lunes, 22 de agosto de 2011

Eurobonos. Ordago europeo. Por Jaime de Piniés

Alemania se resiste a la creación de los eurobonos convencida, y en esto tiene razón, de que su participación le conllevaría unos costes de financiación más elevados que los que tiene actualmente.

Llega la noticia de Bruselas que la Unión Europea, cansada de esperar a una Alemania indecisa, estudia la viabilidad de emitir eurobonos sin la participación germana. Según se desprende, si varios países europeos llegasen a unificar su deuda soberana en un nuevo eurobono, evitarían la volatilidad asociada con sus bonos nacionales. Al tratarse de un stock más amplio de deuda, próximo a los volúmenes de bonos americanos o japoneses, se le daría más estabilidad a los nuevos eurobonos que a los bonos nacionales por separado. En este sentido, la medida propuesta por la Comisión Europea se parece a la que defendí en esta columna hace unos meses cuando propuse garantizar la deuda portuguesa al 100% desde España.

La lógica es similar ya que el resultante diferencial con el bono alemán se reduciría, al tratarse de un stock mayor de bonos y, ojo que esta condición es primordial, si los mercados se creen que la nueva estructura de eurobonos no disminuiría la presión sobre los gobiernos nacionales para seguir adelante con el largo y penoso camino de las reformas económicas. De ahí que Bruselas ligue los eurobonos a la pérdida de soberanía de los países participantes. En efecto, si superan ciertos niveles de déficit o de deuda pública, Bruselas y no los gobiernos locales tendrían la voz cantante.

Evidentemente, un eurobono sin Alemania (u Holanda o Finlandia), sería más débil del que resultaría de su incorporación. Pero en un mundo donde lo mejor es enemigo de lo bueno, no cabe desperdiciar dicha oportunidad. Alemania se resiste a la creación de los eurobonos convencida, y en esto tiene razón, de que su participación le conllevaría unos costes de financiación más elevados que los que tiene actualmente. Es cierto, al menos en el corto plazo. Pero también es cierto que para los demás países miembros del euro tiene que haber ventajas y unas tasas de interés más bajas; es lo mínimo que se puede esperar de una unión monetaria.

Por lo tanto, acierta Bruselas con este órdago europeo que puede llevar a Alemania a replantear su postura.


Libertad Digital - Opinión

El Papa y ETA. ¿Ocasión perdida? Por Agapito Maestre

Fueron los principales responsables de que las víctimas de ETA no fueran tratadas como hijos de Dios en su último adiós. Esos mismos obispos fueron los que dieron todo tipo de cobertura a los criminales de ETA.

Me confirma un amigo periodista, que ha seguido día a día las jornadas del Papa, que había jóvenes de toda España, pero que no se ha encontrado con muchos peregrinos del País Vasco. Halló algunas personas mayores con un par de adolescentes vascos y una víctima del terrorismo de Guipúzcoa. Vio alguna bandera de la comunidad vasca y también escuchó una prédica del obispo de Bilbao en Cuatro Vientos. Pero, según sus indagaciones, me asegura que pocos peregrinos vinieron del País Vasco a la JMJ. Pocas parroquias de las tres provincias vascas tuvieron la oportunidad de apoyar a sus peregrinos, porque apenas nadie lo demandó.

Eso se debe, concluye mi amigo, a la crisis de la Iglesia en esa zona de España. La edad media de los sacerdotes es de 74 años. Han desaparecido las vocaciones casi por entero. Además, aunque hubiese alguno con deseos de entregar su vida a la Iglesia, no hay seminarios para formarse. El actual obispo de Bilbao, uno de los hombres más jóvenes del clero vasco, se formó en el Seminario de Toledo. Pero, al margen de los cierres de los seminarios, tampoco la enseñanza religiosa en los "centros católicos" corre buenos tiempos, incluso en la Universidad de Deusto no parece que abunden los sacerdotes. Imagino que en Loyola y otros lugares consagrados al culto quedará algún que otro religioso...


Hay algo que parece indudable: el País Vasco, más que en otras regiones de España y Europa, ha pasado de enviar misioneros al mundo a ser tierra de misión. La Iglesia Católica corre un gravísimo riesgo de desaparecer como institución en el País Vasco. Tan sencillo como lo leen. Es obvio que la propia Iglesia Católica tiene alguna culpa (sic) de esa situación. La jerarquía eclesiástica tendría que empezar a dar razones, o mejor, justificaciones plausibles sobre su responsabilidad o irresponsabilidad en el estado lamentable que está la institución. También es obvio, a poco que se conozca la historia reciente de España, que la relación del clero vasco en general, y de algunos de sus obispos en particular, con ETA, ha llevado a la Iglesia a su casi desaparición del País Vasco.

ETA, sí, pudo convertir un partido democristiano, como el PNV, en una organización a su servicio ideológico –recuerden que la vieja formación de Sabino Arana fue expulsada de la Internacional democratacristiana, entre otros motivos, por su apoyo nacionalista a las tesis de los etarras–, y, además, ahora está a punto de conseguir que la Iglesia misma desaparezca como institución. Trágico. Sí, pero real como la vida misma. Ha habido obispos, en las últimas décadas en el País Vasco, que tendrán el dudoso de honor de haber contribuido de modo poderoso a la desaparición de la Iglesia Católica del País Vasco. ¡Para qué nombrarlos! Fueron los principales responsables de que las víctimas de ETA no fueran tratadas como hijos de Dios en su último adiós. Esos mismos obispos fueron los que dieron todo tipo de cobertura a los criminales de ETA.

Pues bien, en ese contexto, ha venido el Papa a España y el Gobierno de Zapatero le pide ayuda para acabar con ETA. ¡Es de risa, amigos, si la cosa no fuera tan seria! Que el Gobierno exija a la Iglesia Católica acabar con ETA no es una petición desvergonzada, sino hilarante, pues ETA, si me permiten decirlo con todo el respeto a la Iglesia Católica, ha conseguido prácticamente que la propia Iglesia desaparezca como institución. El Gobierno, que se ha portado con decoro, e incluso ha dado un fuerte apoyo a esta visita de Benedicto XVI, ha perdido una gran ocasión de guardar silencio.


Libertad Digital - Opinión

Benedicto XVI, gracias. Por Iñaki Zaragüeta

Paz, verdad, libertad, juventud, convicciones, ética, concordia, valores … ¿Quién ofrece algo mejor de forma permanente? Son los mensajes de Benedicto XVI en su visita a España. Su Santidad ha demostrado no sólo liderazgo para los creyentes católicos sino también conocimiento de la realidad social del mundo y de España. Su defensa de la libertad y la verdad como virtudes complementarias constituyen un testimonio atractivo para los tiempos que vivimos. La paz ha sido una constante en los discursos vaticanos.
Ratzinger entendió perfectamente dónde se encontraba y, eludiendo la confrontación con los políticos, habló claro sobre la necesidad de no avergonzarse de la fe y defenderla. A la vez, denunció la «persecución larvada» que padecen los cristianos en los estados laicistas. ¿Habrá algo más progresista que animar y amparar a la juventud? Los jóvenes son el futuro. ¡Cómo no! También existió –nadie sabe de qué origen– la movilización de unos pocos impresentables. Incluso ellos, con su intransigencia y violencia, han producido frutos positivos al desvelarse ante la sociedad como sectarios y fascistas. No quieren oír de lo que el Papa habla. Además de tan encomiables mensajes, nos deja repercusiones extraordinarias para España en el momento que más lo puede necesitar. La imagen de España ha dado permanentemente la vuelta al mundo desde una perspectiva de juventud, alegría y modernidad. Las visitas del Papa con sus multitudinarias concentraciones –nadie en el mundo logra algo semejante– se han visto en las televisiones de los cinco continentes y, por Twitter y Faceboock, se han traducido a casi treinta idiomas. Como dije antes, ¿quién da más? Así es la vida.


La Razón - Opinión

JMJ. Peregrinos. Por José Carlos Rodríguez

No han venido de turismo, es cierto, pero vienen a disfrutar de la compañía de otros jóvenes y a compartir la experiencia común de reafirmar su fe. Se han paseado por la ciudad con una alegría serena de la que nos hemos contagiado casi todos.

Madrid en agosto es una delicia. Los madrileños huyen para tostarse al sol, para reconciliarse con la naturaleza anegada por el asfalto, para volver al pueblo o salir del país, y dejan la villa en los huesos, sin el bullicio y el tráfico de todo el año pero plena de vida. Entonces es cuando se puede disfrutar de un Madrid más amable aunque aún ahogado por el calor seco del verano de la capital. Es una época ideal para volver a aquéllos rincones que no visitas desde hace años, quizá desde cuando tenías tanto tiempo que no sabías qué hacer con él. Aunque no tiene la belleza del Madrid en los días soleados de invierno, invita a recorrer sus calles, visitar sus comercios y combatir con vermú el calor regurgitado por su asfalto.

Este es el Madrid que ha visitado un millón largo de jóvenes peregrinos que han venido a participar en la Jornada Mundial de la Juventud y a encontrarse con el Vicario de Cristo. No han venido de turismo, es cierto, pero vienen a disfrutar de la compañía de otros jóvenes y a compartir la experiencia común de reafirmar su fe. Se han paseado por la ciudad con una alegría serena de la que nos hemos contagiado casi todos. Vienen con un propósito muy claro, para el que llevan preparándose meses; años, muchos de ellos. Disfrutan de su alegría y la comparten sin molestar a los demás.

No han venido a dejarse llevar por un torbellino de consumo para matar el tiempo o llenar un vacío. Han venido a escuchar a Benedicto XVI hablarles de firmeza en su fe, de vocaciones y apostolado, de dar un sentido trascendente a su vida diaria. Son palabras que no se oyen en los productos culturales que se vuelcan a diario sobre la juventud; es más, que encajan mal en ese mundo. Tienen algo de contracultural en un sentido muy superficial. Pero no son una minoría, más bien al contrario, y no reivindican más que sus propias creencias y el deseo de poder ser fieles a ellas. Quieren cambiar para ser mejores, no cambiarnos a los demás, a todos, para encajarnos en un esquema simplón. Por eso ellos, los peregrinos, no son violentos. Para eso no necesitan reunirse en larguísimas y estériles asambleas, les basta aprehender y renovar un mensaje que lleva dos mil años enseñándose y probándose contra los avatares de la historia. Frente a ellos, la mayoría de los jóvenes del 15M no tienen ni para sentir envidia por los peregrinos; así son de pobres.

En España hay muchos jóvenes así. Son mayoría. Y son mejores. Sólo necesitamos que se hagan escuchar.


Libertad Digital - Opinión

Enfrentamientos y consensos. Por José María Marco

La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud arroja una luz especial al panorama político e ideológico español de los últimos años. Una parte muy considerable de la izquierda española ha comprendido la JMJ como una ocasión de volver a relanzar las guerras culturales en las que la política se combina con cuestiones morales como la historia, el aborto, la nación, la religión. De esta forma, se hace prácticamente imposible el diálogo que es natural e imprescindible en la vida política de un país.

En realidad, la declaración de guerra se ha quedado en un intento de ofensiva porque, como era de esperar, ni la Iglesia católica, ni quienes discrepan con la izquierda en estos asuntos ni las organizaciones políticas correspondientes han respondido a la provocación. Claro que lo ocurrido estos días en Madrid tendrá repercusiones políticas, pero eso será a largo plazo y en un plano que tardará tiempo en manifestarse en el día a día de la vida política. En un punto, sin embargo, el efecto es inmediato y ya visible: una parte muy importante de la sociedad española está dispuesta a proclamar sus convicciones religiosas sin hacer de ello un instrumento de enfrentamiento, al revés.


Así se pone de relieve una de las necesidades que manifiesta nuestra sociedad. Consiste en la restauración de espacios sociales apartados del enfrentamiento y a la lucha política. Los hay que no forman parte de la acción política, como puede ser la religión. Y los hay que deben constituir el objeto de consensos lo más amplios posibles, como algunas instituciones como la Corona, la nación, la política exterior o la defensa.

El problema reside en que una parte de la izquierda española está convencida de que estos espacios sociales, o estas instituciones, no son más que un puro artificio ideológico. Vendrían a ser una gran invención construida para que «la derecha», y todo lo que hay detrás de esta palabra, defienda sus posiciones y sus privilegios. En este punto, la izquierda justifica su propio cinismo con el supuesto cinismo de los demás.

Desarraigar esta actitud, tan característica de esta parte de la sociedad española, va a ser complicado. Lo debería facilitar el desastre del zapaterismo, que es la culminación –y el fracaso– de esta mentalidad. En buena lógica, lo ocurrido en estos años debería llevar al Partido Socialista a cerrar esta etapa, a abrirse al centro, a elaborar una nueva posición que deje atrás las guerras culturales y a buscar a sus electores en la zona templada.

Lo ocurrido estos días parece indicar que no va a ser así. Los guiños a los «indignados», la simpatía mal disimulada hacia los anticatólicos, el seguir jugando sin descanso a hacer de oposición de la oposición… todo indica que sigue funcionando el reflejo «anti». El Partido Socialista parece dispuesto a buscar otra vez el respaldo de los sectores más ideologizados y radicales. Así será difícil que el PSOE vuelva a ganar unas elecciones y que nuestro país progrese otra vez como lo hizo hace años.


La Razón - Opinión

Antonio Camacho. Ministro sin cartera. Por Emilio Campmany

Camacho tiene al menos la disculpa de que obedece a quien le nombró de facto en vez de a quien lo hizo sólo formalmente.

Es corriente que los políticos españoles, en vez de preocuparse de defender el interés común, sólo luchen, se desgañiten o peleen cuando se trate de salir en la tele, verse en un titular o lograr cualquier clase de reconocimiento. En cambio, si hay que negociar con personas o instituciones privadas o extranjeras, siempre están dispuestos a rehusar el enfrentamiento, blandear, y finalmente plegarse a cuanto se les pida con tal de obtener para su persona el agradecimiento y la recompensa de aquellos con quienes tratan. A esto lo llaman tener "capacidad de consenso". Y, si alguna vez pecan de firmes, es porque defienden otros intereses particulares de personas o instituciones con las que tienen un compromiso más serio, pero nunca por consideración al bien general.

Esto es lo normal, lo habitual. Lo que ya no lo es tanto es que personas con altísimos cargos de responsabilidad se avengan directamente a hacer sin más cosas que les ordene hacer otra sin ninguna autoridad para ello. Es sencillamente inaceptable que José Luis Rodríguez Zapatero, como presidente del Gobierno del reino de España, nombre ministro del Interior al sujeto que le señale un particular, por muy candidato que sea. Y no lo es menos que el nombrado, Antonio Camacho, obedezca, no al presidente, sino a ese particular que no es nadie para mandar nada. No obstante, Camacho tiene al menos la disculpa de que obedece a quien le nombró de facto en vez de a quien lo hizo sólo formalmente.

Y así tenemos que asistir al espectáculo de unos indignados que violan una y otra vez las leyes, cometen flagrantes delitos y la Policía se abstiene de intervenir por no perjudicar los intereses electorales del candidato Rubalcaba, quien no tendría derecho a hacer tal cosa siendo ministro, pero mucho menos sin serlo. Luego, cuando un policía, harto de insultos, menosprecios y agresiones que sus mandos políticos le han obligado a soportar reacciona de forma excesivamente violenta, el ministro, por orden de ése que no es nada, se apresura a investigar.

Y finalmente pasa como siempre en España, que de una situación de la que son responsables los políticos, alguno incluso sin cargo conocido, quien paga el pato es el funcionario de turno. Pasa en casos como éste tan escandalosos que saltan a los periódicos, pero pasa también en muchísimos otros en los que cientos de servidores públicos tienen que hacer frente a expedientes disciplinarios con sanciones más o menos graves como consecuencia de errores o ilegalidades cometidos por los políticos. Es verdad que son casos en los que, como probablemente ocurra en el del policía acusado, el funcionario no es del todo inocente, pero en los que hay una previa actuación irresponsable, cuando no ilegal, de un político que en cambio sale ileso del embate.

Total, que tenemos un presidente que no gobierna y unos ministros que no mandan. Cuando la oposición deja de oponerse, esto parece Jauja.


Libertad Digital - Opinión

Fiesta inolvidable de la fe

Pasará mucho tiempo antes de que se extingan las emociones, las vivencias y los recuerdos de lo que ha sucedido en Madrid esta semana de pleno mes de agosto, en la que el Papa Benedicto XVI y dos millones de jóvenes han protagonizado la fiesta cristiana más multitudinaria e intensa que se recuerda en España. Ha sido una fiesta inolvidable en todos los sentidos: por el entusiasmo derrochado, por la honda manifestación de fe, por la perfecta organización y por la ola de simpatía general que ha suscitado en todo el país, que no ha dudado en abrir sus puertas a cientos de miles de jóvenes llegados de casi 200 naciones. Ha sido todo un fenómeno social sin parangón ni equiparación posible que sólo se explica por la fuerza motriz que lo ha impulsado: la fe en Cristo. Son muchas las enseñanzas y conclusiones que conviene extraer de esta Jornada Mundial de la Juventud presidida por el Papa, unas de orden religioso y otras, muy relevantes para España, de naturaleza social y moral. De entrada, estos días han echado por tierra los tópicos y clichés que presentan a los jóvenes españoles a caballo entre la «indignación» estéril y sectaria y el parasitismo de quien ni estudia ni trabaja. Nada más alejado de la verdad. Hay una juventud fuerte y amplia que afronta el futuro con esfuerzo, con responsabilidad y con unos valores éticos arraigados en el Evangelio. No son cuatro gatos: son la mayoría, pese a lo que digan algunos estudios sociológicos sesgados que se empeñan en retratar una juventud descreída y alejada de la Iglesia. Al movilizarse en torno a Benedicto XVI, una persona de 84 años, los jóvenes españoles han demostrado que es la fe y la pertenencia a la Iglesia lo que de verdad les motiva y les impulsa. Precisamente por eso, la JMJ ha sido un éxito clamoroso de la Iglesia española, una expresión irrebatible de su vigor espiritual y social. ¿Qué institución, sindicato o partido político es capaz de movilizar siquiera una décima parte de lo visto estos días? Ninguno. Razón de más para que la izquierda política muestre un poco más de respeto hacia la Iglesia, en vez de engordar artificialmente a unos grupúsculos laicistas que son marginales y anacrónicos. Sin esta aceptación de la realidad no le será fácil a la izquierda superar su sectarismo y vencer el rechazo que produce en amplios sectores de la juventud. La Iglesia española goza de una gran vitalidad y por sus venas corre sangre joven y siempre renovada que garantiza un futuro prometedor. Lo mismo cabe decir de la sociedad española. La JMJ ha sacado a flote lo mejor de las nuevas generaciones y el espectáculo ha sido tan ilusionante como esperanzador. Son tiempos difíciles, muy difíciles, con un paro juvenil del 43% y una estructura económica debilitada por la crisis. Pero España sigue contando con la materia prima más importante: jóvenes dispuestos a batallar por un futuro mejor arraigados en unos principios morales y religiosos que no admiten la rendición ni la insolidaridad. Gracias a la JMJ y a la presencia del Papa, España ha podido mostrar al mundo su cara más atractiva y prometedora: la de sus jóvenes celebrando la fiesta alegre de la fe. La fiesta del futuro.

La Razón - Editorial

Jornadas diplomáticas

El Papa cierra sin roces con el Gobierno una visita exitosa pero no por ello inmune a la crítica.

Benedicto XVI concluyó ayer la tercera visita a España en sus seis años de papado. A diferencia de las anteriores, en esta ocasión no se han producido roces con el Gobierno socialista. Es probable que haya influido la situación política en España, con las elecciones generales fijadas en noviembre y unas encuestas ampliamente desfavorables para el Partido Socialista. Pero cabe interpretar, además, que la diplomacia inspirada desde el Vaticano ha terminado por imponerse a la línea radical defendida por la Conferencia Episcopal Española.

El núcleo del mensaje papal en Madrid se ha dirigido a los seguidores de la fe católica, evitando en todo momento desbordar los límites de una visita pastoral. En este terreno las posiciones del cabeza de la Iglesia no han variado, situándose dentro de las corrientes más conservadoras del catolicismo. El Papa ha reiterado la defensa del celibato y de los principios tradicionales de la moral eclesiástica, pese a que son muchos los creyentes que han decidido no observarlos y mantenerse, no obstante, dentro de su fe. Los escándalos de pedofilia que han sacudido a la Iglesia durante los últimos tiempos solo fueron abordados de forma indirecta, como exigencia de conducta irreprochable a los religiosos y sacerdotes.


Si la máxima jerarquía de la Iglesia ha actuado dentro del marco de relaciones previsto en un Estado aconfesional, han sido algunos de los representantes de ese Estado quienes han adoptado decisiones discutibles. Es lícito debatir sobre la oportunidad y el boato de la visita, la segunda desde que este acontecimiento religioso se creó en 1985, en una situación económica como la que se vive desde el inicio de la crisis. Más criticable es que el centro de Madrid haya quedado bloqueado durante una semana, poco importa que el carácter de los actos públicos fuera religioso o de cualquier otra naturaleza. La decisión de rebajar el precio de algunos servicios públicos a los participantes en esta concentración también ha molestado a algunos ciudadanos. Muchos se han sentido despreciados, ya que ha coincidido con una inclemente subida de las tarifas de los transportes en Madrid.

Estas polémicas decisiones son la prueba de que la tentación de la confesionalidad no ha procedido en esta ocasión de la jerarquía católica, sino de los poderes públicos. La diplomacia del Vaticano cometería un error si creyera que lo que se ha vivido en Madrid, sin duda un éxito de participación como pocas veces puede verse, es el anticipo de la supuesta normalidad que se establecería de producirse un cambio político en España. Los excesos de cualquier signo pueden traducirse en excesos de signo contrario. Porque la denostada frase "España ha dejado de ser católica" no se refería a que los españoles hubieran dejado de creer, sino a que el Estado había renunciado a tener un credo oficial. Precisamente para que los españoles pudieran creer en libertad, o no creer. También en libertad.


El País - Editorial

La JMJ y el relativismo

Esperemos que la resaca de esta Jornada sea fértil, también para la pacífica lucha de las ideas que se da todos los días en cada rincón de España.

Terminó la Jornada Mundial de la Juventud. El más de millón y medio de peregrinos que abarrotó el aeródromo de Cuatro Vientos, superando incluso la generosa capacidad de aforo que había previsto la organización, ya está dejando las calles de Madrid, que llenaron de fe, juventud y alegría durante toda la semana pasada. Benedicto XVI, cuyo renqueante paso al acceder al avión que lo devolvió a Roma da muestras del enorme esfuerzo físico que le han supuesto estos días, nos ha recordado a todos la fuerza de una Iglesia católica a la que tantos han querido dar finiquitada en España.

Muchos esperaban que Benedicto XVI poco menos que centrara su visita en criticar algunas de las medidas más contrarias a la moral y fe católicas, como el matrimonio homosexual o la ley del aborto. Sin embargo, y pese a que alguna mención ha hecho, su mensaje era radicalmente distinto y, posiblemente, más eficaz. Si un evento de estas características ya deja claro a sus asistentes que, pese a lo que les pueda parecer en ocasiones, no están solos en su fe, el Sumo Pontífice quiso además pedirles que no se avergonzaran de sus creencias y las tuvieran siempre presentes.


Los jóvenes españoles que han asistido a esta Jornada tienen ante sí el reto de llevar a sus vidas el espíritu que ha animado estos días. A reconocerse como católicos en su lugar de estudios o en su trabajo, a defender una moral y un compromiso que los centros de propaganda cultural han querido convencernos que son minoritarios, pero que forman parte del ser más íntimo de una gran parte de la sociedad española.

Durante las últimas décadas la progresía ha hecho grandes progresos a la hora de instaurar el relativismo como única moral aceptable. Cuando sucesos como los de Londres –o París hace pocos años– nos sorprenden por su virulencia, olvidamos con frecuencia que en su raíz está también esa ética del todo vale. La Iglesia ha sido muchas veces la única fuerza visible que se ha resistido a la implantación de este ideario, razón por la cual se ha convertido en el blanco de una agresividad cuyo objetivo debería haber sido la derecha política, si ésta no hubiera preferido dejar a la intemperie a sus votantes en ésta como en tantas otras cuestiones.

Esperemos que la resaca de esta Jornada sea fértil, también para la pacífica lucha de las ideas que se da todos los días en cada rincón de España, en las oficinas y los bares. La izquierda la ha vuelto a perder en el terreno económico, tras convertir una crisis de la que podían culpar al capitalismo en otra en que resulta imposible esquivar la responsabilidad del Estado. Pero existen otros campos de batalla en los que ya va siendo hora de presentar combate. La alternativa es dejar vía libre a quienes el miércoles se dedicaron a insultar y agredir a los peregrinos.


Libertad Digital - Editorial

domingo, 21 de agosto de 2011

“Besa humildemente vuestra sandalia...” Por Carlos Sánchez

Fue Juan Pablo II, precisamente, quien en cierta ocasión dijo que bien comprendido el principio de laicidad pertenece también a la doctrina social de la Iglesia católica. “La laicidad” -sostuvo Wojtyla- “lejos de ser lugar de enfrentamiento, es verdaderamente el espacio para un diálogo constructivo con el espíritu de los valores de libertad, igualdad y fraternidad”. Es decir, de los valores clásicos republicanos surgidos de la revolución francesa.

Como ha recordado el profesor González Vila en Communio, una revista fundamental del pensamiento católico fundada e impulsada por el propio Benedicto XVI, la fe cristiana, a diferencia de otras, “ha desterrado la idea de la teocracia política”. O dicho en términos más actuales, ha promovido la laicidad del Estado. De hecho, en la Declaración vaticana Dignitatis Humanae, publicada por Pablo VI inmediatamente después del Concilio Vaticano II, incluso se sugiere que la separación de poderes es una condición necesaria para la libertad religiosa. Hasta el punto de que en ese texto se reconoce sin paliativos que “el derecho a la libertad religiosa se ejerce en la sociedad humana y, por ello, su uso está sujeto a ciertas normas que lo regulan”. Normas que, lógicamente, emanan del poder civil en un Estado democrático.

«La libertad religiosa está sujeta a límites, y por eso resulta frustrante que este país no haya sido capaz todavía de enterrar definitivamente sus demonios del pasado cada vez que el pontífice de Roma visita España.»
La libertad religiosa, por lo tanto, está sujeta a límites, y por eso resulta frustrante que este país no haya sido capaz todavía de enterrar definitivamente sus demonios del pasado cada vez que el pontífice de Roma visita España. Afortunadamente, quedan ya muy lejos disposiciones como las del primer Concordato, firmado en 1851, en el que sin rubor la monarquía isabelina dejaba meridianamente claro que “la instrucción en las universidades y escuelas públicas o privadas serán conforme a las doctrina de la Iglesia Católica”. Y con este fin, se remarcaba: “No se pondrá impedimento alguno a los obispos y demás prelados diocesanos encargados de velar por la pureza de la doctrina de la fe y de las costumbres sobre la educación religiosa de la juventud, aún en las escuelas públicas”.

Un siglo después de aquel primer Concordato, y con una guerra civil por medio que hunde en parte sus raíces en el fenómeno religioso, el propio general Franco pidió a Pío XII, renovar el Concordato. Pero el poderoso y soberbio dictador de los años cincuenta mostraba en esta ocasión su cara más servil. El tirano se humillaba ante el papa de la manera más rastrera que jamás ha hecho un dirigente político. "Ha llegado el momento de la celebración de un Concordato según la tradición católica de la nación española”, le decía el caudillo a Pío XII en una misiva. Y a continuación mostraba su comprensión y benevolencia hacia el Papa de la manera más humillante para el poder político. “Postrado ante Su Santidad, besa, humildemente vuestra sandalia el más sumiso de vuestros hijos." Firmado, Francisco Franco.

Todo esto en realidad pertenece al pasado. Pero es verdad que los demonios familiares salen frecuentemente del armario. Precisamente por esa tendencia casi freudiana que tiene este país a dejar las heridas sin cerrar, los problemas sin resolver. Lo que sin duda demuestra que estamos ante una clase política adolescente que en vez de enfrentarse a los problemas de cara (ahí está el debate sobre la España autonómica) los esquiva con el fin de instrumentarlos políticamente en función de cada coyuntura. Y la religión es, a menudo, víctima de un claro oportunismo político, como ha demostrado Zapatero en sus dos legislaturas. La existencia de una España tramontana e intolerante -en los dos bandos- que parece añorar las guerras de religión ha contribuido sin duda a ello.

El hecho de que 32 años después de la firma del Concordato -ahí está el sistema de conciertos educativos- la Iglesia católica todavía no haya logrado cumplir su compromiso de “lograr por si misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades”, sólo pone de relieve la tendencia a dejar morir los problemas.
«"La separación de poderes es una necesidad para la propia Iglesia católica, que sin duda ha demostrado en la JMJ 2011 su capacidad de convocatoria; pero contrasta su incapacidad para reafirmar su compromiso con la fe alejándose del manto del Estado".»
La separación de poderes es una necesidad para la propia Iglesia católica, que sin duda ha demostrado en la JMJ 2011 su capacidad organizativa y de convocatoria. Lo vivido estos días en Madrid ha sido, sin lugar a dudas, puro civismo. El uso del espacio público como un acto de civilización, lo cual contrasta con esa incapacidad de la Iglesia para reafirmar su compromiso con la fe alejándose del manto del Estado. Haciendo buenas aquellas célebres palabras del dictador Porfirio Díaz sobre México: ‘Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos".

No es un problema económico, al fin y al cabo muchas grandes ciudades quisieran recibir la visita de cientos de miles de peregrinos durante casi una semana. Es un problema de principios. Exactamente los mismos principios que el propio cardenal Ratzinger proclama en Dios y el Mundo, donde reconoce con acierto que el Papa “no necesita un Estado, pero si precisa libertad, una garantía de independencia mundana. No puede estar al servicio de Gobierno alguno”. Exactamente la misma libertad que necesitan los representantes del Estado democrático para que el mundo no caiga en ese pozo del relativismo moral que deplora el Papa en sus intervenciones.

Sin embargo, como han señalado algunos curas madrileños, la visita del pontícipe se ha enturbiado por la existencia de un pacto con las fuerzas económicas y políticas “que refuerza la imagen de la Iglesia como institución privilegiada y cercana al poder, con el escándalo social que ello supone, particularmente en las circunstancias actuales”. Una mala señal que arruina una visita sin duda histórica y hasta necesaria para los católicos que arrumba esa imagen estereotipada de jóvenes pasotas sin compromiso moral alguno y en última instancia carne de cañón del botellón. No es cierto, como se ha demostrado en Madrid.


El Confidencial - Opinión

Blanco y ZP. De insultos y contradicciones. Por José T. Raga

¿Se imaginan al señor ministro situado en el podio de la inteligencia para valorar los insultos que a ella puedan dirigírsele?

Reconozco que una de mis carencias es ese esmero en guardar lo que un día alimentará el recuerdo y la contemplación histórica. Por eso mi admiración por aquellos cuyo interés por el hoy y por lo que el futuro deparará al hecho presente les lleva a atesorar un patrimonio de hechos, dichos o sentencias fundamentados sobre un dogmatismo, propio del que abunda en necedad.

A éstos, seguro que no les ha pasado desapercibido el insulto para la inteligencia al que ha aludido, ya digo que con su habitual tono dogmático e imperativo, el ministro señor Blanco. Para él, el insulto para la inteligencia viene producido por los sueldos de los banqueros. Ya sabemos que la izquierda se caracteriza no tanto por la consideración hacia los pobres como por su odio a los ricos. Es el resultado de la envidia a una situación en la que se quisiera estar. Como muestra, algún ministro socialista, presidente de una caja quebrada, además de alto se subió el sueldo.


Lo del señor Blanco hace unos días, dirigido a los banqueros, no tiene desperdicio. ¿Se imaginan al señor ministro situado en el podio de la inteligencia para valorar los insultos que a ella puedan dirigírsele? Si no fuera porque nos está gobernando, sería para pasar un rato inolvidable. Pero hombre, ¿por qué no se acuerda de los pobres, o de los parados, y lo hace precisamente de la inteligencia? Es una contradicción de las muchas con las que el gobierno de ZP nos ha obsequiado en los casi ocho años en el poder. Siempre habla quien más tiene que callar.

Y a propósito: el jefe del Ejecutivo, que es su jefe, también se ha desvelado con una delicia que merecerá recordar: reunidos los líderes de Alemania y Francia –los demás no cuentan–, deciden que Europa debería tener un mayor grado de gobierno económico, que garantizase la marcha de la Unión y la ausencia de despropósitos en unos, y de angustias en otros.

Pues bien, el señor Zapatero, sin ocurrírsele que España es uno de esos países que preocupan y generan angustias a la Unión, se apunta raudo a la idea y, como si la cosa no fuera con él, proclama que es una gran idea y una magnífica solución: un mayor gobierno de Europa y en Europa, y uno menor en los países miembros.

¿Pero cómo puede quien ha reducido el Gobierno de la Nación, incrementando los diecisiete regionales, admitir ahora el proceso inverso dando mayor gobierno a la Unión frente a los de sus miembros? ¿Por qué no empieza por España? La fórmula resultaría válida para tener menos Zapatero, pero no sería la solución. Ahora bien, que lo diga Zapatero, me parece la mayor de las contradicciones. La solución, sin embargo, pasa por menos Gobierno europeo y menos Gobierno de los Estados.

Íbamos al "corazón de Europa"... y nos hemos quedado en el extremo de los capilares del sistema, dispuestos a la amputación.


Libertad Digital - Opinión

Leviatán, moribundo. Por José Antonio Zarzalejos

El debate de fondo en Estados Unidos sobre el techo de gasto ha sido trascendental porque lo que se ventilaba era la dimensión del Estado en términos cuantitativos -ingresos públicos y prestaciones sociales y servicios- y, por consiguiente, el tamaño del aparato administrativo que condiciona la vida de los ciudadanos. Los llamados ultra republicanos son la expresión más radical de los que piensan que el Estado debe ser reducido drásticamente, subviniendo a las necesidades más elementales y básicas, dejando espacio tan amplio cuanto se pueda a la sociedad y a la libre iniciativa de los ciudadanos. Creen que el Estado ha de costar poco a los contribuyentes. Por eso, para ellos, Obama es un “socialista” y un “despilfarrador” y los demócratas unos peligrosos “liberales” que, con los republicanos centristas, constituyen una deleznable casta de maleantes y aprovechados en Washington.
«Leviatán-Estado, se muere. En esa situación agónica hay que contemplar, despavoridamente, cómo el Estado reclama más y más recursos y ofrece menos, de tal forma que con el Estado que conocemos fenecen también las ideologías socialistas y socialdemócratas.»
La derecha más dura en Estados Unidos, en consecuencia, guste o no, entiende que el Estado es un auténtico Leviatán, el monstruo bíblico con que Thomas Hobbes (“Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil” 1651) denominó al Estado, repleto de poderes, para evitar que la naturaleza competitiva e insolidaria del hombre terminará por acabar con la humanidad. Para Hobbes la tendencia de los hombres es la de la “guerra de todos contra todos”, siendo “el hombre un lobo para el hombre”, de tal suerte que sólo una estructura fuerte de poder -el Estado- (en forma de monarquía, aristocracia o democracia) puede y debe imponer un orden implacable como si de un Leviatán se tratara. De ahí que el Estado haya sido metafóricamente entendido como esa criatura horrible del Antiguo Testamento y que de la obra de Hobbes arranquen ideologías extremadamente intervencionistas inspiradas en un pesimismo histórico sobre las capacidades de la convivencia del hombre.

Pues bien: Leviatán-Estado, se muere. Los estadounidenses han adelantado el debate en todo Occidente. Y en esa situación agónica hay que contemplar, despavoridamente, cómo el Estado reclama más y más recursos y ofrece menos, de tal forma que con el Estado que conocemos fenecen también las ideologías socialistas y socialdemócratas que han basado el gobierno contemporáneo de las sociedades más desarrolladas en un altísimo nivel de gasto público, un grado considerable de intrusión ordenancista en la vida de los ciudadanos y en el sostenimiento de una casta gobernante que se ha ido reproduciendo con los mismos vicios durante décadas y décadas. Todo eso ya no funciona.

El Gobierno vende las joyas de la abuela

En ese contexto no extraña que la política contra la crisis del Gobierno socialista en España consista en el transformismo liberal (a la fuerza ahorcan) que se basa en recabar más ingresos de los ciudadanos y recortar las prestaciones con las que les retribuye. Se nos viene encima una cascada impositiva y recaudatoria -a los bancos con la tasa por transacciones financieras; otra vez el impuesto extraordinario sobre el patrimonio; el adelanto a cuenta de las remesas de las empresas por el impuesto de sociedades; el nuevo modelo de prescripción de fármacos- y, al mismo tiempo, una disminución radical de la estructura pública. La privatización de los aeropuertos de Barajas y El Prat, por un lado, y la salida a Bolsa de un 30% de Apuestas y Loterías del Estado, por otro, vienen a representar al Estado lo que a una familia en quiebra: tiene que vender las joyas de la abuela.
«España está en la ruina, y el Gobierno de Zapatero quema sus últimos cartuchos tras la pifia de anunciar con tres meses y medio las elecciones generales.»
El Gobierno necesita 20.000 millones adicionales para lograr la previsión del déficit -¿cuándo este Ejecutivo hará los cálculos sin el torticero propósito de engañar a la sociedad y a los mercados?- y ha de echar mano de todos los recurso a su alcance. No sería extraño que, pese al agosto negro que padece el mercado bursátil, se plantee de inmediato la venta de participaciones estatales ahora en la SEPI como el 8,65% de Ebro Foods, el 2,71% de IAG (sociedad resultante de la fusión de Iberia y British Airways) o el 20% de Red Eléctrica Española.

España está en la ruina -desde luego moral, pero también económica- e intervenida por el BCE (que está comprando deuda soberana española e italiana, habiéndolo hecho, que sepamos, hasta los 22.000 millones de euros), y el Gobierno de Zapatero -tan agónico como el propio Estado que ha dilapidado-quema sus últimos cartuchos tras la pifia de anunciar con tres meses y medio las elecciones generales. El PP y Rajoy no encontrarán en los cajones oficiales cosa distinta a facturas por pagar, reformas por hacer y cajas vacías. No dispondrán, siquiera, del recurso de privatizar empresas y participaciones públicas.

Todo esto, naturalmente enfatizado por su nunca bien ponderado “optimismo antropológico”, lo explicará Zapatero el martes en un pleno extraordinario del Congreso que servirá para convalidar las decisiones del pasado viernes y bosquejar las que adoptará el Consejo de Ministros el día 26. Pero ya no hablamos sólo de economía. Ni él ni nadie debería engañarse: esta crisis -estamos ya en la segunda recesión- es primero política y, consecuentemente, económica. El orden de los factores sí altera el producto porque no es cuestión, sólo, de hacer ajustes y consolidaciones fiscales. Previamente, hay que cambiar el sistema político de manera profunda e incisiva. Merkel y Sarkozy han tanteado ya la necesidad de una nueva gobernanza, el castigo a los inútiles -les retirarán las ayudas comunitarias- y al final de proceso, la articulación de los eurobonos.

El paradigma de la política democrática establecido después de la II Guerra Mundial, ha caducado, se ha quedado viejo y constituye una losa sobre ciudadanos y sociedad civil prácticamente insoportable. Este Leviatán está moribundo, terminal, agónico. Y por muchos que los Zapateros de Europa se empeñen en reanimarlo con un ensañamiento financiero brutal, no lo van a conseguir. Hay que cambiar, renovar, reinventar el paradigma del ejercicio de la política y reencontrar una nueva dimensión y una nueva función para el Estado (sanidad, educación, seguridad) que garantice la ciudadanía igual para todos y abandone sus tentaculares poderes y facultades que ahogan la libertad entendida en su más amplia acepción.


El Confidencial - Opinión

En cuatro meses reactivamos la construcción. Por Andrés Aberasturi

No es fácil asegurarlo con toda certeza, pero yo estoy convencido de que algunas medidas que aprueban los gobiernos son para rellenar, porque algo tienen que aprobar en un consejo de ministros y luego venderlo muy bien como "un conjunto de mediadas destinado a...". Si no fuera así, que me expliquen lo de la última reunión del Ejecutivo con un don José Blanco interpretando el papel del hombre seguro y además convencido de las grandes propuestas. Tres medidas tres de la acreditada ganadería de la reforma fiscal y salvadora de la crisis. La primera, en el mundo sanitario, la obligatoriedad de recetar el genérico que es más barato que la marca e igual de eficaz. Nada que decir salvo preguntarse por qué esta decisión no se tomó desde el principio, desde que en España se admitieron los genéricos.

La segunda medida es ya más discutible y se refiere a la modificación del Impuesto de Sociedades. Es cierto que sólo afectará a grandes empresas y que no supondrá una subida de su tributación aunque sí permitirá al Estado recaudar 2.500 millones adicionales, gracias al adelanto por el pago a cuenta de este impuesto. ¿Cuál es el problema? Pues hay dos: por una parte no sé muy bien cómo puede afectar este adelanto a una empresas que, por muy grandes que sean, no viven sus mejores momentos y por otra es que lo que ingresa ahora el Estado, es un adelanto a cuenta, por lo que ese dinero no se ingresará en el futuro, de formas que la herencia que se deja a los que vengan, no parece la mejor.


Y el broche final: el Gobierno que subió no hace tanto del 7 al 8 por ciento el IVA en la compra de vivienda nueva, ahora decide bajarlo al 4 pero con plazo fijo: una vez que se publique el BOE esta medida, el que quiera aprovecharse de la rebaja lo tendrá que hacer antes del 31 de diciembre; así es que van a tener 4 meses para decidirse a meterse en la aventura de comprar un piso, encontrar la casa de sus sueños, pedir el crédito correspondiente y, naturalmente, que el banco se lo conceda.

Bueno, pues esto, que desde mi humilde punto de vista es una más de las muchas ocurrencias del Gobierno, según el señor ministro de Fomento pretende "reactivar el sector de la construcción" y "contribuir a la creación de empleo en el sector más perjudicado" por el paro. ¡Es que estamos hablando de comprar un piso en un plazo de cuatro meses consiguiendo que te den un crédito ¡Que es que no se trata de cambiar una bombilla normal por otra de bajo consumo¡ Pues nada, el señor Blanco parece estar convencido de que va a haber bofetadas y se van a vender pisos como rosquillas. Dios le oiga. No sé yo si entre los especuladores merecerá la pena esta rebaja, pero desde luego no creo que después de semejante novedad "se reactive el sector de la construcción". Pero como lo dice tan serio, igual se cree que nos lo creemos. ¿Se darán cuenta alguna vez de que no somos del todo tontos?


Periodista Digital - Opinión

Una nueva infamia. Por AUTOR

En su escalada de provocación, los bilduetarras no cesan. Una vez más, y en el marco de un foro catalán de universidad estival, curiosamente ubicado en Francia, Martín Garitano, personaje de rostro altivo, mirada siniestra y convicciones rocosas, ha lanzado otro órdago. No todas las víctimas de ETA son iguales. Y mucho menos, las asesinadas en Cataluña, escenario que para el Diputado General de Guipúzcoa es un gran aliado en sus exigencias soberanistas. Matar allí es, simplemente, un error. Deleznable.

Recuerdan estas palabras al viejo pacto suscrito entre los terroristas y el sector independentista que lideró Carod-Rovira. El ya retirado dirigente de ERC no tuvo empacho en viajar hasta Perpiñán para entrevistarse con «Josu Terera». El que fuera vicepresidente de un nefasto Gobierno tripartito catalán, a pesar de su cargo, habló en tierra francesa con uno de los cabecillas etarras, prófugo de la Justicia, para sellar el acuerdo: ETA podía matar en toda España, menos en Cataluña. Qué gran servicio a los intereses separatistas.

En puertas de la Semana Grande de Bilbao, Bildu prosigue su hoja de ruta. No solo no condena claramente los atentados, sino que recuerda aquel encuentro en Perpiñán que produjo sonrojo. Ahora, las instituciones de Euskadi se llenan de batasunos y se escudan en los presos para el comunicado próximo de la banda. Ello forma parte de una diseñada estrategia, una auténtica farsa carcelaria. Expertos en la lucha antiterrorista señalan que los presos de la banda ETA no son tan decisivos. Es triste. Y, sobre todo, una nueva infamia a las víctimas.


La Razón - Opinión

Gobierno económico. Un Gobierno único para sacarnos la pasta. Por Ignacio Moncada

La intención de quienes quieren un Gobierno europeo único no es arreglar la economía, que seguirá retrocediendo, sino aumentar el lío que les da fácil acceso a nuestras carteras. Quieren un Gobierno único, básicamente, para sacarnos la pasta.

Recuerdo cuando, hace escasos meses, se decía que el verdadero problema de Europa era que no tenía un presidente. Mientras que en Estados Unidos había una voz política predominante, hoy Obama, Europa era una suerte de hidra con innumerables cabezas. Era un auténtico gallinero de líderes que creían gobernar el continente, pero que sólo lograban liar la legislación y aumentar el número de trabas al ciudadano. Nos prometieron que la solución era nombrar un presidente que fuera la única voz política europea. Y así se creó una nueva cabeza europea. Pero ésta jamás sustituyó a los demás, sino que se sumó a ellas ampliando el desconcierto existente. Si usted pregunta por la calle si saben quién es el actual presidente europeo no obtendrán respuesta. Y es que a Herman Van Rumpuy no lo conocen ni en su casa.

Éste mismo proceso parece que va a volver a repetirse con la excusa de crear un nuevo Gobierno económico europeo. Como han descubierto que la economía europea va muy mal, han decidido que para remediarlo deben seguir haciendo lo de siempre. Porque aunque a los inocentes ciudadanos nos vendan la idea de que lo que pretenden es sustituir las decisiones de política económica de cada país, como las relacionadas con el presupuesto o la fiscalidad, cualquiera sabe que ése no es el objetivo real de los políticos europeos. No van a sustituir los gobiernos económicos para crear uno único, sino que van a añadir un nuevo eslabón a la infinita cadena de manos por la que pasan nuestros impuestos. Ampliar ese monstruo es el verdadero objetivo de los burócratas europeos.

Es curioso. En España vivimos desde hace años un descontrolado proceso de descentralización, en el que las autonomías engordan a marchas forzadas. Y, a la vez, estamos viviendo otro de centralización, en el que Europa crece sin contemplaciones. La conclusión lógica de estos dos procesos es que el Gobierno central Español debería estar a punto de desaparecer. Sin embargo, en la práctica también está aumentando de tamaño. El Estado central español está firmando cifras de gasto público, que es medida del tamaño y poder del Estado, jamás vistas anteriormente. La conclusión es aplastante: por mucho que nos vendan la moto, la intención de quienes quieren un Gobierno europeo único no es arreglar la economía, que seguirá retrocediendo, sino aumentar el lío que les da fácil acceso a nuestras carteras. Quieren un Gobierno único, básicamente, para sacarnos la pasta.


Libertad Digital - Opinión

Balonazo al aficionado

Este fin de semana debía comenzar la calificada como mejor Liga del mundo. No lo hará por el conflicto que mantienen los clubes y los jugadores a cuenta de la negociación del convenio colectivo y el fondo de garantía salarial que haga frente a los impagos a los futbolistas. La huelga declarada por los jugadores es un síntoma más de la alarmante situación del deporte-rey convertido en espectáculo y negocio millonario para la minoría y en debacle económica y deportiva para la inmensa mayoría. La Liga de las estrellas es hoy un monumental envoltorio que apenas oculta un declive estructural agudo. La mayoría de los clubes mantiene deudas millonarias que en cualquier otro sector supondrían la bancarrota –triplican en muchas ocasiones el presupuesto del club–, pero el fútbol, además de moverse en parámetros sentimentales y sociales distintos, ha encontrado un agujero en la legislación concursal para «regularizar» las quiebras técnicas derivadas de nefastas gestiones de los dirigentes y salir así del atolladero sin sanción alguna. Que la actual Ley Concursal no tenga una excepción deportiva ha sido utilizado por los gestores para jugar a dos barajas, a conveniencia. Todo ello ha alimentado una burbuja de impunidad para el derroche. Basta con compararse con Europa para calibrar la crisis de la competición española. Y es que de la más de una veintena de equipos en situación de suspensión de pagos en el continente, sólo uno no es español. Pero sería injusto atribuir únicamente a los dirigentes la responsabilidad del desenlace. Los futbolistas han participado de esa fiesta del despilfarro con contratos desfasados sin importarles hacia dónde se dirigía el fútbol o si sus compañeros del equipo vecino pasaban dificultades. Todos veían cómo la criatura se dirigía hacia el precipicio, pero nadie hizo nada para frenarla. En medio de una profunda crisis económica, el fútbol, dirigentes y jugadores, han preservado su oasis ajenos a la realidad social circundante, con pingües beneficios para casi todos. Con datos sintomáticos: de los 15 jugadores mejor pagados del mundo, nueve juegan en nuestra Liga con contratos multimillonarios. No caben, pues, sorpresas cuando los clubes acumulan hoy 4.000 millones de euros en números rojos. También la Administración debe asumir su cuota de responsabilidad. Los impagos a Hacienda y a la Seguridad Social se han convertido en una costumbre tolerada por el trato de privilegio y la permisividad de las autoridades que ahora se ponen de perfil. Los paganos de este conflicto son los aficionados, el fútbol y la imagen internacional de España. El espectador, que ya sufre habitualmente el maltrato de una Liga que le desprecia abiertamente con un calendario indefinido y unos horarios caprichosos, no podrá disfrutar de una pasión que, en muchos casos, le sirve de distracción por unas horas del duro día a día de la crisis. El fútbol debe poner los pies en el suelo. Iniciativas como los límites de gasto en fichajes, los topes salariales, la reforma de la legislación concursal y las sanciones deportivas por impagos deben servir para desterrar la cultura del derroche y abrir una etapa de rigor y profesionalidad.

La Razón - Editorial

La chispa de Gaza

La violencia entre palestinos e israelíes amenaza con implicar a Egipto en un conflicto mayor.

El ataque contra un autobús militar israelí por parte de un comando palestino ha desencadenado una nueva espiral de violencia en Gaza, además de cobrarse una veintena de muertos entre ambos bandos. Inmediatamente después del atentado, el Gobierno de Netanyahu ordenó el bombardeo de objetivos en el interior de la Franja, desde donde las milicias palestinas respondieron con el lanzamiento de misiles sobre territorio israelí. Es decir, una más de las innumerables escaramuzas que forman parte de la dramática realidad cotidiana de Oriente Próximo. Poco importa de dónde proceda el primer disparo, porque el desenlace es siempre el mismo: más muertos y más destrucción mientras la situación política se mantiene rigurosamente estancada.

El hecho de que el ataque palestino se produjera en el sur de Israel, en un lugar próximo a la frontera del Sinaí, obedece al intento de implicar a Egipto en el conflicto. Los militantes palestinos que dispararon contra el autobús, y de los que el Gobierno de Hamás se distanció en un primer momento, contaban con que Israel respondería con un ataque contra la Franja y con una mayor presión sobre El Cairo para que impermeabilice sus fronteras. Pero ni una cosa ni la otra son aceptables para el nuevo Gobierno egipcio, al menos en la misma medida en la que lo era para Mubarak. Con el agravante de que, en esta ocasión, la respuesta israelí al ataque palestino se ha cobrado la vida de cinco militares egipcios que patrullaban en la frontera. El Cairo ha retirado a su embajador en Israel.


La nueva escalada se produce en vísperas de la iniciativa para que Naciones Unidas proclame el Estado palestino en septiembre, sobre la que la Unión Europea debe todavía adoptar una posición común. España considera que ha llegado el momento de reconocer el Estado palestino. Pero el Gobierno israelí invocará estos hechos para impedirlo, mientras que, desde el lado palestino, el argumento será exactamente el contrario. La situación de fondo continúa invariable mientras el contexto regional ha experimentado una profunda transformación, que amenaza con arrasar los restos del precario equilibrio regional existente hasta la fecha. Israel sigue ocupando y colonizando ilegalmente Cisjordania y mantiene el bloqueo sobre Gaza, desbordando la capacidad de la Autoridad Palestina y del Gobierno de facto de Hamás para controlar a las facciones partidarias de incrementar la violencia. Cuando estas logran atentar, el Gobierno de Netanyahu encuentra la excusa perfecta para detener cualquier avance en el proceso político y lanzar operaciones de castigo. En respuesta a estas últimas, Hamás ha declarado rota la tregua que mantenía desde la Operación Plomo Fundido.

Escaramuzas como las de estos días eran la manifestación de una estrategia tan estéril como dramática, cuyo fondo compartían ambos bandos. Desde la caída de Mubarak se trata de un juego insensato, con potencial como convertir Gaza en la chispa de un nuevo conflicto regional en el que Egipto se vería envuelto.


El País - Editorial

Garitano aclara una vez más lo que es Bildu

Mientras no haya una condena sin paliativos del terrorismo y una petición de perdón a las víctimas ocasionadas por el marxismo-leninismo etarra, Garitano y los de su calaña pueden guardarse sus valoraciones.

Las infames palabras del diputado general de Guipúzcoa distinguiendo entre las víctimas del terrorismo según su procedencia demuestran de nuevo, si es que algún ingenuo albergaba todavía dudas, que la coalición Bildu sólo es la continuación de Batasuna en el papel de brazo político de la banda terrorista ETA.

En el marco de unas jornadas académicas de la Universidad Catalana de Verano, dónde si no, Martín Garitano ha tachado de error el asesinato de ciudadanos inocentes pero únicamente los cometidos en Cataluña, lugar en el que el nacionalismo radical vasco ha encontrado tradicionalmente un importante apoyo.


Ni condena esos asesinatos ni tiene previsto, naturalmente, hacer algo parecido respecto al resto de víctimas de la banda terrorista ETA, organización delictiva cuyos postulados políticos comparte plenamente la coalición de la que el diputado general de Guipúzcoa es uno de sus principales cabecillas.

Las víctimas del terrorismo de Cataluña han reaccionado inmediatamente y de forma ejemplar, desmarcándose de la condescendencia cobarde con que Garitano se ha referido a ellas. Mientras no haya una condena sin paliativos del terrorismo y una petición de perdón a las víctimas ocasionadas por el marxismo-leninismo etarra, Garitano y los de su calaña pueden guardarse sus valoraciones sobre lo que consideran o no "algo más que un error".

Al desprecio que merecen esas declaraciones y su autor se suma la vergüenza de que semejante individuo ostente un cargo oficial dentro de nuestro sistema democrático, algo que con absoluta seguridad no ocurre en ningún otro lugar del mundo. Pero hay algo peor que el sonrojo de los ciudadanos de bien y es el dolor de las víctimas del terrorismo al verse continuamente despreciadas estos sujetos, cuya vesania ahora actúa dentro de la legalidad democrática.

Como acertadamente ha señalado el portavoz del PP vasco, Leopoldo Barreda, al socaire de esta andanada verbal, Bildu no ha llegado a la democracia sino que ha sorteado sus resortes jurídicos para actuar desde dentro con visos de legalidad, algo que hay que imputarle directamente a José Luis Rodríguez Zapatero y, de su mano, a los magistrados del Tribunal Constitucional de estricta obediencia socialista. Sólo cabe esperar que el próximo Gobierno restituya el derecho a la memoria, la dignidad y la justicia que las víctimas del terrorismo y los españoles de bien exigen de un poder político, hoy en los antípodas de la decencia democrática.


Libertad Digital - Editorial

sábado, 20 de agosto de 2011

Fiestas de proetarras. Por Carmen Gurruchaga

La treta de Bildu para estar presente en la manifestación de la izquierda abertzale durante la Aste Nagusia de Bilbao es más vieja que la injusticia y casi una tradición en ese mundo. Consiste en que una persona, o varias, que aparentemente no tiene vinculación con la coalición abertzale, solicite el pertinente permiso ante la autoridad competente para celebrar un acto de protesta y, a continuación, Bildu lo respalda. En esta ocasión, el «grupo de ciudadanos independientes» quiere protestar contra las «imposiciones españolistas, las conculcaciones de derechos y la imposición de iniciativas y símbolos»; y si la consejería de Interior del Gobierno Vasco no lo impide estarán acompañados por las caras más conocidas de los abertzales y las nuevas de la coalición. Las fiestas bilbaínas se verán amenizadas por las comparsas «Txori Barrote» y «Kaskagorri», sancionadas en 2009 con dos años de suspensión por exhibir fotos de presos de la organización terrorista ETA, pero que tal y como desveló LA RAZÓN, estarán presentes con dos txoznas (casetas). Además, Kaskagorri organizará varios actos a favor de los reclusos. El protagonismo de los etarras internos en cárceles está siendo un clásico este año en todas las fiestas patronales de la geografía vasca y navarra. Cualquier excusa para que algún dirigente de Bildu pida el fin de la dispersión, la vuelta a casa de los presos, su puesta en libertad, el apoyo a los familiares. La coalición campa a sus anchas con el discurso que ilegalizó a sus predecesores. Pero en esta ocasión, sin consecuencias penales.

La Razón - Opinión

Medidas anticrisis. Minar el terreno. Por Emilio J. González

Zapatero sigue con su política de tierra quemada para ponerle las cosas todavía más difíciles al próximo Ejecutivo que surja de las urnas.

El Gobierno está dispuesto a evitar como sea que le estalle en la cara la crisis de la deuda antes de las próximas elecciones generales, para lo cual no tiene el menor reparo en acudir a lo que sea con tal de evitarse el desastre, sin importarle lo más mínimo las consecuencias posteriores de sus decisiones, o importándole si éstas pueden suponer problemas adicionales para el PP si obtiene el triunfo en los próximos comicios y llega a formar Gobierno. En resumen, que Zapatero sigue con su política de tierra quemada para ponerle las cosas todavía más difíciles al próximo Ejecutivo que surja de las urnas. El último ejemplo: el adelanto en el pago del Impuesto de Sociedades que acaba de aprobar el Consejo de Ministros.

Con esta medida, el Gobierno pretende acelerar este año la recaudación fiscal y evitarse, con ello, más problemas de los que ya tiene con los mercados de deuda. Dicho de otra forma, para tener que emitir menos deuda de aquí a noviembre, el Ejecutivo socialista obligue a las empresas a ingresar antes en las arcas de Hacienda los pagos por tributos que tendrían que realizar en 2012. De esta forma, ZP tratará de maquillar tanto las cuentas públicas como su nefasta gestión de las mismas y pretenderá hacernos creer a todos, mercados incluidos, que hace cuanto está en su mano para cumplir con los objetivos que se ha marcado de déficit público. Pero lo que está haciendo en realidad es coger parte del dinero que tendría que entrar en las arcas de Hacienda el próximo ejercicio y utilizarlo para taponar parte de los agujeros presupuestarios de éste, ya que sigue negándose a aplicar medidas reales de recorte del gasto público. Con ello, y en un entorno de desaceleración de la economía española, que puede acabar en los próximos meses en una nueva recesión, le quita al próximo Ejecutivo parte de los ingresos con que debería contar planteándole, de esta forma, más y más problemas a la hora de reducir el desequilibrio en las cuentas públicas. Vamos, que lo que está haciendo es minarle al PP el terreno todo lo posible. Esta forma de actuar se califica por sí misma.

Además, al actuar de esta forma, el Gobierno le está planteando más problemas a las empresas, que necesitan ese dinero para poder seguir financiando sus actividades, a falta, como estamos, de crédito bancario. A Zapatero y su equipo, sin embargo, eso le importa un rábano. Para ellos lo importante es salvar la cara como sea y, si de paso, le dejan al PP una nueva bomba de relojería en marcha, mejor que mejor. Qué más da que ese adelanto de impuestos pueda suponer menos puestos de trabajo; qué importa si la mejor estrategia para resolver el problema de la deuda es recortar el gasto. A Zapatero lo único que le importa es maquillar las cifras económicas, sean cuales sean éstas, haciendo todo lo que pueda fastidiar al PP en la medida de lo posible. Así está dejando a este país, convertido en un páramo económico irreconocible.


Libertad Digital - Opinión