jueves, 13 de mayo de 2010

La intrahistoria de UPyD. Por Gerardo Hernández Les

Rosa Díez no para nunca de hablar, pero en los últimos días lo ha hecho de forma especialmente convulsa en un Chat del Diario "La Razón" el pasado 25 de abril.

Acusar de batasunos (o sea, de filoterroristas) a quienes presentaron una candidatura crítica en el pasado Congreso de noviembre es utilizar palabras mayores; pero tampoco se para en barras con los que le presentamos una demanda judicial, a los que nada menos nos pretende echar en cara la intención de un chantaje, que por delirante y falso se convierte en una calumnia de digestión intolerable. Esta provocación es propia de quien instalada en cierta esfera de poder piensa que le es permitido decir lo que le venga en gana y que da igual lo que digan sus destinatarios.

Creo que ya es el momento de preguntarse por qué un partido tan joven vive en tan poco tiempo (poco más de dos años de existencia) una historia tan desgarradora. Al margen de las víctimas directas, fruto de la voluntad represora, hay que sumar un número importante de afiliados que han ido abandonando silenciosamente el partido –probablemente más del 50%- sin que conozcamos exactamente su cifra, porque los datos reales sobre afiliación es un secreto nunca revelado. Lo que si podemos afirmar, con poco margen de error, es que de los primeros cien militantes que estuvieron presentes en la fundación del partido, y que iniciaron su andadura como miembros del Consejo Político, están fuera del partido más del 70%.


También es inevitable preguntarse cómo el núcleo dirigente del partido –siguiendo a su líder- se empeña en una orgía represiva desproporcionada contra unos discrepantes que en ningún momento discutieron su liderazgo, haciendo gala de una agresividad y unas malas artes que los descalifican para abanderar cualquier proyecto de una supuesta regeneración democrática en España.

Si la historia de UPyD tuviéramos que encajarla en algún género determinado, tendríamos varias opciones, pero seguramente ninguno sería más adecuado que el del absurdo. No se puede calificar de otra manera una situación que partía con unas condiciones inmejorables: una demanda social latente de exigencia de alternativas a la situación política que vive el país, unos militantes ilusionados y entregados a un proyecto de regeneración democrática plasmado en un Manifiesto Fundacional apoyado sin fisuras, y unos procesos electorales en los que los votantes no han dejado de avalar progresivamente la viabilidad del proyecto. Al final, una líder que aparentando reunir las condiciones imprescindibles para hacer triunfar el proyecto, lo ha hecho embarrancar víctima de sus propios demonios personales.

Algunos de los que nos tocó estar desde el principio en los órganos de dirección del partido –fruto de la decisión personal de Rosa Díez, emanada del poder que le otorgó el pacto fundacional- empezamos a ver muy pronto la deriva que iba tomando nuestra formación. Explicar por qué ha pasado todo esto no es fácil de hacer.

Rosa Díez no le interesó ver que la mayoría de la gente que, en un principio, llegó al partido quería, realmente, un partido de nuevo tipo. Que no era sólo crear un instrumento que sirviera durante un tiempo para abanderar la reforma de la ley electoral, la independencia de la justicia, la recuperación de las competencias de educación por parte del gobierno central, o la racionalización del modelo territorial; sino que la consecución de esos fines era incompatible con el modelo de partido tradicional que había hecho posible convertir nuestro sistema democrático en una partitocracia que se ha ido haciendo irrespirable con el paso del tiempo. La Regeneración Democrática –verdadero mascarón de proa de la nueva formación- tendría que empezar por los propios partidos, y el nuestro reunía (o eso creíamos) todos los ingredientes para empezar a dar ejemplo.

Desde el primer momento el personalismo y la centralización de las decisiones se impusieron sin dejar lugar a dudas. Cuanto mayor era el encantamiento que producían las ideas y los discursos del nuevo partido más crecía la vocación aparatista de sus principales dirigentes. Los días de “vino y rosas” duraron seis meses, justamente hasta que se celebraron las elecciones generales de 2008. Esa fecha fue la constatación de que el proyecto era viable.

Con el alborozo de las expectativas que se abrían ante nosotros empezaron los problemas. O para ser más exactos, el líder máximo –en este caso lideresa- víctima de una educación política autoritaria y burocrática en la que había formado su espíritu durante más de 30 años, decide crear un problema donde precisamente estaba la solución. No le bastaba estar rodeada de personas que le éramos absolutamente fieles –y que realmente lo éramos- sino que, además, pretendía que tuviéramos que estar siempre de acuerdo con ella, fueran sus propuestas las que fueran, lo mismo en el ámbito de la estrategia que en el de los nombramientos de cargos orgánicos.

Con este criterio, en vez de convocar un Congreso en los meses inmediatamente posteriores a las elecciones (y no esperar un interminable año y medio, como finalmente se hizo), aprovechando el entusiasmo post electoral, para democratizar cuanto antes las estructuras del partido, prefirió reforzar los aparatos de poder, para no dejar resquicio a la más mínima discrepancia, por la vía de su voluntad carismática. Y lo que consiguió fue dar paso al comienzo de una serie de luchas intestinas en la mayor parte de las estructuras territoriales, que desembocaron en el Congreso en un partido desangrado y seriamente dividido.

Al negarse a democratizar el partido una vez transcurrido el período álgido de su fundación (coincidente con las elecciones generales de 2008) convirtió nuestra formación en una especie de patio de monipodio, que ha obligado a nuestros militantes a vivir en un clima de tensión a veces insoportable, que ha sido la causa del abandono del partido de muchos de ellos. La inexistencia de estructuras democráticas crea un ambiente en donde la discusión y el trabajo por la consecución de objetivos políticos se sustituye por enfrentamientos interminables por cuestiones de poder; de un poder –en el caso de UPyD- materialmente inexistente, pero la ilusión de dar satisfacción a una ambición que se vislumbra en un futuro inmediato no necesita de más ingredientes.

Desde su fundación, UPyD se estaba rigiendo por una norma explícita –los Estatutos aprobados por el Consejo Político- que ha sido vulnerada cuantas veces le ha interesado a la Dirección del partido. Así fue posible incoar –de forma ignominiosa- los 14 expedientes contra militantes que ocupaban todos ellos cargos de responsabilidad en la estructura orgánica del partido, y todo ello por querer abrir en el partido el ineludible debate sobre las listas abiertas y querer proponer una candidatura alternativa. Y así también fue posible redactar y aprobar un Reglamento para el Congreso, que auguraba el desarrollo antidemocrático del mismo (fue la primera ocasión que Rosa Díez endosó a los críticos el adjetivo batasunos), por mucho que otorgara plebiscitariamente un apoyo mayoritario a la líder del partido, que le ha permitido alardear de su triunfo de puertas afuera, pero no le ha servido para ocultar que ha jugado con las cartas marcadas, y que el encantamiento del espíritu fundacional del partido lo ha roto para siempre.

En estas condiciones, la Dirección del partido ha creado el terreno abonado para que quienes entran en el partido pensando en futuras operaciones de poder utilicen todos los medios para hacerlas realidad. Las legítimas aspiraciones de ocupación de cargos públicos dejan de serlo cuando los criterios básicos de capacidad y mérito son sustituidos por el compadreo, la conspiración permanente, la maledicencia gratuita y, sobre todo, el servilismo sin escrúpulos hacia los pocos que de verdad ostentan poder en el partido. Esta –y la sumisión ciega y acrítica a lo que salga de la boca y del dedo de Rosa- es la verdad de UPyD.

Gerardo Hernández Les
Ex miembro del Consejo de Dirección y del Consejo Político de UPyD
Cabeza de lista al Congreso por Málaga en las elecciones generales de 2008




La Razón - Comentario

miércoles, 12 de mayo de 2010

Nos van a freír a impuestos. Por Manuel Llamas

La única forma sana de realizar el ajuste consiste en recortar la brecha por el lado del gasto público. Sin embargo, incluso esto sería insuficiente si no se llevan a cabo las profundas reformas estructurales que precisa la economía española

Bruselas ya está aquí y, en esta ocasión, viene acompañada del Fondo Monetario Internacional (FMI). Su plan de rescate, dotado con 750.000 millones de euros, es tan sólo un balón de oxígeno ideado para ganar algo de tiempo. Su objetivo consiste en ofrecer una cuantiosa línea de liquidez a los gobiernos irresponsables ante la negativa de los inversores a seguir financiando a tipos de interés bajos sus despilfarros públicos. Sin embargo, el problema de fondo no es de liquidez sino de solvencia.

No obstante, pese a lo 110.000 millones de euros inyectados a Atenas, es muy probable que Grecia acabe suspendiendo pagos, negociando con sus acreedores una reestructuración y quita de deuda. Y es que, pese a las subidas fiscales y los recortes presupuestarios anunciados, la deuda pública de Grecia ascenderá al 150% del PIB el próximo año. La recesión, su déficit comercial, el aumento de impuestos, su elefantiásico sector público y su escasa competitividad conducirán a Atenas hacia una temible espiral de deuda, un proceso en el que el presupuesto destinado al pago de intereses sigue en aumento, presionando al alza de forma permanente su brecha fiscal.


Y este riesgo de insolvencia se extiende a las economías más débiles de la zona euro, incluida España, en caso de que no se adopten las reformas necesarias. Por el momento, el Banco Central Europeo ya ha puesto encima de la mesa toda su artillería –compra de deuda pública– para mantener a raya los tipos de interés de los bonos. Se trata de una medida, no sólo inédita, sino profundamente inmoral, perjudicial e, incluso, suicida, cuyos efectos ya han sido analizados por Juan Ramón Rallo, por lo que no nos detendremos en este punto.

La cuestión aquí es saber qué hará el Gobierno a partir de ahora para reducir el déficit público, tal y como ha ordenado Bruselas. Zapatero puede elegir entre tres opciones: subir impuestos, recortar gastos o una combinación de ambas. Hasta el momento, el Gobierno socialista se decanta por la tercera opción, ya que en 2009 aprobó la mayor subida fiscal de la democracia (cerca de un 1,5% del PIB) mientras que en 2010 ha aprobado un recorte presupuestario de 5.000 millones de euros.

Así pues, no ha habido tijeretazo, tal y como avanzamos en estas páginas, y lo peor de todo es que mucho me temo que no lo habrá, al menos en la medida en que sería deseable. En primer lugar, Grecia e Irlanda también han apostado por la tercera vía. En segundo lugar, los planes de ajuste fiscal que suele imponer el FMI consisten, igualmente, en combinar aumentos fiscales y recortes públicos. Pero lo más importante es que Zapatero cree firmemente en las bondades del gasto estatal, por lo que será extremadamente reacio a eliminar subsidios y partidas, sobre todo, si se tiene en cuenta que este tipo de medidas son impopulares –restan votos–, y el único objetivo de nuestro querido presidente es ganar las siguientes elecciones.

Entonces, ¿qué queda? Simplemente, expoliar a los españolitos de a pie. Preparen pues sus carteras porque si el Gobierno ya aprobó una subida fiscal sobre el ahorro, el IRPF (eliminación de la deducción de 400 euros), la vivienda (eliminación de la deducción hipotecaria), los impuestos especiales (tabaco, gasolina...) y el consumo (IVA), el siguiente paquete de medidas va a dejar temblando al sufrido contribuyente.

¿Aumento directo del IRPF, rentas del trabajo, más impuestos especiales, nuevas figuras tributarias, reimplantación del Impuesto sobre el Patrimonio y límites a las rebajas autonómicas sobre Sucesiones y Donaciones, Sociedades, tasas a la banca y a los depósitos, impuestos verdes, Sicavs...? El abanico es muy amplio y los incentivos para que los socialistas nos frían a impuestos muy elevadas para no ser tenidas en cuenta.

De hecho, los inspectores de Hacienda ya han lanzado algunas ideas al respecto: eliminar de un plumazo los "regímenes privilegiados" de tributación, los beneficios fiscales, así como reformar los módulos de los autónomos para perseguir la evasión fiscal. A diferencia de Grecia, en España hay dinero suficiente para que el Gobierno se dedique a fondo a vaciar el bolsillo de empresas y trabajadores, y así pagar el alocado despilfarro en el que ha incurrido arbitraria y conscientemente.

Por el contrario, la única forma sana y saludable de realizar el ajuste consiste en recortar la brecha, única y exclusivamente, por el lado del gasto público. Sin embargo, incluso esto sería insuficiente si no se llevan a cabo las profundas reformas estructurales que precisa la economía española para elevar su competitividad y emprender una senda de crecimiento sólido y estable. Dichas reformas se resumen, prácticamente, en una sola: liberalizar al máximo el mercado o, lo que es lo mismo, reducir el tamaño y peso del Estado de forma drástica, tal y como aconteció en Suecia durante lo años 90. ¿Hará algo semejante Zapatero? Pues entonces guarden bien sus carteras porque viene a por nosotros.


Libertad Digital - Opinión

Racita. Por Alfonso Ussía

Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco, estaba obsesionado con la «raza vasca».

La verdad es que Sabino Arana estaba obsesionado con muchas sandeces, y prueba de ello es el escaso entusiasmo que se advierte en el PNV para sacar a pasear sus presumibles ideas. La lectura de sus pensamientos lleva a cualquier persona a una inevitable conclusión. Era tonto. Su hermano Luis, más joven que él, tenía más conchas. Fue el diseñador de la «ikurriña», porque Sabino no era capaz ni de inventarse una bandera.

La raza vasca lo era todo para Sabino. Y sus seguidores se lo creyeron. Hasta hoy. El anterior «Lehendakari», Ibarreche, encargó un estudio a la Universidad del País Vasco con el único objetivo de establecer definitivamente la supremacía de la raza vasca. Pero el desenlace del estudio ha resultado decepcionante. Ni raza vasca ni nísperos. Se han advertido una serie de peculiaridades curiosas –como en algunos habitantes de Escocia, Malta, Cerdeña y el norte de Italia–, pero nada más. Para colmo de males, se demuestra que entre un vasco español y un vasco francés hay muchas más diferencias que entre un vasco español y un valenciano o un murciano. Es decir, que a lo sumo que puede aspirar el nacionalismo vasco es a la pureza de una racita o razuela, realidad que no justifica el tostón que está dando desde que Sabino Arana viajó a Lourdes en viaje de novios sin que se produjera el deseado milagro de la coyunda.

Estos estudios racistas, a estas alturas de la vida y de la ciencia, no dan de sí. Lo malo es que dan de no. Y el resultado preocupa. Los vascos son tan caucásicos como un parado andaluz o un cultivador de tulipanes de Holanda. Tengo amigos con ocho apellidos vascos que suplantarían a la perfección a Curro Jiménez en Sierra Morena. Y otros, jerezanos, portuenses o sevillanos de siembra y dehesa, que hasta que no rompen a hablar parecen hijos de la Europa vikinga. La raza vasca perdió consistencia y sentido cuando los montañeses empezaron a ganar a los vascos en las regatas de traineras. Un simple apunte de una efeméride deportiva que dio al traste con todas las excelencias físicas que Sabino Arana entrevió entre los suyos.

Tampoco existe una raza castellana, catalana o asturiana. Hay costumbres que distinguen y singularizan a unos y otros y se mantienen a lo largo de los siglos. El que un catalán beba una copa de cava antes de comer y un andaluz un fino o una manzanilla, no quiere decir nada en lo que a raza se refiere. De existir una raza diferente en España sería la berciana. Son los únicos capaces de sobrevivir y multiplicarse comiendo botillo con una incidencia insignificante de perforaciones de estómago. Pero tampoco está demostrado que los bercianos conformen una raza diferente al resto de los leoneses.

El estudio encargado por Ibarreche, de ser respetados sus resultados como es debido, puede resultar engorroso para mantener algunas costumbres vascas. Si no hay raza, ¿para qué celebrar el «Aberri Eguna», que es el día de la patria sustentado en la raza? Demostrada la inexistencia de la raza vasca, celebrar el «Aberri Eguna» es como festejar en la España actual el «Día de la Creación de Empleo». Y si ha quedado resuelto que un vasco español se parece más a un valenciano que a un vasco francés, lo que tienen que hacer los vascongados, desde ya, es renunciar al «Aberri Eguna» y celebrar las Fallas. Que no digan que no aporto soluciones al inesperado y chocante problemón.


La Razón - Opinión

Intervenidos. Por José María Carrascal

NO hizo caso a Fernández Ordóñez, ni a Almunia, ni a González, ni, desde luego, a Rajoy. Pero ha tenido que hacérselo a Merkel, que es la que pone los cuartos para que España no siga el camino de Grecia. A los cuatro días de decir enfáticamente que no habría ajustes drásticos, Zapatero ha tenido que anunciar un recorte de 15.000 millones de euros. Claro que, fiel a su táctica de no dar nunca la cara, dejó el anuncio a la vicepresidenta económica. Pero no quedaba otro remedio. Sin ese anuncio, no había paquete europeo de 750.000 millones de euros para avalar las «economías débiles» de la CE, la española entre ellas.

El problema es de dónde los va a sacar. Porque 15.000 millones no son los 16 millones que querían ahorrar en altos cargos. ¿Seguirá el presidente insistiendo en que «el gasto social no se reducirá»? ¿Va, entonces, a meter el cuchillo en los ya raquíticos presupuestos de defensa, educación, investigación, desarrollo? ¿Va a decirle a José Blanco que suspenda las obras prometidas? ¿Va a cortar el grifo a las Autonomías para que, por ejemplo, Andalucía no pague la inseminación artificial de dos etarras que quieren tener etarritas, aunque sea en la cárcel? ¿Va a acabar con las sinecuras de la clase política? ¿Va, sobre todo, a enfrentarse con los sindicatos, que ya le han advertido de que como toque «lo suyo», la arman?
Hoy lo veremos y escucharemos en el Congreso, cuando diga digo donde dijo Diego, y especifique los recortes. Lleva dos años escaqueándose de la crisis, con notable éxito, ahí tienen las encuestas, todavía por delante de Rajoy en popularidad. Lo que puede significar o que a los españoles se les engaña fácilmente o que la encuesta está trucada. Pues peor que lo está haciendo Zapatero, no puede hacerse.

En cualquier caso, a Bruselas no se la engaña tan fácilmente y en adelante tendrá que rendir cuentas al Ecofín, consejo de ministros de economía europeos, que evaluará si su ajuste es real o ficticio. O sea, si el aval a la economía española se mantiene o no. Tomo dos citas de periódicos no precisamente antigubernamentales: «La economía española, intervenida», en La Vanguardia. «No basta con anunciar ajustes; tienen que ser creíbles y hay que aplicarlos», en El País. Anuncios ha hecho a montones Zapatero. De la credibilidad basta recordar que se disponía a sobrepasar a Francia, tras haber sobrepasado a Italia.

Aunque para cita, la que me manda un amigo: «El presupuesto debe equilibrarse; las arcas públicas, rellenarse; la deuda, reducirse; la arrogancia de los gobernantes, frenarse y controlarse, si no queremos que Roma caiga en la bancarrota. Los ciudadanos deben aprender de nuevo a trabajar, en vez de vivir de la ayuda pública».

No lo ha dicho Bruselas. Lo dijo Cicerón en el año 50 a.C. Cicerón, sí, el del «¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?».


ABC - Opinión

Envueltos en La Jajeta. Por Pablo Molina

Para poder pagar una millonada en billetes de quinientos hay que ser socialista porque en primer lugar hay que disponer de esa pasta y eso, hoy por hoy, no está al alcance del votante medio centro-reformista.

Hasta que no conocimos que Mariano Fernández Bermejo pagaba las cornamentas (de ciervo) con billetes de 500 euros, muchos no dábamos crédito a su existencia, que atribuíamos a una de las muchas leyendas urbanas que circulan por internet. Sin embargo esos billetazos existen, como acaba de confirmarnos la información según la cual Bono también utiliza ese instrumento de pago para saldar sus operaciones de compraventa. En este último caso, envueltos en papel de periódico, lo que revela la preocupación del ex presidente castellano-manchego por el medio ambiente, porque el papel de prensa es eco-sostenible, al contrario que el típico maletín de polipiel, contaminante donde los haya.

La hacienda pública se escandaliza periódicamente ante la demanda de estos billetes en el mercado porque habitualmente se utilizan para transacciones opacas al fisco, de ahí que extreme la vigilancia en los sectores financieros más proclives a este tipo de enjuagues. Nada que ver con la inocente compraventa de cuernas de ocho astas o la adquisición de caballos en el extranjero, actividades que como es sabido realizan insignes socialistas, razón por la cual quedan automáticamente fuera del alcance del ojo escrutador del ministerio.

Para poder pagar una millonada en billetes de quinientos hay que ser socialista porque en primer lugar hay que disponer de esa pasta y eso, hoy por hoy, no está al alcance del votante medio centro-reformista. Luego, además, si uno no es un alto cargo del PSOE siempre existirá la sospecha acerca de la licitud de la operación, lo que supone un riesgo añadido. Bono parece que envió al gañán de su finca hípica con un hatillo de periódicos, seguramente atado con hilo bramante, en cuyo interior llevaba el fajo de billetes de quinientos, y su hombre de confianza cumplió fielmente el encargo. Pruebe usted a comprar en Francia un pura sangre a tocateja, pasando la frontera de esa guisa y con semejante embajada, y si llega a su destino sin que lo trinquen los gendarmes no tendré inconveniente en desdecirme en este mismo espacio.

En cierta ocasión, Walter Lippman dijo aquello tan recurrente de que las noticias de hoy envolverán el pescado de mañana. Le faltó añadir, "salvo que el ejemplar caiga en las manos de José Bono, en cuyo caso le esperan destinos más altos". Aunque sea un número atrasado de La Jajeta


Libertad Digital - Opinión

La cola de la lagartija. Por M. Martín Ferrand

TORTICERAMENTE, pero con pasmosa habilidad, José Luis Rodríguez Zapatero resulta capaz de convertir las lanzas de sus fracasos en cañas portadoras de las banderolas de sus éxitos imaginados.

Es único en tan singular proceso de mixtificación y ello le convierte en un gobernante nefasto, pero -que se lo pregunten a Mariano Rajoy- en un adversario difícil de abatir. Europa, toda Europa, acaba de afearle su política económica, su recalcitrante pasividad para reducir el déficit a los límites que exigen los cánones del euro. Sin inmutarse, negándose a sí mismo, el socialista ha reconducido la situación frente a la opinión pública y ya nos vende como un éxito -¡avalado por la euforia de la Bolsa!- el severo varapalo de la Unión. Habrá que verle hoy en el Congreso, como si hubiera ganado una batalla y salvado la Nación.

El problema reside en que las mentiras se alimentan con más mentiras y no es posible mentir constantemente. Europa, Merkel, Sarkozy, el BCE y los notables del Ecofín nos han mostrado una tarjeta amarilla como la que ya le habían enseñado a los griegos y, en plena presidencia europea de Zapatero, nuestra titular de Hacienda y Economía ha quedado a los pies de los caballos. Tanto que ya se cruzan en los mentideros capitalinos los hipotéticos nombres de sus posibles sustitutos. Pero no importa. Zapatero, como los jinetes del Pony Express, va reventando caballos sin piedad alguna para llegar antes a los telediarios y vender su versión de los acontecimientos sin que los colores de la vergüenza se le asomen a la cara.

Zapatero es como las lagartijas. Es capaz, cuando se ve en peligro, de desprenderse de su propia cola -autotomía, le llaman los zoólogos- que sigue moviéndose y centrando la atención de sus atacantes mientras él, a salvo, se reconstruye con gran facilidad. Rajoy, que no consigue tomarle la medida, suele ensañarse con la cola desprendida, pero el líder planetario ya está haciendo de las suyas en otro escenario y con otro afán. En eso estamos. Mientras el líder de la oposición se vanagloria con la cantinela acostumbrada -«eso ya lo decía yo»-, el jefe del Ejecutivo, carente de todo rigor y poco comprometido con la verdad ya está en otras escaramuzas que le permitan aspirar a una tercera legislatura en La Moncloa. Una pequeña remodelación del Gobierno, dos subidas brillantes del Ivex y crisis superada. Los ciudadanos no exigen más.


ABC - Opinión

La Corte de los Milagros. Por José García Domínguez

La España eterna, otra vez el enfermo de Europa, vuelve a yacer donde solía, a ambos márgenes de sus viejas lindes de siempre: entre el callejón del Gato y la Corte de los Milagros.

Hubo aquí un instante –entonces aún no lo sabíamos efímero– en que, al fin, muchos dejamos de sentir vergüenza por ser españoles. Ocurrió después de la Transición, y algo tenía que ver con el cambio aparente de eso que llaman el espíritu de la época. Así, parecía que un genuino afán colectivo por ser más rigurosos, más serios, más eficientes, más cultos –y también más civilizados– se había extendido a lo largo del país. Fue un mero espejismo, claro. Aunque todavía habríamos de tardar algunos años en descubrirlo. Ahora, sin embargo, ya nadie se llama a engaño. La España eterna, otra vez el enfermo de Europa, vuelve a yacer donde solía, a ambos márgenes de sus viejas lindes de siempre: entre el callejón del Gato y la Corte de los Milagros.

¿Qué esperpento no escribiría hoy Valle Inclán tras apenas ojear el sumario de cualquier diario? La Corona, envuelta toda ella en sábanas apócrifas con tal de fingir ante el vulgo que igual cura sus males en una planta de la Seguridad Social. La tercera autoridad del Estado, cual gañán de feria, mercando ganado con talegos de a quinientos envueltos en papel de periódico, como mandan los cánones del contrabando tabernario. Dos horteras de puticlub de carretera, investidos sastres áulicos, amiguitos del alma y pajes de los Reyes Magos de la presunta alternativa regeneracionista. El juez más gallito del corral, con un pie en el oprobio y el otro, por si acaso, en la frontera. Un tosco meridional, amenazando a diario a los tribunales con la sombra irredenta de Companys. Y sobre la tarima, dirigiendo la orquesta, un atizador profesional de guerras civiles y odios cainitas.

Sostenía Félix de Azúa en su muy amarga columna última que vamos de cabeza hacia el modelo italiano. ¡Qué más quisiéramos! Compárese, si no, la creatividad de la sociedad civil italiana con el adocenado proceder de tantos empresarios hispanos, genuflexos siempre ante los prebostes políticos a fin de cultivar canonjías, sinecuras y momios mil; lo que sea, con tal de huir de la sana competencia como del demonio. ¿A qué extrañarnos, entonces, de que Duran Lleida, el ilustre vocero de una coalición dada a promover referendos para destruir España, resulte ser el tribuno más apreciado por el pueblo soberano? Lo dicho, ya sólo falta Max Estrella.


Libertad Digital - Opinión

Gorrones del presupuesto. Por Ignacio Camacho

CUALQUIER becario recién licenciado en administración de empresas podría indicarle al Gobierno cómo recortar cinco mil millones de euros en una Administración agigantada hasta la elefantiasis, sin tocar un céntimo de las prestaciones sociales.

Cándido Méndez, sin embargo, esa minerva de la economía de Estado que pasa por ser el cuarto vicepresidente de facto, se apresuró ayer a sugerir una subida de impuestos para cumplir con el liviano ajuste suplementario impuesto por Bruselas como contrapartida de su plan de rescate financiero. Por fortuna, aunque el presidente suele mostrarse muy receptivo a los consejos de Méndez, es poco probable que se atreva a seguirlos esta vez, habida cuenta de que tanto como la paz laboral necesita la complicidad electoral, últimamente muy comprometida pese a los brotes verdes aparecidos en la cocina del CIS. Pero el argumento de la presión fiscal ya ha empezado a circular entre los gorrones del presupuesto, reticentes a cualquier clase de recorte que pueda mermar los privilegios y prebendas de una casta empotrada en el aparato del poder y sus hipertrofiados mecanismos de gasto. El sofisma consiste en contraponer prestaciones sociales a reducción del déficit, como si no fuese posible podar el dispendio administrativo sin necesidad de suprimir las coberturas asistenciales.

Para aligerar la carga financiera del Estado no es menester siquiera revisar las subvenciones a los sindicatos, que tampoco estaría de más. Bastaría con suspender la mitad de la financiación adicional -1.700 millones- entregada hace pocos meses a las autonomías para sufragar su voracidad sin fondo. O eliminar una pequeña parte de las 2.000 empresas públicas que eluden en todas las administraciones el control de los interventores de cuentas. O disminuir el ritmo de crecimiento de la plantilla funcionarial, incrementada en 100.000 efectivos en los últimos años. O prescindir de las legiones de asesores y adjuntos que en cualquier gobiernillo uniprovincial rodean a su también superflua pléyade de altos cargos. O renunciar a caprichos faraónicos de palacios presidenciales y otras sedes representativas. Por no hablar de las embajadas autonómicas, eventos institucionales o estrafalarios convenios de cooperación que cada semana aparecen en los boletines oficiales. En todo ese entramado de intereses se derrama un enorme fluido dinerario por el sumidero de un Estado que no se debería permitir tal derroche de nuevo rico ni siquiera en tiempos de bonanza económica, pero que en circunstancias de apuro tiene el imperativo social y moral de adelgazarse a sí mismo. Lo que sucede es que al pairo de la prosperidad hemos construido una sociedad clientelar acostumbrada a vivir de la malversación presupuestaria. Y a los beneficiarios de esa red se les hace ahora un mundo cumplir con la exigencia de austeridad y renuncia que cualquier familia o empresa privada lleva al menos dos años aplicándose sin alharaca.

ABC - Opinión

Garzón, antes huido que suspendido

No dejaría de ser paradójico que el CGPJ hiciera innecesaria la suspensión de Garzón satisfaciendo sus pretensiones de convertirse en La Haya en justiciero de todo tiempo y lugar, pretensiones que aquí le ha llevado, presuntamente, a prevaricar.

Desde que el magistrado del Tribunal Supremo, Luciano Varela, emitió el auto en el que rechazaba archivar la querella contra Garzón al considerar que sí existían indicios claros de que el magistrado de la Audiencia Nacional podía haber perpetrado un delito de prevaricación en su pretensión de enjuiciar penalmente al franquismo, la primera decisión referida al "juez estrella" que tendrían que haber adoptado los miembros del CGPJ debía ser, siguiendo los artículos 383 y 384 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, la de dictar su suspensión cautelar. Garzón aspira, sin embargo, a que los miembros del CGPJ atiendan antes una solicitud que ayer mismo les notificaba como es la de concederle un permiso de servicios especiales por siete meses –en principio, prorrogables– para irse como asesor externo a la Corte Penal Internacional de La Haya.

Es evidente que la concesión por parte del CGPJ de este permiso a Garzón tendría, durante el tiempo que dure dicho permiso, los mismos efectos prácticos que persigue la suspensión cautelar de jueces y magistrados que recoge la LOPJ, que no es otra que la de apartarlos de su función jurisdiccional durante el tiempo que dure su enjuiciamiento. No es menos cierto, sin embargo, que si el CGPJ se pronunciara antes sobre la suspensión cautelar de Garzón, tampoco nada impediría a este marchar a La Haya y contribuir con su presencia al ya de por sí desacreditado prestigio del Tribunal Penal Internacional.


Naturalmente, lo que pretende Garzón es irse antes de que le echen. La concesión de este permiso en nada alteraría su situación procesal en las tres causas penales que tiene pendientes ante el Alto Tribunal por los casos del franquismo, de las escuchas a los imputados de Gürtel y los cobros por los cursos en Nueva York. Lo único que lograría el juez estrella es sustituir el estigma de juez suspendido por su imputación en un delito de prevaricación, por el de un juez que solicita una baja voluntaria para ejercer de experto en un Tribunal Internacional.

Dice el refrán que a "enemigo que huye, puente de plata"; sin embargo, no dejaría de ser paradójico que el CGPJ hiciera innecesaria la suspensión de Garzón satisfaciendo sus pretensiones de convertirse en La Haya en justiciero de todo tiempo y lugar, pretensiones que le han llevado en España a perpetrar, presuntamente, un delito de prevaricación. Con todo, lo decisivo, a nuestro entender, es que un juez que ha llevado una actuación tan escandalosa abandone de una vez la carrera judicial, aunque lo haga a través de una puerta supuestamente más honrosa que la que debería atravesar. Lo importante, también, es que Garzón, por mucho que logre retrasar la suspensión, no conseguirá retrasar su paso por el banquillo, aunque tenga que acudir –eso sí– desde La Haya o desde algún país africano donde la Corte Internacional tiene causas pendientes.

De hecho, el verdadero perjudicado de esta operación, en caso de que el CGPJ le de su visto bueno, va a ser el ya de por sí menguado prestigio de esa Corte Internacional. No contento este Tribunal con depender en la práctica de Estados cuyos dirigentes violan a diario los derechos humanos, ahora contrata como experto a quien está imputado por delitos de prevaricación y cohecho.


Libertad Digital - Editorial

Operación de imagen de Garzón

LA última novedad del juez Baltasar Garzón no debería sorprender especialmente, porque a lo largo de su carrera profesional ha alternado su actividad jurisdiccional con tareas de otra naturaleza, gracias a las cuales también ha podido labrarse la fama que tan explícita se está haciendo ahora con motivo de sus imputaciones ante la sala Segunda del Tribunal Supremo.

La marcha de Garzón como «asesor externo» del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), el argentino Luis Moreno Ocampo, no va a alterar la situación de ninguna de las tres causas que están abiertas por el Supremo, porque tal traslado no exige el abandono de la carrera judicial. Además, aunque le fueran aplicables los privilegios de inmunidad que se prevén para jueces y fiscales de esta Corte, no le eximirían de responder ante la Justicia española por hechos cometidos con anterioridad a su traslado.

Cabría entonces preguntarse por la razón de esta decisión, que en un primer momento transmite la imagen de un juez que se retira antes de ser suspendido por el Consejo General del Poder Judicial, una suspensión que no debería verse afectada por esta marcha de Garzón, porque seguirá siendo juez con posibilidad de volver en cualquier momento a la jurisdicción activa, incluso antes de que agote los siete meses previstos de destino en la CPI. No suspenderlo por este motivo sería un fraude de ley.

No hay que ignorar el apego de Garzón por los golpes de efecto ante la opinión pública, y éste último es uno de ellos. Yéndose a la CPI, Garzón amplifica su fama de juez global y aumenta el victimismo frente a la «persecución» a la que se ve sometido por el Supremo. Como asesor de Ocampo, si finalmente el CGPJ le autoriza a desempeñar esta función, Garzón se moverá en el terreno que le es más favorable, el de la Justicia universal, donde encontrará buenos caladeros de imágenes prestigiosas, visitando los países en los que la Corte tiene causas abiertas por crímenes de lesa humanidad. A su vez, los magistrados del Supremo se verán probablemente aún más denigrados por imputar a un juez tan mundialmente comprometido con la Justicia y los Derechos Humanos. Y especialmente arreciará la campaña contra el probable juicio oral que abrirá la sala Segunda por la prevaricación imputada a Garzón en el sumario de la «memoria histórica». La operación de imagen está así bien diseñada porque reproduce los tópicos de efectismo y fama que han jalonado la vida profesional del magistrado Baltasar Garzón, pero que, pese a los denodados intentos de sus seguidores, no lo han convertido ante el Tribunal Supremo en un ciudadano con patente de corso.


ABC - Editorial

martes, 11 de mayo de 2010

El rebote y el rebotado. Por Tomás Cuesta

SI el rebote que experimentó la Bolsa ayer fue de los que hacen época, tengan por cierto que el que se cogió el señor Rajoy con la encuesta del CIS no le anduvo a la zaga.

Mientras los especuladores fundían el parqué (porque, salvo mejor criterio de la señora De la Vega, no se trataba de frailes mercedarios) el líder de la oposición recibía un recado tan frío como un «uppercut» en el primer segundo del primer asalto. Con la que está cayendo (y con lo que está callando) no sólo no consigue descolgar a Zapatero sino que le tiene ahí mismo, a punto y medio, a una insignificancia que se enjuga con tres telediarios y unas pocas portadas. De nada sirve denunciar al cocinero o poner en cuestión el recetario porque ni el propio Ferrán Adrià con sus inextricables mañas es capaz de aliñar tal estropicio sin que se le claree el pucherazo. Otra cosa es concluir que la realidad difícilmente puede tabularse y que una alternativa no se construye a cala y cata. ¿O si? Pues, entonces, ajo y agua.

Según Sartori, la sondeo-dependencia consiste en conceder credibilidad a un método que es falso pero también, y ahí está el busilis, confortable. Es la muleta con la que se sostienen las formaciones cojitrancas que fían a los augurios demoscópicos lo que no quieren confiar a su ideario. Así que la sacrosanta opinión pública -que, a tenor de cómo se le pregunte y cuándo, opina una cosa o la contraria- es la que da y quita razones, la que reparte los dulces y los sapos. O sea que, siguiendo a pie juntillas el dictamen del oráculo, parece razonable suponer que el Gobierno ha pasado a la ofensiva y pretende contribuir a la animación bursátil y a la fantasmagórica salida de la recesión (un ínfimo repunte provocado por las compras de quienes no quieren que el IVA les coja inconfesados) con un rearme espiritual de su líder y de sus parroquianos. Más razonable aún es pensar que sólo un riguroso control europeo de nuestra economía, con lo que ello implica de pérdida de nuestra soberanía, puede salvar a España de la hecatombe, lo cual, salvo imponderable mayúsculo, tiene que pasar factura a Zapatero y dar la victoria electoral al PP, aunque sea a la manera tory. O no.

La política no debería ser un juego, mientras que los sondeos se fundan en relaciones matemáticas presentes en actividades como las apuestas y los naipes. Lo primero que haría cualquier moralista que se tuviera por tal en tiempos de crisis sería eliminar el CIS en lugar de cepillarse la dirección general de la Biblioteca Nacional. Eso sólo ya da fe del sentido socialista del poder, palurdo pero práctico. En cambio el equipo de Rajoy propende a pisar todos los charcos, incluido el de firmar recibo de un sondeo en el que Rubalcaba es el ministro mejor valorado y Duran el político con más nota. Apabullante. Como para pedir asilo en Italia, cuyo clima político al lado de semejante panorama resulta el colmo de lo chic y sofisticado, velinas incluidas.

Zapatero, que el domingo era casi un apestado que tenía que viajar en la clandestinidad a Barcelona para ver al Rey (una hora sin piedad) emerge hoy como el último gigante del socialismo europeo, un peñasco, un peñón, un hórrido peñazo, que ha vuelto a tomar aire cuando el espectro de la bancarrota le tenía en sus garras y nos tenía, ay, acogotados. Merkel y Sarkozy pagan los platos ratos y Rajoy, a este paso, quizás acabe pagando el pato.


ABC - Opinión

Tarjeta amarilla para ZP. Por Emilio J. González

A Zapatero no le queda más remedio que olvidarse de sus planes de compra de votos y hacer los deberes de una vez porque el castigo que le espera a España si no cumple es perder la ayuda y forzar su salida del euro.

Como a los futbolistas marrulleros, Alemania acaba de sacar tarjeta amarilla a ZP. Con la aprobación el pasado domingo del fondo de rescate de la Unión Europea, los germanos dan una nueva oportunidad a España y Portugal, a cuyos gobiernos culpan de manirrotos, de seguir en la primera división europea, esto es, en el euro, pero les han dado a ambos países un claro aviso: o se comportan como deben en términos presupuestarios o se van a la calle. Y para ello, como los árbitros escamados con la actitud de un jugador, van a estar vigilando permanente sus movimientos y, a la menor que hagan, les sacan tarjeta roja. ¿Qué quiere decir todo esto para ZP?

Lo primero que implica el aviso que ha dado la canciller Angela Merkel es que el ajuste presupuestario anunciado este fin de semana por la vicepresidenta económica, Elena Salgado, es insuficiente. Ya que van a pagar las facturas de los platos rotos por otros, los alemanes quieren que el Gobierno se deje en paz de tonterías y que añada bastante más al medio punto adicional de recorte en el déficit público para este año y al punto extra en 2011. Cosa lógica, por otra parte, ya que esos nuevos objetivos son una nadería. España puede y debe ser más ambiciosa en su estrategia de reducción del desequilibrio en las cuentas públicas.


Zapatero, sin embargo, no quería ir más allá por dos razones fundamentales. La primera de ellas es que como el PP y casi todos los analistas le han dicho que profundice en el recorte del gasto, él, por sistema, porque es así, se ha negado. La segunda obedece a motivaciones políticas. No hay que olvidar que, en 2011, se van a celebrar en nuestro país elecciones municipales y autonómicas cuyo resultado va a condicionar las elecciones generales de 2012. En esos comicios, el PSOE parte como perdedor, según las encuestas de intención de voto que se van publicando. Sin embargo, Zapatero no está por la labor de aceptar una derrota y, mucho menos, de que los del PP puedan desalojarse de ese poder que tanto le gusta. Por ello quiso limitar los objetivos de recorte del déficit para este año y el próximo ya que ello le permitiría desplegar sus ya más que conocidas políticas de compra de votos con cargo a los presupuestos del Estado. Sin embargo, su estrategia ahora se le puede ir al garete.

A Merkel, que no profesa adoración por ZP precisamente, los problemas electorales del presidente del Gobierno le traen al fresco. Es más, seguro que se alegraría de presenciar su caída en las urnas después de todos los feos y desplantes que Zapatero ha tenido para con ella. Por este motivo, y porque Merkel se debe a sus electores, no le va a pasar ni una. Así es que a Zapatero no le queda más remedio que olvidarse de sus planes de compra de votos y hacer los deberes de una vez porque el castigo que le espera a nuestro país si no cumple con lo que le exijan nuestros socios europeos para evitar la suspensión de pagos es dejar de ayudarle y forzar su salida del euro. Si ZP ya lo tiene difícil para revalidar su mandato en las urnas, mucho más lo tendrá con la crisis económica y social a que daría lugar la suspensión de pagos de nuestro país y la salida del euro. Así es que, le guste o no, o hace lo que tiene que hacer, o a Zapatero le van a condenar los líderes europeos a los infiernos. Por desgracia, a España también.

En consecuencia, Zapatero y su Gobierno van a tener que demostrar a partir de ahora más ambición en el ajuste presupuestario. La cuestión es cómo lo va a hacer. De entrada, eso va contra su forma de pensar. Además, sus amigos los sindicatos ya se han manifestado en contra de recortar el gasto público e, incluso, de la Unión Europea si exige reducciones drásticas que, sin duda, les van a afectar porque supone acabar con las dádivas y mercedes multimillonarias que les ha otorgado ZP. Y después está la cuestión de las autonomías. Para cumplir con las exigencias que nos vengan de Europa, el Gobierno no va a tener más remedio que apretar el cinturón a todas y cada una de ellas, lo cual no le va a resultar fácil y menos aún en el caso de Catalunya, en donde al problema de la sentencia del Estatut se tendrá –o tendría, porque con ZP nunca se sabe– que sumar un recorte importante del dinero que recibe del Estado, una cuestión que puede ser poco menos que ‘casus beli’, entre Moncloa y la Generalitat y entre el PSOE y los partidos catalanes. Todo lo cual parece demasiada tarea para un presidente tan desgastado políticamente como el nuestro y que, además, está amenazado de tarjeta roja si no se comporta como debe. ¿Solución? Que opinen los españoles a través de las urnas.


Libertad Digital - Opinión

Se acabó la fiesta, Timonel. Por Hermann Tertsch

NO hay mejor afición -y más barata- que gastar el dinero de los demás. Y si se puede, a espuertas y comprando favores y sumisión.

Así se hicieron imperios de todo tipo. De naciones, de compañías multinacionales y de chiringuitos más o menos cutres. Porque el dinero, en sí siempre anónimo, da mucho de sí. Aquí, en este nuestro maltratado país, alguna ministra dijo en un arranque de sinceridad inusual que el dinero público no era de nadie. Pero en realidad lo que pensaba es lo que todos sus correligionarios socialistas. Piensan que es suyo. Así lo tratan y gastan al menos. Ahora les ha pasado algo inesperado. Les ha sucedido algo que en su semicultura plenianalfabeta y dehesa, monolingüe, provinciana y primitiva, no se le había pasado por la cabeza. Estaban convencidos nuestros muchachos y muchachas en el Gobierno que fuera se piensa igual que en esta anomalía en que han convertido de nuevo a España. Pues va a ser que no. En otros países, donde aÚn existe una cultura del rigor y la probidad, no se pueden hacer cosas que aquí son impunes. Creo que la presidencia española, de la que tanto se prometía nuestro presidente, no para hacer nada sino humo para su electorado, ha generado por el contrario muchísima claridad. Al menos fuera de nuestras fronteras. Que aquí el CIS nos cuenta que la diferencia entre socialistas y la única oposición, por llamarla de alguna manera, haya caído a 1,5 puntos puede ser mentira como tantas cosas. O verdad, porque donde no hay no hay, y las luchas no están para ser dirigidas por indolentes.

El hecho es que en otros países en los que la democracia y la sociedad civil existen realmente y desde hace mucho tiempo, los contribuyentes -auténticos ciudadanos conocedores de sus derechos y menos fáciles de intoxicar con basura mediática gubernamental- piensan y saben que tener una moneda común con países como Grecia o la España de Zapatero es una insensatez. Y reclaman sensatez a sus Gobiernos. Los resultados de las elecciones en el estado de Renania Westfalia, donde una canciller Angela Merkel -cuya política no tiene alternativa en su país- ha perdido diez puntos de su partido democristiano (CDU) por ayudar a financiar una vía de salvación para un país de finanzas-basura y gestión inepta y corrupta como Grecia, son un toque de aviso. Para navegantes y peregrinos. Se acabó la fiesta. Los alemanes -no sólo ellos- están ya hartos de pagar aventuras irresponsables como la griega de treinta años y la española de los últimos seis. Ayer, después del batacazo electoral en Renania Westfalia, el mayor estado federado de Alemania, Merkel dejó claro que se han acabado las bromas. Y que España y Portugal no pueden jugar con la moneda común como juegan con sus finanzas, con su déficit y sus electores. Hasta hace muy poco era impensable que algún país fuera expulsado de la zona de la moneda común del euro. Hoy tampoco es probable, por complicado. Pero ya es en Berlín o París, asumible, llegado el caso. Lenin, ese héroe de la libertad del gurú de los derechos humanos que es para nuestro Gobierno Santiago Carrillo, hubiera dicho ¿Sto dielat? (¿Qué hacer? en ruso). Pues aquí nadie tiene respuesta a Lenin. Ni sus amigos que lucharon por la libertad en aquella supuesta idílica república democrática y humanista, casi siempre en la retaguardia. No en trincheras en el frente, sino en sacas de presos y creación de fosas comunes. Hemos vuelto a donde quería el abuelo inventado. A hablar del pasado mientras Merkel y Sarkozy buscan fórmulas para neutralizar el peligro que representamos no ya para nosotros, sino para su propia seguridad y bienestar. En fin, hablamos demasiado del pasado, vive Dios. En el presente acabamos de tener otras elecciones además de las de Renania Westfalia. Gran Bretaña tiene que formar Gobierno. Tres partidos sin mayoría han de buscarlo. Lo que está claro es que ninguno quiere compartir destino con nosotros. En el Reino Unido, nadie. En Alemania y Francia son cada vez menos. Mala señal. Para nosotros por supuesto.

ABC - Opinión

Zapatero resiste. Por Cristina Losada

Es sabido que los últimos marxistas están en la derecha: creen que se vota con el bolsillo. El caso es que el bolsillo está vacío y Zapatero resiste.

Como para fastidiar a aquellos que, como Cospedal, reclaman estos días que Zapatero se vaya a su casa, el último barómetro del CIS ha reducido a casi nada la diferencia de intención de voto entre el PP y el PSOE. La opinión pública es, dentro de un orden, una criatura contradictoria y voluble. De ahí que, pese a la sospecha de que el CIS barre para casa, no resulte del todo extraño que entre enero y abril los socialistas hayan recuperado votantes. Ello, incluso, cuando la mayoría desconfía del presidente del Gobierno. Pues el orden, ése que el PP no quiere arriesgarse a modificar y acepta como natural o inmanente, consiste en que España es de izquierdas, aunque le pese.

Los populares achacan el feo resultado al hecho de que las encuestas se realizaran los días en que se levantó el secreto del sumario de la trama Gürtel. Cierto que los sondeados consideran que el PP es el partido más manchado por la corrupción. Pero, ¿no dijeron en Génova que la publicación del sumario no desvelaba nada nuevo y que ya no tendría efecto alguno? Ahora, han cambiado de parecer. Tarde.


Se confirma, una vez más, que las preocupaciones de los españoles son de índole económica. En teoría, la situación ideal para el PP, que ha apostado por hacer una oposición centrada en la crisis y puede presentar un historial de gestión brillante. Sin embargo, el partido de "los problemas que preocupan a la gente" no acaba de conectar con la gente. La inquietud por la marcha de la economía no provoca una modificación sustancial de las preferencias políticas. El PP ha acentuado su perfil tecnocrático y apolítico, frente a un PSOE que hace lo contrario. Y lleva las de ganar este último, que sobrevive sin sufrir grandes daños. Pero es sabido que los últimos marxistas están en la derecha: creen que se vota con el bolsillo. El caso es que el bolsillo está vacío y Zapatero resiste.

Entretanto, el PP deshoja la margarita preguntándose si debe de tomar alguna iniciativa política de gran calibre. Rajoy nada descarta. Y para no descartar nada, se abstiene. A fin de mantener abiertas todas las opciones, no elige ninguna. Ante todo, mucha calma.


Libertad Digital - Opinión

El cambiante Zapatero. Por M. Martín Ferrand

SE equivoca Rigoletto cuando asegura que la donna _ mobile. ¿Hay alguien más mobile, más cambiante e indeciso, que José Luis Rodríguez Zapatero?

Hace sólo unos días le negó a Mariano Rajoy el ajuste del gasto público que, con buen sentido, le reclamaba el líder de la oposición. Incluso tuvimos que soportarle una explicación cantinflesca sobre la inconveniencia de un recorte presupuestario en razón de sus indeseables efectos sociales; pero ha bastado una insinuación europea, sólo un susurro, para que lo que ayer era dogma de la fe política socialista sea hoy un principio de sabiduría económica. Recortaremos el gasto. ¿Cómo? A juzgar por sus antecedentes de sumisa debilidad, el presidente tendrá que consultarlo con los «agentes sociales», esa mandanga que utiliza -unas veces como burladero y otras como ariete- para no encarar la responsabilidad que le compete. Ya veremos lo que dice Cándido Méndez, vicepresidente fáctico, asesor económico y director espiritual del líder socialista.

Es Zapatero quien muta d´accento e di pensier. Lo hace a la menor provocación que venga de fuera, que para algo está señalado como «líder planetario» y, aunque su dimensión sea de cercanías, no renuncia a las largas distancias. En esta su segunda legislatura, tan previsiblemente calamitosa, no ha perdido ninguna oportunidad para cambiar de opinión y defender hoy lo que ayer denostaba. O viceversa. Eso, supongo que suponen sus setecientos asesores monclovitas y todos los sabios externos que le iluminan, debe de ser electoralmente útil; pero, en lo que afecta al rigor y la relevancia exigibles a un jefe de Gobierno, es tan descalificador como ridículo. Más lo segundo que lo primero.

En su empecinado afán de hacer la tortilla sin romper huevos, el socialista pretende reducir el déficit sin subir los impuestos ni tocar el sueldo -menos aún el número- de los funcionarios. Busca la piedra filosofal y, aunque los brujos y los alquimistas ya no son lo que eran, eso podría llevarle a la hoguera o, peor aún en el terreno de lo risible, llegar a tropezar con su propia piedra mientras el país -materialmente- se arruina económica y moralmente. No hay prozac en todo el mundo para atajar la depresión que afecta a los cuatro millones y medio de parados; doce, si contamos a sus familiares y treinta si consideramos también a sus vecinos. De hecho, a cuantos no son funcionarios o jubilados.


ABC - Opinión

Con el rabo entre las piernas. Por Andrés Aberasturi

Si al menos se reconocieran con cierta humildad que tal y como están las cosas nada de lo que se diga hoy es necesariamente válido para mañana, los ciudadanos agradeceríamos la verdad y hasta es posible que eso nos animara a hacer lo posible para salvar la situación.

Pero no. Se empecinan una y otra vez en ser categóricos creyendo que nos convencen con las palabras, los reproches, las apariencias. Y tiene que llegar la señora Merkel en particular y Bruselas en general para sacarnos los colores y hacer que el Gobierno -otra vez- diga dije donde dijo diego.

Hace apenas horas de dos declaraciones contundentes; la primera de la vicepresidenta económica, Elena Salgado, asegurando que no había previstas nuevas medidas y la segunda del mismísimo presidente que respondía a Rajoy con estas palabras: "*por tanto, reducción del déficit, si; drástica, no". Pues ahí lo tienen; un fin de semana en Bruselas y volvemos con el rabo entre la piernas anunciando un recorte adicional del déficit de 5.000 millones (0,5% del PIB) este año hasta situarlo en el 9,3% del PIB y 10.000 millones más de lo previsto en 2011 hasta llegar al 6,3%. Habrá que improvisar nuevas medidas y la reducción será drástica.


Lo curioso, lo que no resulta fácil de entender, es por qué el empecinamiento del Gobierno en contagiarnos su eterno "aquí no pasa nada" a la hora de tomar medidas. Aquí han estado pasado muchas cosas y más que pueden pasar. Aquí se les ha estado reclamando desde todos los ámbitos técnicos -no hablo sólo de partidos- que con los planes previstos ni de broma se podría cumplir con los compromisos europeos y que después de lo de Grecia, el horno no estaba para experimentos ni probaturas. Pues no. El ejecutivo con sus más de cuatro millones y medio de parados, con su endeudamiento galopante, sus hoy disparatados planes de financiación autonómicos, se preocupaba más de los problemas en la Audiencia o el Supremo que de corregir este descalzaperros económico. ¿Y la oposición? Pues combatiendo con la mano derecha al Gobierno y con la izquierda golpeándose a si misma y llamando a los cerrajeros para abrir despachos de Génova. Un número.

Pero hay dos preguntas claves. ¿De dónde va a ahorrar el Gobierno? La respuesta el próximo miércoles si es que les da tiempo a pensarlo, pero más pronto que tarde, desengáñense, de nuestros impuestos. Y la otra pregunta: ¿tan mal lo esta haciendo ZP? Y con la mano en la sinceridad y la vista en las encuestas, la respuesta es "no". Por lo visto al personal le va esta marcha y no sólo no baja la intención de voto desde el último barómetro de CIS sino que recorta la distancia al PP y reduce a un mínimo 1,5% su desventaja. Esto no debería consolarles porque el problema, aquí y ahora, es que los españoles no creemos en ellos, ni en unos ni en otros. Yo no quiero líderes carismáticos sino gentes que sean capaces de administrar con honradez y prudencia los recursos de todos. Pues unos por unas cosas y otros por otras, nos han dejado helados y se han convertido en nuestra principal preocupación. Porque la clase política no es realmente el tercer problema de los españoles sino el primero teniendo en cuenta que el que ocupa ese primer lugar es el paro y el segundo la situación económica, es decir, dos realidades que dependen absolutamente de esa casta cada vez mas rancia a la que llamamos política.


Periodista Digital - Opinión

Moción de censura. Por José García Domínguez

De ahí que presos, tantos años después, entre la España que duerme y la otra que bosteza, una moción de censura se imponga como única terapia capaz de curar la narcolepsia crónica del de Pontevedra.

Deja entrever esa parsimonia de casino de capital de provincia, faria y resopón, la que retrata el liderazgo de Rajoy, un rasgo siempre caro a la derecha española: su muy marcada querencia por que el trabajo lo hagan otros. Como si su libro de cabecera fuese El derecho a la pereza del gran Paul Lafargue, con administrativa indolencia ansían que el poder les sea entregado en bandeja de plata, sin mayor molestia ni trámite que la preceptiva visita a Palacio. Consecuentes, cuando no creen inexcusable obligación de los sindicatos promover una huelga general a su justa medida, pretenden que el PSOE les destituya a Zapatero. Y eso si no dan en reclamar al réprobo mismo que ceda gustoso mover la convocatoria electoral a la fecha que oportunamente se le indique. Todo, mientras los señores echan una partidita de mus en la rebotica de Génova.

Así, hasta que, llegado el punto en que los mercados internacionales optan por ocupar el escaño del jefe de la oposición, aturdidos, despiertan en apariencia de su dulce letargo para, como es norma, nada hacer, siempre a la espera de no se sabe qué Godot. Al tiempo, en fin, nadie ignora que el presidente del Gobierno ya es un ser inhabilitado con tal de mantener comercio alguno, ni el más mínimo, con la realidad de los hechos. Razón de que la urgencia histórica de instalar a un adulto en la Moncloa constituya hoy el imperativo categórico de la fracción del país que aún conserva dos dedos de frente.

De ahí que presos, tantos años después, entre la España que duerme y la otra que bosteza, una moción de censura se imponga como única terapia capaz de curar la narcolepsia crónica del de Pontevedra. Y es que ha llegado el momento procesal de averiguar si tras la hojarasca retórica del PP hay algo parecido a un plan de ajuste alternativo; otro modelo, distinto y distante, de reforma laboral, fiscalidad, pensiones, sanidad, plantillas públicas, sistema educativo... O no. De rehusarla por medroso tacticismo, pánico escénico o simple abulia, dentro de dos años, nadie podrá hurtar a Rajoy su personal cuota de responsabilidad en el desastre. Porque se está agotando el tiempo, sí, y muy deprisa. Pero no sólo el del Encantado.


Libertad Digital - Opinión

Crisis de nihilismo. Por Ignacio Camacho

ESTE clima de desaliento sociológico, este cansancio popular ante los reflejos autocomplacientes de la dirigencia, está incubando una rebelión nihilista contra la clase política. Entre un Gobierno incompetente y una oposición inapetente, la gente se ha entregado a un escepticismo amargo y derrotista que se parece mucho a una dimisión colectiva.

Después, cuando llegue el momento de ir a las urnas, no se consumará la defección porque si hay una pulsión que nos puede es el sectarismo, y los españoles acudirán a las urnas motivados, a falta de mejor aliciente, por la muy cainita pasión de evitar el triunfo del adversario. Pero en las encuestas hay un retrato preocupante de una sociedad desmoralizada por falta de liderazgos.


En Grecia, en los recientes días airados de la rabia y el fuego en las calles, los ciudadanos en estado de cólera arrancaron los adoquines de la plaza Syntagma y los lanzaron contra las fachadas del Parlamento, institución a la que en su arrebato de furia calificaban a gritos de burdel. No había en la zozobra popular helénica un solo matiz de diferencia moral entre inocentes y culpables, ni un ápice de conmiseración por los probables justos de la Sodoma dirigente; aquello era una brutal impugnación de la política como responsable genérica de los males del pueblo. Y había empezado, como aquí, con esa crecida constante de la descreencia y el correlato irresponsable de unos partidos enfrascados en su autocomplaciente batalla por un poder que la gente no sabe para qué sirve porque desde luego no le sirve a ella.

Lo que, cocina de más o de menos, llevan tiempo proclamando los estudios de opinión pública es que la caída de popularidad y confianza de un Gobierno incapaz y de un presidente desacreditado no se corresponde con el presumible avance de una alternativa seductora. Se han roto los vasos comunicantes que suelen hacer funcionar los mecanismos de alternancia. Un retrato social tan persistente no puede ser una fabricación de ingeniería electoral, ni una percepción deformada; en todo caso, es el fruto de un esfuerzo insuficiente por la convicción de la política como servicio público. Y refleja una grave crisis de valores democráticos, en la medida en que da cuenta de un profundo abatimiento popular, de un verdadero déficit de esperanza. Más allá del jolgorio que puede producir al zapaterismo el estancamiento de la oposición -estancamiento relativo, porque al fin y al cabo le va ganando lentamente el pulso-, y por encima de la frustración que pueda causar a los populares la escasa rentabilidad de su esfuerzo, lo que queda patente es la postración ciudadana ante un desafío estéril. Cuando nadie cree en soluciones, las soluciones mismas dejan de existir, y sobreviene un vacío que se parece al caos. Y eso es lo que está ocurriendo en las tripas del cuerpo social español mientras los líderes políticos se enfrascan en una estéril y endogámica pugna sin eco.


ABC - Opinión

Un euro gobernado

La tregua de los mercados tendrá que ratificarse con duros ajustes en los países con más déficit

El mecanismo de asistencia financiera para evitar la quiebra de los países de la zona euro, dotado con 750.000 millones de euros, ha conjurado la amenaza que pesaba sobre el euro y el descalabro general de la deuda europea. No fue sólo el salvavidas lanzado por los países del euro en una decisión histórica lo que disparó ayer los mercados. El Banco Central Europeo (BCE) ha comenzado a comprar deuda y todo apunta a operaciones concertadas entre los bancos centrales de Estados Unidos, Japón, Suiza, Reino Unido y Canadá para inyectar dólares en el mercado interbancario y acabar con las tensiones de liquidez. Será en su conjunto una intervención financiera pública sin precedentes para salvar el euro.

Los máximos responsables de la política económica europea han ofrecido así la imagen de un área euro que se gobierna a sí misma por primera vez. Haciendo de la necesidad virtud, los países agrupados en el euro están empezando a resolver ahora, acuciados por la crisis, los déficits de gobernanza económica que se arrastraban desde la creación de la moneda única. Se trata, se quiera admitir o no, de un salto adelantes sin precedentes hacia un Gobierno económico común de la zona euro.


El acuerdo in extremis, después de una semana tenebrosa para los mercados, ha causado un movimiento pendular contrario: una euforia incontenible en los parqués (el Ibex 35 llegó ayer a ganar el 14,4%, récord de las subidas bursátiles en España) y un reflujo general de las presiones sobre el diferencial de deuda (el del bono español con la deuda alemana bajó desde 140 puntos básicos a 97).

Pero el éxito del fin de semana no es garantía de éxitos futuros. Hay que proseguir en este camino. La decisión europea, de una contundencia excepcional, equivale a comprar tiempo para que los países afectados por las dudas de los inversores puedan ejecutar los planes de ajuste. La volatilidad de los mercados indica que cualquier incumplimiento puede desatar un nuevo espasmo depresivo. No basta con anunciar ajustes; tienen que ser creíbles y hay que aplicarlos.

El Gobierno español es uno de los destinatarios de este mensaje. La vicepresidenta Salgado anunció el domingo un recorte adicional del déficit del 0,5% del PIB este año y de un 1% más en 2011, aunque no sabemos todavía cómo se conseguirán esos ahorros. Los inversores, las agencias de rating y los analistas aplauden el esfuerzo, pero tienen escasa confianza en la capacidad del Gobierno para cumplir con los ajustes. El equipo económico ha repetido que no recortará los gastos sociales; tampoco parece dispuesto a reducir el coste de la Administración; y el recorte de la inversión pública produciría un daño considerable a la recuperación (bastante más que la subida del IVA).

La política económica que tiene que ejecutar el Gobierno es más difícil que anunciar sucesivos recortes del déficit. Las promesas sirven de poco si no se explican las medidas que harán posible su cumplimiento. Si esas medidas no se anuncian con rapidez, la deuda española volverá a perder credibilidad. Cuando se esfume la euforia por el acuerdo europeo, los escrutadores de los mercados volverán a vigilar las decisiones; los anuncios ya están descontados.


El País - Editorial

La bolsa huye espantada de Zapatero

Los inversores no estaban contra Zapatero el viernes y a favor suyo el lunes. Lo que ha cambiado es la garantía de esos títulos. Hace cuatro días sólo los respaldaba la pésima gestión económica de Zapatero, hoy los sostiene el gigante alemán.

La montaña rusa en la que se ha convertido la bolsa española durante las últimas semanas es la demostración palpable de que nadie confía en que el Gobierno de Zapatero pueda encauzar el torcido rumbo de la economía española. La semana pasada el IBEX se derrumbó en una semana catastrófica que puso al borde del abismo al parqué madrileño arrastrando en su caída a todas las bolsas europeas. La razón la tratamos ampliamente en esta misma tribuna el pasado jueves: el mercado internacional no se fía de nuestro presidente del Gobierno y, hasta el acuerdo del domingo, descontaba una más que posible suspensión de pagos estatal en fechas no muy lejanas.

Esta desoladora perspectiva sumada al precedente griego llevó a los tenedores de deuda española a deshacerse precipitadamente de ella. Al fin y al cabo, una bancarrota significa que quien la declara deja de atender a la totalidad de sus deudas. Por tenedores de deuda no hay que entender, –como propagaron Zapatero y sus satélites mediáticos la semana pasada–, a un grupo organizado de usureros que conspiran en la oscuridad contra un Gobierno de izquierdas, sino a miles de inversores desorganizados que buscan un legítimo beneficio comprando los títulos de deuda soberana que emite el Gobierno español, los mismos que Salgado vendía en Londres hace no mucho con el lema “In Spain we trust” como eslogan publicitario.

Si los compradores sospechan que el colateral de la deuda, es decir, la economía española en su conjunto, está muy deteriorado, o que el emisor no es de fiar, huyen despavoridos recuperando lo que puedan en el camino. Así actuaría cualquiera por mucho que Zapatero se empeñe en ver “criminales económicos” o malvados especuladores que aspiran a derribar su Gobierno. El mercado es tremendamente frío y racional. Ni quita ni pone, básicamente porque, dada su complejidad y lo descentralizado de sus decisiones, un cometido como ese se escapa a su radio de acción. En suma, los inversores quieren ganar dinero, no intervenir en la política española que es quien, todo sea dicho, ha recurrido a ellos para financiar sus cuantiosos gastos.

Este lunes las tornas han cambiado. Y no porque la economía española –el colateral de la deuda– haya mejorado o porque de repente los "criminales económicos" hayan pasado a confiar en Zapatero, sino porque unas horas antes de abrirse las bolsas, los líderes europeos acordaron garantizar la hipotética quiebra del Estado español. De esta manera, nuestra deuda está reasegurada, el que la tiene la conserva y el que no la tiene quiere adquirirla a los bajos precios que descontaban una posible suspensión de pagos. Resultado: los valores españoles (nuestra deuda y nuestras acciones) se disparan en señal. La deuda española pasa de este modo a formar parte del pasivo del Estado alemán y de la economía alemana, cuyo crédito en los mercados es muy superior al nuestro.

La gran farsa que Moncloa y sus medios adictos escenificaron la semana pasada ha quedado desmontada en una sola jornada bursátil. Los inversores no estaban contra Zapatero el viernes y a favor suyo el lunes. Nada de eso, estaban con el valor de sus títulos el viernes y siguen estándolo ahora. Lo que ha cambiado es la garantía de esos títulos. Hace cuatro días sólo los respaldaba la pésima gestión económica de Zapatero, hoy los sostiene el gigante alemán. Podría afirmarse en consecuencia que la bolsa ha subido a pesar de Zapatero o, mejor dicho, que la bolsa sube cuando Zapatero ve disminuida, aun temporalmente, su nefasta influencia sobre la economía española.

Los agentes que la han hecho subir siguen siendo eso mismo, inversores bursátiles sin más que persiguen tanto hoy como el martes pasado su beneficio o el de sus clientes, y no “especuladores” o criminales económicos, epítetos aplicados a toda prisa hace una semana a todo el que osase vender un bono español. En estas pequeñas alteraciones del lenguaje es donde el zapaterismo rampante muestra su verdadera cara. No importa la realidad, ni el sentido común, sólo importa el poder. Si las decisiones de esos agentes son propicias a Zapatero serán considerados honrados inversores, si no lo son, malvados especuladores. Nada nuevo bajo el sol.


Libertad Digital - Editorial

El balón de oxígeno de la UE obliga a Zapatero a rendir cuentas

CON la vista puesta en Portugal y sobre todo en España, la intervención de la Unión Europea y del BCE ha supuesto un alivio, recibido con desbordada alegría por los mercados, ya que el riesgo de una crisis de liquidez inminente amenazaba con una crisis de solvencia a largo plazo.

La confianza de los inversores en España estaba deteriorándose a un ritmo alarmante y la respuesta de la UE ha servido, veremos por cuánto tiempo, para frenar el deterioro que amenazaba con arrastrarnos a una situación similar a la griega, Nuestra deuda bruta -tanto pública como privada, casi tres veces el valor del PIB- precisa de ser renovada periódicamente por parte de unos inversores extranjeros de cuya confianza dependemos y a quienes debemos ofrecer garantías suficientes. Esa confianza se estaba perdiendo a marchas forzadas, acentuándose a la par que el Gobierno se perdía en largas disquisiciones sobre la naturaleza de la crisis sin abordar medidas de calado, como la reforma del mercado laboral, uno de los más injustos e ineficientes entre los de las economías desarrolladas.

Tras lo ocurrido este fin de semana, y la inicial reacción de los mercados, el Gobierno no podrá seguir escondiéndose. Puede volver a caer en la tentación de culpar a los mercados financieros, pero ahora ya no sólo rinde cuentas ante las urnas, sino que ha de hacerlo ante sus socios en Europa, a los que habrá de convencer de que España merece el crédito perdido en las últimas semanas. En lugar de excusarse tras las medidas europeas, la responsabilidad del Gobierno le exige ahora más transparencia que nunca, porque los ojos de los socios comunitarios estarán puestos en España, tal como afirmó ayer la canciller alemana, dispuesta a vigilar que Zapatero cumple con su compromiso de reducir el déficit público. Tras la ayuda de la UE, el Gobierno debería aprovechar esta última oportunidad para reconducir la situación de la economía española. Si no lo hace, será la Unión Europea quien exhiba públicamente las miserias de un Ejecutivo preso de su propia necedad e impericia.

ABC - Editorial

La UE dictamina que el canon digital que se aplica en España es ilegal

El canon digital sólo puede gravar los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital que presumiblemente se utilicen para realizar copias privadas, y no puede aplicarse indiscriminadamente a empresas o profesionales que los utilicen claramente para otras finalidades.

Así se pronunció hoy la abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE) en unas conclusiones sobre el caso que enfrenta a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la compañía española de soportes audiovisuales Padawan, S.L., que se niega a pagar el canon compensatorio -recaudado a favor de autores, artistas y productores- por copia privada.

La abogada recordó que la directiva europea sobre derechos de autor de 2001 señala que el derecho de reproducción del material sonoro, visual y audiovisual corresponde a los autores, intérpretes y productores.


No obstante, señaló que la directiva consiente que los estados miembros permitan la realización de copias privadas, siempre y cuando velen porque los titulares de derechos reciban una "compensación equitativa" que les retribuya "adecuadamente" por el referido uso de sus obras y prestaciones protegidas.
Así, España optó por permitir la reproducción para uso privado, sin autorización del autor, de obras ya divulgadas, y estableció una retribución "a tanto alzado" a favor de los titulares de derechos, a cuyos efectos gravó los equipos, aparatos y materiales de reproducción digital indiscriminadamente con un canon por copia privada.

Los fabricantes, importadores o distribuidores han de abonar dicho canon a las entidades de gestión de los derechos de propiedad intelectual. En este caso, la SGAE reclama a Padawan -que comercializa aparatos como CD, DVD o MP3-, el pago de una compensación a tanto alzado por copia privada por importe de 16.759,25 euros correspondiente a los dispositivos vendidos entre septiembre de 2002 y septiembre de 2004.

La compensación de la SGAE

La Audiencia Provincial de Barcelona, preguntó al Tribunal europeo si el sistema de gravamen español es conforme con la directiva, y si la SGAE puede reclamar la compensación por todos los dispositivos comercializados o sólo por los destinados a la copia privada.

En opinión de la abogada general, la directiva reconoce a los estados miembros un "amplio margen de actuación" a la hora de establecer sus respectivos sistemas nacionales de compensación, siempre y cuando se respete un "justo equilibrio entre los afectados" (los titulares de los derechos de autor y los obligados directa o indirectamente al pago).

La jurista cree que ha de existir una relación suficientemente estrecha entre el uso del derecho y la correspondiente compensación económica por copia privada.
En ese sentido, si un país opta por un mecanismo como el canon digital, "sólo" puede considerarse un sistema de compensación por copia privada conforme con la directiva en el supuesto de que los equipos, aparatos y materiales vayan a destinarse presumiblemente a la realización de copias privadas.

De esa forma, la asignación de una retribución a los titulares de los derechos como consecuencia de la aplicación indiscriminada a empresas y profesionales que, "según muestra la práctica", adquieren los aparatos y soportes de reproducción digital para fines ajenos a la copia privada, no constituye una "compensación equitativa", concluye.


La Razón

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Libertad Digital: El canon digital que se aplica en España es ilegal

El País: La abogada del Tribunal de la UE ve "indiscriminado" el canon digital

ABC: El canon digital aplicado indiscriminadamente es ilegal

El País: El canon digital es ilegal, según la abogada del Tribunal Europeo de Justicia

El Mundo: La abogada general de la UE afirma que el canon no se puede aplicar indiscriminadamente