viernes, 15 de julio de 2011

Rubalcaba y Camacho

Que las reglas de la responsabilidad de los políticos sean laxas en España no quiere decir que el «caso Faisán» no sea un escándalo sin paliativos.

ALGUNAS de las críticas lanzadas contra el auto de procesamiento dictado por el juez Ruz en el «caso Faisán» recuerdan a las que utilizó el PSOE para defenderse de las acusaciones por la guerra sucia contra ETA en los gobiernos de Felipe González. Se acusa al juez de oportunismo político, se escandalizan algunos de que altos responsables de la lucha contra ETA sean procesados, se clama por una conspiración contra el candidato socialista. Y así toda una cadena de argumentos que constituyen un viaje al pasado. Aunque sea imprescindible respetar la presunción de inocencia y la provisionalidad de la imputación judicial, conviene recordar, sobre todo al ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, quien tachó el auto de «especulativo» y «disparatado», que hasta el Ministerio Fiscal acepta la comisión de un delito en el chivatazo a la red de extorsión de ETA instalada en el bar Faisán. La diferencia con el criterio del juez es que, para la Fiscalía, se trataría de un delito de revelación de secretos, mucho menos grave que el de colaboración con banda armada, por el que han sido procesados los mandos policiales del ex ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.

También se repite, como a principios de los noventa, la historia de un final de mandato socialista marcado por la ilegalidad en la lucha contra ETA, aunque en el caso del bar Faisán se utilice cínicamente el argumento de que los chivatos protegían el «proceso de paz». Protegerlo ¿del juez Grande-Marlaska? ¿favoreciendo la destrucción de pruebas y la desaparición de dinero procedente de la extorsión? En cierto sentido, el «proceso de paz» fue protegido con mentiras y engaños, de principio a fin. Pero lo del bar Faisán ha superado todos los límites imaginables, porque ni en el más retorcido de los guiones cabría imaginar a un alto cargo de Interior y a dos mandos policiales alertando a terroristas de una operación judicial contra ellos. Por lógica política, la onda expansiva del procesamiento ha alcanzado de lleno al actual ministro del Interior y a su predecesor. Y por el hecho de que las reglas de la responsabilidad de los políticos sean laxas en España y no provoquen el cese y la renuncia de Camacho y Rubalcaba, respectivamente, no quiere decir que el «caso Faisán» no sea un escándalo sin paliativos, que abochorna por su indignidad y corrompe principios elementales del Estado de Derecho. Sólo quiere decir que hay cargos que no están a la altura de sus responsabilidades.

ABC - Editorial

jueves, 14 de julio de 2011

Ferrusola. Cuando las lenguas caminan en libertad. Por Eva Miquel Subías

Lo que hoy creo muy sinceramente es que, en este asunto, Twitter podría dar alguna que otra lección a tipas como la señora Ferrusola. Y ya de paso, enseñarle modales. Como a otros tantos.

No voy a caer. De verdad, no quiero entrar en ninguna provocación. En ésta, no. Así que voy a seguir con mi propósito inicial obviando las ofensivas palabras de la esposa de quien fuera galardonado como "español del año" por el diario ABC. Corrían los años ochenta y Marta Ferrusola ya apuntaba maneras. No tan zafias, como las de ahora, pero enseñaba la patita. Me gustaría que pudiera explicarnos el significado de "los españoles ya tienen los toros y las manolas", justo después de sentenciar que le parecería "horroroso" que la marca España patrocinara al FC Barcelona.

Pero como ya les he advertido, nada va a conseguir apartarme de mi objetivo. Y mucho menos Doña Marta, a quien sin embargo le parece "chachi" que la Qatar Foundation engrase de petrodólares el césped del Nou Camp. Esa hierba húmeda que ella conoce tan bien.

Una cosa les diré. El fenómeno Twitter en España habla por sí solo. Un 90% de aumento de cuentas totales desde el mes de septiembre y el país europeo no angloparlante que más crece en número de usuarios. El promedio de nuestro consumidor nacional es el de un varón –aunque cuatro de cada diez son mujeres– joven, urbanita y licenciado.


Y mientras prosigo en mi período de observación desde mi cuenta tuitera comprobando si el interés aumenta, disminuye o si se trata de una tendencia pasajera que podrá o no causarnos algún tipo de disgusto por el camino, quiero compartir con todos ustedes algo que he venido observando desde que me lancé a teclear mi primer y virginal tweet y que por cierto, así rezaba: "Voy de estreno. Nueva en el sendero de twitter y la curiosidad, la misma que mató al gato, probablemente acabe conmigo. Sucumbo".

Lo pensé al leer un artículo al respecto de un profesor de Ciencia de la Computación de la Universidad de Saint Louis, en Estados Unidos, quien muestra su sorpresa al aplicar un programa informático de detección de las lenguas utilizadas en la red, por la cantidad de tweets en lenguas minoritarias de cualquier punto de la geografía que surgen espontaneamente.

Les pondré un ejemplo cercano. El español y el inglés dominan claramente la red de seguidores en nuestro país. De vez en cuando aparece algún link con un artículo en francés o en italiano, pero en menor medida. Con alguno de mis followers, sin embargo, o con otros a los que sigue una servidora, se entremezcla también el catalán. Depende, en ocasiones, de si el mensaje es directo o público, pero no pocas veces queda "expuesto" a todo el mundo, en función del asunto en cuestión.

El respeto, la comprensión e incluso alguna duda sobre el significado de un vocablo en concreto ha sido la tónica habitual por parte de todos los usuarios. Con lo que hay que llegar inevitablemente a la conclusión de que cuando una lengua fluye de manera espontanea y como simple herramienta de comunicación no entraña el más mínimo problema.

Otra cosa es cuando ésta cae en manos del político de turno que la utiliza como arma arrojadiza para reafirmarse en su posición nacionalista y doméstica, siendo las personas las únicas responsables de generar discrepancias, como apuntó hace poco José Manuel Blecua. En cuanto a su protección, no puedo más que dudar, desde una óptica liberal, sobre la idoneidad de la misma. Pero esa es otra cuestión.

Lo que hoy creo muy sinceramente es que, en este asunto, Twitter podría dar alguna que otra lección a tipas como la señora Ferrusola. Y ya de paso, enseñarle modales. Como a otros tantos.


Libertad Digital - Opinión

Artisteo. Teddy, Joan Baez y otros idealistas. Por Cristina Losada

La influencia y la osadía políticas de clanes como el de la Ceja son impensables sin el mito de su idealismo contrapuesto al del corriente afán de lucro. El mito alcanzó su apogeo con los cantautores que pergeñaron los himnos revolucionarios de los sesenta.

El ocaso de Teddy Bautista ha coincidido, casual, con el crepúsculo del canon digital, pero hay otros cánones imbricados en el sórdido affaire de la SGAE. Quiere el tópico cultivado por ciertos cantantes, ornados con la leyenda "progresista", que lo suyo no es hacer dinero, que enriquecerse es vulgaridad de plutócratas y mercaderes. Y no, sus aspiraciones son mucho más elevadas. Como revela, por ejemplo, la trama descubierta en los entresijos de la Sociedad. Pero al "artista comprometido" le enfada sobremanera el recordatorio de que es tan aurívoro como ese tiburón de Wall Street del que se siente a una infinita distancia moral. Así, el cabreo de John Lennon durante uno de sus bed-in, cuando Al Capp le dice que escribe canciones –y monta numeritos– por la misma razón por la que él dibuja comics, esto es, por dinero. Vale, quien más se irrita es Yoko.

Ha habido aquí una simbiosis entre el sector abajofirmante del artisteo y el socialismo gobernante, en la que es difícil decidir quién parasita a quién. Ambos han obtenido beneficios de su asociación y algunos, como Fermín Cabal, sospechan que el partido se aprovechó de fondos de la SGAE. Pero eso está por ver, mientras que el capital político de la "alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura" ha estado a la vista. Y qué es el dinero, más el del contribuyente, cuando se trata de mantener la vieja y rentable ecuación de que Izquierda es igual a Cultura y viceversa. Los ministros reniegan hoy de los lazos con la Sociedad que acaudillaba Bautista y le cargan el muerto a la Comunidad de Madrid y a la que se tercie. ¡Qué desleales, qué judas!

La influencia y la osadía políticas de clanes como el de la Ceja son impensables sin el mito de su idealismo contrapuesto al del corriente afán de lucro. El mito alcanzó su apogeo con los cantautores que pergeñaron los himnos revolucionarios de los sesenta. Al respecto, cuenta un testigo la entrevista entre Joan Baez y el anciano Bertrand Russell, que esperaba sacar de la acaudalada cantante algún dinero para su Fundación. Pero la estrella llegó en su limusina, le soltó una cháchara sobre gurúes y meditación al último exponente vivo del racionalismo y, fiel a su "no nos moverán", se fue sin aflojar un dólar. Ay, el idealismo. Al menos, Teddy no fue una figura de la canción protesta. Igual se lanza ahora, que hay motivo.


Libertad Digital - Opinión

ETA en el poder. Por Ignacio Camacho

ETA celebra el triunfo electoral de Bildu como un claro paso adelante en su proyecto de conquista del poder

EL peor legado del zapaterismo no van a ser los casi cinco millones de parados, que al fin y al cabo no constituyen una herencia voluntaria por más que sean en gran medida fruto de la incompetencia y del mal gobierno. El lastre más grave de esta etapa desdichada lo constituye la legalización de Bildu, siniestra consecuencia del llamado Proceso de Paz que ha entregado el poder a los representantes de ETA, ha retrocedido una década la lucha antiterrorista y ha acercado el horizonte de la secesión vasca. Por no hablar de la humillación de las víctimas, equiparadas ahora a sus verdugos en el hipócrita lenguaje de estos falsos apóstoles de una reconciliación equidistante que pretenden hacer pasar por apostasía de la violencia. Y todo ello sin que la banda haya hecho siquiera amago de disolución, de rendición o de renuncia, ufanándose por el contrario del indiscutible éxito de su estrategia política.

Por primera vez en catorce años, ETA se ha permitido ocupar el primer plano del aniversario de Miguel Ángel Blanco con una declaración triunfalista y jactanciosa superpuesta a la dolorosa conmemoración del más repudiado de sus crímenes. En su lógica de repugnante pragmatismo la banda celebra el triunfo electoral de Bildu como un paso adelante en su proyecto de conquista del poder y reivindica el papel de la amenaza armada como respaldo de su brazo político. La aquiescencia de la coalición abertzale, incapaz de marcar distancias o señalar la apropiación indebida de su causa, muestra su subordinación estratégica respecto a quienes se proclaman los verdaderos artífices y garantes de su victoria. Más aún, al valorar positivamente el comunicado sus portavoces respaldan de forma implícita la trayectoria de sangre sobre la que se han encaramado a las instituciones vascas.

Porque lo grave de la cuestión es la claridad sobrecogedora con que las dos ramas del conglomerado etarra admiten formar parte de una comunidad de intereses definida por un proyecto de poder. ETA transmite, y Bildu acepta, que la violencia criminal ha sido necesaria para alcanzar sus objetivos, y se reserva la posibilidad de administrarla como garantía de avance en su delirante proceso. Es decir, que los 860 muertos le han servido para obtener una recompensa política con la que en modo alguno están dispuestos a conformarse. De este modo blasonan sin tapujos de aquello que los defensores de la legalización insisten en negar: que el libre acceso a la vía política constituye una contrapartida por el cese temporal de la actividad terrorista, conclusión que desbarata el entramado moral que ha sostenido hasta hoy la resistencia democrática. Porque para llegar a este punto sobraba tanto dolor y tanto luto, y para terminar cediendo de este modo Miguel Ángel Blanco podía haber llegado a ser un aceptable batería de su grupo musical.


ABC - Opinión

Amenazas. Si Europa cae.... Por José García Domínguez

Otra vez, pues, el nacionalismo económico, ese genuino padre de todas las desgracias identitarias que han asolado el continente a lo largo de los dos últimos siglos.

De la agonía final de Europa, algo que acaso esté ocurriendo mientras redacto estos párrafos, uno esperaría al menos la grandeza estética de la decadencia. Aunque no semeja que vaya a ser el caso. Aquel territorio moral alumbrado por Erasmo, por Cervantes, por Voltaire, por Kant, por Goethe, por cuanto aún merece el nombre de civilización, va a eclipsarse, parece, en medio de una reyerta de tenderos. Lo acaba de certificar Gordon Brown, que ha acudido a Churchill para componer un retrato de sus antiguos pares. "Decididos a ser indecisos, inflexibles en su deriva, sólidos en su fluidez y omnipotentes en su impotencia". Así las Merkel, los Sarkozy y demás. Pequeños contables incapaces de comprender que no son posibles los escapismos solipsistas frente al colapso de la Unión.

En su miopía, ajenos a que si dejan caer a Grecia, detrás no solo irán España e Italia: también se desmoronará Adam Smith desde lo alto del pedestal que hoy lo sustenta. Y su lugar volvería a ocuparlo el proteccionismo, ¿quién si no? El proteccionismo armado hasta los dientes con el viejo arsenal de aranceles, contingentes, devaluaciones continuas, reglamentos y mil miserias chovinistas más. Otra vez, pues, el nacionalismo económico, ese genuino padre de todas las desgracias identitarias que han asolado el continente a lo largo de los dos últimos siglos. Una cortedad de miras, la de los líderes presuntos de Europa, que se vuelve todavía más irritante por el manto de moralina calvinista tras el que pretende ocultarse ahora.

Como si el devenir de la deuda de los indolentes PIIGS fuera el justo castigo de la Providencia a sus pecados, empezando por la prodigalidad. Un sambenito que, simplemente, no se compadece con los hechos. Y es que no fue el despilfarro estatal quien provocó la crisis, sino la muy disparatada predisposición a regalar créditos de la banca alemana durante los años de vino y rosas. Por lo demás, el tiempo le ha terminado dando la razón al euroescéptico Brown: para algunos países –España sin ir más lejos– la moneda única acabaría siendo lo que él siempre temió, una camisa de fuerza. Pero ya no hay vuelta atrás. A menos, claro, que, al modo de los primeros surrealistas, se considere que el suicidio es la solución.


Libertad Digital - Opinión

La virtud del olvido. Por M. Martín Ferrand

Las dos Españas no tienen sentido cuando el marco circundante, el europeo, nos invita a la unidad de acción

DEL mismo modo que la Guerra de los Cien Años tuvo entretenidos a los franceses y a los ingleses durante dos tercios del siglo XIV y la mitad del XV, la Guerra Civil Española lleva camino de alargar su resaca hasta que la crisis económica produzca un apagón general y las televisiones dejen de emitir, en lamentable alternancia, telediarios sesgados, basuras con pretensiones de divulgación histórica y lamentables espectáculos degradantes de la condición y la dignidad humanas. El próximo lunes se cumplen setenta y cinco años del arranque de la fratricida contienda y, lejos de olvidarlo, insistimos en ello con saña improcedente. Lo que la Transición había conseguido, una reconciliación entre las partes, lo destruyó José Luis Rodríguez Zapatero con un afán revisionista y parcial de la barbarie. Sin venir a cuento y, supongo, a falta de ideas políticas de mayor enjundia y provecho, se puso a desenterrar cadáveres como un poseso en un patológico intento de honrar la memoria de su abuelo. De uno de ellos.

Ahora le toca el turno al otro bando. Lejos de ahuyentar los viejos demonios familiares que nos empujan a una convivencia de garrotazo y tente tieso, Telemadrid acaba de estrenar una serie con pretensiones históricas —«El asesinato de Calvo Sotelo»— que insiste en el espíritu que motivó la contienda y del que, por lo que parece, no conseguimos liberarnos. La serie, a juzgar por su primera entrega, es televisualmente mediocre, históricamente partidaria y políticamente inoportuna. Más aún en tiempos de tribulación y carestía en los que las televisiones públicas, lejos de acometer nuevos fichajes y ambiciosos proyectos, debieran ir organizando su ordenado cierre y su equitativa desaparición. No nos las podemos permitir y, aunque pudiéramos, ni esa es una función del Estado en sus administraciones regionales ni resulta deseable ningún estímulo disolvente de la convivencia nacional.

Cuando una Nación padece la desgracia de un conflicto armado entre sus ciudadanos, la tendencia que señalan los ejemplos de la Historia es la de alargar su memoria. Cada bando guarda su afrenta y su dolor y nunca faltan razones para la efervescencia del recuerdo que avive la herida y la vuelva sangrante y rabiosa. Aquí y ahora, debiéramos compartir el esfuerzo superador de tan mala costumbre. Las dos Españas no tienen sentido cuando el marco circundante, el europeo, nos invita a la unidad de acción y mercado y la realidad política presente se afana en la construcción de diecisiete feudos bien diferenciados y distantes. Necesitamos la elegancia del olvido, no una industria del recuerdo.


ABC - Opinión

Responsabilidades políticas

Cinco años después de los hechos, y tras no pocos obstáculos, un juez de la Audiencia Nacional dictó ayer un auto de procesamiento por el caso del chivatazo a ETA en pleno proceso de negociación del Gobierno con la banda, probablemente uno de los episodios más oscuros y graves de la historia de la democracia en España. Pablo Ruz actuó contra los tres imputados en la causa del bar Faisán: el ex director general de la Policía y la Guardia Civil, Víctor García Hidalgo –en la actualidad dirigente de los socialistas vascos–, el jefe superior de la Policía en el País Vasco, Enrique Pamies, y el inspector José María Ballesteros. A los tres los procesó por colaboración con organización terrorista, además de por un delito de revelación de secretos, si bien admite la posibilidad de que la presunta colaboración pueda considerarse un delito de encubrimiento.

El juez Ruz ha reunido hasta una docena de indicios contra los altos cargos policiales del Ministerio del Interior, que dirigía entonces Alfredo Pérez Rubalcaba, y los considera responsables del chivatazo a ETA, que se produjo el 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán de Irún, para impedir el desarrollo de una operación policial contra el aparato de extorsión de la banda terrorista. En su auto, el juez cita las declaraciones de Elosua, el dueño del bar, supuesto jefe de la trama etarra y hombre que recibió el aviso, y el concluyente tráfico de llamadas de los teléfonos móviles en aquellas horas, así como la «clara disfunción en el normal y habitual funcionamiento de la cadena jerárquica de mando» que se produjo el día de los hechos.


Hay que ponderar el trabajo de un juez profesional que ha dirigido con pulso firme una instrucción de enorme complejidad y repercusión pese al legado de Baltasar Garzón, que frenó la causa todo lo que pudo, y con el criterio siempre discrepante de la Fiscalía y, por consiguiente, del propio Gobierno. El auto de procesamiento es el fruto de meses de investigaciones, horas y horas de testimonios, informes periciales y otros procedimientos, lo que le confiere una solidez significativa.

El juez se mueve en el plano jurídico y bajo esos parámetros no va más allá porque así lo entiende. Pero el chivatazo tiene una evidente dimensión política, pues se procesa a tres altos mandos policiales relacionados estrechamente con el ex vicepresidente y ex ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba y con el que fuera su número dos y actual ministro, Antonio Camacho. Algún sindicato policial apuntó ayer que el chivatazo sería imposible sin una orden política y la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmó que el auto «inhabilita» a Pérez Rubalcaba «para pedir la confianza a los ciudadanos» en las próximas elecciones generales. El candidato socialista a la presidencia del Gobierno lleva meses eludiendo la explicación que debe a la sociedad sobre un caso de máxima gravedad. Su actitud ha sido esquiva. Y ya no se puede esperar más. Hablamos de una supuesta colaboración con ETA desde el Ministerio que dirigía en un contexto político como la negociación. El Estado de Derecho tiene el deber de perseguir conductas penales, pero también de depurar responsabilidades políticas.


La Razón - Editorial

Otra SGAE

Los nuevos gestores deben introducir los cambios necesarios para transmitir confianza.

Si hace tiempo que era evidente que la gestión de los derechos de autor debía revisarse a fondo, el desmantelamiento de una presunta trama corrupta y la imputación a altos directivos de la SGAE de delitos por apropiación indebida y administración fraudulenta imponen urgencia a esta revisión. Y no solo por higiene societaria. También porque los autores han de tener mecanismos para defender sus legítimos derechos, unos mecanismos claros en su concepción y transparentes en su gestión. No tendría ningún sentido que se aprovechara la depuración de responsabilidades para fragilizar la ya de por sí difícil gestión de los derechos de propiedad intelectual en el nuevo mundo tecnológico.

Los abusos y deficiencias del actual sistema habían sido documentados por organismos públicos nada afectos a discursos líricos sobre la piratería. Ahora los actuales gestores de la SGAE tienen ante sí una tarea descomunal. Deben poner orden y transmitir confianza. Y una de sus urgencias debería ser cambiar un sistema electoral que el propio juez que lleva el caso ve, como mínimo, oscuro, y que da derecho de voto apenas a 8.000 de los 100.000 socios.


Parece obvio que fallaron los controles por parte del Gobierno, que ha esgrimido excusas competenciales para eludir su responsabilidad respecto a lo ocurrido en la SGAE, la entidad de gestión de autores más importante de España, y excusar la desidia de su gestión. Tiene, por ejemplo, dormida una imprescindible revisión de la Ley de Propiedad Intelectual, que requiere más que una actualización. La mayor parte de los grupos parlamentarios pidió ayer a la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, una reforma profunda de dicha ley.

Y esa misma dejadez provoca situaciones como la de esta semana. En febrero, el PSOE obtuvo el apoyo del PP para proseguir con la llamada ley Sinde a cambio de una reforma del canon digital para adaptarlo a la sentencia del Tribunal Europeo de Justicia, que lo había rechazado por estimar que es abusivo obligar a pagar a Administraciones y empresas. La Audiencia Nacional, además, sentenció que la orden ministerial que establecía las tarifas contenía un "vicio radical". A pesar de todo ello, el Gobierno no hizo a tiempo la enmienda y el PP ha presentado esta semana una proposición no de ley, que votaron el resto de grupos, incluido el socialista, por el que debe sustituirse el canon "por otras fórmulas menos arbitrarias" de remuneración.

Lo esperpéntico del asunto es que el PSOE interpreta esa proposición como la necesaria revisión del canon, mientras el PP considera que supone su supresión. A la incuria socialista se suma la demagogia del PP, que no detalla las alternativas. Uno de los temas que debería aclarar el PP es qué pasa con la copia privada si desaparece toda compensación, algo que si sucede en el mundo anglosajón es precisamente porque no se permite la copia privada. Los cambios en los usos digitales provocan la rápida obsolescencia normativa y los partidos, sobre todo si están en el Gobierno, deberían responder a ella.


El País - Editorial

¿Acabará Rubalcaba como Barrionuevo?

El hecho es que Rubalcaba y Camacho, lejos de haber presentado sus respectivas dimisiones, han asumido mayores responsabilidades políticas. El tiempo dirá si es una forma de evitar presuntas resposanabilidades penales.

Ignoramos si Alfredo Pérez Rubalcaba terminará siendo procesado por un delito de colaboración con banda armada por haber sido él quien transmitió la orden de dar el soplo al aparato de extorsión de ETA. Lo que nos parecía y sigue pareciendo evidente es que, desde que se supo que unos policías a su mando estuvieron implicados, Rubalcaba debía haber asumido su responsabilidad in vigilando y haber presentado su inmediata dimisión.

Ignoramos, asimismo, si Antonio Camacho, como autor de unos informes de verificación que ocultaban la incesante actividad extorsionadora de ETA durante la tregua de la primera legislatura de Zapatero, podría llegar a ser procesado por un delito de encubrimiento y colaboración con banda armada. Lo que nos resultaba y nos sigue resultando incuestionable es que el entonces número dos de Interior cometió con esos informes, como mínimo, un error inadmisible al no denunciar en ellos la incesante exigencia del llamado "impuesto revolucionario", extorsión que tanto los empresarios vascos y navarros habían denunciado, como los propios terroristas justificado en Gara por "razones de financiación". Por todo ello, pensamos que Camacho también debía haber presentado hace años su dimisión, tanto por este asunto como también por el del chivatazo en el bar Faisán.


El hecho, sin embargo, es que Rubalcaba y Camacho, lejos de haber presentado sus respectivas dimisiones, han asumido mayores responsabilidades políticas: el primero como candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, el segundo como nuevo ministro del Interior. El auto de procesamiento, sin embargo, que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz acaba de dictar contra los altos cargos policiales a las órdenes de ambos en el momento de perpetrarse el chivatazo, más que hacer inaplazables las dimisiones de Rubalcaba y Camacho, viene a reforzar la ya de por sí lógica hipótesis de que el infame soplo a ETA se produjo, no por falta de responsabilidad in vigilando de los entonces ministro y secretario de Estado, sino por una orden dictada y transmitida por ellos a sus más directos subordinados como son el ex director general de la Policía y la Guardia Civil Víctor García Hidalgo, el jefe superior de la Policía en el País Vasco, Enrique Pamiés, y el inspector José María Ballesteros.

El tiempo dirá si Rubalcaba ha decidido hacerse cargo de un partido en retroceso y de presentarse a unas elecciones que sabe perdidas para blindarse y no tener que acabar, por la paz sucia con ETA, como acabó Barrionuevo por los GAL. El tiempo dirá si Rubalcaba escala en responsabilidades políticas como forma de alejarse de las responsabilidades penales. Pero no sería la primera vez que un ministro del Interior socialista acaba en prisión.


Libertad Digital - Editorial

El riesgo de dar ventaja a ETA

ETA no desaprovecha ninguna oportunidad, ni el «proceso de paz» ni la sentencia del Tribunal Constitucional, para llevar su estrategia política a sus últimas consecuencias.

EL comunicado de ETA publicado por «Gara» es un ejercicio práctico de la teoría de vasos comunicantes de la banda terrorista con la izquierda abertzale. Por este procedimiento, a menor capacidad operativa de los terroristas, mayor es el protagonismo de la izquierda abertzale; y a mayor intensidad de la violencia, menor presencia de Batasuna. Ahora toca la primera opción, porque, en efecto, ETA está débil, pero por esto mismo ha transferido el peso de su estrategia a Bildu, jugándoselo todo a la carta del Constitucional. Y como ganó Bildu, gana ETA, reforzada por los efectos diferidos de un «proceso de paz» que alcanza su mayor grado de indignidad al conocerse el auto que procesa al ex director general de la Policía, al jefe superior de la Policía en el País Vasco y un inspector —dependientes todos del actual ministro de Interior, Antonio Camacho, y del candidato socialista, Pérez Rubalcaba— de los delitos de colaboración con banda terrorista, revelación de secretos y encubrimiento.

Tras beneficiarse de las trampas de un «proceso de paz» cuyos detalles tendrá que aclarar la Justicia, los terroristas consideran que en las elecciones del 22 de mayo se «ha ganado la batalla política e ideológica de la ilegalización». Con la sentencia del TC sobre Bildu, y sin necesidad de atribuir a sus magistrados juicios políticos de intenciones, la estructura legal construida sobre la Ley de Partidos Políticos se ha venido abajo. ETA se jacta de lo mismo que denunciaban los informes policiales y el anterior ministro del Interior: Bildu está en su estrategia. Por tanto, ETA no dijo ayer nada que no hubiera manifestado en los meses previos a la creación de Bildu. De hecho lo reconoce en su comunicado, al relatar todas las iniciativas de la izquierda abertzaley de la propia ETA que han desembocado en este escenario. Pero el problema es que para el TC lo que ETA dijo y ahora vuelve a decir sobre Bildu no es más que «conductas ajenas» a esta coalición, que el Supremo calificó como mera prolongación de ETA/Batasuna. El blindaje legal dado por el TC a Bildu es inexplicable.

ETA no da un paso más en su último comunicado, porque no necesita darlo. Bildu controla Guipúzcoa, es la primera fuerza municipal vasca y lidera el nacionalismo. Y todo esto lo ha conseguido ETA al mismo tiempo que la Ley de Partidos Políticos se venía abajo y el Estado dejaba escapar la oportunidad de acabar, esta vez sí, con la banda terrorista. Su comunicado omite cualquier referencia a un cese definitivo e incondicional de la violencia. Tampoco menciona a las víctimas para pedir su perdón. Por el contrario, no fue casualidad que el comunicado se diera a conocer en el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Como si fuera un aviso para incautos y tontos útiles, ETA se ha presentado como tutor del éxito de Bildu y se ríe de todos los españoles.


ABC - Editorial

miércoles, 13 de julio de 2011

Catorce años... Nada. Por Gabriel Albiac

Al absurdo no hay modo de acomodarse. Eso estalló en el frío asesinato, con fecha y hora fija, de Miguel Ángel Blanco.

«OH sol, sol, deslumbrante fallo!» La fría matemática de los versos de Paul Valéry fue lo primero, es extraño, que me vino a la cabeza cuando estalló todo nuestro universo convenido. Era verano, al borde de la playa. Yo me había blindado frente a la amarga cosa a la cual llamamos mundo: vacaciones. Todavía hoy me sorprendo al preguntarme cómo supe la noticia. Sin radio, sin ordenador, sin teléfono… Pero la supe. Fue como si algo se hubiera roto en la desidia de sol, playa, verano, gentes que buscan olvidar por unos días. Un disparo. En la cabeza. 1997. ¿Cómo pueden haber pasado catorce años tan deprisa?

No era nueva la presencia de la muerte en el País Vasco. Desde el final de los años sesenta era una recurrente pesadilla. Estaba en nuestras vidas. Pudimos, con ingenuidad, pensar que el final de la dictadura sería también el de aquel delirio. No lo fue. Como en todo lo crónico, la monotonía acabó por sobreponerse incluso a la tragedia. Morían gentes. No queríamos percibirlo. Demasiado amargo.


¿Qué fue lo que hizo quiebra aquel 13 de julio? ¿Por qué a todos nos hirió así el dolor vivir en un país que ha perdido su alma? No era el horror. De eso, a tales alturas, sabíamos demasiado. Fue el absurdo lo que nos dejó como cristalizados en el ámbar de un sol que era, de pronto, el del poema de Valéry: mentira inmensa que nos preserva de ver hasta qué punto nuestro universo «no es más que un fallo en la pureza del no ser».

El absurdo. Un hombre de 22 años que sale de casa para coger el cercanías, acercarse a donde sus amigos lo esperan para un ensayo. El batería no llega, los amigos se preocupan. Y el aviso de ETA. Será «ejecutado» en cuarenta y ocho horas. Todo está demasiado en el límite para que nadie pueda fingir ilusiones. Ortega Lara había sido liberado por la Policía poco antes. Tras un año pudriéndose en un agujero. Miguel Ángel Blanco era el precio al cual ETA necesitaba rescatar aquel fracaso. No había esperanza de piedad. Ni tiempo para una operación de rescate. El partido del joven concejal sabía la tragedia a la cual se enfrentaba. Lo sabía su familia. Hubo algo nuevo entonces. Todos supimos, de pronto, que aquella tragedia no era ni de partido ni de familia. Sólo. Era nuestra. La de la España herida que fue la nuestra. Cada minuto de aquel plazo de muerte nos mataba. Cuando la noticia congeló la indolencia del verano, supimos que algo en nosotros se había roto: la esperanza. Y la amargura de vivir para ver eso fue de todos. Al horror, sí, estábamos habituados: va en lo humano. Al absurdo no hay modo de acomodarse. Eso estalló en el frío asesinato, con fecha y hora fija, de Miguel Ángel Blanco.

Yo había cortado puentes: me creía a salvo de la sobredosis de realidad por unos días. No sirvió. Todo seguía igual: el mar, ante cuya perseverancia nada son nuestras miserias; el sol, a cuyo plomo retorna todo siempre; «la extraña omnipotencia de la Nada».

No escuché la radio, no leí la prensa, no conecté el teléfono… La muerte estaba allí, en cada corro de gentes mudas frente al mar. Traté de abandonarme al sosiego ajeno de las olas. En vano. Nada iba a ser lo mismo tras aquel 13 de julio. Hace ya catorce años. ¿Cómo puede pasar el tiempo tan deprisa?


ABC - Opinión

Cospedal. Quejas o política. Por Agapito Maestre

¿Quién sería el ingenuo de pensar que, después de casi treinta años en el gobierno regional, los socialistas iban a dejar limpia la comunidad?

María Dolores de Cospedal se queja de que Castilla-La Mancha está en bancarrota. En principio, la queja está más que justificada, es necesaria para que nadie se llame a engaño; incluso creo que es buenísimo quejarse de los engaños de los socialistas, si ello va acompañado de una pedagogía política rigurosa y estricta, o sea, a la queja y a la crítica tiene que seguirle el diagnóstico preciso y la solución imaginativa.

La presidenta de la región castellano-manchega tiene, sin duda alguna, la obligación moral de explicar todos los pufos de los socialistas, detenerse en el detalle de los gastos suntuosos y sinsentidos de Bono y Barreda, y, por supuesto, es perfectamente comprensible para sus electores que la señora de Cospedal juré en hebreo por el estado lamentable de las cuentas que le han dejado los socialistas. Pero todo eso, no se engañen los peperos, tiene un límite. Más aún, el trayecto de la queja en política, es decir, lamentarse del estado caótico en el que han dejado las cuentas los socialistas, es muy corto.


De hecho, ya son miles los ciudadanos que empiezan a decir que, precisamente, por eso han votado al PP. Los votantes no son ingenuos. Le han dado la mayoría al PP, porque ya intuían ese tipo de cosas. ¿Quién sería el ingenuo de pensar que, después de casi treinta años en el gobierno regional, los socialistas iban a dejar limpia la comunidad? Nadie, excepto la señora de Cospedal, por los aspavientos que está haciendo, pensaría bien de las cuentas que los socialistas. Lo normal es que hayan dejado la caja vacía y con teleraña.

Así las cosas, debería dejarse ya de lamentos la señora de Cospedal, y hacer un poco más de política. Para empezar debería ser un poco más rápida a la hora de contarnos su diagnóstico del estado de la comunidad y, sobre todo, darnos unas cuantas soluciones al margen de emitir deuda pública. Y sobre todo, insisto, debería hacer más política. No se esconda en su despacho. Salga y dialogue con todos los ciudadanos y todos los agentes sociales que se lo pidan. Saque también a sus consejeros a la calle. No sean cobardes; y, por supuesto, si no tienen dinero ni soluciones, intenten buscarlas en el foro público.

No estoy hablando en abstracto, sino conociendo muy bien algunos problemas concretos que tienen que abordar ya, si no quieren que muchos colectivos sociales, que les han votado el 22-M, se queden en casa en las generales. Por ejemplo, el colectivo de farmacéuticos de Castilla-La Mancha lleva no sé cuánto tiempo sin cobrar las recetas de la Seguridad Social, pero, a pesar de pedir insistentemente una reunión con la presidenta o con el consejero de Sanidad, nadie les contesta ni nadie les recibe. Nadie dice nada. Independientemente de la gravedad de este problema, e independientemente de que nadie acusará a este Ejecutivo de un problema creado por la anterior administración, los farmacéuticos castellano-manchegos tienen todo el derecho del mundo a quejarse de que tampoco la nueva administración del PP quiere oír hablar de sus problemas.

O sea, o el PP se "arremanga" y debate todos y cada uno de los problemas que encuentre a su paso o estará dando tiempo y, seguramente, votos al candidato Rubalcaba.


Libertad Digital - Opinión

Estamos arruinados. Por M. Martín Ferrand

Estamos arruinados, y de lo que debe tratarse es de salir de la ruina. No de tener razón y humillar al adversario.

NO conviene deprimirse con la que se nos viene encima. Según demuestra la experiencia, en la mayoría de las ocasiones adversas es preciso hundirse hasta el fondo para que broten las soluciones más sabias, las capaces de conseguir que los grandes males encuentren grandísimos remedios. Dicho en el lenguaje de la calle, en el que hablan entre sí Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, el que no quieren utilizar Elena Salgado ni su equivalente italiano, Giulio Tremonti, estamos arruinados. De hecho, lo estábamos ya hace años, cuando señalábamos con el dedo a Grecia, Irlanda y Portugal; pero ahora, al alimón con Italia, ya se nos nota. No pasa nada. Como, con poco éxito, predicaban los sabios de Roma cuando formábamos parte de ella, la felicidad reside en el vivere parvo. Hay que vivir con lo que se tiene y se puede. No, como venimos haciendo en ejercicio de insensatez colectiva, jaleado por los gobiernos que se suceden desde hace tres décadas, tirando la casa por la ventana y confiando en el Estado con la fe con que los muy piadosos tienen en la Providencia.

Tampoco resulta conveniente, ni útil o satisfactorio, aprovechar la circunstancia para que el PP, en vísperas de poder, se deje atrapar por la tentación de alancear al PSOE, ya decaído, por su autoría de la calamidad presente. Las desgracias tienen más padres que los éxitos y sería injusto reservarle a José Luis Rodríguez Zapatero y su sucesiva caterva gubernamental la responsabilidad única de tan lamentable situación. Buena parte de ella les corresponde a los partidos políticos de ámbito nacional, vistos en su conjunto, por el entusiasmo autonómico que mostraron en el calor de la Transición y del que se derivó un Título VIII de la Constitución en el que se asienta un modelo de Estado que, bueno o malo, no nos podemos permitir. Escapa del vivere parvo al que, con alegría o tristeza, debemos someternos.

Como es costumbre, y más en las fechas vacacionales en las que estamos, unos y otros tratarán de echarle tierra al fuego y esperar a que llegue la vendimia. Nada habrá mejorado para entonces. Urgen soluciones drásticas, enérgicas y pactadas entre los pesos pesados de la partitocracia, que de la política no los tenemos. La ocasión no es para discursos brillantes ni señalamientos acusadores. Menos todavía para cerradas defensas de orgullo y dignidad militante. Estamos arruinados y de lo que debe tratarse prioritariamente es de salir de la ruina. No de tener razón y humillar al adversario. Hay cinco millones de españoles, crecientes en número, más arruinados que los demás. Sería tremendo que esos fueran los indignados.


ABC - Opinión

Crisis de deuda. El contubernio de la prima. Por Pablo Molina

Como en los tiempos del Caudillo, los problemas actuales de nuestra deuda soberana obedecen según el Gobierno a una conspiración extranjera seguramente urdida por la judería internacional.

La subida de la prima de riesgo por encima de cualquier nivel conocido está siendo interpretada por el socialismo, una vez más, como un ataque contra España. Deberían nuestros sociatas alegrarse puesto que no creen en esa entelequia llamada "nación española", pero cuando sus expectativas electorales andan en juego, a los socialistas les sale una vena patriota que desmiente su desapego tradicional a ese concepto discutido y discutible. Al lado de Rubalcaba y Salgado en estos momentos, los Reyes Católicos unos hippies.

Como en los tiempos del Caudillo, los problemas actuales de nuestra deuda soberana obedecen según el Gobierno a una conspiración extranjera seguramente urdida por la judería internacional, porque los socialistas son incapaces de entender que su pavorosa gestión de la crisis pueda recibir el justo castigo que merece por parte de los que tienen que seguir pagándonos la fiesta. Es más, todos andan convencidos de que el manejo de la recesión por parte de Zapatero ha sido más que brillante y si tenemos cinco millones de parados y una economía con graves dificultades, desde luego no es por la incompetencia proteica del presidente, la burricie insondable de sus ministros o el sectarismo patológico del partido al que todos ellos pertenecen, sino por la avaricia de los mercados, ingrediente principal de la papilla ideológica que distribuyen a diario los medios afectos al socialismo entre sus televidentes, oyentes y, digamos, lectores.


Hasta Jordi Sevilla, que pasa por ser la parte más solvente del socialindignadismo español, lamenta en las redes sociales el escaso patriotismo de los críticos a la gestión de ZP, como si señalar el desastre provocado por un ejecutivo del que forman parte personajes como Leire Pajín fuera un delito de lesa patria.

Así pues, Zapatero va a pasar un verano agónico pero, en contra del discurso de la izquierda, no por culpa de un boicot internacional orquestado para oscurecer los logros de su mandato, sino por la cultura maniobrera y cortoplacista de un gobernante más preocupado de no agravar la ruina electoral que espera a su partido que de hacer las reformas necesarias, por duras que sean, para poder dar los primeros pasos en la senda de la recuperación económica.

Si el PSOE pone por delante sus exigencias electorales al interés del país no pude acusar de antipatriotas a los que señalamos la permanente huida delante de un gobierno y su candidato prometiendo más despilfarro público, más subvenciones, mayor coacción institucional, subidas de impuestos y el resto de disparates incluidos en eso que los medios progres denominan con júbilo "el giro a la izquierda". Un giro que acabará llevándonos exactamente a donde estamos ahora mismo sin avanzar ni un solo metro en la dirección correcta habiendo perdido un tiempo precioso en tan absurdo recorrido. La geometría, que también es muy antipatriota.


Libertad Digital - Opinión

La presidencia bicéfala. Por José María Carrascal

En adelante tendremos dos presidentes: uno cara afuera, juicioso; otro cara adentro, revoltoso

ESE refrán «mal de muchos consuelo de tontos» que doña Elena Salgado explicaba a sus colegas en Bruselas, tendría que explicárselo a los medios de comunicación oficiales y oficialistas españoles que disimulan las desdichas de nuestras finanzas con el hecho de compartirlas con Italia. Pero sobre todo tendría que explicárselo a su ex colega y ya candidato socialista a la presidencia que, con la que está cayendo, no se le ocurrió otra cosa que presentarse con nuevos impuestos, recargos a los bancos y tasas a las transacciones internacionales bajo el brazo. ¡Eso sí que es hacer patria! ¡Eso sí que es atraer inversores! ¡Eso sí que es tener vista! ¿O se creía don Alfredo P. que hablaba sólo para los amigos? En adelante, tendrá que andarse con mucho cuidado con lo que dice, pues ni siquiera Zapatero se había atrevido a desafiar tan abiertamente a ese dinero transeúnte que busca oportunidades y huye de peligros. Ya no está contando fábulas a unos españoles que se lo tragan todo, sino tratando con gentes que se las saben todas. De seguir Rubalcaba por ese camino, Zapatero tendrá que coger de nuevo las riendas o el PSOE tendrá que buscarse otro candidato. Lo que vende dentro del partido no vende fuera del país (e incluso dentro del país) por una razón muy sencilla: el partido está encorsetado por una ideología que no encaja en las directrices que rigen hoy la economía mundial. Y nos adaptamos a ella o nos vamos a hacer compañía a Grecia. Así de sencillo.

En cuanto a los reajustes ministeriales para cubrir la triple función del candidato, ninguna sorpresa, habiendo para todos. Rubalcaba se cubre las espaldas dejando en Interior a su segundo, que por la cuenta que le tiene, hará lo posible y lo imposible para que no salga el esqueleto de Faisán que tienen en el armario. Zapatero se asegura la tribuna para defenderse en los últimos y turbulentos meses que le quedan de mandato, dando la portavocía al compañero más fiel en su periplo político, José Blanco. Y se corre escalafón en las Vicepresidencias, quedando doña Elena Salgado para explicar en Bruselas por qué el candidato socialista se olvidó de las reformas prometidas. ¿Vino Van Rompuy a Madrid a enterarse de ello?

Si esa era su comisión, se fue como vino. Aquí están dispuestos a aguantar lo que sea con dos presidentes: uno cara afuera, obediente y juicioso, que hace lo que le mandan; otro cara adentro, revoltoso e indignado, que hace guiños al 15-M. Con lo que las mentiras gubernamentales serán dobles. Bueno, aguantar lo que sea, no: aguantar lo les dejen los mercados, cuya tolerancia a las mentiras es menos 273 grados, cero absoluto. Ya lo están viendo. Y sufriendo.


ABC - Opinión

Rajoy. El cambalache. Por José García Domínguez

Todo un presagio del implacable rigor y la férrea disciplina fiscal que el Partido Popular piensa imponer a las comunidades díscolas en cuanto se instale en el poder.

Mariano Rajoy, que ya empieza a desprender el suave aroma a BOE que tanto amansa a las fieras, se acaba de despachar con una verdad a medias a fin de sosegar a los mercados. Pues, como todos los políticos, el gallego también ignora que el único modo efectivo de contagiar tranquilidad al dinero consiste en permanecer tranquilo. De ahí esa liturgia recurrente, la de los dirigentes desfilando ante las cámaras de la televisión para avivar aún más el pánico financiero con sus compulsivos llamamientos a la calma. Así, fiel a la tradición, don Mariano corrió ayer a declarar que "España es un país solvente, pese a su Gobierno".

"Y a su Oposición", le faltó añadir. Repárese, si no, en el último cambalache vergonzante que acaban de maquinar PP y CiU en el Parlament. Me refiero, huelga decirlo, al apaño que, bendición de Génova mediante, habrá de permitir que la Generalidad ignore –un año más– el déficit máximo fijado a las autonomías. Y es que, merced a las muy generosas tragaderas del de Pontevedra, los catalanistas han vuelto a convertir en papel mojado lo que se acordó en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. El célebre techo del 1,3 por ciento del PIB va a quedar entonces en mandato exclusivo para valencianos, murcianos, manchegos y demás gentes de mal vivir.

Por su parte, y con carácter exclusivo, Cataluña ha visto elevar al 1,8 ese muro infranqueable que constriñe el gasto del resto. Todo un presagio del implacable rigor y la férrea disciplina fiscal que el Partido Popular piensa imponer a las comunidades díscolas en cuanto se instale en el poder. En la Plaza de San Jaime deben estar temblando... de risa. Aunque no, por cierto, en las oficinas centrales de Moody’s, donde no se acaba de encontrar la gracia a las licencias periféricas de Rajoy. Por algo, su último boletín interno reza, lacónico: "el caso de Cataluña muestra que el Gobierno central no dispone de herramientas efectivas para forzar el cumplimiento presupuestario por parte de las comunidades autónomas". Pero acaso lo peor sea que tampoco dispondría de gobernantes prestos a hacerlo cumplir. Ni los hay hoy, ni parece que mañana los vaya a haber. Y las fieras, silentes.


Libertad Digital - Opinión

Europa, causa y excusa. Por Ignacio Camacho

El error de Zapatero consiste en parapetarse en la magnitud del problema para eludir su propio fracaso

HASTA ahora sólo había una cosa peor que la necesidad de un rescate financiero europeo, y era que ese rescate no se produjese. Ahora ha surgido una posibilidad mucho más grave: la de que Europa tenga que rescatarse a sí misma. Y una tercera francamente pavorosa, que es de la de que no sepa cómo. Nos estamos acercando peligrosamente a esa hipótesis que pone en peligro la unidad monetaria, la económica y por supuesto la política si es que alguna vez fue algo más que un sueño. La falta de liderazgo —ese melifluo Van Rompuy no ha podido gobernar ni su propio y pequeño país—, la ortodoxia desbordada del Banco Central y los intereses electorales de Merkel y Sarkozy, ambos en horas bajas, han bloqueado unos mecanismos comunitarios que ya de por sí carecían de flexibilidad de respuesta. Hemos llegado a un punto crítico que compromete a las naciones de economías más frágiles como España pero también la estabilidad del euro, del mercado único y de la propia construcción europea.

Aunque el presidente Zapatero haya utilizado la nueva tormenta monetaria para exculpar sus propias responsabilidades, que son esenciales en el clima de desconfianza sobre la solvencia española, lo cierto es que en esta oleada de incertidumbre no sirven sólo los argumentos de política interna. Muchos menos los mantras, consignas y excusas al uso en la escena pública española: que si no somos Grecia, que si hay que avanzar en las reformas, que si hay que adelantar elecciones. Esto es una crisis europea en toda regla, un naufragio continental, y necesita respuestas de la misma escala que no se vislumbran porque falta cohesión en la propia estructura de la UE. El error y la culpa del presidente español consisten en parapetarse en la magnitud del problema para esconder las consecuencias de su flagrante fracaso político, y en disparar por elevación tratando de desviar hacia el victimismo su patente incapacidad de hacer frente a los problemas. Éstos serían muchos menores si los prestamistas de deuda tuviesen razones para confiar en nuestra capacidad de pago, puesta en solfa por la inmadurez, la incompetencia y el bloqueo del Gobierno. Pero más allá de esta cuota de compromiso fallido es cierto que nos hallamos ante un conflicto de dimensiones gigantes que afecta al núcleo mismo de la idea de Europa como comunidad, en el que han estallado de golpe todos los defectos internos que habían quedado solapados en los años de prosperidad y crecimiento.

Nunca como ahora, desde que empezó la recesión, se había extendido una sensación semejante de fragilidad ni de zozobra. Hay motivo: la Unión ha entrado en estado de colapso estructural y se halla a punto de shock. No vale el sálvese quien pueda porque hay que salvarse todos juntos. Pero al menos vendría bien que cada uno se ayudase a sí mismo con un sentido del deber que en España se ha evaporado en medio de un suicida egoísmo político.


ABC - Opinión

Elecciones y confianza

Europa no encuentra la salida a la tormenta perfecta que amenaza su estabilidad y que ha situado a parte de sus economías al borde del colapso. Las autoridades comunitarias se citaron ayer en nuevas reuniones para tejer alguna respuesta contra la emergencia de los mercados de deuda y un mínimo aliento para los países especialmente cercados por la desconfianza de los inversores. El presidente del Consejo Europeo ultimó una cumbre extraordinaria con los líderes del euro para tratar el rescate de Grecia y el contagio de la crisis a Italia y España, pero el pesimismo se generaliza. Las autoridades europeas parecen afectadas por una incapacidad endémica para trazar una hoja de ruta viable y adecuada desde que arrancó esta crisis. Existe una falta de liderazgo evidente y una ausencia de voluntad real para aglutinarse en torno a propuestas comunes con los sacrificios nacionales necesarios. Es también un sarcasmo que aquellos países que no hicieron en su momento los deberes pretendan imponer sus políticas y condiciones hoy a las grandes economías que se recuperan gracias a reformas exigentes. En este sentido, que el Gobierno culpara ayer a Alemania del repunte de la crisis de la deuda es un pobre argumento para explicar la fragilidad de nuestro bono y su mermada credibilidad política. Una vulnerabilidad que disparó la prima de riesgo hasta rozar unos históricos 380 puntos básicos y que sólo se relajó después de que el Banco Central Europeo interviniera para frenar la sangría en los mercados con la compra de bonos periféricos.
Cada día que pasa demuestra que la UE y España padecen los efectos de una crisis de confianza. La primera, por la incapacidad del proyecto europeísta para consolidarse como una auténtica unión política y económica capaz de coordinar sus políticas para salir de una encrucijada que amenaza a la UE con el naufragio. La segunda, por la falta de credibilidad de un Gobierno socialista agonizante y sin pulso ni determinación para afrontar el ingente, pero imprescindible, proyecto reformista que España necesita. Lo cierto es que nuestro país tiene unas urgencias divergentes de las necesidades particulares del Ejecutivo, volcado y condicionado por los planes y la estrategia electoral del candidato del PSOE a la Presidencia. España necesita cambiar la percepción internacional que genera y está perdiendo meses clave en los estertores de un tiempo político vencido. No son la sociedad ni las empresas ni los trabajadores los que alimentan la desconfianza, sino un Ejecutivo que fracasó incluso cuando se vio obligado a cambiar su discurso con reformas que no fueron tales.
Como con acierto recordó Mariano Rajoy, «España es un país solvente», con potencial y capacidad para afrontar un exigente proyecto de recuperación nacional y estar «en el grupo de los buenos». Pero ello sólo será posible con otro Gobierno y por eso el adelanto electoral es ya una cuestión de interés general. El objetivo es que el país cuente de nuevo con un Ejecutivo serio y una política creíble y adecuada para responder a los problemas. Sólo así se podrá recuperar la confianza y sólo así se despejarán las incertidumbres y se desvanecerán los fantasmas poco a poco.


La Razón - Editorial

Emergencia a la italiana

Los mercados de deuda aceleran el ritmo europeo e imponen una solución rápida al rescate griego.

Mientras amainaba ayer ligeramente la tormenta sobre las deudas nacionales de Italia y España, debido a la convicción entre los inversores de que el Banco Central Europeo (BCE) está comprando bonos españoles e italianos y al brusco anuncio de que Italia prepara un plan de ajuste, el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, iniciaba las consultas para convocar una cumbre urgente del Eurogrupo que ponga remedio a la enloquecida situación financiera en Europa. Con retraso, porque esa es la cumbre que debió reunirse con urgencia el lunes. Al ritmo de la burocracia europea, incapaz de ofrecer un mensaje tranquilizador en medio de la crisis más grave que ha sufrido la eurozona, se cuecen en su propia salsa Grecia, Portugal, Irlanda, España y ahora Italia. Demoran sus posibilidades de recuperación y tienen que pagar intereses astronómicos por la deuda que necesitan refinanciar.

Respecto a convulsiones financieras anteriores, la crisis actual ofrece la novedad de que Italia está en el ojo del huracán. No es lo mismo albergar en el hospital financiero a Portugal, Grecia o Irlanda que tener ingresados a España (más del 11% del PIB de la eurozona) e Italia (más del 17%). La negligencia culpable de la avanzadilla europea (Alemania y su zona de influencia, más Francia) ha llevado a una situación en la que cada día que pasa es más probable la ruptura del euro. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy tienen que decidir sin dilación sobre un problema de supervivencia: o salvan la moneda única o se quedan en el refugio de sus electorados. Hasta ahora han hecho lo contrario de lo que exige el reforzamiento de la unidad económica: prestar más atención a sus votantes que al buen gobierno europeo. Pero con Italia en la UVI, la situación es crítica, la alarma de emergencia está sonando estruendosamente y las decisiones son obligadas.


Italia no ha descendido por casualidad al escalón de los países con solvencia dudosa. Su tasa de crecimiento en los últimos 10 años apenas llega al 2,5% (en el caso de España fue del 24,4%), su nivel de deuda es muy elevado (el 120% del PIB; el 53% está en manos de extranjeros), tiene probablemente el mayor volumen de economía sumergida de Europa (junto con Grecia), está perdiendo cuota de exportación en el mercado mundial de forma continuada y, a pesar de este mal diagnóstico económico, no cuenta con un plan de austeridad para reducir el endeudamiento. Aunque suele olvidarse o trivializarse, para los inversores también cuenta el desorden político del país. Es insólito que en una economía occidental, desarrollada, se admita una trifulca virulenta entre el primer ministro, en este caso Berlusconi, y el ministro de Economía, Tremonti, sin que se resuelva con las destituciones o dimisiones permanentes. En Italia está sucediendo.

Un análisis optimista diría que los mercados de deuda han echado un órdago a Bruselas y a Berlín. Requieren una solución inmediata para Grecia; no aceptan aplazar el caso hasta septiembre. Por esa razón la prima de riesgo de España se disparó hasta más allá de los 375 puntos básicos, la italiana superó los 360 puntos y las Bolsas se desplomaron. Un análisis pesimista insistiría en que los Estados han vuelto a ceder. Si Van Rompuy no se equivoca, habrá cumbre extraordinaria el viernes.

Este nuevo incendio solo se apagará definitivamente si se cumplen condiciones estrictas. La primera, que se apruebe un nuevo rescate para Grecia con reestructuración de la deuda y sin declaración de impago; la segunda, que el BCE siga comprando bonos de los países damnificados; la tercera, más difícil de articular, es que el Fondo de Estabilidad Financiera pueda operar en el mercado secundario. Esto es lo que tienen que decidir los ministros europeos. O más Europa así, o sus elecciones nacionales y regionales. Que, por cierto, muchos de ellos tienen ya perdidas.


El País - Editorial

ETA celebra sus resultados electorales

Si hace unos días era su más célebre vocero, Arnaldo Otegui, el que se vanagloriaba de los resultados de Bildu -"ya somos 313.00"-, hoy es la propia banda terrorista la que celebra que "Euskal Herria haya ganado la batalla de la ilegalización".

La casualidad o el sadismo propio de los etarras ha querido que el mismo día en que se conmemora el decimocuarto aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, la organización terrorista ETA haya hecho público un comunicado en el que celebra su nueva burla al Estado de Derecho y los buenos resultados cosechados por Bildu.

Si hace unos días era su más célebre vocero, Arnaldo Otegui, el que se vanagloriaba de los buenos resultados de la formación proetarra- "empezamos siendo cuatro o cinco y ya somos 313.00"-, hoy es la propia banda terrorista la que celebra que "Euskal Herria haya ganado la batalla política e ideológica de la ilegalización". La euforia de los terroristas es tan ofensiva como lógica, pues, a pesar de ilegalización del Bildu sentenciada por el Tribunal Supremo y de la supuesta vigencia de la Ley de Partidos, el Tribunal Constitucional permitió a la formación presentarse a las elecciones, tras las que se ha convertido en la primera fuerza política del Pais Vasco por número de concejales.


Si la alegría que causa en los criminales los buenos resultados cosechados por Bildu, debe causan indignación entre los ciudadanos, en general, y entre las víctimas de ETA, en particular, también debería causar vergüenza en el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en Alfredo Pérez Rubalcaba y en los que han sido sus correas de transmisión de cara a la legalización de los proetarras. A saber, los magistrados del Constitucional designados por el PSOE: Pascual Sala, Eugenio Gay, Elisa Pérez Vera, Pablo Pérez Tremps, Luis Ortega y Adela Asua.

Con todo, los terroristas no se limitan a expresar su alegría por ver conseguido este objetivo de permanencia en las instituciones, sino que exigen el cese de la "represión y el bloqueo de los estados español y francés" para no obstaculizar los otros objetivos de su estratégico "alto el fuego" y que nos son otros que aquellos por los que han venido practicando la "lucha armada".


Libertad Digital - Editorial

España, al límite

Ni Merkel ni Grecia pueden ser indefinidamente los burladeros del Gobierno frente al deterioro evidente de la situación económica de España y las embestidas de los mercados financieros.

LA crisis de la deuda pública española tuvo ayer, tras horas al borde del abismo, un ligero alivio, pero sigue manteniéndose en niveles casi incompatibles con una financiación estable —asumible a largo plazo— del Estado y de las empresas. El hecho de que mejorase levemente la prima de riesgo, hasta situarse alrededor de los 320 puntos, o de que el bono a diez años se pagara por debajo del 6 por ciento no resta un ápice a la extrema gravedad de la situación que se ha vivido en las últimas cuarenta y ocho horas. Y aunque estos parámetros —prima de riesgo e interés de la deuda— sigan evolucionando favorablemente, estas jornadas han demostrado la absoluta vulnerabilidad de la posición de España ante los mercados internacionales. La situación puede tornarse desastre en cualquier momento. Si nuestro país sufre ataques financieros cada vez que corren rumores sobre Grecia o, como ahora, Italia, no es por una conspiración planetaria contra España, sino por la visión que se tiene de que no hay muchas posibilidades reales de reducir el déficit público, de crear empleo y de aumentar la actividad productiva.

Es evidente que en los mercados hay especuladores que juegan con las fluctuaciones de las deudas de ciertos países. Pero para que se pueda jugar con un país, este tiene que estar en una situación de debilidad que lo propicie. Por eso no ayudan a España los emplazamientos públicos de Rodríguez Zapatero a Angela Merkel para que apoye la entrada de capital privado en el rescate griego. Se podrá estar de acuerdo o no con la canciller alemana, pero, tal y como se percibe a España en Europa, no resulta oportuno que sea precisamente Zapatero quien pida responsabilidad al Gobierno de Berlín. Uno de los males de la posición española es que el Ejecutivo socialista no ha gestionado su presencia internacional de la manera adecuada para, en situaciones de crisis como la actual, tener voz autorizada ante los principales socios europeos. Con una tasa de paro del 20 por ciento y un endeudamiento exterior cada vez más costoso, el Gobierno español tendría que asumir que la responsabilidad empieza por uno mismo, y dejar definitivamente de culpar a los demás.

Como dijo Mariano Rajoy ayer, arrimando el hombro en un momento crítico, España es un país solvente. En efecto, pero la solvencia no es una virtud innata a las economías, sino el resultado de unas determinadas políticas que ordenen un gasto público racional, faciliten la creación de empleo y generen un sistema fiscal equilibrado. España es solvente, pero hay quienes creen que puede dejar de serlo. Las dudas de los mercados no van a disiparse por repetir este mensaje de apoyo a la solvencia de la economía española, sino por ver medidas concretas que sean fiables.

Ni Merkel ni Grecia pueden ser indefinidamente los burladeros del Gobierno frente al deterioro evidente de la situación económica de España y las embestidas de los mercados financieros. Desde las elecciones municipales, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha estado más pendiente del candidato Pérez Rubalcaba que de centrarse en la crisis. Y una vez zanjada la cuestión del candidato, resulta que, en su primer discurso, este echa gasolina al fuego de la deuda, advirtiendo a la banca de nuevos impuestos y convirtiéndola en el chivo expiatorio del desastre electoral socialista. Poca inversión va a atraer así el candidato Rubalcaba.

La crisis de España requiere soluciones que no están en las manos de Van Rompuy, ni de Trichet ni de Angela Merkel, por mucho que Europa se enfrente torpemente al desastre. Si no hay confianza —que no la hay— en la dirección política del país, tampoco la habrá en su dirección económica. Con los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del 22-M, Rodríguez Zapatero debió haber dimitido y convocado inmediatamente elecciones generales. A estas alturas estarían a punto de celebrarse y, en contra de lo que argumentan los socialistas, no se habría perdido tiempo alguno para reformas que no están dando resultado, como la del mercado de trabajo, o que no han provocado ninguna confianza, como la de la negociación colectiva.

Es imprescindible una crisis política, en el sentido positivo del término crisis, una ruptura de esta inercia decadente que ha impuesto el Gobierno socialista a España. La democracia tiene el procedimiento necesario —la disolución anticipada del Parlamento— para que la crisis política que necesita España abra una nueva etapa, en la que no habrá soluciones mágicas, en absoluto, pero sí, al menos, una oportunidad para hacer las cosas de manera diferente, dando al Gobierno elegido una legitimación ciudadana renovada y una mayor fortaleza para su acción ante los mercados, los agentes sociales y los socios europeos.


ABC - Editorial

martes, 12 de julio de 2011

Un poquito de PSOE. Por Edurne Uriarte

En nuestra cultura política se vota a los partidos y no a los candidatos, por mucha R que se ponga en los carteles.

LA principal novedad del liderazgo de Rubalcaba no es el giro izquierdista sino la sustitución total del partido por el líder, en unas dimensiones que superan a las del propio Zapatero. Su primer cartel electoral ha eliminado el logo socialista y ha reducido el nombre del partido a un tamaño que requiere lupa para su lectura. En su discurso personalista de 70 minutos del sábado, limitó las referencias al PSOE a un minuto, precedido de un «Y ahora os voy a hablar un poco del PSOE, pero sólo un poquito». Para proclamar, a continuación, su orgullo, menos mal, de ser socialista, y no como los de la derecha que nunca dicen ser de derechas.

Es esta novedad la que introduce el interrogante más interesante sobre el liderazgo de Rubalcaba, la comparación con el 2000 y los posibles logros del Rubalcaba personalista ahora frente a los del Almunia de partido en aquel momento. Entonces, y con una situación de depresión socialista parecida a la actual, si bien con unas encuestas de intención de voto no tan catastróficas, los socialistas achacaron una buena parte de la derrota por mayoría absoluta a las limitaciones de un candidato, Joaquín Almunia, a quien consideraban poco brillante y carismático. Ahora, Rubalcaba y los socialistas transmiten el mensaje de que, a pesar de la situación crítica de las expectativas electorales del PSOE, incluso podrían llegar a ganar pues tienen como candidato a un político brillante, extraordinario, como Rubalcaba.


Que Rubalcaba sea capaz de hacer realidad la anterior idea en forma de victoria o de una derrota por escaso margen no sólo determinará su futuro político, su capacidad para quedarse con el control del partido. Además, responderá a una cuestión de interés más general, la de la eficacia de la personalización de las campañas y la sustitución del partido por el líder en un sistema político como el español. A favor de la estrategia de Rubalcaba está el elemento obvio de que la imagen de la marca PSOE está en mínimos y, sin embargo, la imagen del candidato ha sido, al menos como ministro y hasta ahora, mucho mejor que la de la marca.

En contra de esa estrategia está todo lo demás. Y todo lo demás es que el español es un sistema político parlamentario y no presidencialista y que en nuestra cultura política se vota a los partidos y no a los candidatos, por mucha ZP y mucha R que se ponga en los carteles. Las estrategias de sustitución de los partidos por los candidatos, como la de ZP y ahora la de la R, derivan en una torpe imitación del sistema presidencialista americano y de la pueril idea de que la modernización de las campañas se logra ocultando a los viejos partidos y sustituyéndolos por los mensajes publicitarios impactantes, la ZP, la R, y los relatos personales de los candidatos.

En contra de la estrategia de Rubalcaba está también su propia persona. Su excesivo concepto de sí mismo, segundo elemento en el que también supera a Zapatero, y que le hace perseverar en la estrategia de anulación del PSOE a pesar de los adversos datos iniciales de unas encuestas que mantienen la misma distancia del PP con él como candidato. Y que lo llevan al riesgo de que el poquito de PSOE tenga como resultado final la nada de Rubalcaba.


ABC - Opinión

Dos nombramientos sin prima de riesgo: Blanco y Camacho. Por Antonio Casado

Antonio Camacho era la discreción y la eficacia en la trastienda del Departamento que acaba de abandonar Pérez Rubalcaba. Ahora lo seguirá siendo en el puesto de mando, siete años después del salto de la Fiscalía al Ministerio del Interior, de la mano de su amigo, el juez José Antonio Alonso, hoy portavoz parlamentario del PSOE.

Continuidad es la clave del nuevo salto de Camacho. Ahora de la Secretaría de Estado al despacho del ministro, con el mismo acceso a las claves de la lucha antiterrorista que ya tenía. Sobre todo las que aportan los servicios de inteligencia (CNI), decisivas durante los casi cinco años transcurridos desde que ETA reventó en la T-4 el llamado proceso de paz. Hasta dejar policialmente acorralada a la banda terrorista y en el punto de mayor debilidad en su siniestra historia.


Mayor calado tiene el segundo de los nombramientos anunciados ayer por el aún presidente, Rodríguez Zapatero, para tapar los huecos de la renuncia del candidato a sus cargos institucionales. El ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, José Blanco, será en adelante la banda sonora del Gobierno. Sin abandonar su tarea en el Departamento de mayor poder inversor del Estado y sin restar calidad informativa a las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros.
«La tentación es deducir un calculado alejamiento de la causa del candidato. Como si Blanco no quisiera ser compañero de viaje de Rubalcaba. Falso. De su boca sólo salen elogios hacia el candidato y siempre lo veremos sosteniendo la pancarta del “Hay partido”.»
Su nueva función ya estaba cocinada por el triunvirato (Zapatero-Blanco-Rubalcaba) cuando se hicieron públicos los nombres de Elena Valenciano (coordinación) y Jesús Caldera (programa) como máximos responsables de la campaña electoral de las generales. Al anunciarse que, en contra de lo que venía siendo habitual, Blanco no dirigiría la próxima campaña del PSOE, éste había aceptado ya el ofrecimiento. Me corrige el propio Blanco en agradable conversación telefónica y lo hago constar: “Lo que acordamos es que yo tendría un nuevo papel en el Gobierno después de la marcha de Rubalcaba, podía ser el de portavoz o pudo ser otro”.

La tentación es deducir un calculado alejamiento de la causa del candidato. Como si Blanco no quisiera ser compañero de viaje de Rubalcaba. Falso. De su boca sólo salen elogios hacia el candidato y siempre lo veremos sosteniendo la pancarta del “Hay partido”. Me consta un alto grado de sintonía entre ambos. Sin embargo, cuando la bifurcación de caminos entre Rubalcaba y Zapatero es un hecho (uno mira hacia la Moncloa y el otro hacia el Consejo de Estado), el número dos del PSOE ha decidido seguir con Zapatero en el Gobierno y no subir a asumir puestos de mando en la aventura del candidato.

Siempre ha estado vinculado a Zapatero y nunca dejará de estarlo. Eso es así. Y aparte de esa lealtad personal, nadie niega a José Blanco capacidad de trabajo y de diversificación de funciones. Ayer se pasó la tarde llamando por teléfono a directores y editores de los medios para ofrecer y requerir colaboración. La merece. Seguramente es el ministro de Zapatero más accesible a los periodistas. Y, junto a Zapatero y Rubalcaba, una de las tres cabezas por las que realmente ha pasado y pasa toda la información y toda la potencia decisoria de este Gobierno.


El Confidencial - Opinión

Rubalcaba. Un giro en Barrio Sésamo. Por Cristina Losada

No se esperará que Rubalcaba salga hecho un Milton Friedman, pero aparte del humo fiscal y del fuego del gasto público, junto al guiño a los indignantes, no se ve un remedo de aquel programa izquierdista del Laborismo.

Con rara unanimidad se ha calificado, en prensa de izquierdas y derechas, de "giro a la izquierda" el que pretendidamente ha dado Rubalcaba, lo cual significa, si un giro es un giro, que Zapatero está a su derecha e incluso en la mismísima derecha. Ignoro si esa posición es la que realmente corresponde al presidente, pero no es la que se ha jactado de ocupar a lo largo y ancho de su desempeño. Cosas más extrañas se han visto, pero lo cierto es que, frente a la querencia del saliente por ungirse sumo sacerdote de la Izquierda, el nuevo hombre del PSOE sólo pronunció una vez, durante todo su discurso, la palabrita mágica que para su antecesor equivalía a un "ábrete, Sésamo". Hacer ostentación de izquierdismo era la clave que abría la cueva del tesoro electoral y el conjuro que hacía aparecer esa mezcla de Barrio Latino y Barrio Sésamo que encandilaba a perpetuos adolescentes.

Unas propuestas fiscales que gravarían a los banqueros y a los más pudientes, permitirían justificar el lado izquierdo del mensaje, pero Zapatero empleaba la misma retórica e igual prometía quitarles a los ricos para darles a los pobres. Sin embargo, no fue en la política económica donde asentó el zapaterismo su imagen de "izquierdas", sino que lo hizo mediante reclamos como el matrimonio gay, el feminismo radical, el laicismo ídem, la reescritura de la historia y la deconstrucción de España. Su guía de referencia no era el Manifiesto Comunista, sino el catecismo del progre. Y sólo a ese manual ha sido fiel el presidente, mientras que de sus alardes obreristas en Rodiezmo tuvo que desmentirse de tal modo que hasta un artista de la incoherencia como él, renunció a volver a la campa.

El PSOE pierde votantes por la derecha y por la izquierda, circunstancia que le obliga a maniobras de equilibrio, pues atraer a unos, bien puede enajenar a otros. Y el horno tampoco está para evadirse de las urgencias económicas y ofrecer, a cambio, "nuevos derechos", el santo y seña de Zapatero, de cuyos talismanes ideológicos nada ha dicho su heredero. No se esperará que Rubalcaba salga hecho un Milton Friedman, pero aparte del humo fiscal y del fuego del gasto público, junto al guiño a los indignantes, no se ve un remedo de aquel programa izquierdista del Laborismo, conocido como "la carta de suicidio más larga de la historia". El candidato, a fin de cuentas, no es más que un funcionario de la política.


Libertad Digital - Opinión