miércoles, 7 de septiembre de 2011

Crisis política. ¿Cómo defender al PP? Por Agapito Maestre

Reconózcase que lo más terrible de todo, a pesar de la situación de crisis económica, política y moral en que Zapatero deja a la nación española, es que el PSOE tiene todavía 8 millones de votos.

Estamos en campaña electoral. Todos los medios de comunicación están movilizados a favor de sus candidatos. La izquierda mediática sabe hacer a la perfección su trabajo: será inflexible y mostrará todas las debilidades del candidato popular y, por supuesto, será implacable con sus carencias ideológicas, culturales y políticas, dejo al margen la cuestión económica; por el contrario, la derecha mediática puede empezar a tener los mismos problemas que ha empezado a exhibir el candidato popular y su entorno: ¡Temor ante la conquista del poder!

Es raro, en efecto, no encontrarse en la calle a algún funcionario "ideológico" del PP, con pretensiones de mantenerse o situarse mejor en los aparatos ideológicos del Estado, que deje de advertirte que la cosa será difícil para los populares, y que Mariano Rajoy, nada más llegar al poder, tendrá que someterse a la movilización permanente de la izquierda. Es como si antes de llegar al poder, antes de ganar las elecciones, toda esta gente tuviera dudas sobre sus propias capacidades para defender sus posiciones. Las dudas de Rajoy, esas insistencias sobre lo difícil que resultará resolver la crisis económica, ya han sido interiorizadas por todos los palmeros del PP. ¡Cuidado, amigos, con ese miedo a ejercer el poder!


Esa actitud cobardona, ese ponerse la venda antes de producirse la herida, no sólo responde a la impericia y carencia de inteligencia política de muchos defensores del PP, sino también es el precipitado final de una falta de autonomía en su juicio que hace, o peor, convierte a estos periodistas e intelectuales en unos "arrastrados" de las consignas populares, incapaces de detenerse en los gravísimos déficits del programa del PP ni en reparar sus posibles soluciones antes de llegar al poder. No es el caso de entrar aquí en los límites ideológicos, culturales y políticos del actual PP, pero, por favor, quien defienda al PP tenga el valor de reconocer la situación trágica en la que llegará Rajoy a la presidencia del Gobierno.

Reconózcase que lo más terrible de todo, a pesar de la situación de crisis económica, política y moral en que Zapatero deja a la nación española, es que el PSOE tiene todavía 8 millones de votos; reconózcase que lo más dramático de la situación española, a pesar de que los españoles han tenido que soportar el peor presidente del Gobierno de los últimos treinta años, es que el PSOE aún tiene aún un suelo electoral de 8 millones de votantes. En fin, nadie se llame a engaño, reconózcase que tiene que ser lacerante e inquietante para el próximo presidente del Gobierno, el señor Mariano Rajoy, que todas las encuestas le den como ganador, a pesar de ser un candidato peor valorado, en todos los órdenes, que Pérez Rubalcaba. Esto es, se mire desde donde se mire, trágico.


Libertad Digital – Opinión

Doble ataque de contrariedad de los nacionalistas de CiU. Por Antonio Casado

Quisieron traficar políticamente con su eventual incorporación al reciente consenso para reformar la Constitución, que finalmente no fue posible, y ahora sobreactúan en el debate sobre la llamada inmersión lingüística. De nuevo la invención del agravio como palanca negociadora. Alguna vez habrá que empezar a decir que los partidos nacionalistas no son una especie protegida en el régimen democrático alumbrado en 1978. Están tan expuestos como los demás a las vicisitudes del juego político. Unas veces se gana y otras se pierde. Con las mismas reglas para todos, incluida la canalización de la voluntad popular a través de los partidos políticos y la formación de mayorías.

Aplíquense el cuento los dirigentes de CiU (Convergencia y Unió), en funciones institucionales después de haber ganado en las urnas el democrático derecho a ejercer el gobierno de la Generalitat. Calificar de antidemocrática la reforma constitucional pactada por los dos grandes partidos nacionales (por innecesaria, redundante o inútil que a muchos nos pueda parecer) o interpretar como un ataque a Cataluña las sentencias del Constitucional y del Supremo sobre el uso de la lengua catalana en la enseñanza, es sacar las cosas de quicio.


El quicio de todo lo que ocurre en un Estado de Derecho es el imperio de la ley como expresión de la soberanía nacional y la obligación de los poderes públicos de cumplirla y hacerla cumplir. Eso parece haberlo olvidado el propio presidente de la Generalitat, Artur Mas, quien hace un par de días advertía de que se mantendrá firme en la defensa de la identidad catalana. ¿Y eso porque los más altos tribunales del Estado del que también forma parte la Generalitat han sentenciado que las dos lenguas oficiales de Cataluña, el catalán y el castellano, son vehiculares en los planes educativos?

Lo nuevo es el auto judicial del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que insta a la Generalitat a no demorar en más de dos meses la aplicación de las sucesivas sentencias del Constitucional (junio 2010) y el Supremo (diciembre 2010). La consejera de Educación del Gobierno de Cataluña, Irene Rigau, ha anunciado la intención de recurrir el auto. Lo que no puede recurrir es la doctrina del Tribunal Constitucional y la última palabra jurisdiccional del Tribunal Supremo. Por respeto y lealtad al ordenamiento jurídico-político que nos hemos otorgado el conjunto de los españoles, incluidos los catalanes, nacionalistas y no nacionalistas.

“Ellos se lo guisaron, ellos se lo comerán” decía la semana pasada un airado Durán i Lleida, portavoz parlamentario de CiU, porque su partido no fue invitado a cocinar el pacto para convertir el equilibrio presupuestario en mandato constitucional. “Ellos”, como dice Durán en alusión a PSOE-PP, representan el 83,8% de los votos y el 92% de los escaños. Y aún así, los dirigentes de los dos grandes mostraron una casi obsesiva voluntad de incorporar al acuerdo a un partido nacionalista periférico que representa el 3 % de los votos y los escaños.

A escala nacional, claro. “Lo que ustedes llaman nacional”, dijo Durán la semana pasada en el Congreso. Esa forma de expresar su ataque de contrariedad lo explica todo. Todo menos la obsesión de los partidos centrales de seguir tratando a los nacionalistas como si fueran urogallos en peligro de extinción.


El Confidencial – Opinión

Vamos a crear empleo ¿pero cómo? Por Andrés Aberasturi

Y seguimos en el largo peregrinar de emisora en emisora, de plató en plató, de entrevista en entrevista para la vieja y querida prensa escrita. Ya se van perfilando los mensajes claramente y si por el lado del candidato Rubalcaba salen a relucir los ricos, por el del candidato Rajoy no se deja de hablar de los emprendedores; el PSOE habla de la motosierra del PP y el PP le contesta que para motosierra los cinco millones de parados. Y así.

Lo que no termino de entender son los conceptos exactos de todas estas cosas: no sé muy bien quienes son los ricos o cuando uno llega a esa categoría ni sé si me cruzo por la calle con un emprendedor o con un miserable chupatintas. No debe ser fácil distinguirlos a pie de obra porque siempre habrá un solo euro que separe al rico del que no lo es y una idea posiblemente brillante que nunca se hizo realidad vaya usted a saber por qué, privó al chupatintas de subir al escalón glorioso del emprendedor.


Pero lo que de verdad mosquea es la obsesión de unos y de otro por crear empleo. No es que no sea es objetivo el más importante de todos -tal vez el único para empezar a salir de este desastre-, sino que nadie explica la fórmula. Rubalcaba es fundamentalmente didáctico y gusta mucho preguntarse y responderse (para mí que estudió el catecismo del Ripalda); pues bien, afirma rotundo don Alfredo: "voy a sacar no sé cuántos millones a los ricos". E inmediatamente se pregunta él mismo: "¿Y saben a qué voy a de dedicar esos millones?" Pausa valorativa de forma que los oyentes estamos es ascuas. Don Alfredo se responde: "A crear empleo. A crear empleo". No me he equivocado, es que le gusta repetir las cosas un par de veces. Yo aplaudo entusiasmado en la cocina (que es donde oigo la entrevista) hasta que me asalta una duda: ¿Y cómo crea un gobierno empleo aun disponiendo de millones? Porque hasta donde yo sé el empleo, fundamentalmente, es cosa de la iniciativa privada en los regímenes que no son socialistas. Los gobierno lo que pueden hacer -y mal, como se ha demostrado- es crear empresas públicas ruinosas y subsidiar compromisos pero eso es un lastre y una contradicción cuando se ponen a la venta -por un gobierno socialista- AENA o las loterías que se apellida desde hace un millón de años "Nacionales". Que nos explique un día Rubalcaba cómo va a crear puestos de trabajo con los millones de los ricos.

El problema de la productividad y el empleo es que admiten toda clase de trampas: si yo tengo un restaurante y en lugar de hacer seis tortillas de patas hago doce, he aumentando considerablemente mi productividad. Y si en lugar de tener dos camareros, tengo uno para que abra la puerta, otro para que entregue la carta, dos para el agua y el vino y tres más para las comandas, he creado no sé cuantos puestos de trabajo. ¿Cuál es el problema? Que en todo el día solo he vendido una tortilla de patatas. Puedo seguir aumentando mi productividad y mi plantilla hasta el absurdo y la quiebra definitiva. Eso se hacia en los países comunistas donde, efectivamente, no había paro (ni libertad) pero sobraba frío y hambre. Cuando de jóvenes vimos esa realidad, se nos cayeron a la vez lágrimas de utopía y vendas de irrealidad.


Periodista Digital – Opinión

No se trata de eso. Por José Antonio Vera

Quien piense que con anunciar cuatro leyes, tres ajustes y una reforma etérea de la Constitución ya está todo hecho, se equivoca. A los inversores (o sea, a los mercados) se les puede distraer unos días y unas semanas e incluso unos meses, pero al final siempre se acaban enterando de cómo está de verdad la situación.

Por eso no sirvió de mucho el primer paquete de medidas de hace un año y tampoco todas las demás anunciadas a bombo y platillo después, con escasa trascendencia real, por cierto. Por mucho que subamos los impuestos o reduzcamos el sueldo de los funcionarios o congelemos las pensiones, si la economía no funciona y no se crea empleo de verdad, el control del déficit no será más que cosmético.

Para bajarlo de verdad, y para aminorar la deuda, es necesario crear empleo. Por eso hay que reducir el gasto, pero no todo el gasto. El gasto burocrático e improductivo sí, pero aquel destinado a la inversión sigue siendo necesario, porque si no la economía se paralizará por completo.
Donde hay que recortar es en cargos públicos, dietas oficiales, embajadas autonómicas, publicaciones ministeriales, prebendas, chanchullos, amiguetes, televisiones públicas y subvenciones.

En eso se hace poco, mientras que se insiste en medidas contra los sueldos de los funcionarios, las pensiones y los colectivos más necesitados. Ellos son los que pagan de verdad la crisis. Y no se trata de eso.


La Razón – Opinión

Profesores. Mejorar la calidad educativa a golpe de huelga. Por Pablo Molina

Gobierno, partidos políticos, profesores, ilustre cuerpo sindical, alguien tendrá algún día que responsabilizarse del desastre de nuestra educación pública.

No es cierto, en contra de lo que afirma cierta sentencia popular, que si matriculas a una cabra en nuestro sistema público de enseñanza pueda llegar hasta el nivel universitario. Sus dificultades para coger el lápiz le harían suspender irremediablemente los exámenes de la selectividad, que en su mayoría son de tipo test, pero con todo, y adecuadamente disfrazado, un choto de natural sosegado sí podría perfectamente llegar hasta la ESO.

Gobierno, partidos políticos, profesores, ilustre cuerpo sindical, alguien tendrá algún día que responsabilizarse del desastre de nuestra educación pública, porque los documentos de las instituciones que se encargan de realizar estudios comparativos internacionales sobre la materia van a tener que incluir un suplemento en la parte inferior del informe para colocar a España, dado que ya hemos superado todas las barreras en depauperación educativa.

Pero en la España de ZP la irresponsabilidad es la norma, hasta el punto de que Rubalcaba, el Atila de la enseñanza española, autor de la maquinaria logsiana que puso en marcha esta empresa de derribos, en lugar de recluirse de por vida en un cenobio cartujo para pedir perdón por haber destrozado el futuro de los hijos de la gente pobre ahora se postula para presidente del gobierno.


Por lo que sabemos, y a tenor de la facundia con que han decidido convocar una huelga contra la comunidad de Madrid, los sindicatos de la enseñanza pública tampoco tienen pensado asumir siquiera una ligera responsabilidad en el desfonde absoluto del sistema estatal de educación. Ajenos a la catástrofe provocada, de la que han sido grandes partícipes por su apoyo a los engendros curriculares surgidos la pedagogía progresista, cifran los problemas de la educación en el hecho de que a sus afiliados se les aplique con menos benevolencia la pauta horaria que establece la ley, a raíz de lo cual una parte de los actuales interinos en activo pasarán a la bolsa de trabajo a cobrar el subsidio de desempleo.

Desde los resorts de superlujo se elaboran grandes estrategias reivindicativas, pero los problemas de los padres que no tenemos más opción que la educación pública y queremos para nuestros hijos un futuro parecido al de los retoños de las clases pudientes continúan cada vez más acuciantes.

Afortunadamente, los sindicatos de clase (alta) tienen una escasa representación en el cuerpo sindical de la enseñanza, formado mayoritariamente por organizaciones profesionales a pesar de que en esta ocasión hayan decidido formar con la alegre infantería de la izquierda para sumarse a la convocatoria de esta huelga. De la lucidez de sus dirigentes y de la honestidad de los profesores de la educación pública depende que, en momentos de crisis brutal como los que atravesamos, el sistema estatal de enseñanza no haga aún más profunda la sima de su descrédito. Si la huelga prevista para el día 14 de este mes fracasa, significará que los padres españoles todavía tenemos alguna esperanza.


Libertad Digital – Opinión

Alvarez Cascos en Madrid. Por Magdalena del Amo

Esperanza Aguirre siempre manifestó públicamente que Francisco Álvarez Cascos era el mejor candidato del PP por Asturias, y el resultado electoral le ha dado la razón. Lo que no le gusta tanto es que pretenda arrebatarle votos en Madrid donde Foro Asturias concurrirá a las generales si consigue las firmas necesarias que impone la nueva legislación electoral.

Aguirre, siempre tan aguda y sin pelos en la lengua, propone que Rajoy cierre un acuerdo con Cascos y “cuanto antes, mejor […] todos tienen que dar pasos”. No es para tomar a broma el partido fundado por el Presidente del Principado, aunque algunos hablen de “partidillo”. Es cierto que son coyunturas distintas. El PP astur era un partido agonizante que se había acostumbrado al dolce far niente, amparando, de alguna manera, la corrupción de los socialistas. El conocido como “Caso Riopedre”, con varias personas del Gobierno socialista en la cárcel, entre ellos el consejero de Educación, es de vergüenza nacional; el apestoso asunto de Villa Magdalena y el aparcamiento de la calle Uría en pleno centro de Oviedo; el tema Vipasa por los minipisos de la Laboral que incluso salpicó a algunos populares; chanchullos varios en ayuntamientos, o el plan general de ordenación gijonés, ahí están, por si hay dudas.


Mientras todo esto ocurría, el PP hacía la vista gorda y seguía durmiendo en los laureles. Ítem más, antes de las elecciones del 22 de mayo se celebró una famosa reunión, que pasó a los anales como “el pacto de la Zoreda”, donde PSOE y PP se confabularon para pactar contra el enemigo Cascos. Y se pactó después de los comicios que dieron la victoria al de Luarca, y a Foro Asturias le arrebataron la presidencia de la Junta General del Principado al votar los socialistas al candidato popular Fernando Goñi, a cambio claro está de algunas prebendas. Total, que los socialistas, ahí siguen, aliados con el PP, resolviendo sus negocios.

Madrid, no obstante, es otra cosa. Esperanza Aguirre es una de las personas más valiosas y capaces del PP y lo demuestra en las urnas. Pero bien estaría llegar a un acuerdo aunque a la secretaria Cospedal no le guste nada. La actual Presidenta de Castilla-La Manche tuvo mucho que ver en la eliminación de Cascos y en el nombramiento de Pérez Espinosa. Cosas del feeling, y algo más, pues otro conflicto de intereses un tanto sombrío relacionado con las cajas bullía en ese momento. Ahora se teme que la concurrencia de Álvarez Cascos en Madrid pueda favorecer a Rubalcaba. Quizá mucho menos de lo que se piensa, por muchos asturianos nostálgicos que haya en la capital y muchos madrileños veraneantes en el país de las xanas.

Según el presidente del PP de Asturias, Ovidio Fernández, Cascos sólo pretende dividir el voto de centro-derecha y evitar que el PP tenga mayoría absoluta. No creo que sea esa la intención, y sí que Foro tenga representación en las Cortes Generales, cosa que conseguirá con los votos del Principado, más abundantes si cabe que el 22 de mayo, a juzgar por los cabreos tras el pacto PSOE-PP. En cualquier caso –aviso a la cúpula popular, Aguirre tiene razón—no estaría de más aparcar berrinches y cuestiones personales pasadas. Y no lo digo por el asturiano, que nunca le llamó cuarentona a Pérez Espinosa. Ya saben a qué me refiero.


Periodista Digital – Opinión

Lentejas tortis. Por Alfonso Ussía

He leído con divertido estupor la formidable «canela fina» de Luis María Anson «Lo que yo quiero ser es amigo de Trinidad Jiménez». Me sumo a la pretensión. Y ruego ser nombrado vicepresidente de la «Fundación de la lenteja Renka Hormonada para la Estimulación Sexual de la Mujer Lesbiana», que disfruta de una generosa subvención del Ministerio que ocupa doña Trini, que a estas alturas de la cosa, vaya usted a saber de cual de ellos se trata. No obstante, es necesario advertir a las futuras consumidoras de tan interesantes lentejas de que aún no están bien distribuídas en los mercados, ni en las grandes superficies ni en los tradicionales comercios de ultramarinos. He vuelto de hacer la compra un tanto decepcionado, y en ese estado de melancólica desilusión me hallo cuando escribo estos renglones. La bella y simpática dependienta de un importante hipermercado ha solicitado mi demanda al notarme un tanto despistado en la zona dedicada a las papilionáceas. «Señor, ¿desea algo que no encuentra?»; «pues sí, señorita. Quisiera adquirir cinco kilogramos de lentejas Renka hormonadas para la estimulación sexual de las mujeres lesbianas. No pueden ser caras porque están subvencionadas por doña Trinidad Jiménez». La dependienta, gran profesional, ha reaccionado como el mítico vendedor de los almacenes «Harrod’s» de Londres, cuyo eslogan era «Nada hay en el mundo que no pueda comprar en Harrod’s», que se las vio con un cliente que deseaba un rinoceronte blanco. El cliente era un multimillonario tejano con ganas de enredar, pero se topó con un empleado modélico. «Lo sentimos señor. No nos quedan rinoceronres blancos, pero si lo desea, en la quinta planta puede formalizar la solicitud, y se lo enviaremos en pocas semanas». En efecto, en la quinta planta fue atendido, abonó una señal, dejó su dirección, y treinta días después recibía en su rancho tejano un gran cajón con un rinoceronte blanco. Pues la dependienta del hipermercado es de su escuela. «Lo lamento, señor. Se nos han acabado las lentejas tortis, pero si las necesita con urgencia nos ponemos en contacto con su distribuidor, el Ministerio de Asuntos Exteriores, y en dos días puede pasar a recogerlas».

Un gran fallo comercial. Si doña Trini, con el dinero de todos los españoles, subvenciona con decenas de miles de euros las lentejas Renka hormonadas para la estimulación sexual de las mujeres lesbianas, hay que atender a la libre demanda de las mismas y distribuir con más eficacia el ansiado producto, aunque sus potenciales compradores no seamos mujeres y tampoco lesbianas. La libertad es eso, doña Trini. Si con mi dinero usted subvenciona este producto leguminoso y específico, me sobra derecho para poder adquirirlo con el mismo desparpajo que sus futuras beneficiarias. No es admisible en la alta política social que usted practica, invertir en la lenteja Renka hormonada para la estimulacion sexual de las mujeres lesbianas, y no encontrar en establecimiento alguno lentejas Renka hormonadas para la estimulación sexual de las mujeres lesbianas. Se lo digo con toda seriedad, doña Trini. No hay derecho. Un hallazgo como el subvencionado por usted con el dinero de los contribuyentes no puede padecer el límite de la mera producción. Hay que distribuirlo posteriormente para redondear el acierto. Hoy nos hemos levantado con una mala noticia. La prima de riesgo española es de 341 puntos, la Bolsa está por los suelos, España se halla al borde de la quiebra y usted combate la situación subvencionando lentejas para estimular a las tortis sin distribuirlas en los mercados. Además de otras cosas, usted es más que mandada hacer de encargo. Después del «más» ponga el adjetivo que prefiera.


La Razón – Opinión

Rubalcaba. Zurremos a los ricos. Por José García Domínguez

Aunque, es sabido, en periodo de celo electoral nada puede la lógica económica frente al fetichismo fonético. Ah, la justicia poética. Ah, la espada flamígera del pueblo ensartando a los malvados ricachones.

Prueba de la definitiva bancarrota intelectual de nuestra socialdemocracia doméstica, mientras González anda suplicando los eurobonos a fin de dotar de respiración asistida al sistema financiero, un Rubalcaba travestido de Evita Duarte amenaza a la banca con gabelas punitivas. Tal que así, a falta de ideas, parece que vuelve a instalarse en Ferraz un gran clásico de la demagogia garbancera: la pirotecnia tributaria, ese vinagre agrio siempre tan caro al resentimiento social. Carnaza retórica para contento del vulgo. Fuegos de artificio fiscal sin eficacia recaudatoria digna de mención. Charlatanería huera de exclusivo consumo entre las capas más acéfalas del censo. Un género tarado y de contrabando, sí, pero mercancía bien rentable en las urnas. Y simulacro cara a la galería tanto más obsceno cuando se repara en la inminencia de Basilea III.

Basilea III, que no es un campo de fútbol como debe de barruntar el candidato de los descamisados, sino el acuerdo internacional que obligará a recapitalizar los bancos españoles en plazo tan perentorio como 2012. Cientos y cientos de millones de euros que, en nombre del sagrado mercado libre, acabarán desembolsando, quién si no, los contribuyentes. He ahí el genuino tributo no a los bancos, sino de los bancos, el que más pronto que tarde deberemos sufragar a escote. Por lo demás, mejor haría el PSOE poniéndole una vela a la Virgen en lugar de un impuesto a sus cajas de ahorros. Y es que con una "inversión" de 217.000 millones de euros enterrada en cemento suburbial –un 46% de ella "potencialmente problemática" según el eufemismo al uso– van a necesitar algo más que ayuda divina para salir de ésta.

Aunque, es sabido, en periodo de celo electoral nada puede la lógica económica frente al fetichismo fonético. Ah, la justicia poética. Ah, la espada flamígera del pueblo ensartando a los malvados ricachones. Esa alquimia semántica que permitirá transmutar el Impuesto del Patrimonio, aquel obsoleto castigo contra las clases medias –Zapartero dixit–, en inopinado azote de "los poderosos". La misma magia que igual habrá de convertir en siniestra plusvalía del "capital" la propiedad de tantos pensionistas, jubilados y demás potentados adictos al bono-bus, a las estufas de butano y a las cartillas de ahorros. Y encima con recochineo peronista.


Libertad Digital – Editorial

Obediencia a los tribunales

La Generalitat catalana está dispuesta a prolongar la polémica lingüística hasta donde la ingeniería procesal le permita, algo que, por lo demás, es lo que ha ocurrido en las últimas tres décadas. La jurisprudencia del Tribunal Supremo y la doctrina del Tribunal Constitucional han sido favorables a que el castellano fuera lengua vehicular, pero a día de hoy el modelo de inmersión lingüística de Cataluña discrimina a los castellanohablantes sin atender a las resoluciones judiciales. Asistimos ahora a otro nuevo capítulo de una polémica endémica derivada de un fallo del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que ha dado dos meses al Ejecutivo nacionalista para equiparar el castellano y el catalán en el sistema educativo de la comunidad. El Tribunal apremiaba a la administración a cumplir una sentencia concluyente del Supremo que había sido desobedecida. El conflicto con la lengua en Cataluña afecta de lleno a fundamentos nucleares del Estado de Derecho, por lo que cuesta creer que en pleno siglo XXI se mantengan actitudes maximalistas y resistentes por parte de la mayoría de los políticos catalanes, a excepción del PP. Que ayer mismo el portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, asegurara, en tono desafiante, que, digan lo que digan los tribunales, se mantendrá el modelo de inmersión lingüística en las aulas es una respuesta antidemocrática e irracional. Homs, como el resto de la Generalitat, no puede desconocer que en un Estado democrático y de derecho el sometimiento a la Ley no es cuestionable y que las decisiones de los tribunales no son interpretables, sino que son de obligado cumplimiento. Nadie está por encima de la Ley, ni siquiera los nacionalistas. El recurso a la resolución del TSJC es legítimo, así como la defensa del modelo que entienden mejor para la sociedad, pero ir más allá es situarse en una posición de desobediencia que no es propia de políticos rigurosos. La polémica lingüística no tendría recorrido en ningún país de nuestro entorno. Los nacionalistas, que han instrumentalizado históricamente el catalán en favor de su estrategia, que no de los ciudadanos, han manejado como un dogma que los idiomas tienen derechos. No es así, los ciudadanos son sus titulares y, en este caso, los padres son los poseedores del derecho a elegir en qué lengua deben ser educados sus hijos. Y, mal que les pese a los nacionalistas radicales, la realidad es que el castellano es la lengua oficial del Estado y Cataluña es una parte de España. Ha causado también perplejidad cómo los políticos nacionalistas y socialistas se han lanzado en tromba contra el PP en este asunto con el falso victimismo y la retórica trasnochada habituales. Es evidente que toda esa sobreactuación contra los populares responde a un interés electoral. El PSOE y su candidato quieren pescar en este río revuelto con la esperanza de que el globo se hinche y la mayoría absoluta del PP se complique. Los populares no han aparcado ni la moderación ni el buen criterio en un debate que algunos quieren abordar de forma visceral. La posición del PP se ciñe al cumplimiento de las decisiones judiciales y al respeto al derecho constitucional de los padres. Una actitud equilibrada y, sobre todo, justa.

La Razón – Editorial

Batalla insensata

El Supremo no cuestiona el modelo lingüístico catalán; insta a que no se excluya el castellano.

El auto del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que insta a la Generalitat a revisar el modelo de inmersión lingüística en la enseñanza, en ejecución de una sentencia del Tribunal Supremo, está abriendo una indeseable guerra política. A escasos días del 11 de septiembre, Diada de Cataluña, y a dos meses de las elecciones del 20-N, los partidos han hallado un buen arsenal propagandístico con el que cargar sus baterías dialécticas. El PP y Ciutadans, por un lado, y el resto de partidos, por otro. Se trata de una batalla que en nada beneficia a una sociedad que convive desde hace casi 30 años en armonía con un modelo de inmersión lingüística ampliamente aceptado, aunque con algunas dificultades para dar satisfacción a las demandas minoritarias de ciudadanos que desean una enseñanza en castellano para sus hijos.

La inmersión lingüística parte de la Ley de Normalización de 1983, que el Parlamento catalán aprobó sin un solo voto en contra. El Supremo dio luz verde a la ley en 1988 y el Constitucional la avaló en 1994. Pero en 2010 la sentencia sobre el nuevo Estatuto introdujo de manera explícita un matiz que hasta entonces solo se daba por supuesto: el carácter del castellano también como lengua vehicular de la enseñanza, aunque sin cuestionar el lugar central que la ley y los propios tribunales atribuyen al catalán en su condición de lengua vehicular y de aprendizaje en el sistema educativo. En una reciente sentencia, el Tribunal Supremo admite la demanda de una familia a favor de la escolarización en castellano para sus hijos, pero, por primera vez, vincula este derecho subjetivo a su dimensión también como lengua vehicular, además del catalán. A este reconocimiento explícito se debe el revuelo creado por la sentencia del Supremo que el Tribunal Superior de Cataluña ha ordenado ejecutar a la Generalitat en el plazo de dos meses.


Al contrario que en otras comunidades que cuentan con varias líneas escolares en razón de la lengua, Cataluña optó desde el tardofranquismo por una sola para evitar, tras el aluvión de inmigración del resto de España en los años sesenta, que nadie se sintiera discriminado por su lugar de nacimiento. Y el tiempo ha avalado un modelo al que, poco a poco, se fueron sumando todas las fuerzas políticas parlamentarias. El informe PISA y los estudios de los expertos constatan que los alumnos catalanes, al concluir la enseñanza obligatoria, tienen un grado de conocimiento del castellano igual al que tienen los de otras comunidades autónomas monolingües.

El Gobierno catalán ha anunciado un recurso contra el auto, pero, entretanto, deberá cumplirlo en los términos que considere más ajustados a la sentencia del Supremo. Reforzar en alguna medida el castellano en la enseñanza no cuestiona el modelo de inmersión lingüística vigente desde hace 30 años, como tampoco lo hace el Supremo. En determinadas zonas y sectores educativos catalanes ya se hace mediante una aplicación inteligente de la ley. Es lo que el Gobierno catalán debe hacer en cualquiera de los casos.


El País – Editorial

La imprescindible reforma de las autonomías

España tiene pendiente cerrar y racionalizar este sumidero de recursos en el que se ha convertido el Estado autonómico.

Más de 30 años después de recuperar la democracia, el modelo de Estado sigue sin estar cerrado en España. El chantaje de los nacionalistas ha conseguido que el Gobierno central no deje de transferir recursos y competencias a unas autonomías que se han convertido en unos reinos de Taifas que ya gastan y despilfarran mucho más de lo que lo hace el Estado central.

España tiene pendiente cerrar y racionalizar este sumidero de recursos en el que se ha convertido el Estado autonómico. Si en las épocas de prosperidad no tenía ningún sentido que despilfarráramos los recursos –en lugar de devolverlos allí de donde nunca debieron salir: el bolsillo de los ciudadanos–, en tiempos de crisis, cuando carecemos de esos recursos y hay que pedirlos prestados a altísimos tipos de interés, no es que no tenga sentido, es que resulta suicida.

De ahí que haya que celebrar que, según González Pons, una de las primeras reformas que acometerá el PP sea la de las autonomías, buscando eliminar todas aquellas duplicidades, ineficiencias y funciones espurias que ni nos podemos permitir ni convendría que se dieran aun cuando pudiéramos. No olvidemos que, según un estudio de la Fundación UPyD, cada año se dilapidan 26.000 millones de euros en duplicidades e ineficiencias autonómicas: casi un tercio de nuestro déficit público.

Desde luego, los cambios anunciados por Pons no supondrán la solución definitiva que nos permita levantar cabeza en medio de esta grave crisis, pero sin duda son uno de los requisitos esenciales para que este país recupere algo de cordura y sensatez, tanto en el terreno económico como, sobre todo, en el político.


Libertad Digital – Editorial

martes, 6 de septiembre de 2011

Almudena Grandes. Grandes barbaridades. Por Ignacio Moncada

Cuando se produce un "ataque" del mercado de capitales sobre la deuda pública de algún país en apuros, como España, lo que se ha producido no es una agresión de ningún tipo. Es más bien una reacción defensiva de los pequeños ahorradores.

Una de las más atrevidas fuentes de humor de la prensa española es la columna de Almudena Grandes en El País. Su espacio semanal es una ventana trasera desde que la escritora vocea en base a su extenso conocimiento económico, y dicta lo que debiera ser, a su juicio, la organización financiera del mundo entero. Grandes es su apellido, pero también lo son algunas de las barbaridades publicadas. Recuerdo en especial una colérica columna en la que, indignada, nos mostraba un experimento que suponía la demostración de que la economía mundial era una gigantesca farsa. Consistía en dividir los 775.000 millones de dólares del plan de estímulo americano entre los 6.700 millones de habitantes del mundo para descubrir que cada uno debía poner –agárrense– 115 millones de dólares. Imagínese el trauma de la escritora al obtener tan escandalosa cifra. Pero mayor debió ser el ridículo sentido cuando se le obligó a publicar que dicha división no daba 115 millones, sino 115 dólares. Esto no es un simple error, sino la constatación de que algunos de los que nos dicen cómo tiene que funcionar el sistema no saben ni de lo que están hablando. Si los editores de El País tuvieran sentido del humor, esa rectificación no la habría publicado bajo el encabezamiento "Fe de errores", sino bajo "Fe de barbaridades".

Pues resulta que tan brillante conocedora del funcionamiento del sistema económico mundial se levanta esta semana con ganas de dar otra lección. Dice que los "mercados y agencias de calificación" no son más que "bandas terroristas que someten a España a un tiránico chantaje". En buena parte del imaginario socialista, los mercados y las agencias de calificación son un batiburrillo perverso que se come a los niños y despluma a los ancianos. Algo malo a lo que hay que someter con el poder de intimidación del Estado. Sin embargo, como en el experimento anterior, doña Almudena desconoce el funcionamiento de tan diabólico mecanismo. Y es que el mercado no es un comité de diez obesos ricachones que entre el humo de sus puros deciden a quién hacerle la vida imposible. El mercado es un lugar de intercambio. Es el resultado de un proceso en el que millones de personas de todo el mundo expresan sus pequeñas preferencias. La mayor parte de esos perversos mercados son pequeños ahorradores que deciden qué hacer con su dinero a través de órdenes en sus bancos de toda la vida o mediante la elección del fondo de ahorro o de pensiones que más se ajusta a sus preferencias.

Cuando se produce un "ataque" del mercado de capitales sobre la deuda pública de algún país en apuros, como España, lo que se ha producido no es una agresión de ningún tipo. Es más bien una reacción defensiva de esos pequeños ahorradores ante el aumento del riesgo de que ese dinero que han ahorrado no se lo vayan a devolver. ¿Tiene Almudena Grandes algún inconveniente en que esto sea así? Porque lo contrario, lo que ella y los de su cuerda exigen, es la indefensión total de los ciudadanos en caso de que el Estado decida gastarse el dinero que previamente les ha pedido prestado y los cálculos digan que no podrá devolverlo a menos que haya intervención. Lo que piden a gritos es que los ahorradores sean despojados de su libertad individual y de su sagrado derecho a la propiedad privada, y que sus ahorros puedan ser, sencillamente, expropiados para disfrute de los políticos. Qué podíamos esperar de quien no acierta a dividir ni con la calculadora.


Libertad Digital – Opinión

La semana política que empieza. Protestas en la segunda transición. Por Fernando Jáuregui

Quienes, por edad y dedicación, estamos condenados a recordar, no podemos evitar comparar algunas cosas que están ocurriendo en esta presunta segunda transición hacia una democracia más plena (confiemos) con otras que ocurrieron en la primera, en la que pasamos del franquismo a un régimen de libertades, derechos y deberes nuevos. Lo digo porque, otra vez, nos enfrentamos a un aluvión de protestas, en la calle y en los atriles con micrófonos, que no sé si están, todas ellas, plenamente justificadas.

Quizá usted, lector, si ha cumplido los suficientes trienios como consumidor de periódicos y de noticieros de radio y televisión, se habrá preguntado alguna vez qué ha quedado de aquellas incendiarias soflamas con las que políticos, periodistas e intelectuales del momento combatían hace treinta y cinco años la entrada de España en la OTAN, una entrada que iba a ser, decían, compendio de todos los males. O, sin remontarnos tanto en el tiempo, qué ha quedado del "estado de manifestación" que permanentemente nos alteró durante la anterior Legislatura por razones varias y que ahora se ven carentes de fundamento serio, más allá del intento de desgastar a un Gobierno o a una oposición.


Creo que nos hallamos, ante el abismo del comienzo de otra semana que intuimos presuntamente llena de disgustos en lo económico, en el inicio de otra situación de "estado de cabreo" no sé si siempre justificado. Que los sindicatos, en busca de un papel que ejercer en una sociedad que ya no les entiende, puedan llegar a convocar una huelga por una reforma constitucional ambigua, aplazada en el tiempo y destinada apenas a servir de marketing al país frente a las exigencias que nos llegan de fuera, parece algo poco convincente y poco pertinente.

Y lo mismo digo del movimiento de "indignados". Como si no hubiera motivos bien tangibles y concretos en España para protestar contra la inactividad del Gobierno en algunos campos (y la actividad subterránea en otros), o por las negligencias de la oposición, o por las contradicciones de los nacionalistas, o el mero vociferar de otros partidos menores, que poco aportan a la construcción de la nación*

Cunde la sensación -real o impostada-- de que España se desangra y, entonces, la calle se llena manifestantes contra el único acuerdo de calado y trascendencia entre los dos grandes partidos nacionales, precisamente cuando toda la ciudadanía estaba exigiendo acuerdos entre ellos. Se pide austeridad y sacrificio al sector público y los enseñantes (por poner un ejemplo) estallan de ira cuando se les pide una mínima contribución extra de trabajo, que, a mi entender, para nada resulta excesiva. Y, así, podríamos poner algunos ejemplos más*

El "piove, porco Governo" que refleja la sátira política italiana puede, una vez más, tener razón aquí y ahora. Cierto que el Gobierno de Zapatero ha actuado inicialmente de manera desastrosa para afrontar una crisis a la que se quiso, irresponsable e ignorantemente, dar la espalda; cierto que la oposición podría, también inicialmente, haber echado una mano más decidida a la hora de arreglar las cañerías y cierto que ambas partes podrían haber pactado "a lo grande" mucho antes. Cierto que los nacionalistas siguen en su táctica egoísta del desconcierto. Cierto que los sindicatos están como ausentes, y que a veces es peor cuando están presentes...

Pero cierto es también que la sociedad española, habitualmente tan sufrida, parece no haber entendido aún la magnitud de una crisis que es global, sí, que afecta también a los vecinos, pero que es "nuestra" crisis particular. No entiendo, la verdad, la algarada ante una reforma constitucional que es meramente cosmética. Ni la ira de algunos sectores profesionales a los que se pide un mayor esfuerzo, dado que no parece que, para enderezar las cosas, baste con que los prebostes políticos prescindan de sus "audis".

Ya sé, ya sé que la clase política tiene poca autoridad moral para pedir a los españoles que se ajusten el cinturón; pero es que ahora de verdad viene el lobo. Y pienso que sobre eso sí hay que creer a los diferentes representantes políticos cuando nos lo avisan.


Periodista Digital – Opinión

Crisis. La 'recesión ZP'. Por Emilio J. González

Zapatero no quiso ver aquellos datos ni aquellos análisis que le advertían de que lo que tenía que hacer era recortar el gasto público rápida y drásticamente.

En la historia económica hay crisis anónimas y hay crisis con nombre propio, bien por su magnitud, bien para que todo el mundo se acuerde de quién la provocó. En Estados Unidos, por ejemplo, a la caída del crecimiento a principios de la década de los ochenta se la conoce como ‘recesión Vockler’ en recuerdo del presidente de la Reserva Federal que provocó la misma con su política de subidas de los tipos de interés. A la recesión hacia la que ahora se encamina España con toda probabilidad habría que denominarla, siguiendo este principio, ‘recesión Zapatero’, porque él y su forma de hacer las cosas es quien, en última instancia, nos ha metido de cabeza en ella.

Esta nueva recesión es, en primer lugar, consecuencia directa de la forma en que el Gobierno abordó la crisis económica desde el primer momento. Zapatero quiso jugar a ser una versión cañí de Roosvelt y su ‘New Deal’ y ahora todo el país tiene que pagar las consecuencias de ese error. Porque fue un error mayúsculo, desde el primer momento, el tratar de evitar la crisis, y luego salir de ella, con la receta keynesiana tradicional de impulsar el gasto público y pensar que el déficit presupuestario no importaba. Aquellos polvos trajeron estos lodos y la financiación de dicho déficit se ha convertido en la primera causa de esta recaída porque ha dejado sin financiación al sector privado y, a través de él, al crecimiento económico. Para más inri, sólo a un Gobierno como el de ZP se le ocurre subir los impuestos para cerrar el ‘agujero’ fiscal cuando los mercados se han puesto duros, sin tener en cuenta que la demanda interna de consumo y de inversión seguía cayendo. Con la subida del IVA y demás impuestos la ha hundido todavía más.

Zapatero, sin embargo, no quiso ver aquellos datos ni aquellos análisis que le advertían de que lo que tenía que hacer era recortar el gasto público rápida y drásticamente. Por el contrario, él se creó su particular cuento de la lechera y pensó que si las economías europeas entraban en la senda de la recuperación, éstas tirarían de nuestra economía a través de las exportaciones y así saldríamos del problema sin necesidad de tomar medida alguna de política económica, como el ajuste presupuestario, el del sector de la construcción o la reforma laboral. Pero, como a la lechera, a ZP, al final, se le ha roto el cántaro antes de llegar a la fuente y ahora nos vemos camino de una nueva recesión porque no hemos hecho nada para evitarlo. Y, encima, como se ha empeñado en retrasar el adelanto electoral hasta el 20 de noviembre, por razones obvias dada la fecha en cuestión, aquí no se van a poder tomar medidas contra la crisis hasta las Navidades, en el mejor de los casos, con lo que la recesión nos va a golpear con una dureza que nos habríamos evitado, al menos en parte, si se hubieran convocado elecciones en julio. ¿Ahora qué vas a hacer, ZP?


Libertad Digital – Opinión

Para vergüenza de Rubalcaba. Por José Antonio Vera

Nadie, que yo sepa, se pronuncia contra la inmersión en catalán de aquellos niños cuyos padres reclaman este modelo de educación para sus hijos. Es un derecho que asiste a cualquier español residente en Cataluña, igual que el de poder solicitar que sus pupilos tengan por vehicular la lengua castellana, con las horas de catalán que recoja la ley. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña no está contra la inmersión en catalán. Está contra el hecho de que sea la única opción por ser eso algo inconstitucional.

Los padres que protestan tienen razón, y la Generalitat de Artur Mas está vulnerando la legislación al no cumplir las sentencias de los tribunales. Si no quieren cambiar el modelo en todos los colegios, que no lo hagan, pero que al menos permitan que en determinadas escuelas se pueda estudiar vehicularmente en la lengua común.

Tiene bemoles el hecho de que en un territorio de España, donde rige la Constitución y las leyes del Estado, haya españoles que no pueden estudiar en español. Ni siquiera se le permite a quienes están de paso por razones de trabajo o estudios.

Aquello se ha convertido en una tiranía lingüística que vulnera el Estado de Derecho al no respetar las normas básicas e incumplir las sentencias de los tribunales. El PP no puede transigir ante semejante tropelía. Ya lo hace el PSOE para vergüenza de sus principales dirigentes, en particular del candidato Alfredo Pérez Rubalcaba.


La Razón – Opinión

Crisis. Caída sin red. Por Juan Ramón Rallo

Las cuentas de la vieja del keynesianismo fracasaron y ahora esos bancos se encuentran como con las subprime en 2008, sólo que en esta ocasión la deuda basura es la de nuestros gobiernos y, por tanto, si esta vez quiebran no habrá red que los rescate.

Es cierto que no fue la deuda pública la que desató la crisis actual, sino más bien una acumulación de deuda privada de pésima calidad que fue espoleada por un sistema bancario privilegiado y respaldado por ese monopolio público de la emisión de dinero que es el banco central.

Sin embargo, desde que en 2008 se vino abajo el sistema financiero internacional, las mayores emisiones de deuda pública de nuestra historia no le hicieron ningún bien a la economía. El credo keynesiano fracasó como en realidad siempre había fracasado, y ahora, tres años después, nos encontramos con una economía que, gracias al dinamismo del sector privado, ha corregido una parte de los desajustes presentes en 2008 pero a la que se le ha añadido un Himalaya de deuda pública a sus espaldas.

Al cabo, la manera que hallaron los gobiernos para convencernos de que sabían lo que hacían, de que iban a arreglar las cosas en un periquete, de que podíamos arrojarnos sin miedo a los brazos del Leviatán, fue sustituir la burbuja inmobiliaria por la última de las burbujas que es capaz de soportar una economía basada en el papel moneda: la burbuja de la deuda pública.

Inteligentes ellos, nuestros políticos, obligaron a los bancos privados y centrales a que les compraran toda su deuda, pues así, nos juraban, conseguirían estimular la economía, relanzar el gasto y volver a crear empleo. Pero no, las cuentas de la vieja del keynesianismo fracasaron y ahora esos bancos se encuentran como con las subprime en 2008, sólo que en esta ocasión la deuda basura es la de nuestros gobiernos y, por tanto, si esta vez quiebran no habrá red que los rescate.

No, en contra de lo que vociferan los socialistas, la tan predicada como poco practicada austeridad de los gobiernos no es ninguna receta mágica para lograr una recuperación. Es simple y llanamente el requisito ineludible para que no suspendamos pagos. Mientras esa amenaza siga en el horizonte, que nadie sueñe con recuperación alguna. Primero, pongamos orden en las finanzas del Estado.


Libertad Digital – Opinión

Demagogia educativa. Por Francisco Muro de Iscar

Hasta que arranque el curso escolar vamos a tener batallas políticas que no pretenden solucionar el problema educativo -¡ojalá alguien lo intentara!- ni el terrible fracaso escolar en Secundaria Bachillerato, o el desastre de la Universidad donde, Bolonia incluida, cada año se bajan los baremos de exigencia para no tener que suspender a los que no tenían que haber llegado, por falta de nivel, y a los que siguen allí sin haber demostrado esfuerzo y merecimientos a costa de los impuestos de todos los españoles. Quienes protestan de que con sus impuestos se financian actividades religiosas o lúdicas o culturales, que no comparten, deberían protestar por el hecho de que un universitario pague una décima parte de lo que cuestan sus estudios y tarde ocho años en terminar una carrera que debe acabar en cuatro. Hablo de la Universidad, no de la educación obligatoria. Ni siquiera de la FP, tan devaluada por todos los Gobiernos, donde sólo llega un estudiante por cada tres que acceden a la Universidad. Y ahora, en lugar de copiar el sistema alemán de educación y trabajo simultáneo, han aprobado contratos basura "en formación" hasta los 30 años y sin límites de renovación. Y nadie protesta.

Sí se hace sobre el hecho de que alguna autonomía, bueno la de Madrid o, mejor, Esperanza Aguirre, haya decidido no renovar contratos a miles de interinos y que su trabajo lo asuman los profesores titulares dando dos horas más de clase -20 semanales, frente a las 18 que venían dando- en lugar de dedicarlas a tutorías, preparación de clases, etc. , para lo que tendrán 17,5 a la semana, en lugar de 19,5. Encierros, amenaza de huelgas y, sobre todo, demagogia por un tubo. No digo que no tengan razones de queja los profesores, pero no éstas. En la concertada, por ejemplo, cobran menos y dan 25 horas de clase a la semana. Lo que no se puede decir, como ayer gritaba el secretario general de UGT, Cándido Méndez, que se va "contra los intereses de los hijos de la clase trabajadora". Pero, Cándido, que estamos en el siglo XXI y eso no es ni del XIX.

En unos informativos del domingo, donde se daban estos mismos argumentos, se ofrecía después otro reportaje destacando que las Universidades catalanas y la Complutense de Madrid, iban a hacer "un ejercicio de austeridad" porque, al bajarles los presupuestos un 16 por ciento, caso catalán, tenían que hacer lo mismo con menos medios, reduciendo contratos y trabajando todos más. Y en el caso de la Complutense -donde el anterior Rector, del ala de Méndez por cierto, ha dejado unas deudas de ¡160 millones de euros!-, el nuevo Rector dijo que donde en una clase había veinte habrá que tener a cien. ¿Han visto ustedes las manifestaciones, los encierros, las protestas, las huelgas? No, eso es "un ejercicio de austeridad", lo otro, una cacicada de la derecha. Mientras no dejemos la educación fuera de la demagogia política y hagamos un pacto de Estado para salir del abismo educativo en el que estamos, este país no saldrá de la crisis.


Periodista Digital – Opinión

Cacería con motosierra. Por José Antonio Alvarez Gundín

La motosierra, como metáfora aplicada a la escabechina política, puede tener en campaña electoral más recorrido incluso que en el cine, donde alcanzó con «La matanza de Texas» un talento expresivo digno de un Oscar, aunque fuera en la sección de casquería. El temor que suscita el rugido de una motosierra difícilmente lo puede igualar otra herramienta, así que cuando José Blanco la asocia a los recortes presupuestarios del PP lo que pretende es que no se oiga el siseo de la guadaña en manos del Gobierno. Amortizado el doberman como animal de compañía, llega la hora de la motosierra. En realidad, los dirigentes del PSOE llevan ya tiempo utilizándola, pero no para asustar al electorado, sino como arma de caza mayor contra los políticos populares. En sus alegres monterías, ministros, policías, fiscales y jueces abatían los venados con fusiles de mira telescópica y reservaban la máquina de cortar troncos para el «caso Gürtel», de modo que la sangre rociara el patio de butacas hasta la última fila. Durante casi tres años no se ha oído más que su chirrido carnívoro, cómo la cadena dentada descuartizaba reputaciones, carreras políticas, familias, amistades y hasta la autoestima de las víctimas. Bastaba con que el telediario de las nueve transmitiera en directo el preciso instante de la detención para que se pusiera en marcha la sala de despiece al completo: prensa, radio y televisión progubernamentales se emplearon compulsivamente, filtraron investigaciones con parcialidad, se burlaron secretos sumariales, publicaron verdades a medias y embustes enteros… Los mismos que luego se rasgarían las vestiduras por lo de Murdoch no tuvieron, ni tienen aún, empacho en participar en la cacería sin respetar las más elementales normas, no ya de la venatoria, sino de la profesión y con las mismas tragaderas que «News of the World». La exculpación de Luis Bárcenas, Jesús Merino y Ricardo Galeote, que han sido brutalmente linchados hasta ser expulsados de sus cargos, viene a demostrar la profunda perversión que el Gobierno del PSOE ha hecho del debate político, que si bien nunca destacó por su «finezza», ha pasado de emplear el florete de esgrima a la motosierra depredadora. No hay peor corrupción del sistema democrático que la utilización de los resortes del Estado para abatir al adversario en cacerías publicitadas.

La Razón – Opinión

Rodiezmo. Una cita con los espectros. Por Cristina Losada

Rodiezmo es el rito mediante el cual los socialistas rinden culto a los antepasados que ya no pintan nada y sus jefes fingen, por un día, que aún tiene peso la O de sus siglas mientras consultan su iPhone y ciñen el polo de marca.

Puede que este año se notara más, pero la campa de Rodiezmo siempre ha sido un lugar vacío, salvo quizás en sus remotos orígenes. A esos efectos, los sustanciales, no importa cuál sea la densidad de su población en la ceremonia anual que allí celebra el socialismo. Al fin y al cabo, la campa no es más que el espacio reservado para una cita simbólica entre el PSOE y los fantasmas de su pasado. Espectros que se convocan a los sones de La Internacional y al gesto del puño en alto y que aparecen, ni sombra de lo que fueron, renqueantes y desganados. Molestos, a buen seguro, de que les obliguen a salir de su sueño eterno para afrontar, ¡a su edad!, la lucha final contra otras criaturas fantasmagóricas que los sacamuelas de turno invocarán desde el escenario. Llámense los poderosos, los ricos, los codiciosos o como aconseje la ocasión, sin los malignos antihéroes no habría tebeo ni guiñol.

Rodiezmo, en otras palabras, es el rito mediante el cual los socialistas rinden culto a los antepasados que ya no pintan nada y sus jefes fingen, por un día, que aún tiene peso la O de sus siglas mientras consultan su iPhone y ciñen el polo de marca. Desde luego, no ha de ser del todo casual que cuando menos han pintado las reliquias, más se subrayara el vínculo con ellas, ni que tal cosa sucediera con Zapatero, dada su entrega a la invención del pasado. Pero ha sido él quien más ha distanciado la política socialista de la clásica ficción socialdemócrata para alojarla en la pulp fiction de la izquierda radical, donde los trabajadores –y la economía– tienen, si acaso, el mismo protagonismo que un telón de fondo.

La crisis ha trastocado aquella composición y, así, el presidente "de izquierdas" no se puede presentar siquiera ante los rescoldos de la minería para ofrecer, como joyas de su legado, las cuotas de mujeres, la ley contra la violencia de género, el matrimonio homosexual o el Estatuto catalán. La ausencia –y van dos– de Zapatero y el resto del sanedrín partidario, incluidas aquellas jóvenas promesas que apenas sabían levantar el puño, da testimonio de la desbandada. No hay fibra moral para encarar que las orgullosas proclamas "sociales" de otrora han devenido en los ajustes de hoy. La fiesta quedó en manos del veterano DJ Guerra. De la música de hadas, a la música de terror. Ahora, los fantasmas son ellos.


Libertad Digital – Opinión

El Angliru. Por Ignacio Villa

El pasado domingo vivíamos con intensidad la subida a una de las míticas etapas de la Vuelta Ciclista a España, la subida al asturiano alto del Angliru, uno de los momentos más intensos de la Vuelta que ha convertido ese puerto en un auténtico clásico aunque sea relativamente reciente su inclusión entre las etapas clave de la ronda española.

Y viendo esa etapa dura y angustiosa, cruelmente selectiva y previsiblemente definitiva para la clasificación general me venía a la cabeza que los españoles tenemos ante nosotros el Angliru particular en la actual situación económica que se vive con angustia, que se sufre con pundonor en muchas familias españolas y que se sobrelleva con heroicidad por tantos ciudadanos que han visto cómo se han derrumbado como un castillo de naipes los resultados del trabajo y del esfuerzo de muchos años. El Angliru con esas pendientes de porcentajes sobrehumanos nos sitúa muy bien en la necesidad obligada de la sociedad española de cambiar el piñón, de aguantar el vendaval y echar el resto para salir de esta situación donde los ciudadanos se llevan en sus hombros todo el sufrimiento y todo el castigo que ellos no han buscado, ni han querido. Ni por supuesto se merecen.


Comienza el curso en plena subida al Angliru; después de unas vacaciones más o menos ficticias en millones de hogares españoles, nos encontramos de bruces con la realidad de la crisis más cruda y real. Subsidios de paro como la única forma de mantener a una familia; hipotecas impagadas; facturas que se amontonan sin recursos para hacer frente a ellas; gastos y más gastos del comienzo del curso escolar; empresas que ya no abren a la vuelta del verano; restaurantes vacíos; bares que facturan un setenta por ciento menos que hace tres meses; sueldos congelados que llegan con dificultad a la mitad de cada mes; automóviles aparcados sin dinero para gasolina; grandes superficies desiertas; terrazas vacías y un largo etcétera que describe con exactitud escalofriante en qué consiste el verdadero Angliru de los españoles en este curso que comienza. Un curso plagado de angustias, de interrogantes y de una dureza extrema en miles y miles de hogares españoles.

Los españoles lo están pasando mal, lo están pasando muy mal. Estos meses de verano han servido para amortiguar algo ese sufrimiento. Pero la vuelta a la realidad está siendo durísima. Y va a ser todavía más dura. Se nota, se percibe en el rostro de las gentes por las calles. Vivimos inmersos en una evidente recesión económica y esa recesión tiene ahora un auténtico bofetón psicológico: la certeza de que estamos muy mal, y de que además tenemos por delante la subida de un Angliru donde muchos se van a quedar descolgados, otros van a pedir a gritos la retirada y algunos van a caer desfallecidos. Los españoles comenzamos un curso crítico en lo económico, pero también en lo psicológico. Necesitamos ayuda. Necesitamos esperanza. El panorama es desolador. Y todavía no hemos empezado.


La Razón – Opinión

Fraga Iribarne. Por Alfonso Ussía

Es al único político al que los periodistas, incluídos los nada afines, le llaman «don Manuel». Fue un ministro atípico de Franco, combatió a los tecnócratas del Opus Dei, intentó la apertura, creó la formidable red de paradores de turismo de España, trabajó de sol a sol y le perdieron sus destemplanzas. Su amigo y paisano Pío Cabanillas Gallas dijo de él que le cabía todo el Estado en la cabeza, pero ni una letra más. Superó a Tierno Galván en las oposiciones, y bajo su personalidad arrolladora y tronante siempre encontró el sentido del humor un sitio. También su ingenuidad y su capacidad de equivocarse con las personas cercanas, a las que creía mejores de lo que eran, o competentes cuando eran incompetentes, o leales cuando se les advertía de lejos la miradilla de la traición. Ahí queda el ejemplo de Jorge Verstrynge, ese gran tontuelo, en el que confió plenamente. Ha terminado de asesor de Hugo Chávez después de ingresar por la ranura inferior de la puerta en el PSOE y tratar de engañar a Mario Conde para formar un partido. Siendo embajador de España en Londres, Juan Luis Cebrián le hizo una extensa y elogiosa entrevista en la revista «Gentlemen». Le satisfizo tanto la entrevista de Cebrián que le hizo director de «El País», en perjuicio de Carlos Mendo y Darío Valcárcel, que optaban al puesto desde su fundación. Porque muchos ignoran que el fundador y gran impulsor del periódico de Prisa fue Fraga Iribarne. Fundó Alianza Popular, amansó a la fiera de la derecha reacia a las libertades, y estructuró un partido liberal-conservador que hoy, como Partido Popular, tiene un suelo de diez millones de votos. El techo, alcanzado por José María Aznar en el año 2000 puede aumentar su cota más alta el próximo 20 de noviembre. A Fraga se le ha llamado «fascista» por ser ministro de Franco. Otros gozaron de las amnistías que conceden los sectarios, como Ruiz-Giménez, que también lo fue. Carrillo , como recuerda Raúl del Pozo, «le tocaba los cojones a cuatro manos», pero durante la Santa Transición, sabedor de las ácidas críticas que iban a caer sobre él, presentó a Carrillo amigablemente cuando el genocida de Paracuellos fue invitado a pronunciar una conferencia en el Club Siglo XXI. Porque Carrillo, Paracuellos del Jarama aparte, también contribuyó eficazmente a la convivencia y la paz social en los años difíciles del cambio político. Siendo ministro del Interior, por aquellos sucesos de Vitoria, se le atribuyeron frases y prepotencias que jamás salieron de su boca. En una reunión lo decía: «Puedo ser soberbio, pero no gilipollas. ¿Cómo voy a decir que la calle es mía?».

Ha tenido, en su larga vida universitaria, catedrática y política, altos y bajos, aciertos y errores. Su cultura es inconmensurable. Es, ante todo, un intelectual en el sentido más amplio de la palabra. Humanista, políglota, y excesivamente enfadado. Cuando le pusieron «el Zapatones» no erraron. Nunca ha sido don Manuel un cuidador de su aspecto. Su obra fundamental, el partido político europeísta y conservador que supo crear y fundar, está ahí, ya sin complejos en sus votantes y no tanto en sus dirigentes. Y un dato asombroso. Y lo repito, asombroso. Lleva en las alturas de la política española cincuenta años. Se retira. Y vivirá en el futuro de su pensión. No ha volado ni una peseta de ayer ni un euro de hoy a su bolsillo. Me refiero a vuelos de corrupción y abuso. Sus más afilados y obsesivos detractores tienen que callar cuando se habla de la honradez de don Manuel. Nadie la discute ni pone en duda. Sería bueno que recordáramos ese rasgo ahora que se despide.


La Razón – Opinión

Crisis. Alemania (también) es culpable. Por José García Domínguez

No se olvide al respecto que la sapientísima banca teutona enterró en cemento de los PIIGS nada menos que el treinta por ciento de sus préstamos.

Esa repentina devoción por el aceite de ricino macroeconómico, la súbita fe del carbonero que todo el mundo aquí parece depositar en los ajustes fiscales, a mí me recuerda ciertos placeres sadomasoquistas que relata Rousseau en sus Confesiones. Cuenta en ellas que una mademoiselle Lambercier gustaba de azotarlo cuando niño en castigo a sus muchas maldades. Sin embargo, lejos de corregirlo, aquellos correctivos despertarían en el pequeño Jean-Jacques un secreto goce libidinoso cuyo recuerdo, ya adulto, iba a perseguirlo de modo obsesivo. Y a nosotros, decía, nos viene a ocurrir algo parecido.

Acaso de ahí que, empecinados en flagelarnos sin tregua y en compadecer a la pobre Merkel y al sufrido contribuyente alemán, nadie conceda reparar en lo evidente. A saber, que no fueron otros más que los descerebrados banqueros alemanes quienes financiaron la orgía del ladrillo. Ocurre, sí, que son tan culpables de la burbuja inmobiliaria, la genuina madre de nuestra crisis, como el que más. No se olvide al respecto que la sapientísima banca teutona enterró en cemento de los PIIGS nada menos que el treinta por ciento de sus préstamos. Un dinero que, encima, no era suyo, por algo continúa mucho más apalancada aún que el sector financiero americano. Añádase la montaña de basura subprime que les colocó Wall Street, la misma que todavía hoy infecta sus balances, y se tendrá una idea aproximada de quién resulta ser el genuino enfermo de Europa.

Así las cosas, nos toca ahora afrontar la paradoja de la austeridad. Un círculo vicioso donde los recortes del gasto para reducir el déficit mutilan un crecimiento potencial raquítico de por sí; algo que constriñe la recaudación tributaria del Estado, circunstancia que agrava el problema el pago de la deuda y provoca...más deuda y más déficit. Solo por eso, oponerse desde nuestro país a los eurobonos no es ni de derechas ni de izquierdas: es de necios. En idéntico orden de contrariedades, y al modo de nuestros entusiastas masoquistas, Merkel semeja incapaz de comprender que, ayudándonos, se ayudaría a sí misma. A la postre, si España cae, sus bancos irán detrás. Razones, en fin, por las que el ministro de Exteriores de Rajoy habrá de ser mucho más importante que el de Economía. Y si no, al tiempo.


Libertad Digital – Opinión

¿Doble crisis doble?

A casi tres años de la caída de Lehman, el mundo afronta un nuevo revés de crecimiento.

La jornada económica de ayer es de las que se recuerdan con pesar. Casi todas las Bolsas europeas cerraron con caídas superiores al 4%. Los diferenciales de la deuda de Italia y España volvieron a dispararse, pese al incrementado activismo del Banco Central Europeo comprando bonos de estos dos países. Y el pesimismo tiñó el latido del mundo económico, tras las advertencias del FMI y el Banco Mundial sobre la posible inminencia de una nueva recesión. Solo la Comisión Europea puso un contrapunto a este ambiente funerario.

En realidad, resulta bastante verosímil que estemos asistiendo a una doble crisis doble. Por un lado, a una segunda fase de la Gran Recesión, como consecuencia de los endeudamientos a los que tuvieron que recurrir los Gobiernos para salvar primero la banca y después la propia economía real tras el desastre de Wall Street. La particularidad de esta segunda fase, en forma de doble uve, sería que, si de verdad acaba produciéndose, la principal artillería de recursos públicos para combatirla ya ha sido empleada y queda muy poca disponible. Por otra, el estancamiento en el mundo desarrollado (los emergentes siguen afortunadamente al margen) se dobla en caos político. Así, en EE UU, la presidencia de Barack Obama ha quedado seriamente tocada tras la batalla sobe el déficit del mes de agosto: a partir de este jueves en que se espera un plan sobre el empleo, se comprobará si tiene capacidad de reacción. Japón acaba de entronizar a su sexto primer ministro en cinco años.


Y en Europa, el síndrome de Sísifo al que se ve sometida la estabilidad de la unión monetaria, se va ahondando por la perplejidad de la situación política en el país líder, Alemania: las elecciones del pasado fin de semana en Mecklemburgo-Pomerania Anterior, el feudo de la canciller Angela Merkel, han resultado un dramático fiasco para ésta. Peor aún. A cada nuevo envite en la crisis del euro, el fatigado y cada vez menos unido Gobierno de coalición democristiano-liberal responde con mayor parsimonia y menor contundencia, temeroso de un castigo en las urnas... que al final acaba, cruelmente, llegando.

La situación de doble crisis y el agotamiento de buena parte de las recetas aplicadas aconsejarían la celebración de unos nuevos estados generales de la economía mundial, que deberían celebrarse en torno al próximo G-20.


El País – Editorial

Apuesta digital de Telefónica

Telefónica, la principal multinacional española que preside César Alierta, anunció ayer una profunda remodelación organizativa destinada a consolidar a la compañía en los primeros puestos de cabeza del ranking internacional de las telecomunicaciones. Alierta ha realizado una gestión sobresaliente en estos años, fruto de la cual ha sido la potenciación y revalorización de la compañía como un referente mundial. Ahora, su gran apuesta de futuro es impulsarla como una operadora global y líder en el entorno digital. Para ello ha creado dos unidades de negocio, denominadas Telefónica Digital y Recursos Globales, y ha simplificado la distribución geográfica de los negocios con la configuración de dos grandes bloques: Europa, en la que se integra España, e Iberoamérica. Acierta plenamente Alierta al introducir estos cambios y transformar su esquema de organización. No cabe duda de que el gran reto al que se enfrenta Telefónica en los próximos años, en fuerte competencia con los gigantes norteamericanos, chinos y europeos, es el de la investigación e innovación digitales e internet.

La estrategia implica alianzas industriales y el aprovechamiento de su implantación a escala mundial. La nueva unidad de negocio contará con sedes en Madrid, Sao Paulo, Silicon Valley y Asia, además de la central, que estará en Londres. Entre sus objetivos figura el desarrollo y explotación de video y entretenimiento, publicidad, salud, servicios financieros, almacenamiento virtual (cloud) y M2M, así como la incorporación de nuevos productos, servicios y cadenas de valor. Parece evidente que con este impulso, Telefónica está llamada a influir poderosamente en el progreso tecnológico del mercado iberoaméricano, cuyas perspectivas de crecimiento y expansión son muy positivas para la compañía española. Pero también es un salto relevante para los intereses de España en la medida en que Telefónica realiza una apuesta decidida por la innovación y los nuevos productos digitales. Contar con una multinacional puntera y de gran competitividad en la aplicación de las nuevas tecnologías y productos permite a nuestro país no decaer en la carrera del I+D+i, especialmente en una coyuntura económica que ha detraído inversión pública y privada. Por otro lado, la fortaleza y vitalidad que demuestra la compañía presidida por Alierta supone un aval suplementario a los profesionales y empresarios de las industrias tecnológicas en un entorno internacional de fuerte competencia y con nuevas potencias emergentes que disputan ya a las compañías occidentales los lugares de liderazgo. La capacidad de arrastre y de liberar energías de Telefónica en nuestro mercado doméstico es más que notable y, sin duda, un factor a tener muy presente para su tejido industrial. En suma, la multinacional española da un salto cualitativo en su excepcional trayectoria comercial y tecnológica de los últimos años para afianzarse como una de las primeras operadoras globales con una alta capacidad de innovación en internet. Pero sin renunciar a su honda personalidad española y a un estilo de gestión que la ha llevado a figurar por derecho y méritos propios entre las grandes compañías internacionales.

La Razón – Editorial

Orden de callar

Al expulsar a los corresponsales de EL PAÍS, Cuba e Irán exhiben la debilidad de sus dictaduras.

Las autoridades cubanas han retirado la acreditación de prensa al corresponsal de EL PAÍS, Mauricio Vicent, quien no podrá seguir enviando crónicas desde la isla. Hace apenas unas semanas, el Gobierno de Teherán hacía otro tanto con Ángeles Espinosa, también corresponsal de este diario, a quien, además, expulsó de Irán. Las acusaciones de parcialidad contra ambos corresponsales son enteramente falsas, y solo revelan que La Habana, por un lado, y Teherán, por otro, desean que los medios de comunicación actúen como sumisos altavoces de los discursos oficiales, no como testigos de la realidad.

Pese a la distancia geográfica e ideológica entre estos dos regímenes, ambos han coincidido en el punto que mejor revela su naturaleza autoritaria: la voluntad de cercenar la libertad de prensa para, a continuación, imponer como única verdad las consignas de su propaganda. En nombre de Dios o de la revolución socialista, unas y otras autoridades están pretendiendo privar a quienes se interesan por los asuntos de Irán o de Cuba de una información veraz y contrastada, que es lo mismo de lo que privan a sus propios ciudadanos para mejor sojuzgarlos. Tanto hacia dentro de sus países, como hacia fuera, están tratando de tapar el sol con un dedo.


Los de El País no son los primeros corresponsales que expulsa una dictadura; ni siquiera son los primeros que han expulsado las de Cuba e Irán en su ya dilatada historia de represión. Por eso es fácil conocer de antemano el resultado del atropello cometido. Cuando ambos regímenes sean un mal sueño, como lo acabarán siendo más pronto que tarde, el hecho de haber recibido la orden de callar será un motivo de orgullo para quienes, como los dos corresponsales de El País, se han ocupado de dar cuenta de la realidad. Y, al mismo tiempo, esa orden será un acta de acusación adicional contra los dirigentes que la han decidido y los burócratas que la han ejecutado.

Tras medio siglo de revolución, los dirigentes cubanos no pueden seguir buscando fuera las responsabilidades del fracaso político, económico y social al que han precipitado a la isla, ni tampoco seguir persiguiendo como delito cualquier crítica interna. Y lo mismo sucede con la revolución iraní, cuyo propósito de someter la sociedad a la voluntad de unos ayatolás que usan el islam como coartada solo ha dado como resultado una esquizofrénica escisión entre la vida pública, ridícula de puro hipócrita y artificial, y la vida privada, en la que los iraníes dan curso a los anhelos que comparten con los hombres y mujeres de cualquier lugar del mundo.

Con el veto a los corresponsales de El País, La Habana y Teherán imaginan haber realizado un gesto de fuerza. Más bien, han puesto de relieve su debilidad. Porque cuando un régimen político percibe la verdad como amenaza es porque la mentira sobre la que se asienta tiene el tiempo contado. En Cuba e Irán la cuenta atrás sigue imparable, por más atropellos que puedan cometer todavía sus Gobiernos.


El País – Editorial

Las espadas siguen en alto

Es simplemente desolador que, como ya sucediera en agosto, el Gobierno cesante esté de brazos cruzados ante esta complejísima coyuntura y el candidato socialista sólo sepa amenazar a los inversores nacionales y extranjeros con subirles los impuestos.

La crisis de confianza vuelve a extenderse por toda la economía mundial. El riesgo de caer en una nueva recesión y de que algunos países europeos no pueden hacer frente a sus deudas ha hundido las bolsas del continente y ha vuelto a disparar las primas de riesgo.

Después de una segunda quincena de agosto bastante más tranquila que la primera, gracias sobre todo a la masiva monetización de deuda acometida por el BCE, parece que las tensiones y los miedos resurgen en septiembre. No es de extrañar: en cuatro años, la economía mundal apenas ha corregido algunos de los muchos desajustes acumulados durante el falso boom económico anterior, mientras que los Gobiernos se han dedicado a dilapidar los escasísimos ahorros de los ciudadanos en proyectos que en nada han contribuido a afianzar la recuperación.

En medio de este colapso internacional de la confianza, nuestra economía se encuentra, desgraciadamente, en el pelotón de las que menor crédito merecen. No, desde luego, porque el sector privado, en especial el bancario, no haya hecho esfuerzos extraordinarios por sanearse, sino porque el sector público ha entorpecido todo lo que ha podido ese imprescindible proceso.


Y ahora, cuando un Ejecutivo responsable debería estar tomando medidas adicionales para que el pánico no nos engulla, lo único que adivina a prometer Rubalcaba son nuevos impuestos para los ricos. Como si esta retórica socialista de la lucha de clases fuera a prestar algún buen servicio a nuestra economía. Al revés, perseguir y penalizar el capital es perseguir y penalizar aquello que con más urgencia necesitamos ahora mismo: ahorro fresco para seguir saneando los bancos y las empresas, para crear nuevos modelos de negocio competitivos, para poder dar salida a todo el stock de viviendas, etc.

Es simplemente desolador que, como ya sucediera a comienzos de agosto, el Gobierno cesante esté de brazos cruzados ante esta complejísima coyuntura y el candidato socialista sólo sepa amenazar a los inversores nacionales y extranjeros con subirles los impuestos. Nuestra clase política, en especial la socialista, ha logrado ella solita que nadie confíe en nosotros. Y eso, ahora mismo, ns coloca al borde del abismo.


Libertad Digital – Editorial