La descoordinación en el Ejecutivo es evidente, pero hay también que determinar si existió en alguna instancia un propósito deliberado de ocultar los hechos. Los ciudadanos perciben en este caso una mezcla de chapuza y oportunismo, confirmada ayer durante la doble comparecencia en el Congreso. Por tanto, no basta con desviar la atención hacia técnicos, funcionarios y militares, sino que alguna autoridad tendrá que asumir la responsabilidad política correspondiente. Mientras el virus sigue avanzando crece la alarma social cuando los poderes públicos actúan al servicio de su interés particular y son incapaces de transmitir confianza a los ciudadanos. Acusar de catastrofismo al PP es una falsedad injustificable porque la oposición tiene el deber de llevar a la sede parlamentaria las preocupaciones e inquietudes de la población. Por lo demás, hay muchos antecedentes de las maniobras del PSOE para sacar provecho incluso de accidentes inevitables, y no es lícito que los dirigentes políticos se escondan ahora bajo un manto institucional. Las cosas se hicieron muy mal desde el primer momento y negar las evidencias no conduce a nada positivo. Ayer se escucharon mucho en el Congreso las palabras «coordinación» y «transparencia», pero la opinión pública no se deja engañar por una retórica sin contenido que pretende encubrir la ineficacia y la mala gestión.
ABC - Editorial





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