domingo, 2 de mayo de 2010

1 de mayo, sepelio escuálido y triste

Los sindicatos, que son ya inoperantes en todo menos en subsistir como burocracia paraestatal, corren el riesgo de convertirse en algo prescindible e intrascendente, lo cual es una excelente noticia para la sociedad española

Hace unos años nuestro añorado Carlos Semprún Maura decía que las convocatorias sindicales del Primero de mayo se parecían más a un sepelio que a una manifestación propiamente dicha, “con desfiles cada vez más escuálidos, y mítines pocos concurridos”. Aunque hablaba de las que tuvieron lugar por aquella época, año 2004, en Francia, tanto la escualidez como la flojísima entrada de manifestantes eran perfectamente homologables con las españolas.

Hoy, seis años después, sigue siendo así, con la diferencia de que entonces la economía se encontraba en plena onda expansiva y hoy la destrucción de empleo alcanza cotas nunca vistas antes, al menos en lo que toca a España. Los sindicatos siguen retozando en la seguridad que les da saberse blindados a cualquier reforma, aunque luego no representen a casi nadie. Sus líderes, lejos de ejercer el papel que les corresponde, son meras correas transmisoras de las consignas que emite el Palacio de la Moncloa. Su discurso reaccionario, basado en mantener los privilegios laborales de unos pocos, no ha cambiado un ápice desde hace décadas. No concitan adhesión alguna más allá de los liberados y cierta izquierda sociológica cerril y amojamada por el tiempo.

Ante semejante panorama, la casta sindical tiene aún la desvergüenza de levantar el dedo acusador erigiéndose como árbitro moral repartiendo culpas y ofreciendo caducas recetas que lo único que persiguen es apuntalar sus propias prebendas. Llenarse la boca de demagogia antialemana como hicieron Méndez y Toxo durante la jornada de ayer muestra el lamentable nivel al que han llegado la UGT y CCOO, que en otros tiempos convocaron dos huelgas generales contra los Gobiernos de Felipe González. Como en las repúblicas bananeras, la culpa de los males propios se busca fuera, al tiempo que se pide reincidir en las mismas medidas que nos han conducido a esta situación de desempleo, endeudamiento y destrucción de riqueza.

Tales son los mimbres de los dos sindicatos mayoritarios, niños mimados del Gobierno a quien respetan como padre próvido en larguezas y adulaciones. Por eso, aparcando la cuestión laboral, se han lanzado a atacar al PP y, especialmente, a proseguir la interminable campaña de apoyo al juez Garzón. Y esto en pleno Primero de mayo, supuesto día de los trabajadores. La agenda de Zapatero y de las dos centrales es ya, a estas alturas, idéntica hasta el punto de que podría asegurarse que UGT y CCOO son, a efectos prácticos, parte del Gobierno.

Tal vez ese sea el motivo por el que la asistencia a la manifestación en Madrid y otras ciudades de España ha sido tan, digamos, escuálida. Los sindicatos, que son ya inoperantes en todo menos en subsistir como burocracia paraestatal, corren el riesgo de convertirse en algo prescindible e intrascendente, lo cual es una excelente noticia para la sociedad española. Sólo es necesario que esa insignificancia se vea traducida en la eliminación de los cuantiosos fondos que les transfiere el Estado. Así, si quieren existir, que lo hagan con las cuotas de sus socios, pero no con el dinero extraído a la fuerza a todos los contribuyentes, a quienes insultan y maltratan cada vez que alguno de sus portavoces se atreve a abrir la boca.


Libertad Digital - Editorial

Paseo sindical

LOS sindicatos celebraron ayer el Primero de Mayo con una evidente falta de interés político y una notoria voluntad de no incomodar al Ejecutivo socialista.

Después de oír a los líderes sindicales, cabría preguntarse si existe Gobierno en España y si tal Gobierno tiene alguna responsabilidad en el 20,05 por ciento de desempleo, en los 4.600.000 desempleados y en las 1.300.000 familias con todos sus miembros en paro. Aquellos combativos sindicatos que culpaban a los Ejecutivos de turno de todos los males, incluso en tiempos de bonanza, pasearon ayer sus banderas y pancartas con exquisita ocultación de la responsabilidad política del Gobierno de Rodríguez Zapatero, salvo alguna mención crítica de pasada, enseguida compensada con otra aún peor hacia el PP. En lugar de centrarse en la realidad de este país, los dedos acusadores señalaron a los mercados financieros, los mismos que tienen que financiar el déficit público para que los parados españoles sigan cobrando sus subsidios, y los jubilados, sus pensiones.

No deja de ser un sarcasmo que el lema de la convocatoria conjunta de CC.OO. y UGT -«Por el empleo con derechos y la garantía de las pensiones»- no llevara a ambas organizaciones a protestar explícitamente contra el Gobierno que menos derechos da a los trabajadores, porque se están quedando sin su derecho principal, que es trabajar, y que más inquietud ha sembrado sobre el futuro de las pensiones, recomendando unas veces que se cojan planes privados, alertando otras de que en diez años el sistema público puede fallar y confundiendo siempre a todos, incluida Bruselas, sobre lo que el Gobierno quiere realmente hacer con este pilar del Estado de bienestar.

En una sociedad democrática, las instituciones políticas y las organizaciones sociales, empezando por las empresariales, deben asumir su responsabilidad, no sólo para justificar su existencia, sino para permitir que el sistema funcione eficazmente. Si los sindicatos ocupan el espacio de la representación de los trabajadores, con reglas de mejorable calidad democrática y privilegios de dudosa necesidad, es para defender los intereses laborales, sobre todo en tiempo de crisis. Pero en España los sindicatos están conllevando el desplome del mercado laboral como si fueran portavoces del Gobierno. La realidad, sin embargo, está estrechando este margen de coalición entre uno y otros, y ya ayer reconocieron que es posible llegar a los cinco millones de parados. Ante esta expectativa, lo mínimo que cabe esperar de los sindicatos es una respuesta autónoma y no un incomprensible cierre de filas con el Gobierno.


ABC - Editorial

sábado, 1 de mayo de 2010

Crisis en UPyD

Amenazas. Por Eduardo San Martín

Nos encontraremos ante una crisis institucional de verdad si el Parlamento de la Nación acepta la propuestas del legislativo catalán sobre el Tribunal Constitucional; o si éste se hace el harakiri como le reclama el nacionalismo multicolor desde el antiguo Arsenal de la Ciutadella. De lo contrario, ruido e intimidación, fuegos de artificios y brindis al sol; gestos condenados a lo puramente virtual si las fuerzas políticas mayoritarias no pierden los nervios. La duda reside en saber si el PSOE aguantará el tirón. Si lo hace, los partidos catalanes habrán añadido una frustración más a las muchas que ya acumula el pueblo de Cataluña desde que Maragall convenciera a Zapatero de que era el momento de meterle mano al diseño territorial por la gatera de las reformas estatutarias, cuando nadie, ni siquiera en Cataluña, reclamaba tal cosa.

No nos jugamos la democracia en los desafíos nacionalistas, ni en las deliberaciones del TC, ni en las peripecias procesales de un juez. Si no nos volvemos locos todos. Nos la jugamos en la colas del paro, en la debacle fiscal y en los cementerios de empresas. Las amenazas para el futuro de España como país no se encuentran en las proclamas de un parlamento autonómico ni en las dificultades para sustituir a los magistrados del TC. Tampoco en el revisionismo histórico de unos trasnochados que, como afirmaba el jueves Javier Solana en la entrega del premio Fernando Abril a la Concordia, vuelven la vista atrás atrás porque no tienen futuro al que mirar.

Un país solvente puede convivir con tentaciones centrífugas y con fantasmagorías nostálgicas; pero no puede hacerlo con casi cinco millones de parados, con cuatro de cada diez jóvenes desempleados, con una deuda total que suma tres veces lo que producimos en un año y con un Gobierno empeñado en colocar tiritas sobre la cornada en la femoral que nos ha dado la crisis.


ABC - Opinión

Fiesta del desempleo

Los sindicatos saldrán hoy a la calle en la celebración del Primero de Mayo un día después de que se confirmaran oficialmente las demoledoras cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año.

El desempleo se situó en el 20,05%, su mayor nivel desde 1997, lo que supone que 4,6 millones de personas no tienen empleo. Las familias con todos sus miembros en paro alcanzan ya los 1,3 millones, nada menos que 230.200 más que hace un año. Con este panorama, UGT y Comisiones Obreras dedicarán hoy la denominada fiesta del trabajo a responsabilizar a los empresarios, que no al Ejecutivo, de la crítica situación y lo harán acompañados de una pléyade de liberados, pero no de esos cientos de miles de españoles en paro que no han figurado entre sus prioridades durante estos años. La realidad es que Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo no pueden valorar la depresión laboral española con la aséptica mirada de un observador imparcial, porque han sido promotores activos de la estrategia que ha colapsado el mercado de trabajo en nuestro país y que ha frustrado las posibilidades de recuperación. Hasta la fecha, lejos de asumir su responsabilidad en una gestión perjudicial para los trabajadores, se han dedicado a disculpar al Gobierno, por un lado, y por tanto a ellos mismos, y a repartir culpas entre los empresarios, el PP, los bancos, los organismos internacionales y todo aquél que haya denunciado la equivocada política económica.

Es muy probable que Méndez y Toxo compartan las palabras del secretario de Estado José Manuel Campa, que aseguró ayer que España no llegará a los cinco millones de parados. Puede que coincidan incluso con Campa en que, ahora sí, se atisban brotes verdes en el mercado laboral, con un mejor comportamiento de la población activa, la ocupación y la movilidad laboral. Nosotros casi hemos perdido la cuenta de las ocasiones en las que el Gobierno ha realizado pronósticos similares mientras la crisis se extendía imparable y la economía entraba en shock. Aún recordamos cuando el propio presidente aseguró que nunca se alcanzarían los cuatro millones de desempleados, y ya vamos camino de los cinco.

El Gobierno no atiende las advertencias que le llegan desde dentro y desde fuera del país. Las esperadas y necesarias reformas no se concretan mientras se enreda en confusos e inacabables procesos negociadores. Sin actuaciones urgentes en el mercado laboral, en el sistema financiero o en el gasto público, la recuperación de la economía será un propósito inalcanzable y el deterioro una consecuencia ineludible. Ayer, el Ejecutivo aprobó el recorte de 29 empresas públicas y 32 altos cargos para ahorrar 16 millones de euros. Es una medida limitada y tardía, que parece más otra operación cosmética que una apuesta real por la austeridad, tan necesaria en un país con un elevado déficit. Si el Gobierno no afronta las medidas de choque que la Economía precisa, el Primero de Mayo del año próximo será de nuevo la «fiesta» del desempleo.


La Razón - Editorial

La segunda mitad del segundo semestre. Por Maite Nolla

Cuando dicen eso de que la recuperación vendrá en la segunda mitad del segundo semestre de no se sabe cuándo, no se deben ni escuchar a ellos mismos y les da igual. Con lo cual, lo mejor es que arrimemos todos el hombro, pero para echarles.

Me dice un amigo que, en realidad, la crisis en las empresas empezó hace algo más de dos años. Hasta hace poco el problema eran los impagos, especialmente en los negocios que dependen de otros y estos otros de otros. Hago un inciso y es que en algún momento se tendrá que plantear qué se hace con las deudas que dejan por el camino algunos tipos de sociedades, especialmente las de responsabilidad limitada, porque una cosa es el fraude de ley y otra el fraude legal. La cuestión es que, desde hace un tiempo, el cierre de los grifos por parte de los bancos ha acabado de hundir a muchos negocios que se han visto obligados a despedir a mucha gente; despidos en perjuicio, claro está, del trabajador, pero también de la empresa que tiene que asumir unos costes que no son elevados, son desproporcionados. La situación ha llegado a tal punto que, para que se hagan una idea, muchas pequeñas empresas han decidido dejar de defenderse ante los procesos de ejecución, porque ni siquiera pueden pagar al abogado que les alarga el procedimiento y rasca algo; incluso ahora, que empieza a haber una corriente entre algunos jueces de considerar abusivos los intereses de muchas pólizas.

Y el Gobierno lleva dos años despreciando todo eso. Desprecia incluso a la oposición, que a veces, entre ocurrencia y ocurrencia, ha apoyado las medidas de la nada que ha adoptado el Gobierno. Y les pondré varios ejemplos. El primero es que cada fin de semana Leire Pajín reclama de la oposición eso de "arrimar el hombro" contra la crisis y tal. Lo cierto es que, pese al apoyo incomprensible que la oposición ha dado al Gobierno, Zapatero ya dijo que no podía alcanzar pactos de Estado con la derecha en materia económica por "motivos ideológicos"; lo cual da una idea de la peligrosidad social del personaje.

Y otro ejemplo es que mientras muchos empresarios intentan cobrar una décima parte de los impagos y que no les embarguen más que casi todo, el Gobierno este verano adoptó dos medidas de gran calado social: la primera fue dar satisfacción a Puigcercós aprobando el sistema de financiación para Cataluña, insolidario, desigual y en desarrollo de una norma pendiente de una sentencia que lo puede anular. Le recordarán en la sede de ERC, en un atril con una bonita cifra a modo de botín. La otra fue dar gusto a su empresario mediático de cabecera, aprobando en agosto un Decreto-Ley –que exige una extraordinaria y urgente necesidad– para darle el fútbol de pago. Luego es normal que sean los primeros en defender la alegría y en acusar a los medios de la derecha de poco menos que de golpismo por hablar en términos catastróficos de lo que pasa; total, aún no estamos como en Grecia.

Cuando dicen eso de que la recuperación vendrá en la segunda mitad del segundo semestre de no se sabe cuándo, no se deben ni escuchar a ellos mismos y les da igual. Con lo cual, lo mejor es que arrimemos todos el hombro, pero para echarles.


Libertad Digital - Opinión

El intocable. Por Ignacio Camacho

ESTÁN linchando a jueces de carrera impecable para defender a un juez de trayectoria borrosa.

La poliédrica red de relaciones de Garzón se mueve en ambientes políticos y mediáticos para desacreditar a todo el que mantenga una posición crítica sobre el magistrado, y de paso a los juristas del Constitucional sospechosos de ver con malos ojos el Estatuto de Cataluña: los han criminalizado hasta por ir a los toros, actividad que de momento permanece amparada por la Constitución. Quizá pronto veamos en los papeles la lista de patrocinios de cursos a miembros de la Audiencia Nacional y el Supremo, aunque no hayan eximido luego de responsabilidades o culpas al patrocinador. La operación de salvamento, dirigida o apoyada por el propio Garzón, amenaza con desestabilizar a todo el alto aparato judicial del Estado. No basta, por lo visto, con la defensa jurídica propiamente dicha, plenamente garantizada y respaldada por la decencia de profesionales como el instructor Varela o la consejera del CGPJ Margarita Robles, capaces de autoinhibirse donde el encausado jamás lo ha hecho; es menester intimidar a todo ciudadano con toga que ose cuestionar la línea de pensamiento único. Política de tierra quemada, un bombardeo de abrasión que va a dejar la Justicia hecha unos zorros por haberse atrevido a procesar a un intocable.

De los tres casos que comprometen a Garzón, en dos tiene asegurada una estrategia de alboroto político: la causa del franquismo, primera exhibición de fuerza, y la de las escuchas de Gürtel, que pese a ser a criterio de los expertos la de más sólidos indicios promete ruido a cuenta de sus implicaciones colaterales con el Partido Popular. Pero en la de los pagos del Santander va a ser difícil movilizar la agitación callejera. Nadie ve a los sindicatos y a los actores reclamando libertad para exculpar a un banquero. El asunto parece penalmente más liviano, pero deja al héroe en mala postura ética. Es una cuestión poco honorable, un temilla de dineros que provoca escasas solidaridades y ofrece un pésimo perfil ideológico. Entre la clase judicial irrita sobremanera que Garzón cobrase por los cursos de Nueva York el triple del salario medio de un colega. Así que no va a haber más remedio que poner en marcha el ventilador y tratar de esparcir las salpicaduras.

Por si acaso se resiste, empero, algún elemento impermeable o correoso, también ha empezado a funcionar la máquina de favores políticos. La sonrojante liberación de Usabiaga engrasa la sintonía con un Gobierno empeñado en sacar del lado oscuro a Batasuna. Y el caso Faisán aguarda en stand by con su carga expansiva de responsabilidades por aclarar. Garzón es duro, muy duro de pelar; en dos décadas y media ha acumulado demasiada información comprometedora. Él mismo o quienes lo respaldan están dispuestos a convertir su defensa en un cable pelado de alta tensión capaz de electrocutar al que lo roce.


ABC - Opinión

La gran sentencia. Por Alfonso Ussía

Hay frases que descoyuntan a quien las oye o lee. Descoyuntan, porque son saludadas con una inclinación de cabeza que lleva a ésta hasta el suelo.

Sentencias plenas de talento que nos abren los ojos e invitan a la meditación. Manuel Chaves, «caballa» ceutí, ex presidente de la Junta de Andalucía y hoy vicepresidente del Gobierno, ha sido el autor del encadenamiento de palabras más inteligente de los últimos cincuenta años. A Manuel Chaves le descubrió mi compadre barroco Antonio Burgos una característica física de apreciable importancia. De frente, el entorno de su rostro coincide a la perfección con el dibujo del escudo del Barça. Me consta que no es el momento más oportuno para referirse al gran club español, recientemente apeado de la Liga de Campeones. Pero ninguna culpa tengo de ello. Ni de la eliminación del Barça, ni de la cabeza de Chaves, ni del escudo, ni de la coincidencia. Escribo abrazado a la buena voluntad y con el entusiasmo propio del ser humano sorprendido por un rasgo de talento ajeno. Chaves, dicha sea la verdad, es el vicepresidente de un Gobierno que no existe, y por ello, existe aún menos que el mismo Gobierno. Con las excepciones que confirman la regla, el vicepresidente de cualquier institución, o entidad pública o privada, acostumbra a ser el hermano tonto. En las sociedades anónimas o limitadas, los vicepresidentes no tienen ni despacho. Los vicepresidentes del Gobierno ingobernable, no gobernado y nada gobernador de Zapatero, van a su aire porque nadie, ni el propio Zapatero sabe qué cosa vicepresiden. De ahí la libertad que tienen para decir genialidades. La vicepresidenta De la Vega dijo, no hace mucho, que gracias a los socialistas las mujeres españolas de hoy son más cultivadas que las de ayer. Me sucede lo que a Sacha Guitry, que al oír hablar de una mujer cultivada me la figuro con rábanos, coles de Bruselas, zanahorias y plantas de tomate emergiendo de sus orejas. Pero lo de Chaves ha sido mejor. Formidable es el adjetivo adecuado.

«Si no se crea empleo en el último trimestre de 2010, será a lo largo de 2011». Descoyuntado me hallo, insisto. Se puede ser concluyente, pero no tanto. Es frase que aventura y tranquiliza. Y además, con el secreto de extender el porvenir al antojo del calendario. Porque si no se crea empleo en el último trimestre del 2010 y tampoco en el año 2011, Chaves podrá vaticinar que si no se produce la creación de puestos de trabajo en el último trimestre de 2011, el empleo se creará en 2012, y así sucesivamente hasta llegar al año 2016 con el treinta o cuarenta por ciento de parados, cifra de muy probable consecución mientras los sindicatos se tocan el bolo. Hoy, sábado 1 de mayo, los sindicatos salen a la calle a manifestarse contra los empresarios. Contra el Gobierno, eficaz creador de cinco millones de parados, ni una palabra, que hay que pagar las nóminas y los coches oficiales. Así, Cándido Méndez, podrá decir en la tribuna al final de la manifestación: «Nuestro vicepresidente Chaves ha dicho que si no hay creación de puestos de trabajo en 2010, la habrá en 2011, así que compañeros y compañeras, trabajadores y trabajadoras, enchufados y enchufadas, subvencionados y subvencionadas, podemos estar tranquilos. La culpa de los cinco millones de parados la tienen los empresarios, Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, y contra ellos nos manifestamos, compañeros y compañeras, que os lo creéis todo y parecéis más tontos que mandados a hacer de encargo». Y dicho esto, Méndez se esconderá tras los grandes paneles de la tribuna de oradores para morirse de risa. La frase de Chaves forma parte, y con alta justificación, de la antología de sentencias ingeniosas de la política española. Eso no quita que la gente de la calle pueda considerar su sentencia como la propia de un descomunal caradura. La libertad de opinión y de expresión es así. Monumentales carotas.

La Razón - Opinión

El socialismo, es lo que tiene. Por Pablo Molina

Ese es el resultado inapelable de la aplicación de las ideas socialistas: una casta de ungidos encaramados al poder que se enriquece, unos grupos de presión que le hacen el trabajo sucio y, en contraposición, una clase media destruida.

La propaganda de izquierdas es tan burda como eficaz. Los socialistas llevan dedicados al noble oficio de engañar a los obreros desde su fundación hace más de un siglo, así que no resulta extraño que en todo este tiempo hayan depurado sus técnicas hasta alcanzar el grado sublime que tienen en la actualidad.

Esas abultadas dosis de propaganda, a base de frases sencillas y acusaciones metafísicas que influyen en el terreno emocional de la gente de a pie, es lo que permite a nuestros socialistas contemporáneos seguir blasonando de que su principal objetivo es defender el bienestar de los más desfavorecidos. El PSOE dice que va a castigar a los ricos y los pobres le creen, aunque los realmente adinerados, en este o cualquier otro país, disfruten de muchas más gabelas cuando manda la izquierda que cuando lo hace la derecha. La consecuencia es que, aunque los trabajadores pasen hambre como ya está ocurriendo en muchos casos, prefieren votar a un partido que les regala los oídos estimulando el sentimiento de la envidia, sin el cual el socialismo perdería gran parte de sus expectativas.

Cuando aparece algún socialistón que se ha enriquecido de forma asombrosa, las víctimas del telediario saldan el expediente acusándole de no ser realmente de izquierdas. Al contrario. Precisamente por ser socialista se ha enriquecido mientras la población normal se empobrece. Ese es el resultado inapelable de la aplicación de las ideas socialistas: una casta de ungidos encaramados al poder que se enriquece, unos grupos de presión que le hacen el trabajo sucio a cambio de que sus miembros vacíen el bolsillo ajeno y, en contraposición, una clase media destruida y millones de obreros viviendo del mísero subsidio estatal.

Lo dramático es que precisamente cuando la injusticia social es más notoria, es cuando los más perjudicados exigen una dosis mayor de socialismo; no de otra forma cabe entender que, a estas alturas, Zapatero siga generando un notorio apoyo popular que le puede llevar a revalidar su victoria electoral en 2012 si antes no revienta por completo nuestra economía.

El socialismo es el mayor agente destructor de riqueza y la garantía de que los pobres lo van a ser cada vez más, mientras un ejército de parásitos vive en la abundancia desvalijando a los que no tienen capacidad suficiente para defenderse de las coacciones del Gobierno. Eso es el socialismo y esos son los socialistas. En una pena que no sólo estén en el PSOE.


Libertad Digital - Opinión

La solución es el PSOE. Por M. Martín Ferrad

ESPAÑA no es Grecia, repiten machaconamente Elena Salgado y otros notables gubernamentales.

Eso es verdad; pero tampoco es Alemania, Francia o Gran Bretaña. En lo que a solvencia respecta, España es como Irlanda y hasta un poco más que Italia. Ello no quiere decir, en modo alguno, que sería conveniente organizar un multitudinario concierto nacional de castañuelas para mostrar nuestra alegría colectiva. España, y no sólo en términos económicos y de rating, está peor que hace seis años, cuando José Luis Rodríguez Zapatero sucedió a José María Aznar como residente en La Moncloa y mucho peor que hace dos, cuando renovó su contrato de inquilino. Ese debe ser el punto de partida de cualquier análisis. Esto no es una competición, sino la vida y el bienestar de los ciudadanos.

Tampoco es cosa, por estéril, de ensañarse en la crítica a quien, siendo el peor jefe del Ejecutivo de los últimos 35 años, parece convencido de estar tocado por los dioses y tener en sus manos el talismán de la grandeza nacional. Unas veces por acción y otras por omisión, Zapatero ha creado el ambiente propicio para la ruina económica, desde el paro a la Deuda pasando por el déficit, y, lo que es peor y más irreversible, también para la ruina política. Aquí, donde hasta los gatos quieren zapatos, un líder regional cuyo partido respaldan un 3 por ciento del total de los votantes españoles puede permitirse el lujo de «avisar» de la gravedad que conlleva que la Constitución se anteponga a «su» Estatuto de Autonomía.

Tan grave situación exige soluciones y, ante la imposibilidad de un pacto de Estado entre los dos grandes partidos, a dos años de las próximas legislativas y sin que el principal grupo de la oposición admita la hipótesis de una moción de censura sin victoria garantizada (!), sólo cabe una solución teórica y no rupturista: el PSOE, responsable y respaldo del liderazgo de Zapatero, tendría que actuar y, en uso de las prerrogativas reglamentarias que asisten a su cúpula, reconvenir y, en su caso, sustituir a quien ya tiene acreditada su incapacidad fáctica para enfrentarse a la situación con la energía y la inteligencia debidas. La dejación presidencial está calentando un cisma institucional y, al tiempo, ha puesto el futuro económico de la Nación en manos de los llamados agentes sociales. Vistas las cosas desde esta perspectiva, no estamos como Grecia, sino muchísimo peor.


ABC - Opinión

Al borde del colapso

Más familias sin ingresos y más paro prolongado amenazan los indicios de recuperación

La encuesta de población activa (EPA) del primer trimestre de 2010 revela algunos aspectos del grave deterioro del mercado de trabajo sobre los que deberían reflexionar con urgencia el Gobierno y los agentes económicos. No se trata sólo de que la tasa de paro ha rebasado la barrera psicológica del 20% ni de que el número de parados (4.612.700 personas, 286.200 más que a finales de 2009) sea un récord. Además de tales comparaciones dolorosas, la economía española se enfrenta a problemas sociales de más calado que el puramente estadístico. La EPA detecta 1.298.500 familias con todos sus miembros en paro; y los parados de larga duración (más de un año buscando trabajo) son ya 1.787.000. Aunque las familias han protegido hasta ahora a sus parados, existe el riesgo de que aumente la pauperización.

Frente a este crash laboral, el Gobierno esgrime hasta ahora un reconocimiento teórico de la gravedad del problema y la convicción de que "el deterioro del mercado laboral es menos acusado que en el primer trimestre de 2009". La conclusión estadística es correcta, pero muy corta de miras. En el primer trimestre de 2010 la EPA muestra un cambio significativo: la población activa aumentó en 34.400 personas, casi todas ellas mujeres. Aunque sea muy probable que en el mes de abril la tendencia del empleo ha mejorado y se confirme que el crecimiento del paro ha tocado techo, un aumento sostenido de la población activa mantendría la tasa de desempleo en niveles muy altos durante varios trimestres. Y, como se ha repetido hasta la saciedad, el principal peligro para la economía (sobre todo para la estabilidad de las cuentas públicas) es un paro elevado de larga duración. En ese sentido, la evolución del número de familias sin empleo y de parados casi permanentes induce más bien al pesimismo. En estas condiciones, cualquier indicio de recuperación es simple voluntarismo. Sobre todo cuando el FMI advierte que la economía española llegará a tasas de crecimiento del 2% allá por 2016.

La primera EPA del año trae también un mensaje para los sindicatos. De los 239.000 empleos desaparecidos, 73.000 son contratos fijos. Es la tercera EPA en la que desaparecen puestos fijos. El ajuste de empleo no afecta sólo a los contratos temporales y tampoco a la construcción en exclusiva; toca también a los clientes o afiliados de los sindicatos. Estos han optado por responder con maniobras evasivas. Instan al Gobierno a que actúe para acabar con el paro. No es una buena respuesta, porque en su mano está reflexionar sobre lo que pueden hacer para crear empleo. Acelerar la negociación sobre la reforma del mercado de trabajo, por ejemplo.

No es noticia afirmar que la situación económica es grave o que la crisis del mercado laboral, además de la amenaza de empobrecimiento social, puede agravar la parálisis del crédito bancario y comprometer todavía más la solvencia de las finanzas públicas. Pero lo cierto es que la amenaza de colapso, con una economía saliendo de la recesión con tasas de crecimiento muy bajas y tasas de paro muy altas, sólo puede conjurarse con decisiones contundentes: recorte del gasto público y reformas rápidas en el sistema financiero.


El País - Editorial

De Juana Chaos y un lamentable sistema penal

De Juana Chaos nunca se ha arrepentido de sus crímenes y mucho menos ha pedido perdón a los familiares de sus víctimas, que es lo menos que se debería exigir a un asesino antes de ser puesto en libertad.

De Juana Chaos es uno de los peores asesinos de la historia de la banda terrorista ETA, lo que no le impide ubicarse fuera del alcance la justicia aprovechándose de los beneficios de un código penal español más preocupado de beneficiar al delincuente que de resarcir a las víctimas.

Su participación directa en veinticinco asesinatos cometidos por la banda, además de la realización de labores de organización en el entorno terrorista, le llevaron ante la justicia en 1987 para ser condenado a casi tres mil años de cárcel. Lo que hubiera sido de hecho una cadena perpetua, con el código penal español, no por tantas veces revisado menos lamentable, se convirtió finalmente en dieciocho años de privación de libertad, tras los cuales tenía todas las posibilidades de acabar en la calle como cualquier otro ciudadano que jamás hubiera cometido una falta. Tan sólo la insistencia de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, procesándolo por delitos de enaltecimiento del terrorismo, permitió que volviera a la cárcel, no sin antes protagonizar una grotesca huelga de hambre que nadie creyó salvo él mismo y unos medios de comunicación internacionales, protagonistas de uno de los episodios más siniestros de la historia informativa reciente.


De Juana Chaos fue finalmente puesto en libertad en agosto de 2008. Cuatro días más tarde, la Audiencia Nacional abrió diligencias por el delito de enaltecimiento del terrorismo que ha llevado finalmente a pedir su extradición de suelo irlandés. Demasiado tarde. Una justicia lenta y un código penal absurdamente benévolo le han dado el tiempo y los recursos necesarios para desaparecer sin que ni las autoridades irlandesas ni las españolas conozcan su paradero. Algo parecido ha ocurrido con la estrambótica desaparición de otro asesino etarra, Iñaki de Rentería, al que la policía busca tras su salida de prisión, después de que la Audiencia Nacional se negara a procesarle por el intento de asesinato del Rey Juan Carlos, sin que nuestra justicia atine a hacer otra cosa que culpar al país vecino.

De Juana Chaos nunca se ha arrepentido de sus crímenes y mucho menos ha pedido perdón a los familiares de sus víctimas, que es lo menos que se debería exigir a un asesino antes de ser puesto en libertad en cumplimiento de unos beneficios penales que, según dicta el sentido común, sólo deberían ser aplicados a quienes de modo fehaciente se retracten de su pasado sanguinario. Hablamos del criminal que en marzo de 1993, tras el asesinato del concejal sevillano Alberto Jiménez Becerril y su esposa, mostró su alegría escribiendo "sus lágrimas son nuestras sonrisas". La misma alimaña que en mayo de 1998, tras el asesinato del concejal de UPN Tomás Caballero, solicitó al director de la prisión champán y langostinos para celebrarlo.

Hoy está desaparecido, lo que constituye un insulto añadido a sus víctimas y una ofensa más a los ciudadanos que juiciosamente quieren que los asesinos paguen por el daño causado hasta sus últimas consecuencias. Veinticinco seres humanos inocentes, destrozados por las bombas y los disparos de un sucio asesino, no merecen menos. La sociedad española tampoco.


Libertad Digital - Editorial

El paro condena a Zapatero

LA exclusiva adelantada por ABC sobre los datos de la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de este año fue confirmada ayer por el Instituto Nacional de Estadística, con la publicación oficial del informe. La tasa de paro está en el 20,05 por ciento, con 4.162.700 personas sin trabajo.

Pero aún hay datos más preocupantes, como el de que en 1.298.500 familias no hay un solo miembro trabajando. Además, los jóvenes entre 16 y 25 años siguen abocados al desempleo y no hay atisbo de una mejora sustancial. El Gobierno confía en la tregua que pueda darle el paro de abril, que se conocerá la semana que viene, pero, por bueno que sea el dato, no podrá neutralizar el descrédito del Gobierno ni justificar previsiones optimistas a medio plazo. Por el contrario, es evidente que se está extendiendo la economía sumergida, única forma de entender la subsistencia de cientos de miles de familias sin ingresos del trabajo, lo cual anuncia un escenario en el que las medidas fiscales que se tomen tendrán un efecto muy limitado o nulo -porque las actividades productivas son cada vez más ocultas- y que generará un mercado laboral alternativo y difícilmente controlable.

En todo caso, al margen de estas consecuencias económicas, la tasa de paro confirmada por el INE pone al Gobierno ante el espejo de su incapacidad y explica su descrédito internacional. A pesar de los mensajes inverosímiles del Ejecutivo acerca de que el paro ha tocado techo o de que el deterioro del empleo se frena, la convicción instalada en la opinión pública es que la evolución será a peor. ¿Realmente está el Gobierno en condiciones de descartar que se llegue a los cinco millones de parados o a una tasa de desempleo del 25 por ciento? Baste recordar cuántas veces descalificaron la tasa del 20 por ciento. Ahora los responsables económicos se apresuran a recordar que ya anunciaron que se podía llegar a ese porcentaje. Lo hicieron, sí, cuando era evidente y, lo que es peor, tarde.

El estado actual de la economía y el empleo desautoriza los llamamientos del Ejecutivo a la confianza. El crédito sigue sin circular entre empresas y particulares. Empieza a repuntar la inflación, pese al aumento del paro y la recesión. El déficit es insostenible y obligará a suprimir los planes de ayudas públicas, lo que hará que los sectores beneficiados por ellas vuelvan a resentirse de la retracción del consumo. No son profecías, sino la lista de daños de una política económica equivocada y sin propósito de enmienda.


ABC - Editorial

viernes, 30 de abril de 2010

Proxenetas y alcahuetas en el Senado. Por Agapito Maestre

Es necesario, pues, salvar a las otras lenguas de España de los proxenetas que las prostituyen en el Senado.

La basura generada diariamente por el Gobierno de Rodríguez Zapatero es imposible de reciclar. Moriremos todos contaminados por este basurero infecto en que ha convertido la política Rodríguez Zapatero. Sus socios nacionalistas y separatistas son sus cómplices. Dejemos al margen la dejadez ideológica del PP. Una vez que la "política" ha sido travestida, o peor, deformada en una actividad de mera confrontación de todos contra todos por cualquier cosa y motivo, generadora de tensiones ancestrales y odios salvajes, las instituciones ya no sirven para que sus moradores se comuniquen entre ellos de modo inmediato, sino para que se distancien y enfrenten. El sistema entero está en cuestión, porque Rodríguez Zapatero y sus cómplices así lo han querido. Esto no es fatalismo ni fanatismo, como diría algún palanganero del poder, sino reconocimiento de una condición sine qua non para pensar.

El razonamiento político se hace hoy más necesario que nunca. No obstante, nadie se haga ilusiones sobre el poderío de la inteligencia ante la violencia introducida por Rodríguez Zapatero en el sistema "político". No hay razón que detenga a quien ha hecho de la confrontación y la persecución ideológica del adversario su programa político. A estas alturas de la legislatura nadie niega ya que Zapatero ha ganado la batalla del enfrentamiento, o sea, de poner patas arriba todo el sistema institucional, incluso hay gentes que alientan la llegada de la Tercera República con el de León ocupando la Jefatura suprema. No se rían, peores cosas se han visto en la chunga historia de este país. En cualquier caso, Rodríguez Zapatero ha conseguido hacer plausible su propósito: la confrontación entre los españoles se extiende por todas partes.

La aprobación de la reforma del Reglamento para ampliar en el Senado el uso de las lenguas cooficiales, desplazando a la común, es otro síntoma de la degradación de la "situación espiritual" del régimen socialista. El bochornoso espectáculo de ver a unos tipos, en el Senado, que comparten la lengua castellana con auriculares para ser traducidos entre ellos porque no quieren usar la lengua común es algo peor que ridículo. Es el resultado de un proceso de manipulación, casi criminal, de las otras lenguas de España. Esas lenguas, que usan el pueblo para comunicarse y sus poetas para enriquecerlas, han sido prostituidas por los políticos para conseguir unos pocos votos. Esas otras lenguas de España, sí, son lenguas secundarias comparadas con la lengua española por antonomasia, como nos ha enseñado Gregorio Salvador, pero eso no significa que esas lenguas no hayan sido decisivas, a veces han sido hasta determinantes, para enriquecer y potenciar la literatura de España.

En fin, la institución de la lengua, que es por esencia comunicación, se pervierte cuando es entendida sólo y exclusivamente como "hecho diferenciador". Precisamente, por eso, porque estoy en contra de que conviertan las "otras lenguas de España", el catalán, el gallego, el euskara y el valenciano, en instrumentos del separatismo, mantengo que la aprobación de ese reglamento impositivo del Senado es una cosa de chulos, proxenetas y alcahuetas. La imposición de esas lenguas es una forma de prostituirlas. Porque esas lenguas son bienes culturales de España no puede imponerse a los españoles. Hay, pues, cientos de razones para decir "no" a esta imposición del Senado. Pero daré una de carácter cultural, genuinamente lingüística, que es la base de la emancipación de toda sociedad libre. Las lenguas son cultura viva, antes que mera y simple "manipulación política", de ahí que no haya necesidad de imponerlas.

Parece que todos los españoles, excepto a los nacionalistas y socialistas, consideran esas lenguas como hechos vivos y enriquecedores de España. No necesitan de respiración asistida para sobrevivir: sólo las lenguas moribundas precisan de protección y asistencia, propia de hospital, zoológico o parque temático. Los nacionalistas y los socialistas, en verdad, no creen en esas lenguas. Acomplejados, sin fe en ellos mismos, consideran a las otras lenguas de España como cadáveres. Se empeñan, pues, en la tarea de "revivir" a unos muertos para vivir a su costa. Es necesario, pues, salvar a las otras lenguas de España de los proxenetas que las prostituyen en el Senado.


Libertad Digital - Opinión

Las otras causas contra Garzón. Por José María Carrascal

A mí, qué quieren que les diga, ese brusco frenazo de la primera causa contra Garzón me ha gustado. No por creer que no tenga fundamento, como aseguran sus críticos, sino por ver cómo está contaminando las otras dos abiertas al juez de la Audiencia Nacional. Pues somos testigos de una de las mayores aberraciones judiciales: que los acusadores tienen más relevancia que los cargos. En buena ley, lo que debe dirimirse es si Garzón tomó a sabiendas atribuciones que no le pertenecían. Pero de lo que se habla y escribe es de Falange Española y del «sindicato ultraderechista» Manos Limpias, que han demandado a un juez por intentar hacer justicia a las víctimas del franquismo. Cuando no es eso de lo que se trata, ya que, utilizando la cita clásica, podríamos decir que «una acusación es una acusación la haga Agamenón o su porquero».

Pero la idea ha calado, nacional e internacionalmente, siendo ya muy difícil borrarla. De ahí que me haya parecido excelente la idea del juez Varela de aceptar la recusación de Garzón y apartarse de esta causa hasta que se aclare si fue él quien se excedió en sus atribuciones. Ello deja vía libre a las otras dos causas abiertas contra el magistrado de la Audiencia Nacional, que nada tienen que ver con la primera.

La segunda, presentada por accionistas del Banco de Santander que se creen perjudicados, debe aclararnos si Garzón:

1. -Actuó correctamente al seguir cobrando su sueldo en España durante su estancia en Nueva York por los cursos dados en aquella universidad, después de haber solicitado permiso sin tener ingresos allí.

2. -Si solicitó de algún modo al Banco de Santander financiación de esos cursos.

3. -Si cometió irregularidad al declararse competente para ver una demanda contra el mismo banco a su regreso a Madrid. Ya sabemos que hubo una sentencia que le declaró inocente de este cargo, pero en el entretanto han aparecido cartas y documentos inéditos, que relacionan al magistrado con ese banco y esos cursos.

La última causa es la más clara de todas: se trata de ver si Garzón se excedió en sus funciones al ordenar intervenir las comunicaciones entre detenidos del «caso Gürtel» y sus abogados defensores, algo que la ley sólo contempla en casos de terrorismo. La acusación la lleva, entre otros, el Colegio de Abogados de Madrid.

Esto nada tiene que ver con el franquismo, con sus víctimas, con la ideología ni con las rivalidades entre los jueces. Tiene únicamente que ver con la actuación de un juez en terrenos tan personales e importantes como el económico y el procesamiento judicial. Algo que la primera causa contra él venía distorsionando hasta el punto de no saber ya quiénes son los acusadores, los acusados, las víctimas y los verdugos. Un revoltijo que sólo conduce a que no se haga justicia.


ABC - Opinión

La solución definitiva al insomnio. Por Emilio Campmany

Quienes de ustedes padezcan de insomnio, al quiosco a por el tratamiento del doctor Roures, que es, como todo lo suyo, infalible.

La crisis que azota a la prensa de papel ha llegado al extremo de no ser posible vender periódicos si con el precio de portada o un modesto incremento sobre el mismo no incluye algún regalo. Son frecuentes las películas, un producto atractivo si los filmes son de calidad porque los precios de venta al público con los que las productoras marcan sus DVDs son tan prohibitivos que parecen ser un estímulo a la piratería. Pero han llegado a ofrecer vajillas, cristalerías y toda clase de aparatos electrónicos.

Cuando ya creíamos que ningún periódico sería capaz de regalar nada que pudiera sorprendernos, va Público y ofrece algo absolutamente novedoso, el no va más, la octava maravilla del mundo, la madre de todas las ofertas, el ofertón homérico. Se trata de la solución definitiva al insomnio.

Los que padecen esta enfermedad recelarán. Llevan años probando toda clase de tratamientos y ninguno termina de funcionar. El que Público haya descubierto su tratamiento definitivo es sencillamente increíble. Y por el módico precio de dos euros. Y encima te regalan el periódico de hoy. La mayoría de los que se agolpen en los quioscos lo harán sólo por hacerse con el regalo y quizá nunca vuelvan a repetir la sabrosa experiencia de leer un auténtico y genuino diario de izquierdas. Pero eso no será obstáculo para que, quienes padecen el mal, un tercio de la población adulta española, según el Instituto Nacional de Estadística, le estén eternamente agradecidos a Roures y a su panfleto zapateril por casi regalar la cura definitiva al insomnio.


¿Y en qué consiste el aparato? ¿Va a pilas o funciona con energía solar, como debiera hacerlo un artefacto inventado por la nueva izquierda? Nada de eso. Funciona sin pilas, sin estar conectado a la red y sin más energía que la de la muñeca de quien lo sostiene, como los relojes automáticos. Es un libro.

Bah, un libro, dirán ustedes. Eso lo han regalado con el periódico un montón de veces y no sirve. Por aburridos que sean, y algunos lo son mucho, ninguno puede ser calificado como la solución definitiva al insomnio. Los que han probado con El capital, de Marx, o con el repertorio de sentencias de la sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Supremo, eficaces hasta donde pueden, no merecen ser calificados como la solución definitiva a nada. Un libro no basta, pensarán; hace falta algo más fuerte. Se equivocan. Un libro puede bastar y si no, verán. Lo que hoy regala el diario Público es nada más y nada menos que Garzón contra el franquismo, los autos íntegros del juez sobre los crímenes de la dictadura. Nada de extractos. El libro incluye los autos "íntegros". Como pueden ver, un arma letal contra el insomnio. Quien no sea capaz con esto de acabar en brazos de Morfeo es que es una seta o un arbusto, no un ser humano.

Pero, como cabe la posibilidad de que existan unos pocos enfermos desahuciados para los cuales esta dosis de caballo de autos garzonitas pudiera no ser suficiente, el libro trae un prólogo de Carlos Jiménez Villarejo, algo que no sería capaz de resistir ni un tío atiborrado de anfetaminas, lo que se dice la puntilla final.

Así que, ya saben. Quienes de ustedes padezcan de insomnio, al quiosco a por el tratamiento del doctor Roures, que es, como todo lo suyo, infalible. Suerte y que lleguen a tiempo de encontrar un ejemplar antes de que se agoten.


Libertad Digital - Opinión

La Cámara de los horrores. Por M. Martín Ferrand

VARIAS veces, y por distintas razones, me he referido aquí a la innecesariedad del Senado. Dicen que es la Cámara territorial y más bien parece una factoría en la que se elaboran -con gran productividad, dicho sea en su alabanza- chascarrillos y situaciones cómicas. Es posible que los padres constitucionales, que no quisieron privarnos de ninguna de las piezas del muestrario democrático mundial, vieran en el viejo caserón de la Plaza de la Marina Española una válvula de escape, algo así como el Club de la Comedia, pero con mucho ringorrango, pretensiones institucionales, abundante plantilla de paniaguados y, ya en la demasía, hasta una piscina de agua tibia para que a los senadores no les falte de nada.

Ahora, a partir de una iniciativa de ERC que, en servicio al PSC, arropó con entusiasmo el PSOE, el Senado puede convertirse en un remedo de la torre de Babel de que nos habla el Génesis. Como en Babilonia, podremos asistir a la confusión de las lenguas y no dejará de resultar tan penoso como sintomático, tan ridículo como demostrativo de los efectos nocivos del mal uso de una Constitución, que, por ejemplo, un senador gallego utilice los servicios de traducción simultánea para entenderse con un colega de León o con otro de Guipúzcoa o de Tarragona. En defensa de tan singular y risible «avance» democrático se dice que satisface la demanda de muchos ciudadanos -¿si?- y que el coste de la instalación del servicio y su mantenimiento no es caro. ¿Los disparates de bajo precio son preferibles a los más costosos?


Leire Pajín, la senadora que más demostró su alegría ante la sinrazón mayoritaria, expresó su contento con unas palabras en un vascuence con aromas de doblaje de los sioux en una película de serie B, otro tanto de gallego como el de Xan das Bolas en una película de Cifesa y algo de valenciano al modo de Antonio Ferrandis en Cañas y Barro. España, como oportunamente defendió en el Senado el popular Juan Van-Halen, «no es un Estado plurilingüe». Son bilingües algunas de sus regiones y, a partir de esa incontestable realidad, convertir una Cámara inútil en algo parecido al Parlamento Europeo es un despropósito que sirve para entender la crítica situación, económica y política, que padecemos. En otro momento histórico, menos dramático que el presente, podemos herniarnos con tanta risa; pero, aquí y ahora, el sucedido invita al llanto y la desesperación.

ABC - Opinión

Una majadería en cinco idiomas. Por Guillermo Dupuy

¿Por qué esta gente siempre se empeña en considerar como "normales" las cosas más anormales? Que una persona hable a la vez varios idiomas que desconoce es más propio de lo que le pasaba a la niña del exorcista que de ninguna supuesta normalidad

Sabíamos que Pajín debía confundir los métodos abortivos con los anticonceptivos cuando dijo aquello de que la reforma de la ley del aborto tenía por objetivo lograr "que las mujeres que no lo deseen no se queden embarazadas". Sabíamos asimismo que no era confusión, ni siquiera ignorancia, sino simple estupidez cuando atribuyó el estancamiento económico al hecho de que "el PIB es masculino, claramente masculino, y no cambiará hasta que las mujeres se impliquen en mayor medida en la toma de decisiones". También puso en evidencia su siempre solemne estulticia cuando nos habló del "acontecimiento planetario" que, según ella, iba a suponer la coincidencia temporal de la presidencia de Obama con la presidencia de turno de Zapatero en la UE.

Sin embargo, con lo que ha hecho este miércoles al dirigirse en castellano, valenciano, euskera y gallego al resto de senadores, Pajín nos ha demostrado que hablando no sólo es capaz de decir estupideces, sino también de hacerlas.

El problema, en este caso, es que la última de Pajín va camino de institucionalizarse a cargo de los contribuyentes, al aprobar el PSOE y los nacionalistas una reforma del reglamento del Senado por la que se podrá debatir en valenciano, catalán, gallego y euskera. Así el Estado se gastará una cantidad de dinero en equipos y traductores que oscila entre los 120.000 euros al año –tal y como, a la baja, lo cuantifican los promotores de la estupidez– hasta el millón de euros en que lo cifra de forma más realista el PP. Todo para que los señores senadores no tengan en España por qué debatir en español, única lengua que todos ellos conocen y la única oficial del Estado.

Mucho más se podría decir de esta ridícula y al tiempo ofensiva iniciativa, pero quiero fijarme en las últimas palabras de Pajín tras su políglota intervención: "Hagamos de este hemiciclo lo que los senadores y las senadoras hacemos con normalidad en los pasillos de esta cámara". Sí claro, como si los senadores –y, por supuesto, senadoras– fueran por los pasillos con pinganillos y traductores al hombro para poder charlar entre ellos en lenguas que desconocen.

¿Por qué esta gente siempre se empeña en considerar como "normales" las cosas más anormales? Que una persona hable a la vez varios idiomas que desconoce es más propio de lo que le pasaba a la niña del exorcista que de ninguna supuesta normalidad. Lo que va a presenciarse en el Senado español sería igual de terrorífico si no fuera porque es infinitamente más ridículo.


Libertad Digital - Opinión

Democracia con subtítulos. Por Ignacio Camacho

CUANDO la austeridad se ha vuelto una exigencia tan perentoria que hasta el presidente Zapatero entiende la necesidad de fingirla con recortes cosméticos de la elefantiasis administrativa, el Senado se dispone a contratar traductores de lenguas autóctonas para convertirse en una especie de Cámara subtitulada.

ESCRIBE AQUÍ LA La ONU de las autonomías, un Parlamento con pinganillo. Aunque se trate de un desembolso leve y llevadero, lo fundamental consiste paradójicamente en su carácter accesorio, pura gestualidad superflua destinada a complacer el ego nacionalista con la anuencia de un PSOE que en su torrija posmoderna confunde diversidad con particularismo y se siente subyugado por la tentación de hacer visible el dudoso concepto de la «nación de naciones». El resultado es un ridículo cantonalista que diluye la idea de una nación unida para sustituirla por el dispositivo simbólico -las «sensaciones» perceptivas tan gratas al zapaterismo- de una ficticia pluralidad confederal. El gesto por encima del gasto.

En el fondo de esta absurda retórica diferencialista se halla la ausencia de un sentido coherente para el papel del Senado en nuestro sistema parlamentario, pendiente de una reforma constitucional que ajuste su integración en la arquitectura del Estado. Como Cámara de segunda lectura de las leyes es inútil y carece del poder efectivo del veto. No desempeña ningún rol en la elección del presidente del Gobierno, y su función de control del Ejecutivo duplica y solapa la del Congreso. Se ha optado por otorgarle un cierto carácter de foro territorial, pero para eso le faltan músculo y articulaciones, capacidad para regular el tráfico legislativo de unas autonomías que han devenido en la práctica en soberanas y/o federales. Así que sólo queda la posibilidad de utilizarla, además de como aparcadero clientelar de cargos, como un mero ámbito de discusión, escenario de una suerte de terapia colectiva en la que dar forma a las obsesiones identitarias sin llegar a ninguna conclusión relevante. Y a ser posible en versión original.

Ahí entran las pulsiones simbólicas, en cuyo desarrollo y énfasis coinciden los nacionalistas, siempre atentos a la representación de su imaginario, y el Gobierno zapaterista, volcado en la ingeniería de la apariencia. Juntos pretenden convertir el Senado en un falso parlamento plurinacional a base de repartir auriculares entre unas señorías que disponen de una lengua común para debatir sobre problemas comunes. Pero lo que les interesa es la escenificación de la particularidad, un fragmentarismo casi patológico que tratan de imponer, pinganillos mediante, sobre el concepto igualitario de la nación de ciudadanos. Al galimatías competencial de los estatutos le quieren añadir la babel de una democracia con subtítulos.


ABC - Opinión

Otra burla de De Juana

El historial judicial de Ignacio de Juana Chaos está todavía muy lejos de cerrarse satisfactoriamente para el Estado de Derecho.

El etarra, autor de 25 asesinatos por los que cumplió tan sólo dos décadas de prisión, aguardaba en Irlanda del Norte el desenlace del proceso legal abierto para su entrega a España, donde debe responder de un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo en relación con una carta leída en el homenaje que se le rindió en agosto de 2008. Durante 17 meses ha cumplido escrupulosamente con las medidas cautelares impuestas por la Justicia del Ulster: retirada del pasaporte, toque de queda, obligación de presentarse todos los días en comisaría y facilitar información sobre su paradero. Pero desde el pasado 25 de marzo no se sabe nada de él. Fue el último día en el que se presentó en una comisaría de Belfast. Ni la Policía ni el juez ni sus abogados saben cuál es su paradero. La respuesta ha consistido en la apertura del proceso que revocará la libertad condicional del terrorista y que dictará una orden de busca y captura.

La hipótesis barajada por las autoridades irlandesas es que De Juana Chaos ha abandonado el país para eludir la más que probable extradición a España, dado que la primera sentencia del juez le fue desfavorable y nada hacía pensar que instancias superiores pudieran revocar el fallo. El episodio protagonizado por el etarra es el último de una serie en la que el Estado de Derecho no sale bien parado, y que ha resultado desalentadora para las víctimas. La indignación del colectivo que padeció más de cerca sus crímenes nos pareció siempre más que justificada. Entonces y ahora nos resultó inasumible que un terrorista tan brutal como De Juana Chaos no cumpliera ni un año de cárcel por cada uno de los asesinatos que cometió, y que pudiera disfrutar de la vida en libertad que él arrebató a tantos inocentes sin pedir perdón y sin mostrar un síntoma de arrepentimiento. Tampoco contribuyó a que la sociedad confiara más en las instituciones el bochornoso capítulo de la falsa huelga de hambre de De Juana, en la que el Gobierno socialista, inmerso por aquella época en pleno proceso de negociación con ETA, tomó la decisión de que el terrorista, que chantajeaba a la democracia con el supuesto ayuno, no cumpliera los tres años de prisión impuestos como autor de un nuevo delito de amenazas terroristas, con la agravante de reincidencia. La más que probable fuga de De Juana Chaos es una nueva burla a la Justicia, pero, sobre todo, un mazazo, otro más, para las víctimas. Es evidente que han debido existir errores importantes que han permitido que, de momento, un sanguinario pistolero haya eludido la acción de los tribunales. Relajación, negligencia, impericia... El caso es que el Gobierno español y las autoridades del Ulster, de las que forma parte el brazo político del IRA, deben aclarar cómo pudo eludir la vigilancia –queremos pensar que la había– o cuánto se tardó en reaccionar si como parece el etarra acudía a diario a la comisaría. Un caso tan alarmante exige una explicación convincente. La democracia tiene una deuda impagable con las víctimas del terrorismo y el caso De Juana la encarece y agrava.

La Razón - Editorial

El pinganillo de Caín. Por Cristina Losada

Hay que reproducir la escenografía de una sesión de la ONU para que parezca que aquí, como allí, pertenecemos a distintas naciones.

Solemos dar por sentado que el progreso avanza de modo lineal, pero los retrocesos nos acechan. A través de los siglos, los habitantes de lo que ahora es España superaron los inconvenientes de la diversidad de lenguas adoptando una de ellas como lingua franca. Fue un gran paso adelante. Para la convivencia, la movilidad y el comercio, por citar algunas de las ventajas de disponer de un idioma común. Idéntico proceso tuvo lugar en otros países. Aún estamos en ello a otra escala. Hoy, la lingua franca global es el inglés. Los seres humanos no siempre son estúpidos. La política, sin embargo, es otra cosa.

El Senado español está decidido a que se empleen allí cinco lenguas. Por supuesto, el español pierde, así, la condición de lengua común. De eso se trata. De poner de manifiesto que el español no es de todos y que un idioma común no constituye una riqueza, sino una vergüenza. Si se llega al absurdo de hablar en distintas lenguas cuando todos los reunidos comparten una, es porque se quiere subrayar que no la comparten. Estamos ante una impostura, pues la comparten. Pero la impostura se propone hacer realidad una ficción. La relegación y la condena de la lengua común significa relegar y condenar todo lo demás que compartimos: España, en una palabra.


Ese retroceso a la situación tribal se puede realizar, paradójicamente, gracias al progreso tecnológico. En tiempos de los várdulos –supuestos ancestros de una senadora que votó a favor del proyecto en su nombre–, no había pinganillos. Tampoco Gobiernos dispuestos a reclutar intérpretes y traductores para personas que hablan la misma lengua. En realidad, la propuesta coherente, el plurilingüismo auténtico, sería que los senadores aprendieran todos los idiomas que van a utilizarse en la Cámara. Pero pinganillos e intérpretes son esenciales. Sin ellos no se visualizaría que los españoles no nos entendemos y somos forasteros en nuestra propia casa. Hay que reproducir la escenografía de una sesión de la ONU para que parezca que aquí, como allí, pertenecemos a distintas naciones.

Simbólico que el nuevo paso atrás –paso adelante del nacionalismo– lo protagonizara, cual si presentara un festival de Eurovisión, un rostro de la izquierda infantilizada.


Libertad Digital - Opinión

Babel en el Senado

CUANDO falla el sentido común y se impone el oportunismo partidista, cualquier disparate puede convertirse en realidad.

El pleno del Senado aprobó el pasado miércoles tramitar una propuesta de reforma de su reglamento para que las lenguas cooficiales en Cataluña, País Vasco y Galicia se puedan utilizar en las sesiones de la Cámara, con un servicio de traducción simultánea. El argumento de que así se reconoce la «pluralidad lingüística» de España es una falacia porque ese bilingüismo sólo existe -en diferente grado- en algunas comunidades autónomas. Por lo demás, el Senado forma parte de las Cortes Generales y todos los senadores representan al pueblo español en su conjunto y no sólo a sus electores, ya sean ciudadanos o instituciones. Por todo ello, tiene toda la razón el PP para estar en contra de la moción aprobada por considerarla «pintoresca» e incluso «ridícula».

Hay también otros motivos de fondo para oponerse. En plena crisis económica, el PSOE habla mucho de austeridad, pero está dispuesto a gastarse una buena cantidad de dinero en un servicio de traductores completamente inútil y fuera de lugar, porque los senadores conocen -como es natural- la lengua común a todos los españoles. La imagen de una Cámara plagada de auriculares recuerda a una torre de Babel buscada a propósito por criterios claramente partidistas, que tiene mucho que ver con las malas expectativas del PSC ante las próximas elecciones catalanas. Leire Pajín ha puesto cara y voz a este teatro del absurdo, pero son el PSOE en su conjunto y el resto de los grupos que votaron a favor quienes han quedado en evidencia ante una opinión pública que oscila entre la perplejidad y la indignación. A mayor abundamiento, las referencias injustas al senador Fraga Iribarne, debidamente contestadas por el ex presidente de Galicia, son fiel reflejo de que el Senado ha perdido por completo el rumbo. Continúa así el proceso de deterioro institucional que afecta al TC, al Tribunal Supremo y a otros elementos determinantes en la estructura de la Constitución. Rodríguez Zapatero siempre antepone las conveniencias de su partido al interés general del Estado y las consecuencias saltan a la vista.

ABC - Opinión

Amor familiar. Por Alfonso Ussía

El etarra Usabiaga ha sido liberado por Garzón. El motivo de la pasmosa excarcelación no puede ser tomado en serio.

Usabiaga quiere cuidar a su madre, a «amatxo», a mamá. Tiene dos hermanas, pero la madre, «amatxo», mamá, se siente mejor cuando es el niño el que vela por ella. Y Garzón, que está muy sensible con lo que le pasa, lo ha puesto en libertad a pesar de reconocer que hay riesgo de huida y de reincidencia delictiva. Un santito Garzón.

Estos etarras, familiarmente, son encantadores. Otegui solicitó la libertad para cuidar de su hija. Por desgracia para Otegui y la hija, no lo consiguió. Mejor suerte tuvo Joseba Permach, cuya hija, destrozada por la estancia en prisión de su padre, principió un tratamiento psicológico. Y Permach abandonó la cárcel por 50.000 euros de fianza. Lo mismo que su tocayo Álvarez Emparanza, al que abrieron las puertas de su prisión por una cantidad similar porque su padre requería de atención diaria. Los padres, las madres y los hijos del resto de la población reclusa ya saben lo que tienen que hacer. Reclamar a sus hijos y padres encarcelados para que éstos cuiden de ellos. Una hermosa lección de amor familiar y judicial.


Entretanto, hay centenares de padres y de hijos que visitan a sus seres queridos en los cementerios. Suerte para unos y desgracia para otros. A esos padres e hijos enterrados, muchos de ellos cuando eran niños, todos asesinados por la ETA, en nada afectaron a Otegui, Permach, Usabiaga y Álvarez Emparanza. Muchos de ellos fueron asesinados siguiendo instrucciones de estos cuatro hijos de la gran puta. Ellos necesitan a su familia y su familia de ellos, y a las víctimas y los suyos, que les den morcilla. ¿Será que Garzón está cumpliendo su último servicio político al Gobierno de Zapatero?

«Baltasar, libera a Usabiaga, que es dialogante, y te hago Embajador cuando los torturadores del Supremo, los dentistas que arrancan la muela que no es (¿se ha vuelto usted loco, Bono?), los que quieren resucitar a Franco, te aparten definitivamente de la carrera judicial». Se admite el temblor con la sola figuración de esta posibilidad. Pero no creo que se atrevan a tanto. ¿Tienen padre, madre o hijos los secuestradores y asesinos de Anabel Segura? ¿Tiene padre, madre o hijos el sinvergüenza de Francisco Correa? ¿Tienen padre, madre o hijos los condenados por vender copias ilegales en los «top manta» de esquinas y mercadillos? Delitos de diferentes niveles, pero cárcel compartida. ¿Por qué las madres, los padres y los hijos de los etarras tienen más derechos que los padres, las madres y los hijos del resto de la población reclusa?

Si Usabiaga quiere cuidar a su madre, si Otegui y Permach consideran urgente dar apoyo y paternal cobijo a sus hijas, si Álvarez ha llegado a la conclusión de que su padre necesita su atención diaria, ya es tarde para hacerlo. Ellos han mandado en la ETA. Ellos han aprobado y celebrado asesinatos de centenares de inocentes con padres, madres, hijos e hijas. Ellos no han movido un músculo de la cara cuando ataúdes blancos de niños asesinados se cubrían de lágrimas y tierra. Ellos tienen que cumplir hasta el último día de sus condenas sus vilezas de ayer y de hoy. Que lo hubieran pensado antes. Sus amores familiares son soeces y obscenos con tanta sangre inocente regada sobre España.


La Razón - Opinión

Zapatero y el sentido de estado

Zapatero sólo podría demostrar que tiene ese sentido de estado que constantemente está exigiendo a los demás tomando la única decisión que podría ayudar a los más de cuatro millones y medio de parados que hay en España: irse a su casa.

El Gobierno del PSOE empieza a tener cierta práctica en eso de exigir a los demás, siempre a los demás, sentido de estado. El PP debe apoyar sus pactos de Nikon y sus medidas de Polaroid porque, en caso contrario, no estarán "arrimando el hombro" y recaerá sobre ellos toda la responsabilidad de nuestra penosa situación económica. Por supuesto, no es cuestión de proponer nada que suponga una renuncia a su continua propaganda como defensor de los derechos sociales, por más necesario que pueda ser. Porque el PSOE de Zapatero carece por completo de ese sentido de estado que exige a los populares.

En medio del pánico provocado por la decisión de Standard's & Poors de rebajar la cualificación de la deuda española, lo que nos obligará a pagar intereses más altos para sufragar el derroche de Zapatero, el Gobierno no se ha decidido a tomar medidas de verdad. No, lo único que ha pasado es que los teléfonos de los medios sonaron con llamadas desde Moncloa pidiendo que, por "sentido de estado", no dijeran la verdad y procuraran maquillar sus análisis para no asustar a los mercados. El problema es el mensajero, no un mensaje provocado por un Gobierno que hace poco para solucionar nuestros problemas, y lo que sí hace lo hace mal.

Pero lo más escandaloso ha sido descubrir que, pese a que en la génesis de la crisis griega está la pérdida total de confianza en un país que se dedicó a trucar sus datos para engañar a Bruselas y a los mercados, el Gobierno de Zapatero estaba plenamente dispuesto a hacer lo mismo para que su imagen no sufriera un zarpazo más. Las presiones al INE para que los datos oficiales no indicaran que el paro supera ya el 20% de la población activa demuestran lo que significa el "sentido de estado" para el PSOE y para el Gobierno: una nueva aplicación de la ley del embudo.

Desde que Zapatero tomara las riendas del poder, tener sentido de estado significa obedecer los dictados del Gobierno. Es cierto que, en algunos casos, puede ser necesario que la oposición se calle sus críticas para no perjudicar al país. Pero cuando el Gobierno es el mayor enemigo que tiene España, tener sentido de estado es filtrar las cifras de paro reales para evitar que Zapatero y los suyos las cambien para intentar aguantar un poco más en el poder, como algún funcionario honrado se ha visto forzado a hacer. Cuando la economía se va a pique y al frente está el principal responsable del hundimiento, criticarlo con fiereza es la única forma de tener sentido de estado. Porque a estas alturas Zapatero sólo podría demostrar que tiene ese sentido de estado que constantemente está exigiendo a los demás tomando la única decisión que podría ayudar a los más de cuatro millones y medio de parados que hay en España: irse a su casa.


Libertad Digital - Editorial

Cataluña y las argucias de Zapatero. Por Valentí Puig

Una deflación política es el rasgo predominante actual de la vida pública catalana que así se hace de menos relevancia para sus propios intereses y para contribuir a las sinergias generales de España.

Los procesos dinámicos catalanes cuentan menos por qué así lo han querido. Si las pulsiones e inercias nacionalistas no lo impiden, hay un camino entre una ciber-voluntad puesta a la altura épica de Verdaguer o el descenso a una página sombría de Tito Livio. En la trama política catalana, tan peculiar y tan erosionada, los precios de bienes y servicios han bajado al decaer la demanda, hasta el punto de que deje de circular el dinero, es decir, la política. Es el efecto principal de la deflación política, con el dinero de la confianza cívica retenido y fuera de circulación o registrado en forma de abstencionismo. Hace ya muchos años que el arancel no tiene valor determinante. Luego vino el pactismo. Eso quedó sustituido por contribuir a la gobernabilidad de España. Ahora, no se sabe. Por eso la sociedad catalana carece de la suficiente confianza en sí misma, en sus poderes y voluntades, al tiempo que no parece capaz de dar la necesaria confianza al conjunto de la sociedad española.

El nuevo «Estatut» ya fue en su día un producto deflacionario. Con los pactos del Majestic entre CiU-PP en abril de 1996, una de las contraprestaciones del pujolismo consistía en no reclamar ni un nuevo "Estatut" ni una reforma estatutaria. Era como reconocer sabiamente que la reinvidicación estatutaria no tenía una apreciación multitudinaria, por una manifiesta caída de la demanda, si es que la hubo desde el primer estatuto, en 1979. En las etapas políticas posteriores -Maragall, Montilla, Tripartitos- se pretendió todo lo contrario, en un pulso cada vez más endeble contra esa deflación política, hasta el punto de que se acabó por dejar las calles engalanadas para el desfile de un nuevo «Estatut» en el que solo creían reducidos sectores de Cataluña y que ni tan siquiera la clase política catalana deseaba aunque proclamase lo contrario. Antes de sumarse al nuevo proceso estatuario, la CiU de Artur Mas tuvo que caer en una tremenda emboscada zapaterista, en la que Rodríguez Zapatero garantizó que Mas gobernaría después de las elecciones si era el más votado para la Generalitat y que no habría otro Tripartito.

En el penúltimo rellano antes de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el «Estatut», José Montilla intenta impulsar una postura «de unidad a la catalana» exigiendo la reconstitución del TC, en alarde de exótico pluralismo y de una «Cataluña de todos» que margina al PP -como ya se hizo en el Pacto del Tinell- y al partido de Ciutadans. Una vieja resquebrajadura aparece en el desconchado techo común del PSC-PSOE porque Zapatero sigue en un lecho de faquir ajeno a la recomposición del TC y a la espera de que escampe. No es que a Montilla le impulse un interés mito-poético por el «Estatut»: solo le incentivan unas encuestas electorales en las que CiU avanza de modo significativo. En el PSC-PSOE ya solo mandan los capitanes del cinturón industrial de Barcelona y de todos los capitanes quien manda más es Montilla. Perder el poder sería ver desintegrarse el propio ADN, de modo prosaico-trágico. Amplias redes de suma inacción genérica han debilitado las energías políticas, sociales y económicas de la Cataluña civil que en un pasado ya muy lejano tuvo aspiraciones regeneracionistas.

Bajo la concha del apuntador, Zapatero está en una partitura por ahora distinta después de haber sido el máximo instigador del nuevo «Estatut», el padrino del Tripartito y expendedor de la franquicia contra el PP todo vale porque PP es igual a Franco. Eso, claro, lo dice el PP. Pero no cuesta creer que Zapatero haya sido el principal deflacionista de la política catalana. Quien podía sospecharlo cuando en diciembre de 2003 dijo con mirada de entusiasmo: «!Apoyaré el «Estatut» que salga del Parlament de Catalunya!»

Ser un elemento nuclear del socialismo en España y amagar con no asumir una sentencia del TC sobre el «Estatut» no es lo mismo que ser secesionista según los postulados de ERC. Es mucho peor. Lo más posible es que José Montilla vaya de farol -como tantas veces lo hizo el PSC al amenazar con pedir grupo parlamentario en La Carrera de San Jerónimo-, pero el gesto es muy feo, retóricamente procaz y desleal tanto con el PSOE como con el «corpus» institucional hispánico. ¿Habrá o no sentencia del TC -ciertamente tardío en sus pronunciamientos- antes de las elecciones autonómicas? ¿Qué suerte de gestualismo institucional prepara José Montilla para oponerse al Estado? No hay manera de explicarle creíblemente a la sociedad española que la clave de todo sería deslizarse por el tobogán de la bilateralidad.

Apelar a la conciencia de una Cataluña mítica que se enfrente al TC o niegue el valor de las sentencia sobre el «Estatut» carece de futuro, por mucho que Montilla sugiera que el TC no puede oponerse a ningún enunciado del «Estatut». Dicho de otro modo: ni pivota ahí el futuro de la Cataluña real. No se sabe a que otras conciencias -salvo la ficción, la leyenda o farsa- puede apelar José Montilla después de haber tenido el poder y haberlo dejado a la altura de aquellas chapuzas en las que el sentido del ridículo involucra incluso al enemigo político más irreductible. Es el caso, como ocurre con Montilla, de haber querido ser el hombre fuerte del Estado en Cataluña para acabar buscando en el occipucio del Tribunal Constitucional aquella vértebra axis en que la que el punzón de hierro del garrote vil acaba con la vida del condenado.

Es así como la política deflaciona; deflaciona mecanismos vitales de una sociedad plural aunque parezcan desactivados. Hay un margen prácticamente nulo para hablar de las dos almas del socialismo catalán, PSOE y PSC. Lo que queda en pie es un viejo instinto, una concentración inusitada de poderes opacamente imbuida de restos identitarios en contradicción constante, de subterráneos transversales que intercomunican bastiones políticos y mediáticos del poder. Para llegar a donde quería, el PSC -con los chicos más listos e ilustrados en sus filas, con profesores de bibliografía italiana e intelectuales de obra escasa- ha ido dejando los últimos jirones de lo que algún día ya muy lejano se propuso ser y que, en la antepenúltima de sus dislocaciones, ya solo consiste en ir lanzando piedras contra la sede del Tribunal Constitucional como si definitivamente nada más contase. A Zapatero eso le complace íntimamente y le perjudica públicamente. Es que nadie está a salvo en una sociedad políticamente deflacionada.


ABC - Opinión