partir de esa fecha, han de demostrar que tienen un empleo, que están estudiando o bien cuentan con ingresos suficientes. Si ninguno de esos requisitos se cumplen, el estado francés está perfectamente capacitado para deportarlos a su país de origen, que es lo que está llevando a cabo la administración de Sarkozy de acuerdo con las leyes de cuyo cumplimiento él es el principal responsable.

La acusación de racismo es un exabrupto sin base real, porque ninguno de los expulsados por Francia lo ha sido por pertenecer a una etnia concreta. El día en que se demuestre que Sarkozy ha expulsado a un ciudadano que cumple con todos los requisitos legales para permanecer en un país miembro de la Unión Europea podremos especular con la existencia de otros motivos más oscuros.

Mención especial merece la aportación de Zapatero al debate poniéndose de parte de su homólogo francés, aunque conociendo a nuestro presidente es evidente que no se trata de un rapto de racionalidad a los que tan poco propenso resulta el personaje, sino a su deseo de saldar una vieja deuda con la comisaria Reding. Y es que la comisaria de Justicia se atrevió a calificar de chapucera la propuesta estrella de Zapatero para su presidencia semestral –una vez Obama le dio calabazas, claro–, consistente en pergeñar una normativa europea para unificar la respuesta de los gobiernos contra el maltrato de la mujer. De haber surgido las críticas a Sarkozy en otro lugar del consejo europeo, podemos estar seguros de que la reacción de Zapatero hubiera sido distinta. Es decir, tan patética como siempre.


Libertad Digital - Editorial

La inmigración rompe la izquierda

Junto a la izquierda, desarmada ideológicamente ante los principales retos de las sociedades europeas, como la inmigración, la segunda víctima de esta crisis ha sido la propia Unión Europea.

EL apoyo explícito y directo de José Luis Rodríguez Zapatero a la repatriación de gitanos rumanos emprendida por el Gobierno de Nicolas Sarkozy ha dejado estupefacta a la izquierda española, que se encuentra de nuevo ante otra contradicción insuperable entre la realidad y sus principios. Así es como, a día de hoy, el socialismo español aprueba recortes en prestaciones sociales, abarata el despido y congela pensiones, asumiendo la finitud del Estado de bienestar y la necesidad de limitar el gasto público. Con su respaldo a Sarkozy, Zapatero ha sumado a esta descolocación ideológica de la izquierda un súbito giro en materia migratoria, cuando no hace muchos años su Gobierno puso en marcha una legalización masiva de inmigrantes que provocó la alarma en Bruselas y la protesta de varios socios europeos. En un nuevo golpe de péndulo, Zapatero ha hecho renunciar al socialismo español a su propaganda multiculturalista y seráfica sobre la inmigración.

No es, en absoluto, criticable que apoye a Nicolas Sarkozy, sino que desdoble sus mensajes, diciendo en Bruselas o París lo contrario de lo que defiende, o defendía, en España. Porque, al margen de la incongruencia permanente en la que se halla la izquierda española, lo cierto es que el debate sobre la repatriación de gitanos rumanos ha puesto sobre la mesa unos diagnósticos que no son nuevos, pero que no terminan de cuajar en un tratamiento coherente. La valoración que merece la política francesa de repatriación no puede sustentarse en el sentimentalismo, ni en los desbarros dialécticos de la comisaria de Justicia, Viviane Reding. Se ha suscitado un importante debate sobre la libertad de movimiento dentro de la Unión Europea, pero sería un error de enfoque culpar al Gobierno francés. El problema es previo a la decisión de repatriar gitanos rumanos y tiene que ver con el voluntarismo aplicado a los últimos procesos de ampliación de la Unión Europea y con la lógica preeminencia de las políticas internas en asuntos de seguridad interior o cohesión social. En este sentido, la comisaria Reding ha contraído la grave responsabilidad de provocar una polémica sin medir sus fuerzas y que, al final, ha exhibido la debilidad política de Bruselas frente a los grandes Estados europeos. Junto a la izquierda, desarmada ideológicamente ante los principales retos de las sociedades europeas, como la crisis y la inmigración, la segunda víctima de esta crisis ha sido la propia Unión Europea, retratada nuevamente como una conjunción inestable de intereses nacionales sometidos a decisiones de conveniencia interna.

ABC - Editorial

viernes, 17 de septiembre de 2010

Gitanos sin romance. Por José María Carrascal

Si todos los europeos nos parecemos cada vez más, no tiene sentido que los gitanos se empeñen en ser diferentes.

LA izquierda europea se ha lanzado contra la orden francesa de expulsión de los gitanos como un hambriento hacia un bocadillo. ¡Llevaba tanto tiempo ayuna de éxitos! E incluso parte de la derecha, como esa comisaria luxemburguesa que recordó las prácticas de Hitler contra los judíos, olvidando que Francia les paga el regreso a su país y que el suyo es un pozo de dinero negro evadido del resto de la Unión. ¡Hay tanto que hacer olvidar en esta Europa de burócratas, aprovechados y demagogos!

Y una de ellas son los gitanos. Europa ha ido uniéndose económica, social y legislativamente, con leyes y normas que igualan a sus ciudadanos y difuminan sus fronteras. Pero había unos europeos para quienes ya no existían esas fronteras y esas normas: los gitanos. Desde siempre, los gitanos no se han regido por otras normas que las suyas y se han trasladado de un lugar a otro como si las fronteras no existiesen. En ese sentido, han sido los primeros europeos. Pero cuando Europa empieza a emerger como una unidad, se convierten en una anacrónica y molesta redundancia. Si todos los europeos nos parecemos cada vez más, no tiene sentido que algunos de ellos se empeñen en ser diferentes. Pues el gran problema —o virtud, vaya usted a saber— de los gitanos ha sido siempre su resistencia a integrarse. Cuando franceses, alemanes, italianos, españoles, etc., éramos distintos en prácticamente todo, la cosa no resultaba grave. Pero ahora que vamos camino de ser iguales, el «hecho diferencial» gitano toma tintes dramáticos. Quiero decir que el problema gitano no es un problema francés, ni alemán, ni italiano, ni español. Es un problema europeo, al que Europa, Bruselas exactamente, apenas ha prestado atención. Por lo que han tenido que ser los Estados quienes lo hagan. Cada año venían expulsándose de Francia entre 7.000 y 10.000 gitanos, pero sin alardes. Lo nuevo es que ahora se hace por orden gubernamental. Y lo grave, que la mayoría de los franceses lo apoyan, como lo apoyan la mayoría de los alemanes, italianos, españoles y, seguro, que luxemburgueses. Lo que se necesita es una política común europea para integrar a los gitanos. Estoy seguro de que bastantes de ellos lo aceptarían, al significar una casa digna, un trabajo todo lo fijo que hoy puede darse, seguridad social y escuela para sus hijos. Otros, en cambio, preferían seguir su vida errabunda, lindando en muchos casos con la mendicidad y la delincuencia, dominadas por las mafias. Pero ya no podrían decir que la sociedad les excluye. Son ellos los que se excluyen de la sociedad. Una tarea larga, difícil y costosa para ésta. Es mucho más fácil echar mano de la hipocresía.


ABC - Opinión

Marruecos. ¿A qué ser tan amigos de Marruecos?. Por Emilio Campmany

Desde luego, hay que procurar tener buenas relaciones con todo el mundo en la medida en que sea compatible con nuestros intereses o con nuestros principios. Pero ocurre que la amistad con Marruecos se opone a ambos.

Que lo que tenemos en España es una democracia infantil, por no decir infantiloide, lo demuestra el que los españoles no sepamos qué política exterior deseamos. Algunas grandes naciones de Occidente se encuentran a veces frente a encrucijadas que hacen que sus ciudadanos se dividan acerca de cuál es el mejor curso a seguir. Pero lo nuestro no llega ni a eso. Desconocemos cuáles son nuestros intereses nacionales y ni siquiera nos ocupamos de averiguarlo. Creemos guiarnos por principios éticos y morales de general aceptación, como es la defensa de los derechos humanos, la paz y la difusión de la democracia, pero no rechistamos cuando en nuestro nombre se apoya a tiranos que no respetan los derechos humanos, constituyen una amenaza para la paz y desde luego impiden la llegada de la democracia a sus países. Cuando, al fin se abre un debate sobre nuestra implicación en una guerra, la discusión no pasa de si es o no una guerra propiamente dicha.

El asunto de nuestras relaciones con Marruecos es paradigmático. En algún códice celosamente guardado en el Palacio de Santa Cruz puede leerse: "Hay que llevarse bien con Marruecos". ¿Por qué? No lo entiendo. Desde luego, hay que procurar tener buenas relaciones con todo el mundo en la medida en que sea compatible con nuestros intereses o con nuestros principios. Pero ocurre que la amistad con Marruecos se opone a ambos.

Es opuesto a nuestros intereses porque Marruecos es el único país del mundo que reclama abiertamente anexionarse territorios de soberanía española. Ya lo hizo con el Sahara Occidental, que era una colonia, y ahora ambiciona hacer lo mismo con Melilla, Ceuta y Canarias, que son España. Se trata de una aspiración no sólo conocida, sino también pública y confesa. Primordial objetivo de nuestra política exterior debería ser tratar de impedir que se dieran las circunstancias que hicieran posible tal anexión. Para eso, lo mejor es propiciar la inestabilidad del país vecino, pues mientras se mantenga inestable, no podrá aprovechar cualquier crisis que España sufriera, y que por desgracia no es improbable, para intentar lograr sus objetivos.

Pero es que además es opuesto a nuestros principios. Marruecos padece una tiranía donde los partidos políticos son meramente tolerados y en la que la voluntad del sultán es ley. Lo que deberíamos hacer, si es que somos realmente fieles a esos valores con los que nos llenamos la boca y por los que nada hacemos, en Marruecos o en Cuba, es alentar cambios democráticos en el país magrebí. Si Marruecos llegara a ser una democracia, sus ansias anexionistas decrecerían y, al menos mientras lo consigue, no estaría en esos afanes. ¿Qué hace nuestro rey, un rey constitucional, tratando como hermano a un dictador? Hasta que Mohamed VI no sea un rey con sólo poderes representativos, no deberíamos permitir que tratara a nuestro soberano de igual a igual si es que es verdad que la moral y la ética es lo que rige nuestro comportamiento en el exterior.

Insisto. ¿A qué ser tan amigos de Marruecos? Aznar se hizo esta misma pregunta y, no hallando respuesta, decidió que no había por qué, sobre todo a partir del episodio de Perejil, un calculado test con el que el sultán probó a ver cuán flexibles tenía los músculos el del bigote. Luego vino el 11-M y volvimos adonde solíamos, a llevarnos bien con Marruecos por más desaires que desde entonces nos han seguido haciendo. Insisto por última vez, ¿por qué?


Libertad Digital - Opinión

Un español en España. Por Ignacio Camacho

No se puede desaconsejar un viaje de Rajoy a Melilla si ningún ministro ha aparecido allí tras las crisis fronterizas.

EMPIEZA a resultar cansina la sobreactuada indignación de los jerifaltes marroquíes cada vez que una personalidad española visita Ceuta o Melilla, esa enfática actitud de protesta que esta vez, ante el viaje de Rajoy, ha llegado al extremo de considerar una «provocación» el hecho de que un español se desplace libremente por España. Marruecos lleva tiempo arrogándose al respecto una especie de veto de hecho que en la mayoría de los casos ha contado con la aceptación implícita de casi todos nuestros gobiernos y autoridades, presos de un espíritu apaciguador en el que los vecinos olfatean el inconfundible aroma de la pusilanimidad. Zapatero, que puede presumir de haber organizado una visita de los Reyes, ha procurado diluir aquel gesto de firmeza con toda clase de atenciones obsequiosas que sin embargo no han enfriado la presión sino que más bien parecen haber dado lugar a una actitud de arrogancia propia de quien se sabe con la sartén por el mango. La evidente discrepancia entre los dos grandes partidos españoles da alas al sultanato, al que las reclamaciones de soberanía proporcionan de puertas adentro las siempre eficaces coartadas de la agitación nacionalista.

Para convertir esa discrepancia en un consenso imprescindible no basta con pedir a la oposición que se pliegue sin más a la estrategia gubernamental; el consenso se basa en un acuerdo de mutuo acercamiento y en pactos claros cimentados sobre una información compartida. El Gobierno tiene sus razones y sus argumentos pero ha olvidado por completo la sensibilidad de los habitantes de las dos ciudades, españoles a los que mantiene en un aislamiento moral que los convierte en ciudadanos de segunda. No se puede impedir ni desaconsejar un viaje de Rajoy si ningún ministro ha hecho allí acto de presencia —y sí en Rabat— tras las reiteradas situaciones de crisis provocadas por Marruecos, porque en política los vacíos siempre los acaba ocupando alguien si se dejan al albur del vaivén electoralista. Y no habrá modo de disminuir reticencias si los socialistas consideran un gesto de deslealtad ajena lo que deberían estimar un deber propio y si el Gobierno no manifiesta la suficiente contundencia en la defensa del derecho de un líder democrático español a recorrer el territorio nacional en el modo que considere oportuno.

Los síntomas de mala conciencia son signos de debilidad que Marruecos interpreta siempre en beneficio propio. Y así será mientras no comprendamos todos que la delicada situación de Ceuta y Melilla no es un asunto —y un problema— del PSOE ni del PP, sino de España. Y que la discrepancia política es una afortunada consecuencia de la libertad que el régimen alauita no entiende porque jamás la ha permitido.


ABC - Opinión