miércoles, 1 de junio de 2011

El retorno de los zombis. Por Gabriel Albiac

El don nadie fue propulsado a presidente. Y ejerció su disparate de siete años.

PASADO ese momento vocinglero del navajazo en la tripa al colega inoportuno —a la colega—, ¿qué paisaje de intereses se abre ante el ejecutor Rubalcaba? Porque no puede decirse que sean claros sus motivos. Ni los de todos aquellos que en él ven salvación aún verosímil: la salvación de un partido que, en tierras más exigentes con sus electos, hubiera sido borrado hace bastante. Porque el saldo de este PSOE, el inventado a golpe de talonario tras la muerte del dictador, es una continuidad de atrocidades. Que culminaron en la locura de un presidente, éste de ahora, para dar cuenta de cuya andanza no hay más léxico funcional que el de los psiquiatras.

Con Zapatero fuera de sus cabales —o actuando como si lo estuviera, que es lo mismo—, Rubalcaba procedió a un asalto bien planificado. Ocupó el hueco. Sin que nadie se lo disputase. Y, más asombrosamente, sin que nadie —digo nadie— pareciera querer preguntarse por qué el presidente del Gobierno había desaparecido desde la primavera del año pasado. Hasta hoy, y a todos los efectos. No hubo una dimisión en el Gobierno. No hubo una resistencia. Parecían aceptar aquello como un accidente meteorológico más o menos desagradable. Hasta el día en que las elecciones del 22 de mayo pusieron en el escaparate lo que no debería haber sorprendido a ninguno: que el partido socialista estaba en saldo. Y que se enfrentaban todos ellos al riesgo más odioso: tener que trabajar para vivir, como el resto de los mortales. Entonces estalló la guerra. Duró sólo un par de días. El dispositivo de control trazado por el ministro del Interior en torno a sus colegas era ya infranqueable. Malos, pero no del todo tontos, optaron por rendirse. Y ofrecer al ganador sus buenos oficios. Blanco ha sido el paradigma, simplemente porque Blanco es la esencia intelectual y moral del socialismo español del siglo veintiuno.


¿Para qué tanto juego de masacre? Porque, en política, nadie despliega una estrategia tan costosa sin el proyecto verosímil de rentabilizarla. A estas alturas del juego, ser candidato electoral del PSOE es ponerse como víctima oblatoria para que la apisonadora de las urnas te pase por encima. La esperanza de ganar es cero. El riesgo de ser triturado, altísimo. ¿Qué puede aguardar un viejo profesional como Rubalcaba de su empeño por capitanear la deriva de su partido hacia el naufragio? ¿Qué pesadas inercias juegan sobre su maestría en sombras y alcantarillas para soñar que el reloj gire a la inversa, hasta aquellos dorados años de la impunidad perfecta, tras cuyo parapeto hizo fortuna el felipismo?

Muy pocos días antes de que un 11 de marzo cambiara irreversiblemente la historia de España, alguien cercano al clan felipista más estricto me explicaba el sacrificio de peón de 2008: Zapatero es un don nadie que durará poco; mejor que se pegue el bofetón electoral él y pague el coste; podremos pasar luego a las cuestiones serias y empezar de nuevo. Se equivocó en los tiempos. El don nadie fue propulsado a presidente. Y ejerció su disparate de siete años. Alguien logró infiltrarle a Rubalcaba. Alguien ha decidido que es la hora de volver a la casilla de salida. Puede que alguien haya olvidado que, en política, no hay tiempos reversibles.


ABC - Opinión

La crisis del pepino: un problema de Alemania que se paga en España. Por Antonio Casado

Como ayer dijimos en Cotizalia, aunque Alemania haya dado marcha atrás el mal ya está hecho. En pérdida de puestos de trabajo y cientos de millones de euros distraídos en la facturación de nuestros excelentes productos agrícolas. España paga la factura de la frivolidad germana. ¿O era algo más que una sobreactuación en nombre de la salud pública? Dicho sea por el estratégico beneficio de esos terceros que tantas ganas le tienen a los pujantes cultivos del sur de España.

La coartada de la “escherichia coli” era poderosa, con dieciséis muertos sobre la mesa y más de trescientos enfermos de gravedad. Pero endosársela a los pepinos españoles con tanta precipitación y con tan escandalosa ignorancia de los protocolos previstos por la normativa europea en este tipo de situaciones, fue una ignominia solo explicable por la enorme distancia que separa a Alemania de España en el cuadro de las relaciones de poder. No hubieran sucedido las cosas de igual modo si la sospecha hubiera recaído sobre productos agrícolas franceses, por ejemplo.

«Lo fácil, lo cómodo, era abrir una irresponsable causa general contra los pepinos españoles para disimular la desidia de las autoridades alemanas ante un serio problema de salud pública.»
Tratándose de España, no valía la pena tomarse la molestia de esperar los resultados de los análisis. No valía la pena concertarse con las autoridades españolas, ni siquiera con las europeas (ay, de nuevo, la inanidad de la Comisión y el descreimiento en el proyecto europeo). No valía la pena escuchar a los expertos, reconstruir los avatares de las partidas de pepinos en sus distintos pasos (producción, carga, transporte, distribución, venta y consumo) o analizar las partidas, una por una, con distintas fechas, con distintas procedencias.

No. Nada de eso. Lo fácil, lo cómodo, era abrir una irresponsable causa general contra los pepinos españoles para disimular la desidia de las autoridades alemanas ante un serio problema de salud pública.

Nuestra debilidad política respecto a Alemania no sólo es achacable a la proverbial arrogancia de los alemanes respecto a los países instalados en la periferia de la recuperación económica. Por supuesto que España y su Gobierno han hecho méritos para merecerlo. Lo cual no ha quedado desmentido durante la crisis del pepino, con una reacción oficial tardía y tibia.

Nadie entiende que a la sobreactuación alemana se respondiera con versallescas alegaciones y un bajo perfil de réplica, tanto por lo que se refiere a los argumentos como por lo que se refiere al rango de las personas encargadas de parar el tremendo golpe a los intereses nacionales. A estas alturas de la historia la visita al sur andaluz del vicepresidente Rubalcaba, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y la teórica ministra de Agricultura, Rosa Aguilar, puede paliar de algún modo el hachazo a las cuentas de las grandes cooperativas agrícolas mediante la correspondiente habilitación de ayudas económicas de la Administración, pero el daño, insisto ya está hecho, sobre todo en los intangibles (el golpe a la imagen de España ha sido muy duro), a pesar de que ahora venga la tal Cornelia Storck a decir digo donde dijo diego. Lamentable.


El Confidencial - Opinión

Encuentros en la III fase. Por José maría Carrascal

Si Zapatero nos anunciaba brotes verdes, Rubalcaba nos promete unos encuentros en la tercera fase que no se vislumbran.

«NO ha habido conspiración ni dedazos» declaró rotundo el candidato socialista en las próximas elecciones. ¡Menuda forma de empezar la carrera! Porque hubo, no una, sino dos conspiraciones y dos dedazos. Que se lo pregunten a Carme Chacón. Hubo conspiración de Zapatero para imponerla al candidato previsto y hubo conspiración de los barones socialistas para deshacer tal maniobra. Como hubo dedo del presidente apuntando a su niña favorita y hubo dedazo de la cúpula del partido apuntando a Rubalcaba. Esto, que ha visto todo el mundo y ha denunciado entre pucheros la damnificada, lo niega el interfecto sin inmutarse.

Si su arranque fue malo, la continuación fue peor. Nos habían dicho que iba a exponer su programa de gobierno y nos salió con galimatías de vendedor de feria: «La crisis fue (ese “fue” es impagable) una tormenta perfecta de tres fases. Resistimos la tormenta (nadie lo diría, viendo el panorama económico español) y cuando amaine (¿y si no amaina?) cambiaremos el rumbo (¿por qué no hacerlo ya, vista la situación?)». El resto de su «programa» fue una mezcla de chistera de ilusionista y mesa de trileros: «En esa tercera fase se irá a otro modelo productivo, pues la economía española está entre la primera y la segunda». Escapismo, manipulación, ganas de marear la perdiz. Si Zapatero nos anunciaba unos brotes verdes que nunca llegaron, Rubalcaba nos anuncia unos encuentros en la tercera fase que no se vislumbran por ninguna parte. Y no se vislumbran porque intenta vendernos una cosa y la contraria al mismo tiempo: el cambio y la continuidad. La cuadratura del círculo. «Cuando salgamos de la crisis —y dale con el cuando—, tendremos que cambiar muchas cosas.» ¡Pero, ¡hombre de Dios!, si de lo que se trata es de salir de la crisis, no de lo que hagamos después!, dan ganas de gritarle, a ver si se entera de que es muy posible que no lleguemos a esa famosa tercera fase, si seguimos por el camino que vamos, conducidos por quien «se siente corresponsable de todas las medidas tomadas por Zapatero», la única verdad que dijo.

Sólo le faltó decirnos que mantener la ley del aborto —una de las pocas cosas que especificó— va a crear puestos de trabajo, a no ser pensando en los españoles que dejen de nacer, y a casi tan largo plazo fue su otra apuesta, la educación e investigación, sin acordarse de que esos capítulos se han transferido a las autonomías y, encima, se han recortado sus presupuestos. Si esto es todo lo que Rubalcaba puede ofrecer, hacen bien jóvenes y parados en esperar sentados en sus acampadas. Expuesto, además, sin convicción, decisión ni brillantez. Y es que, metidos en la camelancia, Zapatero lo hace mucho mejor. Ya decían que el terreno de Rubalcaba está tras los bastidores. En la tercera fase, vamos.


ABC - Opinión

Movimiento 15-M. Meditación sobre Sol. Por Agapito Maestre

La ocupación material e ininterrumpida de ese ámbito público por unos cuantos individuos, que incluso reconocen no representarse a sí mismos, tiene que ser vista como una agresión. ¿Qué hacer ante el agresor? Defenderse.

Nunca ha sido fácil hacer un buen uso de las pasiones, especialmente si pertenecen al género de las llamadas pasiones políticas. He ahí el ejemplo de la movida española de los indignados del 15-M, que ha pasado de ser una fuente de inspiración de protesta democrática, sensata y verosímil contra un régimen político mortecino, a una mascarada ideológica para esconder vicios mentales de una vieja y vulgarísima extrema "izquierda" llena de estulticia intelectual. Por fortuna, los mejores que había en Sol ya se marcharon. Sólo queda la espuma. Permanece una pequeña muchedumbre que hace mal, mucho mal, como diría Descartes, por poseer un bien que no merecen.

La indignación, la ira y la rabia son pasiones valiosas en la medida que están fundamentadas sobre una opinión política, sensata y ajustada a la realidad, unos argumentos sólidos, capaces de enfrentarse a la injusticia de modo proporcionado con el mal causado, y un juicio político, basado en el contraste de muchos pareceres. La pasión de la indignación, esa especie de odio o aversión que la naturaleza ha puesto en cada uno de nosotros con mayor o menor abundancia, contra los que hacen algún mal, sea del tipo que sea, desaparece si perdemos de vista al causante concreto de mal. Eso es, exactamente, lo que ha sucedido en la movida de Sol.


Quienes se han plantado en Sol, sin otro "fundamento" que reclamar una justicia universal contra todos los males de la humanidad, son unos impostores, o peor, gente que se autoengaña cobardemente y, sobre todo, son criminales de una de las principales pasiones del ser humano: la indignación, rabia, ira u odio que sentimos por naturaleza contra los que hacen algún mal. Eso es, repito, lo que yo siento ante los concentrados de la Puerta del Sol: indignación. Me siento indignado con ellos porque poseen un bien que no han merecido, a saber, participar en el proceso político de creación de bienes en común sin ninguna limitación, o sea, sin atender que su ocupación de un espacio público era simbólica o se convertía, directamente, en una agresión al resto de ciudadanos que viven en ese lugar.

Mis amigos de Sol, sí, los kiosqueros, los pasteleros, los camareros, los joyeros, los loteros y otros tantos profesionales del sector servicio se sienten maltratados. Los perroflautas han machacado sus negocios. En fin, mientras que la indignación de los comerciantes y ciudadanos de Sol está justificada, entre otras razones, porque el causante del mal está bien delimitado, la indignación de los acampados allí es pura filfa. En efecto, la indignación fundamentada sobre una abstracción, por ejemplo, sobre un sentimiento de injusticia universal, es, en verdad, un engaño. Una manera de asesinar una de las grandes pasiones políticas de todos los tiempos.

Cuando los del 15-M salieron a la calle indignados por la corrupción, o por la falta de representatividad democrática de nuestro sistema político, fueron vistos con simpatías por millones de ciudadanos que compartían esa pasión. La ocupación de un espacio público para convertirlo en un foro político de carácter simbólico fue bien visto por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, la ocupación material e ininterrumpida de ese ámbito público por unos cuantos individuos, que incluso reconocen no representarse a sí mismos, tiene que ser vista como una agresión. ¿Qué hacer ante el agresor? Defenderse. O sea, o Rubalcaba los desaloja o diremos que está colaborando con los delincuentes.


Libertad Digital - Opinión

Matar al loro. Por M. Martín Ferrand

Es urgente matar al loro para que no sea necesario, en aras de su chocolate, bajar las pensiones de los ancianitos.

SEGÚN anuncia UPyD, el partido que lidera Rosa Díez, los cinco concejales de la formación que, encabezados por David Ortega, se disponen a tomar posesión de sus cargos representativos en el Ayuntamiento de Madrid renunciaron a los cinco coches oficiales que, uno por barba, les corresponde como ediles de la ciudad más endeudada de España. Además de celebrar un gesto de valor ético y rareza estética en nuestra despilfarradora vida política, la noticia me ha escandalizado notablemente. ¡Todos los concejales capitalinos tienen coche! Es decir, tienen conductor, o conductores, a su disposición y, sin introducir la amortización del vehículo que les corresponde, ello supone un gasto anual mínimo de 50.000 euros por persona, además de cuantas bicocas y gabelas hayan ido amontonando, con la mandanga bipartidista, a lo largo de los años.

Suele decirse, en un país en el que vale todo y en el que el poder y la oposición alcanzan fácil unanimidad en lo que respecta a sus retribuciones y privilegios, que eso del coche oficial es «el chocolate del loro». Y no lo es. En el orden de los principios, que es lo fundamental en una democracia no paródica, es algo importante. En lo económico, no se trata de nada baladí. En España tenemos hoy en los distintos planos de la Administración pública —nacional, regional, provincial y local— unos 35.000 coches públicos con sus correspondientes conductores, seguros, consumos y mantenimiento. La cifra es imprecisa, y pudiera ser mayor, porque nuestras Administraciones son opacas y no brilla el trabajo de la oposición de turno en cada una de ellas por pretender la transparencia detallada de los gastos; pero podríamos estar hablando de una cifra próxima a los 2.000 millones de euros anuales. En consecuencia, es urgente matar al loro para que no sea necesario, en aras de su chocolate, bajar las pensiones de los ancianitos.

En la medida en que los representantes de los nuevos partidos, como UPyD o FAC, implanten su presencia crítica en los órganos representativos para los que han sido elegidos puede producirse un efecto revulsivo que contribuya, aunque solo sea por el sonrojo de los ya instalados, a sanear viejos esquemas y presupuestos no exigentes con el gasto y, por ello, irrespetuosos con los ciudadanos que los proveen con su esfuerzo fiscal. Cuando los colchones eran de lana, resultaba imprescindible la figura del colchonero que, con una vara doblada en «L», por razones de higiene y de confort, apaleara la lana apelmazada por el uso. Por esa vía los pequeños se harán grandes después de conseguir matar a ese loro devorador de chocolate que tanto nos cuesta.


ABC - Opinión

Pulgas y serpientes. Por Alfonso Ussía

Las pulgas han invadido el campamento de los que no hacen nada. Las serpientes se han adueñado de las tierras vascas. Urkullu, el tiro –nunca mejor escrito–, por la culata. Los acampados en Sol han dejado de interesar. Son los tostones de Sol. Las serpientes se mueven. Ha vuelto el terror y la amenaza a muchas localidades de las provincias vascongadas. Como si en los límites territoriales del País Vasco hubieran abierto centenares de cajones repletos de ofidios. Los responsables de la apertura tienen nombre y apellidos. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa Batarrita. Ocupan un lugar preferente en las páginas negras de nuestra libertad. Quizá les interese conocer a Carlos García, que ocupa un lugar de honor en las páginas heroicas de nuestra convivencia. Carlos García era concejal del Partido Popular en Bilbao. Se presentó en Elorrio, una localidad vizcaina gobernada por ANV hasta el pasado 22 de marzo. Pagó de su bolsillo la campaña electoral, sobreactuada de insultos y amenazas. Quizá les interese a esos seis lamentables personajes saber que los apoderados de «Bildu» mostraban en los colegios electorales fotografías de terroristas etarras estampadas en sus camisetas. Carlos García, con tesón y valentía ha conseguido un acta de concejal de Elorrio. Tiene la llave de la gobernación del áspero municipio. Seis concejales del PNV, seis de «Bildu» y él. Carlos sabe que se juega la vida. Lo ha asumido. Entre serpientes. Las pulgas sólo pican, y gustan de la mugre y la suciedad. Las serpientes han matado a mil inocentes y volverán a hacerlo cuando les llegue el dinero de los municipios y las diputaciones. De ser justos, que no lo son, los seis magistrados del Tribunal Constitucional que han abierto las cajas de las víboras enroscadas en el hacha, harían bien en prescindir cada uno de un escolta y encomendarles la seguridad de Carlos García. Aquí en Madrid, y después del favor concedido, ellos no necesitan que los cuiden. De ello se encargan sus favorecidos. Pero Carlos García, que va a apoyar, aunque no lo merezca, al PNV, y va a alejar de los proetarras la alcaldía de Elorrio, necesitará esos seis escoltas como mínimo para poder desarrollar la labor que sus votantes le han encomendado. Quizá les interese a los magistrados anteriormente relacionados, saber que los votantes del PP y del PSE en muchas localidades vascas no podían elegir libremente su papeleta en el colegio electoral, y tenían que llevarla desde su casa. No creo que les interese conocer a Carlos García, pero podría ofrecerle toda suerte de datos y hechos acontecidos que podrían avergonzarlos. Gracias a esos seis encantadores magistrados, «Bildu» va a controlar los impuestos, las cuentas corrientes y los domicilios de los contribuyentes vascos. Pulgas en Madrid que no pican a Rubalcaba ni a la Delegada del Gobierno y serpientes enroscadas en mil hachas ensangrentadas en el País Vasco. No dejen pasar la ocasión, señores magistrados y llamen a Carlos García. Él les contará con ejemplar sencillez las nefastas y terribles consecuencias de su decisión. Verán a un hombre como la copa de un pino que lucha en soledad por defender la libertad y la democracia en la tierra de los vascos. Resulta emocionante su palabra. Ejemplar. Grandiosa. Ya que no las serpientes, les deseo que al menos, les pique alguna pulga.

La Razón - Opinión

Sinde.Contra Franco vivimos mejor. Por José García Domínguez

Rebajada primero a epíteto y luego a escupitajo, la voz "fascista" ya no remite a significado alguno más allá de su uso balístico en tertulias y circos televisivos. Razón última del afán ministerial por colgarle el mote al difunto.

Parece ser que en la entrada del Diccionario Biográfico Español referida a Franco Bahamonde, Francisco, se ha obviado el pleonasmo de decirle dictador. Asepsia adjetiva que habría provocado el muy airado enfado de la ministra Sinde, acaso presta a recibir las actas de un proceso sumarísimo con la quema en efigie del reo, tal como era costumbre antigua del Santo Oficio. Al respecto, y más allá de la ideología que en puridad nunca tuvo, si algo definió al franquismo fue una mentalidad. Unas actitudes, formas y modos llamados a sobrevivirle largos años, por cierto. De ahí, inconfundible, el eco del célebre "Usted no sabe con quién está hablando" en las palabras de la señora ministra.

Así, a la guionista de Mentiras y gordas le ha faltado tiempo para amonestar a la Real Academia de la Historia. Ocurre que a su conminatorio entender deben ser "revisados" ciertos enunciados "que no se ajustan a la realidad". Al Mando le incomoda el juicio de los historiadores y aconseja sea depurado al dictado de sus precisas indicaciones: franquismo en estado puro. Y duro. Entre esos desajustes presuntos con la realidad figura el aserto de que el de Ferrol "montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Una proposición que ha empujado al senador Saura, paleocomunista, a exigir la retirada de los veinticinco primeros tomos de la obra por constituir "una recopilación de ideas que forman parte del pensamiento fascista español".

Eventualidad que casi le invita a uno a hacerse fascista. Aunque solo fuera por el contraste. Y es que todo el pensamiento del mentado Saura cabe holgadamente en veinticinco líneas. Por lo demás, rebajada primero a epíteto y luego a escupitajo, la voz "fascista" no remite a significado alguno más allá de su uso balístico en tertulias y circos televisivos. Razón última del afán ministerial por colgarle el mote al difunto. Pese a que Franco, un franquista convencido, nunca quiso ser cosa distinta. Por algo a Jiménez Caballero, el primer –y tal vez único– fascista que hubo en España, lo largó raudo al Paraguay (para que dejase de marear). En fin, ya en su día advirtió Ennio Flaiano que existen dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas. Los de don Ernesto y los de Sinde y Saura, que tanto montan.


Libertad Digital - Opinión

Política a pie. Por Ignacio Camacho

El problema de muchos políticos no consiste en que vayan en coche oficial, sino en que no miran por la ventanilla.

A un joven ex ministro le oí una vez la confesión angustiada de que al dejar el poder sufrió un ataque de estrés porque no sabía dónde aparcar en el centro de Madrid. Padeció un bloqueo emocional; no estaba preparado para volver a ser una persona corriente. Y es que el problema de muchos políticos no consiste en que vayan siempre en coche oficial, sino en que no miran por la ventanilla. Ocultos tras los cristales tintados se pierden el latido de la calle, el pulso de la gente, la belleza del paisaje y el flujo mismo de la vida. Han dejado de escuchar y han renunciado a vivir la experiencia cotidiana de aquellos a quienes representan. Esos a los que obligan a ir andando por el centro de las ciudades que ellos transitan por carriles reservados. Esos que abarrotan los autobuses en los que jamás suben los altos cargos. El coche oficial no es sólo un privilegio: es una barrera. Una valla móvil de separación entre la política y la realidad.

Por eso el gesto de renuncia de los concejales madrileños de UPD tiene un interesante valor simbólico que trasciende la pequeña demagogia del ahorro. La austeridad no es tanto una cuestión de cifras como de principios. Para representar a los ciudadanos no se necesita un parque móvil. En España circulan demasiados vehículos de protocolo, bastantes más de los precisos y por supuesto muchos más de los que podemos mantener y pagar. Algunos ayuntamientos, como el de Málaga, tomaron hace tiempo la medida de prescindir de la mayoría de ellos y que se sepa ningún edil ha sufrido una merma funcional ni un menoscabo de su dignidad. En otros, Sevilla por ejemplo, se ha multiplicado la flota mientras se restringía el tráfico rodado al común de los ciudadanos. No se trata de que los ministros y los alcaldes vayan en metro, sino de evitar el abuso manifiesto de una nomenclatura de nivel medio que hace mucho tiempo que literalmente no pone los pies en el suelo. De director general para abajo es más que suficiente con la reserva de una plaza de aparcamiento.

Un antiguo alcalde de Montevideo solía decir que la ciudad es un libro que hay que leer con los pies. Nuestra dirigencia pública lee poco pero anda menos, y el resultado es que se aleja tanto del conocimiento intelectual como del práctico. Ha abandonado el roce, el diálogo, el aprendizaje. Sus integrantes se han construido para sí mismos una burbuja de confort y han perdido el anclaje con el conflicto diario de la existencia. Olvidan que hay hacer cola en los aeropuertos, que las tarifas de teléfono son caras, que muchos colegios no tienen plazas para los hijos y que a veces no quedan entradas para el teatro. O ignoran, como Zapatero, el precio de un café.

Es hora de volver a una política de a pie. La clase dirigente necesita un aterrizaje peatonal. No en la calle, sino en la vida.


ABC - Opinión

Pepino amargo

La crisis del pepino ha puesto de manifiesto la falta de pulso del Gobierno y su insuficiente peso en la UE. Tras la denuncia de las autoridades alemanas contra los pepinos españoles como el origen de la epidemia de la bacteria «E.coli», que ha causado ya 15 muertes, el Gobierno reaccionó cuando el perjuicio al sector estaba hecho. Su prioridad debió de ser abortar la crisis en su origen o al menos minimizar los daños. No hizo ni lo uno ni lo otro. Ni la ministra Rosa Aguilar ni la ministra Leire Pajín, en una desafortunadísima gestión, ni la ministra Trinidad Jiménez interpretaron de forma adecuada la trascendencia del contencioso, tal vez porque los socialistas tenían la mente distraída en los asuntos sucesorios del PSOE el pasado fin de semana. Se calcularon mal los riegos y no se rebatieron con celeridad las acusaciones temerarias e injustificadas de la responsable sanitaria alemana, lo que favoreció que la alarma se extendiera por el continente. La consecuencia fue que la confianza en las hortalizas y las frutas españolas quedó tocada y que seis países restringieron las importaciones de nuestro país. Los primeros cálculos de los productores han estimado las pérdidas en 200 millones de euros a la semana en un sector clave, en el que España es el primer exportador mundial, con una producción de unas 16 millones de toneladas y un valor en origen cercano a los 17.000 millones de euros, y que da trabajo a más de 300.000 personas. Hablamos del tercer sector en importancia en la exportación nacional, sólo por detrás del automóvil y la maquinaria industrial y, por consiguiente, de una gran relevancia para la economía. Por fortuna, ayer el negro panorama empezó a disiparse. La ministra de Salud de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, la misma que provocó la convulsión, confirmó que los pepinos españoles no son el origen del brote. Era un desenlace esperado, no sólo porque los productos españoles cumplen con exigentes protocolos de calidad y seguridad, como reafirmó Europa, sino también por el mero hecho de que no había habido problemas con los pepinos consumidos en España ni en otros países. La rectificación de Alemania es un paso imprescindible, pero no puede suponer un borrón y cuenta nueva. Primero, porque el pánico es un estado de ánimo muy complicado de revertir, y segundo porque el perjuicio a los productores y a la imagen del país ha sido demasiado importante y es obligado resarcirlo con justicia. Alemania se ha equivocado gratuitamente y debe un desagravio a los afectados. Una campaña nacional de las autoridades germanas a favor de las hortalizas y frutas de nuestro país y la compensación económica correspondiente son actuaciones obligadas. Además, las autoridades comunitarias harían bien en recordar a todos los socios, especialmente a Berlín, la existencia de unos protocolos de actuación y de unos canales oficiales para abordar estas situaciones. El Gobierno llegó tarde. El desánimo socialista merma su capacidad de respuesta, porque sus preocupaciones no están en la gestión pública. El país no atraviesa precisamente por un buen momento y necesita unos gestores atentos y eficientes.

La Razón - Editorial

Rumbo vacilante

El Gobierno cumple con el objetivo de déficit, pero las autonomías no se implican en la austeridad.

La corrección del déficit público es una de las exigencias ineludibles para mantener la solvencia de la deuda española en niveles aceptables. Los inversores vigilan atentamente la ejecución presupuestaria para comprobar si el Gobierno español cumple con los planes de ajuste comprometidos en Bruselas. La vicepresidenta Salgado presentó ayer unas cuentas de la Administraciones públicas correspondientes a los primeros meses del año que cumplen las expectativas de austeridad, pero no alejan del todo la sensación de que las comunidades están solo parcialmente implicadas en el control del gasto. Mientras el Estado presentaba un déficit del 0,22% del PIB en el primer cuatrimestre de 2011, el conjunto de las autonomías tenía un déficit trimestral del 0,46% del PIB, tasa que, elevada a anual, superaría el límite del 1,3% establecido.

La Generalitat catalana presentó, además, un Presupuesto para 2011 que duplica el límite del 1,3% de déficit permitido, a pesar de que las cuentas autonómicas presentan una reducción del gasto del 10%. Los recortes del gasto que se aplicarán en sanidad y educación han sido muy protestados (y con razón) por la opinión pública catalana, pero es evidente que la austeridad fiscal tiene que aplicarse en todos los presupuestos autonómicos sin excepción.


Quienes exigen desde las consejerías autonómicas o desde el Gobierno que no se recorten los gastos sociales, tendrían más credibilidad si, en periodos de elevado crecimiento económico y alta recaudación fiscal, hubieran defendido con el mismo énfasis la necesidad de superávits primarios en el presupuesto. Y deberían exigir el recorte drástico o la desaparición de las partidas que no contribuyan a los gastos sociales y a la inversión. Tienen muchas donde elegir. Las Administraciones autonómicas han crecido desmesuradamente en los últimos años, hasta convertirse en algunos casos en cortes suntuarias cuyo coste para los ciudadanos es prohibitivo.

Por lo tanto, el control estricto del déficit que el Gobierno debe exigirse a sí mismo y reclamar al resto de las estructuras regionales tiene que servir en teoría para cercenar el coste de las Administraciones autonómicas. La tarea es difícil, porque no puede hacerse sin enfrentamientos con los poderes autonómicos; y más ahora, con una mayoría de autonomías en manos de la oposición y la percepción de que el Gobierno central ha perdido margen de presión. Los acreedores de los activos financieros españoles temen que la deuda autonómica se desborde y comprometa un poco más la estabilidad de los balances bancarios del país.

La vicepresidenta es optimista y entiende que en el curso de 2011 se rectificarán los excesos de gasto que los déficits actuales parecen proyectar para el conjunto del año. Hay que confiar en que las autonomías cumplirán sus compromisos, pero no es buena idea fiarlo todo solo a la confianza. Los controles periódicos y las advertencias públicas también son un instrumento imprescindible de gestión pública.


El País - Editorial

La crisis del pepino deja en evidencia al Gobierno

El Ejecutivo de Zapatero, con su falta de reacción ante esta crisis, ha dejado nuevamente en evidencia que no es más que un Gobierno en funciones, cuyos miembros, más que en gobernar, parecen exclusivamente interesados en asuntos de partido.

Desde que el pasado jueves la consejera de Sanidad de Hamburgo vinculara, sin base alguna, la mortífera variedad de la bacteria E. Coli con los pepinos españoles, nuestros agricultores han sufrido cuantiosas pérdidas que podrían alcanzar los 200 millones de euros semanales.

Mucho se podrá decir de la incompetencia de la novata consejera de Sanidad de Hamburgo, que ha terminado por reconocer este martes la "inocencia" de nuestros pepinos, así como de las responsabilidades e indemnizaciones que cabe exigir de manera inmediata a Bruselas y a Berlín por no haber cortado a tiempo este bulo. Pero no menos criticable es el Gobierno de Zapatero que, con su falta de reacción ante esta crisis, ha dejado nuevamente en evidencia que no es más que un Ejecutivo en funciones, cuyos miembros, más que en gobernar, parecen exclusivamente interesados en asuntos de partido.

Durante todos estos días, en los que nuestros camiones repletos de hortalizas se veían obligados a regresar a España, y países como Rusia se sumaban al veto a nuestras exportaciones, no se ha visto más que a un Zapatero en retirada y a un Rubalcaba muy ocupado en dar un falso de aire de primarias a su digital designación como próximo candidato del PSOE. Eso, por no hablar de las desaparecidas ministras de Sanidad, de Exteriores y de Agricultura que, con su incompetencia y falta de reacción, han ejercido más que nunca como decorativas "ministras de cuota".

No contenta con el tiempo que nuestro Gobierno ha dejado pasar sin abortar este infundio que tanto ha hecho perder a nuestros agricultores, lo único que ha sabido hacer la ministra de Agricultura ha sido decir este martes que "ya tendremos tiempo de demandar".

Y es que al desprestigio y a la falta de firmeza, ya conocidas, de nuestra política exterior, se ha sumado la debilidad de un partido que se resiste a dejar el Gobierno tanto como a gobernar.


Libertad Digital - Editorial

Los pepinos y el desgobierno

Más allá de la temeraria denuncia sin pruebas de Alemania, lo que queda claro es que la parálisis del Gobierno ha planeado sobre una crisis de incalculables daños para España.

LA crisis de los pepinos supone muchos millones de pérdidas para el sector hortofrutícola y contribuye a que se agrave —todavía más— la crisis económica. La restricción impuesta por varios países comunitarios a las verduras españolas sin contar con el aval de la Comisión Europea ha puesto en evidencia la debilidad del Ejecutivo ante una injusticia manifiesta. A pesar de su rectificación de ayer, las autoridades alemanas han culpado sin pruebas durante varios días a los productos de origen español, en un temerario ejercicio que merece mucho más que una disculpa, porque los daños son irreversibles. Ahora tendrán que examinar —como deberían haber hecho desde el principio— las posibilidades de contaminación durante el transporte o en destino y asumir, si corresponde, la culpabilidad que quisieron endosar sobre los hombros de España. Mientras Alemania daba el primer golpe, el Gobierno permanecía perplejo y pasivo, porque el presidente y sus ministros están demasiado ocupados en las maniobras internas del PSOE y no tienen tiempo para atender al interés general. Es lógico que el sector exprese su indignación, ya que las pérdidas son muy cuantiosas y las cosas no se arreglan con unas declaraciones de las ministras Rosa Aguilar o Leire Pajín, que no parecen impresionar a nuestros socios comunitarios. Hace días que el Ejecutivo tendría que haber ejercido presiones políticas y acciones jurídicas ante la UE, exigiendo responsabilidades y aportando informes técnicos objetivos que se han retrasado más de lo tolerable.

España es el primer exportador mundial de pepinos y de otras frutas y hortalizas, de manera que no es lícito poner en duda —con notable ligereza— la calidad de unos productos acreditados desde hace mucho tiempo. Por eso, el propio Rodríguez Zapatero tendría que haber intervenido al más alto nivel para frenar una campaña que, según reconocen ya desde Hamburgo, carece de bases científicas. Aunque sea particularmente grave, esta crisis es solamente un ejemplo de las consecuencias lamentables para el interés público del desgobierno por la falta de impulso de un Ejecutivo políticamente agotado. Mientras tanto, los agricultores españoles quedan en total desamparo y Alemania encuentra un «culpable» que apenas se defiende. En la UE todos saben ya que el Gobierno español está paralizado por sus problemas internos, y algunos intentan sacar provecho de esa pasividad irresponsable. Lo malo es que esta vez lo han conseguido a medias, y es de temer que lo vuelvan a intentar en el futuro si Rodríguez Zapatero no pone fin a una situación ya insostenible.

ABC - Editorial

martes, 31 de mayo de 2011

Rubalcaba. La continuidad del peor Zapatero. Por Guillermo Dupuy

Nadie simboliza mejor la continuidad y la terrible esencia de lo que ha constituido el zapaterismo, mejor aun que el propio Zapatero, que Alfredo Pérez Rubalcaba.

El "dedazo" de Zapatero a favor de Rubalcaba (que tanto Zapatero como Rubalcaba disfrazan de "primarias", y que otros han presentado erróneamente de "golpe", incluso de "traición", de Rubalcaba contra Zapatero) queda muy bien reflejado, esta vez sí, en la noticia que Marisa Cruz y Manuel Sánchez firman este lunes en El Mundo y que lleva por título Zapatero decidió en octubre que su heredero fuera Rubalcaba. En ella se afirma que el presidente del Gobierno entregó "a sabiendas" a Rubalcaba el año pasado un poder inmenso para ponerle claramente "en pista de salida". Los periodistas aseguran que, ya por entonces, Zapatero confesó claramente, tanto a la ex vicepresidenta Fernández de la Vega, como a la propia Carmen Chacón, sus intenciones a favor de Rubalcaba.

Por todo ello debemos ser conscientes de que Zapatero ha conseguido, al menos por ahora, un triunfo indiscutible, que no es otro que evitar que su descontada marcha y el no menos previsto desplome electoral del PSOE en estas elecciones municipales y autonómicas provoquen en el partido una catarsis, fruto de la cual se diera una ruptura con lo que ha significado su nihilista paso por el Gobierno.

Nadie simboliza mejor la continuidad y la terrible esencia de lo que ha constituido el zapaterismo, mejor aun que el propio Zapatero, que Alfredo Pérez Rubalcaba.


Presentar a Rubalcaba como algo distinto o distante a lo que Zapatero ha significado para España, para la democracia y para el propio PSOE no sólo es un error; es un disparate que puede entorpecer y desviar su crítica, como –lo que es peor– ser inconscientes del escalofriante escenario que nos espera. Y no lo digo ya por las fechorías que sean capaces de hacer hasta las próximas elecciones generales; lo digo, sobre todo, por las que cabe esperar que hagan la próxima legislatura si al frente de la oposición se encuentra Rubalcaba.

Si Rubalcaba sobrevive al frente del PSOE a su descontada derrota en las generales, ¿se cree alguien que no va utilizar –entonces sí– contra el futuro Gobierno del PP movimientos como el del 15-M, más aun si Rajoy hace los ajustes y reformas que requiere nuestra mortecina economía?

¿Y qué me dicen de lo que haría Rubalcaba como líder de la oposición si el Gobierno de Rajoy se atreve a enfrentarse con esa "paz" de ETA/ZP que exige la permanencia de Bildu en las instituciones, la continuidad del proceso de excarcelación o cuando menos beneficios penitenciarios para los etarras presos, así como un nuevo "estatuto" para el País Vasco, como mínimo tan soberanista e inconstitucional como el que ya tiene Cataluña? ¿Se cree alguien que Rubalcaba no utilizaría contra el Gobierno del PP el riesgo de que los terroristas vuelvan a derramar sangre, tal y como ya hizo el 11-M?

Sólo desde la torpeza de minusvalorar el genio diabólico de Rubalcaba se puede ignorar la bomba de relojería que para España seguirá constituyendo la herencia y el heredero de Zapatero. Y eso, incluso en el caso de que el PP, siempre acomplejado e inconsciente de sus propias fuerzas, gobernase por mayoría absoluta. No digamos ya nada si Rajoy necesita para gobernar caer simpático a los nacionalistas.


Libertad Digital - Opinión

El argumento del miedo. Por Hermann Tertsch

El frenazo en seco de Carmen Chacón y su profunda contrariedad son fruto de un golpe inesperado. Es producto del miedo.

CARMEN Chacón estaba convencida de ser todo lo que le habían dicho que era. Pese a que esa certeza sólo emanaba de palabras ajenas. Armada con esa fuerza que consideró suficiente, se creyó capaz de afrontar el gran reto. Como se ha visto, ni ella es lo que le habían dicho, ni su fortaleza era más que presunción. No aguantó ni un asalto de los profesionales. Creía haber llegado por mérito propio a inverosímiles glorias y se creyó capaz de este desafío. Parece mentira que, tan bien asesorada en cuestiones de imagen, nadie le advirtiera que ya no le serviría la apariencia. Necesitaba sustancia para resistir a aquellos a quienes desafiaba con sus ambiciones. Y la pobre mujer tuvo que ver que carece de ella para tamaña empresa. No sabemos cuál fue el «argumento» que quebró su ambición y pretensión. Que la llevó a renunciar a algo que ya había decidido. No es plausible que fuera sólo una amenaza genérica de tipo político. Mucho menos una apelación a la solidaridad con los triunfadores de la operación. Su frenazo en seco y su profunda contrariedad son fruto de un golpe inesperado. Es producto directo del miedo. A la ministra le metieron miedo. De una forma brutal, efectiva y eficaz. El daño que se le expuso como represalia si no cambiaba de actitud y se negaba a la enmienda era excesivo para esta chica, tan sobrevalorada que había acabado engatusada consigo misma. Veremos «cosas maravillosas» decía con voz de princesa de teatro de pueblo hace unas semanas. Y vio cosas inimaginables cuando los profesionales dejaron claro que se habían acabado las tonterías. Y le hicieron ver a la princesita popular que tenían todo el poder sobre ella. El requerido para imponerle unos planes que eran los contrarios a los propios. En el fondo, más allá de nuestra imagen y la personalidad propia que cultivemos, somos lo que creemos. Nuestro fondo de resistencia, de lo que daba en llamarse el honor, sólo puede medirse por lo que somos capaces de sacrificar en su defensa.

Nadie le puede pedir a esa joven madre una firmeza heroica de carácter y convicciones que hubiera sido necesario para ir al enfrentamiento total con Rubalcaba y sus agentes. Y asumir las represalias que le habrían anunciado. Pero si pensaba que su opción era la justa y la otra tan condenable como nos dio a entender podía haber superado el miedo a las amenazas y haber puesto a los socialistas y a la sociedad española por testigos. La fragilidad de personas y convicciones hacen quiméricos estos desafíos. Por eso el miedo es el mejor argumento para algunos poderosos. El miedo a la liquidación social, al oprobio y al desprestigio es su mejor arma en la política. Es tan efectiva como el miedo a la cárcel, al pelotón o a la brigada al amanecer. Y de aplicación universal con muy pocas excepciones. No son muchos los seres libres del miedo por la firmeza de sus convicciones. Son almas irreductibles, como Mijail Jodorkovski, en su día el hombre más rico de Rusia, que lleva ocho años en una remota cárcel de Siberia. Podía haber tenido una vida de lujo ilimitado de haberse sometido a las reglas de la mafia del presidente Putin. Como los demás magnates. Él se negó e intentó crear una alternativa política a Putin. Le advirtieron una y mil veces que respetara el código amoral. Se negó, lo pagó y lo paga. La historia brilla con humanos de esta talla. Ante los que el miedo fracasa. Pero claro, ya estamos hablando de otra cosa.

ABC - Opinión

La irrupción de Rubalcaba eclipsa a Zapatero y Rajoy. Por Antonio Casado

Ha sido tan potente la operación sucesoria de Rubalcaba en el mercado informativo que ha dejado en la sombra a los otros dos personajes de esta historia: Carme Chacón, que resbaló en la salida sin llegar a la primera valla, y José Luís Rodríguez Zapatero que, desbordado por los acontecimientos, vuelve a montar guardia frente a la prima de riesgo.

Un tercer personaje ha desaparecido de la escena política y mediática de estos últimos días. También tiene su explicación. Me refiero a Mariano Rajoy, el flamante ganador de las elecciones del 22 de mayo, en las que no participaba. Como diría su asesor, Pedro Arriola, seguro que habrá alquilado un balcón para ver desde la acera política de enfrente el guirigay de los socialistas y hacer odiosas comparaciones sobre la práctica del “dedazo” en los procesos sucesorios.


A Chacón ya se le ha pasado el berrinche. Queda recuperada para la causa del cierre de filas tras una larga conversación con el candidato “in péctore” sin perder el rumbo. Así es la vida: hoy se te quema la casa y mañana te toca la lotería. Su forzada renuncia a las primarias internas deja abiertas sus aspiraciones a la Secretaría General del PSOE. Y tal vez haya descubierto ya que mejor que estrenarse con una derrota como candidata (en primarias o en generales) es estrenarse como secretaria general aunque haya por delante una travesía del desierto.
«En todo caso el “dedazo” sería el de Rubalcaba para mantener a Zapatero en el cargo de secretario general y no el de Zapatero para designar a Rubalcaba como cabeza de cartel en las próximas elecciones generales.»
En cuanto al aún presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, le cuadra el patrón de los vasos comunicantes que tan bien se adapta a su relación política y personal con Rubalcaba. Cuando uno sube el otro baja. Ahora le toca bajar a Zapatero. Hasta el punto del sarcasmo en lo que se refiere al supuesto “dedazo”, justo cuando la figura del líder se desploma en la escala del poder.

En todo caso el “dedazo” sería el de Rubalcaba para mantener a Zapatero en el cargo de secretario general y no el de Zapatero para designar a Rubalcaba como cabeza de cartel en las próximas elecciones generales. Si el dedo del jefe no sirvió para mantener el previsto careo político y generacional Rubalcaba-Chacón mucho menos iba a servir para imponer unilateralmente a su propio sucesor, como el Aznar sobradísimo de autoridad hizo en su día con Rajoy.

Habíamos quedado en que Mariano Rajoy, en la acera política contraria, es el tercer hombre en esta historia. Lleva diez días callado porque le compensa mirar desde lejos la lucha por el poder en el seno del PSOE. No gana nada metiendo baza, acaba de saber por las urnas que el mensaje de las encuestas era verdadero y, en el asunto del “dedazo”, las comparaciones son odiosas para él, que pierde en la comparación.

Por lo demás, el salto de Rubalcaba no es nada nuevo para Rajoy. Ni para sus asesores. Desde el nombramiento de aquel como vicepresidente del Gobierno, el estado mayor del líder del PP lleva trabajando con la hipótesis de que su adversario en la lucha por la Moncloa sería Rubalcaba. Me consta.


El Confidencial - Opinión

PSOE. La rehabilitación de ZP. Por Cristina Losada

Esta reescritura de la pequeña historia, esta nueva rebelión contra la realidad, no deja de ser un intento de salvar el orgullo, neutralizar la humillación y aparentar autoridad, sin dar el único paso que podría dignificarle: su marcha.

No puede esperar Zapatero a que la historia le rehabilite y, en un futuro lejano, se le vindique tal como profetizó Bono en el aniversario de la Constitución último. Entonces, el tercer hombre de esta película trazó un paralelismo entre Adolfo Suárez y su jefe de filas para vaticinarle a éste el mismo destino: el del presidente injustamente atacado por todos, que recupera el lugar de honor merecido pasados los años. Aquello sonaba a epitafio y lo fue. Se había escrito en público el borrador de una lápida cuyo remate sólo estaba pendiente de algunas minucias. Consuélate, José Luis, que algún día te dedicaremos los más sentidos y ardientes panegíricos, elegías y apologías, pero tu baraka se acabó. Tal era el mensaje que se leía entre líneas. Pero Zapatero no quiere que otros le escriban su final.

Así, tras el golpe palaciego que ha terminado con su sueño de reinar después de muerto, sus –todavía– fieles han hecho circular que lo ocurrido obedece punto por punto a su voluntad. Y es que de acuerdo con la versión made in Moncloa, y publicada por El Mundo, en fecha tan temprana como octubre tenía decidido Zapatero que Rubalcaba fuese el candidato. De manera que el dedo ya había elegido al favorito y el dueño y señor de los tiempos sólo aguardaba el instante oportuno para la revelación. De modo que todo estaba atado y bien atado. Ni putsch interno ni luchas intestinas. La sucesión se había pensado y controlado hasta el detalle y, además, qué maravilla, salió tal cual. De qué extrañarse. No es la primera hoja de ruta secreta del presidente que se cumple al pie de la letra. También su renuncia a presentarse a un tercer mandado, según propalaron sus escuderos, fue una decisión meditada años antes y sabiamente ocultada hasta el día de autos.

Esta reescritura de la pequeña historia, esta nueva rebelión contra la realidad, no deja de ser un intento de salvar el orgullo, neutralizar la humillación y aparentar autoridad, sin dar el único paso que podría dignificarle: su marcha. Una niñería. Pero, al tiempo, se vislumbra una rehabilitación póstuma de más enjundia. Se pretende hacerle pasar por un gobernante que respetó, como ninguno, las reglas del juego democrático. Como si no hubiera desembarcado con él en España la flota de la tiranía de la corrección política ni se hubiera instalado la feroz persecución del disidente. Ah, la democracia de "59 segundos". Cosas veredes.


Libertad Digital - Opinión

Los candidatos. Por M. Martín Ferrand

El juego estratégico de la cúspide socialista no es tanto «ganar» a Rajoy como impedir su mayoría absoluta.

SEGÚN César González Ruano, la entrevista es un género periodístico que hace uno y cobra otro. En el caso de que el entrevistado sea Mariano Rajoy, esa doble función que apuntaba el viejo maestro recae en el entrevistador. Acaba de demostrarlo el director de ABC, Bieito Rubido que, además de ser gallego, añade a su talento periodístico la sabiduría hermenéutica. En las dos entregas de su entrevista con el líder de la oposición ha conseguido destilar diez puntos, diez líneas de pensamiento, que constituyen lo más parecido a un programa de Gobierno que, aún habiendo sido dos veces candidato a su presidencia, no conocíamos hasta ahora en quien, presumiblemente, dentro de un año será el responsable del Ejecutivo. He leído buena parte de las entrevistas, no muchas, que Rajoy ha concedido en los últimos 25 años, desde sus días de presidente de la Diputación de Pontevedra, y sumándolas todas sale de ellas menos sustancia que de ésta que comento. Un alarde de cautela que define bien al personaje; pero que, dado el giro que supone la presencia de Alfredo Pérez Rubalcaba en la carrera presidencial, puede llegar a volverse en su contra.

El muy pluriempleado Rubalcaba —¡más que María Dolores de Cospedal!— ya dijo ayer que se presenta a las legislativas porque entiende que puede ganar. ¿Puede? Tal y como se diseña su aparición en escena, con unas primarias que no lo son en plenitud, con prisas e incluso con el avasallamiento de Carme Chacón, más bien parece que el juego estratégico de la cúspide socialista, Zapatero incluido, no es tanto «ganar» a Rajoy como impedir su mayoría absoluta. Es decir, vista la poca habilidad del PP para ganar amigos y aliados —véase el caso de Francisco Álvarez Cascos en Asturias—, estar en condiciones de formar con otros grupos una mayoría capaz de desplazar a la que puedan obtener los de la gaviota.

La sustitución de un presidente nefasto, y sería difícil negar que José Luis Rodríguez Zapatero lo sea, por quien es su segundo es algo más próximo al malabarismo y la prestidigitación que a los planteamientos clásicos de la alternancia en el poder. Rubalcaba, ¿significa la continuidad del zapaterismo o se integra en el Gobierno con traición y repugnancia a lo que son sus ideas y supuestos, a lo que dice saber que España necesita? Aún así el PP debiera andarse con tino. El candidato socialista es hábil y maniobrero y si algo puede ayudarle a conseguir sus fines es la astucia silente, la expectativa prudente, que marca la línea de Rajoy. Las últimas elecciones las perdió el PSOE y, por ello, las ganaron los de la gaviota. El orden de factores altera el producto.


ABC - Opinión

El PSOE se confía a la figura más oscura del ‘felipismo’. Por Federico Quevedo

Leyendo algunos de los comentarios de hilarante entrega y servilismo a la causa de Alfredo Pérez Rubalcaba me he dado cuenta, definitivamente, de que el PSOE ha tomado el peor de todos los caminos posibles para satisfacción del Partido Popular, y parece haberse entregado sin más a la desdicha -propia, no ajena- de una mayoría absoluta del PP. Es verdad que Rubalcaba es un hombre que ha sabido ir construyendo a su alrededor una especie de secta periodística hábilmente manipulada y manipulable por el personaje, un personaje que, dada su historia, su pasado, como muy oportunamente recordaba Carme Chacón, necesita precisamente de ese protectorado mediático para evitar estar siempre en el punto de mira, en el escaparate, y que todos los muertos que ha ido acumulando en el armario durante estos años, desde los GAL hasta el Faisán pasando por el 13-M, no salgan de golpe como zombies a buscarle las vueltas y encontrarlas. No es cuestión de agigantar el temor que su figura causa a algunos por eso de que siempre ha sabido manejar las cloacas del Estado, las entretelas del poder, pero es cierto que se trata de un político adicto a la información sobre los demás… Un perfecto comisario político, eso sí, muy simpático hasta que le das la espalda.

Este es el hombre que dice que en su decisión de presentarse al proceso de primarias en el PSOE no ha habido ni “dedazo”, ni “conspiración”, cuando todos sabemos que ha sido él mismo quien se ha autoimpuesto y ha establecido las condiciones para aceptar el encargo y tomarse sus tiempos. No es que haya habido “dedazo”, es que ha sido el “dedazo” más cantoso de la historia de este país y del Partido Socialista, porque al menos en el caso de Rajoy, el más cercano para compararlo cuando Aznar lo propuso a su partido en el verano de 2003, nadie en el PP sabía cuál iba a ser la decisión y, de hecho, los posibles candidatos lo fueron hasta el último momento.

Aquí no, aquí se ha jugado con el partido, se ha jugado con los militantes y se ha jugado con dirigentes como Carme Chacón, que tenían todo su derecho a competir, y a la que se ha obligado, se ha forzado antidemocráticamente a apartarse para dejarle sitio a Rubalcaba, que no estaba dispuesto a humillarse en unas primarias que no solo no tenía ganadas sino que, muy probablemente, hubiera perdido a manos de la joven política catalana. Y hubiese sido la segunda vez que en el PSOE ocurriera algo parecido, y también entonces fue Alfredo Pérez Rubalcaba el encargado de dar al traste con las aspiraciones de Josep Borrel para que su sitio lo ocupara Joaquín Almunia.

Ha habido “dedazo” y ha habido “conspiración”, porque no cabe llamar de otra manera a todo lo que ha ocurrido desde que el pasado verano la vieja guardia socialista se impusiera a Rodríguez Zapatero para que elevara a Rubalcaba a la categoría de hombre fuerte del Gobierno, y éste acabara dominando junto a José Blanco no solo el Gobierno sino el partido, para maniobrar en la sombra y conseguir dominar la voluntad de Rodríguez Zapatero, quien, pese ha haber cedido en un principio, después se creció y pensó que todavía podía volver a dominar la situación.
«Rubalcaba es un político en decadencia, de un resto del pasado, de una figura que representa lo más oscuro del felipismo y lo más rancio del socialismo.»
El durísimo golpe electoral del 22 de mayo volvió a poner a Zapatero en su sitio, a bajarle los humos, y el tándem Rubalcaba-Blanco volvió a tomar las riendas del poder, amenazando primero con la exigencia de un Congreso inmediato que apartaría definitivamente a Zapatero del poder, y después presionando a Carme Chacón para que abandonara sus intenciones de presentarse a las primarias, decisión que ella tenía tomada ya desde hacía tiempo convencida de que, en efecto, el PSOE había asumido su compromiso democratizador y habría opción a que los militantes eligieran a su candidato a la Presidencia del Gobierno. Un Zapatero absolutamente debilitado fue incapaz de imponerse al envite, y Chacón prestó su último servicio a la causa de la hace tiempo fenecida Nueva Vía y al ‘zapaterismo’.

De hecho, de esta última batalla librada por Rubalcaba hay muertos que, por desgracia para el candidato socialista, están todavía muy vivos y por si las cosas no salen como Rubalcaba espera que salgan, están afilando sus cuchillos para el ‘día después’. Dicen sus acólitos, que los tiene y no son pocos, que Rubalcaba va a despertar el voto socialista. Perdonen que me ría. Es verdad quese trata de un político listo, hábil, inteligente, capaz de manipular y de maniobrar para conseguir sus fines como lo ha demostrado estos últimos días y en otras muchas ocasiones anteriormente. Pero también lo es que se trata de un político en decadencia, de un resto del pasado, de una figura que representa lo más oscuro del felipismo y lo más rancio del socialismo, de alguien que muy difícilmente va a conectar que ese electorado socialista que espera otra cosa de su partido y con esa multitud dejóvenes desencantados que se agolpan en nuestras plazas.

Y me dirán, ya lo sé, que tampoco Rajoy… Es posible, pero el PP no gobierna y no tiene que dar explicaciones, y de aquí a que sean las elecciones Rubalcaba tendrá que seguir saliendo cada viernes a contarles a los españoles por qué sigue habiendo cinco millones de parados y por qué este Gobierno sigue recortando derechos sociales de los ciudadanos. Ese es su despertador, un despertador caduco y al que se le han agotado las pilas.


El Confidencial - Opinión

Dimitir. Por Alfonso Ussía

La dimisión es una decisión voluntaria. El que dimite, se va porque así se lo recomienda su dignidad o porque le sale de las cocochas. El dimisionario que espera que su dimisión sea o no aceptada es un farsante. «He dimitido pero no me han aceptado la dimisión». Carece de sentido la frase y la actitud. Me ha divertido sobremanera la honda reflexión voceada de Jorge Alarte, el secretario general de los socialistas valencianos, gran cosechador de derrotas contundentes. «¿Dimitir? ¿Para qué, para irme a casa? No, lo que tengo que hacer es seguir». Y se ha quedado encantado con su sueño de resistencia. Cuando murió Franco, Arias Navarro le presentó con la bocucha pequeña la dimisión al Rey. De haber tenido la intención de irse, se hubiera ida a casa, es decir, donde no quiere marcharse, por las razones que sean, Jorge Alarte. Pero el Rey necesitaba un tiempo de adaptación. Le pidió a Arias que siguiera y lo convenció para que nombrase a unos cuantos ministros de confianza. De confianza del Rey, que no de Arias. Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, el formidable don Antonio, en Justicia. Y José María de Areilza, conde de Motrico, en Exteriores, con toda su inconmensurable cultura y representatividad detrás. Hubo otros. Arias no se sentía cómodo, pero le compensaba el cargo. El Rey trazaba a sus espaldas las líneas de su plan. Cuando Arias se convirtió en el gran estorbo para abrir España a la democracia, con un año de retraso, el Rey citó a Arias en le Palacio Real, no en el de La Zarzuela. «Presidente, te agradezco mucho lo que has hecho y acepto tu dimisión». Arias Navarro quedó como disecado por un buen taxidermista. «Señor, yo no he dimitido». «Sí, Carlos, sí, hace un año».

Pero en verdad, no había dimitido. El que dimite se va y no vuelve. Se va a su casa, o a sus asuntos particulares o se toma unas vacaciones de descanso. Julio Anguita dimitió treinta veces y nunca le aceptaron la dimisión, es decir, que en verdad, no dimitió jamás. Y en el PSOE, después de los catastróficos resultados de las últimas elecciones, no abundan las dimisiones. Ahí radica el gran problema de la izquierda española. Necesitan de sus cargos para vivir bien y no ver menguado su nivel social. Para ellos, la política es su empresa, y fuera de la empresa, muchos de ellos no saben hacer ni la o con un canuto. Ignoro la profesión de Alarte, pero de tenerla, aún es joven para retomarla. Los resultados le obligan. Como a Gómez, como a Gorostiaga, como a Antich, como a todos los protagonistas de los últimos batacazos. Tampoco dimiten los principales responsables. No sólo eso. El primer responsable se aferra a su jardín monclovino, y el segundo se nombra a sí mismo sucesor del primero, con el babeante aplauso de todos los miembros de la Ejecutiva socialista, Chacón excluida. Y Bono agazapado, porque sabe que las cosas no van a salir como han diseñado los dos que mandan. Pienso en Sonsoles. Meses atrás, se manifestó harta de La Moncloa, del cargo de su marido, de las obligaciones institucionales, de todo. Deseaba volver a ser un pájaro cantor en libertad, alejado de la jaula de oro. No entiendo que se haya callado. Ahora lo tiene más fácil que nunca. Su marido, aunque siga siendo el Presidente, ha dejado de serlo. Tiene una depresión de vaca lechera. Es el momento de empujarlo con la fuerza del amor. «Vamos, José Luis, que León nos espera». No es precisa ni la dimisión. Los españoles le han dicho que se vaya a su casa. Pero algo tienen las casas de los socialistas que no se sienten cómodos entre sus paredes. Vaya por Dios.

La Razón - Opinión

Rubalcaba. El hombre fuerte. Por José García Domínguez

Bajo ese escenario donde se representa el cuento del malvado Alfredo y la princesita destronada, acaso se esté produciendo un movimiento de placas tectónicas en la izquierda sociológica; una desafección larvada que podría llevar a la fractura del PSOE.

Ser obsesionado con la modernidad como todo buen provinciano, nuestro entusiasta discípulo de Pettit acabará sus días –políticos– abrazando, ¡ay!, la doctrina más chusca de las más chuscas repúblicas bananeras. He ahí Rubalcaba, al modo de Torrijos o Noriega en Panamá –y de tantos espadones latinoamericanos–, encarnación canónica de la figura del "hombre fuerte". El patriarca que mueve los hilos en la sombra, ese gran clásico tercermundista tan caro a las estampas de sofocante decadencia tropical de las novelas de Graham Greene.

Malos tiempos para la lírica socialdemócrata. En los minutos de la basura previos a los idus de marzo, el doctor Jekyll y míster Alfredo vendrán llamados al más difícil todavía. Con una boca –la pequeña– habrán de avalar las reformas, ese eufemismo piadoso, edulcorante retórico a fin de designar el ajunte duro y sin anestesia que reclama Bruselas; trabajo sucio que preferirían delegar en Rajoy. Con la otra, tratarán de apuntalar los restos de un discurso de izquierda que evite la fragmentación aún latente de su base social. Lo más parecido a un guión de Misión imposible. A fin de cuentas, la derecha, apolítica por naturaleza, siempre podrá sobrevivir con la cosa pública reducida a prosaica contabilidad social, rutinaria administración burocrática de personas y cosas. Sin embargo, para la izquierda, como bien supo ver Tony Judt, la cabeza mejor amueblada que le quedaba, eso es la catástrofe.

Huérfana de una narración histórica desde la caída del comunismo, desprovista al tiempo del menor horizonte utópico, apenas le resta la miseria intelectual y moral del pequeño politiqueo cotidiano. Un terreno en el que sus señas de identidad han terminado desvaneciéndose por completo. Razón última del horror vacui que se deja entrever tras la enternecedora ingenuidad algo kitsch de los indignados de Sol. Así, bajo ese escenario donde se representa el cuento del malvado Alfredo y la princesita destronada, acaso se esté produciendo un movimiento de placas tectónicas en la izquierda sociológica; una desafección larvada que podría llevar a la fractura de la hegemonía del PSOE en un territorio sentimental que creía suyo. Sea como fuere, contener ahora mismo la hemorragia solo admite una terapia de choque: el adelanto de las elecciones a otoño. Previa solemne inhumación del difunto, huelga decir.


Libertad Digital - Opinión