lunes, 16 de noviembre de 2009

Ni unidad, ni limpieza, ni proyecto

Las fotos de unidad no representan la confianza en torno a un líder y a un proyecto, sino la certeza de que quienes no comulguen con sus ruedas de molino ya habrán sido expulsados de la misma.

Que durante los últimos meses los problemas internos del Partido Popular han ocupado la agenda mediática con preferencia sobre la deplorable gestión gubernamental desarrollada por el PSOE, es un hecho tragicómico que ni siquiera los propios cuadros populares se han atrevido a negar. Los socialistas saben manejar mucho mejor los tiempos, las cámaras y las portadas que sus rivales políticos. En un país que se hunde, paradójicamente, sólo se habla de una oposición descompuesta incapaz de presentar una alternativa mínimamente ilusionante a un Ejecutivo caótico.


Era de esperar, pues, que el PP tratara de dar un golpe de timón lo suficientemente fuerte como para zanjar las suspicacias del electorado en cuanto a su unidad, honradez y proyecto político. Un golpe que consistiera, por un lado, en la corrección de unos problemas internos que distan mucho de ser meras invenciones de la prensa y, por otro lado, en una adecuada divulgación del giro emprendido por el partido. Lo primero sin lo segundo daría lugar a un proyecto político más sólido en plena oscuridad mediática y lo segundo sin lo primero a un mero ejercicio cosmético que difícilmente camuflaría la desintegración interna.

Las convenciones políticas de los grandes partidos estadounidenses, en las que se proclama a los candidatos presidenciales pocos meses antes de las elecciones, son todo un ejemplo de lo anterior: se fija el programa y las líneas maestras de una futurible acción de gobierno en medio de un gran espectáculo mediático que consigue propagar el mensaje de fondo a todos los rincones del país. Como consecuencia, durante los días posteriores a las convenciones, no es inhabitual que un partido escale en las encuestas de estimación de voto en varios puntos porcentuales hasta incluso desbancar a su rival.

En Barcelona, sin embargo, el Partido Popular no ha querido o no ha podido emprender un proceso de catarsis interna que sentara las bases para una alternativa política. Como viene siendo habitual en el nuevo PP de Rajoy, las ideas se han sustituido por consignas y eslóganes sin contenido y la labor comunicativa ha fracasado a la hora de transmitir cualquier ilusión.

Unidad, limpieza y proyecto, ha proclamado Rajoy al clausurar la convención. Pero ninguno de estos tres objetivos –que sintetizan los auténticos problemasde fondo del PP– puede decirse que se haya logrado, salvo para frenar de momento y filas adentro la caída libre de un liderazgo cada vez más discutible y discutido.

Los abrazos, las sonrisas y las buenas palabras han reemplazado la consecución de una auténtica unidad (ahí está el distanciamiento cada vez menos disimulado con muchos de los dirigentes de la etapa Aznar), las sombras de corrupción siguen sin despejarse a la espera de que se siga levantando el secreto de sumario de Gürtel y el decálogo de valores del PP es tan vago e inespecífico que prácticamente cualquier formación política podría suscribirlos y reinterpretarlos a su gusto.

Y si la operación quirúrgica del PP ha sido un fiasco, la de maquillaje tampoco ha prosperado. Si hasta la fecha alrededor del 80% del electorado desconfía de las palabras del jefe de la oposición, difícilmente la imagen de un cónclave que se sabe atado de antemano a la búlgara logrará transmitir un mensaje distinto al de que la dirección popular no dudará en purgar cualquier alternativa interna a su vacuidad. Las fotos de unidad no representan la confianza en torno a un líder y a un proyecto, sino la certeza de que quienes no comulguen con sus ruedas de molino ya habrán sido expulsados de la misma.

Mucha pompa, pero ningún cambio. El objetivo fue desde un inicio, no el de renovar un barco lleno de agujeros, sino el de aferrarse otra temporada al sillón de la presidencia del PP. Claro que mientras los populares continúen desnortados, el zapaterismo seguirá también aposentándose en España.

Libertad Digital - Editorial

Cataluña en fase menor. Por Valentí Puig

EN sus horas bajas el nacionalismo catalán siempre recurre a mitificar el pasado o urde un futuro ilusorio antes que afrontar el presente cuando sea lábil y espinoso. Sus transiciones son endógenas, con lo que pierde ósmosis con la nueva configuración social de Cataluña. Por contraste con momentos creativos y tan permeables como fueron la «Renaixença» o el «Noucentisme», el catalanismo se repliega, particulariza aún más sus instintos, simplifica y reduce. Aplíquese el test del punto ciego. Esta es la fase menguante que arrancó en los peldaños finales del pujolismo, tuvo su exótico clímax en el maragallismo y anda ahora en período de requerimientos neurotóxicos.

El grado de sobresaturación es tan elevado y tan acusados los efectos específicos de la recesión económica en Cataluña y las penumbras crecientes de la corrupción que la pasividad y el desapego general son ya apolíticos y próximos a ese rellano ambiguo que algunas veces da pie a la antipolítica. Por ejemplo: Josep Anglada, promotor de las candidaturas municipales antiinmigración en la zona de Vic, está tanteando sus posibilidades autonómicas en el Bajo Llobregat.


Las múltiples dilaciones en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el «Estatut» tienen un aire premonitorio. Ahora quizás no haya sentencia hasta más allá de las elecciones autonómicas catalanas, previstas para el año que viene y sujetas en estos momentos a un sinfín de especulaciones sobre su posible convocatoria anticipada. El paisaje de fondo es de fatiga, de desgana muscular y de avitaminosis histórico-política.

Sentencia interpretativa o sentencia asertiva: para el caso, será propagada en auditorios con muy escaso público y aprovechada con sesgos de todo tipo por una clase política que no tiene la energía moral suficiente como para anular distancias entre lo que piensa y lo que dice, entre lo que hay que hacer y lo que es impura conveniencia. Ciertamente, muy pocos creyeron de verdad en aquel segundo estatuto. Al final, muy pocos serán también los que para algo confíen en el Tribunal Constitucional. Esas fueron las hechuras del maragallismo que fascinó a Rodríguez Zapatero. Nada menos: reformar la Constitución de 1978 con el conjuro de un segundo estatuto de autonomía veteado de inconstitucionalidad.

Suele ser de tan baja calidad la novela negra escrita en Barcelona que por eso ha sido más aparatoso el contraste con las acusaciones a Félix Millet o las detenciones en la trama de Santa Coloma de Gramenet. Millet constituía un elemento dinástico del catalanismo, como eslabón con la coralidad fundacional que arranca en 1891 al instituirse el «Orfeo Català» por iniciativa de Lluís Millet y Amadeu Vives. Acabado de construir en 1908, el modernista «Palau de la Música Catalana» sería su sede. De Amadeu Vives, personalidad fascinante que retrató Josep Pla, quedan zarzuelas espléndidas como «Bohemios», «Maruja» y «Doña Francisquita». En la memoria popular y sentimental catalana permanece sobre todo, con versos de Verdaguer, la canción «L´emigrant».

En el caso de Santa Coloma de Gramenet han sido llamativas las detenciones de Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, personalidades con notable protagonismo directo en los años-clave del pujolismo aunque los ejes del entramado investigado por la justicia implican de mucho más cerca al entorno del PSC, el gran poder municipal en la Cataluña de hoy. En realidad, poder municipal, autonómico, provincial y mediático, a gran escala y sin mucho espíritu de fineza.

La desnaturalización del capital simbólico del catalanismo cultural y político se inició hace ya tiempo y tanto el caso «Palau de la Música» como la trama de Santa Coloma de Gramenet tienen algo de postrimería, según lo ratifica el intento más bien exangüe de contrarrestarlo una vez más con una reacción victimista. Como se ve de nuevo, el caso es que las élites barcelonesas operan en torno a una especie de «omertá» y no con el fundamento del mérito, lo que facilita las exclusiones sistémicas. Por eso las connotaciones de la corrupción son más densas y nucleares. Unas corrientes subliminales de mucha peculiaridad lo conectan todo con el declive cultural. Como protagonista social, hace tiempo que la burguesía de Pedralbes tan solo es un mito.

Para el socialismo, la complicidad inicial de Rodríguez Zapatero con el pacto del Tinell y el segundo estatuto autonómico ya no es la misma y la tirantez entre PSOE y PSC ha llegado a extremos de confrontación interna. La impresión es que José Montilla ejerce el poder pero sin saber para qué, salvo controlar los desmanes continuos de sus socios del tripartito, autorreproducirse en una política patrimonial y pretender el control mediático omnímodo.

Artur Mas tiene un liderato a medio plazo, con el contrapeso de Duran Lleida en «Unió». CiU está queriendo recuperar o asimilar voto soberanista incluso a costa de incitar oposición drástica a una sentencia que recorte un «Estatut» que la propia CiU nunca quiso. Las encuestas electorales favorecen a CiU, mientras que ERC acumula errores tácticos que de tan rudimentarios y pedestres solo se equiparan a su arcaísmo genético y a sus irresponsabilidades históricas. Ahí asoman las exploraciones de Joan Laporta, presidente del Barça, calcadas de una conjunción populista entre Berlusconi y la Liga Norte. Para el PP, su intrahistoria catalana tan accidentada como contradictoria lo hace depender todo de su empuje en toda España, sin atractivos territoriales propios, salvo que, para bien y para mal, su capital político en Cataluña son las siglas, su naturaleza de partido nacional y los éxitos económicos cuando estuvo en el Gobierno, como por ejemplo quedó ratificado en los pactos del Majestic. En el mejor de los casos, a Mariano Rajoy puede corresponderle una tarea pactista de bordadura ímproba, casi ya en la hora veinticinco.

La epidemia de consultas independentistas iniciada en Arenys de Munt llega en diciembre a unos ciento cincuenta municipios, aunque es un conjunto de escasa dimensión demográfica. El ayuntamiento de Gerona también ha aprobado la consulta, con la abstención del PSC, en el poder desde hace tiempo infinito. Son consultas que no aportarán racionalidad alguna a lo que es la vida pública catalana, sino más bien sensaciones de un desvencijamiento ya antiguo que se suman al adanismo abrupto de esas nuevas generaciones que han crecido en las aulas de la inmersión lingüística y de unos manuales de historia ajenos a la realidad de España.

Para usar un símil pictórico, la política en Cataluña ha perdido mucha perspectiva. Jordi Pujol habla de desencanto, de desprestigio, de pérdida de autoestima. Sí, todo eso y más. Perspectiva y forma simbólica: llegaron a ser lo mismo. Los personajes andan como perdidos en el espacio figurativo de la política catalana. Lo grave es el desconcierto de la ciudadanía, una ciudadanía multidimensional, tan mal representada por una política que sólo existe en dos dimensiones. Ya se sabe que, en el estudio de la perspectiva, las líneas rectas resultaron ser curvas.

ABC - Opinión

domingo, 15 de noviembre de 2009

Los niños de Casterlsardo. Por Arturo Pérez Reverte

Amarro en Castelsardo, en el norte de Cerdeña, y bajo a tierra a estirar las piernas, relamiéndome de antemano por los espaguetis con bogavante y la botella de tinto local que voy a calzarme en cuanto me siente en la terraza del restaurante Fofó. Me gusta mucho este pueblecito costero por varias razones. Una es que al amanecer impresiona verlo desde el mar, en la distancia, encaramado en su montaña fortificada que hasta hace sólo un par de siglos lo mantenía a salvo de los piratas. La otra es que el recuerdo de la antigua monarquía aragonesa –Cerdeña fue española en otro tiempo, como gracias a los sucesivos ministros de Educación saben perfectamente todos ustedes– sigue presente en sus viejas piedras, en las costumbres y en el habla de sus habitantes, y todo aquí tiene un aire familiar.

Hay una tercera razón, que convierte Castelsardo en uno de mis favoritos de esta parte de la isla: no está saturado de visitantes como Alghero, o Cagliari; y la Costa Esmeralda, con Porto Cervo y los megapijopuertos caros de diseño frecuentados por Flavio Briatore y esas pavas que lo acompañan por amor, Alejandro Agag, Fefé, los honrados Albertos y compañía, queda lejos, más allá de las bocas de Bonifacio. Esta otra parte de Cerdeña es más de andar por casa: señoras mayores sentadas cosiendo o charlando con las vecinas, pescadores con pinta de rufianes que todavía miran las piernas a las turistas que pasan por delante, tiendas modestas, bares humildes y cosas así. La vieja Cerdeña sigue presente aquí, dejándose reconocer –aunque no sé por cuánto tiempo– sin demasiado esfuerzo. Con Castelsardo me pasa lo que con Porto Torres, otro lugar más feo y cutre que está cerca, unas millas a poniente, junto al golfo de Asinara. Bajas a tierra, allí como aquí, y parece que estés, para lo bueno y lo malo, en la España mediterránea de los años sesenta, antes de que el ladrillo y la poca vergüenza lo destrozaran todo. Sólo falta, para creerte en la costa de Murcia o Almería, una pareja de la Guardia Civil, de esas que iban por la costa con el máuser al hombro y la cogotera verde en el tricornio.

También la gente parece más decente. Y no me refiero a honradez y cosas así, porque la condición humana en todas partes cuece las mismas habas. Hablo del modo en que se relacionan y se comportan. Los sardos, quizá por su condición de isleños, son serios de talante, respetuosos consigo mismos y con los demás; y esa manera de comportarse enlaza con muchos de mis recuerdos. Una escena a la que asisto en una de las empinadas calles del pueblo me lleva de modo asombroso al pasado: en una acera, una señora de edad amonesta a dos niños que iban en bicicleta y estuvieron a punto de atropellar a otro niño que jugaba. La señora los reprende con gravedad; y los niños, apoyados en el manillar de sus bicis, la miran muy serios, sin abrir la boca, hasta que al fin asienten respetuosamente y siguen su camino con más atención. La escena me impresiona, pues yo fui, en otro tiempo, uno de esos niños. Recuerdo perfectamente el respeto, temor incluso, con el que los pequeños aceptábamos la autoridad de cualquier persona mayor. Hasta un cachete o palo en el culo, aplicados con oportunidad, moderación y justicia por alguien que no era familiar tuyo, resultaban inobjetables. Era normal que, a menudo, vistas las circunstancias, tus padres diesen la razón a la persona mayor que te reconvenía del modo adecuado. En otros tiempos, a un niño no lo educaban sólo sus padres o maestros. Lo hacían entre todos. Y no era extraño que gente humilde, de modesta condición, tuviera hijos mejor formados en dignidad y maneras que los de clases más acomodadas. En otro tiempo, la urbanidad no era un lujo esnob, sino una forma de relacionarse con respeto. De vivir.

Sigo camino en busca de mis espaguetis con bogavante mientras veo a la señora caminar delante de mí –bata de botones estampada de toda la vida, bastón con el que se ayuda a subir la empinada cuesta–, e imagino cómo se habría desarrollado esa escena en otros lugares de Italia y, por supuesto, en nuestra España cañí. Es como si lo viera. «Hay que portarse bien, criaturas, y no atropellar a la gente», diría la señora. Por ejemplo. Y los niños, dos enanos cabrones de diez u once años, rebotándose con el descaro hoy habitual en la pequeña chusma: «Vete a mamarla a Parla, vieja pelleja. Anda y que te folle un pato loco». Quedando ahí la cosa, claro, mientras el padre o la madre de las tiernas criaturas no anduviesen cerca para amenizar el episodio. «A ver quién te manda echarle broncas a los niños, tía. Con qué autoridad te atreves. Métete en tus asuntos, tontalculo, porque a mis hijos no les riñe ni Dios. Que yo por ellos mato, cacho guarra.» Eso, en el mejor de los casos. Cabe, también, la posibilidad de que a la señora la inflaran a hostias entre toda la familia. No sería la primera vez. Ni la última.

XL Semanal

¿Barcos sin bandera?. PoJosé María Carrascal

DEJEMOS aparte a un gobierno que gobierna a base de crear problemas para tratar luego de solucionarlos, y fijémonos en nosotros, los españoles, si todavía podemos llamarnos así. Los españoles llevamos demasiado tiempo jugando con las cosas, no de comer, sino de existir, como niños que juegan con las bombas encontradas en un descampado. Todo está aquí permitido, nada está vedado, y así nos va. Si puede violarse impunemente no ya la ley, sino la Constitución, ¿por qué no puede meter la mano en la caja un alcalde o un secretario de Estado, cuando el Estado es un pitorreo? ¡Ah! Pero si las cosas vienen mal dadas, en economía, en sanidad, en el océano Índico, al primero que acudimos es al Estado para que nos saque de apuros. ¡Que no somos listos los españoles! ¿Para qué vamos a imitar a los alemanes, como quiere la ministra de Hacienda, si tenemos la fórmula para vivir como Dios? Pedir siempre, no dar nunca, y quejarnos. Sobre todo, quejarnos de esa mala madre que es España.

Ahí tienen al PNV rechazando la bandera española en todo el territorio vasco, pero pidiendo soldados españoles para defender a sus atuneros. Por cierto, ¿llevaba bandera española el Alakrana cuando fue apresado por los piratas, como asegura el abogado de los dos de ellos detenidos? No lo sabemos, pero en las imágenes televisadas que nos llegan de las islas Seychelles, otros atuneros no la llevan, llevan la ikurriña, que no está reconocida como pabellón nacional. O sea que son «barcos sin bandera», sin derechos reconocidos internacionalmente. En España se puede quemar sin el menor riesgo la bandera española, pero por ahí fuera resulta peligroso salir sin su cobijo. Son cosas que no caben en la mente estrecha de los políticos nacionalistas, pero que pasan. Y me gustaría preguntar a toda esa gente que se manifiesta para pedir la vuelta a casa de los 36 tripulantes del Alakrana, víctimas inocentes en este juego de ambiciones e irresponsabilidades, si un Estado Vasco tendría los medios para defender a sus pescadores, a sus empresarios, a sus técnicos, a sus simples turistas por esos mundos de Dios y del diablo. O, más sencillo todavía: si creen que los chicos que queman contenedores, extorsionan y pegan tiros en la nuca se embarcarían en los atuneros para defenderlos de los piratas somalíes. Porque una cosa es jugar a Estado y otra muy distinta, asumir sus funciones. Algo que no han hecho ni harán nunca nuestros nacionalistas, no porque España se lo impida, la pobre ya no puede impedir nada, sino porque la necesitan aún más que el resto de los españoles, para sacarle todo lo que puedan y denigrarla el máximo posible, que a la postre viene a ser lo mismo. Pujol recordaba el otro día la fábula del escorpión y la rana. Don Jordi siempre tan oportuno. El escorpión es un alacrán.

ABC - Opinión

Allí, para siempre. Por Alfonso Ussía

«Miré al cielo y todo estaba negro. El negro del cielo se unía con el negro de los tejados de las casas. Eran las doce del mediodía y la luz, o la falta de luz, era de noche negra. Busqué refugio en una taberna, y la cerveza que bebían los clientes, era cerveza negra. Estaba en Belfast». Esta agradable y generosa descripción se debe al talento de Robert Linley, un modesto escritor ingles de historias de viajes domésticos. Nuestros cielos cantábricos, desde los vascos a los gallegos de la cornisa norteña, aún en días de galernas, vientos noroestes locos y panzas de burro estáticas y lluviosas, son luminosos si los comparamos con los de Irlanda del Norte. Se trata de que Iñaki De Juana Chaos sea extraditado a España o no. José Antonio Vera escribió días pasados en este periódico un sagaz artículo titulado «Mejor que no vuelva». Un juez irlandés tiene en sus manos la decisión. Los abogados del criminal que ha penado en España menos de un año de cárcel por cada uno de sus crímenes, han comunicado al juez que, de volver a España, De Juana Chaos podría caer en una profunda depresión que le llevaría a la muerte. Otro chantaje más. Curiosa depresión en quien ha asesinado a veinticinco inocentes. Pero aún así, me uno a la opción de Vera. Mejor que no vuelva. En Belfast para siempre.

Si De Juana volviera a España, cumpliría o no, una breve pena de prisión. Y en unos pocos meses estaría libre. Sería el héroe de las «herriko-tabernas». Le invitarían a pinchos y chacolí, al menos durante unas semanas. De Juana y su chica, Irati Aranzábal, no podrán vivir nunca como una pareja normal. Estarían en tensión y agobio hasta en su propia casa de San Sebastián. Pero mejor el agobio en San Sebastián que la tranquilidad en Belfast. Iñaki De Juana, el asesino, ha sido tratado en las cárceles españolas como un pachá. Chantajeó al Gobierno con unas alimentadísimas huelgas de hambre. Fue vergonzosa moneda de cambio del «proceso de paz» montado por Zapatero y Batasuna. Las autoridades penitenciarias le permitían, de acuerdo con sus antojos y apetencias, compartir con Irati toda suerte de quiquis y sucedáneos, con el mérito de que ni uno ni la otra asistieron nunca a los talleres de masturbación de la Junta de Extremadura. De Juana comenzó a sentirse preso con su libertad. Y a experimentar la inseguridad en sus largos y chulescos paseos donostiarras. Sus amigos terroristas del IRA le encontraron en Belfast el nidito de amor que exigía su nueva condición de casado. Y tanto ella como él, están hasta las narices de Belfast. La depresión le ha sobrevenido por amanecer en Belfast un día sí y otro también. La recuperación del asesino será un engorro para todos. Mejor que no vuelva. Para un español, y el canalla de De Juana lo es aunque no quiera serlo, la libertad en Belfast es más cárcel que la prisión en cualquiera de los centros penitenciarios de España. No he conocido a nadie que prepare con ilusión un viaje a Belfast. Sabino Arana eligió Lourdes para su viaje de novios. Sabino buscaba un milagro que no se produjo. Poder consumar su matrimonio. De Juana creyó encontrar en Belfast su libertad inmerecida. Que la disfrute, si es que en Belfast se disfruta la libertad. Y que no vuelva. Que se muera allí.

La Razón - Opinión

Tomar nota. Por Maite Nolla

Leo en un periódico digital que los dirigentes del PP tomarán nota de quienes no acudan a la campus party de Barcelona. Los votantes deberían tomar nota de los que vayan.

Leo en un periódico digital que los dirigentes del PP tomarán nota de quienes no acudan a la campus party de Barcelona. Los votantes deberían tomar nota de los que vayan. Y es que para que no digan, me he tomado la molestia de leerme el programa de la convención y para sorpresa del personal, no existe ni una sola referencia a nada que tenga que ver con los motivos que llevaron al PP a recurrir el estatuto de Cataluña. Se va a hablar de educación (Ana Mato), de vivencias sociales ante la crisis, de empleo estable y con futuro (Javier Arenas, eterno líder de la oposición en Andalucía –debe ser por eso–), de reformas para una sociedad competitiva (Montoro), del espacio, de cultura, de ser emprendedor no significa estar sólo (con Alicia Sánchez Camacho), de los libros digitales, de instituciones para una sociedad libre (con Federico Trillo), de investigación, de deporte (con Rajoy –y no es broma, que está colgado en internet–), del cambio climático, de austeridad (con Soraya), de la sociedad del bienestar, de igualdad de oportunidades para las mujeres y de tres o cuatro vacuidades más. Léanselo, si no tienen nada más que hacer.


Es cierto que yo soy amiga de Daniel Sirera y me fastidia que le humillen, pero no busquen ustedes entre los ponentes y deponentes a Pizarro, a Esperanza Aguirre, a Paco Caja, a Carmelo González o a Xurde Rocamundi. Eso sí, mucho apellido Fernández, Montserrat o Mato, que también son una dinastía. Vamos, lo que es un partido familiar. Y no busquen una ponencia sobre el estatut, la financiación autonómica, ni una medio idea sobre que el Estado vuelva a ejercer competencias que hoy son autonómicas y que se utilizan en perjuicio de la gente. En cambio, podrán encontrar a Josep Miró i Ardèvol, seguramente como puente colgante de lo que el PP quiere hacer en el futuro y, claro, la cosa cambia, que diría Diego El Cigala.

La presidenta del PP de Cataluña y Soraya anuncian que aprovecharán el momento para pedir un pacto contra la corrupción y la reforma del Código Penal, y parece que el Gobierno les está haciendo caso. Repasemos pues, cuál fue la actividad del PP en materia de persecución de la corrupción entre 1996 y 2004. ¿Saben cuántos artículos se reformaron o introdujeron en el código en ese periodo? Uno. El 445 bis, en enero de 2000. Y, ¿saben de qué iba? Pues de la corrupción en los organismos internacionales y del tráfico de influencias como el del dúo Kofi-Koho o el que permanentemente afecta al Comité Olímpico Internacional, en el que España y los madrileños se dejan cada cuatro años unos cuantos millones de euros.

No se cambió ni una coma de los artículos relacionados con el cohecho, la prevaricación, la malversación de caudales públicos o el tráfico de influencias. Está bien que la señora Camacho proponga ahora “medidas activas” de lucha contra la corrupción, como lo llama ella. Ocho años de pasividad lo requieren.

Por cierto, antes de acabar, quiero agradecer a don José Manuel Lara que inserte publicidad gratuita de esRadio en el periódico que sostenemos a medias los contribuyentes y él. Y además, hay anuncios día sí y día también. De verdad, señor Lara, muchas gracias. Ya sabe que la empresa con la que colaboro es pequeña y que cualquier publicidad es bienvenida. No sabemos si de los dos negocios ruinosos que apoyó, el estatuto de Cataluña y un periódico en quiebra, se arrepiente más de uno que de otro, pero que se arrepiente de ambos, seguro. Pero que este detalle no emborrone mi más sincero agradecimiento.

Libertad Digital - Opinión

El pírrico Rajoy. Por M. Martín Ferrand

PIRRO, rey de Epiro, al frente de un ejército de 20.000 infantes, 3.000 jinetes, 2.000 arqueros y 500 honderos experimentados consiguió, en el siglo III antes de Cristo, una rotunda victoria sobre los romanos; pero su número de bajas fue tan alto que, mientras contemplaba el campo de batalla, en las orillas del golfo de Tarento, les dijo a sus escasos capitanes sobrevivientes: «Otra victoria como esta y vuelvo solo a casa». La ventaja que tiene Mariano Rajoy, a la vista de la Convención del PP que se celebra en Barcelona, es que ya viajó solo al territorio que pastorea Alicia Sánchez-Camacho. Se trataba, tras las turbulencias que tienen hecho unos zorros al gran partido de la oposición, de proyectar una imagen de unión y fortaleza. Ni lo uno ni lo otro.

La número dos de la formación, María Dolores de Cospedal, antes de que los acontecimientos y los gestos pudieran contradecirla, se apresuró a decir, como respuesta al significativamente ausente José María Aznar: «Tenemos un proyecto, un partido, un gran presidente y un gran líder». Lo dijo sin inmutarse, sin agitar el rímel, con la firmeza de quien no tiene dudas, pero quienes saboreamos los acontecimientos sabemos que, siendo verdad lo del partido, lo demás está en veremos. El proyecto es ignoto y el presidente transcurre envuelto en nubes de ambigüedad, nieblas de pereza, brumas de irresoluta autoridad y una calima de indecisiones que invisibilizan esa grandeza que le atribuye la secretaria general del partido.

La larga crisis que viene padeciendo el PP desde las legislativas de 2.004, en las que nos sobrevino Zapatero, tiene multitud de componentes y los más son de naturaleza autonómica. No es fácil la unidad en una España disgregada. La desafección fáctica de Esperanza Aguirre y la no menor, aunque menos ostentosa, de Francisco Camps son el paradigma que mejor resume la situación para quienes preferimos no menudear en lo morboso. La Convención de Barcelona trataba, al modo de las viejas celestinas, de recomponer las apariencias de unión y concordia; pero Rajoy volverá a Madrid como el rey Pirro después de su campaña italiana. Más solo que la una. Cuando hoy pronuncie su gran discurso, la pieza nuclear de la reunión de rabadanes -todo lo demás es campaña catalana-, Aguirre y Camps no estarán presentes. Los presidentes son fruto de la organicidad; los líderes, de la adhesión.

ABC - Opinión

Descomposición. Por José María Marco

¿Por qué hay que solidarizarse con quien ha hecho de la voluntad de distinguirse de uno el eje de casi toda su vida?

Baroja se solía burlar de los nombres de los barcos españoles y más en particular –creo recordar– de los de su tierra vasca. Apuntaba que en Francia se llaman Ma poule o Ma Belle y aquí en España Begoña y Javier, o Ave María. Lo lógico, siguiendo esta línea, es que hoy se llamaran Asier eta Itziar, o Gorka eta Patxi, pero ha debido de haber varios saltos de los que antes se llamaban cualitativos y ahora los barcos, en particular los pesqueros, llevan nombres tan sugestivos como Alakrana. Sólo el nombre merecería un tratado etno-antropológico que estudiara lo que va del matriarcado ancien régime al matriarcado alternativo, secesionista y socializado.


Y muy poco amigo de los españoles, obviamente. De las cuestiones más interesantes del secuestro del barco pesquero en el Índico es ver salir a flote, pidiendo la intervención del Gobierno español, a personas que, por lo que se ve, no han demostrado nunca mucha solidaridad ni mucha compasión con otros que han sufrido problemas de violencia parecidos, o incluso peores, a los que ellos están sufriendo ahora.

Hay quien ha argumentado que estos pescadores deberían ir a buscar la protección del Gobierno vasco. Yo no estoy de acuerdo con esta propuesta, si es que se puede llamar así. Por si sirve de consuelo a quienes la formulan, se puede argumentar, muy justificadamente, que el Gobierno español no lo va a hacer mejor que el vasco, por mucho cuerpo diplomático, judicatura, abogacía del Estado y fuerzas armadas de las que disponga.

El Gobierno central (o español según la neolengua hispanosocialista), ha tratado a los familiares, o a las esposas, de los pescadores, con la misma desenvoltura con la que ha tratado a los familiares de las víctimas de los terroristas. Según lo que esos familiares dijeron hasta que se callaron y sugirieron que todo el mundo hiciera lo mismo, han sido tratados sin el menor interés, sin la menor simpatía, sin la menor compasión. Ya sabrán cómo se las gasta el Gobierno con quienes no son de su agrado, aunque no sabemos si la lección les habrá hecho más compasivos con el dolor ajeno.

La actitud que ha tenido el Gobierno hacia las familias de los marineros es, en realidad, la consecuencia de una política. El Gobierno socialista se ha empeñado en destruir cualquier rastro de solidaridad nacional. La empresa viene de mucho antes, claro está, pero culmina en estos últimos seis años. La consecuencia es que en la sociedad española aparecen fracturas que hacen cada vez más difícil que alguien se ponga en el lugar del otro, sobre todo si sufre. Los catalanes no quieren ser españoles, muchos vascos tampoco y los españoles, por su parte, también los consideran ya extranjeros. Así todo.

¿Por qué hay que solidarizarse con quien ha hecho de la voluntad de distinguirse de uno el eje de casi toda su vida? Las concentraciones de apoyo, por ejemplo, han sido notablemente reducidas y el interés del asunto se centra mucho más en la increíble gestión gubernamental que en la suerte de los secuestrados. Al final, las familias o las mujeres de los marineros se encuentran solas ante un Gobierno que les trata como si fueran súbditos molestos. Y no les queda nadie a quien recurrir, como no sea algún sindicato que las utilizará para sus enjuagues de cursos, subvenciones y liberados.

Para cumplir su plan de darle la puntilla final a cualquier solidaridad nacional, el Gobierno ha seguido toda una línea de conducta: poner al frente de las fuerzas armadas a una pacifista ignorante del abecedario del ejército; anular la capacidad ofensiva –e incluso defensiva– de las fuerzas armadas; incluir la defensa de los barcos españoles en una operación europea que no cubre el espacio en el que trabajan estos barcos y que lleva, por cierto, un nombre de sabor poético y aspiraciones feministas.

Si a este programa se añade la incompetencia del Gobierno, su incapacidad para prever nada, la descoordinación y el general sálvese quien pueda, se encontrará escrita la minuta de una descomposición.

Libertad Digital - Opinión

Paroxismo surrealista. Por Ignacio Camacho

EL contraste más claro de la incompetencia de este Gobierno se produce cada vez que ha de hacer frente a una crisis, sea estructural como la económica o puntual como la del «Alakrana». Diseñado para la política gestual, para elaborar marcos superficiales de debate ideológico o para urdir operaciones de ingeniería social, se enreda en graves dificultades cuando se halla ante cualquier situación de emergencia que requiera decisiones tajantes u ofrezca variantes inesperadas o fuera de control. La falta de proyecto y de experiencia -pese a que ya son cinco años en el poder- provoca una acusada tendencia a la improvisación de soluciones desorientadas que a su vez van generando nuevos problemas en una desquiciada espiral de zozobra; esa manera repentista de gobernar se ha convertido en la característica más acusada del zapaterismo, al que las coyunturas críticas sitúan en un bloqueo caótico.

Ese colapso que suele atenazar al Gabinete en circunstancias de apuro ha alcanzado un punto paroxístico con el secuestro del «Alakrana»; a los habituales errores de precipitación, falta de perspectiva e incluso desconocimiento de los protocolos elementales de respuesta se ha unido en esta ocasión la evidencia de una profunda descoordinación de los resortes de poder ante la clamorosa inhibición del presidente. El azacaneo de varios ministros inclinados a actuar por su cuenta sin un mínimo de cohesión ha derivado en un choque frontal entre la titular de Defensa y la vicepresidenta del Gobierno, cuya disparidad de criterios se ha hecho visible en medio de un vertiginoso embrollo de competencias agravado por la intervención del poder judicial. La sensación de desconcierto y de desorden se ha apoderado de una opinión pública atónita por el espectáculo de un Estado en jaque ante el desafío de unos vulgares piratas asaltabarcos. Atrapado por la escandalosa confusión de sus colaboradores directos, Zapatero no ha encontrado mejor salida que la de culpar a los medios de comunicación de incrementar el embrollo y tratar de imponerles un silencio que no ha logrado establecer en su propio equipo, junto al que el ejército de Pancho Villa parecería un modelo de jerarquía, discreción, precisión funcional y disciplina de ajuste.

Sólo el riesgo objetivo que corre la vida de treinta y seis rehenes impide que este descalzaperros se convierta en el risible esperpento de un Gobierno a la deriva, enredado en su propio desbarajuste, y de una Justicia tan deteriorada en sus principios que ha llegado a plantearse el modo de burlarse a sí misma. Pero ni siquiera el siniestro suspense del rescate puede aplazar ya el asombro social ante esta exhibición de surrealismo político, que está haciendo trizas el Estado de Derecho y ha arrasado ya los últimos jirones de confianza en un Gobierno tan inoperante que ni siquiera necesita oposición para llevarse la contraria.

ABC - Opinión

sábado, 14 de noviembre de 2009

El paro extenderá "la pobreza en España durante los próximos años" PorEuropa Express

BRUSELAS AVISA A SALGADO.
La CE reitera que España será el último país de la eurozona que se recupere de la crisis. Además, avisa de que la pobreza aumentará si no se frena la subida del paro. Considera "dramática" la tasa de paro juvenil, que se sitúa en el 41,7% de la población activa. La zona euro sale de la recesión.


La Comisión Europea (CE) celebró este viernes que los últimos datos de crecimiento confirmen que tanto la UE como la eurozona salieron de la recesión durante el tercer trimestre del año, pero avisó de que el impacto de la crisis económica seguirá durante los próximos meses y se manifestará sobre todo en el aumento del paro. También reiteró que España será el último país de la eurozona que se recupere de la crisis.

La economía de la eurozona registró un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,4% en tasa intertrimestral, frente a un descenso del 0,2% registrado en el trimestre anterior, según las cifras preliminares publicadas este viernes por la oficina de estadística comunitaria, Eurostat. En la Europa de los 27, el PIB también salió de terreno negativo y aumentó dos décimas en tasa intertrimestral.

Pese a que tanto la eurozona como la UE salieron de la recesión, España siguió en territorio negativo durante el tercer trimestre del año, con una contracción del 0,3%. Esta cifra es algo mejor que lo que había previsto Bruselas (-0,4%). Para el conjunto del año, la Comisión pronostica que la economía española se contraerá un 3,7% y experimentará una caída adicional del 0,8% en 2010, seguida de una moderada recuperación del 1% en 2011.

De acuerdo con estas previsiones, la economía española saldrá de la recesión en el tercer trimestre de 2010, un año más tarde que la eurozona y la UE. "Se prevé que España sea el último miembro de la eurozona que entre en la recuperación económica", resalta el informe mensual sobre empleo del Ejecutivo comunitario publicado este viernes.

La amenaza social de la pobreza

La CE avisó también al Gobierno español de que la pobreza se extenderá durante los próximos años si no logra frenar la subida del paro, que afecta ya al 19,3% de la población activa, una tasa que duplica la media comunitaria y es la segunda más alta de la UE, sólo superada por Letonia. El Ejecutivo comunitario calificó además de "dramática" la tasa de paro juvenil, que se sitúa ya en el 41,7% de la población activa.

"El desempleo es un impulsor clave de la pobreza en España, por lo que poner freno a la destrucción de más puestos de trabajo será vital para evitar que la pobreza se extienda durante los próximos años", resalta el informe mensual sobre empleo hecho público hoy por la Comisión.

Casi el 50% de los hogares sin empleo en España son relativamente pobres, frente al 37% de media en los países de la OCDE, según los datos de esta organización citados por el Ejecutivo comunitario. Además, el 90% de los españoles tiene dificultades para obtener una hipoteca, y el 78% ve problemas para lograr un crédito, los porcentajes más altos de la UE, según los datos del Eurobarómetro.

Bruselas destaca que, tras impactar inicialmente en el sector de la construcción, la contracción económica "se siente ahora con fuerza en la mayoría de los sectores, especialmente servicios, agricultura, construcción e industria manufacturera". Y avisa que el fuerte aumento tanto del desempleo como del déficit público "puede traducirse en un elevado paro de larga duración y un grave empeoramiento de la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas".

Hacia el 20% de paro

El paro seguirá subiendo en España en 2010 (hasta alcanzar el 20% de la población activa) e incluso en 2011 (20,5%), aunque la recuperación ya se haya iniciado, según las previsiones de la Comisión. Además, "se prevé que España sea el último país de la eurozona que entre en la recuperación económica", ya que mientras que los países que comparten la moneda única crecerán un 0,7% en 2010, la economía española se contraerá un 0,8% antes de experimentar en 2011 una moderada recuperación del 1%.

Por lo que se refiere a las medidas adoptadas por el Gobierno para frenar el aumento del paro, especialmente el Fondo de Inversión Local, el informe señala que los aproximadamente 400.000 empleos creados "son temporales y se han utilizado para preservar puestos de trabajo existentes". La dualidad del mercado laboral español se visto acentuada por la recesión. Los empleos temporales representan el 90% de toda la destrucción de puestos de trabajo entre junio de 2008 y junio de 2009, según los datos de la OCDE citados por el informe.

Libertad Digital

Paripé sindical. Por Emilio J. González

La medida alemana es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

¿Alguien esperaba algo de una nueva ronda del diálogo social? Francamente, yo no. Todo esto no es más que parte del paripé que se han montado el Gobierno y los sindicatos para dar la sensación de que hacen algo para combatir la crisis económica y la destrucción de empleo, cuando la realidad es muy distinta. Y si hoy los sindicatos se tienen que sentar a hablar con las empresas van a tener que empezar a debatir cuestiones que pueden sacarles los colores y prefieren seguir haciendo como hasta ahora: lanzar ideas para que un Corbacho siempre dispuesto a plegarse a sus deseos las recoja y trate de convertirlas en medidas gubernamentales.


El caso más reciente es la propuesta de Comisiones Obreras de que España haga como Alemania, donde los trabajadores han aceptado reducir su jornada laboral para mantener los puestos de trabajo y el Estado les cubre la diferencia entre el sueldo que perciben por menos horas de trabajo y el que obtenían antes de la reducción. Con ello, Alemania por ahora ha evitado que se disparen las cifras del paro, pero la realidad de la economía alemana es muy distinta a la española, donde resulta del todo punto imposible aplicar semejante política. ¿Por qué? En primer lugar, porque España, con un déficit y un endeudamiento públicos galopantes ya no tiene margen presupuestario alguno para hacer nada, después de que el Gobierno haya tirado el dinero como lo viene haciendo desde antes incluso de la crisis. En segundo término, porque Alemania ya empieza a poner rumbo hacia la recuperación económica, con lo que dicha medida tiene un horizonte temporal corto, mientras que en España, en el mejor de los casos, los primeros atisbos de recuperación no se producirán hasta 2012 y, desde luego, no bastarán ni para crear empleo ni, tan siquiera, para poner coto a la sangría del paro. Dos años es mucho tiempo para que el Estado pueda financiar semejante política cuando, además, no tiene un solo euro en sus arcas.

Por último, Alemania es un país de grandes empresas, que tiene capacidad para mantener sus plantillas con menos horas de trabajo y se recuperarán tras la crisis y volverán a ser capaces de mantener altos niveles de empleo, mientras que España es un país de pequeñas y medianas empresas que carecen de la capacidad de conservar el empleo y se ven amenazadas por la posibilidad de quebrar porque carecen de potencia financiera para aguantar el tipo y porque no tienen acceso alguno a una financiación que está devorando el Estado con ansiedad. Así es que la medida es inaplicable a nuestro país, pero es lo que se les ocurre a los sindicatos para evitar tener que hablar de lo que no quieren, esto es, de la reforma laboral que precisa España.

A los sindicatos empieza a preocuparles la situación socioeconómica española, básicamente porque como ya se han destruido todos los empleos temporales, ahora el paro ya está afectando a los trabajadores con contrato fijo que son quienes, en última instancia, los sostienen con sus afiliaciones, escasas y decrecientes, y con su participación en las elecciones a comités de empresa, en las cuales muchos delegados se presentan bajo las siglas de UGT y CCOO sin ser afiliados de las mismas, lo que permite a ambas centrales mantener la ficción de que son representativas. Estos trabajadores con contrato fijo son los que ahora, ante la pasividad de Méndez y Toxo y su connivencia con un Gobierno que no hace más que empeorar la situación económica día a día, pueden volverse contra los sindicatos. De ahí su preocupación por dar la idea de que hacen algo cuando no es así. Por ello hablan de reducción de jornada a la alemana y por ello, también, han dejado que se extienda la idea de que se puede retomar el diálogo social, como si eso fuera a resolver algo.

Por desgracia, y tal y como están las cosas, a estas alturas ya no vale con decir que los sindicatos van a sentarse con la patronal a la mesa de negociaciones y no hacer nada más, porque la sociedad española ya está cansada de palabras huecas, sin contenido, y reclama soluciones. Unas soluciones que los sindicatos se niegan a debatir porque su posición no es pragmática, sino ideológica, y lo que hay que hacer en este país va en contra de las ideas equivocadas que defienden. Por ejemplo, hoy por hoy, con el 47% de los jóvenes en paro, es más necesario que nunca el acabar con el salario mínimo interprofesional para que puedan tener una oportunidad de ingresar en el mercado de trabajo, algo que nuestros sindicatos jamás van a aceptar. De la misma forma, es preciso abaratar el coste del despido en los nuevos contratos, que no en los ya existentes, para facilitar que las empresas puedan incorporar nuevos trabajadores en sus plantillas, a lo cual la respuesta sindical es un "no" más que amenazador. Y eso por no hablar ya, por ejemplo, de todo lo que tiene que ver con la movilidad laboral; ¿cómo se explica que, con los actuales niveles de paro, haya miles de puestos de trabajo sin cubrir en la agricultura?

Todas estas cuestiones, junto con la congelación e, incluso, reducción de los salarios, son las que tienen que tratarse en el diálogo social. Pero diálogo implica disposición a conversar y los sindicatos no la tienen cuando se trata de estas materias. Con lo cual no es de extrañar que Toxo haya enfriado las expectativas en torno al diálogo social. Mientras el Gobierno siga siendo prisionero de su temor a que los sindicatos le convoquen una huelga general y éstos persistan en su actitud de negarse a defender de verdad a los trabajadores y sus derechos, mientras perciben millones y millones de euros del Gobierno para tener la boca callada, aquí jamás podrá haber diálogo social. Y el tiempo de hacer el paripé por parte de las centrales ya ha pasado, porque no se pueden seguir creando falsas expectativas en una sociedad que pide a gritos soluciones contra el paro, porque las cosas pueden estar a punto de volverse contra UGT y CCOO.

Libertad Digital - Opinión

¿Y qué ha sido de nuestras instituciones?. Por Angel Expósito

Asistimos a una patética «desinstitucionalización» en España que parece no tener fin. Podemos poner sobre el tapete varios ejemplos y seguro que olvidamos algunos:

El Tribunal Constitucional ni está ni se le espera, y en la memoria ciudadana permanece como foto fija su presidenta abroncada por Fernández de la Vega; el Estado Mayor de la Defensa es ninguneado por una decisión política en contra de cualquier estrategia militar; la reforma de RTVE se plantea sin que su presidente sepa ni «mu» y la Audiencia Nacional emite un insólito comunicado contra el Gobierno, por no hablar del Consejo de la Energía o del Consejo de las Telecomunicaciones. Y para colmo, en otro plano, Laporta dejará al Barça sin un solo socio fuera de Cataluña; y del Real Madrid, mejor me callo.

Algo está pasando, y muy grave, cuando un Estado hace que sus instituciones pierdan su honor poco a poco. Esta «desinstitucionalización» paulatina resulta peor que su propia desaparición.


ABC - Opinión

viernes, 13 de noviembre de 2009

Gran inversión. Por Alfonso Ussía

La directora general del Instituto de la Mujer de Extremadura –título larguísimo–, doña María José Pulido, ha invertido14.000 euros en el fomento de las pajas. Ha presentado el proyecto en compañía de la presidenta del Consejo de la Juventud, doña Laura Garrido. Talleres de masturbación femeninos. Una «demanda social basada en el derecho de los adolescentes a ser informados sobre este tema». También «actividad lúdica y formativa», y «desarrollo e interiorización de hábitos saludables». Desde que el mundo es mundo ha existido la masturbación, pero esto de Extremadura, además de un despilfarro es una cursilería cerdita. ¡Qué lenguaje! Y además, nada originales las señoras Pulido y Garrido. En el socialismo se fomenta el autogozo desde muchos años atrás. También copionas. De doña Matilde Fernández cuando era ministra con Felipe González.

Corría el año 1992, y doña Matilde había negado una ayuda de 40 millones de pesetas a las Víctimas del Terrorismo. Simultáneamente, su Ministerio subvencionaba una publicación, «La Boletina», también centrada en el pajerío femenino. Una cochinada más cursi aún que la de Extremadura. «La Boletina» cerraba su publicación con un poema de la poetisa mejicana Rosa María Roffiel que no tiene desperdicio, por ser un desperdicio total. Pero antes, se informaba a las jóvenes españolas con ganas de autogozarse el chichamen de cosas tan interesantes como la que sigue: «Hay que aprender a examinar nuestros pechos y nuestra genitalia». Si Alitalia es la compañía aérea italiana, la genitalia será el conjunto de chichis de las italianas. Pero no. Se refería a las españolas, que a partir de aquel momento se examinaron más los pechos y la genitalia para progresar adecuadamente en la modernidad. A las señoras Pulido y Garrido se les ha olvidado referirse a la genitalia, y se conforman con las conocidas pajas de toda la vida, objetivo social de los 14.000 euros que han volado entre grititos y suspirillos que se hubieran producido igualmente sin necesidad de invertir los 14.000 euros. O no, que en esto de las pajitas femeninas saben más doña María José y doña Laura que este servidor de ustedes, que después de examinarse concienzudamente sus pechos y su genitalia ha llegado a la conclusión de que no tiene cómodo acceso a los 14.000 euros pajilleros. Y les ha fallado también el poemario de Rosa María Roffiel, seguramente por culpa de la incultura poética de doña María José y doña Laura, a las que recomiendo desde aquí la urgente adquisición de cualquiera de sus libros. Versos elegantes, limpios y sencillos, como los de su escalofriante poema «Gioconda»:
«Mi vulva es una flor,
es una concha,
un higo,
un terciopelo,
es color rosa,
suave, intima, carnosa.
A mis doce años le brotó la pelusa,
una nube de algodón entre mis muslos.
Es mi segunda boca,
mis cuatro labios,
y siente, vibra, sangra, se enoja, se moja, palpita y me habla».

Poema digno de ser recitado durante los talleres de masturbación femenina que tanto emocionan a doña María José y doña Laura. Extremadura ha alcanzado el progreso.

La Razón - Opinión

Un tapado en el armario. Por Emilio Campmany

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem capaz de regenerar las instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía (Rato).

Supongamos que Esperanza Aguirre se convenció hace unos meses de estas cosas: primero, que Rajoy no llegará vivo a 2012 y si llega, será para perder; que su caída abrirá la lucha entre ella y Gallardón; y que vencerá quien de los dos tenga más apoyos en el partido. Supongamos que entonces reflexionó sobre cómo asegurarse esos respaldos. Supongamos que pensó que las adhesiones, en los partidos, provienen sobre todo de las lealtades personales, de la capacidad de obtener financiación para las elecciones y del predicamento que se tenga entre el electorado. Supongamos que entonces la presidenta de la Comunidad de Madrid calculó que cuenta con muchos leales entre los cuadros medios del partido, pero que éstos podrían estar dispuestos a traicionarla si perciben, con razón o sin ella, que Gallardón tiene más respaldo económico y más carisma entre el electorado.


Supongamos que entonces Esperanza Aguirre se preguntó qué hacer. Supongamos que decidió que necesitaba vencer en Caja Madrid para tener casi tanto poder económico como Gallardón. Sin embargo, esto podía no ser suficiente si Gallardón convencía al partido de ser más atractivo para el electorado. Supongamos que Aguirre pensó entonces que la crisis económica ofrecía la oportunidad de ser mucho más carismática que el alcalde manirroto si, junto a su atestiguada costumbre de ser comedida en el gasto, era capaz de presentarse con un aliado que ofreciera garantías de ser capaz de reanimar la economía española. Quién mejor que Rodrigo Rato, que ya la había recuperado antes. El que Gallardón, en su soberbia, no perciba que en este momento necesita a un aliado que ofrezca solvencia en la gestión de las cuentas públicas y crea que con Cobo tiene bastante no hizo más que añadir ventajas a la decisión de buscar la alianza de Rato.

Supongamos que Esperanza Aguirre negoció con Rato y ambos decidieron unir los dos elementos de la estrategia colocando a Rato en Caja Madrid. Desde allí, Rato podría ofrecer tanta financiación electoral al partido como la que pueda proporcionar Gallardón y, a la vez, hacer propuestas económicas con las que ir empezando la campaña contra Zapatero. Supongamos que el primer intento de colocar a Rato salió mal porque Rajoy no aceptó a uno que podría utilizar la plataforma para hacerle sombra. Y supongamos que entonces Aguirre decidió proponer a quien suscitara la airada oposición de Gallardón, esto es, a alguien de su absoluta confianza, Ignacio González, con el fin de que su obstinación en el veto allanara el camino a Rato. Supongamos que entonces Rato acertó a conseguir que desde Moncloa y otros núcleos de poder se susurrara al oído de Rajoy su nombre. Y supongamos, finalmente, que Gallardón, convencido de la neutralidad del ex vicepresidente del Gobierno y a la vista de que Aguirre lo acepta sólo a regañadientes, resolvió ofrecer su nihil obstat.

Supongamos que a partir de entonces Aguirre y un Rato salido del armario en el que estaba tapado empiezan a trabajar de consuno para ofrecer a España un tándem con visos de ser capaz de regenerar las maltrechas instituciones democráticas (Aguirre) y la hundida economía española (Rato). Y supongamos, para terminar, que este tándem, tras desbancar a Rajoy y derrotar a Gallardón en la lucha interna del PP, es capaz de vencer a Zapatero o a quien en el PSOE le suceda en 2012.
Ya sé que es mucho suponer, pero ¿a que suena bien?

Libertad Digital - Opinión

A masturbarse tocan. Por José María Carrascal

DEBERÍA de hablarles de los presupuestos y de la financiación autonómica, pero ¿qué voy a decir de unos presupuestos que hasta quienes los apoyan los critican -el PNV- y de una financiación que privilegia a los ricos en detrimento de los pobres? Así que voy a hablarles de esa disposición de la Junta de Extremadura para enseñar a los jóvenes extremeños a masturbarse. No por afán humorístico o pornográfico, sino como reflejo de nuestro flamante socialismo.

Rodríguez Ibarra quería que todos los niños extremeños se convirtieran en informáticos. Su sucesor se contenta con que manejen sus dedos para darse gusto a sí mismos, que es una actividad bastante más placentera y mucho más barata. Productiva ya es otra cosa, pero no sólo de productividad vive el hombre, nos contestará el señor Fernández Vara con toda razón.


No crean que está solo en esta interpretación de la política. Se limita a seguir la línea de toda la izquierda europea durante las últimas décadas. Desplomado el muro de Berlín, desmoronada la Unión Soviética y enviado al trastero el mito de la revolución, ¿qué le queda a la izquierda? Viene intentándolo todo, sin conseguir nada. La «tercera vía» fueron unos bonitos fuegos artificiales que duraron lo que duraron. La vuelta al socialismo militante ha terminado en rotundos fracasos electorales en Alemania y Francia. La alianza con los Verdes, en viaje a ninguna parte, y el abrazo con los ex comunistas, en receta para el suicidio. Así que la izquierda se ha refugiado en la llamada «revolución cultural», que tiene de revolución lo que un «yuppie» tiene de revolucionario, y de cultural, lo que un «hippy» tiene de erudito. La revolución cultural no ha sido más que el epílogo de la revolución burguesa, la traca final de la misma, manteniendo su estructura económica, pero ofreciendo barra libre en materia de costumbres, es decir, saltándose todos los convencionalismos que venían sirviendo de freno a la sociedad burguesa. No trajo la nacionalización de la banca, de las empresas, ni de los latifundios; al revés, privatizó muchas empresas estatales, lo que desde un punto de vista marxista es más antirrevolucionario que revolucionario. Trajo, en cambio, el divorcio exprés, el aborto a la carta, los matrimonios homosexuales y cosas por el estilo, mucho más relacionadas con el individuo en particular que con la sociedad en su conjunto, que supuestamente es la primera preocupación del socialismo.

Eso ocurrió hace 40 años en el mundo y, algo después, en España. Zapatero quiere darnos ahora otra ración de ello, a falta de otra cosa que ofrecernos: más abortos, más divorcios, más píldoras anticonceptivas, mezclado con la «memoria histórica», condimento antifranquista de todas sus salsas, a modo de bálsamo de Fierabrás. Fernández Vara le añade la asignatura de la masturbación. Eso si es elevar el nivel educativo.

ABC - Opinión

La errática estrategia del Gobierno contra los piratas

El Ejecutivo carece de una estrategia definida para liberar a la tripulación y va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Aunque, siguiendo el criterio de la Navaja de Ockham, lo más probable en el caso de los piratas somalíes detenidos era que Garzón hubiese vuelto a meter la pata anteponiendo su afán mediático a cualquier otra consideración, parece ser que, en esta ocasión, la responsabilidad no le corresponde al "juez estrella", sino al Gobierno y, en concreto, a su vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega.


Señala la Audiencia Nacional en una nota de prensa que "ningún juez de la Audiencia Nacional reclamó la competencia del caso Alakrana", sino que "una vez presentada la denuncia por la Abogacía del Estado, se resolvió sobre la competencia previo informe del Ministerio Fiscal". Dicho de otra manera, fue el Gobierno quien requirió el traslado urgente a España de los dos piratas detenidos, Abdu Wiilly y Raageggesey Adji Haman.

Debería haber parecido evidente desde un comienzo que una decisión de tamaña trascendencia iba a tener rápidas consecuencias sobre el proceso negociador y el Ejecutivo debería haberse planteado si estaba dispuesto a digerirlas desde su tradicional postura de parálisis e indefinición. La propia célula de crisis que decidió detener a los piratas y traerlos a España, presidida por De la Vega, contó de hecho con un informe del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas donde ya se advertía con claridad de que ante semejante decisión los piratas podrían reaccionar elevando la tensión y las amenazas.

Ignorando el informe técnico, el Gobierno no vaciló demasiado en tomar por unanimidad una rápida y delicada decisión que cerraba numerosas opciones dentro de un proceso de negociación ya inevitable como consecuencia de las reticencias socialistas a rescatar militarmente a los pescadores secuestrados.

Lo grave del asunto, con todo, no ha sido ya la precipitación y la ausencia de perfil técnico de una decisión más política que táctica, sino la incapacidad del Ejecutivo para ser consecuente con las decisiones adoptadas. Una vez trasladados los piratas a España, habría sido de esperar que nuestros mandatarios estuvieran dispuestos a resistir cualquier previsible represalia de los piratas. No ya porque no tiene mucho sentido dar un golpe sobre la mesa negociadora sabiendo de antemano que a la mínima nos volveremos a sentar acobardados en ella y casi pidiendo disculpas.

El Gobierno debería haber tenido en cuenta, sobre todo, que nuestro sistema judicial es formalmente independiente, de modo que una vez llevados a disposición judicial los detenidos, la decisión tendría una muy complicada marcha atrás; a menos, claro está, que se pretenda forzar una vez más las instituciones democráticas y debilitar el Estado de Derecho.

Al final, por consiguiente, resulta que el negociador en el que se ha convertido el Ejecutivo por voluntad propia carece de una estrategia definida y clara para alcanzar el resultado supuestamente pretendido –la liberación de la tripulación– y que va tomando decisiones desligadas, inconsistentes y en permanente revisión, agravando la ya de por sí lamentable situación de los secuestrados.

Muy mal han de estar haciéndose las cosas cuando en unos pocos días se siguen criterios prácticamente contradictorios sobre asuntos esenciales dentro del proceso negociador y cuando esa contradicción no es fruto de un cambio inesperado de las circunstancias concurrentes, sino del efecto previsible que esas decisiones iban a tener. Y mientras prosigue esta caótica estrategia, los pescadores españoles ya llevan más de 40 días apresados.

Libertad Digital - Editorial

jueves, 12 de noviembre de 2009

La mala educación

EL sistema educativo español tiene el estigma del fracaso escolar y se encuentra en el furgón de cola europeo. El mercado laboral se resiente de la falta de cualificación y los próximos Presupuestos recortan las partidas para educación e investigación y desarrollo. Pero los jóvenes extremeños de entre 14 y 17 años no deberían preocuparse, porque van a disponer de una formación sexual avanzada gracias a la campaña financiada por la Junta de Extremadura para difundir técnicas de masturbación. El título de la campaña, «El placer está en tus manos», lo dice todo sobre la finalidad de un proyecto que cuesta 14.000 euros a los ciudadanos, no sólo de Extremadura, sino de toda España, porque de la solidaridad también hay que acordarse para pedir cuentas. Puede que se considere puramente anecdótico este episodio, pero no lo es, porque se suma a esa cadena interminable de fondos malversados por las administraciones públicas para proyectos absolutamente inútiles desde el punto de vista social, pero lesivos en otros órdenes.

Al mal gusto y a la procacidad de la campaña se añade la impertinencia de la invasión pública de la esfera más íntima de los jóvenes, usurpando un espacio propio de la educación familiar, como es la sexualidad, que, además, en esta iniciativa de la Junta extremeña, es enfocada desde una perspectiva puramente física y amoral. Por si hubiera alguna duda al respecto, los contenidos de la campaña han sido subcontratados a una tienda de productos eróticos llamada «Los placeres de Lola», marca comercial que no remite precisamente a una institución docente.

Para agravar el despropósito, los promotores de esta campaña, el Consejo de la Juventud y el Instituto de la Mujer de la Junta de Extremadura, se justifican con el manoseado argumento de la lucha contra los «estereotipos» y la «discriminación de género», como si algo tuviera que ver la masturbación con todo esto. Más deberían preocuparse por la complacencia de una parte de la juventud hacia la violencia de género y reflexionar sobre la pérdida de valores que conduce a la falta de respeto entre hombres y mujeres. La banalización de la sexualidad entre los jóvenes, como la que alienta la Junta de Extremadura, tiene mucho que ver con la despersonalización de las relaciones humanas y el menosprecio hacia cualquier propuesta educativa basada en la exigencia de responsabilidad y madurez. Luego nadie debería sorprenderse por las consecuencias que causa este tipo de modelo de juventud que propone, promueve y financia la Junta de Extremadura.

ABC - Editorial

Los modernos soldados estropeados. Por Pedro Baños

Afganistán. 50 kilómetros al noreste de Kabul. Siete de la mañana del viernes 4 de septiembre de 2009. Una sección del ejército francés asegura la ruta que enlaza Bagram con la base adelantada de Nijrab. Inesperadamente, un artefacto improvisado explosiona. Muere un soldado galo. Otros nueve quedan heridos, cuatro de ellos muy graves. Horas después, en Francia comienzan las honras fúnebres, los actos de reconocimiento al caído. Como en las demás sociedades avanzadas y democráticas, con cada baja propia se reabren debates políticos, se desasosiegan las conciencias populares.

Pero nadie habla de los heridos. Sus nombres no aparecen en los titulares. Nadie les glorifica. No se les cantan loas ni se glosa sus gestas. Sin embargo, en los conflictos actuales, y en los previsibles futuros, cada vez hay un mayor número de soldados heridos con respecto a los muertos. Gran parte de ellos, de extrema gravedad. Durante los siglos XVIII y XIX, la relación entre muertos y heridos -graves y muy graves- como consecuencia de la acción era de 1/1,5. En la Primera Guerra Mundial fue de 1/2. A partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta el año 2000, fue subiendo paulatinamente hasta 1/4. En la actualidad, se está en cifras próximas a 1/9, sin incluir los accidentados ni los enfermos. En Afganistán, la relación de bajas soviéticas entre 1979-1989 fue de 1/3,5. Los últimos datos oficiales de norteamericanos y británicos superan el 1/7. La inmensa mayoría de ellos del Ejército de Tierra y los Marines.

Influye la mejora de la eficacia de los servicios sanitarios y la aplicación masiva de innovaciones farmacéuticas y tecnológicas. Incluida la aeroevacuación. Durante su participación en Irak, el ejército británico realizó 1.971 evacuaciones aéreas. En Afganistán, hasta el pasado 30 de septiembre había realizado 2.649. Pero la diferencia fundamental la establece el dramático aumento de acciones adversarias en las que los explosivos son los protagonistas. La OTAN reconoce que los artefactos explosivos improvisados -conocidos como IED, por su acrónimo en inglés-, se han convertido en la principal amenaza en Afganistán, en el arma preferida de los irregulares, provocando la mayor parte de las víctimas. Estos IED adoptan formas de lo más variado. Un vehículo -coche, moto o bicicleta- cargado de explosivos, una bomba colocada en una ruta o incluso un suicida.

Replicando el éxito de estos artefactos en Irak (donde en junio de 2007 explosionaron 2.588, matando a 83 soldados norteamericanos e hiriendo a 572), en lo que va de 2009 se ha triplicado el número de víctimas por IED en Afganistán con respecto a 2008. Sólo durante el pasado mes de julio, hubo más de 1.000 incidentes. En septiembre, de las 860 acciones con IED, 106 tuvieron el éxito perseguido, causando el 75% de las bajas internacionales.

Las ventajas de su maneja son notables: facilidad de empleo, gran cantidad de víctimas, poderoso efecto mediático y psicosis entre las tropas. Sobre todo si actúa un suicida. Práctica introducida por extranjeros, pero que cada vez tiene más adeptos afganos. Es fácil esconder un IED en las carreteras y calles sin asfaltar afganas. Incluso la principal vía asfaltada, la Ring Road, que une Kabul con las principales urbes, tiene tantísimos recovecos en sus más de 3.000 kilómetros que es sencillo ocultarlos. Las circunstancias atmosféricas también favorecen el enmascaramiento, desde la nieve a las tormentas de arena.

Explosivos no faltan. Se extraen de las ingentes cantidades de minas contracarro, proyectiles de artillería de todos los calibres y bombas de aviación de la época soviética escondidas en escondrijos ilocalizables. O se consiguen a través de las permeables fronteras, merced a los 3.400 millones de dólares anuales obtenidos suministrando el 93% del consumo mundial de opio. E incluso aprovechando el nitrato amónico de los fertilizantes. La explosión de un IED provoca desgarros severos y llega a amputar las extremidades. Revienta los órganos internos. Deja sordos y sin globos oculares. Los cascos actuales, cuyas aleaciones de acero han sido sustituidas por material sintético -polietilenos y poliaramidas-, son mucho más resistentes a todo tipo de impactos. Los chalecos de protección, antibalas y antifragmentos, se han generalizado en todos los escenarios. Ambos consiguen una notable reducción de los muertos, pero no impiden las heridas graves ni las mutilaciones.

Encima, las incrementadas cifras de heridos no incluyen a los soldados que ante estos hechos pierden la estabilidad mental. Una herida invisible, indetectable, pero indeleble, que suele requerir de largos tratamientos. Militares que cuando regresan al hogar se deben enfrentar a una nueva batalla, aún más terrible, ante sus miedos, sus recuerdos, sus fantasmas. El «Trastorno por estrés post-traumático» (TEPT) no se genera sólo al participar directamente en enfrentamientos armados. También se produce por haber estado bajo fuego adversario, resultar herido, mover cuerpos de muertos y mutilados, o conocer que alguien cercano ha fallecido. Situaciones crudas y violentas muy habituales en las misiones actuales -incluso en las relacionadas con la paz-, donde es muy difícil distinguir los ambientes seguros de los peligrosos. TEPT provocado igualmente cuando no se dispone de armamento para responder legítimamente a una agresión, o el empleo de los medios de defensa está severamente limitado por las reglas de enfrentamiento.

En definitiva, cada vez hay más soldados con deterioro físico y psicológico, muchas veces ignorados, siempre pronto olvidados. Se les debe el justo reconocimiento, pero se les regatean condecoraciones, se les obvian los honores. No es sólo cuestión de compensaciones económicas; faltan las morales. Convertidos en una carga para sí mismos, pero también para su familia, para sus más allegados. En no pocas ocasiones la convivencia se torna complicada y tortuosa. Pero difícil es que los esforzados familiares reciban reconocimiento alguno por el sacrificado servicio a su Patria que realizan cuidando de los heridos que tanto a ésta entregaron. El Ejército británico ha instituido una medalla, la Cruz Elizabeth, para las situaciones en que fallece un soldado en operaciones o como resultado de un acto de terrorismo. No es una medalla a título póstumo para los caídos, sino un reconocimiento a sus allegados por la trágica pérdida, así como por el sacrificio y la carga que supone su ausencia para la familia. Sin embargo, nadie parece considerar que al menos el mismo reconocimiento deberían tener los familiares que cuidan y ofrecen todo su apoyo a los soldados quebrados.

Quizá sea la ocasión propicia para recuperar los Cuerpos de Inválidos y Mutilados, que en España tienen sus orígenes en el siglo XVI, en disposiciones de Carlos I. Cuerpos específicos a través de los cuales los militares estropeados puedan seguir integrados en la milicia, vestir el uniforme por el que tanto han dado y perdido. Acceder a instalaciones militares junto con los compañeros a cuyo lado padecieron y combatieron. Continuar siendo miembros de la misma hermandad, a la que un día les dijeron que, una vez que se entra, nunca se abandona ni te abandona.

La ofrenda a los caídos ha sido y siempre será un deber de toda la sociedad ante los que hicieron el sacrificio máximo para proteger el modo de vida y garantizar el futuro de su pueblo. Pero no se puede olvidar a los modernos soldados estropeados ni a sus familias, a quienes reconocer a diario es una exigencia; homenajear periódicamente en actos específicos, una necesidad urgente.

ABC - Opinión

Ser comunista. Por Raúl Vilas

Es difícil, incluso en España, aun en las páginas de El País, hasta en una dirigente de IU, encontrar un ejercicio semejante de apología del totalitarismo como el de Esther López. Es tan mala, sí, tan mala como La Pasionaria, aunque mucho más tonta.

Apenas quedan vestigios de la pared de hormigón con la que se dieron de bruces los anhelos de libertad de miles de alemanes. Las televisiones los muestran estos días como un souvenir, una atracción turística. Difícil ver más allá en una sociedad tan mediatizada por las imágenes, servidas como papilla para que el público no tenga que hacer el esfuerzo de digerirlas. El nombre que se ha dado a la efeméride es revelador: la caída del Muro. Como si hablásemos de un seísmo o un episodio de aluminosis.


El muro fue derribado por las políticas combativas con el comunismo de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, entre otros. Fue una victoria de la libertad, no un fenómeno natural. Esa es la clave para entender lo que pasó y sacar lecciones de cara al futuro. Porque, no lo olvidemos, la libertad sigue siendo un bien escaso en el siglo XXI. Quedan muchos muros en pie y esperar a que se caigan sería un gran error. Lo dijo Edmund Burke: "Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada".

Sobran los ejemplos en la historia y en la actualidad. Mientras Chávez acumula armas y amenaza con incendiar Iberoámerica, desde este gran sofá que es Occidente le reímos las gracias. Proliferan los chamberlains y no los churchills. Las "lecciones de la historia" se quedan en una frase más o menos vistosa, o un mero reclamo para los editores.

El derribo no ha bastado para desterrar de Europa las ideas comunistas. Aún persiste una escombrera moral e intelectual que ha quedado retratada en la entrevista conjunta que publicaba El País al eurodiputado comunista Willy Meyer y una joven militante del PCE: Esther López, arqueóloga de profesión, y disfrutando ya a sus 26 años de un carguito en IU. Si el futuro del comunismo patrio pasa por ella, sólo podemos confiar en que el estropicio de Llamazares es irreversible o echarnos a temblar.

Es difícil, incluso en España, aun en las páginas de El País, hasta en una dirigente de IU, encontrar un ejercicio semejante de apología del totalitarismo y desprecio por la libertad como el de esta chica. Es tan mala, sí, tan mala como La Pasionaria, aunque mucho más tonta. Incluso en la defensa del crimen hay clases. Porque, esto y no otra cosa, es lo que hace Esther López. Bastan dos ejemplos:
Cuando los últimos fusilamientos pedimos al gobierno cubano que no los realizara. Pues claro. Pero a ver... ¿Eso mancha un régimen para siempre? Pues es que hay determinadas acciones que son cualitativamente más importantes que el hecho de que hubiera una excepcionalidad de un fusilamiento.

Esas detenciones [las de los dirigentes proetarras] no se sostienen. Si se acaba con la vía política, la única que les vamos a dejar a los independentistas va a ser la terrorista. No se puede detener tan alegremente porque entonces pierdes la razón, así se enquista el conflicto. Son detenciones arbitrarias, un ataque. Por eso decía que claro que hay presos políticos en España.

¿Qué es ser comunista en 2009?, preguntaba El País. Ahí lo tienen.

Libertad Digital - Opinión

A callar. Por Hermann Tertsch

«SE callen, coño». Esa es la orden tejerista que se ha escuchado con rotundidad por parte del poder ante la indignación, el desasosiego y el miedo de los familiares por la suerte de la tripulación de nuestro atunero en aguas del océano Índico. Y parecen haberlo conseguido en gran parte. Es lo más efectivo que ha hecho este Gobierno desde que comenzó la crisis del secuestro del Alakrana, que, por supuesto en un principio, en La Moncloa y en el Ministerio de Exteriores consideraron poco más que un incómodo incidente. Con el que además hacer infantil propaganda al inducir a la abogacía del Estado a indicar a su vez al juez Baltasar Garzón lo bonito que quedaría traerse acá a dos piratas y combinar un espectáculo de garantismo con una firmeza jamás existente.

Cuando hace una semana los desesperados pescadores, por boca de su patrón, denunciaron la desidia e indiferencia del Gobierno y pidieron movilizaciones a sus familiares y la llamada desesperada a los medios de comunicación, nuestros gobernantes entraron en pánico. Y su máxima prioridad desde entonces ha sido hacer callar a los familiares, amigos, compañeros y población solidaria con los secuestrados. Si en el primer momento se hubieran tomado algo más en serio la captura de 36 compatriotas por unos piratas que son terroristas en una multinacional del crimen organizado, quizá se habrían abierto otras opciones. Pero todos parecían muy tranquilos porque con ceder ante la exigencia del rescate todo se podría resolver como una segunda versión del secuestro del Playa de Baquio. Se paga a los piratas, se les deja huir impidiendo a la Armada intervenir para su captura y cinco días después nadie en España habla de ello. Las cosas se torcieron. Pero el Gobierno éste no tiene el menor empacho de contar sus milongas y pretender que todo va bien, en esta crisis como en todas las demás. Quien haya visto al ministro de Asuntos Exteriores de España y Cuba, Miguel Ángel Moratinos, diciéndonos que a los secuestrados no les falta de nada y que, más allá de las molestias, cierta irritación e incomodidad «están bien», puede indignarse un poco más o simplemente resignar ante este desprecio al dolor ajeno en aras de la comodidad propia y conveniencia política. Desde aquí dudamos mucho de que «estén bien» los secuestrados, ni antes ni después de las operaciones de urgencia que ha comenzado el Gobierno sólo cuando ha visto que también él podía acabar siendo víctima de esta historia grotesca. Cuyo origen está en la impotencia de criterio de unos ministros incapaces y perfectamente desbordados en Defensa y Exteriores y una indiferencia de La Moncloa que se intenta ahora disimular con encuentros en los que sólo se pide silencio a los familiares. Y ya saben, si les molesta o indigna o avergüenza la actuación de este Gobierno y encima lo dicen en público es que están ustedes colaborando con los piratas, tal como sugirió nuestro presidente en Polonia hace dos días. Aquí el que no se calle se convierte rápidamente en saboteador o incluso pirata. Aquí no se puede pedir un control parlamentario real de nada sin que a uno lo pongan directamente en el disparadero y probablemente pase a ser objetivo de la fábrica de dossieres que muchos sospechamos tiene montada y funcionando a todo trapo nuestro particular Fouche, don Alfredo Pérez Rubalcaba. Así se puede conseguir de hecho que muchos callen por miedo a ser destruidos política, social y civilmente. Con todas las comunicaciones privadas del país controladas por el ejecutivo y la abierta disposición de jueces socialistas a violar el derecho a la defensa y el derecho a la intimidad, policías dispuestos a colaborar con la banda armada ETA para favorecer los planes de su jefe como en el caso Faisán -¿y por qué no en otros?- y periódicos y televisiones pendientes y dependientes de las dádivas del ejecutivo, no es difícil amedrentar. Pero por si cabe alguna duda lo dicen. Que se callen todos. Que aquí Gobierna uno.

ABC - Opinión