lunes, 11 de enero de 2010

Las dudas hamletianas del TC. Por José María Carrascal

COMO un Hamlet con toga, el Tribunal Constitucional lleva tres años sumido en la duda de si aprueba o no el nuevo estatuto catalán. En realidad, es una duda sobre sí mismo, sobre su naturaleza y papel en el ordenamiento democrático español, sobre sus deberes y derechos, funciones y responsabilidades. En otras palabras: sobre el espacio a que pertenece, el político o el jurídico. Los otros tribunales lo tienen muy claro, aunque no lo practiquen siempre: forman parte del tercer poder del Estado, independiente de los otros dos.

El Constitucional, en cambio, se mueve en esa zona fronteriza donde confluyen política y judicatura, los imperativos del hoy con los de siempre, nunca fáciles de encajar, y en ocasiones, imposible. Por ejemplo: hacer constitucional lo que no lo es. Durante tres años, la presidenta del tribunal, doña María Antonia Casas, con la ponente del caso, doña Elisa Pérez Vera, vienen tratando de resolver esa cuadratura del círculo. Creyeron encontrarla en una sentencia «abierta», es decir que pudiera interpretarse tanto en un sentido como en otro. Pero pronto se encontraron con el muro de la realidad, contra el que no hay interpretación que valga. Si la soberanía nacional reside «en el pueblo español» (Art. 1), no puede haber soberanías de una parte de ese pueblo. Si la Constitución se funda en «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles» (Art. 2), no puede haber otras naciones en España. Si el castellano es «la lengua oficial del Estado, que todos los españoles tienen el deber de conocer y el derecho a usar» (Art. 3), no puede ser desplazada en ninguna comunidad. «Lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible». Creíamos que esta máxima del torero había sido adoptada por el TC, al emerger allí una mayoría dispuesta a atenerse más a los principios que a las circunstancias, y que esta semana tendríamos sentencia.

Pero parece que las dos señoras siguen dispuestas a encontrar una salida más acorde con las circunstancias políticas, y habrá que seguir esperando. Como se retrasen un poco más, se nos echan encima las elecciones catalanas, y entonces sí que sería cuestión de no mezclar el fuego con la gasolina. Aunque puestos ya a esperar, ¿por qué no dejarlo para 2013, tras las próximas elecciones generales? ¿ O «ad kalendas graecas»? A fin de cuentas, ¿qué necesidad hay de ese fallo? El nuevo estatuto catalán ya se está desarrollando y aplicando sin que nadie se alarme ni se ofenda. Y si se ofende, que se aguante. Claro que alguien podría también preguntarse: ¿para qué necesitamos entonces el Tribunal Constitucional? ¿Para que se aplique la Constitución o para impedir que se aplique?

En tales condiciones, tan malas o peores que las meteorológicas, sólo nos queda esperar lo mejor y estar preparados para lo peor.


ABC - Opinión

El 'chivatazo' de Rubalcaba y cuatro más al 'trullo'. Por Antonio Casado

Más que un aviso era un chivatazo. El ministro del Interior fue el chivato que desnudó en vísperas de las Navidades las malas intenciones de ETA al anunciar la posibilidad de un atentado inminente. No quiero saber si ese chivatazo de Rubalcaba creó tanta confusión entre los terroristas como para hacerles cometer los errores de libro que han dado lugar a las cuatro detenciones de este fin de semana. Pero sí estoy seguro de que, una vez más, los españoles de bien se alegran de que cuatro etarras más hayan confirmado que el final de su aventura y el de quienes eligen “bombas” y no “votos” siempre será la cárcel.

Bombas había en la furgoneta interceptada en las tierras de Viriato (Bermillo de Sayazo, Zamora). Diez kilos de pentrita, además de bidones para guardar armas y explosivos, componentes para su fabricación, un revólver y un arma larga. El ministro del Interior no quiso relacionar ayer el contenido de la furgoneta con la posibilidad de un atentado inminente. Sin embargo, no parece que en el actual debate interno de la llamada izquierda abertzale, los García Arrieta, Yáñez, Irribarren y Uruburu, que ya están en el trullo, sean de los que optan por los votos de cara a las elecciones municipales del año que viene.

Eran de los más buscados. Dos en Francia, dos en Portugal. Véase la información de El Confidencial sobre los cuatro detenidos como resultado de un paciente seguimiento policial planificado sobre el trabajo previo de los servicios de información de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el CNI. Por supuesto, con guión político del ministro Rubalcaba, al que los terroristas no dejan de ver como el gran chivato de sus siniestros movimientos: “Ya sabemos en lo que ETA está, pero ETA también sabe en lo que estamos nosotros”, dijo ayer. Dosis de recuerdo para que los etarras sigan sintiendo el aliento policial en la nuca.

“Cuando vayan a un zulo se encontrarán con las Fuerzas de Seguridad y cuando vayan por carretera, las Fuerzas de Seguridad también les estarán esperando. Así hasta que esto se acabe”, explicó en rueda de prensa. Declaración de principios que debería contar con la anuencia expresa del PP, como principal partido de la oposición, en nombre de las buenas prácticas políticas. Como ya hizo hace unos días, cuando el chivatazo de Rubalcaba alertó a la sociedad de que ETA pensaba perpetrar una acción “llamativa”, por ejemplo, el secuestro de una figura “con gran repercusión mediática”. Las primeras reticencias, expresadas por el portavoz del PP, González Pons, quedaron aparcadas después de la conversación del ministro con Federico Trillo, su interlocutor habitual en asuntos de terrorismo.

Trillo tomó nota y dio por buenas las razones de Rubalcaba, frente a quienes las habían reprobado inicialmente –sindicatos policiales y un sector mediático, sobre todo- por considerarlas “inoportunas”, porque daban publicidad a ETA, porque creaban “alarma social”, porque estaban inspiradas más por la política que por la seguridad, etc. Desactivados todos esos argumentos, se abrió paso el que asocia el chivatazo a la opinión pública con un doble mensaje. Por un lado, impedir que se baje la guardia en el conjunto de la sociedad. Por otro, sembrar la confusión en las filas de Eta y desestabilizar aún más el convulso mundo de la llamada izquierda abertzale. Las detenciones del fin de semana indican que esa estrategia funciona.


El confidencial

Cuba. Por Charo Zarzalejos

La querencia española hacia Cuba y los cubanos está más que justificada. Son lazos diversos, auténticos y antiguos los que no unen con la isla caribeña, último reducto de un régimen atrapado en si mismo, carente de toda inteligencia y desvergonzado con sus ciudadanos . La desvergüenza se aplica a los extranjeros bajo el criterio de la sospecha. Muestra reciente de ello ha sido la inaceptable actitud del régimen cubano con el eurodiputado socialista Luis Yañez. Ver y escuchar a un digno ciudadano español que lo que quería era un viaje privado, que no había llamado a nadie, que lo suyo era de descanso como si tuviera que dar explicaciones de cómo utiliza su derecho a la libre circulación no puede por menor que llenar de indignación. ¿Y si quería ir a visitar a sus amigos?. ¿Y si se hubiera tratado de un viaje para visitar una biblioteca concreta?. Resulta inaceptable desde cualquier punto de vista que Cuba se permita semejantes desmanes, máxime con un ciudadano español. Ahora ha sido Luis Yañez, pero antes fue Jorge Moragas y un diputado de CiU.

La reacción del Gobierno español ha sido la mínima. Pedir explicaciones al embajador. Cuatro palabras propias de la dialéctica diplomática y aquí paz y después gloria. Es obvio que la política de embargos o la de la hostilidad pura y dura no conducen a ningún sitio pero, a la vista está, que las buenas intenciones del Gobierno de Rodríguez Zapatero no han sido interpretadas y valoradas como debiera por el régimen cubano del que no cabe esperar nada más que su propia extinción. No se merecen los Castro que España haga esfuerzo alguno ante Europa para modificar la que viene siendo una relación conjunta marcada por la frialdad y la desconfianza.

El Gobierno, mucho más enfadado de lo que ha dado a entender, ha tomado nota y, afortunadamente, ha rectificado sus entusiasmos iniciales de manera que en los seis meses de presidencia española Cuba no se va a ser un asunto preferente. Ni el régimen de Castro se lo merece ni España se puede permitir el lujo de meterse en charcos en lo que, al final, iba a chapotear en solitario. Ni Alemania, ni Italia y ni mucho menos Francia están dispuestos a perder un segundo en mecer la cuna de una dictadura refractaria a cualquier gesto de buena voluntad.

La expulsión de Luis Yañez ha sido una de las circunstancias que ha marcado el estreno de la presidencia de turno española, recibida en buena parte de la prensa extranjera con comentarios que no hacen fáciles los inicios de estos seis meses en los que lo ideal sería combinar el entusiasmo sin caer en la ampulosidad. Renunciar a plantar cara por Cuba ha sido una decisión acertada por realista. Rebajar algunos objetivos, utilizar con cuidado algunos adjetivos y medir bien el terreno pueden ser pequeñas normas que ayuden al éxito. Hay que tener cuidado con los entusiasmo porque suele ocurrir que entre lo sublime y lo ridículo la raya puede ser tan fina que se caiga en el ridículo creyéndose sublime. Con Cuba, afortunadamente, el Gobierno acierta sorteando el ridículo.


Periodista Digital - Opinión

El éxito de la guardia civil no exculpa a Rubalcaba

Lo responsable frente a ETA habría sido combatirla sin circos mediáticos que buscaban ocultar episodios mucho más deplorables en los que a los asesinos no se los perseguía con la acción policial sino que se les protegía de la misma.

Una vez más, es necesario felicitar a la guardia civil por su impagable labor en la lucha contra el terrorismo etarra. Con la detención de cuatro terroristas y la interceptación de una furgoneta cargada de material explosivo diverso se han evitado numerosos atentados que sin duda la banda habría intentado cometer.


No es una novedad que ETA sigue plenamente operativa y que sus objetivos continúan siendo los mismos de siempre: causar el máximo terror posible en la sociedad civil con tal de doblegar la voluntad de las instituciones políticas nacionales. Precisamente por esto último, el mal llamado proceso de negociación con la banda que llevó a cabo de manera declarada el Ejecutivo de Zapatero durante su primera legislatura sirvió para oxigenar a la organización en un momento en el que se encontraba política, policial y económicamente acorralada. ETA recuperó la esperanza de que podía obtener un precio político por dejar de asesinar y desde entonces no ha cejado en el intento.

Tras la operación de la guardia civil, el PSOE no ha tardado un instante en utilizarla para lavar la imagen del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como es sabido, Rubalcaba anunció que ETA estaba preparando un "espectacular" atentado poco después de que conociéramos por las actas de la banda que un agente del Gobierno y hombre de la plena confianza de Rubalcaba, José Manuel Gómez Benítez, había empleado en las negociaciones con ETA el caso del chivatazo como una señal de buena voluntad del Ejecutivo hacia los terroristas.

Una vez la Asociación Española de Escoltas reconociera que Rubalcaba no les había informado sobre las intenciones de la banda hasta que las hizo públicas al conjunto de los ciudadanos, quedó patente que el ministro del Interior estaba creando una cortina de humo para encubrir su responsabilidad y la del Ejecutivo del que forma parte en el caso del chivatazo.

Poco importaba a ese respecto que el ministro del Interior estuviera empleando información auténtica procedente de la lucha antiterrorista o que se la estuviera inventando. La cortina de humo se extendió desde el mismo momento en que se efectuó todo un despliegue mediático para dar a conocer a la ciudadanía una información que no necesitaba poseer. Todos los españoles sabían en "qué estaba ETA" con anterioridad a este operación: que la banda quiere atentar siempre que puede y hacer el mayor daño posible es una terrible realidad que hemos constatado los españoles desde hace 40 años.

En este sentido, tampoco debería sorprendernos que ETA haya cumplido con unos pronósticos que, fundados o no, ha venido verificando a lo largo de toda su existencia. No se trata, pues, ni de que Rubalcaba actuara responsablemente ni de que el peligro anunciado estuviese basado sobre datos reales: el dato sobre la pervivencia de ETA nadie lo puso en duda y la actuación responsable frente a esta realidad habría sido la de combatirla sin circos mediáticos que buscaban ocultar episodios mucho más deplorables en los que a los asesinos no se los perseguía con la acción policial sino que se les protegía de la misma.

El uso político del éxito de la guardia civil que ha realizado el PSOE no debería hacernos olvidar que el caso del chivatazo sigue sin aclararse y que mientras no se resuelva, no podrá articularse una política antiterrorista integral que sea capaz de combatir a ETA con credibilidad y eficacia.


Libertad Digital - Editorial

Una pregunta molesta. Por Félix Madero

SI Zapatero conociera los fundamentos de la lidia sabría que la suerte de varas es definitiva por premonitoria. Si supiera que en el varilarguero están la medida del toro, su fuerza, nobleza y bravura; si supiera que es ahí donde se le descubre, pero también la que le permite irse arriba, la que le desnuda como manso, despistado, confundido y sin ganas de pelea; si supiera esto, hubiera tomado la pregunta de la periodista, que tanto le molestó el viernes pasado, como una vara que le daba la oportunidad de crecerse y mostrar que más allá del trapío que dan los buenos gestos y un traje bien cortado hay algo más que palabras.

Al presidente le incomoda que se cuestione que un país de parados reparta recetas para la recuperación de Europa, incluidas Francia y Alemania. Le fastidia que sea una periodista española la que pregunte delante de los presidentes Van Rompuy y Durao Barroso. Y en vez de explicar por qué dice lo que dice, se asusta y se va del peto del caballo camino de la querencia, allí donde van los mansos que sólo ofrecen peligro al defenderse. Fraga hubiera dicho eso de «usted pregunte lo que quiera que yo responderé lo que me dé la gana». En La Moncloa, rodeado de funcionarios y asesores serviles, el presidente no entiende cómo se le pueden hacer estas preguntas. Todavía estamos así, avanzando lenta e inadecuadamente.

El presidente y los que aspiran a serlo no saben que la compañera hizo algo que se hace cada vez menos: preguntar con fundamento. Recordó que el periodismo existe para eso, para preguntar, que este oficio es hacer preguntas, cuanto más incómodas, mejor. Sí molestamos; sí tenemos el acierto de poner nervioso al que manda que se aguante, llámese Zapatero, Rajoy o Rouco Varela. En realidad, la periodista le dio a Zapatero una oportunidad que no supo aprovechar. Faltaron casta, bravura, nobleza, y sobró trapío. Lo de siempre, mucha fachada: toros comerciales para toreros de salón. El ruedo ibérico de siempre.

Hartos de ruedas de prensas que son purita propaganda, de respuestas absurdas y huecas. Aburridos de dirigentes sin discurso, que leen las respuestas porque saben las preguntas. Mosqueados con compañeros que se prestan a la pregunta inducida por una asesor y que el político espera. En fin, algo que debería ser normal entre nosotros hizo grande el oficio de periodista. Si Zapatero se cabreó por la pregunta, díganme dónde hay que firmar. Que alguien le explique que no hay preguntas indiscretas; las respuestas lo son. Que le recuerden que los animales son buenos amigos del hombre porque no hacen preguntas. Y, por favor, que le digan que sigue sin responder cómo un país con cuatro millones de parados enseñará a los demás el camino de la recuperación. ¡Coño con la preguntita!


ABC - Opinión

domingo, 10 de enero de 2010

La estratosfera por la que andamos. Por Fernando Jáuregui

Alfonso Guerra es, y quien lo dude se equivoca, un gran político. Otra cosa es la valoración que cada cual pueda hacer acerca de cómo aplica sus capacidades. Pero tiene veteranía y la ambición, desde que Zapatero le negó ser presidente del Congreso, controlada. El cupo de importancia lo tiene ya cubierto; por eso, sus declaraciones han de tomarse con una dosis considerable de respeto, por mucho que el histrionismo del personaje, hoy matizado, a veces altere el porcentaje de equilibrio de sus palabras. Dice de la política catalana en general, y me parece que del president Montilla en particular, que está(n) "en la estratosfera" por sus ataques a la aún nonnata sentencia del Constitucional sobre el Estatut. Yo creo que tiene razón el ex "número dos" de Felipe González y actual presidente de la Comisión Constitucional de la Cámara Baja: el president de la Generalitat es una de esas figuras políticas increíbles, cuyo vuelo rasante hace bueno aquel remontarse excesivamente alto de su predecesor, Pasqual Maragall. Montilla nunca incurrirá en una "maragallada", pero jamás albergará en su alma una grandeza. Me parece, como lo fue Maragall, una desgracia para Cataluña, como me temo que se comprobará algún día. Y sospecho que perderá el sillón en las próximas elecciones, porque su tripartito es, desde hace tiempo, inviable. Y su liderazgo político, imposible.

Montilla -y lo que es más lamentable, personajes políticos tan importantes y solventes como el "conseller" de Economía, Antoni Castells_ está poniendo en un riesgo, como jamás ocurriera con Jordi Pujol, la cohesión del Estado. Y todo por su pugnacidad en defender la literalidad de un Estatut que a nadie le preocupa: el texto está en vigor desde hace tiempo, se aplica con mayor o menor normalidad y soportará que el Tribunal Constitucional, en la sentencia más esperada de la Historia, diga que Cataluña no puede ser definida como nación, sino como nacionalidad. O precisiones similares, que, en el fondo, a nadie quitan el sueño y en nada van a variar la realidad de las cosas.

Montilla -y, lo que es más triste, otros personajes políticos del futuro, no del pasado_ cree que el Estatut hace ganar o perder votos en Cataluña y que, por tanto, hay que defender la literalidad de su texto a capa y espada. Como si, a estas alturas, la sentencia del Constitucional fuese a cambiar el estado -lamentable_ de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Sí, están en la estratosfera, como dice Guerra. No solamente Montilla, o Castells, o Artur Mas, o Puigcercós, sino buena parte de la sociedad civil catalana, que se ha dejado arrastrar por esta torrentera. ¿Y el PP? El PP catalán, está claro, no conecta con la mayoría de la población ni con sus aspiraciones nacionalistas, pero eso siempre ha sido así. Cataluña, me lo advertía, poco antes de morar, aquel inmenso político que era Francisco Fernández Ordóñez, quien me parece que contagió su idea a Adolfo Suárez, no es lo mismo que el País Vasco. En Cataluña casi todos son más o menos nacionalistas, quizá un poco independentistas si las cosas no se hacen como es debido. El gran riesgo para España como Estado reside en Cataluña, me decía el inolvidable "Paco". NO en Euskadi.

Montilla -y, lo que es más preocupante, la mayor parte de la clase política catalana_ no hace las cosas como es debido. Carece de la lealtad constitucional que reclama el respeto a las sentencias del Tribunal Constitucional, por muy devaluado que haya quedado el dichoso Tribunal. Y así andan todos, en pos de la entelequia, jorobando al personal y empozoñando la ética y la estética política.

En lo que Guerra se equivoca es en limitar el pensamiento estratosférico a Montilla, a su Govern o a la clase política catalana en general. La estratosfera, o Babia, se extiende como un magma insoslayable por buena parte de la carcundia política nacional a la que damos, los leales y bienpensantes ciudadanos, el pan y la sal. No se entienden, si no, esos fastos europeístas tan alejados de la Europa de los ciudadanos y tan cercanos a la Europa de los prebostes; ni el combate que el Gobierno ha iniciado, en defensa de la Sociedad de Autores, contra los usuarios de Internet. No se entiende, si no, la mayor parte de los titulares de las portadas de los periódicos, que hablan de una clase política instalada en la irrealidad: ahí tiene usted esa polémica entre diversas autonomías acerca del tamaño de los ordenadores que se entregan a nuestros escolares. Si eso no es andar, como Arsmtrong, por la luna, entonces, ¿qué es? Pues eso: en la estratosfera es donde estamos. A Guerra, que tanto sabe de estas cuestiones, tenemos que agradecerle el diagnóstico. Aunque se haya quedado corto.


Periodista Digital - Opinión

La prohibición del burka

EL debate iniciado por presidente francés Nicolás Sarkozy sobre la creciente presencia en las sociedades europeas de musulmanas que, casi siempre obligadas por sus familiares, se visten con burkas o nijabs, de modo que todo su cuerpo queda oculto tras el ropaje, está destinado a marcar una tendencia en un problema que tarde o temprano puede ser de actualidad en toda Europa. El burka es una indumentaria degradante que manifiesta un sometimiento injusto de la mujer, y es normal que su proliferación en calles y plazas haya causado un efecto inquietante, más aún en pleno debate sobre la definición de la nacionaliad francesa.

El burka se considera erróneamente como una expresión puramente religiosa, en cuyo caso podría merecer respeto como una íntima opción confesional. Sin embargo, tiene sobre todo una dimensión exterior, destinada a la sociedad ante la que esa vestimenta se exhibe y que manifiesta un afán de distancia o incluso de rechazo hacia los usos habituales de la colectividad de acogida. Un burka es una expresión pública del apego -en cierto modo fanático- a la tradición cultural o religiosa de la que estos ciudadanos provienen y de resistencia activa a formar parte de la secularizada sociedad europea.

Algunos creen que no se necesita una ley específica que lo prohíba, dado que ya existen normas ordinarias que impiden a los ciudadanos ocultar completamente su rostro. En todo caso, si se considera que es legítimo defender el uso de determinada vestimenta a pesar de la conflictividad social que pueda acarrear, más legítimo debería ser que el Estado proteja aquellas actitudes que promueven la integración de las distintas colectividades y defienden la dignidad de la mujer frente a actitudes degradantes. Francia prohibió en su día el pañuelo con el que muchas musulmanas se cubren el pelo, precisamente para no entintar el concepto de la laicidad del Estado en la conciencia de los escolares. Ahora se trata de mujeres mayores de edad y del espacio público, algo mucho más delicado desde el punto de vista de las libertades individuales. Pero este no es en ningún caso un problema de libertad religiosa. Lo que está en juego es algo muy distinto.


ABC - Opinión

La década perdida. Por Jesús Cacho

Como es norma cuando de calificar periodos de estancamiento económico se trata, también en España se empieza a hablar de los primeros 10 años de este siglo como de la “década perdida”. En voz baja, no vaya a ser que se enfade quien desde el BOE reparte las subvenciones, y echando la culpa al empedrado, es decir, a Madoff y compañía. Lo ocurrido aquí, sin embargo, es bien conocido y sus responsables tienen nombres y apellidos. Frente a la herencia económica recibida en marzo de 2004, las dos legislaturas del PSOE han devenido en la peor crisis económica registrada desde 1947, traducida en la pérdida de todas las ganancias de convergencia real –renta, riqueza y empleo- cosechadas desde el inicio del ciclo expansivo 1996-2007. Y lo peor es que esto no ha terminado. El perfil cíclico de la economía española es en L no en V, lo que equivale a decir que la recesión en curso vendrá seguida de un periodo de estancamiento con tasas de crecimiento entre el 1% y el 1,5% durante toda una serie de años y mucho paro.

Ello porque España combina dos graves desequilibrios: un alto endeudamiento de familias y empresas con un descomunal déficit público, algo que, en un marco de recesión primero y de bajo crecimiento después, genera un escenario explosivo que alienta la sospecha de que la economía española va a encontrar serias dificultades para atender sus compromisos de pago. Las razones son claras: la interacción entre los desequilibrios macro y micros acumulados durante la fase expansiva del ciclo, la profundidad de la recesión con su impacto sobre renta y riqueza de familias y empresas y sobre el sistema financiero, se retroalimenta y conduce a un círculo recesivo de dimensiones inéditas en lo que a intensidad y duración se refiere.

Desde esta perspectiva, nuestra economía está abocada a un escenario mucho más parecido al de una depresión que al de una recesión. De hecho, y a pesar de la fuerte corrección a la baja experimentada en 2008 por las principales variables macro, España no está ni a mitad de camino del proceso de saneamiento que haría posible pensar en un suelo para la dinámica de ajuste en curso. Ni la economía real ni el sistema financiero han absorbido en su totalidad el impacto de la recesión. Así pues, será imposible volver a tasas de crecimiento del 3% en esta legislatura y, en consecuencia, resultará inevitable alcanzar cifras de paro muy elevadas. El resultado final devendrá en un empobrecimiento sustancial de las familias, particularmente las clases medias, que, en promedio, perderán la mitad de su riqueza en el próximo bienio. La crisis no ha tocado fondo. Se halla en sus inicios y lo peor está todavía por llegar.

Embebido en el engaño de un Gobierno que no tiene otro programa que no sea enmascarar la realidad, los españoles siguen sin ser conscientes de las consecuencias que sobre su nivel de vida va a tener, está teniendo ya, la recesión en curso, engaño que contribuyen a mantener los grandes beneficiarios del Régimen, un grupo de millonarios apalancados en la subvención, los nada Cándidos sindicatos, y los dueños del agit-prop mediático. La realidad, sin embargo, es que restaurar la competitividad perdida por la acumulación de un diferencial de inflación y de costes laborales unitarios respecto a nuestros socios comerciales reclama un ajuste brutal y general de precios y salarios, algo que está ocurriendo por el lado del IPC, pero no, desde luego, de los costes laborales, que deberían caer en torno a un 20% para recuperar competitividad. En una economía rígida como la española, eso es imposible: es casi un axioma que en España los salarios solo pueden crecer. De hecho, lo están haciendo a causa de la caída del nivel general de precios, lo cual fortalece las tensiones recesivas y potencia el impacto destructor de empleo de la recesión. La consecuencia es que el ajuste se está haciendo vía destrucción de puestos de trabajo y de cierre de empresas, proceso imparable en una unión monetaria en la que es imposible mover el tipo de cambio.

Un retroceso material que es también cultural

El deterioro de las expectativas económicas, el aumento del paro, la erosión de la riqueza y de los ingresos del trabajo, y la contracción del crédito, hace insostenible el endeudamiento de las familias. Según datos del Banco de España, entre 2006 y 2008 la deuda de los hogares ha crecido casi un 24%, mientras su riqueza ha descendido en más de un 22%. Lo cual conduce a una caída muy potente del consumo familiar y a crecientes dificultades para afrontar el pago de sus deudas. Lo mismo ocurre con las empresas, obligadas a una liquidación masiva de activos a valor de mercado, o lisa y llanamente a la quiebra o suspensión de pagos por falta de crédito. Y es que el ciclo recesivo retroalimenta los problemas de bancos y cajas, deteriorando su capacidad para intermediar los flujos financieros y facilitar la salida de la recesión. El corolario es que el PIB crecerá en el entorno del 1% en lo que resta de legislatura, una tasa incompatible con la reducción del paro y la creación de empleo.

Con el riesgo añadido de default para el año que ahora comienza, consecuencia del elevado déficit público provocado por los planes de estímulo presupuestario, los costes del salvamento de cajas y bancos y, sobre todo, el colapso de los ingresos causado por la recesión. El sumatorio va a crear graves tensiones de financiación a unas Administraciones Públicas que, aunque dispuestas a pagar el diferencial que sea necesario para obtener recursos, van a ser observadas con lupa: los mercados, muy capaces de sumar deuda pública y privada, podrían llegar a preguntarse sobre la capacidad de pago de una economía muy endeudada, con una recesión aguda y sin perspectiva de salir de ella en el corto y medio plazo.

Preguntado una vez en Montevideo por el significado real de la palabra default, el economista argentino Ricardo López Murphy respondió que equivalía no solo a una pérdida de nivel de vida, sino también a “un retroceso cultural” que implicaba, que implica aquí y ahora, retroceder 20 años en el desarrollo, aceptar que somos un 30% más pobres, que no podremos pagarnos muchos de los grandes o pequeños caprichos de antaño, que habrá menos viajes, menos veraneo, menos restaurantes, menos ropa nueva, menos coches alemanes, peores servicios públicos, más hijos obligados a buscar en el extranjero las oportunidades que no encuentran en España, más agricultores abandonando el campo, más industrias quebradas, más comercios cerrados, menos movimientos comerciales y financieros… Más pobreza.

Zapatero o la socialización postmoderna de la teoría de las elites

Hace justamente un año titulé esta crónica con un explícito “España, camino de perdición”. Los temores de entonces se van cumpliendo con precisión matemática. Es ya un lugar común afirmar que la recesión de caballo que padecemos nos ha llegado en el peor momento posible, en una fase de profundo agotamiento del Sistema salido de la transición y con la clase política más mediocre de las últimas décadas. Las consecuencias de los atentados del 11 de marzo de 2004 adquieren cada día mayor relevancia, porque, inducidos por aquella tragedia, una mayoría de españoles decidió poner el Gobierno de la nación en manos de un individuo claramente incapacitado para la importancia del reto. El resultado de aquel error, reiterado cuatro años más tarde, está llamado a tener consecuencias muy dolorosas para el nivel de vida de los españoles y para la propia idea de España como nación. No solo es la pérdida de imagen sufrida por la marca España en el exterior; es que esa carencia de sustancia retroalimente en el interior las pulsiones de quienes ambicionan corralito propio, como demuestra lo que está ocurriendo en Cataluña.

Rodríguez Zapatero es una desgracia para España, como lo sería para cualquier país desarrollado del mundo occidental. Según las tesis de Martin Heidegger, el filósofo simpatizante del partido nazi, un pueblo logra su identidad solo a través de sus Gobiernos, de la misma forma que llega a su cénit únicamente en las personas de sus dirigentes. Con una consecuencia dual: la miseria o la gloria. Pero, ¿es ZP la medida de la conciencia intelectual y moral del pueblo español? ¿Se merecen los españoles a Zapatero? Estamos ante la famosa “teoría de las elites”, pero al revés. En la socialización postmoderna de las tesis de Pareto, Mosca, Michels y demás familia, según las cuales la tarea de Gobierno pertenece a minorías dirigentes, elites supuestamente mejor preparadas, que se alternan en el uso y abuso del Poder. El propio ZP se encargó el viernes de recordárnoslo: “España puede hablar de economía y presidir la UE. Todos podemos participar y liderar”. Él es la prueba irrefutable del aserto.

Y algo deberán hacer los españoles –desde luego también los italianos y europeos en general- para impedir que personas sin una solida formación académica, sin la menor experiencia gerencial, sin un contrastado código de valores democráticos, sin idiomas, sin viajes, sin sentido del ridículo, puedan llegar a la presidencia del Gobierno. De momento, toca esperar. Dos años por delante para completar el daño de dos legislaturas que van a retrotraer a España a niveles de bienestar y riqueza de hace décadas. La presidencia española de la UE será, por eso, una desgracia añadida más. La tentación de entregarse a la orgia de fastos, gestos y gastos, con olvido de los problemas internos, resultará de todo punto imposible de resistir para un tipo que solo sabe de operaciones de imagen montadas sobre el embeleco colectivo. Y que no falte el humor: ¡Zapatero quiere arreglar la crisis económica europea…! ¿Saldremos de esta? Dijo el célebre J. J. Rousseau, padre putativo de toda revolución que se precie, que “el destino de los pueblos que carecen de libertad es llegar a ser gobernados un día por niños, por monstruos o por imbéciles”. Los españoles hemos conocido reyes capaces de reunir en su sola persona esa triple condición. Durante 40 años sufrimos también a un monstruo. ¿Ha llegado el momento de la tercera especie?


El confidencial - Opinión

La conjunción (a Leire Pajín con cariño). Por Andrés Aberasturi

En realidad esto no ha hecho más que empezar, así que tranquila Leire, llevamos apenas unas horas y el futuro nos aguarda para entrar en la Historia de la humanidad. Ya he leído lo del Financial Times y otros comentarios del mismo estilo, pero ya se sabe que nos tienen manía y envidia, así que ni caso. Lo importante es que tu vaticinio ha echado a andar hace unas horas y la Galaxia toda espera grandes cosas de esa conjunción Zapatero-Obama.



Lo del Teatro Real estuvo bien; debió costar una pasta, pero merecía la pena por dos cosas: la primera para borrar esa gamberrada impresentable de Mr. Bean suplantando al gran líder en página web (que costó otra pasta) y la segunda -y esta es la más importante, compañera- porque un acto tan significativo estuvo de par en par abierto al pueblo; no es que el pueblo tuviera acceso al Teatro Real, claro, pero se le dio la oportunidad de seguirlo en grandes pantallas a unos cuantos grados bajo cero. Si la respuesta no fue masiva, a nadie se le puede culpar sino a este maldito frío que no deja títere con cabeza ni parado en la Puerta del Sol contemplando a Tamara Rojo. El Poder, arropado en el teatro Real, se acordó una vez mas de los menos favorecidos y les puso las pantallas para que lo vieran mientras se trajelaban un bocata de chope y es que los españoles todos sabemos mucho más que el Financial ese y somos conscientes -gracias a ti- de la gran oportunidad que para la Galaxia supone la presidencia de España de la UE.

¿Que Obama no ha cerrado Guantánamo, sigue con la guerra en Irak y manda más tropas a Afganistán? Normal; tampoco se le puede pedir que cambie el mundo en seis días. Nosotros por el contrario vamos a toda velocidad aunque no sepamos muy bien hacia dónde. La formidable Ley de Economía Sostenible se ha puesto en marcha y los cuatro millones de parados ven con alivio y esperanza que lo primero, lo más urgente al parecer, es cerrar las páginas web donde el personal se descarga por la cara lo último de la Pantoja. Y así no se hace país.

Tú tranquila, Leire; si ladran es que cabalgamos y si cabalgamos a alguna parte llegaremos. Además jugamos con ventaje: como estamos los últimos de la tabla europea en crecimiento y paro, lo único que podemos es mejorar y si pese a la puesta en marcha de esa increíble genialidad que es la ley de Economía Sostenible, aun vamos a peor, ya se sabe: recordar que los últimos serán los primeros y si alguien pregunta en qué, se le llama poco patriota y punto.

El mundo, como tú anunciaste, está a punto de cambiar y resulta increíble que la gente se entregue a las rebajas en lugar de sentarse a contemplar el milagro. Por cierto y hablando de milagros: que lo de tu madre y sus amigos de Benidorm es magnífico, todo un ejemplo de fe y de principios: dados de baja del PSOE, siguen contribuyendo de corazón con 130 euros cada uno para la buena marcha del partido al que ya no pertenecen. Creemos en ti Leire, en ti y en el Gobierno del Gran Líder y no nos van a engañar desde fuera y desde dentro (el enemigo está en todas partes) con esos datos de deuda externa, bajo consumo, aumento del paro etc. Esperamos el milagro de la conjunción. Yo cada noche me asomo a la ventana y miro al cielo para ver la señal. Por ahora sólo nieva y hace mucho frío.


Periodista Digital - Opinión

¿Cerrará Zapatero Google, Yahoo o Elpais.com?

La disposición “antidescargas” de internet, incluida en el anteproyecto de ley de economía sostenible, es innecesaria, extemporánea y de más que dudosa constitucionalidad por cuanto afecta a un derecho fundamental como el de transmitir y recibir información libremente lo que, por su propia naturaleza, ha de ser regulado forzosamente mediante una Ley Orgánica aprobada en el parlamento por mayoría cualificada.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se dispone, una vez más, a menoscabar la libertad de los ciudadanos mediante una ley absolutamente disparatada. Salvo los grupos de presión de la izquierda española, no existe la menor “demanda social” que exija al Gobierno tomar cartas en este asunto. Zapatero utiliza el poder coactivo del Estado para beneficiar a aquellos que más se han significado en los ataques a su rival político y que, de esa forma, contribuyeron a llevarle a La Moncloa. No ha tenido ni el detalle siquiera de tener en cuenta la opinión de los expertos, basada en abundantísima jurisprudencia, según la cual no existe el menor delito en intercambiar archivos sin ánimo de lucro utilizando las nuevas tecnologías.

El Gobierno se retrata, además, utilizando una novedosa fórmula procesal para cerrar o cancelar páginas webs en el plazo récord de cuatro días, mientras que en asuntos que sí afectan realmente a los derechos de los ciudadanos la Justicia languidece convirtiendo en irreparables los daños provocados por delincuentes perfectamente identificados. Es fácil suponer la perplejidad que esta medida de Zapatero habrá causado, por ejemplo, en las familias que han visto sus viviendas asaltadas por ocupas y siguen tras largos meses impedidos de hacer uso de su propiedad sin que la administración de justicia sea capaz de restituirles en sus derechos legítimos. En la España de Zapatero se puede asaltar la propiedad ajena mediante la violencia y usarla al antojo durante meses, mientras que si se intercambia un fichero de mutuo acuerdo y sin que medie afán de lucro la Audiencia Nacional impondrá una dura sanción en menos de una semana.

La oposición, mientras tanto, se deja engatusar nuevamente en la vieja táctica socialista, consistente en poner sobre la mesa una barbaridad mayúscula, como la ocurrencia de la pobre ministra de Cultura de permitir a un órgano administrativo ordenar el cierre de una página de internet, para acto seguido atenuar el revuelo provocado suavizando los perfiles más escandalosos y dando una imagen de falsa moderación que el PP saluda como un triunfo de la sensatez. Lo que sucede, en última instancia, es que los aspectos sustantivos de la política de Zapatero permanecen inalterables, que es precisamente lo que un partido serio con aspiraciones de gobernar debiera impugnar por todos los medios a su alcance, en lugar de jugar a la abstención para intentar pasar desapercibido en la batalla.

Y como en la España actual cualquier coacción totalitaria tiene perfecto acomodo, es más que previsible que este ataque a los derechos fundamentales de los ciudadanos adquiera finalmente carta de naturaleza aunque para ello resulte necesario modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial, de forma que el órgano encargado de perseguir el terrorismo y el narcotráfico tenga como competencia añadida la defensa de los intereses de Teddy Bautista y la banda de la ceja.

Por nuestra parte seguiremos muy atentos el desarrollo de esta normativa y los primeros casos de su aplicación práctica, entre otras cosas porque en los medios de comunicación distinguidos por su filiación de izquierdas se practica habitualmente la actividad que Zapatero y su recusada ministra de cultura se han propuesto prohibir. Es el caso de la web del diario El País, cobijo de un blog excelente que facilita los medios para localizar los sitios desde los que se pueden descargar las películas y series sobre las que sus autores realizan críticas cinematográficas.

Si es cierto que Zapatero quiere prohibir las descargas de internet de forma indiscriminada esperamos que comience por los medios más cercanos, pero no antes de ordenar el cierre inmediato de Google o Yahoo, a través de cuyos sistemas de búsqueda se pueden localizar con suma facilidad los enlaces para descargar todo tipo de archivos en la web.

A ver si el juez Garzón resuelve pronto los problemas judiciales en los que está inmerso por sus actividades privadas y nos brinda el espectáculo de ver a la justicia española intentando cancelar la página web más visitada del planeta. Será otro jalón excelente en las credenciales de Zapatero para presidir este semestre la Unión Europea


Libertad Digital - Editorial

De Potemkin a Zapatero. Por José María Carrascal

¡QUÉ oportunidad hemos perdido de dar una lección a los europeos, de demostrarles que no somos torpes ni ridículos, sino tan realistas como ellos, y reaccionamos mejor que ellos cuando las circunstancias aprietan!

¡Y con lo fácil que hubiera sido! Hubiese bastado que la ceremonia de trasmisión de poderes en la presidencia europea se hubiera limitado a un escueto protocolo de gestos y mensajes, acordes con la situación y prueba de que estamos de verdad dispuestos a liderar la salida de la crisis.

Pero no. Una vez más, nos ha salido el español arrogante y ostentoso, imprevisor y exagerado, más preocupado por la apariencia que por la substancia, capaz de gastarse el sueldo en deslumbrar al vecino, aunque no le quede para acabar el mes.


Los tiempos que corren aconsejan modestia y ahorro, sobriedad y comedimiento. Pero la forma como el Gobierno español está celebrando la presidencia europea -una presidencia efímera, además de compartida, que ni siquiera es la primera ni será la última- es todo menos austera. La recepción inaugural más parecía una feria gastronómica que un acto político: 1.500 invitados, todas las variedades de la cocina española, todos los quesos, embutidos, vinos, tartas y tortas de nuestra geografía, espectáculo final por todo lo alto. Algo que no encaja con el déficit galopante y con los cuatro millones de parados, para los que incluso puede ser una ofensa. A lo que seguirán 350 encuentros, entre ellos ocho «cumbres», lo que ya está levantando problemas de competencia con Van Rompuy, según el «New York Times»...

Aunque, se veía venir. Desde el primer día, Zapatero ha hecho de su presidencia de turno europea una gran plataforma de autobombo. Once millones de euros para la página web, cien mil en corbatas y pañuelos, recepciones multitudinarias y faustos por doquier. En Bruselas se va a comer más jamón en los próximos seis meses que en España y la Comunidad Europea no va a conocer presidencia más rumbosa que la nuestra. Todo, para demostrar a los europeos lo bien que está llevada España. Cuando demuestra justo lo contrario: que seguimos tirando la casa por la ventana.

Desde aquel Grigori Alexandrovich Potemkin, el favorito de Catalina de Rusia que hacía transportar las bambalinas de pueblos impecables por donde pasaba la zarina, para que los tomase por verdaderos, no se había conocido en Europa tramoya semejante. Puede incluso que en vez de los «poblados Potemkín» empiece a hablarse de «presidencias Zapatero», como sinónimo de política ficción.

¿Cree que podrá engañar a los europeos como a los españoles? Al parecer, sí. En otro caso, los hubiera despachado en su toma de posesión con un frugal: «Señores, en tiempo de crisis, recepciones de cuaresma». Una copa de vino español, y al despacho. Con lo que se hubiera acabado lo de Mr. Bean.


ABC - Opinión

El síndrome del Coronel Tapioca. Por Arturo Pérez Reverte

Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario Pueblo los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse.

Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto. Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.


XL - Semanal

sábado, 9 de enero de 2010

Climategate en la TV finlandesa

Tres vídeos de un reportaje emitido por la televisión finesa y subtitulados en español por el grupo del blog Plaza Moyúa

La noche del Jueves, 19 de noviembre, aparecieron en un servidor de Internet en Rusia archivos de datos internos y copias de los correos electrónicos del centro de investigación climática británico C.R.U. La filtración puso en evidencia el funcionamiento interno de CRU, un bastión de científicos del IPCC, defensores del Global Warming, así como el cúmulo de errores, engaños y presiones efectuados por ellos sobre los científicos que no coincidían con ellos.





Mr. Bean entra en acción. Por Emilio J. González

Zapatero ha entrado en la presidencia de la UE como Mr. Bean, destrozando todo lo que encuentra a su paso. Lo malo es que mientras el personaje cómico británico al final sale siempre bien parado, a ZP no le va a pasar lo mismo.

Si alguien tenía alguna duda acerca de que la seriedad en la España de Zapatero brilla por su ausencia, el estreno de ZP como presidente de turno de la Unión Europea la ha despejado por completo. Vamos, a quién que no sea él se le ocurre decir que hay que sancionar a los países que incumplan sus planes de estabilidad cuando la primera nación que va a faltar a sus compromisos con la UE es, muy probablemente, la que preside él, por desgracia para nosotros, los sufridos españoles. Es como si un convicto de robo pidiera el endurecimiento de las penas por latrocinio, o sea, algo inimaginable. Pero con Zapatero –con él y de él– ya se puede esperar cualquier cosa, especialmente después de aquello de la Cumbre de Copenhague, a lo ‘Indio Lelo’ como decía César Vidal, de que la Tierra no es de nadie, sino del viento. Ahora, por lo visto, debe creerse que él es presidente de la Unión Europea porque ha ganado unas elecciones, o porque ha sido nombrado por aclamación popular dada su enorme talla de estadista internacional, cuando lo cierto es que desempeña en la UE ese papel porque es el presidente de un país al que, por el sistema de presidencias rotatorias a partir del listado alfabético de Estados miembros, le ha tocado estar al frente de los destinos comunitarios durante seis meses. Si el síndrome de La Moncloa alejó a González y Aznar de la realidad, en Zapatero ha hecho verdaderos estragos.


¿Alguno de los asesores monclovitas se ha enterado de la factura que tendría que pagar España si se aplicara lo que dice ZP? Pues permítanme que les instruya en un momento. Según el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, la sanción a cada país que incumpla sus planes de estabilidad es del 0,2% del PIB más la décima parte de la diferencia entre el nivel de déficit del 3% del PIB y el desequilibrio de las cuentas públicas que experimente dicha nación. Si esta regla se le aplicara a España en estos momentos, tendríamos que aportar a las arcas comunitarias una cantidad equivalente al 1,2% de nuestro PIB, como si no tuviéramos ya bastante problemas con nuestro ‘agujero’ fiscal, que con este Gobierno no hay manera de reducirlo, con los largos años de depresión que tenemos por delante y con la debilidad de nuestras finanzas que nos puede llevar a la suspensión de pagos, según temen cada vez más y más analistas. Dice el refrán, muy sabiamente, que en boca cerrada no entran moscas. ¡Qué bien hubiera estado Zapatero quedándose calladito! Porque lo que acaba de decir, en el mejor de los casos, va a provocar hilaridad en toda la Unión Europea, en todo el mundo.

ZP se ha atrevido a criticar a una periodista española que ha puesto en cuestión su capacidad para liderar la UE, después de que toda la prensa internacional haya hecho lo mismo a lo largo de los últimos días. Con declaraciones como la que ha hecho desde luego deja bien claro que no está a la altura de las circunstancias ni del cargo institucional que, por ironías del destino, le toca desempeñar en esta primera mitad de 2010. Y encima sigue insistiendo en eso de que estamos a punto de salir de la recesión. Sí, estaremos a punto de ello, pero también estamos al borde de la suspensión de pagos y, en el mejor de los casos, de una larga y dura etapa de depresión. Ya lo dijo recientemente el secretario de Estado de Economía, el señor Campa, que hasta 2015 no bajará la tasa de paro al nivel del 8%, y eso suponiendo que nos coloquemos en el mejor de los escenarios posibles para la economía española.

En otras circunstancias, posiblemente todo esto nos movería a la risa. Ahora, en cambio, es para llorar de amargura porque en todo el mundo, y después de la que le ha caído a España en la prensa internacional, se va a mirar con lupa a nuestro país. Y ZP no ha hecho más que confirmar lo que los periódicos y revistas más importantes del planeta han venido diciendo acerca de su incapacidad para liderar nada. Eso nos va a pasar, con toda probabilidad, una factura muy alta en términos de dificultades aún mayores para financiar nuestra economía y nuestro déficit público porque, ¿qué inversor se arriesgaría a colocar su dinero en esta España? Como si ya no tuviéramos bastante con nuestros graves problemas económicos y los que además nos crea este Gobierno. Vamos, que gracias a EuroZP podemos estar uno o varios pasos más cerca de la bancarrota del país.

Zapatero ha entrado en la presidencia de la UE como Mr. Bean, destrozando todo lo que encuentra a su paso. Lo malo es que mientras el personaje cómico británico al final sale siempre bien parado, a ZP no le va a pasar lo mismo. Y los destrozos que ya empieza a ocasionar los vamos a tener que pagar todos los españoles a base de mucho paro y mucha pobreza.


Libertad Digital - Opinión

El maestro Ciruela abre en Europa una escuela. Por Pablo Molina

Zapatero es el gobernante que ha provocado en cualquier país la mayor devastación política, económica y social en el menor tiempo posible, lo que no le impide proponer una agenda al resto del continente por una década.

Zapatero es un personaje irrepetible al que algún día la psiquiatría clínica deberá analizar para provecho de las generaciones futuras de estudiosos de la mente humana. La realidad no tiene para él ningún valor, de hecho no existe en lo que a él respecta, y si en algún caso los hechos contravienen sus predicciones con tozudez, su respuesta es persistir en el error con mayor terquedad. Un tipo cojonudo nuestro presidente.

De joven tuvo que ser absorbido por un vórtice cuántico que le alejó definitivamente del espacio-tiempo en el que se desarrollan los fenómenos físicos, de ahí que a sus cincuenta años siga creyendo sinceramente que sus deseos transforman la realidad y la de los que le rodean. Un tipo así dedicado a la venta ambulante es peligroso; como presidente del Gobierno es letal.


Cuando el proceso rotatorio anunció la llegada de Zapatero a la presidencia de la UE, los medios de comunicación extranjeros soltaron la gran carcajada, mayormente porque La Secta no emite para el resto del continente y, aunque lo hiciera, su audiencia sería previsiblemente igual de lamentable, así que la imagen que el presidente tiene fuera de nuestras fronteras es, a diferencia de España, completamente fidedigna. Ahora bien, después de este primer anuncio de Zapatero sobre lo que pretende hacer con Europa la risa se habrá convertido en un rictus de estupor mezclado con miedo a partes iguales. Este tío va a dejar Europa que no la va a conocer ni la progenitora B que la alumbró (por no seguir las recomendaciones del Gabinete de salud reproductiva). Y si a los ciudadanos europeos les gusta su actual forma de vida peor para ellos.

El problema de Zapatero es que su capacidad destructiva en Europa va a ser mucho más limitada que dentro nuestras fronteras, donde actúa con una patente de corso que nadie le ha expedido, porque también en democracia existe un Estado de Derecho que vincula a los gobernantes; a ellos en primer lugar. Otra cosa es que las instituciones garantes de la legalidad y la leal oposición miren para otro lado a la espera de heredar el país a beneficio de inventario, en cuyo caso no convalidan el delito sino que, sencillamente, se convierten en sus cómplices.

Zapatero es el gobernante que ha provocado en cualquier país la mayor devastación política, económica y social en el menor tiempo posible, lo que no le impide proponer una agenda al resto del continente por una década con sanciones a los que se salgan de sus recetas: envilecimiento de la política, subida de impuestos, derroche presupuestario, legislación contra la propiedad privada y la familia, idiotización de la infancia y la juventud a través del sistema educativo y creación de una casta de pesebristas que agiten las masas a su favor. Si no fuera porque la Unión Europea tiene un presidente permanente desde el pasado uno de diciembre y algunos primeros ministros sensatos, la llegada de Zapatero a la presidencia europea sería un nuevo Lepanto con el resultado invertido. En todo caso, está bien que la izquierda europea conozca de primera mano cómo se las gasta su referente más radical. Hala, a disfrutar el momento, que un semestre pasa volando.


Libertad Digital - Opinión

Nada con sifón. Por M. Martín Ferrand

EN España, donde el olvido sienta sus reales y la desmemoria implanta la ingratitud, le ha dado a todo el mundo por hablar más del pasado que del futuro. También los picadores le tapan los ojos a sus caballerías para que no se espanten con lo que tienen delante, pero ese es un mal sistema. Es algo cívicamente penoso, culturalmente empobrecedor y políticamente perverso. Gracias a nuestro peculiar sistema educativo, tan igualitario como paupérrimo, los nuevos españoles no saben de dónde vienen y, gracias a nuestro pintoresco sistema representativo y diz que parlamentario, los ciudadanos no sabemos lo que nos espera. Esto es el limbo. Desde tan singular posición, lejana de los modos con que se enfrentan a la crisis las grandes potencias europeas y próxima a las prácticas de un campamento de boy scout, el PP ha presentado en el Congreso una Proposición no de Ley con la que pretende una estrategia económica válida para la recuperación del empleo.

Alfonso Sánchez, crítico de cine, cronista social, humorista fino y la carraspera más famosa de los sesenta y los setenta, mantuvo durante años en La Codorniz una sección -«Nada con sifón»- que firmaba como Chistera. La Proposición del PP podría incluirse bajo tan memorable y sonriente epígrafe. Llega con retraso en su exposición de motivos, describe lo obvio y conocido y, cuando llega a lo mollar, se limita a dibujar unas cuantas ideas mostrencas que, en buena medida, están en los planes del Gobierno aunque se hayan quedado en formulaciones platónicas, tímidos intentos y acometidas fallidas. Es la expresión de un PP sin brío, como de vacaciones perpetuas, y muy lejano del partido potente y eficaz, claro de ideas y enérgico en sus realizaciones, que en menos de ocho años fue capaz de transformar la realidad económica de España.

José Luis Rodríguez Zapatero no supo prevenir ninguna de las crisis que ahora nos sofocan, que no es sólo la financiera. Tampoco se enfrentó a ellas con el garbo debido y lo que termina de cerrar el perverso círculo de los temores es que Mariano Rajoy, a quien hipotéticamente podría corresponderle enfrentarse a la resaca de tan triste situación, no parece tener muchas ideas en el zurrón. Como gran rabadán de la derecha, se ha rodeado de pastorcillos inexpertos y fofos después de arrinconar y ningunear a los más sólidos valores de su formación. Él pone la nada y el sifón se da por añadidura.


ABC - Opinión

Paradoja de un charnego acomplejado. Por Federico Quevedo

Hará cosa de tres años, más o menos, algunos de los que diariamente hacemos El Confidencial nos reuníamos en un restaurante de Madrid –el Paradís, al lado del Congreso, para más señas- con el Conseller catalán de Economía, Toni Castells. Fue un encuentro interesante en el que yo al menos descubrí a un político sensato, bastante moderado, más cerca que lejos del liberalismo y, eso sí, profundamente convencido de la necesidad de una mayor asunción de competencias administrativas por parte de la Generalitat. En aquella ocasión Castells se refirió a la gestión de los puertos y los aeropuertos. No lo vimos mal. Al contrario, creo que todos los que participamos de aquel almuerzo coincidíamos en mayor o menor medida en la bondad de la descentralización administrativa como vía para la profundización en la democracia, y es en ese sentido en el que éste que suscribe, al menos, sigue a día de hoy creyendo en la necesidad de un Estado descentralizado o autonómico tal y como se planteó en la Constitución del 78.

Lo cierto, sin embargo, es que de aquel Toni Castells, sensato, moderado y abierto, al Toni Castells que esta semana aplaudía la iniciativa epistolar de su jefe de filas, José Montilla, abogaba por que Cataluña y España se sentaran a hablar sobre la peculiaridad de su relación -lo que de hecho supone negarle a Cataluña su ser como parte de la Nación española-, y responsabilizaba al PP de todos los males que le ocurren a aquella comunidad, como si ellos –el PSC, me refiero- no gobernaran la Generalitat junto a ERC e Iniciativa, entre ambos Castells, digo, media un insalvable foso plagado de cocodrilos y otras bestias producto del imaginario colectivo radical-nacionalista. Da la sensación, y perdonen que lo diga así de claro, de que se han vuelto todos locos. Y mucho, además. Una pérdida de juicio altamente peligrosa, extremadamente grave, porque de la misma surge un ataque sin contemplaciones a la estructura misma del Estado de Derecho, una vulneración de la ley y una violación del espíritu constitucional propios de quienes en otros tiempos se enfrentaron a la legitimidad democrática para imponer un cambio de rumbo, tan lejos y tan cerca como aquel 23-F de 1981.

Y lo que no deja de ser sorprendente es que este nuevo intento de enterrar la legitimidad democrática en beneficio de una idea soberanista del Estado Catalán lo lidere un charnego llamado José y apellidado Montilla, nacido en Iznájar, provincia de Córdoba, en 1955, que a la edad de 16 años se trasladó a vivir a Sant Joan Despí, y que habla catalán peor que Aznar en la intimidad. Con esto no quiero decir, Dios me libre, que de haber pertenecido a una cepa milenaria de parellada, eso le hubiera dado legitimidad para retar al Estado de Derecho, pero no deja de ser curioso como los ‘conversos’ se vuelven mucho más extremistas y radicales en la defensa de principios que no les son propios, una actitud en la que confluyen en la misma proporción los intereses electorales, los complejos y el totalitarismo propio de esa izquierda trasnochada y antidemocrática que aflora cuando siente el acorralamiento de la desafección popular.

Dicho de otro modo: da la sensación de que alarmados por el declive electoral al que les conduce su errática gestión autonómica y la aún más errática gestión socialista a nivel nacional, Montilla y los suyos, cual Rafael Casanova y los Regimientos de la Coronela, se han echado al monte sin encomendarse ni a Dios ni al diablo –o a éste último sí, a lo mejor- en una escalada de tensión con el Estado de Derecho que parece no tener vuelta a atrás, y que está empezando a alarmar a sus propios correligionarios. Ahí está el toque de atención de Alfonso Guerra, a quien por otra parte convendría recordar que todo este lío tiene un solo culpable, José Luis Rodríguez Zapatero, y muchos cómplices, tantos como diputados socialistas avalaron el Estatut en el Congreso, entre ellos el propio ex vicesecretario general socialista. Pero ahora empiezan a ser legión en las filas socialistas los que comprueban cómo los frutos que recogen de la gestión de Rodríguez tienen un sabor profundamente amargo.

De todo lo que está ocurriendo, sin duda, lo más grave no es la amenaza, el chantaje y la deriva totalitaria del nacional-socialismo catalán. Lo más grave es ver como Rodríguez ha conducido al Estado de Derecho a una posición de extrema debilidad hasta el punto de haber dado un paso atrás significativo en la defensa del interés general y de los derechos y libertades de la sociedad civil catalana. Iniciativas como la del charnego Montilla deberían tener una oportuna respuesta por parte de la Justicia en defensa de la legalidad constitucional. Mírenlo así: lo que está ocurriendo en Cataluña es de juzgado de guardia. En un país con un Estado de Derecho fuerte cualquiera esperaría ver actuar de oficio a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado, pero esta España que encara entristecida, dolida y herida en lo más profundo de su alma la segunda década del tercer milenio, apura sin remisión la copa amarga de un infausto destino en manos de Rodríguez Zapatero.


El confidencial - Opinión

Burka. Por Alfonso Ussía

El burka no es sólo repugnante. Es humillante y delictivo. Y amenazador. Algunas naciones más libres y avanzadas que la nuestra se han apercibido de ello. En Francia, hay una firme decisión de prohibirlo. Su uso en la vía pública conllevará una sanción de setecientos euros. Otros países como Italia, Luxemburgo, Holanda y Bélgica han oficializado su veto. En España no. A Bibiana Aído le parece muy bonito que las mujeres de los musulmanes oculten su rostro en muestra de sumisión y obediencia a sus maridos. En una sociedad libre no se puede salir a la calle enmascarado. El juez Gómez Bermúdez supo imponerse en un juicio a una testigo que se negaba a enseñar su rostro. Si las autoridades permiten el uso del burka a estos fanáticos instalados en la Edad Media, tienen que permitir a los naturales de por aquí la máscara, el antifaz, el pasamontañas y el pañuelo vaquero anudado al cuello para moverse tranquilamente en los bancos, las tiendas, los grandes almacenes y las calles y jardines de cualquier ciudad de España. Todos enmascarados, y todos con el derecho de no enseñar nuestros rostros. Las Fuerzas de Seguridad del Estado lo tendrían crudo, pero aquí somos todos iguales, y no hay motivo para permitir a los que viven en la Edad Media el beneficio de un privilegio que se nos niega a los que lo hacemos en el siglo XXI. Mucho hay en esta permisión estúpida y buenista de laicismo barato. En Europa se permite la construcción de centenares de mezquitas, y en los países dominados por el fanatismo musulmán, están prohibidas las iglesias cristianas. Algún día, muy pronto, pagará Europa su tolerancia majadera. Detrás de estas benevolencias está la ciega irresponsabilidad, el esnobismo de aparentar más libertad que la libertad misma, siempre sujeta a unas leyes que ordenan su funcionamiento.

Y las feministas profesionales mudas. Para ellas, el burka es sinónimo de tolerancia y modernidad. Protestan por un par de tetas en un anuncio y callan ante la humillación de una norma que impide a la mujer mostrar su rostro. Le sobra razón al Cardenal Miroslav Vik, Arzobispo de Praga, cuando afirma que la renuncia a defender las raíces cristianas en Europa nos está llevando a una imparable islamización. A ellos no les importan nuestras tradiciones, y menos aún, nuestras leyes. Les importan las suyas y no esconden su objetivo de imposición. Un burka en una calle de Madrid es un insulto. Un insulto a la igualdad del hombre y la mujer, un insulto a nuestra Constitución, un insulto a nuestra educación y un insulto a nuestra cultura. Si quieren tapar a sus mujeres, que se queden en su tierra. Si quieren lapidar a sus mujeres, que lo hagan en sus pueblos. En unos años van a obligar a los cocheros de Sevilla a cambiar sus caballos por dromedarios. Modernidad y alianza de civilizaciones.

O Europa, y España en ella y con ella, reacciona ante el reto del Islam, o dejaremos a nuestros nietos una civilización marcada por la intransigencia, la violencia y el enfrentamiento. Dueños son los musulmanes de sus burkas, sus piedras y sus sogas. Pero en sus países. Aquí las leyes son las mismas para todos, y el que no las cumple, delinque. Admiremos a Francia más por su sentido común y su falta de complejos que por sus quesos.


La Razón - Opinión

Lo irritante no son las críticas, sino los datos

Zapatero considera 'insólito' que se cuestione su capacidad para liderar en Europa la salida de la crisis económica.

UNA ceremonia presidida por los Reyes sirvió ayer para inaugurar oficialmente el semestre de presidencia española de la UE. Antes, el triunvirato que dirigirá el timón comunitario en los próximos meses -el presidente del Consejo, Van Rompuy; el de la Comisión, Barroso; y el presidente de turno de los Veintisiete, Zapatero- compareció para definir los dos principales retos a abordar: el cambio climático y, sobre todo, la crisis económica.


El azar ha querido que sea nuestro Gobierno el que debe impulsar y coordinar las medidas para sacar a la Unión Europea de su atolladero. Sin embargo, ni en una pesadilla hubiera imaginado un escenario peor que el actual. Porque la credibilidad de las recetas que pueda ofrecer Moncloa es prácticamente nula en Bruselas, ya que, mientras los países locomotora de la Unión -como Alemania y Francia- empezaron a crecer en el último trimestre de 2009, España permanece en el furgón de cola de los Veintisiete. Ayer mismo, a Zapatero le debió de costar esfuerzo sonreír durante la gala en el Teatro Real, porque sólo horas antes se habían conocido los datos de Eurostat, y éstos no pueden ser más demoledores.

La oficina estadística europea confirma que somos uno de los pocos países de la Eurozona que siguen en recesión, sitúa nuestra tasa de paro en el 19,4% -a fecha de noviembre- y nos convierte en líderes absolutos de paro juvenil. Así las cosas, resulta chocante que Zapatero -visiblemente irritado por las críticas recibidas- tachara de «insólito» que se cuestione su capacidad para presidir la UE en plena crisis, e invocara los «30 años» de crecimiento sostenido en España. El presidente sabe bien que lo que está en cuestión no es nuestro país, sino la política errática de su Gobierno, responsable en buena medida de lo rápido que se ha evaporado el milagro español al que aludía.

Igual de chocante resulta que la primera propuesta de Zapatero para la Estrategia Económica 2020 -que Moncloa y Van Rompuy pretenden que aprueben los Veintisiete antes de junio, con las directrices para superar la crisis- haya sido la de fijar sanciones para los países que no cumplan con los objetivos comunitarios. Porque, sin entrar en el fondo de la idoneidad de las multas, la realidad es que el déficit de España va camino de triplicar lo permitido por el Pacto de Estabilidad de la UE. Vamos, que o Zapatero tiene algún conejo en la chistera, o ya puede ir abriendo la cartera de todos nosotros, los contribuyentes, para pagar el multazo.

Aunque la presidencia española no arrancó hasta ayer, es innegable que la torpeza del Gobierno, sumada a la crudeza de la realidad, han dejado un prólogo desastroso, en el que incluso lo anecdótico se le ha vuelto en contra. Porque la habilidad de los hackers, hasta conseguir insertar en la web oficial la foto de Mr. Bean, ha permitido hacer toda clase de chanzas y de comparaciones entre su impericia y la de nuestro presidente. Durísimas han sido también las críticas de medios como el Financial Times -«Una España torpe guiará a Europa»- o The Economist, que no ha dudado en burlarse de que Zapatero vaya a ser quien solucione la crisis del continente.

Tampoco ha sido alentadora su decisión de parapetarse tras ese consejo de sabios formado por Delors, Felipe González y Pedro Solbes. Si a ellos hay que encomendarse para volver a crear empleo, sólo cabe echarse a temblar. Igual que después de escuchar a Zapatero asegurar que «la UE debe ser exigente respecto a Cuba», cuando el régimen castrista nos acaba de humillar al no permitir la entrada del eurodiputado Luis Yáñez, sin que la tropelía haya tenido la mínima respuesta del ministro Moratinos. Con todo, por el bien de los europeos y por el de la imagen de nuestro país, cabe esperar que el Gobierno se afane en hacer un trabajo serio al frente de la presidencia. Y que tome buena nota de paso de las medidas adoptadas por nuestros vecinos para salir del terrible bache.


El Mundo - Editorial

Ni hemos salido de la crisis, ni es insólito hablar del paro


Habituado como está al coro de halagos que le dedican los medios adictos a la Moncloa, que en España son la práctica totalidad, no tolera que alguien le chafe su campaña electoral permanente.

La economía española agoniza y de buena parte de esa agonía el responsable directo es el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No supo verla venir, la negó durante meses y, cuando aceptó a regañadientes su existencia, emprendió las medidas equivocadas que no han hecho sino agravar el estado del enfermo. Estas son las credenciales que Zapatero, convertido ahora por el azar en menguado presidente de turno de la Unión Europea, puede ofrecer a la opinión pública.


No hay un solo dato que invite a pensar que, en el corto, medio e incluso largo plazo la economía nacional vaya a recuperarse. Más bien todo lo contrario. El paro alcanza máximos históricos, la inversión privada, la única que puede reactivar la economía, está bajo mínimos y no da señal alguna de avivarse durante este año. En esto ha tenido mucho que ver el propio Zapatero, padrino de la última subida de impuestos y responsable de que el gasto público esté desbocado, hipotecando con él toda esperanza de pronta recuperación. En definitiva, no hemos salido de la crisis y no vamos a salir, en el mejor de los casos, en los próximos dos años.

Zapatero, pues, miente ahora y lleva mintiendo desvergonzadamente –él y todo su gabinete­– desde antes de las elecciones de marzo de 2008. Busca desesperadamente un titular que le permita sobrevivir un día más agarrándose a la ilusión de que, la verdad, es la que los políticos construyen en las portadas de los periódicos. Evidentemente no es así. Por encima de los deseos de un Gobierno de ingenieros sociales que cree que todo es posible mediante la regulación estatal, está la realidad, siempre tozuda y siempre insobornable.

Con estos mimbres el presidente del Gobierno aún se ofende que pongan en duda su capacidad para presidir la Unión Europea llenándose la boca de propaganda demagógica y triunfalista. Y no sólo carece de capacidad –extremo ampliamente demostrado en su gestión de la crisis doméstica–, tampoco tiene autoridad para presumir de nada con su currículo de auténtica calamidad en materia económica.

Habituado como está al coro de halagos que le dedican los medios adictos a la Moncloa, que en España son la práctica totalidad, no tolera que alguien le chafe su campaña electoral permanente. En Europa, sin embargo, las sonrisas, las vaguedades y el humo no son bien recibidos y surge lo que no tiene en casa: el escepticismo y la crítica. Para esto, ni él ni su Gobierno están preparados, por lo que, en los próximos meses, Zapatero bien podría convertirse en el hombre del gesto torcido. El único, en rigor, que cabe dentro del desastre que ha provocado y que cuidadosamente mantiene haciendo exactamente lo contrario de lo que debería hacer.


Libertad Digital - Editorial

Lágrimas de cocodrilo. Por Ignacio Camacho

ES una lástima que los políticos de amplio recorrido, como Alfonso Guerra, estén presos de su biografía, porque cuando tienen razón en un análisis suelen entrar en contradicción con su trayectoria de pasadas sinrazones. Este Guerra sensato y ponderado que acusa a los dirigentes catalanes de vivir en la estratosfera y de discutir una sentencia que aún no se ha producido es el mismo que como presidente de la Comisión Constitucional se tapó la nariz ante un Estatuto que repudiaba, y el que cuando gobernaba con poderes de valido propuso, ay, asesinar a Montesquieu sometiendo el espíritu de las leyes al soplo de la política. Con la mala fortuna de que en aquel entonces su palabra era de obligado cumplimiento y la separación de poderes quedó indefectiblemente averiada por mecanismos de sumisión diseñados en su propio despacho. Le faltan remordimientos a esta lucidez intelectual del Guerra contemporáneo que tiene la sabiduría senatorial del tribuno veterano curtido en el escepticismo de la perspectiva, pero sin cuya pretérita arrogancia de poderoso no habría hoy epígono capaz de desafiar al sistema judicial con la presión preventiva de quien se cree investido de legitimidad para sentirse dueño del arbitraje.

De aquella petulante maniobra para someter a los jueces al juego de las mayorías proviene esta fatal inclinación a arrogarse la potestad de influir en el criterio de las sentencias; de aquel avasallador blitzkrieg político sobre la independencia de la magistratura se deriva esta peligrosa costumbre intimidatoria que hoy pone al propio Guerra contra el espejo de su antigua doctrina. Otra cosa es que acaso en los tiempos de la dominancia felipista no habrían pasado de presidir una diputación estos montillas que ahora se consideran capacitados para encarnar presuntos liderazgos nacionales desde los que proyectarse en la Historia. Poco le habría durado al vicetodo -poco le duraron, de hecho, los que le tocaron en suerte- un rebelde virreinal encaramado sobre privilegios territoriales; en este jacobinismo de hierro no hay reproches que formular a los antiguos gerifaltes gonzalistas, salvo el de mostrarse en exceso contemplativos con el adanismo de unos herederos dispuestos a demoler lo más sólido de su obra.

Porque quizá ése sea el aspecto más triste de estas razonables críticas de hogaño: su fondo de puñaladitas de pícaro, de lágrimas de cocodrilo, de consuelo verbal inútil y algo tardío de la desolación por una frívola deriva ante la que ya no sólo no tienen influencia de mentores con autoridad moral, sino ni siquiera fuerzas o interés para moderar más allá de un leve desahogo. Este distanciamiento descreído y mordaz no es más que una débil esgrima de salón para aplacar la desazón ante la cosquilla nostálgica de una cierta impotencia; la de comprobar que un tiempo que no es mejor no sólo los alcanza sino que los desborda.


ABC - Opinión