lunes, 8 de agosto de 2011

Un Gobierno que no ha hecho su trabajo

Que el BCE se haga cargo de nuestra deuda no puede ser la solución ni a medio ni a largo plazo por la sencilla razón de que el problema es y seguirá siendo la enfermiza renuencia de nuestros políticos a ajustar sus gastos a su realidad financiera.

Se supone que quienes tienen que "hacer su trabajo" ante una crisis motivada por la falta de confianza en que los Estados sean capaces de devolver lo que han recibido en préstamo son sus gobernantes. Sin embargo, en lugar de acometer reformas que reactiven nuestra mortecina economía y de introducir drásticos recortes en el gasto público que hagan creíble la posibilidad de que pronto el sector público será capaz de recaudar más de lo que gasta, nuestra vicepresidenta económica, Elena Salgado, se ha dedicado este domingo a reclamar al Banco Central Europeo que "haga su trabajo", que para ella no es otro que comprar los bonos españoles e italianos que los inversores privados no aceptan si no es con una elevadísima prima de riesgo.

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ya anunció el pasado viernes que el banco reanudaría sus compras de bonos, suspendidas desde mayo, tratando de calmar a los inversores. Pero no había precisado hasta ayer si la institución podría comprar o no bonos del Tesoro de España e Italia. Sin embargo, la monetización de deuda no puede ser la solución ni a medio ni a largo plazo por la sencilla razón de que el problema es y seguirá siendo la enfermiza renuencia de nuestros políticos a ajustar sus gastos a su realidad financiera.


Salgado ha querido disimular su irresponsabilidad no sólo pasándole el "muerto" al BCE sino también anunciando un par de medidas que, en realidad, no vienen si no a dejar todavía más en evidencia la pasividad de su Gobierno a la hora de hacer su trabajo en lo que a embridar el gasto público se refiere. Nos referimos a la decisión de incrementar este mismo año los pagos a cuenta para grandes empresas o la de flexibilizar el contrato a tiempo parcial. Si la primera es una medida que pone en evidencia la obsesiva demagogia del Ejecutivo contra las empresas grandes por el mero hecho de serlo y que no va a paliar el mal estado de nuestra Hacienda Pública (pues sólo implica una anticipación de ingresos futuros), la segunda no deja de ser un inconcreto y mero parche que no va a solventar la irresponsable decisión de este Gobierno de no acometer una auténtica reforma laboral.

Lo que resulta evidente es que ni elevar el tope de endeudamiento, tal y como se ha aprobado recientemente en EEUU, ni forzando a que la autoridad monetaria se haga cargo de las distintas deudas nacionales va a contribuir a tranquilizar a largo plazo a los mercados. La reciente rebaja del rating de la deuda estadounidense por primera vez en 70 años deja en evidencia que el auténtico problema está en los políticos adictos al gasto y al endeudamiento público, tanto en éste como al otro lado del Atlántico.

Mientras los Ejecutivos no acometan una ambiciosa y radical reforma destinada a reducir el peso del Estado y a liberar de su pesada carga a empresas y familias no habrá posibilidad de recuperación sino garantía de una decadencia como la de quienes evitan la resaca injiriendo más alcohol.


Libertad Digital - Editorial

domingo, 7 de agosto de 2011

Porra fácil. Por Rafael Torres

Salvo Llamazares, imbuido de sus planes, ya nadie corteja a los Indignados del 15-M. A la derecha, que al principio encontró encantador al movimiento que contribuyó tanto a borrar al PSOE del mapa en las últimas elecciones, no le hace ya ninguna gracia que espanten a los turistas, que fastidien al comercio del centro o que deambulen por los territorios que han de ocupar los alegres chicos del Papa. A la izquierda, quemadísima por la ausencia en el movimiento de interlocutores con los que entenderse y por la propia deriva de la cosa, le cuesta cada vez más disimular el desdén que le produce tanta asamblea y tanto bongo. Y los vecinos y los transeuntes, la mayoría de ellos indignadísimos, van prefiriendo, por puro hartazgo, indignarse por libre, por su cuenta y riesgo.

Sin nadie que les quiera, salvo Llamazares, que tampoco representa un amor de esos para perder la cabeza y dejarlo todo, los del 15-M ya no tienen nada, ningún colchón, entre ellos y la policía, que, por cierto, ya no es de Rubalcaba, sino de Camacho, un señor algo más tosco. Las intemperancias de los Indignados en Lavapiés con la policía, a la que impidieron hacer su trabajo y expulsaron del barrio, más los forcejeos constantes cuajados de insultos, más el hecho de que los antidisturbios se están quedando sin vacaciones a causa de la movida sin fín, más, por último, que entre éstos no escasean los de porra fácil y los que se toman el asunto como algo personal, todo ello dibuja nubes amenazantes en el cielo de Madrid. La Puerta del Sol pasando de unas manos a otras, de las de los acampados a las de la policía, pero clausurada en todo caso para la libre circulación de las personas, demanda, porque ciertas plazas tienen todo el derecho del mundo a demandar cosas, una solución inteligente, respetuosa y de consenso.

Palos aparte, y dejando bien sentada la "tolerancia cero" ante los casos de brutalidad policial, va quedando la pena de ver que lo que pudo haber sido, una reacción firme, general, alternativa y concreta contra la chusma dineraria y sus brazos políticos, no fue.


Periodista Digital - Opinión

Agitadores altivos. Por Pilar Ferrer

El coraje de Antonio Basagoiti define muy bien la situación. Instalados en las instituciones que siempre combatieron, altaneros con suculentos presupuestos, dueños de la calle y señores de la independencia, manejan sus objetivos. Así, no se puede saludar a quienes ni siquiera condenan el terrorismo. Los «batasunos» de Bildu cumplen a la perfección el guión esablecido. Su irrupción en las fiestas veraniegas será una constante triste en el País Vasco. En Vitoria, Guecho o las admiradas Semanas Grandes de Bilbao y San Sebastián, no cejarán en su empeño. Proclamas a favor de los presos y la principal exigencia: una única candidatura soberanista que llegue hasta el Congreso de los Diputados en pro del Estado vasco, tradicional reclamación de ETA. ¿Quién evitará semejante dislate? Dice ahora el ministro Jauregui que si Bildu no cumple la Ley podrá actuarse contra ellos. Habría sido bueno pensarlo antes de facilitarles el camino, bajo una deleznable sentencia del Tribunal Constitucional. Resulta repudiable ver a Martín Garitano, con su rostro altanero, bastón de mando en mano, despreciar la más pura tradición en memoria de San Ignacio de Loyola. Hacer oídos sordos a la conciliación que egrimió el obispo Munilla en el hermoso templo de Azpeitia. Bildu hace lo previsto. Nunca tuvo Batasuna tanto poder legal sin atenerse a las leyes. Se les ha dado una oportunidad de oro, pero como bien dice el PP, ahí están los jueces y la Fiscalia para actuar. Mientras nadie lo haga, los activistas de Bildu irrumpen en festejos y «chupinazos». Son lo que son: agitadores altivos, sin temor a ningún freno.

La Razón - Opinión

Y dale con la estafa de ni vencedores ni vencidos. Por Andrés Aberasturi

Andamos todos tan ocupados/preocupados con la prima de riesgo, la caída de las bolsas y la amenaza de una posible intervención de nuestra economía (como si ya no estuviera intervenida... pero esa es otra) que casi ni hablamos de lo que Bildu anda haciendo por Euzkadi y que no es sino una pura y permanente provocación: decisiones, nombramientos, invitaciones, actitudes... todo es mover la cuna que siempre ha mecido la mano ensangrentada de ETA. Pero esto, todo esto que no es poco, no es nuevo y ese es precisamente su mayor problema como han puesto de manifiestos algunas asociaciones: cada vez es más evidente que el disparate jurídico del Constitucional -diga lo que diga el ilustre don Pascual- metiéndose en un terreno que no le correspondía, enmendando la plana al Supremo en asuntos que no podía hacerlo y dando por fin luz verde a unas siglas que toda la sociedad española sabía lo que representaban, lo que ha conseguido el Constitucional ha sido no sólo parar el reloj de la democracia sino retroceder en el tiempo hasta volver a una situación en la nunca debimos estar.

Y en eso estamos otra vez, con las fotos en las fiestas, las ayudas económicas a las familias de los presos etarras, los silencios cómplices y las exaltaciones disimuladas. En lo que ya no se cortan un pelo, porque para eso les dio el Constitucional permiso, es para hacer y deshacer en lo ayuntamientos que tienen mayoría. Vuelven los abandonos -exilios- de muchos vascos lejos de su tierra mientras los dueños de las pistolas se permiten el lujo de darnos lecciones en forma de comunicados y recordarnos que la espada de ETA sigue ahí colgada sobre nuestras cabezas.

Y lo malo es que parece que había gente que esperaba otra cosa. Así, después de que Martín Garitano dijera algo tan brutal como lo que dijo ("Todavía no es tiempo de reflexionar sobre el dolor causado" refiriéndose a las victimas de ETA), PNV y Aralar se asombran -o dicen que se asombran- por dos motivos distintos y a cual peor. Andoni Ortúzar, del PNV, lamentaba que Bildu "está siendo ahora más ambiguo que en campaña electoral". Pero hombre, Ortúzar, ¿no será justo al contrario? Que no le abandone la inocencia.

Y a Zabaleta, líder de Aralar, regañando a Bildu por "no querer afrontar una realidad que es incómoda y dolorosa", la de reconocer el dolor de las víctimas, pero concluyendo, otra vez, con la gran estafa que vienen predicando desde hace tiempo los nacionalistas: "Aralar siempre ha trabajado por una paz sin vencedores y vencidos." Y no, claro. Quienes han matado, secuestrado y extorsionado a tanta gente inocente tiene que ser vencidos por los que hemos creído en la libertad y los derechos. Otra cosa es que, una vez vencidos, seamos nosotros, los buenos, los que decidamos cómo y cuándo y a quién se puede perdonar. Lo que manda huevos es que a estas alturas sea Garitano quien pretenda decirnos cuándo toca reflexionar sobre nuestros muertos.


Periodista Digtal - Opinión

Para Bono. Por Alfonso Ussía

Que José Bono es un político hábil e inteligente nadie lo puede poner en duda. Ni los que abominan de él, una considerable masa compuesta principalmente por militantes y votantes de su propio partido. Bono, más que socialista, es un socialdemócrata amable y ponderado, y sus últimas recomendaciones son absolutamente respetables, pero extemporáneas. No obstante, aunque tardías y fuera de su tiempo oportuno, merecen ser valoradas con generosidad. José Bono plantea la necesidad de que el PP y el PSOE gobiernen juntos por el bien de España. Podría ser una solución con tintes patrióticos, como él apunta, pero habría que preguntarse qué sector del PSOE estaría dispuesto a gobernar con el Partido Popular. El abanico –y perdonen la cursilería– ideológico del PSOE es amplio y multicolor. Desde el rosa pálido de la socialdemocracia de Bono al social-comunismo de Zapatero, pasando por el guerrismo , el socialismo-nacionalista periférico, y demás familias. Zapatero y los suyos se han visto obligados a rectificar cuando ya habían hecho a España el daño previsto y perfectamente programado. Con ese sector del PSOE, un partido que reúne a los liberales y conservadores que hoy están establecidos en el poder europeo, la colaboración es imposible. El zapaterismo está en los años treinta del pasado siglo, y Bono lo sabe. Con el sector socialista que Bono representa, no existirían problemas, y las diferencias de criterio se salvarían mutuamente si ello significara la consolidación de España, entendiendo por España la Patria de todos, la que se advierte en el actual mapa. Zapatero ha hecho lo posible por mutilar ese mapa, porque sus fines originales coincidían plenamente con los del comunismo español, que sigue siendo estalinista.

«Es patriótico entenderse», ha dicho Bono. Lo es. Pero habrá de reconocer el Presidente del Congreso de los Diputados que, con Zapatero, el patriotismo no tenía cabida en sus proyectos. No me suenan las manifestaciones de Bono a oportunismo para seguir en la cumbre de los poderes públicos. Pero su actitud y sus palabras hubieran tenido una repercusión y un valor muchos más altos con un Zapatero en plenitud de desvaríos y de influencia en el PSOE. Hoy, ese personaje errante, atemorizado y en el fondo, triunfador en su propósito –la destrucción de España–, no puede poner a Bono en su sitio, porque Bono lo mantiene y el suyo se ha echado a volar. Europa vería con agrado la unión eventual de los dos grandes partidos de España para superar lo que ya parece imposible de llevar a cabo. Pero el PSOE tendría que renunciar a un considerable porcentaje de sus gilipolleces legislativas y ejecutivas para que la deseada colaboración fuera viable.

Algo tienen las palabras de Bono que me recuerdan a las de «Paz, piedad y perdón» de Manuel Azaña. Pronunciadas en su momento, el mensaje azañista sería históricamente admirable. Sucede que esas tres palabras las pronunció cuando todo lo tenía perdido. En sus momentos de mayor poder y gloria, a Azaña no se le pasó por la cabeza ni la paz, ni la piedad –que no la tuvo–, ni el perdón –que no quiso conceder–. Lo narraba un gran humorista inglés de principios del siglo XX. «El Gobernador, enterado de la derrota de sus tropas ante los zulúes en Natal, con todos sus oficiales y soldados muertos sobre la planicie de Ulundi, cerró la carpeta de cuero que tenía sobre la mesa de su despacho con energía, y con gran serenidad comentó: “Creo que ha llegado la hora de entrar en negociaciones con el pueblo zulú”».

Respeto y valoro como español la recomendación de Bono. Sólo lamento que la haya manifestado con cuatro años de retraso.


La Razón - Opinión

Crisis de deuda. Sobredosis. Por Ignacio Moncada

Es necesario reducir drásticamente el gasto público para ir devolviendo lo que hemos pedido prestado, y los bancos centrales deben dejar de inyectar dinero llenando sus balances de bonos basura.

Desde que comenzó la crisis hemos vivido una ficción. Los políticos se han tragado la mercancía averiada que les han vendido desde los medios de comunicación, aplaudidos por supuestos expertos en economía que habitan en las tertulias. Para salir de la crisis, según éstos, lo único que había que hacer era tomar dos medidas fundamentales. La primera de ellas era disparar el gasto público con dinero que previamente se pedía prestado en los mercados. La orden era "gastarlo en lo que sea". Así han surgido los disparatados "planes E" en España, o los "planes de estímulo" en Estados Unidos. Con esa receta, decían los expertos, se generaría de forma inmediata crecimiento y empleo, y más adelante ya nos ocuparíamos de la deuda. La segunda medida era inyectar dinero en la economía a través de los bancos centrales, de forma que se expanda el crédito y podamos vivir temporalmente del mismo. En estas dos tareas han estado ocupados la mayor parte de los gobiernos de Occidente durante los últimos años. Ahora, si esto funcionara, tendríamos que estar creciendo con fuerza y con pleno empleo. Pero no es así.

La realidad, caprichosa ella, no ha sido fiel a las fantasías de los políticos. Los Gobiernos se lanzaron a gastar a espuertas y a inyectar dinero. Era como una droga: fácil de tomar y muy estimulante. Además, es lo que hacía todo el mundo, así que debía ser bueno. Sin embargo, ha resultado ser una actividad tremendamente perjudicial para la salud económica y altamente adictiva. No se han medido los costes de tomar la droga keynesiana, y los Gobiernos se han atiborrado pensando únicamente en el corto plazo. Pero ahora llegan las consecuencias: una deuda que va a lastrar la actividad económica durante años y una inflación, en plena crisis, de casi el 4%. El paro está en máximos y el crecimiento económico brilla por su ausencia. Y, para colmo, se ha conseguido lo que era impensable: que buena parte de los países de Europa, e incluso Estados Unidos, estén al borde de la suspensión de pagos. Y de los beneficios prometidos, ni rastro.

La última semana podría parecer una durísima resaca. Pero realmente se parece más a una sobredosis. Mientras se sigue diciendo que hay que seguir inyectando dinero mediante la compra de deuda pública, y que el Estado debe seguir despilfarrando, se ha conseguido que ya sea imposible rescatar a los países que van directos a la quiebra sin machacar la economía. Es decir, que si el Banco Central Europeo compra deuda pública, se dispara la inflación y se vuelve a la recesión; y, si no, muchos Estados corren el riesgo de caer, arrastrando a todos los demás. Por ese motivo se dispara el coste de la deuda de los países peor gestionados, como España e Italia, y a la vez se desploman las bolsas, descontando un regreso a la recesión. Sólo existe una manera de superar esta sobredosis: con una terapia de shock. Es necesario reducir drásticamente el gasto público para ir devolviendo lo que hemos pedido prestado, y los bancos centrales deben dejar de inyectar dinero llenando sus balances de bonos basura. Es una terapia dura, sí. Pero para salir de esta situación lo primero que hay que hacer es reconocer que somos adictos a la droga. Si hacemos caso omiso a advertencias como la de esta semana y seguimos consumiéndola como si nada, las consecuencias serán aún peores.


Libertad Digital - Opinión

¿Quién califica a las agencias?

La inapelable solvencia crediticia de Estados Unidos se ha resquebrajado. O, al menos, eso opina la agencia de calificación Standard & Poor’s, que, por sorpresa, el pasado viernes, bajó su calificación de AAA, la máxima posible, a AA+. Tras unas semanas «horribilis» en las bolsas de media Europa a cuenta de la prima de riesgo, principalmente española e italiana, –pero también belga y francesa–, provocada por eso que se ha venido en llamar «mercados», la noticia del otro lado del Atlántico ha vuelto a disparar los temores ante la apertura mañana de los parqués. La degradación de la calificación de la deuda de EE UU ha sido contestada de inmediato por la Administración Obama, que ha cargado contra S&P a la que acusa de cometer errores de bulto en sus cuentas. El Gobierno estadounidense ha atacado la credibilidad del análisis que justifica la decisión de Standard & Poor’s con el argumento, de peso, de que ha hallado un error de 2 billones de dólares. S&P se ha visto obligada a retirar la cifra de su análisis después de que funcionarios del Tesoro descubrieran que las estimaciones de la agencia de calificaciones sobre el gasto discrecional del Gobierno eran demasiado altas. Con todo, y desde una perspectiva europea, también se puede argumentar que esas agencias han sido, en el pasado y en el presente, mucho más estrictas en sus jucios con las economías europeas que con EE UU. Las agencias de calificación más importantes, Fitch, Moody’s o la misma S&P, son norteamericanas y, de antiguo, han sido más laxas a la hora de calificar las políticas económicas y financieras del dólar que las del euro. Por otro lado, cabe preguntarse, ¿qué autoridad se arrogan estas agencias para entrar hasta la cocina en las cuentas de los países? ¿Qué conocimientos y acceso a los datos tienen? ¿Dónde los obtienen? Tras esos nombres, Fitch, Moody’s o Standard & Poor’s se esconde un conglomerado de intereses que ocultan un negocio mundial, inmenso. Ahora resuenan con fuerza las voces, a ambos lados del Atlántico, que llaman a desarrollar los controles y tamices a las valoraciones de estas «empresas», más que agencias de calificiación, que tienen clientes e intereses en todo el mundo. De hecho en Europa no son pocos los gobiernos que han denunciado que la opacidad de estas agencias fue el detonante de la crisis hipotecaria en 2008 que desplomó los mercados financieros mundiales. Con el tiempo se ha conocido que daban autorización para ciertos bonos o mejoraban la calificación de otros que después se supo no lo merecían. Hasta ahora, las agencias de rating han tenido que hacer frente a demandas privadas en EE UU y algunos países europeos. Parece claro que pronto, en ambos continentes, los gobiernos cargarán contra unas agencias que han provocado y disparado la inquietud financiera. Por medios judiciales y legislativos, como ya ha ocurrido en Italia, donde la Fiscalía tiene abierta una investigación contra Moody’s y Standard Poor’s por abuso de información, manipulación del mercado y uso de información privilegiada. Y todo por dinero, por mucho dinero, aunque su negocio lleve aparejado el provocar el caos financiero y social.

La Razón - Editorial

La maldición del FMI

Una acusación de abuso de poder complica el trabajo de su nueva directora, Christine Lagarde.

El Tribunal de Investigación de la República Francesa ha aceptado a trámite un procedimiento contra la flamante directora general del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, acusada de abuso de poder. Los hechos se remontan a 2007, cuando Lagarde era ministra de Economía e intervino como árbitro en el litigio que mantenía con el Crédit Lyonnais el controvertido exministro socialista y posterior partidario del presidente Sarkozy, Bernard Tapie. El Tribunal deberá pronunciarse sobre si Lagarde perjudicó a la entidad financiera, obligada a pagar una indemnización millonaria a Tapie. Desde el entorno de Lagarde se asegura que la investigación es una "completa locura".

Que lo sea o no es lo que tiene que esclarecer el Tribunal de Investigación, un órgano encargado de las causas judiciales que afecten a aforados. El procedimiento, que podría acarrear penas de prisión, puede demorarse varios años, durante los que Lagarde seguramente será citada a declarar en varias ocasiones. Aparte de los efectos que la aceptación de la causa puede proyectar sobre la política francesa, al afectar a una dirigente próxima a Sarkozy, sus consecuencias más graves se proyectan sobre el FMI. Lagarde llegó a la Dirección General tras la dimisión de otro francés, Dominique Strauss-Kanh, acusado de violación. Los problemas de la nueva responsable llegan cuando aún no se han apagado los ecos de la polémica en torno a si, como es tradición, la dirección del Fondo debe corresponder a un europeo, algo que pusieron en duda los restantes candidatos a la sucesión de Strauss-Kahn.

La situación que atraviesa la economía mundial incrementa la gravedad de este episodio, al convertir al Fondo en noticia, no por las decisiones que está obligado a tomar, sino por los problemas judiciales de sus máximos responsables. Las razones de oportunidad no pueden pesar para reclamar el abandono del procedimiento si Lagarde hubiera incurrido en abuso de poder. Pero tampoco el tribunal francés puede actuar con los ritmos habituales en otros casos. El Fondo constituye uno de los instrumentos imprescindibles para hacer frente a la crisis que atraviesa la economía mundial, y de ahí que recaiga sobre la justicia francesa la responsabilidad de aclarar en el menor plazo posible la situación de Lagarde. Un nuevo escándalo en la jefatura de la institución representaría un grave contratiempo. Pero mantener la incógnita sería una maldición aún mayor.


El País - Editorial

La calle no es de los indignados

Da lo mismo cuál ha sido la causa del desalojo, pero la única crítica que cabe hacerle es que ha llegado demasiado tarde.

La calle es un espacio público. Como tal, tiene tantos usos potenciales como queramos darle sus dueños últimos, los ciudadanos. El primero y esencial, aquel para el que se inventaron calles y plazas, es el de poder circular por ellas para desplazarnos. Pero evidentemente no es el único, y algunos de ellos entran en colisión con otros. No podemos circular si en la calle hay una manifestación o un mercadillo. De ahí que sean los poderes públicos, a los que elegimos democráticamente, quienes regulen qué usos pueden darse en nuestras calles y cuándo.

Esa es la principal razón por la que el derecho de manifestación está regulado, debiendo recibir autorización de la delegación del Gobierno. También el comercio lo está; los kioscos, por ejemplo, pagan una licencia para poder operar. El código de circulación es la forma en que se regula que los coches puedan desplazarse de forma ordenada y con los menores problemas posibles. Puede haber mejores arreglos, pero si alguna razón de ser tiene el Estado es el de mediar entre los distintos derechos de los ciudadanos cuando estos chocan entre sí. Y como la calle no es propiedad de nadie en particular, su regulación corre a cargo del Estado.


De ahí que no tenga sentido la reclamación por parte del movimiento 15M de una parte del espacio público en la Puerta del Sol para su exclusivo uso y disfrute. Da lo mismo cuál ha sido la causa del desalojo, pero la única crítica que cabe hacerle es que ha llegado demasiado tarde. ¿Qué excusa había para amenazar a Alcaraz con una multa cuando la concentración de las víctimas en noviembre se excedió de los límites previstos de la plaza de Colón, si resulta que basta con usar otros eslóganes para que te permitan hasta plantar tiendas en el corazón de la capital de España? ¿Con qué cara va el Ayuntamiento de Madrid a cobrar las licencias a los bares que ponen una terraza en la calle después de la barra libre que ha disfrutado la acampada de Sol?

La calle no pertenece a la extrema izquierda, por más que se proclame a sí misma como "el pueblo" y asegure que los políticos a los que sí han votado los ciudadanos no los representan. La máscara de ser un "movimiento pacífico" no puede ocultar que desde el 16 de mayo en adelante no ha hecho otra cosa que violar la ley de forma constante. Y la violación de la ley debe perseguirse, ya sea con detenciones y juicios o con cargas policiales.

Afirma Jáuregui que "no es lógico que la ciudad esté invadida de tiendas de campaña, porque se viola el derecho de otros ciudadanos" y Rubalcaba que "200 personas no pueden poner patas arriba una ciudad". Ambos tienen razón. Pero la tienen desde hace dos meses y medio, durante los cuales dejaron hacer a un movimiento al que esperan atraer. Así que no intenten hacer pasar al PSOE como un garante de la ley y el orden. Como reconocía su idolatrado fundador Pablo Iglesias, la legalidad sólo la enarbolan cuando les permite adquirir lo que necesitan. No han cambiado tanto en cien años.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 6 de agosto de 2011

La hoja de ruta de ETA. Por Carmen Gurruchaga

Coquetear con el mundo etarra tiene consecuencias y no precisamente las que Jáuregui recordaba ayer a Bildu sino las que estamos sufriendo todos los españoles por culpa del acercamiento de los socialistas a ese turbio mundo. La bipolaridad es una característica perenne del PSOE con los terroristas desde los tiempos de Rafael Vera. Ahora ha utilizado el rigor de la Fiscalía y de las Fuerzas de Seguridad para que el TS no legalizara a Bildu, sabiendo que el Constitucional sí lo iba a hacer. Por un lado, Eguiguren, que obviamente no actúa «motu propio», ofrece políticas de entendimiento a cambio de falsas promesas de paz y, por otro, la oficialidad pretende hacernos creer que tienen un discurso duro frente a ese mundo, de suerte que si apoya a los presos de ETA sin rechazar la violencia, caerá sobre ellos todo el rigor de la democracia. Mientras tanto, los batasunos camuflados, que ya han conseguido lo que querían sin dar nada a cambio, se fuman un puro y se mofan de todos nosotros. Garitano pide el fin de la dispersión, asegura que no es el momento de hablar de las víctimas y oculta que se lo prohíbe ETA; con su invitación institucional como diputado general cuela a familiares de presos etarras en el balcón del Ayuntamiento al comienzo de las fiestas de Vitoria… y faltan las de Bilbao, San Sebastián y multitud de pueblos. Ahora Bildu invita al PNV y a Aralar a formar un frente independentista para concurrir el 20-N. ETA sigue con su hoja de ruta mientras el Gobierno espera el comunicado de la banda.

La Razón - Opinión

Los dichosos mercados. Por José Luis Albite

Yo no sé muy bien qué es eso de «los mercados», ni estoy en absoluto seguro de que adelante mucho si me preocupo de saberlo. Puedo vivir sin ese conocimiento, del mismo modo que durante toda mi vida fui capaz de salir adelante desinteresado por viajar al centro de la Tierra y sin conocer el peso atómico del vanadio. Una vecina mía dice que los grandes conocimientos por lo general son innecesarios para llevar una vida satisfactoria y decente, y que desde que tiene memoria, y a pesar de las naturales restricciones de la vida rural, su familia salió adelante sin necesidad de un conocimiento más profundo que el del funcionamiento de la bomba del pozo. A veces basta con tener cierta facilidad para la deducción y adoptar decisiones en función de un mínimo sentido de la corazonada. En una aldea de Galicia le escuché decir a un campesino que «más a menudo de lo que se cree, el ser humano pierde el sentido común por culpa de razonar demasiado las cosas». Un amigo mío muy aficionado a la música estaba convencido de que las plantas de su salón disfrutaban de Mozart tanto como él y se desarrollaban en función de que acertase con sus gustos al elegir los discos que pinchaba. Una de sus plantas melómanas se vino inesperadamente abajo y dio con las hojas en la tierra del tiesto. Le pregunté entonces qué había ocurrido para que, a pesar de Mozart y de Mahler, aquella planta estuviese camino de mustiarse sin remedio. Entonces aquel tipo reaccionó con sentido común, sin dejarse llevar por razonamientos que no venían al caso: «Lo que le sucede a esta planta, amigo mío, no es nada distinto de lo que le sucede al diez por ciento de las plantas que conozco: A todas les gusta Mozart, pero pasado un tiempo, el diez por ciento de las plantas se vuelven sordas». ¿Se puede aplicar ese razonamiento al asunto de los dichosos «mercados» que tanto nos afligen? Para contestar a eso creo sensato recurrir a la sabiduría de una amiga de mi madre que tiene de la vida la idea de que se trata del tiempo que necesitamos para hacernos a la razonable idea de morir. Esa amiga le dijo en una ocasión a mi madre: «Verás, Leonor: La vida está llena de altibajos económicos que nos producen disgustos y alegrías. No hay que descorazonarse por nada. Se trata de saber adaptarse, sólo eso. Son cosas que si no se aprenden con el escarmiento, se asimilan con la edad. Cuando vienen mal dadas, de lo que se trata es de llamarle de otro modo a la pobreza, igual que a cierta edad sustituimos el sexo por la gimnasia de mantenimiento».

La Razón - Opinión

Salgado.La regla del gasto. Por José T. Raga

Eso, que es tan claro en la economía familiar, algunos, embaucados por los análisis keynesianos, lo olvidan cuando se habla de la nación y, concretamente, del sector público..

Siguen empeñados en "sostenella y no enmendalla", tal y como empezaron en aquel fatídico 2004. La mentira y el recurso a la confusión han sido durante más de siete años de Gobierno los grandes aliados de la vergüenza y el ridículo nacionales; han sido los instrumentos eficaces para las liberalidades, los amiguismos y la corrupción que con la connivencia, al menos aparente, de miembros del poder judicial, han conseguido silenciar los grandes problemas que aquejan al pueblo español que, frustrado e impotente, enmudece ante lo inevitable. ¿Será el 20 de noviembre la muerte deseada de la mentira? Si así fuera, sería un acontecimiento memorable.

Cualquier hecho, cualquier momento son buenos para mentir. Según la Sra. Salgado y el Sr. Chaves, no cabía mayor satisfacción que la resultante de la última reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. No era para menos: simplemente, no se llegó a ningún acuerdo. He aquí la gran satisfacción.


Pero es que el Sr. Chaves llegó a informar del consenso alcanzado. ¿Con quién el consenso? Porque los Consejeros allí reunidos, también públicamente han manifestado que no hubo nada de nada, salvo una pérdida de tiempo. Y al pobre español, sumido en la duda de quién miente, no le queda más remedio que acudir a los indicios históricos, y concluir que miente quien siempre ha mentido: el gobierno del PSOE. Lo malo es que aquí no pasa nada y mañana, todo olvidado.

Sí hay algo en materia de lenguaje: se trata de una nueva norma conocida como "la regla de gasto". Yo no sé ustedes, pero estoy harto de eufemismos y de juegos de palabras, que nunca son inocentes y que, generalmente, añaden dolor y desesperación a un pueblo ya flagelado. Me preocupa el mismo concepto de "regla de gasto". Éste no es más que una de las dos vertientes de las cuentas públicas. ¿Qué pasa con la otra? ¿Cuál es la regla de ingreso?

La regla de la que hay que hablar es la del presupuesto –gastos e ingresos–, porque estos últimos no provienen del maná, sino del sacrificio de los españoles. Y esa regla está escrita, desde sus orígenes, en el corazón de los hombres: "nunca gastes más de lo que tienes".

Eso, que es tan claro en la economía familiar, algunos, embaucados por los análisis keynesianos, lo olvidan cuando se habla de la nación y, concretamente, del sector público. La regla: no gastar más de lo que se tiene, y si se gastó en exceso en etapas anteriores, sólo hay una solución: gastar menos de lo que se tiene, hasta pagar íntegramente la deuda acumulada. No saber esto, nos ha conducido a una prima de riesgo por encima de los 300 puntos básicos.


Libertad Digital - Opinión

El caos de la CAM. Por Iñaki Zaragüeta

Perdieron 522 millones de euros, pero no tuvieron inconveniente en adjudicarse bonificaciones a raudales. Me refiero a los directivos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que vio mermado su balance de forma escandalosa, especialmente por la morosidad y por la pérdida de valor de sus propiedades. Como se trata de una Caja de Ahorros, la responsabilidad de sus dirigentes, como ha sucedido con otras entidades similares, brilla por su ausencia, aunque en esta ocasión ya existe alguna denuncia. Y cuando interviene la vía judicial, cualquier cosa puede pasar. Pero en España no se han tomado muy en serio semejantes abusos.

Eso sí, la mala gestión no impidió que sus responsables –miembros del Consejo y ejecutivos– se beneficiaran de créditos blandos por valor de 161 millones de euros al cero por ciento o en condiciones ventajosísimas. El presidente obtuvo un préstamo de 5 millones de euros al 2,5%. Otro consejero 47,5 millones de euros en cuatro años en condiciones preferentes. Otro, en sólo seis meses, once créditos por un total de 11,4 millones al 2,93 por ciento, al 2,5 y al 1,89. ¡Toma salero!, como dicen en mi pueblo. No es de extrañar ¡qué menos! que los tres administradores nombrados por la Comisión rectora del Fondo Ordenado de Reestructuración Bancaria (FROB) llamen uno a uno a los afectados para dar explicaciones.


¿Se quedará todo ahí?, ¿en una llamada al orden?.¡Qué decir de los despidos multimillonarios de sus ejecutivos! El último director general cobró una indemnización de 3,8 millones de euros. Aún así, no se daba por satisfecho. Los 3,8 millones de euros percibidos le parecían poco para la dedicación que había dado a la Caja hasta casi llevarla a su perdición. Pero el consejo de administración no tragó con lo que pretendía: doblar la cantidad, como había sucedido con su predecesor que, según se publicó en su día, se retiró del puesto con casi seis millones de compensación por su esfuerzo. Tampoco se fueron de vacío los directivos prejubilados en el ERE de junio: diez millones de euros.
Todos ellos son los que condujeron a esta Caja de Ahorros, que ocupó el cuarto puesto en el ranking nacional, al caos financiero.

Lo que no entiende mi amigo Rogelio es la actitud del Banco de España. Es verdad que ahora ha tomado cartas en el asunto y podría aplicar sanciones que, desde luego, estarán al alcance de los pingües beneficios obtenidos por quienes quizás reciban algún castigo. Pero dicho esto, ¿cómo vigila y analiza todos estas tropelías el banco regulador?, ¿no tiene que revisar y dar el visto bueno a todas las actuaciones?, ¿por qué no puso remedio antes de que se produjera la hecatombe?, ¿evitarlo no entra dentro de sus responsabilidades?

No me extraña que desde esa entidad alicantina se pusieran durante decenios todas las trabas posibles para dinamitar la fusión natural de las dos Cajas valencianas, CAM y Bancaja, cuando las condiciones eran favorables para componer una sociedad financiera potente y fiable. Y valenciana. Ahora nada queda con identidad propia en la Comunitat. Así es la vida.


La Razón - Opinión

Poca confianza en los políticos españoles e italianos.

En España no hemos tenido ningún plan serio. La única decisión que se ha tomado ha sido la de acortar, pero no mucho, la agonía de Zapatero.

La causa de esta crisis es política y, mal que nos pese, la salida debe serlo también. No en el sentido tradicional, sin embargo. Como nos vendieron que la situación era culpa del capitalismo salvaje y la especulación, parecía que la solución consistía en regular más y aumentar más el peso del Estado sobre la economía. ¿Recuerda alguien el Plan E? Pero como siempre advertimos desde estas páginas, aquellas medidas sólo podían suponer, como mucho, un alivio momentáneo, tras el cual estaríamos peor que antes por el empeoramiento del estado de las cuentas públicas.

Los Gobiernos se han gastado lo que no tenían, pidiéndolo prestado a los malvados mercados, y los inversores no acaban de ver que muchos de ellos estén dispuestos a tomar las medidas necesarias para dejar de pedir dinero y empezar a devolverlo. Así, la deuda de países como España e Italia ha pasado de ser una inversión segura y poco rentable a entrar en el mismo tipo de consideraciones que se aplica a la bolsa u otro tipo de activos. Sólo la seguridad en que los Estados han aprendido la lección y están dispuestos a gastar menos puede devolver la confianza y rebajar el precio que hay que pagar por los intereses de la deuda.


Así lo ha entendido Berlusconi, que habiendo aprobado medidas de austeridad y liberalización de bastante mayor calado que las españolas ha visto cómo fuera de sus fronteras pocos se han fiado de sus promesas. De modo que ha suspendido las vacaciones parlamentarias y acelerado la implementación de los recortes, porque cuando nadie se fía de tu palabra lo único que puedes ofrecer son hechos contantes y sonantes. Puede que no le funcione, pero ha demostrado que le preocupa la situación de su país y está dispuesto a coger el toro por los cuernos y tomar las medidas necesarias para resolver la crisis en la que está inmerso.

En España no hemos tenido ningún plan serio. La única decisión que se ha tomado ha sido la de acortar, pero no mucho, la agonía de Zapatero. Cuando un presidente convoca las elecciones han de pasar 52 días hasta que se celebren; demasiados sin duda para la situación en la que estamos, especialmente cuando hay que sumar el tiempo que seguirá luego el Gobierno en funciones. Pero con esta convocatoria adelantada aún hay que esperar más del doble de ese tiempo, a todas luces excesivo cuando Zapatero ha demostrado ser incapaz de tomar ninguna medida mientras tanto, como reclama la propia Unión Europea.

Con Zapatero amortizado y sabiendo que España perderá unos meses preciosos, cobra especial importancia. Sin embargo, Rajoy parece temer –y no sin buenas razones– que reconocer el duro ajuste al que deberá ser sometido el gasto público le pasaría factura en las urnas, de modo que se limita a adoptar una pose solemne propia de un presidente ya electo mientras dice generalidades que no lo comprometan demasiado. Es difícil no reconocer que en una España que ha votado dos veces a Zapatero los temores del PP tienen cierta justificación, pero su falta de compromiso público por las reformas empieza a ser visto con cierta prevención por los mismos a quienes debería infundir confianza.

España e Italia lo están pasando mal. Sin embargo, la reacción de unos y otros está siendo bien distinta. Si usted fuera inversor y tuviera que decidir de quienes se fía más para prestarles dinero, no parece muy difícil elegir. Desgraciadamente.


Libertad Digital - Editorial

Del 15M al 15M, historia de una desilusión colectiva. Por Federico Quevedo

Cuando el pasado 15 de mayo decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes 'tomaron' Madrid bajo un grito colectivo de indignación, parecía que realmente algo estaba empezando a cambiar en una sociedad hasta ese momento excesivamente resignada y adormecida por la anestesia de un sistema político encapsulado que acota a la clase dirigente para evitar el contacto con el pueblo soberano. Luego vino lo de Sol, y aquello se convirtió en un síntoma de reacción ante los abusos del poder y las injusticias de un sistema que se ceba sobre los ciudadanos a los que dice servir. Pero tras las elecciones del 22 de mayo las cosas empezaron a cambiar, y lo que en un principio había sido un movimiento heterogéneo, transversal, apolítico y de una aparente fuerte raigambre en la pluralidad social, poco a poco fue cayendo en manos de los 'expertos' en manejar este tipo de situaciones: anarquistas, antisistema, radicales de toda condición.

Las manifestaciones del 19-J que confluyeron en el centro de Madrid quisieron retomar la esencia del movimiento, a pesar de la escenografía típica de izquierdas, pero ha pasado el tiempo y se puede decir que queda bastante poco de 'acampadasol' y el Movimiento 15M, aunque las razones que lo motivaron y buena parte de sus exigencias siguen vivas y continúan siendo necesarias, y de hecho una buena parte de la sociedad española simpatiza con el trasfondo del movimiento, razón por la que es incomprensible que éste se haya desviado de su impulso inicial hasta el extremo de empezar a convertirse en un factor de distorsión para la ciudadanía, en lugar de ser un elemento de cohesión. Si hace un par de meses una gran mayoría de la sociedad veía con agrado la protesta de estos jóvenes 'indignados', hoy esa misma gran mayoría les ve como un grupo de inconsecuentes inmaduros que solo buscan diversión.
«Si hace un par de meses una gran mayoría de la sociedad veía con agrado la protesta de estos jóvenes 'indignados', hoy esa misma gran mayoría les ve como un grupo de inconsecuentes inmaduros que solo buscan diversión.»
Esa sensación y la deriva radical de algunas de sus exigencias hacen que hoy el 15M se vea con recelo. Es más, cunde la sensación de que sus últimas acciones en Madrid tienen más que ver con una forma de boicot a la visita del Papa que con una auténtica reacción social ante la crisis político-económica que vive este país. ¿Es que para propiciar cambios en nuestro sistema, como desde un principio propusieron los indignados, hay que llevarse por delante la Jornada Mundial de la Juventud? ¿O es que el verdadero problema radica en que el Movimiento no quiere verse comparado con el poder de atracción de la JMJ? Si es así, se trata de un error de estrategia completamente absurdo. Lo que debería intentar el Movimiento es hacerse también eco de muchas de las demandas que esa inmensa cantidad de jóvenes que se va a dar cita en Madrid tiene y que coinciden con muchas de las del propio 15M.

15-M, un fallo de estrategia

Esta es la crisis de una generación perdida, de una generación a la que sus mayores les ha robado su futuro, y en esa reflexión no hay ideología ni religión que valga: es un hecho incontestable, y necesita respuestas desde muchas perspectivas, desde muchas visiones distintas pero confluyentes en un mismo fin.

Si el 15M quiere mantener vivo el sentido heterogéneo y transversal que le vio nacer, debe aceptar en su seno toda clase de identidades y admitir diferentes puntos de vista sobre los mismos problemas, o de lo contrario acabará convirtiéndose en aquello que sus enemigos siempre dijeron que era: un movimiento capitalizado por la izquierda, al servicio del poder. Sería una pena que el 15M se quedara finalmente en una serie de tentativas de ocupar plazas provocando enfrentamientos inútiles con la policía, cuando podría haberse convertido en un referente de reacción social. Lo cierto es que sus impulsores no han sabido dirigir los pasos del Movimiento, y éste hoy ha caído en una decadente estrategia de tensión que solo consigue generar más rechazos que adhesiones. A tiempo de corregir ese rumbo están, y de provocar un debate serio y sereno sobre los cambios que requiere este país, también, pero ojalá no echen por la borda tanto esfuerzo colectivo por alcanzar aquellos fines tan nobles y que conciliaron a tanta gente: una democracia mejor y una sociedad más justa.


El Confidencial - Opinión

Basagoiti. Por Alfonso Ussía

En mi buhardilla de trabajo cae el agua a chuzos, aventada y en tirabuzones. Día muy del norte. Antonio Gala, el gran escritor cordobés al que deseo fuerza y serenidad para triunfar en su enésima batalla, escribió un artículo bellísimo con La Montaña de protagonista cuando publicaba en el «Sábado Gráfico» de Eugenio Suárez. «Castilla arriba», se titulaba, y era una ensalada de sensibilidad, humor y melancolía. « Cuando estoy en los valles de Santander –tan muelles, tan jugosos, tan impecablemente verdes–, me asaltan dos temores: que si respiro fuerte me tragaré una vaca, y que si me siento en algún sitio un cuarto de hora más de la cuenta, me crecerá la yerba a mí también». Hoy, mientras escribo, de estar en un prado, no me crecería la yerba, sino un nogal con nueces y todo. Tan cerca y tan lejos de nuestra tierra vasca. Iguales praderías, iguales bosques, iguales ríos cantores, iguales rocas, iguales olas y tan desiguales ánimos, valores y principios. Basagoiti es un árbol vasco, roble enraizado. Lo conozco poco, apenas de un par de oportunidades. No se puede decir de él que es la alegría de la huerta, pero sí la entereza de un territorio amenazado. En Vitoria, en los inicios de las fiestas en honor de la Virgen Blanca, el bilduetarra Izaguirre, alcalde de San Sebastián, le saludó con la sonrisa pintada en la boca. Basagoiti le negó el saludo de cortesía: «No te saludaré hasta que tus jefes entreguen las armas». Más claridad y contundencia, imposibles.

Los de «Bildu» dedican homenajes a los terroristas, miman a sus familiares y reciben a condenados por la justicia. Ellos están con los que han asesinado, con los que matan. Y Basagoiti representa a centenares de miles de vascos que viven amenazados, han sido heridos, torturados o extorsionados y han conocido, en la cercanía de la familia o de los amigos, la tragedia de una muerte. Él está con los que mueren, y no con los que matan, como culminaba en un bellísimo soneto Laura Campmany. El saludo cordial entre el que está con los que matan y el que está con los que mueren es formalidad imposible. La sociedad vasca no se ha rendido, pero los primeros brotes de la resignación y el miedo del pasado empiezan a aparecer en árboles antaño resistentes. Me encontré con un viejo amigo de mi infancia y juventud donostiarra. No es como Basagoiti. Posee una preciosa y antigua casa en una localidad de Vizcaya. Me contaba, con una inocencia y sencillez aterradoras, que acudió al Ayuntamiento de ese lugar a visitar al alcalde para darle la enhorabuena por su elección. Un alcalde de Bildu. «Su abuelo y su padre trabajaron en casa», me dijo a modo de justificación no solicitada. Y siguió con la narración, que me desmoralizó. «Estaba con el alcalde una concejala que fue de Batasuna, y ahora de Bildu, que también había trabajado en casa, y nos soltamos indirectas, que si aquí está el pudiente, que si yo me he tomado muchos potes con vosotros»... Me lo contaba con la mejor voluntad, pero su narración me hizo daño. Una parte del llamado «problema vasco» –problema que se termina cuando la ETA pida perdón, entregue las armas y acepte que la sociedad no va a amnistiar a sus terroristas–, una pequeña parte, insisto, nace de las actitudes medrosas de muchos vascos que no saben ser como Basagoiti, ni reaccionar como Basagoiti, ni hablar con la claridad de Basagoiti. Porque una persona normal y decente –y mi viejo amigo lo ha sido siempre– no visita a su alcalde de Bildu por mucho que sus antepasados hayan trabajado en su solar y su casa. Y si lo ha hecho, hay que recomendarle que no lo cuente como un hecho regocijante y normal, porque ni es divertido ni es ejemplar. Con los de Bildu no hay otra salida que la de Basagoiti, y mientras queden cien vascos como él, habrá esperanza.

La Razón - Opinión

Duran i Lleida. En la UCI. Por Maite Nolla

Si todo resulta como dicen las encuestas, tendremos en breve un Gobierno con mayoría absoluta, pese a que, por si acaso, el PP ha abonado gratis total las buenas relaciones con CiU..

La sensatez ha vuelto a tomar forma humana. Duran ha hablado: España está en la UCI por culpa del "egoísmo electoralista" del PP y del PSOE. Además, –y esto es muy grave– CiU se está planteando pedir que las elecciones puedan incluso celebrarse antes del 20 de noviembre si el Gobierno no acomete alguna de las reformas urgentes que el nacionalismo moderado lleva pidiendo desde hace mucho tiempo. El sentido común socialcristiano le tira de las orejas a los socialistas, pendientes únicamente de su propia conveniencia electoral, y a los populares, que ya andan repartiéndose los ministerios. Y como a las declaraciones de Duran nunca se acompaña un historial de sus mejores actuaciones ni un listado de lo que proponen de cara al futuro y de sus posibles consecuencias, sigue siendo el político español mejor valorado.

Y eso está provocado por dos factores: el primero, por una parte de la prensa, especialmente la de derechas, que sigue engañando a la gente. Porque no decir que si Zapatero ha llegado a completar prácticamente la legislatura es en gran parte culpa del sensato Duran, es engañar. Y el otro factor es que en contra del esfuerzo continuo de varios corresponsales del periodismo nacionalista moderado en Madrid por hacer creer que en la capital se levantan pensando en cómo odiar a Cataluña hasta la hora de la siesta, en Madrid no interesa nada lo que pasa en Cataluña. Y al que alguna vez le interesó algo, ahora le aburre y no quiere saber nada. Así, si junto a las declaraciones de Duran se adjunta un análisis pormenorizado de los presupuestos recién aprobados por su partido en Cataluña, no se lo lee nadie. Unos presupuestos que no pasan el corte, pese a lo que se ha dicho en varios artículos por encargo –con aroma de vuelta y vuelta por el Txistu– necesarios para justificar determinados apoyos.

Si todo resulta como dicen las encuestas, tendremos en breve un Gobierno con mayoría absoluta, pese a que, por si acaso, el PP ha abonado gratis total las buenas relaciones con CiU. Eso a nivel catalán no significa que Rajoy vaya a poner firmes a los nacionalistas, tampoco hay que ser tan merluzo como para pensar otra cosa. Pero a nivel nacional, al menos, de lo que haga el PP, sólo o en compañía, será responsable el PP. Todo ello no nos librará de Duran, de su absurda valoración, de los artículos elogiosos y de la continua mentira; pero pintará menos, lo cual es un alivio.


Libertad Digital - Opinión

Impunidad de Batasuna

Que Bildu se esfuerza cada vez menos en disimular su cercanía con el entorno que representan Batasuna y ETA constituye una realidad que esta semana se ha hecho más evidente que nunca. Primero, en la localidad guipuzcoana de Azpeitia, en la que cargos de Bildu, entre los que destacaba el diputado general Martín Garitano, reventaron la festividad de San Ignacio de Loyola al expresar su apoyo a los presos de ETA. Una provocación a la que se sumó este jueves la presencia de familiares de reclusos de la banda en el Ayuntamiento de Vitoria, tras ser invitados por la coalición abertzale. Mientras, sus líderes siguen sin condenar a ETA ni reclamar a ésta su disolución. Todos estos gestos ponen de manifiesto que, cada día que pasa, Bildu es más Batasuna, y Batasuna, según la Justicia, es una organización ilegal. Esa impunidad con la que Bildu coquetea con el entorno de la banda es, según publica hoy LA RAZÓN, la misma que parece disfrutar Batasuna desde las últimas elecciones municipales. La «Mesa Nacional» de la formación ilegalizada ha vuelto a reunirse con regularidad desde el 22-M para trazar las líneas de actuación política que han de seguir los cargos electos de Bildu en los ayuntamientos vascos y navarros. A estas reuniones asisten algunas de las cabezas más reconocibles de la formación, como Rufino Echeverría, Iñigo Iruin y Joseba Permach. Lo hacen, además, sin tomar la más mínima precaución. Y es que a pesar de que las resoluciones judiciales determinan que este tipo de encuentros son ilegales y deben ser abortados, las Fuerzas de Seguridad no tienen órdenes de intervenir. La libertad de movimientos de la que disfruta la «Mesa Nacional» de Batasuna y el envalentonamiento de Bildu constituyen los dos ingredientes de un cóctel de imprevisibles consecuencias, pero ante el que parece razonable anticiparse y actuar. Ayer, el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, recordó acertadamente a este respecto que la presencia de Bildu en las instituciones es «reversible». No conviene olvidar que respaldar a los presos supone, en definitiva, avalar la violencia y los crímenes perpetrados por éstos, y que la legislación actual contempla la posibilidad de expulsar de los gobiernos municipales a esta formación si queda demostrado su vínculo con ETA. A falta de menos de cuatro meses para las elecciones generales, los dos grandes partidos políticos de España tienen la obligación de lanzar un mensaje de firmeza y estar alerta para evitar que una marca de ETA se cuele en el Parlamento. Por de pronto, Bildu ya ha movido ficha a este respecto al proponer al resto de formaciones nacionalistas, incluido el PNV, la creación de una gran coalición para el 20-N. Este ofrecimiento supone un paso más en el objetivo del mundo abertzale de consolidar su «frente institucional». Un frente que para ETA, es tan importante como sus «comandos», y que, por ejemplo, en las municipales les valió para gobernar en 123 ayuntamientos y gestionar un presupuesto cercano a los 2.300 millones de euros. Aún se está a tiempo, como recordó Rajoy, de devolver la normalidad democrática a esos ayuntamientos y de evitar que el fantasma de ETA se cuele en noviembre en la sede de la soberanía de todos los españoles.

La Razón - Editorial

Un poco peor

La debilidad del consumo y de la inversión aplazan de nuevo la recuperación económica.

Poca sorpresa han deparado las estimaciones de crecimiento para el segundo trimestre del año que avanza el Banco de España. Los cálculos previos de producción industrial o demanda interna indicaban una desaceleración de la economía española, tanto más preocupante en cuanto que en el primer trimestre del año había crecido solamente a una tasa interanual del 0,8%. Pues bien, entre enero y abril se ha confirmado la ralentización y ya estamos en una tasa interanual del 0,7%. Se desvanecen así las ilusiones de alcanzar el ritmo de crecimiento del 1,3% que proyectaba el Gobierno, se compromete la hipotesis de que el PIB crezca al menos el 0,8% (las lecturas para el tercer trimestre también reflejan un empeoramiento) y se esfuman las escasas expectativas de un repunte de la ocupación. Casi todo está un poco peor.

Resulta tentador relacionar la desaceleración española (preocupante, porque aunque es solo de una décima se produce sobre un ritmo de crecimiento muy bajo) con las incertidumbres de los mercados sobre la recuperación económica mundial. Existe esa conexión, por supuesto. Como en muchos países del euro, la tasa de endeudamiento no se ha reducido después del crash financiero, el ahorro es insuficiente para financiar las urgencias de inversión y las entidades bancarias siguen sin conceder créditos, como no sea para refinanciar a sus deudores.


Pero España sufre de males propios. La composición del crecimiento trimestral revela en sí mismo una debilidad imposible de ocultar. Se basa en el tirón del sector exterior, que aporta al crecimiento hasta 2,6 puntos, mientras que la demanda interna malvive en una fase de depresión aguda (-1,9%). Una estructura fiable de crecimiento requiere al menos que se recuperen la inversión y el consumo, justamente el eslabón más débil de la demanda. Por el momento, en España es imposible.

Hay una causa poderosa (aunque no la única) para la debilidad de la inversión y el consumo. Las entidades financieras no han terminado su recapitalización y en sus balances todavía pesa el ladrillo. Los mercados castigan frecuentemente a bancos y cajas porque recelan de pérdidas ocultas, es decir, de activos inmobiliarios cuyo valor de mercado es cero que no se han contabilizado así. Es discutible que la banca española enmascare pérdidas derivadas de su infausta participación en la burbuja inmobiliaria; pero como uno de los síntomas de que existen balances cargados de activos malos es que el crédito flaquea y en el sistema económico se conceden pocos créditos, habrá que deducir que el aseo de los balances no ha concluido.

Esta incertidumbre sobre el crecimiento a corto plazo penaliza la solvencia de la deuda española. Podía haberse evitado con una reforma a tiempo del sistema financiero. La demora en la recapitalización de las cajas y en intervenir en alguna de ellas pesa hoy demasiado sobre la inversión y el consumo. La recuperación se aplaza y lo peor es que nadie sabe hoy, ni en el Gobierno ni en la oposición, cómo activarla.


El País - Editorial

viernes, 5 de agosto de 2011

Réplica a Arcadi Espada. Tea Party versus 15-M. Por Guillermo Dupuy

Que ambos movimientos sociales sean "expresión de un malestar" es, al contrario de lo que opina Espada, lo de menos. Lo decisivo son las radicales diferencias que ambos movimientos tienen a la hora de señalar al causante y la solución de ese malestar.

Hay algo peor que la indigencia intelectual y eso es la frivolidad. Basta leer asiduamente los artículos de Arcadi Espada para saber que estamos ante un lúcido y culto comentarista al que, sin embargo, a veces le gusta desperdiciar sus talentos hasta el extremo de hacernos creer que carece de ellos. Un buen ejemplo de esto último es el artículo con el que este viernes pretende convencernos de que no hay "nada más parecido al Tea Party que el 15". Por lo visto, para Espada es algo "secundario" que el primero pretenda reducir el Estado y el segundo reforzarlo; o que unos recojan "la pelusilla de Ayn Rand" mientras los otros "escuchan al abuelo Hessel". Estas cruciales diferencias son para Espada simples "detalles" que palidecen ante "la magnitud de semejanzas" tales como su supuesta "indigencia intelectual", su falta de "sofisticación" en sus manifiestos o el hecho de ser ambos movimientos "expresión de un malestar".

Para empezar, me sorprende que Espada crea que personas que él califica de "indigentes intelectuales" sepan quién es Ayn Rand. Pero, desde luego, sólo alguien que no haya leído a esta filósofa individualista estadounidense o no haya leído las intentonas postmarxistas de Hessel, o ambas cosas a la vez, puede considerar baladí o secundario la diferencia de sentirse seguidor de uno u otro. Espada seguro que ha leído a ambos. De ahí su frivolidad, que no indigencia intelectual.


Por otra parte, el hecho de que ambos movimientos sociales sean, ciertamente, "expresión de un malestar" es, precisamente, y al contrario de lo que opina Espada, lo de menos. Lo decisivo son las radicales diferencias que ambos movimientos tienen a la hora de señalar el causante y la solución de ese malestar. La "amalgama" que hace el frívolo, que no indigente, intelectual de Espada a raíz de ese malestar es tan grosera como la que equiparase el malestar que el franquismo causara a alguien como Salvador de Madariaga con el que les causaba a los miembros de la ETA. Que a nadie le quepa la menor duda de que el Estatuto de Cataluña también causa malestar a sectores ultras del separatismo catalán, ¿metemos ese malestar en el mismo saco que el que podemos sentir hacia ese mismo estatuto Espada o yo mismo?

No le falta razón a Espada cuando señala la "falta de sofisticación" de los manifiestos de ambos movimientos sociales; pero, en el caso del Tea Party, no es debido a la "engrosada dimensión de sus objetivos" sino, por el contrario, a la elogiable simpleza y sencillez de los mismos. Los partidarios del Tea Party, como dignos herederos de la Revolución Americana, saben que los diversos y múltiples objetivos de la vida, así como las múltiples tribulaciones que ésta comporta, pertenecen y deben seguir perteneciendo a la esfera individual. No pretenden que el Estado les procure la felicidad, ni siquiera la sanidad, aunque esto último Espada y tantos otros no lo terminen de entender. Sólo pretenden un Estado reducido, que no meta sus manos en sus vidas y en sus bolsillos. Tienen ideales, sí, pero aborrecen de esas utopías que, prometiendo el cielo en la tierra, solo han traído a ella el infierno. La mayoría de ellos son "creyentes", tal y como afirma el autoproclamado "escéptico" de Arcadi Espada, pero fundamentalmente creen en Dios y en sí mismos, lo que les inmuniza, que diría Chesterton, de creer en cualquier cosa.

Los partidarios del 15-M, por el contrario, aun creen en lo dogmas del marxismo y piden al Estado tantas cosas como los denigrados partidarios del Tea Party puedan pedir a Dios en ayuda de sí mismos. En su caso, la falta de sofisticación de sus manifiestos no es virtud, sino prueba de la confusión y contradicción de sus pretensiones. Dicen aborrecer de los políticos, pero al tiempo quieren entregarlo todo a manos públicas. Consideran que los políticos son corruptos y que no les representan, pero quieren entregarles la banca (como si buena parte de ella no estuviera ya en sus manos) así como la producción de toda clase de bienes y servicios, que reivindican como "derechos sociales".

Dice Espada que "a ambos movimientos los rige el extraparlamentarismo, desde luego, y la convicción subsiguiente de que las decisiones políticas se dirimen fuera de él". Asegura que "su fuerza viene de fuera; de su capacidad de practicar el chantaje" y entre los "principales logros compartidos" del Tea Party y de los indignantes está el "boicoteo de sesiones parlamentarias, sean la reforma sanitaria de Obama o la constitución del parlamento catalán".

Como ven, el delirante empeño de Espada por hacernos creer que ambos movimientos son "muy parecidos" le lleva a equiparar las pacíficas y democráticas reivindicaciones del Tea Party contra el proyecto de socializar la sanidad con las ilegales y violentas acampadas y acosos físicos que obligaron a los políticos catalanes a requerir protección policial y hasta helicópteros para acceder al parlamento. Mientras que el tea Party tiene una noción de la democracia estrechamente vinculada a la propiedad –no taxation without representation–, y es plenamente consciente de cómo la pueden vulnerar los déficits y endeudamientos públicos, apenas hay medidas en el recetario del 15-M que no impliquen un mayor gasto público. Su "democracia real" no es más que la maquillada oposición a la "democracia burguesa" .

En unos momentos de crisis económica, en la que estamos atrapados por la enloquecida renuencia de los políticos a apretarse el cinturón, más nos valdría que hubiera movimientos en España como el del Tea Party. Desgraciadamente, el parecido de este movimiento con el del 15-M no es más que la delirante creencia del escéptico y frívolo Arcadi Espada.


Libertad Digital - Opinión

El adelanto del adelanto. Por Iñaki Ezkerra

Si ya había ayer suficientes argumentos para pedir un «adelanto del adelanto electoral», como lo hizo Esteban González Pons en representación del PP, la respuesta de Elena Valenciano en nombre del PSOE hablando «del padrino, sus secuaces y sus fechorías», no es ni siquiera un argumento más. Es el argumento definitivo. Un partido gobernante no se puede dirigir en esos términos al de la oposición. O, mejor dicho, sí puede hacerlo, pero para demostrar que ha perdido los papeles y que la situación le ha desbordado, hecho que es comprobable si se mira la letra pequeña de esa violenta intervención pública. Detrás de las indignas y ridículas alusiones a la mafia estaba el patético reconocimiento socialista de que «saber la fecha electoral del 20-N da estabilidad», que equivale a un tácito «¡qué más quieren los mercados si nos hemos quitado a Zapatero!». Pues quieren que el hueco se llene cuanto antes. Quieren que haya un señor solvente en La Moncloa. Quieren creer que los españoles podremos pagar la deuda. Quieren quitarse el miedo a nuestro agujero autonómico. Quieren poder fiarse de las cuentas que les damos. Quieren que gobierne un partido consciente de la alarmante situación que vive el país, y que no tenga esas intolerables salidas de pata de banco que cometimos el error de empezar a tolerar en los tiempos de abundancia, como un impuesto añadido a la prosperidad. Lo que no quieren los mercados es a un PSOE dispuesto a prolongar, por sus intereses electorales, esta agonía española que, además de económica, es política. Lo que no quieren es a un señor que ha decidido quedarse cuatro meses de «fantasma de La Moncloa» (para eso podrían habilitar el Palacio de Linares) y que se tranquiliza pensando: «Si han rescatado a Grecia, ya nos rescatarán a nosotros».

La Razón - Opinión

Crisis de deuda. Cómo evitar la quiebra de España. Por Emilio J. González

Para frenar las tensiones de los mercados, la economía española necesita medidas de ajuste duras, tanto presupuestarias como de reformas estructurales.

La evolución de la crisis española exige la convocatoria inmediata de elecciones, le guste o no a los socialistas, porque, como se está viendo estos días, ni las intervenciones de China ni las del Banco Central Europeo consiguen tranquilizar a los mercados. Y, aunque lo lograran, la estabilidad duraría poco y las tensiones volverían a repetirse con mayor intensidad, sobre todo en septiembre y octubre, hasta el punto de provocar el hundimiento total de nuestra deuda y la necesidad de que nuestro país, al final, tenga que ser rescatado. ¿Qué cambia la llamada a las urnas en este contexto? Muy sencillo, la posibilidad de evitar el desastre total.

Para frenar las tensiones de los mercados, la economía española necesita medidas de ajuste duras, tanto presupuestarias como de reformas estructurales. El Gobierno podría anunciarlas ahora mismo, sin embargo, dudo mucho que tuvieran el menor efecto sobre los mercados. De entrada, Zapatero ya no tiene credibilidad alguna, después de tanto prometer que iba a hacer y, al final, permanecer de brazos cruzados y dejar todo como estaba, o incluso peor. Además, ZP debería pactar dichas medidas con Rubalcaba, quien también desea que las elecciones se celebren lo antes posible, con lo que resulta difícil pensar en que puedan llegar a acuerdo alguno. Y del PP, que debería dar credibilidad a dichas medidas comprometiéndose a mantenerlas en el tiempo, cabe esperar lo mismo, porque entienden, con toda la razón del mundo, que esto ya no da más de sí y que, le guste o no al señor Zapatero, lo que tiene que hacer éste es irse a su casa ya mismo porque su permanencia en Moncloa es parte del problema, mientras que su salida es el principio de la solución.


¿Qué puede hacer Rajoy que no pueden llevar a cabo ya los socialistas para evitar la quiebra de España? Pues, como candidato favorito a la victoria en las urnas, irse a visitar a los grandes inversores de Londres y Nueva York en cuanto se convoquen las elecciones y presentarles todo un plan detallado de ajustes tanto presupuestarios como de la economía, recordándoles al mismo tiempo la buena gestión económica que hizo el PP cuando llegó al poder y que consiguió, contra pronóstico, que nuestro país hiciera a tiempo unos deberes bastante difíciles para ser socio fundador del euro. Después, confirmar en la medida en que pueda, durante sus discursos de campaña, esos compromisos adquiridos con los grandes inversores para restaurar su más que maltrecha confianza en la economía española. Y, por último, nada más llegar al poder, y sin esperar a la elaboración de los presupuestos para 2012, empezar a tomar medidas. Probablemente solo así se podrá evitar la quiebra de España, y únicamente Rajoy cuenta hoy con la capacidad política para conseguirlo. Lo malo es que todo esto, en última instancia, depende de la voluntad del señor Zapatero de largarse de una vez por todas o, en su defecto, de que los socialistas terminen ya de echarlo a patadas. ¿Qué más tiene que pasar en los mercados para que esto suceda?

Libertad Digital - Opinión

Con el agua al cuello. Por José Antonio Vera

La crisis de la deuda soberana nos puede llevar a una situación crítica. Si la prima de riesgo vuelve a subir por encima de los 400 puntos básicos, podríamos no tener para pagar unos intereses elevadísimos. Hasta el momento no ha ocurrido, y ayer mismo colocamos 3.300 millones en bonos, pero al precio más alto desde 1998.

La cuestión es que la rentabilidad del bono español a largo plazo está por encima del 6%, mientras que el alemán se paga a poco más del 2%. Cuatro puntos porcentuales de prima, o 400 básicos (cada punto porcentual equivale a 100 básicos) de riesgo país. En el año 2004, con Aznar, el riesgo país era cero, pues cero era nuestro diferencial con Alemania. Desde entonces el endeudamiento público español ha ido alcanzando cotas crecientes, pasando de un ratio del 30 por ciento sobre el PIB de 2007 al casi 70 actual.

No es que sea una deuda muy alta (la de Grecia es del 150% del PIB, la de Italia del 119, la de Irlanda del 96 y la de Portugal del 93), sino que la hemos duplicado en poco tiempo por políticas idiotas como los 400 euros, el cheque-bebé o el Plan E de farolas y aceras.


Los grandes fondos mundiales huelen el negocio y ven que la deuda europea es un chollo. Cada día cobran más interés por prestar dinero para poder refinanciarnos, sabiendo que la UE no va dejar caer a ningún país, porque el que tenga problemas será rescatado.

Apostar por la deuda de España implica más beneficio para el inversor, pero asumiendo mayor riesgo por la posibilidad de que no seamos capaces de devolverla. La deuda alemana es del 81 por ciento del PIB, mayor que la nuestra, pero con la ventaja que está menos expuesta a inversores extranjeros. Por eso su interés se paga solo al 2%, muy asumible, y poco rentable para el inversor, aunque sea un valor seguro en el que se refugia mucho dinero que no quiere riesgos. Tiene también Alemania la ventaja de contar con un déficit ajustado, de ahí la exigencia a España de que controlemos el déficit, pues sólo así seremos capaces de reintegrar lo que debemos y trasladar fortaleza a las agencias rating de calificación, para que éstas a su vez lo transmitan al mercado. El problema es que nuestra deuda cada día es más difícil de refinanciar, dado que abonamos un interés altísimo, equivalente a ruina.

Llegados aquí lo único que cabe es que España baje cuanto antes su déficit y reduzca la deuda. ¿Cómo? Zapatero y Rubalcaba deberían saberlo, pero si no, le damos alguna idea: vendiendo edificios públicos, reduciendo el número de funcionarios, eliminando las subvenciones a partidos y sindicatos, cortando las ayudas al cine paniaguado, patrocinios culturales, subvenciones a amiguetes, y metiendo tijera en coches oficiales, gastos burocráticos, publicaciones de autobombo, viajes, dietas, fundaciones, embajadas catalanas, eliminando las Diputaciones, el Senado, numerosos ayuntamientos y las TV públicas deficitarias. Todo eso no lo han hecho, y de ahí que sigamos con el agua al cuello.


La Razón - Opinión

Movimiento 15-M. El Gobierno del desgobierno. Por Agapito Maestre

La casta política española, empezando por el Gobierno y terminando por la Oposición, ha convertido este país en un inmenso basurero.

Una columna es un estado de ánimo. Ahí va el mío. No tiene ninguna originalidad ni la pretende, recoge simplemente lo que está en la calle. O sea, también yo estoy hasta las trancas de aguantar imbecilidades. Por supuesto, detrás de cada majadería hay un crimen de guante blanco: todos los majaderos quieren ganar el tiempo que les roban a los ciudadanos. A quien nos quita el tiempo ciudadano, la vida, hay que llamarle asesino de guante blanco. Contra estos peculiares asesinos, es menester reivindicar el derecho de mandarlos a todos al infierno. Yo los mando a todos al infierno, porque no me dejan hacer lo que más me gusta: pasearme por la Puerta del Sol y sus alrededores. No me dejan pasear por mi barrio.

De entrada, por lo tanto, deseo con toda mi alma que la basura del 15-M fenezca en el infierno, porque nos han robado a todos los vecinos la posibilidad de pasear por nuestras calles como ciudadanos normales. Si no puedo caminar tranquilamente por mi barrio ni comprar la prensa en mi kiosko de toda la vida y, además, no puedo visitar el Corte Inglés, entonces ya me dirán cómo aplaco mi cabreo. Esto no es vida. Esto es un suplicio cuyos principales responsables de esta tropelía están cobrando de lo yo les pago con mis impuestos. Aquí no se salva nadie. Mando al infierno al Rey, al presidente del Gobierno, a la oposición y a todos los políticos que no protegen mi derecho a caminar libremente por mi barrio. En fin, porque me resulta ya insoportable salir a la calle y encontrarme con unos hijos de puta voceando imbecilidades sobre el fin del sistema, pero que no pide la dimisión de Zapatero y toda su casta, los mando al infierno.


En verdad, la gentuza del 15-M, que me roba mi espacio público, no me preocupa lo más mínimo, sino quien es incapaz de protegerme de ellos. O peor, me preocupa quién es el criminal que los mueve y les paga. Estos estertores del 15-M no serían nada sin la colaboración interesadísima de Zapatero y su tropa socialista. Por otro lado, también denuncio la ocultación sistemática y perversa que llevan los medios de comunicación de lo que está pasando. Empieza a ser insoportable la prensa lacaya que baila o bien al son que le marca un Gobierno deslegitimado o, por el contrario, el que les dicta una oposición que, cada día que pasa, le cuesta más legitimarse ante los grandes problemas del país. Todos están arruinados, pero simulan que se salvarán con el gobierno que venga. Mentira.

La gente ya no aguanta más a Zapatero ni a la madre que parió a toda la casta política. Este personal, como en las peores épocas de nuestra historia, ha convertido la política es un esperpento del esperpento. ¿O acaso no es esperpéntica la exigencia de un "readelantamiento" del adelanto de las elecciones? Esperpéntica es la demanda pero, y esto es lo grave, absolutamente necesaria para traer un poco de sosiego a los de abajo. El desgobierno es absoluto. Basta pasearse por el entorno de la Puerta del Sol para saber que esto no tiene solución. La casta política española, empezando por el Gobierno y terminando por la Oposición, ha convertido este país en un inmenso basurero. Los políticos están escondidos, el Rey metiéndose donde no le llaman, los empresarios y sindicalistas acojonaditos, y la chusma del 15-M asaltando los espacios públicos y meándose en los pies de la policía.

Y, lo peor de todo, es que yo, sencillo ciudadano de Madrid, no me puedo pasear por mi barrio.


Libertad Digital - Opinión