sábado, 26 de marzo de 2011

Libia. Aquí no hay estiércol. Por Maite Nolla

Lo que convirtió en legal esta intervención, lo que evita que te viertan estiércol ante tu sede, fue el consentimiento de los chinos en la ONU. Hasta la ex ministra Trujillo le moja la oreja a cualquiera con este rollo.

Supongo que ustedes no repararon en el detalle de que en el debate del martes pasado, en el que se aprobó de forma casi unánime que España participe de forma entusiasta en la guerra para no se sabe qué en Libia, la que presidió durante un buen rato el asunto fue la vicepresidenta del Congreso, la leridana Tere Cunillera. Y, claro, ver a Rajoy apoyar al Gobierno en este asunto con Tere Cunillera detrás, ha refrescado mis recuerdos y me ha llevado a 2003. Un año políticamente penoso y punto de partida de siete u ocho años que han cambiado España. Sólo con recordar que es entonces cuando se forma el primer tripartit, el del Pacto del Tinell, supongo que hay suficiente. Pero es que el pacto de exclusión política del PP en Cataluña no es más que el fruto de lo que había sucedido en la primavera de ese mismo año; es decir, el resultado de haber creado un estado de miedo y de violencia contra los votantes, militantes y candidatos del PP a cuenta de la guerra en Irak, que si en algún sitio alcanzó la cumbre fue en Cataluña, en general, y en Barcelona, en particular. Y el Pacto del Tinell, aunque fuera un revoltijo de diferentes pretensiones –ninguna buena– se firma pensando que la sociedad catalana ya estaba lo suficientemente madurita como para considerar que la exclusión política de un partido era algo necesario e incluso saludable.

Y claro, cuando sale Rajoy y la que preside el Congreso es Tere Cunillera, diputada por Lérida, ciudad en la que el PP tuvo que soportar que vertieran estiércol en su sede y que desde entonces deban habitar en otro local sin apenas signos externos, como si fueran una gestoría y no un partido político democrático en una democracia, y no aproveche la ocasión para pasar cuentas, da un poco de pena. Y también da pena que nadie en el PP recuerde que la gran baza del Gobierno en el asunto de Libia, que es la supuesta legalidad internacional, depende de la respetable dictadura China. Porque lo que convirtió en legal esta intervención, lo que evita que te viertan estiércol ante tu sede, fue el consentimiento de los chinos en la ONU. Hasta la ex ministra Trujillo le moja la oreja a cualquiera con este rollo.

En el PP son muy libres de mantener el rumbo que les va a llevar al poder total y no inmutarse ya vengan guerras, crisis, faisanes o lo que sea. También son muy libres de hacer como si lo de 2003 no hubiera pasado.


RESTO del ARTICULO

Libertad Digital - Opinión

La trampa. Por César Alonso de los Ríos

ZP no acaba de retirarse y Rajoy sigue a la espera. Entretanto ZP se entrevista con las direcciones de los dos grandes sindicatos para estudiar las exigencias sobre sueldos y productividad que nos exige Merkel; consigue el apoyo casi total del Parlamento para la intervención de España en la guerra de Libia e impone, gracias a la tragedia de Japón, su política energética anti nuclear. ¿Y la crisis económica? ¿Cuándo aparecerá algún signo que permita confiar en la recuperación del empleo? Es el terreno en el que ZP se hunde. Es la razón suficiente para la retirada de este según Rajoy.

Soraya Sáez de Santamaría ridiculiza la actitud de un gobierno que tiene puesto el pinganillo en conexión con Bruselas y no con el PP. Pero ¿acaso el PP le hace alguna propuesta que no sea la de abandonar la Moncloa? Porque Elena Salgado y Sancha hacen a pies juntillas todo lo que les recomienda la UE, medidas brutales para un gobierno socialdemócrata, impropias incluso de alguien que cree en un razonable Estado del Bienestar hasta el punto que por ello recibe todo tipo de plácemes por parte de todos los interesados en la marcha de la Unión Europea, ya se trate de Merkel o de Sarkozy o de Obama...

La dirección del Partido Popular puso sus ilusiones, hace ya dos años, en la renuncia inexcusable de ZP de tal modo que prácticamente durante este tiempo toda su actividad y la de sus comunicadores ha consistido en alimentar esta comidilla. Se han inventado batallas entre los sucesores de ZP, se han hecho apuestas sobre Rubalcaba y Chacón. Incluso últimamente se ha llegado a poner fecha al acto en el que ZP debería anunciar su retirada así como el nombre del «interino». Demasiado. ¿Pudo alguien ser tan iluso como para creer en un invento de este porte? Una vez más los dirigentes del PP han caído como niños en una trampa de ZP. Es indudable que para ellos será el reino de los cielos.


ABC - Opinión

El puto Cuco. Por Alfonso Ussía

Entiendo perfectamente la angustia, la tristeza y el estupor de los padres de Marta del Castillo. La sentencia que condena al canalla de El Cuco nada tiene que ver con la gravedad del crimen. Pero es la sentencia esperada. La crueldad y la frialdad de este grupo de amigos asesinos superan toda imaginación. Se confabularon para confundir a la Policía y a los jueces. Se adiestraron con gélida perversidad para que no fuera encontrado el cuerpo de la desdichada Marta. No se ha podido probar, sin los restos de la joven asesinada –asesinato reconocido por sus autores–, la responsabilidad directa de ese niñato asqueroso. Estamos en un Estado de Derecho y las leyes permiten, de cuando en cuando, trampas tan repugnantes como las de este menor de edad doctorado en salvajadas. «No confiamos en la Justicia de las salas. Sólo podemos esperar la justicia carcelaria», ha declarado el padre derruido, burlado y herido hasta el fin de sus días.

Pero no pueden hundirse los padres de Marta. Todavía no han ganado los criminales. Tienen a toda la sociedad detrás, empujándolos para que no se resignen. Y el puto Cuco no se va a ir de rositas.


Vivir escondido, huido y perseguido no es agradable. Este sinvergüenza tiene contados los días de su tranquilidad, precisamente, los pocos que pasará internado en una prisión para menores hasta que sea puesto en libertad. La libertad, queridos padres de Marta, será para el forajido el principio de su condena. Una condena de por vida. Además, que nadie dotado de tamaña cloaca moral vence sobre sí mismo y se arrepiente. El puto Cuco violará a otra chica de nuevo, y de poder hacerlo, la matará, y ese día la Justicia tendrá que taparse los dos ojos, avergonzada, alcanzada por su propia inefectividad, pero el asesino caerá para siempre. Miles de ojos seguirán sus pasos. Miles de ojos quebrarán su chulería. Miles de ojos estarán pendientes de cuanto haga. Y caerá, queridos padres, abuelo, familiares y amigos de Marta del Castillo. Esa podredumbre humana, ese homínido, contará las horas que le quedan de prisión, no para abrazar la libertad, sino para escapar de ella. ¿Se irá fuera de España con el fin de perderse y esperar el olvido? No habrá olvido. El Cuco no tiene el derecho al olvido. Allá donde vaya, lo estarán vigilando. Lo más probable es que un día, cualquier día entre los próximos años, El Cuco, que es un cobarde, adelantará voluntariamente el fin de sus días para no seguir sufriendo la libertad que los justos disfrutan. Las ratas gustan de las alcantarillas y las cloacas. Odian la luz. Mientras viva encerrado estará en su salsa. En el fondo, la cárcel es la alcantarilla de la sociedad decente. Pero le llegará la luz, y entonces, vosotros, queridos padres de Marta del Castillo, os podréis sentir consolados, porque ese malvado canalla no podrá asumir la libertad que la Justicia, por falta de pruebas, le ha regalado.

Tranquilos y a esperar. No os precipitéis, queridos y admirados padres de Marta, Eva y Antonio. La Fiscalía se propone recurrir. No todo está perdido. Tenéis razón sobrada cuando afirmáis que España se está convirtiendo en una escuela de delincuentes. ¿Cómo no, si durante años el Poder Legislativo ha admitido en su seno a representantes directos del terrorismo? Fuerza y firmeza ante la aflicción, Eva y Antonio. Los canallas que os quitaron, y nos quitaron a Marta, lo pagarán. El puto Cuco incluido. Con o a pesar de la Justicia. Y es de esperar que triunfe la primera opción.


La Razón - Opinión

El dilema del tirano. Por Hermann Tertsch

ENCABEZAMIENTO

Nadie podía pensar que las revoluciones de Túnez y Egipto, en general pacíficas, iban a ser la norma. Regímenes anquilosados pero firmemente arraigados durante muchas décadas, con inmensos intereses creados, multitudes adscritas como beneficiarios privilegiados y usurpación total del estado hasta el punto de convertir el poder en hereditario, no ceden el poder. Cuando lo pierden es porque se lo han arrebatado. Cada caso con sus circunstancias. Ben Alí no quiso lanzar a su ejército contra la población. O no pudo porque quizás sabía que no se acatarían sus órdenes. A Hosni Mubarak en Egipto le pasó algo similar. Aunque sí intentó aplastar violentamente las protestas. En su honor hay que decir que nadie los creyó capaces de llegar tan lejos como ha llegado Gadafi. Quizás habrían osado un «Tiananmen» de haber creído poder reinstaurar el orden y el miedo. Pero nadie imagina a Mubarak bombardeando Alejandría por mantenerse en el cargo.

Otro sátrapa está ya muy cerca de tener que tomar decisiones en uno u otro sentido. Son muchos los que le creen capaz y dispuesto a arrasar sus propias ciudades por preservar la férrea dictadura que heredó de su padre. Es Bashir el Assad. Su padre no dudó en matar en días a 30.000 civiles en Hama en 1982. Para aplacar revueltas menores a las actuales. Bashir es el dictador de la región al que de forma más verosímil se aplica esa presunción de ser menos cruel que su entorno. Algo frecuente en dictaduras. Los comunistas iban al paredón en las grandes purgas convencidos de que los mataban a espaldas del padrecito Stalin. Muchos sirios aún creen que es rehén de la camarilla de su padre. Pero ya da igual que dirija o cabalgue un tigre desbocado. Está en el dilema. Las concesiones pueden ser el fin. La guerra al pueblo también.


ABC - Opinión

Congreso. Un risómetro para el Hemicirco. Por Pablo Molina

Los oradores del Congreso, rollizos mamoncetes de la ubre presupuestaria, no compiten en rigor político o eficacia dialéctica, sino en ver quién provoca las mayores risotadas en su grupo parlamentario respectivo.

Si la actividad de los diputados en las Cortes Generales importara algo a los españoles que pagamos sus sueldos, probablemente hubiéramos asistido ya a alguna cacerolada de impresión en las escalinatas del Congreso en pago a los espectáculos, a cual más lamentable, que se vienen sucediendo en su interior a lo largo de los últimos días.

Con cinco millones de parados, un millón de hogares sin ingresos periódicos, los comedores sociales abarrotados y un Gobierno que colabora con una banda terrorista, los depositarios de la soberanía nacional se limitan a competir entre ellos a ver quién dice la soplapollez más ingeniosa, circunstancia desconocida en los países serios cuyos políticos, aún siendo tan desastrosos como los españoles, cosa improbable, todavía mantienen cierto respeto por los usos democráticos y la inteligencia de los ciudadanos que les votan y les pagan a fin de mes.


En cambio, aquí no se trata de que el Gobierno explique sus decisiones y que la oposición, en el ejercicio de su función democrática, critique las que considere perniciosas y denuncie con rigor las de apariencia delictiva, adoptando de paso las medidas, incluso judiciales, que cada caso exija.

No. Los oradores del Congreso, rollizos mamoncetes de la ubre presupuestaria, no compiten en rigor político o eficacia dialéctica, sino en ver quién provoca las mayores risotadas en su grupo parlamentario respectivo, algo que si fueran medianamente inteligentes deberían cuidarse mucho de llevar a cabo con tal asiduidad, porque el horno ciudadano está cada vez para menos bollos.

Pero ningún razonamiento ético parece hacer mella en la conducta de unos políticos cada vez más prescindibles, que siguen pasándoselo chupi especialmente en las sesiones de control al gobierno, precisamente la más alta función de un parlamento democrático. Sólo falta que José Bono instale un medidor de decibelios para determinar qué orador gana el debate en función del volumen de carcajadas que provoquen sus intervenciones. Un risómetro, vaya, que es lo que se utilizaba antaño en los programas televisivos más chuscos de aspirantes a cómico, para determinar quién era el chistoso más celebrado por el público del plató. Total, puestos a rivalizar haciendo el ridículo, al menos que la competición sea limpia.


Libertad Digital - Opinión

Buenas y malas noticias. Por Ignacio Camacho

El doble discurso socialista sobre Sortu empaña la claridad moral que requiere la derrota del terrorismo.

ES una buena noticia que el Tribunal Supremo haya cortado el paso de Sortu-Batasuna a las instituciones, y es otra buena noticia que el veredicto judicial se haya basado en los alegatos de la Fiscalía y la Abogacía del Estado, respaldadas a su vez en exhaustivos informes de la Guardia Civil y la Policía. Y lo es porque demuestra que el Estado de Derecho no se deja engañar con falsos arrepentimientos de niño malo que quiere postre, porque las víctimas del terrorismo se merecen algo más que vagas promesas de condenas futuras y porque cuando el aparato jurídico y el policial trabajan juntos —al revés que en el caso Faisán, por ejemplo— logran éxitos incontestables que frenan las continuas maniobras del frente proetarra para burlar las barreras de defensa de las instituciones. No es una buena noticia, en cambio, que el fallo se haya producido por una apretada mayoría de nueve a siete magistrados, y que tres de los que se han quedado en minoría hayan anunciado un voto particular de disconformidad que puede servir de base al recurso de los afectados al Tribunal Constitucional. Y no lo es tampoco que el lendakari vasco, Patxi López, se haya apresurado a sugerir que los interesados tienen abierta esa vía de apelación, en una especie de lamento implícito por una sentencia de la que como máximo representante del Estado en Euskadi debería felicitarse.

No es una buena noticia la abierta división de opiniones y criterios que refleja, con claras notas de deliberada ambigüedad, el discurso socialista. No lo es porque empaña la claridad moral que exige el pulso de la democracia contra el terrorismo, único ámbito de nuestra escena pública en que no caben casuismos ni matices. No es en absoluto una buena noticia que personas de intachable trayectoria de resistencia como López o su consejero de Interior, Rodolfo Ares, mimeticen la actitud complaciente y pactista de los Eguiguren o Elorza, porque esa benevolencia hacia la presunta reconversión de los batasunos siembra la confusión en torno al papel del Gobierno vasco en particular, y del PSOE en general, ante la estrategia de camuflaje del conglomerado proetarra. Y permite pensar en un doble lenguaje y en un doble juego en el que mientras el Gobierno de la nación representa —hasta ahora impecablemente— el rol de contención y firmeza que demanda la sociedad española, el del País Vasco tiende amistosos puentes de comprensión hacia la voluntad de los filoterroristas de colarse en las instituciones sin pedir perdón, sin que se disuelva ETA y sin formular rechazo explícito a su largo historial de sufrimiento y de sangre.

Cierto es que en todo este asunto las buenas noticias prevalecen sobre las malas por su carácter decisorio y ejecutivo. Pero el conjunto deja un sabor agridulce que presagia tiempos difíciles y proyecta sobre el futuro inmediato sombras de ambigüedades políticas y claroscuros morales.


ABC - Opinión

Más recetas sin sustancia

Aunque el presidente del Gobierno subrayó la trascendencia del Consejo Europeo que aprobó el Pacto del euro, y en el que los gobiernos anunciaron nuevas medidas contra la crisis, los resultados concretos no permiten ser tan optimistas. En primer lugar, porque los Veintisiete fueron incapaces de sacar adelante piezas esenciales del plan, como el refuerzo del actual mecanismo de rescate y la flexibilidad en su utilización después de que acordaran la creación de un fondo de socorro permanente que entrará en funcionamiento en 2013. Y después, ya en clave doméstica, porque las iniciativas anunciadas por Zapatero son insuficientes para abordar con garantías las carencias estructurales de la economía española. Es positivo, en cambio, que el Gobierno haya logrado que los socios europeos interiorizaran que España no es Portugal, porque carece de nuestra resistencia y capacidad. O que se haya valorado el esfuerzo de España, con notables sacrificios de la sociedad, para alcanzar los compromisos de ajuste fiscal. Ello favorece nuestra credibilidad como país. Todo eso es cierto, pero también lo es que las nuevas propuestas de Zapatero son conocidas y poco prometedoras. El presidente hizo hincapié en las medidas para cumplir con el compromiso del Pacto del euro de mejorar el nivel del empleo.

Entre ellas, el plan contra el trabajo sumergido, la sempiterna apuesta por la formación y la reforma de la negociación colectiva. Precisamente, este Gobierno ha fracasado en su lucha contra el paro por una política laboral parcheada de iniciativas que, siendo positivas en sí mismas, carecían de eficacia por no estar enmarcadas en un plan económico global; el resto de las iniciativas han sido o electorales o cosméticas. La lucha contra la economía sumergida es necesaria, pero no aliviará el drama laboral del país, por más que el Gobierno trate de convencernos de lo contrario. Por otra parte, el presidente se comprometió a modificar la Ley de Estabilidad Presupuestaria para limitar el gasto estatal y regional vinculándolo al PIB nominal. Será de obligado cumplimiento para el Estado, pero no para las autonomías, con las que el Gobierno intentará consensuar el freno a la desmesura con la ayuda del PP. Estamos ante otra respuesta a Merkel y a los mercados, que habían cuestionado el creciente descontrol de las comunidades.

Es, además, la enésima rectificación de Zapatero, pues él derogó la ley que estuvo vigente con los gobiernos de Aznar y que imponía un techo de gasto y un límite de endeudamiento, y que nos habría evitado hoy un panorama tan sombrío. El control y la exigencia son imprescindibles para una gestión eficaz y solvente. Que el Gobierno no se dote de la capacidad para imponer esas condiciones a las comunidades es un error a la vista del incumplimiento mayoritario del compromiso de estabilidad. España no saldrá adelante sin una política económica compacta que actúe sobre el empleo, la productividad y la competitividad, que agilice el crédito y que se defina por la austeridad en el gasto y en el control del déficit. Sólo así se recuperará la confianza, imprescindible para que la economía funcione.


La Razón - Editorial

Una Europa más unida

Los 27 pactan un gran paquete económico, ensombrecido por la crisis de Portugal

La crisis política y económica de Portugal ha ensombrecido los resultados más que notables de la cumbre de la UE celebrada ayer y anteayer. El paquete de gobernanza económica aprobado supone un indiscutible avance hacia una mayor unión económica. Los 27 ratificaron el fondo de rescate definitivo, que empezará a funcionar ya en 2013, para los países atenazados por la crisis de su deuda soberana, con un volumen suficiente y una flexibilidad mejorada, aunque todavía no óptima: hubiera sido mejor que el fondo pudiera adquirir bonos nacionales en cualesquiera mercados y no solo en el primario.

Junto a ello, y en el envés, la Unión se ha comprometido a un mayor rigor en el camino hacia una convergencia económica real, que no otra cosa son las estrategias de mejora de la competitividad incluidas en el Pacto del Euro; en la política presupuestaria, mediante el incremento de la vigilancia preventiva del semestre europeo y de las sanciones para los incumplidores; y en la imposición de mayor transparencia y dureza para las nuevas pruebas de resistencia de la banca.


Conclusiones tan significativas permitieron a algunos líderes adjetivar los logros de "avance gigantesco" (Sarkozy) o de constituir el verdadero "pilar económico" de la unión económica y monetaria (Durão Barroso). Se comprende que los líderes subrayen sus propios resultados, pero no hay que hipertrofiar el optimismo. Parte de esas medidas llegan con retraso, como es el caso de la formalización del fondo de rescate definitivo. Y en cuanto al interino (de aquí a 2013), parece poco honorable que se haya aplazado hasta junio por culpa de la coyuntura electoral finlandesa. No solo eso: resulta perjudicial, pues los mercados se han estado fijando en ese punto para modular su castigo a Portugal.

La insinuación de que Lisboa está abocada al rescate, realizada por el habitualmente hábil presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, está fuera de lugar. Ni los primeros ministros son analistas, ni tampoco profetas, y frases como la aludida contribuyen a empeorar una situación de por sí difícil, y ya agravada por el cortoplacismo de la oposición interna en Portugal. Fue, en cambio, más que pertinente el apoyo rotundo de la canciller alemana al primer ministro en funciones, José Socrates: quizá si lo hubiera empleado antes para convencer a la oposición portuguesa, no habría que lamentar ahora el endurecimiento del escenario. Por eso también hizo bien el presidente Zapatero al presentar una nueva serie de medidas domésticas: todo esfuerzo por sustraer a España de las tormentas cercanas merece ser endosado.

En el lado político hay que destacar el apoyo de los 27 a los aliados que intervienen en Libia y el endurecimiento de las sanciones al régimen de Gadafi. Pese a los múltiples errores históricos de la Unión en el norte de África, esta situación es sin duda mucho mejor que la que la resquebrajó cuando la guerra de Irak.


El País - Editorial

Cómo descafeinar un pacto ya descafeinado

Zapatero ha presentado en La Moncloa dos medidas que pretenden atacar los grandes problemas de nuestra economía cuando, en realidad, sólo buscan dejar las cosas tan mal como están.

Puede que no haya mejor indicador de la renuencia de este Ejecutivo a adoptar las reformas correctas que esa sucesión interminable de nuevos parches que vienen a corregir otros parches. Si las cosas se hubieran hecho bien desde el comienzo, habría resultado innecesario enmendarlas mes a mes; pero como las cosas se hacen mal de manera deliberada, se vuelve imprescindible ofrecer la apariencia de que nos movemos lentamente hacia delante cuando en muchos casos estamos retrocediendo.

Con tal de hacer valer ese descafeinado Pacto por el Euro que los jefes de Estado y de Gobierno europeos suscribieron hace dos semanas, Zapatero ha presentado hoy en La Moncloa dos medidas que pretenden atacar los grandes problemas de nuestra economía cuando, en realidad, sólo buscan dejar las cosas tan mal como están.


La primera de ellas es ligar la evolución del gasto público al PIB, de modo que si éste cae aquél deba reducirse. La partitura puede sonar bien, pero la interpretación que de ella haga el Ejecutivo es otra cosa muy distinta. Al cabo, si miramos desde otro ángulo la medida, lo que viene a decir es que cuando el PIB suba, habrá que aumentar el gasto. Y si algo ha mostrado esta crisis, es que en los períodos de estancamiento y recesión, la recaudación fiscal se hunde mucho más rápidamente que un volumen de gasto que se ha hipertrofiado y consolidado durante los años de ficticia bonanza.

En estos momentos, el estado de las cuentas públicas, especialmente el de unas autonomías que no están sujetas a esta reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, es tan crítico –con alrededor de 100.000 millones de euros de endeudamiento adicional al año– que debemos tratar de dirigirnos lo antes posible hacia un superávit que permita amortizar nuestra deuda. Ése debería ser el auténtico objetivo de la ley: que en todo momento, con independencia de la coyuntura, mantengamos el superávit y no que el Gobierno cumpla con sólo bajar algo el gasto en momentos de crisis.

La otra brillante ocurrencia del Ejecutivo ha sido la de atacar a la economía sumergida. En lugar de plantearse por qué motivos nuestra rigidísima regulación laboral impide que las mismas personas que son capaces de encontrar un empleo de manera informal regularicen su situación, Valeriano Gómez ha optado por amenazar a una de las escasas válvulas de escape que les quedan a nuestros casi cinco millones de parados. En lugar de levantar reglamentaciones absurdas y pauperizadoras, el Gobierno las mantiene y ataca con saña a quien se las salta para tratar de sobrevivir.

En definitiva, dos reformas que sólo servirán para apuntalar la preocupante situación actual, ya sea, en un caso, por claramente insuficiente, ya sea, en el otro, por profundamente desnortada. Zapatero ha conseguido lo que parecía imposible, descafeinar el ya de por sí descafeinado Pacto por el Euro.


Libertad Digital - Editorial

La vida, una causa justa

ABC se une a esta expresión social en defensa de los valores que dignifican la condición humana frente a las ideologías trasnochadas.

LAS calles de Madrid y de otras muchas ciudades españolas serán hoy escenario de una nueva expresión del clamor social en favor del derecho a la vida. Nada menos que 49 asociaciones convocan actos para reivindicar la dignidad de la condición humana, con un criterio apolítico y aconfesional, pero muy firme en cuanto a sus convicciones éticas. El respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte es una exigencia inexcusable que no puede ser desconocida en nombre de ideologías sectarias. Las leyes impulsadas por el laicismo radical permiten el aborto sin límites objetivos durante un amplio periodo y favorecen la eutanasia bajo un eufemismo de «muerte digna» que apenas encubre una tendencia hacia el suicidio asistido. El derecho a la vida está reconocido por el artículo 15 de la Constitución, y la jurisprudencia del TC deja muy claro que la vida del «concebido pero no nacido» es un bien que merece protección jurídica. A su vez, el artículo 10 de la propia Constitución proclama que la dignidad de la persona y sus derechos inviolables son el fundamento del orden jurídico y la paz social. Una política deliberada en contra del reconocimiento de estos derechos supone la búsqueda de una confrontación moral de largo alcance que el Ejecutivo impulsa ya sea por sus objetivos de «ingeniería social» o por hacer guiños a la izquierda radical en busca de votos.

La respuesta de muchos miles de personas demuestra la vitalidad de la sociedad española en favor de una causa justa. Hacen bien los organizadores en desvincular su llamamiento de cualquier enfoque político o incluso religioso, porque se trata de una cuestión de sensibilidad humana hacia un derecho que no puede ser desconocido por las leyes positivas sin grave quebranto de los principios éticos más elementales. Además, las normas aprobadas en esta materia producen efectos irreversibles, con independencia de lo que diga en su día el TC, como ocurre con la ley del Aborto. Una vez más, muchos miles de ciudadanos van a reclamar que los gobernantes atiendan una reivindicación en favor de aquellos que carecen de voz propia. ABC se une a esta expresión social en defensa de los valores que dignifican la condición humana frente a las ideologías trasnochadas que pretenden identificarse con un falso progresismo.

ABC - Editorial

viernes, 25 de marzo de 2011

Que lo demuestren con hechos. Por José María Carrascal

Si estuvieran de verdad contra la violencia de ETA la condenarían en su conjunto, no selectivamente, como hacen.

ES fácil imaginar por dónde va a salir la izquierda abertzale y su coro de plañideras ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre Sortu: que por haber discrepado tres de los diez y seis magistrados de la Sala, el veredicto no es totalmente legal, cuando las sentencias de los tribunales son como los resultados de los partidos de fútbol: el que mete más goles gana. Y aquí, han sido trece los jueces que han dicho que Sortu no puede ser legalizada, por tres que han dicho que puede. O sea, goleada.

No sólo claro, sino también lógico. No voy a repetir aquí los argumentos de la Fiscalía, corroborados por las Fuerzas de Seguridad y la Abogacía del Estado, de que Sortu es una continuación de Batasuna, como Batasuna era una rama de ETA. Los encontrarán ustedes en las páginas de información, aparte de saltar a la vista. Sin que su proclamado «compromiso contra la violencia, incluida la de ETA», les sirva de coartada, por la sencilla razón de que tanto Eta como el entorno abertzale no se consideran violentos, sino victimas de la violencia del Estado español, contra la que invocan legítima defensa. Algo que realizan en múltiples actividades, empezando por la ayuda a los presos etarras, para ellos las víctimas de esa violencia estatal. Si estuvieran de verdad contra la violencia de ETA la condenarían en su conjunto, no selectivamente, como hacen. Quiero decir que la condenarían en todos los tiempos —pasado, presente y futuro—, en todos sus modos —directa e indirecta— y con todas sus consecuencias, aunque ello les supusiera aceptar la parte de culpa que les corresponde en la tragedia vasca con su tardanza en adoptar la postura que dicen haber tomado. Pues no hay duda de que si ETA ha podido asesinar, herir, robar, extorsionar y secuestrar durante tantos años, ha sido por sentirse respaldada por aquella parte del electorado vasco que no se recataba en mostrar su apoyo a la banda terrorista cuando campeaba a sus anchas y que ahora recoge velas al ver que se encuentra contra la pared.

Son culpas que no han reconocido todavía. Y mientras no lo reconozcan, no pueden pedirnos que confiemos en su palabra, ya que podemos estar, no ante un «compromiso contra la violencia», como aseguran, sino ante un «compromiso para seguir dando oxígeno» a la banda. La mejor forma de convencernos de que van de veras, de que no están poniendo en práctica un fraude de ley —utilizar la ley para violarla— sería que aceptaran la sentencia del Tribunal Supremo sobre ellos, aunque no les guste. Que es lo que hacen los demócratas. Pero ya verán ustedes como no lo hacen. Como se buscan toda clase de triquiñuelas para saltarse esa sentencia. Con ayuda, naturalmente, de cuantos en mayor o menos grado, creen que ETA es parte la solución del problema vasco, cuando es su primer y último problema.


ABC - Opinión

Sucesión. Rubalcaba, el Faisán y la extrema derecha. Por Agapito Maestre

¿Qué es la extrema derecha? No lo sé; pero si tuviera que buscar un referente empírico en la España de hoy, miraría directamente a Rubalcaba.

Tres medios de comunicación están extrañados de que el caso Faisán sea tan poco conocido por los españoles. Este periódico, esRadio y Libertad Digital TV dedicaron todo un programa de TV a buscar las causas de este desconocimiento. Felicidades por su labor de ilustración. Sin otra pretensión que añadir un argumento más a este debate, aquí aventuro yo una sencilla explicación, en verdad una ampliación del argumento de Pablo Planas, a saber, ni siquiera Rajoy se atreve con el poder casi absoluto que maneja Rubalcaba.

Sí, sí, Rubalcaba lleva tantos años mandando que incluso es respetado por los suyos. El poder trae siempre más poder. El PSOE, pues, terminará nombrándolo candidato a la Presidencia del Gobierno. No hay otra persona en su partido que se le equipare en experiencia, inteligencia y designio propio para mandar. Porque nadie conoce el poder mejor que Rubalcaba, está llamado a sustituir a Zapatero.

El poder ejercido con fuerza y violencia, sí, con la llamada violencia legítima del Estado, es la materia que mejor domina Rubalcaba; por eso, precisamente, Zapatero terminó nombrándole ministro del Interior y su segundo en el ejercicio del mando. Del poder. En fin, Rubalcaba abre la boca y ejerce con naturalidad la represión. Está en su naturaleza presionar, dirigir y diseñar los caminos por dónde tienen que ir tanto sus correligionarios como sus adversarios.


Más aún, las masas creen que será un buen presidente del Gobierno y los intelectuales de covachuela, o sea casi todos, le ríen las gracias y alaban su inteligencia. Todos parecen seguir a este líder sin mayores objeciones; incluso el jefe de la oposición, Rajoy, no se atreve a discutir con Rubalcaba sobre el caso Faisán. Acaso, por eso, por esa desidia de Rajoy, el propio Rubalcaba critica sin rubor al señor Gil Lázaro del PP, su azote en el Parlamento, porque visita cadenas de radio y televisión de extrema derecha para crear opinión pública contra él por el caso Faisán.

¿Qué es la extrema derecha? No lo sé; pero si tuviera que buscar un referente empírico en la España de hoy, miraría directamente a Rubalcaba. Si por extrema derecha se entiende el ejercicio del poder de modo oscuro, violento y sin justificar jamás públicamente, entonces nadie hay en España comparable en extremismo derechista al señor Rubalcaba; ahí está para el recuerdo su relación el gobierno del caso GAL, su organización de la violencia contra las sedes del PP en 2004, etcétera; por otro lado, tampoco creo que, en este régimen del 78, nadie haya estado en el poder ejecutivo, o sea en el poder de verdad, tanto tiempo como Rubalcaba. El poder sin límite es todo para él.

¿Quién es, pues, este Rubalcaba para dar lecciones de democracia y autolimitación en el poder a los españoles? Nadie. Y, sin embargo, este nadie ha contribuido de modo decisivo a que España sea uno de los países más salvajes de Occidente. La prueba de ese salvajismo es que él será candidato a la Presidencia del Gobierno. Apoyado, no se olvide este dato, por la "crema de la intelectualidad", o sea, el diario El País. En fin, es fatigoso y angustioso decir estas verdades sencillitas, pero, mientras haya un lugar donde nos dejen escribir, tendremos que ejercer el oficio del intelectual liberal: el trabajo de persuasión del público debe empezar de nuevo, cada día, aunque a veces envidiemos a quienes son apoyados por todo el aparato del Estado para repeler crítica.

La envidia, por fortuna, dura un instante, casi nada, porque enseguida nos percatamos de que la opinión libre, la libertad, es incompatible con los aparatos de propaganda del Estado.


Libertad Digital - Opinión

El miedo del tirano. Por Hermann Tertsch

Gadafi ya está en la guerra total y, como un führer hundido, lucha por prolongar su existencia matando tanto como pueda.

ES cierto que la tragedia libia continúa. Que jóvenes campesinos y estudiantes, trabajadores y comerciantes entrados en años, maestros y funcionarios y otros muchos civiles de todas las edades, pertrechados con armas que apenas saben usar, luchan y mueren estos días defendiendo sus ciudades frente a las fuerzas de Gadafi, bien entrenadas y perfectamente armadas en arsenales repletos de armas europeas. También es cierto que matanzas inminentes, la pasada semana, se han evitado gracias a la intervención armada. El ejército del dictador ya sufre en esta guerra. Pero los ataques aliados no han sido todo lo eficaces que se esperaba. Y los rebeldes desesperan porque no les llega una ayuda que, cuando lo haga, puede resultar inútil para muchos. Voces rebeldes acusan a las fuerzas internacionales de falta de contundencia en sus ataques. Perciben que los militares extranjeros no sienten la urgencia. Que actúan según un plan preestablecido y que sus vidas no están entre las prioridades. Puede ser una percepción injusta. Pero hay que aceptársela a quienes van a morir, están heridos o ven caer a sus familiares víctimas de la superioridad militar de las fuerzas de Gadafi en ciudades asediadas. Por lo menos albergan la esperanza de que los aviones lleguen a tiempo. Y afortunadamente no saben que si fueran aviones españoles, no podrían hacer nada por salvarlos. Porque nuestro Gobierno no pierde ocasión de hacer el ridículo y les ha prohibido disparar a la soldadesca de Gadafi en tierra. Vamos a la guerra pero con la puntita nada más.

Pero olvidemos hoy la flojera mental de nuestros gobernantes. Hablemos de una de las máximas gratificaciones que nos brinda el terremoto emancipador que recorre Oriente Medio y el norte de África. Después por supuesto de la mayor de todas, que es la felicidad en los rostros de las gentes que por primera vez en su vida son libres para expresar sus opiniones, deseos y esperanzas. Que son conscientes de que ellos, individuos tratados como siervos o animales, insignificantes siempre, han logrado romper los muros de la resignación y el miedo. Y que, desde ese instante y para siempre, suceda lo que suceda, han sentido ya la dignidad del sujeto libre. Quienes hemos tenido la suerte de ver ese bello orgullo en las miradas de las gentes cuando acaban de ser testigos de su propia gesta —en Europa oriental, ahora allí—, sabemos que hay ahí un salto cualitativo en la vida del hombre, de todos esos hombres que ya han luchado y luchan ahora en las calles de Libia, Siria, Bahrain o el Yemen. Pero la otra gran satisfacción no es otra que el espectáculo que supone la escenificación del miedo de los tiranos. En sus muchas formas y matices. Gadafi ya ha superado esa fase, en la que entraría con las primeras informaciones sobre las manifestaciones que se multiplicaban por todo el país hace un mes. Hoy ya está en la guerra total y, como un führer hundido, lucha por prolongar su existencia matando tanto como pueda. Otros dictadores menos sangrientos como Ben Ali y Hosni Mubarak no entendieron nada durante todas las semanas de revueltas, hasta que fue su entorno inmediato el que les expuso su soledad y su destino. Ahora le toca el turno a Bashir el Assad. Con su estado policial absoluto. Ayer sacó a su rostro amable, Buhaina Shaaban, a aplacar al pueblo. Asumió errores, prometió reformas, prosperidad y libertades. Angustia se notaba en el esfuerzo conciliador de este régimen canalla como pocos. Desde 1962, en estado de emergencia. Desaparecidos, torturas, ejecuciones, miedo total.

Ahora con prisas. Lo dicho, es un placer ver como tiemblan.


ABC - Opinión

El discutido fallo del Supremo sobre los amigos de ETA. Por Antonio casado

La división de opiniones del Tribunal Supremo sobre si la ley está o no de parte de los amigos políticos de ETA (Sortu), en su pretensión de competir con el resto de partidos, es la misma división de opiniones que sobre la cuestión podemos detectar en la clase política y en la opinión pública, con las debidas correcciones cuantitativas según hagamos la prospección en el conjunto de España o sólo en el País Vasco. Políticos y ciudadanos vascos, más favorables a la legalización de la llamada izquierda abertzale, se entiende.

Un hecho tan simple y tan verificable es suficiente en sí mismo para rebatir las acusaciones dirigidas por los responsables de la antigua Batasuna contra el alto tribunal. En un comunicado hecho público ayer, atribuyen el fallo del Supremo al resultado de una estrategia concertada y definida por los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP. Refiriéndose a los 16 magistrados de la sala, dice textualmente: “Queremos denunciar que en vez de analizar argumentos jurídicos se han basado en una decisión política para decidir”.


Cualquiera puede ver que eso no se corresponde en absoluto con el recuento de posiciones finales. El nueve en contra y siete a favor es un correctivo “legal” en toda regla al Gobierno, a los dos grandes partidos y a quienes desde el principio no hemos contemplado otra posibilidad que la del frenazo “político” a la operación de blanqueo “legal” y “político” iniciada por la Batasuna de siempre con otros collares.

El nueve a siete de los magistrados del Tribunal Supremo sobre la solicitud de inscripción de Sortu, la nueva marca, en el Registro de Partidos del Ministerio del Interior desmiente clamorosamente la conspiración política denunciada por los afectados.
«El nueve en contra y siete a favor conocido ayer es un correctivo “legal” en toda regla al Gobierno, a los dos grandes partidos y a quienes desde el principio no hemos contemplado otra posibilidad que la del frenazo “político” a la operación de blanqueo “legal” y “político” iniciada por la Batasuna.»
No solo eso. Además les ofrece la oportunidad de reconocerse en los argumentos técnicos -no políticos- utilizados en los votos particulares y en las posiciones defendidas por casi la mitad de los magistrados. Todo ello en virtud de principios fundamentales como la separación de poderes, la igualdad ante la ley y el derecho de participación política, engranados en ese Estado de Derecho que ETA y sus amigos quisieran reventar, unos por las buenas y otros por las malas. ¿Eso les iguala? El ministro de Justicia, Caamaño, lo explicó muy bien. Las similitudes les hace a todos ser ilegales. Tanto ETA como Batasuna están proscritos por ley. Pero las diferencias -los medios a utilizar, básicamente-, acaban en la cárcel a la luz del Código Penal y no de la Ley de Partidos Políticos. Eso les hace diferentes.

De todos modos conviene recordar que tras el discutido fallo del Supremo -se acabó la unanimidad-, sigue vigente la doctrina judicial según la cual la vieja Batasuna, a la que se pretende dar continuidad, forma parte de “una estructura integrada en ETA para hacer más eficaz la acción terrorista”.

Frente a tan claro pronunciamiento de los más altos tribunales (Supremo, Constitucional y Estrasburgo), y ante las numerosas pruebas presentadas en sus demandas por la Abogacía del Estado y la Fiscalía, los meros retoques formales no han servido a la nueva Batasuna para presentarse como algo distinto a la organización ilegalizada en marzo de 2003, la misma que desde junio de 2003 figura en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. Eso también es aplicación del Estado de Derecho. Próxima estación: Tribunal Constitucional.


El Confidencial - Opinión

Sucesión. En las cocinas del PSOE. Por Emilio Campmany

Sencillamente no se ve como jefe de la oposición. En cambio, de presidente, sí que se ve, y cómo. Y hará cualquier cosa por serlo. Sin límites, sin óbices, sin cortapisas. Rajoy no debería olvidarlo.

A la vista de cómo se comporta Rubalcaba, podría decirse que ya se siente sucesor. Pero parece que se siente algo más que sucesor. Rajoy debería observarle bien, aprovechando que en el Congreso lo tiene delante de él. Rubalcaba más bien se está empezando a ver como presidente. Las encuestas pronostican un batacazo del PSOE con Rubalcaba o con quien sea. Y, sin embargo, al de Solares no paran de reírsele los huesos. ¿Qué le hace sentirse así? ¿Será que es un soñador, que está en las nubes, que vive despegado de la realidad?

Entre las características que distingue al candidato Rubalcaba (1951) de la candidata Chacón (1971) es que, mientras ésta puede asumir la derrota y sentarse a esperar ser presidenta en 2016 ó 2020, aquél no puede esperar tanto. O quizá pueda, pero desde luego no quiere. Si Zapatero y el PSOE le dan la oportunidad de ser presidente de Gobierno hará lo indecible por aprovecharla. Porque no habrá otra o porque él no querrá tener otra. Sencillamente no se ve como jefe de la oposición. En cambio, de presidente, sí que se ve, y cómo. Y hará cualquier cosa por serlo. Sin límites, sin óbices, sin cortapisas. Rajoy (1955) no debería olvidarlo. También para él es la última oportunidad. Si fracasa una tercera vez, vendrá Gallardón (1958) a hacerse cargo del partido, si Dios y Esperanza Aguirre no lo impiden.

Sin embargo, no está tan claro que Rubalcaba vaya a ser el candidato. Aceptemos, que es mucho aceptar, que Zapatero dirá el próximo día 2 que no volverá a ser candidato. Si Rubalcaba es finalmente ungido, el cántabro presionará para que el presidente dimita con el argumento, esencialmente correcto, de que estando a 16 puntos del PP en las encuestas, la única posibilidad que tiene de ganar es presentándose desde la presidencia. La Moncloa le dará horas de telediario en los medios, lo fotografiarán al lado de los líderes mundiales, podría apuntarse la leve mejoría que se espera experimentará la economía española antes de las elecciones, metería su sonrisa caballuna en todos los hogares españoles. Y el PSOE le apoyaría porque sus opciones de ganar crecerían.

Pero Zapatero no quiere tener que dimitir. Quiere agotar la legislatura, si es posible, y salir en todo caso por la puerta grande, tras unas elecciones en las que entregará el poder al que gane. La dimisión significaría corroborar y suscribir lo desastroso que ha sido su gestión. Chacón estaría más dispuesta a dejarle al frente del Gobierno hasta el final sabiendo que la derrota, entonces, sería casi segura. No le importaría porque con los cuarenta recién cumplidos puede perfectamente esperar un par de legislaturas a ser presidenta de Gobierno. De modo que es posible que, por una vez, tenga razón Anson y sea verdad que el plan de Zapatero es proponer a Rubalcaba para luego forzar unas primarias que espera que Chacón gane de calle.

Todo esto está muy bien. Pero, entonces ¿de qué se ríe Bono (1950)? El manchego lleva varias semanas, desde que se reunió con Zapatero en su despacho de presidente del Congreso, que no deja de sonreír ni cuando duerme. Se pasa el día con la cara de pascua como si acabaran de decirle que le ha tocado el Gordo o que será el próximo presidente del Gobierno. Quizá sepa que habrá primarias y quizá tenga la llave para ganarlas. Jó qué tropa.


Libertad Digital - Opinión

Moody's, mejor que MAFO. Por M. Martín Ferrand

A la rebaja de la calificación del Reino de España se añade ahora la de un buen lote de instituciones financieras.

LA única obligación exigible a un buen aficionado al cante jondo es asistir en respetuoso silencio a la actuación de sus cantaores preferidos y, en todo caso y en el momento oportuno, colocar en su sitio un ¡olé! litúrgico y admirativo. Moody's es a la economía mundial lo que un habitual de los tablaos al cante. Sus calificaciones, unas al alza y otras a la baja, hacen vibrar o languidecer los mercados. En lo que a nosotros respecta, cabe señalar que los competidores de Standard & Poor's y Fitch nunca colocan sus olés en el momento que desearían sus, según los casos, víctimas o beneficiarios. Ahora, la centenaria agencia de calificación crediticia le ha rebajado las suyas a tres decenas de instituciones financieras españolas, Cajas mayormente. Popular, Sabadell, Bankinter y otros bancos de menor cuantía tendrán que pagar más por su pasivo y, dada la situación, con mayor gravedad les ocurrirá lo mismo a Caja Madrid, Bancaja, CAM y demasiados etcéteras más. Llueve sobre mojado. A la muy reciente rebaja de la calificación del Reino de España se añade ahora la de un buen lote de instituciones financieras y, entre ellas y para mayor significación, la del Instituto de Crédito Oficial, uno de esos organismos de nuestro exuberante modelo administrativo que está sin ser, no se sabe muy bien para qué sirve y tiende a participar en el salvamento de náufragos.

Son muchas, exquisitas y solventes las voces que en estas páginas pueden valorar, y valoran, estas peripecias sintomáticas de nuestra situación económica. Lo que me interesa señalar, como contraste de lo económico, es la responsabilidad política que le cabe al respecto al Banco de España, a su gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y al Gobierno que, al concluir el mandato de Jaime Caruana, le encaramó a tan alto pedestal. El personaje, más conocido por lo que pudiera ser un bordado en la pechera de su camisa —MAFO—, se ha integrado plenamente en la lentitud de percepción de los fenómenos económicos que define a José Luis Rodríguez Zapatero, retrató a Pedro Solbes, no remedia Elena Salgado y obra en consecuencia. Tampoco, como su mentor, vió venir la crisis y, cuando la sintió sobre sus hombros, lejos de la reacción resolutiva que engrandece a los políticos que son capaces de ellas, se escondió en la concha del técnico. Así hemos asistido en los últimos años, va para tres, a una descomposición del sistema financiero, especialmente de las Cajas, que, pasito a pasito, siguen preparándose un acomodo de futuro que bien les venga a quienes, en el pasado reciente, han construido y administrado su decadencia. Moody's mejor que MAFO.

ABC - Opinión

Por si acaso. Por Alfonso Ussía

Es de esperar que el señor presidente de la Junta Islámica en Cataluña haya sido invitado, muy amablemente por supuesto, a declarar ante el juez. No por nada especial, sino por su cariñosa amenaza al presidente del Gobierno de España publicada en la «Web Islam» el pasado miércoles 23 de marzo. Don Abdennur Prado, que así se llama el sujeto, no ha sido excesivamente sutil en su escrito. Se muestra descontento con la participación de España en la guerra de Libia, y le ha advertido, más bien adelantado, a Zapatero de que «tendrá su 11-M».

Es de esperar que el Ministerio del Interior, el Fiscal y el juez hayan preguntado a don Abdennur Prado si ha ido de farol o tiene la convicción de que el atentado se va a producir. En tal caso, sería conveniente preguntarle, siempre que don Abdennur no se sienta incomodado, si conoce los planes, la identidad de los miembros de los comandos, y la fecha elegida para proceder a la masacre terrorista por su civilización aliada. No es por nada, pero siempre es mejor prevenir que curar, y con esta gente tan encantadora y nada fundamentalista, cualquier prevención es poca.


Aun tratándose de una fanfarronada, el escrito del simpático don Abdennur Prado, contiene una clara amenaza terrorista contra la ciudadanía con el presidente del Gobierno de España como excusa. Y mucho me temo, que una amenaza de esa índole, con base o sin ella, puede ser interpretada como un delito en nuestro Código Penal.

Con personas como don Abdennur hay que tener mucho cuidado. Se hace caso omiso a lo que dice y escribe, y el día menos pensado nos demuestra que tenía unos duples en sus manos y que de farol, nada. Lo malo es que esas demostraciones se certifican contando muertos y hospitalizando a los heridos. Don Abdennur nos tiene que explicar muchas cosas, mientras los ciudadanos nos intentamos explicar también cómo sujetos como don Abdennur pueden pasear por la calle con libertad y respeto. Porque ante una amenaza de semejante calibre, de no tener complejos aterrorizados ante los islamistas extremos, lo que habría que hacer con Abdennur, después de pasar por el despacho del juez, es ponerlo de patitas en Libia, en Siria, en Yemen o en Arabia Saudí, para que así se relacione con más facilidad con nuestros aliados de las civilizaciones, sector Al Qaeda, con el que se supone que don Abdennur intercambia algún tipo de información, a no ser que don Abdennur Prado sostenga sus amenazas en su inteligente intuición, el pálpito, eso que Plinio, el gran personaje de Francisco García Pavón, sentía cuando se acercaba al final de una investigación criminal.

Entiendo que con esta Junta Islámica hay que tener prudencia y mimo. Toda la furia y el desprecio oficial hacia los malvados cristianos que rezan y ponen la otra mejilla se transforma en comprensión y acojonamiento multicultural cuando los islamistas andan de por medio. Por ello no pido que la Policía lleve esposado al líder islámico en Cataluña ante el juez. Se puede hacer pupa en las muñecas. Hay esposas o grillos que hacen muchísima pupa. No pido, que en espera de que el juez lo reciba, sea encerrado en un calabozo. Nada de eso. Que aguarde en un salón confortable y bien alfombrado. ¿En qué cabeza cabe que un líder islámico radical sufra semejante humillación? Pero ya que ha amenazado al presidente del Gobierno con un atentado como el del 11 de marzo de 2004, que al menos el señor juez, con mucha cortesía, pueda formularle la siguiente pregunta. «¿Lo suyo va en serio o en broma?». Sin molestar ni ofender, claro está.


La Razón - Opinión

Fukushima. El progresismo de quinqué. Por Cristina Losada

Empleamos "demasiada energía" y somos sancionados por tan mala conducta con accidentes como el de Fukushima, un castigo extra por robar el fuego de los dioses.

Ya están aquí los efectos del accidente nuclear de Fukushima. Aquí mismo, entre nosotros. No en la calidad del aire, el agua y los alimentos, sino en la calidad del pensamiento. Pueden ahorrarse los de Greenpeace acciones de marquesina como las que acaban de oficiar en las sedes del PSOE y del PP. Aunque no querrán: de algo hay que vivir. Y, además, el socialismo los recibe con los brazos abiertos, que ni está para perder clientela ni desconoce el encanto del catastrofismo. Pero, insisto, aun sin retablos vivientes del apocalipsis, la especie se transmite boca a boca e igual de columna a columna. He perdido la cuenta de las piezas periodísticas que coinciden en advertir que hasta aquí hemos llegado, que así no podemos continuar, y que la supervivencia de la Humanidad depende de que pongamos freno a nuestra insaciable sed de energía. O, viene a ser lo mismo, al crecimiento. Vuelve, en fin, el denostado Club de Roma.

Las célebres previsiones del informe del Club de Roma y entre ellas, notablemente, la que predecía el agotamiento de las reservas de petróleo en 1992, fallaron, es verdad, pero una profecía incumplida no desanima al creyente, como demostró el clásico estudio de Festinger. Siempre encuentra el camino para justificar el fracaso y adaptarse a él. Y siempre renace con nuevos ropajes la visión del final del mundo. Así, rebrota ahora, abonada por el incidente en Japón, y alerta de que consumimos demasiada energía, no para que la ahorremos mientras dure la carestía del petróleo, como ha mandado el Gobierno, sino a fin de que reduzcamos su uso ad aeternum. Pero, ¿cuánto es demasiado? ¿A qué debemos renunciar? ¿Al secador de pelo, a la lavadora, al coche, al avión, a la aspiradora? ¿Tal vez al modesto ordenador? ¿A todo? Se echa en falta concreción y sobra moralina, que de eso van tales admoniciones, en definitiva.

Al fondo de las prédicas alarmistas hallamos a dos viejos conocidos: el sentimiento de culpa y el primitivismo, recurrente vía de escape a la complejidad de la civilización. Empleamos "demasiada energía" y somos sancionados por tan mala conducta con accidentes como el de Fukushima, un castigo extra por robar el fuego de los dioses. Por ello, hemos de regresar a la vida simple, natural y tranquila: a la Arcadia feliz que nunca existió. Fuera bromas. El ecoprogresismo está a punto de descubrir el quinqué.


Libertad Digital - Opinión

Humo en la casa de al lado. Por Ignacio Camacho

La crisis portuguesa deja la duda de si en España hubiese sido mejor o peor tirar al Gobierno por la ventana.

HAY un incendio en la casa de al lado y aunque de momento no vaya a prender en las medianeras será inevitable que se cuele la humareda y puede que hasta se nos chamusquen algunos muebles. La banca y algunas grandes empresas españolas corren riesgo de palmar en Portugal hasta 80.000 millones de euros, y si se produce el rescate, España como país se va a quedar sin cortafuegos. El único aspecto positivo de la crisis portuguesa es que, por primera vez desde que comenzó la crisis, hace una eternidad de sufrimiento, el mantra de que «España no es Portugal» ha salido de labios ajenos y no se ha producido un incremento de la presión de la deuda. Por ahora. Nuestra principal esperanza consiste en que a Europa le empieza a dar pereza tanto rescate y le seduce poco la idea de seguir apoquinando pasta; intervenir España, que desde luego no es Portugal, costaría al menos seis veces más. La diferencia de escala es un alivio pero hay otros diferenciales menos tranquilizadores: los vecinos tienen un déficit más bajo y casi la mitad de paro. Y aun así están a punto de desplomarse.

El otro gran contraste español con la situación portuguesa lo define la escena política. Tirar al Gobierno por la ventana es una idea tentadora pero no está claro que represente una solución. El PP lo intentó cuando Zapatero presentó su primer ajuste y no lo logró porque los nacionalistas actuaron de estabilizadores a cambio de prebendas presupuestarias. Rajoy insiste en que llevamos un año perdido, pero no concreta si hubiese preferido llegar al poder con la política económica secuestrada por Bruselas; igual piensa que eso le ahorraba decisiones incómodas. Sea como fuere, ya nunca lo sabremos, ni si habría sido mejor o peor, y ahora vivimos un estancamiento económico agravado por uno político. La paradoja es que el calendario de esta legislatura desperdiciada sólo depende ya de los equilibrios internos del PSOE y de cómo gestione la sucesión de Zapatero. Lo más que se puede acortar son seis meses.

Los portugueses han optado por la vía expeditiva, obligando a beberse la cicuta a un Sócrates que no es el sabio griego pero tampoco el más tonto de la clase. La confluencia de la derecha conservadora y la izquierda antiliberal ha tumbado al cabo de un año a un Gobierno menos frívolo que el zapaterista pero también más precario y no mucho más competente. El problema es que otras elecciones tampoco garantizan allí una mayoría sólida porque no existen bisagras moderadas. La pregunta que cabe hacerse al respecto en España es si el nacionalismo catalán, que ha ejercido históricamente de charnela, sigue siendo una minoría responsable o está ofuscada por el delirio soberanista. Hasta que las urnas den ocasión de averiguarlo conviene que en Europa sigan sin vernos cara de portugueses… o al menos disimulen los parecidos.


ABC - Opinión

ETA lo volverá a intentar

La decisión del Tribunal Supremo contra Sortu ha sido una victoria del Estado de Derecho y una derrota significativa de ETA. La Sala 61 asumió la contundencia de las pruebas aportadas por la Guardia Civil y la Policía Nacional para concluir que la nueva marca no era más que un intento de Batasuna para colarse en las elecciones. Las demandas de la Fiscalía y del Abogado del Estado establecían conexiones directas entre Batasuna y Sortu y ponían de manifiesto que su rechazo a la violencia no había sido otra cosa que una argucia para burlar la Ley, aunque no existió condena a ETA ni de su historia ni de sus asesinatos. Sortu siempre fue un instrumento al servicio de la estrategia de la banda. La primera intentona ha sido frenada, y lo celebramos porque cada trampa de ETA frustrada nos acerca más a su derrota definitiva. Sin embargo, y por desgracia, estamos lejos del escenario final. Ni siquiera está garantizado que un sucedáneo de Batasuna no concurra a las elecciones forales y locales. El veredicto del Supremo es positivo, pero contiene elementos inquietantes. El hecho de que el fallo no fuera aprobado por unanimidad –a diferencia de las anteriores ocasiones, en que se ha pronunciado sobre la ilegalización de formaciones proetarras– no es baladí. Que saliera adelante por nueve votos contra siete, con tres votos particulares, o lo que es lo mismo, que la Sala se partiera casi en dos, introduce confusión y provoca perplejidad en un asunto con una carga probatoria concluyente. La fractura de la Sala es además un aviso con vistas a la suerte del recurso de Sortu ante un Tribunal Constitucional con una nítida mayoría progubernamental, el perfil de buena parte de los magistrados del Supremo que se opusieron a las tesis del Gobierno. En principio, la resolución sobre Sortu del Alto Tribunal no se conocerá antes de las elecciones del 22-M si la tramitación es «normal». En caso contrario, habría que pensar en un proceso excepcional fuera de la razón jurídica, que alimentaría conjeturas escandalosas. En el plano político, ciertas interpretaciones del socialismo vasco invitan a la desconfianza. A los Eguiguren y Elorza, claramente alineados con Sortu, se suma una corriente, incluso en el Gobierno vasco, que edulcora el discurso de la exigencia y lo sustituye por el de la mano tendida, y que debería ser reprendida por el PSOE. El Gobierno y el PP tienen que mantener la firmeza de este primer envite hasta el final, y ambos están obligados a no equivocarse ante el seguro plan B de ETA que, como adelantó LA RAZÓN, contempla que Batasuna alcance las instituciones a través de las listas de EA. La reciente reforma de la Ley Electoral otorga herramientas para anular una candidatura «contaminada», por lo que no debería haber problema si existe voluntad. Que ETA se mantenga fuera de las instituciones es una cuestión de justicia que fortalece a la democracia. Quienes cuestionan este principio no sólo dan la espalda a las víctimas, sino que favorecen la estrategia de los terroristas, que pretenden destruir la democracia desde su interior. El Estado de Derecho sólo debe esperar la derrota y disolución de la banda. Es la única garantía de una nueva época.

La Razón - Editorial