miércoles, 23 de febrero de 2011

Revueltas. El tercero, Gadafi. Por José García Domínguez

Al tiempo, acaso inconsciente, late bajo ese lugar común periodístico, el de la responsabilidad presunta de Occidente, aquel viejo sentimiento de culpa que agarrotó a Europa tras la descolonización.

"La comunidad internacional no puede mirar para otro lado", parece ser la consigna de la semana en tertulias y corrillos de enterados mientras Gadafi continúa ejercitando sus dotes de carnicero en Trípoli. Por cierto, un quehacer vocacional, el de matarife doméstico, en el que ya había demostrado sobrada pericia en 2007, cuando plantó la jaima en España para marcarse una juerga flamenca antes de ser homenajeado con todos los honores por Zapatero y el jefe del Estado. Suena bien, por lo demás, eso de la comunidad internacional y sus muy altos e irrenunciables cometidos. Lástima que a semejante entelequia le acontezca lo mismo que a los Reyes Magos y a la nación catalana, a saber, que no existe.

Tan no existe que, sin ir más lejos, la Liga Árabe anda dispuesta ahora mismo a girar la vista hacía donde sea, a cualquier parte, menos al Magreb y alrededores. A imagen y semejanza, procede recordar, de lo que en su día hiciera Europa, meliflua patria retórica de los derechos humanos, con sus Balcanes. Y es que, como siempre gustaba repetir Lord Palmerston a propósito del Reino Unido, los países no tienen amigos permanentes sino intereses permanentes. Al tiempo, acaso inconsciente, late bajo ese lugar común periodístico, el de la responsabilidad presunta de Occidente, aquel viejo sentimiento de culpa que agarrotó a Europa tras la descolonización.

El chantaje emocional que quería desviar la carga de la responsabilidad de las cleptocracias del Tercer Mundo a las antiguas potencias ocupantes. El mismo que persigue asignar a los pecados de Europa y Estados Unidos la causa última de cuantos desmanes acontezcan en las periferias asilvestradas del planeta. Ayer, por intervenir mancillando la sagrada soberanía de los pueblos. Hoy, por no intervenir absteniéndose de incurrir en tales simonías. Se echa de menos, sin embargo, en el recital de plañideras una premisa, la más básica, del pensamiento lógico: la consistencia. Así, ya todos parecen haber olvidado los bombardeos aéreos del ejército de Sadam contra los kurdos del norte de Irak. Un conato de genocidio con armas químicas, aquél sí, ante el que la progresía bienpensante invocaría el más escrupuloso respeto a las inviolables fronteras dizque nacionales del sátrapa. Pues allí, al parecer, no nos apelaba imperativo moral alguno. Vivir para ver.


Libertad Digital - Opinión

La paradoja del golpe. Por Ignacio Camacho

Aquella payasada siniestra estabilizó y vacunó la democracia española, pero acabó bien casi por casualidad.

COMO el tiempo y el papel lo aguantan todo, cada aniversario del 23-F sale una pléyade de ventajistas y enterados tratando de perfilarse ante la posteridad por el mejor lado a base de bulos retroactivos y milongas exculpatorias. Puede que la Historia sea en el fondo un palimpsesto que se reescribe a conveniencia de parte, pero para eso es necesario que antes la palmen los testigos y en su ausencia se pueda manipular la memoria. Treinta años aún son pocos para borrar las huellas de aquella payasada siniestra, de modo que el que quiera aparecer mejor favorecido en el retrato de los hechos tendrá que esperar al menos otra generación a la que colarle la leyenda.

Entre las teorías conspiratorias trufadas de conjeturas chismosas, las versiones victimistas de elusión de responsabilidades y la piadosa tendencia colectiva al bucle melancólico de la autocomplacencia se ha construido una leyenda de la intentona golpista que de alguna forma tapa su carácter sórdido, su chapucera condición y su patética escenografía de asonada cuartelera. El final feliz nos ha acabado volviendo indulgentes con nosotros mismos y en la distancia tendemos a buscar claves ocultas y sofisticadas intrigas para borrar la evidencia de que la aún joven democracia zozobró porque un grupo de zafios salvapatrias de uniforme aprovechó la debilidad estructural del país para sacar de paseo con sorprendente facilidad los demonios a medio enterrar de nuestra más cerril tradición exaltada.


Aquel lance aventurero salió mal —es decir, bien— medio de casualidad, porque el Rey mantuvo el tipo con mérito y lucidez que aún le pretenden cuestionar algunos; porque hubo militares a los que el sentido del deber no les nubló la conciencia y porque a Tejero le dio de madrugada un avenate de dignidad herida cuando Armada estaba a punto de aprovechar la confusión para investirse allí mismo como un De Gaulle de barraca. Pero lo cierto es que hubo momentos en que la moneda de la tragedia bailó de canto sobre nuestro destino y que el esperpento bien pudo desembocar en drama. Y que el pueblo soberano y los cuadros de la sociedad civil no fueron precisamente un modelo de resistencia, contra lo que pretende cierto revisionismo dispuesto a hacer creer que las calles españolas eran un trasunto de la Plaza Tahrir. Algunos de los presuntos heroicos rebeldes de la noche de autos ni estaban ni se les esperaba.

Pero hasta ese medroso comportamiento social terminó resultando positivo en la medida que evitó mayores disparates. Lo paradójico del golpe es que tratándose de un mamarracho general acabó en contra de sus promotores como un gran éxito político que estabilizó la democracia y la vacunó contra el virus de la inmadurez. Pero no fueron las dieciocho horas más gloriosas de nuestra Historia ni merecen que nadie saque demasiado pecho por ellas. Del Rey abajo, casi ninguno.


ABC - Opinión

El 23-F con ETA al fondo

Hoy se cumplen 30 años del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, una fecha señalada en rojo en la memoria de los españoles, que sintieron por unas horas cómo la libertad recuperada se resquebrajaba. Tres décadas de la imagen del teniente coronel Antonio Tejero, pistola en mano, en el Hemiciclo del Congreso de los Diputados, y del dramático sonido de los disparos que los españoles escucharon por la radio con la incontenible impresión de que la historia de España volvía a torcerse como si los anhelos de democracia fueran misión imposible. Y tres décadas de la decisiva intervención del Rey, que se erigió entonces en el responsable principal de que aquella intentona no sólo fracasara, sino que supusiera además para el país una suerte de catarsis. Sin quererlo, los golpistas provocaron una carrera acelerada y sin vuelta atrás hacia la libertad, la modernidad y el progreso. En pleno siglo XXI, sin embargo, arrastramos todavía alguno de los factores que contribuyeron decisivamente a crear un caldo de cultivo en el que la asonada pudo planificarse y ejecutarse. Más allá del clima político de aquellas fechas, con el inicio por parte del PSOE de una dura campaña de oposición, la aprobación de los Estatutos de Autonomía del País Vasco y Cataluña a fines de 1979 y las consiguientes elecciones autonómicas que dieron mayoría a las fuerzas nacionalistas, o la descomposición de UCD, que precipitó la dimisión de Suárez el 29 de enero de 1981, el terrorismo de ETA y de los Grapo fue un elemento determinante para generar un ambiente opresivo y asfixiante en la democracia joven e inexperta de principios de los 80. Hay que recordar, por ejemplo, que la brutal campaña terrorista de ETA causó 76 muertos en 1979 y 92 en 1980, los dos años más letales de la banda. Y también se nos hace imposible olvidar cómo todas esas víctimas, la mayoría militares, guardias civiles o policías, eran despedidas casi en la clandestinidad y de forma vergonzante. El golpe del 23-F fue en buena medida una respuesta absolutamente equivocada en todos los sentidos a aquella situación trágica de los denominados años del plomo de ETA. Quienes intentaron subvertir el orden constitucional prestaron un pobre favor a la lucha contra el terrorismo. El regreso al pasado nunca hubiera sido una solución, sino que habría supuesto el agravamiento del problema. La asonada, como después los atajos de la guerra sucia, o, en otro plano moral, la negociación de los gobiernos democráticos con ETA, en la que algunos sobrepasaron las líneas rojas de los principios del Estado de Derecho, fueron una sucesión de atropellos y fracasos en la lucha contra ETA. Esta particular memoria histórica nos debe servir no sólo para subrayar colectivamente el valor supremo de la libertad y de la paz, sino también para aprender que el fin del terrorismo sólo puede llegar tras la derrota de la banda mediante la utilización contra los asesinos y sus cómplices de todos los medios policiales y judiciales de la democracia sin atajos ni medias verdades. Hace 30 años, los pistoleros pusieron contra las cuerdas al Estado de Derecho recién estrenado y unos golpistas trasnochados cayeron en su trampa. No conviene olvidarlo hoy.

La Razón - Editorial

La diana del golpe

Difícilmente se hubiera evitado un baño de sangre si el golpe del 23-F de hace 30 años hubiera triunfado. Sus ejecutores sostuvieron luego, en el Juicio de Campamento, que su objetivo no era ese, y ni siquiera instaurar un régimen militar, sino enderezar la situación política antes de volver a sus cuarteles; pero lo mismo podría haber dicho Franco en 1936, y ya se sabe lo que pasó.

Hoy conocemos que la intentona fue el resultado de la convergencia inarmónica de diversas operaciones conspirativas unidas por el común objetivo de sustituir a Adolfo Suárez, el presidente elegido por los españoles. Pero Suárez había dimitido el 29 de enero, lo que no impidió que la flecha que estaba preparada partiera del arco. En materia de golpes militares, cuya esencia es la imposición por la fuerza, no es posible calcular por adelantado la violencia que producirán y su duración. La lógica del golpista consiste en lanzar primero la flecha y dibujar luego la diana allí donde caiga.

Tres décadas después se sabe casi todo sobre aquel 23-F y sus afluentes, aunque quedan algunos vacíos sobre la parte civil de la trama. Entre lo que se sabe está que hubo comportamientos imprudentes por parte de políticos demócratas que fueron a su vez utilizados insidiosamente por algunos de los golpistas principales, y que el Rey escuchó sus opiniones; pero es asombroso que publicistas y otros contemporáneos que no hicieron nada por oponerse al golpe den pábulo ahora a teorías conspiratorias que consideran inspirador de la intentona a quien la paró.

Lo seguro es que hubieran interrumpido la democracia, no se sabe por cuánto tiempo, y que al justificarse invocando el nombre de España estaban violentando las ideas y sentimientos de los españoles. El 70% de los ciudadanos considera que sin la actuación del Rey la democracia no habría sobrevivido, y cerca del 80% de ellos sigue pensando que ese sistema político es preferible a cualquier otro.


El País - Editorial
Nada justifica el mutismo y la inoperancia de nuestra política exterior en este asunto y, menos aun, el clamoroso abandono que nuestro Gobierno está dispensando a los españoles residentes en Libia.

En un inesperado discurso televisado, el dictador libio Muamar-al Gadafi ha vuelto a reiterar la amenazante determinación, que ya anunciara un día antes su hijo y heredero, de derramar cuanta sangre sea necesaria para sostener la tiranía que viene ejerciendo desde hace más de cuarenta años. El desquiciado sátrapa libio ha acompañado sus palabras con una brutal represión en la que la fuerza aérea libia ha vuelto a bombardear varios sectores de Trípoli como parte de esa ofensiva a sangre y fuego contra las protestas, que no parecen, sin embargo, amainar en la capital libia.

Aunque los sucesos se estén precipitando a la misma velocidad que lo hicieron en Túnez o en Egipto, sería un error meter en un mismo saco y considerar homogéneas las distintas protestas que están sacudiendo el mundo árabe. Sin protagonizarlas en Libia un "atajo de drogadictos", tal y como los denigra el desquiciado dirigente libio, los que allí protestan tampoco es que sean grupos de jóvenes universitarios de clase media en busca de reformas aperturistas y democratizadoras, tal y como sí ocurrió en Egipto. Militares e islamistas son las únicas fuerzas existentes en Libia, y si buena parte de las Fuerzas Armadas –a diferencia de lo ocurrido en Túnez y Egipto– se están enfrentando a los manifestantes en Libia, aquí también hay mucho más riesgo de que el islamismo radical sea el que esté liderando la revuelta.


Por todo ello, y a pesar de la innegable y empobrecedora tiranía que constituye el régimen de Gadafi –un repugnante cóctel de islamismo, socialismo y nacionalismo supuestamente moderados– nada asegura que de su hipotética caída surgiese algo que fuese para mejor. El riesgo de un islamismo aun más radical es, de hecho, el gran obstáculo para poder acoger con esperanza estas revueltas que están sacudiendo el mundo árabe.

Con todo, nada justifica el mutismo y la inoperancia de nuestra política exterior en este asunto y, menos aun, el clamoroso abandono que nuestro Gobierno está dispensando a los españoles residentes en Libia. Tal y como han denunciado muchos de los empresarios y trabajadores que se encuentran allí atrapados, el Ministerio de Asuntos Exteriores españoles se "está lavando las manos", instándoles a salir del país por sus propios medios y sin ocuparse siquiera de los españoles que ya se encuentran preparados para salir en el aeropuerto de Trípoli.

A diferencia de los Gobiernos de Portugal o Francia, que ya llevan tiempo evacuando a sus ciudadanos, el español está exhibiendo la misma inoperancia que ya dejara en evidencia en la reciente revuelta vivida en Egipto. Y es que, por pronto que sea para saber qué podemos esperar de esta revuelta contra el regimen de Gadafi, no lo es en absoluto para denunciar la inoperancia que el pomposo "gabinete de crisis" de Zapatero no hace sino tratar de ocultar.


Libertad Digital - Editorial

La revuelta libia y la incompetencia española

Europa debe actuar

No basta un comunicado de condena contra Gadafi, sino sanciones que demuestren que la UE abandona su estrategia de componendas.

LOS dramáticos cambios que se están produciendo en la orilla sur del Mediterráneo y Oriente Próximo no solo van a afectar a los países donde la población se ha alzado, sino que representan un cambio esencial para Europa y su entorno inmediato. No sería razonable que desde la ribera norte se contemplase este proceso como un asunto lejano o ajeno, porque el único resultado sería agravar sus efectos. Bastante desenfocada ha estado hasta ahora esa política —dedicada a dar por buenas las relaciones con gobiernos de todo tipo, a sabiendas de que se trataba de simples dictaduras— como para seguir cometiendo los mismos errores. En el caso de Libia, sin ir más lejos, la pasividad ante las terribles atrocidades cometidas por Gadafi llevará a los libios a un mayor sufrimiento y quién sabe si incluso a la guerra civil, con la que han amenazado el sátrapa y su familia. Ministros, militares y diplomáticos abandonan un régimen cuyo mesiánico y estrafalario líder —a todas luces ajeno a la realidad y dispuesto a morir matando, según expresó en su apocalíptico discurso de ayer— no tiene más respuesta que bombardear a la población indefensa.

Ha llegado el momento de que la Unión Europea tome la iniciativa y envíe una señal inequívoca a Trípoli, indicando que la continuidad de Gadafi es ya inaceptable. No basta un simple comunicado de condena y un llamamiento a la contención, sino una batería de sanciones que demuestre que la UE abandona su tradicional estrategia de componendas, que a la postre no ha sido positiva para sus intereses y que ha condenado a millones de ciudadanos de esos países al atraso y la postración. Nuestra complacencia ha contribuido a someter a naciones enteras al chantaje de tener que elegir entre la dictadura o el integrismo islámico, porque el modelo europeo de democracia no ha sido defendido por nadie. Las palabras del presidente del Gobierno, al alegrarse de la expresión de las «ansias de libertad» en los países árabes, serían más apropiadas si no hubiera sido él mismo el impulsor de mecanismos como el de la Alianza de Civilizaciones, cuyo objetivo más evidente era precisamente entenderse con gobernantes que, como Gadafi, están aplastando a sus ciudadanos, o con otros a los que las manifestaciones han defenestrado como expresión de liberación.

ABC - Editorial

martes, 22 de febrero de 2011

Aguirre, una estrella. Por M. Martín Ferrand

La salud es el tema fundamental y a ella debe consagrar la presidenta toda su dedicación y su fuerza.

HACE ya muchos años, cuando era concejala del Ayuntamiento de Madrid y parecía inalcanzable para el PP cualquiera de los sitiales entonces ocupados por el felipismo, me decía Esperanza Aguirre: «Los ocuparemos todos y, quizás, al mismo tiempo». Así fue. En política todo es posible si se dispone de la firme voluntad para conseguirlo, el respaldo de un sector de la sociedad, un equipo conveniente y el tiempo suficiente para ello. Ahora, las noticias que hablan de la salud de la presidenta de la Autonomía de Madrid son inquietantes. Lo son, sobre todo, en el orden personal. La salud, de la que solemos olvidarnos cuando nos sobra, es el tema fundamental y a ella debe consagrar la presidenta toda su dedicación y su fuerza hasta que, muy pronto, la recupere multiplicada por cien.

La enfermedad de Aguirre y la pausa en su actividad política que comporta es un problema para el PP, en el supuesto de que Mariano Rajoy sea capaz de metabolizar que el partido que él lidera tiene algún problema más que el que encarna José Luis Rodríguez Zapatero. No abundan en la política española, en ninguna de sus formaciones, los grandes nombres, los líderes a los que la ciudadanía identifica como tales y, desde la admiración, los sigue con mayor confianza de la que suelen merecer las siglas. Esperanza Aguirre es uno de esos pocos nombres y, aunque es previsible como corto el tiempo de su alejamiento, coincide éste con unas elecciones municipales y autonómicas cruciales, más en el resto de España que en Madrid, para el PSOE y, por ello mismo, fortalecedoras de la imagen del PP con vistas a las legislativas del año que viene. Aguirre es la candidata proclamada por la calle Génova para Madrid y, previsiblemente, confirmará en ellas su presidencia actual; pero su prestigio y su carisma solo pueden ser comparados en Madrid con los de Alberto Ruiz-Gallardón que, además de luchar con su propio morlaco municipal, tendrá que reforzar en lo posible, y al margen de viejas rencillas, la ausencia de quien, en su día, soñó con ser la sucesora de José María Álvarez del Manzano en la Plaza de la Villa.

Las peripecias de la política, siempre cambiantes, son un estímulo para quienes nos dedicamos a observarlas y tenemos vocación de espectadores; pero, cuando afecta a la salud de sus protagonistas, sobrecogen. Ya sabemos que, sin tardar mucho, Aguirre volverá a desplegar su casticismo señorial en el escenario central de la política española y, también, que no hay graves asuntos pendientes en la Comunidad que aporten inquietud; pero, como en el cine, parte fundamental del encantamiento lo generan sus estrellas.


ABC - Opinión

El payaso del terror. Por Hermann Tertsch

Ya no hay vuelta atrás. Pero el payaso ya ha decidido que dejará en su hundimiento un paisaje de espanto.

A muchos les parecía ya un simple payaso inofensivo. Había abandonado aquellas ínfulas de líder revolucionario mundial que le llevaron a inundar occidente con petrodólares para promocionar su patético Libro Verde. Había renunciado al programa de armas químicas y biológicas que a finales del siglo XX todo buen sátrapa árabe creía tener que desarrollar para mayor gloria, capacidad de chantaje y efectividad criminal. Incluso aceptó reprimir su obsesión por apoyar a cualquier terrorismo que quisiera matar en Occidente. Y acabó revelando datos muy valorados por los servicios de información occidentales sobre las redes del terrorismo revolucionario socialista del pasado. En Europa todos estaban deseando perdonarle al esperpéntico caudillo nómada sus barrabasadas, desvaríos y crímenes. Como mayor productor de petróleo del norte de África, sus cerca de millón y medio de barriles diarios, dan para mucha inversión y negocio. En Londres, hasta Tony Blair se volcó en el esfuerzo de olvidar el pasado de Gadafi y se presentó en 2007 a besar al beduino, mientras los tribunales escoceses hacían piruetas legales para liberar al terrorista que quedaba preso por el terrible atentado del avión de la PANAM sobre la localidad de Lockerbie en el que murieron 259 pasajeros en vuelo desde Frankfurt a Nueva York. En muchas capitales europeas se dio la bienvenida al personaje, para muchos cada vez menos siniestro y más divertido. Se le abrieron los parques públicos para instalar sus «jaimas» y congregar a la prensa para presumir de escoltas tetonas color cobalto y de los nuevos caballos que viajaban con él. Nadie hacía demasiado caso a sus tediosas cantinelas megalómanas, pero todos están atentos y prestos cuando sacaba la pluma para firmar un proyecto o una concesión. Todos toleraban con infinita condescendencia las astracanadas del vejete revolucionario, como se aguantan las de Fidel Castro. Con buen humor y comprensión. Y por supuesto también las de sus hijos, que solían tener altercados en todas las capitales europeas por comportarse allí como lo hacían en casa.

Pues ahí tienen al payaso viejete y a sus hijos. Aviones de combate libios disparaban contra la población concentrada en manifestaciones por la capital, Trípoli. Partes del ejército aun leales hacían fuego desde blindados y carros de combate contra todo lo que se movía en diversos barrios y otras ciudades del país. En Benghasi, la capital de la región oriental, la matanza de varios centenares de civiles desarmados no han impedido que la insurrección se haya hecho con el control al menos parcial de las calles. Pero la orgía de sangre no hacía sino empezar. Mercenarios extranjeros recorren las calles allí y en otras localidades dedicados a causar el mayor número posible de víctimas entre los ciudadanos desarmados. El régimen cuenta con mercenarios desde hace tiempo por su falta de confianza en un ejército siempre movido por obediencias tribales. Pero ayer llegaban noticias alarmantes de la llegada de vuelos de más mercenarios que el régimen habría contratado para una guerra total. Es la que había anunciado su hijo Saif Gadafi, el segundo, muy viajado y pulido en universidades europeas. Fue en un discurso televisado en la madrugada que recomiendo ver. Porque ni en su traducción simultánea al inglés pierde el terrorífico mensaje del que juega con la maldad y el miedo pero ya en lucha por la supervivencia propia. Hiela la sangre. Exige sumisión y obediencia. Y amenaza con ríos de sangre, con hambre, con larga guerra civil. Y advierte que lucharán hasta el último hombre, hasta la última bala. El tsunami de la juventud arrastra ahora a uno de los personajes más siniestros del muy concurrido escenario árabe. Ya no hay vuelta atrás. Pero el payaso ya ha decidido que dejará en su hundimiento un paisaje de espanto.

ABC - Opinión

Esperanza Aguirre, una mujer valiente que no deja indiferente a nadie. Por Federico Quevedo

Esperanza Aguirre se va a alejar durante unos días de la política para ser intervenida quirúrgicamente de un cáncer de mama. Según me explicaron ayer, el tumor se ha descubierto en una revisión ginecológica y lo bastante a tiempo como para que en principio baste con la operación y es probable que después no sea necesaria la quimioterapia, aunque en el caso de que así fuera la oncología ya trabaja con tratamientos mucho menos invasivos que los de antaño. Eso significa que es muy probable que Esperanza Aguirre esté recuperada para la campaña electoral aunque seguramente no pueda participar en ella con la misma intensidad que lo haría en circunstancias normales. Pero ayer, sin duda, fue un día importante, para ella, para las demás mujeres, para todos los enfermos de cáncer, y para los enfermos de politiquitis, un mal que por desgracia se ha hecho bastante común en nuestros días y se ha extendido por amplias capas de nuestra sociedad y para el que solo hay una cura: una dosis intravenosa de serenidad, sentido común y tolerancia.

Déjenme que empiece por el final, porque me ha resultado de lo más llamativo. Ayer, en uno de los comentarios a la noticia en el foro de este mismo periódico, un lector empezaba así: “Aunque la odio políticamente…”. No era el único comentario en ese sentido, ni en este ni en otros foros donde se le deseaba “una pronta recuperación, aunque no la soporto”. Debo reconocer, sin embargo, que la tónica general, incluso en los medios de izquierdas, ha sido de absoluto respeto por la persona y por el momento que está pasando, pero no es malo que hagamos una reflexión sobre lo que nos lleva a los ciudadanos a manifestar algo tan drástico, tan terrible, como el “odio” a otra persona sencillamente por discrepar de sus ideas políticas. Si de algo puede presumir Esperanza Aguirre es de tolerancia, aunque la tolerancia no está reñida con la convicción y con la defensa de los principios que tenga cada uno. Pero algo no funciona bien en una sociedad cuando la convivencia se enturbia hasta el punto de manifestar un rechazo tan violento del contrario, y deberíamos empezar a replantearnos cómo hemos llegado a semejante situación.
«Debemos reflexionar sobre lo que nos lleva a los ciudadanos a manifestar algo tan drástico como el “odio” a otra persona sencillamente por discrepar de sus ideas políticas. Si de algo puede presumir Aguirre es de tolerancia, aunque la tolerancia no está reñida con la convicción y con la defensa de los principios que tenga cada uno.»
Dicho eso, la manera en que Esperanza Aguirre dio a conocer ayer la noticia tiene mucho de lección y de esperanza para los enfermos de cáncer. Debe ser extraño encontrar a alguien a nuestro alrededor que, a su vez, no haya tenido cerca una experiencia con el cáncer. Yo la he tenido -no personalmente, pero sí en personas a las que quiero o he querido porque ya han fallecido víctimas de esta enfermedad-, y si algo he aprendido en todos los casos es que el cáncer es una enfermedad más, con unos índices de mortalidad altísimos, pero bajo ninguna circunstancia puede ser la razón de que un enfermo se sienta marginado socialmente. No es una enfermedad contagiosa, y no se adquiere de modo extraño o que pueda resultar socialmente indigno o repudiable… No, aparece sin más la mayoría de las veces, y por eso nunca he entendido ese empeño en ocultarla… “Ha fallecido tras una larga enfermedad”, suele ser el encabezado para ocultar que alguien murió de un cáncer. No debe haber vergüenza por el cáncer, y reconocer que se padece es la primera medida para evitar que a los enfermos de cáncer se les mire de un modo raro… Son enfermos, como cualquier otro enfermo, y muchos de ellos consiguen recuperarse y volver a hacer una vida normal.

Y tiene mucho de lección para las mujeres, ya que por desgracia su nivel de exposición al cáncer de mama es alto: sabemos de hecho que una de cada ocho mujeres lo va a sufrir a lo largo de su vida. Pero también sabemos que el 80% se curan, y que gracias a un diagnóstico precoz se ha conseguido reducir en un 13% la incidencia de este mal, luego si algo debemos agradecer a Esperanza Aguirre es que con su gesto de ayer, reconociendo la enfermedad y siendo muy transparente en la difusión del diagnóstico que le han hecho, va a ayudar a que muchísimas mujeres tomen conciencia de la necesidad de hacerse chequeos ginecológicos, al menos una vez al año, para evitar sustos posteriores. Lo más probable es que la mayoría de ellas nunca se vean en la tesitura de tener que pasar por un quirófano, pero la precaución es poca. Dicho lo cual, si hay alguien para quien ayer fue un día muy trascendental, esa es la propia Esperanza Aguirre, que no podía ocultar su emoción en el momento de dar a conocer la noticia.

Supongo, y ella podrá decirlo, que en el momento en el que a alguien le dicen que tiene un cáncer, aunque se añada que la curación en casi segura al cien por cien, en la cabeza se deben agolpar toda clase de pensamientos, y en el corazón todo tipo de sentimientos. Aguirre es una mujer fuerte, lo ha demostrado muchas veces, que como ayer recordaba un forero ha superado un accidente en helicóptero, un tiroteo en el hall de un hotel, y una auténtica campaña orquestada de acoso y derribo por parte de la izquierda que ha incluido una verdadera enciclopedia de insultos, descalificaciones e infamias. Per no solo de fuera han venido sus disgustos, también dentro, en las filas de su propio partido, ha encontrado incomprensión. Bien es verdad que ella misma se ha puesto a tiro muchas veces, pero alguien dijo una vez que los adversarios están fuera y los enemigos dentro, y eso lo sabe bien Esperanza Aguirre y por experiencia propia. Ayer, sin embargo, no había enemigo alguno y por primera vez en mucho tiempo la presidenta del PP madrileño y de la Comunidad sintió el calor de los suyos. Un calor merecido porque, al final, todos comparten -creo- la misma ambición por hacer de éste un país mejor. Ojalá se recupere pronto y la veamos dedicarse, de nuevo, a lo que más le gusta: pico y pala.


El Confidencial - Opinión

Esperanza Aguirre. Por Alfonso Ussía

Eso es. Esperanza Aguirre Gil de Biedma Borrell y Vega de Seoane. Señora de Ramírez de Haro. Condesa de Murillo y Grande de España. Todo esto por raíz propia y matrimonio. Es de esperar que nadie se sienta ofendido. Concejal y teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid. Ministra de Cultura. Presidenta del Senado. Presidenta de la Comunidad de Madrid. Todo esto por esfuerzo personal, inteligencia y eficacia en el servicio público. Es de esperar que nadie se sienta ofendido. Honesta a carta cabal. Directa en la palabra y el proceder. En sus ratos libres, que son pocos, buena jugadora de golf y muy mala jugadora de tenis. Respecto a lo último, espero que no se ofenda con tan clamorosa verdad. Me hizo perder algunos campeonatos en nuestra juventud. Buena cintura pero algo lenta en la puesta en marcha del muslamen. Habla el inglés y el francés como el español, es decir, perfectamente. Buena nadadora, y si es a contracorriente, mejor. A contracorriente o a contramarea, que suena más a norte. Madrileña y vasca. Antes castiza que de Ondarreta. Muy torpe en los saltos de trampolín. En este apartado del ejercicio físico es en lo único que siempre la he aventajado, y con holgura. Admiraba mis lanzamientos desde la palanca olímpica de las piscinas con mi traje de baño color mandarina. Española hasta la médula, por no escribir que hasta el páncreas. Siempre triunfadora en las urnas, es decir, lo contrario que Trinidad Jiménez. Inteligente y culta, es decir, lo contrario que Leire Pajín. Liberal y demócrata. Su popularidad creciente y las consecuencias de su actividad pública han creado en ella las mayores expectativas. En el PSOE no la tragan por motivos comprensibles. Contra Esperanza Aguirre no tienen nada que hacer.

De golpe nos ha anunciado que tiene un cáncer de mama. Las cosas por su nombre. Por fortuna, descubierto a tiempo y de futuro vencedor. En pocos días estará de nuevo en su despacho para seguir trabajando por Madrid y preparando su campaña electoral. Enamorada de los toros y lo que significa la Fiesta en la cultura española y universal. Canta muy bien las zambas, vidalas y chacareras de los Chalchaleros y los Fronterizos. Ya es abuela. Se ha ganado a pulso todo lo que tiene. La política, para ella, es una vocación, no una necesidad o un medio de supervivencia. Espero que nadie se ofenda con esta apreciación. Detrás de su educación y su sonrisa hay un muro de honestidad y firmeza invencible. Iba a escribir que detrás de su parecer suave hay unos nervios de acero, pero recuerdo a Valle Inclán boicoteando un estreno de Echagaray y me da la risa. Que así decía un personaje de Echegaray: «Parece de seda, pero sus nervios son de acero». Y Valle se incorporó de su butaca y gritó: «¡Eso no es una mujer, es un paraguas!».

Esperanza Aguirre pertenece a la familia liberal del Partido Popular. Nadie le ha subvencionado jamás. Salió de un helicóptero estrellado con la serenidad de los grandes. Mantuvo el tipo en un terrible ataque terrorista en la India. Esta mujer no está preparada para ser vencida por un tumorcillo. Va a ser intervenida en un hospital público. Y en Madrid. Y en España. No en Los Ángeles. Que nadie se ofenda. Te queremos mucho y somos muchos los que te queremos. Ganar una vez más no es complicado. Ánimo, Esperanza.


La Razón - Opinión

ZP, Chacón y Garzón. Dime qué no hiciste el 23-F. Por Cristina Losada

Cuando un grupo se embarca en la reescritura de la historia, los individuos que lo forman se dedican a reescribir su pasado a fin de volverlo acorde con aquel relato. Así, se vuelven luchadores antifranquistas y corajudos defensores de la democracia.

Los enigmas del 23-F acaban de incrementarse en dos más, tal y como nos informaba aquí José García Domínguez, pero mucho me temo que se ha quedado corto. Esos dos nuevos misterios de la intentona golpista y, en concreto, de la reacción que suscitó el tejerazo, deben multiplicarse por un factor igual al número de personas que corrió delante de los grises, estuvo en un concierto de Raimon y brindó con champán en plazas y calles tras la muerte de Franco. Eso, por citar las principales efemérides que han venido a constituir la memoria político-sentimental de las gentes de la izquierda española: de las que no pueden contar a sus nietos hazañas de mayor enjundia. Si la invención de la Resistencia en Francia tiene, pese a todo, rasgos épicos, la invención del antifranquismo made in Spain se balancea siempre al borde del ridículo.

Tal es también el caso de los recuerdos del 23-F de tres de los personajes entrevistados por El País a ese efecto. ¿Qué hiciste aquel día?, se preguntaba. Y, en lugar de un recuento honesto y modesto, como hacían los restantes consultados, Zapatero, Chacón y Garzón van y se presentan como activos resistentes o sugieren que estaban bajo amenaza. El presidente se cuelga la medalla de organizador de movilizaciones en la Universidad de León, cuando resulta que no se le conocía en los círculos militantes de la izquierda. Garzón, desde el juzgado de un pueblo onubense, se da aires de hombre curtido en la clandestinidad que ha de hacer desaparecer "documentos". Aunque él mismo se delata: no quema los comprometedores papeles, los guarda, mientras vigila el estratégico cuartelillo local con unos prismáticos. En cuanto a Chacón, que tenía nueve añitos, pinta un retrato de su familia que se diría el comité central de la ORT, e igual que el juez, atesora un alijo de "documentos" peligrosos que ¡empaqueta!

Cuando un grupo se embarca en la reescritura de la historia, los individuos que lo forman se dedican a reescribir su pasado a fin de acreditar una biografía acorde con aquel relato. Así, se hacen pasar por luchadores antifranquistas y corajudos defensores de la democracia al objeto de certificar su pertenencia al grupo. Y no les afearán allí sus infantiles fabulaciones. A fin de cuentas, que sientan la necesidad de fabricarse "un pasado" contribuye a consolidar la impostura. La política de la "memoria histórica" es, entre otras cosas, un ejercicio de coacción. Habrá conseguido su empeño cuando todos reconstruyan su memoria personal –su identidad– para encajarla en la narración ganadora. Por ahí vamos.


Libertad Digital - Opinión

La crisis Libia. Por Florentino Portero

El problema no sólo reside en cómo echar a Gadafi. Lo más difícil llegará después, cuando se intente levantar un nuevo estado.

Si los problemas de fondo que están detrás de la crisis generalizada en el norte de África son comunes, la forma de reconducir los acontecimientos varía y variará sensiblemente de unos estados a otros. No es lo mismo una monarquía enraizada en la sociedad, una institución legítima y querida, que una dictadura impuesta por la fuerza y que no ha satisfecho las expectativas creadas. No es lo mismo un régimen que ha tratado de establecer un estado de derecho que otro que sólo ha buscado garantizar una situación de poder.

En Túnez y Egipto vimos cómo el Ejército, una institución profesional con un claro sentido de servicio a la comunidad, se negó a hacer uso de la fuerza contra sus conciudadanos, cuando éstos denunciaban la corrupción y exigían una mayor representatividad. Esos ejércitos han sido la clave para entender por qué unos gobernantes han caído, cómo el orden público se ha mantenido a pesar de las complejas circunstancias y cómo se está definiendo un modelo de transición hacia algo que desconocemos.


Libia es el estado norteafricano donde el estado de derecho ha recorrido menos camino, por culpa del golpe de Estado que puso fin al reinado de Idris y dio comienzo a la experiencia enloquecida dirigida por Gadafi. Un «totum revolutum» que incluye islamismo, nacionalismo, socialismo, tercermundismo y, en especial, una sobredosis de esencia de ego. Un régimen profundamente antidemocrático responsable tanto de acciones terroristas como de desvelar la red islamista dirigida desde Pakistán para facilitar el acceso al armamento nuclear de buen número de países musulmanes.

El problema no sólo reside en cómo echar a Gadafi. Lo más difícil llegará después, cuando se intente levantar un nuevo estado. Los demócratas, de existir, lo tendrán difícil.


ABC - Opinión

Barcelona. Hereu, el último emperador. Por José García Domínguez

En su día, encarnó Hereu la única respuesta a la incógnita recurrente que atormentaba a Montilla todas las mañana ante el espejo: "Espejito, espejito, ¿acaso existiría algún candidato a la Alcaldía tan gris y romo que no me hiciese sombra?".

Igual que Flavio Rómulo Augústulo fue el último emperador romano de Occidente, Jordi Hereu, un tipo con pinta de dependiente de ultramarinos al que siempre entran ganas de encargarle medio kilo de alubias, habrá de ser el llamado a cerrar el eterno ciclo socialista en Barcelona. Treinta y dos años de dominio ininterrumpido cuyo origen primero se remonta al tardofranquismo, cuando el alcalde José María Porcioles, la mano derecha del dictador en Cataluña, proyectó a un jovencísimo Pasqual Maragall hasta la cúspide de su sanedrín de asesores áulicos.

Y un apocalipsis, el inminente, ante el que tampoco Montserrat Tura, la rival de Hereu en las primarias, parecía aspirar a mucho más que salvar los muebles de la Diputación Provincial, el Álamo del PSC tras el aparatoso derrumbe del tripartito. En su día, encarnó Hereu la única respuesta posible a la incógnita recurrente que atormentaba al Muy Honorable Montilla todas las mañana ante el espejo: "Espejito, espejito, ¿acaso existiría algún candidato a la Alcaldía tan gris, romo y anodino que ni siquiera yo debiera temer que me hiciese sombra?". Lo que llegaría a continuación es historia sabida. Singular híbrido entre el Paco Martínez Soria de La ciudad no es para mí y la utopía ruralista de Pol Pot en la Camboya de los Jemer Rojos, la furia iconoclasta contra todo lo urbano ha marcado el paso arrasador de ese Hereu por Barcelona.

El odio apenas velado a la metrópoli y su preceptivo corolario sentimental, la nostalgia por la aldea, hallaría fiel traducción en esa obsesión tan suya por despojar de rasgos urbanos a la urbe. Y es que la aspiración suprema de Hereu ha sido que Barcelona dejase de parecer una ciudad. De ahí, innúmeras, esas inhóspitas explanadas desoladas, eriales deprimentes que con eufemismo piadoso han dado en llamar plazas duras. Al tiempo, y presto como estaba a destruirla, no se le ocurrió nada mejor que recuperar para la Avenida Diagonal, nuestra arteria principal, la parsimonia solariega de aquellas campiñas pobladas de árboles, plantas y hierbajos que transitaban los renqueantes carros de mulas que retratan las estampas costumbristas del siglo XVIII. Solemne majadería que, sometida a referéndum, ha supuesto el final de toda esperanza para los socialistas en la capital. Así sea.


Libertad Digital - Opinión

A pecho descubierto. Por Ignacio Camacho

Contra el cáncer resulta esencial la voluntad, pero si hay una cualidad que nadie discute a Aguirre es el coraje.

EL cáncer es una lotería siniestra que toca sin comprar boleto, pero por fortuna el de mama está entre los de mejor cura si llega con un diagnóstico temprano. La metáfora recurrente del tratamiento es la de la lucha porque se trata de un combate cuerpo a cuerpo —una agonía en el sentido etimológico que le gustaba a Unamuno— en el que la ciencia y la enfermedad disputan célula por célula para quedarse con la vida de un ser humano. En esa porfía resulta esencial la resistencia del enfermo expresada mediante un acto de voluntad que refuerce la acción terapéutica con la determinación de arrancarle el triunfo a la muerte; un ejercicio de energía mental que puede ganar cada día un palmo de supervivencia.

Esperanza Aguirre no es la primera dirigente política obligada a apartarse del primer plano por el ataque tumoral, ni desgraciadamente será la última, pero casi todas han vuelto y sus ejemplos han dado confianza a tantas mujeres estacadas por la maldita revelación de una prueba rutinaria. Si hay una cualidad que nadie le discute a la presidenta de Madrid es la fortaleza, el coraje, el espíritu de pelea. El plus de notoriedad de los personajes públicos representa una ayuda impagable para el inmenso esfuerzo anónimo de la medicina, que encuentra en el liderazgo oportunos referentes didácticos; ahí está el modélico proceso de Pasqual Maragall, capaz de convertirse a sí mismo en el sujeto pedagógico de la rebeldía contra el Alzheimer que está borrando poco a poco el disco duro de su memoria.


Al honorable le diagnosticaron el mal recién retirado de la dirigencia pero otros tuvieron que afrontar en activo contratiempos más o menos inhabilitadores; Duran Lleida, Iñaki Azkuna y María San Gil se sometieron a intervenciones delicadas antes de regresar en tiempo record al estresante escenario de sus pasiones, y Anguita sufrió en plena campaña un infarto que aceleró su jubileo. El aspecto más amargo de esta clase de adversidad es que la política se ha deshumanizado hasta un punto de insolidaridad feroz que no da tregua a desgracias personales.

Pero en ese sentido Aguirre corre poco peligro porque su viña está bien guardada. La hegemonía electoral le garantiza un retorno sin dificultades cuando los médicos levanten el pulgar de sus atenciones, y no sería aventurado que su intensa vis política le lleve a adelantar los plazos. Peleará contra el cáncer a pecho descubierto, con la misma entereza con que sobrevivió al helicóptero de Móstoles y con el mismo denuedo con que se ha enfrentado a adversarios y hasta a compañeros de partido; puede que incluso incremente su popularidad por la manera desdramatizada y natural, sin heroísmos sobreactuados, con que ha abordado una indiscutible mala noticia. Y para ganarle a Tomás Gómez y a su socialismo fracturado no va a necesitar ni levantarse de la cama.


ABC - Opinión

Gadafi desangra Libia

Tras Ben Ali y Hosni Mubarak, le toca a Gadafi. La revuelta que sacude el mundo árabe colocó ayer al dictador libio a un paso de la caída. Su intención, sin embargo, tras 42 años en el poder, no era abandonar el país ante los primeros signos de oposición, sino todo lo contrario. Uno de sus hijos dejó claro que Gadafi resistiría hasta el final y lo demostró de forma trágica. Trípoli se convirtió en una zona de exterminio de la oposición. El dictador utilizó artillería pesada y su aviación bombardeó indiscriminadamente al pueblo. El balance: cientos de muertos en lo que la delegación libia en la ONU definió como un genocidio.

Pese a todo, las señales del desmoronamiento del régimen fueron evidentes: la oposición tomó el control de Bengasi, la segunda ciudad más importante, la dimisión del ministro de Justicia, la renuncia de varios embajadores libios, la fuga de dos coroneles con sus cazas a Malta y la decisión de la mayoría de los imanes de las mezquitas de rechazar el discurso preparado por Gadafi y de llamar a la población a salir a las calles para luchar contra el régimen. El baño de sangre sólo retrasará lo que parece cuestión de tiempo.


Libia no es un Estado más en la región. Hablamos del país con el PIB más alto de África y también el que encabeza el índice de desarrollo humano del continente con una economía basada en el petróleo, que constituye el 95% de sus exportaciones. Es el cuarto productor de crudo de África y suministra la mayor parte de su producción a países de Europa, fundamentalmente Italia, Alemania, España y Francia. Por eso, lo que allí suceda tiene también una dimensión económica internacional. Ese clima bélico e inestable disparó el precio del petróleo a su nivel más alto desde 2008. Y si algo no necesitan en estos momentos las economías europeas, y especialmente la española, es una presión imprevista de las tarifas petroleras. Las consecuencias para las economías domésticas están por verse, pero no es exagerado esperar que repercuta en un aumento general de los costes y, por tanto, en un freno para la recuperación económica.

Al problema del petróleo, hay que sumar el de la inmigración. La Comisión Europea no descartó ayer una avalancha de «sin papeles». En Bruselas circulan cálculos que cifran el éxodo en 750.000 personas sobre las costas europeas. Sean o no exageradas las previsiones, la realidad es que una marea humana se nos viene encima y que la UE corre el riesgo de verse desbordada por los acontecimientos una vez más, como a lo largo y ancho de toda esta explosión árabe.

Pero más allá de las secuelas económicas y migratorias, la caída de un sanguinario personaje como Gadafi siempre es una noticia positiva, porque ha hecho de la excentricidad, del enriquecimiento y de la violación sistemática de los derechos humanos sus señas de identidad, y porque durante demasiados años lideró un régimen terrorista contra Occidente, que causó, como en el atentado de Lockerbie, cientos de víctimas inocentes. Gadafi debería pagar por sus crímenes sin que pudiera alcanzar el exilio dorado de otros. Cuando caiga, el mundo será un poco más seguro y libre.


La Razón - Editorial

Libia, incendiada

La dictadura de Gadafi reprime masiva e indiscriminadamente la revuelta popular.

Libia se ha convertido en menos de una semana en el escenario más sangriento de entre todos aquellos en los que, en África del norte y Oriente Próximo, ha prendido la llama del cambio en el mundo árabe. Los muertos civiles se cuentan por centenares y por millares los heridos a consecuencia de la implacable represión militar contra quienes piden el final de la dictadura en el desierto bañado en petróleo que Gadafi gobernaba como cortijo propio desde hace más de 40 años.

Incluso en un país tan herméticamente sellado a la información como Libia, la masa crítica de la revuelta prodemocrática ha conseguido que la matanza se abra paso al exterior. Que se sepa que Bengasi, Trípoli y otras ciudades son ahora mismo escenarios de guerra y que se producen defecciones gubernamentales y castrenses en un régimen personal tenido por monolítico. El caos se ha instalado en el país norteafricano, crucial proveedor mundial de crudo, sobre el que planea la posibilidad de un enfrentamiento civil dada su desarticulación política, la inexistencia de una oposición organizada y la pérdida de control territorial por el Gobierno dictatorial.


Anticipe la renuncia o la huida de un desesperado Gadafi, o algo más drástico visto el cariz de los acontecimientos, la situación en Libia (emparedada entre Túnez y Egipto, donde la revuelta ha derrocado a sus dictadores) no volverá a ser la misma. Sacudida hasta sus cimientos por la rebelión popular en marcha, la magnitud de la represión, masiva e indiscriminada, desatada por Gadafi -aquel autoproclamado guía de la revolución, patrón del terrorismo planetario y vuelto hace poco al redil internacional- ha abierto un foso irreversible y señala la huida hacia adelante de un régimen cuyos generales, a diferencia de los de Túnez y Egipto, han optado por disparar contra sus compatriotas. Un ensañamiento que la UE se limitaba a condenar ayer con su buenista literatura habitual.

Saif Gadafi, hijo del tirano y sucesor designado, ha asegurado en televisión que el régimen luchará "hasta la última bala" contra los "elementos sediciosos". Es difícil imaginar mayor perversión política. Un dictador en ciernes, ungido por un dictador en ejercicio, ambos sin la menor legitimidad, se permite amenazar con el exterminio a quienes, tras generaciones de opresión, reclaman dignidad y libertad. El ominoso mensaje revela también la debilidad de un poder que, como muestran los acontecimientos, carece de alternativa al terror.

Nunca pudo anticipar Mohamed Bouazizi, el vendedor callejero de frutas tunecino que se prendió fuego el 17 de diciembre, que su gesto final se transformaría en antorcha devoradora. Nadie puede anticipar hoy cómo las fuerzas sociales destapadas hace dos meses moldearán finalmente Libia y una entera región del mundo aplastada por una colusión de caudillos sin escrúpulos y crudos intereses occidentales. Pero el despertar árabe es ya un hecho histórico imparable.


El País - Editorial

Los ERE andaluces como síntoma

Es un síntoma más de un Gobierno regional que hace tiempo devino en régimen hegemónico, incontestable y con ínfulas de impunidad absoluta.

Un Expediente de Regulación de Empleo, más conocido por sus siglas ERE, es un procedimiento que concede la Administración cuando una empresa se ve obligada a realizar muchos despidos de una tacada. Actualmente, la Administración que ostenta la competencia de conceder o denegar un ERE es la autonómica a través de las consejerías de Empleo. Dichas consejerías estudian el ERE solicitado, fiscalizan la lista de personas incluidas y, si cumple con la normativa, el ERE se aprueba y se desbloquean los fondos públicos para costear las indemnizaciones y prejubilaciones pertinentes.

En Andalucía los ERE pasan antes por la consejería de Empleo de la Junta, a cargo hoy del socialista Manuel Recio y, hasta el año pasado, del también socialista Antonio Fernández, natural de Jerez, donde ejerció como asesor legal de UGT y CCOO y concejal de la corporación municipal. Bajo la batuta de estos dos hombres de confianza del presidente Griñán se han producido multitud de irregularidades en la concesión de diversos ERE. En todos los casos los expedientes presuntamente fraudulentos se han tramitado a través de la empresa pública IFA hasta que las atribuciones de ésta fueron transferidas a la Agencia Idea.


Ninguna de las dos pertenece a la Administración General de la Junta por lo que, de primeras, no reunían las garantías de imparcialidad necesarias en un cometido como el que les habían asignado. A pesar de todo, esta empresa ha contado con acceso a un multimillonario fondo, llamado "de reptiles", con el que se habría financiado la trama montada en torno a los ERE. Y no es ni un caso ni dos los registrados, sino un centenar que actualmente se encuentra bajo investigación judicial. La Fiscalía Anticorrupción, entretanto, no ha actuado, lo que da que pensar habida cuenta del color político del Gobierno autónomo andaluz.

El procedimiento en todos los casos es muy similar. Una empresa cercana al poder presenta un ERE con una lista determinada debidamente consensuada con los sindicatos mayoritarios. La consejería de Empleo aprueba el ERE y suelta el dinero. Aquí es donde empiezan a aparecer las irregularidades. Trabajadores despedidos que ya estaban jubilados, otros que se contratan deprisa y corriendo meses antes de presentar el ERE para que puedan beneficiarse de las indemnizaciones, otros que trabajaron en el pasado en la empresa pero que ya no lo hacen... en definitiva, listas fraudulentas y con mucho dinero por detrás que termina en los lugares y en los bolsillos más insospechados.

El olor a podrido del escándalo de los ERE es, a estas alturas, ya difícil de soportar. Aun sin el concurso de la Fiscalía Anticorrupción, la podredumbre va saliendo a flote, y con ella los nombres y filiaciones político-sindicales de sus responsables. Es un síntoma más de un Gobierno regional que hace tiempo devino en régimen hegemónico, incontestable y con ínfulas de impunidad absoluta. La corrupción en Andalucía no parece ser, como en otras comunidades autónomas, un episodio puntual que afecta a una parte muy concreta del tejido político. Se trata de algo estructural e inseparable del régimen que el PSOE ha forjado a lo largo de sus tres décadas largas de poder.


Libertad Digital - Editorial

El trágico final de Gadafi

La situación en Libia confirma la tesis de que después de lo que ha pasado en Túnez y, sobre todo, en Egipto, nada podrá ser igual en el mundo árabe.

LA suerte está echada para Gadafi. Uno de los más longevos dictadores del mundo está a punto de pasar a la historia como un eslabón más de la sacudida telúrica que recorre el mundo árabe. Sus llamamientos e intimidaciones o incluso sus bombardeos no han surtido el menor efecto entre la población alzada y si Libia se hunde en una guerra civil, como ha amenazado su hijo, será por la incapacidad de asumir la realidad por parte de un sátrapa del que nunca se supo bien si estaba en sus cabales. Precisamente porque el caso de Libia representa ya un eslabón cualitativamente más importante por sus dimensiones, su petróleo y sus grandes inversiones en determinados países europeos, sería necesario que la UE haga lo posible por acelerar este desenlace. Una guerra civil podría poner en puertas de Europa un caso de autodestrucción similar al de Somalia. Conjurar los riesgos de una avalancha migratoria o de una reacción encabezada por grupos integristas es muy difícil en estos momentos, y por ello lo que más le interesa a la UE es identificar a los partidarios de la democracia y apoyarlos con todas sus fuerzas. Para un diálogo reconciliador es demasiado tarde.

La situación en Libia confirma la tesis de que después de lo que ha pasado en Túnez y, sobre todo, en Egipto nada podrá ser igual en el mundo árabe y musulmán. Cualquier gobernante de la región que piense que este es un temporal pasajero y pretenda que basta con esperar a que escampe puede encontrarse con una sorpresa desagradable en cualquier momento. Ni países ricos como Bahréin ni los sometidos al aislamiento más férreo, como Libia, están al margen de este vigoroso despertar de descontento que ha encontrado en las nuevas tecnologías cauces para organizarse y para saltar fronteras. Todos los que desde Occidente aplaudieron en su día a Gadafi o aceptaron sus excentricidades pueden comprobar a dónde ha conducido tanta complacencia. Del mismo modo, los que ahora se empeñen en preservar a gobernantes amigos aunque estos no se comprometan con verdaderas reformas democráticas podrían condenarlos a desaparecer. Decir que lo que sucede en Marruecos «forma parte del juego democrático» cuando ha habido cinco muertos en los disturbios no es hacerle un favor a la monarquía alauí, sino todo lo contrario.

ABC - Editorial

lunes, 21 de febrero de 2011

Magreb. Vuelta a la política. Por Agapito Maestre

En el mundo musulmán como en el occidental, cuando la gente se acostumbra a las libertades no sólo no renuncia a ellas sino que pide más.

Europa está vieja y decrepita. No se entera de lo que está pasando en los países islámicos, o peor, no quiere enterarse, porque sus elites políticas están atrapadas en las trampas que les impusieron los sátrapas políticos del mundo árabe. Tampoco sus intelectuales pueden vanagloriarse de que hubieran previsto una revolución política de viejo cuño liberal. Salvo raras excepciones, pocos científicos sociales habían analizado las posibilidades de unas movilizaciones a favor de la libertad. La gente ha salido a la calle para protestar. Está harta de dictadores y tiranos. La gente quiere libertad. La gente ya no aguanta tanto integrismo religioso y teocracias políticas. La gente no soporta a un fulano treinta años en el poder. ¡Que aprendan los comunistas de Fidel Castro! Esto no tiene que ver nada con una revolución social. Sólo se piden elecciones y libertad, participación ciudadana y partidos políticos libres, transparencia en las instituciones y fin de la corrupción. Y, sobre todo, una mejor gestión de lo público.

Aunque los occidentales sigamos obsesionados con el poderío de las leyes coránicas como leyes civiles, los cambios parecían evidentes para quienes habían vivido en diferentes países árabes. Había clases medias y ganas de libertad en todos los sectores de la población. El problema principal no era el de la pobreza. No parece que la gente se haya rebelado por el hambre ni por las desigualdades extremas. El asunto fundamental es la rebelión de los individuos por sus libertades. Por su libertad. Esto no es algo que surja de nuevo, según se empeñan en decir algunos periodistas, porque haya aparecido un nuevo sujeto político: las redes sociales en internet. Falso.


En todo caso, se ha hecho un uso político de un instrumento: las redes sociales, como en otros tiempos se hizo uso de la prensa. Los sujetos políticos de las revueltas contra los regímenes tiránicos en los países islámicos son previos a las redes sociales de internet. No confundamos causas con efectos. Sin seres humanos de carne y hueso dispuestos a vivir en libertad no hubiera existido ninguna rebelión. Había, pues, energía suficiente en las diferentes clases sociales de esos países para pensar no en la aparición de un nuevo sujeto político, sino en la activación y desarrollo de un conjunto de movimientos, ideas y personas que venían operando en esos países hace ya mucho tiempo. Por ejemplo, en Egipto, hace más de una década que había un intenso movimiento a favor de la libertad de pensamiento y contra el islam integrista encargado de la censura de libros y revistas considerados como nocivos para la fe.

Y, por supuesto, ha habido y hay un amplio debate entre quienes interpretaban literalmente el Corán y los dichos de Mahoma y quienes pedían una hermenéutica más acorde con los tiempos. Aquí las diferencias entre los diferentes Estados islámicos son significativas. El primer ejemplo lo brinda Túnez. Quizá el país más avanzado a la hora de interpretar la sharia en materia de derecho de familia y, seguramente, por eso ha sido el primero en caer. Sí, sí, en el mundo musulmán como en el occidental, cuando la gente se acostumbra a las libertades no sólo no renuncia a ellas sino que pide más; Túnez, en efecto, es un país que garantizaba la paridad entre los sexos en el matrimonio y en los derechos sobre la prole, superando así los privilegios reservados al hombre; también la poligamia en Túnez es considerada como un delito, y el repudio, en fin, del hombre a la mujer fue abolido. Quizá por eso, insisto, Túnez ha sido el primero en caer, entre otras razones, porque las mujeres podían gritar en la calle como los hombres. ¡Con ese modelo de cambio tunecino me conformo!


Libertad Digital - Opinión

Los mismo perros con... Por José María Carrascal

Han vuelto a engañarnos, han sido más listos que nosotros, cuando creíamos tenerlos contra la pared.

SOBRE el futuro de «Sortu», la última «marca blanca» de la izquierda abertzale para poder presentarse a las próximas elecciones, circulan todo tipo de hipótesis. Les resumo las más importantes:

—Será legalizada, al no tener nada que ver con las anteriores versiones (tesis del nacionalismo vasco de todos los colores e incluso de algunos socialistas).

—No será legalizada al verse a la legua que es otra sucesora de Batasuna (tesis de la mayoría de los españoles incluidos los constitucionalistas conservadores).

—Será, desgraciadamente, legalizada porque sus promotores han tenido buen cuidado de ajustarse a los requerimientos exigidos por la ley (tesis de los constitucionalistas de izquierdas).

—Incluso si es ilegalizada, sus miembros aparecerán en las listas de otros partidos legales, como EA o una escisión de IU, bajo las siglas EHE (tesis que empieza a circular en los medios de comunicación próximos a la izquierda abertzale).


Como verán, opiniones no faltan, predominando entre ellas la de que «Sortu» se saldrá con la suya, e incluso que puede ganar en Guipúzcoa, donde esperan contar con los votos nulos en las últimas elecciones.

Imagino que algún lector se estará diciendo: ¿Y para eso sirven los informes contrarios de la Guardia Civil, de la Policía Nacional, de la Fiscalía, a más de las rotundas declaraciones del gobierno y del principal partido de la oposición? ¿Para que volvamos a tener en los ayuntamientos vascos y navarros otra versión pasada por la tintorería de Batasuna? ¡Pues sí que hemos hecho bien las cosas! Supondría que han vuelto a engañarnos, que han sido más listos que nosotros, cuando creíamos tenerlos contra la pared.

Habrá que esperar a la sentencia de los tribunales, confiando en que no se detengan en la letra de la ley y vayan a su espíritu para descubrir la falacia que esconden los estatutos del nuevo partido abertzale: quien «rechaza», pero no condena la violencia de Eta, y quien se opone a sus delitos futuros, pero no a los pasados, está cometiendo un fraude de ley, es decir la está conculcando, al usarla para circunvalar los principios en que se basa. Y si se refugia en un partido ya legalizado, no se legaliza él, sino que ilegaliza al que le acoge, al transmitirle su ilegalidad fundamental. Ya sé que me estoy metiendo en terrenos muy distintos a mis saberes, pero tras haber visto a los expertos emitir opiniones tan contradictorias sobre el caso, me atrevo a emitir las mías, basadas en el sentido común y en el temor a que las argucias jurídicas y las emboscadas políticas nos impidan ver que estamos, una vez más, ante los mismos perros con distintos collares.


ABC - Opinión

Marruecos. El interés de España. Por Emilio Campmany

Es hora de que Zapatero y Trinidad Jiménez sean el presidente y la ministra de Asuntos Exteriores de los españoles y no los correveidiles de inversores de ventaja que aprovechan su amistad con el dictador.

La bola incandescente de estopa y pez que se está paseando por todo el Gran Oriente Medio ha llegado finalmente a Marruecos. Las manifestaciones de Rabat, Casablanca, Marraquech, Fez y Tánger parece que han discurrido pacíficamente y la Policía ha adoptado una actitud permisiva y ha evitado enfrentarse a los manifestantes. Sólo en Tánger hubo disturbios el viernes debido a que entonces la revuelta estuvo controlada por el movimiento antisistema ATTAC, de origen francés.

El que las llamas hayan prendido en Marruecos no ha podido coger por sorpresa a Mohamed VI. Cuando se supo lo que estaba ocurriendo en Túnez, el monarca alauita se fue al castillo que su padre compró en Francia y, acompañado de la gente que dirige la seguridad de su país, se reunió con agentes de los servicios secretos franceses para ver cómo hacer frente a la epidemia si ésta llegaba a prender en Marruecos.

Argelia y Libia son abiertas dictaduras que no esconden su perversidad a nadie y han respondido al desafío como cabía esperar, a tiros. Marruecos, como Egipto, disfruta de una democracia aparente y no puede reaccionar de este modo. En el país de los faraones, el ejército ha aprovechado su prestigio para acallar las protestas entregando la cabeza de Mubarak y haciendo vagas promesas de apertura del régimen y esperar a ver si eso es suficiente para contentar de momento a las masas.


Mohamed VI parece seguir la misma táctica. Dejar que los manifestantes se manifiesten y, si llegaran a ser muy numerosos e insistieran con vehemencia durante semanas en exigir reformas, podría acallar las protestas obligando a dimitir al Gobierno y prometiendo reformas que no limitaran en la práctica su poder. Para desarrollar esta estrategia, puede contar con Francia, cuyos intereses geoestratégicos y económicos están ligados a los del rey.

Y nosotros ¿qué? Algunos de nuestros empresarios, y algunos de nuestros políticos, además de algunos testaferros que obran en nombre de gente importante, tienen cuantiosos intereses económicos dependientes de que el rey siga siendo tan poderoso como hasta ahora. Pero, desde el punto de vista estratégico, no cabe duda de que a nosotros lo que nos interesa es una liberalización real del régimen. Cuánto más democrático sea Marruecos, menos amenazadas estarán Ceuta, Melilla y las Canarias y más fácil será alcanzar una solución razonable al problema del Sahara Occidental. Encima, la inversión en el país vecino ya no estaría limitada a unos pocos con buenas relaciones en las alturas, sino que se abriría a todos los empresarios con buenas propuestas que presentar.

Es hora de que Zapatero y Trinidad Jiménez sean el presidente y la ministra de Asuntos Exteriores de los españoles y no los correveidiles de inversores de ventaja que aprovechan su amistad con el dictador. No sólo, sino que debieran trabajar para convencer a los estadounidenses de las ventajas que un Marruecos más democrático tendría para ellos y socavar la hipócrita política francesa en el país. Nos hemos bajado los pantalones con Argelia porque dependemos de su gas. No hay interés que justifique el que lo hayamos hecho con Irán después de que su policía detuviera en Teherán a nuestro cónsul, pero tampoco se nos ha perdido gran cosa por allí. Ahora, en Marruecos, lo decente y lo que interesa a España es apoyar la democracia, le cueste lo que le cueste a unos pocos españoles con intereses económicos allí por muy elevada que sea su condición y por pingües que sean los beneficios que por ahora perciben.


Libertad Digital - Opinión

Irán en Suez. Por Gabriel Albiac

Como si democracia islámica fuera menos oxímoron que círculo cuadrado.

IRÁN tiene un pie en el Mediterráneo. Ahora. Es la única novedad tras la caída de Mubarak. Desde 1979, cuando los ayatollahs tomaron el poder y mutaron el humano despotismo del Shah por el divino de la teocracia, el paso de Suez estaba vetado a los navíos militares iraníes. Ha dejado de estarlo. Primer gesto internacional del gobierno de Omar Suleimán: dos barcos de guerra de Ahmadineyad han sido autorizados a cruzar Suez, camino de Siria por la ruta naval más corta. Como era de esperar, los egipcios aseguran que los barcos no son portadores «de armas químicas ni nucleares». Uno de ellos transporta, eso sí, misiles y torpedos. El otro carga 33 toneladas de armas para Hizbulà, que, en el sur del Líbano, hace mucho que dejó de ser una convencional guerrilla, para trocarse en disciplinada unidad de choque del ejército iraní en la frontera con Israel.

Entre tanto, aquí, en Europa, afinamos los matices acerca de la imaginaria democracia que deseamos ver avanzar en el mundo islámico. Como si democracia islámica fuera menos oxímoron que círculo cuadrado. Así andaban los teólogos bizantinos, cuando ya los bárbaros estaban a las puertas de Constantinopla: meditando sutilmente acerca del peso de la pluma desprendida del ala de un ángel. Constantinopla cayó. Y ellos ni se enteraron. Hasta que estuvieron muertos y su biblioteca destruida. Aquí pasará lo mismo. Aunque sin aquel esplendor de grandiosa teología. Nos iremos extinguiendo en el silencio de los resignados. Sin épica. Sin dolor siquiera. Nuestra anestesia es profunda.


Porque, a decir verdad, no se requieren grandes teologías para sumar los datos y sacar conclusiones. Ni se exige una excelsa lucidez para sentir el escalofrío de la amenaza en curso.

Sumar los datos. Sumemos. Irán posee tecnología nuclear. En buena parte, aportada por los mismos técnicos que pusieron en pie —con la loca aquiescencia internacional— la potencia de un Pakistán nuclear, siempre a un paso de la guerra abierta con la nuclear India. Es más que verosímil que la bomba atómica iraní exista ya o esté a punto de ser montada. Irán posee misiles con radio de alcance suficiente para bombardear Israel; lo cual quiere decir, para bombardear el sur de Europa. Posee una unidad de élite que controla, ante la pasividad de las fuerzas internacionales, todo el sur de un Líbano cuya hegemonía se ha repartido amigablemente con la dictadura siria de Al Assad. Posee, a partir de ayer, paso libre por el Canal de Suez. Lo que es lo mismo: plataforma para sus misiles en el Mediterráneo.

Puede que a Europa le dé igual. Europa hace ya mucho que, como la Sybila de Cumas, a cuya trágica imagen da voz el Satiricónde Petronio, sólo desea morir. Y qué más le da que sea sin combate ni gloria. Israel, no. Israel tiene el mal gusto —que tanto nos embaraza a los europeos— de negarse a ser pasivamente degollado. De demasiados degüellos está hecha la historia del pueblo judío, como para que ningún europeo venga a predicar la resignación a quienes en Israel han puesto su última esperanza de supervivencia. Ese Israel es lo último que queda de Europa. De aquello que fue la Europa que ya no es: certeza moral de que sólo en la lucha por la libertad somos hombres libres.


ABC - Opinión

Chacón y Garzón. Dos enigmas del 23-F. Por José García Domínguez

Así, según se infiere de su testimonio en El País, Chacón acarreaba una dilatada militancia antifascista en 1981. Prodigio notable si se repara en que tenía nueve años y aún no había hecho la comunión.

Carme Chacón, mujer de memoria deslumbrante, relató en su día a La Vanguardia cómo celebró la muerte de Franco a lo grande. "Recuerdo con claridad el cava en casa", declararía doña Carme, acaso Carmencita por entonces, pues, nacida en 1971, acababa de cumplir cuatro años el día de autos. Y "conservo nítidos algunos recuerdos", ha vuelto a referir ahora a propósito de lo de Tejero. Así, según se infiere de su testimonio en El País, Chacón acarreaba una dilatada militancia antifascista en 1981. Prodigio notable si se repara en que tenía nueve años y aún no había hecho la comunión. Sea como fuere, al saber de la asonada se apresuró a "empaquetar libros y documentos que intuí comprometedores". Y es que en el piso de los Chacón, modesto matrimonio de inmigrantes en la villa de Espulgues de Llobregat, se almacenaban, al parecer, multitud de "documentos". De ahí que la futura Carme diera en hacer un gran paquete con todos ellos, quizá adornado con un lacito rojo y un cartel que advirtiese a los malos: "No abrir, contiene informes secretos". ¿Su destino? Un enigma.

Por su parte, a diez días escasos de la toma de posesión, un Garzón de veinticinco años "apenas había comenzado a examinar los miles de casos" acumulados en su primer juzgado. Sépase al respecto que en Valverde del Camino, noble poblado de la provincia de Huelva, había "miles de casos" esperando ser resueltos por nuestro héroe. "Guardé algunos papeles, principalmente aquellos que no tenían que ver con el juzgado", asegura fue su precaución primera tras ser informado de lo acontecido en Madrid. ¿También "papeles" confidenciales? ¿Tal vez planes de urgencia para orquestar una ofensiva progresista? ¿Los impresos de la quiniela? A saber. Acto seguido, "lo que hice fue agarrar unos prismáticos" a fin de detectar movimientos insurgentes en el cuartelillo de la Benemérita sito frente a su casa, ha revelado al periódico de Javier Cercas.

"Tengo que reconocer que no fueron anormales, ni sospechosos", tranquiliza ahí a sus lectores. Se ve que no hubo desplazamientos de tanques ni tráfico de helicópteros y baterías antiaéreas en el puesto de la Guardia Civil de Valverde del Camino a lo largo de aquella aciaga noche. Las fuerzas locales, con el cabo del puesto a la cabeza, estaban con el orden constitucional. No obstante, los lugareños, inquietos, decidieron huir en masa de sus hogares y buscar asilo en el apartamento de Garzón. "Los vecinos iban llegando para quedarse en nuestro piso al creer que con un juez de instrucción estarían más seguros". Mas cuántos fueron los refugiados. ¿Cien? ¿Quinientos? ¿Mil? ¿Todos los paisanos de la comarca salvo el cabo y los guardias que vigilaba Garzón con los prismáticos? Misterio. Otro. ¿Para cuándo toda la verdad? Queremos saber.


Libertad Digital - Opinión

El innombrable. Por Ignacio Camacho

El PSOE se siente culpable de su liderazgo, que sobrelleva con una mezcla de incomodidad y arrepentimiento.

NO lo quieren ni ver porque huele a derrota. A catástrofe, que dice Barreda. Le huyen los candidatos de primer nivel y apenas tiene peticiones para intervenir en la campaña electoral; los militantes quieren como refuerzo de los mítines a Rubalcaba… y a Felipe González. La mayoría huye de Zapatero como gatos del agua en un intento algo infantil de alejarse de su halo perdedor, de borrar su rastro para ver si el electorado es capaz de abstraerse de sus propias decepciones. En este momento, el PSOE se siente culpable de su liderazgo, que sobrelleva con una mezcla de incomodidad, vergüenza y arrepentimiento. A falta de mejor receta para retirarlo de la circulación, sin coraje o sin fuerzas para forzar el anuncio de la retirada que desearían para aliviar sus menguantes expectativas, los dirigentes que se la juegan en las elecciones locales y autonómicas han optado por la elipsis, por el simulacro de la ausencia. Se conforman como mal menor con no tenerlo cerca.

Federaciones importantes como Valencia, Madrid o Extremadura se las han apañado para apartarlo de sus proclamaciones preelectorales. Este fin de semana, la voz dominante del partido ha sido un Rubalcaba que actúa al mismo tiempo como cónsul, como copresidente y tal vez como precandidato de sí mismo. Desde Extremadura, feudo en peligro, se apoderó del discurso socialista relegando al líder -que comparecía en Oviedo-a un papel claramente secundario. Rubalcaba no tiene cargo orgánico relevante pero se ha convertido en el único miembro del Gobierno que no sale vapuleado en las encuestas y puede mantener algo de confianza en el clima depresivo de una socialdemocracia acongojada por la perspectiva de un descomunal batacazo. Si fuese por ellos, los militantes lo elegirían sucesor en el acto y lo proclamarían hermano mayor de la Cofradía del Clavo Ardiendo y la Última Esperanza.

El presidente se ha convertido para muchos de los suyos en un innombrable. Los candidatos eluden cualquier mención a su persona en los discursos, como si el Gobierno de la nación estuviese presidido por un fantasma. Le zurran al PP, como corresponde, o se centran en su propio programa territorial. Ayer, en Mérida, fue ninguneado de forma concluyente; Fernández Vara esquivó toda referencia al presidente, y el propio Rubalcaba sólo lo citó una vez y de pasada. Lo han sacado de la circulación en un forzado ejercicio de ilusionismo voluntarista, como el «Pravda» retiraba a los jerarcas que caían en desgracia del régimen. Pero se trata, y lo saben, de una ficción insostenible, de un artificio convencional que sólo sobrevive en el plano de la retórica. Un truco, un ejercicio de abstracción escenográfica, la falsa apariencia de un vacío nominal remotamente destinado a que los ciudadanos puedan siquiera por un momento llegar a creer que no está ni se le espera.


ABC - Opinión