lunes, 26 de septiembre de 2011

La desesperación de González. Por Carlos Carnicero

El ex presidente González está prisionero de esas situaciones que la vida determina en las que no se puede estar no estando o no se puede marchar quedándose.

Consejero de Endesa -con una buena retribución anual- deseoso de vivir su segunda juventud, amigo personal de Carlos Slim -uno de los hombres más ricos del planeta- apela a la pasividad de los militantes de su partido para que reaccionen. Intenta zarandearlos para que se pongan en pié e invoca el viejo grito de la izquierda ante la amenaza de la derecha. En esta ocasión son las privatizaciones y los recortes en las sanidad y la educación. Pero el gobierno socialista acaba de llevar a cabo la privatización de los aeropuertos y de la Lotería Nacional. No es lo mismo, pero puede parecer igual.


Pero los socialistas, en estado de shock sobre todo, pero no únicamente, por las tribulaciones de José Luis Rodríguez Zapatero en su personalísima forma de entender el ejercicio del poder, no son capaces de reaccionar. Asisten a la batalla electoral con el certificado de derrota debajo del brazo. Saben que no pueden dejar de concurrir pero conocen que su destino depende de la reacción que sepan llevar a cabo desde la catástrofe a la que están convocados. Esta catarsis solo es posible desde la antesala de la destrucción. Felipe González, que fue un líder carismático y excepcionalmente dotado para la política, sabe de sobra que el tiempo no es reversible.

Su momento pasó y él quiso que fuera para siempre. Ahora, atormentado por la que se avecina para su partido, intenta conciliar la tranquilidad de su madurez con las llamadas de su conciencia para movilizar a los militantes. Pero ni él tiene el ascendiente que tuvo ni los socialistas viven la intensidad de su vocación como lo hicieron. Ahora toca asistir a la debacle para intentar conquistar el futuro. Es el momento de la ofensiva conservadora en Europa y España no puede ser una excepción.


Periodista Digital – Opinión

Rajoy. Entrevista en 'El País'. Por Agapito Maestre

'El País' presenta a Rajoy, aunque con cierta elegancia, como más le gusta a Rubalcaba: se trata de un hombre afable, sencillo y un poco indolente, pero sin ningún tipo de programa y que pasa de puntillas por los problemas más dramáticos del país.

El País dedicaba ayer la portada y cuatro páginas a Rajoy. Es un buen reportaje, aunque el periodista no ha conseguido sacar a Rajoy nada sobre si subirá o no los impuestos, poco se dice del modelo de fiscalidad que promocionará, tampoco logramos enterarnos sobre cómo cambiará el tejido productivo y menos aún se abordan las medidas que llevará a cabo Rajoy para rebajar las cifras del desempleo. Quizá el periodista no ha preguntado con la debida precisión o quizá Rajoy haya logrado hacer impenetrable su hermetismo para no adelantar lo que muy pronto sabremos en la campaña electoral, lo cierto es que, desde el punto de vista de un programa concreto de carácter económico y social, apenas conseguimos enterarnos de lo que hará el PP nada más llegar a La Moncloa.

Se dice, sin embargo, algo claro y contundente, desde el punto de vista ideológico, sobre cómo salir de la crisis económica; algo, dicho sea de paso, que el propio Rajoy ha elevado hace meses a categoría programática, e incluso lo ha plasmado en el título de su libro, En confianza; en efecto, según el propio Rajoy, "la clave no son los decretos sino la confianza." Bastaría con crear una situación de confianza "entre las partes en conflicto", pongamos que hablamos de la relación entre el Estado y los mercados, para que pudiéramos empezar a salir de la crisis. Se trata, pues, de hacer creíble, dar confianza, a los mercados que el PP puede hacerlo mejor que el PSOE.

¿Cómo conseguirá, o mejor, cómo está consiguiendo Rajoy que la gente confíe, permítaseme la pregunta sin ironía alguna, en su confianza? La moderación, el equilibrio y, sobre todo, su escepticismo ante los salvavidas patrioteros serían los factores decisivos, según el retrato de la entrevista, que llevarán a Rajoy a La Moncloa. Por desgracia, y a pesar del acercamiento de este periódico a Rajoy, uno no deja de tener la sensación de que El País presenta a Rajoy, aunque con cierta elegancia, como más le gusta a Rubalcaba: se trata de un hombre afable, sencillo y un poco indolente, pero sin ningún tipo de programa y que pasa de puntillas por los problemas más dramáticos del país. Falso.

Dos pruebas presento de esa falsedad. Primera: el PP no deja de presentar propuestas concretas casi todos los días, por ejemplo, ayer en Zaragoza, hizo todo un despliegue sobre una reforma profunda de la Administración. Segunda: la conclusión del propio reportaje: "Rajoy se enfrentará dentro de unos meses y para toda una legislatura al compromiso de hacer honor a la leyenda, apócrifa, que circula desde hace ocho años: Mariano sería mejor presidente de Gobierno que jefe de la oposición". En verdad, si los ciudadanos no confiasen en él y su partido, no le votarían. Un asunto que, por otro lado, está desmentido hace tiempo por las encuestas.


Libertad Digital – Opinión

Desde el Parqué. A golpe de rumores. Por Carmen Tomás

Los inversores están histéricos y en consecuencia los índices y los valores andas locos. Todo vale para mover ventas y compras. Da igual que sea una noticia que un rumor. Los nervios están a flor de piel y las respuestas son alocadas. Lo vimos el viernes. El IBEX se movió en la jornada en un rango de 400 puntos entre el punto más bajo y el cierre. Al final logró salvar la sesión con una subida del 2,1 por ciento, aunque no la semana en la que se ha perdido un 4,7 por ciento.

El rumor de que algunos bancos, entre ellos siete españoles, podrían verse obligados a recapitalizarse fue contrarrestado con la posibilidad de una intervención este fin de semana del BCE. También que el gobierno griego estaba barajando una quiebra ordenada con una quita del 50 por ciento en su deuda atenazó a los inversores. En fin, todo un rosario de dimes y diretes que tienen a las bolsas en un sin vivir. Además, estos últimos días se ha desatado el rumor de que Portugal podría salir del euro. Ni las informaciones de que el G-20 está dispuesto a lo que sea son acogidas con confianza.

En realidad, lo que hay es mucha preocupación por la falta de un plan a corto y medio plazo. Cada día las noticias o los rumores se suceden sin que parezca que nadie toma las riendas. En Europa y en Estados Unidos, donde se ha aprobado otra operación por 400.000 millones. Hay mucha inquietud por los bandazos de los políticos, por la falta de liderazgo y gobernanza.

En España, la polémica se ha centrado en la irresponsabilidad, la penúltima, del gobierno de no prorrogar los presupuestos. Es falso como ha dicho el portavoz Blanco que no sea legal hacerlo. González lo hizo. Ahora, pensiones y salarios públicos quedan al albur y tendrá que ser el gobierno que salga de las elecciones el que tome esas decisiones. Y otras muchas que han quedado sin concretar y que tienen que ver con las Comunidades Autónomas o el salario mínimo. En definitiva, enfangando la situación hasta el final, poniendo palos en las ruedas hasta el último día. ¿Qué digo? Todavía quedan dos meses hasta el 20-N y aún algunos datos y situaciones pueden empeorar puesto que no se han tomado las medidas apropiadas.


Periodista Digital – Opinión

Traspaso de rebajas. Por Pilar Ferrer

Enorme tarea la que ha de acometer el PP cuando llegue al Gobierno. Ante esa «herencia envenenada», rotunda frase de Mariano Rajoy en el último Pleno de la Legislatura, Zapatero y los suyos no se lo ponen fácil. Pura deslealtad supone no prorrogar los Presupuestos, algo que sí hizo en su día Felipe González. Además, el Ejecutivo de Zapatero lanza el marrón de pensionistas y funcionarios a sus sucesores. Una maniobra que vaticina un escasamente limpio traspaso de poderes, un legado turbio, reflejo de país empobrecido, bajo el peor presidente que ha conocido.

Rajoy y su equipo no se amilanan. Sabedores de lo que encontrarán si la victoria les sonríe, el PP ha cogido el toro por los cuernos en su segundo Foro de campaña, celebrado en Zaragoza. Nada más, y nada menos, que la reforma del sector público. Una patata caliente, un sector abultado de manera irresponsable por los socialistas, cuyas letales consecuencias están a la vista. Definido muy bien por Soraya Sáenz de Santamaría, «Austeridad, transparencia y eficacia», el equipo que salga del 20-N cogerá unas finanzas quebradas, reflejo de lo que han heredado los nuevos dirigentes autonómicos y locales.

En palabras de uno de ellos, «no han dejado ni el forro del bolsillo», ejemplo de gestión derrochadora. Dejar el ahogo económico para el que venga es la última patraña de un Gobierno socialista tan incapaz como insolidario. En esta pelea política por el duro ajuste, Rajoy ofrece reformas y programa. Rubalcaba, nada. Sólo nervios y confusión. A Mariano Rajoy le espera un traspaso difícil. De racionales rebajas y muchos deberes.


La Razón – Opinión

Monarquía. El yerno. Por Emilio Campmany

Si la Monarquía goza de algún prestigio en España es porque no cabe esperar de ella las fullerías que estamos obligados a soportar de nuestros políticos, entre los que habría que escoger a uno para que presidiera una hipotética república.

A los españoles nos pasa con la monarquía lo que a Catulo con Clodia Pulcher, que Odi et amo y no terminamos de saber por qué, pero así es. En 1931, nos acostamos monárquicos y nos levantamos republicanos. Luego, nos han querido convencer de que los monárquicos se opusieron al régimen de Franco. No digo yo que alguno de los pocos que hubo no lo hiciera, pero todos deberían reconocer que España es hoy una monarquía porque Franco quiso que lo fuera, no porque los españoles sintiéramos una pulsión irrefrenable hacia ella. Muchos de los que quieren conservar la unidad de España, que son cada vez menos, creen que la vieja institución es garantía de esa unidad. Otros, de una forma más instintiva que reflexiva, simplemente creen que la monarquía es menos mala que la república. El caso es que hoy somos tan monárquicos que reconocemos como reyes a los padres del actual rey simulando que reinaron cuando, para bien o para mal, nunca lo hicieron. Mañana, chi lo sa?

Apenas hay socialistas que no estén dispuestos a discutir civilizadamente si Felipe González impulsó el terrorismo de Estado, ni casi conservadores que no quieran debatir acerca de si Aznar fue un bruto que nos arrastró a una guerra ilegal. Pero, ay amigo, métase usted con el rey y le saltarán a la yugular un buen manojo de airados ciudadanos dispuestos a no consentirle, por las buenas o por las malas, decir ni una palabra más.

De esta forma, la constitucional irresponsabilidad del rey, perfectamente justificada por su inviolabilidad, se entiende aquí como una suerte de impunidad que ha de alcanzar no sólo a su persona, sino a su familia e incluso a su círculo íntimo. En los grandes negocios de dudosa legalidad ha sido recurso corriente entre nuestros empresarios próximos al poder político, involucrar al rey con el fin de verse protegidos por esa supuesta impunidad. Que don Juan Carlos haya tenido más o menos acierto en mantenerse alejado de este tipo de personajes es harina de otro costal.

Por el Juzgado de Instrucción número 3 de Palma, que investiga los escándalos que envuelven al Instituto Nóos de Iñaki Urdangarín, ha pasado todo el mundo que tiene alguna relación con ellos, incluidos importantes políticos, menos el duque de Palma. Y no será citado salvo que las pruebas contra él sean brutalmente abrumadoras, beneficio del que no gozan el resto de los españoles que pudieran verse envueltos en un procedimiento judicial.

Si la Monarquía goza de algún prestigio en España es porque no cabe esperar de ella las fullerías que estamos obligados a soportar de nuestros políticos, entre los que habría que escoger a uno para que presidiera una hipotética república. Si quiere conservar el que le queda, don Juan Carlos tiene que atajar el asunto poniendo a su yerno fuera de ese paraguas que los españoles nos hemos empeñado en poner encima de su regia cabeza. Todavía está a tiempo.


Libertad Digital – Opinión

Más de lo mismo. Por Victoria Lafora


Los presos de ETA se suman, ahora, al acuerdo de Guernica. El tal acuerdo ratifica las vías políticas como forma de solucionar el "conflicto" vasco. Habrá gente optimista que quiera ver en el extenso comunicado otra puerta abierta a la esperanza pero leído en su literalidad no deja de ser, lamentablemente, más de lo mismo.

En Euskadi no existe más "conflicto" que el creado por la existencia de una banda de asesinos que han acabado con la vida de cientos de inocentes y sembrado el terror entre sus propios conciudadanos. Ese es el verdadero drama.


Que cincuenta años después descubran que tanta muerte no era necesaria y que se puede llegar a los mismos objetivos (porque no renuncian a nada, ni al derecho a decidir al margen de la Constitución ni a la independencia) pacíficamente, no significa que un amnistía borre los crímenes que han cometido.

Y los presos de ETA a cambio de su magnanimidad, apoyando el ansiado fin de la violencia, pretenden volver a casa como si aquí no hubiera pasado nada. Pelillos a la mar, fue todo una equivocación, un error del que no nos arrepentimos porque estaba justificado por una causa noble. Menos mal que la Constitución que nos dimos todos los demócratas impide semejante felonía.

El lenguaje del comunicado sigue teniendo ese tono entre chulesco y perdonavidas de los textos de la banda e incluso de las declaraciones de la izquierda abertzale. En ningún momento, en ningún párrafo se les dice a los colegas en ejercicio que entreguen las armas, que cese definitivamente la violencia. Como debería hacer Bildu y no hace.

Eso sí, exigen al Gobierno del Estado que ponga en práctica "sus derechos" que traducido al lenguaje normal quiere decir acercamiento de presos al País Vasco y puesta en libertad de los que están pendientes de juicio. De derechos saben mucho de obligaciones ni oír quieren.

Además de reclamar, como no, una nueva negociación entre el ejecutivo de Madrid y la banda terrorista o lo que queda de ella. Mal, muy mal, garrafal, haría el gobierno de Zapatero a dos meses de las elecciones si escuchara estos cantos de sirena.


Periodista Digital – Opinión

Ritos de purificación. Por José María Marco

Resulta sorprendente que el final de los toros en Cataluña haya coincidido con la agonía del Gobierno de Rodríguez Zapatero y, tal vez, con el final de una manera de hacer política y de concebir la propia sociedad. En Cataluña se han venido haciendo, desde la Transición, cosas mucho más graves que ésta de los toros. La más evidente es tratar al castellano como una lengua extranjera, en particular en la enseñanza, con consecuencias que todo el mundo conoce aunque haya quien no quiera verlas, como es crear una gigantesca subclase (el término lo utilizó el ministro de Educación británico este verano) incapaz de expresarse satisfactoriamente ni en castellano ni en catalán. Son las Jessicas y las Vanessas de las que hablaba Jordi Pujol desde lo más hondo de la actitud nacionalista, ese resto inasimilable que en muchos lugares de Cataluña constituye la mayoría de la población.

La prohibición de los toros presenta un dramatismo peculiar por razones evidentes. No es, como en el caso de la exclusión del castellano o del español, un proceso largo, amparado en justificaciones de tipo histórico. La prohibición de los toros en Cataluña es una decisión política de consecuencias inmediatas, visibles en una sola tarde. Muestra sin lugar a dudas el tratamiento al que se está sometiendo a la sociedad catalana: un rito de purificación en el que se distingue, se separa, se disecciona y se aparta aquello que los nacionalistas no consideran catalán.


Los toros, ha decidido el nacionalismo, son una tradición española y, en consecuencia, no forman parte de la cultura catalana y pueden –y deben– ser prohibidos en Cataluña. De aplicarse el mismo razonamiento en la política moderna, nos encontraríamos metidos en una pesadilla en la que la gobernación de las naciones consistiría en una aspiración a la pureza que iría excluyendo, en virtud de las mayorías políticas momentáneas, aquello que esas mismas mayorías considerarían que les es ajeno. Las sociedades abiertas dejarían de existir y la tolerancia sería un concepto tabú. Da vértigo pensar en lo que esa política, aplicada en cualquier país en la era de la globalización, llegaría a producir. El siglo XX fue muy aficionado a estos experimentos de ingeniería social y cultural, como bien sabemos. Al parecer, el siglo XX ha durado hasta ahora.

Por otra parte, lo que se prohíbe en Cataluña atañe, de forma muy especial, a todo lo que el nacionalismo considera español. Sin embargo, la sociedad, la economía, la cultura, la vida catalanas han estado siempre mezcladas con la vida española. Son indiscernibles, de hecho, y aunque haya rasgos específicamente catalanes, esos rasgos forman parte del conjunto español. Además de la crueldad propia de los ritos de purificación, lo que está en cuestión aquí es la naturaleza del resultado, su calidad, por así decirlo. Barcelona –se ha dicho muchas veces– podría haber sido algo parecido a un Milán español. ¿Será más atractiva, más rica, más poderosa cuando se haya convertido en la representante perfecta del catalanismo limpio de cualquier impureza?


La Razón – Opinión

Terrorismo. Tres falacias sobre ETA. Por José García Domínguez

La gran cuestión, la indiscutida, es que ha de ser ETA quien guste concedernos la gracia de extinguirse. En el bien entendido de que es a ETA –y solo a ETA– a la que corresponde fijar los plazos que marquen el final de su propio tiempo.

Un mito exculpatorio y un par de axiomas apriorísticos. Tres falacias. Apenas nada más. He ahí el trípode de taras morales sobre el que se ha sustentado la pervivencia de ETA a lo largo de los últimos treinta años. Una leyenda romántica que aún habita atrincherada en lo más profundo del inconsciente de la izquierda. Y dos premisas tan fatalistas como erradas. La segunda de ellas, por cierto, presente hoy mismo en la trastienda retórica de todas las declaraciones partidarias a cuenta del último comunicado de los presos. Así, risueño, el señor Rubalcaba habla de "gesto inédito" y de "paso importante". A su vez, Basagoiti, otro que también está esperando a Godot, dice no conformarse "con algo que no sea la disolución".

Léaseles bien entre líneas: la gran cuestión, la indiscutida, es que ha de ser ETA quien guste concedernos la gracia de extinguirse. En el bien entendido de que es a ETA –y solo a ETA– a la que corresponde fijar los plazos que marquen el final de su propio tiempo. Pues, como alguna vez ha enunciado José María Ruiz Soroa, en el fondo, el paradigma dominante considera accesorios los éxitos policiales frente al nacionalismo armado. De ahí ese anhelo recurrente, obsesivo, el de reclamar –"exigir" dicen los más airados– que certifique de modo formal y por escrito el compromiso de deponer las pistolas. Como si fuera imposible, o muy arriscada temeridad, simplemente despreciar cuanto opine o deje de opinar ETA al respecto.

Un prejuicio igual de absurdo, por lo demás, que aquella otra premisa imperante hasta la llegada de Aznar en 1996. A saber, la fantasía entonces tan extendida que quiso presumir imbatible al terrorismo euskaldún. En cuanto al mito, no es otro que el de tener a ETA por última rémora de la dictadura. Una coartada intelectual que, a ojos de buena parte de la izquierda, dotaría de legitimidad de origen a los carniceros vascos. Y una burla que únicamente requirió obviar la generosa amnistía que, allá a inicios de la Transición, abarcaría a la totalidad de los convictos etarras. ¿Por qué entonces nuestra democracia insiste en que ETA la avale rindiéndose? ¿Porque como el propio Ruiz Soroa ha apuntado no está completamente segura de su propia causa? Cualquiera diría que sí.


Libertad Digital – Opinión

Reunión de Gernika. Por Charo Zarzalejos

Nergar lo evidente es tan absurdo como leer lo que no está escrito. Es evidente que ETA ya no es lo que era. Hoy tiene menos apoyo social que hace apenas cinco años, las FSE les pisan los talones todos los días y hoy en el País Vasco el clima social no es el que era. Es obvio que hoy estamos mejor que hace un tiempo. No es necesario ningún viaje en el tiempo para recordar a la perfección aquellos años en los que las víctimas se contaban a decenas y ETA campaba a sus anchas al otro lado de la frontera con Francia.

No se puede negar lo evidente pero tampoco leer lo que no está escrito. Ni en el Acuerdo de Guernika, ni en el documento de los presos conocido ayer se pide el fín de ETA. En ningún momento los firmantes exigen a la organización terrorista que desaparezca. No. Lo que se hace es apostar por el fín de la violencia a cambio de contrapartidas como es la amnistía, el derecho a decidir y la apuesta por el llamado "proceso democrático" que es como se denomina en los últimos tiempos a lo que todos conocemos como negociación pura y dura. Primero, el Acuerdo de Guernica y ahora los presos piden lo que la propia ETA ofreció el 10 de Enero.

Ni Bildu ni ahora los presos exigen a ETA su final, su desaparición como organización terrorista. Unos y otros hablan de conflicto "político y violento" que, en última instancia, solo quedaría resuelto si se concretara ese "proceso democrático"_es decir, la negociación_para abordar la amnistía de los presos y el derecho a decidir. Con otras palabras, con frases más o menos alambicadas es un poco más de lo mismo.


Sin duda es mejor que los presos hagan este comunicado que uno llamando a la violencia pero los que con entusiasmo casi adolescente hemos creído en muchas ocasiones estar tocando la paz con los dedos nos asiste todo el derecho del mundo a ser profundamente escépticos. Bildu gobierna en Guipuzcoa, sus representantes hablan de democracia, de derechos y, como no, de paz. Pero Bildu no se siente incómodo con una ETA aletargada y vigilante. Su "compromiso con la paz" ha tocado techo. Ni han pedido ni pedirán nunca que ETA se vaya, que desaparezca. Dirán que hay que arreglar el "conflicto" y aquí no hay más conflicto que el generado por unas personas que se resisten a entregar las armas. Si son demócratas ¿qué es lo que les impide exigir a los terroristas que dejen de serlo?. En lo que se está es en la pretensión sutil de que aquí no ha habido ni víctimas ni verdugos, que todo parte de una situación ex novo y que si hablamos como si nada hubiera ocurrido, como si todos hubieran sido iguales, el "conflicto" se acaba.

Desde hace un tiempo se está produciendo un lento desplazamiento de la presión. Hasta las elecciones, esta se dirigía, aunque con matices y timideces hacia los terroristas. Ahora se desplaza hacia los gobiernos francés y español para que tomen decisiones y apliquen ya mismo "y sin contrapartidas de ningún tipo los derechos que nos corresponden", que no son otros que la amnistía y un proceso de negociación_el de toda la vida_con el Gobierno. Si como auguran las encuestas, Rajoy será el nuevo inquilino de Moncloa ya puede ir sumando a su lista de problemas la persistencia de ETA y la consiguiente reclamación de una negociación política. Hoy Domingo la izquierda abertzale conmemora en Guernika el primer aniversario de la declaración que toma nombre de la emblemática localidad vizcaína. Hablaran de violencia, de paz, de derechos, de "todas las víctimas" pero ya verán. Nadie va a decir lo que todos deseamos oir: "ETA, kampora. ETA, fuera".


Periodista Digital – Opinión

Farsa en Moscú

El regreso de Putin a la presidencia escenifica la imparable degradación de la política rusa.

Vladímir Putin seguirá al frente de Rusia durante un futuro previsiblemente muy largo, quizá 12 años. La farsa política se ha consumado en el congreso del partido gobernante y el actual primer ministro acepta regresar al todopoderoso cargo de presidente de la nación en las elecciones de marzo próximo, tras poner fin a meses de especulación que ha mantenido paralizada la pesada maquinaria burocrática rusa. Especulación relativa, puesto que todos parecían saber, según muestran las encuestas, que Putin se disponía a recuperar el puesto que prestó durante unos años a su protegido Dmitri Medvédev, solo porque la Constitución le impedía un tercer mandato consecutivo.

La restauración de Putin en la presidencia será a la postre simbólica, puesto que nunca ha dejado escapar el poder real. Durante los años que ha permanecido teóricamente a las órdenes del presidente Medvédev, el indisputado hombre fuerte de Rusia ha mantenido consigo los resortes de que disponía en el Kremlin. Medvédev, que por decisión de Putin se hará cargo de la jefatura del Gobierno tras las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre (tan conocido resulta su desenlace), nunca ha sido en este tiempo otra cosa que el rostro amable y pretendidamente liberal de una Rusia que nunca ha existido. El anuncio de este fin de semana en Moscú confirma lo que Putin ha hecho evidente durante su largo mandato: que la competición política ha sido sustituida por una simulación cuidadosamente coreografiada por el Kremlin. Resulta paradigmático el reciente caso del partido Causa Justa, creado por el poder como una alternativa a la silenciada oposición liberal, y cuyo millonario, iluso y dimitido líder llegó a creer que podía tener agenda e ideas propias.

En ausencia de una lucha abierta y limpia por la representación ciudadana, el Kremlin imita y manipula los ritos externos de la democracia. El impresentable apaño escenificado en el congreso de Rusia Unida emite un inequívoco mensaje que liquida las esperanzas liberalizadoras. Medvédev ha resultado ser un presidente inane, pero hace cuatro años, al denunciar el "nihilismo legal" de Rusia y su "eterna corrupción", alentó expectativas sobre un cambio que alejara al gran país del poder autoritario, la debilidad institucional y un creciente y tóxico nacionalismo. La vuelta de Putin a la presidencia devuelve el juego a la casilla cero.


El País – Editorial

Rajoy y el sector público

En España se emplean 47 días en constituir una empresa, lo que nos sitúa en el puesto 49 del ranking internacional, según un informe difundido por el Banco Mundial que hoy publicamos en nuestro periódico. Es un despropósito que, ante los cinco millones de parados que arrastra el mercado laboral, la Administración no haya movido un dedo para ayudar a los emprendedores aliviándolos de burocracias estériles y de trámites disuasorios. Que para crear una empresa se exijan más condiciones, más tiempo y más garantías que, por ejemplo, para practicar un aborto pone de manifiesto cuáles han sido las prioridades del Gobierno socialista durante estos ocho años. Mariano Rajoy prometió ayer, en el foro que su partido celebró en Zaragoza sobre la reforma del sector público, enmendar esta situación de modo que sea posible crear una empresa en 24 horas. Acierta plenamente el presidente del PP al colocar a la Administración como aliada de los emprendedores, en vez de como su enemiga. Porque de eso se trata, de que el sector público esté al servicio de los ciudadanos, y no a la inversa. Son numerosas y variadas las medidas que Rajoy ha puesto encima de la mesa, algunas ya conocidas (Estabilidad Presupuestaria, Ley de Transparencia y Buen Gobierno, Pacto por la Austeridad, etc.), pero otras están llamadas a tener un fuerte impacto en la dinamización de la economía. Varias de ellas persiguen el objetivo de reforzar la unidad de servicios y de normativas para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos, sea cual sea la comunidad en la que residan y trabajen. Así, Rajoy establecerá por Ley una cartera de servicios públicos básicos comunes, entre los que se incluye la Educación, la Sanidad y los servicios sociales. No menos importante será la Ley de Unidad de Mercado, con el propósito de ordenar la maraña legislativa que han creado las comunidades autónomas, para desesperación de los inversores extranjeros y de los propios empresarios españoles, que deben sortear17 normativas, autorizaciones y licencias distintas, y a veces contradictorias, para vender sus productos o abrir nuevos negocios. Otras medidas anunciadas por el presidente popular están relacionadas con la imparcialidad de las administraciones y sus organismos de control. Unos de los males más arraigados en la gestión pública son la arbitrariedad y el amiguismo alimentados por intereses políticos. El Gobierno socialista los ha llevado a niveles de república bananera, sobre todo a la hora de repartir las subvenciones y de intervenir los órganos reguladores. En este punto, Rajoy pretende restituir la decencia en la concesión y reparto de ayudas mediante una Ley de Subvenciones que tase con criterios objetivos y erradique la discrecionalidad. Igualmente, es de gran importancia la racionalización y reforma de los organismos reguladores. La obsesión intervencionista del PSOE ha sembrado el BOE de una costosa burocracia destinada a colocar a los afines y controlarla políticamente. Conviene, por tanto, un recorte racional y, sobre todo, garantizar la independencia de los reguladores mediante la elección de sus miembros por una mayoría reforzada del Congreso. Es la única forma de que recuperen la credibilidad y la confianza que han perdido en estos ocho años por culpa del dirigismo socialista.

La Razón – Editorial

Camino de las urnas

La posible mayoría absoluta del PP si gana Rajoy se presenta como el principal dilema.

El Consejo de Ministros aprobará hoy el decreto de disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones. Con independencia del resultado electoral, Zapatero, que lleva meses preparándose para ser un buen expresidente, no seguirá en La Moncloa. Viene preparándose desde que comprendió que no habría recuperación económica (y del empleo) a tiempo para rescatar a ese 30% de indecisos entre sus anteriores votantes que detectan las encuestas. Por eso dio paso a Rubalcaba al tiempo que asumía la posición de chivo expiatorio del malestar ciudadano que se sustanció en las elecciones de mayo.

Con vistas al 20-N, Rajoy parte con una sustancial ventaja, pero a medida que se acercan las urnas la preocupación del PP es menos asegurarse la victoria, que da por hecha, que garantizarse los apoyos necesarios en caso de no alcanzar la mayoría absoluta. Las siete recetas que Rajoy administró a Zapatero en su despedida son meros enunciados que demuestran sentido común, pero no respuestas a los dilemas de la crisis: en particular, cómo compaginar el cumplimiento de los compromisos de reducción del déficit con la necesidad de estímulos al crecimiento.


Prueba de su propia perplejidad ante ese problema ha sido la actitud del PP en el último pleno: argumentó contra la recuperación del impuesto del patrimonio, pero se abstuvo. Sin duda, para tener las manos libres para, en lugar de derogarlo como había insinuado, mantenerlo si las cosas van tan mal como augura el FMI.

Ese panorama constituye una diferencia con la primera victoria del PP. Cuando a finales de 1995 González anunció el adelanto electoral, la economía ya había iniciado su despegue, por lo que, frente al desgaste socialista, la probable alternancia era vista como un factor de estabilidad. Ahora Rajoy también se beneficia del mayoritario deseo de cambio, pero el margen con que cuenta para convertirlo en recuperación económica a corto plazo es escaso. Rubalcaba, por su parte, se enfrenta al desafío de demostrar, con sus muchas iniciativas, unas más meditadas que otras, que lo importante es el programa; mientras que Rajoy juega con la ventaja de que le basta con presentarse como encarnación de la alternancia frente a lo que hay: casi cinco millones de parados.

Otro asunto que influirá en los resultados es la actitud ante la posible mayoría absoluta del PP. Tras la experiencia de la segunda legislatura de Aznar, muchos votantes consideran vital que no se repita, lo que puede favorecer el voto a otras candidaturas, incluyendo la de Rubalcaba, cuya esperanza de gobernar va unida a la hipótesis de una alianza múltiple; pero un número no menor de sus electores potenciales puede considerar, a la vista de los efectos de la política de alianzas de Zapatero, que nada favorecería menos los objetivos anticrisis que una subasta de concesiones a esos aliados entre los dos aspirantes principales; lo que podría reforzar el voto al PP para que pueda gobernar sin ellos.


El País – Editorial

Rejón de muerte a... Cataluña

"El catalanismo ha castrado a Cataluña", dijo el padre Orlandis el siglo pasado. Hoy, desde la Monumental, y entre gritos de "¡Libertad! ¡Libertad!" de tantos catalanes humillados y ofendidos, podemos asegurar que el nacionalismo la está matando.

Si el Tribunal Constitucional o el próximo Gobierno –declaración de Bien de Interés Cultural mediante– no lo remedian, la corrida que se ha celebrado esta tarde en la Monumental de Barcelona habrá sido la última fiesta de la Fiesta Nacional en Cataluña, para regocijo de los odiadores de España, que al aprobar la prohibición sin vergüenza esgrimieron el bienestar del toro: meses después blindarían los correbous, en que al mismo animal se le puede prender fuego, tironear con sogas o arrojar al mar... Porque de lo que se trataba era de España, de darle el enésimo puyazo en el terreno simbólico.

Este domingo, en la Monumental han tocado a difuntos por una tradición catalana que se remonta, cuando menos, seis siglos –hay documentado un correbous en Cardona en el año 1409–; es decir, que en el Principado iban a los toros trescientos años antes de que Rafael Casanova vivara a España en aquel 11 de septiembre (1714) que el establishment catalán conmemora como si de una insurrección independentista se hubiera tratado, y medio milenio antes de que la plaga nacionalista empezara a asolar aquellas tierras.


Con la proscripción de la Fiesta –que no sería la misma sin toreros como Mario Cabré o Joaquín Bernadó, condecorado en 1988 con la Medalla de Oro de Barcelona, ahora oficialmente Ciudad Antitaurina; y sin las pañoladas con las que el respetable pide las orejas, la primera de las cuales tuvo lugar en el coso barcelonés de Las Arenas–, el nacionalismo ha vuelto a demostrar que lo suyo no es el fomento de lo catalán, la preservación de lo tradicional, el amor a Cataluña. Nada más lejos de la realidad: su permanente manipulación de la historia, su fobia al español –lengua materna de más de la mitad de los catalanes–, su obsesión por separar a los catalanes del resto de sus compatriotas revelan que Cataluña no les gusta, que Cataluña les irrita, que Cataluña necesita mordazas, decretos y golpes de hoz –como pide su manipulado himno oficial– para ser como debiera.

"El catalanismo ha castrado a Cataluña", dijo el padre Orlandis el siglo pasado. Hoy, desde la Monumental de Barcelona, y entre gritos de "¡Libertad! ¡Libertad!" de tantos catalanes humillados y ofendidos por sus representantes, podemos asegurar que el nacionalismo la está matando.


Libertad Digital – Editorial

domingo, 25 de septiembre de 2011

La naturaleza del escorpión. Por Fermín Bocos

No nos engañemos, para los políticos, sea cual sea su color, la prensa libre no deja de ser un inconveniente. Un periodista que no sea afín a su cuerda ideológica es un enemigo a batir. De ahí los despidos, las cancelaciones de contratos o el destierro a tareas burocráticas de los informadores que trabajan en los medios públicos de comunicación así que se produce un cambio de Gobierno en el Estado o en las diferentes comunidades autónomas. Los políticos confunden la información con la propaganda. Y son insaciables; sólo les parecen "objetivos" aquellos espacios informativos en los que salen ellos repitiendo sus mantras y hablando mal del contrario. El día que se inventó la televisión, el medio ideal para canalizar toda la banalidad y todas las vanidades, en el fondo, fue un mal día para la Prensa. Hablo del periodismo y de los periodistas serios; de los profesionales que luchan por contar la verdad; que se atreven a decir o a publicar lo que la gente -y no digamos los políticos- no quieren escuchar. Profesionales de la información que sacrifican ascensos y mejoras salariales -cuando no el puesto de trabajo- por contar lo que ven, y lo que saben, a riesgo de dejar en evidencia a quienes desde la política mueven los hilos para silenciar verdades incómodas. A veces, es la propia empresa para la que uno trabaja la que presiona para silenciar determinadas cosas porque o bien aguarda una subvención para iniciar una nueva línea de negocio o espera una licencia de radio o de televisión (que depende de tal o cual gobierno). Hay periodistas "bizcochables", que se anticipan a los requerimientos de los políticos a sabiendas de la segura recompensa "así que ganen los nuestros" y hay otros que, con humildad y profesionalidad, sin otro alarde que la voluntad de servir al público -los lectores, los oyentes o los televidentes- cumplen con su deber con resignada determinación siendo capaces de narrar con fidelidad lo que pasa al margen de sus convicciones políticas.

Escribo todo esto al hilo de la indignante (y felizmente retirada) iniciativa de algunos consejeros de RTVE, que a propuesta de los representantes del PP y con la anuencia tácita de los del PSOE, que se abstuvieron en la votación, pretendían controlar la información elaborada con destino a los telediarios. Menos mal que ante el escándalo organizado (y ante la digna reacción de los colegas de TVE), tanto Mariano Rajoy como Pérez Rubalcaba han reaccionado desautorizando a los consejeros que habían urdido semejante comisariado digital. Me alegro. Pero que no se confíen los colegas de la televisión estatal porque los políticos van a lo suyo. Esta vez han rectificado, pero es porque se han asustado ante el escándalo. Pero ¡ojo! porque, así que la cosa se enfríe, lo volverán a intentar. Es el cuento de la rana y escorpión: controlar la información, vender como noticia lo que es propaganda, está en su naturaleza.


Periodista Digital – Opinión

Lo veíamos venir. Por Irene Villa

Que la Audiencia Nacional evitara archivar el caso del chivatazo que impidió descubrir la trama de extorsión de ETA fue un gran paso. Después fueron diligencias, nuevas pistas y hasta filmaciones las que nos dieron la esperanza de que, por fin, varios años después, dejaría de ser un caso sin resolver. Como aquel soplo que favoreció a la banda terrorista tuvo lugar, casualmente, en plena etapa del mal llamado proceso de paz, no queríamos impunidad para los que tiraron por tierra el trabajo de tantos años que puso tantas vidas en juego. Más aún si lo hicieron quienes tienen que defendernos respetando las reglas del juego. Quisieron archivarlo, pero el juez Ruz lo sacó a la luz procesando a tres personas que dependían del Ministro del Interior, Rubalcaba en aquel momento, quien «ni sabía, ni contestó». Nadie asumía la responsabilidad ante la injusticia de que policías que luchaban contra ETA fueran procesados por seguir las órdenes de quienes no sólo no dieron la cara por ellos, sino que además se lavaron las manos. Se ha demostrado que existen indicios suficientes contra los tres acusados para considerar los hechos como un delito de colaboración con banda armada aunque, lógicamente, no compartiesen sus fines terroristas. Aun así, el presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional y otros jueces no ven colaboración con ETA. Lo triste es que lo veíamos venir.

La Razón – Opinión

Obama. El falso profeta. Por Alberto Acereda

El falso profeta está resultando ya tóxico también para su partido, tanto que en este mismo mes de septiembre el Partido Demócrata ha perdido ya dos elecciones especiales en sendos distritos en Nevada y Nueva York.

En EEUU llevamos ya casi tres años conociendo las obras y los frutos de un falso profeta y peor presidente. Obama está ya bajo sospecha de incompetencia. Su fracaso se ha intensificado en estos pasados meses. Primero, con el lío del techo de la deuda; segundo, anteponiendo sus lujosas vacaciones al caos laboral; y tercero, con los datos de creación cero de empleo en agosto. Ángel Martín ha acertado al probar documental y objetivamente cómo EEUU sigue estancado económicamente. El mes de septiembre va peor y el otoño pinta ya caliente con algún columnista como Steve Chapman, del Chicago Tribune, pidiéndole ya abiertamente a Obama que no se presente a la reelección y deje vía libre a Hillary Clinton.

Aquel fatal acuerdo sobre el techo de la deuda, tan elogiado por Obama, implicó la creación de un llamado "supercomité" encargado de recortar gastos gubernamentales. Tan nefasta idea de crear un grupo de doce miembros con tremendo poder para dictar los detalles de dicha reducción está resultando un caos, pues contradice el carácter representativo de esta democracia norteamericana al silenciar la opinión de los más de quinientos miembros del Congreso, así como de los más de doscientos comités y subcomités encargados de decidir legislativamente en el Congreso. Obama sigue politizando ahora una nueva ley de empleo que exige otros 447 millones de dólares más para un nuevo paquete de "estímulo", así como un billón y medio de dólares en nuevos impuestos.


Junto al caos laboral y económico, estos días ha saltado también el escándalo de la intervención de la administración Obama en una pequeña empresa de guitarras en Tennessee. Por segunda vez desde 2009, varios agentes federales entraron con armas automáticas en un pequeño negocio de guitarras en Tennessee. El gobierno de Obama considera que dicho negocio realizó uso inapropiado de madera extranjera violando una ley de 1900 diseñada para prohibir materiales exportados ilegalmente de otros países. El negocio, llamado Guitarras Gibson, asegura que tiene documentos que prueban que la madera usada, procedente de Madagascar e India, es legal y que el problema radica en que no les han dado la oportunidad de defenderse en el juzgado ya que el gobierno de Obama no ha presentado cargos.

Otro escándalo reciente tiene que ver con Solyndra, la empresa con base en California de paneles fotovoltaicos que Obama puso como ejemplo del futuro económico de EEUU. Tras otro discurso del falso profeta hace poco más de un año en aquella misma empresa, han salido ya datos que prueban cómo la empresa estaba muy bien conectada políticamente con Obama. Tras recibir un préstamo federal de 535 millones de dólares, Solyndra se declaró hace tres semanas en bancarrota despidiendo a más de mil trabajadores. La Oficina de Auditoría del Gobierno Federal ha encontrado ya favoritismo en la concesión de ese préstamo y el FBI está investigando el caso pues uno de los mayores inversionistas de la compañía, el multimillonario George Kayser, fue también uno de los mayores donantes del candidato Obama en 2008.

Estos escándalos, unidos al del paso y venta de armas ilegalmente a México por parte de la Administración Obama en la llamada operación "Fast and Furious" y al que acaba de saltar conocido como "Light Squared" -con presiones de la Casa Blanca a un general del ejército para favorecer a una compañía- no han hecho más que empezar a ver la luz pública y llegan en un clima general entre los ciudadanos que otorgan los peores números de aprobación popular a Obama. El falso profeta está resultando ya tóxico también para su partido, tanto que en este mismo mes de septiembre el Partido Demócrata ha perdido ya dos elecciones especiales en sendos distritos en Nevada y Nueva York, en este último caso en un distrito que había estado en posesión del Partido Demócrata durante los últimos noventa años y que ahora ha pasado a manos del GOP. Obama llegó a la campaña de 2008 vestido de oveja. Por sus frutos ya lo conocemos.


Libertad Digital – Opinión

Ordeno y mando. Por Fernando Jáuregui

Decía mi abuelo, que fue presidente de la Diputación de Vizcaya, que el poder es llamar a alguien y decirle: "fulano, te vas a Logroño". "¡Y se va a Logroño!", se admiraba mi abuelo de la eficacia de una orden emanada desde un sillón poderoso. Una concepción sin duda "typically Spanish" de lo que es el poder: tocas un timbre, llega un tipo a tu despacho, lo envías a Logroño, ¡y se tiene que ir a Logroño! quiéralo o no.

Ya sé que a muchos catalanes no les gustará que les incluya en la idiosincrasia carpetovetónica, de la que sin duda mi abuelo era apenas un modesto representante, pero no puedo evitar pensar que la prohibición de las corridas de toros en esta Comunidad responde más aún al espíritu del "tengo poder, luego mando", tan nacional, que al afán por distanciarse de una tradición netamente española, la tauromaquia. Y me parece que responde todavía menos a un espíritu proteccionista del animal, ánimo compasivo que nada tiene que ver, por ejemplo, con los "correbous". Lo digo hoy, claro, apenado por lo que ocurrirá dentro de pocas horas, cuando la Monumental barcelonesa, de tanta tradición, acoja la última faena de tres grandes, entre ellos el grande entre los grandes, José Tomás.


Pero la cosa va más allá de la prohibición unilateral y porque sí de las corridas catalanas. Temo que el "ordeno y mando" se extiende por la piel de toro, que nunca ha sido ni demasiado tolerante, ni excesivamente proclive a las consultas populares, ni muy sensible a lo que el hombre de la calle opine o sienta. Y ese "ordeno y mando" alcanza desde a la confección de las candidaturas, donde el "aparato" de los partidos se impone siempre sobre cualquier intento de democratizar formas y decisiones, hasta al Consejo de Administración de RTVE, sacrosanta institución que, en cuanto se ha visto revestida de poder -porque hay un vacío de poder decretado por los egoísmos de los partidos-, ha intentado una suerte de golpe de Estado, afortunadamente fallido.

Y así ocurre con demasiada frecuencia en ámbitos de diverso pelaje: desde los modos dictatoriales de la SGAE, que se creía autorizada para atracar festejos amenizados con música, hasta la tiranía despótica del último funcionario de un organismo público -ya sé que hay de todo, pero hablo de "ese" funcionario que usted y yo hemos sufrido alguna vez en nuestros papeleos-, aquí todos se sienten autorizados a mandar sobre el individuo. Y lo peor es que no pocas veces se disfraza el autoritarismo de beneficio al súbdito, perdón, al ciudadano: aquí no se fuma, aquí no se comen hamburguesas, aquí se va a la velocidad que al director general de turno le da la gana, aquí le pongo a usted un scanner que le desnude en los aeropuertos...

Claro, con tanta vigilancia sobre nuestra salud -y sobre nuestras libertades-, ¿cómo extrañarse del mimo con el que algunos próceres catalanes -y no solamente ellos- tratan a la salud de un toro? País, con perdón...


Periodista Digital – Opinión

Hijos de Israel. Por Angela Vallvey

El judaísmo es la más antigua de las tres religiones monoteístas, de él manaron primero el cristianismo y, luego, la más «joven»: el Islam. El calendario hebreo dice que éste es su año 5771. Para nosotros, transcurre el 2011. Para los musulmanes, el 1432, creo. Pese a tener el culto más viejo, los judíos sobrellevan una historia convulsa que no termina. El Talmud menciona que forman un pueblo que siempre vive «hostigado, acosado, perseguido y acorralado», y que nunca ha sido fácil ser judío. En el Génesis se consagra la Tierra Santa de Israel como la patria judía. El mundo se divide así entre Israel y… todo lo demás. Cuando el Islam no existía como religión, Herodes el Grande, muy aficionado a las obras públicas, reconstruía el Segundo Templo –símbolo del pueblo judío– sobre lo que antiguamente fuera el Monte Moriá, el lugar donde Abraham fue a sacrificar a su hijo Isaac. Lo que hoy queda de aquel templo –el Muro Occidental o Muro de las Lamentaciones– es la parte baja que sostiene la Explanada de las Mezquitas en Jerusalem. Arriba, la piedra de Abraham está cubierta por la Cúpula de la Roca, una mezquita del siglo VII que prohíbe actualmente la entrada a los no musulmanes. El lugar parece una metáfora arquitectónica de la enzarzada situación entre palestinos y judíos: los islamistas arriba, paseando orgullosos y altivos por el lugar que ocuparon y conquistaron sus ancestros; los judíos abajo, sosteniendo la estructura, cuidando los restos de su memoria compuesta de destrucciones y renacimientos. Ambos bandos, ligados en lo más íntimo.

El conflicto palestino-israelí es cualquier cosa menos sencillo. Así y todo, ambas partes parecen haber llegado hoy día, de hecho, a una especie de statu quo. Se toleran (tolerar significa «sufrir, llevar con paciencia») mutuamente. La situación resulta endemoniada: los palestinos no tienen patria, y esa especie de entelequia denominada la Autoridad Palestina (ANP) es su único gobierno. El rey de Jordania les ofrece tradicionalmente un pasaporte a sus vecinos/hermanos cisjordanos. Cisjordania y Gaza están separadas geográficamente… Las fronteras se suceden en los sitios más insospechados, aunque en los controles, el mismo jueves pasado, no se sentía sensación de peligro. Los judíos, incluso cuando se asientan en mitad del desierto del Néguev, son capaces de hacer florecer la tierra. Ver sus logros impresiona al extraño. Viven con modestia, trabajan duramente y construyen y progresan sin parar, movidos por una fuerza ancestral, con algo de la rabia y el descaro del esclavo manumitido. Los árabes, por el contrario, prefieren vivir de las subvenciones de la comunidad internacional. Los palestinos tienen fe en la ONU, que canaliza muchas ayudas económicas. Mahmud Abbas se ha ido a la ONU a hacer su «primaverita» palestina: a pedir que Palestina sea un Estado y que la madre ONU le quite a Israel lo que Israel ganó en una guerra. Los palestinos han ovacionado la petición, ilusos. Pero todo es puro teatro, una mentira mundialmente compartida, porque nada cambiará si no hay diálogo.

La Razón – Opinión

Ventanas. Brillante Rahola, oscura La Vanguardia. Por Antonio José Chinchetru

Pilar Rahola escribió un artículo valiente en La Vanguardia. Osó, en una muestra de honestidad intelectual, criticar dos figuras intocables en Cataluña e íntimamente relacionadas entre sí: el Barça y Pep Guardiola.

Desde que existen los equivalentes a las bibliotecas para los periódicos, se suele decir que las hemerotecas juegan malas pasadas. En dichos lugares se pueden encontrar informaciones que muchas personas o instituciones quisieran que quedaran relegadas al olvido. Ahora, gracias a internet, queda rastro incluso de lo que no llega a convertirse en materia almacenable en dichas hemerotecas. Y por mucho que se intente disimular, las pruebas pueden quedar vivas.

Pilar Rahola escribió un artículo valiente en La Vanguardia. Osó, en una muestra de honestidad intelectual, criticar dos figuras intocables en Cataluña e íntimamente relacionadas entre sí: el Barça y Pep Guardiola. Criticó que el entrenador elogiara, por encargo de su club, a un régimen retrógrado como el de Qatar. Posiblemente los controles de lo políticamente correcto fallaran en un primer momento, y algunos afortunados suscritos a las versiones digitales del periódico pudieron leerlo. Pero duró poco. En el papel apareció una columna diferente, de la misma autora, y pronto ocurrió lo mismo en las ediciones en internet.


¿Se trata, como dice el director de La Vanguardia, de una decisión de la propia Rahola por considerar que el tema ya no era de actualidad? Dado el silencio –al menos hasta el momento de enviar a Libertad Digital el presente artículo– de la periodista catalana, parece más creíble lo que se sospecha de forma generalizada. Resulta más que probable que los responsables del rotativo barcelonés hayan decidido que hay temas sagrados que no pueden ser mancillados con análisis serios que contienen verdades molestas.

Sin embargo, los intentos de hacer desaparecer el artículo de Rahola están destinados al fracaso. A pesar de que se haya llegado incluso a borrar la caché de Google, internautas avezados lograron hacer copias a tiempo. Unas copias que están disponibles para cualquiera. De esta manera no sólo se ha logrado que no desaparezca un lúcido artículo que merece ser leído. Además se ha demostrado las, mientras no haya un desmentido claro por parte de la afectada, malas prácticas por parte de una empresa que, por dedicarse al periodismo, debería defender la libertad de expresión. Hasta para esto es positivo Internet.


Libertad Digital – Opinión

¿Y ahora qué? Por Andrés Aberasturi

¿Qué hacemos en el pueblo en que vivo con el ayuntamiento sin un euro y un montón de problemas a medio resolver? ¿Vamos todos a quejarnos al gobierno de la Comunidad? Casi que no porque el Gobierno de la Comunidad tiene el presupuesto de todo el año ya gastado a estas alturas y siguen saliendo facturas y no saben siquiera si van a poder pagar la Seguridad Social de sus funcionarios. Pues entonces vamos mi pueblo y mi comunidad a pedir cuentas al Congreso de los Diputados y al Gobierno Central. Inútil. Acaba de cerrar y nadie responde. Un ujier nos mira con escepticismo y nos advierte sobre nuestras prisas: "por aquí no vuelvan por lo menos hasta Navidad, esto ya no funciona". Ayuntamiento, Comunidad y Gobierno Central ponemos rumbo a Europa que para eso hemos cedido tanta soberanía y hemos firmado tantos acuerdos. Pero en Europa, ay, nadie responde o, lo que es peor, hay tantas voces sonando a la vez que la Unión se ha convertido en una Babel de intereses creados y unos miran hacia Grecia y otros señalan a los todo poderosos Estados Unidos. Y para allí nos vamos mi Ayuntamiento, mi Comunidad, mi Gobierno Central y mi Bruselas. Preguntamos por Obama y se nos dice que está a punto de ahogarse ante los republicanos y que se agarra desesperadamente al prematuro Nóbel de la Paz. Desde China llegan noticias inquietantes de que están dispuestos a defender su moneda sea como sea mientras la OPEP mira hacia otro lado. Suena una canción con aires caribeños de la vieja nueva trova cubana: "la ciudad se derrumba y yo cantando".

¿Y ahora qué? ¿Qué es lo que toca hacer ahora, hoy, mañana? ¿A quién le toca exactamente tomar la iniciativa? ¿Dónde están los que mueven el mundo, los que lo ordenan a su gusto y lo desordenan sin ningún pudor cuando más les conviene? ¿Por quién podemos preguntar todos, desde el alcalde de mi pueblo hasta el presidente de los EEUU para que las cosas empiecen a funcionar otra vez aunque sea despacio, poco a poco, sin sobresaltos? ¿Quién está ganando en esta carrera de todos hacia la pobreza? ¿Quién manda en el caos y quién lo alimenta? ¿Alguien sabe esos nombres o esas siglas? Y si no hubiera nadie detrás, si sólo fuéramos nosotros, mi alcalde y comunidad, mi vacío cerrado por elecciones, mi Bruselas/Babel y los EEUU tan siempre ahí, si realmente tan sólo dependiera de nosotros ¿es que entre tantos no hay nadie capaz de liderar el inicio de la reconstrucción? Nos hemos acostumbrado a vivir tiempos de pensamiento débil donde los intelectuales solo sirven para firmar manifiestos y los políticos se van flotando entre palabras a contar nubes. Así no hay forma. El mundo se derrumba y yo escribiendo.

Periodista Digital – Opinión

Antipáticos. Por Alfonso Ussía

Me altero cuando leo u oigo a un nacionalista catalán haciendo uso magistral del victimismo. Que si el anticatalanismo, que si el españolismo, que si patatín, que si patatán. Nada de eso. Los nacionalistas catalanes, socialistas incluídos, llevan muchos años cerrados a la libertad de expresión y abiertos a la antipatía con el resto de los españoles. Todo lo que dicen resulta antipático, distante y pegado a la aldea. Lo de los toros, mayúscula equivocación y atentado cultural contra centenares de miles de catalanes, no supera la simpleza del cinismo más tosco. Lo del idioma va mucho más allá. En España se prohibe hablar en español. En España se multa por rotular en español, y en España se le llama fascista a quien solicita que sus hijos estudien en español. Así de sencillo. La lengua catalana, rechazada durante siglos por las altas clases de Cataluña, es una lengua viva y moderna que no transcurre por peligro alguno. Su literatura es formidable y no ha sido necesario reiventarlo, como han hecho los nacionalistas vascos con el «batúa» para que se puedan hablar y entender de valle en valle. Los vascos redujeron la fuerza de sus siete dialectos en el siglo XII, arrinconándolo en los espacios rurales y las nostalgias pastoriles. En el siglo XII no había nacido todavía Franco, al que culpan de su limitada expansión. En Cataluña, con Franco o sin Franco, siempre se ha hablado el catalán, escrito en catalán y comerciado en catalán. Su gran pujanza se ha debido al uso natural del bilingüismo, ese tesoro que los nacionalistas catalanes, socialistas incluídos, desean enterrar.

En veinte años, Barcelona ha pasado de ser la ciudad más avanzada y acogedora de España a una inmensa y bellísima aldea que recela de todos los que del resto de España acuden a visitarla. Y Barcelona es la primera y fundamental tarjeta de visita y prestigio de Cataluña. Vargas Llosa lo explicó muy bien hace años y le cayeron barretinas del cielo. Todo ello, nace de una nueva y reciente antipatía imprescindible para defender lo catalán de la infectada influencia de lo español. Parece que ningún nacionalista catalán, socialistas incluídos, ha leído a Maragall, a Espriú o al gran Josep Pla, el payés brillante, irónico y escéptico. Otro, y más profundo, es el problema de los vascos. Los autores que se pueden leer los han escondido, con Unamuno y Baroja a la cabeza. La Literatura catalana de los siglos XVIII y XIX es moderna y palpitante, mientras que la vasca se reduce a una serie de poetas infantiles que no sabían de la existencia de la metáfora.

En España no hay anticatalanismo. Hay hartazgo de la antipatía de los nacionalistas hacia lo que también es suyo. Por defender unas peculiaridades muy respetables, como también lo hacen los vascos, están renunciando a una maravilla cultural e histórica compartida durante mil años. Y lo están haciendo mediante gestos y posturas manifiestamente antipáticas, vejatorias e inimaginables años atrás, cuando Cataluña representaba la avanzadilla cultural de España. Eso es lo que se me pasa por la cabeza y así lo escribo, a vuela pluma, herido porque quieren hacerme extranjero de una parte de España que amo con locura. Como en Vasconia. ¿Por qué tan antipáticos?


La Razón – Opinión

El Príncipe, la prensa y el padre de Mari Luz. Por Rafael Torres

Ocurren cosas en apariencia contradictorias; Juan José Cortés, el padre de la desventurada niña Mari Luz asesinada en Sevilla, ya no es, de súbito, esa persona serena, ponderada y cabal que fue, cuando menos, hasta que se dejó instrumentalizar por el Partido Popular, del que creo sigue siendo asesor, o algo así, en materia de justicia. Ahora está imputado por haber participado en un tiroteo. El Príncipe, por su parte, asegura que sin una prensa libre, crítica e independiente no hay democracia. Puede, en efecto, que esa sea una de las razones por las que tanta gente cree que no hay verdadera democracia, pero ¿ha hecho la Monarquía sus deberes al respecto? ¿Estaría en condiciones de asumir una prensa absolutamente libre, crítica e independiente en su tratamiento de la Corona? En todo caso, ¿cómo ve el Príncipe que los principales partidos hayan hecho amago de institucionalizar la Censura previa y directa sobre los contenidos informativos de la Radio y la Televisión públicas? Si se atiene a sus palabras, y éstas, a su vez, a su pensamiento, debe verlo francamente mal.

Ocurren cosas en apariencia contradictorias: se convocan elecciones generales para dentro de un par de meses, pero, a todos los efectos, es como si se hubieran celebrado ya y el Partido Popular hubiera arrasado, cual mandan los sondeos cocinados para la ocasión, en todas las circunscripciones. ¿Para qué, entonces, el engorroso y caro trámite de los comicios? Tal parece ser el mensaje no ya del PP, que se comprendería por las ganas que tiene de recuperar lo que sólo le duró dos legislaturas, sino del propio PSOE, resignado, al parecer, a la derrota que le exigen los poderes fácticos, contundentes, reales. Ni Rubalcaba cree en la victoria, aunque sí, lo cual le honra, en minimizar el desastre que supondría para España la laminación absoluta, una vez más, de la izquierda política de ámbito nacional.

Ocurren cosas, ciertamente, pero cada vez sale más caro tratar de contarlas.


Periodista Digital – Opinión

Déficit. Fraude por ocultación. Por José T. Raga

Me atrevo a creer que hoy, en España –también en otros países igual de manirrotos–, nadie es capaz de asegurar cuál es el nivel de déficit de una administración, ni hasta donde llega su nivel de endeudamiento y a qué plazo es exigible.

Repasando la gravedad de las situaciones en las finanzas públicas, sólo encuentro una que supera a la del déficit excesivo; la que desconoce el tamaño del déficit y, en su caso, la que desconoce el volumen de la deuda, pues al fin y a la postre, el primer desconocimiento conducirá inexorablemente al segundo.

¿Cómo es posible que semejante situación exista en la realidad? Es impensable que una empresa privada, más aún una familia, no conozca su situación ante unos gastos superiores a los ingresos (déficit en la economía familiar) o que desconozca también cuál es la deuda acumulada que en cualquier momento de descontrol podría superar la cuantía de su patrimonio. En efecto, son situaciones inimaginables entre personas normales y de buen hacer.

Pues bien, eso que es tan extraño que ocurra en el ámbito privado de la economía, se ha convertido en el menú ordinario del sector público (en él incluimos al Estado, a las Comunidades Autónomas, a las Diputaciones Provinciales y a los Ayuntamientos, además probablemente de las Comarcas, donde quiera que existan y cualquiera que sea la denominación que las identifique). Me atrevo a creer que hoy, en España –también en otros países igual de manirrotos–, nadie es capaz de asegurar, con rigor contable, cuál es el nivel de déficit de una administración, ni hasta donde llega su nivel de endeudamiento y a qué plazo es exigible.


Por qué en un sector sí y en el otro no, parece que tiene respuesta simple. Frente a la prudencia y realismo del sector privado, el público abunda en prodigalidad, carencia de ética y de escrúpulos en sus administradores, ansiosos de detentar el poder, cualquiera que sea su coste; también si éste es la propia quiebra del sector. Desde esos principios –o mejor, desde esa carencia de principios– el arma que utilizan una y otra vez, y de forma generalizada, es la ocultación de hechos y de obligaciones, con ánimo de engañar. Es decir, el fraude, para mostrar una apariencia que nada tiene que ver con la realidad. Ello, naturalmente, en beneficio propio; un beneficio que se pretenderá electoral, en unos comicios, o que con menos misticismo será crematístico, para engrosar las cuentas propias o las de los más cercanos.

Se preguntarán ustedes que por qué semejantes personajes no han pasado a engrosar la población penitenciaria española. La respuesta es también muy evidente: porque en España nunca pasa nada, si lo que pasa, pasa, de la mano del que manda; o sea, que pasa lo peor. Además en ello, parece haber un consenso no escrito: "hoy por ti y mañana por mí". Pero de ese fraude por ocultación, se derivan daños para la sociedad española y para la Nación como tal: descrédito dentro y fuera de nuestras fronteras, desprestigio social y político, y consecuente desprecio y humillación de la comunidad internacional.


Libertad Digital – Opinión

"El Estado y el buitre de Unamuno". Por Miguel Higueras

El gobierno ha violado su neutralidad electoral al restablecer el impuesto sobre el patrimonio, como uno de los candidatos exigía.

Mal está que el responsable de garantizar igualdad de oportunidades en las elecciones acceda a la demanda de uno, con la que discrepa su oponente, aunque mitigue el desbarajuste económico que el inspirador de la medida ayudó a provocar cuando gobernaba.

Lo peor es que, con éste nuevo impuesto, el gobierno cebará todavía más a la burocracia estatal y agravará la anemia de la sociedad a la que está parasitando.

Coincide la insaciable voracidad tributaria con la insistente advertencia sobre el peligro de quiebra del estado.

Evocan esas voces de alarma la sombría mirada del buitre voraz de ceño torvo del soneto de Unamuno, cuando el grajo-estado traga el último despojo de la sociedad para saciar el hambre atroz que nunca se le apaga.


La glotonería es la enfermedad terminal de éste estado, refundación del que se consumió con la desaparición del que su fundador se había hecho a medida en el fragor de una guerra civil, que acabó con el que había nacido cuando, inopinadamente, unas elecciones municipales acabaron con siglos de monarquía.

La que viene no será la primera refundación del Estado en España y, afortunadamente, nada hace temer que haya que reedificarlo sobre las ruinas de un conflicto armado, como cuando la guerra de sucesión, la de la independencia, la de Cuba, las carlistas o la civil.

El que viene debería ser, en contraste con el actual, un Estado que devuelva la iniciativa a la población, renuncie a dirigirla y cambiarla y recaude impuestos de los ciudadanos para garantizarles su seguridad personal y frente a agresiones exteriores.

La mejor receta es reducir a esos dos fines la recaudación de impuestos.
La indolencia individual ha dado como resultado la renuncia colectiva de los españoles a asumir sus obligaciones y derechos como personas.

A pesar de esa dejación, los padres saben mejor que el Estado la educación que quieren para sus hijos y a los hijos les importa más que al Estado el bienestar de sus padres en la vejez.


Periodista Digital – Opinión

España, marca de prestigio

Una de las herencias más onerosas que lega esta larga etapa socialista es una «marca España» devaluada en el exterior que perjudica severamente a las empresas multinacionales, frena las exportaciones, desanima la inversión extranjera y lastra la confianza en el futuro. Es muy raro el ranking, la clasificación o el indicador internacional en el que nuestro país haya mejorado su posición desde 2004. La tónica general es la contraria, el retroceso. Baste un solo ejemplo: hemos pasado de ser la novena potencia económica mundial a la duodécima. Es cierto que existen causas objetivas y ajenas que explican esas pérdidas, como la irrupción de poderosas economías emergentes, la crisis financiera global, el tormentoso vaivén de los mercados y el abrupto pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Sería erróneo achacar al Gobierno la causa de estos males. Pero es evidente que al no reaccionar a tiempo, ni con las ideas claras, ni con la firmeza necesaria, ni con acierto, las consecuencias para nuestra economía y el mercado laboral han sido sencillamente devastadoras. Además, el Gobierno ha cometido equivocaciones garrafales en política exterior que han agravado los efectos, como apoyar a los sátrapas populistas de Hispanoamérica (los Castro, Chávez, Evo Morales, etc.), salir a la carrera de Irak o abanderar ocurrencias como la Alianza de Civilizaciones que han deparado más bochorno que gloria. Para la «marca España», a la que el Gobierno de Aznar había dotado de un márchamo atractivo de calidad, prestigio y pujanza, el resultado ha sido demoledor. Por fortuna, España mantiene internacionalmente una imagen positiva y amable gracias a los millones de turistas que nos visitan cada año y a los éxitos deportivos de nuestros futbolistas, baloncestistas, tenistas y pilotos, que suscitan admiración allí donde compiten. Pero una cosa es la buena percepción de España como país hospitalario y de grandes deportistas y otra, la confianza que los inversores y compradores depositan en ella. Y es aquí donde juega un papel fundamental la «marca España». Como ya no tiene mucho sentido llorar por la leche derramada ni por la pésima gestión del Gobierno socialista, lo que procede ahora es instar al Ejecutivo que salga de las elecciones del 20-N a poner en marcha sin demora un plan de rehabilitación y difusión de la «marca España». Para ello será necesario sumar esfuerzos con las empresas y coordinar las distintas instituciones públicas y privadas (culturales, comerciales, diplomáticas, asociativas, etc.) para que todas actúen en la misma dirección, no como hasta ahora, que cada una ha hecho la guerra por su cuenta y, a veces, en dirección opuesta. En este sentido parece acertada la propuesta que hizo el PP en el Congreso hace cuatro meses de desarrollar un plan general que abarque desde la economía y la cultura hasta los deportes, la historia y la tecnología. La clave está en competir con las mismas herramientas y los mismos apoyos que los demás países emplean con profusión, y para ello la condición primera es creer en nosotros mismos y en que España es fuente de prestigio y credibilidad.

La Razón – Editorial

Los presos, a Gernika

Un pequeño paso que podría ser decisivo si Batasuna exige a ETA la retirada unilateral.

La adhesión del grueso de los presos de ETA a la Declaración de Gernika, firmada hace un año por los partidos componentes de Bildu, más Aralar y otras formaciones menores, puede analizarse desde dos perspectivas: la de las relaciones entre los presos y la dirección de la banda y la del pulso soterrado entre esa dirección y la de la izquierda abertzale.

La declaración incluía una serie de contrapartidas al fin de la violencia relacionadas con las demandas de los presos, con la novedad de plantearlas desde el respeto a la legalidad, lo que iba en contra de la línea marcada por ETA. Los presos partidarios del fin inmediato del terrorismo (concentrados en Nanclares) pidieron enseguida su adhesión a la declaración.

La dirección de la banda ha intentado desde entonces evitar que esa actitud se extendiera a la mayoría de los reclusos. El comunicado de los presos conocido ayer rinde cuenta del debate desarrollado entre ellos y ofrece como resultado del mismo una interpretación de la declaración de la que desaparece la referencia a los procedimientos legales y en la que se rechaza la búsqueda de "salidas individuales", en referencia implícita a los de Nanclares, que han aceptado presentar sus demandas de manera individual, como marca la ley. Es a esa interpretación, adornada con la retórica triunfalista tradicional, a la que se adhiere el colectivo de presos.


Si eso fuera todo, la relevancia del hecho sería escasa y se limitaría a un intento de los jefes de ETA de imponer su autoridad en las cárceles. Pero la Declaración de Gernika se diferenció de otras similares en que la tregua que pedía a ETA se planteaba "como expresión de la voluntad de un definitivo abandono de la actividad armada". Ese añadido le parecía demasiado comprometido a esos jefes de la banda, y de ahí que no lo asumieran en su comunicado de alto el fuego de enero. Y de ahí también que los de Otegi hayan intentado conseguir la adhesión de los presos al texto, como aval a su nueva estrategia.

En las cárceles hay 700 presos de ETA, un número muy superior al de etarras en libertad, por lo que su aval podría ser decisivo si el conflicto latente entre la ex Batasuna y ETA se hiciera explícito. El desenlace es por ahora ambiguo: los presos se adhieren a una declaración en la que se habla de abandono definitivo de las armas, pero bajo una interpretación que refuerza el carácter condicionado de ese abandono que ya tenía la declaración: negociaciones políticas, legalización de Sortu, derogación de la Ley de Partidos, etcétera.

Con todo, que ETA haya tenido que aceptar esa adhesión a la que se oponía constituye un pequeño paso que podría ser decisivo si, basándose en ella, la izquierda abertzale emplaza a la banda a aplicar ya la parte que le toca: convertir en definitivo el alto el fuego unilateral al que se comprometió en enero. Y ¿qué significa unilateral sino que el fin de la coacción armada no puede estar condicionado a contrapartida alguna?


El País – Editorial

Zoido en la FEMP: misión difícil pero crucial

Los municipios viven el peor momento de su historia reciente, a causa de la crisis económica y de la desidia de un PSOE que ha preferido atender las contingencias macroeconómicas antes que a las necesidades financieras de los ayuntamientos.

Tras la abrumadora victoria electoral del PP en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, el partido de Mariano Rajoy ha recuperado la presidencia de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), órgano que representa a las más de ocho mil entidades locales y provinciales con que cuenta nuestro país.

El encargado de regir los destinos de la Federación en los próximos cuatro años será Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, propuesto por su partido en reconocimiento a su brillante ejecutoria en la capital andaluza, que le llevó a desbancar en dicha plaza a un PSOE que allí parecía imbatible.


Ahora bien, el paso de Zoido por la presidencia de la FEMP no va a consistir en una mera sucesión de actos protocolarios con mayor o menor contenido institucional. Al contrario, los municipios españoles atraviesan el peor momento de su historia reciente, a causa de la crisis económica y de la desidia de un PSOE que ha preferido atender las contingencias macroeconómicas antes que a la necesidad imperiosa de que los ayuntamientos, las administraciones más próximas al ciudadano, puedan hacer frente a los numerosos servicios que prestan diariamente con el soporte financiero preciso.

La configuración de un marco estable que garantice la financiación municipal es el principal reto que, de inmediato, ha de afrontar Zoido al frente de la FEMP.

Dejando aparte la falta de previsión ante el desplome de los ingresos atípicos provenientes del urbanismo, que en muchos casos fueron considerados como ordinarios a la hora de elaborar los presupuestos, lo cierto es que los ayuntamientos españoles no pueden sobrevivir si no cuentan con una financiación estatal adecuada, y que las autonomías siguen sin cumplir el precepto constitucional que las obliga a hacerles partícipes de los ingresos por los tributos autonómicos.

Si, además de resolver el acuciante problema de la financiación, Juan Ignacio Zoido consigue erradicar la impronta de caciquismo sectario que ha acompañado a la institución durante el mandato de su antecesor, famoso por sus exabruptos, el alcalde de Sevilla habrá cumplido sobradamente con su misión, de enorme importancia.


Libertad Digital – Editorial