sábado, 10 de noviembre de 2007

De cretinos y liberticidas : Blas Infante (1)

"Si es cierto que los reyes bárbaros –los reyes godos y sus sucesores del norte– fueron conquistando (no reconquistando), poco a poco, Al-Andalus, expoliando a sus propietarios para formar los enormes latifundios que todavía hoy existen, el mejor plan concebible no sería otro sino el de volver al Islam, a reconstruir Al-Andalus, pero con la prudencia necesaria para no crear obstáculos invencibles. Hablemos pues de recuperación de tierras, de autarquía, de impuesto único, de autonomía, de federalismo. Es el lenguaje exotérico de quien sabe, desde su doctrina críptica, esotérica, que sus planes son a largo plazo, pero que no se puede perder, en el corto plazo, ningún eslabón del camino que conduce al final. En el fondo la ideología andalucista de Blas Infante coincide con la ideología más radical de la izquierda vasca abertzale: para ambas ideologías la presencia de los españoles en sus territorios representa la presencia de unos intrusos, y sus ejércitos respectivos no son sino tropas de ocupación.

Un círculo perfecto, por tanto, pero vicioso, vacuo y utópico"

Un musulmán va a ser reconocido en referéndum como «Padre de la Patria andaluza»

Se reseñan algunos comentarios polémicos de prensa y radio, de la última semana de enero de 2007, en torno a la figura de Blas Infante y se introducen determinadas coordenadas para enjuiciar el debate

1 Es un hecho, o, si se prefiere, un hecho complejo constituido por la conjunción de dos hechos simples, que Blas Infante (este es el primer hecho) ha sido reconocido «Padre de la Patria andaluza», reconocimiento que va a ser ratificado en referéndum, sin perjuicio (y este es el segundo hecho) de su conversión pública al islamismo en el año 1924.

Comenzamos por analizar los dos «hechos simples» cuya conjunción determina el «hecho complejo» que constituye, a nuestro juicio, el hecho verdaderamente significativo.

(a) Es un hecho que el Estatuto de Andalucía, aprobado por el Congreso de los Diputados en sesión plenaria celebrada el día 2 de noviembre de 2006, reconoce, como un «acto de justicia histórica», la decisión que el Parlamento de Andalucía, en abril de 1983, tomó al reconocer a Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza». Se trata, por tanto, del «reconocimiento de un reconocimiento», pero no a título de mera reiteración tautológica, sino como constatación de que:

«En los veinticinco años que median desde que Andalucía comenzó a organizarse como comunidad autónoma hasta el presente, Andalucía ha vivido el proceso de cambio más intenso de nuestra historia, y se ha acercado al ideal de la Andalucía libre y solidaria por la que luchase incansablemente Blas Infante.» (Del Preámbulo de Estatuto de 2006.)

[Permítaseme expresar mi extrañeza por la calificación de «cambio más intenso de nuestra historia» referido a los últimos veinticinco años; si se aceptan las premisas que en el Estatuto parecen admitirse implícitamente, relativas a una identidad milenaria de Andalucía, no se ve la razón por la cual no pudiera tomarse como acontecimiento «más intenso de nuestra historia» la Batalla de las Navas de Tolosa, la toma de Granada o la Batalla de Bailén.]

(b) Es un hecho que Blas Infante se hizo musulmán, de modo público, el 15 de septiembre de 1924. Blas Infante, desde su condición de joven notario de Casares, fue introduciéndose cada vez más profundamente en lo que él vendría a llamar «Cultura de Al-Andalus». Pero no sólo aprendió la lengua árabe, a la vez que lee la obra de Ribera y Tarragó, Asín Palacios, Dozy, &c., y estudia en 1921 la historia de Al-Mutamid, el rey poeta de Sevilla y de Córdoba, escribiendo el drama Motamid, último rey de Sevilla; sobre todo, según el informe de la Yama'a Islámica de Al-Andalus, el «joven» notario experimentó una «metamorfosis espiritual», por la que «resultaría abducido por el universo andaluz», y no conformándose con una mera actitud especulativa, comienza a preparar un viaje, en el cual, «convirtiéndose en protagonista de su drama teatral», Blas Infante se acercaría a la tumba de Al-Mutamid, en Agmhat (lugar cercano a Marrakech).

Y es allí cuando Blas Infante hace la Shahada, en una pequeña mezquita de Agmhat, adoptando el nombre de Ahmad («el que pone en acto lo que estaba en potencia», según el parecer de Ibn Arabí). Los testigos del acto por el que Ahmad Infante se reconocía musulmán fueron dos andalusíes nacidos en Marruecos, y descendientes de moriscos: Omar Dukali y otro de la kabila de Beni-Al-Ahmar.

Blas Infante en Agmhat, peregrino a la tumba de Motamid, conoció a Omar Dukali, descendiente del último Rey de Sevilla y testigo de su Shahada, ceremonia pública de su reconocimiento como musulmán, el 15 de septiembre de 1924, ante dos testigos que le regalaron una chilaba y una daga bereber, que conservó durante toda su vida.

2 Estos son los dos hechos cuya conjunción sometemos a la pública consideración, en cuanto asunto de importancia decisiva en las vísperas del Referéndum del Estatuto de Andalucía, convocado para el 18 de febrero de 2007.

Y decimos que «sometemos a pública consideración» la conjunción de estos dos hechos por cuanto, por lo que conozco, y en los días de la precampaña o campaña preparatoria del referéndum, esta conjunción no se tiene presente, al menos de modo explícito, por quienes, sin duda alguna, son conocedores de ambos hechos, y acaso también de su conjunción.

Lo cierto es también que una gran parte de la población andaluza ignora el hecho de la Shahada de Blas Infante, la ceremonia de su conversión pública al Islam, y considera que hablar de ella constituye un grave desliz. Sólo puede hablar de ese asunto quien está acostumbrado a hacer declaraciones provocativas destinadas a llamar la atención del público de modo irresponsable, sin haber tomado la precaución de enterarse antes de lo que va a decir. Así, el diario El Mundo, en su edición sevillana del viernes 26 de enero pasado, incluye a Gustavo Bueno, pero con flecha hacia abajo, en su galería diaria, por sus declaraciones en una rueda de prensa, celebrada en Oviedo a partir de las 12 horas del día 25 de enero (con ocasión de la presentación en Asturias de la Fundación para la Defensa de la Nación española), en la que se le atribuían, entre otras, las siguientes palabras: «Blas Infante es el emblema de Andalucía y todos sabemos que Blas Infante se hizo musulmán, y que la bandera se la hizo su mujer con unos trapos traídos de Marruecos.»

Estas declaraciones, a través de la agencia Europa Press, presente en la rueda de prensa, tuvieron inmediata difusión en la prensa impresa y en la de internet: a las cuatro de la tarde podían ya leerse varias reacciones a estas declaraciones. Muchos las apoyaban, pero otros las atacaban con dureza, y llegaban incluso a negar el hecho de que Blas Infante se hubiera convertido al islamismo (incluso algunos subrayaban «el hecho» de que no estaba casado, como si la expresión «su mujer» sólo pudiera referirse a su esposa; por lo demás sabemos que Blas Infante contrajo matrimonio con Angustias García, «rica heredera de Peñaflor», el día 19 de febrero de 1919, y convivió con ella hasta el día de julio de 1936 en el que Infante fue sacado de su casa de Coria del Río, «Villa Alegría», cerca de Sevilla, para ser fusilado por quienes se alzaron contra el gobierno de la República el 18 de julio de 1936). «Villa Alegría» ha sido transformada en los últimos años en Casa Museo de Blas Infante. «El inmueble conserva los símbolos originales que Blas Infante diseñara y que hoy en día identifican a la Comunidad Andaluza: el escudo, la bandera y el piano, donde por primera vez se interpretó el himno andaluz.»

3 Ahora bien: es cierto que la «conjunción» de estos dos hechos puede interpretarse de diversas maneras. En nuestro análisis tendremos en cuenta las tres siguientes:

(A) Ante todo la interpretación de la conjunción de los dos hechos simples (el reconocimiento de Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza» y la Shahada de Agmhat, es decir, su conversión ceremonial al Islam) como mera yuxtaposición de dos sucesos cronológicos ocurridos respectivamente en 1924 y en 1983-1006. Yuxtaposición que, aún constituyendo la conjunción de dos hechos objetivos, no tendría por qué tener el alcance de un hecho complejo nuevo. Y ello debido a que sería un «desatino» tratar de integrar ambos acontecimientos en un «proceso global» en el cual estos hechos se reforzaran y se iluminaran mutuamente. Si Blas Infante fue reconocido como «Padre de la Patria andaluza» –se dirá– no fue debido a su conversión al Islam. Esta metamorfosis, supuesto que hubiera tenido lugar, sería asunto de la vida privada, íntima del prócer que no había por qué sacar a la luz, como tampoco él la «aireó» en sus conferencias o declaraciones políticas (aún cuando esta discreción –por no decir ocultación– pudo haber estado motivada por la prudencia política: hubiera sido suicida en muchas circunstancias, para su proyecto político, poner por delante su condición mahometana, como sigue siendo hoy un hecho incómodo recordar esta historia, sobre todo en las vísperas del Referéndum).

Sencillamente, según esta interpretación, la trayectoria pública de Blas Infante sería suficiente para justificar su reconocimiento como «Padre de la Patria andaluza». Bastaría tener en cuenta, además de sus múltiples conferencias y organización de actos, sus publicaciones tan influyentes como El ideal andaluz (Biblioteca Avante, Sevilla 1915), el Manifiesto andaluz de Córdoba (1919), Motamid, último rey de Sevilla (Biblioteca Avante, Sevilla 1920), La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía (Sevilla 1931) o el Manifiesto a todos los andaluces (1936) [nos permitimos subrayar que en este Manifiesto todavía no estaba incorporada la costumbre estilística, propia del Estatuto que ahora se somete a referéndum, y según la cual Blas Infante debiera haber escrito: Manifiesto a todos los andaluces y a todas las andaluzas; por cierto, una expresión que establece de hecho una división inmediata, a modo de abismo, de la sociedad andaluza en varones y mujeres, como si esta oposición fuese pertinente en la mayor parte de los contextos políticos, económicos o religiosos.]

(B) Pero también cabe interpretar el hecho primero (el reconocimiento de Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza») desde el segundo (es decir, desde la metamorfosis espiritual que determinó en 1924 su conversión pública al Islam).

Sin duda, difícilmente esta interpretación del primer hecho desde el segundo, podría ser suscrita por la gran mayoría de los parlamentarios (as) andaluces (zas), entre otras cosas porque o ignoran el segundo hecho (la Shahada); o acaso tienen una noticia muy borrosa de tal conversión, que, a lo sumo, sólo será tenida en cuenta a título de acontecimiento privado, como hecho íntimo de conciencia, que bastaría con respetar. Pero sin darle mayor significado político que el que hubiera tenido el eventual ingreso de Blas Infante en una iglesia cuáquera o budista, o el que se hubiera hecho socio de la Christian Science o de la National Geographic.

Pero «poner entre paréntesis» (si no ya negar) el segundo hecho es una operación a la que estarán obligados, o poco menos, aquellos andaluces y andaluzas que, tanto si votan el Estatuto a través del PSOE, como si lo votan a través del PP, o lo dejan de votar a través del PA, son, ante todo, cristianos bautizados y católicos practicantes que viven en la «tierra de María Santísima», y que asisten fervorosos a las procesiones de Semana Santa o a la romería del Rocío. Es el mejor modo de eludir a la contradicción: votemos Sí al referéndum del Estatuto, reconociendo a Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza», pero dejemos de hurgar en sus experiencias místicas musulmanas, que fueron asuntos suyos privados a los que no hay que dar mayor trascendencia política.

Pero lo que no es tan fácil es que esta interpretación pueda ser asumida por aquellos andaluces, sean hombres o mujeres, rubios o morenos, altos o bajos, jóvenes o viejos, que han abrazado la religión musulmana, o por aquellos inmigrantes que, siendo mahometanos, se han integrado en la sociedad andaluza como ciudadanos de pleno derecho («Artículo 22. Los poderes públicos de la Comunidad tendrán en cuenta las creencias religiosas de la confesión católica y de las restantes confesiones existentes en la sociedad andaluza.») Para éstos –y cualquiera que sea su tasa de presencia en el PA, que ha rechazado apoyar el Estatuto, por insuficiente– el hecho primero sólo alcanzará su sentido cuando se le contemple desde el segundo. Sencillamente, el proyecto de una Andalucía libre iría vinculada al proyecto de su islamización, y no sólo en el sentido de la recuperación de las mezquitas, sino de la fe musulmana de los andaluces y de la reconquista de Al-Andalus, es decir, de España íntegra, restaurando la «cultura» –que es mucho más que una Comunidad autónoma o incluso que una Nación– del glorioso Califato de Córdoba.

Sólo los musulmanes andaluces, o los andaluces convertidos al Islam, pueden asumir esta segunda interpretación, y aún exponerla, sin duda, en estos momentos, con notable dosis de imprudencia. Porque si se propagase este hecho en los días del referéndum, muchísimos votantes potencialmente favorables cambiarían su voto o se abstendrían. Así, leemos en el informe de la Yama'a Islámica de Al-Andalus:

«Evidentemente, Infante no podía hacer público su Din islámico por las consecuencias profesionales, políticas y familiares que ello le acarrearía, viviendo su Islam en 'Taquilla', practicándolo y viviéndolo en su intimidad, sin hacerlo público, –tal como lo hicieron cientos de miles de moriscos desde la conquista castellana–, excusando, no sin convencimiento, la construcción de la Mezquita de Sevilla por motivos de 'libertad y pluralidad religiosa'.»

Por ello se comprende que los mismos autores de este informe adviertan que:

«Incluso, en 1931, las Juntas Liberalistas [de las que Infante fue un líder] inician una campaña a favor de la construcción de una mezquita en Sevilla 'no con ánimo de hacer profesión o confesión de una religión determinada, sino con el objeto de afirmar la libertad y pluralidad religiosas, elementos de síntesis de la Historia de Andalucía'.»

Lo que no es nada fácil es determinar hasta qué punto esta segunda interpretación estuvo presente en algunos de quienes redactaron el Estatuto, y en particular su Preámbulo. Una presencia que, en todo caso, debiera haber estado oculta, por razones prudenciales obvias, pero no por ello acaso menos firmes y activas. Lo cierto es que la visión de Andalucía que ofrece el Preámbulo del Estatuto, incluyendo su españolismo (y el españolismo de Blas Infante), se explica mejor desde las coordenadas del islamismo reconquistador, aún por vía pacífica y a largo plazo, que desde las coordenadas oficiales de los partidos políticos constitucionales.

(C) Por último, desde una tercera interpretación, también cabe entender el segundo hecho (la conversión al Islam de Blas Infante) desde el primero (su elevación al puesto de «Padre de la Patria andaluza»).

Sencillamente: la conversión de Blas Infante al Islam no habría tenido tanto, o únicamente, el sentido de un hecho religioso (menos aún, íntimo, privado), cuanto el sentido de un hecho político (religioso-público), como cristalización y redefinición de las mismas ideas políticas que habían ido elaborándose a lo largo de los años en un ámbito doméstico-regional.

La conversión al Islam habría orientado a Blas Infante a redefinir Andalucía más allá de las retículas propias de los derechos constitucionales occidentales vigentes, no ya tanto como una «Nación política más» (dentro del principio de las nacionalidades, principio, según Infante, cristiano occidental, desde Metternich hasta el presidente Wilson) sino como una «Cultura propia», como una plataforma cultural capaz de asumir un destino universal, mucho más amplio del que pueda corresponder a Andalucía en España, o a España en Europa.

Es el proyecto de una Andalucía universal, con España, sin duda, pero en la medida en la cual España pudiera ser considerada también como parte esencial de Al-Andalus, plataforma para la islamización de Europa y del Mundo.

Que Blas Infante no hiciera explícitas estas redefiniciones de Andalucía como Al-Andalus no quiere decir que tal redefinición no fuese su idea maestra definitiva. No estamos ante un caso inaudito, el de la redefinición de una sociedad política desde coordenadas teocráticas. Sabino Arana proyecto a Euzkadi como una República, bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús. Blas Infante también habría concebido un Estado libre andaluz, Al-Andalus, bajo la advocación de Mahoma.

4 La primera interpretación –«el reconocimiento de Blas Infante como Padre de la Patria andaluza no tiene nada que ver con las experiencias religiosas privadas que lo convirtieron al Islam»– es, sin duda, la interpretación común y «oficial». La mayoría de los andaluces, a través de lo que conocen por la prensa, los libros de texto y su propia memoria histórica, verán a Blas Infante como un campeón histórico que formuló los principios de la «autonomía» de Andalucía, y que además fue «fusilado por Franco» (tal es la brocha gorda con la cual el común de los mortales pinta en sus cerebros las informaciones que se le ofrecen).

Y es muy probable que no vean nada más, ni quieran verlo. Para entender las líneas maestras del Preámbulo del Estatuto, les bastarán las coordenadas convencionales al uso, la confusa apelación a la «cultura andaluza», y a su nacionalidad histórica, como entidad milenaria. Que no podrá estar definida, por tanto, en función del Islam, pero que sí remueve connotaciones, comunes en las gentes más semicultas, que tienen que ver con Cartago, con Roma o con Tartessos.

Algunos nacionalistas, para entender ese «milenario pasado» de una región delimitada en el conjunto de España (cuyo pasado no es en modo alguno milenario) han retrocedido explícitamente a Tartessos, es decir, al Tartessos de Adolfo Schulten, que lo presentaba como un Imperio, como una cultura a través de la cual todos los pueblos y territorios de Andalucía habrían sido ya incorporados a una unidad firme, dotada de una identidad característica. (Sin embargo, ¿acaso Tartessos fue algo más que una serie de colonias fenicias distribuidas por el ángulo suroccidental de la Península Ibérica?) Sobre esta mítica unidad o identidad milenaria se edificará todo lo demás, pues ella es sin duda una excelente plataforma ideológica para un Estatuto que necesita, para no ser menos que Cataluña, Galicia o el País Vasco, reivindicar una realidad nacional histórica «anterior a Jesucristo». Este supuesto «milenario pueblo andaluz», aunque todavía no podía llamarse andaluz, ya constituido desde milenios atrás, habrá visto pasar sobre él a cartagineses y a romanos, recogiendo de ellos lo mejor que éstos podían ofrecerle: Séneca, según esto, sería visto ante todo como un andaluz. Siglos después ese pueblo andaluz eterno habría visto pasar a los visigodos: San Isidoro es también andaluz. Y, más tarde, a los musulmanes: Averroes es andaluz.

Andalucía, por tanto, ha recogido y conservado lo mejor de Al-Andalus, pero desde Andalucía. Algunos puntualizarán: sin por ello hacerse musulmana, como también habrá conservado lo mejor de Roma, pero sin mantenerse sujeta al Imperio de los césares. Después de los cartagineses, de los romanos, de los visigodos y de los musulmanes, Andalucía habrá recibido a los españoles, y se habrá hecho española, pero sin dejar de ser andaluza. También podría decirse que es España la que se hizo andaluza, y esto desde Fernando III a los Reyes Católicos. ¿Acaso el Imperio español no comenzó a forjarse desde Andalucía, desde Huelva y Sevilla? Y no necesitamos quedarnos en cosas del Antiguo Régimen. El Nuevo Régimen de España también se forjó en Andalucía, en las Cortes de Cádiz.

Desde esta perspectiva Andalucía, la «cultura andaluza», como cultura milenaria, puede reconocer a la época islámica como parte de su glorioso pasado, como puede reconocer a España, a las demás culturas españolas, como un prometedor futuro a través del cual la cultura andaluza específica podrá expandirse hacia Europa y hacia el Mundo, pero conservando siempre su identidad propia:

«Andalucía ha compilado un rico acervo cultural por la confluencia de una multiplicidad de pueblos y de civilizaciones, dando sobrado ejemplo de mestizaje humano a través de los siglos. La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante, popular y culto, único entre las culturas del mundo.»

Sigamos leyendo:

«Esta síntesis perfila una personalidad andaluza construida sobre valores universales, nunca excluyentes. Y es que Andalucía, asentada en el sur de la península ibérica, es un territorio de gran diversidad paisajística, con importantes cadenas montañosas y con gran parte de su territorio articulado en torno y a lo largo del río Guadalquivir, que abierta al Mediterráneo y al Atlántico por una dilatada fachada marítima, constituye un nexo de unión entre Europa y el continente africano. Un espacio de frontera que ha facilitado contactos y diálogos entre norte y sur, entre los arcos mediterráneo y atlántico, y donde se ha configurado como hecho diferencial un sistema urbano medido en clave humana.»

Y terminamos la lectura con este párrafo, en el cual los redactores del Estatuto ofrecieron, urbi et orbe, la expresión más clara de su ecumenismo (por cierto, de un ecumenismo completamente extemporáneo en un documento jurídico como pueda serlo el Estatuto de una Comunidad autónoma insertada en la Constitución Española de 1978):

«Estos rasgos, entre otros, no son sólo sedimentos de la tradición, sino que constituyen una vía de expansión de la cultura andaluza en España y el mundo y una aportación contemporánea a las culturas globales. El pueblo andaluz es heredero, por tanto, de un vasto cimiento de civilización que Andalucía puede y debe aportar a la sociedad contemporánea, sobre la base de los principios irrenunciables de igualdad, democracia y convivencia pacífica y justa.»

Sólo desde estas coordenadas se explica que hombres cultivados puedan decir, sin el menor escrúpulo, que Séneca era andaluz, o que San Isidoro era andaluz, aunque Andalucía sólo comenzó a sonar como concepto en la época medieval, con las vándalos y luego con los mahometanos.

Nada habría que objetar –dirá el coro– a quien afirme que Averroes era andaluz, puesto que Averroes y el Islam tienen mucho que ver con Al-Andalus. Sin embargo, esa afirmación sigue arrastrando una ambigüedad fatal: una cosa es llamar «andaluz» a Averroes en cuanto fue un individuo que vivió hace siglos en una demarcación geográfica de la península ibérica, y otra cosa es llamarle «andaluz» en el sentido de «paisano de los andaluces actuales». Una cosa es llamar burgalés a un hombre de Atapuerca (porque su esqueleto está enterrado en la demarcación de Burgos) y otra cosa es considerar al hombre de Atapuerca como burgalés de hoy, o del tiempo de aquellos burgaleses que se ocultaron ante el Cid cuando iba camino del destierro, años antes de Averroes.

En cualquier caso el Califato de Córdoba de desintegró poco a poco y rápidamente, y a partir del siglo XII, en el que Averroes fue desterrado de Córdoba, su potencia fue desfalleciendo, así como su cultura. Desde entonces ya no era necesario que los cristianos siguieran viendo a Averroes como un enemigo peligroso. Incluso podían verlo como San Juan Damasceno veía al Islam, como un hijo desviado del cristianismo en algunos puntos, pero que sin embargo compartía con los cristianos muchos aspectos que podrían reivindicarse en un reencuentro que a todos interesaba, sobre todo si el hijo descarriado volvía de nuevo al seno del Padre.

Desde la perspectiva de la Iglesia católica triunfante –aquella a la que pertenecía don Miguel Asín Palacios, por ejemplo– ¿no constituía un gozo constatar las influencias de Averroes en Santo Tomás o en la Divina Comedia? A fin de cuentas esta constatación no significaba mucho más que descubrir las influencias que el cristianismo ejercía sobre sí mismo, sobre los hijos fieles, como Santo Tomás. Ningún peligro había en reconocerlo. Por el contrario, desde la Iglesia triunfante, en la tierra al menos, era un modo de enriquecer el plan divino de la historia de la humanidad, y de la misión en ella de un islamismo vencido políticamente, pero recuperable, en muchos aspectos. Sobre todo en aquellos aspectos que podrían hacerlo solidario con los cristianos frente a terceros enemigos (como el ateísmo o el materialismo).

Esta perspectiva de reconciliación irenista, que implicaba en realidad la sumisión o reabsorción del Islam en el cristianismo, ha ido cambiando por completo a lo largo del siglo XX, a raíz sobre todo de los descubrimientos de los pozos petrolíferos localizados en los «países árabes». El petróleo ha determinado la posibilidad de que muchos pueblos musulmanes hayan podido abandonar la condición sumisa secular propia de los pueblos pobres, medievales y subdesarrollados, y hayan comenzado a asumir la condición de pueblos «emergentes», que han recuperado sus ideales prístinos, entre ellos la Yihad y, en sus caso más extremos, la Yihad violenta, belicosa y terrorista, desde los Hermanos Musulmanes después de la Primera Guerra Mundial hasta Al Qaeda después de la Segunda Guerra, y sobre todo a partir del 11-S, del 11-M, del 6-J, &c.

Dicho de otro modo: hablar hoy de Al-Andalus, en la época de entradas masivas de emigrantes marroquíes a España y de innumerables actos de terrorismo islámico, puede suscitar recelos muy profundos, sobre todo en contextos políticos. En particular, recordar hoy, o «denunciar», en el contexto de la proclamación del Estatuto de Andalucía, que el «Padre de la Patria andaluza», Blas Infante, se convirtió al Islam (y esto sin contar con las implicaciones políticas que este «Padre de la Patria» podría haber asignado a su nueva creencia), constituiría, por lo menos, una intolerable falta de tacto, cuando no una notoria expresión de mal gusto o de imprudencia, por las connotaciones que hoy arrastra el simbolismo de un «Padre de la Patria» musulmán. Y, sobre todo, una vez que el propio Partido Popular, con Javier Arenas a la cabeza, suscribió una reforma del Estatuto, que inicialmente había sido promovida por el PSOE. (En el PSOE militan, sin duda, algunos andalusíes conversos, que habrán de tener buen cuidado de mantener su islamismo dentro de los límites de la experiencia privada, si no quieren poner en peligro el resultado del Referéndum; a lo sumo sólo podrán expresar su pública admiración por el Islam en lo que este tiene de cultura antes que de religión.)

Sin duda es desde esta perspectiva andalucista universal –tartésica-cartaginesa-romana-visigótica-andalusí-hispánica-europea-mundial– desde donde fueron escuchadas mis declaraciones en la rueda de prensa del 25 de enero. La violencia de la reacción creo que puede tomarse como un síntoma inequívoco de que el recuerdo (o la información) del islamismo de Blas Infante tocaba en el punto más sensible, en el núcleo confuso y oscuro de la ideología en torno a la Andalucía eterna, cuyas relaciones con España, por ello mismo, habrán de mantenerse siempre en una zona de penumbra, disimulada por la idea federalista y por la admiración por la «Cultura». Idea que tenía que ver sobre todo con el tablero político convencional, pero no con el tablero «cultural» de una idea de Andalucía que quería desbordar ampliamente ese tablero político.

Precisamente fue Blas Infante quien se resistió a aceptar el «principio cristiano» de las nacionalidades y prefirió definir a Andalucía como una «Cultura» antes que como una «Nación», susceptible, por ejemplo, de mantener relaciones diplomáticas con otras naciones, o incluso de federarse con ellas.

Sólo así se comprende la reacción del Secretario de Organización del PSOE-A, Luis Pizarro, tal como la transmite Europa Press: «El PSOE-A urge al filósofo Gustavo Bueno a rectificar sus insultos a Andalucía, y dice que desconoce el Estatuto.» Luis Pizarro toma sin duda, como ataque a Andalucía (a la Andalucía real) la crítica al mito de la Andalucía milenaria, y llega a creer que la crítica a una idea imaginaria tiene que ver con «mi incapacidad de soportar que Andalucía [la Andalucía real] haya salido del subdesarrollo al que le sometió la derecha centralista». Difícilmente podría justificarse un diagnóstico tan desorientado, inspirado por asociaciones ideológicas vulgares e incontroladas («la derecha centralista»). Siempre me he distinguido por mi afecto a Andalucía, y siempre he experimentado alegría al comprobar sus progresos, los cuales, por cierto, ya se advertían en la época de esa derecha centralista que Pizarro ataca, sin duda, porque ese ataque está incluido en su sueldo. ¿De donde saca que yo desconozco el Estatuto de Andalucía? ¿Qué sabe este señor lo que yo se de él? Nada tengo que rectificar, aunque por cierto, ni siquiera pide que rectifique mis afirmaciones sobre el islamismo de Blas Infante. Probablemente, dadas las entendederas de este secretario socialista de organización, ni siquiera ha «procesado» la información sobre el «Padre de la Patria andaluza» que yo daba.

En El Mundo de Sevilla de 27 de enero, José Antonio Gómez Marín, viejo amigo mío, dedica su columna habitual al asunto. La titula «El cierre categorial», y hace una afectuosa defensa de mis posiciones: «Y a ver quien le discute eso al autor de El cierre categorial. Al-Andalus, una denominación medieval que tiene que ver con los vándalos y con el Islam.» Sin embargo, Gómez Marín prefiere, acaso para no nombrar la soga en casa del ahorcado, no entrar en la cuestión del islamismo del «Padre de la Patria andaluza». Razones tendrá para que no le haya parecido oportuno entrar al trapo sobre el asunto en esta ocasión.

Lo cierto es que el artículo de Gómez Marín suscitó una abundante serie de comentarios que, entre otras cosas, demuestran que no a todos los lectores de El Mundo de Sevilla puede medírseles por el rasero con el que hay que medir al Secretario de Organización del PSOE-A, señor Pizarro.

En el mismo día en que Gómez Marín publica en El Mundo de Sevilla su artículo «El cierre categorial», Álvaro Ruiz de la Peña (profesor de literatura en la Universidad de Oviedo) publica en La Voz de Asturias su artículo «Semejante pájaro», con este subtítulo: «Produce verdadero escalofrío oír cómo despacha el emérito Gustavo Bueno a Blas Infante.» Pero Ruiz de la Peña tampoco se detiene en la cuestión del islamismo de Infante. O bien desconoce el proceso de su conversión al Islam, o considera que este proceso es asunto íntimo, sin relevancia política, cuando al parecer lo importante sería, según él, no ya subrayar las semejanzas «místicas» entre Sabino Arana y Blas Infante, sino las diferencias entre el secesionismo de Sabino y el federalismo de Blas. Diferencias que alcanzan, como veremos después, un sentido completamente opuesto al que el articulista, que permanece enteramente en la inopia, les atribuye.

En conclusión, Álvaro Ruiz de la Peña es uno de esos opinantes que no se ha enterado de lo que estaba en el terreno de juego, y sólo se ha fijado en la expresión «semejante pájaro» que yo utilicé coloquialmente para referirme a Blas Infante. A Ruiz de la Peña de parece inadecuado, acaso poco respetuoso, que con esta expresión se designe a un hombre que, abandonando la vida confortable propia de un notario, se dedicó a estudiar la historia andaluza. Sobre todo, un hombre que fue fusilado «sin juicio y sin sentencia», y que habría expresado frases tan profundas como la siguiente: «Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano.» Una frase que, leída literalmente, es un sinsentido. Si el nacionalismo de Blas Infante no era andaluz, sino «humano», es porque también sería nacionalismo catalán, o castellano, o aragonés, puesto que todos éstos nacionalismos también son humanos. Lo que sí es evidente es que este profesor no ha encontrado nada extraño o ridículo en que Blas Infante calificase de «humano» a su nacionalismo. ¿Acaso hay algún nacionalismo entre perros, gatos o extraterrestres?

Sin embargo, la frase atribuida a Blas Infante podría tener otro sentido, si la leemos desde el punto de vista del Islam: lo que Blas Infante podría haber querido decir, con sentido aunque crípticamente, sería esto: «Mi nacionalismo no se queda en el Al-Andalus prosaico, casi zoológico, sino en el Al-Andalus divino, que es el que permite esperar que Al-Andalus real se convierta en la cabeza de un Islam espiritual, universal, ecuménico y verdaderamente humano.»

Precisamente teniendo a la vista tales connotaciones me vi llevado a utilizar la expresión «semejante pájaro», como un modo de decir, en román paladino, eso de rara avis. ¿Y no es una rara avis ese notario llamado Blas Infante que en 1924 toma nombre de Ahmad, «el que pasa de la potencia al acto», al convertirse al Islam? Y mucho más rara avis parecerá a los millones de andaluces que lo veneran (sin saber cual era el fondo de sus trabajos) cuando lo ven como un simple notario que renuncia a la vida cómoda y se dedica a trabajar por Andalucía hasta acabar siendo fusilado por «los golpistas del 36».

Es mejor no levantar la liebre. Blas Infante no es una rara avis, no es un pájaro, es un hombre excepcional, perfectamente ajustado a la categoría de los próceres políticos honrados y de buena voluntad. Si los millones de andaluces que pueden ir al referéndum se enterasen del sentido que puede encerrar eso de «semejante pájaro», podrían pensarse dos veces el sentido de su voto.

El artículo «Andalucía e Islam» del señor Antonio Galeote, director ahora del catalán Diario Ibérico, está escrito también en tonalidad agresiva: «Gustavo Bueno ha realizado unas declaraciones impresentables en las que empieza atacando legítimamente el proyecto de Estatuto de Andalucía, y acaba intentando ofender a Andalucía.» La cabeza del señor Galeote debe ser muy confusa, puesto que en mis declaraciones no hay nada que pueda interpretarse en el sentido de una ofensa a Andalucía. Sospecho que en el artículo «Andalucía e Islam» hay gato encerrado (no me atrevo a decir «musulmán encerrado»). En efecto, el autor del artículo dice que «para criticar a Andalucía, se le reprocha [es decir, yo le reprocho] las influencias musulmanas que ha recibido.» Y, según Galeote, mis reproches se contienen en esta frase: «Olvidamos que Al-Andalus es una denominación medieval que tiene que ver con los vándalos y con el Islam.» O sea (comenta) que lo que tiene que ver con el Islam es connaturalmente negativo y perverso. Y de los «vándalos» mejor es no hablar.

El escozor que a Galeote parece haberle producido que yo recuerde que Al-Andalus tiene que ver con el Islam medieval y con los vándalos, denuncia una sensibilidad muy afinada para percibir al Islam como algo actual –no medieval– y como un cúmulo de valores positivos, y no negativos. Pero si yo hablé de la connotación medieval de Al Andalus era para evitar el anacronismo de considerar a Séneca, un romano, como andaluz; o a San Isidoro, un cristiano visigodo, como un andaluz, aunque lo fuese «en potencia». Ni siquiera, como ya he dicho, Averroes podría llamarse hoy andaluz, cuando este adjetivo lo utilizamos en el sentido que tiene en el lenguaje español actual. Y no era necesario entrar en la cuestión de las comparaciones entre el islam y el catolicismo, ni en valoraciones negativas o positivas.

Lo que sí era necesario era tener en cuenta no ya la diversidad, sino la incompatibilidad de instituciones fundamentales en cada una de estas dos religiones o culturas. Incompatibilidades dogmáticas insuperables. Para los musulmanes, el dogma de la trinidad, que se opone a su monoteísmo de estirpe aristotélica, equivale a un politeísmo, a un triteísmo; y el dogma central del cristianismo, el dogma de la Encarnación, según el cual Cristo, el hijo de María, es Dios, es una simple blasfemia, como lo son sus consecuencias, y muy particularmente, el sacramento de la Eucaristía, el Corpus Christi.

Pero estos dogmas –que a muchos ciudadanos de hoy parecen abstracciones propias de teólogos escolásticos y ajenas por completo «al pueblo»– están implicados, y muy particularmente en Andalucía, con instituciones populares concretas y cotidianas. El templo puede contener el Corpus Christi –el Santísimo– y no ya al Dios ubicuo que está presente en todos los lugares. Pero la presencia del Corpus Christi en el templo cristiano excluye la posibilidad de que un templo católico en el que se celebra la eucaristía (incluso cuando este templo haya sido una mezquita, como la de Córdoba, que a su vez fue edificada sobre las ruinas de una iglesia católica, la de San Vicente, que había sido demolida por los sarracenos) sea compartido por miembros de una religión que sólo «por cortesía» pueden simular respeto al sacramento (recordamos que en este argumento se apoyó la denegación, por parte del Arzobispo de Córdoba, a la petición del imán para utilizar la mezquita para sus culto).

También la iconoclastia (de consecuencias inmediatas y populares bien visibles) está implicada con el dogma de la Encarnación. En el veto a representar lo divino con rasgos antropomórficos se justifica el estilo de decoración musulmana llamado «geométrico» (no se sabe muy bien por qué: ¿acaso las curvas de una estatua barroca no tienen también su ecuación geométrica?). Y precisamente como afirmación de ese antropomorfismo, real y verdadero (puesto que Cristo, en contra de lo que pensaban los docetas, era realmente hombre), se desplegó, sobre todo en Andalucía, y en gran medida, como procedimiento pedagógico inexcusable para compensar la abstracción geométrica musulmana, la presencia de imágenes de hombres y mujeres sagrados, las ceremonias de la Semana Santa, las procesiones públicas con las tallas antropomórficas de Cristo y de su madre, la Virgen María.

Las implicaciones políticas, prácticas, de estas diferencias dogmáticas no son menores, aunque no es ocasión de analizarlas ahora. El monoteísmo radical de los musulmanes tiene su reflejo en su monoteísmo teocrático, en virtud del cual la indistinción de fronteras entre la política y la religión llega a ser absoluta.

Desde este punto de vista, recordar en las vísperas del referéndum, que Al-Andalus es una denominación medieval, equivale a señalar que el momento en el cual Al-Andalus se toma como un valor del presente, y no del pasado arqueológico, entraña una contradicción insalvable. Porque si las procesiones de Semana Santa de Sevilla, de Córdoba, de Málaga, de Granada, pueden celebrarse hace siglos es precisamente porque Al-Andalus musulmán había dejado de existir. En Al-Andalus jamás habrían existido catedrales o templos cristianos, ni hubieran sido llevadas en procesión las imágenes de la Virgen Santísima o la de Cristo yacente en Viernes santo. No digo, por tanto, como quiere que diga Galeote, «que lo que tiene que ver con el Islam es connaturalmente negativo y perverso», en sí mismo considerado. Pero sí podría decir que es connaturalmente negativo y perverso considerado en su contraposición con los dogmas y ceremonias cristianas, y muy particularmente con las ceremonias propias de la «tierra de María Santísima».

5 Dos palabras en torno a la segunda interpretación, es decir, en torno a la interpretación del hecho del reconocimiento de Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza», desde el hecho de su conversión al Islam, y en el sentido de que este hecho, la conversión, lejos de circunscribirse a la condición de una experiencia privada, tiene significados políticos de gran trascendencia, hasta tal punto que ellos podrían obligar a alterar completamente el alcance que muchos, o la mayoría, otorgan a Blas Infante como «Padre de la Patria andaluza».

En efecto, quienes sin ser musulmanes ni frívolos, lleguen a constatar que el «Padre de la Patria andaluza» se hizo musulmán, tendrán que advertir que se enfrentan a una situación difícil de analizar. Pues esto plantea la cuestión de las conexiones que han de mediar entre las experiencias religiosas del prócer y su figura política. Sólo diciendo frívolamente que no tiene nada que ver podrán mantener intacto el reconocimiento del prócer como Padre de la Patria, declarando la inoportunidad de traer al escenario político las informaciones acerca de la vida privada que el protagonista pudo haber realizado fuera del escenario.

Pero, ¿quién puede afirmar que la conversión religiosa al Islam de Blas Infante fue un acto privado, llevado a cabo fuera del escenario político? Por de pronto, la conversión, o su manifestación ceremonial, no fue un acto privado sino público, y tuvo también su componente teatral: la conversión tuvo lugar en una mezquita y ante testigos musulmanes que acreditaron la metamorfosis espiritual del converso, que además tuvo la precaución constante de vincularse a la estirpe de los «antiguos moriscos» que expulsados de Andalucía por los Reyes de España, se refugiaron en Marruecos. Sólo cuando los andaluces no musulmanes, parlamentarios o votantes, lograsen mantenerse en estado de ignorancia sobre la circunstancia de la religión del Padre de su Patria, el problema estaría solucionado. Se habría logrado en la práctica la desconexión total de los dos hechos simples que constituyen el hecho complejo que analizamos.

Esta ignorancia estaría ayudada, en todo caso, por la discreción de quienes, «estando en el secreto», saben que no ha llegado el momento de la proclamación formal, porque a veces conviene mantener la fe en «Taquilla» –diríamos nosotros, «en el armario»– por motivos estrictamente prudenciales. Pero este mismo silencio o discreción está demostrando que efectivamente la conversión del prócer sí tendrá mucho que ver si se manifiesta ante el Parlamento andaluz y ante los andaluces en general. Todos verían que esa conversión sí tendría mucho que ver, y verían también que neutralizar el asunto por el procedimiento de desinteresarse simplemente de él, tendría mucho de ignorancia culpable.

Y la razón está en que precisamente la mayoría de los parlamentarios y de los ciudadanos en general son cristianos, y no musulmanes. Constituirá siempre para ellos un enigma, una paradoja, que el Padre de la Patria andaluza, católica en su inmensa mayoría, sea un musulmán. ¿No se seguiría de ello ninguna consecuencia práctica en la convivencia cotidiana? Todo el mundo sabe que la fe musulmana no puede ser encerrada en el interior de la piel que envuelve a un «estuche corpóreo». El musulmán educará a sus hijos en una fe distinta de la cristiana; habrá que resolver situaciones derivadas de los matrimonios mixtos. ¿Y por qué no hablar de los asuntos cotidianos relativos al convivium? ¿No resultaría paradójico que pudiera verse al Padre de la Patria andaluza torciendo el gesto, o volviendo la cabeza, cuando y constantemente los andaluces se dedican a preparar y a consumir uno de sus productos más preciados, el jamón de Jabugo, o los derivados del cerdo en general? ¿Quién, de esta inmensa mayoría, podría invitar a comer a su casa al Padre de la Patria, o a sus correligionarios, sin cuidarse de cambiar sus platos y manteles? Y todos aquellos que actúan en las cofradías de Semana Santa, o en la romería del Rocío, ¿cómo podrían no advertir que sus ceremonias estarán siendo severamente juzgadas por el Padre de su Patria, que, según la creencia de una gran mayoría, les mirará, en el mejor caso, desde un Cielo cristiano?

Es decir, todo el mundo comprenderá que la conversión al Islam del «Padre de su Patria» no puede entenderse como asunto de puertas adentro, puesto que es desde «sus adentros» desde donde el musulmán Padre de la Patria seguirá mirando con disgusto a sus hijos politeístas, por mucho que sobrelleve su disgusto esperando a los tiempos de rectificación de sus hijos descarriados por las circunstancias históricas. Es decir, por la conquista (no la reconquista) de Andalucía por parte de unos bárbaros del Norte que se habían convertido, desde los tiempos del rey Recaredo, al cristianismo. Si, por lo menos, hubieran permanecido arrianos, se habría mantenido una mayor proximidad con Mahoma (a quien muchos historiadores de las herejías cristianas consideran arriano, al no reconocer la divinidad de Cristo, sin perjuicio de reconocer sus virtudes humanas). La proximidad que mantuvo Elipando, por ejemplo, el obispo adopcionista de Toledo, que por ello se enfrentó al «fétido antifrasio Beato» que vivía en la corte del rey Alfonso II de Oviedo.

En resumen, Andalucía, al erigir a un musulmán como Padre de la Patria, tendría que saber que ella, en la medida que es contemplada por él o por sus correligionarios, ya no puede ser la Andalucía española histórica cotidiana, la que convive con millones de españoles de otras regiones, con los cuales intercambian bienes y servicios. Desde la visión de un Padre de la Patria convertido al Islam, los toros bravos, el jamón de pata negra, el vino, los pasos de Semana Santa, la romería del Rocío, la familia monógama y el régimen de herencia, la fiesta del domingo o de otros muchos días del año, así como la propia idea de persona, tendrían que comenzar a ser contemplados de otro modo. Porque el Islam, decía Blas Infante en uno de sus manuscritos inéditos, «no es sólo espiritual, es también movimiento, vivir no es solamente una idea, sino un conocimiento, y este conocimiento es nuestra experiencia de Al-Andalus en su época de esplendor». Pero en los mercados de aquella época de esplendor no había jamones de pata negra, ni sus templos tenían campanas, ni los domingos eran días de fiesta, ni por sus calles podían pasear imágenes de la Virgen María y su hijo.

¿Cómo podría reconocerse la Andalucía que busca hoy organizarse a través de un Estatuto en esa Andalucía medieval (aunque se la llame Al-Andalus, aludiendo a una época de esplendor más o menos mítica) propuesta por el Padre de la Patria andaluza? La Andalucía de hoy es cristiana, religiosa y culturalmente. Pero el Padre de la Patria le pide, desde su experiencia íntima, que deje de serlo, y no en nombre de un racionalismo europeísta, o de un laicismo similar al que la Segunda República predicó, y a la que Infante se adhirió desde el primer momento, sino en nombre del islamismo. Blas Infante dejó dicho: «El Profeta de nuestros antepasados, de Al-Andalus... como todos los profetas, será nuestro Profeta.»

Quienes utilizan el rótulo «Al-Andalus» para designar instituciones muy diversas (revistas, restaurantes, hoteles, centros culturales, trenes, &c.) o no saben lo que hacen, o lo hacen frívolamente, o lo saben demasiado.

6 La tercera interpretación del hecho complejo constituido por la conjunción del hecho político del reconocimiento de Blas Infante como Padre de la Patria andaluza, y del hecho religioso de su conversión al Islam en 1924, se deriva de una visión peculiar del hecho político, desde la perspectiva del hecho religioso. Esta tercera interpretación presupone que el hecho religioso de la conversión al Islam de Blas Infante no fue una mera experiencia íntima, sino que tuvo ya entonces presupuestos y repercusiones sociales y políticas. Pero no sólo en el terreno religioso –en el sentido, por ejemplo, de constituir un estímulo para la edificación de mezquitas o para la recuperación de «baños árabes» (cuyas connotaciones religiosas siempre pueden diluirse bajo el nombre de «actividades culturales»)– sino también en el terreno político, a saber: en la misma reformulación del alcance de las categorías e instituciones políticas contempladas en los proyectos políticos de Infante (concepto de Andalucía y de sus relaciones con España y con el Mundo, concepto de Estado federal, de Nación, de Cultura), y también en el propio Estatuto de Autonomía, siempre que alguien se decidiera a reformular muchos de sus contenidos desde la perspectiva del islamismo del Padre de la Patria.

La orientación general de esta reformulación de los contenidos políticos y de sus relaciones tendría el sentido de un desbordamiento de estos contenidos respecto de los marcos jurídicos ordinarios en los cuales están formulados, en tanto estos marcos se mantienen en el ámbito de la Constitución española de 1978. Por ejemplo, el concepto mismo de «comunidad autónoma», y aún el concepto de «nacionalidad andaluza», así como sus relaciones con España (como Estado, incluso como Nación), recibirían un profundo cambio, y ello sin necesidad de alterar aparentemente la terminología, al menos a corto plazo. La «comunidad autónoma andaluza» es un concepto definido en el tablero jurídico político constitucional español, en el cual las comunidades tienen asignados cauces de relaciones con otras comunidades del Estado: las comunidades autónomas no tendrán por qué asumir responsabilidades que competen al marco del Estado. Las relaciones internacionales o las «misiones universales» que una comunidad autónoma pueda reivindicar tendrían que ser dejadas de lado, porque lo contrario equivaldría a invadir las funciones del Estado, al intento de constituirse como un Estado independiente (acaso confederado con los otros eventuales Estados peninsulares). En suma, las relaciones internacionales o las misiones universales, si afectaran eventualmente a una comunidad autónoma, habrían en todo caso de llevarse a cabo a través de los cauces del Estado. La «misión universal» de Andalucía, o sus relaciones internacionales, si existen, habrían en todo caso de ser asumidas por España. Si una región de España proclama su misión universal, incluso si esta misión es de índole cultural, independientemente de España y por cuenta propia, es porque considera a España como una realidad subordinada a su misión (y esto sin necesidad de romper su unidad con ella).

Ahora bien, si desde la perspectiva musulmana del Padre de la Patria andaluza, Andalucía es mucho más que una comunidad autónoma (como también la Iglesia católica es mucho más que el Estado Vaticano, al que tuvo que ajustarse esta Iglesia en la época de Mussolini); y esto porque, aún siéndolo, ha de entenderse como una comunidad espiritual, difícilmente podrá ajustarse a los conceptos cristianos modernos, tales como Nación o Estado. ¿Cómo designarla entonces? Blas Infante recurrió a la idea de «Cultura», entendida por cierto al modo de la tradición germánica que, desde Juan Teófilo Fichte hasta Otto Bauer, vieron en ella una «unidad de destino en lo universal». Sin embargo, sin entrar en colisión con las retículas constitucionales, el Estatuto andaluz podrá afirmar: «Y es que Andalucía, asentada en el sur de la península ibérica [conviene subrayar, por si muchos lectores de el Estatuto no lo advierten, que en esta determinación geográfica o geológica de Andalucía, España deja de tomarse como referencia] ...constituye un nexo de unión entre Europa y el continente africano» [otra vez España deja de ser tenida en cuenta como cauce de esta unión]. Y en el párrafo siguiente del Preámbulo se añade:

«Estos rasgos [se refiere a los geopolíticos], entre otros, no son sólo sedimentos de la tradición, sino que constituyen una vía de expansión de la cultura andaluza en España y el mundo y una aportación contemporánea a las culturas globales.»

Y sin embargo, de estas proposiciones no podría seguirse ninguna intención separatista, porque Andalucía podrá seguir siendo considerada como parte esencial de España (y esto es lo que tranquilizó al PP cuando se decidió por el Estatuto, tras pequeños ajustes en la redacción). Pero lo decisivo es el supuesto implícito, que también España es parte esencial de Andalucía. ¿Y por qué? Porque Andalucía, como cultura que intenta resucitar el esplendor de Al-Andalus, no es separatista; ella no desea que el resto de España le de la espalda, ni da la espalda al resto de España, porque quiere incorporarla a su cultura, es decir, al Islam.

Ninguna de estas expresiones aparece en el Estatuto de 2006. Pero sólo quienes al leer «cultura andaluza» sobrentienden, para sus adentros, «Al-Andalus-Islam», no apreciarán ninguna anomalía en las expresiones que asignan a Andalucía «misiones universales» independientes de España. Las anomalías reaparecerán cuando traduzcamos los términos efectivos, por ejemplo «cultura andaluza», a términos del tablero constitucional del Estado de las autonomías. Blas Infante no tendría ningún inconveniente en suscribir el artículo 1.1 del Estatuto («Andalucía... se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española»). En efecto, Blas Infante jamás apoyó el separatismo, sino la unión con las restantes partes de España. «Este llamamiento (dirá en su Manifiesto a todos los andaluces, el 15 de junio de 1936, en vísperas de la Guerra Civil) es españolista porque Andalucía es la esencia de España [advertimos que no dijo: España es la esencia de Andalucía] y tanto necesita España como Andalucía el que esta última llegue a la autarquía.» Una unión de Andalucía con España orientada a integrar España, reinterpretada como Al-Andalus, en Andalucía. (El unionismo de Andalucía con el resto de los pueblos españoles, que Blas Infante propugnaba, podría ponerse en paralelo con el unionismo, de cuño imperialista, que Prat de la Riba predicaba coetáneamente para Cataluña –un unionismo antitético al separatismo de Sabino Arana, precisamente por su componente imperialista–.)

Así pues, la visión a largo plazo que Blas Infante pudo tener del proceso andaluz le permitiría incorporar estratégicamente a su proyecto las categorías políticas ordinarias, dadas a escala «doméstica», desde su punto de vista (autonomía, federalismo, unionismo, &c.), aunque interpretadas desde su perspectiva que, sin embargo, no quedaba traicionada. A lo sumo, quienes se adhiriesen a este lenguaje de doble sentido permanente podrían pecar de ingenuos, desde el punto de vista del Padre de la Patria; pero también los ingenuos. moviéndose en su terreno doméstico, podrían considerar como ingenuo al Sabio que les hablaba desde un lenguaje sublime, pero que sólo podría lograr operatividad traduciéndolo al lenguaje de las prácticas cotidianas, y por tanto, desvirtuando su estrategia a largísimo plazo.

La conversión o revelación de 1924 hubo de permitir a Blas Infante reinterpretar también todos los proyectos políticos en los que había estado implicado a lo largo de los años, y que, por lo demás, se mantenían siempre en una misma onda populista, fisiocrático-georgiana (de Henry George), simpatizante con el anarquismo bakuninista, republicano, universalista... pero siempre historicista. Era la perspectiva histórica aquella que ofrecía a Blas Infante –como también se la ofreció a Comte, a Bakunin, o a Marx– el criterio más firme para huir de las abstracciones metafísicas y tomar contacto, aún dentro de su plan estratégico de largo alcance, con los modelos realmente prácticos de la acción política.

Solo que Blas Infante parece no haber encontrado modelos accesibles en la comunidad primitiva, pero tampoco en el siglo XVI, o en la sociedad industrial. Su modelo lo encontró en la Edad Media, en Al-Andalus. Y en función de esa Al-Andalus mítica trató de reconstruir los problemas del presente, y las líneas pragmáticas de su acción política.

En Marruecos vio reproducida la miseria de los jornaleros que en su infancia ya había visto en su tierra; la causa de la miseria la pondría en los reyes del norte de España, que movidos por una codicia insaciable fueron conquistando (no reconquistando) palmo a palmo las tierras islamizadas de Al-Andalus, arrojando de ellas a los andaluces a países extraños, o simplemente apartándolos de los nuevos latifundios que los conquistadores se habían repartido, a los «jornaleros moriscos que habitan el antiguo solar». Y es preciso unir a unos y a otros. Los tiempos cada día serán más propicios, y en este sentido dice acaso Infante que «hay un andalucismo como hay un sionismo, nosotros tenemos también que reconstruir una Sión».

Fue siguiendo el rastro de aquellos moriscos andaluces expulsados de España, por lo que emprendió su famoso viaje a Marrakech, y allí encontró la iluminación, la revelación, la conversión plena al Islam.

7 Para que el Al-Andalus medieval, el Al-Andalus del Califato de Córdoba, pudiera ser tomado como modelo genuino de la reconstrucción política y espiritual de la Andalucía deprimida y explotada del presente en el que a Blas Infante le tocó vivir, era preciso demostrar que tal modelo no era postizo, sobreañadido desde fuera a los andaluces que vivieron en aquellos siglos.

Y era necesario demostrarlo frente a quienes creían saber que la cultura islámica fue importada por unos invasores árabes que lograron derrocar el reino de los bárbaros visigodos; por unos invasores que habrían obligado a los pueblos sometidos por los visigodos a adaptarse al Islam. ¿Y cómo llevar adelante la demostración?

Blas Infante no se paró en barras: las invasiones árabes no impusieron la cultura islámica a los andaluces, por la sencilla razón de que no hubo tales invasiones. Habrían sido los propios pueblos sometidos a los godos –viene a decir Infante– quienes admirados de la amabilidad, elegancia y espiritualidad de las escasas avanzadillas que habían desembarcado en la costa, acudieron a ellos como aliados capaces de ayudarles para liberarse de la barbarie goda (que, a su vez, era cristiana). No hubo pues conquista, ni imposición violenta del Islam, sino difusión de una cultura oriental superior. Ninguna dependencia tuvo el califato de Córdoba respecto del califato de Bagdad. Al-Andalus es una creación propia y genuina de los andaluces, y el Islam es su propia religión.

Si es cierto que los reyes bárbaros –los reyes godos y sus sucesores del norte– fueron conquistando (no reconquistando), poco a poco, Al-Andalus, expoliando a sus propietarios para formar los enormes latifundios que todavía hoy existen, el mejor plan concebible no sería otro sino el de volver al Islam, a reconstruir Al-Andalus, pero con la prudencia necesaria para no crear obstáculos invencibles. Hablemos pues de recuperación de tierras, de autarquía, de impuesto único, de autonomía, de federalismo. Es el lenguaje exotérico de quien sabe, desde su doctrina críptica, esotérica, que sus planes son a largo plazo, pero que no se puede perder, en el corto plazo, ningún eslabón del camino que conduce al final. En el fondo la ideología andalucista de Blas Infante coincide con la ideología más radical de la izquierda vasca abertzale: para ambas ideologías la presencia de los españoles en sus territorios representa la presencia de unos intrusos, y sus ejércitos respectivos no son sino tropas de ocupación.

Un círculo perfecto, por tanto, pero vicioso, vacuo y utópico.

Lo que no habrá impedido que roto ese círculo en sus dos arcos, algunos sigan explorando las posibilidades de utilización de tales arcos para muy diversos fines. El arco inicial (la islamización de Al-Andalus como proceso casi espiritual y no resultado de una invasión violenta), aun sin pretensión de continuarse hacia el anillo terminal, tiende siempre hacia él (hacia la construcción de un «segundo arco» que permita pasar de la Andalucía actual a su verdadera fuente, Al-Andalus).

La utilización del primer arco, o fragmentos suyos, ha sido muy frecuente. Menéndez Pidal llegó a afirmar que en el siglo XI la idea de Reconquista no estaba asentada en los reyes montañeses (tales como Sancho el Mayor), aunque no decía lo mismo de los reyes de Oviedo o de León. También Ortega había sometido a crítica el concepto de Reconquista: un proceso que duró ocho siglos no puede llamarse Reconquista (pero no dice las razones de tal imposibilidad).

Ignacio Olagüe, en diversos libros, ofreció algunos desarrollos del primer arco. Por ejemplo, en su obra La decadencia española (Mayfe, Madrid 1950, tomo II, pág. 204):

«Por consiguiente, si se enfoca la revolución española con los acontecimientos que se desarrollaron en los márgenes meridionales del Mediterráneo, podemos afirmar que lo importante no era que el Conde Julián, Tarik y unos cuantos aventureros intervinieran en los actos tácticos de las revueltas, ni tampoco, aunque hecho de mayor alcance, que desembarcaran en nuestras playas predicadores del islam. Lo decisivo fue que los españoles de entonces aceptasen estas predicaciones por buenas y creyeran en ellas como futuro remedio de sus males. Y esta desviación de los hispanos pudo ocurrir gracias al lazo de unión que a través de muchas centurias había emparentado el pensamiento de predicadores y oyentes. En otras palabras: los españoles no podían sustraerse a la magia y a la fuerza de la idea. En la última expansión de la oleada mágica, España, zona fronteriza, se inclinó hacia lo semita porque en la lucha entablada la fuerza y el porvenir estaban con los musulmanes y no con las huestes de Don Rodrigo. No se engañe el lector con resabios de una falsa patriotería. Las páginas de la historia universal están al alcance de todos para convencimiento de cualquier incrédulo.
La llamada invasión árabe se reducía, pues, al arribo a nuestras costas, al calor de la guerra civil, de unos cuantos aventureros y de los primeros propagandistas de la reforma mahometana. De aquí el carácter internacional de esta tropa, convencida, de encontrar en la contienda española una ocasión propicia, los unos para la predicación, los otros para la rapiña. Considerar a esta ínfima minoría como una invasión, era tan absurda como calificar de tal a los monjes de Cluny, trovadores, peregrinos, hombres de armas y demás extranjeros que más tarde influirían en el desarrollo del gótico español.»

Lo más curioso es que Olagüe atribuye a los «visitantes» la misma prudencia, cuanto a la metodología de la revelación de sus dogmas a los andaluces cristianos, que atribuimos a Blas Infante en sus programas de recuperación de Al-Andalus: se trata en todo caso de no asustar a los cristianos, y conseguir transformaciones «domésticas» que sin embargo puedan servir de plataforma para realizaciones de más vuelo. Así, hablando de las monedas globulares con inscripciones latinas puestas en circulación por los árabes de África, dice: «se inscribió en latín, y suprimiendo muchas letras, según estilo del tiempo, una leyenda de índole religiosa, pero en la cual quedaba muy disimulado su espíritu mahomético: In nomine Domini non Deus nisi deus solus sapiens non Deo similis alius. Decir que Dios es único, sabio y sin semejante, no ofendía en apariencia los sentimientos de los súbditos cristianos, pero, en realidad, tales expresiones ocultaban la tesis antitrinitaria de la teoría alcoránica» (Olagüe, tomo 2, pág. 206).

Otro experimento de reconstrucción de lo que venimos llamando primer arco del anillo es el que está llevando a cabo Emilio González Ferrín (Ciudad Real 1965, profesor de pensamiento árabe en la Universidad de Sevilla). Al-Andalus –viene a decir este autor– fue un renacimiento europeo. Pero ni hubo invasión sistemática en 711, ni los que entonces entran en la península ibérica podrían llamarse árabes. Pero los argumentos de Ferrín no son convincentes. ¿Cómo explicar la batalla de Poitiers, o la de Covadonga, o la de Clavijo-Laturce, o la de Simancas? ¿Y cómo puede considerarse como ya muy tardía la Crónica de Alfonso III?

En cuanto al segundo arco del anillo, el que une la Andalucía de hoy con Al-Andalus, Blas Infante sigue siendo explorado tenazmente por parte del Islam militante, tanto en formas más próximas a las de la Yihad, como en formas más suaves, «culturales», estéticas, literarias, folklóricas o nostálgicas.

¿Qué podemos concluir? Por mi parte me limitaré a expresar una sospecha: que si a partir del primer arco nos parece imposible alcanzar el segundo, en cambio pudiera ser que únicamente fuera posible llegar al primero desde el segundo arco (la islamización de España no fue el resultado de una invasión), cuando partimos desde el segundo.

Por lo que se refiere a la inmensa mayoría de los que van a votar en el referéndum del Estatuto, me atrevería a decir que éstos no intentan siquiera explicar el primer arco, ni menos aún el segundo. De otro modo, para esta inmensa mayoría, la mención de Blas Infante, como Padre de la Patria andaluza, no significará mucho más de lo que puede significar la mención a un «intelectual», a un notario escritor, que se interesó por los pobres jornaleros andaluces, que amó a Andalucía (suponiendo que Al-Andalus de Infante es nuestra Andalucía), y que fue fusilado por las tropas que se alzaron en 1936.

¿Qué más se puede pedir para justificar su reconocimiento como «Padre de la Patria andaluza»?

———

Los ciudadanos se abstuvieron mayoritariamente
pero el Proyecto de Estatuto resultó aprobado


6.045.560 ciudadanos españoles residentes en las ocho provincias andaluzas formaron el censo convocado en referéndum para responder el 18 de febrero de 2007 a la pregunta: «¿Aprueba el Proyecto de Estatuto de Autonomía para Andalucía?» Una inmensa mayoría de esos ciudadanos –3.852.063, el 63,72%– se abstuvieron de ir a votar, y sólo 2.193.497 acudieron a las urnas –36,28%–, para depositar 2.172.531 votos válidos (pues 20.966 fueron anulados por diferentes razones). De manera que sólo menos de uno de cada tres ciudadanos convocados a esta consulta respondieron afirmativamente a la pregunta –1.899.860 votos, 87,45% de los votos emitidos–, manifestando su negativa 206.001 votantes –9,48%– y votando en blanco 66.670 ciudadanos (el 3,07% de los votos emitidos).

Gustavo Bueno

viernes, 9 de noviembre de 2007

Las fuentes de la historia

Hay libros perpetrados por periodistas (y por escritores de actualidad) que entran en el montón de lo desechable. La mayoría. Pero otros, contados, se convierten por necesidad en fuentes de lo que la historia será en el porvenir, cuando este momento nuestro sea pasado. Es el caso de Los que le llamábamos Adolfo, de Luis Herrero.

Casi todo el mundo sabe que Luis Herrero (Luis Herrero-Tejedor y Algar) es uno de los hijos de don Fernando Herrero-Tejedor, que fue ministro secretario general del Movimiento y padrino político de Adolfo Suárez. Don Fernando sucedió en el Ministerio a José Utrera Molina, suegro de nuestro alcalde Alberto Ruiz Gallardón, y se llevó como vicesecretario a Suárez. Son muchos los que piensan que, de no haber muerto Herrero-Tejedor en un accidente de carretera, en junio de 1975, hubiese sido él, con la colaboración de Suárez, sin duda, quien prohijara la reforma política.

De modo que, además de parafrasear un título archiconocido (el de Josefina Carabias sobre Azaña, Los que le llamábamos Don Manuel), Luis Herrero dice una verdad de a puño: él estuvo junto a Adolfo Suárez desde el día en que nació. En cierto sentido, pese a la diferencia de edad, fue su hermano. No es el periodista hombre que haga alarde de sus relaciones políticas, ya que ni siquiera usa el apellido compuesto de su padre y se ha abierto su propio camino sin apoyarse en esas muletas.

No tenía yo demasiada ansiedad por leer Los que le llamábamos Adolfo, que compré ya en su cuarta edición, pero el azar me puso en medio de un debate entre amigos, algunos de los cuales venían de CDS y UCD y habían colaborado directamente con Suárez en uno u otro momento de la revolución democrática emprendida por éste en 1975, cuando Carlos Arias Navarro aún era presidente del Gobierno.

Las posiciones respecto de la memoria de Luis Herrero eran encontradas. Unos encontraban razonable el público enfado de Adolfo Suárez Illana con Herrero, a raíz de una frase que sólo con mucho esfuerzo es posible sacar de su contexto para eliminar su sentido humorístico. Se trata de un comentario jocoso, al despedirse Herrero de Suárez, cuando hacía mucho tiempo que el ex presidente estaba alejado de la vida política, en 1994. Narra Herrero:
Antes de despedirnos me dijo en broma que le iba a decir al Rey que me llamara y que él mismo le propondría que me diera a mí también un título nobiliario.

– ¡Ni se te ocurra! –le dije entre risas.

Ya en el umbral de la puerta de su despacho, a modo de despedida, me dijo:

– No descarto la posibilidad de que, muy pronto, me toque ir al despacho del Rey para decirle: "Majestad, no tiene usted más remedio que abdicar por el bien de España".
Otro de los presentes en la reunión argumentó que no sería improbable que Suárez Illana hubiese recibido una llamada de Zarzuela para que se pronunciara como lo había hecho. A mí no me pareció un comentario sensato, pero reconsideré mi imagen pocos días después, cuando salió a la luz la conversación mantenida por el Monarca con Esperanza Aguirre a propósito de Federico Jiménez Losantos, en el transcurso de una cena, que nadie ha desmentido. Entonces empecé a pensar que, como se dijo por ahí, era cierto que el Rey había empezado a borbonear, lo cual, y no descarto el imperio de lo genético, puede ser nefasto para él mismo. Y, por supuesto, me lancé a leer el libro de Luis Herrero.

Nadie puede poner en tela de juicio nada de lo que en sus páginas se narra. No lo digo a la ligera, sino con la evidencia a mano: nadie lo ha hecho seriamente. Y estoy convencido de que, si alguien hubiese podido refutarlo, aunque fuera en una coma, ya lo hubiera hecho, y no sólo en la prensa, sino ante los tribunales, con enorme eco mediático e incontables consecuencias.

¿Qué es lo que cuenta Herrero? Nada que perjudique, en ningún momento, a la figura de Adolfo Suárez. Me parece perfectamente posible que éste haya bromeado a propósito del Rey y de un poder político del que carecía en el momento de pronunciar la famosa frase. Por eso me sorprendió oír, en la misma reunión de la que me tocó ser testigo, que Herrero había hecho mal en publicar el libro ahora, cuando Suárez "no se puede defender": no hay nada de lo que deba defenderse.

En cambio, cuenta cosas sobre Don Juan Carlos, sobre presiones de la Casa Real en relación con el libro de Herrero sobre Mario Conde, en las que correspondió a Suárez el papel de mediador y que determinaron cambios en un capítulo de la obra. Dudo que en Zarzuela, donde tanta inquietud produce la COPE, esas partes del libro hayan pasado inadvertidas. No creo que ese fantasma del republicanismo que recorre España en estos días tenga asiento verdadero en la cabeza de los españoles, pero sí me parece evidente que la Corona está a la defensiva.

Y aquí y allá, en las 310 páginas de Los que le llamábamos Adolfo (con un utilísimo índice onomástico), aparecen personajes que siguen teniendo relieve en la vida política española, o que han elegido un tranquilo último plano, que preferirían no ser nombrados, ni por Herrero ni por nadie. Lo que pasa es que la memoria es tenaz y que la historia (que se construye con memorias pero se va distanciando de ellas según pasa el tiempo) es implacable.

Tengo para mí que el principal objetivo de la parcialización de la historia en lo que a la Guerra Civil se refiere, es decir, la pretensión de que sólo se recuerde al bando republicano, es el de asegurar la limpieza de sangre izquierdista de los muchísimos descendientes de franquistas, falangistas, procuradores en Cortes y hasta ministros del Generalísimo que hoy por hoy nutren las listas cerradas del PSOE. Nadie quiere ser "el hijo de" o "la hija de" tal o cual del Régimen. Pero hay unos cuantos. Y que un hombre como Herrero sepa lo que hicieron en el último verano del Caudillo resulta siempre perturbador. Tal vez a Don Juan Carlos le moleste que se recuerde el pecado original de su reinado, nacido como sucesión del Régimen mediante su designación por Franco, más allá de todas las pruebas de carácter democrático dadas a lo largo de los años.

Don Juan Valera decía que Dafnis y Cloe, que él había puesto en español, era un libro que "recordará de amor al que ya ha amado, y enseñará el amor a quien no ha amado nunca". Los le que llamábamos Adolfo, de Luis Herrero, recuerda muchas cosas a quienes las han vivido, como protagonistas o como testigos, y enseña muchas más a quienes pasaron ante ellas con indiferencia imperdonable o aún no habían nacido. Dentro de medio siglo, será una fuente imprescindible.

LUIS HERRERO: LOS QUE LE LLAMÁBAMOS ADOLFO. La Esfera (Madrid), 2007, 310 páginas.

Pinche aquí para acceder a la página web de HORACIO VÁZQUEZ-RIAL.

vazquez-rial@telefonica.net

Horacio Vázquez-Rial
Libertad Digital (Suplementos), noviembre 2007

Bienvenido, Boadella

Adivina, adivinanza: ¿quién prefiere, al amor a la patria, amarla a ella? Boadella. Conste que "ella" no es una mujer cualquiera. Mucho menos "la mujer", esa coartada en la que suelen refugiarse, como los canallas en la susodicha, los adoradores exclusivos de sí mismos.

De las muchas excentricidades que cultiva Albert Boadella, quizás la más sorprendente sea ese amor real por la mujer de carne y hueso que es su segunda esposa, que siente y declara como única e incomparable, y que le es tan necesaria como el aire que respira. No debería hacer falta decir por qué tal cosa se haya convertido en una rareza: poco menos que delito, en tiempos de compulsiva y obligatoria corrección político-tribal (y de género, que añadiría Imma Mayol), es manifestarse públicamente afecto no a ideas bovinamente rumiadas y gregariamente confortables, sino a la desnuda realidad vivida.

DIÓS CATALUÑA
¡Qué descaro el de Boadella! No contento con casi medio siglo de sistemático escarnio de todas las habidas correcciones políticas (de paso, también, de unas cuantas religiosas), el actor que es va y nos dice… ¡que quiere a su mujer! No sé qué pensarán los otros lectores de Adiós Cataluña, el más reciente libro de Boadella, galardonado con el Premio Espasa de Ensayo, pero a mí sobre todo me conmueve esta muestra de rebeldía ante el soterrado diktat, no verbalizado mas fieramente acatado por todos, que reza que la grandeza de un hombre (o de una mujer) se mide por su proyección en la arena pública en medida inversamente proporcional a nuestra capacidad para penetrar en su vida privada. Y en ello veo la última, por más reciente, provocación de este maestro en provocaciones. Más, pero que mucho más, que en lo que nos dice acerca de Cataluña, que ciertamente no es una mujer y, por tanto, merece o debería merecer una consideración subsidiaria.

Y no se piense que en los capítulos que dedica al "Amor", es decir, esencialmente a su mujer, Boadella sucumbe a la facilidad estilística de contrastar la dureza de sus batallas públicas con una estereotipada dulzura hogareña o íntima. Sin ir más lejos, la admiración que siente por las obras pictóricas de su mujer, Dolors, le inspira algunos pasajes memorables sobre la estulticia de lo que llama "el tinglado comercial" del arte. Verbigracia:
Si tuviéramos entre nosotros a Cervantes como contemporáneo, en vez de las mágicas apariciones que sólo podían ver quienes acreditaran pureza de sangre en su Retablo de las Maravillas, hoy la trama consistiría en esta enorme estafa avalada por los notables de la sociedad, los cuales, para no hacer el ridículo ante el dictamen de los expertos, elevan a categoría de genios a los que no son más que embaucadores.
Conclusión o remate:
¡Qué magnífica inspiración sería para Cervantes ver a los Reyes de España inaugurando ARCO!
En efecto, querido Albert. ¿Por qué no montar con esta escena un retablo (he estado a punto de calificarlo "de dolores"), visto, hoy, por un Cervantes cualquiera?

Intuyo que a estas alturas el lector de reseñas de libros puede sentirse algo molesto. Tendrá una idea de quién es Boadella, habrá seguido más o menos de cerca las peripecias políticas y los escándalos teatrales del autor, y es posible que piense que lo reseñable es otra cosa, no una historia de amor, no la historia de un amor con nombres y apellidos. Que lo reseñable es destacar la (enésima) denuncia que hace Boadella de los destrozos y estragos, iniquidades e injusticias, de la xenofobia antiespañola y la crispación identitaria, de la persecución del discrepante con los ídolos de la tribu y del ocultamiento sistemático de las corruptelas de sus gobernantes que el régimen nacionalista que padecen los ciudadanos de Cataluña desde hace más de un cuarto de siglo ha logrado imponer en este rincón de España.

Bello rincón de España, por cierto. Boadella lo sabe mejor que yo, no sólo por haber nacido en él, sino porque se ha dedicado, al menos desde sus diecinueve años, a conocerla a fondo. Es decir, a hacer lo que sólo hace quien sabe que la patria no es un listado de prohombres en un manual de historia o unos topónimos más o menos autóctonos distribuidos en un mapa: mirar a su alrededor y auscultar qué hacen, dicen, piensan y hasta sueñan quienes habitan el lugar donde el azar lo trajo al mundo.

El resultado de sus calas en la realidad local no puede ser más desalentador, algo que no debería sorprender a quienes hayan podido vivir en Cataluña en estas últimas tres décadas o asistir a la representación de las obras de teatro de maese Albert. Sobre todo de la trilogía que en 2002 completó Els Joglars, el grupo teatral fundado por Boadella en 1962, que me atrevo a considerar la mejor "historia íntima" de Cataluña. Tanto Ubú President o los últimos días de Pompeya, que muchos citan sin conocerla, como la inteligente Daaalí!, única vindicación del genio de Figueras enteramente basada en sus defectos, y, sobre todo, esa joya de íntimo conocimiento del "alma" catalana que es La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla, exponen minuciosamente los lugares comunes, prejuicios y otras cegueras voluntariamente consentidas por los catalanes en su autodestructivo afán por no parecerse más que a una caricatura de sí mismos.

Quien haya leído Memorias de un bufón (2001) estará al tanto de la accidentada carrera de Els Joglars en su tierra de origen. Tampoco ignorará que Boadella es el único artista catalán que ha logrado la proeza de pasar de ser perseguido y censurado por el régimen anterior a la aprobación de la Constitución de 1978 a ser objeto de persecución y censura por parte del régimen "democrático" catalán a partir de 1980. De hecho, en Adiós Cataluña Boadella nos explica los entretelones de su último desencuentro escénico con su rincón de origen. El último: valga decir, por esta vez, no un sinónimo de "el más reciente", sino de "se acabó, apaga y vámonos".

Ésta es una de las claves de su despedida de Cataluña: hasta ahora, Boadella y Els Joglars habían sufrido mezquindades de toda laya y todo tipo de bajezas perpetradas por los poderes públicos y lacayunamente repercutidas por la prensa local (que, como apunta más de una vez Boadella con sobrada razón, es la más obediente correa de transmisión de los anatemas decretados por el régimen catalán). Pero con motivo del estreno en el Teatre Lliure de Barcelona, a comienzos de 2006, de En un lugar de Manhattan, su particular homenaje al Quijote en el 400 aniversario de la publicación del libro de Cervantes, Boadella descubrió que el veto a su compañía de teatro, su persona y sus ideas ahora provenía también de eso que los cursis y los sociólogos llaman "la sociedad civil". La mitad de la platea permaneció vacía durante la función inaugural, signo inequívoco de que esta vez la tribu al completo había decidido boicotear, por primera vez en cuarenta años, un espectáculo de Els Joglars. Y a Boadella, que siempre ha sabido contar, no le hace falta que nadie le diga cuánto suman dos y dos.

No conozco en España ningún otro caso de artista con tan longevo récord de indisposición con los poderes públicos, rematado con la cobarde desafección de unos ciudadanos que han acabado rindiéndose al chantaje de los mismos. Sólo esto debería bastar para levantarle un monumento en plaza pública, y si es de toros mejor. Porque resulta que Boadella, además de catalán, antinacionalista y amante de su esposa, tiene el insultante descaro de proclamar su amor por "la Fiesta Nacional", como antes se decía. De hecho, el último capítulo de Adiós Cataluña es una deliciosa evocación de la reaparición triunfal de José Tomás en Barcelona, en la que queda resumido el sentido de la despedida de Boadella a su tierra natal.

En medio de aquella fiesta, nunca mejor dicho, y ante el espectáculo de los varios centenares de aficionados que abarrotaron la plaza, dejando en ridículo a los recurrentes demonizadores catalanes del toreo, uno de los miembros de Els Joglars preguntó a Albert: "¿Y éstos por qué nos dejaron solos ante el boicot tribal?". A lo que Albert contestó, sin duda diciéndoselo a sí mismo: "Seguramente porque el teatro, a diferencia de los toros, ya no es un arte del pueblo".

No, querido Albert, no seas tan optimista. El teatro dejó de ser un arte del pueblo hace tiempo, si por tal cosa entendemos lo que entendían los griegos: identificación y catarsis, ejercicio de depuración de las pasiones esenciales (el amor, la muerte, el poder). Pero es verdad que el toreo sigue ofreciéndole un último refugio, aunque precario y no exento de superficialidad y folklore.

Así pues, el adiós de Boadella a Cataluña se fundamenta en hechos concretos, pero que no lo son más que la relación que desde hace tres décadas mantiene con Dolors. Los 24 capítulos de su libro exploran alternativamente estos dos registros, y, como es lógico suponer, los dedicados a la "Guerra" incluyen reflexiones especialmente jugosas. No sólo, por cierto, acerca de recientes acontecimientos políticos, como la llegada de "Pasqual Maremagnum" a la presidencia de la Generalitat; también hay algún apunte entre cariñoso y crítico sobre la aparición de Ciutadans de Catalunya y el posterior partido político que él contribuyó a impulsar.

Pero, con todo, pienso que sería un error ver en Adiós Cataluña sólo un libro circunstancial o de actualidad política, o algo peor: un centón de chascarrillos contra esto o aquello. Por una vez no es airada retórica el rechazo público manifestado por el autor de un libro (cuyo subtítulo alternativo podría ser "El amor en los tiempos del cólera"). Adiós Cataluña no es un "adiós a las armas": Boadella seguirá, para nuestro disfrute, haciendo teatro, y seguirá viviendo con Dolors en su masía del Bajo Ampurdán, pero como "el viejo d'Artagnan que […] vive tranquilo en Gascuña criando pollos y cerdos", de ahora en adelante privará a los catalanes del placer de ningunear su trabajo. Porque la patria, como decía su colega Aristófanes hace dos mil cuatrocientos años, es sólo el lugar donde uno se encuentra a gusto.

Bienvenido seas a tu patria, Boadella.

Ana Nuño
Suplemento Libertad Digital, noviembre 2007

"Tranquil, Jordi, tranquil"

Dos periodistas de El Mundo ponen a prueba las palabras -escritas- por Jordi Pujol acerca de que en un taxi de Madrid se expulsó a dos ciudadanos por hablar en catalán. Así, los periodistas han tomado 10 taxis, aleatoriamente, de la capital de España y este es el resultado. Por su interés reproducimos íntegramente el artículo, firmado por Ángel Castaña, que hoy aparece en el suplemento M2 de El Mundo:

Tras las palabras de Jordi Pujol sobre supuestos problemas por hablar catalán por el móvil en taxis madrileños, dos periodistas catalonohablantes de M2 hicieron ayer diez trayectos por la ciudad sin encontrar inconveniente alguno.

Calle de Serrano esquina Príncipe de Vergara: un vehículo entrado en años. Nada más subir, identifico a la víctima perfecta de la provocación. Hombre de unos cuarenta años, cazadora bomber, pelo muy corto, gafas de sol negras.

09.20: En la radio, Federico Jiménez Losantos clama contra los desvaríos de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Primera llamada de móvil: "Escolta Jordi, bon dia. Com estàs? Tot va bé?... Vas trobar la tenda de les Rambles?". Único resultado, el taxista baja el volumen de la radio para no molestar.

Segunda llamada: "Bon dia, Joan. Tot bé?...". Después de unos minutos hablando en esta lengua, cuelgo y le pregunto: ¿Le importa que hable en catalán por el móvil? La respuesta de Pedro se repitió durante el resto de viajes, hasta diez, con otros tantos vehículos que dos periodistas catalanohablantes de M2 realizaron por puntos diversos de las calles de Madrid. Respuestas que tuvieron variaciones sobre una misma idea: "A mí me da igual en el idioma en el que quiera hablar, como si habla en chino", dijo Pedro.

Frases que fueron acompañadas de gestos de extrañeza por la pregunta: indiferencia por la lengua con la que el cliente quiera expresarse mientras habla por teléfono en el asiento de atrás.

El reportaje viene a cuenta por las palabras de Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat, en la página web del Centro de Estudios que lleva su nombre. Según su testimonio, dos catalanes habrían sido expulsados de sendos taxis por hablar en catalán por su teléfono móvil. El reto del trabajo era encontrar algún caso en el que la lengua catalana fuera un problema para moverse por la capital. Durante diez ocasiones se repitió la situación: "Bon dia. Me lleva a...", exagerando el acento, dando a suponer desconocimiento del trayecto... buscando una reacción.

El resultado fue siempre el mismo: el conductor suele bajar el volumen de la radio y continúa sin inmutarse. Ni siquiera un par de vueltas extra para que el taxímetro marque una suma mayor. Las palabras del líder nacionalista no parecen tener fundamento.

Luis, uno de los taxistas, señala: "En un colectivo de 16.000 tipos te puedes encontrar cualquier cosa. Pero le aseguro que ese caso no lo he oído en la vida. Yo escucho a diario al menos cinco idiomas. El catalán, junto al inglés y el alemán, uno de los frecuentes. Sobre todo, claro, cuando voy al aeropuerto".

Ni rastro de animadversión. Carmen Serna, de origen valenciano, después de hablar con un amigo en catalán, recogió un testimonio de un conductor que había visitado Cataluña con su vehículo blanco con la raya roja cruzada sin problema alguno. Precisamente, este hombre habló de un caso contrario: un vehículo de Madrid cuyas ruedas habrían sido rajadas en Cataluña por un desconocido. Sus compañeros catalanes habían corrido solidariamente con los gastos.

Todos hablan de ciudad cosmopolita, de tolerancia, de lejanía de los ciudadanos hacia el mundo de los políticos o el fútbol, de donde provienen la mayor parte de esos mensajes que parecen llamar al enfrentamiento.

"Esto es el Arca de Noé", resumió Pedro. "Más le valdría al señor Pujol preocuparse de los problemas que tienen en Barcelona con las Cercanías o el paso del AVE por debajo de la Sagrada Familia", añadió.

Señor Pujol, puede tranquilizarse. No hay hostigamiento, no existe. Tranquil, Jordi, tranquil: vivimos y trabajamos en una ciudad para todos, para los catalanes también.

Criterio – 09/11/2007

AGENDA ACTOS Unión Progreso y Democracia

Valladolid
9 de noviembre de 2007 a las 19:00 horas
Presentación Pública en Valladolid del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD)
Lugar: Hotel Felipe IV. C/ Gamazo,16
Interviene: Rosa Díez

Murcia
10 de noviembre de 2007 a las 12:00 horas
Encuentro en Murcia de afiliados y simpatizantes de UPyD
Abierto a cualquier persona interesada
Lugar: Hemiciclo de la Facultad de Letras Campus de la Merced, s/n
Universidad de Murcia

Santander
12 de noviembre de 2007 a las 19:30 horas
Presentación Pública en Santander del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD)
Lugar: Salón de actos del Palacio de Exposiciones y Congresos
Avd. del Racing s/n
Interviene: Rosa Díez

Albacete
14 de noviembre de 2007 a las 20:00 horas
Presentación Pública del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD)
Lugar: Salón de la Caja De Castilla La Mancha
Interviene: Rosa Díez

Murcia
15 de noviembre de 2007 a las 19:30 horas
Presentación pública en Murcia del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD)
Lugar: Hemiciclo de la Facultad de Letras Campus de la Merced, s/n;
Universidad de Murcia
Interviene: Rosa Díez

Oviedo
21 de noviembre de 2007 a las 20:00 horas
Presentación Pública del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD)
Lugar: Hotel España. C/ Jovellanos, 2
Interviene: Rosa Díez

Unión Progreso y Democracia

REVISTA DE PRENSA del Viernes, 09/11/2007

[Editada a las: 11:00]["Refrescada a las: 19:00]

Unión Progreso y Democracia

NC: Rosa Díez responde esta tarde a los internautas en el videochat de nortecastilla.es

Presentación Pública en Valladolid del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD) 09/11/2007

EP: UPyD niega que negocie con otros partidos gallegos y asegura que no prevé abrir conversaciones

ESD: Rosa Díez acusa al PSOE de recurrir a "lo más cutre del pasado"

MH: UPyD se presentará mañana en Melilla de la mano de Emilio Guerra

UPyD se solidariza con los ciudadanos de Barcelona

EP: Maura dice que "el ilusionante" proyecto de UPD evitó que abandonara la política por su "alejamiento" del PP




Presentación Pública en Santander del partido Unión Progreso y Democracia (UPyD) 12/11/2007




"La PESOE"

ABC: El PSOE allana el camino para futuros pactos y da a CiU el dinero que le pide

EL PAIS: El Gobierno pasa de puntillas por el vídeo del PSOE y pide mirar al futuro

ABC: De la Vega pide «a todos» mirar al futuro y elude apoyar el vídeo del 11-M

LA RAZON: De la Vega replica a Aznar que «puede vender libros y respetar a las víctimas»


PAIS VASCO

ABC: El socialista Elorza llama «fachas» a los concejales del PP de San Sebastián

EL MUNDO: Guridi dice que 'la propuesta para solucionar el conflicto vasco todavía está sobre la mesa'

LA RAZON: «Los atentados continuarán esta generación, la siguiente y la siguiente»

LD: El portavoz del CGPJ reprueba a Azkarraga y le exige que cumpla la ley de banderas

LA RAZON: El PP de Llodio denuncia pintadas amenazadoras

LA RAZON: La Policía desmantela el «aparato de propaganda» de Segi en Guipúzcoa

LA RAZON: Setién equipara el dolor de ETA con el de las víctimas

LD: Setién dice que el "dolor de ETA" es el causado por los terroristas y el "padecido" por la banda

EC: Ezker Batua reafirma su frontal rechazo al TAV en pleno acoso de los radicales

EL MUNDO: Imaz se irá en enero a la Universidad de Harvard como profesor durante seis meses

LD: El Parlamento vasco rechaza nuevamente retirar las ayudas a los familiares de etarras

EC: El Parlamento vasco rechaza nuevamente retirar las ayudas de Etxerat

LD: Anasagasti dice que el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla es "una exaltación de la españolidad"

EC: El tripartito anuncia una respuesta con contundencia al juicio a Ibarretxe


NAVARRA

DDN: La oposición recupera la mayoría cualificada para elegir al Defensor del Pueblo

DDN: Atacan un cajero automático de Caja Rural en Mutilva Baja

DDN: El Gobierno incluye demandas del PSN en el anteproyecto de Presupuestos para facilitar el apoyo socialista

DDN: Inaugurada en Pamplona «una de las mejores estaciones de autobuses de Europa»


ARAGON

EH: Almunia planta a la Generalitat por los bienes, pero el PSOE veta que las Cortes la censuren

LD: La DGA busca salvar la aerolínea Plaza con un socio industrial, tras perder 5 millones


CATALUÑA

ABC: «Me quedo sin niños por ser cojo»

EL MUNDO: 'La juez no sabía cómo darle la custodia a la madre y se agarra a que soy cojo'

EL MUNDO: Investigan un artefacto incendiario colocado en la sede de Medi Ambient

LV: Explota un artefacto ante la sede de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat de Catalunya

e-notícies: Artefacte explosiu a la seu de Medi Ambient

LA RAZON: Los empresarios advierten del peligro de una «explosión social» en Cataluña

e-notícies: Vives vol que Duran prengui "bona nota" de Montilla

LV: Diferencias de criterio en el Gobierno sobre la gravedad del desapego catalán

LD: "Mientras Álvarez duerme a pierna suelta 160.000 usuarios se levantan dos horas antes para llegar a su trabajo"

EL PAIS: El Gobierno responde a Montilla que Cataluña "recibe toda la atención"

EL MUNDO: La Audiencia juzgará a los acusados de quemar fotos del Rey el 20-N

EL PAIS: La línea de cercanías de Barcelona funcionará parcialmente en 15 días

EL PAIS: La patronal catalana exige más inversión del Ejecutivo

LV: Montilla no ve discrepancias con Moncloa y culpa a CiU y PP de la falta de inversiones en Catalunya

LV: CDC y ERC se adhieren a la manifestación del 1 de diciembre contra el caos ferroviario

e-notícies: Tots contra el desgavell de Renfe l'1 de desembre

e-nitícies: Montilla diu ara que Zapatero fa "més que mai"

e-notícies: El Govern insta els nens a "investigar" la Guerra Civil

e-notícies: "La política és una manera de guanyar-se la vida"

e-notícies: Huguet culpa el dèficit fiscal de la manca d'inversions en R+D


"MADRIT"

ABC: Veinte heridos tras el choque de dos trenes anoche en la estación de Metro de Sol

EL MUNDO: 20 personas atendidas tras chocar dos convoyes en el Metro de Madrid

LA RAZON: Un convoy de Metro embiste a otro en Sol tras saltarse un semáforo

LD: Veinte heridos leves al chocar dos vagones de metro en Madrid

EL PAIS: Al menos 22 heridos tras chocar dos vagones de metro en la estación de Sol de Madrid

EL MUNDO: Metro apunta a que el conductor de uno de los trenes se saltó un semáforo en rojo

LD: Gallardón da por concluida una rueda de prensa tras una pregunta sobre Esperanza Aguirre

EL MUNDO: La diputada socialista Matilde Fernández llama 'chulo' al vicepresidente regional

LA RAZON: «Es usted un chulo»

EL MUNDO: Madrid rebajará un punto el Impuesto de Patrimonio y lo suprimirá esta legislatura

LA RAZON: Aguirre rebaja un punto el Impuesto de Patrimonio y lo suprimirá en 2010

LD: Aguirre rebaja el Impuesto de Patrimonio hasta el 1,5 por ciento antes de suprimirlo en 2010

EL MUNDO: Majadahonda dedica una calle a Francisco Umbral

EL MUNDO: Más de 7.000 personas acuden a la misa en honor a la Virgen de la Almudena


VALENCIA

LP: Noches de Sorolla todos los fines de semana

LP: El corredor ferroviario mediterráneo evitará la contaminación de 2,5 millones de vehículos

LD: La final de la Copa América comenzará el 18 de julio de 2009

LP: La tuneladora del AVE Madrid-Valencia bate un récord mundial en Buñol al perforar 67 metros en un solo día

LP: La Policía Nacional desmantela un laboratorio clandestino que rellenaba botellas de alcohol y las vendía a los bares


”RESTO de ESPAÑA”

ABC: Llega a Melilla la primera patera en año y medio, con 71 subsaharianos

EL MUNDO: Una patera con 71 subsaharianos, tres de ellos menores, alcanza las costas de Melilla

LA RAZON: Una patera con 71 inmigrantes llega a Melilla dos días después de la visita Real

ABC: Rabat condiciona el fin de la crisis a negociar la soberanía de Ceuta y Melilla

ABC: Moratinos se toma «con tranquilidad y serenidad» la crisis con Marruecos

EL MUNDO: La Liga Árabe da su 'apoyo total' a Marruecos en su reclamación de Ceuta y Melilla

LA RAZON: La Liga Árabe apoya a Marruecos en su reivindicación sobre Ceuta y Melilla

LD: La Liga Árabe da un "apoyo total" a la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla

LA RAZON: Moncloa replica a Rabat que las ciudades autónomas «no se negocian»

EL PAIS: "No debemos ser el arma arrojadiza de la política interior española"

ABC: El Gobierno negoció con Italia la crisis de los gitanos rumanos

EL PAIS: Vocales del PP intentan sin éxito que el Poder Judicial censure ideas de Bermejo

LA RAZON: Magdalena Alvarez. «Estoy transformando España»

LD: Uriarte dice que "el PSOE y sus medios afines" van a recuperar la estrategia del 11 al 14 de marzo para ganar las generales

ABC: Los tres españoles presos en Chad serán puestos hoy en libertad

EL MUNDO: Los tres españoles retenidos en Chad serán puestos hoy en libertad

EL MUNDO: La justicia francesa amplía la investigación iniciada a la ONG El Arca de Zoé

LA RAZON: Los españoles no tienen que ver con el secuestro, según «El arca de Zoé»

LD: Inminente liberación de los tres tripulantes españoles detenidos en Chad

EL PAIS: El juez firma la liberación de los tres españoles en Chad

ABC: Vuelan hacia España los tres tripulantes españoles liberados en Chad

ABC: Los españoles liberados en Chad agradecen «todo el apoyo recibido»

EL MUNDO: Los españoles despegan de Chad y viajan a Madrid: "Lo peor ha sido la incertidumbre"

LA RAZON: Los tres tripulantes españoles liberados en Chad vuelan hacia España

LD: Vuelan hacia España los tripulantes detenidos en el Chad durante dos semanas

EL PAIS: Liberados los tres españoles detenidos en Chad

EL PAIS: El fiscal acusa de falsedad al general que intercambió las identidades del Yak-42

LD: El abogado de Trashorras: "Es una salvajada jurídica dar por hecho que los suicidas son los autores materiales"

LD: Calleja amplía sus insultos a San Sebastián: "antietarra de discoteca"

LD: Celia Villalobos denuncia que se han producido grietas, andenes caídos y regueros de agua en un túnel del AVE de Málaga

«OPINION»

Libertad Digital – Opinión.

El País - Opinión

ABC - Opinión


ECONOMIA

ABC: El Gobierno presiona a las petroleras para que contengan el precio de los carburantes

LA RAZON: El BCE mantiene los tipos y avisa de que los subirá si el IPC se desboca

LD: El Banco Central Europeo mantiene los tipos de interés en el 4 por ciento

EL PAIS: El BCE alerta de los efectos de un euro fuerte y vaticina más inflación

LD: El Gobierno no considera "oportuno" comprometerse sobre el Salario Mínimo

EL PAIS: Los dependientes tendrán que esperar

ABC: La CE rebaja al 3% la previsión de crecimiento para España en 2008

EL MUNDO: Bruselas alerta de que el crecimiento español pasará del 3,8% en este año al 3% en 2008

LA RAZON: Bruselas recorta su previsión de crecimiento para la UE y la eurozona en 2008, hasta el 2,4% y el 2,2%

LD: Bruselas reduce también su previsión de crecimiento para España en 2008

EL PAIS: Bruselas rebaja al 3% la previsión para 2008 del crecimiento español

ABC: La Bolsa corrige posiciones y se aleja de los 16.000 puntos

LD: El euro marca un nuevo máximo tras la decisión del BCE de mantener los tipos


INTERNACIONAL

ABC: Chávez trata de acaparar el protagonismo de la Cumbre Iberoamericana de Santiago

ABC: La represión dispara la inestabilidad en Venezuela

EL PAIS: Pistoleros enmascarados disparan contra estudiantes en Caracas

EL MUNDO: Las FARC y la papelera en Uruguay, en el arranque de la Cumbre Iberoamericana

LA RAZON: Zapatero esquiva a los dictadores populistas para lavar su imagen

LA RAZON: El Rey subraya el reto de la cohesión social

LD: Chávez confirma su asistencia a la XVII Cumbre Iberoamericana

EL PAIS: El diálogo de Chávez con las FARC enturbia el arranque de la cumbre iberoamericana

EL PAIS: La OCDE avisa de que la pobreza pone en riesgo la democracia

LD: Chávez llega a Santiago y muestra su descontento con el lema de la cumbre

LV: Chávez llama a Aznar "fascista" tres veces en la plenaria de la cumbre

ABC: Las fuerzas de seguridad paquistaníes impiden a Bhutto salir de su domicilio

EL MUNDO: La policía pakistaní mantiene a Bhutto bajo arresto domiciliario

ABC: Musharraf promete elecciones antes del 15 de febrero y que dejará la jefatura del Ejército

LA RAZON: Musharraf dice que dejará el Ejército

LD: Benazir Bhutto, bajo arresto domiciliario tras ser detenida en Pakistán

EL PAIS: Benazir Bhutto, bajo arresto domiciliario

ABC: Un juez paquistaní decreta 30 días de arresto domiciliario contra Bhutto

EL PAIS: Los rebeldes kurdos dispuestos a dialogar para dejar las armas

EL PAIS: Al menos 59 escolares mueren tras un atentando en Afganistán

ABC: El Rey de los belgas pide fórmulas para mantener la unidad del país

EL PAIS: El rey urge a los partidos belgas a pactar un Gobierno

ABC: El presidente de Georgia adelanta las elecciones para frenar las protestas

EL MUNDO: El presidente de Georgia convoca elecciones anticipadas para enero de 2008

LD: El presidente de Georgia adelantará las elecciones para frenar crisis

EL PAIS: El presidente de Georgia adelanta las elecciones para atajar la crisis política

ABC: El Congreso de EE.UU. revoca por primera vez un veto de George Bush

EL MUNDO: El Senado de EEUU confirma a Michael Mukasey como Fiscal General

EL PAIS: El Senado de EE UU aprueba la designación de Michael Mukasey como Fiscal General

EL MUNDO: Desconfianza mutua entre Uribe y las FARC pese a la mediación de Chávez

LD: La Junta Militar autoriza que la líder de la oposición Suu Kyi se reúna con su partido político

ABC: «Pega a tu mujer sin que se note»

EL MUNDO: 'Los golpes a la esposa deben ser suaves y no en la cara, porque está prohibido'

LA RAZON: «Hay que pegar a la mujer con delicadeza»

«Prensa Internacional»

The New York Times

The Washington Post

Los Angeles Times

The Times

The Guardian

The Economist

Le Monde

Le Fígaro

Le Nouvel Observateur

«Toda la Prensa Internacional»

http://www.tnrelaciones.com/anexo/prensainternacional/

http://www.newseum.org/todaysfrontpages/flash/


RESUMENES DE PRENSA

http://news.eorezo.com/cgi-bin/ovt/splinks?i_ct=0&c_locale=es

http://www.vistazoalaprensa.com/prensa.asp

http://www.elmundo.es/quiosco/

http://www.microsoft.com/spain/empresas/boletines/aldia.aspx

http://www.bastaya.org/www2/revista.php


EL TIEMPO EN ESPAÑA

Instituto Nacional de Meteorología. Información Meteorológica.


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