viernes, 5 de agosto de 2011

Enchufadora. Por Alfonso Ussía

Señora Jiménez: Usted no se ha tomado en serio su último enchufe. Todas las mañanas, cuando se despierta, se pellizca en un brazo y se pregunta: ¿Trini, es verdad que eres la ministra de Asuntos Exteriores? No se lo puede creer, como el resto de los españoles, que todavía no lo creemos. Pero tiene usted una cualidad y una calidad humana que nadie puede discutir. El agradecimiento. Como la política más enchufada que ha dado la Historia de España en su capítulo más reciente, usted le está devolviendo al enchufe todos sus favores recibidos. Clásica perdedora en las urnas, clásica vencedora en el BOE, usted ha conseguido algo de imposible superación. Que echemos de menos a Moratinos. Añoramos a Moratinos. Lamentamos su ausencia. Incluso preferimos los muslos de Moratinos a los suyos, mejor simulados en los anchos pantalones de confección modelo «Sepu». Se hablaba de Bibiana Aído, de Leire Pajín y otras compañeras de canonjías zapateriles, pero usted es la niña bonita de Zapatero. Y lo ha aprovechado con simpatía arrolladora e incompetencia supina. No tenga duda, señora Jiménez, que de elegir a una política para tomar una copa y sonreir anécdotas, me inclinaría claramente por su compañía. Me encantan las mujeres que sonríen por todo, y ofrecen una buena sonrisa. Me contaría sonriente el lío de la guerra de Libia, en la que están nuestros soldados combatiendo a favor de no se sabe quién. Me comentaría sonriente el silencio y la falta de reacción ante las tropelías del presidente sirio, que lleva asesinando a mansalva unos cuantos meses y usted ni «mu». Me relataría entre carcajadas –siempre que yo le garantizara mi discreción–, las reacciones de los cancilleres occidentales cuando usted les habla de la Alianza de Civilizaciones. Y sobre todo, me leería descuajeringada de risa la relación de sus últimos nombramientos, que se los endosa al Partido Popular, mucho más respetuoso con la profesionalidad de los diplomáticos que ustedes. Prueba de ello es el alto valor que concedieron los Gobiernos de Aznar a su antecesor Moratinos, que nunca camufló sus preferencias ideológicas.

Es usted coherente, señora Jiménez. Como buena enchufada, usted enchufa. Reconozca que muchos de los destinos que usted ha cubierto entre sonrisas podrían haber sido consultados con los responsables de Exteriores del partido de la Oposición, que tiene bastantes probabilidades de gobernar España en un inmediato futuro. Porque no es cierto eso que se dice que todos los diplomáticos son altos funcionarios independientes y con sentido de Estado. También se dan los sometidos y agradecidos a un partido político, y los pasillos del Ministerio de Asuntos Exteriores, los célebres pasillos de la desesperanza, están habitados y paseados por grandísimos diplomáticos a los que usted como Moratinos, han castigado por no tragar con ruedas de molino.

No obstante, creo que se ha quedado corta y que puede todavía hacer un esfuerzo para colocar a más gente. Mi prima Vladimira Ussía que está harta de vivir en Llodio desea trabajar en el Caribe. Piense en ella. Es socialista. Mi sobrina Leonor Ariza, votante de Zapatero, me pide ser nombrada secretaria particular de cualquier embajador de izquierdas. Y mis amigos, todos socialistas, Amador, Joaquín, Loles, Florestán, Práxedes y Martín –le adjunto sus currículos–, quieren ser embajadores en Londres, París, Berlín, Roma, Washington y Viena, respectivamente. De tener ocupadas estas embajadas se conformarían con Lisboa, Praga, Estocolmo, Budapest, La Haya y Buenos Aires.

Ante usted me quito el chambergo, me inclino respetuosamente, y quedo de usted afectísimo, mi señora enchufada y enchufadora.


La Razón - Opinión

Juan Carlos I. Un Borbón que gallardonea. Por Emilio Campmany

Nunca quiso la derecha española tener un Rey que le bailara el agua y que defendiera sus puntos de vista frente a la izquierda. Se hubiera conformado con que fuera neutral. Incluso puede comprender cierto compadreo con la izquierda.

Como Ruiz Gallardón, Don Juan Carlos está convencido de que España es de izquierdas. Y a esa evidencia ajusta su política. Cree que la derecha es monárquica, pero minoritaria, mientras que la izquierda, que son más, es republicana. De forma que lo que tiene que hacer es ser útil a quienes están inclinados a hacer desaparecer la institución, y podrían en un determinado momento hacerlo porque son más, sin preocuparse de si eso ofende a la derecha ya que, como es monárquica, no dejará de apoyarle nunca.

Por eso se llevó tan bien con Felipe González, por eso dijo que Zapatero sabía muy bien en qué dirección iba, y por eso se ha pasado esta segunda legislatura zapateril reclamando a la derecha unidad para hacer frente a los desafíos de los mercados. La última vez, en Mallorca, en una reunión con políticos de Baleares. Según el popular Pere Rotger, les ha pedido que arrimen el hombro, que es lo que les lleva exigiendo Zapatero a los del PP desde que se vio asediado por las consecuencias de su disparatada política de gasto.


¿Alguien recuerda alguna referencia, siquiera velada, a los peligros que para la unidad nacional tienen la negociación con ETA o el estatuto de Cataluña? No. ¿Por qué no? Pues porque el Rey entiende que, a la derecha, la puede regañar sin temor porque es monárquica. A la izquierda en cambio no se atreve a hacerlo para no ser visto como un estorbo, como un obstáculo a sus políticas y entonces ser liquidados él y la institución. Si encima sus amonestaciones a la derecha lo son para que apoye la política de la izquierda, no sólo no será para ésta un obstáculo, sino que podrá ser considerado como un instrumento útil.

Nunca quiso la derecha española tener un Rey que le bailara el agua y que defendiera sus puntos de vista frente a la izquierda. Se hubiera conformado con que fuera neutral. Incluso puede comprender cierto compadreo con la izquierda. Pero verlo permanecer mudo ante políticas que ponen el peligro la unidad nacional y sentirse llamar a rebato para que socorra a la izquierda cuando la prima de riesgo aprieta por los muchos disparates que ha hecho con el discreto aplauso del monarca, puede que a esta derecha le haga hacer algo más que desfallecer en su fervor monárquico, si es que alguna vez lo tuvo.

No sé si Zapatero habría podido hacer tanto daño con otro Rey. Pero no cabe duda de que una pizca de responsabilidad en lo que este hombre nos ha hecho, y todavía nos sigue haciendo, le corresponde al monarca por lo que dijo y todavía hoy continúa diciendo. Puso su interés en defender la Monarquía por encima del de España y al final no sólo ha puesto en peligro a España, sino también a la Monarquía. Veremos qué hace el hijo.


Libertad Digital - Opinión

Los especuladores hacen su agosto

Se cumplieron los vaticinios de la vicepresidenta Elena Salgado. El día después de que la titular de Economía avanzase que las tensiones monetarias y especulativas se mantendrían durante días, España, además de Italia, volvió a sufrir el ataque de los especuladores, decididos a recoger ganancias a costa de ambos países. Los inversores reanudaron sus compras de deuda soberana alemana y su «castigo» a Italia y España, cuya prima de riesgo volvió a sobrepasar los 400 puntos ante la ambigüedad del presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, sobre la actuación del organismo frente a los especuladores. Desde fuentes monetarias de Bruselas, se ha apuntado que el BCE había intervenido comprando deuda irlandesa y portuguesa, no de otros países. Un anuncio que hizo caer en el abismo la deuda de Italia y España. Sin embargo, los expertos recuerdan que intervenir en Grecia, Portugal o Irlanda resulta relativamente cómodo a la autoridad bancaria europea; otra cosa son países como Italia o España, ante los que se necesita munición de gran calibre para tener éxito. Estas turbulencias, que sacudieron la eurozona durante toda la mañana y la tarde de ayer, han dejado en un segundo plano asuntos claves. El mantenimiento de los tipos de interés en el 1,5 por parte del BCE ha quedado solapado ante unos vientos huracanados que sacudieron las bolsas de toda Europa y que se dejaron sentir especialmente en Madrid y Milán, donde cayeron más de un 3%. Sólo el Tesoro nos proporcionó ayer la única noticia económica buena de la jornada, al lograr colocar más de 3.300 millones en bonos a tres años, aunque, eso sí, pagando un 11% más respecto a la anterior del mismo tipo. También canceló hasta septiembre la subasta de bonos a cinco años, prevista para el 18 de agosto.

Una tormenta monetaria que, pese a todo, no ha logrado que el BCE reaccione con determinación ante los especuladores, ya que sólo atina a anunciar, para el próximo 9 de agosto, una nueva inyección de liquidez en los mercados de la que se beneficiarán los bancos en una operación extraordinaria que se prolongará durante seis meses.

Y por si la incertidumbre económica y financiera fuera poca, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en un plano político, admitió ayer también que las últimas medidas acordadas por los gobiernos comunitarios no han logrado el efecto deseado en los mercados y que la crisis de la deuda ya no se limita sólo «a la periferia del euro». Barroso, por medio de una carta a los dirigentes europeos, anima a buscar fórmulas para mejorar y reevaluar el Fondo de Estabilidad Financiera, incluyento un aumento de su capacidad, con el fin de hacer frente al efecto contagio y a los especuladores. Éstos agitan el mercado sabedores de que no existen mecanismos ni fondos ni tampoco determinación en la cúpula de la Eurozona de pararles los pies. Y mientras hacen caja, lastran toda recuperación económica y acentúan, aún más si cabe, una posible salida a la crisis del euro. Pocos dudan de que hoy volveremos a vivir otra jornada negra en las bolsas mientras los mercados apuntan a su próxima presa. Ya de caza mayor.


La Razón - Editorial

Castigo sin fin

El BCE fracasa en su intento de calmar los mercados mientras los líderes europeos siguen de vacaciones.

Estados Unidos y la zona euro siguen afectados por graves perturbaciones de los mercados con un origen común: la percepción de que la economía mundial vuelve a encontrarse en un periodo de bajo crecimiento. En el caso de Estados Unidos, la causa de las caídas bursátiles (el índice Dow Jones de Wall Street perdió ayer el 4,31%) está en la insuficiente tasa de crecimiento (apenas llegará al 2,5% este año) y la sensación de que el acuerdo entre republicanos y demócratas obstaculizará la recuperación. En Europa, el mensaje del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, y las advertencias del presidente de la Comisión Europea, Barroso, definen con precisión la difícil situación por la que atraviesa la zona euro. Trichet sugirió que el BCE ha reanudado la compra de deuda para calmar la especulación contra las deudas italiana y española. Pero lo hizo con tanta tibieza que su intervención fue contraproducente.

Los inversores interpretaron que el BCE había intentado aplacar el mercado comprando deuda en Irlanda, Grecia y Portugal (la opción más barata), por lo cual siguieron castigando a la deuda española, que volvió a aproximarse a los 400, y a la italiana. Trichet tenía medios para dejar claro que el BCE comprará títulos de ambos países hasta donde sea necesario para contener sus primas de riesgo. Pero prefirió amagar y no dar. También tenía resortes para transmitir confianza sobre la recuperación en Europa, pero no supo hacerlo. De sus decisiones, más que de sus palabras, se desprende un gran temor por la evolución de la crisis financiera en Europa. Al final, lo que los mercados leyeron es que la prórroga de las facilidades de liquidez a la banca comercial es una confesión de que el sistema atravesará dificultades. En esas condiciones, no es posible creer en una recuperación de la economía.


Esta lectura explica el nuevo desbordamiento del diferencial español e italiano y justifica las críticas a Trichet. Pero, aunque el BCE no se ha mostrado clarividente en los tres largos años de crisis, la gravedad del mal financiero europeo no procede de sus decisiones. Barroso sintetizó el miércoles un esquema de intervención para corregir esas convulsiones permanentes en los mercados que pueden destruir la estabilidad del euro; esquema, que, por cierto, es voz común entre economistas e instituciones de la zona y un misterio indescifrable para Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Es necesario cerrar rápidamente el nuevo rescate a Grecia y admitir que el procedimiento sería aplicable a Portugal e Irlanda; es imprescindible concretar ya las nuevas funciones del Fondo de Estabilidad, para que pueda comprar deuda en el mercado con el capital disponible; es urgente crear la deuda europea; y es imperativo queel BCE tenga las manos libres para estabilizar los mercados.

Alemania y Francia han hecho oídos sordos a urgencias e imperativos. Todas las decisiones se han aplazado hasta septiembre y es probable que no lleguen a corporeizarse en normas, dinero y protocolos en meses. Hasta entonces, los mercados (es decir, los intermediarios que deciden los activos que compran los fondos de inversión, los de pensiones o los institucionales) seguirán explorando los límites efectivos de la compra de deuda por el BCE, extenderán las dudas de solvencia a países como Bélgica (ya es el caso) y castigarán a las deudas nacionales con subidas insoportables del servicio de la deuda. Esas tensiones arruinan las expectativas de crecimiento de los países atacados. Por más que el Tesoro español pudiera colocar ayer 3.300 millones holgadamente, aunque con mayores costes financieros. Menos dinero, pues, para educación, sanidad e inversión pública en 2012. Y todo ello, con los principales líderes europeos (Merkel, Sarkozy, Cameron, Van Rompuy, Barroso...) de vacaciones y sin emitir señal alguna, más allá de alguna carta o llamada telefónica. Sólo Zapatero y Berlusconi han sido vistos en su puesto de trabajo, pero ha servido de poco.


El País - Editorial

Trichet desata el pánico

Este anuncio a destiempo de una política monetaria más que discutible ha desatado el pánico en unos mercados cuya confianza ya estaba muy tocada por todos los acontecimientos de la última semana.

Apenas unos minutos después de que Trichet saliera a la palestra para anunciar que el Banco Central Europeo (BCE) acababa de comprar deuda lusa e irlandesa, las bolsas europeas han comenzado a desplomarse. Puede que haya sido la decepción de los mercados ante la negativa del BCE de adquirir bonos españoles e italianos o bien la incertidumbre generada por la reanudación de su programa de monetización de deuda. Pero lo cierto es que este anuncio a destiempo de una política monetaria más que discutible ha desatado el pánico en unos mercados cuya confianza ya estaba muy tocada por todos los acontecimientos de la última semana.

Al cabo, Europa debería de haber optado desde un comienzo por una solución clara a su crisis de deuda: o buscar socializar las pérdidas mediante todo tipo de rescates gubernamentales y monetizaciones o tratar de minimizarlas forzando planes de austeridad y de reformas en los países periféricos y aceptando, en el peor de los casos, quitas entre los deudores más insolventes. Obviamente, la segunda de estas opciones es la única que de verdad nos permitiría superar a largo plazo nuestras dificultades, sobre todo viendo los pírricos resultados que su alternativa ha cosechado en los Estados Unidos (que ayer mismo alcanzaron una ratio de deuda sobre el PIB del 100% en medio de una economía profundamente estancada).


Pero, en cualquier caso, la indecisión e indefinición de nuestros políticos resultan exasperantes para unos mercados que ya han perdido gran parte de su esperanza. Ni reformas, ni planes de ajuste serios. De momento, la Eurozona sólo parece convencida de las bondades de parchear todos los agujeros financieros y económicos que vayan emergiendo. Algo parecido a lo que ha hecho con España: permitir que Zapatero gobernara durante cuatro años sin aprobar ni una sola reforma de calado y sin presionar a las autonomías para que se apretaran el cinturón.

Así las cosas, no deberíamos extrañarnos de que ahora, cuando la mejor respuesta que saben dar desde Europa ante la incertidumbre sea seguir monetizando deuda, los inversores se asusten. Al contrario, urge dar pasos que estabilicen las expectativas y devuelvan la confianza al sector privado; pasos hacia la liberalización y hacia la austeridad. Si se siguen negando a ello como se han negado hasta ahora, sólo nos deslizaremos por la pendiente de una crisis mucha más dura y prolongada de lo necesario.


Libertad Digital - Editorial

jueves, 4 de agosto de 2011

Rodríguez Zapatero empuja a España a ser pasto de los tiburones. Por Federico Quevedo

Somos unos cuantos los que venimos reclamando desde hace un año la necesidad de unas elecciones generales anticipadas para que los ciudadanos de este país elijan a quienes ellos consideran los más adecuados para sacar a España de la profunda crisis en la que se encuentra. Pero el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha hecho oídos sordos a esta petición y ha conducido a nuestro país al abismo. Esa es la realidad.

El anuncio, el viernes pasado, de la convocatoria anticipada de elecciones para noviembre llega tarde. Demasiado tarde, y los mercados financieros no han respondido como presumiblemente quería Zapatero que respondieran, es decir, relajando su presión sobre España. Pero, de nuevo, lo que hizo Zapatero el pasado viernes fue ganar tiempo anunciando un calendario a largo plazo para lo que el país necesita en estos momentos, que hubiera sido una convocatoria de elecciones a la vuelta del verano, es decir, cumpliendo exactamente con los 54 día de rigor y acudir a las urnas en septiembre... Si me apuran, en la primera quincena de octubre, pero no más.


En lugar de eso, Zapatero pensó que el anuncio de la agenda relajaría los mercados y le daría cierto margen, y ahora la realidad es que nos encontramos en una especie de callejón sin salida. Tenía seguramente razón ayer Mariano Rajoy cuando aseguraba que España no será rescatada... Es probable, en primer lugar porque semejante rescate pondría al borde del colapso al propio euro, y en segundo lugar porque los 27 ya se han proporcionado a sí mismos de mecanismos de crédito que permitirían huir del rescate, aunque en el fondo venga a ser más o menos lo mismo.
«Y esto es lo terrible, que hablamos de la relajación de los mercados si estos marcan una diferencia de 378 puntos básicos sobre el bono alemán, cuando hace tan solo un par de meses cruzar la barrera de los 300 puntos básicos era el 'acabose'.»
Es verdad que Grecia, cuando fue rescatada, tenía su prima de riesgo en 1.000 puntos básicos respecto del bono alemán, y Portugal en 600 puntos básicos. España llegó a rozar ayer los 410 y después se relajó la presión hasta los 385, pero nadie se atreve ya a asegurar que no volvamos a sentir en nuestra nuca el aliento de la intervención. Y esto es lo terrible, que hablamos de la relajación de los mercados si estos marcan una diferencia de 385 puntos básicos sobre el bono alemán, cuando hace tan solo un par de meses cruzar la barrera de los 300 puntos básicos era el 'acabose'.

Lo cierto es que en estas circunstancias el acceso de nuestras entidades financieras al crédito externo es prácticamente imposible, y eso hace que todavía se cierre mucho más el grifo del crédito interno a las familias y las pymes... Y en esas circunstancias hablar de recuperación es una quimera... Lo peor de esto es que es una pescadilla que se muerde la cola: sin recuperación económica los mercados seguirán manteniendo la presión sobre España, pero esa misma presión dificulta enormemente que se pueda dar la recuperación económica. Y sin recuperación económica el Reino de España no puede generar ingresos suficientes para pagar la enormidad de deuda que está atesorando a tipos de interés escandalosos que aceptamos resignados para que los tiburones financieros compren nuestra deuda y nos aporten algo de liquidez al sistema... Es imposible.

El sistema está enfermo de origen y lo único cierto es que estamos intentando salir de esta situación crítica con las mismas recetas que nos han llevado a ella. Esto tenía que haber sido solucionado hace ya meses, con propuestas duras de ajuste encima de la mesa... En Portugal, el Gobierno se va a quedar con la mitad de la paga extra de todos los trabajadores del país: eso es tomar medidas duras, jodidas, pero duras. Aquí, el Gobierno de Zapatero ha huido en todo momento del verdadero ajuste, ese ajuste que está por venir, porque no quería tener revueltas sociales en la calle, y prefería dejarle ese marrón al Partido Popular.

El ajuste vendrá, y las revueltas también, pero hay que decir ya, desde este momento, que el principal responsable de que el ajuste sea más duro de lo que hubiera sido hace un año se llama José Luis Rodríguez Zapatero, quien por un egoísta cálculo electoral y personal ha preferido empujar a España al abismo al tiempo que intentaba salvarse él. Ni se ha salvado él, ni ha salvado a España: la ha convertido en pasto de los tiburones. Hasta el último momento ha hecho daño a este país.


El Confidencial - Opinión

¡Cuidado con agosto!. Por César Lumbreras

El mes de agosto suele ser muy dado a que se desate la tensión en los mercados financieros y se compliquen las cosas desde el punto de vista económico. Hace cuatro años, por ejemplo, comenzó en Estados Unidos la actual crisis, de la que no hemos salido. En 1992 hubo tensiones monetarias que terminaron con reajustes de varias divisas, entre ellas la peseta, que se devaluó en los meses siguientes. Ahora la cosa va con la deuda pública, los bonos y la prima riesgo país. España e Italia han sido las dos victimas propiciatorias durante los últimos días. Para los expertos no se trata de una sorpresa, porque algunos de ellos ya habían vaticinado semanas atrás un mes de agosto más que caliente. La prima de España ha llegado a rebasar los 400 puntos básicos, algo impensable hace poco tiempo. Pero, por lo que se ve, la realidad supera con creces a la ficción. Ayer hubo momentos de tensión y de un cierto relajo aparente, con el IBEX a punto de perder los 9.000 puntos. La pregunta ahora es cuánto tiempo se podrá mantener esta situación. El primer test llegará hoy, cuando el Tesoro lance una nueva emisión: la dificultad para cubrirla y el tipo de interés serán las dos claves a seguir. Prueba de la preocupación existente son la interrupción de las vacaciones por parte de Zapatero, que Rajoy haya salido a la palestra y que el Rey haya pedido a los políticos altura de miras. Hay quien dice que así no se aguantan los cuatro meses hasta las elecciones, que son más de cinco hasta que el nuevo Gobierno funcione. Se han oído voces pidiendo un nuevo anticipo electoral. ¡Menudo agosto nos espera!

La Razón - Opinión

Prima de riesgo. Pocas alternativas. Por Jaime de Piniés

En una situación donde los mercados no dan el tiempo suficiente para implementar las reformas estructurales de calado que necesitamos para competir dentro del euro, hay que implementar medidas de ajuste, sean cuales sean, con tal de que sean inmediatas.

A menos que en el próximo Consejo de Ministros del día 19 de agosto, o incluso antes, el Gobierno ponga en marcha una serie de medidas contundentes y suficientes para convencer a los mercados que podemos evitar la bancarrota, necesitaremos un rescate. Y como sabemos que un rescate no es posible para una economía tan grande como la española, y mucho menos si la italiana también cayera, las alternativas son esencialmente dos:
Institucional, España permanece dentro del euro y la Unión Monetaria Europea pasa a avalar la deuda pública española (la misma solución que en su día comentamos para evitar un rescate de Portugal). A cambio, Europa y el FMI toman el control del presupuesto de todas las AAPP españolas. Esto supone una perdida profunda de soberanía nacional y el fin del Estado autonómico tal como lo hemos conocido al día de hoy.
España abandona el euro.
En mi opinión, no queda suficiente tiempo para implementar una programa de reformas estructurales decidido por los españoles. El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha dilapidado todo el margen de tiempo que disponíamos para hacer estas reformas. El próximo Gobierno simplemente no llegará a tiempo. Podría haber una ligera posibilidad de salir airosos en el próximo Consejo de Ministros si se adoptan medidas de calado. Pero lo que está meridionalmente claro, tras haber superado un diferencial con el bono alemán a diez años de 400 puntos básicos, es que la situación no aguanta hasta el día 20 de noviembre, la fecha puesta por nuestro presidente para las elecciones generales. De ahí que muchos estemos insistiendo en la necesidad de adelantar aún más las elecciones (a octubre, incluso a septiembre si fuera técnicamente posible).

En una situación donde los mercados no dan el tiempo suficiente para implementar las reformas estructurales de calado que necesitamos para competir dentro del euro, hay que implementar medidas de ajuste, sean cuales sean, con tal de que sean inmediatas. En la situación límite en que ya se encuentra España, pensar que una devaluación podría ser una solución no es en modo alguno descabellado. Lejos de óptimo, al menos cierto. Pero cuando la cruda realidad económica aparece, las alternativas son escasas. En mi opinión, la opción que denomino "institucional" podría ser la mejor. Pero para que esta pueda tener lugar debe contar con el beneplácito de los alemanes, holandeses, finlandeses, etc. que verán automáticamente encarecida su financiación... esto es lo que supone avalar a un Estado en bancarrota. Queda por ver si Europa nos avalará o no, o bien si el Sr. Rodríguez Zapatero por fin despierta y hace todo aquello que se ha negado a hacer en los últimos siete años. Ante esta tesitura, el abandono del euro, por muy costoso que pueda parecer, no se puede descartar entre las escasas posibilidades de la economía española. Insistimos en una constante, todo parece descabellado, quizás se nos escape la lógica que no se deja ver.


Libertad Digital - Opinión

A la deriva. Por Javier G. Ferrari

¿Quién toma decisiones en este país si uno no se ha ido, el otro no ha llegado y los partidos no dedican sus esfuerzos a otra cosa que no sea contar posibles votos? La sensación de que vamos a la deriva es absolutamente alarmante. Desde el Gobierno la única señal que llega a los ciudadanos es que Zapatero, ahora sí, le informa todo el que quiera oírle de que la cosa va francamente mal. A buenas horas señor presidente. La cantidad de tiempo perdido en España por su empeño en negar la evidencia no se recupera porque haya decidido adelantar las elecciones en cuatro meses. La herencia que deja es, sencillamente, escalofriante. Usted deja un país a la deriva mientras se marcha al Coto de Doñana a meditar sobre su futuro después de dejar en suspenso el de muchos millones de sus conciudadanos. Claro que usted no es el único culpable. Todos los integrantes de sus gobiernos desde que la crisis asomó la cabeza y usted, con la ayuda del desaparecido señor Solbes y el hoy flamante candidato y autoproclamado líder del PSOE, Pérez Rubalcaba, se dedicaron a lanzar cortinas de humo para que los ciudadanos no vieran la realidad y revalidaran su mayoría en marzo del 2008. Aún ahora, cuando estamos colgando de un hilo sobre el abismo, portavoces de su partido, en el que usted por lo visto pinta lo mismo que la Tomasa en los títeres, siguen tildando de antipatriotas a los que dicen la verdad y descalificando al PP que, si bien no es precisamente especialista en crear ilusión y esperanza en la gente, al menos ha demostrado cuando tiene el poder que no se deja llevar por la insensatez, una de las características más acusadas de sus casi ocho años de mandato. La última, con ribetes esperpénticos, elegir el 20 de noviembre para ir a las urnas para reafirmarse en uno de sus grandes logros como ha sido la ley de Memoria Histórica que, como todo el mundo sabe, ha servido para crear un gran ambiente social y, sobre todo, muchos, muchísimos puestos de trabajo. Yo no sé donde estaba usted el 20-N del 75. Yo en mi puesto de trabajo en una radio que había sido tomada y obligada a conectar con la radio pública durante tres días. Pero desde antes de la muerte del dictador ya estábamos trabajando por la democracia a cara descubierta en programas que hoy son marcas y entonces eran emblemas. Ninguno de nosotros sabíamos quiénes eran los que hoy lideran la izquierda. En la Universidad sólo el PCE y CCOO habían tenido el valor de aparecer. En noviembre del 75 Franco se murió en una cama de hospital sin que los antifranquistas supiéramos nada de la presunta lucha en la clandestinidad de su partido. Esto también es memoria histórica, señor presidente. Claro que ya se sabe que la memoria es traicionera y la Historia la escriben los vencedores. También los vencedores en procesos electorales, aunque ninguno de ellos hubiese tomado parte activamente en la lucha por conquistar libertades. Tengo la impresión de que esta última cortina de humo al elegir la fecha para votar no le va a servir de nada a su delfín. Bueno al delfín que le han colocado.

La Razón - Opinión

Faisán. Beni, cuéntalo. Por Maite Nolla

El Faisán no es Rubalcaba, es Zapatero, por mucho que el PP se haya empeñado en darse golpes contra la pared..

Que el presidente de la Sala que tiene que decidir sobre la imputación de tres policías por el caso del Faisán haya mandado a su señora esposa a avanzar su posición en "Twitter", resulta impresentable. Que a pocos días de tomar una decisión de ese tipo, la mujer de Gómez Bermúdez vaya formulando tesis doctorales sobre el delito de colaboración y el de encubrimiento demuestra que cuando los jueces se meten a politiquear pierden cualquier relación con el sentido común. Pero cada uno elige la forma de hacer llegar su mensaje y si el Consejo General del Poder Judicial no dice ni hace nada al respecto, menos podemos hacer nosotros. Y es que a lo mejor resulta que estamos ante un hito del periodismo y no nos hemos dado cuenta.

Sucede que los que piensan que el caso del Faisán no es para tanto, utilizan tres líneas de defensa. Una, la del desprestigio. Es decir, esto es una tergiversación de lo que fue una operación policial, y el PP y parte de la prensa han cogido el rábano por las hojas. Otra, es la línea de Beni o del Fiscal General del Estado, que es la de discutir la calificación legal de los hechos, debate del que supongo que ya están ustedes bastante instruidos. Y la última es decir que sin Rubalcaba no habría caso Faisán y que no es más que una forma de desgastarlo.

Lo que pasa es que quien da la respuesta a los tres argumentos fue el propio Gobierno. El que desmonta que esto sea una persecución a Rubalcaba, que sea una cosa de "frikis" y el que desvirtúa el argumento jurídico de la pareja Beni-Gómez Bermúdez, fue el emisario del Gobierno en la negociación con ETA: Gómez Benítez, de cuyos apellidos resulta un simpático juego de palabras con los de los otros dos. Quién da carta de naturaleza al caso del Faisán y lo convierte en una señal de buena voluntad en la negociación, fue este abogado que actuaba en nombre del Gobierno. Es más, su manera de presentar este activo en la mesa de Paz, desmonta incluso la teoría de que sin Rubalcaba no habría Faisán. El Faisán no es Rubalcaba, es Zapatero, por mucho que el PP se haya empeñado en darse golpes contra la pared. Y esto no se viste de encubrimiento ni acudiendo a la sección de tallas grandes.


Libertad Digital - Opinión

Hay que generar confianza

Se antojaba imprescindible que el Gobierno diese algunas explicaciones después de que durante dos días consecutivos la prima de riesgo española cruzase la línea roja de los 400 puntos básicos, aunque cerró la jornada a 389. Fue la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado, la que ofreció una rueda de prensa para sosegar a los mercados. Sincera, habló de la preocupación del Gobierno, que las tensiones se mantendrán durante algunos días, pero también habló de la responsabilidad y la confianza del Gobierno para superar este episodio. Sin embargo, Salgado no respondió con firmeza a la volatilidad de los mercados, ya que no detalló un nuevo paquete de medidas ni las medidas que va a emprender el Gobierno para atajar esta situación de incertidumbre. Lo que sí transmitió es tranquilidad y seguridad , sin caer en discursos contradictorios como en otras ocasiones. Salgado se limitó a exponer las tesis que había comunicado el presidente del Gobierno al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy: es imprescindible para relajar a los mercados que se agilice el plan de ayuda para Grecia y que se pongan en marcha las medidas para hacer frente a los ataques contra las deudas soberanas. Para ello, los diferentes gobiernos deben actuar con diligencia para emprender la reforma del mecanismo europeo de apoyo a los países de la zona euro porque, si de algo está seguro Rodríguez Zapatero es que una de las condiciones para salir de esta situación crítica es que los países afectados ofrezcan una respuesta unitaria.

Como en anteriores jornadas, el presidente del Ejecutivo mantuvo conversaciones con el resto de los partidos políticos. Especialmente enriquecedora fue la conversación que tuvo con el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Éste –tras asegurar que Zapatero le dijo la verdad– aseguró que España no va a ser intervenida. Con esta declaración Rajoy demostró una gran altura de miras. En calidad de líder de la oposición también quería transmitir sosiego y confianza a los mercados y se mostró dispuesto a escuchar al Gobierno en el que caso de que quiera tomar alguna decisión. Coincidió con Zapatero en que el fondo que se creó en la pasada reunión del Eurogrupo debe entrar cuanto antes en vigor porque permite en una situación de dificultad la compra de la deuda en mercados secundarios e incluso hacer préstamos sin que sea necesario un rescate. Rajoy insistió en que, con todo, la prioridad es hacer los deberes, que pasan por una política de control de gasto, menos déficit y menos deuda pública.

Además de todas las conversaciones que ha mantenido Zapatero, en las que incluso el Rey le transmitió su preocupación, su Gobierno debe acometer un nuevo paquete de medidas. El ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, anunció un segundo Consejo de Ministros que se celebrará el 26 de agosto. Aunque Jáuregui no entró demasiado en detalles, se prevé que se incluya un decreto ley que contemple la reforma del gasto farmacéutico, con un importante recorte, así como la modificación del Impuesto de Sociedades. Sea como fuere, Zapatero y su equipo tienen que poner toda la carne en el asador porque los mercados no pueden vivir con la incertidumbre de que España tiene un Gobierno con poco músculo político y económico.


La Razón - Editorial

España vende su futuro

Si "España ya no es dueña de su futuro" es porque nadie quiere hacerse cargo de ese futuro: Zapatero porque se va; Rubalcaba porque sabe que no lo va a alcanzar; Rajoy porque no quiere hacerse responsable de él hasta que sea presente.

Tras otra jornada de desplome en la bolsa y en la que la prima de riesgo de los bonos españoles ha vuelto a marcar un nuevo máximo histórico, no queremos restar un ápice de veracidad ni de dramatismo a la prensa internacional que asegura que "España ya no es dueña de su futuro". El problema, sin embargo, no es tanto esa falta de control sobre nuestro futuro como el persistente hecho de que nuestro Gobierno desde hace años y hasta el día de hoy se ha comportado y se sigue comportando como si no le importara nuestro provenir.

No hay una sola medida que, en caso de rescate o intervención exterior, los inversores o nuestros socios comunitarios nos obligaran a tomar en el futuro que no podamos tomar por nosotros mismos. El problema es que el Gobierno se ha negado y se sigue negando a ejecutarlas y, en menor medida que el principal partido de la oposición tampoco termina de anunciarlas para cuando, previsiblemente, forme Gobierno dentro de cuatro meses.


Ya podrá Zapatero suspender sus vacaciones; ya podrá el Rey pedir a los políticos que se "dejen de batallitas"; ya podrá el líder de la oposición echar una mano al Gobierno diciendo que España es "solvente" y no va a ser "rescatada". De nada servirá si Zapatero piensa seguir hasta noviembre como ha estado hasta ahora, sin trabajar en lo único que debe, que son las reformas estructurales que no ha emprendido y que él da por concluidas; o si los políticos no dan la batalla por reducir drásticamente y en todos los ámbitos un gasto público que nos aboca a un endeudamiento por el que cada vez tenemos que pagar más. Tampoco servirá de nada que el líder de la oposición calme a los inversores si no es anunciando ya las medidas, aunque sean duras e impopulares, que se han de tomar para revertir este proceso de caída libre de nuestra economía.

Si "España ya no es dueña de su futuro" es porque nadie quiere hacerse cargo de ese futuro: Zapatero porque se va; Rubalcaba porque sabe que no lo va a alcanzar; y Rajoy porque no quiere hacerse responsable de él hasta que sea presente.

En lugar de cultivar nuestro propio futuro, lo más que pretende este Gobierno en funciones es que sean nuestros socios los que articulen una respuesta conjunta frente a lo que denigra como "ataques especulativos"; una especie de rescate, sin que se note mucho y que, en lugar de forzar las reformas y la disciplina en el gasto, diluya entre todos los costes de nuestra propia irresponsabilidad.

El problema es que hasta para eso se ha mostrado incompetente nuestro Gobierno por culpa de su pésima política exterior. Zapatero se lamenta ahora por no ser capaz de concitar esa "respuesta europea" que tranquilice a los inversores, pero ¿qué pensaba si, en lugar de cultivar las relaciones con los países que cuentan en el panorama internacional, se ha dedicado a estrechar lazos con Marruecos, Cuba o Venezuela? Lo de la "alianza de las civilizaciones" servirá para despilfarrar dinero, pero no para que te lo presten. Y desde luego, con lo de la "fracasada" Merkel o, más recientemente, "irresponsable" Merkel, Zapatero no va a lograr que Alemania vea con mejores ojos maquillar nuestra irresponsabilidad con eurobonos o monetizando deuda.

En definitiva, que lo de "a largo plazo, todos muertos" ha dejado de ser una célebre excusa de un economista de funesta memoria para convertirse en divisa de nuestro Gobierno. No nos extrañemos, pues, de lo mucho que tenemos que pagar por la prima de riesgo.


Libertad Digital - Editorial

miércoles, 3 de agosto de 2011

Prima de riesgo. Que nos rescaten, pero sin que se note mucho. Por Juan Ramón Rallo

Que nos rescaten pero sin que se note mucho y, sobre todo, sin que tengamos que hacer las reformas que nuestros cortesanos decían que ya habíamos hecho pero que obviamente nunca hicimos.

Cuando todo lo demás falla, échale la culpa a los demás. Las servidumbres políticas se pagan caras en términos de honradez y credibilidad: y es que aquellos mismos que hace unos meses sacaban pecho por que España ya había hecho todas las reformas necesarias y por que la recuperación marchaba viento en popa, se topan ahora con la realidad que no quisieron ver o no supieron comprender.

Así, en opinión de nuestros economistas cortesanos, no hay ninguna razón de peso ni para que la prima de riesgo esté en máximos históricos ni para que el país se halle a las puertas de la intervención. Simple irracionalidad de los mercados que como tal se debe combatir: si nadie nos quiere prestar voluntariamente, habrá que articular mecanismos comunitarios para que lo hagan de manera coactiva. Es decir, para que nos rescaten pero sin que se note mucho y, sobre todo, sin que tengamos que hacer las reformas que nuestros cortesanos decían que ya habíamos hecho pero que obviamente nunca hicimos

El recetario no es novedoso: o bien eurobonos para que nuestro alto riesgo se diluya con el buen crédito alemán o bien monetización masiva de nuestra deuda por el BCE para socavar la liquidez del banco emisor colocándole nuestros bonos públicos suprime (o bien los dos a la vez, que nada sería más fácil que la monetización de los eurobonos por parte del BCE, a imagen y semejanza de la Fed en EEUU).


Cualquier cosa menos reconocer que, como algunos veníamos diciendo, los fraudulentos parches que ZP colocó a nuestra economía tenían bien poco que ver con las reformas que necesitábamos. Al cabo, si todo se hizo bien, ¿por qué nadie nos quiere prestar salvo a crecientes tipos de interés? ¿Acaso no existe ningún riesgo de que impaguemos, de que se rompa la Eurozona y de que, en definitiva, nuestros acreedores no vayan a recuperar la totalidad de los fondos que nos extienden o de que lo hagan en una divisa absolutamente devaluada?

Y, por favor, no sigamos con la milonga de que tenemos una ratio de deuda pública sobre el PIB muy bajo. Nuestro problema es que, debido a las masivas expansiones crediticias del BCE durante la década pasada, nuestra deuda total, incluyendo la privada, es tan elevada que la única manera de no suspender pagos es pidiendo refinanciación al extranjero. Lo que se pone en duda es si un sector privado tan debilitado como el nuestro podrá atender sus obligaciones sin la asistencia continuada de un sector público –por ejemplo, vía subsidios de desempleo– que, por cierto, tampoco es autosuficiente al necesitar del crédito exterior para financiar sus déficits: y es que si el Estado subiera los impuestos –para reducir su dependencia del exterior– el sector privado vería minorados sus recursos para amortizar sus deudas, incrementando su dependencia del crédito extranjero: estamos presos en la trampa de gastar como país mucho más de lo que producimos y esa diferencia nos la han de sufragar unos inversores que temen que en ningún momento produzcamos más de lo que gastemos y podamos pagarles.

Con una deuda exterior bruta del conjunto del país superior al 200% del PIB (o del 100% en términos netos), no les negaría yo cierta lógica a los temores. Lean, si no, el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha, el de Reinhart y Rogoff: "Al final, las suspensiones de pagos suceden con frecuencia a niveles de deuda externa bastante por debajo al 60% del PIB". ¡Del 60%! Y nosotros estamos en el 200% y con cinco millones de parados.

Así pues, si existe un cierto riesgo de suspender pagos, alto, bajo o muy bajo, pero si existe –es decir, si es posible que los acreedores extranjeros sufran unas pérdidas descomunales–, la prima de riesgo ascendente es más que comprensible. De hecho, si ahora mismo, como ya todos reconocen, la única manera de no ahogarnos en el lodazal de la desconfianza que generamos es rapiñando la credibilidad del Tesoro alemán o de la moneda europea, es que ya necesitamos un rescate; es que ya no nos valemos por nosotros mismos; es que ya requerimos de medidas extraordinarias para no derrumbarnos como economía.

Podemos seguir engañándonos a la espera de que lleguen Trichet o Draghi con los préstamos subprime. Pero al menos dejémoslo claro: si hemos llegado a esta situación es porque en ningún momento hemos hecho los deberes. Es decir, en ningún momento hemos comenzado a gastar como país sustancialmente menos de lo que producimos; ya sea porque hemos continuado gastando a ritmos de burbuja o incluso superiores (sobre todo por parte del sector público) o porque no hemos sido capaces de reconstruir nuestra economía para volver a fabricar tanta riqueza como la que deseábamos consumir (sobre todo, por las rigideces que el Estado no se ha dignado en eliminar). Ahora, claro, tras la servil y cómplice operación de mascarada de los últimos meses, sólo cabe patalear por la irracionalidad de los mercados y exigir la intervención del BCE. Es decir, que nos rescaten pero por la puerta de atrás, no sea que nos obliguen de verdad a hacer las reformas y dejen a más de un político y de un economista con sus vergüenzas al descubierto.


Libre Mercado - Opinión

Elecciones ya o pacto de Estado. Por Melchor Miralles

Toda España en alerta. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, despachó ayer por teléfono con Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba y los parlamentarios para informarles de los pasos que se están dando tras la debacle que supone la subida de la prima de riesgo por encima de los 400 puntos básicos. España e Italia están al borde de la intervención y hay dudas incluso de que la Eurozona esté en condiciones de rescatar a ambos países. Y, como explicaba ayer El Confidencial en exclusiva, los Hedge Founds han vuelto "en manada, estos fondos han ganado mucho dinero en los dos últimos años y ahora quieren hacer caja en España e Italia". ¿Qué hacer en esta situación gravísima?

El acuerdo al límite alcanzado en los EEUU entre demócratas y republicanos no gustó en el fondo a casi nadie. Sirvió para evitar la suspensión de pagos del gigante del planeta, pero la dureza, sumada a las inconcreciones, parieron un pacto que deja insatisfechos a los mercados. La reacción en lo que se refiere a España fue clara. El primer día subió la prima de riesgo y la Bolsa vivió una jornada negra. Ayer el Ibex cedió otro 2,2% y cayó a su nivel más bajo desde 2010 y la prima de riesgo se situó por encima de los 400 puntos. Bruselas niega que el rescate de España esté sobre la mesa y muestra su confianza en las medidas adoptadas por el Gobierno. Pero ello no es suficiente.


Parece evidente que Rodríguez Zapatero, esta vez, no ha manejado bien los tiempos. Al anunciar la fecha de las elecciones con cuatro meses de antelación ha generado una situación de impasse , una fase de interinidad que eterniza la campaña electoral doblando lo que sería su duración normal, lo cual genera una sensación de parálisis que los mercados, que reclaman estabilidad, rechazan de plano. Nadie confía en que sea viable cumplir con los objetivos de déficit y reducción del gasto, las Autonomías están al límite y todo este entramado de dudas en el ámbito político, fiscal, económico, social e incluso judicial ensombrece el panorama y nuestra imagen en el exterior de modo insostenible.
«Y el presidente, en mi modesta opinión, sólo tiene dos soluciones: o disuelve inmediatamente las cámaras y convoca elecciones para celebrar a finales de septiembre o inicios de octubre, o convoca ya mismo al líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, al del PP, Mariano Rajoy y al resto de los responsables de los partidos parlamentarios para diseñar un plan de emergencia.»
Nuestra economía no está para bromas, para juegos florales, para guiños electoralistas, para campañas o campañitas de imagen, para más demagogia barata. Y el presidente, en mi modesta opinión, sólo tiene dos soluciones: o disuelve inmediatamente las cámaras y convoca elecciones para celebrar a finales de septiembre o inicios de octubre, o convoca ya mismo al líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, al del PP, Mariano Rajoy y al resto de los responsables de los partidos parlamentarios para diseñar un plan de emergencia. El acuerdo debe incluir unas bases mínimas entre todos ellos para tomar las decisiones ineludibles que han de adoptarse para no caer al precipicio al que estamos asomados, entre otras razones, por su impericia.

No podemos estar a expensas de que China compre deuda española, de que suene la flauta por casualidad. Es en estos momentos donde se ve la grandeza de un hombre de Estado, la amplitud de miras y la capacidad de rectificar de quien tiene la responsabilidad de gestionar la cosa pública. Si nosotros seguimos haciendo el 'canelo', escuchando como si fuera normal a Artur Mas o Iñigo Urkullu, con la que nos está cayendo, hablar de nuevos conciertos económicos, más dislates soberanistas y otras cuestiones menores como asuntos prioritarios, a Rubalcaba planteando como eje de su campaña subir los impuestos a unos bancos que inmediatamente repercutirán ese coste sobre sus clientes y cuestiones de ese jaez, no salimos del agujero.

O elecciones ya o pacto de Estado que incluya unos presupuestos para el 2012 ajustados a la dramática realidad que tenemos delante, medidas de control severo del gasto público, reformas del mercado de trabajo que permitan generar empleo, medidas estructurales para reactivar la economía, primeros pasos para redefinir el modelo autonómico, un compromiso de campaña limpia, alejada de los estrambotes habituales que tanta indignación generan y todos juntos remando en la misma dirección en beneficio de los ciudadanos. Lo demás sería una formidable irresponsabilidad.


El Confidencial - Opinión

Prima de riesgo. Melancolía española. Por Agapito Maestre

Si todo fuera como yo doy a entender, estaríamos ante una prueba sencilla, casi natural, de política democrática, independientemente de quien gobierne, para resolver el principal problema de España, a saber su desnacionalización.

Zapatero ha suspendido sus vacaciones, aunque sólo sea por unas horas, porque la prima de riesgo del bono español respecto del alemán supera ya los 400 puntos. Además, según informan diferentes agencias, ha llamado a Mariano Rajoy para informarle de los pasos que dará el Gobierno para solventar este penúltimo capítulo de la crisis financiera de nuestro país. Supongo que Rajoy le habrá sugerido alguna otra medida y, seguramente, habrán llegado a ciertos acuerdos por el bien de España. De los españoles. Esa acción, quiero pensar, tendría un carácter nacional. Estaríamos ante una decisión consensuada: una medida concreta a favor de un Estado-nación moderno. Si todo fuera como yo doy a entender, estaríamos ante una prueba sencilla, casi natural, de política democrática, independientemente de quien gobierne, para resolver el principal problema de España, a saber su desnacionalización o la carencia absoluta de grandes consensos políticos a favor del Estado-nación.

Cuento todo esto para dar respuesta a un lector, que me afea mi pensamiento contra el proceso de desnacionalización de España que abrió la Constitución de 1978, y que ahora aparece como uno de los principales problemas para la recuperación económica y, sobre todo, moral de nuestro país. Mi crítico lector, que desprecia tanto mis análisis como mis propuestas, me exige un poco más de concreción para salir del marasmo del llamado Estado de las Autonomías. Le agradezco sus críticas y, por supuesto, espero que mis columnas le sigan estimulando para ejercer su libre pensamiento. Y aunque yo no soy muy partidario de ese lenguaje que separa el pensamiento de la acción política, la teoría de la famosa "práctica" o pragmatismo, creo que en la llamada de Zapatero a Rajoy, y el consiguiente acuerdo que yo presumo entre los dos, podría ser un buen ejemplo, una medida en el lenguaje de mi crítico lector, para hacer política nacional y no partidista o "autonomista".

Dicho en lenguaje muy sencillo, y desde la posición de un teórico radical de la democracia, la política es básicamente conflicto; pero si de vez en cuando esa situación conflictiva, reitero, no se resuelve en consensos de carácter nacional, entonces la política democrática es inviable, o peor, corre el riesgo de convertirse en su contrario bárbaro. Eso es lo que ha pasado, por desgracia, desde el primer –y, quizá último si descartamos los Pactos de La Moncloa– pacto nacional: el consenso constitucional que, al margen de triunfalismo baratos, derivó muy pronto en un cambalache a favor de una Constitución inviable. En ello estamos. Precisamente, por eso, aunque yo me haya atrevido a poner como ejemplo de consenso la llamada de Zapatero a Rajoy, nadie tiene confianza en ese acuerdo. Es pura retórica, incluso al borde del abismo económico.

Así las cosas, si persiste mi crítico lector en que le ofrezca alguna medida concreta de mi modesto magín, aquí tiene una sencilla: discutan y debatan los partidos sobre medidas concretas y no sobre vagas promesas de pre-campaña, pero, sobre todo, acuerden un modelo de Estado donde todos los españoles seamos libre e iguales ante la ley. Sencillo. Pero no fácil de llevar a cabo. Ya lo dijo Baltasar Gracián, en su famoso opúsculo El político Don Fernando, al hablar de las diferencias entre Francia y España. Mantiene que en Francia casi todo concurre para que la gobernación sea fácil, en tanto que en España muchas cosas la hacen difícil: "Los mismos mares, los montes y los ríos, le son a Francia término connatural y muralla para su conservación. Pero en la monarquía de España, donde las provincias son muchas; las ´naciones`, diferentes; las lenguas, varias; las inclinaciones, opuestas; los climas, encontrados; así como es menester gran capacidad para conservar, así mucha para unir".


Libertad Digital - Opinión

Convulsión global. Por José Antonio Vera

Tres veranos después del estallido de la «burbuja sub-prime», el mundo desarrollado sigue inmerso en una crisis monumental, que amenaza de lleno al «way of life» occidental. El penúltimo episodio ha llevado a las bolsas mundiales a caídas en picado y a una escalada de las primas de riesgo en España o Italia, arrastrados por el colapso norteamericano, un país con evidentes señales de agotamiento, que no acaba de levantar cabeza y está perdiendo credibilidad como potencia económica de referencia. Ahora se ha salvado por los pelos del «default» (suspensión de pagos), a cambio de un drástico recorte que permitirá a Obama subir el techo de deuda en 2,1 billones de dólares, pero comprometiéndose a bajar el déficit con menos gasto doméstico, militar y social.

Obama llegó al poder como un mesías pero ahora ya casi nadie cree ni en él. Lo veo estos días de paso por Chicago, la ciudad que le lanzó como político. Barack Husein es hoy sinónimo de frustración. Ya sólo le apoyan los incondicionales, y pocos creen que pueda repetir un segundo mandato.


La cuestión es que la primera economía del mundo está en el centro de la turbulencia global como consecuencia de la crisis de la deuda soberana. En vez de enfrentarse a la recesión como Merkel en Alemania, con ahorro y ajustes, la Administración demócrata optó por la huida hacia adelante, disparando el déficit público hasta el peligrosísimo nivel del 11 por ciento del pib, y la deuda al 99 por ciento de ese mismo producto interior bruto (14 billones de dólares), que en realidad alcanza hasta el 124 del pib si se incluye el endeudamiento local y el de entidades nacionalizadas como Fannie Mae y Freddie Mac. Desde la fatídica quiebra de Lehman Brothers, Washington no ha parado de emitir dinero. Y aunque logró evitar el colapso financiero, no acaba de despegar.

La cuestión es que el tema de fondo sigue sin solventarse. Me lo explicaba hace dos días en Boston un hostelero hispano amigo con 30 años de residencia en el país: «Nos daban el dinero por nada, sin garantía alguna y con unos precios inmobiliarios inflados, hasta diez veces por encima de su valor real». La consecuencia es que la banca está arruinada y sus activos tóxicos (viviendas compradas con hipotecas basura) siguen lastrando al gigante norteamericano, con el agua al cuello porque, pese a la constante emisión de dólares, no logra activar el consumo y persiste el desempleo. El peor escenario para un momento como el actual, en que las agencias de rating castigan a los países con alto nivel de endeudamiento y déficit descontrolado.

El modelo Obama se parece demasiado en la superficie al agotado sistema con el que Zapatero nos ha hundido a nosotros más aun en la crisis que de hecho padece todo el mundo. La política del gastar sin parar no podía llevar finalmente mas que a una nueva crisis, en este caso de deuda. Y Estados Unidos, como España, se ha quedado atrapado en medio del huracán.


La Razón - Opinión

Prima de riesgo. Zapatero no se irá de rositas. Por Emilio J. González

ZP ha querido dejarle al PP una bomba de relojería con la fecha elegida para las próximas generales, pero la jugada le puede salir bastante mal.

Zapatero quiere elecciones el 20 de noviembre, pero como sigan las cosas como este lunes en los mercados internacionales de deuda, o convoca ya elecciones o antes de la fecha elegida se puede encontrar con una crisis de deuda en toda regla, una crisis que, todo sea dicho, él solito se ha buscado.

ZP ha querido dejarle al PP una bomba de relojería con la fecha elegida para las próximas generales, ya que, de mantenerse, va a provocar una parálisis importantísima del ajuste presupuestario, debido a los plazos de tiempo para constituir el nuevo Parlamento, formar Gobierno, elaborar los presupuestos para 2012 y llevar a cabo su tramitación en las Cortes. Pero la jugada le puede salir bastante mal. Lejos de tranquilizarse ante la perspectiva de un cambio de Gobierno que permita empezar a enderezar la maltrecha situación tanto de las finanzas públicas españolas como de la economía y el empleo, los mercados se han puesto nerviosos ante la constatación de que el todavía presidente del Gobierno no tiene la menor intención de hacer lo más mínimo por resolver la crisis, sino que lo que pretende es pasarle la patata caliente a su sucesor en La Moncloa y, a ser posible, que le estalle en las manos. Es su forma de vengarse de un partido al que ha intentado destruir por todos los medios y que le ha dado una enorme patada en las elecciones municipales y autonómicas que ha acabado con sus aspiraciones políticas. Pero ha calculado mal, como siempre.


De entrada, Zapatero debería saber que, en el mundo de la globalización, el mes de agosto es muy propicio para el estallido de crisis financieras y monetarias. Así sucedió con la crisis asiática del 97, la de la deuda rusa del 98 o la crisis financiera internacional de 2007. Si la historia de este lunes se repite más días, podemos estar a las puertas de otra. También debería saber que los mercados se mueven en función de la confianza, y lo que ha hecho con la fecha de las elecciones no la genera, sino todo lo contrario. Porque lo que ha pasado este lunes, especuladores aparte, es que ha empezado una huida masiva de la deuda española hacia la alemana, disparando de esta forma la prima de riesgo. Y aunque las compras de bonos españoles por parte de los chinos han evitado que ahora estemos hablando de un lunes negro, si los mercados siguen así, ni el gigante asiático podrá contenerlos.

El mensaje de los mercados a Zapatero, por tanto, ha sido muy claro: que se olvide del 20-N y convoque ya las elecciones, porque, en caso contrario, no se va a ir de rositas.


Libertad Digital - Opinión

Anacrónico. Por Alfonso Ussía

En el año undécimo del siglo XXI, el comunismo es anacrónico. Un fracaso que no sirve para nada. El recuerdo de la tiranía, del muro, del silencio y del infinito aburrimiento. En la Alemania comunista tenían prohibidos los plátanos porque se consideraban inductores del lujo. Las izquierdas han sido inteligentes y han conseguido convencer a muchos de que el comunismo es democrático. Lo es, efectivamente, cuando no gobierna. El comunismo en el poder sigue siendo dictatorial y totalitario, porque de no ser así, no podría mantenerse. Cuando el muro fue derribado –lo hicieron los propios comunistas pragmáticos empujados por Juan Pablo II y Ronald Reagan, los más odiados entre los derrumbados–, el comunismo se camufló en otros proyectos, sin perder su férrea voluntad autoritaria. El ecologismo coñazo, el feminismo radical y el anticristianismo obsesivo. Se trataba de acoplarse a algo que tuviera futuro para paliar la desventura de una ideología que representaba el fracaso rotundo del pasado. Un fracaso sangriento y criminal, por otra parte. Todavía sobreviven, y es un decir, tiranías comunistas. Son dinásticas. Corea del Norte y Cuba. Y el experimento chino, que poco a poco se abre a los mercados libres con su inmenso poder económico.

En España hay un millón de personas que votan a los comunistas. Me intriga, pero así es. Se mantienen gracias a la sangría decepcionada que proviene del socialismo. Y como tienen poco que hacer se divierten en tonterías oportunistas. Ahora protestan por la visita del Papa Benedicto a Madrid con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Una visita que no le va a costar ni un euro a los madrileños y al resto de los españoles. Días atrás, una actriz de la Ceja enchufada en Extremadura dimitió de su cargo –es decir, se adelantó al despido–, porque había sido obligada a retirar de una exposición la fotografía de un maniquí vasco desnudo que pretendía representar a Jesucristo con un crucifijo sobre sus blanduras del entrepernil. A nadie de la izquierda se le ocurre sacar en pelotas a Alá y su profeta Mahoma porque la grosería y falta de respeto conllevan un riesgo inmimente. Los cristianos ponen la otra mejilla y rezan por quienes los ofenden y los musulmanes matan. Esa es la diferencia, que no considero inapreciable.

La Delegada del Gobierno en Madrid, que es la típica «progre» desnortada, parece que ha autorizado una manifestación contra la visita del Papa coincidiendo con su estancia en Madrid. Y el llamado Coordinador General de Izquierda Unida –muy poco coordina en los últimos tiempos–, ha montado una campañita para denunciar el coste de la visita de Benedicto XVI, que es denuncia vana por cuanto el coste es de cero euros. Pero se justifican y se divierten, y es bueno para una nación libre y democrática que los comunistas estén divertidos y entretenidos con sus fantasmas y sus obsesiones.

La visita del Papa a Madrid es un acontecimiento universal.La juventud del mundo a Madrid viene a encontrarse con él. Millones de jóvenes visitarán España, y Madrid se convertirá por unos días en la Capital del futuro de la Cristiandad. Una chica de Izquierda Unida, también coordinadora de algo –el comunismo se ha convertido en una reunión de coordinadores, segun parece–, ha sido la encargada de presentar la campañita «Madrid sin Papa». El mensaje no tiene sentido, porque el Papa va a estar en Madrid, y no sólo Madrid, sino toda España y la juventud del mundo le acompañarán. Pero en fin, si así se divierten los anacrónicos y creen que hacen algo, pues que lo pasen chupi.


La Razón - Opinión

Prima de riesgo. ¿Cuánto tardará Bruselas en llamar a la puerta? Por Juan Ramón Rallo

Al final, si no queremos hacer sacrificios voluntarios, nos acabaremos comiendo la suspensión de pagos. Y ahí los sacrificios llegarán sí o sí por un simple detalle: no habrá dinero.

No hay nada en la redonda cifra de 400 puntos básicos en nuestra prima de riesgo que exija a gritos un rescate o una intervención. Lo mismo da 400, que 395 que 412. La línea roja no la marca un número, sino la diferencia cualitativa entre unos riesgos que son digeribles para los inversores –Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia u Holanda: todos ellos con tipos de interés por debajo del 3,5% y con primas de riesgo inferiores a 100 puntos básicos– y otros que ya no lo son –Grecia, Irlanda, Italia, Portugal o España: todos con tipos superiores al 6% y diferenciales por encima de los 350 puntos básicos–. Lo grave para nuestro país es que, por mucho que ahora mismo nos sigan mimando unas agencias de rating –que todavía le confieren a nuestra deuda las más altas garantías de la doble A–, el mercado nos ha discriminado como malos riesgos, de modo que todos aquellos inversores que estén buscando reservas de valor más o menos seguras, no acuden precisamente a nosotros.

Las causas de este fiasco no hay que buscarlas en el insaciable apetito de los mercados, sino más bien en la ilimitada voracidad de los políticos por continuar gastando mucho más de lo que ingresan. No hace falta estar dotado de una inteligencia extraordinaria para descubrir lo que diferencia a los países seguros de los arriesgados: los primeros tienen déficits públicos modestos y acumulan volúmenes de deuda manejables; los segundos, en cambio, presentan déficits públicos o volúmenes de deuda desproporcionados. En el fondo, es lo que diferencia a buen de un mal deudor también en el sector privado.


Fíjense: en 2010, Alemania apenas tenía un déficit del 3%, Austria del 4%, Finlandia del 2,7% y Holanda del 5% (pero con una deuda total del 60% del PIB); en contraste, España alcanzaba un déficit del 9,2%, Grecia del 9,5%, Irlanda del 32%, Portugal del 7,3% e Italia del 4,6% (pero con una deuda total del 120% del PIB). Y ello por no hablar de la muy dispar capacidad de estas economías para crear riqueza y, por tanto, amortizar su deuda.

Hay un mundo de diferencia entre ambos grupos que nuestros políticos no han querido ver y ahora cosechamos, cuando ya es demasiado tarde para darle la vuelta a la tortilla, las podridos frutos de su irresponsabilidad pasada. Precisamente, las economías periféricas, las más débiles, las que debíamos atravesar por un mayor reajuste interno y las que teníamos menos capacidad para asumir nuevas deudas, deberíamos haber sido las más austeras. Pero fue al revés: no le hicimos caso al sentido común –más bien nos guiamos por el común sinsentido keynesiano– y ahora nos sorprendemos de que la prima de riesgo salte por los aires.

Lo cierto es que la dinámica en la que nos encontramos tiene muy difícil salida. Es harto complicado que el Reino de España recupere la credibilidad de que va a honrar todos sus compromisos internacionales. No porque los mercados nos odien –después del tijeretazo, cuando dio la impresión de que íbamos a coger al toro por los cuernos, nuestro diferencial cayó por debajo de 150 puntos básicos– sino porque ya nos hemos burlado demasiado de ellos –recuerden al jefe del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, diciendo que "cuando las cosas se ponen feas, hay que mentir"– y, sobre todo, porque parece que no nos tomamos en serio el riesgo de suspender pagos. Si, según reza el imaginario socialista, las cosas dentro del país están bien como están y nuestros problemas sólo provienen de los malvados especuladores de fuera, la respuesta de esos ahorradores internacionales de los que dependemos será bien sencilla: quédense con su paraíso interno, que nosotros nos guardamos el dinero fuera.

¿Solución? Hacer en unas semanas lo que deberíamos haber hecho en toda una legislatura. Pero, primero, no parece ni que el PP ni mucho menos el PSOE estén dispuestos a ser austeros y liberalizadores de verdad; segundo, aunque alguno quisiera serlo, no van a anunciarlo antes de las generales, en esencia porque la mayoría de los españoles no quiere asumir el coste de que lo sean; y, tercero, para las generales todavía quedan casi cuatro meses.

Bruselas está cada vez más cerca de llamar a la puerta y de volver irrelevante la R que nos gobierne en 2012; claro que, viendo los planes de ajuste a medio camino de Grecia y Portugal, tampoco esto es garantía de nada. Al final, si no queremos hacer sacrificios voluntarios, nos acabaremos comiendo la suspensión de pagos. Y ahí, fuera del euro y con una devaluación de caballo, los sacrificios llegarán sí o sí por un simple detalle: no habrá dinero.


Libertad Digital - Opinión

La amenaza de la prima de riesgo

La prima de riesgo –la diferencia entre el rendimiento del bono a 10 años español con respecto a su homólogo alemán– procuró ayer a la economía española una jornada pródiga en sobresaltos e incertidumbres, ya que parecía que ésta estaba fuera de control y a merced de la volatilidad y la desconfianza de los mercados. A primera hora de la mañana, se rebasaron los temidos 400 puntos, se llegó a los 404, barrera que, según los expertos, una vez rebasada puede indicar que un país debe ser rescatado. Al final de la jornada, se batió otro récord y cerró en 386 puntos.

Las causas hay que buscarlas en varios factores: está claro que el nuevo balón de oxígeno a Grecia no ha aplacado la desconfianza sobre nuestra economía. Tampoco han ayudado mucho, sino todo lo contrario, las turbulencias en Estados Unidos, ya que a pesar del acuerdo sobre la deuda, la caída del consumo en este país ha repercutido severa y negativamente en su Producto Interior Bruto. Pero más allá de las circunstancias de la economía mundial, parece que las medidas del actual Ejecutivo no convencen a los inversores. La situación ayer fue lo suficientemente crítica como para que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, conversase con los líderes de las principales fuerzas políticas de nuestro país para comunicarles los contactos que el equipo económico del Ejecutivo estaba manteniendo con los gobiernos de Francia, Italia –que también vivió una jornada crítica– y Alemania. Y desde la Comisión Europea se intentó tranquilizar a los mercados al mostrarse convencida de que las autoridades españolas están tomando las medidas necesarias para que la economía se estabilice, por lo que descartaba una intervención. Sin embargo, lo cierto es que la rentabilidad del bono sigue cotizando al alza, lo que encarece aún más la financiación del Gobierno y de las empresas españolas. Si España se mantiene en estos niveles, la economía no podrá crecer y se destruirá más empleo, lo que supone un riesgo que el Ejecutivo debe atajar. Ya se ha demostrado que no basta con un conjunto de medidas más o menos afortunadas y hacer los deberes. Es necesario ir más allá. Lo que se necesita en este momento son profundas reformas estructurales que no pueden esperar al desenlace de las elecciones generales del 20 de noviembre, porque a medio plazo estos niveles no son sostenibles y cada vez es más caro financiarse. El Gobierno –a pesar del anuncio de ayer, en el que comunicó que no habría más ajustes económicos– debe acometer las medidas que sean necesarias para que los mercados confíen en la economía española, en que se están cumpliendo los objetivos marcados y en que hay una clara voluntad de acometer todas las reformas que sean necesarias. Hasta el 20 de noviembre hay margen de maniobra para intentar frenar todos estos movimientos especulativos que nos ponen en una situación de riesgo. Cabe recordar que, según Bruselas, si un país tiene una prima de 400 puntos básicos y no toma medidas en su debido momento, es probable que el impacto del sobrecoste por financiarse en el conjunto de su economía genere un impacto negativo en el PIB de un 0,8% anual, algo que España no se puede permitir.


La Razón - Editorial

Signos de naufragio

La escalada de la prima de riesgo en España e Italia agrava la situación de emergencia en la zona euro.

La escalada de la prima de riesgo española e italiana (la de España llegó a superar los 403 puntos básicos respecto al bono alemán y cerró por encima de los 380) colocó ayer en situación de emergencia a ambos países. La alarma política desencadenada por el castigo sin fin de los mercados bursátiles y financieros se tradujo en consultas políticas del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con los partidos de la oposición para analizar las posibles respuestas al grave deterioro de la solvencia española y conjurar los temores sobre un posible rescate de España, que Bruselas desmintió. La constante percusión de los mercados contra las deudas española e italiana apunta contra la supervivencia de la zona euro, que está prácticamente a la intemperie por no disponer todavía de los resortes políticos necesarios para conjurar la especulación contra las deudas nacionales.

El diagnóstico ya está hecho, pero Europa sigue sin resolver el fondo de la crisis griega ni ofrece la imagen de una dirección económica única. Mientras, España e Italia siguen atrapadas en la contradicción insalvable que surge cuando se aplica un plan drástico de ajuste fiscal. Cuanto más profundos son los recortes que se exigen a un país, más caen sus expectativas de crecimiento. Los inversores entienden que sin crecimiento no se puede devolver la financiación que se recibe. Por tanto, aumenta el coste de su refinanciación, lo que a su vez restringe un poco más su ya menguada actividad. Y así hasta que el rescate es inevitable.


El mes de agosto va a suponer una dura prueba para España e Italia. Los inversores no han valorado el adelanto de las elecciones porque es un elemento marginal en comparación con los factores económicos mencionados, como es la raquítica capacidad de crecimiento (el PIB español logrará, con suerte, aumentar este año el 0,7%), el estancamiento de la economía mundial (evidente en el caso de EE UU) y la pésima gestión política de la crisis en Europa. Ni Alemania ni el BCE acaban de concretar los criterios de reforma financiera expuestos en la última cumbre europea. Mientras, Europa se desliza hacia una crisis irreversible. Si Italia y España, tercera y cuarta economías de la zona euro, tuvieran que acogerse a un plan de rescate, el desastre sería total para la moneda única.

El margen de actuación del Gobierno español oscila entre lo malo y lo peor. Si la prima de riesgo no baja, el coste creciente del servicio de la deuda devorará cualquier margen de actuación de política pública. La recuperación ya es difícil con un diferencial de la deuda superior a los 100 puntos básicos; con 400, es imposible salir del estancamiento, crear empleo y bajar de forma significativa el paro. Una respuesta ortodoxa (sugerida por el FMI) sería presentar a Europa y a los mercados un recorte presupuestario adicional, en torno al 2% del PIB. Pero esa decisión tendría unos efectos sobre el crecimiento equivalentes al estrangulamiento que produce el desaforado aumento de los costes financieros. Significaría renunciar a la recuperación durante el próximo lustro.

La Moncloa, en una nota pública, recordó que en este agravamiento de la crisis de la deuda han influido las dudas sobre Estados Unidos y el propio mes de agosto, dado a altibajos en los mercados por el menor número de operaciones financieras. Es cierto. Pero no lo es menos que algunas reformas emprendidas, como la laboral, han perdido impulso o no han dado los resultados esperados, que el control del gasto y la situación económica de las autonomías juegan a la contra y que las dudas sobre bancos y cajas no se han disipado. La suerte está echada. Y, ante el fracaso de las fórmulas más ortodoxas, es necesario buscar nuevas vías, como una actuación decidida e inmediata del BCE (compra masiva de deuda española e italiana) y la aceptación de una deuda europea que sustituya las deudas nacionales.


El País - Editorial

Como la orquesta del Titanic

Incluso en la manera de irse, Zapatero ha tomado la peor de las decisiones posibles: convocar los comicios no pensando en las necesidades de la Nación sino en su particular vendetta contra un dictador difunto.

Dice el refranero español que en tiempos de tribulación no conviene hacer mudanza. Aplicada a la política, esta máxima suele recomendar no cambiar de Gobierno en medio de enormes convulsiones, pues el vacío de poder que se genera desde que se convocan los comicios hasta que el siguiente Gobierno toma de verdad las riendas dificulta enormemente la adopción de cualquier medida urgente. En el fondo, éste fue el argumento que blandió Zapatero a comienzos de este año para no convocar de inmediato elecciones anticipadas: España todavía tiene una gran cantidad de reformas pendientes y, por tanto, no puede permitirse el lujo de celebrar unos comicios antes de tiempo.

Por supuesto Zapatero mintió. Su Gobierno no se quedaba en el poder para hacer reformas, sino para evitar que se hicieran. Por eso habría sido prioritario realizar la mudanza antes de que llegaran las tribulaciones. No lo hizo y ahora nos encontramos con una enorme disyuntiva: la prima de riesgo está en máximos históricos y necesitamos urgentemente de un serio plan de ajuste y de reformas que nos devuelva la credibilidad ante el exterior. Sin embargo, es evidente que Zapatero no va a enterrar a Rubalcaba aprobándolo y que Rajoy no desea ser enterrado por Rubalcaba anunciando las medidas que tomará desde el Gobierno.


Por consiguiente, tenemos casi cuatro meses estériles por delante hasta las próximas elecciones; casi cuatro meses de completa parálisis en un momento en el que los inversores extranjeros nos exigen alguna señal clara de que queremos y podemos devolverles el dinero que nos prestan. Incluso en la manera de irse, Zapatero ha tomado la peor de las decisiones posibles: convocar los comicios no pensando en las necesidades de la Nación sino en su particular vendetta contra un dictador difunto.

Empero, todavía hay tiempo para rectificar y reconducir la situación, si bien no será sencillo. En las próximas semanas, Zapatero debería aprobar un intenso plan de ajuste y adelantar todo lo posible la fecha de las generales. Es cierto que ambas medidas significarían la debacle electoral de su partido, pero él y los suyos son los principales responsables de la calamitosa situación en la que se encuentra el país y, por tanto, sería de justicia que ellos padecieran las consecuencias. Por desgracia, toda apunta a que, de nuevo, antepondrán los intereses del partido a los de la Nación: pasividad absoluta en medio de la tempestad. Al cabo, no otra cosa han hecho en sus más de 100 años de historia.


Libertad Digital - Editorial