lunes, 30 de agosto de 2010

Hombres de negocios. Por Ignacio Camacho

El secuestrador de los cooperantes se dice un hombre de negocios. Y debe de serlo, porque el Gobierno ha negociado.

EL tal Omar el Saharaui, competente secuestrador —por encargo— de los cooperantes españoles en el Sahel, dice que él no es un terrorista sino un hombre de negocios. Un profesional con amplia experiencia, vaya; antes había trabajado con los polisarios, y quién sabe en qué más empresas. Sin duda debe de serlo, y eficaz por cierto, habida cuenta del exitoso desarrollo de sus últimas gestiones. Como al fin y al cabo se trataba de negocios, el Gobierno español se ha prestado a negociar entre profesionales. Total, todo era cuestión de un sencillo toma y daca: Omar secuestra, España paga y Al Qaida cobra y suelta la presa. La libertad de los rehenes a cambio de un poco de dinero, y de propina la excarcelación del mercenario, que como nadie es perfecto se había dejado prender por Mauritania en un descuido. En todas las negociaciones hay flecos de última hora que conviene dejar cerrados para que no se estropee el objetivo principal. Todos contentos; no hay nada como un trato entre caballeros.

El Gobierno se ha acostumbrado a negociar. Nuestra estructura diplomática es experta en el manejo de esta clase de negocios —por ejemplo, con Marruecos— y el CNI dispone de numerosos agentes reciclados en el manejo de operaciones de índole mercantil con lo mejorcito de cada casa. Negoció con los piratas somalíes que se apoderaron del «Alakrana» —unos pardillos que al final se olvidaron de aquel Adu jovenzuelo, preso en Madrid, y se pusieron a celebrar bodas con la pasta del rescate—, y negoció con ETA, que es un hueso más duro de roer porque sus cabecillas carecen de la necesaria profesionalidad, fanatizados como están por el delirio del poder y de la sangre. Pero todo se contagia y ahora parece que los etarras han escrito por ahí un papel en el que solicitan cuatro millones de euros para dejar de extorsionar a empresarios en una eventual tregua. Los tíos ya quieren una subvención por dejar un rato lo suyo, y esto es sólo el principio; como alguien les dé cuartelillo acabarán pidiendo plazas de funcionarios.

A Omar el Saharui le ha dado el Gobierno estatus de hombre de negocios como antes le dio a Otegui —¡y hasta a De Juana Chaos!— el de hombres de paz. El tipo va por ahí hablando con periodistas y protestando de su inocencia; es un honrado traficante de personas, automóviles, rebaños, cosas. Un hombre que se gana la vida trabajando, como los demás, y que a veces tiene trato con los terroristas de Al Qaida porque son gente que anda por ahí, en esos desiertos de Alá. Un subcontratista, que diríamos. Le dieron quince mil euros por la gestiónde los cooperantes y se quedaron con el resto del rescate —de seis a ocho millones de euros— para sus necesidades logísticas. Puro negocio. Los españoles son gente razonable: entienden en seguida la dimensión de los asuntos, cumplen su palabra y pagan al contado. Da gusto entenderse con gente así.


ABC - Opinión

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