lunes, 20 de julio de 2009

España desvaría entre la desidia de la ciudadanía y la osadía de los gobernantes. Por Javier Ybarra

La buena política, como la buena salud, no se siente. Solo al perderla es cuando se la echa de menos. Muchos doctores diagnostican que la política española ha perdido la salud, y no solo en el terreno económico. Cada día resulta más difícil encontrar un político que posea altura de miras, que no lo fíe todo a la conveniencia de partido.

Los doctores culpan de la mala salud de la política española a la osadía y a la improvisación de nuestros gobernantes. Pero también culpan de ello a la desidia de la ciudadanía. Ya lo advirtió Alexis Tocqueville: los ciudadanos observan con prevención a la clase política, la aceptan como tutora pero, para evitarse problemas, no se mezclan con ella.


Los ciudadanos únicamente se movilizan en masa cuando toca votar. Luego, tras acudir a las urnas para cambiar de tutor o para reelegirlo, justificándose de ese modo ante sí mismos – “nosotros elegimos a nuestros gobernantes” –, regresan a su esclavitud consentida. Solo invaden la calle si están en la ruina o si se disparan los precios de los alimentos básicos. Cuando la ciudadanía pierde la capacidad de asombro, emprende el camino del desvarío y suele acabar suicidándose. Alemania, por ejemplo, fue del desvarío de la inflación al desvarío del Tercer Reich.

En Recuerdos de la inflación alemana (1942) cuenta Thomas Mann que, por los años veinte, la gente ya se había olvidado de cómo asombrarse y, desde entonces, no hubo nada tan descabellado y cruel como para que pudiera impresionarle, ni siquiera cuando la tendera pedía secamente “cien billones de marcos” por un huevo. El propio Mann vendió su casa en diciembre de 1923 por dos mil billones de marcos. Sin embargo, muchos alemanes no se enteraban de lo que estaba ocurriendo. “Aún recuerdo el rostro orgulloso y desamparado con el que nuestra vieja niñera nos aseguró un día que pensaba retirarse pronto y vivir de sus ahorros. Tenía un par de miles de marcos en el banco, pero con ese dinero ni siquiera podía comprar un huevo”.

Esperar todo del Estado

Fue durante la hiperinflación cuando, según Mann, los alemanes se olvidaron de confiar en sí mismos como individuos, y aprendieron a esperarlo todo del Estado. “Se acostumbraron a contemplar la vida como una salvaje aventura cuya salida no dependía del propio esfuerzo, sino de unos poderes malvados e ignotos. así, habiendo sido atracados, los alemanes se convirtieron en una nación de atracadores”.

Los meteorólogos de la sociología advierten sobre un cambio de vientos políticos en España. La ciudadanía va percibiendo que el gobierno de ZP, primero negando la crisis económica y ahora apuntalando con cheques montilla la insolidaridad territorial, no sabe estar a la altura de las circunstancia. Frente a los trajes elegantes, al aroma a plata y a bolso Vuitton, las monedas que tintinean de verdad son las que se entregan para apaciguar la voracidad de las comunidades autónomas que se creen superiores al resto y no quieren oír hablar de igualdad por nada del mundo.

Y mientras nos gobiernan en medio de grandes obsequios y amplias sonrisas, como si España fuera el país de Jauja y ZP Mr. Jajá, la gran mayoría sufre cruzada de brazos y espera la llegada del momento decisivo, el momento electoral. A veces, cuando esa mayoría acude al bar para refrescarse el gaznate, pregunta por lo que ofrece la alternativa política y el camarero responde que “más de lo mismo”. Y unos se lo creen y otros piensan que, tal como ha ocurrido en las Vascongadas, los cambios suelen ser curativos y ejemplarizantes.

Urge reclutar para la política gentes con un claro sentimiento de servicio a la sociedad, gentes que tengan altura de miras y gobiernen pensando en el medio y largo plazo. Cuando las clases rectoras se dedican a jugar al cortoplacismo olvidan la conciencia de su misión y se dejan suplantar por las improvisaciones y las osadías. Entonces, los ciudadanos se sienten atracados y, tal como sucedió en Alemania, el país corre el riesgo de convertirse en una nación de atracadores.

El Confidencial

Montilla y Mas, comienza la batalla.. Por José Cavero

La campaña por las elecciones autonómicas catalanas del año que viene ha tenido comienzo por virtud de la financiación autonómica, y concretamente, por el acuerdo alcanzado entre el Gobierno central y el tripartito catalán que preside Montilla, contra el que Artur Mas se ha manifestado reiterada y ásperamente. Como si la vida -la vida política- le fuera en ello. Y es posible que así pudiera sucederle al dirigente de los convergentes.

Hoy mismo, desde "La Vanguardia", Artur Mas reitera la argumentación que ha venido exponiendo desde que ERC y los restantes miembros del tripartito celebraron el acuerdo alcanzado con Elena Salgado y el Gobierno central. Dice Más que ese acuerdo de financiación "incumple el modelo, la cifra y el calendario del Estatut", y acusa de sentirse objeto de una propaganda intimidatorio. Artur Mas, en una de sus declaraciones más ácidas que se le recuerdan, no tiene inconveniente en describir a Cataluña ·"Enjaulada e hipotecada". Y explica que la cesta de impuestos prevista en el Estatut obliga a mayores ingresos, y que se han sacado de la manga un plazo, 2012, no previsto en ningún lado. Para Mas, el acuerdo sólo tiene una lógica, salvar el tripartito un año antes de las elecciones. Y su queja final: ¿Para qué votamos al Estatut? ¿Para incumplirlo?

Frente a este "perdedor de antemano" que es hoy por hoy Artur Mas -porque sus adversarios políticos han conseguido lo que él pensó que era un sueño inalcanzable-, aparece José Montilla, que acaba de festejar en Madrid, en compañía de Zapatero de sus restantes colegas presidentes socialistas de Comunidades Autónomas, que el acuerdo de financiación alcanzado "conjura la desafección catalana", nada menos. Montilla admite que, aunque todas las autonomías saldrán ganando, la suya será lamás beneficiada, por la sencilla razón, dice, de que "España ha corregido una injusticia con Cataluña y ha saldado una deuda con ella. Se corrige una injusticia, pero Cataluña seguirá siendo solidaria", declara Montilla a "El País", donde también explica que "no hubo guerra con Zapatero, simplemente defendemos intereses distintos".

Y se refiere a la otra asignatura pendiente de Cataluña, el Estatut, que tres años después siguen analizando los diez magistrados del Tribunal Constitucional, pero al que Montilla no ve posible marcha atrás: "El Estatuto es un pacto político, y eso los tribunales no lo pueden tumbar". Habrá que ver lo que determinan sus señorías los magistrados, ya hartos de marear esa perdiz que se les resiste. Aprovecha la ocasión Montilla para arremeter contra la catalanofobia de algunos dirigentes políticos, acusación de la que vuelve a defenderse Esperanza Aguirre, en otras declaraciones dominicales: "Si denunciamos que algunos han recibido un trato de favor se nos acusa de catalanofobia".

Me niego y rechazo rotundamente esa acusación. Amo a los catalanes, los admiro, y nunca he dicho si han recibido demás porque lo desconozco. Lo que sí digo, porque es cierto, es que los madrileños vamos a ser los únicos que aportemos a la caja común, y encima se nos maltrata. Ahora, el victimismo parece haberse trasladado de Barcelona a Madrid...

Periodista Digital - Opinión

Lo inexplicable es la postura de Rajoy

«Parece como si en el PP todos los altos cargos fueran libres de coquetear con el socialismo y el nacionalismo y, por el contrario, nadie pueda hacer lo propio con los principios liberales sobre los que, supuestamente, se asienta este partido.»

La unidad –transmitir una sola y coherente voz ante cada uno de los asuntos de actualidad– es uno de los mayores activos con los que puede contar un partido político. Al fin y al cabo, estas formaciones no son más que canales a través de los cuales la opinión pública expresa sus puntos de vista. Si un grupo tiene posturas muy distintas sobre cada tema, difícilmente el votante podrá seleccionarlo como garante y depositario de sus valores.


Ahora bien, no cualquier unidad política es beneficiosa para un partido y para el conjunto de la democracia. La unidad debe guardar una coherencia interna (es decir, que las distintas opiniones de un partido no sean contradictorias y antagónicas entre sí) y externa (debe ser compatible con los valores de sus votantes y con los del ordenamiento jurídico). Cualquier unidad que no cumpla esta doble restricción se convierte más bien en un despotismo dentro del partido y en un fraude hacia los votantes; esto es, la unanimidad a la búlgara que impera en tantas formaciones españolas.

En el PP, la tan característica unidad de discurso durante la era Aznar fue ciertamente sana y revitalizante para la democracia. El votante español tenía a su disposición un programa político coherente –con mejores o peores propuestas pero en todo caso coherente–, al que apoyar o rechazar según sus preferencias e ideologías. Y, para rematar, sabía que a grandes rasgos solía cumplirse y defenderse. En estos casos, los cargos populares que se salieran de las pautas marcadas por la dirección del PP estaban siendo desleales no con Aznar, sino con sus votantes y, por este motivo, su actitud resultaba reprobable.

Con la llegada de Rajoy al frente de la dirección popular, la coherencia interna y externa del discurso comenzó a difuminarse. Especialmente tras el Congreso de Valencia y con su segunda derrota electoral a cuestas, la necesidad de diluir el discurso para atraer a una parte de la izquierda y del nacionalismo aceleró tanto la ruptura interna del discurso (no se defendía lo mismo en Cataluña que en Madrid o en Murcia que en Castilla La-Mancha) como la externa (un creciente olvido y desdén por los valores y las promesas electorales de sus más de 10 millones de votantes): los casos de Alberto Ruiz Gallardón, Celia Villalobos o Alicia Sánchez-Camacho son claros ejemplos de la ruptura de la unidad de discurso y de la deslealtad del PP hacia muchos de los planteamientos de sus votantes. Simplemente, a Rajoy le interesa no definirse y no tomar decisiones para no parecer "áspero" y terminar sucediendo a Zapatero.

Lo mismo sucedió la semana pasada con el tema de la financiación autonómica. Pese a que la propuesta del Ejecutivo socialista atentaba directamente contra los valores más básicos del PP –incentivaba una hipertrofia del gasto público y limitaba las reducciones de impuestos–, Rajoy se negó en un principio a liderar el partido y tomar una postura conjunta, dando otra muestra más de la Realpolitik del Partido P’ayudar. Confiado en que la inicial lluvia de millones que las comunidades autónomas van a recibir gracias al nuevo sistema de financiación (a costa de cargar de deuda el futuro de los españoles) las llevara a abstenerse (haciendo buena la frase de De la Vega en contra del PP, "coge el dinero y corre"), dio libertad a cada gobierno regional para que decidiera en el Consejo de Política Fiscal y Financiera de acuerdo con sus intereses.

Por fortuna, la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, no traicionó a sus votantes y anunció que votaría en contra del nuevo modelo de financiación, ya que al fin y al cabo –como la propia dirección nacional del PP denunciaba– tendía a perpetuar la crisis económica y pocas cosas hay más contrarias a los intereses de sus ciudadanos que prolongar nuestro estancamiento.

Sin embargo, tan pronto como el gallego avistó la posibilidad de que Zapatero tuviera que soportar un voto negativo en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, Rajoy impuso un voto unitario de carácter abstencionista a todas las comunidades autónomas gobernadas por los populares. Con esta decisión, por muy unitaria que fuera, Rajoy quebraba la coherencia interna de su discurso (pues había estado denunciando la propuesta de Zapatero como contraria a los intereses de los españoles) como la externa (ya que apoyaba aquello que sus votantes le pedían expresamente que rechazara). Una decisión deplorable e impropia de un líder de la oposición que quiera seguir siéndolo.

Con este historial, la dirección popular no debería remover demasiado las aguas, tratando de pasar página. Pero, sorprendentemente, parecen empeñados en defender su pasteleo con los socialistas y en criticar a Esperanza Aguirre por ser la única que de vez en cuando recuerda que el PP es un partido liberal-conservador y que se encuentra en la oposición. Así, una vez que Aguirre reiteró este domingo su muy lógica oposición al acuerdo de financiación alcanzado con la complacencia del PP, desde Génova han mostrado su "enfado" hacia la presidenta madrileña hasta el punto de considerar "inexplicables" sus palabras.

Parece como si en el PP todos los altos cargos fueran libres de coquetear con el socialismo y el nacionalismo y, por el contrario, nadie pueda hacer lo propio con los principios liberales sobre los que, supuestamente, se asienta este partido. Por ello, lo más grave no es ni que se adopte una línea política equivocada, ni que Rajoy se enfade por que Aguirre se separe de su torcida estrategia; lo realmente preocupante es el doble rasero que exhibe el PP: la brutal asimetría que existe entre el trato dispensado a los liberales, por un lado, y a los "socialdemócratas", por otro.

En realidad, pues, lo inexplicable es que Rajoy esté adoptando un discurso errabundo y contrario a los valores de sus votantes con tal de alcanzar el poder. Lo inexplicable es que para algunos La Moncloa valga tanto como para traicionar sus principios. Lo inexplicable es que la alternativa al PSOE sea un PSOE bis.

Libwertad Digital - Editorial

El género de los parámetros econométricos. Por Yauma

El PIB es masculino (noticia de La Vanguardia)

“La última idea de la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín, ha causado estupor en el mundo económico. Profesores de economía y expertos se preguntan si es intención del Gobierno definir el sexo de economía. Durante un curso de verano ante los cuadros socialistas, afirmó convencida que el PIB es masculino, es claramente masculino. Ante la cara de asombro de algunos asistentes que no comprendían por qué atribuía masculinidad al indicador económico que mide la creación de riqueza, la dirigente socialista siguió diciendo que el cambio estará en el momento en que las decisiones importantes estén tomadas también por mujeres. No es la primera frase de Pajín que causa revuelo. Ya provocó todo tipo de comentarios su atrevida aseveración sobre la coincidencia del liderazgo de Rodríguez Zapatero con el de Obama como una conjunción planetaria. Seguramente que el PIB no es masculino, porque por esa regla de tres igual se podría decir que la inflación es femenina.”
El PIB representa la suma de todos los bienes y servicios finales producidos en un país durante un año, ya sea por nacionales o por extranjeros residentes. Es importante el término “finales” no se incluyen los bienes intermedios pues se produciría una doble contabilización. El PIB funciona como un marcador que se pone a cero al principio de cada ejercicio, va contabilizando la riqueza generada durante un año y se para el 31 de diciembre.
El PIB se puede medir desde dos enfoques diferentes, debiendo coincidir ambas mediciones (las dos de género masculino):
Como flujo de gastos(o productos finales): es decir, cuál ha sido el destino de los distintos bienes y servicios producidos durante el ejercicio. PIB=consumo+inversión+gasto público+exportaciones-importaciones
Como flujo de rentas: cómo se distribuyen las rentas que se han generado durante la producción de esos bienes y servicios. En este apartado el número de sumandos resulta bastante menos evidente.


La econometría, medición de la economía literalmente, se define como la ciencia que aplica las técnicas matemáticas y estadísticas a los problemas y teorías económicos. Se habla de económetra como un especialista en econometría. También, en la jerga económica se utiliza el término econometrista con igual o parecido significado.
La econometría empezó a tomarse en serio en 1930, (se considera la etapa inicial de la econometría el periodo comprendido entre 1930-1950) fundamentándose una “Teoría General” en 1944 con aplicación de métodos y modelos matemáticos, cálculo, probabilidad, estadística, programación lineal, teoría de juegos etc.
Desde que en 1970 la academia de ciencias sueca concediera el premio Nobel de Economía a Paul A. Samuelson “Por el trabajo científico a través del cual ha desarrollado la teoría económica estática y dinámica y contribuido activamente a elevar el nivel del análisis en la ciencia económica” no se había producido en el mundo científico una noticia, pasada casi desapercibida, de tantísima envergadura, una redefinición de los pilares teóricos de la teoría económica. Asociando, de un plumazo, uno de los parámetros de medición de la economía más conocido, el PIB, al género masculino.
Este gesto científico genial, creemos modestamente que no puede catalogarse mejor, ha tenido su origen en unas declaraciones públicas de una política socialista de nuestro tiempo: La señora Pajín “El problema es que el PIB es claramente masculino” Dijo la dirigente socialista ante numerosos periodistas que la escuchaban con la boca abierta. Con razón, lo de la boca, expresiones sublimes donde la biología se une a la econometría son de rarísima contemplación, algo tan cíclico como un eclipse solar total y que pocos mortales tienen la suerte de poder contemplar a lo largo de su vida.

Entendemos que la señora Pajín, esa Dolores Ibárruri del socialismo zapateril, no ha sido consciente del alcance científico de su asociación, producto interior bruto y masculinidad, hormonas masculinas, andrógenos (testosterona, androsterona…) todas ellas hormonas esteroides derivadas del ciclopentanoperhidrofenantreno junto al PIB.
Seguramente algunos sabios economista, fisiólogos, y de otras ramas del saber, estarán celebrando que, por fin alguien aunque no sea del gremio, se haya atrevido a dar un primer paso en la tan ansiada teoría de la unificación científica, un saber unitario para todas las disciplinas científicas, que ya empezó Maxwell en el siglo XIX con sus intentos de unificación de la electricidad, magnetismo y óptica con la teoría del electromagnetismo. Ha tenido que ser un político, perdón una política, con empuje irreflexivo y ganas de desplazar a barones y varones de su partido, la persona que ha encendido una linterna en la dirección correcta hacia el futuro.
Hay que reconocer, sin ninguna reserva mental, que el presidente Zapatero ha sabido rodearse en general de personas, hombres y mujeres, machos y hembras, de verdadero talento político y del otro, posiblemente en un intento, logrado, por acercarles al suyo propio. Entre estas personas destacan con luz propia las compañeras Pajín y Aído. Ambas brillantes universitarias, creativas, inteligentes, definidoras de conceptos y matices inalcanzables para la gente corriente como usted y como yo ciudadanos normales, aunque no normalizados.
Pajín y Aído, Aído y Pajín, rebeldes con causa luchan diariamente por la igualdad de géneros sustituyendo la lucha de clases de la izquierda tradicional por otra lucha, no menos encarnizada, entre lo masculino y lo femenino. Estas personas generosas utilizan la alta tribuna social que ocupan con asiduidad para denunciar, de una vez por todas, la idea secular masculina de que las mujeres han nacido para vivir en esclavitud y penitencia, bajo la autoridad de los hombres.
Por ello, entra dentro de la lógica de esta lucha sin cuartel el feminizar el indicador económico conocido como PIB (en adelante la producto interior bruta) mismas siglas PIB pero un significado muy diferente. Y ante una bella PIB siempre cabe analizar si es fornida y ancha de caderas, abultados senos salientes redondos y de cabellera hermosa.

El blog de Yauma

domingo, 19 de julio de 2009

Con lengua o sin lengua. Por Arturo Pérez Reverte

Me gusta el centro de Madrid. Es mestizo y cosmopolita: una especie de legión extranjera donde cualquiera puede enrolarse. Es ésta una ciudad bronca, generosa, con una potencia cultural extraordinaria que quisieran para sí otras urbes que van de modernas. Es cierto que casi todos los lugares castizos que amaba han dejado de serlo. En vano busco la huella de Felipe y Mari Pepa, o la de esos pícaros que encarnó en el cine el gran Tony Leblanc por los años 50. Tampoco del Madrid elegante –Pasapoga, Chicote, Fuyma– queda apenas rastro, y el chotis famoso de Agustín Lara dejó de tener sentido. Sin embargo, pasear por el centro es una experiencia intensa de la ciudad, la Europa que representa, el mundo que, para bien o para mal, nos pertenece y espera. No digo que este Madrid me guste más que el otro. Desde luego que no. Falta educación y sobran maneras bajunas. Pero es lo que hay, y lo que queremos que haya. Como tal debo aceptarlo, considerando sus virtudes y ventajas. De lo que no cabe duda es de que se trata de un Madrid más luminoso, justo y libre. Vaya una cosa por la otra.

Pienso en ello mientras camino por la acera de la Gran Vía. Hay allí dos viejos roqueros cubiertos de tatuajes, habituales del sitio. También lumis variopintas, un negro que toca el saxo, un limpiabotas mejicano –el rey del brillo, afirma el cajón– y una librería que sigue viva y llena de gente. Frente a un semáforo en rojo se abraza una pareja. Son dos hombres jóvenes. Lo hacen con mucha naturalidad y afecto. Con ternura. Uno le pasa una mano por la nuca al otro, acariciando su cabello. No hay en ellos nada de extravagante, o escandaloso. La actitud es propia de una pareja cualquiera, heterosexual o no. Otra cosa sería –mis reflejos son viejos y automáticos, qué remedio– dos pavos metiéndose la lengua y sobándose sin recato. Eso lo estimaría tan desagradable como si lo hicieran un pavo y una pava. No por cuestiones morales, sino por simple estética. Hay momentos y lugares para cada cosa. Creo. Por eso no me agradan los que se magrean excesivamente en público, sean hombres, mujeres, pareja convencional o pareja de la Guardia Civil. Me parece una falta de consideración. Una ordinariez propia de gentuza.

Hay a mi lado un fulano que mira a la pareja con cara de desagrado y luego se vuelve hacia mí, como buscando complicidad. No dice nada, pero es evidente lo que piensa. Menudo espectáculo, etcétera. En ésas el semáforo se pone en verde, todos seguimos adelante, y me quedo con la inquietud de si el que me miró se lleva la impresión de que comparto su enfoque del asunto. Me habría gustado contarle algo personal. Un recuerdo de juventud: parque de ciudad mediterránea y pareja de dieciséis o diecisiete años, chico y chica sentados en un banco, ella con la cabeza apoyada en el hombro de él. Y en ésas, un guarda jurado de los de antes, con bandolera de cuero y chapa dorada, parándose delante para darles la bronca por la actitud. El representante de la autoridad, o sea. El esbirro estúpido de un sistema hipócrita regido por curas que tonteaban con niñitos en el cole y por espadones de comunión diaria, casados con loros resecos que meaban agua bendita, ganándose el sucio jornal de la decencia a costa de dos chicos sentados en un banco. «A ver si tenemos posturas más decentes», fueron las palabras exactas de aquel cerdo vestido de pana marrón. Y cuando –ella, avergonzada, mantenía el rostro oculto en el hombro de él– el jovencito se encaró con el guarda diciendo que la chica estaba mareada y se apoyaba por eso, el otro, chulesco, perdonavidas, con esa insolencia que los mierdas con autoridad suelen mostrar ante los más débiles, respondió: «Pues en cuanto se espabile, largo de aquí. Y ligeritos». Y aquel muchacho, que cuarenta años después todavía recuerda aquello con impotencia y rubor, lamentó no tener edad suficiente para levantarse y, con alguna garantía de éxito, intentar romperle la cara a ese hijo de puta.

Calculo ahora, recordando, la suerte que habrían corrido entonces los dos hombres jóvenes abrazados del semáforo. La que corrieron tantos por menos de eso, a manos de representantes de la autoridad, de guardas jurados y guardias ejemplares, custodios celosos de la moral y las buenas costumbres. Cuánto sufrimiento y cuánta amargura irreparables. Cuánta injusticia. Por eso merece la pena lo ganado desde entonces, a cambio de otras cosas, buenas o malas, que se quedaron en el camino. Con miserables como el del parque dedicados hoy –por desgracia, nunca faltarán voluntarios para delatar o reprimir a otros– a menesteres menos evidentes y grotescos. Así que, concluyo, bendito sea este Madrid donde pueden abrazarse dos jóvenes en la calle sin que un sicario a sueldo del obispo o el comisario de turno los importune con su vileza insolente. Puestos a elegir entre esto y aquello, incluso violentando las buenas maneras, prefiero verlos meterse la lengua. Hasta dentro.

XL Semanal

Haydn Abschiedssinfonie

Franz Joseph Haydn - Sinfonía nº 45 en fa sostenido menor, Hob. I/45. "Los Adioses"
IV - Finale: Presto e Adagio molto
Wienner Philharmonic Orchestra, Daniel Barenboim



¡Algo así van a tener que hacer los españoles!

Herejía en UPD

El partido de Rosa Díez vive su primera gran crisis interna tras los expedientes abiertos a 14 cargos y militantes y la marcha de Mikel Buesa.

Conviene que haya herejías. Sirven para espabilar a los creyentes. Les ayudan a conocer mejor las razones (...) los límites y sobre todo las posibles alternativas razonables de su compromiso”. El autor de estas palabras es el escritor Fernando Savater , miembro del partido Unión, Progreso y Democracia (UPD), que el pasado 9 de julio se descolgaba con frases como estas en un artículo publicado en el diario El País que llevaba por título Los herejes imprescindibles. En el texto Savater lamentaba que a su juicio el establishment político español, así como muchos medios de comunicación, consideraban herética y de alguna forma ilegítima la aparición y consolidación de un partido como UPD, fervientemente antinacionalista y sin ninguna intención, de momento, de pactar con el PP o el PSOE. Pues bien, lo escrito por Savater lo podría haber firmado Mikel Buesa , catedrático de Economía y activista político, que dejó UPD hace unos días por profundas diferencias con la dirección, o alguno de los 14 militantes de la formación, entre los que hay cargos de relevancia, que fueron suspendidos de militancia en junio por disentir de la línea oficial.


Tanto Buesa como el grupo de los 14 denuncian un estilo de dirección autoritario, marcado por la ausencia de democracia interna y un excesivo personalismo de la presidenta del partido, Rosa Díez . La fractura ha llegado a tal punto que en unos días una treintena de militantes abandonarán el partido. La dirección de UPD, sin embargo, no eleva a la categoría de herejes imprescindibles a este grupo; los tacha, más bien, de individuos con ansias infinitas de protagonismo y la única intención de hacer carrera a costa del partido. El malestar interno en UPD venía de largo, al menos desde principios de 2009. Diversos cuadros regionales del partido compartían la opinión de que en UPD faltaba democracia interna y comunicación horizontal, y sobraban decisiones unilaterales, ceses arbitrarios de militantes no afectos a la dirección y un estilo de gobernar no compatible con los valores de libertad, igualdad y transparencia que predica el partido.

Según Javier Carroquino , uno de los fundadores del partido, ex coordinador en Aragón y uno de los disidentes más activos de UPD, la chispa que llevó a los descontentos a actuar saltó cuando la dirección propuso un nuevo reglamento del Consejo de Dirección, el órgano que concentra la mayor parte del poder en el partido, formado por unas veinte personas. Afirma Carroquino que el nuevo reglamento imponía que la composición de este órgano se eligiera mediante una votación con listas cerradas, tomaba decisiones que le correspondían a la Asamblea General, formada por todos los miembros del partido, y convertía los órganos de control internos en “elementos decorativos”.

Tiempo

Dos largos años perdidos. Por Victoria Prego

La sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña no se ha empezado a preparar seriamente hasta hace un año. Desde julio de 2006, cuando el PP presentó ante el TC un recurso de inconstitucionalidad, hasta la primavera de 2008, el Estatut ha estado durmiendo el sueño de los justos en la sede del Alto Tribunal. Dos años y medio en barbecho.

Algunos magistrados como Vicente Conde insistieron machaconamente desde el comienzo en la urgencia de abordar lo que consideraban una cuestión de Estado de la máxima trascendencia. Pero durante 20 largos meses no se produjo ningún movimiento serio en esa dirección. Por entonces el «equilibrio» entre los calificados por la prensa como progresistas o conservadores era favorable a estos últimos después de que el TC hubiera aceptado recusar a Pablo Pérez Tremps y apartarlo de las deliberaciones.


Las frecuentes declaraciones que la presidenta del TC, María Emilia Casas, hacía en privado en esos años insistiendo en que el tema del Estatut era su prioridad e iba a ser abordado con la máxima urgencia no tienen absolutamente nada que ver con la realidad de los hechos. Ni en 2006 ni en todo 2007 se abordaron los recursos.

No fue hasta abril o mayo de 2008 cuando Casas dio por fin la orden de ponerse a trabajar de verdad en el tema. Para entonces la relación de fuerzas en el seno del tribunal se había equilibrado de nuevo, aunque por un trágico motivo: la muerte de Roberto García-Calvo -juez del Tribunal Supremo-, uno de los más radicales defensores de la tesis de que el Estatuto de Cataluña era inconstitucional en su espíritu y en su articulado.

A partir de mayo, pues, se cambian los ritmos, se pisa el acelerador y se encarga a varios letrados que se ponen a trabajar en un proyecto de sentencia. Elisa Pérez Vera es designada ponente y, por tanto, ella es la responsable de todos los proyectos, incluido este último que ha desatado la caja de los truenos y ha roto los delicados consensos trabajosamente tejidos en los últimos meses.

No podría decirse que Pérez Vera, acérrima defensora de la plena constitucionalidad del Estatut, esté entre los magistrados con más peso e influencia de los que componen el Constitucional. Mucho más prestigio y más peso, con enorme diferencia, tiene la propia presidenta, María Emilia Casas, a la que se considera inteligente y culta aunque, eso sí, muy poco dada a asumir un perfil rotundo en sus posiciones.

Casas quiere salir de este trance sin que se le pueda reprochar el haber influido descaradamente en el sentido de la sentencia. Por eso de ningún modo estará dispuesta a deshacer con su voto de calidad un hipotético empate entre quienes quieren endurecer la resolución de fondo y fijar con mayor claridad los preceptos inconstitucionales y quienes prefieren suavizar el fallo y garantizar las competencias del Estado sin hacerle sangre al Gobierno. Lo que sí es competencia suya, y por lo tanto su responsabilidad, es la administración de los tiempos y del ritmo del trabajo. Ella será quien diga cuándo se vota, pero no lo hará hasta que se asegure de que el panorama está claramente despejado. Y ya ha dicho que no tiene ninguna prisa.

Entre quienes suman hasta ahora los cinco votos favorables a la sentencia interpretativa que se estaba pergeñando, no todos están dispuestos sin embargo a comulgar con según qué ruedas de molino. Y, de entre ellos, el más sólido es Manuel Aragón, catedrático de Derecho Constitucional y reconocido como una de las mejores cabezas en su especialidad. Aragón, del que se habla como próximo presidente del TC, ha criticado ácidamente el tercer proyecto de sentencia y, junto a Pascual Sala, lo ha hecho tambalear hasta hacerlo inútil. El quinto voto en principio favorable a esta sentencia ambigua es el de Eugeni Gay, el único abogado, considerado por los defensores del Estatut como un voto seguro, aunque él lo discuta a veces.

En el lado contrario, y nulamente dispuesto a respaldar una resolución interpretativa ni manipulativa, lo cual significa que es uno de los cuatro votos negativos con que en principio podría salir la sentencia, está Javier Delgado, ex presidente del Supremo, y otra de las grandes cabezas jurídicas del Tribunal. A pesar de encontrarse enfermo, jamás ha faltado a los plenos en los que se ha discutido el Estatut y siempre ha mantenido la misma posición. Él, junto a Vicente Conde y a Jorge Rodríguez Zapata -ambos jueces del Supremo- quieren llevar al fallo y establecer en él con total claridad cuáles de los artículos han de ser declarados inconstitucionales.

Perteneciente también al sector conservador, el catedrático Guillermo Jiménez había suavizado su posición y estaba ya dispuesto a votar a favor de una sentencia que, aunque disimulada en las formas, garantizara la plena protección de los intereses del Estado. Un poco más atrás, pero en la misma línea, se había situado Ramón Rodríguez Arribas, así que María Emilia Casas acariciaba ya una sentencia claramente favorable al Estatut aunque escondiera grandes dosis de truco. Ahora la ponente tiene que volver a empezar. Pero ya no es tan seguro que los votos sigan estando en el mismo lugar en el que estaban.

El Mundo - Opinión

El nuevo embajador USA. Por José María Carrascal

QUE España sigue siendo un país de segunda categoría para Estados Unidos lo demuestra el embajador que Obama ha elegido para representar a su país en el nuestro: Alan D. Solomont, un magnate financiero de Boston, auténtico genio recaudando fondos electorales, que consiguió 800.000 dólares para la campaña del actual presidente norteamericano. Es como suelen pagarse estos favores: una embajada cómoda en un país agradable. Los diplomáticos tienen una palabra para estos puestos: embajada «balneario». Prestigio, descanso, facilidades y el título de embajador para toda la vida. En las capitales de las grandes potencias amigas -Londres, París, Berlín-, se necesitan pesos pesados de la política o la diplomacia, ya que los asuntos a tratar, por mucha amistad que haya, requieren tanto tacto como experiencia política. Pero las de segundo rango vienen de perlas para este tipo de embajadores, que unas veces salen bien y otras no tanto, pues los elegidos no suelen tener idea del país al que van destinados e incluso alguno ha tenido problemas en localizarlo en el mapa durante la comparecencia que está obligado a hacer ante el Senado, para que le dé su visto bueno. Excusado decir que la inmensa mayoría no habla la lengua del mismo. Pero si en los viejos balnearios, con saber francés bastaba, en las embajadas actuales, con saber inglés es suficiente, aunque a veces no se sepa mucho más, como ocurre a los «embajadores» de la Generalitat catalana. Pero ésa es otra historia. ¿O es, en el fondo, la misma?

Pudo, sin embargo, ser peor. Que nos enviasen un experto del Departamento de Estado en situaciones conflictivas, por ejemplo, lo que significaría que la Administración Obama pronosticaba tiempos difíciles para España. O a un jefazo de la CIA, señal de que éramos sospechosos de narcotráfico, terrorismo o algo peor. Pero no, todo apunta que para el Washington de Obama España no es Afganistán, ni Irak, ni Irán, ni Rusia, ni Venezuela ni ninguno de los quebraderos de cabeza -algunos, al pie de la letra- que tiene mundo adelante. Más bien nos ve como un lugar placentero y tranquilo, donde nunca pasa nada. Esperemos que no se equivoque porque en España nunca pasa nada, hasta que pasa todo de repente.

E incluso el hecho de que Mr. Alan D. Solomont, aparte de ser un mago en recaudar fondos, sea también un filántropo, fundador de una empresa asistencial de la tercera edad, el ADS Group, y actualmente consejero delegado de Solomont Bailis Ventures, dedicada a la atención de los jubilados norteamericanos con pocos medios, puede venirnos muy bien, ya que las perspectivas de nuestros jubilados no son precisamente brillantes, tras los palos que el gobierno Zapatero viene dando a las arcas públicas, donde, a este paso, pronto empezará a haber telarañas.

ABC - Opinión

El partido lo gana Zapatero... de momento. Por Fernando Jáuregui

La semana que concluye ha sido verdaderamente de infarto, tanto para Zapatero como para Rajoy, los dos grandes protagonistas del circo político nacional. Pero, si hubiese de poner calificaciones a estos penúltimos exámenes de junio, y atendiendo exclusivamente a los resultados, yo estaría a punto de aprobar a ZP y a punto de suspender a MR. Quizá apenas porque a uno le han salido, de momento, las cosas bien y al otro, por ahora, le están saliendo bastante mal.

A Zapatero le ha salido bastante bien, por ejemplo, lo de la financiación autonómica. Nadie ha votado "no", puesto que de recibir dinero se trataba, y, curiosamente, los "populares" no han exigido demasiadas explicaciones acerca de cómo se ha hecho el reparto, que tanto ha beneficiado a catalanes y andaluces, ni se han preguntado por qué la suma de las previsiones de cada autonomía sobre lo que van a recibir asciende a casi catorce mil millones de euros, cuando lo presupuestado eran once mil. Yo diría que, acuciado entre las exigencias de sus "barones" y la conveniencia de salir a la palestra a denunciar las incoherencias y silencios cómplices del Gobierno en el proceso, Rajoy eligió lo primero: tener al menos semicontentos a sus líderes autonómicos, que han tenido que justificar con diversas acrobacias dialécticas por qué se han abstenido tras una negociación que adquirió tintes surrealistas -justamente denunciados-- y mereció el calificativo de "subasta" por parte del mismo Rajoy.

Lo que cuenta en política es, para bien a para mal, el resultado, y ya digo: Zapatero y su vicepresidenta segunda, Elena Salgado, que ha actuado con enorme eficacia y con métodos expeditivos, han logrado que diez autonomías dijeran "sí" a su proyecto de financiación autonómica, y las restantes se abstuviesen. Ni un presidente autonómico se atrevió a votar "no", pese al ruido previo que muchos hicieron y a las justas dudas expresadas por los medios acerca de la procedencia del dinero que ahora se va a repartir y también acerca de los muchos silencios oficiales que se han impuesto en este tema. Chitón, y todos, especialmente ZP, felices. Uno-cero en contra de Rajoy.

Mientras, el presidente del PP ha tenido que ir sorteando a los micrófonos que le preguntaban por Bárcenas, por Camps, por el "caso Gürtel" en general. No puede dar un paso sin tener que huir de los chicos de la prensa. En el PP no encuentran una respuesta adecuada para el asunto del tesorero del partido, que esta semana que empieza tendrá que declarar en el Supremo, ni para el del presidente de la Generalitat valenciana, que es cuestión diferente, pero poco agradable para la marcha hacia La Moncloa del principal partido de oposición.

Por su parte, Zapatero ve cómo el "affaire Alberto Saiz", el ex director del Centro Nacional de Inteligencia cuyo procesamiento pide el PP, ha quedado relegado a las páginas pares de los periódicos y a mínimos titulares: episodio parece que concluido. Así que ZP se prepara para protagonizar dos nutridas conferencias de prensa, la primera este viernes en Mallorca y la segunda, la de fin de curso en La Moncloa el último día del mes, en las que podrá destacar sus logros: la financiación autonómica, el inicio del diálogo social, que Obama le haya invitado a la "cumbre" del G-20 en Pittsburg/Pensilvana, que Montilla haya acudido a Madrid para dedicarle una de sus infrecuentes sonrisas en plan reconciliación -faltaría más-- Rajoy, mientras, ya digo: escapando como puede de los micros. Dos a cero.

Claro que el partido está apenas concluyendo el primer tiempo. Queda mucho hasta el final y me parece que el mayor desgaste, porque es quien está tomando la iniciativa y corriendo más por el campo, lo está soportando Zapatero. Rajoy no está noqueado: está, pienso, replegado. Cree, no sé por qué, que sus problemas se solucionarán solamente con el paso del tiempo, sin tomar ninguna medida. Está feliz porque las encuestas dicen que, si hubiese ahora elecciones, el PP las ganaría, aunque raspando y mostrando la figura del jefe de la oposición una muy escasa aceptación -o, más bien, un escaso entusiasmo por parte del electorado. Parece, no obstante, que con esto le basta. Como si sus mensajes sobre las incoherencias, el juego marrullero, las improvisaciones y las trampas del Gobierno llegasen a todos sin interferencias -y sin preguntas molestas de los periodistas-- y fuesen suficientes para llegar hasta La Moncloa. Yo no soy entrenador de fútbol, y entiendo poco del asunto, pero siempre he oído que los partidos se ganan cuando sales a ganarlos, con hambre de balón y a la ofensiva, no a la defensiva, que es donde MR, en estos primeros cuarenta y cinco minutos, se ha situado. Y encima, insultando al árbitro, que siempre, ya se sabe, es casero y está con el equipo que gana.

Periodista Digital - Opinión

¿Cuántos para él? . Por Alfonso Ussía

Carod-Rovira es un carísimo pájaro migratorio. En sus constantes vuelos le caen de las plumas millones de euros que se derrochan por nada.

De esos más de cuatro mil millones de euros -cuarenta veces lo entregado a Cantabria-, que se lleva Cataluña en el reparto adicional, ¿cuántos millones irán a parar a Carod-Rovira, sus embajaditas, sus viajes, sus regalos y sus croquetas? Lo decía el pasado jueves Antonio Mingote en su obra de arte de «Abc». El dinero de los españoles para unos nacionalistas catalanes que no quieren ser españoles. Más o menos.


Sucede que si ese dinero se emplea en infraestructuras, hospitales, ayudas a las empresas y demás acciones lógicas y correctas, sólo podríamos hablar de agravio comparativo entre Cataluña y el resto de las autonomías. Pero hay más. Esas infraestructuras, hospitales, ayudas y demás acciones lógicas y correctas suelen correr a cuenta del Estado, y una buena parte de las canonjías que percibe el Gobierno de la Generalidad se destina a las mamarrachadas de Carod-Rovira, que parece estar harto de Cataluña, porque siempre se halla ausente inaugurando chiringuitos con pretensión diplomática que no sólo pagan injustamente los catalanes, sino todos los españoles, aunque en esos chiringuitos no nos representen. Carod-Rovira es, en efecto, un carísimo pájaro migratorio. En sus constantes vuelos le caen de las plumas millones de euros que se derrochan por nada. Los ánsares vuelan en otoño de los fríos rusos a las tibias costas de España. Los más decididos y en número más grande, alcanzan el paraíso de Doñana. Cuando llega la primavera y se marchan -muchos restan aquí para siempre-, de África nos visitan las golondrinas, los abejarucos, las oropéndolas y las cigüeñas, entre otras especies. Los cielos son un constante ir y venir de aves migratorias que no descansan hasta que llegan a su objetivo. Pero es un destino establecido por la naturaleza, que no cambia ni se somete al capricho, y para colmo de bienes, gratuito. Nos regalan su belleza y su presencia sin quitarnos ni un euro del bolsillo. Y no es regalo cómodo. Volar ininterrumpidamente durante días y días con sus noches y noches, no está al alcance de cualquiera. Si Carod-Rovira, para malgastar el dinero de todos los españoles tuviera que dar tres golpes de alerón, no se movía de Barcelona. Él viaja en otros pájaros. Y en primera clase, con un séquito de hortera árabe, la bolsa rebosada de euros que no le pertenecen y la lengua siempre dispuesta para denostar a la nación y a los ciudadanos que le proporcionan, por obligación que no por gusto, el oro que derrocha. Un pájaro de cuentas que se aprovecha de otros pájaros de iguales cuentas que le dan el dinero sin consultar a los contribuyentes. Para ti, todo, para los demás, mucho menos, y para algunos, lo que sobre. Que así ha salido Cantabria, señor Revilla, que a este paso, o se esmera más en las anchoas, o en lugar de recibir lo que le corresponde, va a tener que dar lo que no tiene. Ocurre que en Cantabria no hay violencia nacionalista, ni victimismo, ni coacción racista ni posibilidad de atemorizar a un Gobierno de España caprichoso y pusilánime. El dinero, para el pájaro migratorio a cuenta ajena. El día que los jueces se atrevan a levantar las alfombras de determinadas autonomías privilegiadas nos llevaremos un buen susto. Pero pelillos a la mar. Todo habrá pasado y los derrochadores del dinero público se irán de rositas. Como este Carod-Rovira, el pájaro migratorio, que dilapida el dinero de España para negarla y envilecerla.

La Razón - Opinión

Petulancia de Zapatero, desazón de Aguirre

AUNQUE NADIE se había dado cuenta, España acaba de iniciar una nueva era en su historia: nada menos que la del «verdadero Estado de las autonomías». Eso, claro, si hemos de creer al presidente del Gobierno, quien ayer no tuvo empacho en jactarse además de haber logrado «vertebrar España» gracias al nuevo modelo de financiación autonómica. Zapatero entonó las bondades del recién aprobado sistema en el Consejo Territorial del PSOE, rodeado por todos los barones, que se limitaron a aplaudir sin el mínimo atisbo de crítica, incluidos los presidentes autonómicos a los que poco o nada les gusta este modelo por lo perjudicial que resulta para sus comunidades. El cierre de filas supone, por tanto, la reedición de tiempos no tan lejanos del partido en los que, como decía Alfonso Guerra, «quien se mueve, no sale en la foto». En el PP, la pesada digestión de lo acontecido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera todavía dura. Esperanza Aguirre no puede ser más clara en la entrevista que hoy publicamos. «Pienso que el PP debería haber votado en contra de este sistema, por lo que dijo Rajoy: es una chapuza, insolidario y perjudicial para los españoles». La presidenta de Madrid muestra su desazón por la imagen que ha dado el partido y admite que se abstuvo por lealtad a las indicaciones de la dirección. Eso sí, advierte que habría que preguntar a Javier Arenas por qué se optó por actuar así. Lo cierto es que fue una decisión inexplicable y equivocada. Primero, porque ninguna comunidad hubiera perdido los fondos del sistema si votaba en contra, ya que hay por delante 6 meses para acogerse al mismo. Y, sobre todo, porque esa especie de sí pero no, supone ponerle muy fácil la crítica al PSOE, que siempre podrá argumentar que el PP no tiene las cosas claras en un asunto de Estado como es éste.

El Mundo - Editorial

Correa, las FARC y el turbio rastro del chavismo

«El gobierno de Zapatero, uno de los más veloces en retirar a su embajador en Honduras, tal vez podría hacer un gesto similar en el caso de Ecuador, si es que quiere seguir blasonando de defensor de la democracia y enemigo del terrorismo.»

Honduras está dando una lección al mundo de cómo un pequeño país se niega a someterse al dictado de un peligroso totalitario, por más que la denominada "comunidad internacional" siga decidida a no identificar a los verdaderos golpistas, que no son otros que el depuesto presidente Manuel Zelaya y, en un plano superior, Hugo Chávez, su patrón político y financiero.


Pero si hay un ejemplo de país hispanoamericano que lucha por la dignidad y la libertad de todos sus ciudadanos, éste es sin duda Colombia. Situado entre Ecuador y Venezuela, los dos principales polos de desestabilización de la región, Colombia padece desde hace décadas la presión terrorista de las FARC, un grupo de orientación marxista fuertemente armado, que ha hecho del asesinato, el secuestro y el narcotráfico su modo de vida.

A la evidencia de los vínculos entre los gobiernos "bolivarianos" y los terroristas de las FARC, notorios en lo que se refiere a la coincidencia de sus objetivos políticos, esta semana se suma la constatación de que las relaciones entre ambos van mucho más allá. La fiscalía colombiana tiene en su poder documentos que probarían que las FARC financiaron la campaña electoral de Rafaél Correa, entre ellos un vídeo encontrado en el ordenador de Raúl Reyes, líder terrorista abatido por el ejército colombiano en su ataque a un campamento situado en Ecuador en marzo del año pasado, que confirma la entrega de dinero a los emisarios del presidente ecuatoriano.

No se trataría ya únicamente de la acusación de la fiscalía de otro país, sino del reconocimiento por parte de uno de los protagonistas de que el presidente de Ecuador ha recibido dinero de un grupo terrorista. La patética reacción del presidente Correa, negando la evidencia y calificando la incontestable prueba gráfica de sus vínculos con los terroristas de las FARC como "una arremetida de la derecha" con el objetivo de "desestabilizar a los gobiernos progresistas de la región", es la típica reacción de un político populista que elude sus responsabilidades e intenta situar el foco de atención en una imaginaria conjura exterior.

Las investigaciones de las autoridades colombianas y las pruebas halladas hasta el momento de la colaboración de las FARC con el partido político del presidente ecuatoriano, debieran tener también una respuesta adecuada por parte de la "comunidad internacional". El gobierno de Zapatero, uno de los más veloces en retirar a su embajador en Honduras, tal vez podría hacer también en este caso un gesto, aunque fuera simbólico, si es que quiere seguir blasonando de defensor de la democracia y enemigo del terrorismo. En caso contrario, constataríamos una vez más que la política exterior de Zapatero y Moratinos no se inspira en los grandes principios enarbolados en sus discursos, sino simple y llanamente en el sectarismo ideológico tan común en la izquierda de todas las latitudes.



Libertad Digital - Editorial

Zapatero y la España insolidaria

RODRÍGUEZ Zapatero, quien ayer se permitió el lujo de afirmar que el nuevo modelo de financiación configura el auténtico Estado de las autonomías, identifica la política con una operación permanente de imagen, de tal manera que su objetivo consiste siempre en «vender» un producto mediático sin que los ciudadanos sepan con claridad cuál es su contenido. Esta vez se trata de la financiación autonómica, un acuerdo injusto a todas luces que altera sin reparos el principio constitucional de solidaridad para beneficio exclusivo del PSOE y sus necesidades coyunturales de apoyos parlamentarios. Después de sacar adelante la negociación inicial, todo se traduce en abrazos, parabienes e imágenes optimistas de cara a la galería, como refleja la reunión que mantuvo ayer Zapatero con los «barones» regionales. La satisfacción del tripartito catalán tiene cierta lógica, al menos desde una perspectiva particularista, y lo mismo cabe decir -en otro nivel- del socialismo andaluz, oportunamente utilizado para que Manuel Chaves reciba un apoyo político del que anda muy escaso en los últimos tiempos. En cuanto a los demás «barones» territoriales del PSOE, es evidente que hay mucha sonrisa desganada y muchos abrazos de compromiso porque todos ellos son conscientes de que su región se sitúa a la hora de la verdad en el bando de los perdedores. Ferraz acusa a los populares de centralismo y sumisión a los criterios del aparato de Génova, pero antes de hablar algunos líderes deberían mirar en su propia casa y escuchar lo que se dice por los pasillos sobre la «generosidad» del presidente del Gobierno hacia los compañeros y socios catalanes.

El ridículo debate sobre una imaginaria «catalanofobia» y otras fobias regionales refleja el absurdo que supone esta especie de guerra de todos contra todos desatada por Zapatero y cuyo origen directo e inmediato es la financiación privilegiada que establece el Estatuto catalán. Mientras tanto, la vicepresidenta Elena Salgado ha intentado negociar hasta el final con las comunidades gobernadas por el PP en un esfuerzo por abrir una brecha en el mensaje conjunto de todos sus líderes a cambio de ventajas particulares. El interés general es algo más que la yuxtaposición del interés egoísta de unos y de otros, porque exige que los problemas se enfoquen con sentido de Estado y al servicio de todos los ciudadanos. No es éste el caso, como es notorio, porque aquí prima el egoísmo de unos y el oportunismo de otros, por mucho que luego los «barones» socialistas hayan cerrado filas para aparentar en público una satisfacción que no es unánime ni mucho menos.

Mientras llega la sentencia del Tribunal Constitucional -ya superada, a estas alturas, por el desarrollo estatutario- se consolidan los efectos de la mutación del modelo territorial. El presidente del Gobierno ha eludido la reforma formal de la Constitución, pero este sistema de financiación autonómica quiebra las reglas que sustentan un Estado basado en los principios de unidad y autonomía, donde no hay lugar para el ventajismo insolidario. Las reuniones autocomplacientes y las declaraciones a mayor gloria del líder, sólo reflejan la debilidad de unos dirigentes regionales que son incapaces de plantar cara a sus jefes en Ferraz y en La Moncloa. Es probable que lleguen nuevas ofertas particularistas en los próximos días para abrir brecha en la respuesta homogénea de los populares. Frente a ello, es imprescindible que el PP mantenga la defensa sin fisuras de la Constitución y su modelo territorial.

ABC - Editorial

sábado, 18 de julio de 2009

El dominó de la financiación. Por Maite Nolla

«¿Qué hacemos ahora, doña Alicia? ¿Qué pasa ahora después de pedir un frente común de los partidos catalanes en el asunto de la financiación y de pedir a Zapatero que cumpliera el Estatut, que nosotros mismos tenemos recurrido?»

Mi opinión sobre el asunto de la financiación autonómica es que la Constitución separa autonomía y solidaridad por una "y" y no por un "y si se puede" o por un "y si eso". Artículo 2. Eso no se puede cumplir cuando el principal beneficiado de un sistema basado en la igualdad y la solidaridad lo que pretende es la desigualdad y la insolidaridad. Así de fácil.


A mí me interesan las consecuencias políticas que tiene el tema. En este caso, los principales afectados por la resolución del asunto, lo que el socio de Zapatero, Joan Puigcercós, ha calificado como doblegar al Estado, son CiU y el PP de Cataluña. Como las piezas de dominó, va a caer uno empujado por el otro.

A los de CiU, confiados en que lo de la financiación se atascara eternamente, les han colocado en fuera de juego, les han hecho la puerta atrás –si te ha pillao la vaca– y, para resumir, que no van a ganar las elecciones dentro de un año, ni que se hunda otro barrio en Barcelona, ni que de aquí a octubre de 2010 no haya ni luz ni agua en toda Cataluña, que, como ustedes saben, son lo métodos que el PSC utiliza para ganar, qué digo ganar, arrasar en las elecciones. Si son moderados, tendrían que dar por bueno el acuerdo y eso ya lo hacen los socialistas; y si son radicales, tienen que serlo muchísimo, porque ERC también está por el acuerdo, pero eso no da votos, los quita. Igual que el pacto de La Moncloa sobre el estatut les dio vida cuando estaban acabados, el acuerdo sobre la financiación les da la puntilla cuando mejor estaban.

Y el que cae con CIU es el PP de Cataluña, que había puesto todos los huevos en el cesto de que CIU ganaba las elecciones. Avanzo un primición, y es que CiU y PPC no van a sumar sesenta y ocho escaños en las autonómicas catalanas, excepto cataclismo. ¿Qué hacemos ahora, doña Alicia? ¿Qué pasa ahora después de pedir un frente común de los partidos catalanes en el asunto de la financiación y de pedir a Zapatero que cumpliera el Estatut, que nosotros mismos tenemos recurrido? ¿Está usted en contra del acuerdo por lo que dicen Núñez Feijóo, Juan Vicente Herrera o Beteta, o por lo que dice Artur Mas?

Estoy de acuerdo con los editoriales de nuestro periódico; Rajoy es incapaz de responder a la jugada de Zapatero, porque no ha tenido un criterio previo. Ya sé que en el PP, en contra del PP donde el PP gana por mayoría absoluta, se aboga por los criterios generales y luego que cada uno defienda lo suyo en su autonomía; lo mismo que Galeuscat, vamos. Y no deja de ser triste que en lugar de llamar al orden a Alicia Sánchez-Camacho, los que acaben siendo obligados a abstenerse sean los que ni están a favor del acuerdo, ni se ven beneficiados.

Libertad digital - Opinión

La reforma laboral de Hugo Chávez. Por Pablo Molina

«Como todo lo que hace Chávez les parece estupendo, sería bueno que los progres españoles importaran a sus empresas el modelo venezolano, suprimiendo los convenios colectivos y cediendo al empresario la facultad exclusiva de decidir sobre su salario.»

El exgolpista bolivariano, últimamente empeñado en devolver a su monigote en Honduras al frente del gobierno, ha creado un modelo de sociedad basado en ciertas premisas que los gobernantes de progreso deberían tener muy en cuenta para solucionar los problemas de sus respectivos países.


La tan traída reforma laboral, asunto sobre el que gobierno y los sindicatos españoles tienen una opinión opuesta a la patronal, es para Chávez un asunto menor para el que tiene una solución la mar de sencilla. Básicamente se trata de que los empleados no cobren las horas extra y, eventualmente, hacer que trabajen de forma voluntaria sin cobrar un sueldo más allá de lo que el empresario, y en última instancia el gobierno de forma subsidiaria, fijen como precio justo.

Para Chávez, las horas extra son un "vicio" (sic) que hay que erradicar. En efecto, también los trabajadores venezolanos tienen la fea costumbre de exigir el pago de los honorarios correspondientes a las labores realizadas fuera de su horario habitual, con el incremento fijado en los acuerdos colectivos. Esto de los convenios, que Chávez denomina "contratos colectivos", es otra lacra de las relaciones laborales que el mandatario venezolano desprecia profundamente, porque atacan al Estado, es decir, a la capacidad gubernamental de fijar de forma científica cuánto debe cobrar cada trabajador.

Los progres europeos, divididos entre los que se declaran fascinados por las conquistas bolivarianas y los que disculpan los "excesos" totalitarios de la revolución porque se realizan por una causa elevada (la implantación del socialismo), deberían reflexionar sobre su condición laboral si vivieran en un país gobernado al estilo de su ídolo sudamericano.

Y como todo lo que hace Chávez les parece estupendo, incluida su campaña brutal contra los medios de comunicación privados (285 emisoras de radio cerradas son su última conquista en este terreno), sería bueno que importaran a sus empresas el modelo venezolano suprimiendo los convenios colectivos, dejando de cobrar las horas extra y cediendo al empresario la facultad exclusiva de decidir sobre su salario.
Igual al principio es algo molesto, pero como ellos mismos suelen decir, lo harían por una buena causa. ¿O es que sólo los trabajadores de Venezuela van a tener derecho a disfrutar de tanta felicidad?

Libertad Digital - Opinión

Los tiempos de Bárcenas. Por Ignacio Camacho

SI hay algo que no le guste a ningún político es que le marquen los tiempos y le impongan la agenda. En ese sentido, la presión mediática sobre el tesorero Bárcenas no ha hecho más que acentuar la tendencia de Mariano Rajoy a no tomar decisiones inducidas -incluso simplemente a no tomar decisiones- y a mantener los pulsos hasta más allá de donde a la mayoría le empiezan a temblar los nervios. El líder del PP decidió aguantar el caso hasta que cruzase la línea roja de la imputación formal, y así lo hará porque entiende que otra conducta sería ceder a la coacción externa. Es una cuestión de lógica partitocrática: a Rajoy le vendría muy bien sacudirse el problema cuanto antes, pero un tipo que aspira a liderar el país tiene que empezar por defender el liderazgo de su organización, y en los partidos está mal visto que se deje tirada a la gente si no hay por medio evidencias objetivas. La imputación razonada es la frontera convencional de esa objetividad en términos penales. Sin embargo ha llegado un momento en que el mismo Bárcenas está poniendo las cosas difíciles al gestionar el asunto por su cuenta y meter bulla desde dentro. De ahí que el gallego haya comenzado a trasladarle la presión al propio afectado, auspiciando en la dirigencia del partido una crecida de declaraciones y gestos para que dimita.

Cuando hablé con Bárcenas el pasado jueves -está contado en el blog de ABC digital- salí con una duda razonable, quizá parecida a la que logró sembrarle a Rajoy, pero si él pone la mano en la Biblia por la financiación del PP yo no me atrevería a pasar la mía por el fuego a cuenta de la inocencia que defiende con una enérgica refutación de los indicios aparentes. Tiene gran poder de convicción y me declaro dispuesto a creerlo, pero le creeré más después de que convenza al instructor del Supremo. Aunque resulta evidente que ha sufrido acoso policial y judicial, y hasta es probable que si no fuese senador le hubiesen metido en la cárcel para cobrarle pena de telediario, tiene que darse cuenta de que como mínimo está en una siniestra encrucijada de casualidades muy comprometidas. Y no sólo para él, sino para los que se supone que son los suyos.

Por eso se tendría que haber ido ya; si el partido, o más exactamente el presidente del partido, está dando la cara por él, es hora de que devuelva el favor aliviándolo de presiones. En vez de hacer eso permite que se entienda que recibe apoyo porque dispone de información comprometedora; sugiere que tiene la sartén por el mango y establece por sí mismo que si renuncia será «provisionalmente». Grave error. Primero porque eso equivale a decidir por Rajoy, a marcarle los tiempos y de alguna manera a chulearlo invitándole a eternizar la provisionalidad. Y segundo porque si lo imputa el Supremo ya no será de ningún modo Bárcenas sino los jueces quienes tengan la última palabra.

ABC - Opinión

Rajoy es Rajoy. Por Antonio Casado

El presidente del PP, Mariano Rajoy, sostiene que no está siendo chantajeado por su tesorero ni lo hubiera permitido si al tesorero se le hubiera pasado por la cabeza chantajearle. No podemos discutir la sinceridad de algo tan subjetivo. Sin embargo, sí se puede afirmar que Luis Bárcenas ha creado las condiciones objetivas para que la opinión pública vea a Rajoy con las manos atadas. Especialmente después de los mensajes que Bárcenas ha ido deslizando durante la campaña que realizó días atrás mediante el acercamiento a periodistas influyentes.

Los recaditos eran más o menos de este tenor: no hay cojones para cesarme, tengo mucha información; si cae Bárcenas, cae Rajoy, Cospedal es una retrasada mental, ya me he llevado del despacho algunas cajas con documentos, etc. El o sus muy allegados estuvieron dando cuartos al pregonero unos cuantos días, lo cual multiplicó el ruido de pasillos y el malestar de los dirigentes del PP.

Algunos medios de comunicación hicieron encuestas entre sus lectores. Y en todos sin excepción eran claras las mayorías convencidas de que Rajoy teme que Bárcenas tire de la manta. Quienes conocemos el armazón moral de Mariano Rajoy sabemos que esa percepción de la opinión pública no responde a la verdad. Sin embargo, no se libra de la sospecha por haber llevado más allá de lo razonable su apoyo al personaje.

¿Y qué necesidad tiene de aguantar eso? El habla de esperar a que se apague la hoguera, de actuar en frío, de manejo de tiempos, etc. Como todas esas amenazas del tesorero de moda se formularon de aquella manera, bajo el formato "off the record", sin que consten como declaraciones suyas, no quiso darse por enterado. Hasta las piedras sabían que la paternidad de las mismas era la de Bárcenas. Y hasta las piedras sabían que su tono amenazante o conminatorio dejaron al líder del PP en una situación muy incómoda, mientras su partido le reclama el cese del tesorero.

Lógico. Son muy serios los desperfectos que está sufriendo la imagen del PP. A cuenta de Bárcenas y a cuenta de Camps, aunque no es lo mismo. Bárcenas carga con un supuesto delito fiscal y la versión más reprobable del cohecho. Camps sólo con la versión menos castigada del segundo. Tampoco es lo mismo desde el punto de vista político. Se parecen, eso sí, en el ruido de pasillos que generan dentro del PP. Y en los espacios mediáticos que ocupan.

Bárcenas está tardando demasiado en dar un paso atrás. Ni Rajoy está por la labor de pedírselo. De momento. Por no hacer las cosas en caliente, según él. El líder del PP quiere enfriar el asunto. Una estrategia muy peligrosa para su causa personal y la del partido que dirige. Pero Rajoy es Rajoy.

Periodista Digital - Opinión

El cisne forofo. Por Alfonso Ussía

Le tengo afecto al Muy Honorable Jordi Pujol. Y una nostálgica admiración. Su mujer, Marta Ferrusola, me cae peor, pero ahí se enfrentan la objetividad y la subjetividad, y uno es siempre sujeto. De ser objeto, mi opinión valdría lo mismo que un elefante de plata con colmillos incrustados de marfil o que un Quijote de nácar blandiendo su adarga. Creo que el Muy Honorable Pujol, inspirador de grandes tonterías y protagonista de muy aceptables decisiones, no merece -como otros dirigentes nacionalistas y aldeanos- la amargura crítica. Pujol, después de ser entusiasta oficial del Ejército de España, mentón alzado y pulidas botas, se entregó a la causa provincial y estuvo en la cárcel durante el franquismo. Disfrutó y padeció los caprichos del Régimen. Pero en la Transición, además de traicionar a Tarradellas, demostró su inteligencia sin límites, y se distanció de los esquizofrénicos nacionalistas vascos. Fue leal a lo que pretendió.

Al nacionalismo catalán desde un rincón pragmático de su melancolía, y a España por inteligente, que no apasionada, emoción medida. El Muy Honorable es personaje de aspecto turbio y escasa presencia, pero muy respetable por su sentido del equilibrio. Insisto en que no me inquieta reconocer mi admiración hacia su persona, si bien me desasosiega pensar que estos paletos que hoy tripartitan Cataluña son consecuencia de sus desahogos. Siempre he desconfiado del cisne en declive. Ese canto del cisne agónico y fanfarrón de los cisnes sin alas, de los cisnes sin ganas, de los cisnes sin nenúfares y de los cisnes unánimes del cursi de Rubén Darío, me entristece. Ahora, sin venir a cuento, ha dicho Jordi Pujol que el «Barça» es la selección de fútbol de Cataluña, y se me han abierto, como abanicos de hilo, las holguras de mis pololos. Vamos a ver. En el «Barça» militan, juegan, compiten y triunfan una mayoría de profesionales del deporte a los que les importa un pimiento el nacionalismo catalán. Ni a Messi, ni a Etoo, ni a Henry, ni a Touré Yayá ni al resto de los componentes extranjeros de la maravillosa plantilla del F.C. Barcelona les quita el sueño la realidad, cierta o soñada, de Cataluña. Iniesta, el mejor jugador de la plantilla, es de Albacete y de familia madridista. Y Xavi y Puyol son dos columnas de la selección de España, que es la que vale, y no la figurada por el tontorrón, gastón y gorrón de Carod-Rovira. Esa bobada la puede pronunciar Carod, o su hermano Apeles, o Chiqui Beguiristain, pero no Jordi Pujol. El «Barça», admirable club, con centenares de miles de seguidores en toda España, es eso, tan grandioso y único como un impresionante club, pero nada más. A muchos de sus grandes futbolistas, o baloncestistas, o lo que sean, les importa un higo el nacionalismo catalán, la Señera estrellada, el «Freedom for Catalonia» que no es «Spain» y todas esas chorradas. El «Barça» es lo que es, porque, además de sus socios, millones de personas en el mundo le han dotado de horizontes y no de aldeas. Y es un club español rebosado de jugadores que han venido de fuera para cumplir sus contratos profesionales, no para intervenir en pequeñas historias de ombligo. Que Pujol, el Muy Honorable, piense de esa manera me decepciona. Eso, el canto del cisne, tan aparatoso y tan cursi.

La Razón - Opinión

Chávez y Zelaya, los auténticos golpistas

Pese a la lamentable actuación de la comunidad internacional, la unidad de todos los poderes del Estado y el respaldo de la sociedad civil han impedido hasta ahora la invasión chavista de Honduras.

A una parte de la izquierda –la más fiel a sus principios socialistas y, por tanto, totalitarios– nunca le ha importado la libertad de los seres humanos. Su programa consistía únicamente en cambiar la sociedad, en construir un nuevo mundo donde supuestamente todos los individuos iban a ser iguales y donde, siguiendo a Marx, el hombre dejaría de explotar al hombre.


El único problema es que los seres humanos no estaban demasiado interesados en que les planificaran la vida y les cercenaran su libertad. El socialismo siempre ha estado y estará asociado con la fuerza y con la violencia porque es imposible su implantación pacífica. De ahí las múltiples revoluciones, insurrecciones, golpes de Estado y guerras civiles que ha promovido la izquierda más radical: necesitaban acceder, sea como fuere, al monopolio del poder para ser capaces desde allí de reprimir y asfixiar a los individuos.

Claro que llegó un momento en el que descubrieron que la sublevación abierta, el destape y el clamor revolucionario cada vez se volvían menos efectivos. Si tras la experiencia soviética Gramsci ya descubrió que la única forma de implantar el socialismo en el Occidente democrático era pervirtiendo las instituciones desde dentro, una vez caído el muro, cualquier conato de insurrección comunista, por lo general, habría fracasado nada más empezar.

Por este motivo, la izquierda totalitaria ha adoptado en todo el mundo nuevas y originales formas destinadas a conservar sus esencias, tal y como magistralmente explicó Jean-François Revel en su Gran Mascarada. En Europa y Estados Unidos, la conversión se produjo en forma de "movimiento ecologista": una fórmula para controlar la provisión energética y, por tanto, el conjunto de la economía. En América Latina, sin embargo, el reclamo fue otro: la pobreza de la mayoría de los ciudadanos y los privilegios de los que gozaba una casta política poco democrática, nada liberal y mayoritariamente criolla, llevaron a los totalitarios a enarbolar la bandera de la redistribución de la riqueza, el derrumbe de las oligarquías y, en definitiva, una reinvención de la "democracia" que otorgara una igualdad efectiva a las siempre sometidas clases indígenas. Para terminar de darle consistencia al cóctel, se puso a Estados Unidos como enemigo externo y desestabilizador (debido a las intervenciones más o menos afortunadas que tuvo durante la Guerra Fría) al que culpar de todos los males habidos y por haber.

Ésta fue la fórmula ideológica que tuvo que inventarse Hugo Chávez para alcanzar el poder en Venezuela después de su fallido golpe de Estado de 1992 contra Carlos Andrés Pérez. Su objetivo, claro, era tomar el poder y explotar a su pueblo; poco o ningún respeto le guardaba a la democracia y mucho menos a la libertad de sus ciudadanos. Siete años después, sin embargo, ya había aprendido la lección gramsciniana: manipula a la población, gana las elecciones y, desde dentro, implanta poco a poco una dictadura.

Es el modelo bolivariano que desde entonces se ha exportado con éxito a Bolivia, Ecuador y Nicaragua y que en Occidente nos intentan vender como plenamente democrático y respetuoso con las libertades de los latinoamericanos, pese a que sus promotores no dudan en rendir culto y buscar inspiración en la dictadura cubana.

La revolución interna bolivariana ha fracasado, de momento, en Perú, México y Honduras. En los dos primeros casos, Ollanta Humala y Andrés Manuel López Obrador perdieron las elecciones; en el segundo, Manuel Zelaya las ganó con el Partido Liberal y con un programa electoral totalmente contrario al chavista, pero afortunadamente las instituciones hondureñas –el Legislativo, el Judicial y el Ejército– abortaron desde dentro el golpe de Estado que tenía programado Zelaya y que no sólo era absolutamente contrario a la Constitución hondureña, sino que además ya sabemos que iba a ser todo un fraude electoral.

Desde entonces el chavismo –que inclusó proporcionó al depuesto presidente hondureño las urnas y las papeletas del referéndum inconstitucional– ha tratado de presionar a los hondureños para que Zelaya sea restituido en su cargo. La unidad de todos los poderes del Estado y el respaldo prácticamente unánime de la sociedad civil han impedido tal extremo, pese a que una lamentable comunidad internacional ha hecho un completo vacío a la democracia hondureña, dejando que Chávez y los suyos siguieran con sus tejemanejes y amenazas.

El caso probablemente más ridículo fue el de la Organización de Estados Americanos (OEA), que primero lanzó un ultimátum de expulsión a Honduras por el golpe contra la democracia y después dio marcha atrás no reconociendo como válida la decisión de Micheletti de abandonar una institución internacional que cada vez parece más sumisa a los intereses totalitarios bolivarianos. Todo ello pocas semanas después de que la OEA invitara a Cuba a regresar a la organización: tales son sus exigencias democráticas.

Sin embargo, el ridículo de la OEA no ha sido el único. En España Zapatero no dudó en apoyar a Zelaya retirando el embajador español en Honduras. Nada ha dicho, por el contrario, de la continúa intromisión chavista en la política hondureña; no tenemos constancia de que el embajador español en Venezuela vaya a ser llamado a consultas.

Obviamente, toda esa complaciencia internacional con las bravuconadas de Chávez le han dado alas para que dé, con la excusa de restituir la democracia, el paso definitivo: invadir Honduras. Que el gorila venezolano esté dispuesto a saltarse su guión tradicional –ganar las elecciones y abolir la democracia desde dentro– sólo indica que está en una situación de debilidad; la deposición de Zelaya lo ha humillado ante el resto de América Latina y ante sus objetivos futuros. Y ya se sabe que los animales acorralados reaccionan de la manera más violenta posible.

Esperemos que la escala de amenazas de Chávez no cristalice en una invasión armada. Desde luego, sería el peor final que podría alcanzar esta limpia defensa del orden constitucional hondureño. Pero en todo caso sería un final que las democracias occidentales, y muy en particular la española, habrían incentivado con su apoyo pasivo al golpismo bolivariano de Hugo Chávez y Manuel Zelaya; dicen defender la democracia pero, como a la izquierda más radical, sólo les importa el poder y el sometimiento de la población.

Libertad Digital - Editorial

Financiación con trampa

LA vicepresidenta Elena Salgado presentó ayer la propuesta del nuevo sistema de financiación autonómica, que resume la política de José Luis Rodríguez Zapatero de contentar a todas las autonomías. Según Salgado, el criterio principal del nuevo sistema será garantizar la prestación de servicios públicos básicos, como educación y sanidad, con una aportación per capita igual en todas las comunidades. La población se configura como la base de cálculo principal, aunque la ministra Salgado aseguró que se habían tenido en cuenta las exigencias de las autonomías, tales como la dispersión de la población, el envejecimiento o el territorio. Además anunció la creación de diversos fondos tendentes a facilitar la convergencia entre territorios, entre otros objetivos. La descripción del nuevo sistema fue superficial y, en ocasiones, confusa. Careció de cifras que cuantificaran realmente los incrementos de financiación -de las que por la tarde sí presumieron comunidades como Cataluña y Andalucía-, porque lo que debía quedar claro en la comparecencia es que este sistema teóricamente va a dar más dinero del que ya reciben las autonomías. Es decir, no se parte de cero. A la exposición le faltaron contenidos, y esto hace que la valoración de la propuesta que verá el Consejo de Política Fiscal y Financiera sea provisional. Pero nada se dijo de cómo se afrontarán los incrementos de fondos a las autonomías y cómo el Estado se asegurará recursos una vez que se hagan efectivos los traspasos a las autonomías de los nuevos tramos de los impuestos especiales (58 por ciento), IRPF e IVA (50 por ciento). La subida de impuestos es el capítulo escondido de este sistema, que en las condiciones actuales de recesión, aumento incontrolado del gasto y desplome de la recaudación tributaria, tiene una viabilidad financiera más que dudosa, salvo a costa de aumentar el déficit público.

Políticamente, el objetivo de Zapatero es amarrar el apoyo de los partidos catalanes y pacificar la situación del PSC con ERC. Sencillamente, Zapatero se garantiza votos y cierta estabilidad a cambio de 3.855 millones adicionales para Cataluña. Es evidente que la oferta de más dinero será difícilmente rechazable en tiempos de crisis, pero también lo es que hay que aplicar una mínima visión de futuro. El Gobierno sabe dónde están sus apoyos electorales y no va a escatimar recursos para asegurar su fidelidad. Es cierto que había que modificar el sistema de financiación autonómica, porque hay comunidades que precisan más dinero para atender su nivel de desarrollo social y económico. Pero el problema de este nuevo plan no ha sido el sistema aprobado en 2001 con el PP en el Gobierno, como pretendió hacer ver la ministra Salgado al comienzo de su intervención, sino la improvisación constante del Ejecutivo de Zapatero en su modelo de Estado, tanto en lo financiero como en lo territorial. En lo que afecta al PP, la propuesta del Gobierno no puede funcionar como una trampa para su unidad interna. Un partido con sentido nacional debe combinar la satisfacción de intereses regionales con el bien general de la nación. Al PP le corresponde, como hizo ayer su portavoz económico, Cristóbal Montoro, poner sentido crítico y realismo a este nuevo ejercicio de voluntarismo del Gobierno socialista, que no deja de esconder un chantaje a las comunidades del PP para intentar dejarlas en evidencia cuando reciban el dinero pese a oponerse al nuevo sistema.

ABC - Editorial

Problemas en UPD. Por José Cavero

La formación política que pusieron en marcha Rosa Díez y Fernando Savater hace un par de años, y que ya se ha enfrentado a varias consultas electorales y a muchísimas encuestas sobre inclinaciones electorales de los españoles, ha mostrado signos, en las últimas semanas, de estar padeciendo problemas derivados de un estancamiento indeseable y de una organización interna que choca con las apetencias y aspiraciones de algunas otras figuras de la primera hora.

De hecho, y en la práctica, de los dos "padres fundadores", hace tiempo que el filósofo Savater parece haberse quitado de en medio, y parece haber cedido toda la autoridad a Rosa Díez, de vocación política más decidida y de entrega a la causa. Pero se vienen produciendo sucesivos e inacabables anuncios de baja por discrepancias con Rosa que a muchos observadores parecen altamente preocupantes: Mikel Buesa fue el primero en anunciar su desacuerdo con lo que considera autoritarismo de la presidencia. Y tras él, otros varios personajes de la primera hora de partido han decidido arrojar la toalla: Luis Bouza Brey, Carlos Martínez Gorriarán o Magdalena San Vicente. Y algunos otros han expresado públicamente su desacuerdo con la marcha del partido, como Miguel Alvarez Adán.


El propio Alvaro Pombo se ha mostrado crítico con lo que viene sucediendo. Y es curiosa la serie de reacciones que se vienen produciendo, sobre todo entre "fundadores" o figuras de primera hora, que muestran su descontento particularmente desde páginas web de Internet, que se ha convertido en el modo frecuente de mostrar la disidencia interior con la dirección. "Aunque aún se callen muchas cosas, como que UPD, la repera limonera del liberalismo patrio, no haya celebrado un Congreso, ni en Valencia, ni en Bulgaria, en dos años, uno de sus fundadores que se han ido, Bouza Brey, denuncia por ello que UPD no cumple con la Ley de Partidos", dice una de tales comunicaciones críticas.

Añadía este comunicante disconforme que "en Andalucía ha dimitido toda la coordinadora. No sé si tiene que ver, pero la gente se sigue largando del partido magenta y lo califican, directamente, de "vergüenza". Y que también se ha largado el coordinador de Utrera...". Otro comunicante del partido de Rosa Díez dice que: "Cada vez hay más tensión y en Madrid han comenzado ya las "purgas". Seguiré informándoos. Por cierto, sorprenden algunos iracundos silencios*".

Muchos se preguntan por el futuro de esta formación política que unos entienden que se pelea por los votos del PP y otros por los del PSOE. Hay bastante coincidencia en apreciar que sin el apoyo de determinados medios informativos "el partido de Rosa" apenas habría llegado adonde ya está, con una única diputada en el Congreso, la propia Rosa Díez, y un eurodiputado electo en Estrasburgo, el profesor Sosa Wagner, partido sobre el que hay toda suerte de especulaciones para el futuro: ¿Duplicará sus efectivos o los terminará de perder, en esta sangría presente?. Pero no es menos cierto que desde otros medios informativos, como denuncian sus propios promotores, la Unión Progreso y Democracia sufre un obstinado silencio que nada favorece esta opción política naciente. No es improbable que tenga una vida paralela a la de otra fuerza con escasa presencia pública, Ciudadanos, con la que a menudo parece que compite por un pequeño nicho...

Siglo XXI