domingo, 5 de julio de 2009

Los talibanes lingüísticos. Por Yauma

Después de aprobarse la famosa LEC con los votos en contra de los diputados del PP, C´s y ICV el, hasta ahora, representante de ciudadanos Antonio Robles ha declarado:
“Sólo servirá para educar el espíritu nacional de los talibanes lingüísticos y despojar de derechos a muchos catalanes”.


Hay que reconocer que el señor Robles, nefasto político para ese pequeño partido en fase de descomposición tan familiar a todos nosotros, ha tenido siempre en el parlament una voz clara y nítida contraria al régimen nacionalista que agobia y oprime, con modos suaves y gestos democráticos, a gran parte de los habitantes del oasis.

Para un número significativo de catalanes la presencia en el parlamento de Cataluña de diputados que digan lo que dice Robles, en castellano, claro, nítido y fuerte, es tan necesaria como el aire que permite realizar las funciones vitales de la respiración aerobia a los seres vivos.
No, no nos sirve el PP, ni algunas aisladas buenas voluntades del PSOE, ni siquiera buenos y solidarios españoles que vivan por ejemplo en Cuenca o Argamasilla de Calatrava. El problema lo tenemos aquí, cada día, con la Ley de educación con la lengua, con…..esa tenaza que lenta y constante aprieta poco a poco sobre los derechos y libertades de los ciudadanos no afines al proyecto madre del nacionalismo cuatribarrado.


Llega un momento, comprensible sólo si se vive en la certeza de lo que realmente está ocurriendo, que a uno no le importa que el diputado o diputados que le representa, sean de derechas, izquierdas, centro, o de la Santa Inquisición. Con tal de que defienda las ideas políticas y derechos claros que se conculcan sistemáticamente en el oasis. Vamos, políticos antinacionalistas declarados. Nada de ambigüedades no- nacionalistas ni eufemismos por el estilo. Antinacionalistas, puros y duros, que conozcan vivan y sufran el problema en sus propias carnes.

Pero el tema va de talibanes, y, a ello nos vamos a aplicar:
El lingüista Joan Solà pide en el parlanment una defensa firme del catalán. Se trata de la primera personalidad invitada a intervenir en el pleno, el último Premi d`Honor de les Lletres Catalanes. Durante veinte minutos en la tribuna de oradores “trazó una cruda radiografía de la situación actual de la lengua catalana”. Lengua según el eminente profesor: “degradada, subordinada políticamente, incansablemente y de mil maneras atacada por los poderes mediáticos, visceralmente rechazada por los otros pueblos de España”. ¡Ahí queda eso!
Porque “esta lengua no puede ni quiere sentirse ni un minuto más inferior a ninguna otra”. El docto doctor Solá dibujó un panorama muy sombrío sobre el catalán. La lengua propia de Cataluña no goza de buena salud ni política ni social ni filológica. Política porque al pactar la Constitución se aceptó que quedara en situación de inferioridad respecto al castellano, social porque ha ido perdiendo terreno también frente al castellano, y filológica por la degradación alarmante de todas sus estructuras. “Somos una comunidad lingüísticamente enferma desde hace muchos años”. Para reconducir la situación y lograr que el catalán sea “una lengua útil y necesaria debemos estar dispuestos a llegar hasta donde sea preciso para preservar nuestra personalidad”.
Los diputados aplaudieron de pie (no se menciona si brazo en alto) largamente, al eminente profesor, a excepción de los del PP, que no aplaudieron ni se levantaron de sus asientos, y de los tres de C´s que muy valientemente abandonaron la sala antes de producirse la intervención del insigne invitado.

Hace unos días el diario Público hizo una amplia entrevista a Joan Solà, este periódico siempre en la línea zapateril y en la defensa del nacional socialismo cuatribarrado. En ella el profesor dice entre otras cosas: “La asimilación al castellano puede convertir al catalán en una sub lengua, somos un pueblo que vive enfermo, y de ahí esa sensación de gran interés por la lengua”.
“Sólo recuperando la autoestima como pueblo y como entidad política, del nivel que sea, pero sin estar subordinado a nadie te sentirás más fuerte para defender tu lengua.”
¿Entonces la única solución es tener un Estado Propio? (pregunta del periodista)
“Yo no digo eso. Digo que la única manera de salvar la lengua es tener una concepción política de este país no subordinada. ¿Cómo debe ser? El ideal evidentemente es la independencia, pero podría haber una fórmula intermedia tan digna como esa. Como pasa en Suiza, Canadá o Bélgica.”

¿Quién es Joan Solà?.
Para tener una idea equilibrada del profesor Solà , sin que se me pueda tachar de tendencioso, reproduzco aquí un artículo del escritor y periodista Antoni Puigverd catalanista moderado , persona inteligente y sensible, sobre Joan Solà:

"Elogio crítico de Joan Solà
Aplaudirle como gramático portentoso no implica divinizar su discurso romántico
Joan Solà, flamante Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, es un gramático portentoso, un lingüista formidable. De formación grecolatina, complementada en lingüística general en Gran Bretaña, ha dedicado su fértil vida al estudio de la lengua catalana, especialmente en su vertiente sintáctica.
Catedrático de la UB (1983) y profesor visitante en muchas universidades extranjeras, Joan Solà es un verdadero sabio: ha renovado el legado de los dos pilares de la filología catalana: Pompeu Fabra y Joan Coromines. Tal renovación ha sido posible porque es el máximo exponente entre nosotros del generativismo, teoría lingüística que de la mano, entre otros, de Noam Chomsky, ha revolucionado los estudios gramaticales en todo el mundo.
Rigurosamente cosmopolita, pues, y fervorosamente local, Solà ha escrito una gran cantidad de estudios gramaticales entre los que destaca la monumental Gramàtica del català contemporani, en tres volúmenes, para la que contó con más de 50 colaboradores, a los codirigió con Maria Rosa Lloret, Joan Mascaró i Manuel Pérez Saldanya. Miembro relevante del Institut d'Estudis Catalans (IEC), ha redactado la parte sintáctica de la nueva gramática normativa, de próxima aparición. Es el eslabón contemporáneo de la excelente cadena de lingüistas que han formalizado el catalán moderno: Alcover, Fabra, Corominas, Moll, Sanchis Guarner, Badia.

Solà no se ha encerrado en la torre de marfil académico. Ha redactado libros de estilo para medios de comunicación, ha inspirado manuales de divulgación y tratados de puntuación y ortotipografía. Sus impagables columnas en el diario Avui, que cumplen ya 20 años, son verdaderas chocolatinas de sabiduría lingüística: con la excusa de paseos, lecturas u observaciones, da rienda suelta a su portentosa inteligencia, pero también a sus sentimientos patrióticos, que a veces se confunden con sus oceánicos conocimientos. No tengo la suerte de conocer personalmente al profesor Solà, cuya sapiencia intelectual y lingüística admiro, aplaudo y agradezco con todas mis fuerzas.
Celebro que le hayan concedido el Premi d'Honor. Pero, de la misma manera que la admiración por el lingüista Chomsky no debe implicar aceptación de su discutible visión del mundo, mi admiración por el lingüista Joan Solà no me impulsa a divinizar sus planteamientos sociolingüísticos, que, con todos mis respetos, me parecen más emocionales que intelectuales.
Solà tiene una visión herderiana, romántica, de la lengua, y con frecuencia avisa de su próxima defunción si no se rompe la dependencia política del Estado español, cuya legalidad impide jerarquizar a la lengua catalana en sus territorios históricos por encima de la oficial española. Solà parte de una afirmación acuñada en tiempos de la Renaixença: "Llengua = pàtria". Una afirmación que sitúa, de facto, el futuro del catalán ante el desastre, pues, como es notorio, la sociedad catalana está hoy –como ha estado siempre en su historia contemporánea– muy lejos de apoyar una solución soberana.

El independentismo tiene predicamento, pero no es hegemónico, y su hipotético desarrollo, o se hace a costa del abandono de las tesis del monolingüismo, como hizo el independentismo irlandés (y como sugieren en voz baja algunos políticos de CiU y ERC), o, en el supuesto de progresar, acabará suscitando un movimiento antagónico. La división sería fatal para Catalunya y hundiría la lengua más débil.

Es natural que algunos deseen encontrar monolingüismo allí donde existe el plurilingüismo. En realidad lo desean unos y otros (un año atrás polemizaba en estas páginas con los intelectuales que confunden lengua mayoritaria con lengua común y que pretenden justificar la subordinación del catalán argumentando una supuesta superioridad cultural, social y hasta democrática del castellano). Pero la sociedad catalana es como es, desde hace un siglo. En lugar de repetir el manifiesto de Els Marges hasta la saciedad, ¿no es hora ya de deslindar los fundamentos románticos de las posiciones lingüísticas? ¿No es hora ya de abandonar la idealización del Noucentisme que impide reconocer las contradicciones que anidaban en la Catalunya de 1909? ¿Acaso no existió la Setmana Tràgica? ¿Acaso las matanzas catalanas en tiempos de la guerra las provocaron agentes externos? ¿A una inteligencia como la de Solà no le tienta estudiar una vía nueva que no nos obligue a escoger entre hecatombe y asimilación? ¿No le tienta aceptar el principio de una realidad catalana en irreversible mezcla identitaria, política y cultural? ¿No le tienta encontrar fórmulas para mantener a flote nuestros dos grandes tesoros: la concordia civil y la pluralidad cultural?"

El blog de Yauma

La casa de los espías. Por M. Martín Ferrand

FÉLIX Sanz Roldán y José Luis Perales tienen la misma edad y ambos son conquenses; pero eso, supongo, no le obliga al primero a cantarle a Alberto Saiz la canción que el segundo compuso para Jeannette: «Por qué te vas». En puridad, y según el ejemplo de Carlos Saura, que la utilizó en la banda sonora de Cría cuervos, la interpretación le correspondería a un trío de postín: José Bono, el descubridor del espía cesante, María Teresa Fernández de la Vega, su mantenedora, y Carme Chacón, que, en su condición de abadesa castrense, no suele enterarse de nada.

En realidad, al director saliente del Centro Nacional de Inteligencia no hay que preguntarle «por qué te vas». Indagar las razones que le llevaron al cargo resultaría más comprometido e incómodo. Es algo que se integra en el método de Gobierno empleado por José Luis Rodríguez: el desprecio al talento y la práctica del amiguismo complaciente. Alberto Saiz no ha podido defraudar a nadie. Su calamitosa gestión al frente de un organismo neurálgico para el Estado era previsible y estaba prevista por cuentos creemos que la preparación y la experiencia son condiciones indispensables -no suficientes- para ejercer una responsabilidad pública.

Los antecedentes del CNI, una fundación de José María Aznar en la que ya demostró su falta de idoneidad su primer director, Jorge Dezcallar, no son buenos. Ya en democracia, los servicios secreteos del franquismo mantuvieron su inercia y fueron poco más que un centro de sospechas infundadas, vigilancias indebidas, escuchas delictivas y usos espurios de métodos que, con el pretexto de la seguridad del Estado, marearon la perdiz a mayor gloria de sus directores. Entre Emilio Alonso Manglano y Javier Calderón, por citar sólo a dos de ellos, no hay más diferencia que las establecidas por sus inspiradores máximos, Felipe González y Aznar.

Ahora le toca el turno a Sanz Roldán. Dado el alto número de militares que integran la plantilla del Centro y desvirtúan su condición civil, no está de más un teniente general para poner orden en el desmadre. Según dice el recién nombrado tendrá que hacer «cirugía fina». Es una elegante manera de hablar; pero toda la cirugía que, en este caso, no se practique con un hacha será inútil. Son muchos años de malas costumbres y prácticas no deseables las que hay que desterrar. Del Rey abajo, son numerosas las víctimas del Centro.

ABC - Opinión

Seria dificultades en el diálogo social. Por José Cavero

Hasta ahora, y durante toda la crisis, la mesa del diálogo social que constituyen los dos principales sindicatos, UGT y CCOO, las patronales CEOE y Cepyme, y el Gobierno, representado por el Ministerio de Trabajo, han sido objeto de una queja permanente: pese a haberse depositado en esa mesa de diálogo tosas las esperanzas de que los agentes sociales hicieran alguna aportación sustancial a la solución de la crisis, particularmente en lo relativo a la reforma del mercado laboral y alguna otra reforma, el diálogo no ha dado nada de sí. En las últimas semanas, y forzados ya por una opinión pública cada vez más apremiante y por presiones crecientes, los negociadores de esta mesa parecían dispuestos a hacer nuevos esfuerzos y, finalmente, llegar a alguna clase de acuerdo que diera satisfacción de las tres partes, Gobierno, empresarios y trabajadores. Sin embargo, desde la tarde del jueves empezó a tenerse información sobre crecientes y graves tensiones que llegaban a amenazar a la mismísima existencia de la mesa del diálogo. Y hoy, sábado, son varios los periódicos que, alegando distintas razones, insisten en las muy serias dificultades por las que atraviesa ese diálogo, y que acaso hayan dado la puntilla a un diálogo hasta ahora ineficaz.

Una de las primeras versiones del choque entre los participantes en esa mesa, la proporcionaba La publicación de Internet "El confidencial", Carlos Sánchez, excelente fuente informativa en materias económicas y laborales, hablaba de "crisis de las gordas" en el diálogo social, y relataba que CCOO y UGT se habían levantado el jueves de la mesa, llegando incluso a amenazar con una huelga general. "Nunca antes se había tensado tanto la cuerda de los agentes sociales" decía el cronista. Y sobre las cursas, mencionaba el último documento presentado por Moncloa, más en línea empresarial que sindical. El representante de Zapatero, Vallés, provocó incluso hasta proferir gritos a los sindicalistas Górriz y Ferrer. Se había discutido la extensión del seguro de paro a los colectivos que han dejado de percibir estas ayudas, así como la reducción de cotizaciones a la seguridad Social para contingencias comunes. La postura de presidencia llegó a ser considerada una agresión por los sindicatos.

En su versión de hoy, el diario La Vanguardia también se ha señalado ese abandono de la mesa por los sindicatos, después de que la patronal exigiera un nuevo contrato, y sobre la rebaja de las cotizaciones, destacaba que los empresarios reclaman una rebaja de cinco puntos. Mar Díaz Varela también habla en su relato de las distancias insalvables entre los interlocutores sociales: mientras el Gobierno parece conformarse con un acuerdo de mínimos, la CEOE no está dispuesta a firmar un acuerdo que no incluya una rebaja de los costes del empleo y del despido. A su vez, CCOO quiere alcanzar un cambio de modelo económico que protejamos a los parados, y en este aspecto coincide con UGT, que se resiste a que se producta cualquier reforma laboral. Según este relato, el único punto de absoluta coincidencia de los agentes sociales es el rechazo unánime a la propuesta de acuerdo para el diálogo social elaborado por la Moncloa, en la que el Gobierno propone un subsidio temporal de 420 euros para los parados a los que se le agiten las prestaciones, que beneficiaría a 200.000 desempleados. Tampoco complace la propuesta de que mejore la intermediación de las empresas de trabajo temporal ni la reforma de la negociación colectiva.

Otra versión es la que hoy ha proporcionado a sus lectores el diario económico El Economista, que no ha dudado en hablar de "incendio del diálogo social", y asegura que la negociación se tensa y hace tambalearse el principio de acuerdo dotado con 19.000 millones. La CEOE y los sindicatos relevaron sus exigencias al Gobierno al plantear por separado, un nuevo paquete de máximos. A su vez, es llamativo el titular de Público, que ofrece su propia y singular versión: Zancadilla al pacto social. Los empresarios se radicalizan. La patronal pone en crisis el diálogo tras un almuerzo con Rajoy. Relata que los sindicatos se levantaron de la mesa ante la pretensión de CEOE de abaratar el despido mediante un contrato con sólo ocho días de inmunización, y la exigencia empresarial de rebajar las cotizaciones sociales cinco puntos. Más esperanzadora es la versión de El País, al señalar, primero, que "el fiasco del jueves no supone, en todo caso, la ruptura de las negociaciones". El lunes hay previsto un nuevo encuentro, aunque no se descarta que pase al jueves. Pero la cita de la semana próxima no evitó que ayer el secretario de Comunicación de CC OO, Fernando Lezcano, reclamara a Zapatero que tomara cartas en el asunto para "reconducir" la situación, atendiendo a que es Moncloa, y no Trabajo, quien coordina esta ronda de negociaciones. Este diario hace un repaso a unas cuantas dificultades ahora mismo existentes en el diálogo social.

Periodista Digital - Opinión

La irresponsabilidad del Gobierno argentino ante la gripe A

Las noticias de que los afectados por la gripe A en Argentina alcanzan ya cifras superiores a los cien mil, que las víctimas mortales superan el medio centenar y que la pandemia avanza de manera incontrolada han conmocionado al país y elevado la alarma en la comunidad internacional, sobre todo entre sus vecinos. España, con la que el país andino mantiene un intenso intercambio de viajeros, también tiene motivos para la preocupación. Sobre todo después de revelarse que el Gobierno de Cristina Kirchner ocultó deliberadamente el alcance de la gripe por motivos puramente electorales. Nada puede haber más deleznable y repulsivo que jugar con la salud de las personas para sacar tajada política. La muestra de irresponsabilidad e inmoralidad que han dado los gobernantes populistas argentinos no sólo perjudica a sus ciudadanos, que se ven sometidos ahora a medidas sanitarias tardías; también coloca al país en el punto de mira internacional de cómo no se debe gestionar una grave crisis sanitaria. Sin caer en la petulancia, convendría que los dirigentes peronistas tomaran nota de cómo se está afrontando la pandemia en España, donde la ministra de Sanidad y su homólogo madrileño, de diferentes partidos, han dado ejemplo de coordinación y responsabilidad ante el único caso de víctima mortal.

La Razón - Editorial

Otro golpe a ETA, Otegi y el PNV a lo suyo

AUNQUE LA BANDA ESTá BAJO MíNIMOS QUIERE LIDERAR AL NACIONALISMO VASCO

LA DETENCIÓN ayer de tres etarras que figuraban en la lista de los terroristas más buscados supone un golpe importante para la dirección operativa de la banda. Las policías española y francesa mantienen un cerco constante y muy eficaz contra la dirección etarra, ya que en las últimas semanas han llevado a la cárcel a terroristas con un papel clave en ETA. El pasado día 25 se detuvo a dos miembros del aparato de información y ayer a tres etarras del aparato militar a los que se relaciona con los asesinatos del ex concejal socialista Isaías Carrasco en vísperas de las últimas elecciones generales y del empresario Ignacio Uria en diciembre de 2008. Todas estas detenciones son posibles gracias a que la colaboración hispano-francesa atraviesa sin duda uno de sus mejores momentos. Las operaciones policiales golpean a los que empuñan las pistolas, pero su entorno político está más desarbolado que nunca después de que la sentencia del Tribunal de Estrasburgo haya dejado sin argumentos su discurso contra la Ley de Partidos.


No obstante, según publicamos hoy, ETA sigue queriendo liderar al mundo nacionalista radical, desde Batasuna a EA, pasando por Aralar y llegando al sector más soberanista del PNV. Un documento incautado a un terrorista detenido establece como objetivo la creación de una llamada «Alianza Popular Nacional» que ETA quiere poner bajo su mando. Batasuna obedece, desde luego, a la banda terrorista, hay que recordar que en vísperas de las elecciones vascas, Otegi intentó un acuerdo con EA y con Aralar para crear una coalición independentista que no prosperó. No es una noticia que ETA quiera liderar al mundo nacionalista, sí es preocupante que los partidos democráticos no se separen con claridad de sus postulados. En este sentido, resulta inquietante -además de ridículo- lo que sucedió ayer en el monte Gorbea, donde el líder del PNV encabezó una marcha para protestar contra la colocación de una bandera española en el transcurso de unas maniobras militares e hizo un discurso al que Otegi no le haría ascos. «Euskadi no es Perejil ni un punto estratégico en el que clavar el estandarte como signo de conquista», dijo. Cabría preguntarle a Urkullu, entonces, qué pintaban él y sus correligionarios poniendo la ikurriña en la cima del Gorbea con una oración fúnebre «a los gudaris vascos que dieron su vida por este país».

El Mundo - Editorial

El problema de Garoña no son los trabajadores. Por Juan Ramón Rallo

«El problema del cierre de Garoña es que se destruye un negocio que estaba generando riqueza y, como consecuencia, se destruyen unos puestos de trabajo que estaban orientados en la dirección adecuada: producir energía barata.»

Aunque parezca mentira, porque es ahí donde fundamentalmente se han cargado las tintas, el problema del cierre de Garoña no es que sus trabajadores se vayan a quedar en el paro. Por supuesto eso supone una tragedia personal que no conviene olvidar, pero sin obviar tampoco cuál es el verdadero coste que subyace a esta arbitraria decisión política.


Los trabajadores pueden recolocarse con cierta facilidad, tal y como se ha apresurado en remarcar el Gobierno. Trabajos potenciales los hay infinitos, y no es la escasez de tareas a realizar lo que genera un desempleo estructural. No.

El problema del cierre de Garoña es que se destruye un negocio que estaba generando riqueza y, como consecuencia, se destruyen unos puestos de trabajo que estaban orientados en la dirección adecuada: producir energía barata.

La oposición a la absurda decisión socialista ha insistido en las familias que se quedarán sin un salario, pero eso es un error. Ahí está un "generoso" Zapatero (siempre con el dinero ajeno, el de los contribuyentes, claro) presto a recolocar en un Parador Nacional o en cualquier otra descabellada ocurrencia los empleos que ha destruido. ¿Entonces? Entonces la diferencia estriba en que Zapatero se ha cargado empleos que eran capaces de pagarse sus propios salarios y pasará a crear otros puestos de trabajo que, precisamente por estar ubicados en actividades insostenibles sin la subvención pública, tienen que obtener sus remuneraciones de la riqueza que otros han generado.

Es la perversa lógica del Plan E: creemos empleos donde sea porque lo relevante no es a qué se dedique ese empleo, sino mantener a la gente ocupada en "algo", gastando o malgastando su tiempo y sus energías.

A los políticos les cuesta entender que los beneficios de la división del trabajo emergen de que cada uno se especialice en producir bienes y servicios que otros desean a cambio de que esos otros produzcan los bienes que ese uno demanda. Si empezamos a producir bienes y servicios caros e inútiles, la división del trabajo se quiebra, porque nadie está dispuesto a ofrecer su mercancía de calidad a cambio de unos cacharros averidos. El mercado tiende a readaptarse hasta lograr coordinar a las distintas personas. Pero el Gobierno puede bloquear ese proceso espontáneo de ajuste. Y ahí es donde interviene el Ejecutivo con sus subvenciones: dado que a una parte de la sociedad le impide ganarse el pan en esa división del trabajo, tiene que rapiñar a los que sí siguen generando riqueza para mantener a quienes ha arruinado.

Puro ABC del intervencionismo económico.

Libertad Digital - Opinión

Nacionalismo en el monte. Por Ignacio Camacho

HAY que ver lo que le gusta al nacionalismo vasco echarse al monte. Ayer lo hizo, literalmente, en el Gorbea, para conjurar con un exorcismo ritual la profanación cometida por unos militares arriscados que plantaron allá arriba una intolerable bandera española. ¡Cómo se atreven esos malandrines a colocar una bandera de España en territorio español! Ni que el País Vasco fuera Perejil, dice el tal Urkullu, reconvertido en ocasional caudillo liberador de tierras ocupadas. Y para expulsar los malos demonios han llenado el monte de ikurriñas, como si una bandera fuese excluyente de la otra; ambas son perfectamente constitucionales, pero el PNV se acostumbró a convertir la una en excluyente, en la «suya», que era un modo de atizarle simbólicamente con el mástil a quienes no sienten ningún reparo en identificarse con las dos. Ésta es la clave de la hegemonía forzosa que han impuesto los nacionalistas: aprovechar el sentido integrador de la autonomía que diseñó la Constitución para construir un ámbito de exclusiones. Para subvertirla, literalmente.

La estrategia les ha dado, qué duda cabe, resultados rentables: treinta años de dominancia política nada menos. Un período tan largo ha generado un sentimiento de sumisión más o menos subconsciente, hasta el punto de que la sociedad vasca ha interiorizado como una especie de necesidad ontológica que el nacionalismo ha de estar en el poder de un modo u otro. Así se explica el dato esencial del último Euskobarómetro, según el cual el 60 por ciento de los vascos está en desacuerdo con el pacto PSOE-PP, inclinándose en mayoría por una fórmula de coalición entre los socialistas y el PNV. Lo curioso es que en las últimas elecciones el partido-tótem obtuvo sólo un 38,5 por 100 de los votos. Es decir, que incluso muchos ciudadanos que no lo votaron piensan que debería seguir gobernándolos. Sentido de dependencia, se llama eso. Síndrome de Estocolmo.

Con semejante estado de opinión, que es el verdadero enemigo del gobierno de Patxi López, es natural que el nacionalismo sienta impulsos de subir al monte para proclamarse como providencialista salvador de la patria amenazada. En realidad, los nacionalistas nunca han bajado de los cerros, desde que Arana dio en elegir escenarios montaraces para sus proclamas mesiánicas, a menudo pronunciadas tras bien regadas comilonas campestres; se trata de un partido estrictamente cerril, que busca sus raíces en una mitología de ruralismo atávico, antiurbano y antimoderno, amigo de akelarres y demás conjuros mágicos. Pero está por ver el día en que se echen al monte con todas sus enseñas y su parafernalia excursionista para protestar en serio contra ETA y sus cómplices, o para honrar la memoria de las víctimas del terrorismo. Sería un picnic muy celebrado en el que nadie echaría de menos o de más bandera alguna.

ABC - Opinión

Garoña y el blindaje de la democracia. Por Carlos Carnicero

José Luis Rodríguez Zapatero es un político solitario, táctico, con instinto y que además funciona con las encuestas en la mano. Tiene una habilidad extraordinaria para decir a cada uno lo que quiere oír; es capaz de prometer cosas contradictorias y no piensa en las consecuencias y en los costes de las decisiones políticas porque lo que prima son las soluciones instantáneas sobre los problemas que es incomodo contemplar en una perspectiva lejana.

La soledad con la que toma sus decisiones se ha definido en su entorno como "radial". Zapatero irradia y los demás ejecutan. El presidente elige a sus colaboradores más directos y a sus asesores áulicos fuera del núcleo del partido porque sabe que llevarle la contraria equivale a proferirle una ofensa. Piensa en él y no en el estado y es frecuente conocer anécdotas de personas que se referían a las consecuencias de abrir determinados debates, como el nuevo estatuto de Cataluña, y su respuesta invariable no es hablar de las consecuencias para España sino las que le afectan a él personalmente. El bonapartismo o cesarismo es una condición frecuente del ejercicio del poder en el que quienes lo padecen piensan que han sido ungidos de unos dones especiales para gobernar al margen de los ciudadanos, aunque siempre los invocan a ellos para justificar sus conductas y en algunos casos, como el que nos ocupa, sin que esa conducta sea contradictoria con su origen y legitimidad democrática indiscutible. Pero son los tiempos que nos ha tocado vivir y la elección posible es entre Zapatero y Rajoy: hasta ahora la mejor garantía para que el presidente socialista continúe en La Moncloa.

El cierre de la central de Garoña es un buen ejemplo del hurto de un debate a la sociedad porque la decisión estaba vinculada a voluntad y al cálculo personal del presidente en medio de una polémica larvada dentro de su propio partido. Si todavía no se ha producido, ni siquiera formulado, el cambio inevitable de modelo económico para sobrevivir a esta crisis y ganar posiciones en este mundo en ebullición, ¿por qué precipitar soluciones? Y, sobre todo, por qué anunciar el blindaje de una decisión institucional y democrática que podrá revocarse por una norma del mismo rango. Las cosas que quedan "atadas y bien atadas" no suceden siquiera en las dictaduras, porque una de las condiciones de la democracia y de la soberanía popular es que gobiernan sobre un mundo en el que las leyes se pueden cambiar siempre que tengan mayoría y encajen en la Constitución. Eso lo tendría que saber hasta Zapatero.

Periodista Digital - Opinión

Grietas. Por Alfonso Ussía

Tengo amigos y familiares que no han dado un palo al agua en su vida, viven de las rentas y no tienen tiempo para pensar en nada, que votan entusiasmados a Rosa Díez. Anteriormente lo hacían al PSOE e incluso a Izquierda Unida, porque entre la nobleza y el mundo del dinero existe un modelo de esnobismo que ha resultado, para muchos, altamente beneficioso. No parecer de derechas. Viven en una derecha recalcitrante y antigua, madrugan a las once de la mañana, actúan como la ya obsoleta «aristocracia letrinal» acuñada por Luis María Anson, y se divierten jugando a ser de izquierdas de toda la vida. Hay familias especializadas en ello. Y la aparición de Rosa Díez en el cotarro político ha aliviado sus angustias y conciencias. Ya no se ven obligadas a votar a Izquierda Unida y acudir al colegio electoral desde su campo de ocho mil hectáreas. Aquello era muy duro. Votar para mantener un falso prestigio de progre termina con la calma de cualquiera. Y Rosa Díez ha sido la solución.

Rosa Díez ha sido mansa y valiente en dos etapas de su vida política. En la segunda, valiosísima y ejemplar. En la primera, colaboradora del nacionalismo y muy aficionada a querellarse con ciudadanos que no tragaban con sus mensajes de «normalidad» en el País Vasco. Quiso meter en la cárcel a Mingote. Y de ello no me olvido. Pero sus años últimos en el PSE los transcurrió con una gran dignidad. Cuando fundó UPyD la aristocracia de sangre o dinero que vota a las izquierdas desde sus fincas o desde sus bancos –la relación de nombres causaría asombro–, se apuntó al carro de la señora Díez en búsqueda del mal menor. Pero el tiempo deteriora los sueños, y las grietas en la fachada joven e impoluta de UPyD se han hecho visibles y preocupantes.

Mikel Buesa fue uno de los fundadores de UPyD. Hermano de Fernando Buesa, parlamentario vasco asesinado por la ETA en Vitoria, y ex Presidente del Foro de Ermua, nunca ha renunciado a sus orígenes izquierdistas y siempre ha mantenido el equilibrio y la dignidad ante la barbarie terrorista que ha sangrado su tierra. En muy poco tiempo, Mikel Buesa se ha cansado de Rosa Díez, a quien atribuye un excesivo placer por el autoritarismo. «No estoy en UPyD para hacer reverencias a Rosa Díez». Y se ha marchado. Se demuestra, una vez más, que los inventos políticos, por muy apoyados que se sientan durante su constitución, terminan por desvanecerse. A Rosa Díez no se le ha ido un mindundi. Se le ha marchado su número 2, su portavoz en Madrid y uno de los más influyentes miembros del Consejo de Dirección del partido.

No debe confiar Rosa Díez en la lealtad de la aristocracia letrinal y de la oligarquía económica con ínfulas progres. Estos se van como han venido, porque para ellos la política es un juego de salón, una continua fiesta de disfraces. No son demasiados, ni dentro de la nobleza ni de la banca y aledaños del ámbito financiero. Pero resultan agobiantes porque organizan muchas cenas, y siempre hay un tonto dispuesto a dejarse convencer por esnobismo. La grieta de Mikel Buesa puede llevar a la aristocracia esnob de nuevo hacia el PSOE o IU. Es lo más impactante, «alucinante» y elegante.

La Razón - Opinión

Honduras se enroca

La misión de la OEA fracasa en su intento de que los golpistas devuelvan el poder a Zelaya.

Las posiciones se enrocan. La OEA estaba reunida ayer en Washington para votar la expulsión de Honduras, mientras el régimen golpista de Tegucigalpa anunciaba su retirada preventiva de la organización. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, había viajado el viernes a Tegucigalpa para exigir la reposición del presidente Manuel Zelaya en el cargo, en consonancia con la condena general, no sólo de la OEA, sino también de la UE y EE UU, por la ominosa reedición de un pasado que se creía ya extinguido: el golpe de Estado militar en América Latina.


El domingo pasado, los soldados sacaban de la cama a Zelaya y lo despachaban en un avión al exilio para impedir que ese mismo día se celebrara un referéndum del que el presidente esperaba que abriera camino a la reelección de los máximos mandatarios, lo que prohíbe la Constitución hondureña. Y los golpistas se apresuraban a elegir al presidente de la Cámara, Roberto Micheletti, sucesor de Zelaya.

Pero la pelea de fondo atiende a la ubicación política de Honduras en América Latina. Pese a ser un gran propietario y su partido, el Liberal, representar a la derecha conservadora más profunda, el presidente había virado a la izquierda, hasta integrarse en el ALBA, la Alianza Bolivariana, creada por el presidente venezolano, Hugo Chávez, en oposición al ALCA, tratado de libre comercio que impulsa Washington. Y los golpistas no ocultan hoy sus motivaciones: actuaron contra el alineamiento de su país con el bloque chavista, en el que militan Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, recientemente, Paraguay. Zelaya aseguró ayer que volvería hoy a Tegucigalpa para reclamar la presidencia, operación en la que iban a acompañarle varios presidentes latinoamericanos. Y el régimen golpista ha garantizado que si vuelve dará con sus huesos en la cárcel, acusado de innumerables violaciones de la Constitución.

Con las espadas tan en alto por ambas partes, ¿adónde se va desde ahí? La OEA no ha intentado negociar porque, posiblemente, los golpistas no se prestaban a ello; las potencias de la UE, entre ellas España, han llamado a consultas a sus embajadores; el presidente norteamericano, Barack Obama, ha dejado claro que desea la reinstauración de Zelaya por muy chavista que sea; la ONU condenó unánimemente el golpe; los radicales como Chávez piden una acción militar restauradora, al tiempo, que, con su verbo inimitable, el venezolano llamaba a Micheletti, goriletti. Y en esta relativa precipitación de acontecimientos ha jugado un papel la necesidad de no regalar al chavismo el copyright de la protesta.

Pero como no se ve estómago para intervenir por parte de EE UU ni de nadie, salvo quizá Venezuela, el camino sólo puede conducir a la adopción de sanciones, a una ruptura diplomática masiva que denote el aislamiento del golpe, y al fin de la ayuda norteamericana. Mucho más allá no parece posible ir. Aunque si el golpe se consolida, todos salimos perdiendo.

El País- Editorial

Gabilondo se lava las manos frente al nacionalismo catalán

El ministro alega que, mientras el Constitucional no se pronuncie sobre el Estatuto, el Gobierno no puede evitar que la Generalitat proclame su independencia en materia educativa a través de la nueva Ley de Educación de Cataluña

EL PASADO jueves el Gobierno saludó la Ley de Educación de Cataluña (LEC) advirtiendo que estudiaría «sus recovecos» ante la certidumbre de que esta normativa contraviene -como mínimo- el Real Decreto de 2006 del Ministerio de Educación que establece la obligatoriedad de impartir tres horas semanales de castellano. Pues bien, de la entrevista con el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que hoy publicamos, se desprende que el Ejecutivo no sólo no va a mover un dedo para impedir que Cataluña proclame su independencia de España en materia educativa, sino que está dispuesto a recurrir a todo tipo de pretextos para pasar por alto el órdago soberanista más importante al que se enfrenta el Estado desde el plan Ibarretxe.


La LEC se ampara en el Estatuto de Cataluña para consagrar el catalán como lengua vehicular única en la enseñanza en esta Comunidad -algo que ya reconocía la Ley de Política Lingüística de 1998-; contraviene flagrantemente la Constitución al imponer un modelo monolingüe en las escuelas y negar a los padres el derecho a elegir la lengua en que van a ser educados su hijos; ignora la sentencia del Tribunal Supremo que obligaba a la Generalitat a ofrecer formularios de escolarización bilingües; y se burla del Gobierno -que según el TC es quien debe fijar las enseñanzas mínimas- al relegar el castellano al nivel de una lengua extranjera y al atribuir a la consejería de Educación catalana el diseño curricular.

Pese a estas evidencias de que la LEC es una peana del independentismo que desprecia las leyes del Estado y las sentencias judiciales, el mismo ministro que hace solo dos meses recordaba que «el español es la lengua oficial de todo el Estado» y porfiaba que «todos los españoles tienen el deber de conocer el castellano y el derecho a usarlo», ahora concluye que todas las disposiciones de la ley catalana son legítimas y hay que respetarlas mientras el Tribunal Constitucional no resuelva los recursos presentados hace tres años contra el Estatuto, cuya normativa es efectivamente de rango superior a los decretos de su departamento.

Gabilondo se lava las manos en la vergonzosa pasividad del TC y pide a las familias que olviden sus derechos básicos y «asuman la legalidad» de la lengua vehicular catalana. Tiene razón el ministro cuando subraya que «el debate de fondo es el debate sobre el Estatuto», pero no por ello podemos evitar recordarle que los derechos constitucionales están por encima de cualquier Carta autonómica, así como preguntarle si se siente pues exento de responsabilidades en Cataluña mientras los magistrados del TC no decidan pronunciarse.

En el trasfondo de la docilidad del Gobierno para con los desafueros de los nacionalistas catalanes volvemos a encontrar las hipotecas de la geometría variable de Zapatero, así como el uso de las lenguas cooficiales como armas arrojadizas. Si no, no se explica que el mismo partido que en el País Vasco pacta con el PP para frenar la euskaldunización programada por el anterior lehendakari, en Aragón ponga en riesgo su alianza con el PAR para promover el catalán a través de la controvertida Ley de Lenguas, o en Cataluña se avenga a hacer de comparsa del secesionismo lingüístico.

El Mundo - Editorial

En Honduras no hay cuento de buenos y malos

«Resulta ridículo que la OEA decida expulsar a Honduras por incumplir su "Carta Democrática" semanas después de proponer a Cuba su ingreso en la organización, invitación finalmente rechazada por la dictadura.»

Visto lo ocurrido superficialmente en el país centroamericano esta última semana, todo estaría claro. Había un presidente democráticamente elegido que fue detenido y expulsado del país por el Ejército, que tras un golpe de estado –eso sí, incruento– habría puesto a un sustituto civil al frente del país. Dentro de los numerosos ejemplos que ha dado Hispanoamérica de este tipo de intervenciones, ya catalogadas por Carlos Rangel hace 30 años en su Del buen salvaje al buen revolucionario, estaría entre las más benignas. Pero no deja de ser un golpe de estado contra una democracia que desde 1982, todo un récord en la zona, había permanecido estable y en paz.


Sin embargo, a poco que un observador imparcial profundizara en el caso, vería una serie de incongruencias que casan mal con ese sencillo paisaje. Para empezar, no sólo el Ejército, sino también los poderes legislativo y judicial de Honduras han apoyado que se defenestrara a Manuel Zelaya. Por otro lado, quienes más ruido están haciendo fuera del país reclamando el regreso del presidente al poder en nombre de la democracia son Hugo Chávez, Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales y Raúl Castro. Gobernantes que, al margen de la mala consideración que podamos tener sobre sus políticas, no cabe duda de que otorgan a la democracia y las instituciones un valor meramente instrumental. Escuchar al dictador cubano o al gorila rojo defender las instituciones que han destruido en sus propios países hace sospechar que lo importante para ellos no es Honduras, sino su adscripción al proyecto chavista del "socialismo del siglo XXI".

La democracia no es sólo un ritual periódico por el que se acude a las urnas. Es principalmente un sistema en el que se respeta a las minorías, las instituciones y el Estado de Derecho frente al poder arbitrario de la mayoría legítimamente elegida. Un presidente no puede hacer todo lo que quiera al frente del poder Ejecutivo, sino que dispone de una serie de limitaciones enfocadas, cuando la democracia está bien diseñada, para impedir que pueda acaparar todo el poder, dividiéndolo según las enseñanzas de Montesquieu.

Zelaya había ido cambiando de chaqueta conforme avanzaba su mandato. Escogido por un partido de centro-derecha, se había alineado con Chávez y su eje bolivariano. Sin duda, era un fraude a sus electores, pero no era algo ilegal. Sin embargo, como los principales líderes de ese eje, también estaba planteando la posibilidad de cambiar la Constitución para poder seguir en el poder, con un referéndum que violaba los artículos 5, 239, y 374 de la ley de leyes hondureña, que de hecho considera delictivo y causa de cese "inmediato" en el cargo promover siquiera ese cambio.

Se podrá discutir si esa peculiar característica de la Constitución hondureña, encaminada a impedir el surgimiento de caudillos, es buena o mala, aunque vista la historia reciente de Hispanoamérica parece especialmente sabia y previsora. Pero lo que no puede hacerse es ignorarla en el análisis de lo que ha sucedido. La Corte Suprema prohibió la consulta de Zelaya, y éste desobedeció el dictamen del poder judicial. Asimismo, se ha desvelado que el juez encargado por el tribunal de investigar al presidente había ordenado su detención al Ejército, aunque no que lo expulsara del país. Pero al margen de la credibilidad que merezca el documento, no cabe duda de que la defenestración por parte del Ejército de un jefe de Estado es todo lo contrario al ideal y las costumbres democráticas, y debe ser condenado.

Sin embargo, quedarse en esa condena sería injusto, especialmente con la realidad. Los militares no se despertaron un día y decidieron dar un golpe porque sí. Y Zelaya, con sus acciones encaminadas a subvertir el orden constitucional de Honduras, había perdido todo el derecho a mantenerse en su cargo, según las propias leyes hondureñas. Resulta ridículo que la OEA decida expulsar a Honduras por incumplir su "Carta Democrática" semanas después de proponer a Cuba su ingreso en la organización, invitación finalmente rechazada por la dictadura. Pero el nuevo Gobierno de Honduras, el Parlamento y la Corte Suprema debieron tener en cuenta que un golpe de esta naturaleza era la mejor forma de legitimar a Zelaya cara al mundo, y la peor de restablecer la normalidad democrática tras el asalto del presidente a las instituciones. Han convertido en mártir a un villano.

Libertad Digital - Editorial

Agresión al castellano en Cataluña

CUANDO un presidente del Gobierno jura o promete guardar y hacer guardar la Constitución no se trata de una fórmula ritual sino de un compromiso político y jurídico que está por encima del oportunismo y las conveniencias coyunturales. De ahí que sea inaceptable la actitud de Rodríguez Zapatero ante la Ley de Educación aprobada por el Parlamento catalán con el voto favorable de socialistas y nacionalistas. La vulneración de los derechos de los ciudadanos y el desconocimiento del castellano como lengua común a todos los españoles no puede ser analizada desde una perspectiva partidista. El presidente incumple sus obligaciones cuando mira para otro lado en un asunto tan grave porque prefiere mantener una supuesta «paz social» y criticar el «empeño» en hacer batalla política del bilingüismo. Es notorio que el PSOE tiene serias dificultades para sacar adelante la financiación autonómica y que no puede arriesgarse ahora a una rebelión de los diputados del PSC, al tiempo que le interesa mantener abiertos los cauces para un acuerdo con CiU en el Congreso. Sin embargo, el interés particular de un partido político en apuros para completar mayorías parlamentarias nunca puede justificar la pasividad del Ejecutivo y la permisividad del presidente, puesto que la propia Constitución exige que el Gobierno garantice la igualdad de derechos y deberes de los españoles en todas las partes del territorio nacional.

Mientras el TC se eterniza en las deliberaciones sobre el estatuto catalán, la realidad de los hechos desborda ya los posibles efectos de la sentencia. En este contexto, el PSOE prefiere no echar leña al fuego y deja hacer a los partidos catalanes porque necesita votos para una supervivencia política cada vez más complicada. Lo peor de todo es la insistencia en negar la realidad, haciendo creer que en Cataluña existe una «convivencia pacífica» de las dos lenguas y dando por buenas las garantías verbales del consejero de Educación Ernest Maragall. La ley recién aprobada establece, en efecto, que los estudiantes deberán dominar ambas lenguas al llegar a los doce años, pero las buenas palabras no se corresponden con los hechos ya que se elimina sin más la obligatoriedad de la tercera hora de castellano. Ello supone una discriminación para sectores muy amplios de la población y una invasión de las competencias del Estado, profundizando así en la fórmula confederal que altera el modelo territorial sin modificar la letra de la Constitución. Por eso los promotores de la norma hablan de «la ley más importante de la legislatura», hasta el punto de que la búsqueda de acuerdos con CiU ha sido prioritaria sobre las desavenencias internas del tripartito.

Desde la pasada legislatura, la falta de criterio en materia de organización territorial del Estado pasa factura a todos los españoles. No es aceptable que un gobernante ponga en primer plano sus intereses oportunistas cuando están en juego competencias estatales y principios básicos para vertebrar la convivencia en todo el territorio nacional. El castellano es una lengua de dimensión universal, en plena expansión internacional cuya convivencia natural con el catalán responde a la realidad histórica y sociológica. Es muy grave que en una materia tan relevante el Gobierno de España haga dejación de su responsabilidad por razones oportunistas.

ABC - Editorial

sábado, 4 de julio de 2009

Entrevista a José María Aznar en La Hora de Federico - 02/07/2009

La sentencia de Rubalcaba. Por M. Martín Ferrand

SI nos atenemos a las apariencias, algo fundamental cuando se habla de política, el más eficaz entre los ministros del Gobierno actual es Alfredo Pérez Rubalcaba. Le ha tocado bailar con las más feas -ETA y la inseguridad ciudadana en tiempos de crisis económica- y lo hace con el garbo de Fred Astaire, sin descomponer la figura y sin más aspavientos que los justitos. Podría decirse, incluso, que no merece formar parte de un equipo en el que sus compañeros más notables sólo consiguen brillar por sus ausencias y compiten en la magnitud de sus despropósitos.

A Rubalcaba se le notan la experiencia y la formación científica. Es químico y no suele andarse por las ramas barrocas de la retórica. Está instalado en el laconismo. Su juicio sobre el relevo del risible Alberto Saiz al frente del Centro Nacional de Inteligencia es para las antologías de la crítica política: «Lo importante es que su sucesor sea competente y conocedor de los temas que debe tratar». Lo dijo con los aires de inocencia propios de una ursulina, pero la sentencia encierra una tremenda carga explosiva. Saiz, un descubrimiento de José Bono, amparado por Carmen Chacón, protegido por María Teresa Fernández de la Vega y confirmado en su cargo -¡hace sólo unos días!- por José Luis Rodríguez Zapatero, le parece a Rubalcaba claramente incompetente para una función clave en la seguridad del Estado y desconocedor, en todo o en parte, de la tarea que tenía encomendada.

Zapatero es muy dado, quizá para encubrir su pequeñez, a rodearse de gente como Saiz. Véanse, para comprobarlo, los nombres de los miembros y miembras de su Gobierno. Ru-balcaba es una excepción y, como pieza excéntrica, se mantiene por su propia dinámica, por sus logros y resultados; pero, seguimos con las apariencias, no parece gozar de las preferencias del líder que tanto se gusta a sí mismo.

La peripecia del CNI - un jefe inadecuado, incapaz y gastoso y toda una rebelión a bordo - no es un problema menor. Dando por bueno su relevo, quedan por aventar las muchas responsabilidades políticas que flotan en el aire. Empezando por la de la ministra de Defensa, a la que, superados el noviciado y la lactancia, hay que dejar de reírle las gracias para no terminar incurriendo en la peor de las formas del machismo, la tolerancia complaciente con la incapacidad de una mujer. ¿Es competente y conoce los temas a tratar?

ABC - Opinión

A la Moncloa en sidecar. Por Pablo Molina

«El socialismo consiste en robar a unos para darle a otros, excepto el 40% destinado a los gastos burocráticos. El proyecto económico de Zapatero era tan inservible hace cinco años como ahora.»

Al Gobierno de Zapatero hay que reconocerle una gran imaginación. Para el despilfarro, sí, pero es un grupo de personas que no para de tener ideícas. Ninguna de ellas tiene la menor utilidad para salir de la crisis, sino al contrario, pero como de lo que se trata es de presentar proyectos para cubrir la cuota "informativa" de los telediarios, ahí tenemos al Consejo de Ministros produciendo casi diariamente nuevos planes económicos, todos basados en la misma consigna: gastar más.


Ahora quiere la vicepresidenta que vayamos en moto. Supongo que dará ejemplo, aunque para ello tenga que renovar parte de su fondo de armario incorporando pantalones, botas y chupas de cuero. Verla llegar a La Moncloa en ciclomotor (mejor en sidecar, dada su edad) sería un gran incentivo para el plan "Moto E", que así se llama el último invento para salir de la crisis, consistente, como saben, en sacar del bolsillo de unos contribuyentes 9 millones de euros para introducirlos en los de quienes decidan hacer caso al Gobierno y pasarse a las dos ruedas.

Esos nueve millones de euros son, en realidad, una subvención encubierta para los fabricantes y vendedores de ese tipo de vehículos, pero como los progres no ven demasiado bien eso de entregar el dinero directamente a los empresarios (salvo si son de la banca), prefieren hacerlo a través de persona interpuesta (los que decidan comprar una moto), así de paso todos participamos de la liturgia socialdemócrata y hacemos como que luchamos hombro con hombro para salir de la recesión.

El socialismo consiste en robar a unos para darle a otros, excepto el 40% destinado a los gastos burocráticos. El proyecto económico de Zapatero era, por tanto, tan inservible hace cinco años como ahora. La única novedad es que cuando se produce una crisis económica, el daño que las ideas socialistas provocan a la economía se multiplica hasta tener consecuencias irreversibles.

Y luego está el factor de corrupción popular que el socialismo siempre lleva aparejado. Por ejemplo, los que habían decidido adquirir una motocicleta están muy contentos con esa subvención que han trincado del bolsillo ajeno, sin embargo, bastará con que reparen un momento en los varios miles de líneas de subvención a las que no tienen derecho por sus circunstancias personales o profesionales para darse cuenta de que les están tomando el pelo y de paso vaciándoles el bolsillo. En cuanto una parte de los once millones de votantes socialistas comprendan tan sencilla ecuación, asunto solucionado.

Libertad Digital - Opinión

Normalidad plena entre López y Sanz

EN MENOS de dos meses como lehendakari, Patxi López ha dado un giro de 180 grados a la forma de gobernar desde Ajuria Enea. El cambio se escenificó ayer con la visita a su homólogo, el presidente de Navarra, Miguel Sanz. Era el primer viaje de un lehendakari a Pamplona en 13 años, periodo en el que las relaciones institucionales entre el País Vasco y la Comunidad Foral han sido casi nulas por culpa de Ibarretxe, que nunca respetó la realidad política navarra. López y Sanz han suscrito acuerdos de colaboración en desarrollo de infraestructuras, fomento del euskara o la captación de ETB en Navarra. Pero, sobre todo, han abierto una senda de colaboración sin injerencias. La izquierda abertzale se mostró escocida al ver cómo se desvanece así su sueño de construcción de la gran Euskal Herria.

El Mundo - Editorial

El garoñazo. Por Ignacio Camacho

LE han temblado las piernas. Ni siquiera la fuerza simbólica del mantra antinuclear, tan grato a su imaginario de progresía años ochenta, ha podido empujar al presidente a hacer lo que le pedía el cuerpo en Garoña, que era echar el cerrojazo en el acto y sacar pecho ecologista. Pero dejar en el paro a dos mil trabajadores y a toda una comarca tiene en estas circunstancias un coste político demasiado alto para un gesto, por mucho que este hombre viva de, por y para los gestos. Así que ha optado por ganar tiempo con un cierre en diferido, que de paso servirá para encontrar, subvenciones mediante, algún sitio al que llevar los residuos del desmantelamiento. Que no va a ser fácil porque a base de prejuicios antinucleares se ha creado un clima en el que la construcción de un cementerio radioactivo equivale para muchos ciudadanos a la vecindad del Apocalipsis. Tendría gracia que al final el emplazamiento elegido fuese... la propia Garoña.

Al mezclar la decisión sobre la central de Burgos con el debate genérico sobre la energía atómica, Zapatero ha quedado preso de su propia inclinación a la gestualidad y al final se ha complicado a sí mismo su proyecto de convertir el asunto en un ejercicio de retórica política. Quizá esperaba un respaldo mayor, un aplauso popular entusiasta, y se ha encontrado con una atmósfera imprevista. Primero, la evidencia demoscópica de que está disminuyendo el rechazo social al hecho nuclear. Luego, la inesperada presión de algunos socialdemócratas de relieve que han venido a resaltar la existencia de un discurso alternativo y a romper la dialéctica simple que tanto gusta al presidente; desde el momento en que Felipe González o el propio ministro Sebastián se han pronunciado contra el cierre, resultaba imposible cargar sobre la derecha la etiqueta del nuclearismo a ultranza y apelar a un barato debate ideológico. Y, por último, el problema del empleo, que rodeaba la clausura inmediata de un aura de impopularidad manifiesta, esa clase de atmósferas que tanto detesta un gobernante acostumbrado a moverse a favor de corriente. Al final ha salido del trance con una patada a seguir, embarcando la pelota al otro lado de las elecciones cuando se la había preparado a su gusto para tirar un penalty que creía fácil de convertir en un gol populista.

En el colmo de la osadía, mientras tomaba la decisión de cerrar a plazos la central, el Gobierno presentó ayer en la ONU ¡un candidato para presidir la Agencia de la Energía Atómica! Zapaterismo puro: defender al mismo tiempo una cosa y su contraria. Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. En ese foro debe de haber gente muy civilizada, porque se limitaron a tumbar cortésmente al aspirante español en la primera votación, sin reírse a carcajadas ni hacer amago alguno de tirarlo por la ventana.

ABC - Opinión

El capitalismo sin refundarse y yo con estos pelos. Por Juan Carlos Escudier

Esperando la refundación del capitalismo o el cambio de modelo productivo –nos conformábamos con lo que llegara antes- se nos ha echado encima el verano, que ya se sabe que arranca oficialmente cuando el Rey se sube al Fortuna para surcar la mar oceana. Se trata de un acontecimiento del que se conoce su término –a finales de agosto- pero no su comienzo, en vista de que año tras año suele adelantarse con precisión suiza. Sorprendería que la crisis modificara esta regia tradición, porque incluso a los parados sin vacaciones les gusta hojear el Hola en la peluquería y verse reflejados en el bronceado del jefe del Estado. Además, la crisis debe de estar controlada porque, a diferencia de la pasada Semana Santa cuando el Gobierno se castigó sin holganza, Zapatero no ha previsto jardineros de guardia para regar los brotes verdes de la economía.

Como se decía, de la refundación del capitalismo seguimos sin tener noticias, por lo que mucho nos tememos que haya extraviado por el camino. Por el momento, lo único con visos de refundarse son las entidades financieras, esencialmente las insolventes y con cargo a nuestro bolsillo. Hay que aflojar la guita para que no se nos hunda ninguna caja o banco porque, al parecer, de eso depende nuestra felicidad futura. La fortaleza de nuestro sistema financiero, esa de la que se vanagloriaba el Gobierno, era de tal naturaleza que no ha parado de engullir recursos públicos sin devolver siquiera la calderilla. Hemos comprado su morralla triple A, hemos avalado su ruina y, de paso, vamos a darles un crédito de hasta 90.000 millones para que puedan ser rescatados del naufragio sin mojarse las pantuflas.

Con todo, lo que más molesta de estos señores a los que estamos subvencionando no es que nos miren como apestados cuando vamos a pedirles un crédito, sino que se permitan sentar cátedra sobre la salida de una crisis en cuyo origen se encuentran y nunca previeron. Así, no hay servicio de estudios que no predique abaratar el despido, cuando hasta el mayor haragán de los ejecutivos bancarios tiene contrato blindado; o retrasar la edad de jubilación, siendo la banca la campeona de las prejubilaciones a los 50, o incluso, rebajar la cuantía de las pensiones, esas que los banqueros se aseguran cobrar con fondos privados multimillonarios pagados por los accionistas y, en algunos casos, en paraísos fiscales, por eso de que Hacienda somos todos menos ellos.

Se nos ha repetido que la susodicha refundación debía asentarse sobre cimientos éticos, en los que la lógica del beneficio ceda el paso a valores universales como el de la justicia. Impresionante declaración de intenciones tan inservible como el cenicero de una moto. Lo vemos cada día. Los descensos en las ganancias, por mínimos que éstos, implican el despido automático de una parte de las plantillas; las grandes corporaciones siguen mirando a sus trabajadores como un mero apunte contable en la rúbrica de ‘gastos de personal’; y, por increíble que parezca, el criterio determinante para valorar la marcha de una empresa es su cotización en bolsa, de la que, por cierto, dependen las stock options de sus directivos. ¿Es así como funciona la famosa responsabilidad social corporativa? ¿Esta es la ética capitalista?

Hasta cierto punto, lo anterior no deja de ser una consecuencia inevitable de la propia economía, una ciencia elaborada por los ricos y para los ricos, como destacaba en su blog el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, Joaquín Guzmán Cuevas: “Con alguna excepción, especialmente en los años centrales del siglo XX (caso de New Deal y la política económica keynesiana), se puede afirmar que la elaboración de la mayor parte de las teorías económicas han nacido en las universidades de elite –pertenecientes a los círculos sociales más ricos de los países ricos- y se han proyectado sobre las condiciones de vida de esos mismos círculos de riqueza. De tal modo que en la época actual, la mayor parte de los textos de la economía ortodoxa apenas hacen alusión a la problemática de los más desfavorecidos y, cuando lo hacen, se plantea como una variable exógena al correspondiente modelo económico y con una cierta dosis de ‘compasión’, pero no como el objeto principal de la Economía como ciencia. Es como si en las facultades de Medicina los enfermos no fueran el objetivo central de la investigación”.

Lo que de momento se ha conseguido es un compromiso para acabar con los paraísos fiscales, tan inmorales ayer como hoy, pero contra los que conviene ahora lanzar la gran cruzada tras constatarse que los damnificados de los hedge found que allí tienen su sede suele ser gente de dinero, que ha hecho un capitalito especulando honradamente. Por tanto, nada como ser implacables con ese infierno de paraísos y con demonios como Madoff, al que se condena a morir en la cárcel para satisfacción de sus víctimas –esencialmente bancos y grandes fortunas-, que le confiaron inocentemente sus ahorros para que los multiplicara como los panes y los peces. Eso sí, sin hacer muchas preguntas.

¿Que qué nos deparará el futuro? Lo normal es que cuando la crisis remita todo vuelva a su ser. El nuevo capitalismo que esperamos tendrá pico de pato, plumas de pato y patas de pato, aunque tras su refundación no se llamará pato, como es natural.

Por lo que respecta al nuevo modelo productivo que pretendemos estrenar, la espera será más larga porque el Gobierno no ha encontrado todavía la pócima con la que convertir a los peones de albañil en ingenieros de telecomunicaciones, pero está en ello. Entre tanto, es irónico que el brote verde más visible de la economía -la bajada del paro durante dos meses consecutivos- sea consecuencia de esa actividad frenética de abrir y cerrar aceras en cada pueblo, conocida como Plan E. ¡Qué verde es el cemento!

Si lo que se nos ha contado es cierto, en el muy loable empeño de que la economía española deje de depender del ladrillo y se haga menos dependiente del turismo lleva Zapatero desde que llegó a la Moncloa, pero, según parece, la cosa no se resuelve con un puñado de becas. Así, mientras la ministra Garmendia asegura que somos la novena potencia científica del mundo, todos los indicadores se encargan de desmentirla. Porcentualmente, el gasto en I+D+i no es ni la mitad que el de nuestros socios más cercanos, Estados Unidos o Japón, por no hablar de Finlandia que destina casi el 3,4% de su PIB a esos menesteres. Por cada patente que se solicita en España, se presentan 24 en Alemania y 8 en Francia. Si como dice la ministra el cambio de modelo ya ha empezado, siéntense a esperar a que se complete porque esto durará más que El Padrino y Novecento juntos.

En definitiva, los que puedan no se perderán nada si se van de vacaciones. A la vuelta se encontrarán con el mismo capitalismo y el mismo modelo productivo. Y si ven un brote verde, no lo pisen, por mucho que Zapatero les caiga gordo.

el confidencial - Opinión

Sombreros. Por Alfonso Ussía

El Presidente del Congreso, José Bono, ha ordenado a los estoicos y discretos ujieres de la Cámara Baja que impidan la entrada al Parlamento a todo aquel que no vista decorosamente. Medida dirigida más a los invitados a las tribunas que a los diputados en los escaños. Aún se recuerda aquel burruño de fealdad que protagonizaron los de la Ceja cuando fueron invitados a desalojar la tribuna. Soy amigo de la estética, y las normas de respeto en la vestimenta ayudan a camuflar la antiestética natural de muchos parlamentarios.

Besteiro rebosaba elegancia. Pero le ganaba, según Federico García Lorca, Fernando de los Ríos:

«Viva Fernando
de los Ríos Urruti,
barbas de santo,
padre del socialismo
de guante blanco.
Besteiro es elegante…
pero no tanto».

En «Caras y Caretas» se dedica este epigrama al elegantísimo diputado señor Duque de Tamames, don Antonio María Messía del Barco:

«He oído hablar de sus honores,
he oído hablar de su elegancia,
he oído hablar de sus gabanes,
he oído hablar de sus polainas,
de su flor y su monóculo,
de su frac y sus corbatas,
de sus cuellos y sus puños,
de sus cruces, de sus bandas;
pero de su inteligencia
no he oído hablar ni una palabra».

Y extremadamente elegante era el marqués de la Torrecilla y duque de Ciudad Real, cuyo cochero custodiaba en su landó una muda de camisa del aristócrata por si el calor sudoral le exigía la prenda de refresco.

«Ni la Torrecilla es grande
ni Ciudad Real tampoco,
pero él es marqués y duque,
y Grande de España…y tonto».

Nos recuerda Raúl del Pozo el deterioro, según Camba, del gusto por la indumentaria en las Cortes Constituyentes de la II República: «Los diputados son sinsombreristas, sinchalequistas y algunos sincorbatistas». Así les fue.

Cuando nos alcancen los primeros fríos del otoño, y con Antonio Mingote de Presidente y ejemplo, nos disponemos algunos a rescatar del olvido el uso del sombrero. Un hombre sin sombrero es poca cosa. Toda la cortesía masculina se reúne en esa prescindible prenda que tanto ha contribuido al buen aspecto de muchos tontos. Un tonto con sombrero no dejará de ser tonto, pero será un tonto importante, y por ello, respetable. El sombrero se lleva para quitárselo en el saludo, no por otro motivo. Los sombreros son como las bragas de las meretrices, que se suben para ser bajadas. Pero la estética del movimiento del hombre que se descubre ante una mujer estalla de belleza. Se dice que nadie se ha quitado el sombrero con la cadencia, la armonía y la profundidad del conde de La Cimera, que diariamente recibía en su casa la visita del peluquero para que nadie advirtiera que se había cortado el pelo. Toque de saludo en el ala cuando hay encuentro en la calle pero no detención para establecer charlita. Breve alzada del sombrero en el mismo caso cuando quien se cruza es una mujer. Y descubrimiento total y cadencioso, llevando el sombrero desde la cabeza a lo que dé de sí el brazo izquierdo, cuando el saludo conlleva parada y conversación. Bono no pretende llegar a tanto, lo que mucho lamento. Pero algo de estética y cortesía no nos vendría mal. En octubre, todos con sombrero.

La Razón - Opinión

Presidente de Irán por 'juicio divino'. Por Timothy Garton Ash

La verdad sobre las elecciones presidenciales iraníes es polémica. Y las protestas, escritas con sangre, suponen un cambio irreversible en la situación política. Ahora el objetivo es una verdadera democracia.

Ya es oficial. El Consejo de los Guardianes iraní, después de ordenar un recuento aleatorio de un 10% de los votos, ha apoyado el dictamen del Líder Supremo de que no hubo ningún problema en la realización y la apresurada proclamación de resultados de la elección presidencial iraní. Lo que el Líder Supremo llamó un "juicio divino" ha quedado confirmado. Mahmud Ahmadineyad es legalmente el presidente electo de la República Islámica. Cualquiera que se atreva a salir a la calle para protestar contra este resultado será debidamente golpeado, encarcelado, torturado o abatido a tiros.


Incluso aunque la elección hubiera sido la más limpia de toda la historia de la democracia, la dimensión de las manifestaciones de oposición posteriores y la violencia arbitraria de la represión -simbolizada en la muerte de Neda Agha-Soltan-, de todos modos, habrían transformado la situación política en Irán de forma irreversible. Lo que ocurra a partir de ahora no dependerá de ningún detalle que vaya conociéndose poco a poco sobre los comicios. Las fechas fundamentales son el 9 de julio, cuando se celebra el aniversario de las manifestaciones estudiantiles de 1999, y el final de los 40 días de luto por una joven a la que el mundo entero conoce ya como Neda. Las maniobras clericales en la oscura Qom, la excepcional solidaridad de toda la Unión Europea con el perenne chivo expiatorio, Gran Bretaña, la estrategia de Estados Unidos, la salud del Líder Supremo y el precio del petróleo son elementos que tendrán más influencia que el análisis estadístico e histórico de las elecciones.

Algunos opinan, incluso, que lo que sucedió en las elecciones no es tan importante, a la hora de la verdad. Lo que importa es quién salga triunfador de esta situación. Lo que importa es una verdad más profunda, revelada por los rezos a Alá o por el rechazo occidental a una República Islámica. Lo que importa es quién consigue imponer su relato (el posmodernismo se ha convertido en la puta de la política del poder). Yo estoy totalmente en desacuerdo con esta postura. Los hechos importan, y debemos atenernos a ellos. Veamos, por ejemplo, una carta abierta cuyo firmante más destacado es Bernard-Henri Levy y que, en su versión inglesa, ha aparecido en la publicación de Internet The Huffington Post: "El 12 de junio de 2009, el pueblo iraní votó abrumadoramente a favor de los dos candidatos reformistas y supo usar las urnas para dar un rotundo no al ayatolá Alí Jamenei, que se había situado abiertamente en el bando del presidente saliente, Ahmadineyad". No conozco, ni en la filosofía francesa, unos métodos que puedan justificar una afirmación empírica tan firme y categórica sobre unos hechos controvertidos. No debemos confundir nuestros deseos con la realidad.

Los hechos importan; incluido el hecho de que, en este caso, los hechos que cuentan son difíciles de establecer. Lo que se ha averiguado hasta el momento justifica dos afirmaciones. La primera, que es muy improbable que Ahmadineyad obtuviera en la primera ronda una victoria de las dimensiones que se apresuraron a anunciar las autoridades iraníes, y que existen fuertes indicios circunstanciales de que hubo fraude. Si se hubieran contado todos los votos verdaderos, y sólo ésos, Ahmadineyad quizá habría ganado, o quizá habría tenido que presentarse a una segunda ronda, pero, en cualquier caso, no habría obtenido esa victoria abrumadora a la primera. En segundo lugar, está claro que estas elecciones no se han llevado a cabo de acuerdo con los criterios internacionales sobre elecciones libres y justas, que están reflejados en el Comentario General del Comité de Derechos Humanos de la ONU a propósito del artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), del que la República Islámica es signataria (busquen en Google General Comment 25).

Entre los indicios circunstanciales mencionados hay que incluir las cifras oficiales publicadas hasta ahora. El especialista iraní Alí Ansari dice, en un estudio de Chatham House, que la participación registrada en dos provincias, Yazd y Mazandaran, fue de más del 100% de los electores. La oposición asegura que se registró una participación de más del 100% en más de 100 ciudades, mientras que el Consejo de los Guardianes dice que eso ocurrió "sólo en unas 50". ¡Sólo 50! Es verdad que, en Irán, la gente puede votar donde quiere, pero esas cifras son mucha gente votando lejos de su casa.

Walter R. Mebane, de la Universidad de Michigan, utiliza un complicadísimo análisis forense estadístico de las cifras oficiales para llegar a esta conclusión provisional: "Los datos ofrecen sólidos argumentos para diagnosticar que en la elección de 2009 se cometió un fraude significativo". La pauta de los resultados, añade, "sugiere que muchas urnas tuvieron votos de relleno". En su opinión, esta conclusión "debería suscitar unas investigaciones que examinen los registros administrativos, testimonios presenciales y otros hechos para tratar de determinar qué sucedió", pero eso es precisamente lo que es imposible en el Irán actual.

Para comprobar estas cosas como es debido hace falta tener los resultados de cada colegio electoral contados, escritos y certificados sobre el terreno, en presencia de testigos independientes. Mark Weisbrot, en un artículo en washingtonpost.com, después de haber hablado con un profesor de la Universidad de Teherán y un solo miembro de una mesa electoral, sugiere que eso es lo que sucedió en Irán. Pues bien, eso es lo que se suponía que tenía que suceder; pero existen suficientes anécdotas y pruebas aisladas que indican que en varios colegios se impidió a los observadores de la oposición que comprobaran los resultados. Por lo que yo sé, no hubo presencia de observadores electorales internacionales que fueran creíbles. Y el propio Weisbrot reconoce que este recuento no incluye las urnas móviles, que son muy fáciles de rellenar.

En vez de ir anotando los resultados de abajo arriba -de cada colegio al nivel provincial y luego al nacional-, se anunciaron desde arriba, y con una velocidad increíble, si se tiene en cuenta que los votantes tenían que escribir a mano los nombres de los candidatos en la papeleta. La elección la organizó el Ministerio del Interior, controlado por los conservadores, y la supervisó el Consejo de los Guardianes, la mitad de cuyos miembros están nombrados directamente por el Líder Supremo. Luego se invitó al Consejo a que se investigara a sí mismo; no precisamente la "autoridad electoral independiente" prevista en el artículo del PIDCP. Y así, más cosas.

No hay pruebas irrefutables, positivas, de que haya habido un gran fraude electoral. Pero, como escriben dos experimentados analistas electorales, "la prueba fehaciente es el proceso", un proceso que hace muy fácil el fraude y muy difícil desvelarlo. En cualquier caso, pedir a la gente que demuestre que el Gobierno ha amañado las elecciones es hacer las cosas al revés. La carga de la prueba recae sobre el Gobierno, que siempre tiene que demostrar a su pueblo que una elección ha sido justa y libre. Y en este caso no lo ha hecho.

Los simpatizantes del exterior y los jóvenes iraníes pueden extraer una enseñanza. La vigilancia internacional de elecciones es un campo cada vez más importante, en el que Europa desempeña un papel crucial, pero sigue viéndose muchas veces como una imposición de Occidente, en vez de la puesta en práctica imparcial de una norma auténticamente universal. Es preciso internacionalizarla y extenderla a todas las culturas y regiones. Desde el punto de vista de Irán, con un régimen fracturado, un sistema político con verdaderos, aunque limitados, elementos de democracia, y una sociedad civil vigorosa, existe la posibilidad de que las próximas elecciones sean mejores que éstas. El objetivo del poder popular que ha salido a la calle debería ser lograr su institucionalización duradera en eso que llamamos democracia. En recuerdo de Neda, levantemos en alto el artículo 25.

Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y profesor titular de la Hoover Institution en la Universidad de Stanford.

El País - Opinión

Los prejuicios de partido, sobre el interés general

Con la decisión de cerrar Garoña, Zapatero ha hecho de la política energética una cuestión ideológica y sectaria.

CUANDO LLEGÓ al poder hace cinco años, Zapatero reivindicó el concepto de democracia deliberativa y abogó por un Gobierno respetuoso con los dictámenes de los órganos técnicos y las agencias que asesoran a los poderes públicos en los grandes asuntos.

Ya despreció las recomendaciones del Consejo de Estado para reformar la Constitución y ahora ha ignorado el exhaustivo y riguroso informe del Consejo de Seguridad Nuclear, que concluía que la central nuclear de Garoña podía seguir abierta 10 años más con plenas garantías. Zapatero ha decidido cerrarla el 6 de julio de 2013, sin el más mínimo debate en el Gobierno. Ha optado, como él mismo ha explicado, por ser coherente con su programa electoral en lugar de seguir la recomendación de los expertos del Consejo, cuyo acuerdo era unánime.


Felipe González se lo reprochó ayer, subrayando que el Consejo de Seguridad Nuclear es «la autoridad legal» para decidir hasta cuándo puede llegar la vida útil de una central. González criticó -«nos lo podríamos haber ahorrado»- que el PSOE incluyera en su programa el cierre de las nucleares y subrayó que ello nos condena a depender de Francia. Jamás se había escuchado de labios del ex presidente una desautorización tan expresa y contundente hacia decisiones de Zapatero como la formulada ayer.

No parece que el Gobierno, sin embargo, vaya a dar marcha atrás. La vicepresidenta De la Vega aseguró que el cierre de la central es «irreversible» y «definitivo», pero la realidad es que no lo es porque, si el PP ganara las elecciones en la primavera de 2012, podría paralizar el desmantelamiento de Garoña.

Ello no quita trascendencia a la decisión del Gobierno, que en realidad está mandando el mensaje de que cerrará también las otras cinco centrales existentes cuando concluyan el ciclo de 40 años de vida útil, tal y como figura en el programa del PSOE.

Para justificar la clausura de Garoña, el Gobierno alega que la instalación es prescindible porque sólo genera el 1,3% de la producción nacional de energía eléctrica. Ello es cierto pero también que esa energía tendrá que ser reemplazada por otra que resulta mucho más cara como, por ejemplo, la eólica. El coste del kilovatio de origen nuclear es cuatro veces menor que el eólico.

Al cerrar Garoña, el Gobierno pierde un emplazamiento para albergar una central, algo muy difícil de encontrar en una sociedad con prejuicios hacia la energía nuclear. Pero además su clausura supone la eliminación de más de 1.000 puestos de trabajo en una zona donde no existen otras alternativas de empleo.

El problema de fondo es la falta de una política energética para reducir nuestra dependencia de las importaciones de petróleo, diversificar el suministro y abaratar la generación eléctrica. Zapatero ha seguido la senda trazada por los Gobiernos anteriores, con muy poca previsión de futuro y apostando -eso sí- por la carísima alternativa eólica.

Las centrales nucleares suministran hoy el 18% de la energía eléctrica. La cuestión que la sociedad española debe debatir es si quiere seguir contando con las ventajas de precio y calidad de la energía nuclear o hay que optar por un mayor peso del gas natural y la eólica.

Teniendo en cuenta que los precios del petróleo llegaron a subir a 150 dólares por barril hace poco más de un año, parece una locura aumentar nuestra dependencia del exterior y desdeñar una tecnología como la nuclear, que suministra el 90% de las necesidades en Francia. Pero Zapatero ha hecho de la política energética una cuestión ideológica y sectaria, lo que va a pasar factura a todos los ciudadanos.

El Mundo - Editorial

La enfermiza obsesión antinuclear de Zapatero

«La decisión del Gobierno carece de todo sentido económico y técnico. Pero como aclaró Sebastián, se trata de una decisión política: Zapatero no persigue mejorar la vida de los españoles sino imponer sus prejuicios ideológicos.»

El Gobierno no ha vacilado en decretar el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña para el año 2013, momento en el que siendo optimistas estaremos estabilizando los bandazos de la crisis actual. Y es que pese a los espejismos de recuperación que parecen surgir en torno a la moderación de las cifras de desempleo, lo cierto es que la economía española sigue hundiéndose a tasas del 3% y está lejos de haber tocado fondo. Hay una diferencia sustancial entre comenzar a recuperarse y reducir la velocidad de despeño.

Los políticos, populares e incluso socialistas, suelen apelar al mágico sintagma de "reformas estructurales" para resumir cuál es su fórmula para salir de la crisis. Por lo visto, la economía española requiere de ciertos cambios estructurales que llevan décadas siendo aplazados y que, una vez adoptados, la catapultarían a las cimas de la prosperidad. El problema es que los mismos políticos que apelan a esas reforman no suelen ser capaces de concretarlas. Parece que las "reformas estructurales" son más un refugio para los inmovilistas que un programa de acción política.

Pero lo cierto es que España sí necesita de urgentes reformas estructurales, y entre ellas destaca el cambio de modelo energético de nuestra economía. La retórica ecologista que contamina tanto a la izquierda como a la derecha ha cristalizado en la última década en un modelo de producción eléctrica donde las energías renovables han ido cobrando un peso creciente que ya se sitúa alrededor del 20% del total.

Las energías verdes han ido ganando peso conforme la nuclear lo ha perdido, de modo que hoy ya consumimos más energía originada por la primera fuente que por el segunda. Para muchos, entre los que sobresale nuestro presidente del Gobierno, esta circunstancia supone una excelente noticia que coloca a España al frente de un "cambio de modelo productivo" mundial que pivota sobre energías renovables y limpias.

Lástima que este planteamiento tan "progresista" tenga un problema de fondo bastante importante: la energía eólica es unas tres veces más cara que la nuclear y la fotovoltaica alrededor de 12. Dicho de otra forma, nuestro país se va especializando en producir electricidad cada vez más cara.

Precisamente por ello España necesita en este sector una profunda reforma estructural: en los próximos años asistiremos a subidas de la factura eléctrica o de impuestos para costear este oneroso sistema eléctrico. Una energía más cara siempre acaba afectando a consumidores y empresas –por mucho que durante un tiempo se la enmascare bajo el rótulo de "déficit tarifario"– en forma de beneficios más bajos, mayor desempleo, menor inversión y una menguante competitividad industrial.

Este desastroso escenario futuro, por mucho que en la última década se haya hablado incorrectamente de "liberalización eléctrica", no ha sido fruto del libre mercado, sino de todo lo contrario: de un atroz intervencionismo en el sector energético. Por un lado, los distintos gobiernos han promovido con diversas ayudas el desarrollo artificial de las energías renovables y, por otro, han obstaculizado la construcción de nuevas centrales nucleares y han forzado el cierre de las ya existentes, como sucede con Garoña y como sucedió hace tres años con Zorita.

La decisión del Gobierno carece de todo sentido económico, pues la prosperidad no puede edificarse sobre un encarecimiento de nuestra provisión energética. Tampoco tiene sentido técnico, ya que el Consejo de Seguridad Nuclear ha avalado la viabilidad de Garoña hasta el año 2021. Pero es que, como se apresuró en aclarar el ministro de Industria durante la rueda de prensa en la que se oficializó el cierre, no estamos ante una decisión técnica o económica, sino política. O dicho en román paladino, Zapatero no persigue mejorar la vida de los españoles sino imponer unos prejuicios ideológicos que le permitan permanecer en el poder. Algo que, por lo visto, debe abundar bastante entre la izquierda, pues los sindicatos han dejado de protestar por el cierre de la central tan pronto como han olido la presencia de fondos europeos.

La clausura de Garoña, a diferencia de lo que sostiene Zapatero, ni nos acerca a la recuperación ni nos coloca en la vanguardia de ningún progreso que merezca tal nombre. Como todas las medidas de política económica adoptadas por este Ejecutivo, sólo nos vuelve a todos más pobres y nos hunde más en una lamentable crisis que el PSOE sólo ha contribuido a agravar.

Libertad Digital - Editorial

La democracia en Honduras

LA misión que ha emprendido el secretario general de la OEA, Miguel Insulza, es extremadamente delicada. La Comunidad internacional ha dejado en sus manos la resolución del problema creado en Honduras, pero lamentablemente hasta ahora la gestión de la OEA sólo ha servido para acentuar las posiciones intransigentes, tanto por parte de las nuevas autoridades que reclaman la legitimidad de lo que desde el exterior ha sido considerado un golpe de Estado, como por parte de los que dentro y fuera del Honduras apoyan al presidente depuesto, Manuel Zelaya.

Para encontrar un camino hacia la solución no se puede ignorar que hay una diferencia evidente entre esta unanimidad granítica de la postura internacional y la situación real de un país que está dividido entre dos posiciones mutuamente excluyentes. Si el reconocimiento del presidente Roberto Micheletti es imposible dadas las circunstancias que rodearon su llegada al cargo, la vuelta de Zelaya parece algo aún más contraproducente para la paz y la tranquilidad del país. Siendo como parece tan claramente mayoritario el rechazo que suscita entre la población, no se ve cómo Zelaya podría volver a Tegucigalpa sin provocar mayores daños que los que se pretenden evitar.

Probablemente a Insulza no le faltan las buena intenciones, pero no está libre de influencias poco recomendables. Ni el nicaragüense Daniel Ortega ni mucho menos su mentor venezolano Hugo Chávez tienen credenciales democráticas para dar lecciones. Que junto a Raúl Castro, representante de un régimen dictatorial que castiga con la cárcel a la disidencia pacífica y que no ha permitido una elección libre en medio siglo, sean los que marcan el paso de la gestión de Insulza, es muy preocupante para la salud de la organización y el Gobierno norteamericano debería hacer una reflexión profunda sobre sus posiciones en este caso.

En concreto, el papel de Chávez, desde que manipuló a Zelaya para añadir un socio más a su club de revoluciones bolivarianas, hasta estos momentos en los que ha hecho bandera de la su restitución incondicional, no deja lugar a dudas sobre sus verdaderas intenciones. Ni a Chávez ni a Zelaya les mueve el interés de defender la democracia. Y si así fuera aceptarían la única propuesta que puede evitar que se agrave la situación y que sería la convocatoria de elecciones anticipadas lo antes posible, siempre que estén libres de influencias exteriores.

ABC - Editorial

Electric Light Orchestra - Secret messages