jueves, 24 de junio de 2010

Guardia Civil. Todo por la patria. Por Cristina Losada

La patria, o sea, la nación, no es patrimonio del difunto general gallego, aunque un sector de la izquierda y el conjunto del nacionalismo se hayan empeñado en que lo sea.

El franquismo es un yacimiento arqueológico, que tras permanecer olvidado varias décadas, se explora hoy palmo a palmo a fin de encontrar cualquier cosa que se pueda someter primero a exhibición y luego a borrado. Los últimos en sumarse a esa empresa orwelliana son los miembros de la Asociación Unificada de Guardias Civiles de Málaga. Solicitan la retirada del "Todo por la patria" de los cuarteles, porque, alegan, el lema fue instituido en 1937 y, por ese motivo, "se asocia a un pasado político" y vincula "a otras épocas". Claro que con esos argumentos pueden llegar mucho más lejos. Por su fecha de fundación, la Guardia Civil está vinculada a otras épocas y a algunos pasados no siempre democráticos ni pacíficos, por no decir casi nunca; de manera que si el propósito es librarse de todo lastre "político", lo lógico es que pidieran la disolución del cuerpo.

La AUGC malagueña se ha sumado, en realidad, a una propuesta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que la exponía con menos eufemismos hace unos meses. Ese "Todo por la patria", aseguraba, "supuso la persecución y la represión de miles de ciudadanos". Por la misma regla de tres, ¿no habría que suprimir cualquier mención a España en España, dado que los autores del golpe del 36 se sublevaron por España? Lo que plantean esos tardíos buscadores de restos es, en esencia, una identificación entre la patria y la represión y entre la patria y el franquismo. Pero la patria, o sea, la nación, no es patrimonio del difunto general gallego, aunque un sector de la izquierda y el conjunto del nacionalismo se hayan empeñado en que lo sea. El lema que ordenó poner el general Gil Yuste había nacido antes del 36 y ahora mismo se utiliza en no pocas repúblicas latinoamericanas, ¿también franquistas ellas?

La obsesión por encontrar residuos del régimen de Franco en el presente ha de llevar a situaciones frustrantes a quienes dedican a ello su tiempo y el dinero de los contribuyentes. De ahí que, a veces, nos brinden episodios cómicos al atribuir al franquismo símbolos y nombres que pertenecen a otros períodos. Pero lo cómico no quita lo dramático. So capa de purificar a la Guardia Civil de "aspectos políticos", la AUGC malagueña se ha metido de hoz y coz en la política. En ese intento de recreación de odios cainitas que es lema del Gobierno de Zapatero.


Libertad Digital - Opinión

El día de los prodigios. Por Ignacio Camacho

SI Alberto de Mónaco se va a casar ya nada es imposible, incluso que el Tribunal Constitucional parezca decidido a alumbrar el lunes una sentencia —ya casi da igual en qué sentido con tal de que la saquen de una vez— sobre el Estatuto de Cataluña. Un día iluminado por prodigios de este calibre puede dar lugar a cualquier extravagancia, rebasada de antemano la capacidad de asombro del más escéptico de los mortales. Hay jornadas en que conviene estar preparados para todo; cuando los astros se cuadran en determinados vértices del cielo la Humanidad es capaz de superarse a sí misma. Las noches de San Juan tienen fama de mágicas y al calor de las hogueras y el conjuro de las brujas suceden a veces fenómenos anormales y portentos extraordinarios.

Ayer ocurrieron hechos ciertamente inusuales, propios de las conjunciones planetarias profetizadas por Leire Pajín para el semestre de presidencia europea, que como los shakesperianos idus de marzo aún no ha concluido del todo. Socialistas y populares alcanzaron al fin a ponerse de acuerdo en algo —el recorte de los gastos electorales—, acontecimiento que por sí solo constituye una gozosa novedad en el clima de enfrentamiento trincherizo que los absorbe, y hasta sus diputados rieron juntos el enésimo lapsus cómico —llamó Tararí a un congresista apellidado Matarí— del vicepresidente Chaves.


Zapatero admitió una leve autocrítica sobre los efectos de su reforma laboral —en el contexto de una autosatisfecha crecida, que tampoco hay que pasarse de optimistas— y Esperanza Aguirre forzó la renuncia del cabecilla de su oscura brigada de mortadelos. El más reputado de los especuladores financieros mundiales anunció su intención de colocar a la orgullosa Alemania en el punto de mira de sus desestabilizadores manejos bursátiles, y la burocracia reguladora de Bruselas impuso una multa millonaria a un cartel europeo de fabricantes de retretes.

Como el día estaba metido en excentricidades, Sarkozy llamó al Elíseo al capitán de la selección francesa de fútbol para pedirle explicaciones del fracaso mundialista, en un trasunto paródico de la severa entrevista en el Despacho Oval entre Obama y el rebelde general de las tropas de Afganistán. Todas esas rarezas presagiaban el inminente alumbramiento de un suceso inesperado de consecuencias telúricas, pero resultaba del todo imprevisible que fuese a tratarse del compromiso matrimonial del heredero monegasco, la única corona del mundo cuyo reino descansa sobre un casino.
Sucedió, y a partir de ahora nada es descartable en la vieja Europa. Ni siquiera que el vapuleado Zapatero acabe recortando el subsidio de desempleo… y vuelva a ganar las elecciones.


ABC - Opinión

Presidencia triste y pobre

Hace seis meses, nadie habría imaginado que la Presidencia española de la UE, amparada por el consenso de PP y PSOE para dejarla al margen de la lucha partidista, arrojaría un balance tan pobre, tan deslucido y, sobre todo, tan poco favorecedor para la imagen exterior de España. Los pronósticos que auguraban grandes acontecimientos planetarios son traídos ahora como la caricatura que ridiculiza unos resultados muy alejados de las expectativas creadas. Es verdad que nada podía hacer la Presidencia rotatoria, fuera española o de cualquier otra nación, frente a acontecimientos que sorprendieron y sobrepasaron a toda la UE, como la crisis griega, los ataques contra el euro y la confusión organizativa que padece Bruselas con la superposición de tres presidentes distintos. Europa ha vivido seis meses de vértigo y tensiones de los que sería injusto culpar al Gobierno español. Sin embargo, sí se le puede recriminar que haya fallado en cuestiones tan relevantes como la agenda internacional, donde los países suelen exhibir su músculo internacional y su capacidad de convocatoria. En este sentido, la suspensión de las dos cumbres más esperadas, la europea con Estados Unidos y con los países mediterráneos, han sido dos frustraciones que han dejado mal sabor dentro de España y mala imagen fuera. También han supuesto una gran erosión las desesperadas gestiones de Moratinos para que Bruselas cambiara su postura común hacia la dictadura castrista, tanto más indefendibles cuanto al mismo tiempo moría un disidente por huelga de hambre. El aciago balance exterior se cierra con el fiasco de una absurda orden europea sobre las víctimas de la violencia doméstica, que provocó un encontronazo con la propia CE. Lo más negativo, sin embargo, de la Presidencia española es que ha amplificado a toda la UE la fuerte crisis de credibilidad que ha golpeado al Gobierno de Zapatero y, por colusión, a la economía española. La abierta intervención de dirigentes como Merkel, Sarkozy, Durao Barroso y Obama en los planes de ajuste que necesita España ha colocado al Gobierno en el escaparate mundial de la duda y ha puesto de relieve las debilidades de un país que hasta hacía poco tiempo se vendía como el milagro de Europa. En este contexto, resultaba temerario, además de imposible, llevar a término el catálogo de buenas intenciones con las que debutó Zapatero a primeros de enero y que ya entonces, como una premonición de lo que vendría después, significó un primer roce con Alemania. El presidente español no sólo se vio impotente para canalizar la respuesta europea a la crisis financiera, coordinando las posturas de un núcleo duro que en ningún momento lo tuvo en cuenta; por el contrario, Zapatero hubo de plegarse a las exigencias de sus socios para reducir el déficit al 3% en tres años, reforzar el sistema financiero y reformar el mercado laboral. Tres toques de atención que sonaron a tres ultimátums. En suma, el mismo Gobierno que desembarcó con gran entusiasmo en la Presidencia europea hace seis meses ha terminado su mandato legislando al dictado de sus socios comunitarios.

La Razón - Editorial

Comandante Obama

El presidente refrenda la incuestionable primacía civil con la fulminante destitución de McChrystal

Entre parecer débil y tolerar una insubordinación militar y comprometer eventualmente el desarrollo de la guerra de Afganistán en un momento especialmente delicado, Barack Obama ha elegido lo segundo. El presidente estadounidense se ha revestido de solemnidad para anunciar en los jardines de la Casa Blanca el relevo del general McChrystal en términos estrictamente institucionales. Como jefe supremo de las fuerzas armadas de su país, Obama dice no haberse sentido insultado por los severos juicios del militar destituido, pero considera que el ejemplo dado por McChrystal, que no ha ahorrado descalificaciones al equipo de seguridad nacional presidencial, podría socavar el control de los militares por el poder civil, piedra angular del modelo político de Estados Unidos y por extensión de cualquier democracia.

La tersa declaración de principios del presidente de EE UU resulta inobjetable. El argumento fundamental de Obama a la hora de tomar su decisión ha sido el de evitar una potencial división en la cúspide entre soldados y civiles, que podría resultar devastadora para los intereses de la superpotencia no solo en el país centroasiático. Un alejamiento, este, que en escalones más bajos ha dejado de ser una posibilidad teórica y se manifiesta larvadamente en Estados Unidos desde la implantación de un ejército de voluntarios. El artículo periodístico que ha motivado la más importante crisis castrense de la presidencia de Obama refleja, a la postre, las crecientes dudas del alto mando sobre el terreno acerca de la posibilidad de ganar la guerra de Afganistán, tras nueve años de invasión y una imparable subida de las víctimas militares. Ya antes de conocer la destitución de su mayor enemigo de uniforme, el Estado Mayor talibán celebraba las discrepancias y consideraba que la publicidad de sus críticas y su repercusión en Washington equivalían de hecho a la primera derrota política de la superpotencia en suelo afgano.

Está por verse si, como afirma Obama, la decisión presidencial no tendrá repercusiones en el conflicto armado. El relevo de McChrystal por el general Petraeus obligará a redibujar la cadena de mando en una guerra donde los objetivos diseñados por el presidente -básicamente ganarse a los afganos y liquidar a Al Qaeda- parecen más lejanos que nunca. Si algo ha agudizado el enfrentamiento entre los jefes militares en Afganistán y el núcleo político de Washington es precisamente la inquietante situación sobre el terreno. Una situación que multiplica las bajas estadounidenses y de sus aliados y que los compatriotas de Obama comienzan a considerar insostenible. Ni se conquistan los bastiones talibanes (Marja, Kandahar) ni Washington ha conseguido, apostando por el venal presidente Karzai, instalar un Gobierno viable en Kabul. Es poco probable que Petraeus, pese a sus credenciales, sea capaz de invertir esta espiral de desmoralización.


El País - Editorial

McChrystal, víctima del idealismo obamita

Es cierto que después de cruzar la línea de la indisciplina Obama no podía hacer otra cosa que cesarle. Sin embargo, sí podría haber hecho mucho para evitar llegar a esta situación y, de paso, contribuir a ganar la guerra en Aganistán.

La victoria en Afganistán sigue sin llegar y el tiempo se agota. En apenas un año, los soldados estadounidenses regresarán a casa con independencia de cuál sea el estado de las operaciones. Obama se comprometió a retirar las tropas en 2011, señalándoles a los talibán la fecha exacta hasta la que tienen que resistir para alzarse con la victoria.

Es el inconveniente que tiene haber llegado a la Casa Blanca con un exceso de idealismo totalmente desligado de la realidad: el halo que envuelve a Obama y que es, a día de hoy, lo único que le impide seguir cayendo abiertamente en los sondeos de popularidad, depende decisivamente de seguir abanderando el cambio izquierdista y socialdemócrata que en política internacional pasa por aparentar que se es pacificista mientras se llevan a cabo todo tipo de intervenciones de tapadillo (como sucede, por ejemplo, con los ataques selectivos que mes a mes siguen realizándose en Pakistán).


De ahí que el Nobel de la Paz Obama no sólo pusiera una temprana fecha de caducidad a la guerra, sino que se negara a dotar de todo el apoyo militar necesario para realizar las operaciones a gran escala que, como la de Kahandar, se necesitan para vencer a los talibán. Los 30.000 soldados que hace poco más de medio año aceptó desplegar el presidente estadounidense en la zona siempre fueron vistos como insuficientes por el general Stanley McChrystal (quien había solicitado entre 40.000 y 80.000 hombres desde un comienzo), especialmente teniendo en cuenta el arbitrario plazo de retirada anunciado por Obama.

Bajo las órdenes del héroe de Irak, David Petraeus (la persona que logró que una guerra que todos daban por perdida se convirtiera en pocos meses en una rotunda victoria estadounidense) McChrystal buscaba poder implementar las operaciones de contrainsurgencia en las que estaba especializado y que tan buen resultado daban para hacer frente a este tipo de guerras no convencionales como la de Irak o Afganistán. Pero sus medios eran insuficientes y en los últimos meses sus relaciones con la Casa Blanca, especialmente con la Vicepresidencia, se habían vuelto insostenibles. Desde octubre del año pasado se sabe que Biden viene presionando a Obama y a McChrystal para modificar la estrategia en Afganistán, basándose más en ataques selectivos y la persuasión diplomática que en los ataques con grandes contingentes. Biden se mostraba a favor, incluso, de que la retirada de tropas se empezara a materializar en menos de un año y de que, por supuesto, no se enviaran más tropas tal y como suplicaba McChrystal.

Al final, sucedió lo que era previsible que sucediera. Los intereses políticos se han interpuesto con las razones militares y McChrystal ha estallado. Consciente de que en las actuales circunstancias y, sobre todo, con las presentes restricciones de la Casa Blanca, la victoria es prácticamente imposible, ha presentado su carta de renuncia de manera estridente: criticando en la revista Rolling Stones a Obama, Biden y gran parte del resto de la Administración por inútiles e incompetentes.

Es cierto que después de cruzar la línea de la indisciplina Obama no podía hacer otra cosa que cesarle. Al fin y al cabo, el presidente es también comandante en jefe del ejército y en el orden militar la cadena de mandos es esencial. Sin embargo, Obama sí podría haber hecho mucho más para evitar llegar a esta situación y, de paso, contribuir a ganar la guerra en Aganistán: básicamente dotar a Petraeus y a McChrystal, dos militares de reputada solvencia, con los medios que decían necesitar para vencer. Pero, desgraciadamente, los prejuicios ideológicos del presidente y de su vicepresidente les llevaron a preferir poner patas arriba la misión afgana a rectificar.

Por fortuna, Obama no ha optado finalmente por aprovechar el cese de McChrystal para finiquitar la guerra contra los talibán. El nombramiento de Petraeus para el puesto es una buena noticia, pero podría terminar sirviendor de poco si los intereses políticos siguen primando más que la lógica militar. Y ese sí es un cambio que Obama no quiere afrontar.


Libertad Digital - Editorial

Un semestre para olvidar

ESCRIBE AQUÍ EL ENCABEZAMIENTO

EL demoledor discurso de Mariano Rajoy sobre el balance de la presidencia española de la Unión Europea retrató ayer el fracaso de un semestre que los socialistas esperaban convertir en el escenario de un éxito internacional de José Luis Rodríguez Zapatero. La gravedad de este nuevo fiasco exterior debe medirse también con los antecedentes que este Gobierno estableció como parámetros de su relación con la Unión Europea. Zapatero se abrazó en 2004 a Chirac y Schröder con el eslogan de que España «volvía al corazón de Europa». Desaparecidos ambos líderes, sus sucesores descolgaron a España de la vanguardia europea, donde Rodríguez Zapatero se la encontró al llegar al poder. Poco sirvió que intentara granjearse el favor de París y Berlín con la renuncia a la posición privilegiada que España alcanzó en el Tratado de Niza. Desde entonces, Europa, como objetivo diplomático, ha sufrido las mismas confusiones de la política exterior española en otros frentes, como Marruecos o Iberoamérica. Los precedentes, por tanto, no eran los mejores para encarar esta presidencia, que inauguraba la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

La presidencia española ha sido un fiasco porque no se preparó como un compromiso de Estado, sino como una oportunidad política para el Gobierno socialista. Perdida la perspectiva institucional, su desarrollo ha sido una sucesión de fallos que comenzó con el prescindible «acontecimiento planetario» de la coincidencia con Barack Obama y siguió con el pretencioso magisterio que se quería impartir a los demás socios europeos en materia económica. La ausencia del presidente estadounidense en la cumbre con la Unión Europea y el aplazamiento de la Euromediterránea han dado cuenta de la escasa influencia de la presidencia española para lograr la implicación de otros países en su tan ambiciosa como fallida agenda semestral. La relación con la dictadura cubana ha sido otro escenario de la falta de discurso del Gobierno español, empeñado en cambiar la posición común europea de restricciones al régimen castrista.

El Gobierno empezó la presidencia europea queriendo dar lecciones de economía y rigor presupuestario y ha acabado de aprendiz meritorio de las que le imparten las grandes potencias, provocando un control remoto de su política económica y una puesta de sus decisiones bajo la constante vigilancia de las autoridades de Bruselas y Washington. Lo mejor de la presidencia española en Europa es que ha terminado.


ABC - Editorial

miércoles, 23 de junio de 2010

Los sumideros del gasto. Por M. Martín Ferrand

Gutiérrez entiende que el borrador gubernamental es un «desaguisado» que solo sirve para abaratar el despido.

ANTONIO Gutiérrez, el que fue secretario general de CC.OO., consiguió, hace veinte años, redimirse de su militancia comunista. Ahora, parece dispuesto a liberarse de su obediencia socialista. A pesar de ser diputado del PSOE y presidente de la Comisión de Economía del Congreso ha anunciado, con solemnidad, que no votará a favor de la reforma laboral que ayer comenzó su trámite parlamentario. Optará por la abstención y votará consecuentemente con sus convicciones que, aunque parezca raro y resulte insólito, es lo que debieran hacer los diputados que, por serlo, no hayan perdido su exigible condición previa de personas de respeto. Sirve el caso, algo más que una anécdota, para señalar el escaso entusiasmo que produce el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero, tan necesario como insuficiente. Gutiérrez entiende que el borrador gubernamental es un «desaguisado» que solo sirve para abaratar el despido y actúa en consecuencia, como debe ser.

Una «reforma laboral» impulsada por una tremenda crisis, con más de cuatro millones y medio de personas sin empleo, que no aborda el sistema de pensiones y los subsidios del paro es como el toreo de salón. Queda bonito, pero el toro también tiene su estilo y sus costumbres y ello puede desbaratar cualquier postura. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, insiste en ello y entiende que «para disipar la incertidumbre» debe abordarse, con el mayor consenso posible, la reforma de las pensiones si queremos, según los compromisos que nos enganchan con la Unión Europea, que en 2013 el déficit no supere el 3 por ciento del PIB, un imposible metafísico sobre los supuestos de que partimos. Una nueva tarifa de despidos, en el supuesto de que fuera nueva, no basta como solución.

Tampoco es sostenible, por social que sea y deseable que parezca, la actual cobertura del paro. Nuestra decadente economía no da para tanto y, sobre la dimensión presupuestaria, tampoco su modelo resulta incentivador para que el parado renuncie a una confortable escasez a favor de un esfuerzo no siempre bien retribuido. Hay que cuadrar las cuentas antes que las ideas. Algunas Autonomías, por ejemplo, estudian atender el déficit de las líneas ferroviarias que, por no poderlas mantener, Fomento se dispone a cancelar. ¿Qué más dará desde qué caja de las del Estado se genera el agujero del déficit? Si los Ayuntamientos, las Diputaciones y las Autonomías, grandes sumideros del gasto junto con los grandes capítulos de las prestaciones sociales, no actúan de manera concordante con la política gubernamental, que ya es escasa, puede armarse la del fin del mundo.


ABC - Opinión

Zapatero y Obama. Por José María Carrascal

Nada de extraño que se alegre tanto de la llamada de Obama. Puede que quede como lo más destacado de su mandato.

¡QUIÉN iba a decir a aquel joven José Luis Rodríguez Zapatero sentado al paso de la bandera norteamericana que un día se alegraría como un niño con zapatos nuevos al recibir una llamada del presidente de los Estados Unidos! Y, además, para felicitarle. Bueno, felicitarle condicionalmente, pues la llamada contenía también una advertencia: era necesario seguir con los recortes que había iniciado. Recortes que no hubiera hecho de no imponérselos Europa y el propio Obama. Pero, en fin, lo importante era la llamada, la conjunción planetaria de que hablaba Leire Pajín y todo el mundo tomaba a cachondeo. Pues ahí la tienen de nuevo. Imagino que la conservara en cinta y en disco, para mostrársela un día a sus nietos. «¿Lo oís? Este que está hablando era el presidente de los Estados Unidos de América. Y me llamaba a mí, vuestro abuelo».
Últimamente está de moda entre los comentaristas españoles psicoanalizar a nuestro presidente. Se le ha comparado con Maquiavelo, se le ha clasificado como optimista antropológico, aunque con caídas en la depresión. Se le ha escudriñado del derecho y del revés, sin acabar de catalogarlo, tal vez porque es tan común, que no encaja en ninguno de los moldes en que suelen darse los personajes en las alturas donde se mueve. Quiero decir que su secreto es no tener ninguno. Él mismo ha venido a reconocerlo al decir a su mujer que cualquiera puede ser presidente del Gobierno español. O sea, un cualquiera. Lo malo es que cuando un cualquiera se encuentra al frente de un país y las cosas vienen mal dadas, lo único que sabe hacer, si hay suerte, es lo que le mandan.

A él le gustaría parecerse a Obama. Pero la distancia entre ellos es abismal. Obama tuvo un largo camino hasta llegar a la Casa Blanca, empezando por ser negro, mulato más bien, hijo de madre abandonada por su marido, con todo lo que ello representa en una sociedad que no ha acabado de sacudirse el racismo (las demás, tampoco, dicho sea de paso). Se ganó a pulso los estudios en las mejores universidades y su carrera política empezó en los escalones más bajos, sirviendo de intermediario entre la Universidad de Chicago y el gueto que la rodea. Para la presidencia tuvo que batirse con candidatos mucho más conocidos que él, entre ellos la esposa de un ex presidente. Quiero decir que nada le fue fácil. Zapatero, en cambio, ni siquiera fue concejal de su ayuntamiento. Era un chico bien de Valladolid que pretendía ser de León, para tener más pedigrí obrero, pero ahí se acababa todo. La confusión en el PSOE tras la salida de González le hizo candidato y las bombas del 11-M, presidente del Gobierno. Lo que ha hecho como tal es de sobra conocido. Prácticamente, todo le ha salido mal. Nada de extraño que se alegre tanto de la llamada de Obama. Puede que quede como lo más destacado de su mandato.


ABC - Opinión

Cambio de Gobierno. ¿Qué le queda a Zapatero?. Por Agapito Maestre

Su personalidad autoritaria le impide, en verdad, plantearse cualquier tipo de solución política a la crisis económica e institucional si se pone en riesgo su poder.

¿Qué le queda a Zapatero traspasado el meridiano de esta legislatura? Nada y todo. Nada de credibilidad ante la comunidad internacional y todo en España. No es nadie en el mundo, pero tiene todo el poder en España. Una excepción: la reforma del mercado laboral. Ésta ha sido jaleada internacionalmente, pero rechazada por todos los partidos políticos en España. El decreto de reforma del mercado laboral sólo ha sido votado por el grupo parlamentario socialista, pero Zapatero ni se siente aislado ni disuelve las Cortes. Todo sigue igual para Zapatero. Él mantiene cohesionado el poder. No hay catalepsia política, entre otras razones, porque casi todos los medios de comunicación respaldan su ficción. No hay democracia de opinión pública. Los medios no han conseguido cambiar jamás ninguna decisión del poder de Zapatero. O sea, puede hundirse el país, e incluso puede ser denunciado el hundimiento por algunos medios, pero Zapatero no dará razones a nadie de sus fracasos.

Él sólo impone su santa voluntad. Por eso, precisamente, nadie cree al vicepresidente tercero del Gobierno cuando manifiesta que no habrá crisis de Gobierno. Las quinielas para saber la composición del nuevo Gabinete son múltiples. No me atrevo a descartar ninguna, incluso quienes apuestan por la vuelta de Solana podrían ver satisfecha su demanda. De Zapatero todo puede esperarse, nada en este hombre es previsible, si es por mantenerse en el poder. Este hombre no conoce límites. Pío García Escudero le ha dicho en el Senado que las familias están hartas de su inoperancia, pero él le ha exigido al PP que exponga cuáles son sus medidas para resolver la crisis. Se ha revuelto con pericia populista contra la oposición sin dar señales de agotamiento político. Se equivocan, pues, quienes crean que este político está muerto.

Eso no significa que Zapatero pueda conseguir cambiar la tendencia de las encuestas. Sin embargo, creo que aguantará en el poder más de lo que muchos sospechan. Un populista de su corte, es decir, alguien que le interesa sólo y únicamente el poder por el poder, nada tiene que ver con tipos con sentido de Estado y de autolimitación democrática. Hará de su fracaso, insisto, su principal fortaleza. Así funciona el populismo. Este hombre aún tiene recursos suficientes para manejarlos a su favor. Por supuesto, no evaluará el daño que le hace a la nación, mientras se mantenga en el poder. Más aún, es posible que el PP, según las encuestas, llegara a gobernar en trece comunidades autónomas, cosa inédita en este país, pero sospecho que, incluso entonces, él persistirá en que no es menester adelantar las elecciones generales.

Su personalidad autoritaria le impide, en verdad, plantearse cualquier tipo de solución política a la crisis económica e institucional si se pone en riesgo su poder. De ahí que de todas las quinielas que se hacen sobre el actual Ejecutivo, todas cargadas de plausibilidad, sólo hay una que no contemplo: la dimisión del presidente del Gobierno. El poder es suyo. Y lo manejará, vaya que si lo hará, como nadie puede imaginar. Así de cruda está la cosa. Ni elecciones anticipadas ni gran gobierno de coalición nacional.


Libertad Digital - opinión

Vientre de alquiler. Por Ignacio Camacho

Los batasunos han contratado a EA como vientre de alquiler para incubar el huevo de la serpiente.

ACUCIADOS por la necesidad perentoria de encontrar hueco en las instituciones locales que alimentan su entramado filoterrorista, los batasunos han contratado a Eusko Alkartasuna como vientre de alquiler para incubar el huevo de la serpiente al calor del presupuesto público. El pequeño partido que fundase Carlos Garaicochea tras su ruptura con el caciquismo peneuvista ha terminado arrendándose como útero de conveniencia a cambio de un incierto papel de comparsa concedido por el brazo político de ETA, cuyas listas se presta a blanquear en una operación que acabará contaminándolo de indignidades. La primera ya se la han tragado al aceptar un acto fundacional absorbido por la hipócrita retórica batasunera, que no ha hecho ni una sola concesión en su obstinada negativa al arrepentimiento.

Ese aquelarre de delirio soberanista en el que algunos ingenuos esperaban la conversión democrática de Batasuna forma parte de la estrategia marcada —por escrito para que no haya dudas— por la dirección de ETA. Lejos de acercarse a la «pista de aterrizaje» que el socialista Eguiguren trata de construir al margen, según él, del Gobierno que le consiente sus manejos, Batasuna ha preferido la seguridad de un aeródromo amigo en el que puede tomar tierra sin condiciones previas. Si alguien sigue soñando con un segundo «proceso de paz» —pronúnciese pazzzzzzz— está a tiempo de desengañarse. Los movimientos ambiguos, las líneas de diálogo oficioso y las idas y venidas de mediadores de ocasión carecen de sentido ante la incapacidad que el entorno etarra muestra para desmarcarse de sus siniestras tutelas. Y si alguien no lo impide mediante el refuerzo de la acción jurídica del Estado —¿quizá una modificación de la Ley de Partidos?— el año que viene volverá a haber cómplices del terror cobrando sueldos de ayuntamientos vascos. Ésa, y no las de las declaraciones altisonantes, es la piedra de toque de la voluntad política de cerrarles el paso.

El Gobierno, que está ejerciendo de manera impecable la acción policial, se mueve sin embargo con perniciosa ambigüedad en el terreno de la presión política. Hay demasiados indicios de que el zapaterismo no ha dejado de creer en la redención de los batasunos, casi tantos como los que éstos ofrecen de continuar de la mano de los verdugos de la capucha. A cada expectativa responden con un escupitajo; su estrategia consiste en ganar terreno ante cualquier concesión para reforzar sus posiciones de poder. Si nadie les para los pies el próximo paso —también está escrito— será una escalada de movilizaciones. Hasta ahora, todos los gobiernos democráticos se han dejado embaucar una vez por la milonga de las treguas, procesos, tanteos y demás señuelos; el que se engañe dos veces carecerá de coartada para no avergonzarse de sí mismo.


ABC - Opinión

La reforma empieza ahora

Es muy infrecuente que la abstención sea la opción mayoritaria en una votación parlamentaria de gran relieve, así que cuando se produce es necesario analizar sus causas y rectificar en consecuencia. Eso es, precisamente, lo que el Congreso le transmitió ayer al Gobierno a propósito de su reforma laboral. La convalidación del decreto, paso previo a su tramitación como proyecto de ley, sólo fue posible gracias a la abstención en bloque de todo el centro derecha, desde el PP a CiU, de manera que los votos a favor quedaron en minoría. La traducción inmediata de la voluntad mayoritaria es bien clara: hay consenso en que la economía necesita una reforma laboral de gran calado para impulsar la creación de empleo, pero la propuesta del Gobierno socialista no es suficiente, se queda a medio camino, aunque sea un aceptable punto de partida.

En congruencia con este criterio, y a diferencia de lo que hizo en la votación del tijeretazo social, el PP defendió la posibilidad de mejorar la reforma para hacerla más operativa, más audaz y menos abstrusa. Objetivo que bien podría conseguirse si todo el centro derecha logra presentar unas enmiendas consensuadas y asumibles por los socialistas. Sería de gran importancia para la recuperación inmediata y para la estabilidad económica a medio y largo plazo de España que la nueva legislación laboral contara con el apoyo netamente mayoritario del Congreso, de modo que perdurara por encima de quién fuera el partido gobernante. Muy rara vez se presenta una oportunidad semejante, en la que es el PSOE quien asume el reto y el coste político-sindical inherente. El centro derecha debería apreciar este «sacrificio» socialista y, sin renunciar a las mejoras pertinentes y necesarias, facilitarle la tarea. Aunque pueda sonar a sacrilegio para quienes desean derribar al Gobierno por sus graves errores, cuanto menos partidismo se haga con esta reforma, mejores resultados podrán obtenerse para trabajadores y empresarios. Ahora bien, el Gobierno está obligado a interpretar el voto mayoritario de ayer y a aceptar que la futura ley debe incorporar algunas modificaciones imprescindibles como aclarar los límites y la subordinación de la negociación colectiva a la de cada empresa, asunto éste que el decreto mantiene deliberadamente en la ambigüedad y la contradicción. Sin unas normas nítidas sobre el descuelgue y la «ultraactividad» de los convenios, el recurso al arbitraje se convertirá en un foco de conflictividad. Es también inexcusable establecer con transparencia las causas objetivas del despido, de modo que no se produzca una judicialización permanente del mercado laboral. En esta línea, sería de gran eficacia facilitar la flexibilidad organizativa de las empresas de acuerdo a los nuevos modos de trabajar de la sociedad tecnológica. Y, por último, más pronto que tarde, habrá que reformar el sistema de prestaciones de desempleo para vincularlo a la búsquea real de trabajo y formación. Que Obama haya dado su aprobación a los esfuerzos de Zapatero no significa que se haya llegado a la meta final. Es a partir de ahora cuando la reforma laboral se enfrenta a su verdadera prueba de fuego. AQUÍ

La Razón - Editorial

Tarde, mal y solos

El argumento decisivo de que "nosotros estamos a favor de una reforma pero no de esta reforma" se viene a bajo, sin embargo, cuando desde el PP no se atreven siquiera a mencionar y a concretar cuál es su alternativa.

Por si le quedara alguna duda, el Gobierno ha podido constatar este martes en el Congreso la total falta de apoyos que suscita su simulacro de reforma del mercado laboral. El decreto ha sido convalidado sólo con los votos del PSOE y con más abstenciones que votos a favor. De hecho, ni siquiera lo ha votado favorablemente un diputado del PSOE con tanto peso como es el presidente de la Comisión de Economía y ex secretario general de CCOO, Antonio Gutiérrez.

No vamos a reiterar las merecidas críticas que nos suscita esta supuesta reforma, tan tardía como confusa e insuficiente. Hasta alguien tan próximo al Gobierno como es el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, no ha podido sino reconocer lo que, en parte, ya señalábamos en editoriales anteriores: que esta reforma ni reduce decisivamente la disuasión a la contratación que implican los coactivos y altos costes de indemnización por despido, ni elimina de forma coherente la dualidad entre contratos fijos y temporales, ni suprime la rémora que supone la contratación colectiva para la flexibilidad y productividad que requieren nuestras empresas.


El hecho es que el Gobierno, tras delegar su responsabilidad durante tres años a un esteril "diálogo social", se ha visto obligado, a instancias de nuestros socios europeos, a hacer deprisa y corriendo una reforma que no satisface ni a los que irresponsablemente se han instalado en el inmovilismo ni a los que ambicionábamos un cambio muchísimo más profundo de nuestro encorsetado mercado laboral.

En este sentido no podemos sino lamentar la impresentable forma con la que la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, ha justificado su oposición a esta reforma, con "argumentos" más propios del inmovilismo sindical o del de Izquierda Unida que de una formación que supuestamente quiere flexibilizar mucho más nuestro mercado laboral. Así, decir que el decreto "es una reforma para el despido y no para el empleo", tal y como ha hecho la portavoz del PP, no hace más repetir la demagógica cantinela sindical que ignora que las coactivas barreras de salida ejercen como barreras de entrada a nuestro mercado laboral.

Otro tanto se podría decir del acento que el PP ha puesto, no a lo insuficiente de la reforma, sino a lo supuestamente injusto de la misma. Para empezar, la única "injusticia" de la que aquí cabe hablar es el hecho de que quien ofrece un empleo y quien lo busca no sean libres para negociar sus condiciones laborales, incluidas las referidas a la eventual rescisión del contrato que les une. Lo injusto es esa serie de condiciones impuestas por quienes no participan en la relación laboral que disuaden al empleador y condenan al desempleo a aquellos cuyos derechos se dice defender. La reforma, que no se aplica a contratos ya suscritos, no viene sino a reducir muy escasamente estas rémoras y estos obstáculos a la contratación.

Por otra parte, el argumento decisivo de que "nosotros estamos a favor de una reforma pero no de esta reforma" se viene abajo, sin embargo, cuando Sáenz de Santamaría no se atreve siquiera a mencionar y a concretar cuál es la reforma que el PP sí llevaría a cabo y que justifica su negativa a la insuficiente propuesta por el Gobierno.

Esperemos, en cualquier caso, que la tramitación del decreto como proyecto de ley permita la introducción de enmiendas que hagan de él una autentica reforma de nuestro mercado laboral. Si el Gobierno quiere perder esta última oportunidad, al menos que el PP no desechar la suya de ofrecer una auténtica alternativa.


Libertad Digital - Opinión

Una reforma insuficiente

Las reformas se anuncian a trompicones y con voces discordantes en el seno del Ejecutivo, no responden a un patrón homogéneo y el PSOE se conforma con evitar que la situación vaya a peor.

EL Congreso de los Diputados convalidó ayer la reforma laboral aprobada por el Gobierno mediante real decreto ley, gracias a la abstención del PP y de los grupos nacionalistas, movidos a esta opción por la futura tramitación de la norma como proyecto de ley. Teóricamente, esta es la contrapartida del PSOE a los demás grupos parlamentarios por no impedir la aprobación de una reforma que, a pesar de su necesidad y de cuanto entraña de rectificación por parte del Gobierno, nace rodeada de incertidumbres. Por lo pronto, el ministro de Fomento ya ha reconocido que puede ser «insuficiente» para crear empleo, y el gobernador del Banco de España se lamentaba de que el decreto eludiera una reforma de la negociación colectiva. Al tiempo, los sindicatos la rechazan y los empresarios la ven corta. El panorama del nuevo mercado laboral no invita precisamente al optimismo. Además, mientras no haya crecimiento económico suficiente, no se darán las condiciones requeridas para crear empleo, con esta reforma o sin ella, por la sencilla razón de que las empresas no tendrán necesidad de contratar nuevos empleados, pero sí podrán despedir con más facilidad. Nada peor puede pasarle a una reforma laboral que ser recibida con esta sensación de fracaso anticipado, porque así es imposible que incite a los empresarios a contratar y a los trabajadores a implicarse en un mercado laboral supuestamente más dinámico.

Una de las principales consecuencias es que el déficit público no se reducirá en los términos fijados por el Gobierno, porque los costes del desempleo van a impedirlo. Por eso las reformas del Gobierno se encuentran, sencillamente, en una fase intermedia, ya que cada día se anuncian, sugieren o insinúan nuevas medidas. Así, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, anunció ayer que una nueva reforma se basará, como estaba descontado a pesar de los desmentidos del Gobierno, en una ampliación de la edad de jubilación. Nuevamente cae un tópico de este Gobierno, obligado desde hace varios meses a desdecirse de sus principales compromisos de política social, que se ampararon en la temeraria seguridad de que nunca tendría fin el ciclo de bonanza que recibió en 2004. Ahora toca recoger velas a medida que las arcas se vacían, y lo hace al dictado ajeno, deprisa y sin agenda. El Gobierno socialista abarata el despido, reduce las pensiones, paga menos a los funcionarios, hará trabajar más años a los ciudadanos, aumenta los impuestos indirectos, colapsa la obra pública, recorta la ayuda a los dependientes y suprime la de maternidad, medidas que hoy son tan traumáticas porque el Gobierno no quiso tomarlas a tiempo, negando la evidencia de la crisis. Por eso, junto con la reforma de las pensiones, es seguro que el Ejecutivo impulsará en 2011 una nueva subida de impuestos para intentar cumplir el objetivo que le ha impuesto Bruselas de reducción del déficit. Y antes o después les tocará el turno a las prestaciones por desempleo, y entonces se cerrará el círculo de
la negación de Zapatero a sí mismo y a su discurso social.

Este Gobierno tiene el don de no dar seguridad ni certidumbre siquiera cuando inicia un camino de rectificación. No es suficiente que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llame para mostrar su apoyo a Zapatero ni que el presidente del FMI le diga que las medidas tomadas son las correctas: ni uno ni otro iban a criticar lo que han obligado a Zapatero a hacer. El problema es de confianza en la dirección política de España. Las reformas se anuncian a trompicones y con voces discordantes en el seno del Ejecutivo, no responden a un patrón homogéneo y se conforman con evitar que la situación vaya a peor, lo cual conduce al estancamiento, no a la recuperación. El Gobierno no incentiva la inversión con una bajada de impuestos y costes laborales reales, pero tampoco se mantiene una política de obra pública que mantenga activas algunas constantes vitales de la economía. El Gobierno golpea a la clase media bajando los salarios de los funcionarios y recorta pensiones, pero al mismo tiempo aumenta el IVA, retrayendo por partida doble el consumo, con efecto negativo directo en los beneficios empresariales y el empleo. ¿Cuál es la política económica del Gobierno? Mientras esta pregunta no tenga una respuesta definida, las reformas del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero nacerán lastradas por la desconfianza, por más que pueda presumir de no contar con muchos votos en contra en el Congreso.


ABC - Editorial

martes, 22 de junio de 2010

Cambio de Gobierno. Ministros 'kleenex'. Por Emilio J. González

Da igual quién pueda ser el próximo ministro de Economía, porque mientras Zapatero no cambie, todo serán operaciones de marketing al servicio de su ego y nada más.

El final del turno de presidencia española de la Unión Europea ha desencadenado toda una oleada de rumores, comentarios y especulaciones acerca de una nueva crisis de Gobierno, con las consiguientes quinielas acerca de quién sale, quién entra y en qué puesto, quién sigue en el suyo y quién cambia. Dado el alto grado de deterioro de la situación económica y política en nuestro país, y ante la rotunda negativa de Zapatero a convocar elecciones, es lógico pensar que se decante por un cambio en su equipo, aunque con él, la verdad, nunca se sabe. Entre quienes, según parece, tiene muchas papeletas para tener que abandonar la poltrona ministerial se encuentra la vicepresidenta económica, Elena Salgado. Por lo visto, Zapatero la culpa de la mala gestión de la situación económica (habría que ver qué entiende el presidente por ‘mala gestión’). Sin embargo, sospecho que la razón es muy distinta.

Zapatero colocó a Salgado al frente de la economía porque quería una persona que siguiera sus órdenes y deseos a rajatabla, que no se enfrentase a él ni discutiera sus ideas y ocurrencias, ni tampoco criticara sus planes de gasto público porque, en realidad, lo que quería el presidente del Gobierno era gestionar la crisis de acuerdo con sus puntos de vista y no necesitaba nada más que ejecutores de sus ocurrencias. En este sentido, Elena Salgado ha desempeñado perfectamente su papel porque ha dejado hacer a ZP a su antojo, sin discutir sus propuestas lo más mínimo y sin ni siquiera advertirle de las consecuencias de sus acciones. Y aunque objetivamente es una de las peores ministras de Economía de la democracia, lo cierto también es que su posible cese resultaría injusto si lo contemplamos desde la perspectiva de qué es lo que Zapatero quería y esperaba de ella, algo que ha cumplido a la perfección.

A ZP, sin embargo, eso le da lo mismo. A él lo único que le importa es su ego, el culto a su personalidad (y todo lo demás: personas, instituciones, dineros públicos, etc.) y no está al servicio más que de una sola causa, que es el zapaterismo. No son más que piezas sobre el tablero de ajedrez que despliega y sacrifica a su antojo, sin importarle nada ni nadie. Así decidió nombrar a Solbes vicepresidente económico en 2004, para transmitir a todo el mundo la idea de continuidad en la seriedad de la política económica, cuando los planes presidenciales ya iban por otros derroteros. Solbes no fue más que un instrumento de Zapatero, como lo ha sido Salgado, a la que ahora parece dispuesta a dejar caer para que asuma todas las culpas de la nefasta gestión de la crisis, las que le corresponden a ella y las que le tocan a él, que son muchas (pues en 2007 decidió investirse a sí mismo del liderazgo de la lucha contra la crisis, siguiendo ese modelo tan desastroso pero tan querido para los socialistas como fue el Roosvelt de la Gran Depresión, aunque aquí se adoptó una versión cañí del mismo).

Por tanto, el problema del Gobierno en relación con la crisis económica no es Salgado, sino el propio Zapatero. Desde esta perspectiva, da lo mismo a quién pueda o quiera nombrar ministro de Economía, porque mientras ZP no cambie, va a dar lo mismo. Si algo se ha hecho en la buena dirección en los últimos meses no es por convicción personal del presidente del Gobierno, sino todo lo contrario. Lo que ha ocurrido es que las medidas de ajuste empiezan a venirle impuestas por la Unión Europea y por el Fondo Monetario Internacional a cambio de un multimillonario paquete de ayudas económicas que eviten la suspensión de pagos de España. Todo esto lo ha aceptado Zapatero a regañadientes y sin la menor intención de cambiar lo más mínimo la columna vertebral de su política. ¿Que hay que reducir drásticamente el gasto público? Pues ahí está él enviando millones de euros a los sindicatos latinoamericanos, manteniendo los ministerios de Vivienda e Igualdad, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Qué hay que hacer una reforma laboral? Pues se aprueba un decreto en unos puntos genérico y en otros regresivo y que sean los demás partidos con representación parlamentaria los que asuman el coste político de proponer y aprobar lo que verdaderamente hay que hacer. Por eso da igual quién pueda ser el próximo ministro de Economía. Porque mientras Zapatero no cambie, todo serán operaciones de marketing al servicio de su ego y nada más.


Libertad Digital - Opinión

EA-Batasuna. Algo peor que un matrimonio de conveniencia. Por Guillermo Dupuy

La Fiscalía ya debería haber manifestado su oposición a ese matrimonio de conveniencia entre los proetarras y EA abriendo diligencias contra quienes al alimón ya ensalzan a los criminales encarcelados llamándolos "presos políticos".

No sería la primera vez que los proetarras utilizan las siglas de una formación escindida del PNV para bular la Ley de Partidos y poder volver a presentarse a las elecciones. Lo hicieron antes con Acción Nacionalista Vasca (ANV) y están en pasos de hacerlo con la ya casi extinta Eusko Alkartasuna. La propia ETA hunde sus raíces en las juventudes del partido fundado por Sabino Arana, regadas –eso sí– con el marxismo-leninismo. Desde ese punto de vista, nada nuevo bajo el sol.

Por eso me resulta tan sorprendente la aparente candidez con la que algunos analizan ese pacto de bases que este domingo firmaran la llamada "izquierda abertzale" con el partido fundado por Carlos Garaicoetxea. Si los firmantes de ese documento hubieran querido convencernos de que por "vías pacíficas y democráticas" se refieren a algo completamente distinto a lo que con esa misma envilecida expresión ha venido reclamando la banda terrorista como vía de solución al llamado "conflicto vasco", cabría esperar que en ese documento hubiera un expreso acatamiento a la Ley de Partidos, una condena expresa a ETA, y un claro reconocimiento a las victimas y a su derecho de recibir justicia. Entonces, sí tendríamos derecho a pensar si será verdad o sólo una trampa para que "los tontos útiles vuelvan a dejar que nos colemos".


No cabe, sin embargo, plantearnos esa disyuntiva o pensar en si ese documento es un "caballo de Troya" cuando lo que sus firmantes demuestran con él a las claras es que su concepción de la "paz" y de la "democracia" es la misma que la de los etarras. Así, ni condenan a los terroristas ni se solidarizan con sus víctimas, tildan de "represión" al ordenamiento jurídico vigente o piden la excarcelación de los criminales, a los que se refieren como "presos políticos".

Si finalmente EA cede, en favor de los voceros de ETA, los derechos y prerrogativas que el ordenamiento jurídico, y concretamente la legislación electoral, concede a los partidos políticos, los únicos "tontos útiles" de la jugada serán, lamentable y nuevamente, los que se la consientan, los de siempre, los representantes político y judiciales del Estado español. Luego dirán, también como siempre, que les han hecho "trampas".

Espero que esta vez no suceda lo mismo. Pero para ello, desde la Fiscalía ya se debería haber enviado un serio aviso a navegantes, dejando claro a Eusko Alkartasuna que, lejos de poder nutrirse de los proetarras, lo que se juega es su comparecencia en las elecciones. Así podría haberlo hecho ya la Fiscalía abriendo diligencias por un posible delito de apología del terrorismo contra quienes al alimón ensalzan a unos criminales llamándolos "presos políticos". Pero claro, los "tontos útiles" verían esta firmeza tan exagerada como durante décadas se lo pareció cualquier medida destinada a impedir la subvención y representación política de los proetarras. Y así nos va y en esas estamos. Sin lograr que pierdan toda esperanza y sin tener siquiera que disfrazarlas apenas.


Libertad Digital - Opiniión

Nuevo grito soberanista, 857 asesinatos después. Por Antonio Casado

No se puede expresar con más crudeza ni con mayor lucidez: “Quieren tener razón 857 asesinatos después”. El líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, encierra en esa descarga verbal, puramente descriptiva, el significado del último grito del segregacionismo vasco con piel de cordero. Acaba de presentarse en sociedad y se hace llamar Polo Soberanista. Un título nuevo para la misma obra y la misma compañía de actores (la ilegalizada Batasuna), a la que se incorpora la escisión del PNV conocida como Eusko Alkartasuna.

Se ofrece como un nuevo intento de lograr la independencia de Euskadi por las buenas, pero 857 asesinatos después de haberlo intentado por las malas. Y nadie da por cerrada aún esa siniestra cuenta. Empezando por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, convencido de que la banda terrorista se está reorganizando, lo cual actualiza su famosa ecuación, “urnas o bombas”, frente al apresurado blanqueo de los amigos de ETA. Es lo que empezó a escenificarse el pasado fin de semana en el Palacio Euskalduna de Bilbao: hacia la patria vasca como unidad de destino en lo universal mediante el “uso exclusivo de vías exclusivamente pacíficas y democráticas”.


Ni una palabra, ni media, ni cuarto y mitad, de condena o de distanciamiento respecto a quienes llevan intentando lo mismo desde hace 857 asesinatos. Ninguna sorpresa tratándose como se trata de la llamada izquierda abertzale, donde siempre habitaron y aún habitan los amigos de ETA. Decepcionante y revelador, por lo que se refiere a sus aliados de Eusko Alkartasuna. De condenar siempre la violencia etarra han pasado a hacerse de nuevas. Como si quisiera empezar de cero y mostrar su disposición a volver a condenar el terrorismo a partir de ahora. “La izquierda abertzale, y desde luego Eusko Alkartasuna, respondería claramente de una manera firme si hubiera algún acto de este tipo”, decía ayer el secretario general de E.A., Pello Urizar.

Elecciones municipales

Quieren convencernos de que el Polo Soberanista presionará a ETA para que deje las armas este mismo verano, so pena de pedirle el divorcio. El movimiento es tan descaradamente oportunista que nos excusa de entrar en detalles. Se trata de pasar la ITV lo antes posible y estar en condiciones de participar en las elecciones municipales de la primavera de 2011. Se ponen muy dignos si se relaciona su operación de blanqueo con la necesidad de competir en esas elecciones, solos o en compañía de otros. Niegan estar movidos por criterios tácticos y se reafirman en la prioridad de hacer política sin violencia. Puede ser. O puede no ser. En todo caso, si es como ellos dicen, no tendrán mayor inconveniente en esperar cuatro años más si ETA no se ha dado por vencida o ha sido derrotada con todas las consecuencias.

A ver si son consecuentes y, por salvar lo que es prioritario (hacer política) son capaces de seguir esperando en el caso de que la banda no formalice la entrega de las armas y su total desaparición. De momento se limitan a constatar que ETA se ha convertido en un obstáculo para caminar hacia las metas del nacionalismo. Pero eso no basta para que el ordenamiento jurídico vigente permita presentarse a las elecciones a los amigos de ETA o sus continuadores.


El Confidencial - Opinión

Crisis. El doble rasero de Obama. Por Juan Ramón Rallo

Su receta económica es esquizofrénica, pero la política es única: más Estado y menos mercado. Si el estadounidense de verdad quisiera contribuir a la recuperación global, empezarían por retirar de inmediato todos esos nefastos "planes de estímulo".

Que Merkel le exija a Zapatero que baje el gasto público tiene su sentido económico y estético. Si Alemania, con un déficit inferior al 4%, va a aplicar un recorte de 80.000 millones de euros en cuatro años, qué menos que pedirle ajustes a España, un Estado que incrementó su endeudamiento en casi 120.000 millones durante el último ejercicio, el 11,3% de su PIB.

Peor imagen transmite, sin embargo, que Obama, presidente de una nación cuyo déficit público supera todo el PIB de España (más de un billón de euros o 12% del PIB), llame a Zapatero para apoyar las medidas "difíciles y necesarias" (sic) que el PSOE está aprobando. No es que haya dejado de creer en que debemos reducir drásticamente el gasto público y liberalizar de arriba abajo todos los mercados –incluyendo el laboral, pero también el energético, el minorista, el de comunicaciones, etc.– mucho más, por supuesto, de lo que hecho hasta el momento por nuestro torpe Ejecutivo.


Es sólo que no es de recibo que mientras Obama lastra la economía mundial gastando aquello que no tiene y que ya veremos si alguna vez puede devolver –nota para despistados: no es cierto que Estados Unidos nunca haya entrado en default, lo hizo y se llamó Bretton Woods–, se nos diga a nosotros que es muy necesario que consolidemos el déficit lo antes posible. Tan necesario para la prosperidad de todos es que lo haga España como, sobre todo, EEUU; la diferencia reside en que si bien los estadounidenses aún pueden seguir malbaratando su riqueza (aún no han dilapidado todo el crédito de su economía), nosotros ya no tenemos alternativa.

Sobre todo, la llamada de Obama resulta obscena cuando él mismo envió hace menos de una semana una carta a los miembros del G-20 en la que les urgía a mantener los planes de estímulo hasta que el sector privado diera señales de recuperación:
Una recuperación global, sólida y sostenible de la economía necesita edificarse sobre una demanda global equilibrada. Todavía existen debilidades importantes en las economías del G-20. En particular, me preocupa la débil demanda del sector privado (...) Es de importancia crítica que la consolidación de nuestros déficits públicos se lleve a un ritmo adecuado atendiendo a la situación global, a la situación de la demanda privada y a las circunstancias nacionales. Debemos ser flexibles a la hora de acelerar el ajuste y recordar los enormes errores del pasado cuando los estímulos se retiraron demasiado rápido.
¿A qué se debe este doble rasero de Obama, quien pide para Europa lo contrario que exige a España? Es fácil de entender sin siquiera mentar el fracaso universal que ha supuesto el keynesianismo. Primero, Obama quiere restaurar en su país el Gran Gobierno que Reagan mal que bien contribuyó a contener; para ello no ha dudado en aprobar los mayores déficits públicos de la historia del país para, de aquí a unos años, subir los impuestos con la excusa de cuadrar las cuentas y así asentar una socialdemocracia europea en EEUU. Segundo, Obama quiere que los europeos se sigan endeudando masivamente para que financien indirectamente las exportaciones estadounidenses (el gasto público nunca se queda dentro de un país, sino que obviamente se filtra el exterior), que para algo EEUU sigue teniendo uno de los desequilibrios externos más grandes del mundo. Y, por último, Obama teme que países como España quiebren si siguen endeudándose; un desastre cuyas consecuencias no sólo se llevarían por delante a franceses y alemanes, sino que podrían en serios apuros a la banca estadounidense a la que debemos más de 100.000 millones de euros.

Por eso su receta económica es esquizofrénica –depende de los distintos intereses de Obama–, pero la receta política es única: más Estado y menos mercado. Si el estadounidense de verdad quisiera contribuir a la recuperación global, empezarían por retirar de inmediato todos esos nefastos "planes de estímulo". Entonces comenzaríamos a ver cómo esa debilitada demanda privada que los políticos están aplastando puede comenzar a renacer conforme las economías se reestructuren. Pero es de prever que Obama no quiera eso; no, al menos, que no lo quiera hasta que consiga sacarle todo el jugo socialdemócrata a la crisis.


Libertad Digital - Opinión

Dos políticas económicas. Por Fernando Fernández

Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas.

Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal y en la reforma del sistema financiero y se oponen al impuesto a la banca. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas y no son muy partidarios de la reforma financiera más allá de la retórica populista. ¿Realmente estamos ante dos formas de ver el mundo? No lo creo. Todo es mucho más prosaico. Estamos ante dos realidades económicas diferentes, dos momentos cíclicos distintos y dos necesidades coyunturales opuestas. En Estados Unidos han saneado ya su sistema financiero. Les ha costado mucho dinero pero no tienen más cadáveres en el armario, quizás algún banco pequeñito pero irrelevante en términos macro. Por eso se atreven a seguir tirando del gasto público. Por eso y porque el indiscutible liderazgo del dólar como moneda de reserva les permite despreocuparse de la financiación. Han demostrado además que son capaces de revertir drásticamente el déficit cuando es necesario, porque tienen un presupuesto mucho más flexible y porque responde a medidas coyunturales no repetibles, one-off en la terminología de los economistas.

En Europa, la situación es otra. El salvamento del sector financiero apenas ha comenzado. Solo la semana pasada se decidió que las pruebas de estrés de los bancos se publicarían en julio. Exigirá nuevas necesidades de recapitalización y sin duda la aportación de fondos públicos. La deuda pública aumentará y si le añadimos las incertidumbres institucionales que van a seguir amenazando el futuro del área euro y la resistencia política a ajustar déficit que son esencialmente estructurales, la financiación no está garantizada. Esa es la realidad que explica la urgencia de la consolidación fiscal y la voracidad de los gobiernos europeos que buscan simular los nuevos impuestos —a la banca, a las nucleares, a los ricos— como estrategias anti crisis cuando no son más que el producto de la inercia mental de los europeos.

ABC - Opinión

Historia caprichosa. Por Alfonso Ussía

Hay que rebajar el tono y no afilar los puñales. Escribir como se habla en una tertulia educada compuesta por personas de ideas diferentes. El asunto a comentar, entre café y café, sería hoy el de la desaparición de la División Azul en el nuevo Museo del Ejército. Se me antoja una tontería. Es más fácil inventar la Historia que borrarla. Igual de idiota me parecería que un ministro de Defensa, por razones de antipatía ideológica, decidiera esfumar de nuestra Guerra Civil a las Brigadas Internacionales. La División Azul combatió en Rusia del lado de la Alemania de Hitler frente a la Unión Soviética de Stalin. Un perverso aliado contra un perverso enemigo. Aquellos tiempos. Tampoco las Brigadas Internacionales pueden dar ejemplo de nada. Muchos de los brigadistas –así lo han reconocido–, lucharon engañados o inducidos por sesgados alicientes, y otros lo hicieron en apoyo de la implantación del comunismo en España. Pero estuvieron, y olvidarlos, además de una grosería, es una injusticia.

La División Azul hay que analizarla con la frialdad del tiempo pasado y la comprensión del momento. Para muchos fue una aventura. Para otros un motivo de combatir por unos ideales. Centenares de españoles quedaron allí, enterrados en Rusia. Hubo en la División Azul heroísmo, firmeza, desolación, duda y muerte. Era una guerra. Muchos españoles entregaron su vida. Otros tantos permanecieron once años en los campos de concentración de Stalin. «Embajador en el Infierno» se titula el ensayo que Torcuato Luca de Tena escribió con el capitán Teodoro Palacios Cueto de protagonista. El capitán Palacios, con el teniente Castillo y otros oficiales, mantuvieron durante once años el espíritu y la esperanza de los prisioneros españoles, muchos de los cuales fueron torturados y aniquilados por el sistema de terror impuesto por Stalin. Es decir, que estuvieron. Y olvidarlos, además de una grosería, es una injusticia.

Y en la División Azul también hubo desorganización. Más administrativa que militar. Algo de eso cuenta Dionisio Ridruejo, divisionario, en sus «Cuadernos de Rusia». Un cercano familiar de quien escribe, se alistó en la División Azul. Partió de Madrid en tren con su batallón. En Burgos se les permitió airearse en el andén. Hacía un frío polar. Esas noches invernales de Burgos. Y mi pariente, poco dado al heroísmo, reflexionó. «Si en Burgos hace este frío ¿cómo será el de Rusia?». Y se fue. Nadie lo reclamó, y al cabo de los años, fue recompensado con una mención especial. Mi familia supo de su deserción dos décadas más tarde, porque también era una familia desorganizada y variopinta, en la que hay de todo. Hasta un soldado de la División Azul que no pasó de Burgos.

Pero los que combatieron por unos ideales, los que cayeron en los frentes rusos, los que quedaron allí para siempre enterrados bajo las nieves o al amparo de los abedules, esos árboles tan gélidos, merecen ser recordados. Y también los que sobrevivieron, que no dudaron en alistarse voluntariamente para luchar por lo que ellos creían, en aquellos días, conveniente y justo. Eran soldados españoles que escribieron una página de la Historia de España y de sus milicias. Reunir todas sus memorias en un almacén como si fueran morralla, es de tontos. La Historia no se borra, aunque se invente. Y no merecen el trato que se les dispensa. Así hay que decirlo, como en una tertulia civilizada, sin caer en la grosería moral de los que ahora mandan.


La Razón - Opinión

Montse Nebrera. Exhibicionismo con burka. Por Cristina Losada

Su carnavalada no obedece a la necesidad de conocer, sino de que la conozcan a ella. Es el exhibicionismo narcisista del político haciendo de algo serio una astracanada.

En España nadie está en su sitio. Los actores quieren hacer de políticos y los políticos de actores y, si se tercia, de payasos. Al género de la payasada pertenece el viaje iniciático que una ex diputada del PP realizó en Barcelona embutida en un burka a fin de contarlo en un periódico. Montserrat Nebrera, aquel gran fichaje de Piqué, nos ha brindado en El Mundo un apunte de sus sensaciones, pero una cosa es ponerse el burka como quien se calza un disfraz, que es lo que ella hizo, y otra llevar la vida de una musulmana sometida a las normas integristas. Pretender que con lo primero se aporta algún conocimiento sobre lo segundo es un fraude de tomo y lomo.

Hay un fenómeno de frivolización del burka del que forman parte episodios chuscos como éste. Nebrera asocia la prenda, en su texto, a "los dictados de la moda fundamentalista" y se pregunta qué diferencia hay entre ese manto y "las extravagancias de la moda occidental". La tiranía de la moda, pues. A unas le impone el burka y a otras, la minifalda. Una equiparación demasiado extendida que conviene enfriar con las palabras de Sarkozy: "(El burka) es un problema de libertad y dignidad de la mujer. No es un signo religioso. Es un signo de servidumbre". Y a esas nociones, que definen lo esencial, no se les añade nada por pasearse bajo la túnica un par de tardes; al contrario, se trivializan.

Lo único que se añade es publicidad y hay políticos dispuestos a cualquier bufonada para hacerse con un bocado de esa tarta. Son las reglas de una sociedad del espectáculo donde reinan la telebasura y sus códigos. Nada averiguamos, nada descubrimos sobre la realidad a través del burka postizo de Nebrera. Su carnavalada no obedece a la necesidad de conocer, sino de que la conozcan a ella. Es el exhibicionismo narcisista del político haciendo de algo serio una astracanada. Ya puestos en experimentos de esa clase, me parecerían más interesantes las sensaciones de una inmigrante musulmana, trabajadora de fábrica, si vestida con un modelo de Dolce&Gabbana, tacones de Jimmy Choo y bolso de Prada, pasara una noche de copas, tal como haría una pija, sea progre, sea Nebrera.


Libertad Digital - Opinión

Lampedusa de león. Por M. Martín Ferrand

Zapatero necesita una crisis y mucho ruido para tapar sus abundantes y recientes fracasos.

CUANDO, después de pasar el ecuador de una legislatura, al ministro de Exteriores le da por organizar un gran zafarrancho de cambio entre los titulares de las embajadas no es, necesariamente, señal de que se prepara un giro notable en la política internacional de España. Suele tratarse, y así ha sido siempre, de que el titular se siente inseguro y trata de revitalizarse, como hacía Samuel Bronston para incrementar la recaudación de sus películas, con grandes movimientos de masas. A Francisco Vázquez, representante de España ante la Santa Sede, se le está poniendo cara de Defensor del Pueblo, no hay más que verle. Joan Clos, a quien por hacerlo mal como alcalde de Barcelona Zapatero —no olvidemos la catástrofe del Foro— convirtió en ministro de Industria y es ahora, por idéntica razón, embajador en Turquía ya anuncia a sus amistades un próximo traslado. También a Carlos Bastarreche, representante permanente de España ante la UE se le da por cesado. Su cooperación al frustrado semestre planetario y glorioso del líder socialista no se valora como suficiente y circula por los corrillos especializados y corporativistas el nombre de su sustituto.

Quiero decir que se anuncian muchos y notables relevos en la cumbre del poder. Zapatero necesita una crisis y mucho ruido para tapar sus abundantes y recientes fracasos y, mientras dilucida sobre sus alfiles vicepresidenciales y sus torres económicas, va sacando del tablero algunos peones para premiar a los buenos, a los más adictos, y castigar a los malos, los más díscolos. Los mentideros capitalinos no cesan en el susurro y el rumor y en ello estaremos, con intensidad variable, hasta que en vísperas de la Virgen del Carmen Zapatero desembarque en el Congreso para cantar, y no le canten, las diez de últimas frente a un Mariano Rajoy que también anda, por bien que le pinte en las encuestas, muy necesitado de cariño y adhesiones.

Zapatero, como el duque de Palma di Montediaro, necesita muchas transformaciones. Tantas como para fijarse a sí mismo en La Moncloa en los años siguientes al 2012 y, entre ellas, bien pudiera figurar el traslado de Carme Chacón a Barcelona, tras su salida de Defensa, para ir preparando y protagonizando el inevitable mutis de José Montilla. Así, además y de paso, se encubrirá el disparate que supone el aplazamiento sine die de la inauguración en Toledo del Museo del Ejército, con presencia prevista de la Casa Real, para que la de Esplugas de Llobregat pueda asistir mañana al Congreso para votar la reformita laboral de su jefe y mentor. Y así sucesivamente, hasta donde sea necesario, para continuar en el machito.


ABC - Opinión

Colombia como referente

La arrolladora victoria de Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales de Colombia no deja lugar a dudas sobre la decidida voluntad de los colombianos de culminar la etapa de su predecesor, Álvaro Uribe, seguramente la más brillante y beneficiosa que ha vivido el país desde hace décadas. El resultado electoral es también muy beneficioso para España y para la Unión Europea en la medida en que afianza la gobernabilidad, consolida la alternativa democrática en Iberoamérica e impulsa al país hacia un mayor intercambio económico, mercantil y cultural. Son numerosos y muy serios los retos a los que se enfrenta Santos, entre ellos un desempleo muy elevado, la pobreza que afecta a amplios sectores de la población y la lucha contra el narcoterrorismo. Pero también es cierto que Colombia es, junto a Brasil, el país iberoamericano mejor colocado para el despegue económico, para mejorar sustancialmente el bienestar social y para convertirse en una gran potencia. Si a ello se añade que los terroristas de las FARC están mucho más cerca de la derrota gracias a la férrea política de Uribe, el horizonte que se le abre al pueblo colombiano es el más esperanzador de la zona. No hay más que comparar las cotas de progreso en todos los órdenes alcanzadas por el país en la última década con el derrumbre democrático, económico, social y de prestigio internacional que ha sufrido la vecina Venezuela bajo la bota de Hugo Chávez, caricatura exacta de un Tirano Banderas al que apoyan las izquierdas americana y europea. Mientras Colombia ha crecido estos años por encima del 3%, Venezuela se ha hundido en cotas del -5,8% en el primer trimestre de 2010. Y otra diferencia sustancial: mientras Uribe no pudo presentarse a una tercera reelección porque el Tribunal Constitucional vetó la reforma legal necesaria, Chávez ha perseguido, liquidado y encarcelado a cuantos jueces se han opuesto a su deseo de perpetuarse en el poder. Es la misma diferencia que separa una democracia de una dictadura. Otro país fronterizo, el Ecuador de Rafael Correa, tampoco resiste la comparación. Sería muy deseable, no obstante, que el nuevo Gobierno de Santos hiciera todo lo razonable para restablecer los buenos lazos de vecindad con ambos regímenes populistas, dando por sentado que tanto Caracas como Quito dejarán de ayudar y proteger a los terroristas de las FARC. En cuanto a España, también convendría a los intereses de la nación y de los ideales democráticos que el Gobierno socialista apreciara las diferencias y actuara en consecuencia. Es decir, que deje de bailarles el agua a los sátrapas caribeños y bolivarianos, desde los Castro hasta Chávez, pasando por el nicaragüense Ortega y el boliviano Evo Morales, y que apueste por países serios, respetuosos con los derechos humanos y fiables jurídicamente. Colombia está llamada a jugar un papel fundamental en Iberoamérica como dique de contención a las dictaduras populistas y España tiene el deber de situarse inequívocamente a su lado. El camino del progreso y de la libertad en el continente hispano lo marcan naciones como la colombiana y dirigentes como Uribe y Santos.

La Razón - Editorial

PNV. Pidamos perdón a Anasagasti. Por José García Domínguez

Puestos a suplantar cadáveres, a don Iñaki también le cabría suplicar perdón por la traición de Santoña; la más célebre hazaña bélica de los gudaris, cuando se rilaron ante las tropas de Mussolini regalando el frente del Norte al ejército de Franco.

Prueba de la definitiva hegemonía del cretinismo en nuestro foro público es la creciente subordinación de la razón y la lógica a los sentimientos. Así, para devenir eficaz, un argumento ya no debe incitar al pensamiento sino al llanto, cuanto más incontenible y torrencial mejor. Por algo, no hay negocio más rentable ahora mismo que el de la victimización. De ahí que, poco a poco, el escenario del debate de ideas se haya ido repoblando con una nueva recua de estafadores intelectuales: los estraperlistas de emociones que con ademán compungido dicen apelar "al corazón" del auditorio a fin de hacerle partícipe de su particular contrariedad. He de admitirlo, cada vez que me tropiezo con alguno de esos virtuosos trileros –y trileras– sufro el mismo impulso que Goebbels cuando oía pronunciar la palabra "cultura".

Por lo demás, tal tara contemporánea, la de suplantar el razonamiento abstracto por la conmoción sensitiva, es lo que yace tras la moda de exigir penitencia a los coetáneos por desafueros acontecidos en otras épocas, siglos atrás incluso. Ahora, es sabido, cualquier cantamañanas criollo puede decirse agraviado por Carlos V o Felipe II y reclamar la correspondiente compensación moral, cuando no pecuniaria. Igual que el ínclito Anasagasti, que acaba de demandar excusas formales a Zapatero a cuenta del bombardeo de Guernica. Como si Sonsoles y las niñas hubieran pilotado personalmente los aviones de la Legión Cóndor aquella mañana de abril de1937.

Mejor haría, no obstante, instando a su propio partido, el PNV, a algún acto de pública enmienda por haberse adherido a los sublevados en Álava y Navarra con el ecléctico oportunismo que siempre ha sido marca de la casa. Y, puestos a suplantar cadáveres, a don Iñaki también le cabría suplicar perdón por la traición de Santoña; la más célebre hazaña bélica de los gudaris, cuando se rilaron ante las tropas de Mussolini regalando el frente del Norte al ejército de Franco. Sin embargo, y a diferencia de la estulticia, el fanatismo, la mala fe o la alopecia, ningún hombre puede heredar la responsabilidad moral por los crímenes pretéritos de su ADN; ninguno, ni siquiera el airado Anasagasti. Sosiéguese, pues, el tribuno: nunca los civilizados lo señalaremos a él por los mil cadáveres de ETA. Ésa, infinita, es su suerte.


Libertad Digital - Opinión

Cábalas de crisis. Por Ignacio Camacho

El partido quiere un cierre de filas, una especie de gobierno de concentración socialista con «pesos pesados».

EN el verano incipiente y aún tibio, casi fresco, de Madrid, la capital del rumor arde en una cábala sobre la crisis de Gobierno. Treinta años de autonomismo casi federal no han mermado la pasión cortesana por las remodelaciones del Gabinete. En los bares la gente le hace a Del Bosque alineaciones de barra y en los cenáculos de conspiración los enterados le diseñan a Zapatero el equipo del ajuste duro. No es probable que haya novedades antes del debate sobre el estado de la nación, que el presidente quiere convertir en un Jordán purificador de sus pecados de frivolidad proteccionista, un punto de inflexión a partir del que reconvertirse a sí mismo. Pero las quinielas se suceden alimentadas por el patente marasmo de un poder cataléptico que necesita un revulsivo.

En el Consejo de Estado está pendiente la renovación de Miguel Vizcaíno, el último consejero de Franco, cuyo sillón espera, según los consejeros en la pomada, a María Teresa Fernández de la Vega. Los otros dos vicepresidentes, Elena Salgado y Chaves, parecen fantasmas amortizados en expectativa de destino mientras Pepe Blanco asume cada vez más funciones de facto. Al aragonés Marcelino Iglesias y a Bernardino León, la perla de la fontanería monclovita, se les está poniendo cara de hombres de Estado. El futuro ministerial de Beatriz Corredor se ha licuado junto a su inexistente departamento de Vivienda y las conjeturas en ebullición versan sobre el alcance del recorte en un organigrama sobredimensionado. Hay especulaciones sobre Industria, Ciencia y Tecnología, Cultura y hasta Trabajo, aunque será la supervivencia de Igualdad y de su titular, Bibiana Aído, el verdadero listón que muestre la intensidad reformadora del reajuste. Si el presidente renuncia a su más emblemático guiño de posmodernidad estaremos ante un vuelco sustantivo, una sacudida conceptual del estilo y la esencia del zapaterismo.

El otro núcleo de la inminente restructuración afecta a la probable presencia del tardofelipismo. Solana es la apuesta de la vieja guardia; Boyer, frecuente visitador áulico de la Moncloa, se ha autodescartado, y el elegante y sensato Guillermo de la Dehesa goza del beneplácito de los poderes fácticos de las finanzas. El partido quiere un cierre de filas, una especie de gobierno de concentración socialista con «pesos pesados» que escenifiquen el reagrupamiento en la dificultad. Pero habrá que buscarlos con la linterna de Diógenes porque todo el mundo sabe que Zapatero está acostumbrado a ministros-secretarios, a livianos adláteres capaces de hacerle de recaderos, sin admitir otro peso específico que el de su volátil, tornadizo criterio de piruetas perpetuas. Y no va a renunciar a la prerrogativa con la que más disfruta un gobernante: la administración del silencio y el ejercicio del factor sorpresa.


ABC - Opinión